Autor: AndreuColl4

  • Ni Putin ni la OTAN son inocentes

    Ni Putin ni la OTAN son inocentes

    Ni Putin ni la OTAN son inocentes

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    Valerio Arcady

    Historiador

    Traducción: Jacobin América Latina

    Fuente: Jacobin América Latina

    Especiales temáticos: Guerra en Ucrania

    28/02/2022

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Rusia tiene todo el derecho a dejar claro que el despliegue de misiles de la OTAN en Ucrania es inaceptable. Pero la invasión de Putin es una aventura militar injustificable.

    La invasión rusa de Ucrania no es una guerra antiimperialista

    Los intereses defensivos de Rusia no legitiman la ruina de Ucrania. No es una guerra justa. La decisión de Putin es defendida por una parte de los sectores más combativos de la izquierda, recordando con razón que la OTAN se ha ido acercando a Rusia con la integración de trece países limítrofes: República Checa, Polonia, Hungría (1999), Estonia, Letonia, Lituania, Eslovaquia, Rumanía, Bulgaria, Eslovenia (2004), Albania, Croacia (2009) y Montenegro (2017). La autodefensa es legítima. Rusia tiene todo el derecho a dejar claro, de manera innegociable, que el despliegue de misiles de la OTAN en Ucrania es inaceptable. El papel de la OTAN no es defender la independencia de Ucrania, y mucho menos la democracia, porque la OTAN es un cañón de Estados Unidos. Tampoco es relevante, a priori, quién toma la primera iniciativa en una guerra. Pero el arsenal nuclear de Rusia sigue siendo más que suficiente para protegerla de cualquier país del mundo.

    Rusia no sólo se defiende de la OTAN, sino que amplía su área de influencia. No es necesario que seamos «campistas» y elijamos uno de los dos campos de lucha. La URSS no existe desde hace más de treinta años. Su defensa contra el imperialismo fue durante setenta años una cuestión de principios para los marxistas. Pero la Rusia de Putin no es sólo un país en el que se ha restaurado el capitalismo con aberraciones salvajes y monstruosas y un régimen bonapartista ultra-autoritario. Mucho peor y más importante, es una potencia imperialista, aunque en un lugar subordinado. Tanto la rusofilia como la rusofobia son perjudiciales para la izquierda.

    No es cierto que, cuando se precipita una guerra, haya que elegir cuál es el «bando del mal menor». Estar en contra de la invasión no es lo mismo que apoyar la estrategia de la OTAN. La guerra contra Ucrania no allanará el camino hacia un mundo menos injusto o peligroso. La lucha del movimiento socialista no debe ser en apoyo de un Imperio contra otro, sino contra el capitalismo. Defender un imperialismo subordinado no es «realismo» político. Nuestra estrategia no puede ser el «equilibrio multipolar» entre estados imperialistas. Esto es una utopía reaccionaria. Mientras exista un orden imperialista habrá un peligro, aunque sea latente, de una Tercera Guerra Mundial. El proyecto de todo imperialismo es convertirse en dominante, económica, política, militar e ideológicamente. El programa marxista es el internacionalismo. Hoy, esta bandera se concreta en la defensa de un alto el fuego inmediato, para el fin de la guerra, frente a la presencia de las tropas de la OTAN en Europa del Este y de las tropas rusas en Ucrania. Al mismo tiempo, no debe ser indiferente para los que luchan por el socialismo en América Latina que, en el contexto del orden mundial, nuestra región esté en el área de influencia del imperialismo norteamericano. La burguesía latinoamericana mantiene una estrecha alianza histórica con Washington. La denuncia implacable de la OTAN es necesaria. La tradición que debemos defender es la bandera impoluta del marxismo que defendieron aquellos que se reunieron en Zimmerwald en la época de la primera guerra mundial: Rosa Luxemburgo, Lenin y Trotsky.

    En los últimos treinta años, la dinámica de debilitamiento relativo de la hegemonía estadounidense en el sistema internacional de Estados, aunque lenta, no ha impedido a Estados Unidos avanzar el dispositivo militar de la OTAN sobre Europa del Este, y Ucrania se ha transformado en una semicolonia estadounidense. La permanencia de un orden mundial dirigido por Washington es una amenaza estructural para la paz mundial. Estados Unidos es el principal Estado comprometido con la defensa del capitalismo mundial. Ya ha invadido y volverá a invadir cuando sus intereses estén en peligro. Pero la agresión contra Ucrania no es una acción preventiva contra el peligro de una invasión inminente. La manipulación del sentimiento patriótico del pueblo ruso, recordando la invasión nazi de 1941, es una maniobra política, o «propaganda». Rusia también es una potencia imperialista. Sea cual sea la interpretación del imperialismo en la tradición marxista, Rusia no es sólo un país independiente. Aunque económicamente sea mucho más débil, un Estado con miles de armas atómicas no es un país dependiente. Se trata de una disputa de Rusia contra la potencia imperialista dominante y sus aliados de la OTAN por el control de los recursos, los mercados, la fuerza de trabajo y el dominio de las zonas de influencia. Es una guerra de conquista y saqueo.

    La táctica de la guerra relámpago ha confirmado la superioridad militar rusa, y Kiev está a punto de caer. Pero el derrocamiento del gobierno ucraniano no será más que el epílogo del primer capítulo de la guerra, por lo tanto una «victoria pírrica», ya que no se descarta la resistencia guerrillera y el boicot civil masivo. Las victorias tácticas son la antesala de las derrotas estratégicas. Putin no tiene en cuenta que el proyecto de ocupación de Ucrania es, como mínimo, peligrosa. La victoria militar en la guerra relámpago no equivale a la victoria política. La abstención china, seguida de la india, en la votación de la resolución contra la invasión en el Consejo de Seguridad de la ONU es una señal de que no habrá un alineamiento incondicional con Moscú si la operación resulta insostenible. Ni siquiera es impensable que se plantee la amenaza de su propio derrocamiento a Moscú si la oligarquía de multimillonarios concluye que Putin ha ido demasiado lejos.

    No es una guerra «justa», sino una guerra de conquista. Ucrania es víctima de una disputa interimperialista por el reparto de las «zonas de influencia». Putin hizo el cálculo de que el debilitamiento de Estados Unidos le permitía recuperar el dominio de su zona geoestratégica. Es cierto que el gobierno ucraniano, dirigido por Volodymir Zelensky, señaló, antes de diciembre del año pasado, la aspiración de ingresar en la OTAN. Esto sería una provocación inaceptable porque permitiría ubicar misiles nucleares en la vecindad de Moscú, pero no más peligrosos, cualitativamente, que en los países bálticos, o en Polonia, donde la OTAN ya está presente. El dispositivo de armas nucleares de Rusia, equivalente al de Estados Unidos, no perdería, ni siquiera disminuiría, su capacidad de disuasión.

    La invasión fue una agresión de carácter imperialista. La izquierda socialista no puede apoyar la guerra contra una nación oprimida, ni siquiera cuando su gobierno acepta la humillación de ser reducido a la condición de protectorado de Estados Unidos. Rusia no está liberando a Ucrania de la opresión estadounidense. Rusia no es un país de la periferia que haya realizado una maniobra militar táctica ofensiva al servicio de una estrategia defensiva. No anticipó una agresión imperialista de la OTAN. No existía un peligro «real e inminente» de despliegue de misiles por parte de la OTAN, una coalición liderada por Estados Unidos. Esta no es una guerra para el derrocamiento de un gobierno «nazi». Rusia mantiene excelentes relaciones con el gobierno de Hungría. No es una guerra en defensa de la población rusófona del Donbass. No sólo fue un crimen contra Ucrania, sino un error de cálculo al subestimar a Estados Unidos desde el punto de vista de los intereses de Rusia. Criminal, porque una nación que acepta que su Estado abuse de la superioridad de su poder para oprimir a otro pueblo no puede ser libre. Un error de cálculo porque había otras formas. El gobierno ucraniano incluso había dado marcha atrás, aunque de forma parcial y «explotadora», ante el ultimátum de Putin. Francia y Alemania también admitieron su voluntad de presionar a Biden para encontrar una solución negociada.

    Pero la verdad es que Washington tenía un gran interés en poner a Rusia contra la pared, e instigó una aventura precipitada de Putin. La invasión facilitó una inmediata cohesión de las potencias europeas con Estados Unidos. Alemania finalmente admitió renunciar al suministro de gas por el nuevo gasoducto Nord Stream 2, miles de tropas fueron desplegadas en los países fronterizos con Ucrania, la Fuerza de Acción Rápida, hasta 40.000 hombres fue puesta en estado de alerta, las sanciones económicas aumentaron (aunque, felizmente, Italia ha conseguido ahorrarse la prohibición de la venta de artículos de lujo, y Bélgica y Holanda han tratado de proteger el comercio de diamantes tallados, muy consumidos por la burguesía rusa), e incluso la exclusión del sistema de pago Swift, como arma de ahogo financiero. Ahora incluso Suecia y Finlandia amenazan con entrar en la OTAN. La posibilidad de un estatus neutral para Ucrania, similar al de Austria, se ha hecho mucho más lejana.

    La invasión de Ucrania es una aventura militar injustificable de Putin. Fue precedido por un discurso imperialista en el que denunció a Lenin por defender el derecho de autodeterminación de Ucrania como nación y negó irresponsablemente la legitimidad de su existencia como Estado independiente. La romantización nacionalista de una tradición común «indivisible» e ininterrumpida desde tiempos medievales inmemoriales es una operación ideológica siniestra porque significa negar el derecho a la existencia de una Ucrania independiente. Los ucranianos no son rusos. Hay muchas naciones eslavas que no son rusas. No hay desenlace militar que no sea apocalíptico. Incluso el chantaje de las armas nucleares está, peligrosamente, planteado, en función de la escalada militar de la OTAN financiando y transfiriendo armas al gobierno de Kiev. La ofensiva estadounidense a través de la OTAN es también una provocación, y debe ser denunciada implacable y ferozmente como una maniobra de cerco estratégico de Estados Unidos para mantener la supremacía mundial. La OTAN es un monstruo contrarrevolucionario. Ucrania no debería estar destinada a ser un protectorado estadounidense o una semicolonia rusa.

