Gilbert Achcares profesor de Estudios de Desarrollo y Relaciones Internacionales en SOAS, Universidad de Londres. Entre sus libros se encuentran: El choque de barbaries; Dangerous Power: The Middle East and U.S. Foreign Policy, con Noam Chomsky; Los árabes y el Holocausto: la guerra árabe-israelí de narrativas; El pueblo quiere: una exploración radical de la insurrección árabe; y La nueva Guerra Fría: Estados Unidos, Rusia y China, de Kosovo a Ucrania.
Traducción: César J. Ayala, profesor de sociología en UCLA. Es co-autor, con Laird Bergad, de Agrarian Puerto Rico: Reconsidering Rural Economy and Society, 1899-1940 (Cambridge University Press, 2020). También es autor de American Sugar Kingdom: The Plantation Economy of the Spanish Caribbean, 1898-1934 (University of North Carolina Press, 1999).
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[Nota de la redacción de Momento Crítico: Un importante diario liberal estadounidense solicitó a Gilbert Achcar un artículo sobre la actual guerra de Gaza, pero acabó rechazando su propuesta por «no encajar bien con nosotros»].
Desde el asalto de Hamás el 7 de octubre a través de la valla que rodea la Franja de Gaza, esa prisión al aire libre que alberga a 2.3 millones de reclusos, una avalancha de horror ha invadido las pantallas de televisión de todo el mundo. Las escenas de matanza al otro lado de la valla pronto fueron superadas por las escenas de masacre en el interior. La matanza de israelíes (cerca de 1,400) cesó con el fin de la incursión de Hamás al final del mismo día, salvo el pequeño número de víctimas de posteriores lanzamientos de cohetes desde Gaza y el destino desconocido de los rehenes israelíes. El asesinato masivo de palestinos mediante el bombardeo intensivo de las concentraciones civiles urbanas dentro de Gaza ha ido aumentando a gran velocidad desde el 7 de octubre, con miles y miles de cadáveres apilándose a un ritmo aterrador.
Se sabe que Hamás cree que todos los ciudadanos israelíes en edad de votar son responsables de la opresión del pueblo palestino por parte de su Estado, invocando una noción muy censurable de «responsabilidad colectiva». El asesinato de personas no combatientes es un crimen, no sólo el asesinato de civiles, de hecho, sino también el asesinato de soldados que se rinden y de prisioneros de guerra. La misma noción de «culpa colectiva» ha guiado obviamente las sucesivas secuencias de bombardeos de Israel sobre la Franja de Gaza desde que su ejército la evacuó en 2005. En los últimos quince años, hasta la víspera del 7 de octubre, la relación entre víctimas mortales israelíes y palestinas era de 1/20.8, según cifras de la ONU. Aplicada a la situación actual, esta proporción supondría la muerte de más de 29,000 palestinos. Existen temores legítimos de que el balance final sea aún peor.
Las declaraciones de funcionarios israelíes se han pasado de la raya. El siniestro anuncio del ministro de Defensa Yoav Gallant causó revuelo: «He ordenado el asedio total de la Franja de Gaza. No habrá electricidad, ni alimentos, ni combustible, todo está cerrado….. Estamos luchando contra animales humanos y actuamos en consecuencia». Se justificaba así una abierta violación del derecho internacional constitutiva de crimen de guerra deshumanizando a toda una población. El presidente israelí, Isaac Herzog, invocó descaradamente la responsabilidad colectiva: «Es toda una nación la responsable. No es cierta esta retórica sobre civiles no conscientes, no involucrados. Es absolutamente falso. Podrían haberse sublevado, podrían haber luchado contra ese régimen malvado….». Por una trágica ironía, esta declaración, de la que Herzog trató de retractarse más tarde, reproduce la línea de argumentación de Hamás con una validez aún menor, ya que los israelíes eligen a su gobierno mientras que los gazatíes no lo hacen.
¿Se imaginan a los dirigentes occidentales haciendo tales declaraciones tras un atentado terrorista en su territorio? ¿Podría George W. Bush haber dicho de los afganos, tras el 11–S , que toda su nación es responsable porque podrían haber expulsado a Usamah bin Ladin y sus hombres o haberse levantado contra los talibanes que los acogían? ¿Podía el presidente estadounidense haber decretado el bloqueo total de Afganistán al tiempo que llamaba animales a sus habitantes? ¿Por qué entonces esas declaraciones fueron toleradas, cuando no directamente condonadas, por los líderes occidentales en sus profusas expresiones de solidaridad incondicional con Israel tras el 7 de octubre? La única explicación posible también está relacionada con la culpa colectiva, esta vez como autoacusación. La participación en la destrucción de los judíos europeos, así como la falta de acción para impedirla, se han convertido en el pecado original del Occidente euroatlántico, nacido como entidad geopolítica tras la Segunda Guerra Mundial.
Esta culpa original ha sido utilizada como arma por el Estado israelí desde el preludio de su fundación en 1948 hasta hoy. Se ha utilizado intensamente inmediatamente después del 7 de octubre, especialmente en la afirmación de que constituyó el día más sangriento para los judíos desde el Holocausto, una descripción que se hizo rápidamente omnipresente en los medios de comunicación occidentales. La función obvia de esta caracterización es establecer una continuidad entre el nazismo y Hamás — «nazis modernos», en palabras del embajador de Israel ante la ONU– y, del mismo modo, entre la Alemania nazi y Gaza. Esta es, en efecto, la percepción que ha predominado en Occidente. Se basa en una distorsión de la realidad: la mayoría de los israelíes asesinados el 7 de octubre eran judíos. Eso es cierto. Pero no eran una minoría perseguida y exterminada sistemáticamente por un Estado poderoso que ocupaba la mayor parte de Europa, sino miembros de una mayoría privilegiada en un Estado de apartheid que ocupa Cisjordania y Gaza desde hace 56 años, infligiendo a su población una opresión continua. Si a esto añadimos que este Estado está gobernado por un gobierno de extrema derecha que incluye ministros neonazis, nos daremos cuenta de lo incongruente que resulta la analogía del 7 de octubre con el Holocausto.
Existe Occidente y existe el resto. La mayor parte del mundo —especialmente en el Sur Global, como se reflejó en la sesión de emergencia de la asamblea general de la ONU— ve la cuestión Israel–Palestina desde una perspectiva muy diferente: no como una continuación de la Segunda Guerra Mundial, sino como una continuación de la larga historia del colonialismo. Ven a Israel como un Estado colonial de colonos, resultado de un proceso de colonización que aún continúa en Cisjordania. Ven a los palestinos como víctimas del colonialismo, luchando desesperadamente contra un colonizador mucho más poderoso en una desproporción de fuerzas que se parece más a la de las invasiones europeas de Norteamérica o Australasia que a las de otros territorios coloniales. Y, por tanto, ven la hazaña de Hamás como un ejemplo más de esos excesos indiscriminados de violencia con los que está salpicada la historia de la lucha anticolonial, excesos que palidecen en comparación con el costo mucho más pesado de la violencia colonial.
La discrepancia entre Occidente y el resto se ve agravada por el hecho de que los gobiernos occidentales no sólo expresaron su compasión por las víctimas judías del 7 de octubre mientras desestimaban, cuando no condenaban, cualquier alusión al contexto: el hecho de que los ataques de Hamás «no se produjeron en el vacío», como dijo el Secretario–General de la ONU, António Guterres, provocando una petición de dimisión por parte del embajador israelí. También parecían condonar los crímenes de guerra en los que se había embarcado el gobierno de Israel, empezando por el bloqueo impuesto a la población de Gaza, su desplazamiento forzoso y el bombardeo de vastas franjas de aglomeración civil urbana en la franja. Como bien expresó el exfuncionario de EEUU y de la ONU Jeffrey Feltman: «¿Qué mejor manera de reforzar la percepción en el llamado Sur Global del doble estándard estadounidense que comparar la condena de Washington a la destrucción rusa de la arquitectura civil ucraniana con el relativo silencio de Washington sobre la destrucción israelí de la infraestructura civil de Gaza?».
Así, Gaza ha llegado a ser la epítome, más que ningún otro conflicto de la historia moderna, de la dicotomía entre el Norte y el Sur globales, así como un «choque de civilizaciones» que resulta ser un choque de barbaries. Esto es extremadamente grave, ya que agudiza las tensiones que se traducen en el desbordamiento de los conflictos del Sur hacia el Norte, un retroceso del que los atentados del 11–S siguen siendo, hasta el día de hoy, la manifestación más espectacular. Como todo el mundo sabe, el 11–S desencadenó a su vez un ciclo de guerras dirigidas por Estados Unidos en el Sur Global con consecuencias devastadoras en Afganistán e Irak y más allá. No hay otra forma de evitar que esta espiral sangrienta aumente en intensidad y alcance que la observación y aplicación del derecho internacional y la demostración de una consideración cualitativamente igual y cuantitativamente proporcional hacia todas las víctimas, ya sean judías, ucranianas o palestinas.
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El centro nacional de huracanes de Estados Unidos (Met Office Storms) anunció la tarde del domingo 22 de octubre del 2023 la formación de la Tormenta Tropical Otis, a 800 km de Acapulco, y pronosticó un movimiento lento hacia la costa. 24 horas después de su formación, Otis todavía era tormenta tropical. En este punto varios modelos indicaban una trayectoria sugerente hacia tierra dentro, pero ninguno pronosticó que llegase a ser huracán. La tarde del lunes 23 de octubre las imágenes de satélite del Cooperative Institute for Research in the Atmosphere (CIRA) reportó un ojo bien definido, indicativo de un huracán maduro. El pronóstico fue que Otis se había fortalecido rápidamente desde una tormenta tropical hasta convertirse en un huracán. Se esperaba que la tormenta continuara fortaleciéndose hasta convertirse en un huracán de categoría 4, extremadamente peligroso cuando tocara tierra en la costa sur de México esa noche o la madrugada del miércoles. Al mismo tiempo, un avión cazahuracanes cruzó Otis a mediodía del lunes 23 de octubre y midió algo inesperado: ¡la intensidad del huracán ya era categoría 3! Esta gráfica siguiente muestra las predicciones que hubo el 24 de octubre de diferentes modelos estadísticos y físicos con lo que pasó en verdad (la línea negra punteada). Con la tecnología y conocimientos actuales, no había forma de predecir la evolución rápida de Otis.
Ninguno de los modelos actuales para la caracterización de huracanes hubiera logrado predecir la evolución de esta tormenta tropical. Otis ha sido una tormenta tropical de “intensificación rápida”. Si bien son pocos los casos de IR, Patricia (2015) es un ejemplo de que no es imposible ver esto. Los pronósticos de intensificación rápida tienen el triple de errores que los pronósticos de intensificación normales. Además, cuando un huracán “normal” toca tierra ha perdido intensidad. En el caso de eventos de “intensificación rápida”, la máxima velocidad y fuerza destructiva se presenta justo al tocar tierra. Por tanto, ocasiona los vientos de 300 km/h que Otis mostró a su paso. Para el océano Pacífico Otis quedará para la historia como el 5to huracán más intenso, el 2do huracán que más rápido se ha intensificado, pero *crucialmente*, como el huracán más intenso (y devastador) a la hora de tocar tierra que se haya visto en la costa occidental mexicana. Según datos generados por el Dr. Jorge García, UNAM. Aunque las explicaciones continúan en desarrollo, Otis ganó esta rápida intensificación como consecuencia del agua superficial cálida resultante de: 1) El efecto del Niño (calentamiento intensificado de la superficie del océano) y 2) El calentamiento climático global. Otis se fortaleció en esta “piscina de agua cálida” a más de 31℃ para intensificarse rápidamente. México es altamente vulnerable al encontrarse en medio del océano Pacifico y Atlántico. A través de principios físicos sencillos, podemos deducir que en un planeta más caliente, hay más humedad que puede precipitar cuando sucede un evento extremo. El Pacífico es el lugar del mundo donde se espera que cambie más la precipitación de huracanes y debemos de estarnos preparando. Los factores climáticos explican el impacto de Otis, pero para entender la devastación que ha causado es primordial entender la situación social en la que se encontraba Guerrero, Acapulco en particular. De acuerdo con la Secretaría de Economía de México (2023): en 2020 la población en Acapulco fue de 852,622 habitantes. En comparación a 2010, la población en Acapulco decreció un -1.25%. Entre las causas de esta disminución de población encontramos: las altas tasas de emigración motivadas por la pobreza, falta de empleos, falta de acceso a servicios básicos y la violencia que se vive en el estado. Guerrero es unos de los estados con más alta tasa de emigración y pobreza consecuencia de la política neoliberal que desmanteló el campo mexicano. Hoy vemos una migración continua y contantes de familias completas. En 2020, 35.7% de su población se encontraba en situación de pobreza moderada y 17.7% en situación de pobreza extrema. Esto quiere decir que, al menos la mitad de la población de Acapulco, no está ni cercanamente preparada económicamente para las devastadoras consecuencias que ha dejado Otis. La población vulnerable por carencias sociales alcanzó un 24.9%, mientras que la población vulnerable por ingresos fue de 8.17%. Las principales carencias sociales de Acapulco en 2020 fueron carencia por acceso a la seguridad social, carencia por acceso a los servicios de salud y carencia por acceso a la alimentación, Otis ha venido a intensificar esta situación. Los pobres son las principales víctimas, sobre todo en los países pobres. Los habitantes de Acapulco, Guerrero en general han vivido en el miedo, la desesperanza y la violencia continua en las últimas décadas. En tal contexto, ha surgido una campaña de desinformación, fake news y capitalización política de esta catástrofe por los mismos promotores que han llevado al abandono de Guerrero, al impulsar políticas neoliberales que empobrecen a la población. Estas campañas buscan generar desconfianza, desinformación y desviar la discusión de lo verdaderamente importante. En esta situación se ha desplegado el Plan DN-III, que se creó en 1965 para atender desastres naturales, y que se viene aplicando hace entonces. Sí bien, no queremos un país militarizado, hoy las fuerzas armadas son el sector que tiene la infraestructura necesaria para atender la situación y que hemos pagado todos los mexicanos. Se reclama la supuesta militarización, pero también se critica si entra el programa Bienestar a censar a la población afectada para diseñar una mejor estrategia, se dice que es clientelar. Y además, se ocupa la catástrofe para discutir la existencia del FONDEM un programa con múltiples acusaciones de corrupción. No debemos permitir que aquellos responsables de las políticas neoliberales que causaron la pobreza, migración, violencia y la alta vulnerabilidad de la población de Acapulco, hoy sigan generando desinformación. No debemos permitir que los medios de comunicación criminalicen “actos de rapiña” en esta situación de emergencia. En resumen, el cambio climático genera que tormentas extremas como Otis sean cada vez más posibles, pero la devastación es causada por políticas neoliberales ecocidas, violentas, que generan pobreza y desigualdad social. Por otro lado, la pobreza aumenta incluso en los países «desarrollados». Los ingresos laborales se reducen sin piedad, las protecciones sociales -allí donde existen- se desmantelan. La economía capitalista flota en un océano de deuda, explotación y desigualdades. Aunque todos estamos en riesgo, las poblaciones trabajadoras que vivimos al día con salarios que apenas nos alcanzan para sobrevivir, somos mucho más vulnerables a los impactos del cambio climático. Pero sobretodo es urgente que México se pronuncie y actué en pro de detener el avance del cambio climático global, principal causa de eventos como Otis. Es urgente que en instancias internacionales se obligue a los 10 países que más contribuyen al cambio climático con sus emisiones de Dióxido de Carbono, China y EUA los primeros, a disminuirlas y a hacerse responsables de las catástrofes y pérdidas que están generando. Y más urgente aún, como prioridad, que desterremos los combustibles fósiles, la agroindustria, la industria cárnica y la hipermovilidad… es decir, que produzcamos menos a nivel mundial. Sin olvidar que tres mil millones de personas, la mayoría en el Sur, viven en condiciones espantosas debido al capitalismo y al imperialismo. La justicia exige que ciertos tipos de producción crezcan para satisfacer las enormes necesidades insatisfechas: buenos sistemas de salud, viviendas decentes, buena alimentación, buena educación, transporte público, seguridad social para todos. Es indispensable una reorientación completa hacia la determinación democrática de las necesidades humanas reales y el sostenimiento y regeneración del ecosistema global. La justicia social, la justicia climática, la democracia real y otro desarrollo son la única vía posible para respetar la limitación ecológica y satisfacer al mismo tiempo la legítima necesidad de desarrollo de los pobres. El decrecimiento justo -el decrecimiento ecosocialista- es una condición en nuestra lucha.
