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Stalin Pérez Borges es un histórico dirigente sindical clasista venezolano y dirigente político trotskista. Impulsor organizador y orientador de muchos sindicatos y luchas obreras en el estado Carabobo de Venezuela y en otras partes del país desde los años 60 en adelante, es también uno de los fundadores de la Unión Nacional de Trabajadores (ÚNETE) en los comienzos de la reorganización o renovación del movimiento obrero venezolano con el proceso de la Revolución Bolivariana. Posteriormente, participa en la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores (CBST).
En el plano político Stallin Pérez Borges estuvo entre los dirigentes de una tendencia trotskista del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), y luego sería uno de los principales dirigentes del Partido Socialista de los Trabajadores-La chispa (PST- La Chispa), que editaba el periódico del mismo nombre y existió hasta finales del s. XX, cuando dió lugar a otros agrupamientos en acompañamiento de la revolución bolivariana y del proceso liderado por Chávez. En este período Stalin ha sido uno de los integrantes de la coordinación nacional de Marea Socialista y atendió al llamado a conformar el PSUV. Luego, unos años después del fallecimiento de Chávez, pasaría a constituir la Liga Unitaria Chavista Socialista (LUCHAS), organización que mantiene vinculación con la IV Internacional. Es un autor que escribe numerosos artículos en la página web aporrea.org y maneja el sitio de análisis y opinión de izquierda Insisto-Resisto.
La emergencia de salud sorprendió a Stalin en Argentina donde se encuentra desde hace algún tiempo y a escaso plazo de retornar a Venezuela. Sus familiares, camaradas y amigos, están emprendiendo una campaña de solidaridad y recolección de fondos mediante donativos, ya que Stalin no cuenta con los recursos para poder cubrir todos los gastos médicos derivados de la situación ni los costes de la prolongación de su estadía en Argentina.
Se encuentra hospitalizado en el Hospital de Clínicas José de San Martín, de la Universidad de Buenos Aires. Se está esperando poderle practicar algunos exámenes y conocer los resultados, para determinar la continuidad de su tratamiento y su posible intervención quirúrgica.
A sus amigos y amigas, personas con las que ha compartido o comparte militancia sindical y política, además de actividades internacionales, y a quienes conocen su trayectoria, así como a quienes deseen apoyar a personas como él, que dedica su vida a las causas y luchas sociales, se les informa que pueden efectuar su aporte en la cuenta de su esposa en el Brubank, Titular: Esmely Marilú Coello Coello; CUIT/CUIL: 27 – 96142655 – 9; Alias: esmelycoello
CBU: 1430001713028400520012; NRO. CUENTA: 1302840052001 (Nota: esta cuenta, por el momento recibe aportes nacionales en Argentina y próximamente se informará respecto a la recepción de donativos en divisas u otras vías de contribución).
Se les agradece su solidaridad y que tengan a bien reportar y enviar copia del comprobante de su contribución, para el control de esta campaña solidaria en favor de su recuperación, a la dirección de correo:apoyostalinperez@gmail.com
¡Adelante Stalin Pérez, estamos contigo para la recuperación de tu salud!
Nacido en Brasil, es sociólogo, filósofo y militante de la Cuarta Internacional en Francia.
Traducción: Carlos Rojas Fuente: Inprecor
Teoría: Marxismo
09/02/2024
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«Un hombre que dice semejantes tonterías no es peligroso» (Stankevitch, socialista, abril de 1917).
«Es un delirio, el delirio de un loco” (Bogdanov, menchevique, abril de 1917).
«Son sueños insensatos…» (Plejánov, menchevique, abril de 1917).
«Durante muchos años el lugar de Bakunin en la revolución rusa permaneció desocupado; ahora lo ocupa Lenin» (Goldenberg, ex-bolchevique, abril de 1917).
«Aquel día [4 de abril] el camarada Lenin no encontró partidarios declarados, ni siquiera en nuestras filas» (Zalejsky, bolchevique, abril de 1917).
«En cuanto al esquema general del camarada Lenin, nos parece inaceptable, en la medida en que presenta la revolución democrático-burguesa como acabada y cuenta con una transformación inmediata de esta revolución en revolución socialista» (Kámenev, editorial enPravda, órgano del Partido Bolchevique, el 8 de abril de 1917).
Esta fue la acogida unánime que dieron los representantes oficiales del marxismo ruso a las tesis heréticas que Lenin había expuesto, primero ante la multitud agolpada en la plaza de la estación finlandesa de Petrogrado, desde lo alto de un vagón blindado, y al día siguiente ante los delegados bolcheviques y mencheviques del Soviet: lasTesis de abril. En sus famosas memorias, Sujánov (un menchevique que llegó a ser funcionario del Soviet) admite que la fórmula política central de Lenin –todo el poder para los soviets– «sonó como un trueno en un cielo despejado» y «aturdió y confundió a los más educados de sus fieles seguidores». Según Sujánov, un dirigente bolchevique llegó a declarar que «¡este discurso [de Lenin] no agravó las diferencias en el seno de la socialdemocracia, sino que, por el contrario, las eliminó, porque entre bolcheviques y mencheviques había acuerdo ante la posición de Lenin![1]Soukhanov (1965), La révolution russe de 1917, Paris : Stock, pp. 139, 140, 142.. El editorial del 8 de abril enPravdaconfirmó durante un tiempo esta impresión de unanimidad antileninista; según Sujánov «parecía que los fundamentos marxistas del partido bolchevique seguían siendo sólidos e inquebrantables, que la masa del partido se levantaba contra Lenin para defender los principios elementales del socialismo científico de antaño; ¡ay, nos equivocamos!»[2]Ibid.,p. 143..
¿Cómo explicar la extraordinaria tormenta que suscitaron las palabras de Lenin y el coro de desaprobación general que cayó sobre ellas? La ingenua, pero reveladora, descripción de Sujánov sugiere la respuesta: Lenin había roto con elsocialismo científico de antaño, con una determinada manera de entender losprincipios elementalesdel marxismo, una manera que era, hasta cierto punto, común a todas las corrientes de la socialdemocracia marxista en Rusia. La perplejidad, la confusión, la indignación o el desprecio con que fueron recibidas las tesis de abril, tanto por los dirigentes mencheviques como por los bolcheviques, no son más que síntomas de la ruptura radical que suponen con la tradición delmarxismo ortodoxode la II Internacional (nos referimos a la corriente hegemónica y no a la izquierda radical: Rosa Luxemburg, etc.). Una tradición cuyo materialismo mecánico, determinista y evolucionista cristalizaba en un silogismo político riguroso y paralizante:
«Rusia es un país atrasado, bárbaro y semifeudal”.
«No está maduro para el socialismo”.
«La revolución rusa es una revolución burguesa”.
“CQFD».
Pocas veces un punto de inflexión teórico ha sido más rico en consecuencias históricas que el inaugurado por Lenin en su discurso en la estación de ferrocarril de Petrogrado. ¿Cuáles fueron las fuentes metodológicas de este punto de inflexión? ¿Cuál es la diferencia específica entre su método y los cánones de laviejaortodoxia marxista?
He aquí la respuesta del propio Lenin, en una polémica carta a Sujánov de enero de 1923: «Todos se dicen marxistas, pero entienden el marxismo de una manera pedante hasta lo imposible. No han comprendido en absoluto lo decisivo del marxismo, a saber: su dialéctica revolucionaria»[3]Lenin, Vladimir I. (1987) Obras completas, t. 45, p. 421.. Su dialéctica revolucionaria: he aquí,in nuce[en esencia], el punto geométrico de la ruptura de Lenin con el marxismo de la II Internacional y, en cierta medida, con su propia conciencia filosófica de antaño. Esta ruptura comenzó tras la Primera Guerra Mundial, se nutrió de un retorno a las fuentes hegelianas de la dialéctica marxista y culminó en el monumental, «loco» y «delirante» desafío de la noche del 3 de abril de 1917.
Elviejo bolchevismoo elmarxismo de antaño: Lenin antes de 1914 Una de las primeras fuentes del pensamiento filosófico de Lenin antes de 1914 fue LaSagrada Familia(1844) de Marx, que leyó y resumió en un cuaderno en 1895. Le interesaba especialmente el capítulo titulado «Batalla crítica contra el materialismo francés», que describió como «uno de los más valiosos del libro”[4]Lenin, Vladimir I (1976) Obras Completas,Madrid: Akal, t. 42, p. 35.. Sin embargo, este capítulo es precisamente el único de los escritos de Marx en el que seadhiere» acríticamente al materialismo francés del siglo XVIII, que presenta como labase lógicadel comunismo. La cita de este capítulo de la Sagrada Familia es uno de losshibboleths[5]Unshibboleth, en hebreo, es una frase o palabra que sólo pueden utilizar -o pronunciar- correctamente los miembros de un grupo. Revela la pertenencia de una persona a un grupo nacional, social, … Seguir leyendo que permiten identificar el materialismometafísicodentro de una corriente marxista.
Por otra parte, es un hecho obvio y bien conocido que desde el punto de vista filosófico Lenin dependía en gran medida de Plejánov. Aunque políticamente era mucho más flexible y radical que su maestro, que se convirtió en el principal teórico del menchevismo tras la ruptura de 1903, Lenin aceptaba ciertas premisas ideológicas fundamentales del marxismopredialéctic» de Plejánov y su corolario estratégico: el carácter burgués de la revolución rusa. Sin estabase comúnes difícil comprender por qué, a pesar de sus severas e inflexibles críticas alseguidismode la burguesía liberal por parte de los mencheviques, pudo aceptar varios intentos de reunificación de las dos fracciones de la socialdemocracia rusa entre 1905 y 1910. Además, escribióMarxismo y empiriocriticismoen la época de su mayor acercamiento político a Plejánov (contra el liquidacionismo 1908-1909), una obra en la que la influencia filosófica delpadre del marxismo rusoes visible y legible.
Lo que es notable y bastante característico del Lenin anterior a 1914 es que la autoridad marxista a la que se refería a menudo en sus polémicas contra Plejánov no era otro que… Karl Kautsky. Por ejemplo, sobre la revolución rusa, vio en un artículo de Kautsky «un golpe directo a Plejánov» y subrayó con entusiasmo la coincidencia entre los análisis de Kautsky y los bolcheviques: «La revolución burguesa, llevada a cabo por el proletariado y el campesinado, a pesar de la inestabilidad de la burguesía: he ahí el principio fundamental de la táctica bolchevique, íntegramente confirmada por Kautsky»[6]Lenin, Vladimir I (1976) Obras Completas,Madrid: Akal, t. 11, p. 451..
Un análisis detenido del principal texto político de Lenin de este período,Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática(1905), muestra con extraordinaria claridad la tensión en el pensamiento de Lenin entre su realismo revolucionario general y los límites que le imponía la estrecha camisa de fuerza del marxismo llamadoortodoxo. Por un lado, hay análisis luminosos y penetrantes de la incapacidad de la burguesía rusa para llevar a cabo una revolución democrática, que sólo puede lograrse mediante una alianza obrero-campesina que ejerza su dictadura revolucionaria; incluso habla del papel dirigente del proletariado en esta alianza y, en ocasiones, parece tocar la idea de una transición ininterrumpida al socialismo: «Esta dictadura no podrá tocar [sin pasar por toda una serie de grados intermedios de desarrollo revolucionario] los cimientos del capitalismo»[7]Lenin, Vladimir I., op. cit. t.9, “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática”. Con este pequeño paréntesis, Lenin abrió una ventana al paisaje desconocido de la revolución socialista, sólo para cerrarla inmediatamente y regresar al espacio cerrado circunscrito por los límites de la ortodoxia. Estos límites se encuentran en las numerosas fórmulas que se encuentra enDos Tácticas, donde Lenin reafirma categóricamente el carácter burgués de la revolución rusa y condena como «reaccionaria» la idea de «buscar la salvación de la clase obrera en otra parte que no sea el desarrollo del capitalismo»[8]Ibid., p. 45. Cf. También: Los marxistas están absolutamente convencidos del carácter burgués de la revolución rusa. ¿Qué significa esto? Significa que las trasformaciones democráticas en el … Seguir leyendo)
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El principal argumento que presenta para apoyar esta tesis es el temaclásicodel marxismopredialéctico: Rusia no está madura para una revolución socialista: «El grado de desarrollo económico de Rusia (condición objetiva) y el grado de conciencia y organización de las grandes masas del proletariado (condición subjetiva indisolublemente ligada a la condición objetiva) hacen imposible la emancipación inmediata y total de la clase obrera. Sólo los más ignorantes pueden ignorar el carácter burgués de la revolución democrática en curso»[9]Ibid. p. 24.. Lo objetivo determina lo subjetivo, la economía es la condición de la conciencia: he aquí, en dos palabras, Moisés y los Diez Mandamientos del evangelio materialista de la Internacional, que aplastó con su peso la brillante intuición política de Lenin.
La fórmula que era la quintaesencia del bolchevismo de preguerra, delviejo bolchevismo, reflejaba en su interior todas las ambigüedades del primer leninismo: «la dictadura revolucionaria del proletariado y del campesinado». La innovación profundamente revolucionaria de Lenin (que lo distinguía radicalmente de la estrategia menchevique) se expresa mediante la fórmula flexible y realista del poder obrero y campesino, una fórmula de naturaleza «algebraica» (Trotskydixit) en la que el peso específico de cada clase no está determinadoa priori. Por otra parte, el término aparentemente paradójico de «dictadura democrática» es elshibbolethde la ortodoxia, la presencia visible de los límites impuestos por elmarxismo de antaño: la revolución sólo esdemocrátic«, es decir, burguesa; una premisa que, como escribe Lenin en un pasaje revelador, «se desprende necesariamente de toda la filosofía marxista», es decir, de la filosofía marxista tal como la concebían Kautsky, Plejánov y los demás ideólogos de lo que entonces se conocía como «socialdemocracia revolucionaria»[10]La única (o casi la única) excepción a esta regla de hierro fue Trotsky que, en Balance y perspectivas (1906), fue el primero en ir más allá del dogma del carácter democrático-burgués de la … Seguir leyendo.
Otro tema enDos Tácticasque atestigua el obstáculo metodológico que constituía el carácter analítico de aquel marxismo es el rechazo explícito y formal de la Comuna de París como modelo para la revolución rusa. Según Lenin, la Comuna cometió un error porque fue incapaz de «distinguir entre los elementos de las revoluciones democrática y socialista», porque «confundió las tareas de la lucha por la república con las tareas de la lucha por el socialismo». En consecuencia, era «un gobierno como el nuestro [el futuro gobierno provisional revolucionario, M.L.] no debe ser»[11]Lenin, Vladimir I, op. cit.p.68.. Veremos más adelante que éste fue precisamente uno de los puntos nodales en los que Lenin emprendió, en abril de 1917, la desgarradora revisión delviejo bolchevismo.
Larupturade 1914 «Esto es una falsificación del Estado Mayor alemán», exclamó Lenin cuando le mostraron el ejemplar delVorwärts(el órgano del Partido Socialdemócrata Alemán) que contenía la noticia del voto socialista a favor de los créditos de guerra el 4 de agosto de 1914. Esta famosa anécdota (así como su obstinada negativa a creer que Plejánov se hubiera pronunciado a favor de ladefensa nacionalde la Rusia zarista) ilustra las ilusiones de Lenin sobre la socialdemocraciamarxista, su asombro ante la bancarrota de la II Internacional y el abismo que se abría entre él y losex ortodoxosconvertidos en socialpatriotas.
Para Lenin, la catástrofe del 4 de agosto era la prueba deslumbrante de que había algo podrido en el reino danés de laortodoxiamarxista oficial. La bancarrota política de esta ortodoxia le llevó a una profunda revisión de las premisas filosóficas del marxismo kautsko-plejanovista. «La bancarrota de la II Internacional en los primeros días de la guerra impulsó a Lenin a reflexionar sobre los fundamentos teóricos de una traición tan profunda»[12]Garaudy, Roger (1969) Lenin, París: P.U.F., p. 39.. Algún día habrá que reconstruir con precisión el itinerario que llevó a Lenin del trauma de agosto de 1914 a leerLa ciencia de la Lógicade Hegel, apenas un mes después. ¿Fue un simple deseo de volver a las fuentes del pensamiento marxista? ¿O una lúcida intuición de que el talón de Aquiles metodológico del marxismo de la II Internacional era la falta de comprensión de la dialéctica?
