Michèle Krivine, de soltera Martinet, esposa de Alain Krivine, fue militante de la Jeunesse communiste révolutionnaire, luego de la Ligue communiste y de la Ligue communiste révolutionnaire
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e querido abrir este homenaje a Alain con un preludio de Bach interpretado por Rostropovitch, porque él amaba la música clásica y, en particular, los instrumentos de cuerda. Un hermano que tocaba muy bien el violín y una familia muy amante de la música explican que la música clásica formara parte de su vida cotidiana.
A Alain lo conocí por primera vez en el verano de 1955. Yo estaba a punto de cumplir 13 años, él acababa de cumplir 14. Unos amigos comunistas de mis padres, en cuya casa íbamos a pasar el fin de semana, les habían pedido que llevaran a su pequeño vecino en coche. Cuando vi al pequeño vecino me emocioné mucho porque era un niño muy bonito.
Pero lo único que le interesaba era discutir de política con mi padre. El único recuerdo concreto que tengo es que se trataba de la guerra de Indochina y del tráfico de piastras. No sé si muchos de los presentes recuerdan lo que era el comercio de piastras, pero Alain, sabiendo que mi padre lo había denunciado en France Observateur, quiso saberlo todo.
Como joven militante de los Vaillants y luego de las Juventudes Comunistas, ya era totalmente adicto a la política.
Por otro lado, no mostró ningún interés en mí. Esta fue mi primera desilusión.
En 1961, me uní al Front universitaire antifasciste, creado contra la OAS y del que Alain era uno de los líderes, lo que le valió un plasticage. El pequeño estalinista de 1955 se había convertido en un trotskista convencido, pero seguía militando en el PCF y en la UEC.
Nos casamos al año siguiente, en 1962, yo con autorización paterna. Eso fue hace 60 años. Una larga compañía que llega a su fin.
Los años 60 fueron, obviamente, una década muy emocionante.
Éramos estudiantes de historia en la Sorbona, totalmente despreocupados por nuestro futuro profesional, como todos los de nuestra generación.
Estábamos en la edad en que se forjan las amistades más duraderas.
Éramos militantes de la Unión de Estudiantes Comunistas, convencidos de que, luchando contra su dirección, entonces muy estalinista, haríamos temblar el edificio,
No agitamos mucho porque fuimos excluidos en un congreso en el que Roland Leroy pronunció un discurso muy violento contra nuestras desviaciones.
Porque más allá de la negativa a votar a Mitterrand en 1965, que en su momento, hay que recordarlo, evocó sus posiciones poco gloriosas sobre la guerra de Argelia, fueron todas las críticas a la Unión Soviética las que el Partido Comunista no pudo tolerar.
En medio de un silencio sepulcral, uno de nuestros camaradas salvó el honor diciéndole: «Roland, tu discurso ha sido tan bonito como un tanque soviético frente a Budapest».
Reconstruyo el ambiente de la época.
A los comunistas aquí presentes, a los que saludo, no les importará que recuerde este episodio. El tiempo pasó y validó nuestras críticas y análisis del estalinismo.
Luego vinieron las manifestaciones contra la guerra de Vietnam y, por supuesto, mayo del 68.
No me detendré en mayo del 68. Todo el mundo sabe que Alain estaba totalmente comprometido. Voy a citar una frase suya que fue la brújula de toda su vida militante:
«Mayo del 68 nos enseñó que podíamos romper los grilletes y nos permitió vislumbrar el potencial de organización de la sociedad por parte de los que hacen el trabajo pero no tienen poder de decisión”.
Pagó su compromiso pasando un mes en la cárcel de La Santé en condiciones que, hay que reconocerlo, eran bastante cómodas.
Luego, liberado, fue directamente al servicio militar en Verdún y luego directamente a las elecciones presidenciales de 1969.
Su escasa puntuación me hizo ver que no habría un futuro inmediato.
Pero no le afectó porque recuerda que era la época de las «elecciones trampa para idiotas».
En las elecciones de 1974, Arlette se impuso.
Cuando vio las representaciones televisivas de sus campañas, dijo con humor: «Vaya, debía de dar mucho miedo».
Compartir la vida de Alain durante 60 años implicaba que tenía algunas virtudes.
En primer lugar, era increíblemente optimista. Creo recordar que Gramsci dijo: «Hay que combinar el optimismo de la voluntad con el pesimismo de la razón». En cuanto al optimismo de la voluntad, a Alain no le faltaba. Participó en todas las batallas, con éxito o sin él. Si hay un deporte que practicaba, era la marcha. Recorrió las calles por mil causas nacionales e internacionales. Recuerdo una: le gustaba recordar que fue el único político presente en el primer desfile del orgullo gay a principios de los años 80. Y nos hacía reír cuando relataba, con el ceño medio fruncido, las reflexiones escuchadas en el camino: «¡Así que él también está en esto! No lo hubiéramos creído».
Por otra parte, el pesimismo de la razón no era realmente natural para él. Tenía una visión algo eufórica de las luchas en curso, una capacidad para olvidar rápidamente los fracasos.
Pero dada la evolución del mundo actual, que él consideraba mucho más duro que en 1968, creo que para aguantar como lo hizo, tuvo que prevalecer el optimismo de la voluntad.
Vivir con un optimista cuando uno mismo no es siempre optimista es un verdadero privilegio. Me enseñó a relativizar lo que no era importante y a afrontar los momentos difíciles con valor.
Y hasta el final mantuvo este optimismo a pesar de la sucesión de enfermedades que no le han perdonado en los últimos años. Nos decía: «No os preocupéis, estaré bien».
Otra agradable cualidad de Alain era que era feminista tanto en sus creencias como en su comportamiento.
Esta es una marca registrada de todos los Krivines, tanto de sus hermanos como de los hombres de la segunda y tercera generación.
Más allá de las convicciones, ¿a qué se debe esto?
A la hermosa persona que fue su madre Esther, sin duda.
A la personalidad de sus compañeros.
Y para Alain, a un entorno femenino que le venía muy bien: 2 hijas y 2 nietas de fuerte carácter.
Por último, en su vida personal, Alain era un hombre tolerante, benévolo y muy amable.
En primer lugar, fue tolerante conmigo, que, por decirlo brevemente, me había convertido más en un Jaurès que en un Lenin. Esto nunca le supuso ningún problema. Los acuerdos y desacuerdos tenían la ventaja de animar nuestra vida cotidiana.
Fue benévolo con sus antiguos y numerosos camaradas que, por cansancio o divergencia, abandonaron sus organizaciones. Los que eran sus amigos siguieron siendo sus amigos.
¿También era genial en su vida de militante? Eso espero. Pero teniendo en cuenta los encarnizados debates por los que son famosas sus organizaciones, no debe haber sido tan fácil.
Entonces, ¿se arrepiente de algo? El activismo consume tanto tiempo que deja poco espacio para los placeres y la ligereza de la vida. Entre reunión y reunión, siempre se puede encajar la música y el cine. Pero la literatura, el teatro y las exposiciones se sacrifican a menudo.
¿Se ha perdido? A veces sí, pero no muy a menudo.
Llevaba la vida que quería. La de un activista hasta el final de sus posibilidades.
Afortunadamente, las vacaciones pagadas existen. Cuando estaba de vacaciones, Alain sabía desconectar por completo.
Para terminar, me gustaría agradecer a todos los que estuvieron tan presentes con nosotros cuando su salud se estaba deteriorando.
Todos los que están hoy aquí para rendirle homenaje.
Todos los que me han inundado de mensajes cariñosos desde su muerte con las mismas palabras que se repiten: humanidad, empatía, benevolencia, sencillez, humor, desinterés.
Me detengo aquí porque roza el culto a la personalidad, algo que a él no le habría gustado.
Espero que todos los que le querían le recuerden como un hombre de gran integridad.
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En la reciente reunión de primavera el FMI ha recalculado a la baja sus pronósticos de crecimiento de la economía mundial. Tanto los nuevos brotes de la pandemia en China, como la guerra que se prolonga más de lo pensado sustentan esas proyecciones poco alentadoras.
En su informe Perspectivas Económicas Mundiales asegura que “La guerra se suma a una serie de shocks de oferta que han golpeado la economía mundial en años recientes y sus efectos se propagarán a lo largo y ancho del mundo”. Proyecta que el crecimiento mundial se desacelere del 6,1% en 2021 a 3,6% en 2022 y 2023, para continuar con un 3.3% en los años siguientes. Una menor demanda China por efectos del rebrote del coronavirus; alzas de las tasas de interés y cambios en las políticas fiscales de los países (de expansivas a contractivas) están en la base de esta desaceleración. El encarecimiento de las materias primas y los productos energéticos por reducción de la oferta (Rusia es gran proveedora de gas, petróleo y metales y con Ucrania de trigo y maíz); los desequilibrios fiscales producto de la pandemia; el alza de los fletes; problemas en la logística, todo presiona sobre los precios proyectando una inflación para este año del 5,7% en las economías avanzadas y del 8,7% en las economías de mercado emergentes y en desarrollo. Todos porcentuales sin precedentes a nivel mundial desde 1995.
El alza de las tasas en EEUU, la FED acaba de hacer la mayor suba en 22 años, reorienta los flujos financieros que impulsan devaluaciones y ponen en dificultades a países fuertemente endeudados, el impago en que entró Sri Lanka en estos días hace temer una cadena de defaults. Mientras, los analistas financieros se preguntan en qué momento se dará la“inversión de la curva, cuando las tasas de los bonos cortos supera a la de los largos, lo que técnicamente se considera una señal del pasaje de una desaceleración a una recesión.
Desde hace décadas la energía ha sido el factor integrador que mantenía el statu quo entre Rusia y la UE. Cuando se está ingresando en lo que podríamos considera como “la guerra por otros medios”, este mecanismo está ahora siendo cuestionado.
No bien iniciado el conflicto comenzaron también las sanciones a Rusia -financieras, culturales, deportivas, fundamentalmente económicas- impulsadas por EEUU y Europa. Fueron creciendo a medida que la guerra escalaba. Ahora frente a la posibilidad que Rusia anexe el Donbás y toda la zona costera hasta Crimea los europeos, como respuesta, comienzan a debatir como salir de la dependencia de los hidrocarburos. El embargo petrolero para “romper con la maquinaria de guerra rusa”, es la propuesta que gana adeptos, los países dejarían de comprar petróleo ruso en 6 meses y en 8 otros productos refinados (Hungría, Eslovaquia y algún otro país del Este serían exceptuados o lo harían más adelante por su fuerte dependencia). En lo que respecta al gas se piensa en importar masivamente gas natural licuado (GNL) de Argelia, Qatar y EEUU, para lo que deben montarse plantas regasificadoras. Se abre también una posibilidad para Argentina, sus reservas de shal gas son las segundas del mundo y Alemania acaba de ofrecer financiamiento a cambio de un programa de suministros, el presidente Fernández viaja esta semana a Europa especialmente invitado para analizar la participación del país en la crisis energética. Al mismo tiempo que hay nuevos gasoductos a ser inaugurados desde Noruega, abastecería a Polonia, y desde Grecia, para enviar fluido a los países balcánicos. Sin embargo adaptarse requiere tiempo y en lo inmediato si Rusia interrumpe los suministros en paralelo al embargo puede haber desabastecimiento energético. Esto es particularmente importante para Alemania que es la más expuesta, quien más consume del petróleo que importa la UE de Rusia, su competitividad internacional depende en mucho del fluido ruso. Por si algo faltara la secretaria del Tesoro de EEUU advirtió que si se concreta el embargo se desataría un shock de precios que impactará en todo el mundo y que en lo inmediato podría beneficiar a Rusia.
La centralidad energética es tan fuerte que Francia está regresando rápidamente a la energía nuclear, algo poco posible para Alemania que desactivó casi todas sus centrales, solo tiene tres en operación. Otros países tienen plantas nucleares suministradas por la ex URSS por lo que les será difícil conseguir repuestos para su mantenimiento. Paradojalmente, como con la vacunas contra el Covid 19, esta crisis podría acelerar la transición hacia las energías renovables, claro que el gran productor de partes e quipos a utilizar en la generación de energía solar y eólica es China, con lo que Europa correría el riesgo de cambiar una dependencia por otra.¡
Por otra parte las sanciones están afectando los movimientos financieros de Rusia (la Unión acaba de decidir la expulsión del sistema Swift del mayor banco ruso, el Sberbank). Sus exportaciones petroleras caerían unos 3 millones de barriles diarios según estima la AIE, deberá entonces buscar donde colocar sus excedentes energéticos para sostener su débil economía que depende de los ingresos de esas exportaciones. La India, gran comprador de petróleo ruso busca aprovechar las sanciones impuestas y exige un descuento de casi 40 dólares por barril, si esto se hiciera efectivo la república Popular podría pedir igualdad de condiciones.
Este año la economía Rusa se contraería entre un 8.5% y un 12% mientras que la inflación alcanzará al 17%, en tanto que China crecería solo un 4.7% frente al 8.1 del año pasado. No se descarta una recesión que golpeará fuerte en EEUU y en los países más desarrollados.
Así están las cosas en la guerra y las potencias en juego mueven sus piezas. La UE busca reducir la dependencia de Rusia, mientras que esta amenaza con cortar los suministros (los cortes de gas a Polonia y Bulgaria fueron solo una advertencia). El impacto será global y los europeos quienes más lo sufrirán.
Una guerra larga
Las últimas declaraciones de los presidentes de Rusia y EEUU constituyen una nueva escalada de la guerra pero al mismo tiempo parecieran destinadas a reordenar el contexto del conflicto. Vladimir Putin anunció el fin de la primera fase de la guerra y que ahora sus fuerzas se concentrarían en el sureste de Ucrania.
En su discurso en Varsovia Joe Biden definió que el conflicto había virado hacia una “Guerra Larga”. Poco después en una base militar estadounidense anunció nuevos envíos de armas pesadas, no solo defensivas, a Ucrania y empujó a hacer lo mismo a sus aliados europeos, incluso a la reticente Alemania. En estos días acaba de pedir autorización al Congreso para una partida de 33.000 millones de dólares, de los que 20.000 serán para ayuda militar y 10.000 para asistencia económica. En respuesta Putin “aconsejó no seguir desafiando nuestra paciencia”, volvió a bombardear Kiev y a hacer gala de su poderío nuclear con ensayos de lanzamientos electrónicos de misiles con esa carga, agregando que no permitirá ataques a objetivos rusos en su territorio, al mismo tiempo que advirtió sobre una posible III Guerra Mundial si continuaba el hostigamiento de occidente.
Llegó el esperado 9 de mayo, día en que se celebra la recuperacióm de Berlín por las tropas de la URSS y el triunfo sobre el nazismo. Putin no anunció una declaración de guerra explícita a Ucrania ni tampoco convocó a sus reservistas para engrosar su ejército como esperaban EEUU y el Reino Unido que llevan adelante una “guerra por intermediarios”, por el contrario solo reiteró sus argumentos originales. Es que Putin no estaría interesado en prolongar demasiado la guerra, su economía no lo resistiría.
El costo económico y humanitario de la guerra comienza a pesar
El FMI describe una coyuntura de desaceleración con inflación, mientras que la FAO alerta sobre la posibilidad de hambrunas en varios países y el BM sobre la potencialidad de revueltas sociales por el precio de los alimentos y el combustible. Las imágenes de anteriores hambrunas en África y Asia y de la convulsionada Primavera Árabe por el costo del pan y los combustibles son postales que la memoria reciente recupera rápidamente.
La guerra está por ahora localizada, pero su alcance económico es global y acelera los cambios en la estructura del poder mundial. No en vano el FMI alerta sobre la posible fragmentación del capitalismo globalizado. En este cuadro los europeos necesitan de la paz, quieren romper la dependencia energética pero no necesariamente las relaciones con Rusia, pero la dinámica de la guerra los está arrastrando detrás de las posiciones de EEUU.
Es claro que, hasta ahora, no es posible pensar en una intervención de tropas estadounidenses ni tampoco de la OTAN, siempre y cuando Rusia no avance sobre otros países. Pero también es claro que la administración Biden no está interesada en la paz, sí en sostener una guerra de desgaste que obligue a Rusia a no llevar la guerra más allá de Ucrania primero y a retroceder después, pero también piensa en provocar un cambio de régimen. Las especulaciones de no pocos analistas internacionales arriesgan una posibilidad: que EEUU no permitirá nunca que Rusia ocupe toda Ucrania, pero sí que domine la región sureste. Se daría así un escenario de guerra limitada en un país virtualmente fracturado.
La posibilidad de una extensión de la guerra impacta sobre la economía global y esta refracta sobre la propia guerra. El horizonte inmediato está cargado de incertidumbre.
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Kirill Buketov, hoy de 52 años, fue trabajador de una fábrica y luego se convirtió en profesor de historia. Ahora está en Ginebra como sindicalista. Tras la caída de la Unión Soviética, participó en la creación de sindicatos independientes en Rusia. Había un ambiente de renovación y esperanza. Pero hoy, declara: «Todos los logros de nuestra civilización se están derrumbando». Fue entrevistado por Jonas Komposch.
* * * *
Duele. Hoy, todos los rusos sienten que toda nuestra cultura y todos los logros de nuestra civilización se están derrumbando. Todo se está cayendo a pedazos. ¡Por la agresión de Putin! Es terrible tener que presenciar eso. Pero entiendo perfectamente la ira de los ucranianos. Y, sin embargo, solo podemos detener esta guerra juntos.
Originalmente eras profesor de historia. ¿Cómo se explica esta guerra?
Esta es típicamente la reacción de un imperio colonial que se desmorona. Todo imperio responde con violencia cuando sus colonias buscan liberarse. Tomemos la guerra de Argelia en Francia. O la guerra de Gran Bretaña contra el movimiento independentista indio: dos respuestas violentas al deseo de autodeterminación. Y, lamentablemente, las guerras imperialistas siempre han comenzado con un importante apoyo entre la población de los imperios coloniales.
Entonces, ¿esperabas una guerra?
No, este escenario me parecía demasiado terrible. Casi nadie lo vio venir. Pero alguien predijo la guerra ya en 2014: Boris Nemtsov, el líder de la oposición que lideró las protestas por la paz de 2014. En Rusia en ese momento, millones de personas protestaron contra la anexión de Crimea y la intervención camuflada en Donbass. Las calles estaban llenas de banderas ucranianas. Luego hicieron asesinar a Nemtsov en la calle. Siguieron los envenenamientos de los opositores, las organizaciones no gubernamentales fueron procesadas como «agentes extranjeros», los medios de comunicación independientes fueron acosados, los críticos del sistema fueron obligados a exiliarse y los presos políticos fueron torturados. Recientemente, el estado incluso prohibió la mundialmente famosa organización de derechos humanos, Memorial. La invasión de Ucrania siguió dos semanas después.
Algo que no entendemos: ¿por qué la gran federación sindical rusa FNPR apoya el ataque a Ucrania?
¡Porque la federación es una parte integral del proyecto imperial de Putin! Todas las manifestaciones de masas que el Kremlin necesita para su propaganda son organizadas por la FNPR. A veces, el partido gobernante Rusia Unida, del cual ahora son miembros todos los líderes de la FNPR, los ayudó. En 2012, Putin agradeció estos servicios asistiendo al desfile sindical de Moscú el 1 de mayo.
¡Pero los sindicatos no tienen nada que ganar con la guerra!
Por supuesto que no, la población trabajadora rusa ya está sufriendo las consecuencias económicas. Y se va a poner aún peor.
Entonces, ¿la FNPR es corrupta?
Sí, y lo ha sido desde 2008. Luego, los trabajadores de las fábricas de Ford cerca de St. Louis Petersburgo se declararon en huelga. Fue el primer gran movimiento de huelga por aumentos salariales después del colapso de la Unión Soviética en 1991. ¡Y fue un éxito! Por eso comenzó un período de represión. El estado quería volver a poner a los sindicatos bajo su control. Se perpetraron ataques contra los líderes de la huelga, los servicios secretos atacaron los sindicatos, tanto que el jefe de la FNPR, Michael Schmakov, hizo un trato: los líderes del sindicato ahora deben trabajar para prevenir las huelgas. A cambio, probablemente obtuvieron un acceso más fácil a los lugares de trabajo para reclutar miembros. Pero no es solo el hecho de que la FNPR se haya vendido. Schmakov y otros están personalmente convencidos de que la guerra contra Ucrania es justa.
¿Por qué estás tan seguro?
Las declaraciones de Schmakov son cada vez más fanáticas. Hace poco hablé con un amigo de la DGB, estaba bastante impactado. Porque acababa de llamar a Schmakov. Quería convencerlo de que los sindicatos no podían apoyar las guerras. Y que la FNPR debería por lo menos tomar partido por un cese al fuego. «¡De ningún modo!» Schmakov aparentemente gritó en el auricular.
¿Y no trabajaste una vez para este mismo Schmakov?
En los sindicatos rusos, a principios de la década de 1990, se inició un proceso de renovación. Muchos querían reemplazar las burocracias escleróticas de la era soviética con estructuras democráticas. El líder de este movimiento de reforma fue Michael Schmakov. Tenía realmente un gran poder de persuasión y era considerado, también en Occidente, como la gran esperanza. En 1993 asumió la presidencia de la FNPR. En ese momento, ya había participado en la creación de la red de información sindical independiente KAS-KOR. Así logramos contrarrestar la desinformación estatal contra las huelgas de los principales mineros. A Schmakov le gustó esto y me llevó al periódico de la federación Solidarnost en 1994.
Hoy, este periódico hace propaganda de guerra…
En ese momento, ¡todavía era un periódico progresista! Y para la libertad de expresión, fue el mejor momento que hemos conocido. Con nuestra orientación, aumento la tirada de 1.000 a 30.000 ejemplares en tres años.
Entonces, ¿tuviste que empezar desde casi nada?
¡No había tradición sindical en absoluto! El estalinismo había eliminado el movimiento sindical – físicamente. Cuando, como joven albañil, participé en el nuevo movimiento obrero en la época de la Perestroika, no encontramos ningún exsindicalista que pudiera habernos transmitido su experiencia. Además, este no fue el caso en los otros países del bloque del Este. Cierta tradición había sobrevivido allí.
Ya en ese momento, muchos empleados sospechaban claramente de la FNPR. ¿Por qué?
La FNPR era la heredera de las organizaciones soviéticas que supervisaban a los trabajadores. No eran organizaciones representativas ni democráticas, por lo que no eran sindicatos reales. Más bien, eran aparatos enfocados en la distribución de servicios sociales y ayuda financiera, para evitar que sus miembros murieran de hambre. Al mismo tiempo, estas organizaciones tenían una función de control ideológico. Debían impedir cualquier iniciativa independiente de los trabajadores. La FNPR se comprometió a reformar estas estructuras, pero en muchos lugares encontró la resistencia de los privilegiados que se beneficiaban de ellas. Algunos trabajadores, especialmente entre los marineros, mineros y trabajadores del transporte, por lo tanto, no creían en esta empresa de reforma. Ciertamente le deseaban éxito a Schmakov, pero preferían fundar sus propios sindicatos.
¿Te refieres a los sindicatos de la Confederación Rusa del Trabajo (KTR), la organización que ahora se opone valientemente a la guerra?