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    Rafael Poch de Feliu

    Periodista

    Fuente: Contexto

    Especiales temáticos: Guerra en Ucrania

    02/03/2022

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Nadie esperaba esta invasión. “Impensable”, escribí en Ctxt evocando las escenas de Budapest en 1956 como algo por completo descartado. Todo el mundo bien informado y con criterio lo decía a mediados de febrero. Lo decían en Kíev el propio ministro de defensa y los más agudos analistas ucranianos. Lo decía la razón. “Pensábamos racionalmente una situación que desbordó el marco racional”, dice ahora con amargura uno de ellos.
    Sabíamos que algo “fuerte” ocurriría. Moscú ya anunció “medidas técnico-militares” si Estados Unidos y la OTAN no atendían a su exigencia de negociar un replanteamiento general de la seguridad europea y en especial el insensato y provocador cerco militar contra Rusia acometido desde los años noventa. Pero ni los ucranianos esperaban tanto.
    -La guerra de Rusia en Ucrania repite el guión de las guerras de agresión de los últimos años. Ocho años de bombardeo y rupturas del alto el fuego en el Donbass, no justifican la actual invasión y el bombardeo ruso. La violación del derecho internacional por parte de Putin no se justifica ni aminora por las violaciones de ese mismo derecho de parte de Estados Unidos y de sus aliados. Putin merece tanto castigo como en su día los Clinton, Bush, Obama, etc. Sus mentiras, mitos y exageraciones, el “genocidio” de la sufrida población rusófila del Donbass, la demencial consideración imperial sobre la “artificialidad” de la nación ucraniana o el pretendido “nazismo” de su régimen, están en línea con las “armas de destrucción masiva” de Sadam, el “genocidio” de Kosovo o la agresión del Golfo de Tonkín. Víctima de la guerra y de las sanciones son las poblaciones, la ucraniana, la rusa, y de rebote también la europea, especialmente sus sectores más vulnerables.
    Bombardear, invadir y cambiar regímenes es un crimen que en Occidente conocemos bien. Lo llevamos practicando 200 años. ¿Tiene Rusia capacidad, potencia y condiciones para emular los desastres de sus adversarios en Yugoslavia, Irak, Afganistán, Libia, etc sin romperse ella misma? Lo veremos pronto.
    A corto plazo lo que suceda en el terreno militar determinará la situación. La inferioridad militar ucraniana es tan manifiesta como su superioridad moral. En las primeras horas del ataque Rusia destruyó el grueso de la capacidad antiaérea ucraniana, comenzando por Kíev. Sin radares ni medios de radiolocalización y con los aeropuertos dañados, el dominio ruso del aire es completo, explica un militar ucraniano. “No queremos una lucha de posiciones”, decía el general ruso Evgeni Buzhinski. Pero una cosa son tus intenciones y otra que la realidad en el terreno te permita realizarlas. ¿Qué pasa con el factor humano, con la pasión y la moral nacional, con la disposición al sacrificio? Aquí gana Ucrania.
    El avance ruso es lento, como esperando el desmoronamiento del ejército ucraniano. Pero si éste desmoronamiento no se produce, todo lo que no sea una “rápida guerra victoriosa” es un desastre para el agresor. Es obvio que Rusia no ha hecho uso en los primeros días de su potencia militar, como optando por una “guerra soft”. Para avanzar debe incrementar esa potencia ¿Con qué consecuencias?
    Incluso si la operación militar tuviera éxito como “corta guerra victoriosa” y lograra controlar el país, imponer un nuevo gobierno ucraniano a su gusto y medida en Kíev, reorganizar a su conveniencia el territorio de ese país e imponer las condiciones de neutralidad y desmilitarización deseadas, el resultado sería inestable. La huida de algunos millones de ciudadanos hacia el Oeste del país huyendo de la invasión militar y la incorporación de otros millones de ciudadanos de las regiones rusófilas del Este, entre ellos los separatistas del Donbass, puede, efectivamente, cambiar el cuadro étnico-político de Ucrania. Podrían crearse, por ejemplo, dos Ucranias políticamente más homogéneas. Una al Este del rio Dniepr y “leal” a Moscú, y otra abandonada por imposible al nacionalismo antiruso al otro lado de esa línea… Nada de todo eso se vislumbra ni remotamente ni está garantizado a la hora de escribir estas líneas, pero incluso en la hipótesis de que un escenario de ese tipo pudiera hacerse realidad, el proyecto nacería muerto.
    En Ucrania hay, o había, una clara reserva de opinión favorable a una mejora de las relaciones con Rusia, a la neutralidad, el no alineamiento con la OTAN, etc. El grueso de esa reserva rusófila se concentra en el arco que va de Jarkov, al noreste, hasta Odesa, en el suroeste, pero todo indica que el grueso de esa reserva se ha quemado a las 48 horas de la invasión. ¿Por qué?
    Con su invasión Moscú ha traspasado una “línea roja” que supera la tradicional división identitaria y cultural del país. A lo largo de los treinta años de independencia, una generación, se ha consolidado el consenso de unos y otros alrededor de la soberanía nacional, por diferente que sea la interpretación de ese hecho. La invasión ha atropellado ese consenso y por tanto lo ha fortalecido. Por eso, incluso un “triunfo” de la invasión en la parte del país menos hostil a Rusia será inestable. Es difícil que haya allá una gran resistencia popular pero por escasa que fuera bastaría y sobraría para determinar el carácter represivo del régimen que se estableciera. Ese régimen no tendría base ni apoyo. Con su increíble torpeza imperial, Rusia ha consolidado definitivamente una Ucrania hostil. En esas condiciones -y las expuestas son las más favorables que podemos imaginar para esta triste y criminal aventura – el contagio de la insurgencia y la inestabilidad en Ucrania, tendrá consecuencias directas en Bielorrusia y en Rusia. Las autocracias que se ponen en evidencia se desmoronan como un castillo de naipes.
    ¿Cuantos cadáveres de jóvenes soldados rusos en bolsas de plástico están dispuestas a asumir las ciudades de Rusia? En 1999 Putin resolvió ese mismo problema aplicado a la impopular guerra de Chechenia con cuatro misteriosos atentados en ciudades rusas atribuidos a la guerrilla chechena que ocasionaron centenares de muertos y convencieron a los rusos de la necesidad de aplastar militarmente la revuelta chechena al precio que fuese para evitar males mayores. ¿Qué recurso queda ahora si todo se hunde en las ciudades rusas y las madres, los jóvenes, la sociedad en su conjunto, desafía la narrativa patriótica del Kremlin y sale a la calle a protestar maldiciendo el nombre del Presidente? Con la invasión de Ucrania iniciada el 24 de febrero, el Presidente Putin abre la puerta a una quiebra de su propio gobierno en Moscú.
    En Bielorrusia esa quiebra ya ha tenido lugar, aunque no se haya consumado. Tras las últimas y multitudinarias protestas registradas los últimos dos años en Bielorrusia, su caudillo, Aleksandr Lukashenko, es un cadáver político que puede vencer pero no convencer. Ahora le llega el turno a Rusia. Vladímir Putin todavía no es un cadáver político pero la cuenta atrás ha comenzado. A diferencia de Lukashenko, no dispone de un “hermano mayor” que le salve. (Atentos a la conducta de China). El “escenario 1905” que hemos barajado desde hace tantos años, está servido.
    Aquel año la flota zarista fue hundida por los japoneses en Tsushima, en el contexto del pulso que ambos imperios libraban por los despojos de China. Todo el mundo daba por supuesta la victoria del Zar, pero fue mucho peor que lo nuestro en Santiago de Cuba: el adversario era una potencia no europea, seres “inferiores” (Nicolas II los llamaba “macacos”). Aquella humillación sentó las bases de la primera de las tres revoluciones rusas de principios de siglo XX. El Zar que gobernaba un régimen arcaico para su tiempo sobre los tres principios de la secular doctrina moscovita (autocracia, ortodoxia y espíritu popular) se convirtió en un cadáver político. Los japoneses desacralizaron militarmente al zarismo, evidenciaron su contradicción con los tiempos. Ahora los “macacos” son los ucranianos. Su digna resistencia dinamita los aspectos inadecuados del nacionalismo ruso, por lo menos tal como el Kremlin lo concibe. En la sociedad rusa, ni siquiera entre los uniformados, hay entusiasmo hacia la guerra. La brecha entre sociedad y poder, manifiesta en Rusia desde 2018 pero aún latente y pasiva, tendrá ahora consecuencias prácticas. Perjudicados por las consecuencias de la tensión con Occidente, los oligarcas ya murmuran contra el “capitalismo de Estado” de Putin.
    -Llegados aquí hay que preguntarse ¿cómo ha podido el Kremlin meterse en esto? ¿Cómo se explica tamaña torpeza? La enfermedad imperial produce ceguera. Incapacidad para comprender los procesos históricos y los movimientos sociales. Esa ceguera típica de las autocracias en crisis es particularmente peligrosa en los imperios menguantes. Todas las potencias coloniales europeas pasaron por ello en la segunda mitad del siglo XX. No entendían aquellos movimientos de liberación nacional. Antes de apearse de sus estatus coloniales y reconvertirlos en otras formulas imperiales de dominio mas modernas, las potencias europeas cometieron crímenes enormes en el mundo. Francia guerreó en Argelia y dejó allá un millón de muertos. En Indochina ocasionó otros 350.000. Inglaterra saldó con un millón de muertos y 15 millones de desplazados la separación imperial de India y Pakistán. En Kenia la descolonización ocasionó 300.000 muertos y millón y medio de recluidos. Hasta la pequeña Holanda acaba de reconocer la factura de 100.000 muertos que causó en su guerra colonial de cuatro años en Indonesia.
    Y ¿qué decir de Estados Unidos gran patrón del bloque occidental. Su declive imperial lleva décadas arrastrando consigo una guerra permanente. Desde el 11 de septiembre de 2001 ha ocasionado la destrucción de sociedades enteras, 38 millones de desplazados y 900.000 muertos, según el cómputo más bien benigno de la Brown University de Estados Unidos (“Cost of War”). Ese es el gran contexto de la actual sicología del nacionalismo ruso instalado en el Kremlin. Rusia está pasando por estas patologías imperiales del declive de la misma forma y choca en ellas con sus competidores imperiales que le han acorralado en Europa. Estamos ante un choque entre imperios en un momento dominado por el traslado de potencia global hacia Asia que les afecta a todos. Occidente no sabe qué hacer con el vigoroso ascenso de China. El debate en el dividido establishment de Estados Unidos es continuar con la contención de Rusia o ganarse a esta para concentrarse en la contención de China. El vicealmirante alemán destituido por pedir “respeto” a Rusia, justificó su posición en la misma lógica: para concentrar mejor el fuego contra China. Geograficamente situada entre dos imperios superiores a ella en todos los parámetros, la UE y China, Rusia tampoco sabe qué hacer con los dilemas y angustias de su declive.
    En el Kremlin no se reconoce ni se comprende la autonomía social, porque queda fuera de su radar. Como guía y receta solo se conciben las relaciones de fuerza y los intereses de las elites imperiales adversarias. El cálculo del Kremlin de que el adversario euroatlántico no se atreverá a adoptar medidas militares y no irá más allá de las sanciones, es a la vez racional y de alto riesgo. ¿Por qué arriesgar tanto? Porque Putin considera que Rusia se enfrenta a un peligro existencial. “Ya no tenemos a donde retirarnos”, dijo en enero. Se humilló a Rusia. Todo lo que Occidente favoreció allá desde el cierre en falso de la guerra fría, contribuyó a favorecer una lenta redición de la enfermedad imperial en Moscú. “Weimar en Moscú” fue un proceso lento e inexorable. Y se veía venir.
    “Rusia no será débil eternamente, ¿es que no se dan cuenta para quien trabajan?”, advertía en 1996 Mijaíl Gorbachov, escandalizado ante los planes de ampliación de la OTAN al Este. Agresivos estrategas de la guerra fría como George Kenan, lanzaban la misma advertencia dos años después desde Washington: “será el principio de una nueva guerra fría. Los rusos reaccionarán gradualmente de forma negativa y eso influirá en su política. Me parece un trágico error. No hay ninguna razón, nadie está amenazando a nadie. Habrá una mala reacción de Rusia.”
    En Moscú había que escuchar las conclusiones a las que habían llegado analistas como Sergei Karaganov, presidente del principal laboratorio de ideas ruso, el Consejo de Política Exterior y de Defensa. Furibundo liberal-occidentalista en los años noventa, era lo que entonces se definía en Rusia como un “demócrata”: un intelectual deseoso de integrarse en la “civilización”, perfecto dominio del inglés y admirador del modo de vida americano. Karaganov se transformó gradualmente en un “patriota” nacionalista receloso de Occidente. El 17 de febrero, una semana antes de la invasión resumía así su posición:
    “Frecuentemente, el sistema de relaciones internacionales cambia a base de una gran guerra o de una serie de guerras. Evidentemente, la guerra no es el mejor escenario, pero el dilema que tenemos ante nosotros es bastante simple: si continuamos en el actual sistema, por ejemplo asumiendo pasivamente la ampliación de la OTAN a Ucrania, la guerra será inevitable. Mis colegas del Consejo de Política Exterior y de Defensa y yo, ya llegamos a esa conclusión en 1997-1998. Dijimos que si legitimábamos la ampliación de la OTAN, Ucrania entraría en ella y como resultado vendría la guerra. Un cuarto de siglo después vemos que todo apunta hacia ahí. Por eso, nuestro enunciado consiste en buscar medios para lograr un sistema de seguridad justo y duradero en Europa que evite un conflicto militar. Queremos cambiar el sistema sin una gran guerra, pero no descarto una pequeña guerra o una serie de guerras locales” (…) “Ahora disponemos de fuertes recursos. En 2003 se decidió crear una nueva generación de armas estratégicas hipersónicas. Llevamos a cabo una efectiva modernización, relativamente barata, de nuestras fuerzas regulares. En Siria las entrenamos. Las dos cosas nos permiten ahora mirar al mundo con tranquilidad desde el punto de vista de nuestra seguridad y comenzar, con firmeza, a darle la vuelta a las normas que nos impusieron, a nosotros y al mundo, en los últimos treinta años”. A la pregunta por los objetivos de Rusia en Ucrania, Karaganov respondía así en aquella misma entrevista del 17 de febrero: “en primer lugar impedir la ampliación de la OTAN y la militarización de Ucrania. Digan lo que digan, no tenemos planes para conquistarla. Otro asunto es que ese país tenga pocas posibilidades de mantenerse como Estado a largo plazo. Seguramente Ucrania se desintegrará lentamente y a partir de allí la historia dirá: no excluyo que parte de ella se una a Rusia, otra a Hungría y otra a Polonia y que otra parte pueda mantenerse formalmente como un Estado independiente ucraniano”.
    En su mensaje del 21 de febrero Putin enumeró algunos de los riesgos que Ucrania representaba para Rusia; la doctrina militar adoptada en marzo de 2021 “completamente orientada a la confrontación con Rusia y al objetivo de implicar a países extranjeros en un conflicto con nuestro país”, la “presencia permanente de contingentes de la OTAN en Ucrania con la excusa de maniobras”, la “integración del sistema de mando del ejército ucraniano en el de la OTAN”, la millonaria dotación de Estados Unidos a Ucrania en armas, munición y preparación de especialistas”, el mando de “consejeros extranjeros sobre las fuerzas armadas y servicios secretos ucranianos”, la “modernización de la red de aeropuertos para que puedan recibir contingentes militares aerotransportados en breves plazos así como el futuro despliegue en ellos de la “aviación táctica” de la OTAN y medios de observación electrónica “que permitirían a la Alianza controlar el espacio aéreo ruso hasta el Ural”.
    Putin definió entonces el uso de sanciones contra Rusia como algo inevitable, “en la medida en que Rusia fortalezca su soberanía e incremente la potencia de sus fuerzas armadas”. “Independientemente de la situación en Ucrania, los pretextos para imponernos sanciones se encontrarán, o se fabricarán, de todas formas” dijo. “El objetivo es claro: frenar el desarrollo de Rusia y eso lo hacen sin necesitar de pretexto alguno, únicamente porque existimos y porque nunca renunciaremos a nuestra soberanía, intereses nacionales y valores”. La guinda la puso en vísperas de la invasión, el propio presidente de Ucrania, Vladimir Zelenski, al declarar públicamente que “Ucrania tiene la intención de dotarse de sus propias armas nucleares”. Resumiendo: una amenaza existencial para Rusia y la inevitabilidad de una gran guerra si no se actúa militarmente para prevenirla aunque sea con una guerra pequeña.
    Verdadera o exagerada, realista o demencial, poco importa: esa es la percepción real y la mentalidad que ha determinado la conducta del Kremlin. Si se quiere entender la situación, algo que la espiral belicista no siempre desea y la propaganda mediática impide, hay que empezar por tomarse todo esto en serio. En ello nos va la vida, en el sentido más literal de la expresión, pues ese es el discurso de una superpotencia nuclear acomplejada. Esta “Rusia de Weimar” nunca habría llegado aquí sin su Versalles. ¿Repetirá Occidente el error intervencionista cuando llegue la quiebra del régimen de Putin?

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    Rafael Poch de Feliu

    Periodista

    Fuente: Contexto

    Actualidad Internacional: Latitudes. Europa

    24/02/2022

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    o se puede ser antiimperialista y no sentir repugnancia ante lo que sucede. Pero, ¿qué sucede? Estamos ante un pulso entre imperios nucleares con Ucrania como víctima y objeto. Nuestra simpatía está con un pueblo agredido por un matón

    Con su ataque a Ucrania, el presidente Putin ha cruzado el Rubicón de la violencia militar directa contra un Estado soberano. Se trata de la nefasta agresión de una potencia imperial contra un país mucho más débil y libre que Rusia. Nuestra simpatía está con el pueblo de la Ucrania agredida por un matón. No se puede ser antiimperialista y no sentir repugnancia ante lo que sucede. Pero ¿qué sucede y hasta dónde llegará?

    Lo que sucede es, precisamente, lo que se anunció: aquellas “medidas técnico-militares” con las que Moscú amenazó en diciembre para el caso de que Estados Unidos y la OTAN no respondieran a su exigencia de negociar un replanteamiento general de la seguridad europea y en especial el insensato y provocador cerco militar contra Rusia acometido desde los años noventa.

    Putin ha dicho que “no vamos a invadir Ucrania” y que el objetivo de su “operación militar especial” es la “desmilitarización” y “desnazificación” de ese país.

    Sobre lo primero, el ejército ruso ha atacado los puntos de mando militar ucranianos en Kiev y Járkov, seis aeropuertos y otras infraestructuras militares repartidas por diversas áreas del país. Rusia está destruyendo con misiles recursos militares capaces de obstaculizar avances terrestres generales y de gran envergadura. “La población civil no está amenazada”, ha dicho el portavoz militar ruso, Konashenko, pero en el primer día del ataque ya hay decenas de víctimas. Respecto a lo segundo, el mensaje es meridiano: “Desnazificación” significa un cambio de régimen en Kiev.

    En una lectura superior, estamos ante un pulso entre imperios nucleares con Ucrania como víctima y objeto. Ese pulso ofrece vitaminas a una OTAN en crisis, consolidación y fortalecimiento al vector antirruso del nacionalismo ucraniano, y enormes riesgos para Rusia.

    El objetivo de Rusia no es un enfrentamiento militar con Occidente, sino la negociación contenida en los puntos del 17 de diciembre –neutralización de Ucrania y retirada de la OTAN de su entorno–, pero cualquier revés militar se volverá inmediatamente contra su régimen porque creará una gran reacción social en la propia Rusia.

    El gran peligro de esta partida insensata es el de una guerra entre potencias nucleares

    Bombardear, invadir y cambiar regímenes es algo que en Occidente conocemos bien. Lo llevamos practicando 200 años. ¿Tiene Rusia capacidad y potencia para emular los desastres de sus adversarios en Yugoslavia, Irak, Afganistán, Libia, etc.? Las breves guerras victoriosas se pueden escapar de las manos de quien las inicia, cobrar vida propia y salirse de los guiones previstos.

    La brecha entre la población y el gobierno ruso es latente, grande y gris. Nadie puede pronosticar hoy cómo evolucionará. El cálculo del Kremlin de que el adversario euroatlántico no se atreverá a adoptar medidas militares y no irá más allá de las sanciones es a la vez racional y de alto riesgo. Tras el ataque no hay vuelta atrás: o se gana o se pierde. De momento, pierde Ucrania, pero ¿cómo encajará el principal matón de este mundo, responsable de más del 50% del gasto militar mundial, un revés en Europa? Si Estados Unidos y la OTAN pierden la cara en Ucrania, las señales para la correlación de fuerzas global y para la recomposición de las alianzas del mundo multipolar serán inequívocas y nefastas para el hegemonismo.

    El gran peligro de esta partida insensata es, obviamente, el de una gran guerra entre potencias nucleares. Pero la hipótesis del desmoronamiento de Rusia forma parte de él.

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    Martín Mosquera

    Licenciado en filosofía, docente en la Universidad de Buenos Aires, editor principal de Jacobin América Latina y referente de la organización política Democracia Socialista.


    Fuente:
    ANRed

    Actualidad Internacional: Entrevista con…

    27/09/2021

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Voy a empezar por algo más general: la naturaleza del Frente de Todos. Se trata de una coalición contradictoria. En primer lugar porque, como suele decir Adrián Piva, interioriza contradicciones “por arriba” y “por abajo”. Dentro de la coalición están representados diferentes sectores sociales y tienen participación política representantes de fracciones industriales o agroindustriales exportadoras, del capital petrolero, sectores vinculados al mundo agrario vinculados al peronismo de Santa Fe, Córdoba, etc. Y, a la vez, interioriza presiones por “abajo”, es decir, de los sindicatos y los movimientos sociales que, más allá de que estén representados por sus variantes más burocráticas, son sectores que cargan a la coalición de gobierno de sus propias aspiraciones: revertir el ajuste que aplicó el macrismo y mejorar la capacidad adquisitiva del mundo popular. Entonces, en primer lugar, es una coalición que agrupa a sectores sociales y políticos heterogéneos.

    Esta naturaleza contradictoria luego se personifica en sectores políticos específicos. Por un lado, quien tal vez representó más nítidamente las tendencias al ajuste y a la reestructuración fue el ministro Guzmán, quien estuvo en el centro de la tormenta desde antes de las elecciones. Recordemos los debates sobre tarifas o sobre la movilidad jubilatoria. El gobierno se transforma en un campo en disputa entre tendencias que representan no solo sus ideologías explicitas sino contradicciones sociales de fondo.

    En un sentido más general, diría también que la coalición de gobierno representa las contradicciones entre el programa que está obligada a llevar a cabo, que está en el marco del acuerdo con el FMI, y las tareas de legitimación política ante su base social. Todas estas contradicciones dan lugar a una situación inestable, que es la que vimos en estos dos años, con las marchas y contramarchas. El caso de Vicentín es paradigmático: primero se anuncia la expropiación y luego se revierte patéticamente. Las diferentes tensiones entre Máximo y Cristina, por un lado, y el ministro Guzmán, por otro, son expresión de esto. Este creo que es el escenario general.

    Pero, ¿cómo llegamos a este panorama electoral? Deberíamos decir que a todos nos sorprendió el resultado. Si uno observaba las opiniones de encuestadores, periodistas o dirigentes políticos todos predecían una elección donde el oficialismo ganaba por 4 ó 5 puntos. Una elección inusualmente normal. Inusual por el contexto en el que se desarrolla: no solo en el marco de una pandemia sino también de un fuerte ajuste. Ahora bien, si vemos el resultado final uno debería decir que la sorpresa fue perfectamente lógica. En un contexto de fuerte retracción del poder adquisitivo de la clase trabajadora y de caída de la actividad económica (que ahora se está recuperando pero que no recupera los niveles previos a la crisis y además se expresa fundamentalmente en una recomposición de las ganancias empresariales y repercute poco en empleo o en salario) es muy difícil ganar una elección.

    Yo creo que la explicación del resultado electoral es multicausal pero el factor económico es predominante y es previsible que así sea en un contexto como este. La coalición gobernante se confió demasiado en la idea que el peronismo unificado no pierde, y habría que decir que cuando el salario está a la baja es muy difícil ganar una elección. Por ello, los gobiernos ajustan en el año par y recomponen en el año impar.

    En cualquier caso, estas elecciones las pierde el gobierno más que la gana la oposición. Esto se ve en que Juntos por el Cambio mantiene estable su porcentaje electoral si se lo compara con 2017 o 2019. El gran cambio es el derrumbe del voto del peronismo. Ese voto parece haber ido fundamentalmente hacia los altos niveles de abstención y de votos nulo o en blanco. Si la mayoría de esa masa electoral que no fue a votar o impugno había votado al peronismo hace dos años, entonces los que se está expresando es una insatisfacción ante el ajuste por parte de una base electoral que esperaba recomponer su poder adquisitivo luego del macrismo.Esta es la peor elección del peronismo unido en toda su historia. Estamos hablando, entonces, de una crisis política del peronismo muy seria. Hay que analizar si estamos ante una crisis de su capacidad de representación política más de fondo, ante un divorcio paulatino entre el peronismo y sus bases electorales. Posiblemente haya que volver sobre la hipótesis del ya célebre texto de Juan Carlos Torre “Los huérfanos de la política de partidos revisited”, donde describe la grieta que atraviesa al sujeto social del peronismo entre el sector formal y el informal de la clase trabajadora, que tiende a representarse en sectores políticos diferentes, los primeros más conservadores y hostiles a los planes sociales, y los segundos más dependientes de la asistencia social (lo que no significa ideológicamente progresistas). En los últimos años, esta fue la división entre Massa y Cristina Fernández.

    Todos vimos la crisis política que desató la derrota electoral con el retiro de todos los ministros vinculados a Cristina para forzar un cambio de gabinete y que luego escala con la carta de la vicepresidente diciendo “perdimos porque ajustamos durante dos años”. Pensemos no solo en el impacto político, sino ideológico o subjetivo que tiene esta carta que acusa a su propio gobierno y deja al desnudo a su propia militancia que estaba negando el ajuste hasta el día anterior.

    La crisis es innegable, lo que está por verse es la eventual recomposición de la coalición. Lo que puede decirse es que por el momento se zanja con una mayor presencia del PJ en el gabinete y con la forzada aparición de una especie de albertismo. Si durante estos años, Alberto Fernández no había sabido, querido o podido construir un ala de sustentación propia, independiente del kirchnerismo, se vio forzado a hacerlo luego de la ofensiva de Cristina.