Sea como fuere, no cabe duda de que su visión de la dialéctica marxista se transformó profundamente. Así lo demuestra no sólo el propio texto de losCuadernos filosóficos, sino también la carta que envió el 4 de enero de 1915, recién terminada la lectura deLa ciencia de la Lógica(el 17 de diciembre de 1914), al secretario de redacción de Éditions Granat, preguntando si «todavía había tiempo para hacer algunas correcciones en la sección sobre dialéctica»[13]Ibid., p.40.. Y no se trataba en absoluto de unentusiasmo pasajero, ya que siete años más tarde, en uno de sus últimos escritos,Sobre el significado del materialismo militante(1922), llamaba a los redactores y colaboradores de la revista teórica del partido (Pod Známenem Marxizma –Bajo la bandera del marxismo–) a «ser una especie de Sociedad de Amigos Materialistas de la Dialéctica Hegeliana». Insistió en la necesidad de un «estudio sistemático de la dialéctica de Hegel desde el punto de vista materialista», e incluso propuso «reproducir en la revista pasajes tomados de las principales obras de Hegel, interpretarlos en un espíritu materialista comentándolos con ejemplos de aplicación de la dialéctica tomada de Marx».
¿Cuáles fueron las tendencias (o al menos las tentaciones) del marxismo de la II Internacional que le dieron su carácter predialéctico?
1) En primer lugar, la tendencia a borrar la distinción entre el materialismo dialéctico de Marx y elviejo,vulgar,metafísicomaterialismo de Helvetius, Feuerbach, etc., y a hacer una distinción entre ambos. Plejánov, por ejemplo, se las arregla para escribir esta cosa asombrosa, a saber, que las tesis de Marx sobre Feuerbach «no rechazan en absoluto las ideas fundamentales de la filosofía de Feuerbach; sólo las mejoran… ¡las concepciones materialistas de Marx y Engels se desarrollaron en la misma dirección indicada por la lógica interna de la filosofía de Feuerbach!». Además, Plejánov critica a Feuerbach y a los materialistas franceses del siglo XVIII por tener una concepción demasiado idealista de la historia[14]Plejánov, Gueorgui (1953) Les questions fondamentales du marxisme, París: Éd. Sociales, pp. 32-33. Cf. también p. 25: «La teoría del conocimiento de Marx deriva en línea recta de la de … Seguir leyendo.
2) La tendencia, derivada de la primera, a reducir el materialismo histórico a un determinismo económico mecanicista en el que loobjetivoes siempre la causa de losubjetivo. Por ejemplo, Kautsky insiste incansablemente en la idea de que «la dominación del proletariado y la revolución social no pueden tener lugar hasta que se hayan realizado suficientemente las condiciones preliminares, tanto económicas como psicológicas, de una sociedad socialista». ¿Cuáles son esas «condiciones psicológicas»? Según Kautsky, «inteligencia, disciplina, talento para la organización». ¿Cómo se crearán estas condiciones? «Es tarea histórica del capital» crearlas. Moraleja: «Sólo allí donde el sistema capitalista de producción ha alcanzado un alto grado de desarrollo, las condiciones económicas permiten la transformación por el poder público de la propiedad capitalista de los medios de producción en propiedad social»[15]Kautsky, Karl (1953) La révolution sociale, en P. Louis, 150 années de pensée socialiste, Paris: M. Rivière, pp. 28, 29, 31..
3) La tentación de reducir la dialéctica al evolucionismo darwinista, en el que las diferentes etapas de la historia humana (esclavitud, feudalismo, capitalismo, socialismo) se suceden en un orden rigurosamente determinado por las «leyes de la historia». Kautsky, por ejemplo, definió el marxismo como «el estudio científico de las leyes de la evolución del organismo social»[16]Kautskym, Karl La cuestión agraria. Plejánov, por su parte, había criticado, al menos en principio, el evolucionismo vulgar, basándose precisamente en la Ciencia de la Lógica de Hegel. … Seguir leyendo. De hecho, Kautsky había sido darwinista antes de convertirse en marxista, y no en vano su discípulo Brill definió su método como «materialismo biológico-histórico»…
4) Una concepción abstracta y una ciencia naturalista de lasleyes de la historia, sorprendentemente ilustradas por la maravillosa frase pronunciada por Plejánov al recibir la noticia de la Revolución de Octubre: «¡Pero esto es una violación de todas las leyes de la historia!”.
5) Una tendencia a recaer en el método analítico, captando únicamente objetos «distintos y separados» congelados en su diferencia: Rusia-Alemania, revolución burguesa-revolución socialista, partido-masas, programa mínimo-programa máximo, etc.
Por supuesto, Kautsky y Plejánov habían leído y estudiado cuidadosamente a Hegel; pero loabsorbieronydigirieron, por así decirlo, en su sistema teórico, como precursor del evolucionismo o determinismo histórico.
¿Hasta qué punto las notas de Lenin sobre (o acerca de) la Lógica de Hegel constituyen un desafío al marxismo predialéctico?
1) En primer lugar, Lenin insiste en el abismo filosófico que separa al materialismo «mudo», es decir, «metafísico, subdesarrollado, muerto, burdo» del materialismo marxista, más cercano, por otra parte, al idealismo «inteligente», es decir, al idealismo dialéctico. En consecuencia, critica severamente a Plejánov por no haber escrito nada sobreLa ciencia de la Lógicade Hegel, «es decir, básicamente sobre la dialéctica como ciencia filosófica», y por haber criticado el kantianismo desde el punto de vista del materialismo vulgar y no «à la Hegel»[17]Lenin, Vladimir I. en Cuadernos filosóficos.
2) Adopta una comprensión dialéctica de la causalidad: «Causa y efecto son ergo [por tanto, en consecuencia, nota del editor] sólo momentos de la interdependencia universal, de la conexión (universal), de la cadena recíproca de acontecimientos…». Al mismo tiempo, aprueba el enfoque dialéctico por el que Hegel disuelve la «oposición sólida y abstracta» de lo subjetivo y lo objetivo y destruye su unilateralidad[18]Ibid..
3) Subraya la diferencia crucial entre la concepción evolucionista vulgar y la concepción dialéctica del desarrollo: la primera, «el desarrollo como disminución y aumento, como repetición», es muerta, pobre, árida; la segunda, el desarrollo como unidad de contrarios, es la única que «da la clave de los saltos», de la «ruptura de lo gradual», de la «transformación en lo opuesto», de la abolición de lo viejo y el nacimiento de lo nuevo[19]Ibid..
4) Critica, con Hegel, «la absolutización del concepto de ley», «su simplificación, su fetichización» (y añade: «NB: ¡por la física moderna!»). Incluso escribe que «la ley, cualquier ley, es estrecha, incompleta, aproximada»[20]Ibid..
5) Ve en la categoría de totalidad, en «el desplazamiento de todos los momentos de la realidad, NB: la esencia misma del conocimiento dialéctico»[21]Ibid.. El uso inmediato que Lenin hace de este principio metodológico puede verse en el folleto que escribió entonces,La bancarrota de la II Internacional. Critica severamente a los apologistas de la «defensa nacional» -que tratan de negar el carácter imperialista de la Gran Guerra debido al «factor nacional» de la guerra serbia contra Austria- señalando que la dialéctica de Marx «prohíbe precisamente el examen aislado, es decir, unilateral y distorsionado, del objeto estudiado»[22]Lenin, Vlaimir I. (1976) Obras completas,t. 22, Madrid: Akal.. Esto es de una importancia capital porque, como decía Lukács, el reinado de la categoría dialéctica de la totalidad es el portador del principio revolucionario en la ciencia.
El aislamiento, la fijación, la separación y la oposición abstracta de los diferentes momentos de la realidad son disueltos, por un lado, por la categoría de totalidad y, por otro, por la observación de Lenin de que «la dialéctica es la teoría (…( de las razones por las que la mente humana no debe tomar estos opuestos por muertos, fijos, sino por vivos, condicionados, móviles, cambiando unos en otros»[23]Ibid..
Por supuesto, lo que nos interesa aquí no es tanto el estudio del contenido filosófico de losCuadernosen sí, como el de sus consecuencias políticas. No es difícil encontrar el hilo rojo que conduce de las premisas metodológicas de losCuadernosa las tesis de Lenin de 1917: de la categoría de totalidad a la teoría del eslabón más débil de la cadena imperialista; de la conversión de los opuestos entre sí a la transformación de la revolución democrática en revolución socialista; de la concepción dialéctica de la causalidad al rechazo a definir el carácter de la revolución rusa únicamente por la «base económica atrasada» de Rusia; de la crítica del evolucionismo vulgar a la «ruptura de la sucesión» en 1917; etc. Pero lo más importante es pura y simplemente que la lectura crítica, la lectura materialista de Hegel liberó a Lenin de la estrecha camisa de fuerza del marxismo pseudoortodoxo de la II Internacional, del límite teórico que éste imponía a su pensamiento. El estudio de la Lógica hegeliana fue el instrumento mediante el cual Lenin despejó el camino teórico que conducía a la estación finlandesa de Petrogrado.
En marzo-abril de 1917, Lenin, liberado del obstáculo que representaba el marxismo predialéctico, pudo, bajo el impulso de los acontecimientos, deshacerse con bastante rapidez de su corolario político: el principio abstracto y fijo según el cual «la revolución rusa sólo puede ser burguesa-Rusia no está económicamente madura para una revolución socialista». Una vez cruzado el Rubicón, comenzó a estudiar el problema desde un ángulo práctico, concreto y realista: ¿qué medidas, constitutivas de una transición al socialismo, podrían ser aceptadas por la mayoría del pueblo, es decir, la clase obrera y las masas campesinas?
Las tesis de abril de 1917 En realidad, las «Tesis de abril» nacieron en marzo, más concretamente entre el 11 y el 26 de marzo, es decir, entre la tercera y la quintaCartas desde lejos. Un análisis detenido de estos dos documentos (que, por cierto, no se publicaron en 1917) nos permite captar el movimiento mismo del pensamiento de Lenin. A la pregunta crucial: ¿puede la revolución rusa dar pasos hacia el socialismo? Lenin respondió en dos momentos: en el primero (Carta 3) cuestionó la respuesta tradicional; en el segundo (Carta 5) dio una nueva respuesta.
La propia Carta 3 contiene dos momentos yuxtapuestos, en una contradicción no resuelta. Lenin describe ciertas medidas concretas en el campo del control de la producción y la distribución que considera esenciales para el progreso de la revolución. Comienza subrayando que estas medidas no son todavía el socialismo, ni la dictadura del proletariado; no van más allá de los límites de la «dictadura democrática revolucionaria del proletariado y los campesinos pobres». Pero añade inmediatamente esta frase paradójica que sugiere claramente una duda sobre lo que acaba de afirmar, es decir, un cuestionamiento explícito de las tesis «clásicas»: «No se trata por el momento de proceder a una clasificación teórica de estas disposiciones. Cometeríamos el más grave error si quisiéramos extender las tareas de la revolución, estas tareas prácticas, complejas, urgentes y en rápida evolución, sobre el lecho procrustiniano de unateoríafija…». Quince días más tarde, en la quinta Carta, se cruzaba el abismo, se consumaba la ruptura política: las medidas mencionadas (control de la producción y de la distribución, etc.) constituían, «consideradas en su conjunto y en su evolución, (…) una transición al socialismo, que no puede establecerse en Rusia directamente, desde el principio, sin medidas transitorias, pero que es perfectamente factible y resulta imperativamente necesaria como resultado de tales disposiciones». Lenin ya no rechazaba una «clasificación teórica» de estas medidas, definiéndolas no como «democráticas» sino como transitorias hacia el socialismo.
Mientras tanto, los bolcheviques de Petrogrado se mantuvieron fieles al viejo esquema (trataron de colocar a la revolución rusa, esa hija indómita, e indócil, en el «lecho de Procusto de una teoría fija…» y se limitaron a una cautelosa actitud de espera;Pravdadel 15 de marzo incluso dio un apoyo condicional al gobierno provisional (¡Cadete! ) «en la medida en que lucha contra la reacción y la contrarrevolución»; según el sincero testimonio del dirigente bolchevique Shliapnikov, en marzo de 1917 «estábamos de acuerdo con los mencheviques en que atravesábamos una fase de demolición revolucionaria de las relaciones del feudalismo y la servidumbre, que iban a ser sustituidas por todo tipo de ‘libertades propias de los regímenes burgueses’»[24]Trotsky, León Historia de la Revolución Rusa.
Por tanto, podemos entender su sorpresa cuando las primeras palabras de Lenin a la multitud de obreros, soldados y marineros en la estación finlandesa de Petrogrado fueron un llamamiento a luchar por la revolución socialista[25]Véanse los recuerdos de F. Somilov (1958) en Lénine tel qu’il fut, Moscú : Éd. Livre Étranger, p. 673. Cf. también las notas taquigráficas tomadas por el bolchevique Bonch-Bruevitch del … Seguir leyendo.
La noche del 3 de abril y al día siguiente, explicó al partido las Tesis de abrilque, según el bolchevique Zalejsky, miembro del Comité de Petrogrado, tuvieron el efecto de una bomba explosiva. El 8 de abril, el mismo Comité de Petrogrado rechazó las tesis de Lenin por 13 votos contra 2 y una abstención[26]Trotsky, op. cit. Cf. E. H. Carr, La revolución bolchevique, 1917-1923, «Nadie había discutido aún la opinión de que la revolución rusa era, y sólo podía ser, una revolución burguesa. … Seguir leyendo. Y hay que decir que lasTesis de abrileran, en cierta medida, un paso atrás respecto a las conclusiones a las que ya se había llegado en la quintaCarta desde lejos: no hablaban explícitamente de una transición al socialismo. Parece que Lenin, ante el asombro y la perplejidad de sus camaradas, se vio llevado a moderar en cierta medida sus observaciones. En efecto, lasTesis de Abrilhablan de una transición entre la primera etapa de la revolución y la segunda «que debe dar el poder al proletariado y a las capas pobres del campesinado», pero esto no está necesariamente en contradicción con la fórmula tradicional delviejo bolchevismo(salvo por la mención de lascapas pobresen lugar del campesinado en su conjunto, lo que es, por supuesto, muy significativo) ya que no se define el contenido de las tareas de este poder (¿sólo democrático o ya socialista?). Lenin subraya incluso que «nuestra tarea inmediata no esimplantarel socialismo, sino sólo pasar inmediatamente al control de la producción social y de la distribución de los productos por los Soviets de diputados obreros»[27]Lenin, Vladimir I., op. cit., una fórmula flexible en la que no se determina la caracterización del contenido de este «control». El único tema que, al menos implícitamente, supone una revisión de la vieja concepción bolchevique es el de la Comuna-Estado como modelo para la República de los Soviets, y ello por dos razones:
En un artículo publicado el 23 de abril, Lenin definió la diferencia entre los bolcheviques y los mencheviques en los siguientes términos: mientras que los mencheviques «están a favor del socialismo, pero creen que sería prematuro pensar en él y tomar medidas prácticas para lograrlo ahora», los bolcheviques creen que los soviets «deben tomar inmediatamente todas las medidas prácticamente factibles para lograr el triunfo del socialismo»[28]Ibid..