Exactamente. Pero estos sindicatos permanecieron divididos durante mucho tiempo. Por un lado, estaba la Confederación Rusa del Trabajo y, por otro lado, la Confederación Panrusa del Trabajo. Fue muy confuso. Fue solo bajo el efecto de una creciente represión que las federaciones se fusionaron en 2009. Hoy en día, muchos miembros de la KTR están bajo una gran presión. Recientemente, por ejemplo, 5.000 docentes declararon públicamente que no quieren hacer propaganda bélica en sus escuelas. Ahora se enfrentan a una represión violenta.
¿Y la FNPR se contenta con pasar esto por alto?
Todo lo contrario. Los sindicatos independientes han sido durante mucho tiempo una espina en el costado de la FNPR. Por eso, Schmakov instruyó a sus hombres para que asumieran posiciones de liderazgo en las federaciones sindicales mundiales. De este modo, pueden bloquear todas las solicitudes de afiliación de federaciones independientes. Por lo tanto, el hecho de que los sindicatos genuinos ahora tengan problemas es totalmente de su interés.
Muzan Alneel es cofundador del grupo de reflexión sudanés sobre Innovación, Ciencia y Tecnología para el Desarrollo Centrado en las Personas (ITSinaD) e investigador no residente del Instituto Tahrir para la Política de Oriente Medio (TIMEP), que se centra en un enfoque de la economía de Sudán centrado en las personas, la industria y el medio ambiente.
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a cobertura mediática de la revolución sudanesa en los canales de noticias regionales y en los titulares de estos días está repleta de frases como «falta de perspectivas», «soluciones inútiles» y «crisis política», que reflejan la visión de los acontecimientos desde la perspectiva de los regímenes y las élites gobernantes. La clase dominante sudanesa está representada por la cúpula del ejército y los partidos burgueses -en el mejor de los casos reformistas- cómplices de la represión, así como sus aliados internos y externos. Todos ellos se encuentran en un estado de incertidumbre y ante una situación inédita que no les permite utilizar sus métodos y maniobras habituales.
Más de cuatro meses después del 25 de octubre de 2021, los golpistas no han sido capaces de formar un gobierno ni de detener las protestas que se están produciendo en las calles de Sudán. El acuerdo que firmó con el Primer Ministro, que fue derrocado y posteriormente se sumó al golpe, resultó ser un fracaso. No tuvo ninguna repercusión en el movimiento callejero, salvo la aparición del lema «Dimisión o no, el calendario se aplica», en referencia al calendario de manifestaciones decidido por las coordinaciones de los Comités de Resistencia de los barrios.
Si los regímenes totalitarios viven esta situación como una crisis, es diferente para las personas que buscan la liberación. Visto a través de los ojos del pueblo, Sudán está haciendo un avance sin precedentes en el horizonte revolucionario. Y está experimentando un alto nivel de organización que exige la continuación de las manifestaciones, incluso el desarrollo de formas de resistencia y organización, sus orientaciones y objetivos. Todo ello es el producto natural de los acontecimientos que han espoleado el movimiento desde 2018 para desembocar en una fiesta revolucionaria cuyo protagonista es un pueblo que se organiza para defender su derecho a existir.
Las manifestaciones se organizan en las ciudades y pueblos de Sudán según los horarios decididos por los Comités de Resistencia de los barrios. Los Comités de Resistencia se formaron durante la ola revolucionaria de diciembre de 2018 con el objetivo de organizar manifestaciones descentralizadas. El Comité era una organización de residentes del mismo barrio comprometidos a trabajar en ese momento para derrocar el régimen de Béchir.
La idea había surgido durante las protestas de 2013, de forma limitada que no se compara con su proliferación a principios de 2019, cuando el argumento de las protestas simultáneas descentralizadas se hizo urgente ante la represión del régimen. En un gran número de barrios de todos los estados del país se formaron comités, en su mayoría formados por jóvenes menores de 20 años, que organizaban protestas vecinales, se repartían las tareas de vigilancia de las fuerzas gubernamentales, equipaban las clínicas de campaña, organizaban y protegían las manifestaciones, las sentadas vecinales, las reuniones políticas y otros métodos de resistencia.
Las páginas oficiales de los comités en Facebook crecieron en número. La gente los seguía para informarse de las rutas, las manifestaciones, las bajas y otras noticias de la resistencia, a partir de diciembre y a lo largo de los meses de manifestaciones. Los Comités ganaron popularidad y legitimidad por su contacto directo con los barrios y su apoyo a la revolución. Estos comités de barrio organizaron la resistencia en sus zonas geográficas hasta abril de 2019 con la celebración de «Sentadas de Comando» en torno a los cuarteles de las fuerzas armadas en 14 ciudades sudanesas, la más importante de las cuales seguía siendo la Comandancia General de Jartum, donde los comités también se encargaron de hacer converger las procesiones, organizar y proteger la sentada.
El segundo cambio en las tareas de los Comités se produjo tras la masacre del 3 de junio de 2019, cuando las fuerzas gubernamentales atacaron simultáneamente las sentadas, mataron, violaron e incluso ahogaron a cientos de personas en un solo día. A la masacre le siguió más de un mes de violencia por parte de las fuerzas gubernamentales en las calles y el cierre total de Internet en todo el país. El gobierno de la Junta Militar pretendía que esta violencia destruyera y pusiera de rodillas a la resistencia, pero impulsó a los Comités a profundizar su actividad sobre el terreno y a organizarse en una red para continuar la resistencia, organizar la desobediencia civil y proteger y atender a la población. Los Comités de Resistencia anunciaron la Marcha del Millón de Junio contra el régimen militar, menos de un mes después de la masacre perpetrada durante la dispersión de las sentadas de la Comandancia General. Superaron el apagón de Internet escribiendo en las paredes, distribuyendo folletos, celebrando discursos en los mercados y de otras formas innovadoras. El 30 de junio fue el punto álgido, con millones de manifestantes en varias ciudades de Sudán que coreaban «civil», rechazando el régimen militar.
En contraste con la resistencia, que se mantuvo firme, los líderes políticos abdicaron. Siguieron la «Marcha del millón» del 30 de junio de 2019, solo para aceptar negociar con el Consejo Militar. De ella salió un mal documento que preveía una asociación de gobierno entre los líderes políticos de la oposición de 2018 y el Consejo Militar. La dirección política y sus partidarios ofrecieron justificaciones y no escatimaron tiempo ni esfuerzos para convencer a los sudaneses, especialmente a los manifestantes, de la posibilidad de lograr la libertad, la paz y la justicia -los lemas de la revolución sudanesa- a través de esta asociación, con el pretexto de que «era política» y que era necesario negociar con los militares. Lo presentaron como una victoria, aunque la revolución sudanesa aún no había triunfado. Pero se recuperó.
A raíz de este importante cambio en la situación política, los Comités vivieron experiencias que les permitieron reflexionar sobre la nueva situación. Al principio del periodo de transición, era habitual representar a los Comités como el escudo del gobierno semicívico. Los cuadros políticos presentaron el mantenimiento de la asociación como una tarea de los Comités de Resistencia para protegerse de un posible golpe militar.
Esto colocó a los Comités de la Resistencia en una posición delicada: divididos entre la defensa de los objetivos de la revolución y el equilibrio de su relación con el gobierno semicivil por temor a que cualquier oposición a este último fuera utilizada como pretexto para un golpe militar. Esta delicada relación se ha visto perturbada en varias ocasiones, sobre todo por las manifestaciones organizadas por los Comités de Resistencia en Talodi (Estado de Kordofán del Sur), menos de dos meses después del nombramiento del gobierno de transición, contra la continuación de la explotación minera contaminante en su territorio por parte de empresas pertenecientes a las milicias oficiales y a los aparatos de seguridad del Estado. Los comités desplegaron pancartas que se dirigían directamente al Primer Ministro civil: «Nuestras vidas valen más que el oro, Hamdok». Se enfrentaron a las balas de las fuerzas que protegían a estas empresas. El gobierno respondió a la manifestación con un comunicado esa misma noche en el que condenaba el ataque a la sede y a los bienes de la empresa.
Hechos similares se han repetido, con Comités de Resistencia que han optado por defender los objetivos de la revolución y las demandas del pueblo en sus regiones. Cada vez, el gobierno se alineó en contra de estos objetivos, en interés de los inversores, del ejército, de sus milicias o de sus aliados regionales e internacionales.
El periodo de transición fue, por tanto, un periodo de intenso tira y afloja sobre la posición política de los Comités, entre el apoyo a los objetivos de la revolución, como se ha mencionado anteriormente, y la protección de la mitad civil del gobierno, que pronto se alejó de estos objetivos. Evidentemente, la posición política de los Comités no fue siempre la misma. Estas estructuras configuradas geográficamente reflejaban en gran medida los intereses, las aspiraciones y las posiciones de los habitantes de sus regiones, con sus diferencias históricas y de clase, sus diferentes fuentes de ingresos, sus prioridades, sus problemas sociales, etc. Sin embargo, estaba claro que su gran mayoría estaba unida tras la demanda de justicia para los mártires de la revolución. Esta reivindicación unificó la mayor parte de las manifestaciones centrales de los Comités y fue seguida por la exigencia de la formación de un parlamento, todavía ausente hasta el golpe de Estado del 25 de octubre. Los Comités vieron en este parlamento un medio para que el pueblo lograra sus reivindicaciones.
La exigencia de justicia para los mártires, especialmente los de la masacre del 30 de junio, puso el quid de las negociaciones bajo la sierra de la revolución. El gobierno, con la participación del Consejo Militar, cuyas fuerzas perpetraron la masacre, no pudo hacer justicia, una exigencia de la revolución. Por otro lado, las demandas de mejora económica aumentaron a principios de 2020, creando otro «nudo» debido a la dependencia del gobierno de los intereses de los actores internacionales y regionales, incluida la continuación de las políticas económicas de austeridad que desencadenaron la revolución contra el régimen de Béchir.
El gobierno de transición ha intentado convertir a los Comités de Resistencia en auxiliares del Estado etiquetándolos como «comités de servicio y cambio», que trabajan bajo o en coordinación con las localidades en tareas de atención a las necesidades de los barrios. Los Comités de Resistencia de los Barrios optaron por no abandonar la resistencia, sino por asumir paralelamente las tareas de gestión de la vida en los barrios. Algunos comités han formado oficinas de cambio y servicios en su seno o en paralelo, han controlado la distribución de las raciones de harina en las panaderías y de la gasolina en las gasolineras, e incluso han organizado el mantenimiento de las escuelas y las instalaciones con sus propias fuerzas, sin dejar de organizar manifestaciones y de plantear reivindicaciones revolucionarias. Las últimas manifestaciones centrales anunciadas por los Comités de Resistencia antes del golpe tuvieron lugar el 21 de octubre, cuatro días antes del golpe militar, exigiendo justicia para los mártires y el parlamento, y muchos Comités llegaron a corear el lema «Dejad la asociación de sangre», rechazando la asociación con los militares.
Los Comités pasaron a ser el centro de atención tras el golpe de Estado del 25 de octubre. Se les ocurrió el lema de los tres «ni» contra el consejo golpista: «Ni negociación, ni asociación, ni legitimidad». Publicaron planes mensuales y semanales de manifestaciones y resistencia, abortando los intentos de legitimar el golpe, dejándolo sin gobierno ni primer ministro hasta ahora.
La organización de los sudaneses en los Comités de Resistencia ha multiplicado por diez la respuesta al golpe. Se basaron en las experiencias de autoorganización acumuladas durante los años de transición, de organización de manifestaciones y debates entre la población local, y de comités de coordinación a nivel regional y municipal. En este periodo surgieron las «Coordinaciones de Comités de Resistencia» con otras tareas, ya que respondían a la necesidad de organización a un nivel más amplio que el del barrio, a la ruptura de la relación con la dirección política que había negociado anteriormente y, por tanto, a la necesidad de un nuevo liderazgo.
Aquí es importante señalar que el periodo posterior al golpe también ha visto cómo las élites gubernamentales y sus portavoces dentro y fuera siguen fingiendo ignorar la existencia de estas organizaciones populares y contando historias fantasiosas sobre la situación. Los canales de noticias, por ejemplo, repitieron una y otra vez a lo largo de noviembre y diciembre que las incesantes manifestaciones estaban organizadas por la Agrupación Profesional de Sudán o las Fuerzas por la Libertad y el Cambio -el participante civil en el periodo de transición-, entidades que no tenían ningún peso en la calle, mientras que las convocatorias de manifestaciones las hacían los Comités.
El impulso revolucionario posterior al golpe tuvo repercusiones en la situación política y en la constitución de los Comités. La fuerza de las coordinaciones regionales aumentó. Los comités organizaron sus estructuras internas para hacer frente a la nueva situación y a las tareas que de ella se derivan. Los comités cuyo número de miembros había disminuido se reactivaron. Se crearon nuevos comités en las zonas donde la gente quería desempeñar un papel activo en la lucha contra el golpe. La mayoría de los miembros del comité eran jóvenes y la mayoría eran hombres. Pero debido a la notable presencia de las mujeres en la resistencia callejera y al recuerdo de la lección de 2019 -su presencia en la calle no tuvo ningún efecto en el gobierno de transición, ni en su apoyo a los intereses de las mujeres- se lanzó la campaña #Join the Committee. Pide a las mujeres que se unan a los Comités para que se escuchen sus demandas e intereses. Se enfrentaron y rechazaron comportamientos y estructuras que obstaculizaban la afiliación, como las reuniones nocturnas a las que las jóvenes tenían dificultades para asistir debido a las barreras sociales. Varios sectores de la sociedad trabajaron durante este periodo para estar representados por los Comités de Resistencia.
En los meses siguientes, las herramientas organizativas y las ideas básicas de los Comités de Resistencia pudieron ser utilizadas por otras organizaciones de masas que se crearon por necesidad ante el aumento de los frentes de conflicto con el golpe militar y los golpes a diferentes sectores de la población. Los agricultores del Estado del Norte utilizaron las herramientas de los Comités, que venían utilizando desde hace tiempo, para organizar sus manifestaciones y organizarse, en cuanto el gobierno golpista anunció un aumento de las tarifas eléctricas. El aumento fue fatal para los agricultores que dependían de las bombas eléctricas para su agricultura. Se negaron a aceptarlo y resistieron en todo el norte, cerrando el camino a Egipto a través de sus ciudades y pueblos en más de 25 puntos. Crearon comités de bloqueo en cada punto para protegerlos, ultimar sus reivindicaciones y organizar debates entre los agricultores sobre sus posiciones políticas y demandas económicas. Los Comités de Represas se conectaron en red para unificar sus demandas, que iban más allá de la tarifa eléctrica e incluían cuestiones más profundas, como los efectos de la minería en sus zonas y su demanda de una parte del oro extraído de sus tierras. También exigieron instalaciones sanitarias y el mantenimiento de las carreteras para reducir los accidentes que constantemente matan a personas en el estado. Los bloqueos en el norte continuaron a pesar de la decisión del gobierno golpista de congelar el aumento y pedir su completa cancelación. Los comités afirmaron no reconocer ningún aumento o cancelación del gobierno golpista, e hicieron del gobierno civil su demanda básica.
La composición de los Comités de Represas del Norte era notablemente diferente a la de los Comités de Resistencia de los Barrios, incluidos los Comités Estatales del Norte. Los Comités de Presas estaban compuestos predominantemente por hombres mayores de 30 años, principalmente trabajadores agrícolas. Esta diferencia pone de manifiesto que las estructuras de resistencia emanan de los grupos más afectados por las políticas a las que se resisten. La revolución sudanesa no fue una revolución juvenil, sino una revolución contra las políticas que afectan más a los jóvenes y a las mujeres, de ahí el predominio de las mujeres y el aumento de los jóvenes entre los resistentes. En el Norte, los hombres de más de 30 años son los más afectados por el encarecimiento de los insumos agrícolas, y encabezan las filas de los Comités de Represas para frenar el expolio de la riqueza extraída de sus tierras por una carretera que pasa por ellas, cuyos ingresos van a parar a un gobierno que los empobrece con su política económica hostil.
También fuimos testigos del uso de la forma organizativa del Comité durante la sentada de las internas -en la residencia de Hajjar- en la que se cometió un delito de violación que fue seguido por la omertá de la administración. Los estudiantes anunciaron una sentada y formaron un Comité de Sentada de la Residencia Hajjar desde el 25 de enero de 2022, exigiendo una investigación justa y transparente, su derecho a los servicios básicos y la construcción de un nuevo sistema de alojamiento y servicios accesible a todos los estudiantes de Sudán para proteger su derecho fundamental de acceso a la educación. Esta encomiable forma de organización se ha extendido entre sectores del pueblo sudanés que la han puesto a su servicio de forma innovadora, según sus necesidades y demandas.
La evolución organizativa fue acompañada por la evolución de las posturas políticas. Los Comités de la Resistencia se han visto divididos desde el golpe entre su negativa a asociarse o negociar con los golpistas y la posición de las élites internas y externas que buscan nuevas negociaciones con el ejército. Las maniobras de las élites gobernantes incluyeron un acuerdo entre el Consejo Militar y el Primer Ministro del gobierno derrocado. A pesar del apoyo internacional, este acuerdo no pudo detener las manifestaciones contra el régimen militar y a favor de un gobierno plenamente civil. Quedó sin efecto cuando el Primer Ministro dimitió menos de dos meses después y no hubo gobierno.
También hubo muchos movimientos por parte de los partidos contrarrevolucionarios a nivel regional o internacional, incluida la misión de la ONU en Sudán, que animó a los Comités a iniciar un proceso de diálogo con el ejército. La misión de la ONU ha convocado reuniones y consultas. La mayoría de estas llamadas fueron respondidas con rechazos, o con dudas, o con peticiones de retransmisión en directo de las reuniones, que la misión se apresuró a rechazar, revelando su rechazo a la transparencia y su apoyo a las maniobras a puerta cerrada, lejos del público. Esta serie de presiones dio lugar a amplios debates en la esfera pública sobre una nueva carta política y una hoja de ruta que enmarcara las demandas y las estructuras de resistencia. Los comités han comenzado a redactar cartas políticas.
En los últimos meses, los comités de resistencia de varios estados han presentado varias propuestas de cartas políticas. Los Comités de Resistencia de Mayerno, en el estado suroriental de Sennar, publicaron en diciembre de 2021 una propuesta de hoja de ruta en la que se pedía la formación de consejos locales de los Comités de Resistencia y de los sindicatos para pasar a los consejos estatales y luego al consejo nacional, que elige a un primer ministro. Ese mismo mes le siguió la propuesta del Comité de Vecinos de Al Saliha en la capital, que elaboró una carta política y la presentó en público para su debate y modificación. En enero de 2022, los Comités de Resistencia Madani del estado central de Al Jazira publicaron una propuesta más detallada de carta política, que contenía un análisis de los problemas económicos e históricos de Sudán derivados de las estructuras económicas rentistas coloniales y hacía hincapié en la necesidad de un programa de desarrollo revolucionario para lograr la justicia económica e implantar el poder popular y el derecho a la riqueza real. La propuesta de los Comités de Resistencia de Madani fue aceptada y alabada por su análisis, que reflejaba la realidad y las prioridades económicas de las masas, y también fue denunciada por su uso de términos «que recuerdan al discurso comunista».
Se hicieron acusaciones contra los Comités de Resistencia Madani en el ámbito público de que su propuesta había sido redactada por el Partido Comunista de Sudán. Los Comités de Resistencia Madani rechazaron esta denigración de sus capacidades y la acusación de que eran «los músculos de una resistencia sin cabeza». Esta acusación contra los Comités de Resistencia de Madani proviene en realidad de la historia pasada y presente del propio Partido Comunista sudanés, que en realidad no es lo suficientemente radical como para presentar una propuesta como la de Madani. La historia reciente y pasada del Partido Comunista sudanés sigue el patrón de alianzas con la burguesía dominante o el «capitalismo nacional» en lugar de trabajar para establecer un poder alternativo de las masas. Esta es una orientación que el Partido Comunista sudanés aún no ha superado, incluso después de sus diferencias con el gobierno de transición y la coalición gobernante de la que surgió durante el primer año de transición, e incluso después del golpe de Estado. Ahora creemos que la nueva posición del Partido Comunista respecto a las élites burguesas es negarse a considerarlas como una alianza o bloque, sino aceptar negociar con ellas por separado. Esto revela que el Partido Comunista puede haber aprendido nuevas tácticas de negociación del período de transición, pero todavía está lejos de haber revisado su posición de principio de posponer las demandas de las masas y la reestructuración del Estado en interés de las masas, para mantener la dirección del «capitalismo nacional». Acusar a la propuesta de los Comités Madani de haber sido redactada por el Partido Comunista es darle un elogio inmerecido.
La propuesta del Comité Madani ha sido aceptada por los comités de resistencia de varios estados. A principios de febrero, anunciaron una propuesta titulada «Carta Revolucionaria del Poder Popular» que incluía la propuesta de los Comités Madani, la Hoja de Ruta de Mayerno y un proyecto de código de honor para los Comités Estatales de Kordofán. La carta modificada fue firmada por los coordinadores del Comité de Resistencia de siete estados.
Los Comités de Resistencia de Jartum también publicaron una propuesta de declaración política a finales de febrero de 2022, titulada «Carta para la fundación del poder popular». Muchos miembros de los Comités de Resistencia de la capital consideran que la experiencia de preparar esta propuesta es importante y central para la formación de la discusión y la coordinación entre los Comités, que son más de 800 en la capital. En Jartum vive más de una cuarta parte de la población del país. La naturaleza de la capital, su alta densidad, su proximidad al gobierno central y la heterogeneidad de intereses económicos entre sus grupos de población, se reflejaron en los puntos débiles de la declaración, haciéndola menos coherente en sus propuestas de solución, menos radical a la hora de abordar los problemas estructurales y carente de un análisis integrado de la cuestión sudanesa en comparación con la propuesta de la Carta Revolucionaria, especialmente su análisis económico y el nombramiento del gobierno de arriba abajo, empezando por el Primer Ministro.
Una vez más, esto pone de manifiesto la cuestión de la naturaleza geográfica de los Comités, que restringe su capacidad de adoptar posiciones revolucionarias a los límites de su ubicación, población y circunstancias circundantes. No obstante, los Comités de Jartum intentan subsanar estas deficiencias abriendo sus propuestas a la discusión y a la enmienda -así como a las propuestas previas- y convocando el debate público y el asesoramiento de expertos para participar en las críticas y formulaciones. Estos debates muestran también el importante impacto de la multiplicidad de propuestas en la ampliación del horizonte revolucionario de las masas y la profundización de la capacidad de ver el impacto de las fórmulas de gobierno en sus vidas y de reflexionar sobre formulaciones alternativas más cercanas a la realización del principio de «Todo el poder y toda la riqueza para el pueblo».