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Los tres principales países europeos, Reino Unido, Francia y Alemania se han declarado, junto a Estados Unidos e Italia, “unidos y coordinados para garantizar que Israel pueda defenderse”. Palestina lleva muchos años retratando la política occidental. Gracias a ese apoyo, el invocado derecho de Israel a la existencia, un derecho verdadero que ningún estado capaz de conculcarlo pone en duda, se traduce en el derecho a la aniquilación de los palestinos. La suma de la herencia colonial europea y la responsabilidad europea por el genocidio de seis millones de judíos europeos tiene por absurda y trágica consecuencia permitir que Israel se proponga y cometa la destrucción de los palestinos no solo como entidad política y nacional, sino como sociedad.
Esos tres países fueron primero responsables del colonialismo judío en Palestina. El Reino Unido por la declaración de Balfour de 1917 prometiendo un hogar al sionismo en tierras que había que quitar a otros. Alemania por el holocausto que lógicamente, precipitó posteriormente el éxodo masivo hacia aquellas tierras. Francia, por su complicidad en la detención, deportación y eliminación de judíos vía el colaboracionismo de su gobierno con Hitler.
Esos mismos países fueron a continuación responsables por pasividad del incumplimiento de un acuerdo de paz alcanzado en 1993 en Oslo por el que los palestinos renunciaron a la lucha armada a cambio de la formación, en el plazo de cinco años, de su estado en Gaza y Cisjordania, de acuerdo con las resoluciones de la ONU. Tres años después de la firma de aquellos acuerdos, el general israelí que los firmó, Isaac Rabin, fue asesinado, no por los palestinos, ni por Irán o algún estado árabe, sino por un extremista religioso judío. Su sucesor como primer ministro y también general, Ariel Sharon, torpedeó los acuerdos de Oslo. El firmante palestino de los acuerdos, Yaser Arafat, acabó recluido en su sede palestina y murió en 2004, probablemente envenenado por Sharon, recuerda el veterano ex periodista de Beirut Rene NabaChronique audio : Israël / Palestine – Madaniya
Los palestinos no tuvieron su estado, Israel continuó ampliando sus asentamientos ilegales, se retiró militarmente de Gaza para convertirla en prisión, sin que los países europeos, dijeran ni hicieran nada a efectos prácticos. Hace cuarenta años que no hacen nada, más allá de subvencionar el mantenimiento de la prisión israelí con infraestructuras, que el ejército ocupante destruye periódicamente en sus incursiones. Al contrario, premiaron a Israel con relaciones privilegiadas con la Unión Europea.
Respecto al papel de Estados Unidos no es necesario extenderse: han sido el principal apoyo de la continua violación israelí del derecho internacional y las resoluciones de la ONU. Sin ese doble apoyo americano y europeo, la actitud de Israel sería diferente y el fin de 75 años de colonialismo, una figura del siglo XIX insostenible en el siglo XXI, mucho más probable.
Todo ha sido dicho ya sobre esto hace años. (Véase aquíRafael Poch – La loca carrera de Israel (grijalvo.com)y aquíEuropa y Gaza, de Rafael Poch en los Blogs de La Vanguardia el 21/01/2009 | Reggio’s Weblogdos muestras de 2009). A nadie se le escapa que ahora será peor. Mucho peor. Se anuncia una masacre sin precedentes. La ley israelí, según la cual una muerte judía vale cien muertes palestinas, actuará una vez más para lavar la humillación de que el cuarto ejército del mundo haya sido sorprendido desde la cárcel a cielo abierto más vigilada del planeta por un grupo de milicianos suicidas. Con la importante salvedad de las odiosas y atroces muertes indiscriminadas y toma de rehenes de civiles inocentes, la fugaz incursión de los milicianos recuerda al desesperado levantamiento judío del gueto de Varsovia de abril-mayo de 1943: humillación de la potencia racista ocupante y, pasada la sorpresa, devastación del gueto. En eso estamos.
La loca carrera de Israel sigue su curso, pero en condiciones cada vez más inquietantes por su contexto de múltiple y creciente tensión bélica internacional. Israel es un país pequeño sin recursos naturales y rodeado de estados hostiles y poblaciones árabes radicalizadas por décadas de injusticia y doble rasero. En las propias metrópolis europeas, Londres, París, Berlín…, donde se prohíben las manifestaciones en apoyo a Palestina, se palpa esa tensión. Estados Unidos, el gran valedor de Israel, está en posición delicada. Su guerra por poderes en Ucrania se ha convertido en un agujero negro. (90.000 bajas ucranianas desde el inicio de la desastrosa contraofensiva el 4 de junio, según declaró Putin el 5 de octubre, y el dato es creíble). Las reservas de armamento de su ejército están agotadas. El Pentágono se está preparando abiertamente para la guerra con China mientras libra indirectamente una guerra contra Rusia. Por si fuera poco, Biden está en el centro de la pelea en el interior delestablishmentamericano, sin precedentes por la criminalización entre candidatos adversarios a las presidenciales del año que viene.
Con la excepción de Europa, la posición internacional de Estados Unidos está yendo a menos en todo el mundo. El gobierno estadounidense es menos potente ahora de lo que lo ha sido en cualquier momento del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, recuerda el activista y abogado canadiense Dimitri Lascaris.Palestinians launch devastating offensive when the U.S. can least afford it – Dimitri Lascaris: Activist Journalist LawyerY eso es así no solo en África, América Latina y Asia, sino particularmente en Oriente Medio como ha dejado bien claro el acuerdo entre Irán y Arabia Saudí con mediación china y antes rusa. Pese a la voluntad saudí de acercarse a Israel, las burdas provocaciones en la mezquita de Al Aqsa revientan cualquier voluntad del infame “guardián de los santos lugares” por alinearse con Israel.
“Si los dirigentes de Israel hubieran tenido la previsión y la humildad de comprender que el dominio de Estados Unidos no podía durar para siempre, habrían firmado la paz con los palestinos hace mucho tiempo en condiciones favorables cuando su protector dominaba los asuntos mundiales, pero la impunidad de Israel durante décadas convirtió a sus dirigentes en estúpidos. Desperdiciaron repetidamente oportunidades de paz en condiciones favorables, porque lo querían todo. Toda la Palestina histórica, cada centímetro de ella. Ahora están atrapados por su propia arrogancia y codicia”, dice Lascaris. Y concluye: “en este delicado momento, lo último que necesita el gobierno de Estados Unidos es otra conflagración en Oriente Medio. Sus fuerzas militares están sobrecargadas, su reputación está maltrecha, su política interior es un caos. Si Biden y su círculo íntimo tuvieran algo de sentido común, le dirían en privado a Netanyahu que Israel debe responder con considerable circunspección. Por desgracia no hay motivos para creer que eso es lo que vaya a hacer la administración Biden”.
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Pueblo comerciante cuya supervivencia entre los demás pueblos se basa en una función social particular, los judíos han visto su destino determinado a lo largo de los tiempos por la evolución general de la sociedad, evolución que modificó su relación con las diferentes clases. La revolución burguesa en Europa Occidental abrió las puertas de los guetos e integró a las masas judías en la sociedad circundante. La asimilación de los judíos parecía haberse logrado. Pero los países de Europa Central y Oriental, los mayores grupos de judíos que durante siglos habían estado confinados a funciones intermedias, entraron en la senda del desarrollo capitalista en un momento en que el capitalismo mundial ya había entrado en su fase imperialista. Mientras que las relaciones de intercambio y de producción seculares fueron súbitamente trastocadas, privando a los judíos de la base material de su existencia, ninguna industrialización masiva permitió la integración en el proletariado de estos millones de intermediarios convertidos en inútiles. En consecuencia, la diferenciación social de las masas judías se vio obstaculizada. Sólo una pequeña proporción de judíos se convirtieron en capitalistas o proletarios; una proporción mayor emigró, contrarrestando así la tendencia a la asimilación completa que prevalecía en los países occidentales. La gran mayoría permaneció en un estado miserable como pequeños comerciantes, «aplastados entre el feudalismo y el capitalismo, la putrefacción del uno aumentaba la putrefacción del otro» (A. Leon).
Los movimientos antisemitas del pasado siempre tuvieron una base social directa o indirecta. Eran movimientos de diferentes clases sociales, cuyos intereses entraron sucesivamente en conflicto con la función social del judío. El renacimiento del antisemitismo a principios del siglo XX no fue diferente.
Arraigados en conflictos sociales específicos, estos diversos movimientos antisemitas aparecieron en una gran variedad de manifestaciones, desde fenómenos de la más pura barbarie (pogromos rusos) hasta la formulación de «refinadas» teorías nacionalistas propias de la época imperialista (Charles Maurras).
Las posibilidades sociales de asimilación de los judíos en Europa Occidental habían creado un poderoso movimiento ideológico a favor de la asimilación total. La imposibilidad de una asimilación masiva de los judíos en Europa Oriental dio lugar a un poderoso movimiento a favor del renacimiento nacional y la conservación de las características nacionales. Una nueva literatura en yiddish, un nuevo folclore, una intensa vida cultural e incluso una vida política autónoma (el «Bund» en el movimiento obrero) se desarrollaron en medio de grandes concentraciones de masas populares judías en Polonia, Lituania, Rusia occidental, Hungría, Rumania y Eslovaquia. En la medida en que las masas judías que habían emigrado a Estados Unidos se encontraban socialmente confinadas en sectores específicos de la vida económica y geográficamente concentradas, este movimiento se extendió a estos países. Lenin, el único capaz de aplicar una estrategia marxista a la cuestión nacional en la II Internacional, rechazó toda pedantería en su juicio sobre esta corriente. Partía del punto de vista de que la tarea del partido revolucionario consistía en integrar en el movimiento por la emancipación proletaria a todas las corrientes de autonomía cultural y nacional correspondientes a las verdaderas aspiraciones de las masas trabajadoras. Por eso reconocía la legitimidad, desde el punto de vista socialista, de este movimiento judío tanto como del movimiento polaco o checo. La tarea de los obreros judíos consistía en luchar, al lado de los obreros del país en el que vivían, por el derrocamiento del capitalismo, tras lo cual se les dejaría plena libertad para adoptar la organización de su autonomía nacional y cultural según su elección.
La era del capitalismo decadente fue al mismo tiempo la era de la crisis agravada del problema judío. La inflación, la presión acentuada del capital bancario, y luego la gran crisis económica, arruinaron a millones de pequeños artesanos y comerciantes, y exacerbaron hasta el extremo el odio contra los competidores judíos. El terrible desempleo de los trabajadores intelectuales y la miseria creciente de las profesiones liberales en Europa Central y Oriental crearon un clima particularmente favorable para la aparición de vastos movimientos de masas pequeñoburgueses, que encontraron en el antisemitismo una de sus armas ideológicas. En los países de Europa del Este, estos movimientos reflejaban una corriente popular muy arraigada que se expresó en numerosos estallidos sangrientos. En Alemania, fue el poder del Estado, que había caído en manos de los dirigentes nazis, el que organizó desde arriba la persecución y más tarde el exterminio de los judíos. En este sentido, es el capitalismo decadente, que a sabiendas puso en manos de una banda de criminales sanguinarios, (el que) es plenamente responsable del espantoso destino de las masas judías en Europa durante la guerra. El exterminio de los judíos europeos por el imperialismo alemán es una advertencia para todos los demás pueblos, mostrándoles el destino que les espera si la sociedad actual continúa pudriéndose.
El sionismo nació entre la pequeña burguesía judía de Europa Central como reacción al auge del antisemitismo a principios del siglo XX. Movimiento típicamente pequeñoburgués, careció durante mucho tiempo del apoyo de la burguesía judía y permaneció aislado de las masas populares. Durante la Primera Guerra Mundial, el imperialismo británico, que quería utilizarlo como instrumento para establecerse en Palestina, pareció darle la oportunidad de convertirse en realidad con la Declaración Balfour. A partir de ese momento, se produjo una ligera afluencia de capital e inmigración. No fue hasta que Hitler llegó al poder y toda la judería europea cayó rápidamente en el abismo cuando estos dos movimientos se «aceleraron», frustrados tanto por los estallidos nacionalistas árabes como por la política del imperialismo británico, que erigía cada vez más barreras a la penetración judía en Palestina.
Para el proletariado revolucionario, el sionismo debe ser considerado a la vez como un movimiento utópico y reaccionario:
Por todas estas razones, el movimiento obrero revolucionario siempre ha librado una violenta lucha contra la ideología y la práctica sionistas. Los argumentos que los representantes «socialistas» del sionismo esgrimen en favor de su causa son o bien los clásicos argumentos reformistas («posibilidad de mejorar gradualmente la situación de las masas judías» …) o social-patrióticos («la cuestión nacional debe resolverse primero para todos los judíos antes de que podamos empezar a resolver los problemas sociales de los trabajadores judíos»), o los argumentos clásicos de los defensores del imperialismo («la penetración de los judíos en Palestina no sólo ha desarrollado la industria, sino también el movimiento obrero, la cultura general de las masas, su nivel de vida, etc.»), argumentos esgrimidos por los defensores del colonialismo en todos los países.