¿Qué significa «medidas prácticamente factibles»? Para Lenin, significaba sobre todo medidas que pudieran ser apoyadas por la mayoría de la población. Es decir, no sólo los obreros, sino también las masas campesinas. Lenin, liberado de los límites teóricos impuestos por el esquema predialéctico –»la transición al socialismo es objetivamente inviable»–, dirigió ahora su atención a las condiciones políticas y sociales reales necesarias para garantizar «pasos hacia el socialismo». En su discurso ante el VII Congreso del Partido Bolchevique (24-29 de abril), planteó el problema de forma realista y concreta: «Tenemos que hablar de hechos y de medidas prácticas (…). No podemos estar a favor de ‘introducir’ el socialismo (…). La mayoría de la población de Rusia está formada por campesinos y pequeños propietarios que de ninguna manera pueden desear el socialismo. Pero, ¿qué podrían objetar a la creación, en cada pueblo, de un banco que les permitiera mejorar sus explotaciones? No pueden decir nada en contra. Debemos preconizar estas medidas prácticas entre los países y reforzar su conciencia de esta necesidad»[29]Ibid.. «Introducir» el socialismo significaba, en este contexto, la imposición inmediata de la socialización total «desde arriba», en contra de la voluntad de la mayoría de la población. Lenin, en cambio, proponía obtener el apoyo de las masas campesinas a ciertas medidas concretas, de carácter objetivamente socialista, adoptadas por el poder soviético (con hegemonía obrera). Aparte de algunos matices, este concepto se parece mucho al defendido desde 1905 por Trotsky: «la dictadura del proletariado basada en el campesinado», que llevaría a cabo la transición ininterrumpida de la revolución democrática a la revolución socialista. Por eso no fue casualidad que Lenin fuera calificado de «trotskista» por el «viejo bolchevique» Kámenev en abril de 1917…[30]Trtostky, León 1929) La Revolución Permanente.
Conclusión No cabe duda de que lasTesis de abrilrepresentan unarupturateórico-política con la tradición bolchevique de antes de la guerra. Dicho esto, no es menos cierto que, en la medida en que Lenin había preconizado, ya en 1905, la alianza revolucionaria del proletariado y el campesinado (y la profundización radical de la revolución sin la burguesía liberal o incluso contra ella), elnuevo bolchevismonacido en abril de 1917 es el auténtico heredero e hijo legítimo delviejo bolchevismo.
Por otra parte, si bien es innegable que losCuadernos Filosóficosconstituyen una ruptura filosófica con elprimer leninismo, también hay que reconocer que el método vigente en los escritos políticos de Lenin anteriores a 1914 era mucho másdialécticoque el de Plejánov o Kautsky.
Por último, para evitar posibles malentendidos, no hemos querido sugerir en modo alguno que LenindedujeralasTesis de AbrildeLa Ciencia de la Lógicade Hegel… Estas tesis son el producto del pensamiento realista revolucionario ante una situación nueva: la guerra mundial, la situación objetivamente revolucionaria que creó en Europa; la Revolución de Febrero, la rápida derrota del zarismo, el surgimiento masivo de los soviets. Son el resultado de lo que constituye la esencia misma del método leninista: el análisis concreto de una situación concreta. La lectura crítica de Hegel ayudó precisamente a Lenin a liberarse de una teoría abstracta y fija que obstaculizaba este análisis concreto: la pseudoortodoxia predialéctica de la II Internacional. Es en este sentido, y sólo en este sentido, que podemos hablar del itinerario teorético que condujo a Lenin desde el estudio de laLa Ciencia de la Lógicaen la biblioteca de Berna en septiembre de 1914 hasta las palabras de desafío que «sacudieron al mundo», pronunciadas por primera vez la noche del 3 de abril de 1917 en la estación de Finlandia en Petrogrado.
Unshibboleth, en hebreo, es una frase o palabra que sólo pueden utilizar -o pronunciar- correctamente los miembros de un grupo. Revela la pertenencia de una persona a un grupo nacional, social, profesional o de otro tipo. En otras palabras, unshibbolethes un signo de reconocimiento verbal.
Ibid., p. 45. Cf. También: Los marxistas están absolutamente convencidos del carácter burgués de la revolución rusa. ¿Qué significa esto? Significa que las trasformaciones democráticas en el régimen político y las trasformaciones económico sociales, que se han convertido en una necesidad para Rusia, no implican por sí solas el quebrantamiento del capitalismo, no minarán la dominación de la burguesía; por el contrario, por primera vez desbrozarán el terreno en forma apropiada para un desarrollo vasto y rápido, europeo y no asiático, del capitalismo; por primera vez harán posible la dominación de la burguesía como clase. (p. 41
La única (o casi la única) excepción a esta regla de hierro fue Trotsky que, en Balance y perspectivas (1906), fue el primero en ir más allá del dogma del carácter democrático-burgués de la futura revolución rusa; sin embargo, fue neutralizado políticamente por su conciliacionismo organizativo.
Plejánov, Gueorgui (1953) Les questions fondamentales du marxisme, París: Éd. Sociales, pp. 32-33. Cf. también p. 25: «La teoría del conocimiento de Marx deriva en línea recta de la de Feuerbach o, si se quiere, es, en rigor, la de Feuerbach, pero sólo profundizada de manera brillante por Marx».
Kautskym, Karl La cuestión agraria. Plejánov, por su parte, había criticado, al menos en principio, el evolucionismo vulgar, basándose precisamente en la Ciencia de la Lógica de Hegel. Véase Cuestiones fundamentales del marxismo, p. 36.
Véanse los recuerdos de F. Somilov (1958) en Lénine tel qu’il fut, Moscú : Éd. Livre Étranger, p. 673. Cf. también las notas taquigráficas tomadas por el bolchevique Bonch-Bruevitch del primer discurso de Lenin en la estación: «Debéis luchar por la Revolución Socialista, luchar hasta el final, hasta la victoria completa del proletariado. Viva la Revolución Socialista» en G. Golikov (1966), La Révolution d’Octobre, , Moscú: Éd. du Progrès.
Trotsky, op. cit. Cf. E. H. Carr, La revolución bolchevique, 1917-1923, «Nadie había discutido aún la opinión de que la revolución rusa era, y sólo podía ser, una revolución burguesa. Éste era el marco doctrinal sólido y aceptado en el que debía encajar la estrategia política. Era difícil, dentro de este marco, descubrir alguna razón urgente para rechazar a priori al Gobierno Provisional, que era indudablemente burgués, o para exigir que se diera el poder a los soviets, que eran esencialmente proletarios… Era la cuadratura del círculo. Así pues, le correspondió a Lenin hacer añicos, ante los ojos atónitos de sus discípulos, el propio marco doctrinal». Cf. también el testimonio del bolchevique Olminsky, citado por Trotsky, op. cit. «La revolución que comienza sólo puede ser una revolución burguesa… Éste era un juicio obligatorio para todo miembro del partido. Fue la opinión oficial del partido, una consigna constante e invariable, hasta la Revolución de Febrero de 1917 e incluso durante algún tiempo después».
Especiales temáticos: Guerra e imperialismo en Oriente Medio
09/02/2024
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Han transcurrido cuatro meses desde la operación «Inundación de Al-Aqsa» y el comienzo de la guerra genocida sionista que le siguió. La situación ha superado ya a la Nakba de 1948 tanto en intensidad del desastre como en términos de horror. Consideremos los hechos presentados por el relator especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a una vivienda adecuada en un notable artículo publicado por el New York Times el 29 de enero: Israel lanzó sobre la Franja de Gaza tantos explosivos como el equivalente a dos bombas atómicas del tipo que utilizó Estados Unidos sobre Hiroshima en 1945. Este bombardeo masivo ha provocado hasta ahora la destrucción de aproximadamente el 70% de los edificios de todo el enclave, y del 85% en su mitad norte. Como resultado, 70.000 viviendas quedaron completamente destruidas y 290.000 parcialmente destruidas. Si a esto añadimos la destrucción de la infraestructura de servicios como el agua y la electricidad, y el sistema sanitario, incluidos los hospitales, así como la red educativa (escuelas y universidades), los lugares culturales y religiosos, y los edificios históricos, el resultado es una erradicación casi completa de la Gaza palestina. Esto es similar a la erradicación de la mayoría de los rastros de la vida palestina mediante la destrucción de unas 400 ciudades y pueblos en el 78% de la tierra de Palestina de la que se apoderó el Estado sionista en 1948, entre el río y el mar. El relator de la ONU propuso añadir un nuevo crimen a la lista de crímenes contra la humanidad, un crimen que denominó «domicidio». Mencionó casos en los que este concepto se aplica en el siglo actual: Grozni, en Chechenia, completamente destruida por el ejército ruso de Vladimir Putin a principios del presente siglo; Alepo, en Siria, destruida por el ejército ruso aliado con las fuerzas iraníes y del régimen de Assad en 2016; y Mariupol, en Ucrania, destruida por el ejército ruso en los primeros meses de la invasión rusa de Ucrania en 2022. A la lista del relator hay que añadir Faluya, en Irak, destruida en su mayor parte por el ejército estadounidense en 2004, en el segundo año de su ocupación de Irak, así como Mosul, en Irak, y Raqqa, en Siria, ambas destruidas por las fuerzas estadounidenses y sus aliados durante la guerra contra el ISIS en 2017. El «domicidio» de Gaza difiere, sin embargo, de todos estos casos en que no afectó sólo a una ciudad, sino a todo el enclave, incluidas todas sus ciudades, un área mucho mayor que la de cualquiera de las ciudades mencionadas anteriormente. El «domicidio» de Gaza ha ido acompañado de un genocidio contra su población. No sólo matando a un alto porcentaje de ellos: unos 27.000 al momento de escribir estas líneas, o más del uno por ciento de la población total, según las cifras facilitadas por el Ministerio de Sanidad de Gaza, que no tienen en cuenta el número de los que mueren como consecuencia de las catastróficas condiciones sanitarias creadas por la agresión, agravadas por la restricción israelí del acceso de la ayuda humanitaria a la Franja. Estas condiciones hacen que una gran parte de los palestinos heridos, que son aproximadamente 70.000, sean vulnerables a la muerte o a consecuencias permanentes que podrían haberse evitado si se hubiera dispuesto del tratamiento necesario. Lo mismo puede decirse del número de personas que padecen enfermedades naturales y que ya no reciben los medicamentos que necesitan para sobrevivir. Añádase a todo lo anterior que aproximadamente dos millones de personas, es decir, el 85% de la población de la Franja de Gaza, fueron desplazadas de sus hogares a la ciudad de Rafah y a otras zonas adyacentes a la frontera egipcia. Incluso si la agresión cesara de repente hoy y se permitiera a los desplazados ir a donde quisieran dentro de la Franja de Gaza, la gran mayoría de ellos se vería obligada a permanecer en su refugio actual debido a la destrucción de sus hogares. Además, el ejército sionista se dispone ahora a completar su ocupación de la Franja de Gaza invadiendo Rafah, con lo que empeorará inevitablemente la condición de los desplazados, aunque les obligue a trasladarse de nuevo a otra zona del sur de la Franja de Gaza, para ponerlos bajo su control y desvincularlos de lo que queda de las instituciones que Hamás dominaba desde que se hizo con el gobierno del enclave en 2007. Todo esto es, en efecto, una enorme catástrofe que supera en intensidad y horror a la Nakba de 1948, una nueva Nakba cuyo impacto político en la historia de la región, e incluso del mundo, no será menor que el de la Nakba anterior, como sin duda demostrará el futuro. Frente a este horroroso escenario, la cháchara de la administración estadounidense y de otros gobiernos preocupados por las consecuencias de esta nueva Nakba, o más bien su balbuceo sobre una «solución» a la cuestión palestina, se refiere a una extensión a la Franja de Gaza del estatuto de la Zona A de Cisjordania, poniéndola de nuevo bajo la supervisión de la Autoridad Palestina que a su vez está bajo control directo israelí, junto con la continuación del despliegue de las fuerzas de ocupación en la mayor parte de Cisjordania (Zonas B y C) y su intervención militar a voluntad en la Zona A. Llamar «Estado» a una entidad que en realidad goza de menos soberanía que la que se concedió a los bantustanes de Sudáfrica durante la época del apartheid, no es más que un miserable intento de encubrir la responsabilidad de Washington, junto con la mayoría de los Estados europeos, en el fomento de la guerra genocida sionista, y en permitirla militarmente, ya que Israel ciertamente no habría sido capaz de llevar a cabo todo lo descrito anteriormente sin el apoyo militar de Estados Unidos.
es un periodista y músico del Estado español. Fue miembro del grupo «Obrint Pas». Es analista e investigador de movimientos sociales, discursos de odio y extrema derecha. Ha publicado recientemente Antifascistas: así se combatió a la extrema derecha española desde los años 90(Capitán Swing, 2022).
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Hay un obvio descontento, graves problemas y más que legítimas reivindicaciones en elsector agrícola y ganaderopor lasprotestas que están llevando a cabo en varios países de Europa y que ahora llegan también a España. El sesgo urbano de la política y de la información impide a menudo que se entiendan los motivos de las protestas y se empatice con ellas más allá del terreno.
La instrumentalización que desde el primer momento está tratando de hacer laextrema derecha, desviando el tiro ytratando de apropiarse de las protestas, hace más complicado todavía que haya un posicionamiento claro y convencido del resto de la ciudadanía al respecto. La arrogancia con la que se ve el campo desde la ciudad y la falta de estrategia por parte de la izquierda, cuyo mando es todavía demasiado urbanita, está dejando el terreno allanado para que se cuelen los marcos reaccionarios y los intereses partidistas en esta nueva movilización.
Si alguien ajeno al campo siente curiosidad por lo que está sucediendo, y decide enterarse echando un vistazo a los grupos de Whatsapp y Telegram que se pusieron en marcha hace unos días y que se arrogan la organización de las protestas, posiblemente siga sin entender nada. O peor, acabe pensando que el sector está infectado de chalados, conspiranoicos y fascistas, y que la mayoría de los agricultores andan como pollo sin cabeza siendo pastoreados por los cuatro listillos de la ultraderecha que ni siquiera se esconden.
Cualquiera puede meterse en estos canales, inundarlos de basura y reventar o dirigir los debates y las reivindicaciones hacia donde quiera. Mala idea es entonces querercomprender este tema a través de estas redes y de algunos mediosque reproducen la caricatura que la ultraderecha impone sobre lo rural sabiendo que la izquierda reacciona con rechazo y que abandona así el terreno de juego.
Esto ya sucedió durante la pandemia del Covid, una ocasión perdida para las izquierdas para imponer sus marcos y reforzar así la sanidad pública y el acceso gratuito a las medicinas, la solidaridad de clase, el internacionalismo y el bien común.
Lo que uno recuerda de las protestas de entonces no es que estas iban en este sentido, sino todo lo contrario. Fueron en su mayoría reivindicaciones que daban una vuelta de tuerca más al individualismo capitalista, al ‘hago lo que me da la gana’, y a la propagación de cada vez más teorías de la conspiración. La izquierda, en vez de disputar el relato ante unhecho traumático colectivoque podría evidenciar los fallos del sistema, y donde se evidenció la necesidad de colectivizar las respuestas a las crisis, acabar con el negocio de la salud de las multinacionales farmacéuticas y la falta de inversión en servicios públicos, optó por no moverse.
Optó por alinearse con el discurso oficial, por acatar sin rechistar y mirar por encima del hombro a quienes manifestaban sus inquietudes y sus legítimos miedos ante algunas más que discutibles medidas de control o los obvios intereses empresariales de farmacéuticas y otros lobbies. No se disputó el relato a la ultraderecha ni a la conspiranoia, que andaban de la mano, y el capitalismo pudo seguir su curso sin problemas.
Aquí la izquierda falló, y posiblemente esté fallando ahora mismo no solo en el campo, sino en muchos otros ámbitos. Y en estos son en los que la extrema derecha sí que ha visto esta ausencia y ha sabido ocuparla con sus recetas envenenadas que, lejos de solucionar los problemas, los amortiguan con medidas elocuentes envueltas en banderas y de prejuicios a base de disparos al aire.
Hoy vemos algunostractores culpando a la Agenda2030, a Marruecos, a los ecologistas y al Gobierno. De nuevo, una queja legítima a causa de la precariedad a la que les somete el capitalismo es redirigida en algunos casos por la ultraderecha hacia sus propios fantasmas. Y de nuevo también, vemos a los patronos usando de escudo a sus trabajadores, a marqueses y latifundistas hablando en nombre del campo, reivindicando mejoras en abstracto que no cuestionan su estatus ni la precariedad a la que ellos mismos someten a sus trabajadores.