Las discusiones sobre las propuestas de cartas políticas continúan junto a las discusiones sobre cómo mantener viva la llama de la protesta, que continúa a diario, como frente al Palacio de la República y las secretarías de Estado semanalmente, con enfrentamientos con las fuerzas de represión, en los que la revolución pierde mártires, es herida, tiene detenidos, pero no cesa. Paralelamente, las huelgas de los trabajadores y las masas sudanesas y sus sentadas para rechazar el régimen militar represivo, los bajos salarios y las políticas económicas que conducen al empobrecimiento. Estos incluyen las movilizaciones de los trabajadores de la Inspección General de Riego de Egipto, que exigen un aumento de sus salarios, la huelga de profesores en el Estado de Kassala, la negativa de los empleados del Hospital Ibrahim-Malik de la capital a aplicar los aumentos de las tarifas asistenciales anunciados por el gobierno golpista, el rechazo del Comité de Resistencia del barrio de Al Taif en la capital a la supresión del mercado de barrio por parte de la localidad y su defensa de los trabajadores informales, de su derecho al trabajo y a una vida digna, así como otros frentes de resistencia organizados que se multiplican con el aumento de las políticas opresivas e injustas.
La enseñanza fundamental y articulada que la revolución sudanesa se esfuerza ahora por desarrollar responde a las dos preguntas: ¿cuál es nuestra carta, es decir, nuestro camino político revolucionario? ¿Y cómo continuamos la resistencia pacífica al golpe de Estado armado? La respuesta a estas dos preguntas pasa por reforzar las organizaciones en los lugares de residencia y trabajo en todas las regiones y sectores del Estado sudanés. Hay límites a lo que se puede conseguir debatiendo propuestas de cartas que no surjan de la experimentación. Tenemos que ponerlos a prueba sobre el terreno, empezar a aplicar sus principios, modificarlos y desarrollarlos en función de las experiencias. La organización en los lugares donde la gente vive y trabaja abre el camino a diferentes formas de resistencia mediante el ejercicio del poder popular sobre el terreno y la transformación de la resistencia de un medio de presión sobre la autoridad a un medio de arrancar el poder en interés del pueblo.
Si la revolución sudanesa tomara este camino -y es gratificante ver que avanza en esta dirección-, sería capaz no sólo de derrotar el golpe, sino también de derrotar un sistema de renta elitista que ha existido desde la colonización anglo-egipcia y que ha continuado bajo varios gobiernos. Podría establecer una nueva forma de organización de la vida en interés de las masas, en la que las armas de los soldados sean inútiles y sólo triunfe el pacifismo popular revolucionario.
Esto requiere, sin duda, la creación de una organización revolucionaria basada en el método de un análisis revolucionario de la realidad. Este es el segundo pilar indispensable de la resistencia, junto a las organizaciones en los lugares de residencia y de trabajo, para hacer avanzar las posiciones revolucionarias y beneficiarse del desarrollo de las organizaciones de masas, así como para proponer soluciones que no estén limitadas por la organización geográfica o de categoría. Esta relación simbiótica, que hoy carece de un elemento, es esencial para el ascenso de la revolución sudanesa. Creemos que, dado el desarrollo del proceso de autoorganización y las posturas políticas, la organización revolucionaria surgirá inevitablemente.
Volodymyr Ishchenko es sociólogo e investigador del Centro de Estudios de Europa del Este de la Universidad Libre de Berlín. Su trabajo ha aparecido en varias publicaciones destacadas, como The Guardian, Jacobin, New Left Review y LeftEast.
Jerko Bakotin es redactor de la revista crítica croata Novosti.
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L
a actual invasión rusa de Ucrania ha sumido a ese país, y de hecho a todo el orden posterior a 1989, en el caos. Mientras los tanques y las armas rusas siguen asaltando las ciudades ucranianas frente a una resistencia sorprendentemente dura, ha surgido un renovado sentido de unidad y propósito entre los ucranianos, y entre las élites occidentales. Muchos antiguos partidarios de Putin en la UE se han vuelto contra él, mientras que políticos de todo el espectro político se unen en gestos de solidaridad con Ucrania tanto materiales como simbólicos.
Al mismo tiempo, surgen nuevas divisiones en la izquierda. Aunque los izquierdistas que apoyan activamente la invasión rusa siguen siendo una pequeña minoría, voces de Europa del Este y de otros lugares han criticado a los izquierdistas de Occidente por subestimar las ambiciones imperiales de Putin y restar importancia a la amenaza que suponía para Ucrania y otros vecinos de Europa del Este, una amenaza que ahora se ha hecho demasiado real para los habitantes de Kharkiv, Mariupol y otras partes de Ucrania bajo el asalto ruso.
Independientemente de que la guerra termine con una ocupación rusa total, una victoria de Ucrania o algún tipo de acuerdo negociado en el medio, las repercusiones de la guerra se sentirán en ambos países -y en todo el mundo- durante años. ¿Qué significará para el futuro de Ucrania? ¿Cómo afectará a la izquierda de Europa Oriental y Occidental? Para obtener respuestas a estas y otras preguntas, Jerko Bakotin, del semanario croata Novosti, habló con Volodymyr Ishchenko, uno de los intelectuales más destacados de la izquierda ucraniana y cofundador de Commons: Journal of Social Criticism, organización asociada a la Fundación Rosa Luxemburg.
Había numerosas razones para el escepticismo respecto a la posibilidad de un ataque, principalmente debido a los enormes riesgos militares, económicos, políticos y geopolíticos de la maniobra. Existía la posibilidad real de que Moscú subestimara al ejército ucraniano y de que hubiera errores en la planificación de la operación militar: algunos soldados creían que iban a realizar ejercicios en Bielorrusia y recibieron órdenes justo antes de que comenzara el ataque.
Además, aunque Francia y Alemania aplicaron una política ligeramente diferente a la de Estados Unidos antes de la invasión, la Unión Europea está imponiendo ahora sanciones más duras que las de Estados Unidos. La invasión afectará en gran medida a la posición de Rusia en el mundo y a la situación política interna. Vladimir Putin lo ha arriesgado todo, por lo que una derrota en Ucrania probablemente le costaría su posición de gobernante, lo que muy probablemente acabaría en un golpe de estado dentro de la élite existente y quizás incluso su vida. Tampoco se puede descartar una revolución, aunque las posibilidades son menores.
Debido a todos estos riesgos, muchos científicos sociales y analistas de relaciones internacionales creían que Putin quería intimidar a Ucrania y a la OTAN, pero que no habría ningún ataque.
Todavía no he visto una interpretación convincente. La tesis de que Putin se volvió loco no se sostiene, porque, a mis ojos, no presenta síntomas de locura. En cuanto a la explicación de que se convirtió en un fanático ideológico con la misión mesiánica de reconstruir el Imperio Ruso, hay que decir que los líderes con creencias ideológicas sinceras son muy, muy atípicos en la política postsoviética. Todos los líderes postsoviéticos eran cínicos pragmáticos que construyeron regímenes cleptocráticos desprovistos de visión ideológica. Incluso si es cierto que Putin se ha convertido en un fanático ideológico, sigue siendo un misterio cómo se ha llegado a esto, y se necesitan más explicaciones.
Pero Putin expuso claras razones imperialistas y chovinistas en su ensayo «Sobre la unidad histórica de rusos y ucranianos» del año pasado, y aún más en su discurso de anuncio de la guerra, donde habló de la «desnazificación» de Ucrania. Negó el derecho de Ucrania a ser un Estado independiente, y la semana pasada mencionó la posibilidad de su desaparición. Los motivos ideológicos parecen estar muy claros, ¿no crees?
La cuestión es si se trata sólo de retórica para legitimar movimientos impulsados por otros motivos. Hoy en día, muchos interpretan su ensayo en el sentido que usted menciona. Sin embargo, ese texto no niega la independencia de Ucrania, sino una forma específica de identidad ucraniana, que no es la única posible. Putin argumenta contra Ucrania basándose en la identidad antirrusa. En su visión, Ucrania y Rusia podrían ser dos Estados para «un mismo pueblo».
Aquí, Putin vuelve a la interpretación de la época del Imperio Ruso, cuando rusos, bielorrusos y ucranianos eran vistos como tres ramas de un mismo pueblo. Este concepto se suprimió durante la Unión Soviética, cuando la posición oficial era que se trataba de tres pueblos y lenguas diferentes, aunque fueran pueblos hermanos de origen común.
Muchos ucranianos ven estas interpretaciones como una negación de su existencia porque han construido su identidad en oposición a Rusia, que para ellos es un «gran otro». Para muchos otros, especialmente los socializados en la URSS, los ucranianos no se definen necesariamente como opuestos a los rusos. Incluso tras el Euromaidán y el estallido de la guerra en la región del Donbás, la mayoría de los ucranianos pensaban que eran pueblos hermanos, y para el 15-20 por ciento de la población era normal sentirse tanto ucraniano como ruso. Dicho esto, la guerra actual puede borrar esas identidades ambiguas.
Me refería a una situación en la que Rusia destruyera el ejército ucraniano y ocupara una gran parte del territorio, lo que aún no ha ocurrido. La resistencia es quizás más fuerte de lo que Rusia esperaba, pero probablemente sería diferente si Kiev hubiera sido ocupada en 96 horas, como predijo el Pentágono. Muchos ucranianos se están uniendo a la Defensa Territorial y al ejército, pero ya han huido unos 2 millones de personas, y podría haber hasta 10 millones de refugiados según algunas estimaciones.
Al mismo tiempo, en las ciudades ocupadas, como Kherson o Melitopol, se da el escenario que he descrito: hay importantes protestas pro-ucranianas, pero no hay una fuerte resistencia armada. Si Rusia ocupa una gran franja de territorio ucraniano, es probable que la mayoría de la población se muestre inicialmente pasiva. La resistencia armada no será lo suficientemente fuerte como para derrocar la ocupación, pero será significativa si Moscú intenta establecer un régimen muy represivo en los territorios ocupados. El resultado sería una resistencia desarmada más fuerte que sería una fuente de inestabilidad permanente no sólo en Ucrania, sino también en Rusia.
Occidente reaccionó con decisión con una estrategia basada en duras sanciones contra Moscú y la entrega de armas a Kiev. La destrucción de la economía rusa y el fortalecimiento de la resistencia ucraniana tienen el mismo objetivo: obligar a Moscú a detener el ataque. ¿Cómo ve la respuesta y qué opina de los llamamientos a la OTAN para que establezca una zona de exclusión aérea?
Me temo que si las sanciones y el suministro de armas siguen siendo la respuesta dominante, significa que Occidente está realmente interesado en esta guerra. Putin no puede permitirse perder, así que hará la guerra durante el mayor tiempo posible. Eso significará un gran número de muertos y la completa destrucción de las ciudades ucranianas. Al igual que destruyó Grozny en Chechenia, el ejército ruso podría destruir Kyiv y Kharkiv. Si se queda sin otras opciones, Putin podría amenazar con armas nucleares.
Creo que las élites de la OTAN entienden que la zona de exclusión aérea sobre Ucrania significaría una guerra entre la OTAN y Rusia. No creo que podamos permitirnos correr el riesgo de un apocalipsis nuclear.
Detener la guerra es la prioridad absoluta. Esto podría ser posible dando inmediatamente a Ucrania una perspectiva clara de adhesión a la UE, al menos un plan de adhesión concreto. Al mismo tiempo, podría alcanzarse un acuerdo de neutralidad militar. Esto es más fácil ahora, porque el presidente Volodymyr Zelensky y el resto de la élite política están decepcionados porque la OTAN no ayudará a Ucrania ni establecerá una zona de exclusión aérea.
Zelensky se verá obligado a aceptar compromisos dolorosos sobre Crimea y Donbás. Pero gracias a la pertenencia a la UE, Zelensky podría presentar el acuerdo con Rusia como una victoria y afirmar que los ucranianos ganaron aquello por lo que han estado luchando desde la revolución de la plaza Maidan. Al mismo tiempo, Putin también podría afirmar que no fue derrotado, sino que la invasión cumplió sus objetivos. La UE y Estados Unidos deberían negociar algo así si quieren evitar la pérdida de vidas ucranianas y la destrucción de la economía.
Algunos comentaristas afirman con entusiasmo que la resistencia duradera en Ucrania agotará a Rusia del mismo modo que la guerra de Afganistán contribuyó al colapso de la Unión Soviética. Sin embargo, esa guerra hizo mucho daño a la URSS, pero significó un desastre para el pueblo afgano. Afganistán quedó devastado durante décadas y se convirtió en un Estado fallido, donde finalmente un movimiento extremista se hizo con el poder.
Si Occidente está satisfecho con ese futuro para Ucrania, significa que necesitaba esta guerra. La actitud actual de Occidente sólo estará justificada si Rusia es realmente tan frágil que se derrumba en un futuro muy próximo. Sin embargo, si la invasión puede continuar durante meses o incluso años, Occidente será cómplice de la prolongación de la guerra.
Así pues, Ucrania no es sólo una víctima de Rusia, sino también de los juegos geopolíticos de Occidente…
Los servicios de inteligencia estadounidenses y británicos llevaban meses anunciando la invasión. Si Londres y Washington estaban tan seguros de la invasión, ¿por qué no la impidieron, por qué no negociaron con Putin más activamente? Ciertamente, Putin es el mayor responsable de la guerra. Pero Occidente sabía de la invasión y no hizo lo suficiente para evitarla.
Occidente alimentó las esperanzas de Ucrania de entrar en la OTAN, aunque estaba claro que no defendería a Ucrania. En ese sentido, ¿fueron engañados los ucranianos?
Ucrania nunca recibió un Plan de Acción para la Adhesión, sólo la posibilidad teórica de ingresar en algún momento en el futuro. A pesar de las promesas relativas a la adhesión, la OTAN nunca tuvo ningún deseo de luchar por Ucrania. Ahora los ucranianos están muriendo. Como mínimo, esas promesas fueron extremadamente irresponsables con Ucrania.
Los políticos nunca se han interesado por lo que realmente piensan los ucranianos sobre la OTAN. La solicitud de adhesión fue presentada por el presidente Viktor Yushchenko después de la llamada «Revolución Naranja» en 2004. Esta fue apoyada por George W. Bush, y en 2008 se decidió en la Cumbre de Bucarest que Georgia y Ucrania se unirían a la alianza.
En ese momento, alrededor del 20% de los ucranianos apoyaban la entrada en la OTAN. Tras el Euromaidán, Rusia se anexionó Crimea y estalló la guerra en Donbás, lo que llevó a una parte de la población a ver la OTAN como una protección frente a Rusia. Al mismo tiempo, las encuestas dejaron de realizarse en Crimea y Donbas, las zonas más prorrusas del país. El año pasado, gracias al temor a que las tropas rusas se concentraran en la frontera, el apoyo a la pertenencia a la OTAN superó el 50%. La actual invasión ha cambiado las actitudes incluso en las partes prorrusas del sur y el este del país. Sin embargo, la decepción con la OTAN crece al mismo tiempo.
Usted ha descrito un escenario probable en caso de división del país, pero todo depende del curso de la guerra. La derrota de Putin significaría probablemente la desestabilización y el colapso del régimen ruso en el poder, lo que Ucrania podría aprovechar y recuperar incluso Donbass y Crimea.
Como resultado del ataque y la destrucción, hay un gran odio hacia los rusos. Me temo que la lengua rusa será aún más reprimida en la esfera pública de lo que fue después de las leyes aprobadas por Poroshenko. El país multicultural en el que nací probablemente se haya perdido para siempre.
Es posible que algún día se produzca la reconciliación. Al fin y al cabo, Polonia y Francia colaboran estrechamente con Alemania en el seno de la UE, a pesar de que Alemania causó un enorme sufrimiento a toda Europa en la Segunda Guerra Mundial. Pero eso requeriría cambios políticos muy serios en la propia Rusia.
Si el régimen quiere adaptarse a los desafíos militares, económicos y políticos, serán necesarios cambios radicales en el orden social y político. El Estado ruso funciona actualmente según el principio del capitalismo cleptocrático de patrocinio, en el que una pequeña élite se enriquece. Sin embargo, no será posible mantener el régimen prorruso en algunas partes de Ucrania sólo mediante la represión, y la resistencia de los ucranianos podría alentar la oposición en Bielorrusia y Rusia -especialmente si siguen muriendo soldados rusos- e incluso en Kazajstán y toda la esfera de interés rusa.
Dado que la inestabilidad no se mitigará con políticas neoliberales ortodoxas, el historiador económico Adam Tooze ha especulado con la posibilidad de que el régimen intente aplicar algún tipo de política neokeynesiana para mejorar la vida de los ciudadanos y comprar así su apoyo. Después de las dos guerras mundiales vimos una importante expansión de los derechos de los trabajadores para evitar los levantamientos de las masas que sufrieron grandes sacrificios en la guerra.
La reorientación de Rusia hacia los países no occidentales también será un problema. Moscú está menos aislado de lo que parece en Occidente, pero aparte de depender de una China más desarrollada, esa reorientación no será fácil de conciliar con las identidades europeas de rusos, bielorrusos y ucranianos. Rusia también necesitará un proyecto ideológico mucho más coherente que explique a la población el propósito de todo este sufrimiento. El hecho de que una gran parte de la sociedad rusa no entienda la invasión de Putin es un síntoma de la ausencia de tal proyecto, un proyecto que ninguna de las élites postsoviéticas ha tenido.
Personalmente he escrito en contra de las interpretaciones simplistas de Euromaidán, que una parte de la izquierda occidental vio erróneamente como un golpe de estado apoyado por Occidente, al igual que las repúblicas separatistas del Donbás fueron vistas como estados proto-socialistas, mientras que en realidad son títeres de un régimen ruso muy poco socialista. Pero discutir la culpabilidad de los izquierdistas occidentales como idiotas útiles de Putin en este momento es muy perjudicial para la izquierda. El debate sobre la subestimación del imperialismo ruso es importante, pero no debe realizarse en momentos de altas emociones y utilizando el chantaje moral.
La invasión va a facilitar una fuerte oleada de derecha, que reducirá en gran medida el espacio para la izquierda tanto en Europa Oriental como Occidental. No debemos desarmarnos y abrirnos a los ataques de la derecha. La gran mayoría de la izquierda europea condena el imperialismo ruso y comprende que la invasión conduce al desastre, al igual que la invasión estadounidense de Irak.
La izquierda necesita argumentos ofensivos. No debemos aceptar que se prohíba el debate sobre la complicidad de la OTAN y el régimen posterior a Maidan en Ucrania, sobre las razones para no aplicar el Acuerdo de Minsk o sobre las relaciones entre la OTAN y Rusia. Eso significaría una capitulación, especialmente en Europa del Este, donde en la próxima era del neo-mcarthysmo, puede que ya no sea posible presentar incluso argumentos básicos de izquierda sin ser acusado de ser un espía ruso.
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No son pocos los investigadores que ya hablan de una “globalización fragmentada”. El propio FMI manifestó preocupación por “el riesgo de fragmentación económica en bloques geopolíticos”.
Un nuevo escenario global se está prefigurando. Si la arquitectura del poder mundial pos Guerra Fría ya estaba siendo sometido a fuertes tensiones y cambios, el conflicto bélico en Ucrania le ha asestado un duro golpe a un tablero inestable. La guerra se prolonga más de lo pensado. Si fue vista como un movimiento de despliegue rápido, de tipo defensivo por parte de Rusia ante el avance de la OTAN ahora, con la invasión, se está transformando en una guerra más convencional y muy probablemente de largo plazo, que es vista como un intento de recomposición bajo el régimen del capital de lo que fuera primero en tiempo de los zares y luego bajo el régimen estalinista. El espacio Gran Ruso.
El golpe de esta mutación a la arquitectura del poder construido en el período pos Guerra Fría es equivalente a un jaque mate. Conviene precisar que es el último eslabón de una larga cadena de acontecimientos que lo vienen desarticulando. Comenzó con el descalabro financiero mundial en 2008/09; siguió con las reivindicaciones democráticas de la Primavera Árabe en 2010/12; luego el Bréxit, desconexión del Reino Unido de la UE, iniciado en 2017 y culminado en 2020; finalmente el Covid 19 en 2020/21 y ahora la guerra en Ucrania. El telón de fondo de estos acontecimientos es la disputa EEUU / China. Las dos grandes potencias que hasta ahora garantizaban la gobernanza mundial.
Todo aquel orden se está resquebrajando. Atrás han quedado los objetivos neoliberales que primaban en los años ’90 del siglo pasado: que EEUU armaba sin mucho esfuerzo coaliciones globales para intervenir militarmente en Irak o en Afganistán; que podría imponer en todo en el mundo el régimen de la democracia liberal, también los acuerdos multilaterales y el libre comercio.
Hay ya demasiados indicios que esa dinámica internacional que ordenaba las relaciones tanto geopolíticas como económicas estaba cambiando. Cambio que la guerra ha acelerado. Las formas del régimen demo-liberal están en crisis (el asalto al Capitolio en 2019 y el ascenso de las derechas más extremas que dejan de lado reivindicaciones democráticas (frente a un autoritarismo creciente), sociales (frente a las desigualdades que se expanden como una mancha de aceite) y ecológicas (frente al calentamiento global y el cambio climático). El estancamiento en Irak y el fracaso en Afganistán cuestionan seriamente las políticas intervencionistas de EEUU. Mientras que la pandemia primero y ahora la guerra han puesto en evidencia que la interdependencia que promueve el multilateralismo hace vulnerables a los Estados lo que los lleva ahora a buscar mayores grado de autonomía y seguridad en cuanto a la producción/provisión de vacunas y equipamientos para la sanidad, productos energéticos (gas y petróleo), alimentos.
¿Esos cambios económicos y políticos significan el fin de la globalización? Tanto la pandemia como ahora la guerra impactaron fuerte en las cadenas de valor y alteraron los flujos comerciales, la OMC está estancada hace tiempo y el multilateralismo está muy condicionado. El resultado son los índices de inflación internacional más altos en décadas que están empujando la suba de tasas y esto amenaza con desencadenar defaults en cadena, Sri Lanka entró en impago la semana pasada. El FMI acaba de reducir sus previsiones de crecimiento mundial tanto para este año como para el próximo. Al mismo tiempo la directora ejecutiva, Kristalina Georgieva, consideró que “se trata de la mayor amenaza para la estabilidad mundial de los últimos 75 años”.
Al mismo tiempo la interconexión de las finanzas, de la investigación y flujo de datos, de los servicios digitalizados, de las plataformas… no solo se mantienen sino que han crecido y se han extendido a escala mundial. ¿Será entonces que la mundialización ha ingresado en un período de transición?
No son pocos los investigadores que ya hablan de una “globalización fragmentada”. El propio FMI manifestó preocupación por “el riesgo de fragmentación económica en bloques geopolíticos”. Hay ya quienes piensan en tres grandes áreas: una conformada por EEUU, Reino Unido y la UE; una segunda en torno a China y el sudeste asiático y la tercera teniendo como eje a Rusia y el sureste asiático. Queda por saber qué pasará con la India, que tiene múltiples relaciones con China, con EEU y con Rusia.
En todo el período pos Guerra Fría lo que dominó la transición del poder mundial fue el ascenso de China y el eje Asia-Pacífico, como núcleo desde donde se impulsaba la reconfiguración mundial. La declinación de los EEUU y la dialéctica disputa / cooperación entre las dos grandes potencias fue su contrapartida objetiva.