    Una parte de esta crisis es la que afecta a los sectores más progresistas de la coalición de gobierno, que ahora se enfrentan a una derrota electoral y a que su jefa política reconoce que la causa de ésta es haber aplicado una receta económica ortodoxa. Nada menos. Esto los deja con el pie cambiado. Si uno analiza el desempeño de cualquier dirección sindical vinculada al gobierno, que aceptó una paritaria con salario a la baja, es claro que ahora quedó al desnudo y en cierto modo evidenciada por su propia jefa política.

    Respecto a las críticas dentro de la coalición de gobierno creo que hay algunas pocas voces que han sido disonantes, como la de Juan Grabois o la de Claudio Lozano. Pero lo primero que tenemos que decir es que las críticas han sido muy pocas y que además se han reducido al plano de la intervención mediática o declarativa. De hecho, si algo caracterizó estos años fue una pasividad enorme del movimiento de masas. Si en otros países latinoamericanos hubo grandes movilizaciones o estallidos sociales, Argentina, que tiene larga tradición de luchas callejeras, ha experimentado una gran pasividad social. Solo el peronismo es capaz de tamaña tarea de contención social. Es decir, esos sectores que deberían estar criticando no solo verbalmente sino desde la movilización social, no lo hicieron. Esto muestra un dato importante: la integración política a la coalición de gobierno no es inocua, suele implicar un alto costo en desmovilización social y adaptación política.

    En cualquier caso, no quiero hacer sobre esto juicios sumarios. Vamos a ver cómo evoluciona. Por ejemplo, la carta de Cristina abre un espacio de debate social, que hay que ver como se desenvuelve (más allá de las intenciones de la propia Cristina). Yo creo que la presión sobre esos sectores va a ser vez progresivamente más grande cuando es la misma Cristina Kirchner la que dice «acá hubo un ajuste y si queremos ganar las elecciones hay que cambiar el rumbo». Entonces hay un sector que puede empezar a pensar que para bancar a este gobierno y derrotar a la derecha hay que obligarlo a un cambio de rumbo. Acá solo planteo un escenario hipotético. Hay que estar atento a cómo evoluciona esto. Hasta ahora lo que vemos es una enorme pasividad social. Grabois va a la televisión y crítica pero no se compromete a un plan de lucha sistemático.

    Todavía no afirmaría que hay una brecha por izquierda en el FDT. Dejemos eso como hipótesis abierta, es decir, que la situación actual genere mayor presión a la movilización o a la diferenciación política de sectores internos en el kirchnerismo. Es una posibilidad. Todavía no se esta verificando pero podría suceder por que hay condiciones más propicias.

    Por su parte, la izquierda tuvo un buen resultado, lo cual contrasta con la idea que esta elección consagra una derechización política general. La hipótesis de la derechización es compleja de analizar. Si bien emerge con cierta fortaleza un fenómeno a la derecha del macrismo, que tiene a Milei como su figura paradigmática, por otro lado Juntos por el Cambio se mantiene estable, la tercera fuerza es el FIT-U y los votos que pierde el kirchnerismo van sobre todo a la abstención y al voto nulo y blanco.

    Con respecto al crecimiento del FIT-U es importante conservar el sentido de las proporciones. Esta elección mantiene más o menos los mismos valores de las PASO de las últimas legislativas, donde el FIT-U tenía un partido menos (el MST). Por lo cual si, por un lado, uno se alegra de que se mantenga electoralmente una oposición de izquierda al gobierno, por otro lado, contra la idea de «elección histórica», hay que decir que en un contexto de una crisis tan grande del peronismo la pregunta debería ser por qué el FIT-U no crece más. Es decir, si estamos ante una gran insatisfacción social, sobre todo con las promesas progresistas incumplidas del gobierno, uno podría imaginar que una corriente política que está estabilizada en el sistema político, que tiene recursos, que tiene figuras públicas instaladas, debería superar cualitativamente sus elecciones anteriores. Por ahora eso no sucedió.

    Entonces: ¿porque no crece más? Bueno, acá aparecen los limites de la experiencia del FIT que, entre otras cosas, es una fuerza reticente a incorporar a otros sectores y tradiciones militantes. Creo que el FIT perdió hace bastante tiempo la posibilidad de encabezar un movimiento político amplio, anticapitalista, popular, plural.

    En segundo lugar, se mantiene como un frente exclusivamente electoral, muy funcional a sus integrantes en cuanto a su autoconstrucción partidaria pero muy deficitario en términos de la construcción de un marco unitario de largo plazo. Eso lo vemos, cada tanto, en la lucha fratricida que desarrollan internamente, lo que genera un cierto rechazo en su propia periferia social y activista. La única incorporación que tuvo el FIT desde su fundación en el 2011 fue el MST. Y sucedió porque en 2019 el MST le infringió un daño electoral al FIT sacándole votos muy valiosos. Es decir, solo una presión electoral logró quebrar su autolimitación sectaria. Un cálculo electoral, no una cuestión programática.

    El FIT también tiene otra limitación política relacionada con su ubicación en la situación política. El FIT debería interpelar a la base social que hoy pone sus expectativas de transformaciones  progresivas en el kirchnerismo. Pero este sector social tiende a ver al FIT  o bien como sectario o bien como “funcional a la derecha”. En esta última acusación hay mucho del típico macartismo peronista, pero lo terrible es que en este caso no es del todo falsa. Por ejemplo, cuando se votó el impuesto a las grandes fortunas, el FIT se abstuvo. Si vamos hacia atrás, las fuerzas del FIT-U se opusieron, o tuvieron posiciones divididas, ante la estatización de YPF o de las AFJP, para mencionar solo unos ejemplos representativos. E incluso hubo fuerzas de FIT-U que se movilizaron con las entidades agrarias en el conflicto con “el campo”. Es decir, las fuerzas del FIT en relación al kirchnerismo combinan en dosis variables sectarismo y oportunismo. Un sistemático sectarismo ante el kirchnerismo y una intermitente coincidencia con la oposición de derecha. Esto hace que la base electoral del kirchnerismo no vea al FIT como un fenómeno interesante y refuerce la idea de que para enfrentar a la derecha solo cuenta con el kirchnerismo. En un sentido, esta mezcla de sectarismo y oportunismo del FIT refuerza la hegemonía del kirchnerismo sobre la juventud, la vanguardia y los sectores progresistas.

    Si bien el FIT es un fenómeno electoral duradero y eso es valioso, como fenómeno militante creo que no está en su mejor momento. Entre el 2013 y el 2015 el FIT despertó una gran corriente de simpatía. Yo creo que eso hoy no está. Incluso aunque mejore sus resultados electorales en noviembre, sus limites están en el plano estratégico. En su autolimitación sectaria y en su rechazo a construir un marco unitario plural para darle una prolongación política a las luchas contra el ajuste. Y en su ubicación y táctica ante el kirchnerismo. El kirchnerismo es un fenómeno político que a veces concede medidas parcialmente progresivas y desarrolla enfrentamientos puntuales con la clase dominante que son visibles para todo el mundo. Y una izquierda razonable, en esos casos, debería apoyar las medidas positivas (por limitadas que sean) e impulsar un campo de acción unitario contra la derecha, manteniendo siempre la independencia política. Esta lógica el FIT la rechaza. Y tiende a reproducir un tipo de política que el sentido común la procesa con una fórmula del tipo: «para el FIT son todos lo mismo». Y como para la gente no es todo lo mismo, el FIT queda ocupando o bien un papel sectario, o bien a veces un papel oportunista cuando mezcla banderas con la derecha en la oposición a las medidas progresivas.

    Yo creo que captó un sector, porque con respecto a la elección legislativa de 2017 no crece significativamente pero en relación al 2019 sí, entonces hay un sector que en 2019 voto al FDT y ahora vota al FIT. Pero insisto, la verdadera pregunta en ese caso es porque no crece más. Si tenemos un “voto bronca” tan grande, es decir un voto de rechazo al sistema político de conjunto, ¿porque el FIT no aparece más significativamente como un canal de castigo al régimen político?

    En resumen, parece haber dos cuestiones: primero, como decía antes, para el sector más ideologizado del progresismo, el FIT no aparece como un instrumento interesante por las limitaciones sectarias que ya describimos. Pero, por otro lado, empieza a configurarse una cuestión que ya excede a los limites y potencialidades del FIT, que es un voto “anti-establishment” de derecha. Acá no podemos responsabilizar al FIT. El voto a Milei tiene estas características, un voto que antes hubiera sido el voto a Zamora, un voto de rechazo al conjunto del sistema político, de rechazo a la casta política, pero que ahora se expresa junto a un programa liberal de extrema derecha. Para utilizar la expresión de Pablo Stefanoni: una “rebeldía de derecha” . Hay que seguir de cerca este fenómeno porque quizá signifique un cambio ideológico significativo en una franja de la población.

    ¿Cuáles son las causas de la irrupción de un sector tan extravagante como los “libertarios”? Por un lado, expresa una radicalización de un sector de la base del macrismo. Es decir, sectores que en su momento se entusiasmaron con Macri y que piensan que su fracaso se debe a que no fue lo suficientemente duro. En segundo lugar, creo que no hay que subestimar el carácter anti-feminista de la extrema derecha. En todo el mundo la extrema derecha polariza contra lo que ellos denominan “ideología de genero”. Y esto no debería llamar la atención porque se trata de la reacción a un gran movimiento social, que logró enormes conquistas, y es lógico que genere una respuesta político-cultural y que ese sector busque una representación política en la que expresarse. Pero a lo que me parece que hay que prestarle más atención, y que significaría un fenómeno más novedoso, es a otro punto. Argentina tiene en sus bases ideológicas más profundas, casi subliminales, ideas en torno a la necesidad de la distribución progresiva del ingreso y a la intervención del Estado para garantizarla. Son parte bastante transversal de la conciencia nacional. Pero ahora empieza a aparece un sector, todavía minoritario pero de masas, que dice que todo los problemas del país son el Estado, el “populismo”, los planes sociales, etc. ¿Esto no esta expresando un quiebre ideológico que puede ser el resultado de un agotamiento con la experiencia del progresismo? Si uno piensa en los chicos que votan a Milei, hay que advertir que para ellos el kirchnerismo son los bolsos de López y estos dos años de gestión lamentable. La juventud que se entusiasmo con el kirchnerismo en el 2008- 2010 hoy pinta canas. ¿No es la expresión embrionaria de un 2001 al revés? Es decir, si el 2001 generó una presencia callejera permanente, una politización de las necesidades sociales, que legitimaba la intervención del Estado para resolver los problemas sociales, y un gobierno moderadamente progresista, hoy un sector de la población esta sacando conclusiones inversas, producto en parte de las limitaciones del ciclo progresista que incumple sus propias promesas.

    Dicho esto, debemos nuevamente preservar el sentido de las proporciones. La gente se impresiona rápido. En cualquier caso, no estamos frente a una situación como la de Brasil previo al ascenso de Bolsonaro. Creo que la experiencia argentina se parece más a la del ascenso de la extrema derecha en Europa, donde aparecen formaciones de este tipo que capitalizan una parte de insatisfacción social y condicionan la agenda publica, pero que no tienen la capacidad  de ser una amenaza directa en la disputa de poder. Ese ascenso abrupto que tuvo Bolsonaro en Brasil no es posible en Argentina, por la solidez relativa de su sistema político y porque hay una relación de fuerzas que no permitirían un gobierno de ese tipo: el peso de los sindicatos, de los movimientos sociales, de los movimientos de Derechos Humanos, etc. Hoy estamos todavía lejos de una hipótesis de ese tipo. Hay que tener cuidado con la exageración de este peligro porque suele funcionar como una ardid para justificar una política de “mal menor”.

    Yo creo que todavía es prematuro afirmar eso. Hay muchos elementos que relativizan esta idea que se instaló demasiado rápido. Uno de los indicadores es que la izquierda sacó más votos que los “libertarios”. Otro indicador lo debemos buscar en cómo caracterizamos el voto que retiró su apoyo al kirchnerismo. ¿Es un voto a la derecha o es un voto de impugnación al ajuste? Si bien la respuesta es más compleja de lo que parece, no creo que se pueda negar que es un voto que rechaza el ajuste en curso, aun si eso empuja a un sector a la derecha. En cierto modo, esta elección es una extensión de la elección del 2019, y esto quiero decirlo con cautela, en el sentido de que en el 2019 asistimos a un gran veto electoral al ajuste en curso. Esto parece tener continuidad en esta elección. No explotó la situación social, pero “explotó” electoralmente el gobierno. De hecho, en parte la hoja de ruta pro-ajuste que tenía preparada el gobierno se vio desbaratada por este resultado.

    Entonces, ¿cual fue el sector que no fue a votar? Por ahora no tenemos información suficiente pero tiendo a creer que fundamentalmente es el sector del asalariado formal, el pequeño comerciante, el cuentapropista calificado. Es decir, un sector social que siempre fue más o menos reticente al kirchnerismo. Que ideológicamente esta un poco más a la derecha y que combina aspiraciones contradictorias: por un lado, quiere aumento salarial y por el otro es un sector conservador que no quiere grandes confrontaciones con la clase dominante. Hay una dinámica muy contradictoria ahí. Como decía antes, ¿este sector que se retira no es señal de una crisis de largo plazo del peronismo? ¿No es el mismo sector que se distanció de Cristina cuando apareció el peronismo federal en 2009? ¿No es el mismo sector que se sintió representado por Massa en 2013? Es decir, un sector más inclinado a las jerarquías rígidas, a un discurso punitivo, desinteresado tanto de la corrupción como de los derechos humanos y donde pesa mucho el aspecto económico. Esta franja social acompañó al kirchnerismo cuando hubo recomposición del salario formal y retiró su apoyo cuando no la hubo.

    Para valorar el comportamiento de este sector vale la pena caracterizar sobre qué “alianza de clases” se montó el kirchnerismo en todo su ciclo, es decir, desde 2003. El kirchnerismo tuvo políticas orientadas hacia los sectores de la economía informal, planes importantes de asignación social, como por ejemplo la AUH, y tuvo avances en derechos democráticos y civiles, como el matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, el aborto o la ley de medios. Algo que sintoniza principalmente con la consciencia política de los sectores medios progresistas. En cierto modo, una representación bastante fiel del 2001: mientras que el movimiento obrero tradicional seguía paralizado, los piqueteros y la clase media derrocaron a un gobierno. Respecto a la clase trabajadora formal, ¿el kirchnerismo generó un nuevo umbral de derechos laborales, como ocurrió con el peronismo histórico? La respuesta es claramente que no. Se limitó a tener a una intervención pragmática en las paritarias que permitía que cuando había condiciones el salario se compusiera, pero cuando había crisis se iba para abajo. Entonces es entendible que ese sector sea reticente. ¿Cuál es el gran antecedente de esta reticencia? El conflicto de Moyano y Cristina por el mal llamado “impuesto a las ganancias”. Ese sector retira su apoyo cuando Cristina mantiene ese impuesto sobre los salarios relativamente altos del sector formal. Por estas características, creo que es complejo responder a la pregunta sobre la derechización de la sociedad. Parte de esa complejidad tiene que ver con este carácter dual o contradictorio de la base electoral de la que estamos hablando. En cualquier caso, esto hay que estudiarlo con detenimiento, porque la abstención, el voto nulo y blanco parece también haber sido muy transversal, incluyendo a los sectores más populares, que tendieron siempre a votar al kirchnerismo.

    Empecemos por aclarar que llamamos “nueva izquierda” a una camada de militantes y organizaciones que irrumpieron con dos grandes experiencias: primero, y fundamentalmente, con el 2001. En ese entonces irrumpe una generación política y una cantidad de militantes y de organizaciones nuevas, al calor de la lucha social ascendente ante la crisis del neoliberalismo. Después hay otro momento, el cual no se toma suficiente en cuenta, que es el 2008. La crisis con el campo genera una repolitización de la sociedad (posterior a la pasivización que había impuesto Néstor Kirchner en sus primeros años) que no es inmediatamente capitalizada por el kirchnerismo. Recién hacia el 2010, luego de la muerte de Néstor, los actos del Bicentenario, la recuperación económica y la consolidación de Cristina empieza a desarrollarse más significativamente un tránsito de integración -o al menos una segunda fase de integración, la primera fue en 2003-2004- de parte de éste archipiélago hacia el kirchnerismo.

    En Argentina hay dos grandes bloques: uno gigante que es el peronismo, una experiencia populista-progresista (por cuestiones de economía usemos éstos términos, que no son del todo precisos) que ha tenido la capacidad enorme de integrar sectores vinculados al activismo social, la juventud y la izquierda. Si uno compara con otras experiencias latinoamericanas, como el PT, ve que en esos casos el “progresismo” en el gobierno no puede evitar que las masas desarrollen una experiencia en la que se van desilusionando, se van separando, al menos sus franjas más conscientes. El kirchnerismo tiene una particularidad en este aspecto: llega al poder como una fracción del peronismo tradicional y solo paulatinamente va entusiasmando e incorporando a sectores progresistas o de izquierda en el transcurso de su gobierno. La dinámica es la inversa a la del PT. De hecho, la gran última gran integración de sectores militantes al kirchnerismo se da muy recientemente con éste en la oposición, es decir, cuando la gente ve la ofensiva macrista y dice algo así como: “el instrumento político defensivo para detener esto es el kirchnerismo”. Ahí se da la integración del último sector que había nacido en el 2001.

    Tenemos entonces dos grandes sectores: el peronismo, por un lado, y en el espacio que queda a la izquierda, al FIT, una fuerza con rasgos sectarios. Entre una y otra, ha sido muy difícil estabilizar una fuerza política diferente. Lo que ha pasado es que quienes inicialmente intentaron construir otra fuerza política, debido a las dificultades por la falta de espacio político, terminaron o bien integrados al kirchnerismo o intentaron alguna experiencia con el FIT, que en general es fallida, porque el FIT no integra a nadie. El FIT te ofrece llamarlos a votar y lugares no expectables en las listas electorales. No hay espacios comunes, no hay posibilidad de debatir, etc. Entre estos dos bloques, se ha estrangulado mucho el espacio para que aparezcan fuerzas nuevas.