Además de advertir del intento de infiltración de la extrema derecha en estas reivindicaciones, deberíamos amplificar los mensajes de las organizaciones agrarias y de los sindicatos de clase que apuntan bien al origen del problema. Algunos medios de comunicación están contribuyendo interesadamente a que la extrema derecha capitalice la protesta,entrevistando y dando protagonismo a sus autoproclamados líderes y portavoces. Para contrarrestar esta marea no basta con exponerla y denunciarla sino, desde el periodismo y las redes sociales, promocionar las alternativas.
Hay que apuntar al fracaso de la política común de la Unión Europea al haber una competencia desleal con las importaciones de productos de otros países que no están sometidos a las mismas condiciones que los que se producen aquí.
Esto, lejos de traducirse en muchas de estas protestas en una crítica al modelo de los acuerdos de libre comercio con países con menos seguridad para sus trabajadores o menos controles sanitarios y medioambientales, se retuerce por la extrema derecha para convertirlo en unreclamo racista y nacionalista contra el Sur Global.
De hecho, a pesar de que un alto porcentaje de los trabajadores y de las trabajadoras del campo sean personas migrantes, estas no se ven representadas en las protestas que ayer se extendieron por toda España. Ni siquiera sus condiciones laborales, múltiples veces denunciadas y expuestas, tampoco han motivado demasiadas protestas en el sector, ni han gozado del foco mediático que sí están teniendo algunos de estos líderes espontáneos de las protestas de ayer.
Por otra parte, la incapacidad de los agricultores y ganaderos de adaptar de manera eficiente y rentable las políticas sostenibles exigidas, provocan un falso e interesado enfrentamiento entrelos productores y el cuidado de la salud y del medio ambiente.
Esto es, de nuevo, otro regalo para los discursos populistas de derechas, que pueden enfrentar así las demandas medioambientalistas que en el imaginario colectivo se asocian casi siempre a la izquierda, con el mundo rural al que estas políticas les están afectando más que a nadie. Para un agricultor, el problema será el ecologismo y la obsesión por lo ‘saludable’, que viene impuesto desde las ciudades y los despachos, desde el esnobismo urbanita de la vida sana y la preocupación por el medio ambiente, mientras ellos se arruinan y ven cómo su modo de vida y su trabajo es constantemente cuestionado, criminalizado y ridiculizado por hacer ‘lo que siempre se ha hecho’.
Da igual que siempre haya matices. Ya pasó con las advertencias sobre la ganadería extensiva y el sujeto agraviado que impusieron los medios de comunicación, que no fue la gran empresa ni la macro industria, sino el pobre ganadero con dos vacas al que los ecologistas querían quitar su modo de vida.
El papel de la Unión Europea y de los Estados miembros en la decisión de las medidas que afectan a estos y otros sectores de la población es usado por la extrema derecha para insistir en el relato de las élites contra el pueblo, de una manera muy alejada de la que se hace desde la izquierda. La UE y la economía global responden a un modelo neoliberal que cada año otorga mayores beneficios y menores controles a las grandes empresas y grandes propietarios, y más precariedad a la clase trabajadora.
La solución que ofrecen las derechas ante este agravio no pasa ni por la redistribución de la riqueza, ni por exigir mejores estándares a los productos extranjeros. Ni abordanlos derechos de los trabajadores ni al medio ambiente, a cuya conservación se enfrentan a pesar de que la crisis climática les afecta mucho más que a cualquier otro sector. La derecha tampoco alude a la mejora de las condiciones para los productores a costa de los beneficios de los distribuidores y las grandes compañías. Ni explica que muchas de estas grandes empresas son las que producen o compran en el extranjero, aunque sus propietarios se vistan constantemente con la bandera nacional y se declaren más patriotas que nadie.
Laincomparecencia de la izquierda, que a menudo invierte más en análisis desde el despacho que en patearse la calle y el campo, es aprovechada siempre por la derecha. Sobre todo, cuando existe miedo e incertidumbre.
Al final, una protesta legítima ante las medidas neoliberales que empobrecen cada vez más a la clase trabajadora acaba siendo una oportunidad para los ultraderechistas, que esperan un paso en falso de la izquierda, un relato ambiguo o un alejamiento de la causa para presentarse con fórmulas mágicas. Estas, lejos de solucionar el problema, siempre ofrecen bálsamos envenenados bien envueltos en banderas.
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El objetivo del ecosocialismo plantea preguntas que algunos defensores de esta perspectiva están a veces lejos de responder. Estas preguntas se refieren al análisis del capitalismo y de la relación entre los seres humanos y los demás seres vivos. Otras se refieren a la posibilidad y las limitaciones de aplicar el ecosocialismo: ¿crecimiento o no? En caso afirmativo, ¿qué implica desde el punto de vista económico y social, y es un eslogan capaz de movilizar a «los de abajo» en el Sur e incluso en el Norte, hombres y mujeres que ya sufren privaciones a diario?
En Exploiter les vivants, el filósofo Paul Guillibert pasa revista a los trabajos de numerosos investigadores. Afirmándose marxista, Guillibert subraya que una ecología emancipadora presupone una articulación con las luchas sociales y el anticapitalismo para avanzar hacia un «comunismo de los vivos».
En su introducción, Guillibert se basa en una movilización ecologista que tuvo lugar en California, y subraya la necesidad de que los objetivos de la transición ecológica integren las reivindicaciones sociales, pues de lo contrario se corre el riesgo de empeorar la condición de los trabajadores. Lo que defiende es una confrontación frontal con «el discurso de los dominantes», para quienes «la ecología parece una cuestión de invenciones técnicas o de imperativos éticos» (página 18). Estas dos facetas son de hecho complementarias, y su aplicación influiría quizá en el crecimiento, pero no cambiaría nada fundamental desde el punto de vista de la lógica del capital: la explotación del trabajo no se pondría en tela de juicio, y podríamos asistir al refuerzo de ciertos rasgos del sistema. Por ejemplo, el extractivismo para suministrar el litio necesario para las baterías de los coches, o la continuación del desarrollo de tareas que dependen en mayor medida de las mujeres o de trabajadores mal pagados y con condiciones de trabajo a menudo degradadas. Algunos defensores del crecimiento verde afirman que «la ecología empieza por casa». Gillibert insiste en la falacia de este eslogan, que pone de relieve el comportamiento de los consumidores sin abordar «el meollo de la cuestión, la producción capitalista, es decir, la producción de mercancías con ánimo de lucro» (página 27).
Pero Guillibert insiste en otro posible callejón sin salida: «la idea de que todo el problema proviene de las relaciones sociales» (página 30). No podemos pasar por alto el hecho de que las relaciones sociales capitalistas generan dispositivos técnicos que -como los combustibles fósiles- son responsables inmediatos de la crisis ecológica. Del mismo modo, el capitalismo genera modos de consumo contaminantes y profundamente desiguales.
Del mismo modo que Marx estableció una distinción entre «economía vulgar», que se centra en la superficie de las cosas, en las representaciones, y «economía política», que intenta identificar las estructuras reales de la economía, Guillibert propone diferenciar entre ecología vulgar y ecología política. Retomando el subtítulo de El Capital, Critique de l’économie politique, el autor resume así su planteamiento: «la crítica de la ecología política insiste, por el contrario, en las relaciones de dominación en la medida en que son constitutivas de la catástrofe actual» (página 35). Guillibert señala la pluralidad de las críticas de la ecología política, según la forma de dominación en la que se centren (género, colonización, etc.). Por su parte, se basa en la crítica marxista de la ecología política, que estudia «la centralidad de las relaciones de clase en la crisis ecológica» (página 38). Es en este sentido en el que nos interesa especialmente.
El libro se divide en tres partes. La primera está dedicada a los lugares de explotación y dominación: la fábrica, la plantación, el hogar. La segunda muestra que, para acumular valor, el capitalismo «pone a trabajar», de diferentes maneras, no sólo a los seres humanos, sino también a ciertos animales (de cuyo trabajo se apropia) y a ciertas relaciones naturales, para, por ejemplo, aumentar la productividad del suelo. A esto se añade la apropiación de los recursos naturales mediante la deforestación y el extractivismo. En definitiva, el objetivo del capital es alistar la naturaleza en las relaciones sociales humanas de producción. «La búsqueda del beneficio conduce al colapso de los recursos, por un lado, y a la emisión de contaminación, por otro» (página 138). El autor cita a Marx sobre la producción capitalista, que «arruina al mismo tiempo las fuentes vivas de toda riqueza: la tierra y el trabajador». Pero no todas las prácticas humanas son ecocidas: «las relaciones que garantizan la regeneración de los ecosistemas y de los cuerpos son sostenibles».
«Una ecología de los trabajadores»
La tercera parte se titula «El proletariado vivo y los contrapoderes ecológicos. Huelgas, bienes comunes y decrecimiento» y se centra en lo que podría ser una «ecología de la clase obrera» (página 141). Guillibert subraya la existencia de luchas sociales en defensa de proyectos de salvaguarda del empleo y de lucha contra la contaminación industrial: la acería de Taranto, la refinería de Grandpuits, Fos-sur-Mer, etc. Cada uno de estos ejemplos requeriría un análisis en profundidad. Cada uno de estos ejemplos requiere un análisis en profundidad [1]Podríamos añadir, en otro contexto, la cristalería Glaverbel en Bélgica citada por Daniel Tanuro en «La crise climatique, le capitalisme, le combat écologique et le syndicalisme», Europe … Seguir leyendo. Estas experiencias deberían inspirar tanto al movimiento obrero como a los ecologistas. Guillibert subraya las ambigüedades del tema de la «transición justa» promovido por las organizaciones internacionales, que describe como «una promesa bastante vaga de justicia social destinada a hacer que algunos trabajadores acepten una transición ecológica emprendida «desde arriba» para mantener la estructura general de la acumulación capitalista» (página 151). Si la transición ecológica implica decrecimiento, no puede ignorar la cuestión de la dependencia de los trabajadores del salario como condición de su subsistencia. «Una ecología de los trabajadores debe por tanto arrancar la subsistencia del salario, es decir arrancar la reproducción social de la producción capitalista, responsable de la explotación y del ecocidio» (página 155). Guillibert recuerda la labor de los sindicalistas estadounidenses surgidos de las luchas de los años 70, que reivindicaban la continuidad total de los salarios y las prestaciones sociales para todos los trabajadores de los sectores a desmantelar.
Guillibert aborda las posiciones muy divergentes del japonés Kohei Sato, que defiende un comunismo del decrecimiento [2]Véase «Ce best-seller japonais qui défend le ‘communisme décroissant’», Romaric Godin, Mediapart y la conferencia de Sato en París el 11 de noviembre de 2023: «Conférence exceptionnelle … Seguir leyendo, y del geógrafo marxista estadounidense Matt Huber, para quien el movimiento climático solo puede ganar si se apoya en la clase obrera [3]«Cómo puede ganar el movimiento por el clima», Matt Huber, 28 de octubre de 2023, Le vent se lève. y que critica ferozmente el tema del decrecimiento [4]Entrevista a Matt Huber, 20 de julio de 2023, «The problem with ‘degrowth’», Le vent se lève.. A este respecto, Guillibert es claro: «La producción no sólo debe descarbonizarse, sino que también debe decrecer» (página 150), y critica la concepción estrictamente climática de la crisis medioambiental de Huber, que deja de lado el agotamiento de los recursos, la contaminación industrial y agrícola, etcétera. Guillibert subraya por tanto que la crítica de Huber al decrecimiento es muy discutible. Pero Huber plantea un punto válido: «una ‘política del menos’, de sobriedad o frugalidad, no ganará el apoyo del mayor número […] es poco probable que los trabajadores y los pobres del Norte y del Sur vean en esta consigna un eslogan movilizador» porque «ya tienen experiencia de la privación». (páginas 168 a 170). La situación relativa de los pobres y de amplios sectores de explotados también se ha deteriorado considerablemente, incluso en los países del Norte. El autor también reconoce el mérito de Matt Huber por «a diferencia de la mayoría de los pensadores de la ecología política contemporánea […] tratar de identificar las fuerzas sociales capaces de transformar el equilibrio ecológico del poder» (página 171). Pero critica su esquematismo: la capacidad de constituir una fuerza no se deriva automáticamente de la posición que uno ocupa en las relaciones sociales, independientemente del grado de politización. Por último, Guillibert subraya que un nuevo imaginario, en su opinión, se construiría, más que en torno a la consigna del decrecimiento, con la que casi nadie sueña, en torno a la noción de un «comunismo de los vivos», que se construirá mediante «la autoorganización de una clase obrera consciente de las condiciones socioeconómicas de la reproducción de la vida» (página 174) y presupondrá, por supuesto, la planificación y la puesta en cuestión de la propiedad privada de los medios de producción. Ciertamente, podemos considerar, como hace Daniel Tanuro, que la cuestión de la aceptabilidad social es una pista falsa y que «debemos atrevernos a razonar en términos de ‘deseabilidad’» [5]Véase Joseph Confavreux en Revue du crieur, reimpreso en «Le ‘vivant’ noie-t-il le poisson politique?. Un programa ecosocialista decreciente es perfectamente deseable por muchas razones, sin olvidar el hecho de que el 1% más rico emite más CO2 que el 50% más pobre. La emergencia ecológica demuestra ciertamente la legitimidad de una lucha extremadamente radical contra las desigualdades, contra los privilegios de los ricos y de los capitalistas, contra el todo-mercado y la satisfacción socializada de las necesidades básicas, etc. Pero, en nuestra opinión, no basta con ser socialista. Pero, en nuestra opinión, el hecho es que en esta cuestión, como en otras, los intereses objetivos de los explotados y oprimidos no generan automáticamente la aceptación de la brújula que sería necesaria.
Un posible ecofascismo
Guillibert termina su libro subrayando el riesgo de un «apartheid climático», de una gobernanza del Antropoceno basada en el cierre de fronteras, el racismo y la militarización; en resumen, de una forma de ecofascismo. Cita al presidente de la Rassemblement National, Jordan Bardella, que en 2020 declaró que «el mejor aliado de la ecología es la frontera».
El libro de Guillibert toca muchos temas, algunos de los cuales hemos pasado por alto en este artículo. Algunos de estos temas pueden ser contestados, como la extensión de las categorías de trabajo, o incluso de explotación, a los no humanos [6]Sobre este tema, véase Des empires sous la terre. Histoire écologique et raciale de la sécularisation, Mohamad Amer Meziane, 2021, La Découverte. . Razón de más para cuestionar la inclusión en la misma frase de todos aquellos que chocarían con la lógica de la modernidad técnica capitalista: «pueblos indígenas, […] campesinos, […] obreros […] musulmanes que deben someterse a las normas de la secularización blanca» (páginas 199-200): Este tipo de desarrollo es, cuando menos, incompleto, tanto en su conjunto como en sus detalles (sobre todo en lo que se refiere a la fórmula, muy discutible, de la secularización «blanca», posible desplazamiento del tema de la «secularización imperial») . Hay otras vías que explorar, como los límites de la noción de los comunes. A veces, se tiene la sensación de que el autor, preocupado por no descuidar ciertos temas, se pierde en un bosque demasiado denso.
El decrecimiento, una obligación, no una exigencia
Una de las cuestiones centrales en un momento en que la Cuarta Internacional está elaborando un proyecto de Manifiesto ecosocialista es la del decrecimiento. En su informe de situación de octubre de 2023 [7]Daniel Tanuro, «Projet de Manifeste écosocialiste : Rapport au CI de la IVe Internationale», octubre de 2023, Europe Solidaire Sans Frontières., Daniel Tanuro aborda las dificultades que rodean a esta cuestión. Subraya que «el decrecimiento no es ni un eslogan ni una reivindicación; es una obligación resultante de la locura capitalista que nos ha llevado a donde estamos hoy». Y añade: «Es absolutamente necesario mantener esta formulación y su justificación en la parte del texto que analiza la situación. Sin embargo, para evitar cualquier malentendido, proponemos suprimirla del título. El nuevo título que proponemos es «Romper con el crecimiento capitalista, por una alternativa ecosocialista». O «Romper con el crecimiento capitalista, restaurar el planeta y asegurar una buena vida para todos». O una combinación de estas fórmulas, ya veremos».