Sin embargo la ofensiva rusa, que sigue manteniendo la iniciativa y es muy probable logre sus objetivos, ha terminado impulsando acciones que no solo van en contra de sus intereses inmediatos sino que también impulsa una tendencia contradictoria a la dominante. Es que EEUU se ha visto obligado a reconsiderar su perspectiva estratégica. Si estaba dejando atrás la “centralidad atlántica”, que articulara desde la salida de la 2da. Guerra Mundial, para reemplazarla por la nueva “centralidad Asia-Pacífico”, ahora la disputa, con Rusia, tal vez la guerra, se convierte en su perspectiva estratégica.
A pesar de su declinación EEUU ha regresado a ocupar un lugar central en la dinámica mundial, ha subordinado a su política a los países europeos, los ha obligado areforzar sus presupuestos militares, especialmente Alemania que ha superado el 2% del PBI como exigiera en su momento Donald Trump, mientras que la obsoleta OTAN se ha reconstituido. La noción de “estabilidad estratégica”, eufemismo usual en los ambientes diplomáticos para describir el control de armas, que estaban acordando la República Popular y EEUU, esto es las “líneas rojas” que deben respetarse para que la competencia no terminara en un conflicto armado, queda ahora en suspenso. En medio de estas tensiones China reiteró su compromiso a “resolver pacíficamente las diferencias y disputas entre países” y defendió el “respeto a la soberanía y la integridad territorial” al mismo tiempo que condenó “el uso indiscriminado de las sanciones”, un ejercicio de delicado equilibrio.
Es que la guerra despliega un fuerte poder desestructurante. Si se extiende en el tiempo el impacto puede ser aún mayor. Aumentará entonces la incertidumbre sobre qué nuevo orden se está construyendo.
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aniel Bensaïd, líder central de la Liga Comunista Revolucionaria francesa (LCR), habló sobre “Leninismo en el siglo 21” en el evento “Marxismo 2001” organizado por el SWP (Partido Socialista de los Trabajadores) del Reino Unido. Phil Hearse habló con el allí.
International Viewpoint: Lenin hizo importantes contribuciones al marxismo pensando el imperialismo, la cuestión nacional, estrategia revolucionaria y democracia socialista. Pero cuando partidos y organizaciones se llaman a sí mismos “leninistas” generalmente hace referencia a su forma organizativa. Sin embargo la experiencia moderna de tales organizaciones demuestra que tienen muy diversas prácticas organizativas. ¿Qué tiene de especial el “leninismo” como forma organizativa?
Daniel Bensaïd: Tenemos que partir recordando que el mismo término “leninista” aparece únicamente tras la muerte de Lenin, notablemente en el discurso de Zinoviev para el V Congreso de la Internacional Comunista (1924). Corresponde a la codificación de un modelo de organización luego asociada con la “bolchevización ” de la IC, que permitió, bajo pretexto de combatir las tradiciones de la socialdemocracia corrompida por el parlamentarismo, someter a los jóvenes partidos comunistas a la tutela burocrática del Kremlin. La invención del “leninismo” como ortodoxia religiosa momificada fue parte del proceso de burocratización de la IC y la Unión Soviética. Por eso, en la medida de lo posible, personalmente evito la utilización de este “-ismo”. Sin embargo, si se intenta sintetizar lo que parece esencial en las ideas organizativas de Lenin, resaltaría dos ideas que me resultan conceptos revolucionarios esenciales para esta época, y que conservan su validez en la actualidad. La primera, que aparece en el centro de la polémica en Que Hacer y en Un paso adelante, dos pasos atrás, es la distinción entre el partido (revolucionario) y la clase (trabajadora), que rechaza todo intento confusionista de combinar o identificar a los dos. Esta distinción, elemental desde el punto de vista del marxismo de la Segunda Internacional, implica pensar la especificidad del campo político, su correlación de fuerzas, sus propios conceptos. Este terreno no es simplemente un reflejo o una extensión de las relaciones de fuerzas sociales. Expresa la transformación de las relaciones sociales (y la lucha de clases) en términos políticos, con sus propios – como dicen los psicoanalistas – desplazamientos y condensaciones. Marcaría, sobre todo, como lo más destacado, que esta distinción entre lo social y lo político, entre partidos y clases, paradójicamente abre la posibilidad de pensar el pluralismo político: si el partido no es simplemente la encarnación de la clase, que sería su sustancia social, entonces se vuelve pensable que el partido pueda ser representado por una pluralidad de partidos. Recíprocamente, la clase puede dotarse de instrumentos de resistencia independientes de los partidos. Por lo tanto, no me parece casual que Lenin tuviese la posición más correcta durante el debate a principios de 1920 en Rusia sobre el papel de los sindicatos.La segunda idea esencial está en relación con lo que parece ser una de las características más discutibles del leninismo: el centralismo democrático. En la medida en que esta idea se asoció con el centralismo burocrático del período estalinista, lo que uno recuerda sobre todo es el centralismo y la imagen de una disciplina semi-militar. Pero para nosotros el aspecto democrático es fundamental. Si, después de la discusión libre, no existe un esfuerzo colectivo y una participación mutua en poner todas las decisiones a la prueba de la práctica, la democracia de una organización sigue siendo puramente formal y “parlamentaria”. Se reduce a un intercambio de opiniones sin consecuencias reales, todo el mundo puede participar en el debate con sus propias convicciones, faltando una práctica común para probar la validez de una orientación política.
International Viewpoint: ¿Cómo ha evolucionado la concepción de la LCR del leninismo desde su conferencia fundacional en el año 1969?
D.B.: Debido a las fuertes ilusiones espontaneístas que el movimiento de mayo de 1968 en Francia engendró entre los jóvenes, la fundación de la Liga Comunista como una sección de la Cuarta Internacional en 1969 fue el resultado de un intenso debate, particularmente sobre la cuestión de la organización. Con más de 30 años de retrospectiva, este debate fundador me parece decisivo. Esto nos permitió crear una organización que resistió el reflujo posterior a 1968 y a la prueba de las derrotas. Sin embargo, una revisión crítica de ese período es necesaria. En el contexto de la época, teníamos una tendencia a un fetiche del partido como adversario directo e inmediato del Estado (inspirado en una lectura cuestionable de Poulantzas), y dimos a nuestro “leninismo” un toque ligeramente “militarista” (“ultra- izquierdista”, si se lo prefiere). En esto se puede ver la influencia de Guevara, su voluntarismo y el papel atribuido a las acciones “ejemplares”.
En ese sentido, nuestra interpretación creó en parte una especie de “leninismo apresurado”, criticado por Regis Debray en su libro La Crítica de las Armas.
International Viewpoint: Desde hace más de una década hemos visto grupos que se reivindican leninistas operando dentro de formaciones relativamente importantes como el PT en Brasil, el Partido de la Refundación Comunista en Italia y ahora tenemos la experiencia del Partido Socialista Escocés. ¿No existe el peligro de que la inmersión prolongada en estos partidos atrofie la independencia política de estos grupos leninista y afecte su capacidad para operar como una fuerza política combatiente en tiempos de crisis política?
D.B.: Los ejemplos mencionados en la pregunta representan diferentes experiencias de la construcción del partido, cada uno diferente en su contexto, cada uno específico – desde el nacimiento de un partido obrero de masas (Brasil), de los conflictos dentro de los viejos partidos comunistas (Italia), a reagrupamientos de las corrientes radicales.
Más allá de eso, a pesar de esta diversidad, estas experiencias se insertan en una situación de redefinición y recomposición política, abierta por el fin del “corto siglo 20” desde la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética. Este es sólo el comienzo de un largo período de mutación y redefinición de las fuerzas dentro de los movimientos sociales progresistas.
La idea de una “inmersión prolongada” no me parece apropiada para referirse a estas experiencias, en la medida en que parece evocar las experiencias de “entrismo” en los partidos obreros de masas, en la década de 1930 o después de la Segunda Guerra Mundial. La presencia de corrientes revolucionarias en el PT no tiene nada de “entrista”. Ellas participan de una construcción pluralista bastante comparable a los partidos obreros de masas antes de la Primera Guerra Mundial (donde la noción de entrismo también carecía de sentido). Dentro de estas experiencias hay contradicciones que debemos reconocer y abordar. Un partido como el PT brasilero está sujeto a fuertes presiones, debido a su presencia en el Parlamento y su papel en los gobiernos locales y regionales. Al mismo tiempo, él permite la acumulación de experiencias sociales a gran escala. ¿Significa esto que un revolucionario se arriesga a embotar su filo y perder su alma? Sin duda. Pero, inversamente, si una corriente revolucionaria actualmente permanece separada también corre el riesgo de perder su alma, y de convertirse simplemente en una secta que denuncia, sin ensuciarse las manos. Entre dos riesgos, hay que elegir, buscar las mejores soluciones a los peligros (como la educación de los militantes) a sabiendas de que no hay garantías absolutas: lo que se gana en influencia social se pierde en filo organizativo. En cualquier caso, cada organización crea tendencias conservadoras (incluido el partido bolchevique en 1917) y nadie puede estar seguro de estar a la altura si hay una crisis revolucionaria; la crisis en sí es una prueba de la validez de un proyecto de construcción y el veredicto no se conoce de antemano.
International Viewpoint:¿Por qué, en principio, debería el capitalismo no ser derribado por una alianza de movimientos sociales de masas, cada uno de los cuales se organiza en torno a proyectos emancipatorios parciales – especialmente si todos ven al capitalismo como el enemigo?
D.B.: No me parece que sea la mejor manera de acercarse a la cuestión. Desde cierto punto de vista, el capitalismo será de hecho derrocado por una alianza, o una convergencia, de movimientos sociales de masas. Pero incluso si estos movimientos, a causa de sus proyectos liberadores, perciben al capitalismo como su enemigo (lo que tal vez es el caso para el movimiento de mujeres o el movimiento ecologista, no sólo el movimiento de los trabajadores), no creo que estos movimientos jueguen un rol equivalente. Y todos están atravesados por diferencias y contradicciones que reflejan su posición frente al capital como modo global de dominación. Hay un feminismo “naturalista” y un feminismo revolucionario, un ecologismo profundamente anti – humanista y un ecologismo humanista y social. Discutiendo esto, se podría quizás integrar los aportes sociológicos de Max Weber y Pierre Bourdieu sobre la creciente diferenciación social de la sociedad moderna y la diversidad de sus ámbitos sociales. Si se considera que estas esferas no están estructuradas en una jerarquía, sino simplemente yuxtapuestas, entonces tal vez se podría forjar coaliciones cambiantes entre diferentes movimientos (“coaliciones arco iris” sobre temas puntuales), pero sin fundamento sólido a su convergencia estratégica.
Yo creo, por el contrario, que dentro de un modo de producción particular (capitalista), la relación de explotación y el conflicto de clases constituyen una diagonal que atraviesa y unifica las otras contradicciones. El capital mismo es el gran unificador que subordina todos los aspectos de la producción y reproducción social, remodelando la función de la familia, determinando la división social del trabajo y sometiendo a la ley del valor la relación de la humanidad con sus condiciones naturales de reproducción. Si este es efectivamente el caso, el partido es un agente de unificación consciente y no la simple suma de movimientos sociales.
International Viewpoint: La base de la estrategia pos-1914 de Lenin era que el imperialismo estaba en su “agonía de muerte”, y era, por definición, un período de decadencia capitalista. ¿Cómo se sostiene esto tras nueve décadas?
D.B.: Yo no intepreto aquella caracterización de la época, una época de guerras y revoluciones, como un juicio coyuntural, o como una pronóstico inevitable sobre el colapso mecánico del sistema. Retrospectivamente, efectivamente el siglo 20 parece haber sido el siglo de guerras y revoluciones. Y el siglo 21, por desgracia, no va a ser diferente desde ese punto de vista. Las formas de dominación imperialista cambian, pero no desaparecen. La actualidad de la herencia de Lenin y Trotsky, concebida en un sentido crítico y no dogmático, es la del capital y el imperialismo mismo.
International Viewpoint: Varias organizaciones revolucionarias por fuera de la Cuarta Internacional (por ejemplo LO, el SWP y el DSP) tienden a argumentar que la LCR francesa por su mala organización y ausencia de centralización política. ¿Estás de acuerdo con esta idea de que la participación profunda y permanente de la LCR en diversos movimientos de masas ha reducido su capacidad para una rápida movilización en torno a las campañas centrales? Y si es así, ¿es esto una elección inevitable en la situación actual?
D.B.: Hay una parte de verdad. La LCR fue capaz de resistir las derrotas de los años 1980 y 90, esencialmente gracias a su actividad en el movimiento de masas – en los sindicatos y en los movimientos sociales de masas (desempleados, mujeres y antirracistas). Todo el mundo reconoce en Francia que la renovación del sindicalismo combativo, o la de AC! y Ras L’Front, no hubiera tenido el mismo desarrollo sin los militantes de la LCR. En el contexto de retroceso y resistencia, la utilidad de los movimientos sociales de masas parecía más evidente que la de una organización política como la nuestra, la que podía aparecer en un momento dado sólo como una red y un foro para la discusión de ideas. Esto sin duda dio lugar a un aflojamiento de la organización, lo que lamentamos y hemos estado tratando de corregir desde hace varios años, desde 1995-7. Sin embargo, preferimos aquel problema a ser una “ciudadela sitiada”. Lucha Obrera sin duda ha mantenido un nivel más alto de patriotismo de partido, pero el precio ha sido exorbitante; una petrificación sectaria y una incomprensión de los movimientos sociales.Por otra parte, siempre hay una tensión entre la construcción de la organización política y la intervención en movimientos unitarios, entre el riesgo de una respuesta sectaria y el de dilución del perfil político. Uno no puede resistir la doble tentación con una fórmula mágica. Se tiene que aprender a navegar. En una manifestación, LO (si participa) puede tener un contingente numéricamente más grande que la Liga, pero los militantes de la Liga también están presentes en los contingentes de sus sindicatos, Attac, Ras L’Front etc. Creo que nosotros hacemos más para desarrollar el “movimiento real para la abolición del orden existente”, que es la definición misma del comunismo.
International Viewpoint: La reciente concurrida escuela “Marxismo 2001” del SWP mostró una vez más que el perfil de edad de las organizaciones de extrema izquierda en Europa no es tan bueno (la mayoría más de 30, con una alta proporción de más de 40). ¿Por qué? ¿Qué se puede hacer al respecto?
D.B.: Lo que me llama la atención y me parece más importante, más que la composición demográfica de las escuelas de verano y reuniones como los Congresos Marx en Francia, es la renovación de interés en la crítica marxista de la sociedad moderna y la globalización capitalista. Desde luego, preferiríamos una asistencia más joven, pero el hecho de que una parte de la generación de 1960 haya sobrevivido políticamente los “años Thatcher” o “los años Mitterrand” es algo así como un plus para el futuro; existe la posibilidad de una continuidad y una transmisión de experiencias. Basándonos en que tenemos que hacer un esfuerzo para encontrar la manera de acceder a las actuales formas de politización de los jóvenes. Ya que éstas existen sin dudas.
Si no mitificamos la movilización anterior a 1968, podemos ver muchos signos de ellas en las actuales movilizaciones sobre la globalización (comparando con las luchas de entonces contra la guerra de Vietnam o la guerra de Argelia), o en los fenómenos culturales o musicales. Por otro lado, si organizaciones como el SWP y LCR son un poco “vaciadas” en cuanto a la generación de 1980, parecen conocer el inicio de una nueva perspectiva en la juventud.
International Viewpoint: Era un axioma para las organizaciones trotskistas en los años 60, 70 y 80, que el leninismo signifique una forma permanente de alto nivel de actividad de todos los miembros. A menudo, esto implicaba connotaciones moralistas e incluso cuasi-religiosas. ¿Es realista esperar que gran número de activistas mantengan un ritmo frenético de actividad durante décadas? ¿No está esto totalmente desconectado de la situación política actual?
D.B.: Una participación (voluntaria) en la lucha revolucionaria desde luego no es un hobby para el fin de semana. Parece normal que implique una exigencia de actividad, sacrificios profesionales, esfuerzos financieros. No es necesario para esto llegar a mantener una mística sacrificial o un espíritu religioso de misionero. Por otra parte las organizaciones que practican tal dopaje ideológico a menudo se revelan como las más vulnerables a la desmoralización: la desilusión y el desánimo son entonces proporcionales a la exageración de euforia de su motivación. Sin duda, el tipo de activismo de uso frecuente en la década de 1970 se relaciona a menudo con una apreciación exagerada de las posibilidades de los socialistas, pero también en relación a la disponibilidad de los miembros que en su inmensa mayoría provenían de la juventud y no se habían insertado en un trabajo o situación familiar. Decimos que hemos madurado y que el militantismo ha sido “normalizado” en ritmos y necesidades. El riesgo podría ser a partir de ahora inverso: caer en la rutina.
International Viewpoint: ¿Es el centralismo democrático un objetivo realizable a nivel internacional? ¿Alguna vez vamos a ver una nueva Internacional de masas organizada como la IC? A la luz de la experiencia moderna, ¿es realmente cierto que las organizaciones revolucionarias inevitablemente sufren desviaciones “comunistas nacionales” por estar por fuera de una Internacional?
D.B.: Vimos anteriormente que el concepto de centralismo democrático es difícil de definir. Esto es tanto más a nivel internacional. La IV Internacional se definió en sus inicios como Partido mundial. La fórmula prestaba a confusión haciendo entender que era posible operar con el grado de centralización de un partido nacional. Aquello admitió desventuras como la de 1952, cuando los líderes electos de la sección francesa fueron suspendidos por el Secretariado Internacional . Tal cosa es inimaginable hoy en día. Los Estatutos aprobados en 1974 reconocen la intangibilidad de las direcciones nacionales. El Congreso de 1985 hace explícito que la Internacional se compone de secciones y no de adherentes individuales, lo que implica una estructura muy federalizada.Es necesario continuar la reflexión sobre el tipo de democracia concebible a escala internacional. Si es posible adoptar posiciones comunes sobre los grandes acontecimientos internacionales, es sin embargo absurdo que los delegados europeos puedan votar las tácticas electorales en Perú o tácticas sindicales en Brasil. En lugar de discutir una fórmula (partido mundial, centralismo democrático), tal vez sería más útil extraer un balance sereno de experiencias y prácticas, para buscar el equilibrio adecuado entre un destructivo exceso de centralización y una simple red de intercambio, sin ningún compromiso o implicación común. También es necesario seguir atentamente las experiencias de renovación internacionalista, sobre todo en el movimiento contra la globalización capitalista, retomando la discusión de las experiencias pasadas. Yo me mantengo personalmente muy apegado a la necesidad de una Internacional y no creo que sea necesaria únicamente durante los períodos de avance revolucionario impetuoso. Sin embargo creo que la Comintern no es más un modelo para esto.
International Viewpoint: Los pequeños grupos que luchan por construir partidos leninistas hicieron sus primeros avances en los mediados-finales de 1960. Después de más de 30 años de esfuerzo se podría argumentar que los resultados son bastante modestos. Sin duda, gran parte de la razón de esto se basa en factores objetivos profundos – derrotas de la clase obrera, el neoliberalismo, el colapso del “comunismo”, etc. En retrospectiva, ¿se cometieron grandes errores? ¿Podrían los resultados haber sido mejores?
D.B.: Los resultados podrían, sin duda, haber sido mejores. Se podría revisar la historia de la década de 1930 y hacer un inventario de los errores. De hecho, no es una cosa inútil para hacer en lo absoluto, porque estas experiencias, estos tesoros de la inteligencia, de entrega y de sacrificio no fueron para nada inútiles. Pero si tenemos en cuenta que los resultados fueron limitados, con tantas vías exploradas, tantas interpretaciones teóricas intentadas, entonces, sin duda, las circunstancias eran muy duras. Yo digo las circunstancias y no las condiciones objetivas. Porque hay un vicio en la contraposición entre las condiciones objetivas y subjetivas. Ambas están obviamente relacionadas. Si se las disocia por completo, se cae en paradojas que tienen a menudo consecuencias desastrosas en el movimiento trotskista. Si las circunstancias objetivas fueron tan excelentes como uno piensa, y si el movimiento revolucionario no pudo sacar provecho de ellas, entonces fueron las organizaciones, sus direcciones, sus militantes quienes fallaron; o de lo contrario hubo traidores internos. Ese tipo de paranoia no hace bien a nadie.
Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona) fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania de la eurocrisis.
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sistimos en Ucrania a una repetición de la situación vivida en la Guerra de Invierno de la URSS contra Finlandia, de noviembre de 1939 a marzo de 1940. El fracaso de la “guerra relámpago”, que los rusos parecían contemplar como primer escenario de su invasión de Ucrania, está teniendo como claro efecto incentivar el intervencionismo militar occidental en el conflicto.
En lugar del esperado desmoronamiento, la confraternización y masiva deserción del ejército regular ucraniano, de la huida del Gobierno hacia Ucrania Occidental ante la proximidad de las tropas rusas en Kiev y de una escasa resistencia en el este y sur del país, Moscú se encontró con otro cuadro que le ha obligado a cambiar de plan e incrementar la presión militar.
Como ahora en Ucrania, Moscú buscaba distancia en aquella Guerra de Invierno. Leningrado, actual San Petersburgo, quedaba entonces a unos 40 kilómetros de la frontera finlandesa. Finlandia, como Polonia, había logrado salirse del Imperio ruso con la quiebra del zarismo y la posición de la antigua capital imperial estaba geográficamente demasiado comprometida y expuesta a una invasión. La guerra buscaba ampliar la zona de seguridad, algo que los dirigentes rusos mencionan ahora referido a Ucrania y que desde hace siglos ha sido uno de los motivos básicos del expansionismo defensivo ruso en un país de enormes espacios sin barreras ni límites geográficos.
También entonces las cosas salieron mal –o “como siempre”, según el dicho ruso popularizado por el ex primer ministro Viktor Chernomyrdin en los noventa– y lo que debía ser una “corta guerra victoriosa” ante un pequeño adversario, se cobró un enorme precio de centenares de miles de bajas rusas. El ataque estuvo pésimamente planeado, sin tener en cuenta el escenario, el clima ni problemas logísticos básicos. Los prisioneros soviéticos se quejaban de falta de material y municiones. Muchos años después, Nikita Jrushov calificó de “peligrosa” aquella derrota de los finlandeses, precisamente porque “la evidencia de que la URSS era un gigante con los pies de barro animó a nuestros enemigos”, dijo. Quince meses después de la firma de la paz con Finlandia, Alemania invadía la URSS.
Ahora Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea, que en el inicio de la campaña aseguraron que no intervendrían, se están animando. No solo son los ojos y oídos tecnológicos del ejército ucraniano, lo que permite a este golpear con precisión, limitar la superioridad aérea del adversario y matar a sus generales, sino que incrementan el suministro de armas con la manifiesta intención de sangrar al oso en la trampa en la que él mismo se ha metido.
En Europa, el consenso es que “este conflicto se ganará en el campo de batalla”, en palabras de Josep Borrell tras anunciar otros 500 millones de euros del Fondo Europeo en Apoyo de la Paz (FEAP) para proveer de más armas a los ucranianos. La OTAN ha puesto 40.000 hombres más en su flanco oriental, establecerá más bases militares permanentes en Europa Oriental y suministrará misiles tierra-aire para abatir aviones rusos y misiles contra naves rusas en el Mar Negro. De Eslovaquia han llegado baterías antimisiles de fabricación rusa S-300, que los rusos dicen haber destruido ya en Dniepropetrovsk (Dnipró). Los más insensatos del club europeo, es decir, los polacos, insisten en llevar a cabo una intervención militar terrestre en Ucrania Occidental, aunque sea sin la bandera de la OTAN. Washington no enviará tropas a Ucrania (los cuadros de las SAS británicas y los Delta americanos están allí “desde el principio de la guerra”, dice el corresponsal de Le Figaro, Georges Malbrunot) pero está dispuesto a apoyar a los países de la OTAN si alguno de ellos lo decide, declara la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield.
