Autor: AndreuColl4

  • Perspectivas del imperialismo ruso

    Perspectivas del imperialismo ruso

    Chancellor Scholz travels to Moscow

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    Ilya Budraitskis

    Militante del Movimiento Socialista Ruso, sección de la IV Internacional

    Traducción: Viento Sur
    Fuente: 
    Tempestmag.org

    Actualidad Internacional: Opinion

    14/01/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    La guerra imperialista rusa en Ucrania no muestra signos de detenerse. En verano y otoño hubo ofensivas y contraofensivas, primero de Ucrania con el propósito de liberar sus territorios ocupados, y después de Rusia con ánimo de ocupar más territorio, que todavía continúa. Moscú acaba de lanzar una lluvia de misiles sobre Ucrania, apuntando contra civiles e infraestructuras en vísperas del Año Nuevo. A su vez, la ciudad fronteriza rusa de Belgorod ha sufrido ataques de misiles a modo de represalia. Rusia tiene medio millón de soldados en el frente para defender su ocupación y necesitará más de cara a la gran ofensiva que podría iniciarse en la primavera.

    Vladímir Putin y la clase dominante rusa pretenden continuar esta guerra hasta el final. El presidente ruso lo dejó claro en el programa anual de preguntas y respuestas que con el título de Línea Directa con Vladímir Putin se emitió por televisión el 14 de diciembre, y en el que respondió durante varias horas a preguntas del público cuidadosamente seleccionadas. Dijo que el objetivo de la llamada Operación Militar Especial sigue siendo la supuesta desnazificación y desmilitarización de Ucrania. Esto significa que se propone continuar la guerra hasta lograr el cambio de régimen en Ucrania y la transformación de este país en una semicolonia rusa.

    Para conseguir este objetivo, su régimen trata de estabilizar la sociedad rusa, atizar el conflicto político en EE UU y los países de la OTAN, legitimar su poder mediante la elección presidencial de marzo y movilizar tropas rusas con vistas a una nueva ofensiva en primavera.

    El régimen se ha embarcado en una intensa campaña de estabilización de la sociedad rusa tras el intento de golpe de Estado de Yevgeny Prigozhin y su grupo Wagner el pasado verano. Putin superó aquel gran desafío a su poder mediante una combinación de palos y zanahorias. Ofreció un pacto a los mercenarios de Wagner para que volvieran al redil del régimen, mientras hizo detener a unos cuantos generales cercanos a Wagner. En el caso del propio Prigozhin, Putin hizo que lo mataran en agosto en un ataque de misiles, no lejos de Moscú, que reventó el avión en que viajaba el caudillo militar.

    Después fragmentó al propio grupo Wagner, integrando partes del mismo en las tropas del ministerio de Defensa ruso y permitiendo que el resto continuara con el hijo de Prigozhin o en otras empresas militares privadas. La existencia de estas empresas puede suponer a la larga un problema para el régimen, especialmente si la guerra no va por buen camino, lo que podría causar discrepancias entre el Estado y estas empresas en cuanto a la estrategia y la táctica militares, desestabilizando de nuevo el régimen. Además, el golpe de Prigozhin sacó a la luz la existencia de una disensión oculta entre los oficiales del ejército. De todos modos, de momento la estrategia de cooptación y represión de Putin ha permitido superar la crisis precipitada por Prigozhin.

    Putin también ha sido capaz de estabilizar la economía, al menos de momento. Las sanciones de Occidente no han afectado a la economía rusa tanto como se esperaba. El régimen y las empresas del país han abierto varias vías para esquivar las sanciones. Han incrementado el comercio y las inversiones a través de Estados neutrales como los centroasiáticos, además de Turquía, los Emiratos Árabes y muchos otros, particularmente en el Sur global. Estos países han resistido las presiones de EE UU para que secundaran las sanciones, lo que también ha ayudado a mantener la economía a flote. Así, las sanciones no han hundido la economía y rusa ni impedido que el Estado siga alimentando la guerra en Ucrania.

    A pesar de la resiliencia de la economía rusa, esta se enfrenta a numerosos problemas. Por ejemplo, la inflación va en aumento y somete a graves tensiones económicas los bolsillos de la mayoría de la población rusa. Ante esto, el Banco Central de Rusia acaba de elevar los tipos de interés a fin de controlar la inflación, pero esto puede provocar a su vez una desaceleración de la economía, con el consiguiente aumento del paro y la continuación de los ataques a la clase trabajadora.

    Para mantener la hegemonía sobre la población, Putin ha decidido recurrir a la represión y a una ideología neofascista. Ha reprimido casi toda la disensión de izquierdas, especialmente el activismo antiguerra. Al mismo tiempo, ha tratado de ganarse el consenso de la población agitando el nacionalismo étnico ruso y demonizando a todos los grupos que pueden plantarle cara. Por ejemplo, ha advertido de que la inmigración musulmana de Asia Central es una amenaza para el equilibrio étnico del país. El líder de la Iglesia Ortodoxa Rusa, el patriarca Kirill, ha ido todavía más lejos en esta islamofobia de Putin: en un discurso reciente que bien podría haber pronunciado Donald Trump o Enoch Powell, arremetió contra la amenaza civilizatoria que representa la población musulmana y la inmigración en general.

    Mientras el régimen y la iglesia utilizan este nacionalismo étnico para cohesionar su base social, podría salirles el tiro por la culata, ya que este fanatismo podría despertar la oposición entre los cerca de 15 millones de miembros de la comunidad musulmana, que representan el 10 % de la población.

    Putin también ha lanzado una intensa campaña con vistas a imponer los llamados valores familiares tradicionales. Ha atacado al feminismo y a las personas LGBTQ, tachándolas de ser una amenaza para la sociedad rusa. El régimen está a punto de suprimir totalmente el derecho al aborto, después de hacerlo ya, hace poco, en las clínicas privadas. También ha anunciado una prohibición total de los grupos LGBTQ, sus actos públicos e incluso sus clubes nocturnos. Hasta ahora, Putin ha logrado avanzar en la estabilización de la sociedad rusa mediante la represión y estas campañas ideológicas.

    Conquistar Ucrania

    Sobre la base de esta estabilidad se propone escalar la guerra en Ucrania. Su objetivo inmediato es ocupar el resto de la región del Donbás, que tiene un significado simbólico en el imaginario imperial de Putin y sus justificaciones de la guerra. La probable ofensiva de primavera se desarrollará por etapas: el objetivo es tomar Járkiv, la segunda ciudad más grande de Ucrania, y establecer un nuevo frente junto al río Dnipró.

    El plan podría consistir en dividir Ucrania en dos partes: primero, Rusia se anexionaría todo el territorio al este del Dnipró, y después trataría de convertir el resto del país, al oeste del río, en un Estado neutral desnazificado (es decir, dependiente de Rusia). Claro que este no sería más que un objetivo temporal. El Estado ruso sigue empeñado en expandir su imperio al resto del espacio postsoviético.

    Atizar el conflicto en EE UU y la OTAN

    Putin aprovecha el ascenso de la derecha en EE UU y la OTAN para minar la oposición a su expansionismo imperial. Durante su sesión de preguntas y respuestas, insistió en que Occidente está muy dividido con respecto a la ayuda a Ucrania. Citó específicamente el conflicto entre los Republicanos y el gobierno de Biden en torno al paquete de ayuda propuesto para este país. Dejó claro que aplaudiría una victoria de los Republicanos, especialmente de Trump, en las elecciones presidenciales de EE UU, pues es probable que el nuevo gobierno reduzca, por no decir que anule, todo apoyo a Ucrania e incluso abandone la OTAN.

    Putin también corteja a la extrema derecha en los demás países de la OTAN. Atiza las tensiones con Finlandia, un nuevo miembro del pacto atlántico. Siguiendo el ejemplo del presidente de Bielorrusia, Lukashenko, ha abierto la puerta a inmigrantes de Irak, Afganistán, Libia y otros países, y acto seguido les ha animado a entrar en la Unión Europea cruzando la frontera finlandesa. Lo hace con el fin de provocar una crisis del establishment político y alimentar el crecimiento de la extrema derecha antiinmigración en Finlandia y la Unión Europea en general. Espera que el ascenso y el éxito de estas corrientes socavarán la OTAN desde dentro. Así, los medios oficiales rusos celebraron la reciente victoria del político de extrema derecha Geert Wilders en las elecciones neerlandesas, quien se presentó con una plataforma islamófoba e antiinmigración.

    Finalmente, Putin tratar de explotar la guerra brutal de Israel en Gaza para sacar ventaja frente a EE UU y sus aliados de la OTAN, que han armado y apoyado a Israel. Oficialmente, Rusia apoya la solución de dos Estados, el alto el fuego y la llegada de ayuda humanitaria de Naciones Unidas. Por supuesto, todo esto es hipócrita. Rusia lidia exactamente el mismo tipo de guerra anexionista en Ucrania que Israel en Gaza. Y entre bastidores, Putin mantiene relaciones políticas, diplomáticas y económicas con Israel. Pese a ello, utiliza la horrible guerra de Israel para lavar su imagen, especialmente en el Sur global, y debilitar la de EE UU y la OTAN. Espera que esto le permitirá ganar espacio para seguir su propia ambición imperialista en Ucrania y el resto de Europa Oriental y Asia Central.

    El compromiso de Putin con este proyecto le obligará a imponer una movilización más amplia de tropas y tal vez un llamamiento a filas. Tendrá que reclutar a cientos de miles de nuevos soldados para dotar de personal al ejército y realizar nuevos avances territoriales. Esto puede generarle grandes problemas. En todo caso, no lo hará antes de la elección presidencial prevista para marzo. Él y el resto del Estado desean mantener hasta entonces un estado de ánimo positivo en la sociedad rusa.

    Después de las elecciones, es muy probable que incrementen la movilización de tropas hacia el frente. Actualmente, tan solo alrededor del 40 % de las tropas rusas en Ucrania son reclutas, mientras que las demás son los llamados soldados voluntarios, gente común que ha ingresado en el ejército para mejorar sus condiciones de vida. Un soldado puede ganar mucho más que un trabajador no cualificado. El salario medio oficial es de unos 600 dólares, pero la mayoría de la clase trabajadora apenas llega a los 300 dólares al mes. En cambio, en el ejército los soldados pueden percibir entre 2.000 y 3.000 dólares al mes.

    Así, para millones de personas, especialmente en las ciudades industriales desesperadas de provincias, el ejército ofrece una oportunidad de escapar de la pobreza. Esto explica el éxito de la contratación de los llamados voluntarios. En realidad se trata de un reclutamiento de gente pobre, pero el gobierno lo aprovecha para redistribuir bienestar y asegurar que un amplio sector de la población se beneficie con la guerra. Por supuesto, muchos lo pagan caro, con la pérdida de la salud mental, de extremidades y de la vida.

    La situación de las personas reclutadas forzosamente es y será completamente diferente. No les pagan muy bien y a diferencia de los soldados profesionales, su periodo de servicio y su destino no están definidos. Por ello, el reclutamiento forzoso ya ha provocado algunas protestas de familias y parientes de quienes han sido obligados a hacer el servicio militar. Han organizado peticiones colectivas e incluso han remitido cientos de preguntas al programa televisivo Línea Directa de Putin. Claro que todas esas preguntas fueron descartadas y no se le plantearon. Esto muestra la base de la oposición a cualquier nuevo reclutamiento. Es probable que la oposición adopte la forma de protestas espontáneas autoorganizadas, lo que podría abrir una ventana a la construcción de un movimiento antiguerra en Rusia.

    Pero todo esto solo se producirá después de la elección presidencial, que por supuesto no será limpia. No habrá campañas ni debates de verdad, y el resultado ya está decidido: ganará Putin. No obstante, para él esta elección es importante a fin de proporcionar a su poder un halo de legitimidad y demostrar que él y su guerra cuentan con el apoyo del pueblo. Medios del Kremlin ya predicen el mejor resultado de su carrera política. Se calcula que habrá una participación del 70 % y Putin obtendrá probablemente el 80 % de los votos emitidos. Está claro que no debemos dar crédito a estas cifras ni al resultado de la elección.

    Todo el proceso se basa en la supresión de la oposición genuina y la exclusión y el encarcelamiento de disidentes como Alexéy Navalny. Por supuesto, se permitirá que se presenten candidaturas cuidadosamente cribadas para proporcionar a los comicios una apariencia de democracia. La votación propiamente dicha tendrá lugar durante tres días presencialmente y por vía telemática. Ambas modalidades serán objeto de un estricto control por parte de las autoridades y sin ninguna supervisión a cargo de observadoras independientes. Todas las redes de seguimiento electoral han sido destruidas. Por ejemplo, este verano, las autoridades prohibieron la red más amplia, llamada Golos, y encarcelaron a uno de sus principales organizadores.

    Por tanto, esta elección será todo lo contrario de una elección libre, abierta y justa. De hecho, son un instrumento del Estado para someter a la población a la obediencia política. La mayor parte del personal del sector público y de las empresas estatales se verá forzada a votar electrónicamente en sus lugares de trabajo. Si votas de este modo, todos tus datos personales están a disposición del Estado. Por consiguiente, las autoridades y los empresarios podrán controlar las votaciones y corregir el resultado si hace falta. No obstante, las y los votantes podrán pensar que gozan de libertad de elección.

    Habrá otras candidaturas, cuidadosamente filtradas, que podrán concurrir a los comicios, concretamente de partidos integrados en la seudooposición leal como el Partido Comunista. Todos los candidatos admitidos mantienen posiciones agresivas favorables a la guerra. No podrán concurrir a los comicios candidaturas antiguerra genuinas, de modo que no se planteará ningún desafío a Putin ni podrá expresarse ningún sentimiento contrario a la guerra. Las candidaturas admitidas competirán entre ellas por el 20 % de los votos que no opten por Putin.

    La oposición rusa, que opera en la clandestinidad o en el exilio, debate ahora cómo abordar la elección. Los seguidores de Navalny ya han llamado a votar por cualquier candidatura que no sea la de Putin. No es mala estrategia, ya que al menos ofrece a la gente, muy atomizada y atemorizada, la oportunidad de expresar su oposición, aunque sea de una manera distorsionada.

    La gente tiene muchas razones para temer al régimen. Un régimen que ha aplastado toda expresión pública de discrepancia con la guerra y la ha obligado a pasar a a clandestinidad. Ha hecho lo mismo con todos los grupos activistas de cualquier género. Esto forma parte de la fascistización del régimen. No es simple propaganda; el Estado trata de imponer una forma brutal de dictadura y cambiar la sociedad de pies a cabeza. La prohibición del movimiento LGBTQ y la limitación del derecho al aborto, la histeria antiinmigración y la censura estricta de toda crítica contraria al régimen pretenden homogeneizar a la sociedad y convertir a Rusia en un Estado-civilización cerrada.

    En estas condiciones, la tarea de la izquierda internacional sigue siendo la oposición al imperialismo de Putin, la solidaridad con la resistencia ucraniana, la oposición al imperialismo occidental y el apoyo a la lucha dentro de Rusia contra el régimen neofascista de Putin.

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    La Declaración de los 46 y el origen de la Oposición de izquierdas en la URSS

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    Nicolás Monterde Izquierdo

    Militante de Abrir Brecha y Anticapitalistas del Estado español.

    Fuente: Viento Sur

    Teoría: Historia

    23/01/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Hace unos pocos meses se cumplió el centenario de la Declaración de los 46, la cual adjuntamos en el apartado bibliográfico del presente texto[1]Eugeny Preobrazhensky, «“Plataforma de los 46” Al Politburó del Comité Central del partido comunista ruso», 1923, https://ceip.org.ar/Plataforma-de-los-46.)). Esta fue una de las primeras … Seguir leyendo.

    Un Lenin, ya muy debilitado, propone una alianza a Trotsky, temiendo que en el partido se imponga un enfoque demasiado laxo del significado de la NEP[2]Jean-Jacques Marie, Trotski: un revolucionario sin fronteras (Fondo de Cultura Económica, 2015), 280.. Esta alianza, por otro lado, lo obliga a aceptar una de las reivindicaciones más deseadas por Trotsky: otorgar mayor peso político al Gosplan (Comité Estatal de Planificación) en la planificación de la economía y la industrialización del país[3]Vladimir Ilich Lenin, Obras completas tomo 45 (Moscú: Progreso, 1987), 365.. Hasta entonces Lenin, junto a la mayoría del partido, pensaba que era apresurada la elaboración de ambiciosos planes los cuales podían adoptar formas muy burocráticas dado el estado de la administración y el partido. Precisamente esto es lo que le criticará Lenin a Trotsky en su testamento, en el que dirá que prestaba demasiada atención a la cuestión «administrativa de las cosas»[4]Lenin, 361..

    El año 1923 comenzó con una crisis profunda que llevaba tiempo en proceso de incubación. Esta tenía distintas dimensiones que se intercalaban generando un contexto ciertamente explosivo. Los precios industriales, afectados por la improductividad y atraso de los medios de producción, comenzaron a subir de forma desorbitada. Mientras, los precios agrícolas, favorecidos por el control de precios, disminuyeron notablemente, llegando a ser tres veces superiores los precios industriales respecto a los agrícolas[5]Alec Nove, Alec Nove – Historia económica de la Unión Soviética (Madrid: Alianza editorial, 1973), 100.. El grano, por ende, se lo guardaban los campesinos y no lo llevaban al mercado al no haber incentivos suficientes para hacerlo. Cómo consecuencia el estado se veía incapaz de exportar, que era lo que permitía obtener fondos para adquirir maquinaria extranjera que impulsara la industrialización del país. Esta crisis no era más que una muestra de un problema estructural que la economía soviética y rusa venían arrastrando desde hacía décadas. El desequilibrio entre la ciudad y el campo, reforzado tras el reparto de tierras y la fragmentación de la propiedad agrícola, y por otro lado la dependencia del crédito extranjero y de la exportación para financiar la infraestructura industrial y la propia industrialización. Los bajos salarios y la falta de grano en las ciudades provocaron en verano de 1923 numerosas huelgas y protestas por las principales ciudades soviéticas.

    Pero también existía una dimensión política en la crisis. La enfermedad y posterior parálisis de Lenin había fracturado el liderazgo del partido. Los acercamientos personales y políticos de este último hacia Trotsky a lo largo de 1922-23, cuyo espíritu se recoge en su «testamento», desencadenaron una serie de intrigas que llevaron a la creación de un frente anti-trotsky en las altas esferas del partido. Este dique de contención, conocido popularmente como el triunvirato (Zinoviev, Kamenev y Stalin), estaba realmente formado por 8 miembros (grupo de los 8), que conformaba una dirección dentro de la dirección, excluyendo de esta forma al resto de dirigentes cercanos a Trotsky. El bloque de poder que levantaron reposaba en la autoridad que Zinoviev y Kamenev tenían en el partido y la sociedad soviética, al ser estos viejos bolcheviques, pero también en el creciente poder que el aparato y la secretaria desempeñaban, cuyo control estaba en manos de Stalin. La autoridad política y simbólica estaba en manos de los primeros, pero su poder real reposaba en las intrigas del músculo organizativo-burocrático de Stalin, lo cual se comprobará en la discusión que pronto se desatará contra la Oposición de izquierdas.