En el Programa de Transición, Trotsky hablaba del «puente» necesario entre la conciencia actual de las masas y el programa de la revolución [8]León Trotsky, Programa de Transición, 1938.. Es a esta necesidad a la que nos enfrentamos hoy, a esta cuestión decisiva para los que están convencidos de que la realización del ecosocialismo no resultará de la buena voluntad de las clases dominantes, ni de nuestra sola fuerza de convicción.
Podríamos añadir, en otro contexto, la cristalería Glaverbel en Bélgica citada por Daniel Tanuro en «La crise climatique, le capitalisme, le combat écologique et le syndicalisme», Europe Solidaire Sans Frontières y, como ejemplo reciente, la fábrica GKN en Italia. 2) Véase «Écologie ouvrière, actionnariat populaire : soutien à la lutte des ouvriers-es ex-GKN», artículo colectivo publicado por el Club de Mediapart
Véase «Ce best-seller japonais qui défend le ‘communisme décroissant’», Romaric Godin, Mediapart y la conferencia de Sato en París el 11 de noviembre de 2023: «Conférence exceptionnelle : Kohei Saito, le Capital dans l’anthropocène», Institut la Boétie.
Gilbert Achcar es catedrático de Relaciones Internacionales en la School of Oriental and African Studies, Universidad de Londres. Su libro más reciente es The New Cold War: The United States, Russia and China, from Kosovo to Ukraine (Westbourne Press, Londres, y Haymarket, Chicago, 2023).
Traducción: César Ayala Fuente: Enlace a web Fuente
Teoría: Imperialismo
25/01/2024
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La guerra de las fuerzas militares israelíes contra Gaza, tras el ataque de Hamás del 7 de octubre, es la primera guerra israelí en la que Washington es cobeligerante. Estados Unidos apoya abiertamente el objetivo proclamado de la guerra y está bloqueando las peticiones de alto el fuego en las Naciones Unidas, todo ello mientras proporciona armas y municiones a Israel y actúa para disuadir a otros actores regionales de intervenir en el conflicto para ayudar a Hamás. Estados Unidos no prestó apoyo militar a Israel en el momento de su creación: al principio se presentó como árbitro imparcial entre Israel y sus vecinos árabes, ordenando un embargo de paquetes de armas a ambos que se mantuvo en vigor hasta el final de la presidencia de Dwight Eisenhower (1953-61). En los primeros años, Israel tuvo que depender de Alemania Occidental y Francia para su financiación y armamento. La situación cambió cuando John F. Kennedy, enfrentado al nacionalismo árabe radicalizado liderado por el Egipto de Nasser y a los reveses sufridos por la influencia estadounidense en Oriente Próximo, decidió confiar en Israel y comenzó a enviarle armas. Este fue el comienzo de una «relación especial» que resultaría ser muy especial: entre su creación en 1948 y el comienzo de 2023, Israel recibió más de 158.000 millones de dólares en ayuda estadounidense, incluidos más de 124.000 millones en ayuda militar, lo que le convierte en el mayor receptor acumulado de financiación estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial[1]Servicio de Investigación del Congreso (Congressional Research Service), U.S. Foreign Aid to Israel, CRS Report, Washington, 1 de marzo de 2023.. Cada año, Estados Unidos proporciona a Israel ayuda militar por valor de casi 4.000 millones de dólares. Sin embargo, Washington no apoyó abiertamente la guerra de Israel contra sus vecinos árabes en 1967 (no podía respaldar la invasión de Cisjordania a costa de Jordania, otro aliado). Durante la guerra de octubre de 1973, la «relación especial» sí se tradujo en un transporte aéreo de armamento a Israel; el objetivo, sin embargo, era ayudarle a contener la ofensiva lanzada por Egipto y Siria. Una vez que Israel consiguió tornar la situación a su favor, Washington ejerció una fuerte presión sobre él para que pusiera fin a las hostilidades. Estados Unidos no apoyó abiertamente la invasión israelí del Líbano en 1982 e intervino como mediador para la evacuación de los combatientes de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Beirut. Tampoco apoyó la guerra lanzada por Israel contra Líbano en 2006, ni sus sucesivas ofensivas contra Gaza. Esta vez, sin embargo, el apoyo estadounidense a Israel ha sido explícito y masivo. Tras el 7 de octubre, Washington decidió enviar dos grupos de combate de portaaviones estadounidenses al Mediterráneo oriental, liderados por los portaaviones USS Eisenhower y USS Ford, una unidad de intervención marina, así como un grupo de asalto anfibio liderado por el USS Bataan en el Mar Negro y el submarino nuclear USS Florida, que transporta misiles de crucero (Cruise Missiles). Al mismo tiempo, Washington alertó a sus bases aéreas en la región y entregó urgentemente material militar a Israel, incluidos misiles para el sistema de defensa aérea Cúpula de Hierro (Iron Dome). Washington proporcionó así una cobertura regional a Israel, para que pudiera dedicar el grueso de sus fuerzas a una guerra contra Gaza cuyo objetivo declarado, desde el principio, ha sido la erradicación de Hamás. Estados Unidos y otros estados occidentales han apoyado abiertamente este objetivo. Sin embargo, el hecho es que la erradicación de una organización de masas que gobierna un territorio pequeño y muy densamente poblado desde 2007 no puede llevarse a cabo sin una masacre de proporciones genocidas. Sobre todo porque el ejército israelí tenía la clara intención de minimizar las pérdidas en sus propias filas durante la invasión, lo que exigía el uso intensivo de ataques a distancia, el aplanamiento de las zonas urbanas para evitar la guerrilla urbana y, por tanto, la maximización de las muertes de civiles. La responsabilidad de EEUU en esta masacre incluye proporcionar a Israel gran parte de los medios para cometerla. A finales de noviembre, Washington había enviado a su aliado 57.000 proyectiles de artillería y 15.000 bombas, incluidas más de 5.400 BLU-117 y 100 BLU-109 («bunker buster»), que pesan 2.000 libras (casi una tonelada) cada una[2]Jared Malsin y Nancy A Youssef, «U.S. Sends Israel 2,000-Pound Bunker Buster Bombs for Gaza War«, Wall Street Journal, 1 de diciembre de 2023.. El New York Times informó del asombro de los expertos militares ante el uso «liberal» por parte de Israel de estas bombas de 2.000 libras, cada una de las cuales puede aplastar una torre de varios pisos de altura, y que contribuyeron a hacer de la guerra de Israel contra Gaza una masacre de civiles «a un ritmo histórico»[3]Lauren Leatherby, «Gaza Civilians, Under Israeli Barrage, Are Being Killed at Historic Pace«, New York Times, 25 de noviembre de 2023.. Hasta el 25 de diciembre, Estados Unidos había proporcionado a Israel 244 entregas de armas por avión de carga, así como 20 envíos por barco[4]Harry Davies y Manisha Ganguly, «244 US cargo planes, 20 ships deliver over 10,000 tons of military equipment to Israel – report«, Times of Israel, 25 de diciembre de 2023.. Además, el periódico The Guardian reveló que Israel había podido recurrir al vasto arsenal de armas estadounidenses ya «preposicionado» en el país[5]«Gaza war puts US’s extensive weapons stockpile in Israel under scrutiny«, The Guardian, 27 de diciembre de 2023.. Para financiar todo esto, el 20 de octubre, la administración Biden hizo una petición extrapresupuestaria de 105.000 millones de dólares al Congreso, incluyendo 61.400 millones para Ucrania (46.300 millones en ayuda militar), 14.100 millones para Israel (13.900 millones en ayuda militar) y 13.600 millones para la lucha contra la inmigración ilegal en la frontera. El presidente estadounidense creyó que podría obtener luz verde de la derecha republicana para Ucrania vinculando esa ayuda (un asunto contencioso) a causas que le son muy queridas; sin embargo, a finales de 2023, Biden aún no había conseguido que se aprobara su petición. La derecha republicana ha utilizado la estrategia de Biden en su contra exigiendo medidas aún más drásticas en la frontera, lo que le ha colocado en una posición incómoda con su propio partido. Para proporcionar a los tanques israelíes Merkava 45.000 proyectiles de artillería por 500 millones de dólares, la administración Biden ha eludido al Congreso aprobando el 9 de diciembre una medida de emergencia, un paquete de 14.000 proyectiles por 106,5 millones de dólares. Repitió esta maniobra el 30 de diciembre por 147,50 millones de dólares, provocando la ira de los demócratas que piden más controles sobre los envíos de armas a Israel. Por todo ello, Biden tiene una parte directa de responsabilidad en la masacre perpetrada por las fuerzas israelíes en Gaza. Sus exhortaciones a Israel para que sea más «humanitario» suenan huecas y los críticos las tachan fácilmente de hipocresía. Su desacuerdo con el primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, sobre el plan para el día después de la guerra no cambia la responsabilidad conjunta de los dos gobiernos en la propia guerra[6]Léase Gilbert Achcar, «Israeli far right’s plans for expulsion and expansion«, Le Monde diplomatique en inglés, diciembre de 2023.. En última instancia, Biden —que, durante su campaña presidencial de 2020, prometió invertir el rumbo de la política marcadamente proisraelí de su predecesor, en particular reabriendo la embajada estadounidense en Jerusalén Este y la oficina de la OLP en Washington— no hizo nada de esto. En su lugar, siguió los pasos de Donald Trump, primero centrándose en animar a Arabia Saudí a unirse a los Estados árabes que habían establecido relaciones diplomáticas con Israel bajo la égida de Trump, y después prestando apoyo incondicional a Israel en su invasión de Gaza. Con ello, ha conseguido enfadar a su propio Partido Demócrata -que hoy simpatiza más con los palestinos que con los israelíes (por 34% a 31%), según un sondeo publicado el 19 de diciembre— sin satisfacer tampoco a los republicanos. A fin de cuentas, el 57% de los estadounidenses desaprueba la gestión del conflicto por parte de Biden, según el mismo sondeo[7]Jonathan Weisman, Ruth Igielnik y Alyce McFadden, «Polls Finds Wide Disapproval of Biden on Gaza, and Little Room to Shift Gears«, New York Times, 19 de diciembre de 2023..
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El fascismo entra por el cuerpo. Esta idea que Noélia Ramírez y Begoña Gómez comentaron a finales de octubre en su podcast “Amiga date cuenta”[1]Podéis recuperar el episodio “Fascismo del cuerpo” del podcast Amiga Date Cuenta en: https://www.primaverasound.com/es/radio/shows/amiga-date-cuenta me atrapó, y me dejó dándole vueltas a cómo la explotación del cuerpo, su desposesión y sus fronteras de aceptación se reconfiguran entre medidores de deseabilidad y trends de redes sociales reproduciendo la idea clásica y esencialista de la pureza física. Cuestionar cuáles son las claves que constituyen hoy la idea de un cuerpo deseable y deseante, un cuerpo aceptable y habitable, un cuerpo con derecho a ser cuerpo, a ser reconocido como tal y con derecho a poder articular sus deseos, placeres y necesidades, no son preguntas que queden reducidas al marco de la antropología pop ni mucho menos: señalan cómo los sistemas políticos siempre están inscritos en el cuerpo[2]Warner, M. (1999). The Trouble with Normal. Sex, Politics and the Ethic of Queer Life. Nueva York: The Free Press. Comprender esta dimensión corporal abre un campo político fértil para comprender la materialidad de cómo las disidencias queer habitamos espacios y desde dónde planteamos líneas de fuga para expandir un programa de ruptura con el capital más amplio y más allá del género. Es desde ahí, desde las relaciones sociales que atraviesan nuestra piel, que quiero aventurarme a hablar de un antifascismo queer.
La sexualidad en el capitalismo ha sido moldeada por los regímenes de acumulación capitalista, sus sucesivas crisis y reconfiguraciones. Cada desplazamiento, cada giro, impacta no solo sobre las relaciones de producción, sino también sobre las relaciones de reproducción generizadas que las sostienen de forma violenta –irrumpiendo y alterando radicalmente la relación con la tierra, los pueblos y las formas de trabajo–. Un impacto que da pie a nuevas configuraciones raciales y regímenes sexuales, y a las estructuras que las sustentan[3]Drucker, P. (2023). Desviades. Normalidad gay y anticapitalismo queer. Madrid: Sylone y Viento Sur.. Así pues, las relaciones materiales de producción y reproducción constituyen la matriz subyacente clave para entender cómo se articula la sexualidad en nuestra sociedad, desvelando las estructuras que perpetúan el régimen sexual capitalista actual.
El binarismo de género, la primacía de la función reproductiva del sexo, la estructura familiar nuclear patriarcal y la heterosexualidad obligatoria actúan como garantes de la triple exigencia de correspondencia entre sexo, género y sexualidad que funda el régimen cis heterosexual patriarcal capitalista. Esta formación cross-sex es una herramienta funcional del capital para asegurar su reproducción, que se encuentra estrechamente ligada a las relaciones y roles de género y, en definitiva, a la división sexual y transnacional del trabajo. Una formación que se encuentra en constante reconfiguración ante las crisis del capital, al igual que la configuración same-sex dominante actual. La construcción de un régimen homonormativo neoliberalizado moldea la sexualidad desde una tolerancia represiva sobre aquelles que desafían las categorías funcionales de la producción y reproducción del capital. Así, la adaptación y asimilación al cánon heterosexual, la guetificación, la conformidad de género, el homonacionalismo, el hiperindividualismo y la estratificación identitaria sobre las disidencias queer devienen sus herramientas para administrar, controlar, ordenar y regular las formaciones same-sex.
Las turbulencias del actual período de crisis múltiples, sucesivas y entrelazadas que atravesamos posiciona estos regímenes en un contexto de cambios rápidos y desconcertantes, de renegociación constante siempre a destiempo, dónde la sexualidad es más ávidamente impugnada y más intensamente controlada[4]Hennessy, R. (2000). Profit and Pleasure: Sexual Identities in Late Capitalism. Nueva York: Routledge.. Tras el caos que emerge de las turbulencias, surge un sentido del declive que refuerza discursos y prácticas políticas reaccionarias que abogan por mantener “el orden natural de las cosas” y agitan la fábrica de monstruos creando enemigos morales[5]Spina, C. (2023). Manifeste pour une démocratie déviante. Amours queer face au fascisme. Paris: éditions trouble. y fomentando pánicos identitarios. Y es que ante la el clima reaccionario y conservador que incita la duda de cómo tolerar una identidad sexual y/o de género que no es estable, unitaria y bien definida; de cómo ordenar una sexualidad múltiple, diversa, polimórfica y sin encaje perfecto en la reproducción de la nación; y de cómo aceptar cuerpos deseados y deseantes que rompan con la imagen pureza física y el cánon de belleza cis heterosexual patriarcal eurocéntrico, la extrema derecha se mueve a la perfección.
Nuria Alabao sintetizaba el actuar político de la extrema derecha como “una política de vigilancia de fronteras”[6]Alabao, N. (2021). Ideas para una lucha LGTBI antifascista. CTXT. ante las reconfiguraciones de las relaciones sociales de producción y reproducción del capital. Una política violenta –racista, misógina y sexualmente reaccionaria– que se alimenta de estrategias homonacionalistas, de la estratificación identitaria y del hiperindividualismo presente en los regímenes sexuales actuales, y adopta un rol disciplinante ante cualquier impureza, cualquier salto, cualquier transgresión. No es una cuestión de protección ni de transformación, ni pasa por apuntar hacía una mejora de las condiciones de vida de la mayoría: su actuar parte de expresar su poder, de querer afianzarlo y de seguir teniendo la potestad de definir quién tiene derecho a qué y a quién le está permitido vivir y a quién no. Así, cuando la fábrica de monstruos de su política fronteriza señala a les marikes, les lokes, les rares, les migres, les diskes, les gordes, les putes, les feministes, les racializades y les queer, nos construye como ese enemigo a batir. Nos convertimos en esa vida sin valor y ese cuerpo a desposeer, deshumanizar y destruir. Y es que en esas vidas incómodas que hacen perecer todo aquello aceptable para a los ojos de reaccionarios y conservadores, reside el potencial de romper con sus normas de juego y construir de las ruinas del viejo mundo nuevos horizontes libidinales.