En el fomento de esta escalada, el papel del complejo mediático es clave. Los crímenes de la soldadesca, que en las guerras de Occidente son considerados excepciones en los contados casos en los que son desvelados, están siendo considerados norma y debidamente amplificados, incluso en los casos en los que no hay evidencia independiente de su verosimilitud. Por desgracia, algunos de ellos han sido demostrados y nos retrotraen a escenas ya conocidas como las vividas en la localidad chechena de Shamashkí en abril de 1995.
“Todos los rusos son ahora nuestros enemigos”, “Tanques para la ofensiva”, titula el Frankfurter Allgemeine Zeitung, principal diario alemán. “Una intervención militar de la OTAN ya no debe ser tabú”, señala Die Welt. Poco después de un mes de iniciada la invasión rusa, la negociación ha desaparecido por completo del horizonte occidental: “Nuestro objetivo es que Rusia no gane esta guerra”, dice el canciller Olaf Scholz. “Eso es lo que hay detrás de nuestros envíos de armas, de nuestra ayuda financiera y humanitaria, de las sanciones y de la recepción de refugiados”, explica.
El presidente Biden, que puede tener en sus bajos niveles de popularidad y en la inflación, que achaca “a los rusos”, un motivo político para la guerra exterior, está sometido a influencias de sentido diverso. Desde el Pentágono y la CIA se le aconseja prudencia, desde el complejo mediático y el Departamento de Estado se le invita a implicarse más. En sus declaraciones, Biden ya habla de un conflicto de años por delante “entre democracia y autocracia, libertad y represión” y se le escapa en un discurso la voluntad de cambiar el régimen en Moscú al afirmar que Putin (“criminal de guerra” y autor de “genocidio”) “no puede seguir mandando” allá. Una mayoría de americanos apoyan en las encuestas el establecimiento de una “zona de exclusión aérea” si la guerra persiste, pese a que los militares advierten que eso supone derribar aviones rusos y que los rusos derriben los propios, así como la necesidad de atacar defensas antiaéreas en territorio ruso. En su editorial del 10 de abril, The Observer aboga por la intervención militar directa en Ucrania Occidental, que los polacos desean, suministrar tanques y aviones y destacar fuerzas navales en el Mar Negro que disuadan de cualquier propósito de tomar Odesa. “Los riesgos son obvios, pero su única alternativa es una carnicería sin fin. Si Occidente es serio en su propósito de detener la guerra, esas medidas fuertes pueden ser la única vía”.
En Washington el dilema “o contra Rusia o contra China” que tantas divisiones creó en el establishmentdurante la presidencia de Donald Trump se ha resuelto definitivamente: contra ambas. “La mejor manera de actuar contra China es derrotar a Rusia”, dice un conocido analista local, expresando el nuevo consenso.
En su última reunión de ministros de exteriores, el día 8 de abril en Bruselas, la OTAN señaló claramente los preparativos de guerra contra China que se reflejarán en el anunciado “nuevo concepto estratégico” que debe aprobarse en la cumbre del próximo junio en Madrid. Por primera vez en su historia los ministros de exteriores de Corea del Sur y de Japón participaron en un cónclave de la OTAN de ese nivel en Bruselas, además de los de Australia y Nueva Zelanda. Japón se ha sumado a las sanciones contra Rusia y ha deshecho en cuestión de días todos los avances en la complicada relación bilateral con Rusia trabajosamente logrados bajo el mandato de Shinzo Abe. El Aukus (Australia, Inglaterra y Estados Unidos) ha anunciado el desarrollo de nuevos misiles hipersónicos para el escenario asiático. “Las políticas coercitivas de China a nivel global son un desafío sistémico a la seguridad de la OTAN”, ha dicho su secretario general, Jens Stoltenberg.
Los chinos toman buena nota de todo ello. “Estados Unidos siente que la fuerza de sus aliados en el Pacífico occidental no es suficiente y quiere implicar a toda la OTAN en su diseño indopacífico”, estima el diario chino Global Times.
Los resultados de la primera fase de la invasión, tan ambiguos para Moscú y tan desastrosos para la imagen internacional de Rusia en Occidente, han incrementado la expectativa de un segundo desastre ruso en la batalla del Donbass que ahora se anuncia y en la que los rusos esperan rodear y aniquilar al mayor y más combativo cuerpo de ejército ucraniano. Habrá que ver si las armas y recursos occidentales, así como el empeño ucraniano, logran torcer de nuevo el propósito.
En Moscú el revés de la primera fase ha generado una mezcla de mal humor, contrariedad y jactancia entre los propagandistas de la guerra que salen por la televisión. El inquietante endurecimiento del discurso, contra Ucrania, contra la nación ucraniana y contra los ucranianos en general, es la consecuencia. También la emigración: 100.000 jóvenes rusos, en gran parte especialistas cualificados, abandonaron el país en marzo y se espera que las cifras de abril sean similares.
Podemos preguntarnos hasta dónde llegará esta locura en Rusia, sin perder de vista esa demencia mucho más general que empuja inequívocamente al mundo hacia una gran guerra.
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a reciente historiografía de la guerra franco-alemana y de la Comuna[1]Véase por ejemplo: Mathilde Benoistel, Sylvie Le Ray-Burimi, Christophe Pommier (eds.), France-Allemagne(s) 1870-1871. La guerre, la Commune, les mémoires, París, Gallimard / Musée de … Seguir leyendo ha permitido poner en perspectiva un doble aspecto de esta secuencia rica en rupturas. El objetivo es comprender mejor, por un lado, la unidad interna del momento que va desde la guerra de 1870 hasta la revolución parisina y, por otro, el carácter constitutivo de su dimensión internacional. Del lado francés (y parisino), fue la onda expansiva de la derrota, redoblada por la movilización de un pueblo en armas y el calvario del asedio de la capital por las tropas prusianas, lo que provocó el derrumbe del régimen imperial y una profunda crisis de legitimidad de las clases dirigentes. Esta crisis provocó a su vez una ola revolucionaria a gran escala que, tras su aplastamiento, dio lugar a un periodo de incertidumbre, seguido a su vez de una (relativa) estabilización republicana salpicada de grandes convulsiones (crisis de los Boulangiste, affaire Dreyfus).
Pero la secuencia de 1870-1871 también alteró el equilibrio internacional, polarizó las opiniones y movilizó fuerzas que iban más allá de las fronteras nacionales. Francia, a la vez primera potencia colonial y heredera de una tradición revolucionaria, envió al frente un ejército variopinto, que incluía contingentes masivos de tropas «autóctonas» («fusileros argelinos»/»turcos» y zuavos) y voluntarios extranjeros, que acudieron por millares a luchar junto a la «Gran Nación» y algunos de los cuales se unieron más tarde a los levantamientos comunalistas. Finalmente, la victoria militar prusiana selló la unidad alemana, y con ella el inicio de una nueva era de tensiones intraeuropeas y de una mayor competencia en la empresa de la expansión colonial que anunciaba el conflicto generalizado del siglo siguiente. El proceso de formación de los Estados-nación europeos se vio alterado de forma irreversible, en una dirección que iba a divergir constantemente de la dinámica democrática y «nacional-popular» surgida de las revoluciones de 1848. A partir de entonces, las «revoluciones desde arriba», el nacionalismo agresivo y el imperialismo conquistador ocuparon el primer plano.
La investigación de la historiadora griega Xenia Marinou se sitúa en la encrucijada de estas múltiples dimensiones. Su objeto forma parte de un fenómeno más amplio que abarcó el siglo XIX, el de los combatientes voluntarios que se comprometieron con causas nacionales distintas a la de su país de origen: Filohelenos que fueron a luchar junto a los griegos insurrectos contra el yugo otomano, legiones garibaldinas que recorrieron Europa pero también Sudamérica, voluntarios extranjeros en la causa polaca o en el Norte antiesclavista durante la Guerra Civil estadounidense, estas manifestaciones de compromisos transnacionales dan testimonio concreto de este espíritu universalista del que era portadora la idea de nación en el momento de su aparición. Centrándose en el caso de los voluntarios griegos que se alistaron en las tropas francesas durante la guerra franco-prusiana, especialmente en la Legión Extranjera de Garibaldi, y algunos de los cuales pudieron sin duda llegar al París de la Comuna, la investigación de Xenia Marinou nos permite comprender las cuestiones cruciales que están en juego en este fenómeno: ¿cuáles eran las verdaderas motivaciones de estos voluntarios, que a menudo se reducen al sentimentalismo romántico de la época o a una simple búsqueda de aventuras? ¿De qué entornos sociales y político-culturales procedían? Y, más concretamente en el caso de Grecia, ¿cómo explicar el tamaño de un contingente (1.500 voluntarios, según una estimación realista, de un total de 60.000 combatientes extranjeros) de un país situado en el borde de Europa, de tamaño irrisorio (Grecia tenía entonces menos de un tercio de su superficie actual), un país económicamente atrasado, con sólo cuatro décadas de existencia como Estado independiente y una población de menos de un millón y medio de habitantes? Por último, un tema prácticamente inexplorado[2]Quentin Deluermoz, por ejemplo, habla de «algunas decenas» de voluntarios griegos (Commune(s)…, op. cit., p. 33). Una estimación realista es de alrededor de 1.500 – esta es también la … Seguir leyendo antes de esta investigación, ¿podría ser que, al igual que los combatientes extranjeros de otras nacionalidades (polacos e italianos en particular), algunos de estos voluntarios griegos se unieran a las filas de los comuneros? Y si, en contra de la opinión bien establecida, al parecer, entre los historiadores [3]En su tesis, Xenia Marinou recoge las palabras de los miembros de la Associación de amigos de la Commune de Paris, según los cuales se trata del «chiste más corto entre los historiadores». En el … Seguir leyendo, esto fue efectivamente así, ¿cuáles fueron las vías por las que este proceso pudo tener lugar?
Este estudio de caso nos lleva a algunas cuestiones generales que trataremos de aclarar en las siguientes observaciones, sin ninguna pretensión de exhaustividad. Podrían formularse de la siguiente manera: ¿cuál es el significado del «internacionalismo» y, en particular, del internacionalismo específico de los movimientos revolucionarios multiformes que marcaron el siglo XIX europeo? ¿Es pertinente el término para designar compromisos tan diversos, o debemos hablar de «internacionalismos» distintos, incluso contradictorios? A partir de los contextos del siglo XIX anteriores a la generalización del modelo de Estado-nación, ¿cómo podemos historiar adecuadamente la relación entre las causas nacionales y el(los) internacionalismo(s), en particular el que el movimiento obrero reivindicó desde el principio?
Empecemos por el último punto. En la tradición socialista y comunista, el internacionalismo está estrechamente asociado -a menudo incluso reducido- a la idea de una solidaridad de clase que une a las clases trabajadoras en una lucha común más allá de las fronteras nacionales. La formulación canónica se encuentra, sin duda, en el conocido pasaje del Manifiesto Comunista que afirma que «los comunistas se diferencian de los demás partidos obreros sólo en dos puntos», siendo el primero precisamente que «en las diversas luchas nacionales de los proletarios, plantean y afirman los intereses independientes de la nacionalidad y comunes a todo el proletariado» – y el segundo que «representan siempre los intereses del movimiento en su totalidad». Sin embargo, en el mismo texto, justo después de «la abolición de la explotación por el hombre», Marx y Engels mencionan explícitamente la de «la explotación de una nación por otra», aunque hicieron del fin de esta última la consecuencia ineludible de la abolición de la primera[4]«a medida que la explotación del hombre por el hombre es abolida, también lo es la explotación de una nación por otra nación».. Además, subrayaron que el desarrollo del capitalismo condujo a «una interdependencia universal de las naciones», e incluso a la aparición del sueño de Goethe de una «literatura universal [Weltlitteratur]»[5]Véase S. S. Prawer, Karl Marx and World Literature, Londres y Nueva York, Verso, pp. 143-144.. Sin embargo, en contra de lo que algunos creen, en ninguna parte dice que las naciones vayan a desaparecer; el Manifiesto sólo habla de superar «la estrechez y el exclusivismo nacionales» y «el antiguo aislamiento de las provincias y las naciones autosuficientes». Del mismo modo, la idea de Goethe de la Weltlitteratur no significa abandonar las especificidades nacionales de cada corpus literario. Por el contrario, al hacerse accesible a todos, cada literatura sería «apreciada por su carácter distintivo y su diferencia, por el color instrumental que aporta a la sinfonía de la literatura universal»[6]Ibid, p. 144.. La visión resultante puede resultar unilateral, en el sentido de que exagera los aspectos unificadores de la globalización económica del capital y, en consecuencia, subestima los antagonismos nacionales y el potencial agresivo de los nacionalismos. Sin embargo, en una reunión de junio de 1866 del consejo general de la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores, o 1ª Internacional) dedicada a la guerra austro-prusiana, Marx ridiculizó las afirmaciones de los participantes franceses (especialmente su futuro yerno Paul Lafargue), imbuidos de una mezcla de proudhonismo y universalismo republicano, que «llegaron a afirmar que todas las nacionalidades y todas las naciones no eran en sí mismas más que ‘prejuicios caducos’»[7]Carta de Marx a Engels, 20 de junio de 1866, en Karl Marx, Friedrich Engels, Correspondencia, vol. VIII, enero de 1865-junio de 1867, París, Éditions sociales, 1981, pp. 284-285.. Detrás de este cosmopolitismo, que pretendía disolver las naciones (y los Estados) en una «unión… de ‘pequeños grupos’, o ‘comunas”, Marx descifraba un nacionalismo galocéntrico no reconocido que preveía «su absorción [de las nacionalidades] por la nación modelo, la nación francesa». Retomando las formulaciones del texto fundacional del comunismo moderno, la tematización de la explotación propia de la era del capital no puede reducirse a la mera oposición entre capital y trabajo; también se refiere a una relación asimétrica entre naciones que se está universalizando, como parte del movimiento de expansión global del cosmos burgués.
Tanto las ideas internacionalistas como las causas nacionales no son puras abstracciones, sino que se encarnan en organizaciones, redes de activistas y prácticas que atraviesan las fronteras al tiempo que conservan un anclaje nacional específico. En el emergente movimiento obrero del siglo XIX, la movilidad de la mano de obra, facilitada por el entramado relativamente laxo de las fronteras interestatales, y la existencia de grandes comunidades de exiliados facilitaron la formación de redes organizativas inter y transnacionales. Incluso un somero examen de su historia -en particular de la más importante de ellas, la Primera Internacional- revela que la cuestión del internacionalismo tiene desde el principio una compleja relación con la de la nación y la de las «nacionalidades», entendidas como naciones en formación, que carecen de Estado y se movilizan para crearlo. Por decirlo de otro modo, el internacionalismo de clase se formó en estrecha interacción -pero no sin tensiones- con la otra gran pasión del siglo XIX (y que la siguió): la cuestión nacional o, más exactamente, la emergencia de las naciones, las nacionalidades y los Estados-nación europeos, motor esencial de las revoluciones de 1848 (y su legado más duradero), denominadas con razón «la primavera de los pueblos». Sin embargo, la naturaleza exacta de esta relación ha seguido siendo una cuestión abierta, cargada de los escollos, si no de las tragedias, que han salpicado la historia del movimiento obrero y del pensamiento socialista y comunista. La antinomia radical entre el internacionalismo de clase y las reivindicaciones nacionales, consideradas como una mistificación ideológica burguesa, la complementariedad (más o menos condicionada según la versión) y la posible alianza entre ambos, la interpenetración de las dos dimensiones o la subordinación de una a la otra, las posiciones defendidas, incluso por aquellos que reivindicaban su pertenencia a un marco teórico específico como el marxismo, han saturado todo el espectro, dejando a su paso más preguntas que respuestas[8]La bibliografía es inmensa; para las síntesis que tratan más específicamente del marxismo y de las corrientes del movimiento obrero que lo han reivindicado, podemos citar, a modo de ejemplo: … Seguir leyendo.
Sin pretender ser sistemáticos en el contexto de este texto, intentemos no obstante arrojar algo de luz sobre el asunto remontándonos a un momento fundacional: la reunión en el Saint-Martin’s Hall de Londres el 28 de septiembre de 1864, que dio origen a la AIT. A menudo se olvida que esta reunión fue convocada como una demostración de solidaridad con la lucha polaca por la independencia, que había sido reavivada por la insurrección derrotada de enero de 1863[9]Sobre este mitin y lo que sigue en la AIT, véase Kevin Anderson, Marx at the Margins. On Nationalism, Ethnicity and Non-Western Societies (Chicago: University of Chicago Press, 2010), pp. 64-78; … Seguir leyendo. En la tribuna, junto a Marx y los dirigentes de los sindicatos londinenses, se sentaba el comandante Luigi Wolf, entonces secretario de Giuseppe Mazzini -una figura destacada del Risorgimento– y que iba a ser miembro del primer Consejo General de la Internacional. Unos meses antes, en abril de 1864, Giuseppe Garibaldi, el otro héroe de la lucha por la unidad de Italia, había sido recibido en Londres por una gran multitud de personas de todos los estratos sociales, pero con un elemento predominantemente obrero, movilizado en particular por la acción del Comité de Recepción de Trabajadores y el semanario sindical londinense The Bee-Hive. No es una coincidencia, entonces, que, como sabemos por una carta de Marx a su tío León Philips, los organizadores de la reunión de St Martin’s Hall, es decir, «los verdaderos líderes de los trabajadores de Londres, y, con una o dos excepciones, todos trabajadores mismos», fueran «las mismas personas» que prepararon «la gigantesca recepción para Garibaldi, y que, con su monumental mitin con [John] Bright en St James’s Hall, evitaron la guerra con los Estados Unidos»[10]Carta de Marx a Lion Philips, 29 de noviembre de 1864, en Karl Marx, Friedrich Engels, Correspondencia, vol. VII, 1862-1864, París, Editions sociales, 1979, pp. 311-312. John Bright era una figura … Seguir leyendo.
Entre la guerra civil americana, la unidad italiana y el levantamiento polaco, podemos ver aquí la constelación de causas internacionales que estaban en el centro de la actividad del movimiento obrero de la época: por ejemplo, la «el monumental mitin» mencionado en esta carta tenía como objetivo afirmar la solidaridad con el Norte y denunciar la voluntad del gobierno británico de intervenir del lado del Sur esclavista. Uno de los hilos que unen concretamente a todas estas causas es su capacidad para atraer a sus filas a combatientes voluntarios de diversos países que llevan el «espíritu de 1848». Las tropas garibaldinas, sin duda el modelo más exitoso de este compromiso en el siglo XIX, eran multinacionales y transnacionales tanto en su composición como en sus áreas de acción. En las acciones de los republicanos irlandeses, sobre todo en las de su sección estadounidense, participaron veteranos de los movimientos garibaldinos como Gustave Cluseret, futuro oficial de la Guerra Civil y delegado en la guerra de la Comuna, pero también una figura como Louis Riel, líder del pueblo «mestizo» (descendiente tanto de europeos como de las Primeras Naciones) que lideró dos levantamientos contra el gobierno canadiense. El propio James Stephen, líder histórico de los fenianos y antiguo quarante-huitard, había establecido fuertes vínculos con los círculos revolucionarios europeos, incluida la AIT[11]Sobre la composición multinacional de las tropas garibaldinas véase Gilles Pécout, «The International Armed Volunteers: Pilgrims of a Transnational Risorgimento», Journal of Modern Italian … Seguir leyendo. En cuanto al ejército del Norte durante la Guerra Civil, contó con miles de voluntarios extranjeros en sus filas, entre ellos 200.000 alemanes (casi una cuarta parte de ellos alistados en unidades de habla alemana). Entre ellos, y con rango de oficiales, se encontraban varios antiguos miembros de la Liga de los Comunistas, como August Willich, Fritz Anneke y Joseph Weydemeyer, amigo íntimo y colaborador de Marx. Como señala Robin Blackburn, «el ‘Partido de Marx’, especialmente a través de Weydemeyer, desempeñó un importante papel en la captación de la emigración alemana para la causa republicana[12]Robin Blackburn, Marx y Lincoln. An Unfinished Revolution, Londres y Nueva York, Verso, 2011, p. 24. Sobre Weydemeyer y su papel en la Guerra Civil, véase la biografía de Karl Obermann, Joseph … Seguir leyendo”. Se puede, pues, estar de acuerdo, pero limitando el alcance al periodo que llega hasta la guerra franco-alemana, con la observación del historiador Gilles Pécout de que «en el largo siglo XIX europeo, ninguna causa fue más internacional que la de la nación. Hasta la Primera Guerra Mundial, no existía una contradicción real entre los valores nacionales y los del internacionalismo, y en el ámbito de la guerra, esto se manifestaba sobre todo en el fenómeno de los voluntarios armados»[13]«Los voluntarios armados internacionales…», art. cit. p. 413..
Volvamos ahora al momento de la fundación de la AIT, en el St. Martin’s Hall de Londres, aquel día de septiembre de 1864. La reunión fue presidida por Edward S. Beesly, un académico, figura prominente en los círculos positivistas de Londres y amigo personal de Marx, que aprovechó esta plataforma para denunciar el colonialismo inglés y sus acciones en Gibraltar, China, India e Irlanda, que comparó con la opresión de los regímenes despóticos continentales. Una vez formado, el AIT afirmó inmediatamente su compromiso con el Norte y con la emancipación de los negros en una guerra civil considerada como la «segunda revolución americana». A este compromiso le siguió un apoyo activo a la lucha irlandesa por la «emancipación nacional», puesta en pie de igualdad con la de Polonia, la otra gran causa del movimiento obrero y democrático europeo de la época. Como veremos más adelante, la actitud a adoptar sobre Irlanda se convirtió rápidamente en la principal línea divisoria en cuanto al significado del internacionalismo dentro de la AIT en el periodo anterior a la Comuna. Un verdadero asunto de familia para Marx y Engels,[14]Este fue particularmente el caso de la hija mayor de Marx, Jenny, que se comprometió sin reservas a apoyar la causa irlandesa, llegando a llevar una cruz, originalmente un símbolo del levantamiento … Seguir leyendo el apoyo a la causa irlandesa dividió profundamente a la sociedad victoriana durante la década de 1860 y despertó muchas reticencias incluso dentro de los círculos de la clase obrera, incluyendo a la mayoría de los líderes sindicalistas ingleses del consejo general de la Internacional.