    Siendo esta la situación, yo creo que hay que ser honestos y reconocer que el ciclo iniciado en 2001, con la nueva generación militante que emergió durante esos años, está en lo esencial agotado. Solo de grandes experiencias surgen miles de militantes. No sucede todos los días. Hoy la mayoría de esos militantes están en el peronismo y en una porción menor en las fuerzas del FIT. Con el tiempo la mayoría terminó resignando la aspiración a un proyecto de otro tipo, que supere al mismo tiempo los rasgos sectarios de la izquierda ”tradicional” y a la vez se mantenga independiente del progresismo kirchnerista. Eso lo veo agotado hoy. Necesitaremos nuevas experiencias de lucha para que irrumpan nuevas generaciones militantes que puedan abrir ese espacio que hoy parece suturado. Hay que ver si la actual situación permite algo de eso. El gobierno, pase lo que pase, va a chocar con su base social. Las organizaciones de izquierda que se incorporaron al gobierno están muy incómodas. O, al menos, eso espero. Se incorporaron a un gobierno que desarrolla un ajuste y que ni siquiera es un instrumento eficaz para derrotar a la derecha. Supongo que hay gente que se pregunta: ¿Qué hacemos negando que hay un ajuste cuando lo reconoce la misma Cristina? La crisis actual dio lugar un debate social que es positivo. Tal vez se empiece también a reabrir un poco el espacio para que aparezca otro proyecto de izquierda. Hay que ver… eso esta abierto.

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    musée du Louvre

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    Isabelle Garo

    Filósofa marxista francesa

    Traducción: Marc Casanovas

    Fuente: ContreTemps

    Teoría: Economía

    17/02/2022

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    primera vista, el propósito de este libro puede parecer sorprendente. El objetivo es reunir dos realidades que, en principio, son opuestas o cuyo encuentro sigue siendo muy problemático: el arte y la riqueza económica en sus diversas formas: oro, dinero, capital. Y lo que es peor, se trata de proponer un enfoque marxista de la actividad artística, cuando dicho enfoque ya existe, de un modo completamente diferente, ya sea constituido como estética teórica, tomando la forma de un análisis crítico de la cultura, o incluso inspirando o codificando obras. Del lado de esta tradición, a lo largo del siglo XX han surgido diversas teorizaciones, a veces incompatibles, cuyos logros y limitaciones -e incluso callejones sin salida- no deben subestimarse, y que deben renovarse. Por tanto, el reto del marxismo contemporáneo se sitúa también en este terreno: proponer un análisis global de la realidad económica y social contemporánea, sin separar los sectores de investigación según las segmentaciones académicas, pero sin reducir tampoco la «producción» artística a una base económica y social. También se trata de tener en cuenta los objetivos políticos y críticos de los artistas que los reivindican, sin imponerlos a sus obras desde fuera.

    Además de estos requisitos, hay que tener en cuenta la propia situación del arte y la cultura en la actualidad. Paralelamente a la renovación constante de la producción artística, una profunda agitación concierne a lo que ahora se denomina «economía de la cultura», que amplía y complica esta relación, a la vez íntima y conflictiva, entre el arte y la totalidad económica y social, esta totalidad que lo engloba y que a su vez considera. Desde hace mucho tiempo, las artes, y algunas más que otras, se enfrentan a las transformaciones de las fuerzas productivas y del modo de producción en su conjunto, así como a la expansión del mercado capitalista. Pero la cultura y el conocimiento en general son ahora también parte integrante de un capitalismo en crisis, que intenta regenerarse y extender y reproducir su propia lógica. Al mismo tiempo, estas actividades siguen siendo, por definición, parcialmente ajenas -o incluso hostiles- a su colonización capitalista integral: nacen nuevas formas de resistencia que renuevan la cuestión del compromiso, reconstruyéndola especialmente en el punto preciso en el que el trabajo se encuentra con su doble monetario, que lo persigue y lo cuestiona. La representación de un mundo en el que reina el valor y la representación del valor que se ha propuesto conquistar el mundo se hacen eco con fuerza.

    Todas estas razones combinadas modifican profundamente el paisaje artístico contemporáneo, así como las reflexiones teóricas que suscita y que lo habitan. Porque si el arte es una actividad social, es lógico que esté atravesado por las mismas contradicciones que el resto de las actividades humanas, desplegándose de una manera específica por definición. También se olvida con demasiada frecuencia que la reflexión sobre el arte es, en primer lugar, obra de los propios artistas, siendo dicha reflexión, en ocasiones, parte integrante de su producción artística. La confrontación del artista con la ley del valor y la circulación del mercado ofrece la oportunidad por excelencia para esa reflexión del arte sobre sí mismo y sobre el mundo. Resulta llamativo que una serie de obras plásticas, instalaciones, películas de ficción o documentales, obras fotográficas, vídeos, etc., para ceñirse a las artes visuales, retomen ahora la cuestión de su lugar, de su estatus, de su recepción y de su impacto, de su modo de financiación y de distribución, tomando el relevo de una antigua reflexión de ciertos artistas sobre estas cuestiones. El proyecto de este libro es seguir esta delgada cresta, desde la que se descubre un amplio paisaje.

    Así, si prestamos atención, este encuentro entre el arte y la riqueza es antiguo y persistente, puntuando la historia del arte con obras raras que coinciden y dialogan. Durante mucho tiempo, el arte se ha enfrentado a la riqueza, a su acumulación y reproducción, en la medida en que participa en la elaboración colectiva de significados, en la legitimación o denuncia de las relaciones sociales existentes. El oro, y más generalmente los metales preciosos, es lo primero que encuentra la obra, hasta el día de hoy[1]Katy Siegel, Paul Mattick, Argent, Paris, Thames et Hudson, 2004 ; Anne-Marie Charbonneaux, L’or dans l’art contemporain, Paris, Flammarion, 2010.. El oro se presenta primero como un elemento constitutivo, complejo, a la vez material de la obra y símbolo, signo de riqueza y de un brillo fascinante. A partir del Renacimiento, ciertas obras se apoderaron también del dinero, de las letras de cambio y del espectáculo de su manipulación. Jugando con la imagen de la riqueza y el éxito social, transforman en abismo el valor y proceden a criticar la mercancía, una crítica tanto más aguda cuanto que la obra se sabe objeto de valor y mercancía. En el mundo contemporáneo, estas obras se convierten en el foco de contradicciones fundamentales, entre el patrimonio común y la apropiación privada, el desarrollo y la mutilación de los individuos, la sumisión y la resistencia al capital. Porque lo que está en juego es el capital, y no sólo la lógica del mercado. Como objetos de especulación, puras reservas de valor o productos elaborados como tales, ¿las obras corren el riesgo de ser abolidas como intervenciones críticas, y esto desde el momento de su creación? ¿Pueden los artistas escapar a esta lógica global o deben enfrentarse a ella con sus propios medios? Estas preguntas son nuestras y renuevan la reflexión del arte y sobre el arte, más allá de los límites tradicionales de la estética.

    Sin pretender nunca generalizar las hipótesis aquí presentadas a la historia del arte o al arte contemporáneo, este hilo temático, que confronta las formas del arte con las del valor, se muestra capaz de formular estas nuevas preguntas, tanto en el ámbito de la creación como en el de la lucha contra el capitalismo. Este hilo también pone de relieve laactividad creativa como actividad social, sin borrar en absoluto su dimensión individual. Según este punto de vista, el arte está muy cerca del trabajo productivo, obligado a someterse a la ley del valor, que permite la extorsión de la plusvalía en cuanto la industria cultural se apoya en el trabajo asalariado e impone sus criterios de rentabilidad. En este sentido, existe una aguda contradicción entre una actividad que reivindica y protege su autonomía -aunque sea relativa y a veces fantasiosa- y su anexión a una operación capitalista que despliega sus reglas, añadiendo a la obsesión por la tasa de beneficio el aura de pura generosidad y alta cultura del mecenas. Por eso los artistas son y no son trabajadores como los demás, agitando la contradicción entre apropiación capitalista y reparto de la riqueza común, entre deseo individual de autonomía y proyecto colectivo de emancipación. Estas cuestiones van más allá del sector artístico y afectan a toda la sociedad.

    Por todas estas razones, que hacen más compleja la cuestión del arte y la cultura en la actualidad, y para evitar cualquier elaboración estética al margen de la creación artística así como la simple descripción de un estado de cosas, parecía más pertinente relacionar y paralelizar la finalidad de ciertas obras con esa otra forma de enfrentarse a la realidad, la crítica de la economía política. Este paralelismo no implica ninguna reducción, como hemos dicho, y también pretende evitar cualquier sectorización de la realidad y de las formas de conciencia que forman parte de ella. Precisemos que la expresión «crítica de la economía política» designa y resume la propia aportación de Marx: un conocimiento del capitalismo que incluye el proyecto de su transformación revolucionaria y, recíprocamente, un proyecto revolucionario que está ligado al conocimiento y a un proceso de emancipación individual y colectiva que es su objetivo así como su condición. Esta dinámica difícil e incierta implica la politización de las contradicciones esenciales de este modo de producción. La crítica de la economía política incluye, pues, la reflexión sobre sus efectos, a través del análisis de sus condiciones de posibilidad y de las movilizaciones que irriga y que la alimenta. También aquí la recepción es activa y la creación es compartida.

    Así, unidos por numerosos puntos de intersección, que se entrecruzan sin fusionarse, estos dos ejes permiten poner de relieve los momentos excepcionales en los que el artista se esfuerza por definir y pensar su lugar en el mundo de la producción y el intercambio y, al hacerlo, teoriza la actividad artística sin construir un discurso especializado al margen de las obras que produce. Lejos de la oposición entre el arte y el discurso sobre el arte, sean cuales sean sus variantes, permitir que las obras hablen es, por supuesto, hacer que hablen tanto de sí mismas como de la actividad artística que las hace nacer. Esta operación de producción e invención tiende siempre, por definición, a desaparecer detrás de la obra acabada, este borrado del proceso redobla el enigma de la mercancía, que a su manera también revela y oscurece la obra viva de la que resulta. Por eso es necesario el análisis de algunas obras concretas, seleccionadas entre el gran número de las que dan testimonio de tal reflexión. Escogiendo algunos casos particulares, nos centraremos aquí

    en lo que comúnmente se denomina artes plásticas en el sentido más amplio del término, abarcando los objetos funerarios o religiosos, los frescos, los iconos sobre madera o la pintura de caballete, pero también las instalaciones contemporáneas y las imágenes filmadas, ya sean documentales u obras de ficción. En todos los casos, rechazar el principio unívoco de la figuración como eje de análisis tiene como objetivo subrayar mejor la dialéctica de la representación, vinculándola al análisis marxista de la representación de la riqueza y del dinero, que despliega precisamente dicha dialéctica y renueva radicalmente este viejo pero insustituible concepto de representación, lejos de su cuna filosófica.

    El primer capítulo trata de las tesis de Marx relativas a la actividad artística en la medida en que ésta se encuentra atrapada en la totalidad económica y social, pero escapa a ella, sin que el análisis de Marx se constituya nunca en una estética especializada, a pesar de que su primer proyecto es un ensayo sobre el arte cristiano. A lo largo de su obra posterior, confrontará constantemente distintas formas de desarrollo individual, intrínsecamente ligadas al modo de producción capitalista y a la perspectiva comunista.

    Los capítulos segundo y tercero se centran en obras y momentos concretos de la historia del arte, relacionándolos con el oro y el metal precioso como materiales de la obra, pero también con la representación monetaria y con el capital, desde el momento en que éste comienza a imponer su dominio y a extender su lógica. En el transcurso de esta larga historia, algunos artistas intentan apoderarse de lo que es a la vez una condición de su actividad y una amenaza para una autonomía nunca alcanzada, convirtiendo la reflexión de la obra sobre sí misma en la condición de su apertura al mundo y en el medio, a veces, de una intervención específica.

    El cuarto capítulo se centra en la economía de la cultura y el conocimiento, con el fin de extender esta investigación sobre la cuestión del valor y la forma en que ciertas obras, al enfrentarse a él, se enfrentan a su propia definición, al campo de la crítica de la economía política contemporánea. El debate, en el que se enfrentan las tesis del capitalismo cognitivo, la teoría neoclásica y los trabajos de orientación marxista, tiene amplias y múltiples dimensiones, articulando las preocupaciones económicas y sociales con su alcance político y antropológico constitutivo. Los análisis que se desarrollan en este campo devuelven de inmediato la renovada problemática del compromiso tanto a los artistas como a los espectadores contemporáneos.

    Aquí el índice del libro

    Introducción. Arte, política y crítica de la economía política

    1. Arte y trabajo: Marx y la crítica de la estética

    Un arte prusiano, los nazarenos

    Arte y alienación: el esbozo de una crítica de la estética

    El arte del comunismo

     

    2. Arte y riqueza: de Micenas a Flandes

    Las máscaras de Micenas

    iconos bizantinos

    Arte flamenco: el dinero en perspectiva

    Representación en cuestión

     

    3. Arte y capitalismo: otra crítica a la economía política

    Arte monetizado

    Cine y medios audiovisuales: imágenes servidas, imágenes reflejadas

    El dinero en el cine: cuatro estudios cinematográficos

     

    4. cultura y capitalismo: de la paradoja a la contradicción

    el precio de las imágenes

    La economía política de la cultura

    Arte, conocimiento, capitalismo

    Cultura digital y capitalismo

    Conclusión. ¿Un nuevo arte comprometido?

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    Notas del artículo

    Notas del artículo
    1 Katy Siegel, Paul Mattick, Argent, Paris, Thames et Hudson, 2004 ; Anne-Marie Charbonneaux, L’or dans l’art contemporain, Paris, Flammarion, 2010.
  • La ultraderecha latinoamericana liderada por Vox se encontrará en Bogotá

    La ultraderecha latinoamericana liderada por Vox se encontrará en Bogotá

    La ultraderecha latinoamericana liderada por Vox se encontrará en Bogotá

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    Miguel Urbán

    Militante de Anticapitalistas

     

    Teoría: Antifascismo

    15/02/2022

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    E

    l 2022 será un año electoral clave para las expectativas de la ultraderecha latinoamericana, que puede perder sus dos gobiernos más importantes y simbólicos en la región. Primero el colombiano en las presidenciales de mayo y después el brasileño en octubre. No es casual, por tanto, que el desembarco de Vox y su particular reconquista de Latinoamérica para “salvarla del comunismo” comience por Colombia con la celebración del “I Encuentro Regional» del Foro Madrid los días 18 y 19 de febrero en Bogotá.

    El Foro Madrid, como describe su propia página web, es una alianza internacional de líderes, entidades y partidos que defienden la Libertad, la Democracia y el Estado de Derecho ante el avance de la extrema izquierda en países de ambos lados del Atlántico. Esta iniciativa liderada por Vox nace de la llamada Carta de Madrid, un manifiesto de la ultraderecha impulsada por la Fundación Disenso, presidida por el líder de Vox y que ha conseguido aunar más de 10000 firmas. Entre las que destacan Eduardo Bolsonaro, hijo y mano derecha del presidente brasileño; Keiko Fujimori, excandidata presidencial en Perú; José Antonio Kast, líder del partido republicano chileno y que disputó recientemente las presidenciales en segunda vuelta a Gabriel Boric; y Javier Milei del partido de la Libertad de Argentina.

    La intención es clara: construir un espacio internacional de coordinación y relación estable en el marco de lo que han venido a llamar la Iberoesfera. Un concepto que ha acuñado Vox y que intenta modernizar el termino Iberoamérica, surgido a finales del siglo XIX para englobar a los países colonizados por los Estados de la Península Ibérica. El término refiere, como el propio Vox señala, a «una comunidad de naciones libres y soberanas (de más de 700 millones de personas) que comparten una arraigada herencia cultural y cuentan con un gran potencial económico y geopolítico para abordar el futuro».

    Un concepto, la Iberoesfera, trufado de referencias nostálgicas al pasado imperial y colonial español que tanto le gustaba al franquismo. El propio Santiago Abascal definía a Vox como esa «alternativa» en la que los españoles encontrarían el actor necesario para liderar la Iberosfera y devolver a España su papel capital como piedra angular a ambos lados del Atlántico». Ese «hacer España grande otra vez», propio del trumpismo hispano. Es indudable que la única motivación por parte de Vox para inventarse un nuevo término como el de la Iberoesfera es político. Vox entiende que su peso internacional vendrá de su capacidad por tener influencia en las derechas latinoamericanas.

    De hecho, la Carta de Madrid es el punto de partida de la estrategia de penetración de Vox en Latinoamérica y que ahora continúa con la celebración del “I Encuentro Regional» del Foro Madrid. Una estrategia que como escribió Herman Tertsch, europarlamentario por Vox, pretende «movilizar a las naciones de este inmenso espacio de lengua, historia, cultura y valores comunes para organizar una defensa común de la vida que merece vivirse», frente a la ideología «igualitarista, ecológico-climática, feminista, abortista, de lobbies LGTB y multiculturalismo», que representan no solo Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, sino también «las fuerzas totalitarias» de América que «están en gran parte muy organizadas porque tienen una larga experiencia de sinergias siempre coordinadas».

    Una referencia clara al Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla, utilizados convenientemente como espantapájaros por parte de la derecha latinoamericana siempre que quieren estigmatizar o criminalizar cualquier movimiento popular. El propio Kast ha utilizado este recurso para criminalizar las protestas sociales del 2019 en Chile, llegando ha referirse incluso a la participación de agentes extranjeros del Foro de São Paulo en las mismas. O el expresidente colombiano Álvaro Uribe que, ante las masivas movilizaciones del Paro Nacional, afirmó que «el paro hace parte de la estrategia del Foro de São Paulo, que intenta desestabilizar a las democracias de América Latina».

    La conspiranoia de la ultraderecha latinoamericana en torno al Foro de Sao Paulo no es nueva, sino que entronca con una larga tradición de propaganda anticomunista que tan profusamente utilizaron las dictaduras latinoamericanas para justificar la represión contra el enemigo interior que en teoría suponía el comunismo. La mayoría de la extrema derecha, desde la caída de la URSS, ha relegado a un segundo plano su retórica anticomunista ante la emergencia de nuevos «enemigos» como el islam(ismo), comprando la teoría de los halcones norteamericanos del choque de civilizaciones. Pero la ultraderecha hispana de Vox y sus homólogos latinoamericanos no han reciclado mucho su propaganda anticomunista: lo que antes eran agentes soviéticos y cubanos ahora son agentes cubanos y del Foro de São Paulo. La importancia de la «cruzada contra el comunismo» es uno más de los rasgos que comparte Vox con la ultraderecha latinoamericana y que les otorga un imaginario compartido. Una buena muestra de ello fue la intervención del expresidente de Colombia Andrés Pastrana en la fiesta de Vox Viva 21, en donde pidió la unidad de las fuerzas políticas de la Iberoesfera contra el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla.