Todes aquelles monstruoses que nos situamos al otro lado de las fronteras de la extrema derecha, que amamos todo aquello que desprecia, somos atravesadas por un mar de violencias. Esta posición de choque constante configura un lugar estratégico para construir respuestas antifascistas, solidarias e internacionalistas, diversas y de clase, alejadas de la imagen de un movimiento de hombres cis blancos homogéneos. Un antifascismo que nos acerque les unes a les otres, que sea capaz de tejer redes cómplices y de recoger las experiencias de lucha de los movimientos feminista, antirracista, ecologista, sindical y LGBTIQA+. Que escuche, tenga memoria y voluntad de cuestionar (y cuestionarse), de ir más allá y plantear un programa de ruptura con el capital. Una respuesta que haga de la praxis revolucionaria una herramienta para liberar placeres y afectos, y educar el deseo.
Una respuesta antifascista queer no debe ser una cuestión meramente de aquellas que hemos sido nombrades monstruoses por la ola reaccionaria y conservadora, deber ser una dinámica medular que se sitúe en el sí de la lucha de clases. Debe ser capaz de navegar las contradicciones y las dudas para reconocernos entre camarades en la misma línea de defensa, y comprender que cuando avanzamos les monstruoses, avanzamos todes, y se multiplican las coordenadas desde dónde empezar a construir otros mundos posibles. Planteamos una propuesta que rompa los mimbres de la acción antifascista de nicho y haga de las luchas en defensa de unas vidas dignas –desde el movimiento por el derecho a la vivienda a las luchas por unos servicios públicos de calidad para todes, hasta los procesos de reconversión y planificación ecológica, los conflictos sindicales y la potencia feminista y antirracista– lugares donde expandir su mirada. Y es que puede ser que hablar de un antifascismo queer tenga mucho que ver con esbozar una política sexual racial que subvierta todo orden establecido y constituya la base para un anticapitalismo verdaderamente queer capaz de transformar la sociedad.
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Hace veinte años, en medio de la sombra aparentemente menguante del estalinismo, los giros cualitativos hacia la derecha de los partidos socialdemócratas y la aparición de nuevos partidos de izquierda, se produjo un animado debate sobre estas nuevas formaciones y sobre cómo los revolucionarios debían relacionarse con ellas[1]Algunos de los trabajos clave en este debate son: Rees, 2002; Smith, 2003; Smith, 2004; Callinicos, 2004; y Sabado, 2004.. La historia no ha sido amable con quienes se dedicaron a exagerar las posibilidades que ofrecían estos partidos al tiempo que restaban importancia a los peligros del reformismo en su seno[2]Durante este debate, Murray Smith, miembro clave del Partido Socialista Escocés, restó constantemente importancia a la distinción entre revolucionarios y reformistas. Argumentó, por ejemplo, en … Seguir leyendo.
El libro de Joseph Choonara «Revolutionaries and elections», publicado en International Socialism 179, es una importante contribución al balance europeo de la experiencia de los revolucionarios que han participado en partidos más amplios y en el trabajo electoral durante las dos últimas décadas[3]Choonara, 2023.. Choonara señala correctamente la presión oportunista generada por la participación en el trabajo electoral, así como por la persistencia de la conciencia reformista, y enumera ejemplos de los muchos fracasos de los partidos más amplios que en su día se señalaron como modelos para la izquierda europea e internacional.
Sin embargo, la valoración de Choonara es casi totalmente negativa. Las lecciones que extrae para hoy son tajantes, por ejemplo, restando importancia a cualquier sugerencia de que los revolucionarios participen en una hipotética ruptura liderada por Jeremy Corbyn con el Partido Laborista británico. En su lugar, hace hincapié en la importancia de construir simplemente un partido revolucionario independiente.
Este enfoque parece equivalente a alguien que hace una lista de todas las personas que se han ahogado y concluye que lo mejor es evitar meterse en el agua. Una respuesta barata sería enumerar todos los grupos revolucionarios que no participaron seriamente en el trabajo electoral o en partidos más amplios durante las dos últimas décadas. Muchos de ellos tampoco han prosperado precisamente.
En lugar de tomar ese camino fácil, quiero reequilibrar la evaluación de Choonara y argumentar en contra de una retirada de los partidos amplios y del trabajo electoral. Hay una alternativa: aprender a nadar. Los socialistas revolucionarios deberían participar en las elecciones y en formaciones más amplias con los ojos bien abiertos ante los escollos y peligros que entrañan, al tiempo que intentan aprovechar las oportunidades que también encierran.
Mi argumento se basa en la idea de que los marxistas tienen hoy una doble tarea, porque nos enfrentamos a una triple crisis de conciencia, organización y dirección de la clase obrera[4]Para más información sobre el concepto de «doble tarea», véase Ní Cheallaigh y Murphy, 2020; MORE: Marxists Organising for Revolutionary Ecosocialism, 2023.. Debemos tratar de ayudar a desarrollar una capa avanzada de la clase obrera en términos de conciencia y organización y, al mismo tiempo, debemos construir una fuerza socialista revolucionaria organizada. Son tareas interrelacionadas.
Si nos lanzamos a construir el movimiento más amplio sin reunir y educar suficientemente a las fuerzas marxistas, estaremos fracasando en la construcción de instrumentos suficientemente afilados para enfrentarnos y derrotar a la clase capitalista. Por otra parte, si nos centramos únicamente en nuestras propias organizaciones revolucionarias, en el reclutamiento y en la educación de nuestros miembros -sin luchar también por volver a desarrollar organizaciones más amplias de la clase obrera, como los sindicatos y los partidos de masas-, nos quedaremos con pequeñas sectas aisladas.
En respuesta a Choonara, quiero separar dos cuestiones que están entrelazadas en su argumento: los revolucionarios que operan en partidos más amplios y los revolucionarios que participan en elecciones. La participación en elecciones parece ser la razón predominante por la que Choonara cree que los revolucionarios deberían plantearse la participación en formaciones más amplias. Sin embargo, hay muchas razones no electorales para participar en dichos partidos. La participación en un partido más amplio puede ser la mejor estrategia para ayudar a reconstituir el movimiento obrero más amplio y, simultáneamente, construir una organización marxista.
A la hora de evaluar la participación en partidos amplios, una medida puramente cuantitativa (la pregunta «¿han aumentado o disminuido los marxistas su afiliación a través de la experiencia?») es insuficiente. Por supuesto, el aumento de nuestra membresía es esencial: se necesitarán partidos revolucionarios de masas para derrocar al capitalismo. Sin embargo, no es suficiente. Los miembros que han participado en la política de masas, que pueden hablar con amplias capas de la población y que tienen práctica en desafiar las ideas reformistas son vitales para construir un cuadro que sea capaz de presentar un análisis marxista no sólo en pequeñas salas, sino también en reuniones de masas, huelgas y protestas.
Las elecciones como escenario crucial
Para demasiados miembros de la izquierda socialista, la práctica, si no la teoría, del compromiso marxista no va más allá de la descripción de Lenin de la actividad parlamentaria como la «forma más baja de lucha»[5]Lenin, 1974.. Esta formulación está bien como directriz general: una afirmación del mayor énfasis que los socialistas deberían poner en la autoactividad de la clase obrera, ya sea a través de sindicatos, movimientos sociales o campañas comunitarias. Este sentimiento es incluso mejor como ayuda para lamerse las heridas tras un mal resultado electoral. Sin embargo, no sirve de mucho más allá de eso. De hecho, ni siquiera es un resumen exacto de las opiniones de Lenin. La frase en sí proviene de un artículo en el que Lenin argumenta, no a favor de degradar las elecciones, sino más bien a favor de prestarles más atención.
August Nimtz, un politólogo marxista de Estados Unidos, ha realizado recientemente un importante trabajo al descubrir la amplia escala de los escritos de Lenin sobre las elecciones[6]Nimtz, 2019.. Lenin, Elections and Socialist Hegemony (Lenin, elecciones y hegemonía socialista) de Sean Mitchell es tanto una popularización como un desarrollo de este trabajo. Mitchell va más allá del énfasis tradicional de los socialistas revolucionarios en las elecciones y los escaños parlamentarios como una «plataforma» para difundir las ideas socialistas, proponiendo una comprensión de las elecciones como un «escenario crucial para la forja de la ‘voluntad general’: para el desarrollo de una política de clase independiente y la construcción de una contrahegemonía socialista irreconciliablemente revolucionaria»[7]Mitchell, 2021, p75..
Las elecciones son importantes. No son importantes porque las elecciones parlamentarias sean la forma de conquistar el socialismo, sino más bien porque están en el centro de la forma en que la mayoría de los trabajadores piensan actualmente que puede producirse el cambio. Podríamos desear que no fuera así; preferiríamos que tuviéramos una situación de lucha de masas y huelgas generales, en la que fuera evidente que el poder de los trabajadores puede asegurar un cambio fundamental fuera del parlamento y de las elecciones. Ahora mismo, sin embargo, hay un bajo nivel general de conciencia y de lucha. En estas circunstancias, está claro que las elecciones ocupan un lugar central en la percepción de la política por parte de la mayoría de la clase obrera.
Sin embargo, yo iría aún más lejos. Sostengo que es probable que, en países con tradiciones parlamentarias establecidas, las elecciones sigan siendo muy importantes incluso en medio de un aumento significativo de la lucha y la conciencia. Tomemos el ejemplo de Grecia, donde se produjeron 33 huelgas generales entre 2010 y 2015. Surgieron movimientos sociales de masas en torno a una amplia variedad de cuestiones, desde campañas contra los peajes de carretera hasta el movimiento de las plazas. A pesar de todo, las elecciones siguieron siendo cruciales para que la gente entendiera cómo podía producirse un cambio radical.
La defensa abierta del partido de izquierda radical Syriza de un gobierno de izquierda unida fue una parte crucial de su ascenso de menos del cinco por ciento al 27 por ciento en sólo tres años[8]Syriza obtuvo un 4,6 por ciento en las elecciones legislativas de octubre de 2009. Aumentó al 16,8 por ciento en mayo de 2012 y al 36,3 por ciento en las elecciones de enero de 2015, tras las cuales … Seguir leyendo. El fracaso de Syriza a la hora de lograr el cambio que prometió habla de un fracaso del reformismo en general y de la política del europeísmo de izquierdas en particular[9]Murphy, 2016.. Sin embargo, no contradice ni socava la importancia fundamental de las elecciones.
Si queremos dialogar con una amplia masa de personas, participar en elecciones es una forma importante de hacerlo. Aún mejor es ganar las elecciones, lo que se traduce en representantes revolucionarios locales y parlamentarios que pueden utilizar sus escaños como plataforma desde la que ayudar a organizar la lucha y popularizar las ideas socialistas.
¿Asumir elecciones entraña graves peligros? Sin duda alguna. Choonara no se equivoca al señalar que las elecciones son un terreno difícil para los revolucionarios. En las próximas elecciones generales, el partido ecosocialista irlandés People Before Profit -al que represento en el Dáil, el parlamento irlandés- se enfrenta a un reto importante debido, por un lado, al ímpetu del Sinn Féin y, por otro, a la relativa pasividad de la clase obrera en los últimos años.
Las elecciones devoran energía. Ejercen un impulso directamente oportunista, porque decir lo que es de principios puede suponer una pérdida de votos. También ejercen una presión organizativa para degradar el trabajo vital de la educación y el debate marxistas en favor de ganar votos. Choonara da un buen ejemplo de esto cuando escribe sobre el cierre de las reuniones de las ramas del Socialist Workers Party en Gran Bretaña para «liberar» a sus miembros para el trabajo electoral durante el periodo, alrededor del cambio de milenio, en el que estuvo activo en la Socialist Alliance[10]Choonara, 2023, p61..
Sin embargo, cualquier trabajo de masas serio implica peligros y presiones hacia el oportunismo. Esto es válido tanto para el trabajo sindical y las campañas de los movimientos sociales como para las elecciones. En cuanto se tiene una posición de autoridad, se está sometido a presiones oportunistas. Éstas proceden tanto directamente de la clase capitalista, a través de instituciones como el parlamento y los medios de comunicación dominantes, como indirectamente, a través de la clase trabajadora que aún no ha roto con el «sentido común» de la ideología capitalista y todo lo que ésta conlleva.
Sin embargo, evitar este trabajo no es la solución. Por el contrario, la respuesta debe ser construir organizaciones revolucionarias que sean capaces de resistir estas presiones, ayudadas por una dirección colectiva y miembros con pensamiento independiente que puedan pedir cuentas a aquellos individuos que están bajo la presión más intensa para sucumbir ante el oportunismo.
Los partidos amplios son inevitables, ¿deberías participar?
Un punto fuerte del artículo de Choonara es su énfasis en la persistencia de la conciencia reformista. La idea de que la crisis a la que se enfrentan los partidos socialdemócratas marcó el fin de las ideas reformistas provocó desorientación y errores estratégicos. Es correcto afirmar, por ejemplo, que el principal problema del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA; Nouveau Parti Anticapitaliste) en Francia fue la aparición de los proyectos reformistas de Jean-Luc Mélenchon y la incapacidad del NPA para relacionarse adecuadamente con este nuevo fenómeno.
Sin embargo, si Choonara tiene razón en cuanto a la persistencia del reformismo, que puede continuar incluso cuando el sistema capitalista se enfrenta a una profunda crisis, entonces seguramente los diversos tipos de ideas reformistas sean un primer paso para muchas personas que se radicalizan. Es probable que de estos procesos surjan partidos en los que las ideas reformistas y centristas sean influyentes, o incluso dominantes.
Para Choonara, las traiciones a las promesas de Syriza y Podemos parecen ser la prueba de que los revolucionarios se equivocaron al intentar trabajar dentro de tales formaciones. Sin embargo, los marxistas pueden entender que la traición es inherente al reformismo y apreciar el poderoso efecto de lo que León Trotsky denominó una «ilusión creativa» (en este caso, la ilusión de que cambiar la sociedad puede ser tan fácil como que un partido reformista de masas gane una mayoría parlamentaria) a la hora de atraer a la gente a la actividad política[11]Para un esclarecedor compromiso con la noción de «ilusión creativa», en particular en relación con el apoyo del Partido Socialista de los Trabajadores estadounidense a la llamada Enmienda Ludlow … Seguir leyendo. La cuestión es si los marxistas pueden participar de una manera basada en principios en estos partidos y crecer, cualitativa y cuantitativamente, a partir de su experiencia dentro de ellos.
La experiencia de Anticapitalistas, un grupo vinculado a la IV Internacional en el Estado español, apunta a las posibilidades. Su decisión de ayudar a fundar la formación de izquierda radical Podemos fue audaz. Sin embargo, Anticapitalistas abandonó correctamente Podemos cuando el partido entró en un gobierno capitalista con la organización socialdemócrata tradicional del Estado español, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Como la propia Anticapitalistas admite, cometió errores en el camino, principalmente el error de subestimar el potencial de la rápida «bonapartización» de Podemos bajo el líder Pablo Iglesias a través de los medios de comunicación[12]Garí, 2020.. Sin embargo, Anticapitalistas creció numéricamente, en perfil público, en su trabajo juvenil y en cuadros experimentados durante el proceso.