Las palabras pronunciadas en la reunión inaugural encontraron su primera formulación sistemática en los principios expuestos en el Discurso Inaugural de la AIT. Este texto de síntesis, redactado por Marx, denuncia con virulencia «la política exterior [de las potencias europeas]», una política «que persigue designios criminales» y que se traduce en «guerras de piratería», la aprobación del «asesinato de la heroica Polonia» y «la infamia de una cruzada para el mantenimiento y el desarrollo de la esclavitud a través del Atlántico». Pero, sobre todo, el Discurso invita al movimiento obrero a emprender una elaboración propiamente política y estratégica del internacionalismo, más allá de la invocación de «las simples leyes de la moral y de la justicia como leyes supremas en el comercio de las naciones», llamando a «los trabajadores… [a] familiarizarse con los misterios de la política internacional, a vigilar la conducta diplomática de sus respectivos gobiernos, a combatirla si es necesario por todos los medios a su alcance». Se afirma así la necesidad de una política internacional autónoma del movimiento obrero, capaz de ir más allá del universalismo republicano y de los principios morales que Marx, adaptándose (involuntariamente) al estado de ánimo de los principales animadores de la Internacional en proceso de constitución, resuelve insertar en la conclusión del Discurso Inaugural[15]En su carta a Engels del 4 de noviembre de 1864, Marx da cuenta detallada del proceso que llevó a la redacción y adopción del texto y afirma que «todas mis propuestas fueron adoptadas por el … Seguir leyendo. No sin antes precisar que «luchar por una política exterior de esta naturaleza es participar en la lucha general por la emancipación de los trabajadores». Por eso también se opuso a cualquier convergencia orgánica entre la AIT y la Liga de la Paz y la Libertad, a la que estaban afiliados muchos de los principales liberales y demócratas de Europa (Victor Hugo, Edgar Quinet, John Stuart Mill, Garibaldi). Marx lo calificó de «sindicato de pacifistas baladores» y no reconoció su «razón de ser», ya que sólo la lucha por el cambio radical de las condiciones sociales podía, en su opinión, evitar las guerras[16]Cf. carta de Marx a Engels del 4 de septiembre de 1867, en Karl Marx, Friedrich Engels, Correspondencia, vol. IX, julio de 1867-diciembre de 1868, París, Editions sociales, 1982, p. 25. La … Seguir leyendo.
El caso de Irlanda, prototipo de situación colonial en el seno de la propia Europa, sería la prueba decisiva del nuevo internacionalismo que pretendía promover la AIT. Fue interviniendo, en particular en los años 1867-1870, en la cuestión irlandesa que Marx emprendió, con Engels, el estudio en profundidad de la historia de la isla, y en particular de la cuestión agraria y de la tierra, y, a partir de ahí, de la imbricación de la lucha nacional y de las relaciones de clase[17]La colección de textos de referencia sobre Irlanda fue durante mucho tiempo la de lengua inglesa: Karl Marx, Frederick Engels, On Ireland, Moscú y Londres, Lawrence & Wishart, Progress … Seguir leyendo. Llegó entonces a una nueva posición, a la que consiguió, a costa de debates a menudo tormentosos, reunir poco a poco a la mayoría del Consejo General de la Internacional[18]Véanse al respecto: Kevin Anderson, Marx at the Margins, op. cit. pp. 115-153; Ellen Hazelkorn, «Capital and the Irish Question», Science & Society, vol. 44, nº 3, 1980, pp. 326-356; Jie-Hyun … Seguir leyendo. Se puede resumir así: para la nación dominada, la lucha por la independencia no puede disociarse de la revolución social. Por eso «en Irlanda la operación es cien veces más fácil, porque la lucha económica se concentra allí exclusivamente en la propiedad de la tierra, porque esta lucha es al mismo tiempo nacional, y porque el pueblo es más revolucionario y está más exasperado que en Inglaterra». En la nación dominada, el explotador es simultáneamente el opresor colonial, cuya función económica y moral es «representar la dominación de Inglaterra sobre Irlanda»[19]Karl Marx, «Circular del Consejo General de la AIT al Consejo Federal de la Suiza francesa del 1 de enero de 1870», MEGA [Marx Engels Gesamtausgabe] I.21, pp. 162-163 – un extracto está … Seguir leyendo. Como señala Domenico Losurdo, «en Irlanda no existe una ‘cuestión social’ aparte de la ‘cuestión nacional’; hay una identidad de hecho entre una y otra, al menos durante todo un periodo histórico, hasta que se alcanza la independencia»[20]Domenico Losurdo, La lutte des classes. Une histoire philosophique et politique, París, Delga, 2016, p. 22..
Esta visión de la lucha nacional no era abstracta ni excéntrica, sino que estaba en consonancia con el surgimiento y la radicalización del movimiento nacional irlandés en la década de 1860. De hecho, la proclamación de independencia de los fenianos en 1867, que reavivó la lucha de liberación sobre el terreno, pretendía basar la nueva república en el sufragio universal. El nuevo estado independiente debía «asegurar para todos el valor intrínseco de su trabajo», y actuar de acuerdo con el principio de que «el suelo de Irlanda, ahora en posesión de una oligarquía, nos pertenece a nosotros, el pueblo irlandés, y debe sernos devuelto». Dirigiéndose a los «republicanos de todo el mundo», la proclama afirma que «nuestra causa es vuestra causa. Nuestro enemigo es vuestro enemigo». Y añade: «En cuanto a vosotros, trabajadores de Inglaterra, no sólo deseamos vuestros corazones, sino también vuestros brazos. Recordad el hambre y la degradación que la opresión del trabajo ha traído a vuestros hogares»[21]Cf. Ronan Burtenshaw, Donal Fallon, «Ireland’s Other Proclamation», art. cit. Véase el texto completo de la Proclamación de Independencia de 1867.. Respondiendo a este llamamiento urgente, la posición de la AIT, formulada por Marx y adoptada a través de un arduo trabajo en el que, además de él mismo y de Engels, participaron miembros de su familia y aliados políticos, atribuye a esta acción internacionalista un importante significado estratégico: «la tarea especial del consejo central [de la AIT] en Londres [es] despertar a la clase obrera inglesa a la conciencia de que la emancipación nacional de Irlanda no es para ellos una cuestión de justicia abstracta o de sentimientos humanitarios, sino la primera condición de su propia emancipación social»[22]Marx, carta a Siegfried Meyer y August Vogt del 9 de abril de 1870, en Karl Marx, Friedrich Engels, Correspondencia, vol. X, enero de 1869-junio de 1870, París, Messidor/Editions sociales, 1984, pp. … Seguir leyendo.
El punto nuevo y decisivo que se desprende de estas elaboraciones es que, más allá de las características de clase de las fuerzas que la originan y determinan su contenido social, la liberación nacional de un pueblo oprimido sólo puede provenir de su propia acción, y no de una victoria previa de la clase obrera de la nación dominante, o incluso de la nación capitalista más desarrollada del mundo, como habían pensado anteriormente Marx y Engels[23]Dirigiéndose sobre todo a los cartistas, Marx concluyó su discurso del 29 de noviembre de 1847 sobre Polonia (fecha corregida) de la siguiente manera: «De todos los países, Inglaterra es el que … Seguir leyendo). El orden se invierte ahora: la emancipación nacional de Irlanda e«la condición previa para la emancipación de la clase obrera inglesa», en palabras de la circular de la AIT de enero de 1870. En una carta a Engels de diciembre de 1869, Marx es aún más explícito sobre su propia evolución: «Durante mucho tiempo pensé que era posible derrocar el régimen actual en Irlanda mediante el ascenso de la clase obrera inglesa. (…) Pero un análisis más detallado me ha convencido de lo contrario. La clase obrera inglesa nunca hará nada hasta que se deshaga de Irlanda. Es en Irlanda donde hay que colocar la palanca. Por eso la cuestión irlandesa es tan importante para el movimiento social en general»[24]Carta de Marx a Engels del 10 de diciembre de 1869, en Karl Marx, Friedrich Engels, Correspondencia, vol. X, op. cit, pp. 232-233. El énfasis de Marx.. La razón de este cambio es, pues, doble: por un lado, la emancipación del pueblo oprimido socava la base económica, política, militar e ideológica de la clase dominante en la metrópoli, mientras que, por otro, sólo el apoyo inequívoco a la lucha de la nación oprimida puede poner fin a la división interna del proletariado británico entre los inmigrantes irlandeses y los trabajadores ingleses, una «división [que] es el verdadero secreto del mantenimiento de su poder [de los terratenientes y la burguesía inglesa]». Es en la circular de la Internacional citada anteriormente donde aparece la famosa formulación: «el pueblo que somete a otro pueblo forja sus propias cadenas»[25]Karl Marx, «Circular del Consejo General de la AIT al Consejo Federal de la Suiza Francesa…», op. cit. Sobre la evolución de las posiciones de Marx y Engels sobre la cuestión irlandesa, … Seguir leyendo.
No menos destacable es el hecho de que, en contra de la rígida visión «estalinista» de la «revolución burguesa» codificada por la ortodoxia estalinista, Marx evita congelar en una formulación unívoca el contenido social de esta lucha por la emancipación de la nación (o raza) oprimida, ya sea por Irlanda, Polonia o la guerra civil americana. En efecto, es «el pueblo» el que aparece cada vez como protagonista de esta lucha, aunque este pueblo esté atravesado por una división de clases que se entrelaza con la dominación extranjera (o la opresión racial), siendo la regla que las clases privilegiadas de la nación dominada prefieran pactar con la potencia extranjera. El «pueblo» en cuestión es, por lo tanto, un pueblo-clase formado por las «clases bajas», un bloque nacional-popular, parafraseando a Gramsci, que se constituye en y a través de la lucha por la independencia. Así, en la lucha nacional irlandesa, el autor de El Capital ve una «revolución social, aunque con formas atrasadas», cuya sustancia es «una revolución agraria» dirigida por el campesinado expropiado[26]Respectivamente «Circular del Consejo General…», op. cit. p. 162 y carta a Meyer y Vogt, op. cit. p. 344..
Aquí hay que establecer un punto crucial de método. Como señala Amy E. Martin, «aunque la importancia de la cuestión irlandesa para Marx, Engels y la AIT es evidente, se ha prestado menos atención a la idea de que Marx y la AIT se vieron influidos por la política y las prácticas revolucionarias irlandesas. Es importante explorar esta posibilidad”[27]Amy E. Davis, La ‘fièvre feniane’ : l’anticolonialisme irlandais et l’AIT » en Thierry Drapeau, Pierre Beaudet (eds.), L’Internationale sera le genre humain ! De l’AIT à … Seguir leyendo. Expresión condensada del creciente radicalismo de la lucha de liberación nacional, la proclama feniana de 1867 consideraba, como hemos visto, que el sufragio universal que debía regir en la futura Irlanda independiente era un medio de «asegurar para todos el valor intrínseco de su trabajo», una formulación común en el socialismo de la época (especialmente en el de Lassalle[28]Así, el muy lassallista «Programa del Partido Obrero Alemán» (in Karl Marx, Critique du programme de Gotha, Paris, Les éditions sociales, 2008, p. 41-44), propuesto en el Congreso de Gotha … Seguir leyendo). Inmediatamente después se exigió la «devolución» del suelo, «actualmente en posesión de una oligarquía», al «pueblo irlandés» al que pertenece por derecho. En la primera discusión a fondo de la cuestión irlandesa en el Consejo General de la Internacional, Eugene Dupont, un estrecho colaborador de Marx, refiriéndose a esta declaración, cuyos puntos principales resumió, rechazó cualquier «oposición» entre esta «demanda de un pueblo oprimido por su derecho a la existencia social y política» y «nuestros principios» [de la AIT][29]Sesión del 19 de noviembre de 1867, Documentos de la Primera Internacional. Actas del Consejo General 1866-1868, Londres-Moscú, Lawrence & Wishart-Progress Publishers, 1964, pp. 175-176.. A pesar de sus recelos hacia algunos de sus líderes y su apariencia de sociedad secreta, el propio Marx definió el «carácter distintivo del fenianismo» como «un movimiento socialista de clase baja», y añadió «no un movimiento católico»[30]Karl Marx, «Borrador de un discurso sobre la cuestión feniana», MEGA I.21, p. 35.. En una carta a Engels, aclaró que esta «tendencia socialista» debía entenderse «en sentido negativo, dirigiéndose contra la apropiación del suelo», es decir, como reacción al proceso de acaparamiento de tierras por parte de los colonos británicos, proceso al que dedicó largos análisis, especialmente en El Capital[31]Carta de Marx a Engels del 30 de noviembre de 1867, en Karl Marx, Friedrich Engels, Correspondencia, vol. IX, op. cit, p. 104. Sobre la cuestión de la tierra en Irlanda, véanse su borrador del … Seguir leyendo. El teórico marxista y líder histórico del ala socialista del movimiento nacional irlandés James Connolly (1868-1916) señaló que «el fenianismo era el impulso en el corazón irlandés que respondía a las pulsaciones en el corazón de la clase obrera europea que en otros lugares produjo la Primera Internacional». Por ello, tanto para Connolly como para Marx, el movimiento despertó la «aversión, por no decir el odio mortal» de la clase dominante irlandesa, incluidos el clero católico y la burguesía[32]James Connolly, Labour in Irish History (1911), en The James Connolly Reader, editado por Shaun Harkin, Chicago, Haymarket, 2018, pp. 304-305..
Para Polonia, el Manifiesto del partido Comunista ya declaraba su apoyo al «partido que ve en una revolución agraria la condición de la liberación nacional, es decir, el partido que en 1846 lanzó el levantamiento de Cracovia»[33]Este movimiento, que se inició en el enclave independiente («estado libre») de Cracovia, debía ser la señal de un levantamiento general en Polonia, sometida a una tripartición de su territorio … Seguir leyendo. Poco después, en un discurso para celebrar el segundo aniversario de este levantamiento, Marx subrayó que el contenido social de esta revolución era «transformar a los campesinos tributarios en propietarios libres, en propietarios modernos», es decir, el equivalente estricto de la Revolución Francesa vista como una revolución democrático-burguesa. Por ello, refutó las declaraciones de quienes, como el Times de Londres, querían ver en esta insurrección el «comunismo», y así desacreditarla[34]Discurso de Karl Marx, en La celebración en Bruselas del segundo aniversario de la Revolución polonesa del 22 de febrero de 1846, Bruselas, C. G. Vogler, 1848, p. 13. «El comunismo niega la … Seguir leyendo. En su discurso, pronunciado en la misma ocasión, Engels identificó la «revolución de Cracovia» con la «victoria de la democracia», lograda por una «lucha de clases», la del «pueblo polaco» contra la «aristocracia separada de [este] pueblo y arrojada a los brazos de los opresores de su patria». Concluye que «con la insurrección de Cracovia, la causa polaca, de ser nacional, se ha convertido en la causa de todos los pueblos; de ser una cuestión de simpatía, se ha convertido en una cuestión de interés para todos los demócratas», sin que, por supuesto, deje de ser una causa nacional.
En un texto conjunto tardío (fechado en noviembre de 1880), escrito con motivo del 50º aniversario de la revolución polaca de 1830, Marx y Engels subrayan el significado del grito «¡viva Polonia!» como «homenaje de simpatía y admiración a los combatientes patrióticos», cuyos compromisos internacionalistas posteriores recuerdan «en todas partes bajo la bandera de las revoluciones populares»[35]Karl Marx, Friedrich Engels, «En la reunión en Ginebra en memoria del 50 aniversario de la Revolución Polaca de 1830», MEGA I.25, p. 211.. Pero esta vez fueron más lejos que en su apreciación del carácter del levantamiento de Cracovia, en el que ahora veían «la primera revolución política que proclamaba reivindicaciones socialistas»[36]Ibid, p. 212.. Mientras tanto, como sabemos, especialmente desde el redescubrimiento en los años 60 de sus textos sobre la comuna campesina rusa, la posición de Marx sobre el potencial revolucionario del campesinado ha evolucionado significativamente[37]Sobre esta cuestión, véase Kevin Anderson, Marx at the Margins…, op. cit. y el trabajo pionero de Teodor Shanin (Marx and the Russian Road, Nueva York, Monthly Review Press, 1983) y, en … Seguir leyendo. Así, mientras que en los textos anteriores la independencia nacional polaca era vista sobre todo como un dique indispensable contra la amenaza zarista, «la gran reserva de la reacción europea», el texto de 1880 toma nota de la evolución sociopolítica interna de Rusia, que se refleja en la aparición de fuerzas revolucionarias deseosas de vincularse con el pueblo y el mundo campesino. En la conclusión del texto, Marx y Engels subrayan que, a partir de ahora, la «lucha del pueblo polaco… coincide con los esfuerzos sin parangón de nuestros hermanos rusos». En la misma línea, en el prefacio a la edición rusa del Manifiesto Comunista (enero de 1882), su último prefacio conjunto, que es también el último texto de Marx publicado en vida y que tiene valor testamentario, se contempla la posibilidad de que «la revolución rusa dé la señal para una revolución proletaria en Occidente, y que ambas se complementen», lo que permitiría que la comuna rusa «sirva de punto de partida para una evolución comunista».
No menos notables son las consideraciones de Marx sobre el significado de la victoria del Norte en la Guerra Civil. Aunque no se hacía ilusiones sobre la naturaleza burguesa de la república americana, creía, en las palabras de la famosa carta a Abraham Lincoln del Consejo General de la AIT de diciembre de 1864, primer acto público de la Internacional, que «la guerra antiesclavista americana inauguró la nueva época del ascenso de las clases trabajadoras», al igual que «la guerra de la Independencia americana inauguró la nueva época del ascenso de las clases burguesas». Escrita por Marx y ampliamente difundida en la prensa de la época, esta carta afirma que «la guerra antiesclavista estadounidense inauguró la nueva época del ascenso de las clases trabajadoras», al igual que la «Guerra de la Independencia [de 1776] inauguró la nueva época de las clases burguesas»[38]Discurso del Consejo General de la AIT a Abraham Lincoln, 7 de enero de 1865.. Esta posición no significa que la AIT o Marx consideraran que los Estados Unidos de la posguerra civil estaban en vísperas de una revolución socialista, sino que estaban entrando en una nueva fase de su desarrollo, que finalmente hacía posible la acción autónoma de la clase obrera. Esta evolución tenía, por supuesto, una dimensión económica: el peso del Sur esclavista era un obstáculo para la acumulación de capital y, por tanto, para la expansión de una clase obrera industrial. Pero, lejos de profesar el determinismo económico del que a menudo se le acusa, Marx consideraba que el factor decisivo era el político. Porque, como dice la carta a Lincoln, «mientras los obreros, el verdadero poder político del Norte, permitieron que la esclavitud mancillara su propia república; mientras se enorgullecieron del privilegio de ser libres de venderse y elegir a sus propios jefes, en comparación con los negros que tenían un amo y se vendían sin consultar, fueron incapaces de luchar por la verdadera emancipación del trabajo o de apoyar la lucha emancipadora de sus hermanos europeos». El paralelismo con la clase obrera británica, dividida entre trabajadores ingleses e irlandeses separados por el predominio del racismo antiinmigrante, es evidente: la división del proletariado bajo el efecto de la internalización de la dominación colonial en las relaciones de clase de la metrópoli, es el «secreto del mantenimiento del poder de la burguesía» y el obstáculo decisivo para la acción revolucionaria de la clase obrera.
La relación entre la emancipación nacional y el internacionalismo de clase resulta así mucho más enmarañada de lo que sugieren las visiones que postulan una simple relación de exterioridad, si no de incompatibilidad de principio, entre ambos términos. Las trayectorias del movimiento obrero emergente y las de los teóricos más emblemáticos de su ala internacionalista indican una interacción incesante, que evoluciona con las coyunturas, sin reducirse a un simple juego de tácticas, desconectado de los principios del socialismo revolucionario. Intentemos ahora captar con mayor precisión algunos aspectos de la transformación de esta relación durante este periodo fundacional del internacionalismo obrero. Comenzaremos con la observación del historiador marxista británico Robin Blackburn, formulada a propósito de la participación masiva de la emigración alemana en el ejército del Norte durante la Guerra Civil estadounidense: «los veteranos de 1848 se veían a sí mismos como revolucionarios sociales, pero también como defensores de una idea y un movimiento nacionales»[39]Robin Blackburn, An Unfinished Revolution…, op. cit, p. 26.. En este contexto hay que entender la corriente de simpatía pro-francesa que despertó la guerra franco-prusiana y que llevó a decenas de miles de voluntarios extranjeros de varios países europeos a abandonar su país y alistarse junto a las tropas francesas. Ni el régimen bonapartista ni su política aventurera, colonialista y bélica habían conseguido romper la francofilia, muy arraigada en los círculos republicanos y democráticos europeos desde la Gran Revolución de 1789-93.
Esta francofilia se reavivó en los resurgimientos revolucionarios de 1830 y 1848, aunque, como reacción a la instauración del régimen bonapartista y a su actuación en la escena internacional, ya no contó con el apoyo unánime de la izquierda. Un demócrata moderado como Mazzini se inclinó así permanentemente hacia posiciones antifrancesas y se apoyó en Inglaterra para promover las causas nacionales en Europa. Incluso un entusiasta republicano francófilo como Garibaldi, exasperado por las traiciones bonapartistas a la causa de la unidad italiana, llegó a ver con benevolencia la unificación alemana bajo la hegemonía prusiana. Alentado por el rey Víctor Manuel, comprometió a las tropas italianas al lado de Prusia en la guerra austro-prusiana de 1866 y pareció depositar sus esperanzas en una «Alemania que reuniera a su causa a todos los que sufren o aspiran a una vida mejor, y a todos los que están actualmente bajo la opresión extranjera»[40]Citado en Mark A. Lause, Soldiers of the Revolution…, op. cit, pp. 45-46.. En cuanto a Marx, notorio opositor a la política de «el pequeño Napoleón», desconfiaba de las ilusiones francófilas difundidas en los círculos de emigrantes, mientras esperaba que la reanudación de la iniciativa revolucionaria en la Europa continental viniera de Francia. Cuando esta última declaró la guerra a Prusia, la Internacional, en su primer discurso sobre esta cuestión, escrito por Marx, denunció un «complot de guerra», predijo que llevaría al colapso del régimen bonapartista y subrayó que «en el lado alemán, [era] una guerra de defensa»[41]Cf. «Primer discurso del Consejo General de la AIT sobre la guerra franco-alemana», en Karl Marx, Friedrich Engels, Sur la Commune de Paris. Textes et controverses, París, Les éditions sociales, … Seguir leyendo.
Sin embargo, el movimiento francófilo cobró nueva fuerza cuando la previsible derrota de las tropas francesas se hizo realidad. Inmediatamente después se produjo la caída del régimen imperial, la ocupación de parte del territorio francés por las tropas prusianas y la proclamación de la república. Esta inversión de la situación llevó a Marx y a la AIT a cambiar su posición inicial y a apoyar lo que ahora se había convertido en una guerra defensiva de Francia contra un Reich conquistador. Frente a una burguesía capituladora, que prefería el acuerdo con los prusianos, aun a costa de una terrible humillación nacional, al levantamiento de un pueblo en armas, el conflicto adquirió un nuevo carácter propiamente revolucionario. La voluntad de librar una guerra popular contra el invasor puso en marcha una poderosa radicalización que entrelazó estrechamente, en términos de Marx, la lucha por la «salvación nacional», la «regeneración de Francia» y la de la «emancipación de la clase obrera»[42]Karl Marx, Premier essai de rédaction, en La guerre civile en France, París, Editions sociales, 1972, p. 225-226.. Esta articulación de las dimensiones nacional y de clase se extiende a la propia Comuna, en la que Marx ve a la vez «la representación de todos los elementos sanos de la sociedad francesa, y, por tanto, el gobierno verdaderamente nacional» y «al mismo tiempo, un gobierno de los trabajadores, y, como tal, en su calidad de audaz campeón de la emancipación del trabajo, internacional en el pleno sentido del término»[43]Karl Marx, La guerre civile en France, en Sur la Commune de Paris…, op. cit, p. 184..