    Trotsky no movió ficha hasta septiembre de 1923 cuando se dirigió inicialmente al Politburó, exponiendo sus opiniones en cuanto a la deriva económica y el régimen interno de partido. Al no recibir la atención debida decidió finalmente extender la discusión al Comité Central (CC) y por extensión al resto de la organización. La realidad es que Trotsky, a petición del propio Lenin, llevaba meses a la espera de lanzar un ataque contra Stalin, que, sin embargo, se retrasó por la enfermedad del viejo revolucionario[6]Moshe Lewin, El último combate de Lenin (Barcelona: Editorial Lumen, 1970), 46.. La “bomba” que Lenin decía preparar contra el secretario general se debía a dos cuestiones fundamentales: la actuación de Stalin con respecto al caso georgiano, donde este envió a su mano derecha Sergo Ordzhonikidze a imponer por la fuerza el proyecto de Unión de Stalin[7]Vladimir Ilich Lenin, Obras escogidas tomo XII (Moscú: Editorial Progreso, 1973), 157.. Y, por otro lado, la cuestión de la burocratización que Lenin identifica sobre todo en el caso de la Inspección Obrera y Campesina que el propio Stalin dirigía y de la que dirá lo siguiente: “El comisariado del pueblo de la Inspección Obrera y Campesina no goza en la actualidad ni de una sombra de prestigio. Todo el mundo sabe que no existen instituciones peor organizadas que las que dependen de nuestra Inspección Obrera y Campesina”[8]Vladimir Ilich Lenin, Obras escogidas tomo III (Moscú: Editorial Progreso, 1961), 424.. El fundador del Partido bolchevique entendía que la burocratización no solo se debía a la pervivencia de la administración zarista y el atraso que sufría Rusia, sino que la personalidad de Stalin, brusca e intrigante, también alimentaba este proceso.

    Trotsky en un principio, aunque era consciente de la incompetencia de Stalin, evitó la confrontación directa durante la primera mitad del año 1923, pero la intensificación de las protestas a raíz de la crisis de las tijeras y el empeoramiento del régimen interno del partido terminó desembocando en la ruptura. Este recogerá parcialmente el ataque que Lenin pretendía lanzar contra Stalin, criticando como el papel del secretariado y su proceder antidemocrático estaba alimentando un proceso que marchitaba al partido, pero también hubo silencios notorios como la cuestión georgiana que tanto había atormentado a Lenin en sus últimos meses de actividad política.

    Trotsky afirmaba que se había producido un alejamiento entre la dirección y la masa de militantes, la cual callaba sus opiniones para no ser degradados como habían hecho con su compañero y amigo K. Rakovsky. El acuerdo de XII Congreso por el cual el partido debía valerse de miembros “independientes” en la gestión económica “ha devenido el criterio de selección por el secretario general de los secretarios regionales y de todas las estructuras de arriba abajo hasta la menor célula”[9]León Trotsky, «Carta a los miembros del Comité Central y de la Comisión Central de Control del Partido Comunista ruso (b)» (Edicions Internacionals Sedov, 2015), 4.. Esa prometida “independencia” derivo en criterios muy distintos que tenían que ver con la aceptación de esos nuevos reclutas del actual régimen de partido. En último término, esta situación se estaba encargando de asfixiar la democracia obrera, que, si bien no podía ser ilimitada dada la situación de extrema gravedad general que atravesaba el país, esta, incluso, había sido mayor durante el comunismo de guerra y los peores momentos de la Guerra civil.

    La otra cuestión que Trotsky valoraba como fundamental en la crisis que atravesaba el partido y el estado era la gestión económica, la cual no solo se debía a dificultades que los factores objetivos imponían sino también a las malas decisiones en materia económica de la dirección. Según el revolucionario ucraniano, estos habían recurrido a métodos propios del comunismo de guerra, controlando los precios “administrativamente” y con “criterios políticos”[10]Trotsky, 4.. La falta de un plan en la industria, que tendía a improvisar a través de comisiones externas, y el dominio financiero sobre la economía, favoreciendo la estabilidad de la moneda sobre la estabilidad de la industria, son alguna de las causas detrás del atraso de la industria soviética y la subida incesante de sus precios. Frente a esta situación, el jefe del Ejército Rojoproponía: el fortalecimiento verdadero del Gosplan, la concentración de las unidades industriales, la “bajada orgánica de gastos generales” y la “responsabilización real de los gestores de la economía”[11]Trotsky, 4.. La gran amenaza que atravesaba el país era la liquidación práctica de la NEP, al no ser capaz el estado de llevar al campo a buen precio la mercancía industrial que producían sus industrias. Cada retroceso de la industria nacionalizada suponía el avance de las formaciones y relaciones capitalistas existentes dentro de la economía soviética, y por extensión, el debilitamiento de la dictadura del proletariado[12]Trotsky, 3..

    Las críticas que hizo Trotsky a la orientación del partido encontraron su eco en un grupo de viejos bolcheviques que mandaron una carta abierta al CC. Este documento, redactado por el propio Preobrazhensky, fue firmado por hasta 46 importantes miembros del partido bolchevique. De ahí el nombre de “Plataforma de los 46” que pronto adoptaría. Como ya se ha dicho, esta declaración fue impulsada por Preobrazhensky, cercano colaborador de Trotsky, con el que coincidía en la necesidad de orientar más la NEP hacía la industria y en la planificación de la economía a través del Gosplan.

    En su carta al CC recoge tanto la improvisación que había invadido a la dirección en materia económica, como el deterioro constante de la vida interna del partido. El “método revolucionario de efectuar reducciones presupuestarias”, unido al derrumbe del valor de la moneda, estaba torpedeando la financiación de la industria a través del crédito[13]León Trotsky, El nuevo curso (y anexos) (Valencia: Edicions Internacionals Sedov, 2015), 55.. De una forma más clara que en la carta de Trotsky se afirma que “la situación así creada se explica por el hecho de que el régimen de la dictadura de una fracción en el interior del partido, creado de hecho después del X Congreso, ha sobrevivido a sí mismo”[14]Trotsky, 56.. Es decir, que existía un grupo que, paralelamente al Politburó y al CC, tomaba las decisiones por adelantado. La solución que propuso Preobrazhensky fue el establecimiento de un régimen de “unidad entre camaradas” y de “democracia interna”[15]Trotsky, 57.. Tanto Trotsky como su compañero Preobrazhensky entendían que la forma más eficaz de restablecer la democracia obrera era a través de la industrialización, base material sobre la que reposaría el resurgimiento de una poderosa clase obrera soviética. Sin una orientación de la NEP hacía la industria y el desarrollo de las ciudades, no podría renacer la base social y dirigente que debía sustituir a la emergente y provisional gestora que era la burocracia del partido.

    ¿Fue, entonces, la Plataforma de los 46 el origen de la Oposición de izquierdas? La Plataforma fue firmada por personajes muy distintos entre sí, de los que muchos de ellos mantenían diferencias profundas con Trotsky y Preobrazhensky. Esta el caso sonado de Lazar Kaganovich, futuro estalinista acérrimo, o el caso de Nikita Jrushchov. Sin embargo, los dirigentes opositores fueron bastante capaces de agrupar en torno a sí a un grupo nada desdeñable de militantes relevantes del partido. En la parte del documento donde se recogían las firmas cada uno expresaba brevemente el carácter de su adhesión al grupo de Preobrazhensky. Algunos lo hacían en su totalidad, otros decían que la caracterización del régimen de partido era exagerada y otros que la dirección económica del Politburó no había sido tan desastrosa.

    No existía, por tanto, una unidad de pareceres de lo que ocurría y tampoco concordancia programática, pero sí una serie de sentires más o menos compartidos. Con la NEP la revolución había entrado en una nueva fase, abriéndose nuevas posibilidades, como la industrialización, y también nuevas dificultades, como la relación con el campesinado. La aplicación de la NEP, tanto política como económicamente, exigía una mayor discusión en el seno del partido, lo cual queda perfectamente recogido por esta afirmación de Preobrazhensky: “Muchos de nosotros aceptamos conscientemente someternos a dicho régimen. El giro político del año 1921, y después, la enfermedad del camarada Lenin, exigían, según algunos de nosotros, una dictadura en el interior del partido como medida coyuntural”[16]Trotsky, 56.. La falta de este debate había provocado, o bien la bunkerización de una dirección que actuaba paranoica a través del poder omnipotente del aparato, o bien la había llevado a ser muy inmovilista y conservadora en lo que se refiere a la gestión de la economía. Esto hace pensar que, aunque los firmantes no se vieran a sí mismos, o no todos por lo menos, como opositores, la base ideológica y militante en la que reposaba la plataforma se convertirá en la base programática de la futura oposición.

    También es cierto que, a medida que avance la discusión entre la dirección y dicha corriente, la primera se esforzará rápidamente por identificar a Trotsky y la Plataforma de los 46 como una fracción opositora con la intención de desacreditarla. La prohibición de las facciones y la lucha que el propio Lenin llevó a cabo contra la Oposición obrera en el X Congreso del partido dio legitimidad al proceder del triunvirato para arremeter contra sus contrincantes. El CC en ausencia de Trotsky emitió un comunicado afirmando, al igual que hizo Lenin en 1921, que: “se trataba de un enorme error político que había servido de señal para un agrupamiento fraccional”[17]Edward Hallett Carr, La revolución rusa: De Lenin a Stalin, 1917-1929, trad. Ludolfo Paramio (Madrid, 1981), 112.. La realidad es que ni Trotsky ni el grupo de Preobrazhensky buscaron una confrontación directa e intestina contra la mayoría del CC y el Politburó, sino alarmar de la gravedad de la situación a un grupo dirigente aparentemente pasivo. En este sentido se expresaba Trotsky: “Hay camaradas en nuestro Politburó que quieren ir hasta el final con este asunto, aumentando más las diferencias que ya existen. Se esfuerzan por hacer imposible el trabajo conjunto”[18]Vadim Z. Rogovin, Was There an Alternative? Trotskyism: A Look Back Through the Years, trad. Frederick Choate (Michigan: Mehring Books, 2021), 163.. También lo hacía la declaración de los 46: “No creemos que todo se deba a la ineficiencia política de los actuales dirigentes del partido; por el contrario, aunque diferimos de ellos en la apreciación de la situación y en la adopción de los medios adecuados para modificarla, consideramos que los actuales dirigentes no podrían dejar de ser designados por el partido para los puestos más importantes en la dictadura proletaria”[19]Trotsky, El nuevo curso (y anexos), 55.. Empero, el movimiento de estos se percibió desde el triunvirato como una maniobra de Trotsky para hacerse con el poder.

    Esta reacción es en sí muy interesante ya que de ella se desprende la cosmovisión de la que se había apoderado la dirección de aquel entonces bajo el régimen de partido reinante. Las críticas no se percibían tanto como diferencias políticas de fondo, fuesen correctas o no, sino como intrigas palaciegas. De esto se desprende precisamente ese enfoque excesivamente organizativo y burocrático en el que descansaba la por entonces mayoría en el partido, y no tanto en la autoridad de una dirección política clara. Se privilegiaba, por tanto, un análisis excesivamente inclinado sobre las cuestiones de las altas esferas, eludiendo la autocrítica política y económica que un sector amplio del partido exigía. El carácter furibundo e irregular de la reacción del Grupo de los 8, como veremos a continuación, también demuestra la fragilidad de su posición. Por un lado, asediados por la situación económica, por otro, amenazados por un posible regreso de Lenin y su “bomba”, y por el otro, una revuelta abierta en el partido liderada por el temido y amado Trotsky.

    Aunque la primera reacción de los triunviros fue el ataque a Trotsky y la negación del debate, pronto se verían obligados a abrir la discusión a todas las células del partido. La “resolución sobre la estructura del partido” emitida por el CC y firmada con muchas dificultades por Stalin, Kamenev y Trotsky; vino a aceptar muchas de las críticas al burocratismo que la Oposición había hecho, pero reforzando al mismo tiempo una crítica tajante a la formación de fracciones y tendencias internas[20]Rogovin, Was There an Alternative?, 172.. Sin embargo, este delicado compromiso será rápidamente barrido por las expectativas que tenían unos y otros en el cumplimiento de los aspectos positivos de la resolución, desatando definitivamente la polémica al resto de la organización[21]Darron Hincks, «Support for the Opposition in Moscow in the Party Discussion of 1923-1924», Soviet Studies 44, n.o 1 (1992): 139.. Esta será la última controversia que recogerá, muy a duras penas como se verá, la prensa oficial del partido a través de Pravda. Al mismo tiempo, las distintas células territoriales abrirán sus puertas a los dirigentes de la oposición y de la mayoría para exponer sus puntos de vista y votar sus respectas resoluciones.

    El perfil y la dimensión de la Oposición cambió a raíz de la confrontación abierta con la dirección entre diciembre de 1923 y enero de 1924. Las exigencias de mantener el pulso al CC exigieron una escalada organizativa en el seno de la Oposición que hasta entonces era inexistente. Antes, la plataforma opositora se había articulado como una tendencia de opinión entorno a un programa más o menos claro, sin haber creado lazos orgánicos entre ellos. La necesidad de cubrir y repartirse entre los opositores todas las células posibles del partido para ganar a la mayoría imponía un nivel de organización mayor. Esto generó la primera experiencia de despliegue de la Oposición a mayor escala, creando una organicidad paralela a la del partido. Algo que por otro lado enraizaba con la tradición de las distintas oposiciones y fracciones que existieron en la historia del partido bolchevique, cuyos estatutos concedían el derecho de organizarse paralelamente con lealtad, pero con la diferencia de que ahora eso estaba terminantemente prohibido.

    Durante la confrontación en las células los opositores fueron capaces de arrancar significativas victorias. Por ejemplo, fijándonos únicamente en la ciudad de Moscú, en las células del ejército consiguieron una sólida mayoría, gracias a la autoridad que tenían sobre los soldados Trotsky y Antonov-Ovseyenko. Lo mismo ocurrió en las células estudiantiles y de las Juventudes Comunistas (Komsomoles), donde los opositores hicieron un llamamiento a las jóvenes generaciones comunistas para ponerse en guardia ante posibles desviaciones conservadoras de sus dirigentes más mayores. En cambio, en las células obreras las cosas estuvieron más reñidas. Empero, la mayoría de los resultados fueron falsificados en la prensa para dar la impresión de que la Oposición había sido reducida a la mínima expresión. En este sentido se expresaba K. Radek y G. Piatakov: “un régimen de falsificación prevalece en la sección del partido de Pravda”[22]Hincks, 140.. Este ahogamiento burocrático de la Oposición se refrendó en la XIII Conferencia donde la plataforma de la Oposición solo contó con 18% de los delegados provinciales de Moscú, y esto a pesar de haber conseguido la mayoría de las células en la capital[23]Pierre Broue, El Partido Bolchevique, Editorial Ayuso (Madrid, 1973), 257.. En mayo de 1924 durante el XIII Congreso se reduciría aún más la presencia de delegados opositores, saldándose con la condena expresa de la Oposición como desviación pequeñoburguesa y cuasi-menchevique. Tras esto, la plataforma quedó muy debilitada y a la espera de reanudar un nuevo ataque.

    Este episodio histórico muestra como el desarrollo de la Oposición de izquierdas en la URSS no solo quedó determinado por el quehacer de sus propios dirigentes, sino que la reacción histérica de los triunviros tuvo también mucho que ver. La deriva y el carácter de la dirección, sin capacidad o voluntad de llegar a un compromiso sólido, llevó a los opositores a redoblar la apuesta y radicalizar el propio carácter de la Oposición. La dureza con la que el triunvirato arremetió hizo muy complicada la integración posterior de dichos dirigentes, que muchos mantendrían el pulso a la dirección en el futuro. La victoria de los triunviros fue aplastante pero no igual para todos sus miembros. Claramente el más beneficiado fue el propio Stalin, ya que su victoria descansó en buena medida en un uso indiscriminado de la secretaría y el aparato, y no tanto en la clarividencia política y autoridad de los viejos bolcheviques Zinoviev y Kamenev. No será hasta finales de 1924 cuando empiecen a percibir los vientos de cambio. Pero al mismo tiempo, la dirección necesitó revestir su proceso de victoria y su victoria misma con formas democráticas y plebiscitarias, a pesar de las trampas que estos utilizaron a lo largo del proceso de debate[24]Simon Pirani, The Russian Revolution in Retreat, 1920-24: Soviet Workers and the New Communist Elite (London ; New York: Routledge, 2008), cap. 9.. Y esto fue necesario, no solo porque enraizaba con los métodos y formas bolcheviques tradicionales, sino que también sirvió para debilitar y hacer como propios los argumentos a la Oposición sobre el régimen del partido y la lucha por la democracia interna.

    Bibliografía

    Broue, Pierre. El Partido Bolchevique. Editorial Ayuso. Madrid, 1973.

    Carr, Edward Hallett. La revolución rusa: De Lenin a Stalin, 1917-1929. Traducido por Ludolfo Paramio. Madrid, 1981.

    Hincks, Darron. «Support for the Opposition in Moscow in the Party Discussion of 1923-1924». Soviet Studies 44, n.o 1 (1992): 137-51.

    Lenin, Vladimir Ilich. Obras completas tomo 45. Moscú: Progreso, 1987.

    ———. Obras escogidas tomo 54. Cartas de noviembre de 1921 a marzo de 1923. Moscú: Progreso, 1987.

    ———. Obras escogidas tomo III. Moscú: Editorial Progreso, 1961.

    ———. Obras escogidas tomo XII. Moscú: Editorial Progreso, 1973.

    Lewin, Moshe. El último combate de Lenin. Barcelona: Editorial Lumen, 1970.

    Marie, Jean-Jacques. Trotski: un revolucionario sin fronteras. Fondo de Cultura Económica, 2015.

    Nove, Alec. Alec Nove – Historia económica de la Unión Soviética. Madrid: Alianza editorial, 1973.

    Pirani, Simon. The Russian Revolution in Retreat, 1920-24: Soviet Workers and the New Communist Elite. London ; New York: Routledge, 2008.

    Preobrazhensky, Eugeny. «“Plataforma de los 46” Al Politburó del Comité Central del partido comunista ruso», 1923. https://ceip.org.ar/Plataforma-de-los-46.

    Rogovin, Vadim Z. Was There an Alternative? Trotskyism: A Look Back Through the Years. Traducido por Frederick Choate. Michigan: Mehring Books, 2021.

    Trotsky, León. «Carta a los miembros del Comité Central y de la Comisión Central de Control del Partido Comunista ruso (b)». Edicions Internacionals Sedov, 2015.

    ———. El nuevo curso (y anexos). Valencia: Edicions Internacionals Sedov, 2015.

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    Notas del artículo

    Notas del artículo
    1 Eugeny Preobrazhensky, «“Plataforma de los 46” Al Politburó del Comité Central del partido comunista ruso», 1923, https://ceip.org.ar/Plataforma-de-los-46.)). Esta fue una de las primeras constataciones de oposición a la deriva política y económica de la Unión Soviética, pero que a diferencias de las primeras que protagonizaron los comunistas de izquierdas y la Oposición Obrera, fue capaz de levantar una plataforma duradera que comenzaría a templarse en los fuegos del primer estalinismo. Esta fue la Oposición de izquierdas.

    La NEP se instauró en 1921 y pronto dio sus frutos en el campo de la economía y la política, mejorando las relaciones con el campesinado y favoreciendo el desarrollo económico. Sin embargo, al igual que se abrían nuevas oportunidades también supuso la aparición de renovadas dificultades y obstáculos en su concreción económica y política. Cuando ya Lenin estaba imposibilitado por su enfermedad se produjeron serios debates sobre el nivel de liberalización económica que la nueva orientación debía auspiciar. En este sentido, un sector importante del partido propuso la apertura del monopolio del comercio exterior, base fundamental en la obtención de divisas extranjeras que la exportación de grano otorgaba a la URSS((Vladimir Ilich Lenin, Obras escogidas tomo 54. Cartas de noviembre de 1921 a marzo de 1923 (Moscú: Progreso, 1987), 366.