Tras la Segunda Guerra Mundial, la situación particularmente trágica de los judíos parecía simbolizar toda la tragedia de la humanidad que se desliza hacia la barbarie. Tras la espantosa catástrofe del judaísmo europeo, los judíos, dondequiera que se encuentren, se enfrentan a un recrudecimiento de la hostilidad pública hacia ellos.
a) En Europa, dos años después de la «liberación», más de 100.000 judíos siguen sometidos al más infame de los regímenes en campos; los amos imperialistas que lograron, en el curso de sus operaciones militares, desplazar a millones de hombres en el espacio de unos pocos días, han sido incapaces, tras 20 meses de búsqueda, de encontrar refugio alguno para estos desgraciados supervivientes de los campos nazis. En el resto del continente, apenas quedaban un millón de judíos.
b) En Palestina, 700.000 judíos se enfrentaron a un mundo árabe en efervescencia. El desarrollo del capitalismo egipcio y sirio añadió el factor de la competencia económica a las numerosas causas del antisionismo militante. El imperialismo británico y los feudalistas y burgueses árabes, por su parte, harán todo lo posible para desviar el odio de las masas árabes oprimidas contra el chivo expiatorio judío. Como resultado, los judíos palestinos corren el riesgo de ser exterminados en la explosión general que se está gestando en Oriente Próximo.
c) En la URSS, la burocracia utilizó el antisemitismo que permanecía latente en las masas campesinas y en las clases obreras atrasadas en su lucha contra la oposición. Durante los años del primer y segundo plan quinquenal, millones de comerciantes y artesanos judíos se integraron en los rangos inferior y medio de la burocracia como ingenieros, técnicos, directores de cooperativas, y en los estratos superiores de los koljoses. En la Rusia occidental, constituían la parte de la burocracia que estaba más directamente en contacto con las masas oprimidas y, en consecuencia, era en gran medida en ellos donde se concentraba el odio de las masas contra los parásitos y aprovechados del régimen. Los sangrientos pogromos desencadenados por la población autóctona en el momento de la invasión alemana son indicios muy claros de la exacerbación de este odio (70.000 judíos asesinados en Kiev en 24 horas). La acentuación de la crisis social en Rusia y la purificación de la guerra civil pasarán sin duda por el exterminio de las masas judías en caso de victoria de la contrarrevolución.
d) Finalmente, en Estados Unidos, el confinamiento de los judíos a ciertos sectores de las profesiones artesanales, comerciales y liberales creará, durante la próxima crisis económica violenta, una exacerbación de la competencia que dará al antisemitismo, ya latentemente presente, una poderosa base material. La explotación de los prejuicios reaccionarios contra las «minorías raciales» ha sido durante mucho tiempo el arma favorita de los gángsters fascistas estadounidenses. A medida que la profundización de la crisis social, la politización del movimiento obrero y la rápida decadencia de la «democracia» estadounidense engendren el desarrollo de un partido fascista de masas, el antisemitismo, así como la agitación antinegra, adquirirán dimensiones monstruosas. El destino de los judíos en Estados Unidos está íntimamente ligado al resultado de la gigantesca lucha entre la clase obrera norteamericana y la burguesía yanqui. Una victoria de esta última mediante la instauración de una dictadura significaría a corto plazo una catástrofe sólo comparable a la que supuso para los judíos de Europa la llegada de Hitler al poder.
La interminable serie de calvarios por los que han pasado las masas judías en Europa ha acentuado indudablemente el desarrollo de una conciencia nacional, tanto entre los supervivientes como entre las masas judías de América y Palestina que se sienten más estrechamente ligadas al destino de sus hermanos en Europa. Esta conciencia nacional se expresa de la siguiente manera:
El renacimiento de la conciencia nacional de las masas es el resultado de la descomposición del capitalismo, que pone en tela de juicio todos los problemas resueltos durante su período de auge. Basándose firmemente en su programa y en un análisis científico de la situación en Palestina, pero considerando al mismo tiempo el estado real de conciencia de las masas judías, la IV Internacional debe reconocer como legítimo su deseo de llevar una existencia nacional propia. Debe demostrar concretamente que la conquista de esta nacionalidad es impracticable en la sociedad capitalista decadente, y más particularmente impracticable y reaccionaria en Palestina. Debe demostrar que, para los judíos, como para todos los demás pueblos del mundo, la defensa o la conquista definitiva de su propia nacionalidad no puede lograrse mediante la construcción de Estados y economías «cerrados», sino que la economía planificada socialista mundial constituye el único marco realista en el que es posible actualmente el desarrollo libre y normal de los pueblos. La IV Internacional debe concienciar a las masas judías de las terribles catástrofes que les esperan si continúa la putrefacción del capitalismo. Sólo la integración del movimiento de emancipación judío en el movimiento obrero mundial permitirá una solución armoniosa del problema judío. La planificación socialista que «cambia la topografía del globo» (Trotsky) dará a todos los que lo deseen una existencia nacional especial en el marco de los Estados Unidos del mundo.
Pero la IV Internacional nunca ganará una influencia decisiva entre las masas judías predicando únicamente la necesidad de la revolución socialista para su emancipación. Sólo poniéndose a la cabeza de un vasto movimiento mundial de solidaridad del proletariado hacia las víctimas de la persecución imperialista y fascista; sólo mostrando en la práctica a los judíos que las soluciones propuestas por el movimiento revolucionario son más favorables y realistas que la «solución» sionista, logrará la IV Internacional, en el próximo momento decisivo, incorporar a las masas judías a la lucha antiimperialista mundial. Cuando las masas judías hayan tenido su experiencia decepcionante con el sionismo, cuando hayan comprendido la inutilidad de sus esfuerzos y sacrificios, se volverán hacia nosotros a condición de que sepamos ir hacia ellas ahora con nuestras soluciones, así como con una crítica implacable del sionismo.
a) Todas las secciones de la IV Internacional deben proponer la consigna: «Abrir las puertas de todos los países a los refugiados judíos», «Abolir todas las restricciones a la inmigración». Esta consigna debe ser defendida en particular por el SWP en Estados Unidos, por una parte, y por nuestras secciones inglesa, canadiense, francesa y todas nuestras secciones latinoamericanas, por otra. Estas últimas, así como nuestra sección australiana, y más particularmente las secciones argentina y brasileña, deben añadir a estas consignas la consigna: «Abolición de todas las cláusulas de discriminación racial y religiosa en la legislación sobre inmigración». Hay que aprovechar todas las oportunidades concretas (denuncias sobre la escasez de mano de obra y la disminución de la población; apertura parcial del país a determinadas categorías de inmigrantes; actos de conmemoración en favor de las víctimas del fascismo, etc.) para alertar a la opinión pública obrera del país y exigir que se tomen medidas concretas para obtener resultados inmediatos. Resoluciones como las del COI deben servir de punto de partida para exigir acciones por parte de la FSM, para organizar movimientos concertados en los sectores de la vida económica y social más capaces de expresar su solidaridad a través de la acción (marineros, empleados públicos, funcionarios, etc.) mediante huelgas de desaceleración, sabotajes organizados, medidas de discriminación, protestas, reuniones y manifestaciones coordinadas, etc. Sólo en la medida en que nuestras secciones puedan demostrar a los judíos que luchan real y efectivamente por la apertura de sus propios países a la inmigración, podrán conseguir que prefieran la inmigración hacia esos países a la inmigración hacia Palestina, que es más difícil de obtener y constituye al mismo tiempo un acto contrario a los intereses vitales de las masas antiimperialistas de Oriente Medio.
b) Todas las secciones de la IV Internacional deben abordar seriamente la tarea de combatir los atisbos de ideología antisemita que persisten o se desarrollan cada vez más en amplias capas de la población de todos los países. Este trabajo de desintoxicación es tanto más urgente cuanto que el movimiento obrero «oficial», ya sea por conformismo, por cobardía o por estrechos cálculos partidistas (el antitrotskismo del PCF se expresa a menudo con argumentos antisemitas…) no hace nada para eliminar de la conciencia de las masas el veneno antijudío depositado por la propaganda hitleriana. En cada ocasión concreta, nuestras secciones deben destruir las mentiras fascistas sobre el «capitalismo judío» o los «monopolistas judíos». Deben alertar sistemáticamente a las organizaciones de masas proletarias contra todo intento de reconstruir estas organizaciones antisemitas. Utilizando los trágicos ejemplos de los últimos años, deben imbuir en la conciencia de las masas la verdad fundamental de que su propio destino está en juego en la lucha contra el gangsterismo antisemita. Sólo en la medida en que nuestras secciones logren que las masas acepten esta verdad y la traduzcan en acción, conseguirán convencer a los judíos de que sólo la integración de su movimiento de emancipación en el movimiento obrero mundial les permitirá defenderse eficazmente contra las nuevas oleadas de antisemitismo.
c) Todas las secciones de la IV Internacional que se enfrentan a un movimiento fascista organizado que hace pleno uso de la demagogia antisemita y recurre a actos terroristas contra los judíos, deben esforzarse por movilizar a la clase obrera en formaciones armadas (Milicias…) para la defensa de los judíos. Allí donde la población judía se concentre geográficamente en juderías, deben proponer y fomentar la creación de milicias armadas de autodefensa, esforzándose por fusionarlas con las milicias obreras. Deben explicar a las masas judías que sólo esta fusión en la lucha armada puede garantizar una defensa eficaz; pero al mismo tiempo deben advertir a los obreros que sólo una defensa armada de los judíos impedirá el posterior aplastamiento de todo el movimiento obrero por los mismos ejércitos fascistas.
El problema palestino ha adquirido una importancia nueva y particular desde el final de la Segunda Guerra Mundial como consecuencia de una serie de «nuevos factores» que están cambiando profundamente su fisonomía.
a) La industrialización en Oriente Próximo y Oriente Medio fortaleció en cierta medida a las burguesías árabes autóctonas en Egipto, la propia Palestina, Siria, Líbano y, en menor medida, en otros países árabes. Se aceleró la diferenciación social de la antigua sociedad árabe feudal o patriarcal. Un proletariado árabe mucho más poderoso y políticamente consciente ha aparecido en la escena política de muchos países de Oriente Medio (huelgas en Egipto, Palestina, Siria, Irán e Irak). El nacionalismo árabe está igualmente diferenciado. Junto al panislamismo feudal y reaccionario, está surgiendo ahora una corriente panárabe progresista que ve en la creación de una Unión de países árabes en Oriente Medio el único marco real para el desarrollo de las fuerzas productivas y la constitución de una nación árabe. La burguesía sólo podía defender esta idea vacilantemente en el plano ideológico, en la medida en que deseaba ampliar el mercado de su industria, sumida en una profunda crisis desde el final de la guerra. La única fuerza capaz de realizar este programa de revolución nacional-democrática en el mundo árabe es el proletariado, el único capaz de llevar hasta el final, mediante el mecanismo de la revolución permanente, la lucha contra el feudalismo por la revolución agraria, por la emancipación del mundo árabe de la intervención imperialista y por la constitución de la unidad del mundo árabe.
b) La acentuación de los movimientos antiimperialistas en el contexto de las revoluciones coloniales, las convulsiones más importantes en el período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, el debilitamiento de las viejas potencias imperialistas (Gran Bretaña, Francia, Italia) ha hecho que la burguesía e incluso ciertos estamentos feudales hayan aprovechado la ocasión para obtener por la presión, como la retirada de las tropas francesas de Siria y Líbano, y la preparación de la retirada de las tropas británicas de Egipto. Estas diversas retiradas del imperialismo son un estímulo para la lucha antiimperialista en los demás países coloniales de Oriente Medio. Asestaron un duro golpe al prestigio del imperialismo y aumentaron la confianza de las masas autóctonas en sus propias fuerzas.
c) La transformación de Palestina en una posición clave del sistema de defensa imperial en el Mediterráneo oriental. Tras la retirada de las tropas británicas de Egipto, Palestina se convirtió en la base esencial de la flota, la fuerza aérea, el ejército y el servicio secreto británicos en el Mediterráneo oriental, la posición clave para la defensa del Canal de Suez y la ruta imperial a la India. Las grandes concentraciones de tropas británicas en Palestina sólo utilizaban como pretexto los disturbios terroristas. En realidad, el imperialismo británico estaba construyendo una base duradera para futuros conflictos bélicos y la defensa del Imperio.
d) La transformación de Oriente Próximo en uno de los temas principales de la rivalidad entre los «tres grandes». Antes de la guerra, Oriente Próximo era el sector del mundo donde la influencia predominante del imperialismo británico estaba menos amenazada. Desde entonces, el empuje de Rommel hacia El Alamein, la instalación de «observadores» estadounidenses en el reino de Ibn Saud, el estallido de la disputa angloamericana por el petróleo iraní, la penetración de la Iglesia Ortodoxa en todo Oriente Próximo como importante agencia de la diplomacia del Kremlin… todos estos acontecimientos han puesto en tela de juicio el dominio exclusivo de Gran Bretaña sobre esta parte del mundo y la han transformado en un terreno de conflicto constante entre las grandes potencias. Como Oriente Medio es también la mayor y más prístina reserva de petróleo del mundo, se está convirtiendo actualmente en el principal campo de batalla en la lucha mundial por esta materia prima estratégica, cuyas reservas en Estados Unidos y la URSS están gravemente agotadas. Los diversos movimientos «tácticos» de la diplomacia estadounidense y soviética hacia el movimiento sionista deben considerarse esencialmente como elementos de sus complots para suplantar la dominación británica en el mundo árabe.
e) La demanda de inmigración a Palestina planteada por la masa de refugiados judíos en Europa, y apoyada por un poderoso movimiento de protesta por parte del sionismo estadounidense y que culminó en las acciones «pacíficas» emprendidas por la Hagana en Palestina, así como en el terrorismo de las bandas «Irgun Zvei Leumi» y «Stern».
El punto de partida de la posición de la IV Internacional sobre el problema palestino debe ser su comprensión de la necesidad de la lucha antiimperialista dirigida por los árabes, a la que da como objetivo la constitución de la Unión de Países Árabes de Oriente Medio. Son las masas árabes, los obreros y campesinos pobres, quienes constituyen la fuerza revolucionaria del Medio Oriente y también de Palestina, gracias a su número, sus condiciones sociales y su vida material, que los ponen en conflicto directo con el imperialismo. Es en el dinamismo de la lucha de clases, librada en defensa de sus intereses, en lo que debe apoyarse en primer lugar el partido revolucionario. Desarrollándose a medida que el proletariado árabe crece y se fortalece, la sección de Oriente Medio de la IV Internacional, constituida sobre la base de los núcleos existentes en Palestina y Egipto, debe dirigir las acciones de las masas en defensa de sus intereses cotidianos, elevar la conciencia de la clase obrera hasta la comprensión de la necesidad de la acción política y trabajar para unir el bloque de todos los explotados en torno al proletariado revolucionario mediante la lucha por las siguientes cuatro reivindicaciones esenciales:
Es a través de la lucha por estos cuatro objetivos principales y centrales que el partido revolucionario educará a las masas sobre la necesidad de oponerse cada vez más a la burguesía árabe, estrechamente ligada a los effendis. Cuando la lucha de las masas alcance su clímax, cuando los comités obreros y campesinos cubran Oriente Medio y cuando la cuestión de la toma del poder por el proletariado árabe se ponga a la orden del día, el partido revolucionario habrá educado suficientemente a las masas para conducirlas también a la expropiación de la burguesía «nacional».