No es de extrañar, por tanto, que el compromiso francófilo se manifestara con especial fuerza en aquellos países en los que el «momento de 1848» -el del derrocamiento de los regímenes absolutistas y/o la emancipación nacional- era una tarea aún pendiente, o apenas alcanzada (como en Italia). En esta periferia meridional y oriental de Europa, la francofilia pudo prolongarse en algunos casos por una acogida benévola de la Comuna por parte de actores que, sin compartir necesariamente el objetivo de una revolución social, veían en ella sobre todo un movimiento republicano radical, en la tradición de las revoluciones de 1848, portador de una promesa de emancipación nacional y democrática. Ya sea en España, en Italia (a través de la oposición entre Mazzini y los Garibaldi, padre e hijo[44]Véase T. R. Ravindranathan, «The Paris Commune and the First International in Italy: Republicanism versus Socialism, 1871-1872», The International History Review, vol. I, p. 1. 3, nº 4, 1981, pp. … Seguir leyendo, en el Cáucaso (Armenia y Georgia), en Rumanía, país tradicionalmente francófilo y latino, y más generalmente en el resto de los Balcanes (Croacia, Serbia, Bulgaria), e incluso en América Latina (especialmente en México, Chile o Cuba), la Comuna fue, al menos inicialmente, apoyada por ciertos sectores republicanos y democráticos radicales, comprometidos con la causa de la emancipación nacional en sus países. Este fue el caso, sobre todo, en Europa del Este, en los Balcanes o en las naciones bajo el yugo del zarismo. Aparecieron convergencias con las fuerzas socialistas o socializantes emergentes, que sin embargo prepararon el terreno para las crecientes divergencias del período posterior[45]Sobre España, véase Carlos Seco Serrano, «España, la Comuna y la Internacional», Revista Internacional de Historia Social, vol. 17, nº 1, 1972, pp. 222-239; sobre Europa del Este y los … Seguir leyendo.
La situación italiana ofrece un buen indicador de esta evolución: Garibaldi apoya a la Comuna y a la Internacional, en nombre de los principios de descentralización democrática y de unidad cosmopolítica del género humano, al tiempo que se aleja de los objetivos que cuestionan el capital y la propiedad. Por el contrario, Mazzini denunció enérgicamente la violencia y las doctrinas que propugnaban «una guerra malsana entre el trabajo y el capital». Sin embargo, lejos de señalar una convergencia duradera entre el republicanismo (o, al menos, su ala radical) y el socialismo, este conflicto entre los dos protagonistas de la unidad italiana abrió una brecha que facilitó la irrupción de las ideas socialistas y anarquistas. Fue Bakunin quien aprovechó hábilmente esta oportunidad para establecerse como el principal oponente de Mazzini. En medio de un conflicto con los partidarios de Marx en el seno de la AIT, consiguió que la mayoría de los militantes internacionalistas italianos se adhirieran a sus puntos de vista, así como una parte importante de los radicales que anteriormente habían sido leales a Garibaldi. El fracaso de los intentos de este último por restablecer la unidad del campo republicano acabó por allanar el camino para la constitución de un movimiento socialista autónomo que, aunque rinde homenaje a Garibaldi, se orienta hacia las concepciones «antiautoritarias» de Bakunin[46]Cf. T. R. Ravindranathan, «La Comuna de París y la Primera Internacional en Italia…», art. cit. Según este autor, «al no intervenir directamente en el debate antimazzinista, debido a una … Seguir leyendo.
La Grecia de 1870 ilustra las diferentes temporalidades de las cambiantes líneas de demarcación social y política. Atascado en la periferia sureste de Europa, el Estado en ruinas (menos de un tercio de su territorio actual), que era independiente desde hacía apenas cuatro décadas, estaba separado del Imperio Otomano por una frontera a menos de 200 kilómetros al norte de Atenas. País casi exclusivamente agrario, desprovisto de toda infraestructura moderna, su población vive, en su mayoría, en condiciones miserables. Enormemente endeudada con las grandes potencias que patrocinaron su independencia, se considera en gran medida insostenible y se encuentra en una posición de soberanía limitada. La mayor parte de las energías nacionales -apoyadas activamente por una amplia y próspera diáspora- se dirigieron a la realización de la «Gran Idea»[47]Para una breve síntesis, véase Hervé Georgelin, «Réunir tous les ‘Grecs’ dans un État-nation, une ‘Grande Idée’ catastrophique», Romantisme, vol. 131, nº 1, 2006, pp. … Seguir leyendo, el proyecto irredentista de expansión territorial y unificación con las poblaciones de habla griega (o las consideradas como tales) más allá de las estrechas fronteras del reino.
Es la fuerza de este proyecto irredentista la que hace de Grecia un terreno predilecto para seguir los vericuetos de la cuestión nacional y los movimientos transnacionales que atraviesan el espacio del Mediterráneo oriental y la Europa balcánica, en particular el de los combatientes voluntarios. Así, las insurrecciones cretenses que marcaron la segunda mitad del siglo XIX dieron un nuevo impulso al movimiento filhelénico. Sin alcanzar la magnitud del movimiento que inspiró a Byron, Victor Hugo o Delacroix, y que llevó a cientos de voluntarios a engrosar las filas de los insurgentes durante la guerra de independencia de 1821-1828[48]Cf. Hervé Mazurel, Vertiges de la guerre. Byron, les philhellènes et le mirage grec, París, Les Belles lettres, 2013., dio lugar a la participación de varios centenares de combatientes extranjeros en el levantamiento cretense de 1866, incluido un cuerpo garibaldino que contaba con más de cien miembros[49]Hubert Heyriès, «Les garibaldiens en Crète 1866-1869 : de l’oubli à la construction tardive d’un mythe», en Patrick Louvier, Philippe Monbrun, Antoine Pierrot (dir.), Afti inè i … Seguir leyendo. Entre estos voluntarios extranjeros se encontraban futuros comuneros, como los garibaldinos Lucien Combatz, Napoleón La Cécilia y Amilcare Cipriani, así como una figura destacada del republicanismo revolucionario francés: Gustave Flourens, «el caballeroso Flourens», como lo llamó Marx[50]Karl Marx,La guerre civile en France, op. cit, p. 171.. Implicado en el levantamiento polaco de 1863, Flourens se unió a las filas de los insurgentes cretenses en 1866. Nombrado miembro del consejo general de la AIT en abril de 1870, no asumió sus funciones y se marchó a Grecia antes de regresar a Francia cuando se anunciaron las primeras derrotas francesas. A su llegada a París, no tardó en desempeñar un papel importante, al frente de los batallones de Bellevillois, en la Guardia Nacional y en los diversos intentos de sublevación durante el asedio de París, y luego en los primeros días de la Comuna, hasta su asesinato por los soldados de Versalles durante la desastrosa marcha hacia Versalles el 3 de abril. El estudio de Xenia Marinou aporta nuevos materiales que permiten reconstruir el papel de este pintoresco personaje tanto en el movimiento de los voluntarios griegos que partieron hacia Francia como en los vínculos establecidos en esta ocasión entre diversas causas revolucionarias y nacionales en Europa, e incluso en el Levante.
En la propia Grecia, Dimosthénis Papathanassiou (fallecido en 1878), director del periódico Μέλλον [Avenir] y único partidario de la revolución parisina entre una prensa ateniense masivamente hostil, lector de Proudhon (y autor del primer texto publicado en Grecia sobre la «anarquía») pero con una posición bastante confusa respecto al socialismo, defendió la Comuna en nombre del ideal de autonomía comunal y federalismo[51]Sobre Papathanassiou, cf. Panagiotis Noutsos, Ιστορία της σοσιαλιστικής σκέψης στην Ελάδα, [Historia del pensamiento socialista en Grecia], vol. 1, 1875-1907, … Seguir leyendo. Pero para Papathanassiou, la inspiración de este modelo político no fue el republicanismo francés, sino el de los Estados Unidos de América. Como muestra Xenia Marinou en su trabajo pionero sobre la recepción de la Comuna en Grecia[52]Xenia Marinou, Αναζητώντας οδοφράγματα. Αστικός τύπος και ελληνικές συμμετοχές στον γαλλοπρωσικό πόλεμο και την … Seguir leyendo, la visión social de este publicista atípico opone no el capital y el trabajo, sino, por un lado, a los estratos parasitarios, que viven «del sudor de los demás» y que se refieren implícitamente a la élite burocrática y al Estado centralizador, y, por otro, a los que contribuyen a las cargas sociales mediante su trabajo o su propiedad: la clase de los «thetes», llamada así por la fracción más pobre de los ciudadanos de la antigua ciudad ateniense. Esta clase incluye, a sus ojos, tanto a los obreros como a los fabricantes, a los comerciantes y a los agricultores, al capital y al trabajo, incluso si se supone que el término traduce el «Proletariado» alemán, tomado del famoso discurso de August Bebel en el Reichstag en el que hizo una vibrante defensa de la Comuna, discurso que Papathanassiou trata de restituir al lector griego[53]Véase también Viky Karafoulidou, Η γλώσσα του σοσιαλισμού. Ταξική προοπτική και εθνική ιδεολογία στον ελληνικό 19ο αιώνα [El … Seguir leyendo.
Mientras defendía la lucha de los insurgentes parisinos contra el clero, la supresión del ejército permanente e incluso la legitimidad de su recurso a la violencia revolucionaria, Papathanassiou se pronunciaba en contra de toda expropiación por la fuerza y veía en el socialismo una forma de centralismo integral colectivista, una negación de la libertad individual de la que era un férreo defensor. Asimismo, vio en los proyectos de descentralización y federación una posible solución a la cuestión nacional, una alternativa al irredentismo de la «Gran Idea»: una «alianza greco-otomana» basada en el autogobierno a todos los niveles y capaz de bloquear los proyectos expansionistas de los pueblos eslavos. El carácter utópico de la propuesta y el sincretismo general del planteamiento ilustran la difícil emergencia de una problemática socialista autónoma, y más aún del socialismo como corriente política diferenciada, en una sociedad agraria cuya vida pública permanecía totalmente atrapada en la cuestión de la construcción del Estado independiente, que era a su vez inseparable del proyecto de expansión nacional y territorial[54]Véanse a este respecto las observaciones de Viky Karafoulidou, ibid, pp. 198-199, 433-434..
Durante la década siguiente, la Comuna encontró un defensor en el parlamento griego en la persona de Andreas Rigopoulos (1821-1889), un republicano radical con tendencias socialistas, que puede considerarse un representante tardío del «espíritu de 1848» y de cierto romanticismo político[55]Sobre Rigopoulos véase Panagiotis Noutsos, Ιστορία…, vol. 1, op. cit. pp. 159-162. Un extracto de su discurso en el parlamento el 28 de octubre de 1886 se reproduce en las páginas … Seguir leyendo. Miembro de la Liga de la Paz y la Libertad, habiendo conocido a Mazzini, a Jules Barni y, tal vez, al propio Marx, Rigopoulos habló en 1886 de la Comuna de París como el preámbulo que anunciaba una revolución por venir, «y que será social». Sin embargo, esta revolución sólo podrá tener lugar, a su juicio, una vez que se haya resuelto la «cuestión de las nacionalidades» en el marco federal de los «Estados Unidos de Europa», tal y como propugnó en su momento la Liga por la Paz y la Libertad según el modelo norteamericano. Ardiente patriota y, a diferencia de Papathanassiou, defensor de la «Gran Idea», sólo concebía sin embargo la expansión griega en el marco de una federación balcánica preconizada por la Federación Democrática Oriental, sociedad secreta fundada en 1865 en Belgrado por intelectuales de toda la península, a la que Rigopoulos estaba afiliado a través de su sección griega, la asociación Rhigas [Feraios][56]Véase Viky Karafoulidou, Η γλώσσα του σοσιαλισμού…, op. cit. pp. 213-214.. Esta Federación no fue más que un eslabón de una serie de proyectos federalistas de este tipo, que unieron a republicanos radicales y socialistas en los Balcanes, y que abarcaron el siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, a medida que aumentaban los antagonismos entre los Estados nacionales en la lucha por repartirse la parte europea del Imperio Otomano, esta convergencia dio paso a una creciente división entre «la federalización destinada a subordinar las demandas relacionadas con las cuestiones nacionales a las prerrogativas de la cuestión social, y la federalización al servicio de los designios nacionales»[57]Nicolas Pitsos, « Peuples des Balkans, fédérez‑vous ! » : projets pour une résolution pacifique de la question d’Orient au tournant du 20e siècle », Balkan Papers, nº 44, 2016, disponible … Seguir leyendo. Las guerras de los Balcanes y la Gran Guerra acabaron con este emblema del «espíritu de 1848» que permaneció en la periferia oriental de Europa.
Sin embargo, en la Grecia de los años 1870 y 1880, frente a una prensa burguesa y un personal político que defendía ferozmente el orden social existente, la guerra franco-prusiana y la Comuna suscitaron una oleada de simpatía, y compromisos concretos, tanto entre los voluntarios anónimos que partieron inicialmente a defender a Francia como entre un publicista atípico, sin duda más cercano a un liberalismo radical que al socialismo revolucionario. Una década y media más tarde, estos movimientos siguen resonando con un representante tardío de un republicanismo con vocación universal, que se orienta hacia el socialismo anunciado por la Comuna de París al tiempo que propugna un irredentismo nacional difícilmente compatible con el proyecto federalista reivindicado. La francofilia, el deseo de aventura, las reivindicaciones nacionales y la cuestión social, el universalismo democrático y el internacionalismo socialista, la circulación de ideas y de formas de organización a través de Europa, todos estos factores contribuyeron plenamente a esta «multiplicidad de interpretaciones a las que estuvo sometida la Comuna y [a] la multiplicidad de intereses que pretendían ser su fuerza motriz», para utilizar las formulaciones marxianas[58]Marx, La guerre civile en France, op. cit, p. 180..
Véase por ejemplo: Mathilde Benoistel, Sylvie Le Ray-Burimi, Christophe Pommier (eds.), France-Allemagne(s) 1870-1871. La guerre, la Commune, les mémoires, París, Gallimard / Musée de l’Armée, 2017; Nicolas Bourguinat, Gilles Vogt, La guerre franco-allemande de 1870. Une histoire globale, París, Champs-Flammarion, 2020; Quentin Deluermoz, Commune(s) 1870-1871. Une traversée des mondes au 19e siècle, París, Seuil, 2020; Mark A. Lause, Soldiers of Revolution. The Franco-Prussian War and the Paris Commune, Londres y Nueva York, Verso, 2022.
Quentin Deluermoz, por ejemplo, habla de «algunas decenas» de voluntarios griegos (Commune(s)…, op. cit., p. 33). Una estimación realista es de alrededor de 1.500 – esta es también la cifra utilizada por Bourguinat y Vogt en su reciente resumen (La guerre franco-allemande…, op. cit., p. 293).
En su tesis, Xenia Marinou recoge las palabras de los miembros de la Associación de amigos de la Commune de Paris, según los cuales se trata del «chiste más corto entre los historiadores». En el coloquio de Narbona de 2011, Jacques Rougerie también la disuadió de emprender investigaciones sobre este tema. Cf. Xenia Marinou, Η Παρισινή Κομμούνα (1871) και η Ελλάδα [La Comuna de París (1871) y Grecia], tesis doctoral, Universidad Nacional y Capodistria de Atenas, 2014, pp. 5-6.
Carta de Marx a Engels, 20 de junio de 1866, en Karl Marx, Friedrich Engels, Correspondencia, vol. VIII, enero de 1865-junio de 1867, París, Éditions sociales, 1981, pp. 284-285.
La bibliografía es inmensa; para las síntesis que tratan más específicamente del marxismo y de las corrientes del movimiento obrero que lo han reivindicado, podemos citar, a modo de ejemplo: Erica Benner, Really Existing Nationalisms. Una visión poscomunista desde Marx y Engels, 2ª edición, Londres y Nueva York, Verso, 2018; Horace B. Davis, Toward A Marxist Theory of Nationalism, Nueva York, Monthly Review Press, 1978; Jean-Numa Ducange, Quand la gauche pensait la nation. Nationalités et socialismes à la Belle Epoque, París, Fayard, 2021; Michael Forman, Nationalism and the International Labor Movement: the Idea of the Nations in Socialist and Anarchist Theory, Pennsylvannia, The Pennsylvania State University Press, 1998; Georges Haupt, Michaël Löwy, Claudie Weill, Les marxistes et la question nationale 1848-1914 [1974], reimpreso, París, L’Harmattan, 1997.
Sobre este mitin y lo que sigue en la AIT, véase Kevin Anderson, Marx at the Margins. On Nationalism, Ethnicity and Non-Western Societies (Chicago: University of Chicago Press, 2010), pp. 64-78; Henry Collins, Chimen Abramsky, Karl Marx and the British Labour Movement (Londres: Macmillan, 1965), pp. 18-28, 34-38; Mathieu Léonard, L’émancipation des travailleurs. Une histoire de la Première Internationale, París, La fabrique, 2011, p. 30-33.
Carta de Marx a Lion Philips, 29 de noviembre de 1864, en Karl Marx, Friedrich Engels, Correspondencia, vol. VII, 1862-1864, París, Editions sociales, 1979, pp. 311-312. John Bright era una figura de izquierdas en el Partido Liberal.
Sobre la composición multinacional de las tropas garibaldinas véase Gilles Pécout, «The International Armed Volunteers: Pilgrims of a Transnational Risorgimento», Journal of Modern Italian Studies, vol. 14, nº 4, 2009, pp. 413-426; sobre los vínculos internacionales de los fenianos irlandeses, Mark Lause, Soldiers of Revolution…, op. cit, p. 19 y Ronan Burtenshaw, Donal Fallon, «Ireland’s Other Proclamation», Tribune, 5 de marzo de 2020.
Robin Blackburn, Marx y Lincoln. An Unfinished Revolution, Londres y Nueva York, Verso, 2011, p. 24. Sobre Weydemeyer y su papel en la Guerra Civil, véase la biografía de Karl Obermann, Joseph Weydemeyer. Pionero del Socialismo Americano, Nueva York, International Publishers, 1947, especialmente p. 114-140.
Este fue particularmente el caso de la hija mayor de Marx, Jenny, que se comprometió sin reservas a apoyar la causa irlandesa, llegando a llevar una cruz, originalmente un símbolo del levantamiento polaco de 1863, y más tarde vestida con tela verde (el color de Irlanda), para significar la lucha común de las naciones oprimidas, como puede verse en una conocida fotografía de ella al lado de su padre de enero de [18] 1869 (Cf. Familie Marx Privat, Berlín, Akademie Verlag, 2005, pp. 78-79). De febrero a abril de 1870, escribió una serie de ocho artículos para el periódico de Rochefort La Marseillaise (la principal voz de la oposición republicana al Imperio) en los que informaba sobre la situación de los prisioneros fenianos, y en particular de O’Donovan Rossa (véase Jenny Marx, «Artículos sobre la cuestión irlandesa», MEGA I.21 1027-1051). Estos artículos causaron un gran revuelo, se tradujeron a otros idiomas y obligaron a la prensa inglesa a abordar el tema. Tras esta campaña internacional, Gladstone liberó a los prisioneros en diciembre de 1870.
En su carta a Engels del 4 de noviembre de 1864, Marx da cuenta detallada del proceso que llevó a la redacción y adopción del texto y afirma que «todas mis propuestas fueron adoptadas por el subcomité. Sólo se me exigió que insertara en el preámbulo de los estatutos dos frases sobre el «deber» y el «derecho», así como [sobre] la «verdad, la moral y la justicia», pero el conjunto estaba colocado de tal manera que no podía tener ninguna consecuencia», Karl Marx, Friedrich Engels, Correspondencia, t. VII, op. cit.
Cf. carta de Marx a Engels del 4 de septiembre de 1867, en Karl Marx, Friedrich Engels, Correspondencia, vol. IX, julio de 1867-diciembre de 1868, París, Editions sociales, 1982, p. 25. La formulación sobre la ausencia de «razón de ser» aparece en la resolución del Congreso de Bruselas de la AIT (septiembre de 1868), preparada por Marx. Sin embargo, los miembros más destacados de la AIT asistieron a los congresos de la Liga en Ginebra (1867) y Lausana (1868), pero a título individual, como propuso Marx por razones tácticas. Bakunin consiguió incluso dividir la Liga en el congreso de Lausana presentando una «resolución socialista». Sobre estos episodios, véase Mathieu Léonard, L’émancipation des travailleurs…, op. cit. pp. 88-90, 121-125.
La colección de textos de referencia sobre Irlanda fue durante mucho tiempo la de lengua inglesa: Karl Marx, Frederick Engels, On Ireland, Moscú y Londres, Lawrence & Wishart, Progress Publishers, 1971. Ya está disponible una colección en francés, editada por Richard Poulin: Friedrich Engels, Karl Marx, Irlande, classe ouvrière et libération nationale, París, Syllepse, 2021.
Véanse al respecto: Kevin Anderson, Marx at the Margins, op. cit. pp. 115-153; Ellen Hazelkorn, «Capital and the Irish Question», Science & Society, vol. 44, nº 3, 1980, pp. 326-356; Jie-Hyun Lim, «Marx’s theory of imperialism and the Irish national question», Science & Society, vol. 56, nº 2, 1992, pp. 163-178; John Rodden, «‘The Lever Must Be Applied in Ireland’: Marx, Engels, and the Irish Question», Review of Politics, vol. 70, nº 4, 2008, pp. 609-640.
Karl Marx, «Circular del Consejo General de la AIT al Consejo Federal de la Suiza francesa del 1 de enero de 1870», MEGA [Marx Engels Gesamtausgabe] I.21, pp. 162-163 – un extracto está disponible en marxists.org.
Marx, carta a Siegfried Meyer y August Vogt del 9 de abril de 1870, en Karl Marx, Friedrich Engels, Correspondencia, vol. X, enero de 1869-junio de 1870, París, Messidor/Editions sociales, 1984, pp. 345-346.
Dirigiéndose sobre todo a los cartistas, Marx concluyó su discurso del 29 de noviembre de 1847 sobre Polonia (fecha corregida) de la siguiente manera: «De todos los países, Inglaterra es el que tiene más desarrollado el antagonismo entre proletariado y burguesía. La victoria de los proletarios ingleses sobre la burguesía inglesa será decisiva para la victoria de todos los oprimidos sobre sus opresores. Por eso, la emancipación de Polonia no se hará en Polonia, sino en Inglaterra». Poco después, a propósito de Irlanda y de las posiciones del líder cartista irlandés Feargus O’Connor, Engels afirmó que «no cabe duda de que, a partir de ahora, la masa del pueblo irlandés se unirá cada vez más a los cartistas ingleses y actuará con ellos según un plan común». El resultado es que la victoria de los demócratas ingleses, y en consecuencia la liberación de Irlanda, se acelerará varios años», (Friedrich Engels, «Feargus O’Connor und das irische Volk», MEW [Marx Engels Werke] 4, p. 443
Karl Marx, «Circular del Consejo General de la AIT al Consejo Federal de la Suiza Francesa…», op. cit. Sobre la evolución de las posiciones de Marx y Engels sobre la cuestión irlandesa, véase Kevin Anderson, Marx at the Margins…, op. cit, pp. 115-153.