    2 Jean-Jacques Marie, Trotski: un revolucionario sin fronteras (Fondo de Cultura Económica, 2015), 280.
    3 Vladimir Ilich Lenin, Obras completas tomo 45 (Moscú: Progreso, 1987), 365.
    4 Lenin, 361.
    5 Alec Nove, Alec Nove – Historia económica de la Unión Soviética (Madrid: Alianza editorial, 1973), 100.
    6 Moshe Lewin, El último combate de Lenin (Barcelona: Editorial Lumen, 1970), 46.
    7 Vladimir Ilich Lenin, Obras escogidas tomo XII (Moscú: Editorial Progreso, 1973), 157.
    8 Vladimir Ilich Lenin, Obras escogidas tomo III (Moscú: Editorial Progreso, 1961), 424.
    9 León Trotsky, «Carta a los miembros del Comité Central y de la Comisión Central de Control del Partido Comunista ruso (b)» (Edicions Internacionals Sedov, 2015), 4.
    10, 11 Trotsky, 4.
    12 Trotsky, 3.
    13 León Trotsky, El nuevo curso (y anexos) (Valencia: Edicions Internacionals Sedov, 2015), 55.
    14, 16 Trotsky, 56.
    15 Trotsky, 57.
    17 Edward Hallett Carr, La revolución rusa: De Lenin a Stalin, 1917-1929, trad. Ludolfo Paramio (Madrid, 1981), 112.
    18 Vadim Z. Rogovin, Was There an Alternative? Trotskyism: A Look Back Through the Years, trad. Frederick Choate (Michigan: Mehring Books, 2021), 163.
    19 Trotsky, El nuevo curso (y anexos), 55.
    20 Rogovin, Was There an Alternative?, 172.
    21 Darron Hincks, «Support for the Opposition in Moscow in the Party Discussion of 1923-1924», Soviet Studies 44, n.o 1 (1992): 139.
    22 Hincks, 140.
    23 Pierre Broue, El Partido Bolchevique, Editorial Ayuso (Madrid, 1973), 257.
    24 Simon Pirani, The Russian Revolution in Retreat, 1920-24: Soviet Workers and the New Communist Elite (London ; New York: Routledge, 2008), cap. 9.
  • Entrevista a Olivier Besancenot: «El fascismo es un peligro real»

    Entrevista a Olivier Besancenot: «El fascismo es un peligro real»

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    Mathieu Dejean entrevista a Olivier Besancenot

     

    Traducción: Viento Sur
    Fuente: 
    Mediapart

    Actualidad Internacional: Entrevista con…

    18/01/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Lúcido ante el avance de la extrema derecha, el antiguo candidato presidencial de la extrema izquierda llama a rechazar la «dictadura de los hechos consumados»: siempre que evitemos el sectarismo, el campo de la emancipación puede recomponerse.

    Movilización contra la ley de inmigración, divisiones en la izquierda, un mundo convulso con el auge de la retórica y de las fuerzas de extrema derecha en Europa… El antiguo candidato presidencial de la Ligue communiste révolutionnaire (LCR) en 2002 y 2007 (obtuvo respectivamente el 4,25% y el 4,08% de los votos emitidos), ahora simple militante del Nouveau Parti anticapitaliste (NPA), que recientemente propuso a La France insoumise (LFI) formar una lista conjunta para las elecciones europeas de 2024, hace un balance preocupado de la situación en Francia y en el mundo.

    Sin ceder ante los «fatalistas de la historia» que quieren imponer el relato de una victoria inexorable de Marine Le Pen en 2027, advierte de este «peligro real» e invita a todas las fuerzas de la izquierda a tomar la antorcha del antifascismo «más allá de la mera cuestión electoral».

    Mediapart: La ley de inmigración fue aprobada a finales de diciembre con los votos del RN [extrema derecha]. Aunque el Consejo Constitucional censure algunos de sus artículos, ¿cree que hemos alcanzado una nueva etapa en la evolución del macronismo?

    Olivier Besancenot: Esta ley marca claramente un salto importante en la extrema derechización de la clase política. El hecho de que se haya redactado muestra la influencia de la Rassemblement National (RN), que se ha convertido en una fuente de ideas para el poder de turno. Esto da un poco más de credibilidad a la teoría de que la RN podría llegar al poder, aunque la extrema derecha aún no esté ahí.

    En cuanto a la ley de inmigración, la batalla no ha terminado. Tras la manifestación del 14 de enero, habrá otra el 21 de enero. Vamos a unir el mayor número de fuerzas posible y a hacer oír la voz de todos y todas que se oponen a esta ley. Los macronistas arrastrarán esta ley como una bola con cadenas, incluso en ocasiones simbólicas como la entrada de Manouchian. Porque admitir en el Panteón a uno de los líderes de los Francstireurs et partisans – Main-d’œuvre immigrée (FTP-MOI) y aprobar esta ley no «va de sí», sino que es una contradicción política escandalosa y moralmente repugnante.

    M: Las numerosas agresiones asestadas por el campo presidencial en materia social, en un clima internacional sombrío, podrían suscitar más desaliento que revuelta. ¿Cómo ve el clima en el país?

    O. B.: Se nos está imponiendo una narrativa basada en el inexorable ascenso de RN a la cúpula del Estado. Yo estoy más del lado del revolucionario Auguste Blanqui, que despreciaba a los fatalistas de la historia. La primera responsabilidad de la izquierda, sean cuales sean sus sensibilidades, es rechazar esta dictadura de los hechos consumados y asegurarse de que esta narrativa sea desmentida por los hechos. Soy consciente de que la relación de fuerzas ha cambiado, y sé que no puede invertirse mediante poses o grandilocuencia, pero la historia no es una construcción lineal, está hecha de bifurcaciones en el camino.

    Tenemos que unir nuestras fuerzas para librar las batallas esenciales, incluida la lucha contra la extrema derecha y sus ideas. Si hay una bandera que puede unir a toda la izquierda social y política anticapitalista, es la bandera común del antifascismo. Se está produciendo un giro global nauseabundo, que debe ser contrarrestado por un amplio frente de acción y resistencia al espíritu de la época.

    M: ¿A qué atribuir este giro que estamos viendo en Europa, pero también en América Latina con Javier Milei en Argentina, o en Israel con Netanyahu?

    O. B.: Lo que ocurre en Israel, lo que ocurre en Europa y lo que ocurre en América Latina, más allá de las singularidades de cada situación, atestigua el final de un ciclo. Se trata del ciclo de la globalización liberal tal y como la hemos conocido durante los últimos 40 años, lo que pone de manifiesto las profundas contradicciones inherentes al sistema capitalista.

    Como siempre, el fin de un ciclo no es sinónimo de una vuelta a la situación anterior: se abre una nueva situación, marcada por intereses nacionales agudizados, competencia interimperialista y guerras locales de muy alta intensidad que, a cada paso, ponen en peligro al resto del mundo. Es como si el mundo hubiera perdido el control de su propia dirección, como un tren desbocado que se precipita hacia un precipicio. La catástrofe ecológica y climática, e incluso la reciente crisis del narcotráfico en Ecuador, todo apunta en esta dirección.

    Políticamente, esto está produciendo corrientes de extrema derecha, neofascistas o fascistas; no es momento de perder el tiempo sobre cómo deberían llamarse. Marx comparó la revolución con un tren que arrastra a la humanidad hacia adelante. Walter Benjamin, por su parte, aunque adoptó la retórica marxiana, comparó la necesidad de la revolución con la señal de alarma de un tren que la humanidad tenía activar lo más rápida y conscientemente posible antes de que se estrellara. Hoy dia, la tarea del movimiento de emancipación es precisamente esa: ¡tirar de esa señal de alarma!

    M: Tanto electoral como culturalmente, la extrema derecha ha avanzado mucho desde 2002, cuando la extrema izquierda representaba una salida política importante –con Arlette Laguiller, de Lutte ouvrière, vuestros dos candidatos [Alain Krivine por la LCR] sumaron el 10% de los votos emitidos en las elecciones presidenciales. ¿Cómo explicar la extrema derechización [del campo político] y el hecho de que la izquierda esté hoy menos identificada como alternativa política?

    O. B.: En primer lugar, no debemos olvidar las derrotas sociales en la lucha de clases, la más reciente en la batalla de las pensiones. En estas circunstancias, la idea de que la solidaridad es rentable es más difícil de demostrar. La retórica emancipadora nunca tiene tanta fuerza como cuando está respaldada por periodos de victoria a través de la acción. Pero dada la crisis mundial que atravesamos, las luchas no han terminado. Todo sigue abierto.

    No obstante, también hay tendencias subyacentes, en particular un deseo de orden al que la retórica simplista alimenta de odio. Hannah Arendt lo analizó en numerosas ocasiones: todo movimiento totalitario tiene una base social, que no se puede explicar sólo en términos de dinámicas en las élites. Ella habló de un caldo de cultivo: un fenómeno de desolación, una especie de etapa suprema en la individualización y fragmentación de las relaciones sociales. Frente a esto, cualquier proyecto emancipador debe partir de esta terrible realidad para estar en sintonía con ella.

    En este contexto, estamos obligados a hacer balance de nuestra propia historia, aunque ésta nunca se repite de forma idéntica. No estamos viviendo una repetición de los años 30, porque no es tanto el peligro rojo lo que preocupa a la clase dominante como el desorden globalizado que amenaza sus negocios a largo plazo. Pero el peligro fascista es real en términos de racismo antiinmigración y ataques antidemocráticos. Los trágicos errores del movimiento obrero en los años 30 amenazan con repetirse: sectarismo, fragmentación y ceguera.

    M: ¿Fue este análisis el que llevó al NPA a proponer una campaña conjunta con LFI para las elecciones europeas de 2024?

    O. B.: Ya no estoy en la dirección del NPA, pero apoyo este enfoque, que consiste en hacer un llamamiento a las fuerzas rupturistas de izquierda. Dicho esto, más allá de la mera cuestión electoral, es necesario ir más allá y reunir a las fuerzas sociales y políticas anticapitalistas, situando en el centro el frente unido contra la derecha y la extrema derecha. Una unidad basada en acciones concretas que pueda alimentar el necesario retorno a las cuestiones estratégicas para encarnar una alternativa de masas, algo que no hemos conseguido hasta ahora.

    La extrema derecha lleva 30 años librando a su manera una batalla por la hegemonía cultural. Nos corresponde a nosotros librar la nuestra. En estos momentos, atravesamos una enorme depresión ideológica en la que las izquierdas en Francia parecen estar perdiendo la brújula, hasta el punto de que a veces resultara irreconocible…

    M: ¿Irreconocible en términos de debilidad política o en términos de orientación?

    O. B.: En términos de orientación política. Durante mucho tiempo, la lucha contra el racismo, en todas sus formas, fue una referencia política estructurante en la izquierda. Desde el caso Dreyfus hasta las generaciones que escribieron las páginas de la Resistencia y del movimiento obrero, sin olvidar la marcha por la igualdad en los años ochenta. Esta lucha incluye la lucha contra el antisemitismo, la islamofobia y la negrofobia. Esta brújula de la izquierda es fundamental, como siempre lo ha sido la lucha anticolonial; pienso en Vietnam y Argelia, por ejemplo.

    Pero desde el 7 de octubre, la izquierda parece haber perdido el norte, como si las agujas se pusieran tan nerviosas como para abandonar uno u otro de sus valores. Lo mismo ocurre con el internacionalismo, víctima del triste retorno del campismo, que querría convertir en ley la máxima de que el enemigo de mi enemigo es necesariamente mi amigo. Es la misma coherencia que nos impulsa en el NPA a afirmar nuestra solidaridad con la resistencia palestina, kurda y ucraniana, por ejemplo.

    M: La izquierda ha sido acusada de antisemitismo y de complicidad con Hamás durante este periodo, y el NPA no ha escapado a esta acusación. Cuando se echa la vista a los acontecimientos desde el 7 de octubre, ¿piensa que ha habido alguna metedura de pata? ¿Ha conseguido [el NPA] mantenerse unido?

    O. B.: Pertenezco a una corriente política, la IV International, en la que los camaradas transportaban maletas llenas de dinero y armas para el FLN. Esa fue nuestra contribución a la lucha por la independencia de Argelia. Estoy muy orgulloso de ello. En su momento, eso no nos impidió expresar nuestros desacuerdos, o incluso nuestras críticas a ciertos métodos de acción. Por ejemplo, nos oponíamos a los ataques indiscriminados contra civiles. Estas cuestiones morales son tanto más importantes cuanto que una de las condiciones para que una lucha de liberación nacional tenga éxito es que la sociedad colonial se desintegre.

    Hamás no es el FLN. Estamos a favor del derecho del pueblo palestino a la autodeterminación, porque estamos a favor de su derecho a la emancipación. Pero el proyecto de Hamás es exactamente lo contrario, punto por punto, de un proyecto de emancipación. Por lo que a nosotros respecta, las masacres contra civiles, los cuerpos mancillados y las violaciones nunca serán actos de resistencia, sino actos de barbarie. Siempre los he denunciado. El 7 de octubre de 2023 no es una excepción a la regla.

    Es más, la acusación de que somos apologistas del terrorismo es un insulto a nuestra historia. Aquí, como en todas partes, nunca suscribiré el lema de que el fin justifica los medios. Todas las contrarrevoluciones burocráticas del siglo XX nacieron murmurando alegremente este tipo de eslogan. Y precisamente porque, en cualquier situación, situamos la vida humana por encima de todo lo demás, los ensordecedores silencios políticos sobre la masacre que está teniendo lugar en Gaza me hielan la sangre.

    Cuando se escuchan las palabras que se están utilizando, hay algo orwelliano en la situación actual. No se trata de una guerra colonial de ocupación, sino de una operación militar para erradicar el terrorismo, es decir, una operación de paz, no muy lejos de la guerra es la paz de la novela de Orwell. Los ejemplos podrían multiplicarse: se criminaliza el simple hecho de participar, como hice yo, en manifestaciones de solidaridad con el pueblo palestino para pedir un alto el fuego. Ahora, ondear la bandera palestina ¡se consideraría antisemita! Esto es una locura.

    M: Un portavoz del ejército israelí ha prometido combates en Gaza «durante todo el año 2024». No podemos decir que en Francia el movimiento de solidaridad sea tan masivo como en otros países. ¿Qué podemos hacer para detener las masacres?

    O. B.: Tenemos una gran responsabilidad para que la solidaridad se organice aquí, en los países más ricos. La movilización que está teniendo lugar en Estados Unidos, en particular las manifestaciones de personas judías que proclaman «No en nuestro nombre», es extremadamente importante desde este punto de vista. Estas luchas ejercen presión en el corazón mismo de la potencia protectora del Estado colonialista israelí.

    Si queremos que surja allí una solución política binacional, con igualdad de derechos para todos y todas –dos Estados, un Estado, un sistema federal…–, entonces, además de la lucha palestina, hay que organizar la solidaridad en nuestros países para obligar a nuestros gobiernos a retirar todo apoyo logístico, económico y militar a Israel y poner fin al horror que contemplamos impotentes cada día.

    Necesitamos agitar la conciencia política y necesitamos que la izquierda se sacuda su letargo. Por desgracia, la izquierda francesa parece demasiado a menudo prisionera de las reglas de la V República. Una campaña presidencial llega a su fin y ya se están perfilando los futuros candidatos para la siguiente. Demasiados suplentes en el banquillo, pensando sólo en el brazalete de capitán y no realmente en el equipo. En el fútbol esa actitud siempre acaba mal. Jugar en equipo significa golpear juntos los mismos clavos, ¡incluso cuando caminamos separados, por utilizar el viejo dicho!

    M: Entonces, ¿el peor riesgo al que se enfrenta hoy la izquierda es el sectarismo?

    O. B.: No debemos ceder al sectarismo ni al oportunismo. Afirmar nuestra solidaridad con el pueblo palestino es un mínimo, cualquiera que sea nuestra filiación y cualesquiera que sean las presiones ejercidas por la corriente dominante. Por ejemplo, nosotros tenemos desacuerdos políticos con la LFI, pero la demonización de esta organización debería alertarnos a todos.

    Del mismo modo, cuando el NPA fue convocado por la policía judicial e interrogado en el marco de una investigación preliminar sobre apología del terrorismo, el apoyo fue discreto. La izquierda puede lavarse las manos, o frotárselas, con el lema «se lo merecían», pero si por alguna desgracia la corriente política dominante consiguiera reprimirnos, es todo el movimiento obrero y sindical el que podría verse arrastrado por las consecuencias. E incluso parte de la macronía: no hay que olvidar la escena en la que el diputado de RN Laurent Jacobelli llamó escoria al diputado macronista Belkhir Belhaddad.

    Sin embargo, lejos de los aledaños presidenciales, hay una renovación en las luchas actuales, marcada por una nueva generación que se ha expresado en las luchas obreras, en el sindicalismo, en el campo de la ecología con Soulèvements de la Terre, en las luchas LGBT… El potencial y los recursos están ahí. Pero si no se abordan deliberadamente horizontes y esperanzas políticas, en nombre de los mezquinos cálculos electorales de la V República, la izquierda seguirá cavando con entusiasmo su propia tumba.

    Espero que la batalla sobre la ley de inmigración sirva de electroshock. Y que el peligro del fascismo nos obligue una vez más a unirnos. Como decía Alain Krivine, ser revolucionario también significa resistir la tentación de volverse cínico o displicente. Muchos de nosotros tenemos un papel que desempeñar para garantizar que una corriente anticapitalista amplia y unida haga oír su voz.

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    Actualidad Internacional: Luchas y Movimientos

    19/01/2024

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    Impulsemos la solidaridad internacional con los trabajadores, el movimiento de mujeres y todo el pueblo argentino.

     

    Este 24 de enero, la Confederación General de los Trabajadores de Argentina y otras organizaciones sindicales, sociales y de izquierda, convocan a un Paro Nacional contra las medidas antiobreras y antipopulares dispuestas por el ultraderechista y “libertario” presidente Javier Milei, quien es, además, un férreo defensor del estado sionista de Israel y del genocidio que comete contra el pueblo palestino.

     

    Desde que asumió la presidencia, Milei ha implementado políticas que benefician a los grandes empresarios nacionales y extranjeros y al Fondo Monetario Internacional, a costa de atentar contra los más básicos derechos humanos y laborales del pueblo argentino. Se decretó una devaluación del 115 por ciento del peso argentino que ha disparado la inflación y liberado los precios de los alquileres de vivienda, que han provocado una brutal reducción del salario y las pensiones de los trabajadores y decenas de miles de despidos.

     

    Ahora Milei ha emitido un “Decreto de Necesidad y Urgencia” (DNU) y la llamada “ley ómnibus”, que modifican la casi totalidad de la Constitución y de toda la legislación secundaria, lo que significa que asume poderes dictatoriales y elimina, de facto, al poder legislativo. Peor aún es el contenido de este decreto que permite la venta del país a empresas extranjeras, la privatización de todas las empresas públicas y servicios sociales como el de educación o la salud y restringir derechos laborales básicos como el de huelga, organización sindical y movilización.

     

    El objetivo de Milei, como en su momento lo hizo Margaret Thatcher en Inglaterra, es lanzar un ataque frontal en contra de la clase trabajadora para paralizarla, debilitarla y, en una palabra, derrotarla, dejando el campo libre para impulsar un capitalismo salvaje similar al del siglo XIX. Es lo que los neoliberales denominan “la Doctrina del Shock”.

     

    Pero lejos de atemorizarse, el pueblo argentino ha salido a las calles, desafiando las medidas represivas para impedir las movilizaciones, mostrando su indignación y disposición a defender sus derechos y su nación. Desde el 20 de diciembre, el sindicalismo combativo, los piqueteros, las organizaciones sociales y de izquierda salieron a manifestarse. Ese mismo día, miles de vecinos salieron con cacerolas a las calles a repudiar al gobierno. Ante el repudio creciente, los dirigentes de la CGT salieron de su inmovilismo y convocaron a un paro general con movilización al Congreso Nacional, para el 24 de enero.

     

    Para derrotar al “plan motosierra” de Milei y el FMI es necesario construir la más amplia unidad en defensa del salario, las jubilaciones, los planes sociales, la libertad de organización, manifestación y expresión, así como la de demandar el impago de la deuda pública fraudulenta y odiosa.