En cierto sentido, el corbynismo fue un fenómeno exclusivamente británico, ya que la búsqueda de una alternativa de izquierdas por parte de nuevas capas de socialistas tuvo lugar a través del laborismo, un partido socialdemócrata tradicional. Sin embargo, fue una expresión nacional aún particular de un proceso generalizado: un intento de formar instrumentos políticos al servicio de los intereses de la clase trabajadora. Se trata de un proceso que adopta formas diferentes en los distintos países, reflejando a menudo las peculiaridades de sus sistemas electorales y sus tradiciones políticas nacionales.
Las nuevas formaciones de izquierdas semimasivas -desde los Socialistas Democráticos de América en Estados Unidos hasta Die Linke («La Izquierda») en Alemania, y desde la Alianza Roji Verde en Dinamarca hasta el Partido Socialismo y Libertad (conocido como PSOL; Partido Socialismo e Liberdade) en Brasil- tienen diferentes puntos fuertes y débiles. Ninguno de ellos es un partido revolucionario. Sin embargo, en general, son partidos en los que los revolucionarios deberían participar al tiempo que intentan construir organizaciones marxistas, tanto de forma independiente como a través de este trabajo en una formación más amplia.
Por cierto, en todos estos partidos operan múltiples tendencias. Choonara, reflejando aparentemente la oposición tradicional del Socialist Workers Party a las «facciones permanentes» (lo que aparentemente significa facciones que duran más de los tres meses anteriores a la conferencia anual del partido) parece considerar esto como algo negativo. Sin embargo, es absolutamente inevitable que existan diferentes tendencias de opinión dentro de los partidos genuinamente amplios. Si estas diferentes tendencias no se facilitan a través de una expresión política organizada -redes, caucus o plataformas- se expresarán de formas mucho menos saludables: camarillas y agrupaciones de liderazgo.
La independencia de los revolucionarios
El artículo de Choonara lleva implícita la sugerencia de que, para construir una organización revolucionaria, (casi siempre) es necesario organizarse al margen de cualquier partido amplio no revolucionario. Sin embargo, ¿por qué debería ser así?
Es claramente necesario que los revolucionarios seamos políticamente independientes de las formaciones no revolucionarias. Es necesario tener nuestras propias estructuras, dentro de las cuales los revolucionarios podamos discutir entre nosotros sobre la base de una concepción marxista común del mundo y de planteamientos estratégicos amplios compartidos. Es necesario tener una dinámica propia de formación política y tratar de formar cuadros marxistas. También es necesario tener la capacidad de intervenir enérgica e independientemente cuando la situación lo exija.
Sin embargo, los revolucionarios pueden hacer todas estas cosas sin dejar de ser miembros de partidos más amplios. Esto depende de las circunstancias. En los Democratic Socialists of America (DSA), esto se hace en forma de un grupo como Reform and Revolution[13]Véase https://reformandrevolution.org. En People Before Profit se hace en forma de redes como RISE y la Red de Trabajadores Socialistas. En el Partido Laborista británico, durante la década de 1980, fue la Militant Tendency, que declaró públicamente que sólo era un periódico, aunque todos sus miembros y oponentes sabían que era una organización revolucionaria.
No se trata de escurrir el bulto, de decir que podemos comernos el pastel y tenerlo. Hay complicaciones. Hay tensiones. Hay presiones que se reflejan en un millón de cuestiones organizativas y tácticas diferentes.
Evidentemente, todos estos escenarios implican también prácticas diferentes. Formar parte de un partido socialdemócrata burocrático es fundamentalmente diferente de formar parte de una red dentro de un partido ecosocialista democrático como People Before Profit. El primero implica operar en un territorio claramente hostil; el segundo significa operar en un terreno amistoso, con mucho terreno compartido a través de las redes, la discusión abierta de la política y la construcción conjunta del proyecto.
En cualquier caso, se puede obtener el beneficio de nadar en una piscina más grande: aprender del acto de reconstruir políticamente el movimiento obrero y formarse como revolucionarios. Anteriormente, Alex Callinicos defendió precisamente este enfoque, afirmando: «Es correcto construir la izquierda radical sobre una base amplia y abierta, pero dentro de las formaciones resultantes los socialistas revolucionarios deben organizarse y luchar por sus propias políticas «[14]Callinicos, 2008..
Necesitamos partidos revolucionarios de masas. Sin embargo, no es una línea recta pasar de pequeños grupos de revolucionarios comprometidos a partidos de masas. En el proceso de desarrollo de una capa de vanguardia sustancial dentro de la clase obrera, es probable que se construyan nuevos partidos de izquierdas significativos. Dentro de estas organizaciones, las ideas reformistas tendrán probablemente una presencia considerable o incluso una gran preponderancia.
En muchos países, la lucha dentro de esos partidos más amplios, junto con la participación en los sindicatos y en movimientos sociales más amplios, será una parte importante de la construcción de partidos revolucionarios significativos. Dado el estado de crisis del capitalismo, en contraste con su periodo de auge tras la Segunda Guerra Mundial, estos partidos no serán formaciones estables como lo fue la socialdemocracia en el pasado. Las escisiones graves de estos partidos pueden proporcionar fuerzas importantes para la construcción de partidos revolucionarios de masas.
People before Profit
¿Qué lugar ocupa en todo esto la formación de la que formo parte, People Before Profit? Un artículo de John Molyneux de 2022, en el que se basa Choonara, es una descripción precisa del carácter actual de People Before Profit: una organización dirigida por revolucionarios y con una implantación modesta pero real en la clase obrera irlandesa[15]Molyneux, 2022..
Sería un error para los revolucionarios de People Before Profit asumir que estamos a salvo de la presión del reformismo porque la dirección está en manos de «revolucionarios declarados». La historia del movimiento socialista está plagada de experiencias de revolucionarios declarados que actúan como cualquier cosa menos como revolucionarios.
No hay duda de que People Before Profit experimenta la presión oportunista de la que advierte Choonara. Se produjeron agudos debates en el seno del grupo parlamentario y en la dirección en torno a la respuesta a la pandemia de Covid-19 y durante la fase inicial de la invasión rusa de Ucrania. El lema «Luchar por los trabajadores y el ecosocialismo» se adoptó tras un animado debate en la asamblea general anual de 2022. Comprometerse de forma popular pero basada en principios con el ánimo de un gobierno alternativo liderado por el Sinn Féin es el reto central al que nos enfrentamos hoy.
Sin embargo, en comparación con la mayoría de las amplias formaciones mencionadas anteriormente, People Before Profit ha adoptado posiciones de principios coherentes, informadas por el marxismo, sobre las cuestiones clave que han surgido, incluyendo, más recientemente, la embestida israelí contra Gaza.
Tal y como está constituida actualmente, People Before Profit no es una formación revolucionaria. Como organización, no educa conscientemente a la gente para que sea marxista; es más amplia que eso. Su vida interna no es la de un partido revolucionario; hace más hincapié en el activismo que en la educación, aunque este desequilibrio se compensa parcialmente con la presencia de las tres redes revolucionarias dentro del partido (la Red de Trabajadores Socialistas, RISE y la Red Roja).
El carácter futuro de People Before Profit es indeterminado y puede estar determinado por factores objetivos que escapan en gran medida a nuestro control. Actualmente, el espacio para un gran partido ecosocialista está restringido por la presencia del Sinn Féin, que es una fuerza parlamentaria dominante y se considera que lidera la oposición de izquierda al gobierno irlandés.
Si el Sinn Féin entra en el gobierno y luego, inevitablemente, traiciona a su base de simpatizantes limitándose a gestionar el capitalismo, podría abrirse un mayor espacio. Se nos podría presentar la posibilidad de un People Before Profit más amplio y mucho mayor, probablemente con un polo reformista organizado y coherente, o una iniciativa totalmente nueva con un ala reformista significativa.
People Before Profit no es un modelo que pueda exportarse sin más a escala internacional. Hay características particulares del panorama político irlandés y de la izquierda irlandesa que fueron condiciones necesarias para que la organización surgiera y se desarrollara hasta convertirse en lo que es actualmente. Entre ellas, el sistema electoral irlandés, basado en la representación proporcional, así como la debilidad histórica tanto del estalinismo como del Partido Laborista como corrientes políticas en Irlanda, y la presencia relativamente importante del trotskismo.
Sin embargo, hay algunas lecciones que viajarán bien. Una es la noción de que los revolucionarios deben comprometerse con el trabajo de masas de una manera basada en principios. La elección no tiene por qué ser entre la pureza revolucionaria aislada y el trabajo reformista de masas. Los revolucionarios pueden comprometerse en el trabajo de masas, tocando las vidas y las luchas de cientos de miles o millones de personas.
Los marxistas, tanto de la tradición del Comité por una Internacional de los Trabajadores como de la Tendencia Socialista Internacional, han dirigido repetidamente luchas de masas en Irlanda. Algunas de las más destacadas son: la exitosa lucha contra las tasas del agua en la década de 1990, que llevó a la elección en 1997 de Joe Higgins como TD (diputado) del Partido Socialista en el Dáil, demostrando al resto de la izquierda revolucionaria que el éxito electoral era posible; el Movimiento Irlandés contra la Guerra, dirigido principalmente por el Socialist Workers Party (la organización predecesora de la Red Socialista de los Trabajadores), que sacó a más de 100.000 personas a la calle el 15 de febrero de 2003; y el exitoso movimiento de masas, que comenzó en 2014, contra un renovado intento de imponer tasas sobre el agua, con repetidas movilizaciones de 100.000 personas y una tasa de impago del 73%.
Cada una de estas campañas de masas contribuyó a los avances electorales de la izquierda socialista. A su vez, los cargos parlamentarios se utilizaron de forma extremadamente eficaz para ayudar a organizar estos movimientos. En la práctica, la lucha extraparlamentaria de masas dirigida por la izquierda revolucionaria tuvo una relación simbiótica con nuestras campañas electorales, en lugar de que ambas fueran opuestas.
Por supuesto, estas campañas, y el trabajo electoral que las ha acompañado, han creado presiones reales. Durante los debates en el seno del Partido Socialista que desembocaron en la formación de RISE, la dirección del Partido Socialista argumentó que el exceso de trabajo de masas había provocado una pérdida de concentración en la construcción de un partido revolucionario. Aunque esta apreciación tenía algo de verdad, subestimaba las consecuencias positivas del trabajo de masas, que ayudaba tanto a la reorganización de nuestra clase como a la formación de revolucionarios sobre cómo poner en práctica nuestras ideas.
Tras la lucha por el canon del agua, el Partido Socialista se retiró del trabajo de masas. De hecho, acabó con Solidarity, una formación más amplia, dirigida por el Partido Socialista, que tenía algunos paralelismos con People Before Profit. En cambio, la Red de Trabajadores Socialistas decidió seguir haciendo hincapié en la construcción de People Before Profit. En consecuencia, a pesar de que Solidarity (llamada Alianza Antiausteridad hasta 2017) tuvo un perfil más alto que People Before Profit durante el movimiento contra las tasas del agua, People Before Profit es ahora muy claramente la fuerza dominante en la izquierda radical irlandesa.
Rosa Luxemburgo argumentó:
El proletariado requiere un alto grado de educación política, conciencia de clase y organización. Todas estas condiciones no pueden ser cumplidas por panfletos y octavillas, sino sólo por la escuela política viva, por la lucha y en la lucha, en el curso continuo de la revolución[16]Luxemburgo, 1925..
Lo mismo se aplica a los marxistas. El trabajo de masas basado en principios es una parte indispensable del desarrollo de cuadros revolucionarios. Debe ir unido a la educación marxista y a la discusión interna democrática.
Los revolucionarios deben actuar como revolucionarios
Otra lección es que los revolucionarios tienen que actuar como revolucionarios. Por supuesto, la presión para no hacerlo es grande. Sólo puedo imaginar la presión para presentar políticas reformistas que pesa sobre los miembros de Die Linke en el parlamento alemán. Sin embargo, estas presiones no sólo se ejercen en los partidos más amplios y en los cargos electos. Cualquier trabajo de masas serio fuera de los momentos revolucionarios conlleva importantes presiones hacia el oportunismo. El marxista más audaz en las reuniones de rama de su grupo revolucionario puede parecer un reformista de pacotilla cuando preside o habla en una iniciativa de frente único.
Por supuesto, como activistas a menudo llevamos diferentes sombreros. Podemos ser delegados sindicales y activistas sindicales, organizadores de campañas locales o representantes políticos de un partido más amplio. La forma concreta de presentar nuestros argumentos puede cambiar. Pero, fundamentalmente, como revolucionarios debemos actuar y hablar como revolucionarios. No podemos autocensurarnos y limitarnos al reformismo en ninguna de estas funciones. Por el contrario, en todas estas funciones, debemos tratar de elevar los horizontes de la gente hacia el reconocimiento de la necesidad de un cambio socialista.
No hacerlo no sólo es políticamente deshonesto, sino corrosivo. En última instancia, el ser social determina la conciencia; si tu vida activista implica exponer argumentos keynesianos, reformistas o pacifistas, es probable que te conviertas en un reformista a pesar de tu pertenencia a un partido revolucionario. Y lo que es más importante, los miembros del partido que te escuchen no estarán capacitados para exponer en público argumentos socialistas basados en principios.
El artículo de Choonara argumenta que los revolucionarios deben ser abiertos sobre su política socialista, pero también sugiere que deberían presentarse a las elecciones con un «‘programa mínimo’, abogando por la lucha obrera de masas para lograr reformas de gran alcance que empiecen a empujar contra la lógica del sistema capitalista»[17]Choonara, 2023..
Tal vez se trate sólo de una diferencia semántica, pero yo diría que los revolucionarios deberían tratar de presentarse con un programa socialista. Esto incluiría tanto elementos de un «programa mínimo» -un salario mínimo más alto, mayores impuestos a las empresas, derogación de las leyes antisindicales, etc.- como demandas transitorias que no se limiten a oponerse a la lógica del sistema capitalista, sino que vayan más allá e impliquen la defensa abierta y la popularización del cambio socialista. Éstas podrían incluir la propiedad pública democrática de los sectores clave de la economía y la retirada de alianzas imperialistas como la OTAN.
Los revolucionarios y el corbynismo
Por último, haré algunos comentarios sobre el Corbynismo, aunque los hago reconociendo mi distancia con el tema. El corbynismo fue sin duda un fenómeno apasionante. Literalmente, cientos de miles de personas, predominantemente jóvenes de izquierdas, se afiliaron al Partido Laborista para apoyar a Corbyn, y una minoría de ellos se convirtieron en activistas[18]Whiteley, Poletti y otros, 2019.. Decenas de miles de personas asistieron a mítines en apoyo de las campañas electorales de Corbyn, y se llenaron las sedes laboristas.
Si alguien pensó que esto era principalmente un espectáculo secundario de los movimientos sociales y las luchas industriales que tenían lugar fuera del Partido Laborista, es justo decir que la clase dirigente política y económica de Gran Bretaña pensó en ello de manera muy diferente. Esa clase dirigente emprendió una guerra sin cuartel para socavar y, en última instancia, derrocar a Corbyn. La debilidad de la política reformista de Corbyn, y la política reformista de quienes le rodeaban, contribuyeron significativamente a su propia caída.
Si hubiera sido posible que los socialistas revolucionarios se unieran al Partido Laborista en el momento del aumento de la afiliación de Corbyn, ¿no deberían haber aprovechado esa oportunidad? Podrían haber defendido a Corbyn de la derecha del partido señalando las limitaciones de su política, tanto su reformismo como su incapacidad para desafiar decisivamente al ala derecha del Partido Laborista. Podrían haber orientado a los nuevos miembros del laborismo hacia la participación en la lucha fuera del partido, así como en la lucha dentro de él.
Choonara apunta correctamente que no ha habido «una ruptura substancial significativa con el laborismo siguiendo al Corbynismo»[19]Choonara, 2023, p49.. Sin embargo, los cientos de miles de personas que se afiliaron al Partido Laborista para apoyar la visión radical de Corbyn se han visto profundamente desencantados por la contrarrevolución dirigida por el actual líder del partido, Keir Starmer. De hecho, parece ser que un gran número de personas han abandonado el Partido Laborista[20]En agosto de 2023, The Independent informó de que el Partido Laborista había perdido 125.000 afiliados desde las últimas elecciones generales; véase Stone, 2023..