Amy E. Davis, La ‘fièvre feniane’ : l’anticolonialisme irlandais et l’AIT » en Thierry Drapeau, Pierre Beaudet (eds.), L’Internationale sera le genre humain ! De l’AIT à aujourd’hui, Saint-Joseph-du-Lac (Québec), M éditeur, 2015, p. 80.
Así, el muy lassallista «Programa del Partido Obrero Alemán» (in Karl Marx, Critique du programme de Gotha, Paris, Les éditions sociales, 2008, p. 41-44), propuesto en el Congreso de Gotha (1875), y que sería objeto de la crítica marxiana, proclamaba que «todos los miembros de la sociedad pueden beneficiarse con igual derecho de la plena contribución del trabajo» (ibíd., p. 41).
Sesión del 19 de noviembre de 1867, Documentos de la Primera Internacional. Actas del Consejo General 1866-1868, Londres-Moscú, Lawrence & Wishart-Progress Publishers, 1964, pp. 175-176.
Carta de Marx a Engels del 30 de noviembre de 1867, en Karl Marx, Friedrich Engels, Correspondencia, vol. IX, op. cit, p. 104. Sobre la cuestión de la tierra en Irlanda, véanse su borrador del discurso citado anteriormente y El Capital. Livre I, París, Les Éditions sociales, 2016, pp. 676-690. Como muestra de la importancia que concedía a esta cuestión, esta parte fue añadida por Marx después de la primera edición alemana de la obra para la edición francesa (1872), y luego incorporada en las posteriores ediciones alemanas.
Este movimiento, que se inició en el enclave independiente («estado libre») de Cracovia, debía ser la señal de un levantamiento general en Polonia, sometida a una tripartición de su territorio entre Prusia, Austria y Rusia, y que nunca llegó a producirse. El levantamiento de Cracovia fue dirigido por el ala izquierda del movimiento nacional polaco, en particular por Edward Dembowski, un crítico literario y joven filósofo hegeliano con ideas socialistas. El manifiesto de los insurgentes proclamaba, entre otras cosas, la abolición de la servidumbre, la ayuda a los pobres y la emancipación de los judíos. Sobre la percepción de este levantamiento, y en particular de su emblemático manifiesto, en Inglaterra, véase Henry G. Weisser, «The British Working Class and the Cracow Uprising of 1846», The Polish Review, vol. I, p. 1. 13, nº 1, 1968, pp. 3-19.
Discurso de Karl Marx, en La celebración en Bruselas del segundo aniversario de la Revolución polonesa del 22 de febrero de 1846, Bruselas, C. G. Vogler, 1848, p. 13. «El comunismo niega la necesidad de la existencia de las clases; quiere abolir todas las clases, todas las distinciones de clase. Los revolucionarios de Cracovia sólo querían borrar las distinciones políticas de las clases; querían dar los mismos derechos a las diferentes clases», ibid. p. 11.
Sobre esta cuestión, véase Kevin Anderson, Marx at the Margins…, op. cit. y el trabajo pionero de Teodor Shanin (Marx and the Russian Road, Nueva York, Monthly Review Press, 1983) y, en Francia, de Maurice Godelier («Preface» en Centre d’Etudes et de Recherches Marxistes, Sur les sociétés précapitalistes. Textes choisis de Marx, Engels, Lénine, Paris, Editions sociales, 1978, p. 13-142).
Cf. «Primer discurso del Consejo General de la AIT sobre la guerra franco-alemana», en Karl Marx, Friedrich Engels, Sur la Commune de Paris. Textes et controverses, París, Les éditions sociales, 2021, p. 139-145. Sobre esta cuestión nos remitimos a nuestro ensayo «Evénement et stratégie révolutionnaire», ibídem, más concretamente a las páginas 23-33
Véase T. R. Ravindranathan, «The Paris Commune and the First International in Italy: Republicanism versus Socialism, 1871-1872», The International History Review, vol. I, p. 1. 3, nº 4, 1981, pp. 482-516.
Sobre España, véase Carlos Seco Serrano, «España, la Comuna y la Internacional», Revista Internacional de Historia Social, vol. 17, nº 1, 1972, pp. 222-239; sobre Europa del Este y los Balcanes, véase Georges Haupt, «La Roumanie», ibid. pp. 477-489 y V. A. Diakov, «La Commune de Paris et les peuples slaves», en La Commune de 1871. Colloque de Paris (mai 1971), Paris, Les éditions ouvrières, 1971, p. 247-262; sobre el Cáucaso cf. Atar Ioanissian, «Echos de la Commune de Paris dans la presse arménienne», ibid, p. 260-262 e Ilya Tabagua, «La Commune de Paris et la société géorgienne», ibid, p. 263-269; sobre América Latina, cf. Marcelo Segall, «En Amérique latine, développement du mouvement ouvrier et proscription», International Review of Social History, vol. 17, nº 1, 1972, pp. 325-369, especialmente pp. 367-368. Para un rápido repaso de cuatro casos (Estados Unidos, España, Rumanía, México) de «apropiación nacional» de la revolución parisina, véase Quentin Deluermoz, Commune(s)…, op. cit, pp. 86-97.
Cf. T. R. Ravindranathan, «La Comuna de París y la Primera Internacional en Italia…», art. cit. Según este autor, «al no intervenir directamente en el debate antimazzinista, debido a una exagerada preocupación por la herejía bakuninista, Engels demostró no comprender la crisis espiritual a la que se enfrentaba la juventud republicana italiana en relación con el mazinismo. La prioridad equivocada de Engels de considerar la batalla contra Bakunin como más importante que la de Mazzini fue en gran parte responsable del fracaso del socialismo marxiano para arraigar en Italia en la década de 1870» (ibíd., p. 516). Sobre esta secuencia véase también Carlo de Maria, Patrizia Dogliani, «La Première Internationale en Italie (1864-1883)», Cahiers Jaurès, nº 215-216, 2015, pp. 19-34.
Para una breve síntesis, véase Hervé Georgelin, «Réunir tous les ‘Grecs’ dans un État-nation, une ‘Grande Idée’ catastrophique», Romantisme, vol. 131, nº 1, 2006, pp. 29-38.
Hubert Heyriès, «Les garibaldiens en Crète 1866-1869 : de l’oubli à la construction tardive d’un mythe», en Patrick Louvier, Philippe Monbrun, Antoine Pierrot (dir.), Afti inè i Kriti ! Identités, altérités et figures crétoises, Pessac, Editions Ausonius, 2015, pp. 249-262, disponible en línea.
Sobre Papathanassiou, cf. Panagiotis Noutsos, Ιστορία της σοσιαλιστικής σκέψης στην Ελάδα, [Historia del pensamiento socialista en Grecia], vol. 1, 1875-1907, Atenas, editorial Gnossi, 2ª ed.
Xenia Marinou, Αναζητώντας οδοφράγματα. Αστικός τύπος και ελληνικές συμμετοχές στον γαλλοπρωσικό πόλεμο και την Παρισινή Κομμούνα [Buscando las barricadas. Prensa burguesa y participación griega en la guerra franco-prusiana y en la Comuna de París], Atenas, editorial Kapsimi, 2015, especialmente las páginas 168-169, 228-234, 277-283.
Véase también Viky Karafoulidou, Η γλώσσα του σοσιαλισμού. Ταξική προοπτική και εθνική ιδεολογία στον ελληνικό 19ο αιώνα [El lenguaje del socialismo. Perspectiva de clase e ideología nacional en el siglo XIX griego], Atenas, Vivliorama, 2011, pp. 230-232.
Sobre Rigopoulos véase Panagiotis Noutsos, Ιστορία…, vol. 1, op. cit. pp. 159-162. Un extracto de su discurso en el parlamento el 28 de octubre de 1886 se reproduce en las páginas 160-162.
Nicolas Pitsos, « Peuples des Balkans, fédérez‑vous ! » : projets pour une résolution pacifique de la question d’Orient au tournant du 20e siècle », Balkan Papers, nº 44, 2016, disponible en línea.
Militante de Corriente Amaru y sociólogo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
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Actualidad Internacional: Latitudes. América Latina
09/04/2022
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E
l ascenso de la izquierda con Pedro Castillo y Perú Libre al gobierno constituye un hecho inédito en la historia nacional, que cristaliza los antagonismos de clase y étnico-regionales. La ultraderecha social y política se vuelca a las calles con sus desenfrenadas campañas macartistas impulsando la vacancia y la derecha liberal se suma subrepticiamente al golpismo mediante pedidos de renuncia presidencial o nuevas elecciones generales. Las movilizaciones populares adquieren mayor radicalización ante la derechización gubernamental, mientras tanto las izquierdas intentan rearticularse para enfrentar el asedio golpista y a la vez encarar el viraje del gobierno que se aleja cada vez más de las banderas transformadoras que explicaron su triunfo electoral.
Tensiones en la interna gubernamental
El 29 de julio del 2021 juramentó el primer gabinete ministerial presidido por Guido Bellido, parlamentario de Perú Libre, compuesto principalmente con otras fuerzas de izquierdas (Nuevo Perú, Juntos por el Perú, Frente Amplio), organizaciones populares del movimiento magisterial y campesino (FENATEP y FARTAC) e independientes allegados al núcleo regionalista que asesora al presidente Castillo en temas centrales.
Bellido y algunos ministros recibieron toda la embestida de los grandes medios de comunicación bajo el claro objetivo de desplazar a PL y los sectores más a la izquierda del ejecutivo. Se sumó en el frente interno la presión política por derecha del economista Pedro Francke, tecnócrata progresista de NP que juramentó como titular del Ministerio de Economía y Finanzas al día siguiente de lo previsto con clara intencionalidad política, y que durante la campaña de la segunda vuelta se encargó de calmar al capital internacional, ganar el apoyo de los sectores medios y profundizar la atenuación del programa de cambios.
PL acompañó las concesiones políticas a la derecha por lograr sobrevivencia política al solicitar la renuncia del canciller Héctor Béjar, ex insurgente del ELN en los 60´s y colaborador del gobierno militar de Velasco Alvarado, que fue reemplazado por el diplomático proimperialista Oscar Maurtua. En esa coyuntura Bellido da un giro al centro en su discurso de investidura ante el congreso, que logró los votos de las bancadas más importantes de la derecha, Acción Popular y Alianza para el Progreso, y la oposición intransigente de las bancadas que votaron en contra de la confianza desde la triada ultraderechista (Fuerza Popular, Renovación Popular, Avanza País) hasta la derecha liberal (Somos Perú-Partido Morado). Las bancadas de izquierda (PL y JP), votaron a favor de la confianza al primer gabinete en un congreso de mayoría opositora.
La nueva andanada mediática que centró sus fuegos en el ministro de Trabajo y Promoción del Empleo, Iber Maraví, que proviene del movimiento magisterial. Al igual que con Bellido, intentaron vincular a Maraví con la extinta organización Sendero Luminoso (PCP-SL) y aunque logró defenderse de todas las falsas acusaciones ante el Congreso en el proceso de interpelación, las tensiones en la interna gubernamental continuaron lo que significó la recomposición del gabinete ministerial.
La responsabilidad de PL en su desplazamiento del ejecutivo, radicó en su sectarismo ya que no tuvieron una política de frente único que les permita recuperar hegemonía y consolidar la alianza con la izquierda magisterial que integra la bancada oficialista en calidad de invitados y que viene impulsando la inscripción electoral del Partido Magisterial y Popular (PMP). Aunque PL no se sumó a la vacancia impulsada por la ultraderecha parlamentaria en diciembre del 2021, negaron el voto de confianza al Gabinete Vásquez.
La débil hegemonía centroizquierdista en el gobierno
El cambio de relación de fuerzas con el segundo gabinete ministerial presidido por Mirtha Vásquez, exparlamentaria del FA y activista ecologista, cristalizó la orientación centroizquierdista del gobierno como producto de la serie de concesiones a la derecha y la oligarquía. Es decir, el impulso de políticas progresivas que sin romper con el modelo neoliberal favorezcan parcialmente a las clases populares. La asamblea nacional constituyente no fue impulsada por este gabinete y la renegociación del Gas de Camisea ya no apuntó a captar mayor renta o una posible nacionalización, buscando sólo la masificación del gas para abastecer el mercado interno.
El ministro de Economía y Finanzas, Pedro Francke, pidió facultades legislativas en materia tributaria con el objetivo de gravar más impuestos a los sectores más pudientes de la sociedad peruana. Esta propuesta fue rechazada parcialmente por el congreso bloqueando lo fundamental de la reforma tributaria que consistía en gravar mayores impuestos a las corporaciones mineras. Lamentablemente, no hubo un apoyo decidido del presidente Castillo ante una de las medidas más progresivas del moderado Plan Bicentenario.
El núcleo regionalista articulado al grupo de asesores presidenciales, que tiene vínculos con la derecha emergente, ha logrado una considerable influencia política debido a la ausencia de un proyecto político propio hasta el punto que el presidente Castillo no respaldó al ministro de Interior, Avelino Guillén, ante la crisis en su sector que terminó renunciando el 30 de enero del 2022 y que en buena cuenta explica el ocaso del Gabinete Vásquez, en tan solo casi cuatro meses de su gestión, evidenciando la precaria cohesión política del gobierno.
Crisis gubernamental permanente ¿Capitulación y viraje neoliberal?
La proclamación del efímero tercer gabinete ministerial presidido por Héctor Valer, parlamentario tránsfuga y anticomunista, a seis meses del gobierno de Castillo tuvo como saldo político el desplazamiento de Nuevo Perú, el retorno de Perú Libre y el ingreso de más tecnócratas neoliberales al ejecutivo. Esta recomposición fue rechazada ampliamente por la opinión pública debido la marcada improvisación gubernamental que prioriza la lógica de cuoteo sobre los acuerdos programáticos. Las serias denuncias por violencia familiar contra Valer hicieron insostenibles su gestión y a los tres días se anunció un cuarto gabinete ahora dirigido por el exministro de Justicia, Aníbal Torres, abogado afín al presidente Castillo.
La rectificación parcial en el cuarto gabinete ministerial no significa una enmienda de fondo en la nueva orientación del gobierno que bajo una lógica de sobrevivencia política ante el asedio golpista decide no afectar los intereses de la oligarquía peruana y esto se evidencia en cuanto prevalecen los tecnócratas neoliberales como titulares en los ministerios de Cultura (Salas), y Economía y Finanzas (Graham), además de figuras cuestionables en las carteras de Defensa e Interior.
La derechización gradual tiene antecedentes claros en la atenuación del programa en la campaña electoral de cara al balotaje. La moderación pragmática bajo la conducción de Guido Bellido y la débil hegemonía centroizquierdista bajo la conducción de Mirtha Vásquez tan solo fueron peldaños en el proceso de derechización que habilitó la capitulación del gobierno de Castillo y que se materializa abiertamente con el Gabinete Torres-Graham y que imposibilita irreversiblemente una gestión progresista del capitalismo neoliberal peruano.
La irrupción de las movilizaciones populares y el asedio golpista en Lima
A fines de marzo del 2022 fue derrotada el segundo intento de vacancia presidencial en el congreso de la república y tan sólo unos días después irrumpieron las clases populares del sector transporte y agrario fundamentalmente en Junín, pero extendiéndose la lucha a Ica, Arequipa, Huánuco y Huancavelica. El detonante fue el alza del costo de los combustibles y los alimentos debido a la crisis económica internacional. Tras 4 días de paro regional en Junín las movilizaciones se volvían cada más masivas y radicales con acciones desde bloqueo de carreteras hasta saqueos y desmanes en las zonas urbanas.
La respuesta gubernamental fue represiva desde el inicio del conflicto social, ocasionando un saldo trágico de 1 muerto y la pérdida parcial de la vista de dos jóvenes en Junín, 1 muerto en Ica y 1 muerto en Huánuco. El presidente Castillo en un principio denunció que las acciones de lucha eran orquestadas o financiadas por la derecha, lo cual enfureció aún más a los manifestantes que no recibían solución a sus demandas más álgidas. Luego tuvo que retractarse y pedir disculpas al pueblo movilizado ante el grave error político cometido.
Una delegación del ejecutivo representada por los ministros Roberto Sánchez y Alejandro Salas arribaron a Huancayo, capital de Junín, el sexto día del paro regional logrando suscribir algunos acuerdos como la reducción al 90% del impuesto selectivo al consumo en combustibles. Los bloqueos de carretera no cesaron en algunos puntos a pesar la tregua acordada de 5 días, debido a que la estructura organizativa del sector transporte es bastante heterogénea y no cuenta con una dirección centralizada a nivel nacional lo cual además es tierra fértil para intentos de hegemonizar la lucha por derecha.
El paro transportista llegó a Lima el 4 de abril, pero se desarrolló de forma parcial mediante piquetes en Huaycán, Manchay, Pachacamac y algunos distritos de Lima Norte. Se difundieron alertas de saqueo en diferentes puntos de la capital pero que finalmente no se concretaron salvo algunos casos de robo a transeúntes. En ese contexto el gobierno decidió decretar estado de emergencia e inamovilidad ciudadana por casi 24 horas en Lima y Callao para el martes 5 de abril aduciendo que según un informe del servicio de inteligencia se desarrollarían saqueos en toda la ciudad ese día.
Esta medida desproporcionada del ejecutivo enfureció a vastos sectores de la clase media y la burguesía limeña que decidieron movilizarse bajo la conducción de la ultraderecha golpista con consignas como ¡Fuera Castillo!, ¡Nuevas elecciones! y ¡Que se vayan todos! La movilización de las clases medias, aunque pudo granjear el apoyo de algunos activistas liberales que se habían movilizado contra Merino en noviembre del 2020, el sentido regresivo de este movimiento es tan evidente que incluso durante el trascurso de la marcha las expresiones racistas contra el presidente Castillo constituía parte de la agitación.
La respuesta del gobierno y la fuerza policial hacia la movilización burguesa que desacató el decreto de inamovilidad ciudadana fue extremadamente tolerante y sólo buscaron la contención de los sectores lumpenes que de forma planificada generaron desmanes, saqueos y ataques a la oficina del Poder Judicial y casi logran el mismo objetivo con la sede del Jurado Nacional de Elecciones. Confrontaron a la fuerza policial durante varias horas en el centro de Lima cerca al Congreso de la República y Palacio de Gobierno, pero finalmente se logró dispersar a los manifestantes sin el saldo trágico que esperaba la ultraderecha golpista.
El presidente Castillo arribó al Coliseo Wanka en Huancayo, epicentro del paro transportista y agrario, el 7 de abril para reunirse con los representantes de las organizaciones populares y poder suscribir acuerdos fundamentales. Inmediatamente recibió las críticas del pueblo que votó por él y que espera rectificación del gobierno ante los diversos problemas que afronta el país. Por lo pronto, el ejecutivo se ha comprometido en impulsar un proyecto de ley que prohíba los monopolios entre otras medidas progresivas pero que no dejan de ser paliativos ante la magnitud de la crisis económica internacional.
Claramente la composición de clase y la orientación de la lucha expresa dos dinámicas cualitativamente distintas entre la movilización burguesa en Lima y las movilizaciones populares en regiones. En Huancayo e Ica las consignas mayoritarias del campesinado y los transportistas iban contra los monopolios y la constitución del 93 que imposibilita aplicar políticas de control de precios. La ultraderecha ha intentado hegemonizar el proceso de lucha a través de los sindicatos de la CTP de filiación aprista y los activistas fujimoristas que tienen presencia en regiones y que se organizan en grupos de choque como La Resistencia. El asedio a la casa del secretario general de Perú Libre y los saqueos en centros comerciales de productos suntuosos hasta cierto punto guarda relación.
No obstante, la ultraderecha golpista no logró hegemonizar la justa lucha del campesinado y los transportistas que exigen al presidente Castillo honrar sus promesas de campaña. La izquierda no debe dudar en apoyar activamente las movilizaciones populares de este tipo que pueden ser el germen del proceso popular constituyente, y en esa medida canalizar hacia transformaciones mayores el descontento de las clases populares.
Momento de definiciones en la izquierda peruana
El abandono de las banderas transformadoras (renegociación de contratos con las industrias extractivas, nacionalización de sectores estratégicos de la economía, nueva constitución) por parte del oficialismo paradójicamente es acompañado tácitamente por Perú Libre y el Partido Magisterial y Popular, partidos que inicialmente representaron al sector ubicado más a la izquierda en el gobierno. Este oportunismo indudablemente no podría llevarse a cabo sin los incondicionales de siempre afines al presidente Castillo.
Sectores de la izquierda liberal (NP) y tradicional (PCP-PR) están en proceso de converger con la oposición burguesa que bajo el pretexto de la lucha contra la corrupción plantea como solución a la crisis la convocatoria a nuevas elecciones generales. Este posicionamiento suele ser asumido de forma errática pero lo cierto es que fueron aliados de última hora y por lo tanto su compromiso con el gobierno de Castillo era frágil. En las condiciones actuales de polarización política estas propuestas solo pavimentarían el retorno de las fuerzas orgánicas del neoliberalismo, ya sea en su variante de ultraderecha o la derecha liberal.
La izquierda oficialista, PL y PMP, e intelectuales afines sostienen que la derechización gubernamental puede revertirse y que entonces corresponde a la izquierda luchar por la rectificación del proceso y a la vez derrotar a la ultraderecha golpista. En algunos casos el apoyo crítico al gobierno se desdibuja cuando defienden medidas erróneas como el decreto de inamovilidad ciudadana en Lima. En otros casos se obvia que los organismos estatales que regulan la economía peruana como la Superintendencia de Banca y Seguros, el Ministerio de Economía y Finanzas y el Banco Central de Reserva están dirigidos por tecnócratas neoliberales que funcionan como un dique para evitar cualquier giro a la izquierda.
A pesar de la capitulación del presidente Pedro Castillo, la oligarquía no tolera su origen popular y apuesta a recuperar el manejo directo del ejecutivo ante la tentativa plebeya frustrada. En esa medida el gobierno de Castillo no representa una fuerza orgánica del neoliberalismo y mantiene ciertos vínculos con algunas fuerzas de izquierda a diferencia de la capitulación del expresidente Ollanta Humala en el 2011. La independencia política de la izquierda y la lucha contra el golpismo con miras a construir una oposición de izquierda popular, delimitada de la oposición burguesa y que apunte a exigir al gobierno que cumpla sus compromisos electorales mínimos con las clases populares reconociendo que definitivamente el gobierno no retomara las propuestas más radicales de su programa y que solo mediante la lucha en las calles lograremos abrir un proceso popular constituyente en Perú.
Para esto es ineludible reconstruir un proyecto de izquierda útil a la lucha de clases y que se proponga en serio una ruptura con el neoliberalismo y el imperialismo bajo un horizonte ecosocialista y feminista. Sacar lecciones profundas de las experiencias frustradas nos permitirá recomenzar con mejores condiciones las tareas que se avecinan.