¿Pueden alcanzarse estos cuatro objetivos en la etapa actual en una lucha común entre las masas árabes y las masas trabajadoras judías? Para responder a esta pregunta, no debemos partir de esquemas abstractos, sino de la realidad social e ideológica de la vida judía en Palestina. Con excepción de algunos miles de obreros judíos empleados en los ferrocarriles, la CPI, la refinería y las instalaciones portuarias, todo el proletariado industrial y agrícola judío de Palestina está empleado en una industria judía cerrada, que trabaja con entradas constantes de capital extranjero y garantiza a los obreros judíos un nivel de vida muy superior al de los obreros árabes. Además, la comunidad judía de Palestina vive en el temor constante de un levantamiento árabe y, ante este peligro, deposita todas sus esperanzas en la continuación de la inmigración y en el mantenimiento de la ocupación británica. Así pues, podemos señalar en particular
a) Lejos de querer la salida inmediata de las fuerzas de ocupación británicas, las masas judías querían que permanecieran en el país. Lo único que exigen los dirigentes sionistas, tanto burgueses como obreros, son concesiones en materia de inmigración y la constitución de un Estado judío. Pero la inmensa mayoría de los judíos de Palestina (en primer lugar la «Hagana») están dispuestos a «actuar» contra el imperialismo sólo en la medida en que esta «acción» no ponga en peligro la «seguridad» fundamental de la comunidad judía frente al mundo árabe. Esta es la razón por la que una lucha armada, o incluso una vasta acción de sabotaje emprendida por las masas judías está, en la fase actual, prácticamente fuera de cuestión. El objetivo de la acción sionista hoy es sólo ejercer presión sobre el imperialismo británico para obtener concesiones, no impulsar su expulsión de Palestina.
El movimiento terrorista y el llamado «Comité Hebreo para la Liberación Nacional» tienen el objetivo de expulsar al imperialismo británico de Palestina. Pero sólo pueden concebir esta expulsión bajo la forma de un armamento general de los judíos de Palestina que mantendrían en jaque al mundo árabe hasta el momento en que una inmigración masiva de judíos les hiciera militarmente capaces de oponerse a la «amenaza árabe». Dejando a un lado el carácter perfectamente utópico de estos puntos de vista, son ultrarreaccionarios y sólo pueden ampliar la brecha entre los trabajadores judíos y árabes en Palestina.
b) Todos los judíos de Palestina se oponen a la convocatoria inmediata de una Asamblea Constituyente que pondría el poder en manos de la mayoría de la población, que es árabe. Los terroristas dicen luchar por una Palestina libre, independiente y democrática. Pero como los más acérrimos partidarios de un «Estado judío», ellos también deben encontrar la manera de arrebatar la soberanía a la mayoría de la población del país. Declaran que están dispuestos a celebrar elecciones generales sólo después de dar a los judíos en el exilio «la oportunidad dentro de un plazo determinado» de regresar a su país. En otras palabras, sólo están a favor de elecciones generales si los judíos constituyen la mayoría absoluta de la población.
c) Los judíos no tienen ningún interés en la expropiación de los effendis, porque dicha expropiación les privaría en la práctica de toda posibilidad de comprar nuevas tierras y de ampliar su «economía judía cerrada» en Palestina.
d) Se oponen aún más vehementemente a la expropiación de las empresas construidas con capital extranjero y a cerrar el país a las importaciones de capital, ya que ello supondría un golpe mortal para su economía judía.
La conclusión que hay que sacar de todo esto es que en la fase actual las masas judías de Palestina no constituyen, en su conjunto, una fuerza antiimperialista y que la constitución de un bloque antiimperialista judeoárabe no puede constituir una consigna de agitación inmediata.
Es a la luz de estas consideraciones que debe verse la cuestión de la inmigración judía en Palestina. Mientras las dos economías, judía y árabe, permanezcan separadas en Palestina, la población trabajadora árabe considerará cada nueva afluencia de inmigrantes judíos como un acto abierto de hostilidad. Mientras toda la población de Palestina viva con la perspectiva del estallido de un conflicto sangriento en Oriente Próximo, las masas árabes deberán considerar necesariamente la llegada de nuevos inmigrantes como la llegada de soldados enemigos, lo que se confirma por la forma en que las masas judías consideran esta inmigración. Por eso debemos ser conscientes del hecho de que la continuación de la inmigración judía en Palestina ensancha la brecha entre los trabajadores judíos y árabes, refuerza las posiciones y perpetúa la presencia del imperialismo británico y sólo puede preparar, en la próxima etapa, el exterminio completo de la minoría judía durante el levantamiento árabe.
Si, por consiguiente, la IV Internacional debe hacer todo lo posible para desaconsejar a los refugiados judíos que emigren a Palestina; si, en el marco de un movimiento de solidaridad mundial, debe intentar que abran las puertas de otros países y advertirles de que Palestina es una verdadera trampa para ellos, debe, en su propaganda concreta sobre la cuestión de la inmigración judía, partir de la soberanía de la población árabe. Sólo la población árabe tiene derecho a determinar si la inmigración a Palestina debe estar abierta o cerrada a los judíos. La cuestión de la inmigración debe ser decidida por la Asamblea Constituyente, elegida por todos los habitantes del país que tengan al menos 18 años. Esta es la única posición democrática sobre este problema, una posición que al mismo tiempo forma parte de la estrategia general de la revolución en Oriente Medio.
En consecuencia, la IV Internacional debe condenar y luchar contra la represión británica de la inmigración judía, denunciar todas las medidas policiales y oponerse a ellas cada vez concretamente con la exigencia de la retirada inmediata de las tropas británicas. No es difícil explicar a las masas árabes que esta represión imperialista limitada contra los judíos no es más que la preparación de una represión mucho más violenta contra los futuros movimientos árabes. A las masas árabes les interesa aprovechar cada movimiento de indignación ante el terror policial británico para plantear concretamente la cuestión de la retirada de las tropas británicas. Además, en este caso resultaría que las propias «víctimas» de esta represión no aceptarían en absoluto esta lucha consecuente contra sus «opresores».
Del mismo modo, la IV Internacional debe oponerse a todas las «soluciones» que el imperialismo propone y que acabaría llevando a cabo con o sin la ayuda de sus agentes en la Agencia Judía. Estas soluciones, como la partición de Palestina, la inmigración limitada de 100.000 judíos, la entrega del mandato a la ONU, tienen todas como objetivo perpetuar la presencia de las tropas británicas en este país y privan siempre a la mayoría de la población de su derecho a la autodeterminación.
En la etapa actual, la unión general entre judíos y árabes en Palestina es inalcanzable; sólo en una escala muy limitada, y en la medida en que algunos trabajadores judíos están empleados fuera de la «cerrada» economía judía, han podido tener lugar huelgas judeo-árabes como las del año pasado. Pero esto no significa que esta unión esté excluida para siempre. Actualmente la población judía de Palestina se esfuerza por fortalecer su posición económica y política autónoma. Pero ya la parte radical de la juventud nacionalista judía se ha dado cuenta de la inutilidad de estos esfuerzos de «conciliación» y «maniobra» por parte de la Agencia Judía para obtener del imperialismo o de las grandes potencias una inmigración ilimitada y la constitución de un Estado judío. La actual oleada de terrorismo por parte de las bandas «Irgun Zwei Leumi» y «Stern» son actos de desesperación por parte de esta minoría, utilizados y luego abandonados por los dirigentes burgueses del movimiento sionista y derivados del callejón sin salida en el que se ha metido todo el movimiento. Por supuesto, este terrorismo de la desesperación no es en sí mismo una solución al problema palestino. Todo lo contrario. Frente al terrorismo, los feudalistas y burgueses árabes consiguen crear una atmósfera de falsa «solidaridad» entre las masas y el imperialismo y acentuar la hostilidad entre los trabajadores árabes y judíos. Desde el punto de vista militar, estos actos sólo pueden acelerar el establecimiento de una fuerza de policía extranjera británica en Palestina, objetivo de toda la política imperial de posguerra. Pero como última etapa del sionismo, el terrorismo, aunque no produzca ningún resultado concreto, puede hacer que los elementos más conscientes y activos de las masas judías sean capaces de reconsiderar toda la cuestión del sionismo y la solución del problema judío. Es esta reconsideración la que la IV Internacional debe preparar para la etapa actual.
Cualquier posible unión entre judíos y árabes debe pasar primero por la abolición de toda ideología y práctica racista por parte de los judíos.
Todas estas consignas, que por el momento sólo pueden defenderse como consignas generales de propaganda, chocan necesariamente con una oposición feroz por parte de los sionistas, no sólo por razones ideológicas, sino también y sobre todo porque se pone así en juego la situación material privilegiada de los judíos en relación con los árabes. Pero a medida que la bancarrota del sionismo se hace cada vez más evidente para las masas; a medida que la inmigración se ralentiza y el peligro extremo de una explosión árabe se acerca ; a medida que nuestra propaganda contribuya a hacer admitir a las masas que es una cuestión de vida o muerte para ellas encontrar un terreno común con las masas árabes, incluso al precio de un abandono momentáneo de ciertos privilegios – nuestras consignas podrán pasar de la etapa de la propaganda a la etapa de la agitación, y podrán fomentar una escisión entre el movimiento obrero y el sionismo. Esta es la condición sine qua non para la realización de la unidad de acción judeo-árabe contra el imperialismo, y sólo ella puede impedir que la revolución árabe en Oriente Medio pase por encima del cadáver del judaísmo palestino. Aquí, como entre las masas judías del resto del mundo, una posición firme contra la corriente en la etapa actual es la única manera de preparar el derrocamiento de la corriente en la etapa siguiente.
Esto implica también la necesidad de que las secciones de la IV Internacional lleven a cabo un trabajo preparatorio de propaganda en el seno de las organizaciones sionistas de extrema izquierda. Al demostrar que la consigna de un «Estado binacional» es una consigna nacionalista, antidemocrática y contraria tanto al derecho de los pueblos a la autodeterminación como a las necesidades inmediatas de la lucha antiimperialista en Palestina, nuestros militantes deben al mismo tiempo poner en el orden del día en todo momento la cuestión de la realización concreta de la consigna de unidad judeo-árabe. Deben confrontar a los dirigentes centristas con sus responsabilidades, poner en el orden del día la adopción del programa antirracista enumerado más arriba y acelerar así la evolución de la conciencia de la vanguardia obrera judía más allá del sionismo.
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Nací en Israel hace 44 años, soy judío, y hace más de tres décadas vivo en la Argentina. Desde entonces visité varias veces el Estado de Israel, anduve por ciudades y pueblos árabes, conversé con los denominados árabes israelíes (palestinos que quedaron dentro de las fronteras israelíes luego de la guerra que siguió a la autoproclamación del Estado de Israel en 1948), crucé los check points y recorrí los territorios ocupados. En especial caminé Hebrón más de una vez —una de las ciudades palestinas con fuerte presencia militar y de colonos israelíes— y conversé con familias y jóvenes palestinos residentes ahí. No tuve la suerte de conocer Gaza. Para alguien con nacionalidad israelí es prácticamente imposible hacerlo desde hace 16 años.
Este dato biográfico no pretende que mis palabras valgan más que otras gracias a una autoridad que no siento, pero sí intentan inhibir falacias ad hominem que suelen esgrimirse contra quienes critican al Estado de Israel. Ya sea en este contexto particular del terrible ataque a civiles por parte de Hamas seguido de la represalia inhumana contra la población gazatí, ya sea en cualquier otro momento histórico del debate, se aduce que una posición antisionista se basa en una falta de sensibilidad y carencia de empatía frente al padecimiento del «pueblo judío», sea señalando en el interlocutor un supuesto antisemitismo o posición «ideologizada» o argumentando un desconocimiento del territorio y su complejidad. Un conjunto de afirmaciones que evitan responder argumentos y que pretenden, en cambio, cancelar la discusión anulando al interlocutor.
Para poder hacer una lectura sobre el conflicto entre Palestina e Israel y la actual coyuntura es necesario en primer lugar desarmar dos falacias nodales que voy a ilustrar a partir de una argumentación que está circulando entre aquellos que exigen una defensa del Estado de Israel. El argumento propondría este falso silogismo: ser humanista, progresista o de izquierda implica estar contra el racismo; el antisemitismo es sin duda una forma de racismo; ergo, culpar a los israelíes por su propio asesinato es antisemita. Este argumento u otros similares que apelan a la sensibilidad y empatía con las víctimas del ataque de Hamas se viene utilizando sin excepción para exigir empatía con el Estado de Israel y ser sensible hacia su posición en el conflicto. Hay que develar ese artilugio y no permitir lo que no es más que una extorsión argumentativa.
Sionismo y judaísmo son sencillamente dos cosas distintas, y por lo tanto el antisemitismo y el antisionismo también lo son. El sionismo es una ideología política nacionalista con menos de doscientos años de existencia, mientras el judaísmo es una religión, una cultura para algunos, una nación, una comunidad para otros, que data de varios siglos de existencia ya antes de la era cristiana. El vínculo entre uno y otro, sin embargo, es innegable. El sionismo es una corriente ideológico-política surgida y pensada como solución y salvaguarda para el perseguido pueblo judío, que logró establecer un Estado autoproclamado judío en Palestina en 1948. A pesar de ello, el sionismo no deja de ser una corriente, una parcialidad, como lo es el integrismo islámico teocrático frente al Islam o una secta cristiana para el cristianismo. Es verdad que el sionismo es hegemónico entre los judíos, y explicar por qué pasa esto excede los objetivos de este texto. Sin embargo, el hecho de que sea hegemónico es central: la hegemonía implica que aquello que la ejerce (la ideología sionista) es una entidad distinta que aquello sobre lo cual ejerce su dominación ideológica o política (el judaísmo, en este caso). También implica que toda dominación es circunstancial, es histórica, no esencial. La falsa identificación y consiguiente confusión de uno y otro es una estratagema ideológica del sionismo para que el capital simbólico y las atrocidades cometidas durante milenios contra el pueblo judío se trasladen como prerrogativas al Estado de Israel y, cada vez que se critica las políticas sionistas de Israel, poder decir que estamos ante una posición antisemita. Así, en el culpable y culposo Occidente por las atrocidades que sufrieron los judíos en esas longitudes y latitudes, se genera una suerte de intangibilidad a la critica por el hecho de que Israel encarnaría el espíritu y salvaguarda de todos los judíos, los perseguidos y exterminados en los campos de concentración nazis, así como representaría a sus sobrevivientes y descendientes, fuera y dentro de Israel.
En estos días en Alemania se horrorizan con razón de que aparezcan casas donde viven judíos marcadas con estrellas de David. Es verdad, la aparición de actos antisemitas en diferentes partes del mundo luego de producidos los ataques de Israel a civiles palestinos es una constante. Sin duda el antisemitismo no desapareció con la caída del regimen nazi, y por supuesto es muy anterior a la fundación del Estado de Israel. Sin duda las atrocidades que comete el Ejercito israelí y los colonos son aprovechadas por personas y grupos que no tienen ninguna sensibilidad por el pueblo palestino. Sin embargo, la mencionada confusión intencional entre sionismo y judaísmo llavada adelante por Israel y sus defensores es un componente esencial para entender el fenómeno antisemita en la actualidad.