     

    Ante este duro ataque, es fundamental impulsar, en México, América Latina y a nivel internacional, la más amplia solidaridad con los trabajadores, la juventud, el movimiento de mujeres y el pueblo argentino. Si ellos logran frenar esta ofensiva que responde a los intereses del FMI y los patrones, los trabajadores y pueblos de otras latitudes estaremos en mejores condiciones para enfrentar a los empresarios nacionales y extranjeros y a los gobiernos que los sirven.

     

    Las organizaciones abajo firmantes proponemos impulsar de manera amplia y en común, una gran acción de solidaridad y apoyo al paro general y en repudio al gobierno de Javier Milei y sus planes frente a la embajada de Argentina en México (Av. Paseo de las Palmas 1685, Lomas de Chapultepec) el 24 de enero a las 15 horas, coincidiendo con otras acciones que se realizarán a nivel internacional.

     

    ¡Viva el Paro General del 24 de enero contra Milei y el FMI!

    ¡Solidaridad desde México con los trabajadores y el pueblo argentino!

     

    Acción Juvenil Ecosocialista (AJE); Afrontera Cimarrona; Agrupación Juvenil Anticapitalista (AJA); Amigxs x la vida; Comunidad Argenmex en Defensa de la Democracia, Coalición Obrero Campesino Estudiantil del Istmo-Movimiento de Liberación (COCEI-ML); Colectiva Voces Feministas en Aquelarre; Comité 68 Pro Libertades Democráticas; Coordinadora Nacional de Usuari@s en Resistencia (CONUR); Feministas con Voz de Maíz; Frente Binacional de EX BRACEROS 1942-1967; Estudiantes Organizados de la Facultad de Ciencias; Juventud Ecosocialista MSP; La Izquierda Socialista (LIS); Liga de Unidad Socialista (LUS); Mexiro; Movimiento Comunista Mexicano (MCM); Movimiento de los Trabajadores Socialistas (MTS); Movimiento de Pueblos Originarios en Resistencia (MOPOR); Movimiento Nacional de Usuarios de Energía Eléctrica (MNUEE); Movimiento Nacional Organizado Aquí Estamos (MONAE); Movimiento Socialista del Poder Popular (MSP); Máster Ursus Regnans; Organización Nacional del Poder Popular (ONPP); Organización Proletaria Emiliano Zapata (OPEZ – FOSICH); Orgullo Disidente; Pan y Rosas; Poder Desde los Movimientos y Organizaciones Sociales (PODEMOS); Por una Economía Solidaria; Resistencias no Binarias; Tiempos Modernos; Tlacaelel A.C.; Transcontingenta.

     

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  • Mandel, las ondas largas y la historia de Puerto Rico

    Mandel, las ondas largas y la historia de Puerto Rico

    Ernest-Mandel-New-York

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    Rafael Bernabé

    Senador, profesor de la Universidad de Puerto Rico, activista social y político, autor de libros y artículos sobre historia y literatura puertorriqueña.

    Fuente: Momento Crítico

    Teoría: Economía

    15/01/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    En 2020 se cumplieron cien años del nacimiento de Ernest Mandel. En varios países se realizaron eventos analizando su vida y su obra. Mandel es una de las figuras que más han influenciado nuestra trayectoria política e intelectual. Otras tareas nos impidieron redactar una contribución que teníamos pensada a la conmemoración del centenario, referente a su teoría de las ondas largas y su pertinencia para el estudio de la historia de Puerto Rico. Aquí presentamos ese texto con cierto retraso. Añadimos al plan original unas breves consideraciones sobre algunas críticas a la teoría de Mandel de las ondas largas recientemente formuladas por Claudio Katz.

    Según Mandel, el capitalismo industrial ha exhibido largos periodos de crecimiento acelerado (20-25 años) que desembocan en largos periodos de crecimiento desacelerado o estancamiento (también de más de 20 años, pero de duración más irregular, como veremos). Así, la evolución del capitalismo, además de las crisis recurrentes de más corta duración, se ha presentado como una alternancia de ondas expansivas y depresivas[1]Ernest Mandel, El capitalismo tardío, trad. Manuel Aguilar Mora (Barcelona: Verso, Viento Sur, Sylone, 2023, primera edición en alemán 1972); Las ondas largas del desarrollo capitalista. Una … Seguir leyendo. Mandel identifica las siguientes:

    1848-1873 (25), expansiva

    1873-1893 (20), depresiva

    1893-1913 (20), expansiva

    1913-1940/48 (27/35), depresiva

    1940/48-1973 (25/33), expansiva

    1973, inicio de onda depresiva

    Más tentativamente, Mandel señala la posibilidad de reconocer dos ondas anteriores, que serían las siguientes:

    1790s-1825, expansiva

    1825-1848, depresiva[2]Mandel, Las ondas largas, 6.

    Mandel murió en 1995 y no pudo extender su estudio de la onda depresiva que se inició en 1973. ¿Condujo esta onda depresiva a una onda expansiva (débil y desigual) en la década de 1990, que habría terminado con la recesión de 2008, o se extiende (con altas y bajas coyunturales) hasta nuestros días? Es un tema de discusión al que volveremos al final.

    Mandel coloca la tasa de ganancia en el eje de su explicación de las ondas largas. Durante los periodos expansivos el nivel y tendencia de la tasa de ganancia estimulan la inversión masiva y el crecimiento acelerado de la producción y el comercio. Durante los periodos depresivos ocurre lo contrario: la caída y el bajo nivel de la tasa de ganancia reducen el ritmo de la acumulación y las tasas de crecimiento. Siguiendo a Marx, Mandel considera que la tasa de ganancia está determinada por tres variables: la tasa de explotación o tasa de plusvalor, la composición orgánica del capital y la velocidad de rotación del capital. El aumento de la velocidad de rotación y el aumento de la tasa de explotación aumentan la tasa de ganancia. El aumento de la composición del capital la reduce. También, siguiendo a Marx, Mandel considera que, según se extiende un periodo de acumulación acelerada, los primeros dos factores no pueden prevalecer sobre el tercero, lo cual provoca una tendencia decreciente de la tasa de ganancia. El paso de una onda expansiva a una onda depresiva está, por tanto, programado en las tendencias internas del sistema. Esa tendencia a la caída de la tasa de ganancia, resultado de ese mecanismo inherente al capitalismo, explica los virajes de 1873, 1913 y 1973 hacía una onda depresiva (y el de 1825, si se incluye esa onda).

    Por otro lado, los periodos expansivos se inician como resultado de un aumento duradero de la tasa de ganancia que provoca la inversión productiva de capital ocioso y de invenciones no aprovechadas que caracterizan el periodo de crecimiento desacelerado. Pero la entrada y la salida de la crisis no está determinada de igual manera. A diferencia de la caída de la tasa de ganancia, los aumentos que provocan el inicio de periodos de expansión (1848, 1893, 1940/48) dependen de cambios que van más allá del terreno estrictamente económico. Así, dependen de conquistas geográficas del capitalismo, revoluciones (o contrarrevoluciones) sociales, el resultado de enfrentamientos de clases, de luchas de liberación nacional o de conflictos, incluyendo guerras, interimperialistas y de su impacto en la tasa de ganancia. Por esta razón, Mandel rechaza el término ciclos largos: la palabra ciclo sugiere un salto igualmente predeterminado de la expansión a la onda depresiva, por un lado, que de la onda depresiva a la expansiva. Mandel insiste, al contrario, en el “ritmo asimétrico” de las ondas largas: la caída de la expansión en la crisis (resultado de las contradicciones internas del sistema) es predecible e inevitable, no así la salida del periodo depresivo. Así, Mandel considera que los periodos de expansión se iniciaron como resultado del impacto de:

    1848- Expansión del mercado. Un aumento del mercado para mercancías industriales (descubrimiento de oro en California, revoluciones de 1848)

    1893- Expansión imperialista. Ganancias extraordinarias producto de la exportación de capital a países atrasados, abaratamiento de materias primas, aceleración de la rotación.

    1940/48- Derrotas de la clase obrera (fascismo) y guerra (destrucción masiva de capital)

    En ocasiones se ha descrito la concepción de Mandel como una teoría tecnológica de las ondas largas. No es correcto. Como indicamos, Mandel considera que durante los periodos de expansión aumenta la inversión y la innovación tecnológica (es uno de los elementos que luego provocarán la crisis, con el aumento de la composición orgánica). Por tanto, los periodos de expansión se han caracterizado por lo que él llama revoluciones tecnológicas (es decir, por el inicio impetuoso de cambios que luego seguirán extendiéndose en el periodo de crisis). Mandel estudia las siguientes:

    1848-1873- la fabricación de máquinas con máquinas

    1893-1913- la “segunda revolución tecnológica” (industria eléctrica, química, motor de combustión interna)

    1940/48- automatización y semi automatización

    Pero las revoluciones tecnológicas no provocan la salida de la onda depresiva. La prolongan y amplían una vez se inicia. Pero el inicio depende de otro hecho: el aumento previo de la tasa de ganancia que a su vez provoca la aceleración de la inversión.

    La historia de Puerto Rico a partir del inicio del siglo XIX es la historia de su creciente integración a la economía mundial capitalista. Si la concepción de Mandel describe acertadamente las transformaciones de esa economía, cabría esperar que la historia de Puerto Rico se ajuste al flujo y reflujo de las ondas largas. Y eso es precisamente lo que observamos. Así, la historia de Puerto Rico habla a favor de la concepción de Mandel y la concepción de Mandel ayuda a entender mejor el pulso de la historia de Puerto Rico. Veamos las sucesivas ondas y su presencia en la historia de Puerto Rico[3]La estructura de nuestro libro (junto a César Ayala) de historia de Puerto Rico en el siglo XX sigue de cerca la alternancia de las ondas expansivas y depresivas estudiada por Mandel. César Ayala y … Seguir leyendo.

    En esta época, la acumulación capitalista industrial ocurre básicamente en Europa Occidental y Estados Unidos. La exportación de mercancías industriales se extiende en el mundo y tiende a destruir la producción artesanal y la manufactura local, sin que aún pueda desplazarla plenamente. Muchas regiones tienden a embarcarse en la producción de materias primas y alimentos para los países avanzados. Esa producción se realiza con tecnología preindustrial y a partir de relaciones no capitalistas o semi capitalistas (la producción de algodón en el sur esclavista de Estados Unidos, por ejemplo). Por otro lado, el capital metropolitano aún no obstruye ni controla el proceso de formación de capital en los países no industrializados. Algunos de ellos inician procesos de industrialización autónomos (Japón, Italia, Rusia, por ejemplo).

    En Puerto Rico observamos la integración al mercado mundial a través de la producción esclavista de azúcar[4]Francisco A. Scarano, Sugar and Slavery in Puerto Rico. The Plantation Economy of Ponce, 1800-1850 (Madison: University of Wisconsin Press, 1984).. También se intentan otras formas de trabajo forzado o de coerción estatal, como el régimen de la libreta.

    Estas formas de explotación son el resultado de la incapacidad de imponer las relaciones capitalistas de producción. Esas relaciones, como sabemos, tienen como fundamento la desposesión de los productores, su separación de los medios de producción, empezando por su separación de la tierra, que les permitiría vivir independientemente de los explotadores. Esa separación les obliga a venderse por un salario. Desde principios del siglo XIX, gobierno y clases poseedoras, conscientes de las oportunidades en el mercado internacional, aspiran a desarrollar la producción comercial en gran escala. En 1809, en las instrucciones al primer diputado a Cortes, Ramón Power, señalan lo que será su queja durante las siguientes ocho décadas: la “falta de brazos” para las proyectadas plantaciones y haciendas. La “falta de brazos” a menudo se atribuye a la “vagancia” y los “vicios” de la población. Como dirían hoy: “la gente no quiere trabajar”[5]Discutimos el tema en “De la falta de ‘brazos’ a la ‘sobrepoblación’: ideología y lucha de clases en el surgimiento del capitalismo en Puerto Rico” Parte I y Parte II, momento crítico … Seguir leyendo. Por supuesto, no había tal falta de brazos, ni problema de vagancia. La gente trabajaba. Trabajaba por su cuenta y el acceso a la tierra les permitía hacerlo. El acceso a la tierra, aunque no tuvieran títulos de propiedad, les permitía evitar la explotación a las que se les quería someter. Eso era lo que molestaba a sus potenciales explotadores: vagancia era el nombre que le daban al trabajo independiente y que no podían explotar. La situación nos recuerda la descripción de Edward Wakefield, citada por Marx, de la situación en las regiones en las que los productores tenían acceso a la tierra. Según Wakefield: “Allí donde … todo el mundo puede … obtener un pedazo de tierra … la dificultad está en obtener trabajo combinado a cualquier precio”[6]Carlos Marx, El capital. Crítica de la economía política. Trad. Wenceslao Roces (México, D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1975), Vol. I, 653. Sobre este tema ver también: Sidney W. Mintz, … Seguir leyendo. En 1877, un grupo de hacendados de Guayama se referirían a esto como la “huelga pasiva” de los habitantes del campo[7]Luis A. Figueroa, Sugar, Slavery and Freedom in Nineteenth-Century Puerto Rico (San Juan, Chapel Hill: University of Puerto Rico Press and University of North Carolina Press, 2005), 171.. Esa “huelga pasiva” atraviesa todo el siglo XIX.

    Dado que no era posible explotar el trabajo asalariado “libre” (que supone su expropiación y desposesión), había que romper la “huelga pasiva” de otro modo. Una de ellas fue recurrir a la esclavitud y las otras medidas contra los “vagos” que culminan con el régimen de la libreta decretado en 1849[8]Para la historia de estas medidas ver: Labor Gómez Acevedo, Organización y reglamentación del trabajo en el Puerto Rico del Siglo XIX (Propietarios y jornaleros) (San Juan: Instituto de Cultura … Seguir leyendo. Repitamos que no se trataba, como se proclamaba, de obligar a los vagos a trabajar, sino de obligar a los trabajadores independientes a trabajar para otros. A principios del siglo XIX fuera de San Juan, dominaba la pequeña agricultura de subsistencia[9]Sobre este modo de vida, ver los informes de Alejandro O’Reilly (1765) e Iñigo Abbad (1782) y Bernabe, “La falta de brazos”.. Según la producción comercial esclavista se iba extendiendo por zonas de la costa, la pequeña producción se movió hacia el interior montañoso.

    Hacia el final de este periodo, se inicia el auge de la exportación de café. Con el desarrollo de la hacienda de café en el interior se cierra la ruta de escape del trabajo asalariado, aunque todavía estará mezclado con otras formas de subordinación del trabajo (la relación de agrego, etc.)[10]Laird W. Bergad, Coffee and the Growth of Agrarian Capitalism in Nineteenth-Century Puerto Rico (Princeton: Princeton University Press, 1983). Pero ya en los 1880s se estaba en la entrada de una nueva onda larga en la economía mundial.

    A partir de 1873 se inicia la gran depresión del siglo XIX. La depresión acelera el proceso de centralización de capital industrial y bancario. Parte de estas nuevas grandes empresas se interesan en la inversión directa para la producción capitalista de materias primas con técnicas más avanzadas en los países atrasados. Es la época de la expansión de la plantación capitalista. Esta exportación de capital a menudo ocurre en el contexto de nuevas o antiguas relaciones coloniales o semicoloniales, como las impuestas por Estados Unidos en Centro América y el Caribe. Las ganancias extraordinarias generadas por la inversión externa y el efecto positivo en la tasa de ganancia de la reducción del costo de materias primas y alimentos provocan el avivamiento de la inversión y el inicio de una nueva onda expansiva a partir de mediados de la década de 1890.

    Con la expansión se inicia la segunda revolución tecnológica (electricidad, industria química, motor de combustión interna) que la intensifica y extiende. En este periodo se consolida la nueva estructura de la economía mundial en la que la acumulación en los países atrasados queda mucho más estrechamente subordinada a los países avanzados. Pasan del atraso a la dependencia. Bajo formas de subordinación colonial o semicolonial, los primeros exhibirán las características típicas del subdesarrollo: control de sectores clave por el capital externo; especialización productiva con acuerdo a las necesidades del capital externo; extracción de parte importante del ingreso excedente generado; vasto ejército de reserva industrial (desempleo y subempleo); bajos salarios.

    En Puerto Rico encontramos todos los aspectos descritos por Mandel del periodo 1873 a 1893 y luego de 1893 a 1913: el surgimiento del gran capital en las metrópolis; la inversión, en el contexto de nuevas relaciones coloniales, de capital metropolitano en la producción de materias primas y alimentos en los países atrasados y la nueva estructura económica dependiente de los últimos. Desde la década de 1870, en Puerto Rico y otros países productores de azúcar de caña estaba planteada la transición del ingenio a la central, con todas sus exigencias. Para la década de 1890 era evidente que los productores de azúcar en Puerto Rico habían fracasado en completar esa transformación. La industria del azúcar estaba en franco retroceso. Pero, durante la década del 1890, se consolidan los grandes oligopolios de la refinación del azúcar en Estados Unidos, encabezados por la American Sugar Refininig Company y la National Sugar Refining Company[11]Alfred S. Eichner, The Emergence of Oligopoly: Sugar Refining as a Case Study (Baltimore: Jonhs Hopkins University Press, 1969).. Luego de la Guerra hispanoamericana, la ocupación por Estados Unidos y en el contexto de una nueva relación colonial (los tres son muestras de la nueva época imperialista), el capital estadounidense invertirá masivamente en la caña, la elaboración del tabaco y otros sectores de la economía de Puerto Rico, completando aceleradamente la transición del ingenio a la central y la generalización de las relaciones de producción capitalista[12]Puede consultarse “Rehacer la economía de Puerto Rico, 1898-1934”, capítulo 2 de Ayala, Bernabe, Puerto Rico en el siglo americano.. Puerto Rico exhibirá los aspectos señalados de una economía subordinada: dominio del capital externo; especialización unilateral; extracción de excedente; presión del desempleo y subempleo sobre los salarios, entre otros. Este también fue el caso de otros países especializados en la producción de azúcar cruda de caña en esta época, bajo relaciones coloniales y semicoloniales, por ejemplo, Cuba, Filipinas, Java y Taiwán, sometidos a los imperialismos estadounidense, holandés y japonés, respectivamente.

    A partir de 1913 se manifiesta la tendencia al agotamiento de la expansión en curso, acelerada por el desorden político y social provocado por la guerra (incluyendo el derrocamiento del capitalismo en el imperio ruso). La profundidad y duración de la crisis, sobre todo a partir de 1929, quiebra la fe de los gobiernos capitalistas en la capacidad del sistema de autoregularse y autocorregirse. Se reconoce de hecho la necesidad de la intervención masiva del estado para rescatar al capitalismo de sus contradicciones. La salida de la crisis dependerá de un aumento de la tasa de plusvalor y una destrucción masiva de capital, que abra horizontes de expansión para los sobrevivientes. Esa será la función del fascismo y su dominio sobre Europa y de la guerra mundial. Pero esto no es un desenlace automático, depende del curso de grandes batallas políticas y sociales. En Estados Unidos en la década del 1930 no se impone el fascismo, sino que crece el movimiento obrero y se logran importantes reformas sociales. Pero el capitalismo estadounidense se beneficia de la ruina de sus contrincantes por la guerra y durante la guerra y el inicio de la guerra fría logra domesticar a la clase trabajadora con represión y concesiones. A partir de 1940 en Estados Unidos y de 1948 en Europa se inicia un periodo de expansión que se extenderá hasta 1973, el boom de postguerra.