    De hecho, la carta de Madrid es el manifiesto sobre el que se intentan sentar las bases de un contra-Foro de São Paulo de la extrema derecha y el “I Encuentro Regional» del Foro Madrid que se realizará este mes en Bogotá, es la primera piedra de esa coordinación estable de la ultraderecha a escala regional. Para conseguirlo, Vox ha realizado una intensa actividad internacional, participando en los principales eventos de la ultraderecha latinoamericana o visitando a la mayoría de los países de la región. El propio Abascal a viajado a México o recientemente, a Brasil, en donde se reunió con el mismo Bolsonaro, aunque los principales “embajadores” de esta alianza han sido hasta ahora el eurodiputado Hermann Tertsch y el diputado Víctor González Coello de Portugal. El primero es vicepresidente tercero de la delegación europea en la Asamblea Parlamentaria Eurolatinoamericana (Eurolat), que reúne a diputados del Parlamento Europeo y de 23 países de América Latina. No podemos olvidar que Tertsch ostenta esa vicepresidencia gracias a que los socialistas europeos rompieran el llamado “cordón sanitario”. Por su parte, Coello de Portugal, vinculado a grupos integristas católicos, es portavoz de Vox en la Comisión de Exteriores del Congreso desde que en enero del 2020 visitaran La Paz con ministros de la presidenta golpista Jeanine Áñez, para recabar pruebas que pudieran inculpar de financiación ilegal a Podemos. Tertsch y Coello de Portugal han asistido como como invitados a la toma de posesión del presidente de Ecuador, el ultraconservador Guillermo Lasso; han sido recibidos en Colombia por el expresidente Álvaro Uribe; y en Lima por Keiko Fujimori y dirigentes de Fuerza Popular, Renovación Popular y Avanza País. Todos estos esfuerzos han permitido llegar “I Encuentro Regional» del Foro Madrid en Bogotá.

    Además de Vox, el mapa de articulaciones de extrema derecha tiene a su vez otro actor central: el bolsonarismo, en particular Eduardo Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro y encargado de las relaciones exteriores del bolsonarismo. Ya en 2018, al poco que su padre ganara las presidenciales de Brasil, organizó un foro en Foz de Iguazú con la presencia entre otros de Kast o la ahora candidata presidencial por el uribismo, María Fernanda Cabal. Además, en 2019, después de un viaje a los EE. UU. en donde Eduardo Bolsonaro se fotografió con Trump y Bannon, organizó en Brasilia la reunión de la Conferencia de Acción Conservadora en Política, con la participación del hijo de Trump. De esta forma, el bolsonarismo exhibió una relación directa con el trumpismo como ninguna otra fuerza de ultraderecha tiene en el continente. Si bien, en un principio las relaciones entre el bolsonarismo y Vox parecieron marcadas por la competencia y cierto recelo mutuo. La presencia de Eduardo Bolsonaro como invitado de honor en la fiesta de Vox Viva21 y la visita de Abascal a Brasil invitado por el propio Eduardo, ha servido para limar las asperezas. Veremos si esta nueva relación se traduce en una cooperación y participación del bolsonarismo en el “I Encuentro Regional» del Foro Madrid en Bogotá. Un encuentro en donde veremos cómo Vox aupado por sus últimos resultados electorales se lanza a la “conquista” de América. Un encuentro para sentar las bases del contra-Foro de Sao Paulo, en un año especialmente importante electoralmente para América Latina, dándose la paradoja de que cada vez tengamos una extrema derecha más articulada internacionalmente y que la izquierda parezca haber abandonado la política internacional e internacionalista.

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    Grecia ¡El nuevo movimiento feminista joven y radical, a la vanguardia de la resistencia popular!

    Feminismo Grecia (2)

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    Sonia Mitralias

    dibujante y caricaturista. Es una activista feminista y la iniciadora del Movimiento de Liberación de la Mujer en Grecia en 1975. Fue miembro de la Comisión de la Verdad sobre la deuda griega.

     

    Traducción: Carlos Rojas
    Fuente: inprecor.org

    Actualidad Internacional: Feminismo

    11/02/2022

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    L

    o que ha sucedido en los dos últimos años en Grecia merece atención: nunca antes en la historia del país la cuestión de los derechos de la mujer había hecho tanto ruido en la prensa, había sido objeto de un apasionado debate público y había ocupado el centro de la política.

    Todo comenzó cuando el gobierno de Mitsotakis intentó alinearse con las fuerzas neoliberales más reaccionarias y oscurantistas del mundo, lanzando un ataque frontal a los derechos fundamentales de las mujeres.

    Afortunadamente, el resurgimiento del movimiento femenino no se hizo esperar y ¡aceptó el reto! Y así es como sucedió.

    Animado por la victoria de «Nueva Democracia» en las elecciones parlamentarias de 2019, el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Griega se ha inventado un día dedicado al «niño no nacido» ¡el primer domingo después de Navidad! Según sus declaraciones, su decisión se tomó para proteger la vida del niño antes de nacer y… ¡para resolver el problema demográfico de la nación griega!

    36 años después de la legalización del aborto en Grecia – gracias a una ley muy progresista, obtenida en 1986 tras una dura lucha de casi 10 años por parte del movimiento feminista – la Iglesia Ortodoxa griega dio así la señal para un ataque frontal a este derecho tan duramente conquistado.

    A pocos días del Año Nuevo 2020 y del día dedicado al «niño no nacido», la portada de una revista deportiva (!) provocó un tsunami de indignación en las redes sociales! En la portada aparecía una gran mano que sostenía un pequeño feto en la palma de la mano y debajo se podía leer en letras mayúsculas «déjame vivir».

    A pesar de las reacciones en las redes sociales, el ministro de Desarrollo, Adonis Georgiadis (un notorio racista y antiguo neofascista), se apresuró a felicitar a la revista, afirmando que tener el doble de abortos (300.000 al año, según su exagerada afirmación) que de nacimientos en Grecia haría que el país perdiera casi un millón de niños, y supondría un problema para la supervivencia de la nación.

    Pocos días después, aparecieron carteles gigantes en el metro de Atenas con el mismo mensaje y el mismo feto quejumbroso: «¡Déjame vivir! Y la autoría de esta campaña antiabortista fue reclamada por una larga lista de asociaciones cristianas ortodoxas fundamentalistas…

    Pero la retrógrada y oscurantista Iglesia Ortodoxa no actuaba sola, sino que contaba con el apoyo de muchos ministros y altos funcionarios del gobierno. Tras otra protesta pública, el Ministerio de Transportes ordenó rápidamente la retirada de los carteles. Pero estos ataques al derecho al aborto eran sólo el preludio de lo que estaba por venir.

    Influido por regímenes como el de Orban en Hungría, el gobierno de Mitsotakis dio un primer paso para darse un perfil pro-natalista y decidió rebautizar la «Secretaría General para la Igualdad de Género» -institución también nacida del movimiento feminista de la segunda ola- como «Secretaría General de Política Demográfica, Familiar y de Género».

    Pero más ataques iban a seguir. El gobierno de Nueva Democracia dejó claras sus intenciones al aprobar en mayo de 2021 una ley de Autoridad Parental Conjunta, que reformaba artículos clave del Código Civil sobre derecho de familia.

    Fue un momento crucial para las mujeres y los niños, víctimas de la violencia doméstica. Este proyecto de ley surgió después de haber sido defendido durante mucho tiempo por el muy masculinista y agresivo lobby neoliberal, violento y vulgar de los padres. Este último se alió con el gobierno de ND sobre la base de sus intereses comunes y en torno a un discurso familiarista.

    Así, el gobierno revisó lo que era la quintaesencia del derecho de familia, aún muy progresista, obtenido en 1983. Pues esta ley fue una verdadera revolución antipatriarcal porque sustituyó el derecho del padre-generador (poder paterno) por la patria potestad.

    Ahora, tras la disolución del matrimonio, a diferencia de la ley de 1983, la nueva ley impone la custodia parental conjunta obligatoria, es decir, el niño se ve obligado a pasar un tercio del tiempo con el progenitor con el que no vive habitualmente, aunque no quiera. Incluso cuando el padre es violento, no se tienen en cuenta los deseos del niño. ¿Por qué? Porque para quitarle la comunicación a un padre maltratador se necesita una sentencia firme. Esto puede llevar años o puede que nunca ocurra, porque ir a los tribunales en Grecia es difícil, cuesta dinero, cuesta mucho estrés, y las mujeres de las familias monoparentales están debilitadas, son vulnerables, pobres e indigentes, estando en una situación de increíble angustia, acentuada además por las políticas de austeridad impuestas en nombre de la deuda y la pandemia. ¡Todo esto significa que un padre violento puede acosar, maltratar y disponer del niño a su antojo, pero también utilizar la ley para chantajear, acusar y quizás incluso criminalizar a las madres que simplemente quieren proteger a sus hijos y arriesgar su seguridad y su vida para hacerlo!

    El proyecto de ley fue duramente criticado por los abogados griegos tanto por su debilidad jurídica como por la violación de los derechos humanos y del Convenio de Estambul que implicaba. También fue rechazada por todas las organizaciones de mujeres y el movimiento feminista, que tuvo que enfrentarse a una campaña de odio dirigida por el misógino y rabioso lobby de los padres, apoyado por casi todos los medios de comunicación importantes del país.

    Cuando la ley fue aprobada por la mayoría -en contra de la mayoría de los partidos de la oposición en el Parlamento griego- los fanáticos del lobby de los padres lo celebraron en las redes sociales y no dejaron de lanzar amenazas físicas contra los jueces y fiscales del país para obligarles a aplicar la ley a favor de los padres. Por ejemplo, el grupo Equal Parenting Rights escribió: «¡Estamos apuntando la artillería pesada al poder judicial, cargando, cebando y esperando! Que aquellos de nuestros miembros que publiquen lo que está ocurriendo en nuestro grupo, informen al Sindicato de Jueces y Fiscales que ahora están en nuestra mira.

    En definitiva, estos grupos masculinistas se están volviendo muy peligrosos: su antifeminismo, su cultura de la virilidad, la reconstrucción de una masculinidad hegemónica constituyen puentes ideológicos hacia la derecha más extrema y tarde o temprano pasarán cada vez más a la acción violenta, no sólo en su relación sino también en la sociedad.

    El panorama es desolador, pero a mediados de enero de 2021, en plena pandemia, más de tres años después de que surgiera el movimiento #Metoo en Estados Unidos, el #MeToo de Grecia irrumpió en la escena social y política del país.

    El #Metoo griego se desencadenó con las revelaciones de Sofia Bekatorou, de 43 años, doble medallista olímpica de vela (oro y bronce), que declaró públicamente que fue violada a los 21 años por un alto cargo de la Federación Griega de Vela. Dirigiéndose a todas las mujeres que han sido agredidas sexualmente, dijo: «¡Rompan el silencio, hablen!

    También este año, el estallido del #MeToo griego ha contribuido a madurar la conciencia feminista sobre la forma más atroz de violencia de género, el feminicidio. Fue en noviembre de 2018, con el asesinato en Rodas de Eleni Topaloudi, una estudiante de 21 años, violada, torturada por dos jóvenes y arrojada al mar cuando aún estaba viva, cuando el término «feminicidio» entró en el lenguaje cotidiano.

    Este año 2021 -especialmente este verano- también se ha producido una cadena de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas en todo el país, desde Atenas a Salónica, desde Creta a las Cícladas. Sin embargo, esta vez, la diferencia con el pasado reciente fue evidente: los medios de comunicación hablaron abundantemente de ello, se soltaron las lenguas, los partidos políticos salieron de su habitual silencio y, sobre todo, las mujeres salieron a la calle, las feministas a la cabeza, para gritar su rabia y llamar a la solidaridad.

    Este es otro ejemplo del renacimiento del feminismo: en junio, un anuncio llamaba a las mujeres a… procrear, dirigiéndose en particular a las que habían «envejecido» y estaban demasiado preocupadas por sus carreras, descuidando así su fertilidad. Era un anuncio de la «Conferencia Panhelénica de Fertilidad», que contaba con el apoyo de la Iglesia, las empresas de reproducción asistida, la «Secretaría General de Política Demográfica y Familiar e Igualdad de Género», la cadena pública (ERT) y… la propia Presidenta de la República Helénica. Pero tras un nuevo clamor público, la presidenta Katerina Sakellaropoulou se vio obligada a retirar su apoyo a la conferencia y casi todos los participantes oficiales hicieron lo mismo… la conferencia se canceló. Fue un fiasco total.

    Al final, el gobierno de Mitsotakis pudo aprobar su proyecto de ley sobre la patria potestad conjunta -por poco-, pero incluso los medios de comunicación progubernamentales admitieron que era una victoria pírrica. De hecho, la resistencia de las feministas causó problemas incluso en el Consejo de Ministros y provocó disensiones en el grupo parlamentario de Nueva Democracia. Fue la primera vez desde su formación en 2019 que el gobierno de la derecha atravesó una crisis y, por admisión común, el responsable de esta novedad absoluta fue… ¡el movimiento feminista!

    La conclusión no es difícil: el año 2021 ha visto nacer en Grecia un movimiento feminista joven, radical pero también unitario, que ya está en la vanguardia de las luchas populares contra la Santa Alianza de la reacción neoliberal y el oscurantismo nacionalista y ortodoxo. Se trata de un acontecimiento importante, casi histórico, en una sociedad griega conservadora y desorientada, que sigue buscando una izquierda digna de ese nombre.

    Lo que suceda a continuación promete ser emocionante…

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  • Crisis y recomposición política en Senegal

    Crisis y recomposición política en Senegal

    Crisis y recomposición política en Senegal

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    Paul Martial

    Militante de la IV Internacional en Francia, editor de Afriques en lutte y corresponsal de International Viewpoint 

    Traducción: Marc Casanovas

    Fuente: Contretemps.eu

    Actualidad Internacional: Latitudes. África

    26/01/2022

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    L

    as elecciones municipales y departamentales acaban de celebrarse diez meses después de las manifestaciones violentamente reprimidas contra el encarcelamiento del principal opositor Ousmane Sonko. Los resultados confirman la victoria de su coalición electoral en la mayoría de las grandes ciudades. Más allá de la actualidad inmediata, lo que está en juego es la construcción de una alternativa política creíble al gobierno de Macky Sall y el papel de la izquierda revolucionaria en el proceso de recomposición política que está teniendo lugar ante nuestros ojos.

    ***

    La detención del principal opositor, Ousmane Sonko, acusado de violación, desencadenó enormes manifestaciones que fueron brutalmente reprimidas. El caso comenzó con una denuncia por violaciónes reiteradas y amenazas de muerte. Sonko niega las acusaciones y habla de una maquinación montada por el gobierno. Tras el levantamiento de su inmunidad parlamentaria, Ousmane Sonko evocó el derecho a la resistencia e hizo un llamamiento al pueblo senegalés.

    Tras la mediación de organizaciones de la sociedad civil y marabinos, Sonko aceptó comparecer ante el juez de instrucción el 3 de marzo de 2020. Fue acompañado por una gran multitud con algunos disturbios. Cuando llegó a la casa del juez, fue inmediatamente detenido acusado de participar en una manifestación no declarada y de alterar el orden público.

    Esta detención, que no estaba relacionada con la denuncia inicial, hizo arder a Senegal durante cinco días, del 3 al 8 de marzo. En todas las grandes ciudades del país se celebraron concentraciones, reprimidas violentamente por la policía, que no dudó en disparar munición real contra los manifestantes. Se registraron 14 muertes, entre ellas la de un niño de 12 años. Hay que destacar dos hechos nuevos y preocupantes: la presencia de civiles, sin ningún signo distintivo, armados con porras y a veces con armas de fuego, junto a la policía durante la represión y el corte de Internet, dejando al país aislado del resto del mundo.

    El anuncio de la liberación de Sonko ha eliminado la presión. Ahora está bajo supervisión judicial. Cuando salió de la cárcel, pidió el apaciguamiento manteniendo una consigna de vigilancia.

    La mayoría de los comentaristas han señalado que este brote de violencia es inusual en este país de África Occidental. Senegal es alabado por su democracia, su capacidad para gestionar los cambios políticos en el poder como en Cabo Verde y su estabilidad política como en Botsuana.

    Si bien es cierto que Senegal se distingue de la mayoría de los países africanos por el respeto al voto y a la democracia, existe una deriva autoritaria por parte del gobierno de Macky Sall. Unas semanas antes del asunto Sonko, Guy Marius Sagna, un activista radical de izquierdas, fue encarcelado durante un mes, y los activistas del partido de Sonko también fueron detenidos. Al mismo tiempo, se suspendieron las cadenas de televisión porque mostraban las manifestaciones una y otra vez.

    Aunque a menor escala que en otros países del continente, la violencia política en Senegal existe desde la independencia en 1960. Detrás del poeta Leopold Senghor, que presidió el destino del país durante 20 años, había un dictador. No dudó en detener a su principal rival, Mamadou Dia, presidente del Consejo, que representaba al ala izquierda del gobierno. Fue detenido con cuatro ministros y pasó más de diez años en prisión. Su liberación se obtuvo en respuesta a la presión de políticos e intelectuales. Según el abogado Babacar Niang, número dos de la Agrupación Nacional Democrática (RND), el partido de Cheikh Anta Diop:

    “De marzo de 1962 a octubre de 1975, el tribunal especial bajo el mando de Senghor dictó más de trescientos años de prisión, más de doscientos años de trabajos forzados, varias condenas a cadena perpetua, incluyendo dos condenas a muerte que fueron ejecutadas”[1]https://fr.allafrica.com/stories/200808280547.html.

    Omar Blondin-Diop, joven activista maoísta encarcelado en 1973 por terrorismo, fue encontrado muerto en su celda. El asesinato fue disfrazado como un suicidio. La represión de los independentistas por parte del sucesor de Senghor, Abdou Diouf, provocó una guerra latente entre los combatientes del Movimiento de Fuerzas Democráticas de Casamance (MFDC) y el ejército senegalés, culpable de numerosos abusos. Más recientemente, la represión de las manifestaciones contra el tercer mandato de Abdoulaye Wade provocó la muerte de una docena de personas. Además, algunos morabitos han creado milicias violentas que a veces se ponen a disposición de los candidatos[2]Ndao, A. (2016). La informalización de la violencia física legítima: Senegal en la prueba de las milicias islámicas. Lien social et Politiques, (76), 96-113. p.103.