Sin embargo, Choonara trata la perspectiva de que Corbyn rompa con el Partido Laborista como un asunto sin importancia considerable. Su consejo es que los revolucionarios deberían «ofrecer apoyo y hacer campaña por candidatos creíbles de izquierdas como un destacamento independiente de socialistas revolucionarios, no con el objetivo principal de formar una organización común con reformistas dirigida principalmente al trabajo electoral»[21]Choonara, 2023, p77..
Advierte del peligro de que el trabajo electoral serio se convierta en un sustituto de «otras formas importantes de actividad, en particular el desarrollo de iniciativas embrionarias de las bases en el movimiento huelguístico y la lucha contra la amenaza del racismo y la extrema derecha»[22]Choonara, 2023, p77.. ¿No es ésta una falsa contraposición?
Si una ruptura con el laborismo liderada por Corbyn tuviera éxito electoral, esto probablemente daría un impulso a los movimientos sindicales y sociales, con un aumento de la confianza que los estimularía. Crucialmente, para los marxistas, permitiría el compromiso directo y el trabajo conjunto en un partido común con miles, si no decenas de miles de activistas de izquierdas. Sería una oportunidad para demostrar en la práctica la superioridad de las ideas revolucionarias sobre el reformismo.
Por supuesto, habría sido mucho mejor que Corbyn hubiera dado ese paso en muchos momentos diferentes de los últimos cuatro años. Sin embargo, si Corbyn está dispuesto a lanzar un partido independiente y a hacer campaña con otros antes de las próximas elecciones, sería una perspectiva realmente emocionante. Sería algo más que un mero proyecto electoral; quizás también podría ser un espacio para decenas de miles de personas que se politizaron por el fenómeno Corbyn, permitiéndoles reagruparse, seguir activos y aprender.
Si los revolucionarios tienen la oportunidad de estar en la planta baja, con derecho a mantener su organización y sus publicaciones y a defender su política, ¿no tendría sentido hacerlo? Es difícil evitar pensar que después de haberse quemado con la experiencia de trabajar con George Galloway en el malogrado partido Respect, la dirección del Partido Socialista de los Trabajadores corre el riesgo de perder una oportunidad.
Sin embargo, Corbyn, a pesar de todos sus defectos, no es Galloway. Su política reformista de izquierdas es coherente y tiene un largo historial de oposición a la opresión. Eso no quiere decir que no habría tensiones y conflictos con Corbyn en un partido conjunto. Esas fisuras estarían enraizadas en la diferencia entre las estrategias de reforma y revolución y en la naturaleza en crisis del capitalismo en su declive hacia la barbarie.
Un proyecto así conllevaría peligros para cualquier fuerza revolucionaria implicada. Sin duda, sería más sencillo seguir construyendo un partido revolucionario independiente. No obstante, si queremos conseguir reunir las fuerzas marxistas capacitadas necesarias para derrocar al capitalismo, tendremos que ser capaces de navegar por estas aguas traicioneras. Tenemos que reunir organizaciones capaces de participar en partidos amplios y en un trabajo electoral serio, y al mismo tiempo resistir las presiones oportunistas que conllevan.
Whiteley, Paul, Monica Poletti, Paul Webb and Tim Bale, 2019, “Oh Jeremy Corbyn! Why Did Labour Party Membership Soar After the 2015 General Election?”, British Journal of Politics and International Relations, volume 21, issue 1, https://doi.org/10.1177/1369148118815408
Durante este debate, Murray Smith, miembro clave del Partido Socialista Escocés, restó constantemente importancia a la distinción entre revolucionarios y reformistas. Argumentó, por ejemplo, en contra de la idea de una «polarización inevitable entre revolucionarios y reformistas» dentro de los partidos amplios. Véase Smith, 2004.
Para más información sobre el concepto de «doble tarea», véase Ní Cheallaigh y Murphy, 2020; MORE: Marxists Organising for Revolutionary Ecosocialism, 2023.
Syriza obtuvo un 4,6 por ciento en las elecciones legislativas de octubre de 2009. Aumentó al 16,8 por ciento en mayo de 2012 y al 36,3 por ciento en las elecciones de enero de 2015, tras las cuales Syriza formó gobierno.
Para un esclarecedor compromiso con la noción de «ilusión creativa», en particular en relación con el apoyo del Partido Socialista de los Trabajadores estadounidense a la llamada Enmienda Ludlow (que habría hecho depender cualquier declaración de guerra por parte del Congreso de un referéndum nacional), véase Breitman, 1975.
En agosto de 2023, The Independent informó de que el Partido Laborista había perdido 125.000 afiliados desde las últimas elecciones generales; véase Stone, 2023.
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Con la participación de más de 60 académicos, escritores, editores, periodistas, activistas y militantes políticos de todo el mundo, quienes hablarán desde más de 20 ciudades, las Jornadas Leninistas buscan honrar a Lenin en el centenario de su muerte.
El evento, de carácter libre y gratuito, tendrá lugar desde el 27 de enero hasta el 25 de mayo de 2024, en modalidad presencial y virtual. En leninistdays.com se encuentra disponible el programa y ya están abiertas las inscripciones para asistir a las distintas actividades (conferencias magistrales, mesas redondas, conversaciones, lanzamientos y presentaciones de libros, etcétera).
Organizado y patrocinado por Communis Press (Nueva York), Historical Materialism (Londres), Cátedra Gramsci-ICIC Juan Marinello (La Habana), Jacobin América Latina y Viento Sur (Madrid).
Programa, cronograma, sedes e inscripciones en leninistdays.com.
A cien años de la muerte de Lenin, nos seguimos haciendo la pregunta que no dejó de hacerse él mismo en cada cambiante coyuntura y cuyas respuestas —en ejercicio permanente de re-unión de teoría y práctica, filosofía y revolución, economía y política, arte y vida, posibilidad y necesidad, pensamiento y acción—, por diversas y no menos cambiantes que hayan sido, no apuntan a una mera voluntad de adaptación o perseverancia, y menos aún a una falta de principios, sino a la consecuencia dialéctica de una postura y una línea en constante diálogo con un presente inseparable del futuro por el que no se deja de apostar.
Esa pregunta, qué hacer, nos exige hoy no sólo respuestas tan urgentes y diversas como las múltiples y superpuestas crisis que atravesamos y los no menos múltiples y diversos desafíos que de ellas se derivan—de la crisis climática a la crisis misma de nuestra condición como seres deseosos de alcanzar nuestra humanidad plena en un mundo de libertad, justicia y fraternidad incondicionales, verdaderas—, sino también capaces de confluir en una estrategia revolucionaria global que aúne todas las fuerzas y recursos necesarios para que el cambio emancipatorio sea una de vez por todas no sólo posible sino inevitable.
Jornadas Leninistas quisiera prefigurar ese haz de respuestas y esa capacidad para articularlas en una visión viva y movilizadora del futuro radicalmente nuevo de que todavía somos portadores. Tal vez sea esa la mejor —si no la única— manera de ser leninistas como el propio Lenin lo habría podido ser hoy, de seguir dando la pelea —sin Lenin— con él.
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Este artículo pretende aunar algunas de las herramientas más interesantes que Benjamin nos da para pensar el presente. Es un intento difícil. Alguna vez he oído la definición del mismo como‘’el marxista más singular del Siglo XX’’y es una cita con la que estoy de acuerdo. Benjamin es singular, interesante, llamativo, misterioso y fresco, su aproximación es todo lo contrario a una fosilización, no pretende hacer arqueología, sinoanatomía. No es de extrañar, de hecho, que Bensaïd se sintiera atraído por él. Es un renovador en la investigación de la ‘’vida inauténtica’’ junto con Adorno y Marcuse, sin embargo, dice Jameson, su especificidad se debe a que es el único que también quiere salvar su vida.
Mi forma de ver la obra de Benjamin se basa en mi lectura de sus textos pero también en tres autores que determinan cómo le he leído: Mario Tronti, Daniel Bensaïd y Fredric Jameson. Me dejaré fuera elementos importantes debido a la extensión.
El alemán se impone una primera tarea: realizar una reconstrucción positiva del mundo. Es, en realidad, lo que subyace a casi todo el pensamiento de toda la Escuela de Frankfurt, como Engels propone en el Anti-Dühring, conseguir una concepción del mundo que nos permita negarlo. A la hora que sus ojos se giran a ello se topa con una pieza clave:la experiencia. Más bien, incluso,la pobreza de experiencia.
Benjamin lee a Freud y ve en él la expresión de esta, para Freud la consciencia es una defensa contra el medio externo, de sus golpes y conmociones, y algunas de las experiencias‘’patológicas’’son conmociones no asimiladas que tratan de llegar a ella, es decir, la consciencia amortigua el exterior contra el inconsciente. Él convierte esto en una descripción histórica. En nuestra forma de experimentar el mundo se da una mediación constante que ha dejado de ser personal, más bien han pasado a ser mediaciones realizadas por las tecnologías y los objetos. Quizá debido al gran número de conmociones que se dan en nuestra sociedad los métodos de aplacamiento están más presentes que nunca. Él lo explica aduciendo a como la mediación de los periódicos entre nosotres y los hechos actúa como esa forma de aplacamiento. En cierta medida hoy tenemos un ejemplo mejor, las imágenes de Gaza son terribles, de una crudeza casi inasumible, sin embargo las redes y la forma de ‘’genocidio televisado’’, además de otras de forma colateral, actúan como parachoques de la conmoción que pudieran generar los sucesos.
Es común ver noticias rápidas, ver como la televisión iguala todo lo que sale de ella, como las redes, la pantalla y todo lo que experimentamos en ella son asociadas a momentos en los que consumir en paz. Estas herramientas empobrecen nuestra forma de experimentar un genocidio televisado. La televisión, las redes, el teléfono móvil están marcados y son expresiones concretas del modo de producción o, y en cierta forma mejor, la forma de reproducción social en nuestras sociedades que impregnan el tiempo libre. Esto implica que nuestras formas de vivir estas imágenes están mediadas y amortiguadas por estas como expresión de nuestro tiempo libre, un tiempo alienado, que nos obliga a vivir esas imágenes como expresión de esa mutilación. Esto deriva en una insensibilización hacia esas imágenes en algunos casos y en otros como forma más explícita de impotencia y parálisis. Como un agente extraño que hace saltar una reacción alérgica del sistema inmunológico de ese tiempo libre.
Benjamin cree que en el capitalismo las mercancías y los elementos culturales condensan sus propias dinámicas, su propia historia que es en sí una historia particular. Por eso las imágenes del genocidio en Palestina hoy expresan una pobreza que no expresarían de otra forma, las imágenes son siempre reflejo sobre y a la vez reflejo de, son un reflejo de esas imágenes mediado por la mercancía y la cultura con sus lógicas internas que responden a cierta forma de fetichismo. Ver las imágenes de Palestina implica ver elreflejo deesas imágenes deformadosobrela mercancía.
Realmente esto no implica que haya una vida inauténtica en singular, más bien existe ‘’una forma de vida inauténtica’’ que es aquella marcada por la alienación. Nuestro presente, realidad o tiempo siempre es alegórico, siempre es ‘’reflejo de’’. Es ahí donde se expresa la mutilación.
Laalegoría,a la que Jameson le otorga una importancia especial a la hora de hablar de la vida inauténtica en Benjamin, es la expresión de esa forma inauténtica sin significado por sí misma, es decir, es la forma más común en la que se siente la alienación; es decir, la esencia de la alegoría y de una vida ‘’alegórica’’ es que carece de significado por sí misma. La alegoría siempre es el reflejo petrificado de otra imagen cuyo significado sin ella se desdibuja.
Esto posee sus reflejos en la política. Fundamentalmente al considerar los tiempos en los que esta se desarrolla. Aquí está la principal atracción de Bensaïd hacia Benjamin, en un momento en el que la llegada del comunismo era obra providencial del futuro -incluso con algunas fechas para esta llegada-, Benjamin se propuso realizar una recuperación de aquello que se nos había arrebatado, el presente.
Antes he señalado algunas expresiones en las que se puede reflejar esta desposesión, en cierta forma para él la expresión fundamental de esto se encuentra en el propio reformismo: el reformismo ha conseguido aunar la destrucción de dos formas de tiempo, el pasado y el presente. Ha destruido el presente que ha hipotecado al desarrollo progresivo de una sociedad justa que está por llegar con la marcha imparable del progreso. De la misma manera ha cortado nuestro cordón umbilical con el pasado en su forma de conciliación de clase. Como bien dice Tronti: el principal fermento de la política emancipadora es elodio de clase-En palabras del pensador alemán‘’en esta escuela la clase obrera ha desaprendido lo mejor que tenía: el odio’’–.Es decir, el conflicto con la clase dominante. Esto es una idea fundamental de Benjamin: la política comunista no se nutre de un futuro posible, sino de la memoria de los antepasados vencidos. El futuro ejerce principalmente la desembocadura de un conflicto, el futuro es la redención del pasado de los vencidos, cuya memoria y experiencia aviva la lucha.
Por esto el tiempo lineal del reformismo es un tiempo de los vencedores, porque olvida elodio de clase(la memoria de los vencidos) como motor de la política del presente para disputar ese futuro. Esto es fundamental, hemos hablado de lo que alienta la política pero también esta se desarrolla fundamentalmente en el presente. Hoy la mayoría de militantes jóvenes nos sentimos atraídes por los tiempos diferentes de la teoría con respecto a la política -y me incluyo aquí-, en la maquinación de las transformaciones, de las negaciones, en la elucubración del proyecto a través de la crítica y creo que aquí se desarrolla en alguna medida la alienación de la que hablamos. Mario Tronti resume con estilo esta alienación:una enfermedad del tiempo, consistente en estar constantemente viviendo en un futuro presente. De esta forma podemos ver que nuestro presente es un presente alegórico porque no posee interés por sí mismo, el presente sólo tiene significado en cuanto potencial de futuro, su significado está condicionado por él. Al igual que en la alegoría al descifrar la imagen que esconde revela su significado e implica su agotamiento, agotar el presente consiste en plantear su forma futura, carece de más consistencia. Esta primacía no puede ser otra cosa que una negación de la vida donde el presente (lo que es) tiene sentido sólo como continente del futuro (lo que no es). Ahora bien, es fundamental para superar esto la concepción de Benjamin:‘’es grande solo aquel movimiento capaz de traducir la fuerza de los contenidos del pasado en lo que está por venir pero siempre, siempre, siempre contra el presente.’’
La XVII Tesis de Benjamin reconstruye esta idea de vivificación del presente:‘’En realidad no hay un solo momento que no porte en sí su propia oportunidad revolucionaria’’más tarde, dice, lo crucial es tener la capacidad de reconocerlas y tomarlas. Es a aquello que Blanqui se refería con‘’las bifurcaciones de la historia’’-no en vano Benjamin sentía fascinación por Blanqui-. Esto implica un salto del tigre hacia elahora. La función es ese desciframiento y organización del presente, la primacía de este. Lo que quiere decir que la política no se refiere a esperar las expresiones de esas ‘’bifurcaciones’’, las señales del ‘’acontecimiento’’. Las señalessonel acontecimiento.
Lo que subyace es que el desarrollo de la sociedad corre en paralelo al desarrollo de los medios para negarla. Porque fundamentalmente este análisis del presente y la acción política es una interpretación dialéctica tal como la define en El libro de los pasajes como‘’ambigüedad en reposo.’’La realidad es constante movimiento, expresar un momento del movimiento constante implica necesariamente una fotografía ambigua, difusa, que capta el movimiento y no formas fijas y solidificadas.
Este es el principal atractivo de la política en Benjamin: la redención del sufrimiento y la opresión en el futuro sólo puede darse en una práctica centrada en y contra el presente como tiempo predilecto de la política. Una política de conflicto, una teoría que sea útil a la práctica que vea en la observación de la alienación y el aprisionamiento de la vida las formas de salvarla. Hay que desarrollar una política del atardecer.