No hay que ser brillante para darse cuenta de que si se atribuye al «judaísmo» el colonialismo, la opresión y los crímenes de guerra que comete un Estado contra un pueblo prácticamente indefenso, traerá aparejado el desarrollo de un antisemitismo sui generis. Lo escandaloso es comprobar una y otra vez que a las organizaciones de la comunidad judía en la diáspora, financiadas y alineadas con el sionismo israelí, y a muchos de sus intelectuales, no les preocupa en absoluto el crecimiento potencial del antisemitismo sino la defensa de actos y políticas indefendibles que lleva adelante el Estado de Israel. Escandaloso es que sólo nos preocupemos por las casas judías marcadas y no por leyes que prohiben ondear la bandera palestina (no la de Hamas, sino la nacional palestina) y reprimir manifestaciones pacíficas que denuncian el castigo colectivo al pueblo gazatí.
Para combatir la semilla del prejuicio y odio al pueblo judío —que existe— el camino no es amparar actos criminales aduciendo que criticarlos es antisemita. Por el contrario, debemos repetir una y otra vez que el Estado de Israel hace lo que hace en tanto que sionista, no en tanto que judío. E insistir en los valores humanistas, en la propia experiencia del sufrimiento, de resistencia frente a la crueldad, de amor por la palabra y la reflexión que distingue tajantemente al judaísmo del sionismo.
El supuesto silogismo quedó muy arriba, pero recordemos que además de la confusión de sionismo y judaísmo, operaba sobre la nocion de víctima. Podemos reponerlo y ampliarlo del siguiente modo: si condenamos la matanza de víctimas civiles israelíes (por supuesto que lo hacemos) y creemos que una persona que está en una fiesta cerca de la franja de Gaza es una víctima inocente, uno debería derivar sin más que el Estado de Israel está siendo víctima en el conflicto y que, por tanto, señalar su responsabilidad primaria en el ataque de Hamas sería análogo a tratar de responsabilizar a una víctima de lo que le hace su victimario.
A pesar del efecto argumentativo derivado del dolor por los muertos de civiles israelíes, el razonamiento contiene un pase de magia lógico bastante transparente. Sirve para neutralizar extorsivamente por sensibilidad un debate, pero no aporta a tratar realmente de desentrañar qué está pasando en el conflicto. El argumento en cuestión toma la parte por el todo (ciudadanos por Estado). Los muertos y secuestrados civiles son víctimas inocentes, sin duda; pero eso no hace inocente al Estado de Israel. Este movimiento, que toma la parte por el todo, produce a su vez el aislamiento de un hecho atroz y condenable de sus condiciones históricas, materiales y políticas de existencia. Es necesario poder condenar el ataque de Hamas a la vez que se explica cómo las políticas israelíes son condiciones necesarias para que los actos de resistencia del pueblo palestino se vuelvan desesperados y cruentos.
Los atentados a civiles por parte de la resistencia palestina comenzaron a principios de los años setenta, más de veinte años después de la fundación del Estado de Israel. El despojo palestino y limpieza étnica por parte de las organizaciones sionistas y luego por parte del Estado de Israel comenzaron décadas antes de la expansión colonial que significó en 1967 la Guerra de los Seis Días. Pero los atentados a civiles israelíes solo comenzaron a ser una práctica de la resistencia palestina a partir de la ocupación de Cisjordania y de Gaza, hecho que consolidó el colonialismo israelí y le dio una realidad particularmente cruenta en esos territorios: una minoría ocupante que se atribuyó el derecho de gobernar a una población nativa y mayoritaria, juzgarla, administrarla, encarcelarla, bombardearla, invadirla progresivamente con colonos, despojarla de sus tierras, humillarla, destruir cualquier posibilidad de desarrollo económico, de infraestructura, de futuro.
Israel domina Cisjordania por medio de un sistema colonial de apartheid condenado por la Organización de Naciones Unidas que produce la fragmentación del territorio y la obstrucción de la libre movilidad, impulsa la intrusión de colonos, administra militarmente el territorio, asesina y convalida progroms por parte de los colonos custodiados por el Ejército regular, produce continuas muertes de jóvenes en acciones represivas. Gaza lleva 16 años bloqueada a todo nivel, y ese bloqueo se radicaliza al sitiarla y bombardearla, estableciendo cortes de suministros esenciales de forma periódica según lo considere necesario su ocupante militar.
El castigo colectivo a la población civil, condenado como crimen de guerra por el concierto internacional, es una práctica esencial y frecuente en el procedimiento colonial israelí. Un filósofo hebreo, Yeshayahu Leibowitz, días después de la ocupación de dichos territorios en 1967, aseguró que Israel debía retirarse de ellos ya que a las naciones que ejercen un poder colonial se les pudre progresivamente el alma. Justificar una colonización solo se logra reforzando una ideología supremacista y consiguientemente deshumanizando al pueblo colonizado. En el año 2007 estuve en Israel en el aniversario 40 de la ocupación y participé en la capital israelí, Tel Aviv, de una manifestación contra la política colonial de Israel en esa efeméride significativa por las cuatro décadas redondas. Éramos menos de 200 personas. El alma de la sociedad Israelí no ha dejado de pudrirse. Pude registrar viaje tras viaje el racismo creciente y transversal de los israelíes para referirse a los palestinos. No los llamaron «animales humanos» ahora tras el ataque de Hamas. Los vienen llamando así, en las calles, hace décadas, y los vienen tratando como tales.
Quienes hayan visitado a lo largo de los años Israel pueden coincidir, sea cual sea su posición ante el conflicto, en algo que podríamos denominar «dialéctica de seguridad y sensibilidad». Cuanto mayor es la sensación de seguridad de la sociedad israelí, gracias a una neutralización casi absoluta de la capacidad de daño de los palestinos por obra y gracia de su infraestructura de «defensa» (muro separador, aparato de inteligencia, el domo de hierro que frena los débiles cohetes palestinos, asesinatos «selectivos», diplomacia y colaboración colonial de la Autoridad Palestina en Cisjordania, etc.), menor es la atención que la sociedad israelí le presta a la situación de los palestinos, menor la empatía, menor la presión de la sociedad Israelí a su gobierno para encontrar una solución al conflicto.
Tampoco hay sensibilidad con el pueblo palestino, hay que decirlo, del resto de los gobiernos árabes, que fueron normalizando las relaciones de sus Estados con el de Israel a pesar de que la situación del pueblo palestino solo se ha agravado a lo largo de los años. No parece descabellado que en esta dialéctica los palestinos piensen que el daño a los israelíes es la única posibilidad para no ser invisibilizados en su desesperada situación.
Y aquí creo que es necesario afirmar algo, por obvio que sea. No hay nada esencial, ontológico, intrínsecamente cruel o supremacista en los genes de ningún pueblo. Pero sí hay movimientos ideológicos y formas de organización política que terminan siéndolo. Las formaciones humanas son realidades históricas, y eso quiere decir que son los procesos históricos los que tallan, enaltecen o envilecen a los grupos sociales que las encarnan. Hamas es una organización político-militar que no existiría si no fuera por la inhumana y cada vez más cruel colonización sionista de Palestina. Esta es una verdad indiscutible.
Siquiera hace falta entrar a discutir la veracidad de las investigaciones históricas que señalan que el gobierno de Israel alentó activamente el surgimiento de Hamas para que confrontara a la OLP, y dividir al enemigo en bandos confrontados entre sí. Lo que es indudable es que hizo posible el crecimiento de la organización, centralmente minando de forma sistemática a la Autoridad Palestina y frustrando toda salida política al conflicto. El objetivo central fue, posiblemente, que se impusiese una vertiente particularmente violenta de la resistencia palestina que eclipsara la violencia colonial cada vez más evidente y el consiguiente fortalecimiento de la causa palestina en foros internacionales y la opinión pública.
Ninguna organización palestina en su historia hizo un acto semejante al del pasado sábado 7 de octubre. Solo se lo puede entender en un contexto de desesperación absoluta de los palestinos y su causa de liberación nacional. En los últimos tiempos, y bien antes del ataque de Hamas, las ya devastadoras políticas del Estado de Israel se vieron recrudecidas significativamente: continuos progroms sobre pueblos palestinos hechos por los colonos fanáticos en los territorios ocupados, aceleración del crecimientos de las colonias y expropiación de tierras, visitas militarizadas y rezos judíos en lugares sagrados para el Islam a modo de provocación, leyes y declaraciones oficiales supremacistas por parte del gobierno ultraderechista de Israel, asedio a Gaza, y ninguna intención de negociar el fin de la ocupación y una salida de autodeterminación del pueblo palestino. No está en carpeta.
A todo esto hay que sumar la escalofriante objetividad de los números. En los diarios podrán aparecer las historias de vida y familiares de los muertos israelíes y prácticamente ninguna historia que permita humanizar el sufrimiento y personalizar la muerte de los palestinos. Pero la única verdad es la realidad. La cantidad de muertos en el conflicto en los últimos 10 años, contabilizados por la organización de derechos humanos israelí B´Tslalem, da cuenta que lo que se vive entre Palestinos e israelíes no es una guerra sino simplemente una masacre. El 95% de los muertos son palestinos, y entre ellos, un alto porcentaje son niños. Tal vez el lector tiene otra sensación porque en la prensa occidental valen y se representan más unas muertes que otras… pero los números son los números.
Cuando estaba terminando la escuela en Argentina, aun con los recuerdos de mi infancia en un Kibutz bastante frescos, consideré ir a hacer la universidad a Israel. Aun «amaba a mi país», pero ya era crítico de la política del Estado de Israel. De modo que empecé a consultar a conocidos israelíes cómo podía hacer para ir a estudiar pero no hacer la Tzavá (servicio militar obligatorio de 3 años para hombres y mujeres). Había opciones, como empezar a estudiar y luego ser objetor de conciencia y negarme a hacer el ejercito. Pero un amigo israelí me dijo que no tenía sentido hacer eso, porque de ese modo nunca pertenecería realmente a Israel, porque el Ejercito era la columna vertebral afectiva y cultural del país.
Ahí entendí algo. Efectivamente el servicio militar constituye el rito de pasaje a la adultez y ciudadanía para los israelíes. Es el momento en que dejan la casa familiar y conocen a sus amigos de toda la vida, que volverán a ver cada vez que los convoque con cierta regularidad la reserva del Ejército. Esa conversación me sirvió para entender que, a diferencia de lo que sucede entre los palestinos y Hamas, la identificación de los israelíes con la política colonial de su Estado en armas tiene un aspecto bastante estructural. Exceptuando obviamente los árabes israelíes, ciudadanos israelíes exentos por cuestiones de salud, rabinos y los objetores de conciencia, prácticamente la totalidad de la sociedad israelí tiene una férrea educación militar y formación en la violencia armada. Hamas tiene, se dice, 20.000 combatientes. Menos del 1% de la población de Gaza.
Soy un militante por una paz justa entre palestinos e israelíes. Sin embargo, me es imperioso desarmar y denunciar los discursos pseudopacifistas que no son más que una encarnación de la «teoría de los dos demonios», bien conocida por los argentinos. Hablar del «péndulo del terror», como hizo Jorge Drexler, es un ejemplo entre otros de la igualación reprobable e injusta de dos violencias diversas. La violencia palestina, aun en su forma más condenable, es un acto de resistencia. Decir eso no es romantizarla: es ser descriptivos; se trata de una violencia que se está resistiendo a otra cosa, a una violencia primera y originaria que inició y es la fuente cotidiana y continua de la violencia del conflicto. Esa violencia terrorífica originaria, que no es un péndulo, es la de la colonización.
La última vez que visité los territorios ocupados fue en 2016. Las fotos que acompañan este artículo son de mi visita a Hebrón. Sabiendo que era judío (mi nombre es Ariel, como el infame famoso Ariel Sharón), me abrieron sus casas, contaron sus historias, dejaron fotografiarse. La nena del retrato sobre pared de piedras sufrió un intento de asesinato por parte de colonos, los adolescentes en la terraza me contaban de sus futuros imposibles. Hebrón es una ciudad altamente disputada porque ahí se encuentra la Mezquita de Abraham, donde estarían las tumbas de los patriarcas que comparten religión judía y musulmana (en 1994, Goldstein, un sionista fundamentalista, entró a la mezquita y asesinó a 29 personas que estaban rezando e hirió a más de 100). En esta ciudad viven menos de mil colonos y más de doscientos mil palestinos. Las fotos de soldados y niños son de cuando presencié cómo el Ejército israelí custodiaba, como cada viernes, un provocador desfile de los colonos por las calles del mercado palestino de Hebrón para demostrarles que no solo dominan el barrio judío en el corazón de su ciudad, sino que la ciudad toda les pertenece.
En Gaza la realidad es radicalmente peor. Los palestinos de Cisjordania muchas veces se excusan de opinar sobre los métodos de Hamas en la Franja porque dicen que no pueden saber qué harían ellos bajo ese nivel de opresión. Si pensamos en el sistemático intento de deshumanización que implica el colonialismo israelí, que busca llevar a los palestinos a su mínima expresión, la perseverancia del pueblo palestino es sencillamente admirable. Gaza lleva 16 años de bloqueo terrestre, aéreo, marítimo, bombardeos constantes de población civil, cortes del suministro de agua, electricidad, combustibles y productos esenciales. Es ya habitual llamar a Gaza una cárcel a cielo abierto. Pero hay que agregar que es una cárcel en la que no se respetan los derechos humanos más básicos. Gaza es un gueto, y estamos presenciando en tiempo real y televisado el proceso de aniquilación de ese gueto y de su población. Los antepasados judíos, a quienes los nazis intentaron deshumanizar en los campos de concentración, las víctimas de los progroms en Europa del este, los dignísimos alzados del gueto de Varsovia, hoy se levantarían indignados frente al racista colonialismo del Estado de Israel y su genocidio en curso. Una vez más, no en nuestro nombre.
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Peter Drucker (Estados Unidos, 1958) se declaró gay en 1978, el mismo año en que se afilió por primera vez a una organización socialista. Su libro Desviades: normalidad gay y anticapitalismo queer (Sylone, 2023), que estará presentando en Barcelona, Madrid y Zaragoza a mediados de noviembre, llega tras varios años de fuerte debate público sobre los derechos trans y de progresiva apertura de las izquierdas a las luchas queer. Hablamos con él sobre las potencialidades de esta alianza y sobre la construcción de un movimiento radical que abrace y busque emancipar “la totalidad de la experiencia humana”.
Hace casi una década que publicaste Desviades en inglés. Que tantos años después aparezca la traducción al castellano demuestra que el libro sigue siendo importante y que muchos de los aportes que en él se realizan son útiles hoy, a las puertas de 2024. Sin embargo son muchas las cosas que han cambiado, tanto a nivel de la situación que viven los movimientos populares en el mundo como de las recomposiciones ideológicas en torno a los derechos de las personas LGTBIQ. ¿Cuáles dirías que son los cambios más relevantes? ¿Cuál es el valor del texto en este momento? Tengo que decir que yo mismo estoy sorprendido por la escala y la importancia de lo queer para la historia de la humanidad en la última década. La prominencia de las cuestiones queer es cada vez mayor y cada vez más innegable, incluso para las personas que no son ellas mismas queer y que nunca estuvieron especialmente interesadas en las políticas sexuales y de género, tanto en la derecha y la extrema derecha como en la izquierda, ¡quizás incluso más en la derecha! En mi introducción a la edición castellana he intentado resumir algunos de los principales acontecimientos recientes.