    La Primera Guerra Mundial reduce la producción de azúcar de remolacha en Europa y estimula la expansión de la producción de azúcar de caña. Es lo que se conocerá como la danza de los millones. Con la normalización después de la Guerra, el mercado mundial del azúcar entra en una crisis prolongada. En Puerto Rico su impacto es amortiguado por la política proteccionista del gobierno de Estados Unidos durante la década del 1920, que intenta evitar la caída del precio en su mercado interno, excluyendo la azúcar extranjera (básicamente azúcar de Cuba). Aunque era auspiciada por los intereses remolacheros, los productores coloniales en Puerto Rico y de Filipinas son quienes más se benefician de esa política proteccionista. Para 1933, la crisis en Cuba se combina con la resistencia a la dictadura de Machado para provocar la revolución de 1933; los intereses remolacheros presionan para conceder la independencia a Filipinas; y Puerto Rico vive un periodo de agudas protestas y movilizaciones sociales. La administración Roosevelt comprendió que era necesario reorganizar “el imperio del azúcar americano”[13]César J. Ayala, American Sugar Kingdom: The Plantation Economy of the Spanish Caribbean, 1898-1934 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1999)., lo cual hace a través de la Ley del Azúcar de 1934 que establece un sistema de cuotas, de impuestos y de compensaciones para limitar la producción[14]John Dalton, Sugar: A Case Study of Government Control (New York: Macmillan Company, 1937).. En Puerto Rico incluye la adopción de reformas dirigidas a redistribuir tierras, diversificar la producción y ampliar instalaciones públicas, cuya expresión más clara fue el Plan Chardón y la creación de la Puerto Rico Reconstruction Administration. Estas medidas encontraron apoyo y colaboración de sectores afines en Puerto Rico, como el sector agrupado alrededor de Luis Muñoz Marín. Sus propuestas hasta 1945 se orientarían hacia la reducción de la injerencia de capital externo, la redistribución de la tierra, el fomento del cooperativismo, la empresa pública y la producción hacia el mercado interno[15]Para este periodo puede consultarse “Depresión económica y crisis política: la turbulenta década del treinta”, capítulo 5 de Ayala, Bernabe, Puerto Rico en el siglo americano..

    En 1940 en Estados Unidos y 1948 en Europa se inicia la onda expansiva de postguerra. La tercera revolución tecnológica permite aumentar la productividad y con ello las tasas de explotación a la vez que se aumentan los salarios reales. En los países desarrollados y sectores de otros países, los medios de consumo duraderos (automóvil, electrodomésticos) transforman la vida diaria de millones. Se generaliza la educación primaria e intermedia y se amplía la educación universitaria. Se reduce el peso de la población rural y campesina. Durante estos años, la inmigración de países atrasados permite reconstituir el ejército industrial de reserva (y su efecto limitante sobre los salarios), a pesar del crecimiento del empleo. El estado reglamenta la actividad económica, financia programas y medidas de bienestar social con impuestos progresivos. Y estimula la economía con gasto público y con ajustes de la tasa de interés, entre otras prácticas: una inflación moderada se considera un precio razonable para evitar la recaída en el desempleo masivo anterior a la guerra. Se habla de “estado de bienestar”, “economía mixta” y de era keynesiana, que habría superado los desequilibrios del capitalismo.

    La resistencia de los pueblos del mundo colonial y el debilitamiento de los antiguos imperios durante la depresión y la guerra abre paso a la descolonización en Asia y África. Estos países aspiran a la modernización. Por otro lado, en los países imperialistas crece la tendencia a la exportación de maquinaria industrial (además de productos terminados). Ambos procesos se traducen en la alteración de la división internacional del trabajo heredada, con el inicio de la industrialización parcial de algunos países, hasta entonces especializados en la exportación de materias primas y alimentos.

    A partir de 1940, con el aumento de los gastos militares y la devolución de impuestos del ron (cuya demanda aumenta como resultado de la guerra), Puerto Rico empieza a participar en la expansión que se extenderá por treinta años. El capital externo se siente atraído a Puerto Rico, dado su acceso al mercado de Estados Unidos combinado con los “salarios más bajos de la bandera americana”, a lo cual el gobierno de Puerto Rico añade la exención contributiva a partir de 1947. Se abandona la crítica del control “absentista” y se abraza al capital foráneo como el agente clave de la deseada transformación económica[16]Para este viraje consultar “Momento crucial en la década de los cuarenta: el surgimiento del Partido Popular Democrático”, capítulo 7 de Ayala, Bernabe, Puerto Rico en el siglo americano.. Puerto Rico inicia dos décadas y media de crecimiento acelerado en las que vive su versión de los cambios globales: caída del peso del campesinado, urbanización, crecimiento de la industria, ampliación de la educación, mejoras en la salud y la vivienda, difusión de medios de consumo duraderos. La mayor parte de la población escapa de la pobreza extrema, lo cual es un logro nada despreciable. Pero este crecimiento no altera la estructura colonial y dependiente de la economía insular, incluyendo el control del capital foráneo, la falta de relación orgánica entre sus componentes, la salida de excedente, el desempleo crónico y los bajos salarios, comparados con la metrópoli. El desempleo y los salarios relativamente bajos, cuando coinciden con la expansión económica en Estados Unidos, se traducen en la emigración de parte de la fuerza laboral, que se convierte en una parte a menudo super explotada y discriminada de la clase obrera en Estados Unidos. Puerto Rico seguía siendo una economía colonial y subordinada[17]Para esta transformación de postguerra puede consultarse “Transformación y desplazamiento: Operación manos a la obra”, capítulo 9 de Ayala, Bernabe, Puerto Rico en el siglo americano..

    Como advirtió Mandel desde inicios de la década de 1960, ni las políticas keynesianas para atenuar las recesiones, o la limitación de competencia entre grandes empresas, o la existencia de un amplio sector público, o la planificación indicativa de algunos estados, o los acuerdos monetarios internacionales y la regulación del movimiento de capitales, o la mezcla de todas estas acciones, habían suprimido o eliminado o podrían suprimir y eliminar las contradicciones fundamentales del capitalismo[18]Algunos de sus textos se recogen en Ernest Mandel, Ensayos sobre el neo capitalismo (México D.F.: ERA, 1971).. La expansión de postguerra terminaría en una nueva crisis prolongada. La historia le dio la razón. El aumento de la composición orgánica del capital, resultado de la expansión, era cada vez más difícil de contrarrestar con un aumento de la tasa de explotación, en condiciones de pleno empleo, también resultante de la expansión. Las medidas inflacionarias, necesarias para atenuar las recesiones, desordenaban el sistema monetario internacional. Se planteaba el dilema: ¿controlar la inflación a costa de recesiones más profundas o evitar las últimas a costa de una inflación cada vez más descontrolada? En 1973, la recesión generalizada que afectó a las principales economías cerró la expansión de postguerra e inició una nueva onda recesiva.

    La respuesta capitalista a la crisis tenía que ser y fue lograr un aumento de la tasa de ganancia a través de un ataque a las conquistas logradas en las décadas anteriores por las clases trabajadoras y los países no metropolitanos. Igualmente buscaba penetrar las economías de los países en que el capitalismo había sido derribado. El llamado “golpe de Volcker” de 1979 (un repentino y brutal aumento de las tasas de interés por la Junta de la Reserva Federal de Estados Unidos) ejemplifica esas políticas: provoca una recesión que, a través del aumento en el desempleo, debía disciplinar a la clase obrera a la vez que agravaba las dificultades de las economías de los países dependientes e incluso semiindustrializados para cumplir con el servicio de sus deudas. A su vez, esas crisis y dificultades de repago se empleaban, a través de la intervención del Fondo Monetario Internacional, para imponer planes de ajuste estructural favorables al capital en general y al capital metropolitano en particular. Entre esas medidas, desplegadas tanto en países dominantes como dominados, se encuentran la reducción de impuestos a las grandes empresas, la reducción del gasto público social, la privatización de empresas públicas, la eliminación de protecciones laborales, la desregulación de mercados y el desmantelamiento de la protección de empresas nacionales y las políticas antisindicales. Estas y otras medidas llegarían a conocerse como las políticas neoliberales. A esto se añade el traslado de inversiones a zonas de bajos salarios y la amenaza de traslado como palanca para obtener concesiones en el país de origen.

    En Puerto Rico, la larga onda depresiva que se inicia en 1973 exhibe muchos de los elementos indicados: crecimiento desacelerado hasta 2004 y posteriormente estancamiento; impacto de las políticas antiinflacionarias, de liberación del comercio y de desreglamentación financiera; política de bajos impuestos al gran capital, de privatización y de reducción del empleo público; endeudamiento y su utilización para imponer políticas de austeridad y medidas anti obreras.

    En 1973 la economía de Puerto Rico vive su primera caída del PIB en el periodo de postguerra. Luego de esta primera recesión sufre un impacto aún más severo como resultado de la recesión provocada por el “golpe Volcker”. Durante la recesión de 1981-83 la tasa de desempleo oficial asciende a 23 por ciento. A principios de la década del noventa una tercera recesión afecta la economía isleña. La tasa de crecimiento anual se reduce de 7 por ciento en la década de 1960, a 3.3 por ciento en la década de 1970 y luego a 2.1 en la década de 1980. El gobierno responde a la recesión de 1973 logrando una reformulación de la política de exención contributiva por el Congreso de Estados Unidos, encarnada en la sección 936 del Código de Rentas Internas de Estados Unidos. La medida logra atraer importantes inversiones de empresas de alta composición de capital, como las farmacéuticas. A la vez, aumentan la entrada de fondos federales tanto al gobierno como a individuos. Estos procesos evitan una desaceleración y un empobrecimiento mayores, pero la tasa de crecimiento económica se mantiene a menos de la mitad del periodo anterior a 1973. En la década de 1990 se implementa la política de privatización, destacándose la privatización del sistema de salud y de la Telefónica. Mientras tanto, la política de libre comercio, incluyendo el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, aumenta los sitios de inversión con bajos salarios y acceso al mercado de Estados Unidos. En 1996, el Congreso de Estados Unidos empieza la extinción de la sección 936 que beneficia a empresas que operan en Puerto Rico, transición que termina en 2006. Estos procesos provocan una recesión en Puerto Rico en 2005, 2006 y 2007, con reducciones del PIB cada año[19]Para la onda depresiva que se inicia en 1973 en sus distintas fases puede consultarse “Debilitamiento de la hegemonía del PPD: de la movilización a la recesión, 1960-1975”; “Estancamiento … Seguir leyendo. En 2008, la gran recesión global, detonada por el impacto de la desregulación financiera, acentúa la desaceleración de la economía. Puerto Rico sigue su curso depresivo durante toda la década de 2010.

    En el caso de Puerto Rico, la onda depresiva que se inicia en 1973 se extiende, con las altas y bajas recurrentes a toda economía capitalista, hasta nuestros días. Así el promedio de crecimiento anual entre 1961 y 1972, al final de la onda expansiva, fue 5.9 %. Se redujo a 2.67 % entre 1973 y 2004, para desplomarse a .18 % entre 2004 a 2022.

    Según el crecimiento se reducía antes de 2005 y luego de iniciarse la depresión de 2005 a 2021, el gobierno compensó la reducción de recaudos con algunos incrementos a las contribuciones a las empresas foráneas, medidas de austeridad (despidos, nuevos impuestos al consumo) y un creciente endeudamiento. La mezcla de estancamiento económico y creciente endeudamiento condujo inevitablemente al impago que el gobierno tuvo que reconocer en 2015. El gobierno de Estados Unidos respondió apretando las tuercas de la subordinación colonial, imponiendo una Junta de Control Fiscal para dirigir las finanzas del gobierno de Puerto Rico y ajustar su deuda. La Junta ha cumplido su misión de lograr el ajuste lo más favorable posible a los acreedores a la vez que impone políticas de austeridad, privatización y destrucción de derechos laborales, incluso en el sector privado. Su diagnóstico es típicamente neoliberal: la deuda se debe al “gigantismo” gubernamental, que debe atenderse reduciendo el tamaño del sector público y la falta de crecimiento se debe a las demasiado generosas protecciones laborales, que deben recortarse[20]Discutimos la combinación de crisis económica, crisis de la deuda en “Puerto Rico: Economic reconstruction, debt cancellation, and self-determination”, International Socialist Review, 111, … Seguir leyendo.

    Recientemente, en parte gracias al flujo masivo de fondos federales, la economía de Puerto Rico ha iniciado un proceso de expansión, con un aumento del PIB, del empleo y de los recaudos del gobierno. Pero estas fluctuaciones son normales en toda economía capitalista, tanto en las ondas expansivas como depresivas. Lo excepcional, en todo caso, fue el casi completo estancamiento durante quince años, entre 2005 y 2020. Nadie debe pensar que la recuperación en curso indique un cambio de época hacia un largo periodo de expansión.

    Conviene subrayar que en este recuento nos hemos limitado a las transformaciones económicas. En nuestro trabajo con César Ayala hemos señalado como durante las ondas largas expansivas se han instalado instituciones y se han consolidado partidos, y otras organizaciones (sindicales, por ejemplo) que luego, en las ondas depresivas son sometidos a fuertes presiones y sufren crisis, mutaciones y fracturas o desaparecen. Así, la depresión de la década de 1930 coincide con la crisis de legitimidad del estado colonial y de los partidos que habían surgido en la onda anterior; la expansión de postguerra coincidió con la hegemonía del Partido Popular Democrático y la creación del Estado Libre Asociado; el fin del boom de postguerra coincidió con la pérdida del predominio electoral del PPD, por dar algunos ejemplos. Esto corresponde a la tesis de Mandel de que las ondas largas no son meros hechos estadísticos sino “periodos históricos específicos”[21]Mandel, Las ondas largas..

    Mandel murió en 1995. ¿Cuál ha sido el curso de la onda larga de crecimiento desacelerado cuyo inicio el ubicó entre 1968 y 1973? Mandel consideraba que solo una aplastante derrota de la clase trabajadora en los países avanzados y de los países del sur ante la presión imperialista y la integración de las economías de transición al capitalismo podía lanzar un periodo de expansión. En sus últimos escritos insistía que ese desenlace no era inminente, ni lo sería por muchos años. El balance de fuerzas implicaba que ni la clase capitalista era capaz de imponer su salida a la clase trabajadora (al menos hasta el grado necesario para relanzar una onda expansiva), ni era la clase obrera capaz de imponer su salida socialista a la crisis: vislumbraba una prolongada onda depresiva, en la cual los socialistas debían seguir luchando por reconstruir el proyecto socialista de las ruinas de la social democracia y el estalinismo[22]“… the crisis will be a prolonged one. No radical outcome will occur in the coming years, one way or another”. “The Relevance of Marxist Theory for Understanding the Present World Crisis” … Seguir leyendo.

    Luego de la muerte de Mandel se completó el proceso de restauración capitalista en el antiguo bloque soviético y en China, lo cual supuso una ampliación del mercado y de la fuerza de trabajo disponible para la explotación capitalista. La clase trabajadora continuó recibiendo duros golpes como resultado de las políticas neoliberales. De igual forma, buena parte de los países del sur global sufrieron imposiciones por el FMI y otros agentes en lo que algunos han llamado un proceso de recolonización por el capital transnacional. ¿Fueron las victorias del capital suficientes para provocar el aumento en la tasa de ganancia necesario para lanzar un nuevo periodo de expansión? Sobre esto hay opiniones divergentes.

    Autores como Nathan Johnson consideran que los procesos indicados provocaron el inicio de una débil y desigual onda expansiva a principios de la década de 1990 que se extendió hasta la gran recesión de 2008, cuando se inició una nueva onda depresiva[23]Nathan Johhson, “Empirical Evaluation of Long Waves of Capitalist Development”, Critique, 48:2-3, 2020.. Michel Husson plantea una apreciación híbrida: según él, la tasa de ganancia se recupera apreciablemente a partir de la década de 1990, pero ese ascenso no se traslada a la tasa de acumulación y, por tanto, de crecimiento. Así, la onda depresiva se perpetúa, a pesar del aumento de la tasa de ganancia. Andrew Kliman critica el modo en que Husson mide la tasa de ganancia y postula que esta no se recupera desde la década de 1970 y, por tanto, tampoco la tasa de acumulación. Aunque Kliman no maneja el concepto de las ondas largas, su análisis abonaría a la conclusión de que la onda depresiva que se inició en 1973 se extiende hasta el presente[24]Andrew Kliman, The Failure of Capitalist Production. Underlying Causes of the Great Recession (London: Pluto Press, 2012). En pocas palabras: Kliman considera que la masiva destrucción de capital … Seguir leyendo.

    Claudio Katz considera que la economía mundial se ha movido de manera desigual: mientras algunas economías asiáticas han crecido aceleradamente, las de Europa, Estados Unidos y Japón no las han seguido. Pero las primeras no han logrado arrastrar a las segundas y, por tanto, globalmente no puede hablarse de una nueva onda expansiva[25]“En los últimos cuarenta años se verifica un bajo crecimiento en Occidente y un alto crecimiento en Oriente, que no alcanza para motorizar el crecimiento global. La locomotora asiática no … Seguir leyendo. Katz considera, sin embargo, que la persistencia de una onda depresiva que ya dura cincuenta años pone en duda la concepción de las ondas largas de Mandel. En pocas palabras: una onda larga que deja de alternar con una onda de sentido contrario dejaría de ser una onda. Según Katz: “una caída tan prolongada terminaría contradiciendo la propia lógica ondulante de esos movimientos y sugeriría más bien la presencia de regresiones continuadas, en sintonía con los enfoques marxistas más ortodoxos de la crisis capitalista”. Para Katz, el problema de la onda excepcionalmente larga posterior a 1973 apunta a otro problema de la teoría: según Katz, Mandel no ha podido explicar el “ciclo regular” o la “lógica repetitiva” de las ondas largas o su “inexorable secuencia pendular”[26]Así, Katz pregunta: “¿Cómo se puede combinar el ciclo regular de las ondas largas con un ciclo irregular de las luchas de clases?” Pero para Mandel no existe tal “ciclo regular de las ondas … Seguir leyendo.

    Esta objeción es un tanto sorprendente, viniendo de un autor que conoce bien la teoría de Mandel. La objeción sería válida contra una teoría de los ciclos largos que postule una salida endógena de las ondas depresivas y, por tanto, un “ciclo regular” o una “lógica repetitiva” o su “inexorable secuencia pendular”, a semejanza de las crisis recurrentes o periódicas. De acuerdo con esa perspectiva, los mecanismos internos de recuperación del sistema debieron entrar en acción hace décadas e iniciado la “inexorable” reversión pendular. Pero, como se sabe, Mandel rechaza enfáticamente la idea un ciclo largo, análogo a los inexorables ciclos cortos. Plantea, al contrario, que la salida de las ondas depresivas no está prescrita ni determinada por el funcionamiento interno de la economía capitalista, sino que dependen de alteraciones externas a ese mecanismo interno, alteraciones que no tienen por qué ser ni regulares, ni inexorables. En ausencia de esas alteraciones, la onda depresiva tenderá a perpetuarse. Por tanto, la duración de la onda depresiva habla en contra de la teoría de los ciclos largos o de quienes postulen salidas automáticas de la onda depresiva, pero no refuta la concepción de Mandel.

    Según Katz: “Mandel no logró explicar la lógica repetitiva de esos movimientos y su inexorable secuencia pendular. En el ciclo capitalista corriente hay recesión, depresión, recuperación, prosperidad y auge, hasta un cenit que inaugura la sucesión inversa. Este curso sigue la secuencia habitual de la acumulación y todos los economistas reconocen y miden esos movimientos de coyuntura. Pero la traslación de esos vaivenes a ondas de largo plazo no se sostiene con fundamentos tan sólidos”. Pero Mandel no solo consideraba que trasladar “los vaivenes” del “ciclo capitalista” a las ondas largas no tenía “fundamento tan sólido”, sino que rechazaba completamente la idea de semejante traslado. En otras palabras, Katz considera que Mandel no logró explicar cómo las ondas largas funcionan como ciclos. Pero esto es un problema para una teoría de ciclos largos, no para Mandel, cuya teoría postula, al contrario, que las ondas no se comportan como los ciclos. No es justo criticar a Mandel por no solucionar los problemas de una teoría que él rechazaba.