    Esta política represiva y autoritaria del gobierno de Macky Sall responde a una crisis de legitimidad, vinculada en particular al hecho de que una gran parte de los jóvenes sufre todo el peso de las políticas neoliberales y cuestiona al personal político en el poder.

    Esta conflagración en Senegal también está relacionada con el malestar de la población. Es cierto que Macky Sall puede presumir de buenos resultados económicos en términos de crecimiento. Pero este crecimiento ha dejado en el camino a una gran parte de la población. Las cifras hablan por sí solas: el 38% de los senegaleses viven con menos de 1,90 dólares al día, la tasa de alfabetización de los adultos es inferior al 52%, la proporción de la población urbana que vive en chabolas es superior al 39% y el 90% de la población urbana trabaja en el sector informal. Estas estadísticas sitúan a Senegal en el puesto 166 del Índice de Desarrollo Humano de un total de 189 países[3]https://www.tresor.economie.gouv.fr/Pays/SN/indicateurs-et-conjoncture.

     Esta situación se ha deteriorado considerablemente con la crisis sanitaria del covid-19. De la noche a la mañana, importantes sectores de actividad como el turismo, la hostelería, la artesanía, el transporte, los mercados, etc., cerrarán o se ralentizarán considerablemente, afectando a los puestos de trabajo y a los recursos. Las condiciones de vida están empeorando mucho para los más pobres. Sobre todo porque el toque de queda implantado en las grandes ciudades ha penalizado los trabajos nocturnos, como los taxis, la venta de rosquillas, los “petit gargotes”, etc., que son fuentes de ingresos y proporcionan miles de puestos de trabajo, especialmente para las mujeres. Las pocas medidas sociales adoptadas por el gobierno no han estado a la altura de la dramática situación social de la población.

    Esta crisis ha afectado mucho a los jóvenes. Muchos de los manifestantes eran jóvenes licenciados que no encontraban trabajo o sólo trabajos precarios que no les permitían vivir decentemente. Las oleadas de emigración a los países occidentales revelan este malestar.

    Esta crisis social se une a las denuncias de corrupción de las élites, especialmente de la familia del presidente Macky Sall. En junio de 2019, una investigación de la BBC[4]Senegal: un escándalo de 10.000 millones de dólares – Investigación completa de la BBC Africa eye https://www.youtube.com/watch?v=wqwmxR_QTY8

    reveló que el hermano del presidente, Aliou Sall, había aceptado sobornos de una multinacional petrolera para obtener derechos de explotación de petróleo. Aliou Sall se vio obligado a dimitir de la dirección de la Oficina de Depósitos y Consignaciones de Senegal. Se celebró un juicio y, contra todo pronóstico, el juez decano dictaminó el martes 29 de diciembre de 2020 el sobreseimiento de la causa.

    Otra personalidad acusada de corrupción, Amadou Mansour Faye, cuñado del presidente y ministro de Desarrollo Comunitario y Equidad Social. Se le acusa de haber recibido de la multinacional Suez cinco camiones de basura para la ciudad de Saint Louis, de la que es alcalde, a cambio del contrato de suministro de agua en Senegal. Sin embargo, el resultado de la licitación demostró que la multinacional era más cara que su competidora, Senegalaise des Eaux[5]https://www.rfi.fr/fr/afrique/20190413-senegal-ex-ministre-mansour-faye-favorise-suez-marche-eau-sde. También se le acusa de malversación en la distribución de kits de solidaridad para el covid-19. Mansour Faye declaró que estaba fuera de lugar, como ministro, responder a la citación de la Oficina Nacional de Lucha contra el Fraude y la Corrupción (OFNAC)[6]https://www.rfi.fr/fr/afrique/20200928-s%C3%A9n%C3%A9gal-covid-le-ministre-tutelle-refuse-s-expliquer-la-gestion-fonds-aide.

    Estos hechos impunes, así como las numerosas implantaciones de empresas francesas en el país, contribuyen a hacer de Macky Sall un presidente más preocupado por los intereses de su familia y de Francia que por su propio país. Estas deficiencias también fueron compartidas por Wade, el anterior presidente, especialmente durante su segundo mandato. De hecho, los escándalos de corrupción salpicaron al clan familiar, especialmente a su hijo Karim, así como la deriva autoritaria del poder. Wade había intentado presentarse a un tercer mandato, aunque era inconstitucional. El resultado de la segunda ronda de votaciones fue claro: Macky Sall obtuvo más del 65% de los votos.

    Macky Sall ha planteado dudas sobre si él también se presentará a un tercer mandato. Aunque no se ha declarado oficialmente, todos los allegados a su clan que se pronunciaron en contra de esta posibilidad han sido apartados del poder. Esto suscita legítimos temores y sin duda provocará una importante crisis política en el país. Sonko, que se ha convertido en el principal oponente de Macky Sall, ha hecho campaña contra la corrupción en el país y la posibilidad de un tercer mandato.

    Su fecha y lugar de nacimiento son dos elementos importantes. Nacido en 1974, representa una nueva generación de políticos, mientras que la mayoría de los líderes de los partidos tienen más de 60 años. Para una gran parte de la población, el 52% de la cual tiene menos de 20 años, la vieja generación ha fracasado. Es sinónimo de promesas electorales olvidadas y de esperanzas traicionadas nada más ser elegidos.

    El lugar de nacimiento, Casamance, tiene un significado especial. De hecho, esta región habitada principalmente por los Diolas está geográficamente aislada del país por el enclave gambiano. Al principio de la independencia de Senegal, Senghor había hecho una vaga promesa de autonomía para esta región que, aunque rica en agricultura, sigue marginada en la vida económica y política del país. Durante una manifestación pacífica en diciembre de 1982, los independentistas del Movimiento de Fuerzas Democráticas de Casamance (MFDC) sustituyeron la bandera senegalesa por la de Casamance. Considerado un acto hostil hacia la nación, se llevó a cabo una terrible represión contra los presentes en la manifestación. Este trágico episodio radicalizó y empujó al MDFC a la lucha armada. Tras la muerte de su líder, la organización se fragmentó. Durante el periodo de guerra, el ejército senegalés cometió numerosas violaciones de los derechos humanos. Se han emprendido conversaciones. Pero la multiplicidad de grupos armados dificulta la consecución de un acuerdo de paz que se aplique realmente sobre el terreno. La región también está plagada de violentos contrabandistas que explotan los troncos, provocando un desastre ecológico.

    La campaña municipal de febrero de 2022 era una oportunidad para que Sonko convirtiera a Casamance en un bastión electoral al presentarse a la alcaldía de Ziguinchor, la capital regional. Se pronunció a favor de la creación de una moneda local para integrar mejor las actividades informales en la economía de la región. Aunque esta propuesta es discutible, refuerza el sentimiento de pertenencia de la población a una región concreta tras décadas de olvido o incluso estigmatización por parte del gobierno central.

    Sonko realizó la mayor parte de sus estudios en Senegal, en las áreas de derecho y economía. Entró en la administración pública como inspector de Hacienda. Tuvo que luchar por el derecho a fundar un sindicato. En 2016 se presentó una denuncia ante la Organización Internacional del Trabajo para el reconocimiento del Sindicato Autónomo de Agentes Fiscales y Patrimoniales[7]https://www.ilo.org/dyn/normlex/fr/f?p=1000:50002:0::NO:50002:P50002_COMPLAINT_TEXT_ID:3949793. Comenzó a denunciar el fraude fiscal de la élite gubernamental. Su expulsión de la función pública por no respetar el deber de confidencialidad le dio notoriedad. Gracias a este reconocimiento, se lanzó a la arena política fundando su organización, los Patriotas Africanos de Senegal por el Trabajo, la Ética y la Fraternidad, abreviado PASTEF-Les Patriotes.

    El programa del partido es pragmático y, como tal, rechaza todos los sistemas que han fracasado:

    «PASTEF-LES PATRIOTES, se esfuerza por promover una doctrina pragmática, que no se confunde con ninguna de las ideologías históricamente reconocidas: socialismo, comunismo, liberalismo, etc.»[8]https://pastef.org/presentation-du-parti-pastef/.

    Es habitual ver en el continente africano, y más allá, la aparición de figuras de la sociedad civil que entran en la arena política con la etiqueta de «antisistema». Su agenda se aleja de las ideologías a veces asociadas a Occidente en el caso de África, para promover soluciones vinculadas a la autenticidad del país. Es el caso, por ejemplo, de Madagascar con la candidatura presidencial de un conocido cantante, Dama; también en Uganda con el rapero Bobi Wine, que en muchos aspectos tiene un origen similar al de Sonko. Aunque esta tendencia no es específica de África, se refiere a la crisis de las ideologías marcada en particular por los fracasos de los gobiernos poscoloniales, tanto de los experimentos liberales como de los socialistas, que se han dejado llevar por las prácticas estalinistas.

    El partido de Ousmane Sonko se define más como un partido nacionalista:

    «Sí, queremos merecer el buen nombre de patriotas porque estamos en deuda con nuestro país y pretendemos pagarla»[9]https://pastef.org/appel-aux-patriotes/.

    Esta idea de responsabilidad también se encuentra en el programa presidencial del candidato malgache Dama bajo el término «Valimbabena», que hace referencia a una deuda familiar con los padres. Transformó esta noción en una deuda del pueblo con el país. Esta idea de que las generaciones actuales tienen una deuda con las del pasado no es nueva. De hecho, es uno de los fundamentos de la ideología de la solidaridad llevada a cabo por Léon Bourgeois:

    «Es la idea de una deuda, causa y medida de la obligación natural y moral, y fundamento suficiente y necesario de la sanción social, la que debe encontrarse, al margen de todas las concepciones y de todos los sistemas filosóficos, en la base de toda especulación sobre las disposiciones sociales.»[10]Bourgeois Léon Solidarity Bibebook edition p. 53

    Pero a diferencia del solidarismo de Léon Bourgeois, para quien la deuda de las generaciones está ligada a las generaciones anteriores, el PASTEF hace que el país cargue con la deuda, abriendo el camino a un nacionalismo que será el hilo conductor de todo el programa de este partido.

    «La globalización de la economía ha convertido el planeta en un enorme campo de juego en el que las reglas se pueden resumir en una palabra: competitividad. Sólo los mejores en el juego tendrán la oportunidad de adquirir y mantener un alto nivel de vida. Los demás no desaparecerán, pero estarán condenados a sobrevivir en la periferia, como subproductos del sistema capitalista.”[11]https://pastef.org/appel-aux-patriotes/

    La idea es sencilla, hay que ser uno de los ganadores de la globalización. A falta de una crítica en términos de economía política, las medidas propuestas no son más que mejoras de lo existente. Un progreso que sólo sería posible gracias a la probidad de los dirigentes. Por lo tanto, los miembros del PASTEF que aspiran al poder deben tener la honestidad como primera cualidad.

    La cuestión de la división internacional del trabajo se acaba de mencionar y se resuelve apoyando y desarrollando una burguesía nacional con empresas suficientemente competitivas con la ayuda del Estado. La política económica soberanista pretende liberar a Senegal de las garras de las grandes multinacionales francesas, que podrían ser sustituidas por otras en el marco de la diversificación de las relaciones bilaterales. La idea de la reapropiación de las cadenas de valor por parte del país se propone sin ir acompañada de una crítica y una voluntad de modificar las relaciones sociales.

    También se ignora la estructura social altamente jerarquizada del país, que determina el estatus social de un individuo según su nacimiento. Una sociedad basada en el modelo de casta social. Esto no es nuevo, como admite incluso Landing Savané, líder de la izquierda radical en su época:

    «De hecho, asumimos que este fenómeno debía ser totalmente ignorado. Nunca hablamos de ello, pero, de hecho, algunos lo aceptamos plenamente.»[12]Mbow Penda. Democracia, derechos humanos y castas en Senegal. En: Journal des africanistes, 2000, tomo 70, fascículo 1-2. L’ombre portée de l’esclavage. Avatars contemporains de … Seguir leyendo

    Por supuesto, la cuestión es compleja y ciertamente no puede resolverse en el marco de un programa electoral. Sin embargo, se pueden esbozar algunas vías que muestran la voluntad de no conformarse con esta situación. Con la posibilidad de apoyarse en la Constitución senegalesa, que en su artículo 7 estipula:

    «En Senegal, no existe ningún tema o privilegio de lugar de nacimiento, persona o familia.»

    Reafirmar la voluntad de avanzar hacia una sociedad verdaderamente igualitaria en materia de derechos. Cabe señalar, y esto es positivo, que ha habido algunos avances en el tema de los derechos de las mujeres y contra la violencia que sufren. Denuncias que corren el riesgo de sufrir falta de credibilidad con la acusación de violación del líder del PASTEF.

    El 3 de febrero de 2021, Adji Sarr, masajista en un salón de belleza, presentó una denuncia contra Ousmane Sonko por violación en cuatro ocasiones y amenazas de muerte con un arma. Este último impugna enérgicamente las acusaciones formuladas contra él. Por otra parte, admite haber frecuentado varias veces el salón Sweet Massage para aliviar un dolor de espalda recurrente. La presentación del salón en su cuenta de facebook es la siguiente:

    «2 hermosas jóvenes diongoma senegalesas con encanto y generosas formas (diongoma senegalesa sexy) para dejarle sin aliento le ofrecen sesiones de relajación inolvidables. Ven a probar las delicias de nuestras sensuales y cariñosas manos de hada que no dejarán ninguna parte de tu cuerpo sin tocar»[13]https://www.facebook.com/Sweet-Massage-1278380202330678/?ref=page_internal.

    Estamos de acuerdo en que, para el tratamiento y la curación de la lumbalgia, la ayuda de fisioterapeutas u osteópatas parece más adecuada que la de este tipo de establecimientos. El hecho es que Sonko no ha abandonado su línea de defensa, la de una conspiración creada por el gobierno de turno. En una entrevista del 17 de marzo de 2021[14]https://www.lemonde.fr/afrique/article/2021/03/18/ousmane-sonko-a-gagne-au-senegal-adji-sarr-sort-du-silence-et-reitere-ses-accusations_6073640_3212.html, Adji Sarr mantiene su acusación de que está embarazada y que fue presionada por su empleador para que abortara. Por último, le preguntó a Sonko si estaba dispuesto a jurar sobre el Corán que no había habido relaciones sexuales.

    Aunque los poderes fácticos no dudan en montar casos de violación para desacreditar a activistas o periodistas, como es el caso de Marruecos, por ejemplo[15]Bourgy Myriam, Imbach Pauline Apoyo a los presos políticos marroquíes Omar Radi y Souleiman Raissouni, a sus familias y amigos en http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article59109, la acusación de la joven no debe ser desestimada ni deslegitimada. Por ello, es inaceptable que algunos de los partidarios de Sonko utilicen las redes sociales para denigrar y escarbar en su pasado para encontrar hipotéticos comportamientos ligeros o «inmorales», como si esto pudiera justificar una agresión sexual.

    En cuanto a la justicia senegalesa, con tanto juego político, es incapaz de emitir un juicio sincero. Mucho antes de este caso, un llamamiento de 102 académicos, en su mayoría de derecho, advirtió de la corrupción del sistema judicial:

    «¿Qué estado de derecho hay cuando los controles institucionales (parlamento y poder judicial) se despojan, por gratitud y corrupción intelectual, de sus atribuciones?

    La consolidación del Estado de Derecho requiere, obviamente, un poder judicial más independiente. En efecto, la transformación del Estado de justicia en Estado político da rienda suelta a ciertas prácticas: la docilidad de los jueces, el seguimiento alimenticio de los esbirros, el entrismo político y el clientelismo, el culto al jefe, etc. La paráfrasis de Jean de la Fontaine habla del estado de la institución judicial en Senegal: «según seas ‘opositor’ o ‘con el poder’, las sentencias judiciales te harán blanco o negro»[16]https://www.seneplus.com/opinions/la-crise-de-letat-de-droit-au-senegal.

    La solución podría ser la constitución de una comisión independiente formada por activistas de organizaciones feministas, organizaciones de derechos humanos y personalidades conocidas por su probidad, que pudieran investigar y ayudar a desentrañar este caso. En cualquier caso, este episodio habrá debilitado las luchas feministas y, en particular, contra la violencia de género en Senegal. En este contexto especialmente tenso se celebraron las elecciones municipales, que fueron consideradas por todos como una prueba para el gobierno en el poder.

    A estas elecciones municipales y departamentales concurrieron tres grandes coaliciones de partidos políticos. El de la mayoría presidencial Benno Bokk Yakaar (Unión en torno a la misma esperanza) que incluye al partido socialista, Wallu Senegal (Salvar Senegal) formado en torno al Partido Democrático Senegalés (PDS) el partido de Abdoulaye Wade y finalmente Yewwi Askan Wi (liberar al pueblo) formado en torno al PASTEF, la formación del ex alcalde de Dakar Khalifa Sall, que no es elegible, y el PUR (Partido de la Unidad y el Encuentro), organización dirigida por un marabino Serigne Moustapha Sy.

    Los resultados son indiscutibles. Es una derrota para la mayoría presidencial Benno Bokk Yakaar, aunque consiga mantener su anclaje en el norte del país. El PDS de Wade registró un descenso. La coalición Yewwi Askan Wi en torno al PASTEF ganó las principales ciudades: Dakar, la capital, Ziguinchor, Thiès y Guédiawaye (suburbio de Dakar). Si estos resultados son un apoyo para las elecciones legislativas que deberían tener lugar en julio de 2022 y para las presidenciales de 2024 no hay nada decidido. La coalición liderada por el PASTEF para las elecciones municipales es heterogénea y nada dice que esta configuración se mantenga para las demás elecciones, especialmente la presidencial, dada la especificidad de esta elección. Además, los estudios demuestran que la «intermediación electoral» que se practica en el país tiene una eficacia diferenciada:

    «la población rural, a pesar de su marginación económica, brinda un apoyo inquebrantable y estable al partido dominante. En cambio, en los grandes centros urbanos, estos mecanismos de mediación son menos operativos. Esta observación, que constituye una tendencia importante en la expresión territorial del comportamiento electoral en África, revela una oposición entre un voto urbano de protesta y un voto leal en las zonas periféricas.”[17]Alassane Beye, Gilles Van Hamme La dynamique électorale au Sénégal entre 2000 et 2019 : contribution à l’analyse contextuelle des comportements électoraux » Politique africaine » 2019/3 … Seguir leyendo

    Por último, señalemos el fracaso de una de las figuras de la sociedad civil, Fadel Barro, uno de los fundadores de «Y’en a marre» (estoy harto), que se presentó a las elecciones municipales de la ciudad de Kaolack bajo la coalición Jammi Gox Yi (Paz de los Territorios). No tuvo éxito en su intento a pesar de una campaña electoral de ruptura basada en temas muy locales. En estas condiciones, la gran mayoría de los militantes revolucionarios de Senegal iniciaron un proceso de integración en el PASTEF.