¿Cuáles son? Los ataques de la derecha a la “ideología de género”, y especialmente a las personas trans y a las “familias elegidas” queer, obligan a la izquierda a clarificar y repensar sus propias posiciones. La distinción tradicional que hicimos en los años setenta entre el género construido socialmente y el sexo dado biológicamente ha demostrado no ser lo suficientemente compleja. Y el rápido auge de las prácticas y autoidentificaciones queer y no binarias, especialmente entre les jóvenes, está socavando cada vez más la idea de que ser “hombre” o “mujer”, “gay” o “hetero”, es algo “natural”, aunque esta idea siga siendo fuerte y estando aún profundamente arraigada entre las personas LGBTIQ. ¿Quién puede imaginar hoy cómo será el panorama sexual y de género dentro de una década?
El auge de Black Lives Matter ha puesto de relieve los vínculos entre la organización antirracista y la organización queer. La forma en que la historia de la humanidad es vista, especialmente la de los últimos cinco siglos, está siendo transformada rápidamente por la consciencia de los genocidios cometidos contra los pueblos indígenas y del persistente legado de la esclavitud y el colonialismo, a pesar de la feroz resistencia de la derecha y de demasiadas personas que se identifican activamente con la blancura o la europeidad. Movilizaciones como Black Queer/Trans Lives Matter están poniendo de relieve estas conexiones.
Las cuestiones de género y sexuales se encuentran inesperadamente en el centro de las divisiones geopolíticas del mundo (cada vez más profundas), incluidos los conflictos armados potenciales o ya existentes: entre Rusia y Ucrania, entre China y Taiwán, entre Europa Oriental y Occidental, entre diferentes potencias que compiten por la influencia en África, dentro del mundo islámico. La izquierda necesita tener su propio análisis, independiente y crítico, no sólo en relación con los autoritarismos ultrarrepresivos de extrema derecha como Putin, sino también en relación con los esfuerzos homonacionalistas (por utilizar el término de Jasbir Puar) de Estados Unidos, sus aliados europeos y de otros países para instrumentalizar a las comunidades LGBTIQ en interés del imperialismo.
¿Qué valor tiene el libro Desviades ante estos cambios? Otras personas tendrán que juzgarlo, por supuesto. El libro es uno de los varios que han intentado aportar el marxismo a estas cuestiones y debates. Si tuviera que señalar la contribución particular de Desviades, diría que hace un esfuerzo especial por ser internacionalista, por oponerse al eurocentrismo y por situar las luchas queer en la historia de los cambios en el capitalismo y en las sociedades precapitalistas. Por ejemplo, tratando de situar las luchas trans actuales en la historia milenaria de lo trans.
En el libro haces una esfuerzo por trazar una genealogía del anticapitalismo queer, recogiendo también aportes que no provienen necesariamente de la militancia LGTBIQ. ¿Añadirías algo si escribieras el libro hoy? Creo que lo que escribí en Desviades sobre la política sexual de las corrientes marxistas, que abarca un siglo o incluso más, resiste bastante bien el paso del tiempo. Es una lástima que demasiado a menudo les propies queers radicales no estén interesades en conocer esta historia e indagar en ella. Muches queers de izquierdas todavía tienden a asumir (comprensiblemente dado el historial del estalinismo) que el marxismo siempre ha sido sexualmente represivo, en contraste con un anarquismo que habría sido siempre sexualmente liberador. Lo cierto es que se han escrito cosas interesantes sobre las vertientes puritanas del anarquismo histórico, especialmente en el Estado español. Quizás si estuviera escribiendo Desviades hoy seguiría el trabajo de Michael Löwy y Olivier Besancenot sobre las “afinidades revolucionarias” entre anarquismo y marxismo y discutiría más las limitaciones de estas dos tradiciones.
Tengo la impresión de que en el último tiempo está aumentando el interés por el marxismo queer, y de que lo hace en entornos no necesariamente académicos. Seguramente el magnífico libro de Holly Lewis (La política de todes, Bellaterra, 2020) tenga mucho que ver, pero siempre que las ideas entran bien es porque hay sectores dispuestos a recibirlas. ¿Dirías que la reciente oleada de sindicalización que se está viviendo en Estados Unidos (Starbucks, automoción, etc.) está contribuyendo a ampliar y redefinir la identidad de clase trabajadora en el mundo occidental? ¿Cómo valoras este fenómeno y cómo podemos contribuir a esta recomposición de clase desde las luchas queer y feministas? Es interesante que elijas dos ejemplos de las actuales olas de huelgas que muestran el desigual margen que existe para la queerización de las luchas obreras. Históricamente, la industria fabril, con su tradicional cultura masculina, no ha sido que digamos muy acogedora para les sindicalistas queer, mientras que el sector servicios y el sector público (el profesorado, por ejemplo) sí han proporcionado más oportunidades para vincular las luchas sexuales y de clase. El sector servicios sigue teniendo unos niveles medios de organización sindical terriblemente bajos, y esto tiene que cambiar si queremos que la actual oleada de luchas conduzca a grandes avances para les trabajadores. Pero para ello necesitamos nuevos enfoques, capaces de organizar una fuerza de trabajo feminizada y desproporcionadamente queer. M.E. O’Brien, por ejemplo, ha escrito sobre el potencial de organización obrera de les trabajadores trans en la industria del videojuego. Si se producen avances en estos sectores, entonces aumentará enormemente la identificación con la lucha de clases entre la gente queer, entre quienes me temo que el interés por el marxismo, aunque aumentando, se ha concentrado hasta ahora en estudiantes y personal académico. Quizás la situación sea mejor en el Estado español, donde las huelgas de mujeres han sido excepcionalmente fuertes.
En el libro prestas atención a los distintos modos en que las vidas queer y los derechos de las personas LGTBIQ son utilizados por la extrema derecha. Me gusta especialmente tu propuesta de hablar de heteronacionalismo como una ideología reaccionaria que surge en respuesta al homonacionalismo imperialista, y del modo en que ambas se necesitan y refuerzan. Quería preguntarte cómo valoras el surgimiento de una corriente transexcluyente en el movimiento feminista y la manera discursos como “el borrado de las mujeres” están acabando haciéndole el juego a la ultraderecha y a la ofensiva general contra nuestros derechos. Creo que la corriente a la que te refieres es la que se autodenomina gender-critical [el autodenominado “feminismo radical”]. En realidad esta corriente borra parcial o totalmente el concepto de género de su pensamiento, eliminando así uno de los conceptos más fundamentales y radicales del arsenal teórico feminista. Por suerte, creo que esta corriente es más débil en su conjunto que hace 50 años, cuando una escritora antitrans como Janice Raymond expresaba opiniones que eran compartidas por muchas personas que se identificaban como feministas. Hoy en día mi impresión es que especialmente la gente joven es trans-incluyentes en su gran mayoría, y las denominadas “feministas críticas con el género” están asediadas y a la defensiva, afirmando a menudo (creo que a veces sinceramente) estar ellas mismas a favor de los derechos de las personas trans. Pero los peligros contra los que alertan (por ejemplo, que los hombres se hagan pasar por mujeres trans para infiltrarse en los espacios femeninos y atacar a las mujeres) son los mismos que utiliza la extrema derecha para atacar a las personas trans en general. Es difícil llegar y razonar con personas que a menudo están atrapadas en una especie de pánico identitario. Aunque no hagamos concesiones a su ideología y seamos intransigentes a la hora de promover las reivindicaciones de las personas trans y no binarias, creo que tenemos que basarnos en la medida de lo posible en pruebas objetivas y evitar reforzar la percepción que esta corriente tiene de sí misma como perseguidas de alguna manera.
En los meses más duros de la covid-19, muchas personas volvimos la vista a la lucha contra el VIH buscando herramientas con las que hacer frente a la pandemia. ¿Crees que la defensa de la sanidad pública y la lucha por el acceso universal a la salud puede funcionar como articulador de las luchas populares en el nuevo siglo? ¿Cómo construimos un programa que ponga las vidas más vulnerables (queer, migrantes) en el centro? La defensa de la sanidad pública y la lucha por el acceso universal deberían ser temas absolutamente centrales para la izquierda radical. Desgraciadamente, la izquierda parlamentaria apenas fue visible durante la pandemia, votando a menudo a favor de las medidas de emergencia propuestas por los gobiernos sin fomentar movilizaciones masivas por un programa verdaderamente radical de Covid Cero. Esto regaló en buena medida a la extrema derecha la iniciativa de apelar a la rabia justificada de la gente. La extrema derecha ha tenido la ventaja de que, al negar o minimizar los peligros reales del covid-19, se ha saltado más fácilmente las normativas contra las concentraciones públicas. Pero creo que la izquierda podría haber aprendido de la creatividad de ACT UP (no de sus tácticas específicas, ya que los virus corona se transmiten mucho más fácilmente que el VIH y exigen formas de acción diferentes) a la hora de inventar nuevas formas de movilización. La defensa de las vidas más vulnerables pasa necesariamente por la movilización codo con codo con la gente más vulnerable (de formas que la protejan ante posibles represalias) y especialmente por la impugnación de los “derechos de propiedad intelectual” sobre vacunas y medicamentos. La gran victoria que la Treatment Action Campaign de Sudáfrica obtuvo contra este régimen neoliberal se perdió en gran medida de nuevo frente a la covid-19. Es necesario volver a ganarla.
Me gustaría acabar con la recuperación que haces de Rosemary Hennessy y de su concepción del deseo como clave para la organización misma de la clase trabajadora. Decía ella que “una política sin sexualidad está condenada al fracaso o a la deformación”. ¿Cómo puede el anticapitalismo queer ayudarnos a romper con la estrecha agenda del conformismo institucional sin caer en la autorreferencialidad y la amargura? ¿Qué significa para ti hacer política desde el deseo? Hennessy hizo una gran contribución a la izquierda radical durante unos años en los que todavía no había tomado forma una corriente marxista queer específica. Y su argumento sobre una política basada en el deseo es crucial. El mayor reto para la gente queer es actuar de manera franca y explícita y no pedir disculpas por nuestros propios y distintivos deseos mientras que, al mismo tiempo, somos capaces de apelar a los deseos que unen e inspiran a millones de personas en la defensa de sus intereses. Parafraseando a Marx en sus tesis sobre Feuerbach, es la praxis revolucionaria la que puede educar el deseo. Así es como puede forjarse un sujeto capaz de transformar la sociedad, manteniendo la iniciativa en las calles y no en los pasillos del poder.
Traducción: Punto de Vista Internacional Fuente: Solidarity
Actualidad Internacional: Luchas y Movimientos
27/09/2023
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THE WRITERS GUILD of America (WGA) dio a conocer el martes 26 de septiembre los detalles del acuerdo provisional que ha alcanzado con los grandes estudios de Hollywood y las empresas de streaming para poner fin a la huelga que dura ya casi cinco meses.
Se distribuyó un documento de síntesis de siete páginas a los 11.500 guionistas de cine y televisión afiliados al WGA. Incluye aumentos salariales y residuales, así como una cláusula que responde a las demandas del sindicato de un mínimo de personal en las salas de guionistas de televisión, pagos basados en el éxito de los programas de streaming y protecciones contra el uso de la inteligencia artificial.
La WGA y la Alianza de Productores de Cine y Televisión (AMPTP), que representa a las grandes empresas del sector en el frente laboral, alcanzaron el pacto el domingo 24 de septiembre tras 146 días de piquetes y marchas que prácticamente paralizaron la producción cinematográfica y televisiva.
La huelga de guionistas comenzó el 2 de mayo. Los actores, representados por la SAG-AFTRA, siguen en huelga y empezaron a formar parte de los piquetes a mediados de julio.
En los cinco días de intensas negociaciones participaron los directores ejecutivos de los cuatro mayores estudios, incluidos Disney y Netflix.
La junta directiva de WGA West y el consejo de WGA East aprobaron el 26 de septiembre el acuerdo «excepcional», recomendado por unanimidad por el comité negociador de WGA. Ahora se presentará a los miembros del sindicato para su ratificación.
La votación concluirá en unas dos semanas. Como declaró la dirección del WGA en la introducción del acuerdo provisional:
«Nos propusimos en esta negociación abordar cuestiones críticas para todos nuestros miembros, provocadas por los cambios en el negocio que estaban reduciendo los salarios de los guionistas y socavando las condiciones de trabajo. Antes de la huelga, las empresas se negaron a tratar la mayoría de los temas…
«Este contrato -conseguido con el poder de la solidaridad de los afiliados y de nuestros hermanos sindicales a lo largo de 148 días de huelga- incorpora importantes logros y protecciones para los escritores de todos los segmentos de afiliados».
Los huelguistas empezaron a volver al trabajo el miércoles 27 de septiembre.
La WGA dijo que el valor total del acuerdo era de 233 millones de dólares, por encima de los 86 millones que había ofrecido la AMPTP. «Nos sentimos muy bien. Hemos ganado», declaró Meredith Stiehm, Presidenta de WGA West, en una entrevista.
He aquí lo esencial del acuerdo.
Salarios más altos: El contrato trienal de cine y televisión aumenta los salarios básicos un 5% el primer año, un 4% el segundo y un 3,5% el tercero. Algunas bases residuales y mínimos tendrán aumentos menores o aumentos únicos, según el gremio. Estos últimos aumentos son los más significativos para la retribución global de los redactores.
Bonificaciones/datos: El contrato establece un sistema de primas a los guionistas basado en la audiencia de los servicios de streaming.
Los guionistas ya reciben una remuneración residual por las series que se emiten en los servicios de streaming, pero el WGA quería establecer un sistema que recompensara a los guionistas si su trabajo atraía a un gran número de espectadores en Netflix, por ejemplo.
Fue un tema central de la huelga. La forma en que ha funcionado normalmente la compensación en streaming es que los productores de los contenidos cobran por adelantado, pero no participan en las ganancias de los programas que se repiten durante años.
El WGA pretendía cambiar esta situación y que las empresas de streaming fueran más transparentes con los datos de audiencia. El contrato permite a la WGA recibir datos confidenciales sobre la audiencia de los programas originales en streaming, la única forma de que el sindicato conozca los mismos datos que tienen los estudios.
Plantilla mínima: El contrato establece unos requisitos mínimos de personal para las salas de guionistas de televisión, en función de la duración de la temporada.
Para series de hasta seis episodios, por ejemplo, hay que contratar a tres guionistas. Para series de 13 o más episodios por temporada, la contratación mínima es de seis guionistas, que pueden incluir tres guionistas-productores.
El empleo mínimo de guionistas por episodio se aplica «a menos que se contrate a un solo guionista para escribir todos los episodios de una temporada», dice el documento.