    Recapitulemos la concepción de Mandel. El capitalismo exhibe altas y bajas recurrentes: el ciclo industrial, periódico o recurrente, al que Katz hace referencia y que prácticamente todos los economistas reconocen. A través de una serie de estos ciclos recurrentes se abre paso la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, como resultado de las contradicciones internas del sistema. Por tanto, una serie expansiva de tales ciclos conducen inexorablemente a una onda larga depresiva. Pero la salida de esa onda depresiva no está prescrita ni determinada automática o endógenamente, a semejanza de las recuperaciones del ciclo o crisis recurrentes de más corto plazo. Depende de alteraciones externas (expansiones del mercado, revoluciones, desenlace de conflictos de clase, conflictos inter imperialistas, etc.). En tres ocasiones (hacia 1848, 1893 y 1940/48), la tendencia del sistema hacia la caída de la tasa de ganancia y el crecimiento desacelerado se vio contrarrestado duraderamente, lo cual permitió nuevas ondas expansivas. En ausencia de tal estímulo, el resultado será la prolongación del crecimiento desacelerado. Tal prolongación no constituye una refutación de la teoría de las ondas largas, al menos de la versión formulada por Mandel.

    Aquí no pretendemos dilucidar el debate sobre lo ocurrido a partir de la década del 1990. Solo deseamos explicar por qué la hipótesis de una prolongación de la onda larga depresiva no constituye una refutación de la concepción de Mandel.

    Katz propone el concepto de desarrollo desigual y combinado como alternativa a la perspectiva de las ondas largas. Según él, el concepto de desarrollo desigual y combinado, a diferencia del concepto de las ondas largas, “no incluye supuestos de repetición, ni exige considerar inexorables regularidades”. Pero, como hemos visto, la concepción de las ondas largas de Mandel considera inexorable la caída de una onda expansiva en una onda depresiva, y, quizás la predecible ofensiva capitalista contra la clase obrera y la resistencia de la segunda, más allá de eso no postula ni desenlaces predeterminados, “supuestos de repetición”, mucho menos “inexorables regularidades”.

    Por otro lado, es interesante señalar cómo al referirse a las ondas depresivas, Mandel explica que se manifiestan de forma diferenciada, según la ley del desarrollo desigual: los países que en determinados momentos surgían como economías industriales, como Estados Unidos y Japón, aventajaban en crecimiento a sus predecesores. Así, planteaba Mandel:

    “Estas ondas largas son más evidentes en las economías de los países capitalistas más avanzados (Gran Bretaña durante el período anterior a la primera guerra mundial, EEUU en el período posterior a la primera guerra mundial) y más en la producción mundial en su conjunto que en las economías de los países capitalistas considerados aisladamente. También aquí opera la ley del desarrollo desigual. Los países capitalistas, entregados a un esfuerzo máximo por ponerse al día en el proceso de industrialización, como fue el caso de EEUU después de la guerra de Secesión y de Japón en el siglo XX, arrojan tasas de crecimiento superiores a la media incluso durante la fase de estancamiento de una onda larga, Pero este hecho sólo subraya con mayor énfasis la importancia general de las ondas largas”[27]Mandel, Las ondas largas, 2..

    Katz plantea que en la actualidad “El único indicio de una onda larga ascendente ha sido la expansión de China, pero las tendencias opuestas que predominan en Occidente desmienten los diagnósticos de vigencia de ese ciclo a escala mundial. Y las ondas largas sólo operan a ese nivel global, definiendo la tónica general del capitalismo”[28]Claudio Katz, “Etapas y ondas largas a la luz del desarrollo desigual y combinado”.. Pero la concepción de las ondas largas de Mandel es capaz de combinar la noción de una onda de crecimiento desacelerado general y de desarrollo desigual de distintas economías, como Katz describe la situación actual.

    Por último, Katz señala que el principio de desarrollo desigual y combinado “realza, además, el rol de los sujetos asignando a estos actores un protagonismo omitido (o forzado) en la teoría de las ondas largas. Reconoce que las clases dominantes y dominadas son determinantes de desenlaces históricos muy variados y no restringe esa evaluación a definir la apertura o el cierre de una onda ascendente”. De nuevo, esta es una crítica válida al concepto de ciclos largos, de movimiento automático e inexorable, independiente de las iniciativas de los sujetos políticos y sociales, y de las iniciativas de las clases dominantes y dominadas. Pero la concepción de Mandel, plantea precisamente que la salida de la crisis no está determinada por el mecanismo interno de la economía capitalista, sino que, al contrario, la salida o prolongación de la crisis capitalista, y el tipo de salida o las condiciones de prolongación de la crisis dependen de las acciones e iniciativas de las clases, de sus distintas fracciones, de sus partidos y organizaciones. Las condiciones para el periodo de expansión de postguerra fueron creadas por la derrota de la clase obrera alemana por el fascismo en 1933, la derrota de la revolución española en 1936-39, la derrota y desmoralización de la clase obrera francesa luego de la derrota del Frente Popular, la aceptación del no-strike pledge y luego de la ley Taft-Hartley por el liderato sindical de Estados Unidos, entre otros procesos, ninguno de los cuales estaba predeterminado por la situación económica. No hay contradicción entre la valoración de las iniciativas de las clases en conflicto, o del “factor subjetivo” y la concepción de las ondas largas, según formulada por Mandel. La concepción de Mandel de los factores exógenos como determinantes de la salida de la crisis supone y afirma la autonomía relativa de los procesos políticos y la capacidad (y necesidad) de la clase obrera de asegurar una salida a la crisis favorable a sus intereses.

    En determinados periodos del pasado, Puerto Rico ha experimentado crecimiento acelerado (1900 a 1929; 1940-1973) y desacelerado (1973-2005) a la vez que su economía retiene su carácter dependiente y colonial. Podemos resumirlo planteando que hemos tenido crecimiento sin superar el subdesarrollo, aunque el subdesarrollo ahora no suponga los niveles de pobreza anteriores. Hemos tenido crecimiento sin desarrollo. Ante esto, la izquierda independentista, anticolonial y socialista ha planteado que, además de crecimiento, es necesario asegurar el desarrollo. Hoy sabemos que el problema adquiere otra dimensión: entendemos que uno de los males del capitalismo es su búsqueda de un crecimiento incesante e ilimitado, que es incompatible con la reproducción de las condiciones que hacen posible la vida humana y de otras especies. Es decir, hoy sabemos que es necesario divorciar la noción de progreso, desarrollo y bienestar del imperativo capitalista hacia la acumulación ilimitada de ganancias y mercancías y el consiguiente incremento ilimitado de la producción material. El ecosocialismo plantea, precisamente, cómo y por qué la abolición del capitalismo, al eliminar sus imperativos, permitirá y fomentará una nueva forma de concebir el bienestar y el progreso[29]Ver, por ejemplo, Daniel Tanuro, ¡Demasiado tarde para ser pesimistas! (La catástrofe ecológica y los medios para detenerla), trad. Javier Garitacelaya (Barcelona: Sylone, Viento Sur, 2020). … Seguir leyendo. Si en Puerto Rico hemos tenido crecimiento sin desarrollo y hemos aspirado a crecimiento y desarrollo hoy habría que insistir en una perspectiva de desarrollo que se desprenda del concepto de crecimiento. Es un tema que la izquierda internacional se está planteando y que la izquierda puertorriqueña no puede ignorar[30]Discutimos el tema de la crisis ecológica y Puerto Rico en “Descarbonización y descolonización: el Green New Deal y Puerto Rico”,Parte Iy Parte II, momento crítico, 23 abril y 15 mayo 2023. … Seguir leyendo.

    Mandel anticipó parte de estas discusiones hace más de cuarenta años en sus conferencias sobre las ondas largas. Más allá del costo social de aumentar la tasa de ganancia para propiciar una onda expansiva, Mandel planteaba “el problema de si el medio ambiente humano puede o no soportar otros veinte o veinticinco años de crecimiento económico del tipo que hemos conocido durante el período 1940/48-1968, con su enorme despilfarro de recursos naturales y la creciente amenaza que implica para el equilibrio ecológico[31]Mandel, Las ondas largas, 106.”. Sobre este tema, advertía que “Los socialistas y los marxistas no compartimos el irresponsable credo ‘productivista’ de los años cincuenta y sesenta” y advertía que “la actual generación tiene la responsabilidad colectiva de transmitir a las generaciones venideras un medio y unas reservas de riqueza natural que constituyen la condición previa necesaria para la supervivencia y el florecimiento de la civilización humana”. Para Mandel, el crecimiento ilimitado es un aspecto del capitalismo, no del socialismo. Según él, “la producción siempre creciente de una infinita variedad de productos más o menos innecesarios (productos cada vez más nocivos tanto para el medio ambiente como para el saludable desarrollo del individuo social) no responde a un ideal socialista. Semejante producción expresa simplemente las necesidades y la codicia del capital por obtener cantidades cada vez mayores de plusvalor, encarnado en una montaña siempre creciente de mercancías”.

    Mandel estaba convencido de que una organización social basada en la garantía de la satisfacción de las necesidades de todo ser humano provocaría nuevas formas de “crecimiento”:

    “Estamos convencidos de que una vez que se haya asegurado esa satisfacción (de las ‘necesidades materiales básicas’) en una sociedad donde vayan desapareciendo los incentivos para el enriquecimiento personal, la codicia y el comportamiento competitivo, el ‘crecimiento’ ulterior girará en torno a la necesidad de una producción ‘no material’ (por ejemplo, el fomento de relaciones sociales más ricas). Las necesidades morales, psicológicas e intelectuales reemplazarán la tendencia a adquirir y acumular más bienes materiales”[32]Mandel planteaba, por otro lado, la necesidad de rechazar “la tecnología capitalista” pero sin rechazar el “potencial emancipador” de la tecnología. Es decir, se trataba de crear … Seguir leyendo.

    Todo esto conducía a Mandel a plantear la necesidad de la salida socialista a la crisis del capitalismo. En sus conferencias sobre las ondas largas, resumía esa alternativa del siguiente modo (alteramos el formato para presentarla como una enumeración):

    «Esta es la vía del socialismo:

    apropiación por los productores de sus medios de producción;

    empleo planificado de los mismos con el fin de satisfacer directamente las necesidades, y no de realizar ganancias;

    determinación de las prioridades de la planificación por mayoría y mediante procesos democráticos que supongan todas las libertades democráticas de información, elección, debate, crítica y pluralismo político;

    gestión de la economía por los propios productores asociados y de la sociedad por sus ciudadanos organizados en órganos democráticos de autogobierno;

    desaparición acelerada del costoso y abultado aparato de Estado burocrático;

    rápida reducción de las desigualdades en la renta de la economía dineraria y mercantil;

    reducción drástica de la jornada laboral, sin la cual la autogestión y el autogobierno no son sino una utopía o un fraude.

    Esto es lo que implica el socialismo, tal como fue concebido por Karl Marx (un régimen de productores asociados). Sólo puede llevarse a cabo a una amplia escala internacional”[33]Mandel, Las ondas largas, 107..

    Mandel estaba convencido de que la supervivencia de la humanidad dependía de la realización de este programa. La historia de las cuatro décadas transcurridas desde que se redactaron estas líneas confirma plenamente la validez de esa convicción.

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    Notas del artículo

    Notas del artículo
    1 Ernest Mandel, El capitalismo tardío, trad. Manuel Aguilar Mora (Barcelona: Verso, Viento Sur, Sylone, 2023, primera edición en alemán 1972); Las ondas largas del desarrollo capitalista. Una interpretación marxista, trad. Javier Maestro (Madrid-México D.F.: Siglo XXI, 1986, primera edición en inglés 1980). Existe una versión actualizada en inglés publicada en 1995: Long Waves of Capitalist Development. A Marxist Interpretation (London: Verso, 1995). Ver también “The International Debate on Long Waves of Capitalist Development: An Intermediary Balance Sheet” en A. Kleinknecht, E. Mandel, I. Wallerstein, eds., New Findings in Long Wave Research, (New York: St. Martin’s Press, 1992).
    2 Mandel, Las ondas largas, 6.
    3 La estructura de nuestro libro (junto a César Ayala) de historia de Puerto Rico en el siglo XX sigue de cerca la alternancia de las ondas expansivas y depresivas estudiada por Mandel. César Ayala y Rafael Bernabe, Puerto Rico en el Siglo Americana: una historia desde 1898 (San Juan: Callejón, 2011, primera edición en ingles 2006).
    4 Francisco A. Scarano, Sugar and Slavery in Puerto Rico. The Plantation Economy of Ponce, 1800-1850 (Madison: University of Wisconsin Press, 1984).
    5 Discutimos el tema en “De la falta de ‘brazos’ a la ‘sobrepoblación’: ideología y lucha de clases en el surgimiento del capitalismo en Puerto Rico” Parte I y Parte II, momento crítico (25 julio 2021, 2 agosto 2021).
    6 Carlos Marx, El capital. Crítica de la economía política. Trad. Wenceslao Roces (México, D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1975), Vol. I, 653. Sobre este tema ver también: Sidney W. Mintz, «The Origins of Reconstituted Peasantries» y «Slavery and Forced Labor in Puerto Rico» ambos en Caribbean Transformations (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1974).
    7 Luis A. Figueroa, Sugar, Slavery and Freedom in Nineteenth-Century Puerto Rico (San Juan, Chapel Hill: University of Puerto Rico Press and University of North Carolina Press, 2005), 171.
    8 Para la historia de estas medidas ver: Labor Gómez Acevedo, Organización y reglamentación del trabajo en el Puerto Rico del Siglo XIX (Propietarios y jornaleros) (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1970).
    9 Sobre este modo de vida, ver los informes de Alejandro O’Reilly (1765) e Iñigo Abbad (1782) y Bernabe, “La falta de brazos”.
    10 Laird W. Bergad, Coffee and the Growth of Agrarian Capitalism in Nineteenth-Century Puerto Rico (Princeton: Princeton University Press, 1983).
    11 Alfred S. Eichner, The Emergence of Oligopoly: Sugar Refining as a Case Study (Baltimore: Jonhs Hopkins University Press, 1969).
    12 Puede consultarse “Rehacer la economía de Puerto Rico, 1898-1934”, capítulo 2 de Ayala, Bernabe, Puerto Rico en el siglo americano.
    13 César J. Ayala, American Sugar Kingdom: The Plantation Economy of the Spanish Caribbean, 1898-1934 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1999).
    14 John Dalton, Sugar: A Case Study of Government Control (New York: Macmillan Company, 1937).
    15 Para este periodo puede consultarse “Depresión económica y crisis política: la turbulenta década del treinta”, capítulo 5 de Ayala, Bernabe, Puerto Rico en el siglo americano.
    16 Para este viraje consultar “Momento crucial en la década de los cuarenta: el surgimiento del Partido Popular Democrático”, capítulo 7 de Ayala, Bernabe, Puerto Rico en el siglo americano.
    17 Para esta transformación de postguerra puede consultarse “Transformación y desplazamiento: Operación manos a la obra”, capítulo 9 de Ayala, Bernabe, Puerto Rico en el siglo americano.
    18 Algunos de sus textos se recogen en Ernest Mandel, Ensayos sobre el neo capitalismo (México D.F.: ERA, 1971).
    19 Para la onda depresiva que se inicia en 1973 en sus distintas fases puede consultarse “Debilitamiento de la hegemonía del PPD: de la movilización a la recesión, 1960-1975”; “Estancamiento económico y tranque político, 1976-1992” y “Política y conflictos sociales en la época del neoliberalismo, 1992-2004”, capítulos 11, 13 y 14 de Ayala, Bernabe, Puerto Rico en el siglo americano.
    20 Discutimos la combinación de crisis económica, crisis de la deuda en “Puerto Rico: Economic reconstruction, debt cancellation, and self-determination”, International Socialist Review, 111, Winter 2018-19.
    21 Mandel, Las ondas largas.
    22 “… the crisis will be a prolonged one. No radical outcome will occur in the coming years, one way or another”. “The Relevance of Marxist Theory for Understanding the Present World Crisis” en Antonio Callari, Stephen Cullenberg, Carole Biewener, eds., Marxism in the Posmodern Age. Confronting the New World Order (New York-London: Guilford Press, 1995), 439.
    23 Nathan Johhson, “Empirical Evaluation of Long Waves of Capitalist Development”, Critique, 48:2-3, 2020.
    24 Andrew Kliman, The Failure of Capitalist Production. Underlying Causes of the Great Recession (London: Pluto Press, 2012). En pocas palabras: Kliman considera que la masiva destrucción de capital durante la Gran Depresión y la guerra fue necesaria para despejar el terreno para la expansión de postguerra. A partir de la década de 1970, los gobiernos capitalistas, temerosos de las consecuencias políticas y sociales desestabilizadoras han seguido políticas que evitan similar destrucción, pero esto implica que el crecimiento desacelerado se prolonga, a la vez que se combina con burbujas especulativas y crisis de deuda de diverso tipo, que luego se extienden al sector productivo. Aunque Kliman no lo afirme, esta perspectiva es muy compatible con la de Mandel.
    25 “En los últimos cuarenta años se verifica un bajo crecimiento en Occidente y un alto crecimiento en Oriente, que no alcanza para motorizar el crecimiento global. La locomotora asiática no arrastra al vagón euro-americano y el promedio de crecimiento general resulta muy bajo en comparación al antecedente de posguerra.” También: “El diagnóstico de una onda larga ascendente –que habría emergido luego de la crisis de los años 70 con el comienzo del neoliberalismo– carece de verificación empírica. Estados Unidos, Europa y Japón no han contado con tasas de crecimiento acordes a un ciclo sostenido de prosperidad. Ningún analista serio convalidaría esa evaluación”. Y: “El único indicio de una onda larga ascendente ha sido la expansión de China, pero las tendencias opuestas que predominan en Occidente desmienten los diagnósticos de vigencia de ese ciclo a escala mundial. Y las ondas largas sólo operan a ese nivel global, definiendo la tónica general del capitalismo”. Claudio Katz, “Etapas y ondas largas a la luz del desarrollo desigual y combinado”, Viento Sur, 191, enero 2024.
    26 Así, Katz pregunta: “¿Cómo se puede combinar el ciclo regular de las ondas largas con un ciclo irregular de las luchas de clases?” Pero para Mandel no existe tal “ciclo regular de las ondas largas”.
    27 Mandel, Las ondas largas, 2.
    28 Claudio Katz, “Etapas y ondas largas a la luz del desarrollo desigual y combinado”.
    29 Ver, por ejemplo, Daniel Tanuro, ¡Demasiado tarde para ser pesimistas! (La catástrofe ecológica y los medios para detenerla), trad. Javier Garitacelaya (Barcelona: Sylone, Viento Sur, 2020). Discutimos algunos temas relacionados al marxismo y la crisis ecológica en “Saito, Marx and the Anthropocene”, Against the Current, 225, July-August 2023. Versión en español en momento crítico, 3 diciembre 2023.
    30 Discutimos el tema de la crisis ecológica y Puerto Rico en “Descarbonización y descolonización: el Green New Deal y Puerto Rico”,Parte Iy Parte II, momento crítico, 23 abril y 15 mayo 2023. Pronto se publicará una versión en inglés en la revista New Politics.
    31 Mandel, Las ondas largas, 106.
    32 Mandel planteaba, por otro lado, la necesidad de rechazar “la tecnología capitalista” pero sin rechazar el “potencial emancipador” de la tecnología. Es decir, se trataba de crear “tecnologías alternativas que extiendan —y no restrinjan— el potencial emancipador de la maquinaria (es decir, la posibilidad de liberar a todos los seres humanos de la carga de un trabajo mecánico, mutilador, no creativo, de facilitar un desarrollo enriquecedor de la personalidad humana a todos los individuos a través de la satisfacción de todas sus necesidades materiales básicas)”. Mandel, Las ondas largas, 90-91.
    33 Mandel, Las ondas largas, 107.
  • El Imperio bombardea Yemen para proteger el genocidio de Israel

    El Imperio bombardea Yemen para proteger el genocidio de Israel

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    Caitlin Johnstone

    Traducción: rafaelpoch.com
    Fuente:
    https://caitlinjohnstone.com.au/

    Especiales temáticos: Título del Especial

    13/01/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Estados Unidos y el Reino Unido han atacado más de una docena de emplazamientos en Yemen con misiles Tomahawk y aviones de combate, respaldados por el apoyo logístico de Australia, Canadá, Bahréin y Países Bajos.