    La izquierda en Senegal tiene una rica historia en la que no podemos entrar aquí. Parece tan singular como inventiva.

    Singular, en efecto, por el lugar que And Jëf/Partido Africano para la Democracia y el Socialismo (PADS) ha ocupado en el panorama político senegalés. A principios de los años 90, esta organización revolucionaria era ampliamente mayoritaria en la izquierda senegalesa, superando a las dos organizaciones surgidas del Partido Africano de la Independencia (PAI), que se reclamaban de la ortodoxia comunista, el Partido de la Independencia y el Trabajo (PIT) y la Liga Democrática/Movimiento por el Partido del Trabajo (LD/MPT).

    También es única porque And-Jëf/PADS es el resultado de la fusión de cuatro organizaciones. El más importante, And-Jëf/Mouvement Révolutionnaire pour la Démocratie Nouvelle (MRDN), dirigido por Landing Savané, de origen maoísta, se construyó mediante actividades culturales en los barrios pobres[18]Punto de vista internacional de Claude Gabriel N°221 del 3 de febrero de 1992, la Union pour la démocratie populaire (UDP), La Unión por la Democracia Popular (UDP), también una organización maoísta, una escisión de And-Jëf, la Organización Socialista Obrera Trotskista (OST) afiliada al Secretariado Unificado de la IV Internacional, y finalmente el Círculo de Lectores de «Suxxuba», una escisión de la corriente lambertista.

    Es bastante raro ver organizaciones que mantienen su referencia programática, maoísta para unos y trotskista para otros, construyendo juntos una organización única sobre la base de tareas inmediatas, y esto durante años. A pesar de tener un eco real en el país, And/jëf/PADS nunca consiguió abrirse paso electoralmente, aunque para una organización de la izquierda radical, los resultados fueron bastante honrosos: en las elecciones legislativas de 1993, el 4,9% de los votantes con 3 elegidos de 120 y en 1998, el 5,0% con 4 elegidos.

    Diouf, que había sucedido a Senghor, aplicó con celo los planes de ajuste estructural, que tuvieron un efecto nocivo en la agricultura al eliminar las subvenciones públicas y desmantelar las organizaciones de apoyo al campesinado. Además, el tejido industrial se debilitó en favor de la financiarización econòmica:

    «Uno de los efectos más delicados de la política de ajuste habrá sido la compradorización de la economía senegalesa: los industriales se transforman en importadores-comerciantes; los trabajadores expulsados de la industria y de la administración pública (bajas voluntarias), los titulados superiores en paro, son invitados a dedicarse a actividades comerciales»[19]Diouf, Makhtar La crise de l’ajustement Politique africaine N° 45 1992 p.73.

    Una sola cuestión se plantea: ¿cómo salir de cuarenta años de poder «socialista»? Se dan todas las condiciones: un régimen en crisis y una población decidida a acabar con este gobierno. La pieza que falta en el rompecabezas es la existencia de una alternativa política creíble. Para resolver esta ecuación, Landing Savané defendió una idea que sería asumida por toda la izquierda senegalesa y que resultaría muy eficaz, al tiempo que marcaría el principio del fin del prometedor experimento de And Jëf/PADS: convencer a Abdoulaye Wade de que se presentara bajo la bandera de una gran coalición.

    Nacido en 1926, Wade es «el último gran tribuno africano»[20]Diop Momar Coumba, «Le Sénégal à la croisée des chemins», Politique africaine, 2006/4 (N° 104), p. 103-126. p.110. Abogado, ingresó dos veces en la cárcel, donde le conoció Landing Savané. Es el líder del PDS. En 1976, Senghor autorizó un pluripartidismo parcial para sólo cuatro corrientes políticas: socialista, comunista, conservadora y liberal. Wade representaba esto último. Pero si analizamos su política al margen de la etiqueta, Wade está ciertamente más cerca del populismo. No duda en entrar en conflicto con los países occidentales, por ejemplo negándose a firmar los Acuerdos de Asociación Económica (AAE), que considera, con razón, perjudiciales para Senegal y África[21]http://www1.rfi.fr/actufr/articles/096/article_60079.asp.

    Sus discursos están lejos de la «frialdad» y la aparente coherencia de los «tecnócratas». Conocedor del pueblo senegalés y hablando un claro Wolof, el «viejo» (Góor gi) se ha impuesto como el «técnico profesional» de la política que puede organizar el derrocamiento de Abdou Diouf y sus colaboradores»[22]Ibidem p.111.

    La campaña presidencial de Wade en el año 2000, bajo el lema «sopi» (cambio), contó con una movilización popular excepcional. Apoyado por una amplia coalición, Wade ganó las elecciones con un 58% en la segunda vuelta. Integró en su gobierno a ministros de partidos de izquierda, pero rápidamente abandonó el programa de la coalición. Cuatro ministros de And Jëf/PADS se incorporaron al gobierno, entre ellos Landing Savané, que aceptó todas las medidas de este gobierno y avaló las peores corrupciones.

    La inventiva de esta izquierda fue para bien, la caída del poder de los caciques del PS, y para mal: una participación gubernamental que destruyó el aura de And Jëf/PADS y más generalmente de la izquierda. La participación de estos partidos en el gobierno, y de Jëf/PADS, PIT y LD/MPT durante diferentes periodos de tiempo, estuvo motivada sobre todo por la cuestión que sigue siendo central para la izquierda senegalesa: no aislarse de las masas, ser parte interesada en las movilizaciones, ya sean electorales, sociales o sindicales. Este deseo es obviamente encomiable y evita caer en un enfoque sectario de la lucha política. Al mismo tiempo, puede abrir la puerta a las derivas oportunistas que se han llevado a And Jëf/PADS. Por supuesto, estas derivas no tienen como única fuente la participación del gobierno; se han desarrollado en un contexto político difícil para las organizaciones de izquierda radical.

    Esta misma problemática se encuentra en las relaciones entre la izquierda radical y el PASTEF, que ha conseguido dirigir la lucha popular contra el poder de Macky Sall, y la política imperialista de los países ricos, en particular de Francia. su gran fuerza reside en su capacidad de ósmosis con el pueblo.

    Una docena de organizaciones acaban de firmar un protocolo de fusión-integración con el PASTEF-Les Patriotes. Entre ellas, una de las más importantes es Yoonu Askan Wi (YAW). Esta organización es una escisión de And Jëf/PADS, que rechazaba la deriva derechista y quería volver a los principios iniciales de este partido. Su ideología está teñida de maoísmo, pero es capaz de trabajar con otras organizaciones, incluso a nivel internacional. Ha participado como invitado en los congresos del Nuevo Partido Anticapitalista en Francia[23]https://www.afriquesenlutte.org/afrique-de-l-ouest/senegal/article/message-de-yoonu-askan-wi-senegal y en febrero de 2011 en Dakar recibió a su portavoz Olivier Besancenot durante uno de sus comités nacionales.

    Esta fusión-integración es la culminación de años de luchas conjuntas contra el referéndum de 2016, analizado como un refuerzo del poder presidencial, para las elecciones legislativas de 2017 y las presidenciales de 2019, pero también contra el franco CFA. Este proceso se considera una fusión entre la vieja generación, la de los militantes post68 que construyeron organizaciones en los años 70 y 80, y la generación que aparece en la escena política con la rápida progresión que encarna el PASTEF-Les Patriotes. Esta fusión-integración es vista por Madièye Mbodj, líder de Yoonu Askan Wi, como:

    “El fértil paso del testigo, la ósmosis intergeneracional de activistas entregados a la causa del pueblo, las luchas continuas con múltiples temas, están sirviendo actualmente de catalizador para la afirmación de lo que podemos llamar la «nueva izquierda contemporánea». Una directriz de renovación tanto en el pensamiento como en la acción, en la vinculación con las masas, en la toma de posesión de sus preocupaciones y sus luchas. Contemporánea de las fuerzas de las redes sociales interactivas y de la revolución 4.0 en curso ante nuestros ojos; contemporánea de los desafíos vitales de las transiciones demográficas y ecológicas, contemporánea de la emergencia de una ciudadanía global descomplejada, que aboga por otra forma de convivencia en la diversidad, la dignidad, el respeto, la igualdad y la reciprocidad” [24]https://www.afriquesenlutte.org/afrique-de-l-ouest/senegal/article/a-propos-de-la-fusion-dans-pastef-patriotes-africains-du-senegal-pour-le.

    Esta voluntad de pasar el testigo es totalmente encomiable y es, además, una prueba de la ausencia de ego por parte de sus dirigentes y de la fetichización del aparato organizativo que suele darse en las prácticas políticas de la izquierda revolucionaria. El hecho es que la cuestión del programa PASTEF-Les Patriotes no tiene en cuenta la necesidad de una transformación radical de la sociedad. Aunque los estatutos incluyen una crítica al capitalismo neoliberal globalizado, el proyecto de sociedad sigue siendo vago con un «programa que hará de Senegal una nación próspera y unida, anclada en los fuertes valores del trabajo y la solidaridad dentro de un África libre y unida, en un mundo mejor»[25]Estatutos del partido PASTEF-Les Patriotes.

    La doctrina del partido, todavía en sus estatutos, habla de la cohesión social, la soberanía, la libertad de los ciudadanos, el laicismo, la importancia del papel del Estado en el desarrollo económico y social del país. Las adiciones, tras la fusión, hacen hincapié en el panafricanismo, la solidaridad internacional contra el imperialismo y la crítica al capitalismo globalizado del que Senegal es víctima. El PASTEF-Les Patriotes pretende ser la defensa del pueblo, pero detrás de la palabra «pueblo» están ciertamente los explotados y oprimidos, pero también una parte de la burguesía nacional, como señala Diagne Fodé Roland, uno de los dirigentes de la JOC:

    «Pastef (Patriotes du Sénégal pour le Travail, l’Ethique et la Fraternité) reúne a los partidos y movimientos patrióticos y panafricanos que representan a las clases sociales y a los grupos sociales que tienen interés en la soberanía nacional, monetaria, presupuestaria, fiscal, diplomática, de seguridad militar en el marco de una soberanía panafricana.

    Estas clases y grupos sociales son la clase media de las PYMES, las PYMES, la burguesía comercial, la burguesía del transporte privado, los artesanos, el campesinado, los ganaderos, los pescadores, los trabajadores del sector informal, los funcionarios y parapúblicos, la intelectualidad, la mayoría de las mujeres trabajadoras, la juventud»[26]https://www.afriquesenlutte.org/afrique-de-l-ouest/senegal/article/senegal-fusion-dans-pastef-une-etape-est-franchie-la-lutte-continue.

    Por lo tanto, nos mantenemos dentro de la lógica clásica del maoísmo, construyendo una colaboración de clase entre los explotados y la burguesía nacional, a la que se le asigna un papel progresista contra el imperialismo. Esta visión permite, por tanto, la integración de los partidos de izquierda con esta línea en una organización política nacionalista.

    Se podrían repetir los viejos debates entre los partidarios de la revolución democrática popular y los de la revolución permanente en los países dominados, sin que haya mucho nuevo que añadir. También podemos considerar que el programa de una organización política, cuando se establece y participa en el conjunto de las luchas, puede evolucionar favorablemente. Por ejemplo, se defiende la cuestión de los derechos del colectivo LGBT, que desde hace tiempo es objeto de una ofensiva reaccionaria por parte de grupos religiosos y conservadores en Senegal[27]https://www.afriquesenlutte.org/afrique-de-l-ouest/senegal/article/de-quoi-la-vague-de-mobilisations-contre-l-homosexualite-au-senegal-est-elle-le. Los que acaban de incorporarse al PASTEF-Les Patriotes han publicado una entrevista con el sociólogo Charles Gueboguo que explica el papel de la homofobia como desahogo social[28]https://www.afriquesenlutte.org/communiques-luttes-et-debats/livres-etudes-debats/article/l-homosexualite-en-afrique-en-debat.

    Si bien las últimas luchas en Senegal han sido contra el imperialismo francés, con las movilizaciones contra el franco CFA que han valido la estancia en prisión de activistas del Front pour une révolution anti-impérialiste populaire et panafricaine (Frapp-France Dégage) y del PASTEF-les Patriotes, están surgiendo otras luchas, como las movilizaciones contra las violaciones iniciadas por feministas senegalesas. La lucha por los derechos de las mujeres tiene una larga historia, especialmente con la histórica organización feminista «Yeewu yewi», como señala la feminista senegalesa Ndèye Fatou Kane:

    “Creada en 1984, nació en un contexto senegalés posterior a la independencia en el que las mujeres senegalesas se dieron cuenta de que era el momento de cambiar el paradigma, de endurecer el tono y de posicionarse frente a la sociedad que sólo veía a las mujeres como madres, hermanas y esposas. La fuerza del movimiento Yeewu Yewwi radica en que fue el primero en el panorama senegalés en adoptar un enfoque feminista. Y además de sus acciones sobre el terreno, la redacción de artículos en su revista Fippu sobre las mujeres senegalesas y su futuro en la sociedad, completan la experiencia de Yeewu Yeewi que ha marcado a generaciones de feministas.”[29]https://www.50-50magazine.fr/2020/04/10/ndeye-fatou-kane-je-voudrais-insister-sur-la-pluralite-du-feminisme-en-afrique/

    Sin embargo, con la acusación de violación contra Sonko, es probable que la gestión de PASTEF-les Patriotes de las reivindicaciones contra la violencia de género y su trabajo con las organizaciones feministas sea más complicada.

    Por último, cabe destacar las movilizaciones contra el acaparamiento de tierras, como en la comuna de Nguéniène, en la región de Mbour, o las tierras del valle del río Senegal amenazadas por las agroindustrias como CSS o Sen huile.

    El reto es que el PASTEF-Les Patriotes integre todas estas luchas sociales y sea capaz de llevarlas al primer plano de la escena política.

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    Notas del artículo

    Notas del artículo
    1 https://fr.allafrica.com/stories/200808280547.html
    2 Ndao, A. (2016). La informalización de la violencia física legítima: Senegal en la prueba de las milicias islámicas. Lien social et Politiques, (76), 96-113. p.103
    3 https://www.tresor.economie.gouv.fr/Pays/SN/indicateurs-et-conjoncture
    4 Senegal: un escándalo de 10.000 millones de dólares – Investigación completa de la BBC Africa eye https://www.youtube.com/watch?v=wqwmxR_QTY8
    5 https://www.rfi.fr/fr/afrique/20190413-senegal-ex-ministre-mansour-faye-favorise-suez-marche-eau-sde
    6 https://www.rfi.fr/fr/afrique/20200928-s%C3%A9n%C3%A9gal-covid-le-ministre-tutelle-refuse-s-expliquer-la-gestion-fonds-aide
    7 https://www.ilo.org/dyn/normlex/fr/f?p=1000:50002:0::NO:50002:P50002_COMPLAINT_TEXT_ID:3949793
    8 https://pastef.org/presentation-du-parti-pastef/
    9, 11 https://pastef.org/appel-aux-patriotes/
    10 Bourgeois Léon Solidarity Bibebook edition p. 53
    12 Mbow Penda. Democracia, derechos humanos y castas en Senegal. En: Journal des africanistes, 2000, tomo 70, fascículo 1-2. L’ombre portée de l’esclavage. Avatars contemporains de l’opression sociale. p. 77
    13 https://www.facebook.com/Sweet-Massage-1278380202330678/?ref=page_internal
    14 https://www.lemonde.fr/afrique/article/2021/03/18/ousmane-sonko-a-gagne-au-senegal-adji-sarr-sort-du-silence-et-reitere-ses-accusations_6073640_3212.html
    15 Bourgy Myriam, Imbach Pauline Apoyo a los presos políticos marroquíes Omar Radi y Souleiman Raissouni, a sus familias y amigos en http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article59109
    16 https://www.seneplus.com/opinions/la-crise-de-letat-de-droit-au-senegal
    17 Alassane Beye, Gilles Van Hamme La dynamique électorale au Sénégal entre 2000 et 2019 : contribution à l’analyse contextuelle des comportements électoraux » Politique africaine » 2019/3 n° 155 | pages 183 à 205 Karthala
    18 Punto de vista internacional de Claude Gabriel N°221 del 3 de febrero de 1992
    19 Diouf, Makhtar La crise de l’ajustement Politique africaine N° 45 1992 p.73
    20 Diop Momar Coumba, «Le Sénégal à la croisée des chemins», Politique africaine, 2006/4 (N° 104), p. 103-126. p.110
    21 http://www1.rfi.fr/actufr/articles/096/article_60079.asp
    22 Ibidem p.111
    23 https://www.afriquesenlutte.org/afrique-de-l-ouest/senegal/article/message-de-yoonu-askan-wi-senegal
    24 https://www.afriquesenlutte.org/afrique-de-l-ouest/senegal/article/a-propos-de-la-fusion-dans-pastef-patriotes-africains-du-senegal-pour-le
    25 Estatutos del partido PASTEF-Les Patriotes
    26 https://www.afriquesenlutte.org/afrique-de-l-ouest/senegal/article/senegal-fusion-dans-pastef-une-etape-est-franchie-la-lutte-continue
    27 https://www.afriquesenlutte.org/afrique-de-l-ouest/senegal/article/de-quoi-la-vague-de-mobilisations-contre-l-homosexualite-au-senegal-est-elle-le
    28 https://www.afriquesenlutte.org/communiques-luttes-et-debats/livres-etudes-debats/article/l-homosexualite-en-afrique-en-debat
    29 https://www.50-50magazine.fr/2020/04/10/ndeye-fatou-kane-je-voudrais-insister-sur-la-pluralite-du-feminisme-en-afrique/
  • Las palabras clave de insurgencia y convergencia

    Las palabras clave de insurgencia y convergencia

    Las palabras clave de insurgencia y convergencia

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    Franco Turigliatto

    Militante de Sinistra Anticapitalista

    Traducción: Flavio Guidi

    Fuente: Sinistra Anticapitalista

    Actualidad Internacional: Latitudes. Europa

    25/01/2022

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    o hay que hacerse demasiadas ilusiones sobre la situación de nuestro país: hemos entrado en un año espantoso en el que nos precipitamos hacia un nuevo desastre sanitario y social del que el gobierno de Draghi (presentado por los medios de comunicación como el gobierno de los «mejores») es totalmente responsable; desde hace meses la clase dirigente y sus gestores políticos han aceptado «vivir con el virus», es decir, han renunciado a hacer de la lucha contra la pandemia el objetivo principal, una elección que debería haberse hecho no sólo con la campaña de vacunación, ciertamente indispensable, sino con una vasta intervención e inversión en diversos sectores, empezando por supuesto por la sanidad, la escuela y el transporte. En el fondo, no se trata de la protección sanitaria de la población, sino de la lógica capitalista de la producción y el beneficio y de una gestión liberal de la pandemia reducida a la simple responsabilidad y elección individual.