Una de las mayores quejas de los guionistas en las negociaciones contractuales es que, en la era del streaming, las temporadas de televisión son cada vez más cortas y las salas de guionistas cada vez más reducidas. Eso ha supuesto menos oportunidades para los guionistas, que tienen que improvisar un trabajo tras otro para ganarse la vida.
El mayor uso de «minisalas», en las que un equipo de guionistas divide una temporada de un programa antes de que empiece la producción, ha limitado la capacidad de los guionistas noveles para adquirir experiencia en producciones televisivas.
El nuevo contrato de la WGA incluye una cláusula que regula el controvertido uso de la IA (Inteligencia Artificial) por parte de los estudios, pero también ofrece flexibilidad a los miembros del gremio.
Según el documento del gremio, las empresas deben comunicar a los guionistas si el material que se les entrega ha sido generado por IA o incorpora material generado por IA.
En la industria del entretenimiento, con los estudios buscando formas de hacer más eficiente el proceso de desarrollo y producción, el rápido auge de ChatGPT y otros ejemplos de tecnología de IA generativa han pasado a primer plano para los guionistas que creen que tales «eficiencias» amenazan el empleo de guionista.
Este fue uno de los últimos y más difíciles puntos del acuerdo. Ninguna de las partes quiere encerrarse en un lenguaje contractual que podría ser contraproducente dentro de tres años.
Los acuerdos sobre el salario residual y la IA son importantes para los afiliados. También son fundamentales para llegar a un acuerdo con los actores, cuya huelga continúa en el momento de redactar este informe.
Actualidad Internacional: Latitudes. Oriente Medio y Magreb
15/10/2022
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En los últimos días, Gaza ha personificado la división global Norte-Sur más que ningún otro conflicto de la historia contemporánea. La indecente unanimidad de los gobiernos occidentales a la hora de expresar sin reservas su apoyo incondicional al Estado israelí -en el mismo momento en que éste se había embarcado ya, y de forma bastante evidente, en una campaña de crímenes de guerra contra el pueblo palestino de una magnitud sin precedentes en los 75 años de historia del conflicto regional- ha sido verdaderamente enfermiza. Desde el 7 de octubre, estos gobiernos se han superado mutuamente en este empeño: desde proyectar la bandera israelí en la Puerta de Brandemburgo de Berlín, el Parlamento de Londres, la Torre Eiffel de París y la Casa Blanca de Washington, hasta enviar material militar a Israel y enviar refuerzos navales estadounidenses y británicos al Mediterráneo Oriental en un gesto de solidaridad con el Estado sionista, pasando por prohibir diversas formas de expresión de apoyo político a la causa palestina, cercenando así libertades políticas elementales.
Todo esto ocurre en un momento en que el desequilibrio habitual en la información de los medios de comunicación occidentales sobre Israel/Palestina ha alcanzado su punto álgido. Como de costumbre, se ha mostrado profusamente en las pantallas a israelíes afligidos, mujeres en particular, incomparablemente más de lo que se ha mostrado nunca a palestinos afligidos. La Operación Inundación Al-Aqsa de Hamás provocó una avalancha de imágenes de violencia contra personas desarmadas, con especial atención a una rave similar a las que se organizan habitualmente en los países occidentales, con el fin de acentuar la «compasión narcisista … evocada mucho más por calamidades que golpean a ‘gente como nosotros’, y mucho menos por calamidades que afectan a gente distinta a nosotros». La violencia israelí a gran escala que ha estado golpeando a la población civil de Gaza desde que Hamás lanzó su operación ha sido mucho menos denunciada, por no hablar de condenada. Incluso un crimen de guerra tan flagrante como el bloqueo total de agua, alimentos, combustible y electricidad infligido a una población de 2,3 millones de personas y la no menos flagrante violación del derecho humanitario consistente en ordenar a más de un millón de civiles que abandonen su ciudad o se enfrenten a la muerte bajo los escombros de sus viviendas es prácticamente condonado por destacados dirigentes políticos occidentales y los principales medios de comunicación occidentales.
Es como si hubieran reconstituido la Sociedad Internacional para la Supresión de las Costumbres Salvajes para la que el ficticio Kurtz de Joseph Conrad (en El corazón de las tinieblas) había escrito un informe que terminaba con la aterradora posdata:
«¡Exterminar a todas las bestias!» La receta de Kurtz ha encontrado efectivamente un equivalente en el siniestro anuncio del ministro israelí de «defensa» Yoav Gallant: «He ordenado el asedio total de la Franja de Gaza. No habrá electricidad, ni alimentos, ni combustible, todo está cerrado … Estamos luchando contra animales humanos y actuamos en consecuencia».
Como era de esperar, los medios de comunicación occidentales se han hecho eco de los medios de comunicación israelíes al describir la operación de Hamás como el ataque más mortífero contra judíos desde el Holocausto, continuando con el patrón habitual de nazificación de los palestinos para justificar su deshumanización y exterminio. La verdad, sin embargo, es que, por terribles que hayan sido algunos aspectos de la operación de Hamás, no son una continuación de la violencia imperialista nazi desde ninguna perspectiva histórica significativa. Por el contrario, se inscriben en dos ciclos históricos muy diferentes: el de la lucha de los palestinos contra el despojo y la opresión coloniales israelíes, y el de la lucha de los pueblos del Sur Global contra el colonialismo. La clave de la mentalidad que subyace a la acción de Hamás no se encuentra en el Mein Kampf de Adolf Hitler, sino en Los condenados de la tierra de Frantz Fanon, la interpretación más conocida de los sentimientos de los colonizados realizada por un pensador político que también era psiquiatra. Fanon reflexionó sobre las luchas de los colonizados contra el colonialismo francés, los argelinos en particular. Los paralelismos son asombrosos:
Los colonizados, que han decidido hacer de ese programa una fuerza motriz, están preparados para la violencia desde tiempos inmemoriales. Nada más nacer les resulta obvio que su estrecho mundo, plagado de tabúes, sólo puede ser desafiado mediante la violencia descarnada…
La violencia que gobernó el ordenamiento del mundo colonial… será reivindicada y apropiada cuando, tomando la historia en sus propias manos, los colonizados pululen por las ciudades prohibidas. Volar el mundo colonial en pedazos es a partir de ahora una imagen clara al alcance y la imaginación de todo sujeto colonizado…
El resultado, sin embargo, es profundamente desigual, ya que el ametrallamiento de los aviones o los bombardeos de los buques de guerra superan en horror y alcance a la respuesta de los colonizados. Los más alienados de los colonizados son desmitificados de una vez por todas por este movimiento pendular de terror y contraterror. Comprueban por sí mismos que cualquier discurso sobre la igualdad humana no puede enmascarar el absurdo de que siete franceses muertos o heridos en una emboscada en el paso de Sakamody provoquen la indignación de las conciencias civilizadas, mientras que el saqueo de los douars de Guergour, la dechra de Djerah y la masacre de la población tras la emboscada no cuentan para nada.
¿Fueron «terroristas» algunos de los actos cometidos por los combatientes de Hamás durante la Operación Al-Aqsa Flood? Si por «terrorismo» se entiende el asesinato deliberado de personas desarmadas, sin duda lo fueron. Pero entonces, el asesinato deliberado de miles y miles de civiles gazatíes durante los últimos diecisiete años -desde 2006, sólo unos meses después de que Israel evacuara la Franja de Gaza para controlarla desde fuera, en la creencia de que el coste sería menor que controlarla desde dentro- eso también es terrorismo. De hecho, el terrorismo de Estado ha causado muchas más víctimas en la historia que el terrorismo de grupos no estatales.
Asimismo, ¿fueron algunos de los actos cometidos por los combatientes de Hamás actos de «barbarie»? Sin duda, pero no menos indudable es que formaban parte de un choque de barbaries. Permítanme citar aquí lo que escribí al respecto hace más de veinte años, tras los atentados del 11-S: ¿Fueron «terroristas» algunos de los actos cometidos por los combatientes de Hamás durante la Operación Al-Aqsa Flood? Si por «terrorismo» se entiende el asesinato deliberado de personas desarmadas, sin duda lo fueron. Pero entonces, el asesinato deliberado de miles y miles de civiles gazatíes durante los últimos diecisiete años -desde 2006, sólo unos meses después de que Israel evacuara la Franja de Gaza para controlarla desde fuera, en la creencia de que el coste sería menor que controlarla desde dentro- eso también es terrorismo. De hecho, el terrorismo de Estado ha causado muchas más víctimas en la historia que el terrorismo de grupos no estatales.
Asimismo, ¿fueron algunos de los actos cometidos por los combatientes de Hamás actos de «barbarie»? Sin duda, pero no menos indudable es que formaban parte de un choque de barbaries. Permítanme citar aquí lo que escribí al respecto hace más de veinte años, tras los atentados del 11-S:
Considerados por separado, cada acto de barbarie puede juzgarse igualmente reprobable desde un punto de vista moral. Ninguna ética civilizada puede justificar el asesinato deliberado de no combatientes o de niños, ya sea indiscriminado o deliberado, por parte del terror estatal o no gubernamental …
Sin embargo, desde el punto de vista de la equidad básica, no podemos envolvernos en una ética metafísica que rechace por igual todas las formas de barbarie. Los diferentes barbarismos no tienen el mismo peso en la balanza de la justicia. Es cierto que la barbarie nunca puede ser un instrumento de «legítima defensa»; siempre es ilegítima por definición. Pero esto no cambia el hecho de que cuando dos barbaries se enfrentan, la más fuerte, la que actúa como opresora, sigue siendo la más culpable. Salvo en casos de irracionalidad manifiesta, la barbarie del débil suele ser, lógicamente, una reacción a la barbarie del fuerte. De lo contrario, ¿por qué los débiles provocarían a los fuertes, a riesgo de ser ellos mismos aplastados? Esta es, por cierto, la razón por la que los fuertes tratan de ocultar su culpabilidad presentando a sus adversarios como dementes, demoníacos y bestiales.
La cuestión más crucial de la concepción de Hamás de la lucha contra la ocupación y la opresión israelíes no es moral, sino política y práctica. En lugar de servir a la emancipación palestina y ganar para su causa a un número cada vez mayor de israelíes, la estrategia de Hamás facilita la unidad nacionalista de los judíos israelíes y proporciona al Estado sionista pretextos para una mayor supresión de los derechos y la existencia palestinos. La idea de que el pueblo palestino pueda lograr su emancipación nacional mediante la confrontación armada con un Estado israelí que es muy superior militarmente es irracional. El episodio más eficaz de la lucha palestina hasta la fecha se produjo sin armas: La Intifada de 1988 provocó una profunda crisis en la sociedad, el sistema político y las fuerzas armadas de Israel, y ganó para la causa palestina una simpatía masiva en el mundo, incluidos los países occidentales.
La última operación de Hamás, el ataque más espectacular que jamás haya lanzado contra Israel, ha brindado la oportunidad de mucho más que el patrón habitual de brutales represalias asesinas en un prolongado ciclo de violencia y contraviolencia. Lo que se vislumbra en el horizonte es nada menos que una segunda fase de la Nakba -la palabra árabe que significa «catástrofe»-, que es el nombre que se da al desplazamiento forzoso de la mayor parte de la población autóctona palestina de los territorios que el recién nacido Estado israelí consiguió conquistar en 1948. El actual gobierno israelí, que incluye a neonazis, está dirigido por el líder del Likud y heredero, por tanto, de los grupos políticos que perpetraron la masacre más infame de palestinos en 1948: la masacre de Deir Yassin. Benjamin Netanyahu encabezó la oposición a Ariel Sharon y dimitió del gabinete israelí dirigido por éste en 2005, cuando Sharon optó por la «retirada unilateral» de Israel de Gaza. Poco después, Sharon abandonó el Likud, que Netanyahu lidera desde entonces.
La extrema derecha israelí liderada por el Likud ha perseguido sin descanso su objetivo de un Gran Israel que abarque todo el territorio de la Palestina bajo mandato británico entre el mar Mediterráneo y el río Jordán, incluidas Cisjordania y Gaza. Sólo unos días antes de la operación de Hamás, Netanyahu, durante su discurso en la Asamblea General de la ONU, blandió un mapa del Gran Israel, una señal deliberada que no pasó desapercibida. Por eso, la orden dada a la población del norte de Gaza de desplazarse hacia el sur es mucho más que la habitual excusa hipócrita para la destrucción deliberada de zonas pobladas por civiles, mientras se echa la culpa a Hamás acusándola de esconderse entre la población civil (una acusación absurda, por cierto: ¿cómo podría existir Hamás en el desierto, fuera de las concentraciones urbanas, sin ser aniquilada por los muy superiores medios de guerra a distancia israelíes?)
Lo que estamos presenciando es, con toda probabilidad, el preludio de una segunda ronda de desplazamientos de gazatíes hacia el Sinaí egipcio, con la intención de cometer el segundo gran acto de conquista territorial combinado con limpieza étnica desde la Nakba, con el pretexto de erradicar a Hamás. Los palestinos han recordado inmediatamente el éxodo de 1948, cuando huían de la guerra sólo para que se les impidiera regresar a sus ciudades y pueblos. Han comprendido que ahora se enfrentan en Gaza a un segundo caso de desplazamiento forzoso que preludia una mayor desposesión y colonización. Esta segunda etapa de la Nakba será mucho más sangrienta que la primera: El número de palestinos asesinados hasta el momento de escribir estas líneas se acerca ya al de los asesinados en 1948, y esto no es más que el principio de la embestida israelí. Sólo una movilización popular masiva en Estados Unidos y Europa para conseguir que los gobiernos occidentales presionen a Israel para que se detenga antes de que cumpla sus siniestros objetivos bélicos podría evitar este espantoso desenlace. Esto es extremadamente urgente. No se equivoquen: la catástrofe inminente no se contendrá en Oriente Próximo, sino que sin duda se extenderá a los países occidentales, como ha venido sucediendo durante varias décadas, a una escala aún más trágica.
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En los últimos años asistimos a una cierta reanimación de las discusiones estratégicas, la mayoría de ellas dirigidas en una misma dirección: los debates en torno a una posiblevía democrática al socialismo–alternativa al leninismo y a la socialdemocracia–, el redescubrimiento de Poulantzas en América Latina y Europa y la más original revalorización del Kautsky anterior a 1910 en la nueva izquierda anglófona. Esta reanimación es saludable y expresión de un nuevo clima político. Sin embargo, a menudo, los debates que se proponen una actualización de la estrategia socialista suelen caracterizarse por una descripción simplificada de la tradición que se disponen a superar. Esto puede tener una utilidad expositiva porque permite resaltar las novedades y los puntos de ruptura. Pero reconstruir de manera empobrecida la tradición nos priva de referencias todavía útiles para los debates contemporáneos y oculta más de lo que ilumina.