    El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, afirma en un comunicado que los ataques contra «objetivos en Yemen utilizados por los rebeldes Houthi» son una «respuesta directa a los ataques sin precedentes de los Houthi contra buques marítimos internacionales en el Mar Rojo.»

    Lo que Biden no menciona en su declaración sobre la «respuesta» de su administración a los ataques de los Houthi contra buques en el Mar Rojo es que esos ataques en el Mar Rojo son a su vez una respuesta a los crímenes israelíes contra la humanidad en Gaza.

    Tampoco se menciona que los ataques tuvieron lugar después del primer día de procedimientos en la Corte Internacional de Justicia en los que Israel es acusado por Sudáfrica de cometer un genocidio en Gaza.

    Así que Estados Unidos y el Reino Unido acaban de bombardear el país más pobre de Oriente Medio por intentar detener un genocidio. No sólo eso, bombardearon el mismo país en el que acaban de pasar años respaldando las atrocidades genocidas de Arabia Saudí, que mató a cientos de miles de personas entre 2015 y 2022 en un intento infructuoso de impedir que los Houthis tomaran el poder.

    Los Houthis, formalmente conocidos como Ansarallah, amenazaron antes del ataque con tomar represalias feroces contra cualquier ataque de Estados Unidos y sus aliados. Abdulmalik al-Houthi, que lidera el movimiento Houthi, dijo que la respuesta a cualquier ataque estadounidense «será mayor que» una reciente ofensiva Houthi que utilizó decenas de aviones no tripulados y varios misiles.

    «Nosotros, el pueblo yemení, no estamos entre los que temen a Estados Unidos», dijo al-Houthi en un discurso televisado. «Nos sentimos cómodos con una confrontación directa con los estadounidenses».

    Un funcionario estadounidense anónimo que informó a Akbar Shahid Ahmed, del Huffington Post de los inminentes ataques contra Yemen poco antes de que se produjeran, se quejó de que los ataques aéreos «no resolverán el problema» y de que el enfoque «no se suma a una estrategia cohesiva».

    Ahmed ha informado anteriormente de que, entre bastidores, los funcionarios de esta administración se han ido poniendo cada vez más nerviosos ante el riesgo de que Biden desencadene una guerra más amplia en Oriente Próximo. Esta última escalada, junto con la promesa de los Houthi de tomar represalias, añade mucho peso a esta preocupación. [Algunos legisladores estadounidenses y grupos de derechos han condenado los ataques como inconstitucionales].

    ¿Y todo para qué? Para proteger la capacidad de Israel de llevar a cabo una masacre de palestinos en Gaza durante meses.

    Esto es lo que es el imperio estadounidense. Esto es lo que siempre ha sido.

    Esta gente nos está mostrando exactamente quiénes son. Habrá que creerles.

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    Jeffrey D. Sachs (Common Dreams)

    Jeffrey D. Sachs es un renombrado profesor de Economía y director del Centro de Desarrollo Sostenible de la Universidad de Columbia, donde dirigió el Instituto de la Tierra entre los años 2002 y 2016.

    Traducción: Paloma Farré para Contexto
    Fuente: 
    Common Dreams

    Especiales temáticos: Guerra e imperialismo en Oriente Medio

    13/01/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    A simple vista, la política exterior estadounidense parece totalmente irracional. Estados Unidos se mete en una guerra desastrosa tras otra: Afganistán, Irak, Siria, Libia, Ucrania y Gaza. En los últimos días, Estados Unidos se ha quedado aislado a escala mundial en su apoyo al genocidio de Israel contra los palestinos al votar en contra de una resolución de la Asamblea General de la ONU, diseñada para alcanzar un alto el fuego en Gaza y respaldada por 153 países, que suponen el 89% de la población mundial, y a la que sólo se oponen Estados Unidos y nueve pequeños países que representan menos del 1% de la población mundial.

    En los últimos veinte años, todos los grandes objetivos de la política exterior estadounidense han fracasado. Los talibanes volvieron al poder tras veinte años de ocupación estadounidense de Afganistán. El Irak posterior a Sadam pasó a depender de Irán. El presidente sirio Bashar al-Assad se mantuvo en el poder a pesar de los esfuerzos de la CIA por derrocarlo. Libia se sumió en una prolongada guerra civil después de que una misión de la OTAN dirigida por Estados Unidos derrocara a Muamar el Gadafi. En 2023, Rusia aplastó a Ucrania en el campo de batalla después de que, en 2022, Estados Unidos frustrara en secreto un acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania.

    A pesar de estas notables y costosas debacles, una tras otra, los mismos personajes han permanecido al timón de la política exterior estadounidense durante décadas, incluidos Joe Biden, Victoria Nuland, Jake Sullivan, Chuck Schumer, Mitch McConnell y Hillary Clinton.

    ¿Qué ocurre?

    El rompecabezas se resuelve reconociendo que la política exterior estadounidense no defiende en absoluto los intereses del pueblo estadounidense. Defiende los intereses de las personas que pertenecen al exclusivo ámbito político de Washington, que persiguen aportaciones para sus campañas y puestos de trabajo lucrativos para sí mismos, su personal y sus familiares. En resumen, la política exterior estadounidense ha sido pirateada por el gran capital.

    Por consiguiente, el pueblo estadounidense está perdiendo mucho. Las guerras fallidas desde 2000 les han costado unos cinco billones de dólares en desembolsos directos, o unos 40.000 dólares por hogar. En las próximas décadas se gastarán aproximadamente otros dos billones de dólares en la atención a los veteranos. Más allá de los costes que soportan directamente los estadounidenses, también debemos reconocer los costes tremendamente elevados sufridos en el extranjero en millones de vidas perdidas y billones de dólares por la destrucción de propiedades y naturaleza en las zonas de guerra.

    Los costes siguen aumentando. En 2024, los desembolsos vinculados al ejército estadounidense ascenderán a alrededor de un billón y medio de dólares, o unos 12.000 dólares por hogar, si sumamos el gasto directo del Pentágono, los presupuestos de la CIA y otras agencias de inteligencia, el presupuesto de la Administración de Veteranos, el programa de armas nucleares del Departamento de Energía, la “ayuda exterior” (como la proporcionada a Israel) vinculada al ejército del Departamento de Estado y otras partidas presupuestarias relacionadas con la seguridad. Cientos de miles de millones de dólares son dinero tirado a la basura, despilfarrado en guerras inútiles, bases militares en el extranjero y una acumulación de armas totalmente innecesaria que sitúa al mundo más cerca de la Tercera Guerra Mundial.

    Sin embargo, describir estos costes gigantescos es también explicar la retorcida “racionalidad” de la política exterior estadounidense. El gasto militar de un billón y medio de dólares es la estafa que no cesa de beneficiar a algunos –al complejo militar industrial y a las personas que pertenecen al exclusivo ámbito político de Washington–, incluso cuando empobrece y pone en peligro a Estados Unidos y al mundo.

    Para entender la estafa de la política exterior, hay que pensar en el gobierno federal actual como un chanchullo dividido en múltiples sectores y controlado por los mejores postores. El sector de Wall Street depende del Tesoro. El sector de la industria sanitaria depende del Departamento de Salud y Servicios Sociales. El sector del petróleo y el carbón depende de los Departamentos de Energía e Interior. Y el sector de política exterior depende de la Casa Blanca, el Pentágono y la CIA.

    Cada uno de estos sectores utiliza el poder público para obtener beneficios privados mediante el manejo de información privilegiada, engrasada por las aportaciones de las empresas a las campañas electorales y los desembolsos de los grupos de presión. Curiosamente, el sector de la industria sanitaria rivaliza con el sector de política exterior como extraordinaria estafa financiera. Los gastos sanitarios de Estados Unidos en 2022 ascendieron a la asombrosa cifra de cuatro billones y medio de dólares, o unos 36.000 dólares por hogar: con diferencia los costes sanitarios más elevados del mundo, a pesar de que Estados Unidos ocupaba aproximadamente el puesto 40 de las naciones con mayor esperanza de vida. Una política sanitaria fallida que se traduce en grandes ganancias para la industria sanitaria, al igual que una política exterior fallida que se traduce en megaingresos para el complejo militar industrial.

    El sector de política exterior está dirigido por una camarilla pequeña, secreta y muy unida, que incluye a los altos mandos de la Casa Blanca, la CIA, el Departamento de Estado, el Pentágono, los Comités de Servicios Armados de la Cámara de Representantes y el Senado, y las principales empresas militares, como Boeing, Lockheed Martin, General Dynamics, Northrop Grumman y Raytheon. Quizás haya un millar de personas clave que participan en la formulación de políticas. El interés público desempeña un papel secundario.

    Los principales responsables de la política exterior dirigen las operaciones de ochocientas bases militares estadounidenses en el extranjero, cientos de miles de millones de dólares en contratos militares y las operaciones bélicas en las que se despliega el material. Por supuesto, cuantas más guerras, más negocio. La privatización de la política exterior se ha visto enormemente amplificada por la privatización del propio negocio de la guerra, ya que cada vez se entregan más funciones militares “básicas” a los fabricantes de armas y a contratistas como Haliburton, Booz Allen Hamilton y CACI.

    Además de los cientos de miles de millones de dólares en contratos militares, las repercusiones económicas para las empresas derivadas de las operaciones militares y de la CIA son importantes. Con bases militares en ochenta países de todo el mundo y operaciones de la CIA en muchos más, Estados Unidos desempeña un papel notable, aunque mayoritariamente encubierto, a la hora de determinar quién gobierna en esos países y, por tanto, en las políticas que configuran lucrativos acuerdos relacionados con minerales, hidrocarburos, oleoductos y terrenos agrícolas y forestales. Desde 1947, Estados Unidos ha intentado derrocar al menos a ochenta gobiernos, normalmente bajo la dirección de la CIA mediante la instigación de golpes de Estado, asesinatos, insurrecciones, disturbios civiles, manipulaciones electorales, sanciones económicas y guerras abiertas. (Para un excelente estudio sobre las operaciones estadounidenses de cambio de régimen desde 1947 hasta 1989, véase Covert Regime Change, de Lindsey O’Rourke, 2018).

    Además de los intereses empresariales hay, por supuesto, ideólogos que verdaderamente creen en el derecho de Estados Unidos a gobernar el mundo. La siempre belicista familia Kagan es el caso más famoso, aunque sus intereses financieros también están profundamente entrelazados con la industria bélica. La cuestión sobre la ideología es la siguiente: los ideólogos se han equivocado en casi todas las ocasiones y hace mucho tiempo habrían perdido sus púlpitos en Washington de no ser por su utilidad como belicistas. Conscientemente o no, sirven como intérpretes a sueldo del complejo militar industrial.

    Hay un inconveniente que persiste en esta estafa empresarial actual. En teoría, la política exterior se lleva a cabo en beneficio del pueblo estadounidense, aunque la verdad sea lo contrario. (Una contradicción similar se aplica, por supuesto, a la carísima asistencia sanitaria, los rescates del gobierno a Wall Street, las prebendas de la industria petrolera y otras estafas). El pueblo estadounidense rara vez apoya las maquinaciones de la política exterior estadounidense cuando de vez en cuando escucha la verdad. Las guerras de Estados Unidos no se libran por demanda popular, sino por decisiones que vienen de arriba. Se necesitan medidas especiales para mantener al pueblo alejado de la toma de decisiones.

    La primera de estas medidas es la propaganda implacable. George Orwell lo clavó en 1984 cuando “el Partido” cambió repentinamente de enemigo extranjero, de Eurasia a Asia Oriental, sin una sola explicación. Estados Unidos hace esencialmente lo mismo. ¿Quién es el mayor enemigo de Estados Unidos? Elijan, según la temporada. Saddam Hussein, los talibanes, Hugo Chávez, Bashar al-Assad, ISIS, al-Qaeda, Gaddafi, Vladimir Putin, Hamás, todos han desempeñado el papel de “Hitler” en la propaganda estadounidense. El portavoz de la Casa Blanca, John Kirby, hace propaganda con una sonrisa en la cara, lo que indica que él también sabe que lo que está diciendo es ridículo, aunque bastante entretenido.

    La propaganda se amplifica a través de los grupos de expertos de Washington que viven de las donaciones de contratistas militares, y ocasionalmente de gobiernos extranjeros que forman parte de las operaciones de estafa de Estados Unidos. Pensemos en el Atlantic Council, el CSIS (Center for Strategic and International Studies) y, por supuesto, el siempre popular Instituto para el Estudio de la Guerra, patrocinado por los principales contratistas militares.

    La segunda medida es ocultar los costes de las operaciones de política exterior. En la década de 1960, el gobierno de Estados Unidos cometió el error de obligar al pueblo estadounidense a asumir los costes del complejo militar industrial reclutando a jóvenes para luchar en Vietnam y subiendo los impuestos para pagar la guerra. La opinión pública estalló en su contra.

    A partir de la década de 1970, el gobierno ha sido mucho más inteligente. Puso fin al reclutamiento e hizo del servicio militar un trabajo por cuenta ajena en lugar de un servicio público, respaldado por los desembolsos del Pentágono para reclutar soldados procedentes de los estratos económicos más bajos. También abandonó la pintoresca idea de que los gastos del gobierno debían financiarse con impuestos, y en su lugar desplazó el presupuesto militar hacia el gasto deficitario, que lo protege de la oposición popular que se desencadenaría si se financiara con impuestos.

    También ha engañado a Estados clientes como Ucrania para que luchen sobre el terreno en las guerras de Estados Unidos, de modo que no haya ninguna bolsa de cadáveres estadounidense que estropee la máquina de propaganda de Estados Unidos. Ni que decir tiene que los señores de la guerra estadounidenses como Sullivan, Blinken, Nuland, Schumer y McConnell permanecen a miles de kilómetros de los frentes. La muerte está reservada a los ucranianos. El senador Richard Blumenthal (del Partido Demócrata de Connecticut) defendió la ayuda militar estadounidense a Ucrania como dinero bien gastado porque “no se ha herido ni perdido ni un solo soldado, hombre o mujer, estadounidense”, y de algún modo no se le ocurrió al buen senador respetar las vidas de los ucranianos, que han muerto por centenares de miles en una guerra provocada por Estados Unidos a causa de la ampliación de la OTAN.

    Este sistema se sustenta en la completa subordinación del Congreso de Estados Unidos al negocio de la guerra, que evita cualquier cuestionamiento de los desmesurados presupuestos del Pentágono y de las guerras instigadas por el poder ejecutivo. La subordinación del Congreso funciona de la siguiente manera. En primer lugar, la supervisión de la guerra y la paz por parte del Congreso se asigna en gran medida a los Comités de Servicios Armados de la Cámara de Representantes y el Senado, que en gran medida definen la política general del Congreso (y el presupuesto del Pentágono). En segundo lugar, la industria militar (Boeing, Raytheon y el resto) financia las campañas de los miembros del Comité de Servicios Armados de ambos partidos. Las industrias militares también gastan enormes sumas en grupos de presión para proporcionar lucrativos salarios a los miembros del Congreso que se jubilan, a su personal y a sus familias, ya sea directamente en empresas militares o en empresas de grupos de presión de Washington.

    El pirateo de la política exterior del Congreso no sólo es obra del complejo militar industrial estadounidense. El lobby israelí dominó hace tiempo el arte de comprar al Congreso. La complicidad de Estados Unidos con el Estado de apartheid israelí y los crímenes de guerra en Gaza no tienen sentido para la seguridad nacional y la diplomacia estadounidenses, por no hablar de la decencia humana. Son los frutos de las inversiones del lobby israelí, que en 2022 alcanzaron los treinta millones de dólares en aportaciones de campaña, y que en 2024 superarán ampliamente esa cifra.

    Cuando el Congreso vuelva a reunirse en enero, Biden, Kirby, Sullivan, Blinken, Nuland, Schumer, McConnell, Blumenthal y los de su calaña nos dirán que es absolutamente necesario financiar la guerra perdida, cruel y engañosa en Ucrania, así como la masacre y limpieza étnica que está teniendo lugar en Gaza, para evitar que nosotros y Europa y el mundo libre, y quizás el propio sistema solar, sucumbamos ante el oso ruso, los mulás iraníes y el Partido Comunista chino. Los promotores de los desastres de la política exterior no están siendo irracionales en este alarmismo. Están siendo deshonestos y extraordinariamente codiciosos al perseguir intereses particulares por encima de los del pueblo estadounidense.

    El pueblo estadounidense tiene la tarea urgente de revisar una política exterior tan quebrada, corrompida y engañosa que está enterrando al gobierno en deudas mientras lleva al mundo hacia el Armagedón nuclear. Esta revisión debería comenzar en 2024 rechazando cualquier financiación adicional destinada a la desastrosa guerra de Ucrania y los crímenes de guerra de Israel en Gaza. El establecimiento de la paz y la diplomacia, no el gasto militar, es el camino hacia una política exterior estadounidense de interés público.

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    Brian

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    Brian Anglo

    Militante de Anticapitalistas

     

    Especiales temáticos: Guerra e imperialismo en Oriente Medio

    13/01/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Las movilizaciones en contra de la masacre del pueblo palestino en Gaza han sido impresionantes. Ha habido manifestaciones multitudinarias en muchos países reclamando el fin de lo que se ha entendido rápidamente como un genocidio. Ante los continuos bombardeos, la gente ha salido a la calle una y otra vez. La solidaridad no ha parado de extenderse, llegando más allá de las grandes ciudades, con concentraciones, mítines, boicots y otras actividades y acciones de todo tipo.

    A pesar de la fuerte presencia de la propaganda israelí y el sesgo pro-israelí de la mayoría de los medios de comunicación, a pesar de las infundadas acusaciones de antisemitismo, la presión desde abajo ha logrado que las posturas contrarias a esta nueva Nakba hayan penetrado en casi todas las fuentes de información y opinión. Incluso ha obligado a determinados gobiernos a criticar ciertos aspectos del asedio y de la carnicería. Hasta se puede considerar que entre la población en general de muchos países se ha ganado “la batalla de los discursos”.

    Pero, desgraciadamente, hay que reconocer que durante estos tres meses las matanzas, la destrucción y los desplazamientos han seguido ininterrumpidamente y con la misma brutal intensidad día tras día.

    Si después de tres meses Israel se dispone a retirar algunas tropas de Gaza, esta decisión parece obedecer a razones básicamente internas como, por ejemplo, el efecto sobre la economía d

     tener a un porcentaje tan alto de la población activa sacada de sus puestos de trabajo y dedicada a tareas militares. Además, aunque no se disparara ni un tiro ni se lanzara una bomba más, la destrucción ya acumulada de vidas, viviendas e infraestructuras es tan enorme que, aun en caso de un alto el fuego inmediato, las secuelas se sentirían durante muchísimo tiempo.

    Entonces, ¿significa esto que hemos fracasado?

    Por más que duela y nos dé rabia, la respuesta honesta, o sea objetiva, es que sí. O más bien, hasta ahora sí. No hemos evitado lo que ya está hecho, pero tenemos que intentar evitar que se haga más daño. Mientras el pueblo palestino resiste, nosotros y nosotras no nos podemos rendir.