    Y es en este oscuro marco donde se elegirá al decimotercer Presidente de la República

    Más de 200.000 contagios al día indican una situación fuera de control, en la que se ha perdido toda posibilidad de trazabilidad, todas las estructuras sanitarias están al borde del colapso, por no hablar de la falta de asistencia territorial, y el número de víctimas aumenta de forma dramática e inaceptable desde hace días.

    Ya se ha superado la terrible cifra de 140.000 víctimas, que, comparada con las demas naciones europeas comparables, Francia, España y Alemania, es la peor relación entre infecciones y muertes. Y muchos miles más han muerto a causa de diversas enfermedades que no han podido ser curadas debido a la crisis de un sistema sanitario sometido a tensión.

    Ya estamos en más de 2.300.000 personas positivas, un crecimiento exponencial que se preveía, pero sobre el que el gobierno no ha querido desarrollar ninguna iniciativa radical a tiempo, limitándose a medidas parciales, ineficaces y contradictorias. Por el contrario, en las últimas decisiones del gobierno y del CTS (Comité Técnico y Científico – Ministerio de Sanidad) se ha puesto de manifiesto un verdadero cambio de tendencia: el aumento de los casos no ha ido acompañado de opciones para reforzar las medidas de contención. La propia campaña de vacunación y de tercera dosis, proclamada todos los días por el gobierno y los periódicos, no fue tan rápida como debería haber sido, tanto por la disponibilidad de las vacunas, como porque muchos centros de vacunación, cerrados con demasiada rapidez, se han vuelto a abrir demasiado tarde, y porque muchas contrataciones de personal realizadas en el periodo anterior no fueron permanentes, sino temporales.

    «Vivir con el virus» escondiéndolo bajo la alfombra

    Ante las dramáticas cifras diarias de contagio, es increíble la respuesta irresponsable e hipócrita que dan las autoridades: tratan de negar la evidencia de los hechos, de esconder el polvo bajo la alfombra proponiendo dejar de ofrecer el balance diario de contagios, hospitalizaciones y muertes, porque, como han dicho un «ilustre médico de cabecera» y varios representantes del Gobierno, «nos angustian». La información es una forma elemental de democracia que permite a toda la población conocer la situación y ejercer control e influencia sobre el gobierno y las instituciones.

    Pero hay más: las Regiones, que tienen una gran responsabilidad por la forma en que han gestionado la pandemia, han presentado sus solicitudes para «convivir con el virus», es decir, reducir las cuarentenas, eliminar los hisopos y, sobre todo, excluir del recuento a los positivos asintomáticos y a los hospitalizados por otras patologías que den positivo al entrar en el hospital, para evitar que se superen los parámetros que determinan el paso de las Regiones a la zona naranja con las consiguientes mayores restricciones de actividades. Son propuestas que el Istituto Superiore di Sanità (ISS) ha definido lógicamente como absurdas, pero que van acompañadas y apoyadas por una campaña de propaganda ideológica a escala nacional e internacional destinada a presentar esta epidemia como una gripe normal.

    Detrás está la sustancia de la opción liberalista de Draghi y sus socios, es decir, la cantidad de recursos que quieren invertir en sanidad: el porcentaje del 6,5% del gasto sanitario en relación con el PIB en 2019, que ya es de los más bajos de Europa, bajará al 6,3% en 2024.

    Muchos se hicieron la ilusión de que, ante la tragedia de 2020, se produciría un replanteamiento, un cambio de ritmo radical en las políticas económicas y sociales de la burguesía de los distintos países; estaban estaban totalmente equivocados: la llamada vuelta a la «normalidad» del sistema capitalista viene acompañada de un nuevo ataque a las condiciones de trabajo y de vida de las clases trabajadoras y populares. Me asombra el «asombro» de muchos militantes sociales válidos ante estas elecciones de los gobernantes, consideradas todavía como «errores» y no como una inevitable y lúcida elección de clase de la patronal determinada por la lógica del sistema capitalista; ciertamente elecciones totalmente injustas y también irracionales respecto a los intereses inmediatos y futuros de la sociedad en su conjunto. Y el deseo de aumentar los beneficios de la clase dominante es descarado, hasta el punto de que se sigue aumentando el gasto militar, se vuelve a proponer la energía nuclear, rechazada por dos referéndums populares, y se reactiva el proyecto del puente sobre el Estrecho de Messina, y cada día, en los periódicos, los gurús ideológicos del capitalismo, desde Fornero a Cottarelli, vuelcan sus descabelladas recetas sobre todos los aspectos económicos y sociales.

    Pero todavía hay un problema con la pandemia: se puede fingir que no existe o falsear los índices de incidencia para mantener operativas todas las actividades, tanto las manufactureras como las comerciales e incluso las deportivas y todos los montajes consiguientes, pero el resultado también puede ser que el tan temido cierre se produzca, al menos en parte, de hecho, en la mayor confusión, sin una gestión razonada para el número de trabajadores, tanto por cuenta ajena como por cuenta propia, empezando por los responsables de los comercios, que acaban infectados y, por tanto, no operativos con una drástica reducción de servicios. Y la situación es dramática en la sanidad (20.000 trabajadores en paro) y, en los transportes y, por supuesto, en los colegios, que han querido reabrir tras las vacaciones de fin de año a pesar de no haber puesto en marcha las medidas necesarias (que podrían haberse emprendido en los últimos meses) para garantizar una seguridad adecuada.

    Recuperación económica y fragmentación del empleo

    El objetivo del Gobierno durante todos estos meses ha sido explotar y aprovechar al máximo la fuerte recuperación económica actual (el rebote tras la caída de la producción de 2020), sin poner ninguna traba a la producción, el comercio, la restauración, el deporte, etc., garantizando así la máxima libertad para las empresas y unos beneficios sustanciales, y cerrando el año con un crecimiento del PIB superior al 6%. Garantizar el dinamismo de las empresas significa también poner fin a la prohibición de los despidos, permitiendo así la reestructuración y el cierre de empresas, los despidos colectivos y las consabidas deslocalizaciones de las multinacionales y los fondos financieros propietarios de muchas empresas. Esto es exactamente lo que Draghi había anticipado cuando dijo que el dinero europeo iría a las empresas privadas de alto rendimiento y que se cerrarían las empresas improductivas y no rentables. Dicho y hecho.

    En este contexto hay que considerar las cifras de empleo que, tras el desplome de 2020, han recuperado 700.000 puestos de trabajo en 2021, acercándose a los niveles de empleo de 2019. Sin embargo, faltan 115.000 puestos de trabajo en comparación con el año anterior, cuyas cifras de empleo seguían siendo de las más bajas de Europa, con 3 millones de parados y otras tantas personas que habían renunciado a buscar un empleo. Pero lo que hay que tener en cuenta es la naturaleza de estas 700.000 contrataciones, y del empleo en general; el 91% de estas contrataciones se hicieron con contratos precarios y de corta duración, y nada hace pensar que puedan transformarse en contratos indefinidos. Somos parte de ese diseño infernal, muchas veces denunciado, de una reestructuración liberal cada vez más profunda de la subordinación y la precariedad de la fuerza de trabajo y de una mayor explotación, es decir, de la progresiva mutación de la estructura del empleo.

    Además, hay que tener en cuenta otros factores en la reactivación de la producción; el mayor crecimiento, más del 17%, se ha producido en el sector de la construcción, un auténtico boom garantizado por las bonificaciones públicas para la rehabilitación de viviendas, que ha traído consigo, junto a todas las formas de precariedad y explotación salvaje, también presentes en otros sectores, un trágico aumento de los accidentes y los asesinatos blancos en el trabajo.

    La geografía industrial del país también se está redibujando, siendo Lombardía, Véneto y Emilia-Romaña las que experimentan un mayor dinamismo (no por casualidad, estas tres regiones están impulsando el proyecto de la llamada autonomía regional diferenciada), mientras que una región históricamente industrial como el Piamonte está en declive y el Sur sigue a la cola.

    Así, mientras que en Lombardía y en las otras dos regiones mencionadas, muchas empresas funcionan a pleno rendimiento, otras empresas y sectores enteros están en declive, empezando por la estructura de producción

    Converger, movilizarse

    En el segundo semestre de 2021 se han producido importantes luchas que han mostrado la voluntad de sectores de trabajadores de resistir a la picadora de carne liberalista de la patronal en los sectores logísticos, en las numerosas fábricas que defienden sus puestos de trabajo, pero también en los servicios con algunos momentos de lucha para intentar unir los diferentes movimientos: la gran manifestación en Florencia promovida por la GKN, luego la huelga general de los sindicatos de base y finalmente la huelga de la CGIL y de la UIL, ciertamente declarada tardíamente con una gran responsabilidad de las direcciones sindicales, subordinadas y pasivas durante todo el otoño, pero que vio salir a la calle a sectores bastante amplios de trabajadores exigiendo dar continuidad a la lucha contra el ataque gubernamental y patronal. Y también las movilizaciones contra el calentamiento global, las movilizaciones de las mujeres contra la violencia y una primera manifestación en Roma, el 30 de octubre, que intentó reunir a los diferentes movimientos sociales.

    Insurgencia y convergencia son las dos palabras que señalan este proceso de unidad a construir, que el Colectivo GKN ha propiciado en primer lugar, pero no sólo.

    Es evidente que el fuerte resurgimiento de la pandemia dificulta aún más la construcción de manifestaciones y asambleas, el despliegue de luchas que también son indispensables para combatir la ofensiva gubernamental y confindustrial en diferentes terrenos.

    La unidad de iniciativa y el contenido de las reivindicaciones de las empresas que luchan por defender sus puestos de trabajo se convierte en una prioridad fuerte e inmediata, y la relación construida entre GKN y Caterpillar indica el camino a seguir.

    Al mismo tiempo, otros actores sociales y políticos, como la Sociedad de Cuidados y la Red Génova 2021, en la que participa el Colectivo GKN, llevan meses inmersos en un proceso de convergencia de contenidos programáticos e iniciativa social. A finales de febrero habrá un foro de tres días en Roma para todos los movimientos, asociaciones y corrientes sindicales que quieran construir un programa alternativo pero también organizar movilizaciones concretas contra las opciones capitalistas; de ahí el proyecto de una gran manifestación nacional a finales de marzo, que el GKN propone celebrar en Florencia.

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  • Ganancia privada contra la salud pública

    Ganancia privada contra la salud pública

    Ganancia privada contra la salud pública

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    Ennio Minervini

    Sanitario

    Traducción: Carlos Rojas

    Fuente: Sinistra Anticapitalista

    Teoría: Economía

    29/01/2022

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    l largo invierno en la sanidad italiana, que comenzó en febrero de 2020, parece no terminar nunca, ya que enero de 2022 está a punto de terminar. Un invierno interminable que ha durado casi 24 meses.

    Un invierno anunciado por décadas de recortes, no nos cansaremos de decir, pero que desde 2020 se ha puesto de manifiesto sin que el Gobierno se proponga remediarlo con medidas eficaces capaces de devolver el protagonismo a la sanidad pública.

    Muchas personas están pagando un alto precio por estas decisiones. En el mes de enero, que se acerca a su fin, el personal sanitario (médicos, enfermeras, OSS) enfermó a un ritmo de 800, 1.000 al día. La retórica de los héroes de hace unos dos años está dando sus frutos. Es muy cómodo hablar de héroes y seguir dejando que las cosas sigan sin funcionar, con un gasto corriente en sanidad que vuelve a bajar en 2022 respecto al año anterior, como si no hubiera pasado nada, como si no siguiera pasando todo, como si no se pudiera aprender nada de la lección que la realidad de la pandemia ha puesto ante nuestros ojos.

    Pero ¿qué ha pasado y qué sigue pasando?

    Sigue ocurriendo que los turnos del personal sanitario no terminan nunca. Las horas de trabajo ordinarias se superan constantemente, las enfermeras pasan del triaje al servicio de urgencias y al servicio de ambulancias, de una sala a otra, mientras que las salas ordinarias vuelven a cerrarse y se convierten en salas de Covid. En este infierno de estrés, fatiga, urgencias interminables y exasperación a largo plazo, la gente renuncia al descanso, a las vacaciones, cae enferma y no puede ver el final de la pesadilla.

    Sigue ocurriendo, como ya se ha mencionado, que se cierran salas ordinarias no de Covid, se cierran quirófanos para destinar espacio y personal a las urgencias, y se niega la atención, la salud y el futuro a pacientes que necesitan tratamiento para otras enfermedades.

    Todo el mundo sufre en los hospitales: el personal fijo, los trabajadores temporales, el personal de limpieza contratado, los porteros, los limpiadores, los técnicos de mantenimiento.

    Los ciudadanos sufren, al igual que los pacientes, aquellos que buscan un centro de salud y lo encuentran convertido en otra cosa. Cerrado por COVID, una vez más, dos años después.

    No era aceptable en 2020 que esto pudiera ocurrir. Es inaceptable porque llega después de un proceso de desmantelamiento de la sanidad pública que ha durado casi tres décadas, con recortes de recursos, continuas privatizaciones, corporativizaciones, descentralizaciones egoístas e ineficientes, recortes de personal, cierres de centros de salud y ruptura de la universalidad y gratuidad de la atención.

    Pero después de casi dos años es aún más inaceptable. En esos dos años se podría haber empezado a reparar el daño. Aumentar el número de camas en las salas ordinarias y en las unidades de cuidados intensivos. Aumentar el número y reforzar las unidades territoriales. Reconvertir todos los centros de atención intermedia al sector público, porque el beneficio sanitario resta recursos a la sanidad.

    Reforzar progresivamente la red de médicos de cabecera, devolviéndola a una relación laboral con el Servicio Nacional de Salud, superando el sistema convencional, preparando la especialidad universitaria de posgrado de medicina general, superando el número de clases cerradas en las facultades de medicina.

    Sobre todo, habría sido posible y necesario contratar y colocar en nómina a todos los trabajadores temporales del sector sanitario, así como contratar más personal médico, de enfermería y técnico sanitario, superando el daño de más de diez años causado por la congelación de la facturación. Porque la sanidad no es sólo una cuestión de estructuras, sino también y sobre todo de las personas que trabajan y cuidan a los que necesitan cuidados.

    La misma gestión de la emergencia de la pandemia y la vacunación, con un gobierno que se centró en una medida parcial y discriminatoria con el pase verde, terminó por suspender al personal sanitario del servicio sin que fuera sustituido por nadie. Esta también fue una medida que, de hecho, provocó recortes de personal que, a modo de parche, crearon grandes problemas en muchos departamentos y centros de salud.

    El debate nacional se centró en la absurda polarización entre el no-vax y el only-vax. Entre los que negaban la pertinencia de la vacunación masiva para hacer frente a una emergencia pandémica y los que negaban la necesidad de una respuesta compleja y global que devolviera la centralidad a la salud pública y al papel del Servicio Nacional de Salud.

    No cabe duda de que hay muchos responsables de este declive en el debate. Sin duda, el sistema de información no ha ayudado, ya que ha caído en la tentación de trivializar las cuestiones en juego y de hacer una lectura sensacionalista de las noticias y de la realidad. De nada ha servido el instinto de protagonismo mediático de algunos «expertos», incluso de aquellos que, despreciando el ridículo, ya anunciaron en el verano de 2020 la muerte del virus y el fin de la pandemia.

    Pero el principal culpable fue el gobierno de Draghi, los profundos lazos que este gobierno tiene con el mundo empresarial, con las grandes empresas nacionales y multinacionales, con aquellos que han obtenido más riquezas enormes de esta pandemia y piensan que pueden hacer aún más poniendo sus manos privadas en la sanidad.

    Porque, incluso en el capítulo de la sanidad, esto es el PNR: las manos del sector privado sobre la sanidad pública, la confiscación del dinero de la comunidad en beneficio de unos pocos.

    El PNR de Draghi afirma con rotundidad que la sanidad local del futuro tendrá menos médicos y no más. Que la relación médico-paciente estará mediada por superestructuras telemáticas en lugar de la proximidad que tanto éxito tuvo en los albores de la sanidad pública nacional. Las estructuras sanitarias territoriales se van a convertir en un campo de conquista para el beneficio privado y las llamadas organizaciones sin ánimo de lucro. El modelo lombardo, tan poderosa y dramáticamente avergonzado por la pandemia, se convierte en un modelo aún más dominante que antes.

    Y por eso el gobierno, incapaz con estas medidas y con el nuevo recorte previsto para 2022 de hacer frente a la situación, se ha limitado a centrarse en las personas, en realidad pocas incluso en comparación internacional, que no se han vacunado. Ni siquiera ha asumido la plena responsabilidad de decidir sobre la vacunación obligatoria, perpetrando medidas parciales ineficaces, mientras que incluso la cuestión de la vacunación de toda la humanidad sigue siendo rehén de los voraces apetitos de lucro de las empresas capitalistas.

    Por el contrario, pensamos que es urgente una transformación completa de la estructura de la sociedad.

    Creemos que la salud y la atención a todas las situaciones de fragilidad deben estar en el centro de todos los recursos desplegados.

    Pensamos que hay que construir relaciones sociales basadas en la sanidad, la escuela pública, la protección de las necesidades, la defensa de los bienes comunes, los derechos sociales, los servicios públicos gratuitos.

    Sobre la defensa del medio ambiente, del ecosistema, del territorio.

    Una alternativa ecosocialista, feminista y revolucionaria que combina igualdad y naturaleza. El comunismo del siglo 21.

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