    No cabe duda de que las imágenes desgarradoras difundidas ampliamente por las televisiones y las redes sociales han alimentado las manifestaciones, aumentado la simpatía hacia el pueblo palestino y desgastado como nunca la imagen del Estado de Israel. No obstante, está claro que la opinión pública extranjera, por muy desfavorable que sea, no es capaz por sí sola de pararle los pies a un gobierno y una máquina militar desbocados. Solo lo podrían hacer medidas materiales o coercitivas contundentes, en primer lugar, las que podrían aplicar algunos gobiernos. Si descartamos una impensable e indeseable intervención armada, ¿cuáles podrían ser y quién podría implementar tales medidas?

    Presiones externas

    Es poco probable que para continuar sus bombardeos e incursiones Israel necesite más aviones o tanques, pero sí le haría falta reponer bombas, misiles y otras municiones, elementos cuyo suministro tiene asegurado a través de Estados Unidos, ya que este solo retiraría su apoyo ante una movilización de inaudita potencia en ese país que difícilmente se va a producir.

    Las acciones militares dependen también del abastecimiento de petróleo. Israel produce muy poco petróleo y no lo recibe de ningún país de su entorno. Hasta ahora los proveedores más importantes han sido Kazakistán y Azerbaiyán, así como el África Oriental, particularmente Gabón. Aunque estas fuentes suspendieran sus entregas (y cuesta imaginar en qué circunstancias tal cosa pudiera ocurrir, salvo en el caso de un difícilmente concebible embargo acordado por todos los países de mayoría musulmana), a Israel todavía le quedarían varias alternativas como Brasil y, en última instancia, los Estado Unidos.

    ¿Sería posible impedir la llegada de los envíos? Una parte del crudo que va a Israel pasa primero por Turquía, pero las acaloradas palabras de Erdogan no le han llevado a bloquear ese tránsito. De los tres puertos israelíes con refinerías uno, Eilat, está en el Mar Rojo y en los últimos años se ha usado poco para la importación de petróleo. Los otros dos, Ashdod y Haifa, están en el Mediterráneo y difíciles de bloquear desde un mar muy controlado. En cambio, ambos están a tiro de misiles lanzados desde la Franja y durante unos días después de los ataques del 7 de octubre el primero, así como un yacimiento de gas a 25 kilómetros de la costa, se cerraron, pero su funcionamiento se restableció en seguida.

    Los ataques llevados a cabo desde Yemen por los hutíes contra barcos que navegan por el Estrecho de Bab al-Mandab y el Mar Rojo han inducido a varios operadores a desviar sus embarcaciones hacia rutas más largas y, por lo tanto, más caras. Esto ha repercutido negativamente en el transporte marítimo en general y ha reducido la actividad del puerto de Eilat en un 85%, sin, por el momento, causar excesivos problemas para Israel. Las grandes potencias han tendido a exigir que quienes desistan sean los hutíes, no los israelíes.

    A pesar de que algunos gobiernos han roto relaciones diplomáticas con el Estado de Israel, las consecuencias prácticas de estos gestos son mínimas, si bien no deja de ser un logro con una fuerte carga simbólica.

    El gobierno de Sudáfrica ha pedido a la Corte Internacional de Justicia que adopte medidas cautelares contra Israel para prevenir que cometa actos posiblemente constitutivos de genocidio. A diferencia de otras ocasiones, Israel se prepara para defenderse ante el tribunal. Si los 15 jueces exigen una prueba de intencionalidad, los criterios a aplicar para que prospere la acusación no son del todo claros, pero incluso si se consigue, Israel tiene una larga historia de hacer caso omiso de las resoluciones de las instancias de las Naciones Unidas.

    Presiones internas

    Si la efectividad de las distintas presiones externas, actuales o potenciales, es problemática, ¿las hay internas que pudieran ser más eficaces?

    Por supuesto la gran cantidad de recursos humanos y materiales empleados en los ataques a Gaza ha impactado en la economía, pero no la ha paralizado. Asimismo, la economía israelí puede prescindir en gran medida de la aportación palestina. Además, ningún país, o bloque de países (como la Unión Europa), con capacidad de incidir de manera decisiva, ha introducido sanciones económicas, comerciales o financieras.

    Los efectos de la movilización masiva de reservistas sobre la economía ya se han mencionado más arriba. Este factor, como algunos otros, podría llegar a ser más significativo si el enfrentamiento con Hezbolá se agrava. A más largo plazo, el desgaste ocasionado por la participación personal en los combates también podría jugar un papel, juntamente con las repercusiones en sus parientes. Un asunto relacionado es el abandono en la práctica de los rehenes. Esto ha generado un gran descontento entre familiares y allegados, dando lugar a algunas protestas sonadas sin, por eso, llegar a cambiar ni el ritmo ni el rumbo de las operaciones contra Gaza. En cuanto a las bajas entre los soldados, no hay indicios de que se hayan aproximado a un nivel inasumible ni para el gobierno ni para la población.

    En el desarrollo de todos estos escenarios, la resistencia palestina en su conjunto -no solo la armada, sino la de la población civil que se niega a someterse- es crucial.

    Entonces, ¿quiere decir esto que no hay nada que hacer?

    Al contrario; significa que lejos de aflojar, hay que buscar la manera de reforzar el movimiento de solidaridad y sus métodos, en todas sus vertientes, pensando en el medio y largo plazo y también en la necesidad de evitar una guerra a mayor escala.

    Si bien es verdad que las consignas generales como “No al genocidio” (¿dirigidas al gobierno israelí?) no han surtido ningún efecto tangible en Gaza o Cisjordania, sí han contribuido, al menos en varios países como el Estado Español, a contrarrestar el discurso centrado en Israel como víctima que no hace más que defenderse y a llevar la solidaridad más allá de la simpatía humanitaria hacia una comprensión política de la situación, lo cual a su vez ayuda a mantener y ampliar el movimiento. Dicho de otra manera, ya existe una base bastante sólida a partir de la cual continuar construyendo una campaña más potente.

    Así y todo, esto serviría de muy poco si no fuera acompañado por las demandas concretas dirigidas a los respectivos gobiernos, es decir a quienes tienen ciertos medios para pesar de manera más directa en la realidad. Y debe ser por esta vía que hay que seguir acumulando fuerzas como parte de un movimiento global con la mirada puesta en conseguir la presión necesaria para salvar lo que todavía queda por salvar.

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  • Chile. Naufragio constitucional de la extrema derecha

    Chile. Naufragio constitucional de la extrema derecha

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    Karina Nohales

    militante de la Coordinadora Feminista 8M y abogada laboralista chilena

     

    Actualidad Internacional: Luchas y Movimientos

    09/01/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    El pasado 17 de diciembre Chile votó en contra de la propuesta de nueva Constitución redactada por las fuerzas conservadoras de derecha y de ultraderecha. Con ello, por segunda vez en catorce meses, naufragan dos alternativas opuestas de reemplazar la Constitución vigente en el país y que tiene su origen en la dictadura de Pinochet.

    Cabe recordar que entre octubre de 2020 y septiembre de 2022 tuvo lugar el primer proceso constitucional, cuyo origen se remonta al acuerdo suscrito en noviembre del 2019 por los partidos políticos con representación parlamentaria -con excepción del Partido Comunista-, como una salida institucional pactada como respuesta a la gigantesca revuelta social que en ese momento tenía lugar en Chile y cuya impugnación puso en riesgo al conjunto del sistema político y a las representaciones partidarias de las últimas tres décadas.

    En ese primer proceso, hubo un primer plebiscito para consultar a la población si quería o no una nueva Constitución y, en caso afirmativo, qué tipo de órgano debía redactarla. Con cerca del 80% de los votos, se impuso el “Apruebo” (una nueva Constitución) y un órgano 100% electo para escribirla. Dicho órgano, electo pocos meses después, fue integrado de manera paritaria, plurinacional y con participación de representantes populares de sectores sociales históricamente excluidos; quienes por primera vez participaron de la redacción de una propuesta de Constitución, impregnándole una marcada orientación antineoliberal. Esta propuesta fue rechazada en el plebiscito del 4 de septiembre de 2022, con una aplastante votación del 62% en contra.

    En un contexto de derrota electoral, de postpandemia pandemia y de desmoralización de los contingentes sociales organizados, el presidente del país, Gabriel Boric, decidió convocar a un nuevo proceso constitucional, esta vez de carácter mixto: la propuesta de nueva Constitución sería redactada por un pequeño comité de expertos designados por el Congreso, y un órgano electo podría hacerle modificaciones y sancionarla. Este segundo proceso, fue, en todos los sentidos posibles, una negación y un castigo al proceso anterior. El órgano electo fue integrado mayoritariamente por los partidos de derecha, con hegemonía de la derecha extrema, quienes hicieron de la propuesta una suerte de retorno a la versión original de la Constitución de Pinochet de 1980, despojándola de diversas modificaciones que ha vivido desde 1990 a la fecha, durante la denominada transición democrática.

    El proceso se desarrolló en un clima de desafección general por parte de la población, reforzado tanto por una saturación temática -que diversos analistas han denominado “fatiga constitucional”-, como por un fuerte sentimiento de descrédito respecto de “los políticos” en general. Este estado de ánimo fue tanto o más decisivo que el contenido mismo de la propuesta de nueva Constitución. No obstante, el contenido por supuesto hizo también lo suyo. Si bien el texto contenía un sinfín de normas alarmantemente regresivas, como otorgar jerarquía infra constitucional de los tratados internacionales de derechos humanos, el debate social se centró en algunas normas más o menos acotadas, de las cuales aquellas relacionadas con las demandas feministas ocuparon un lugar central.

    Entre ellas, la norma que consagraba la protección de la vida de quien está por nacer, y la norma que consagraba la inexpropiabilidad del ahorro previsional individual por parte del Estado, se difundieron con especial sentido de alarma. De aprobarse la propuesta de Constitución, la primera de esas normas suponía el riesgo cierto de que se declarara inconstitucional el aborto en tres causales, derogado en 1989 por la dictadura de Pinochet y reconquistado apenas en 2017 en Chile. La aprobación de la segunda de esas normas suponía el riesgo cierto de que resultara inconstitucional la ley de pago efectivo de pensiones de alimentos –que entró en vigencia el 2022-, que habilita a los tribunales de familia ordenar el pago de las pensiones adeudadas desde el ahorro individual de pensiones del deudor.

    Ambas normas, profundamente patriarcales, que constituían un ataque frontal a la autonomía económica, corporal y de proyectos de vida de las mujeres y personas gestantes, fueron decisivas para el fracaso de la propuesta de la extrema derecha. En efecto, el “En Contra” a la nueva Constitución, que se impuso por un 55,7% de los votos, alcanzó el 70% de los votos entre las votantes mujeres menores de 34 años. Se trata de un segmento social cuya experiencia de politización se producido al calor del ciclo feminista de masas que ha tenido lugar con fuerza desde el 2016 en Chile y cuya potencia sigue irradiando en estas coyunturas.

    Las fuerzas institucionales han expuesto por estos días sus propias interpretaciones del resultado. Por una parte, el presidente Gabriel Boric dio por cerrado cualquier nuevo intento de cambio constitucional en los dos años que le restan de mandato, deslizando que, con el fracaso de las dos propuestas constitucionales –una antineoliberal y una neo pinochetista-, la ciudadanía ha rechazado la polarización y la división. Una lectura peligrosa, que tiende a equiparar ambas propuestas constitucionales como expresiones de “dos extremos”, en circunstancias que una de ellas se ajustaba al parámetro elemental del marco internacional de derechos humanos, mientras la otra prescindía derechamente de él. De paso, una lectura que suprime la naturaleza de clase que diferenció fundamentalmente a ambos procesos y ambas propuestas constitucionales, en nombre de una pretendida y falaz imparcialidad.

    Por otra parte, los partidos de la derecha y de la extrema derecha fueron los grandes derrotados. La extrema derecha porque se trataba de su propuesta, redactada por su mayoría. La derecha tradicional, porque la hizo suya y se puso una vez más detrás de la extrema derecha. Juntos, contaban con todos los recursos económicos y con toda la hegemonía comunicacional para vencer. Corrieron solos y llegaron segundos. En su intento por disimular la derrota, han esbozado el relato de que, en este último plebiscito, la ciudadanía ha ratificado por segunda vez la Constitución de Pinochet, omitiendo groseramente el hecho de que Chile ya votó en contra de la Constitución actual, renovando con ello su ilegitimidad de origen como de adhesión popular. Este resultado les resiente. En lo inmediato los cálculos de alianzas electorales se tensan en su interior y las posibilidades presidenciales hasta ahora invictas con que contaba el líder de la ultra derecha, José Antonio Kast, conocen una mella.

    En la elección del 17 de diciembre, los sectores populares no tenían un proyecto que defender, pero sí tenían la tarea de resistir la arremetida derechista en un plano institucional que comprometía magnitudes duraderas y estructurales. Era necesario hacerles perder y se logró. Dentro del campo social, el feminismo una vez más jugó un rol clave. Este solo hecho sirve para tapar la boca a aquellos sectores que, por izquierda y por derecha, intentaron atribuir la derrota del plebiscito del 4 de septiembre de 2022 a los supuestos “excesos identitarios” del feminismo por normas como la constitucionalización del aborto sin causales. Por derecha, temerosos, todos los sectores tuvieron que mentir públicamente y declarar que su propuesta de Constitución no pretendía derogar el aborto en tres causales. Por izquierda, salvo las organizaciones feministas y de disidencias sexuales y de género, muy pocos sectores sociales tuvieron la capacidad de desplegar y sostener una campaña con temas que impactara a segmentos más o menos amplio.

    Con todo, el cierre del ciclo constitucional decretado por el gobierno no cierra en modo alguno el ciclo de crisis política abierto con la revuelta social de 2019. Ninguna de las demandas urgentes y sentidas por diversas y amplias capas de la población ha sido al presente resuelta y atendida. El escenario de estable inestabilidad continúa abierto.

     

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  • La maquinaria de destrucción sionista amenaza al Líbano después de Gaza

    La maquinaria de destrucción sionista amenaza al Líbano después de Gaza

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    Gilbert Achcar

    Profesor de la SOAS, Londres.

    Traducción: César Ayala
    Fuente:
    El original fue publicado en árabe en Al-Quds al-Arabi el 2 de enero de 2024. Este artículo fue escrito antes del asesinato por Israel de un alto dirigente de Hamás en Beirut. La versión en español es una traducción de la versión inglesa localizada en https://gilbert-achcar.net/zionist-destruction-machine.

    Actualidad Internacional: Opinion

    09/01/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Hace dos semanas, estimábamos, a la luz de las pruebas disponibles en aquel momento, que las fuerzas de ocupación israelíes pondrían fin a su intensa campaña de bombardeos pesados a principios de este nuevo año, y pasarían a una «guerra de baja intensidad» cuyo objetivo sería reforzar el control sobre la mayor parte del territorio de la Franja de Gaza caído bajo su dominio, erradicar toda la resistencia restante en su interior y destruir la red de túneles que permanece bajo su suelo (véase «¿Hacia dónde va la guerra de Israel contra Gaza?«, 20/12/2023, versión en español 23/12/23)). El lunes, primer día de este nuevo año, el portavoz oficial del ejército de ocupación anunció la retirada de cinco brigadas de Gaza, compuestas en su mayoría por soldados de reserva, en lo que fue interpretado por los observadores como un primer paso hacia el cambio a una «guerra de baja intensidad», tal y como prometieron los gobernantes de Israel a sus partidarios exteriores, Estados Unidos sobre todo.

    Lo cierto es que, tanto por razones humanas como económicas, el Estado sionista no puede seguir librando durante mucho tiempo una guerra con la misma intensidad que la que ha llevado a cabo desde el «diluvio de Al-Aqsa». Esto se debe a que Israel es un país relativamente pequeño, con una población judía de sólo algo más de siete millones de habitantes, de los cuales un millón y medio son hombres en edad de cumplir el servicio militar (además de un millón y medio de mujeres que aún no han participado en la guerra). No puede seguir movilizando a aproximadamente medio millón de reservistas durante un largo período, ya que ello constituye una pesada carga humana para su sociedad y una carga todavía más pesada para su economía.

    Hasta finales del año pasado, es decir, en menos de tres meses, la guerra ha costado unos 20.000 millones de dólares, según declaró al Washington Post un ex vicegobernador del Banco Central israelí, es decir, un costo que se acerca a 250 millones de dólares al día, lo cual es enorme para la economía del país. El gobierno sionista calcula que toda la guerra, que según confirmó el sábado pasado el primer ministro Benjamin Netanyahu duraría al menos un año, le costará unos 50.000 millones de dólares (es decir, aproximadamente una décima parte del PIB de Israel). Lo que hace que Netanyahu y sus aliados de la extrema derecha sionista estén aún más decididos a continuar la guerra con menor intensidad a lo largo de este nuevo año, es su apuesta por la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses del próximo otoño. Creen que Trump les daría luz verde para completar la «Segunda Nakba», apoderándose definitivamente de la Franja de Gaza y anexándola. Como dependen de la financiación estadounidense para mitigar el impacto de la guerra en su economía, deben reducir sus costos para poder llevarla a cabo durante los próximos meses como pretenden.

    Al mismo tiempo, sin embargo, el gobierno sionista está planeando una segunda campaña intensiva de bombardeos que comenzaría una vez que se reduzca la intensidad de sus bombardeos sobre Gaza. Durante los primeros días de la nueva ofensiva israelí, se informó de que el ministro de «Defensa» sionista, el ex general de división Yoav Galant, miembro del partido Likud y rival de Netanyahu, quería que Israel atacara a Hezbolá en el Líbano junto con su ataque contra Hamás en Gaza. Gallant es conocido por ser un defensor de la doctrina Dahiya, aplicada por primera vez durante la embestida israelí contra el Líbano en 2006. Esta estrategia militar consiste en responder a cualquiera que amenace la seguridad de Israel de una forma tan avasalladora y destructiva que constituya un poderoso elemento disuasorio. Como jefe del Mando Sur entre 2005 y 2010, Gallant supervisó la aplicación de esa doctrina en la mortífera embestida de tres semanas contra Gaza que comenzó a finales de 2008.

    El verano pasado, el ministro de «Defensa» sionista amenazó con devolver el Líbano a la «edad de piedra». Lo hizo después de inspeccionar la zona de las granjas de Shebaa, en la frontera libanesa, y ver una tienda de campaña instalada allí por Hezbolá. Dijo entonces: «Advierto a Hezbolá y a Nasralá que no cometan errores. Han cometido errores en el pasado y han pagado un precio muy alto. Si, Dios no lo quiera, se produce aquí una escalada o un enfrentamiento, devolveremos el Líbano a la Edad de Piedra». Continuó, repitiendo: «Advierto a Hezbolá y a su líder: No cometan ningún error. No dudaremos en utilizar todo nuestro poder y destruir cada metro perteneciente a Hezbolá y al Líbano si tenemos que hacerlo.» Y añadió: «Cuando se trata de la seguridad de Israel, todos estamos unidos». Estas últimas palabras fueron en respuesta a la afirmación del líder de Hezbolá de que Israel se ha debilitado debido a su crisis política.

    Así pues, la probabilidad de una nueva agresión masiva lanzada por el Estado sionista contra el Líbano se ha vuelto realmente muy alta. El gobierno israelí está acorralando a Hezbolá al exigirle que retire su presencia militar al norte del río Litani, unos 10 km al norte de la frontera con el Líbano, ya que su cumplimiento haría que el partido perdiera prestigio, mientras que su negativa le haría responsable de provocar una nueva agresión devastadora contra el Líbano, especialmente en las zonas en las que el partido está arraigado. Así pues, la limitada intervención de Hezbolá tras el «diluvio de Al-Aqsa» ha resultado contraproducente, ya que el partido perdió la oportunidad de obligar a Israel a emprender una guerra intensiva en dos frentes, mientras que Israel amenaza hoy con lanzar un bombardeo intensivo contra el Líbano, señalándolo después de completar su bombardeo intensivo contra Gaza.

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