En el marco de esta reconstrucción simplificada destaca una narrativa omnipresente: la reducción de la política de la Internacional Comunista (IC) a la mera repetición de la estrategia insurreccional que tuvo lugar en Rusia. Es cierto que la generalización de la experiencia rusa dominó los primeros dos años de la política de la IC, cuando esperaba que la fuerza propulsiva de Octubre condujera a una revolución europea inminente. Y también es cierto que la mayor parte de la izquierda revolucionaria hizo de Octubre su modelo estratégico. Pero no es correcto afirmar que el conjunto de la política de la IC se redujera a un intento de repetición de la revolución rusa, lo que implicaría desconocer los debates y los giros políticos que se iniciaron en 1920 en Alemania en torno al frente único y al gobierno obrero, que se condensaron en el III y el IV congreso de la IC. No es casualidad que fuera desde Alemania, un país desarrollado, con un Estado más complejo, un movimiento obrero más implantado y formas parlamentarias más desarrolladas que en Rusia, desde donde surgieron los debates que llevaron a la táctica del frente único, en primer lugar por razones y necesidades muy prácticas. Como dijo Radek, delegado de la IC en Alemania, cuando impulsaron por primera vez la idea del frente único: “Si hubiera estado en Moscú, ni siquiera se me habría pasado por la cabeza”.
Los debates sobre el frente único no se limitan a ser un precedente histórico de debates contemporáneos más sofisticados. Tampoco constituyen un modelo estratégico coherente y alternativo al que remitir. Sin embargo, en mi opinión, contienen algunas lecciones que funcionan como una señalización de posibles resoluciones a algunos aspectos débiles que caracterizan a lavía democráticaen sus formulaciones convencionales (Poulantzas, Miliband, Panitch). En lo que sigue voy a señalar algunos de estos aspectos, sin poder ser exhaustivo por razones de espacio (tendré que dejar fuera el aspecto crucial de la relación entre el gobierno obrero y la dualidad de poder).
En marzo de 1920, una formidable huelga general derrotó el intento de golpe de estado reaccionario denominadoputsch de Kapp, lo que produjo una relación de fuerzas favorable a la clase trabajadora y una aguda crisis política. La joven República de Weimar era testigo de un gran vacío político que ponía en evidencia el fracaso del primer gobierno socialdemócrata de Ebert y Noske, y durante días se mantuvo en suspenso la conformación del nuevo gobierno bajo la presión de la huelga general (Broué, 2019). Se trataba de una crisis muy aguda pero muy diferente al Febrero ruso: al fracaso delputsch de Kapple siguió un vacío de poder y una desorientación de la burguesía, pero no había una estructura de soviets a los que remitir como alternativa de poder (loscomités de acciónque cubrieron el país no tenían esa fuerza ni esa naturaleza) ni el Estado o el ejército habían sufrido un colapso general (Riddell, 2011). En este contexto, el líder sindical socialdemócrata Carl Liegen postuló la necesidad de un gobierno obrero compuesto por los dos partidos socialdemócratas (SPD y USPD) y por los sindicatos, sin participación de partidos o ministros burgueses.
El Partido Comunista Alemán (KPD), bajo la dirección de Paul Levi, respondió inicialmente que apoyaría la conformación de tal gobierno en la medida en que “no atente contra las garantías que aseguren a la clase obrera su libertad de acción política, y en tanto combata por todos los medios a la contrarrevolución burguesa”. A esto agregaba que el KPD iba a limitarse a desarrollar una “oposición leal”, es decir, que renunciaba a intentar derrocar por medios revolucionarios al gobierno en la medida en que se mantuvieran esas condiciones. Este posicionamiento fue el primer intento de aplicación de lo que posteriormente se consideraría la consigna transicional del gobierno obrero: el apoyo, en el contexto de relaciones de fuerza excepcionales, a un gobierno dominado por organizaciones obreras reformistas (Gaido, 2015).
Este primer intento de conformar un gobierno de los partidos obreros fracasó, pero los revolucionarios alemanes mantuvieron un curso heterodoxo en su política. En la “Carta Abierta” publicada el 8 de enero 1921, considerada luego como el primer intento sistemático de aplicar la política de frente único obrero, el KPD, recientemente unificado con el ala izquierda del USPD, propuso a todas las organizaciones obreras llevar a cabo acciones unitarias allí donde fueran posibles acuerdos prácticos. Estas políticas, que significaban innovaciones prácticas respecto a las referencias estratégicas heredadas, causarían una gran controversia en la izquierda revolucionaria, pero finalmente se impondrán en la Internacional Comunista, aunque con una resistencia significativa. La resolución que finalmente adopta la IC sobre el FU, escrita por Trotsky en marzo de 1922 para el Pleno del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, dice:
Si el Partido cuenta con una tercera parte o la mitad de la vanguardia proletaria, luego, el resto se hallará organizado por los reformistas o los centristas. Es bien evidente que los obreros que aún apoyan a los reformistas y centristas se interesan vivamente por mantener los niveles de vida más elevados y la mayor libertad de acción que sea posible. En consecuencia, debemos proyectar nuestra táctica a evitar que el Partido Comunista, que en el futuro próximo abarcará los tres tercios del proletariado, se convierta en un obstáculo organizativo en el camino de la lucha proletaria actual.Aún más, el Partido debe asumir la iniciativa en asegurar la unidad en la lucha presente. Solo así el Partido se acercará a esos dos tercios que aún no siguen su dirección, que aún no confían en él porque no lo comprenden. Solo de esta manera puede el Partido ganarlos (1922).
Y respondiendo a la reticencia de sectores de la IC que reclamaban una unidad de acción exclusivamente con las bases de los partidos socialdemócratas y no con los partidos como tales (reclamo que abarcaba a dirigentes como Bela Kun, Ruth Fischer, Amadeo Bordiga y Bujarin), la resolución agregaba:
El Frente Único, ¿comprende solo a las masas trabajadoras o incluye también a sus dirigentes oportunistas? El solo hecho de hacer esta pregunta demuestra incomprensión del problema. Si pudiésemos simplemente unir al proletariado en torno a nuestra bandera o alrededor de nuestras consignas prácticas, y saltar por encima de las organizaciones reformistas, ya fuesen partidos o sindicatos, lógicamente, esto sería lo mejor del mundo. En este caso, el problema del Frente Único no existiría en su forma actual.
Respecto a la cuestión del gobierno obrero, una resolución posterior de la IC, correspondiente al IV congreso de noviembre de 1922, dirá:
el gobierno obrero adquiere una mayor importancia en los países donde la situación de la sociedad burguesa es particularmente insegura, donde la relación de fuerzas entre los partidos obreros y la burguesía coloca a la solución del problema del gobierno obrero a la orden del día como una necesidad política. En esos países, la consigna del ‘gobierno obrero’ es una consecuencia inevitable de toda la táctica del frente único. (…) Un gobierno de este tipo solo es posible si surge de la lucha de masas, si se apoya en organismos obreros aptos para el combate y creados por los más vastos sectores de las masas obreras oprimidas. Un gobierno obrero surgido de una combinación parlamentaria también puede proporcionar la ocasión de revitalizar el movimiento obrero revolucionario. Pero es evidente que el surgimiento de un gobierno verdaderamente obrero y la existencia de un gobierno que realice una política revolucionaria debe conducir a la lucha más encarnizada y, eventualmente, a la guerra civil contra la burguesía. La sola tentativa del proletariado de formar un gobierno obrero se enfrentará desde un comienzo con la resistencia más violenta de la burguesía. Por lo tanto, la consigna del gobierno obrero es susceptible de concentrar y desencadenar luchas revolucionarias.
La política de frente único fue considerada una táctica para un contexto de reestabilización parcial del capitalismo y, por lo tanto, de refortalecimiento de las organizaciones reformistas. Pero no conducía a un curso de adaptación al reformismo, como afirmaban sus detractores, sino a reconocer que la conquista de la hegemonía en la clase trabajadora solo podía ser el resultado de un combate prolongado donde las tácticas unitarias cumplirían un papel; y no de una ofensiva permanente basada exclusivamente en la confrontación directa con el reformismo.
El frente único responde, en primer lugar, a que las masas aprenden en base a la experiencia práctica, y para movilizarla es necesario poner en funcionamiento palancas unitarias que faciliten su pasaje a la acción. En segundo lugar, e igualmente importante, a que los revolucionarios están en mejores condiciones para señalar las inconsecuencias de las direcciones reformistas siendo el ala más decididamente unitaria del movimiento obrero, y no incurriendo en el error de debilitar la fuerza de la clase trabajadora en función de delimitaciones meramente propagandistas. Si, por el contrario, se esgrimen diferencias ideológicas con los reformistas para no avanzar en un combate común, los revolucionarios aparecen ante las masas como un factor divisivo, debilitan la lucha, favorecen su propia marginalización y refuerzan a las direcciones reformistas. A través del frente único, la delimitación con las direcciones reformistas es, sobre todas las cosas, un subproducto de la inconsecuencia de los reformistas para llevar a término una lucha común.
Se suele subestimar el valor subyacente de los debates en torno al frente único en la IC. No se trataba simplemente de la unidad de acción defensiva con los reformistas, sino de un verdadero giro estratégico, aunque limitado, empírico y no exento de confusiones. En torno a la cuestión del frente único, de las reivindicaciones transitorias, de la táctica del gobierno obrero, aparece el intento de un reexamen estratégico fundado en la percepción de las condiciones peculiares del Occidente europeo: un peso mayor de las tradiciones reformistas en el movimiento obrero, un contexto de legalidad para la lucha política, una crisis más lenta del Estado, una hegemonía más sólida de las clases dominantes. Para ser más precisos: de las condiciones de la lucha revolucionaria en unEstado capitalista(que bajo su formanormales un Estado democrático representativo), mientras que la revolución de Octubre había enfrentado el régimen absolutista del zarismo.
Gramsci, por su parte, tomó dimensión del giro implicado en aquellos debates y afirmó: “Me parece que Ilich (Lenin) comprendió que era preciso un cambio de la guerra de maniobras, aplicada victoriosamente en Oriente en el 17, a la guerra de posiciones, que era la única posible en Occidente (…) Esto es lo que creo que significa la fórmula del ‘frente único’ (…) Solo que Ilich no tuvo tiempo de profundizar su fórmula” (1999: 157). Perry Anderson, de igual manera, percibe la importancia del frente único y lo define como “el último consejo estratégico de Lenin al movimiento de la clase obrera occidental antes de su muerte” (2018: 157).
Cuando “la situación de la sociedad burguesa es particularmente insegura” dice la resolución de la IC, elgobierno obreropuede convertirse en la “consecuencia inevitable de toda la táctica del frente único”. El gobierno obrero es presentado como la posibilidad de que, en el marco de una crisis general del sistema de dominación, pero en la que las instituciones del viejo Estado evitan un colapso general (a diferencia de lo ocurrido en Rusia), un acceso al gobierno en el marco del Estado burgués por parte de los partidos obreros (aun con mayoría reformista) pueda ser el punto de partida para rupturas más decisivas con el capitalismo. Se trata de un enfoquetransicionalde la cuestión gubernamental, diferente al desenlace rápido en base al colapso del Estado del caso ruso y, por tanto, de un gobierno intermedio y transitorio en el proceso de conquista del poder. Del mismo modo que unaconsigna transitoria(económica, democrática) intenta oficiar de puente entre el estado actual de conciencia de las masas y la lucha por el poder, el gobierno obrero es el enfoque transicional aplicado a la cuestión gubernamental misma.
La necesidad de un enfoque transitorio de la cuestión gubernamental en los países occidentales salta fácilmente a la vista. Cuando se produce un proceso de radicalización social en Estados democráticos, las masas luchan primero por un gobierno que dé expresión a sus aspiraciones en el marco de las instituciones vigentes, no por el derrocamiento del poder de la burguesía, del mismo modo en que luchan primero por conseguir un aumento salarial en su lugar de trabajo y no por expropiar los medios de producción. En determinadas condiciones, el acceso electoral al gobierno por parte de fuerzas socialistas, así sean moderadas o reformistas, puede cumplir un papel de puente entre las aspiraciones populares y la lucha por el poder. Llegados a un cierto punto, el nuevo gobierno se topa con la resistencia de la burguesía y ello expone la necesidad de radicalizar el proceso hacia una ruptura anticapitalista.
Frente único y Frente Popular Ahora bien, ¿cuántas veces en la historia asistimos a gobiernos obreros como el que postula la IC? Los gobiernos regionales de Sajonia y Turingia, que fueron los únicos casos concretos en los que la IC aplicó esta táctica, constituyen una experiencia muy singular y difícil de repetir. El rasero de lo que se denomina gobierno obrero podría no ser tan exigente como el del Octubre alemán, donde el KPD tuvo un peso gubernamental decisivo al punto de asumir el control de la policía. Pero, aun así, hay un problema planteado. Cuando un ascenso de la lucha de clases se traduce, de alguna forma u otra, en el terreno electoral y gubernamental, lo más habitual es que nos topemos con gobiernos que se ubican en un terreno intermedio e inestable entre un gobierno obrero y un gobierno de conciliación de clase. Si tuviéramos que remitir a algunas experiencias históricas, podemos mencionar a la Unidad Popular en Chile o el gobierno surgido de la Revolución de los Claveles en Portugal como ejemplos de este tipo intermedio más frecuente.
A este respecto, la IC hizo una distinción pertinente que suele pasar desapercibida. En sus debates tuvo en cuenta un tipo de gobierno que no era un gobierno obrero, pero tampoco un gobierno de colaboración de clases convencional. La IC se refirió a aquellas situaciones en las que la dirección gubernamental no tiene voluntad o capacidad de avanzar en una confrontación decisiva con la burguesía, pero que, por sus vínculos con la clase trabajadora, por su propia debilidad política o por sus vacilaciones, no puede evitar una profundización de la crisis del orden social y una mayor radicalización política. Aquí estamos ante una situación paradójica que la IC caracterizó bastante adecuadamente: las direcciones buscan la contención social (o al menos no empujan deliberadamente la radicalización), pero la evolución general del proceso es, al menos inicialmente, progresiva debido a la incapacidad de las direcciones para estabilizar la situación. La dinámica política que se abre fortalece el poder social de las clases populares y su antagonismo con la burguesía, aun si el objetivo del gobierno va en la dirección opuesta.
En el Congreso de la IC de noviembre de 1922, el caso que se toma como referencia remite a la experiencia rusa, como casi todo en los debates de la IC, y es el gobierno provisional menchevique-eserista surgido de la Revolución de Febrero. Se caracteriza que este gobierno, más allá de sus propias intenciones, favoreció el torbellino revolucionario. Razonando sobre esta experiencia, Zinóviev llega a retomar una frase de Plejánov en la que definió a los mencheviques como “medio bolcheviques” por el favor inconsciente que hicieron a la revolución (“Objetivamente, el gobierno menchevique era el más adecuado para arruinar el juego del capitalismo, para hacer imposible su situación”, afirmó en su informe ante la IC). Zinóviev también llegó a postular, con exageración, la posibilidad de que un futuro gobierno laborista australiano (que en la clasificación de la IC se tomó como ejemplo de gobierno obrero liberal) tuviera un desenlace similar. Dicho gobierno, dijo, podría ser el punto de partida para “revolucionar el país”, podría dar muchos pasos “dirigidos objetivamente contra el estado burgués” y “puede terminar en manos de la izquierda”.
Es decir, un acceso electoral de los partidos obreros al gobierno puede ser el punto de partida de una situación revolucionaria no solamente en el caso en el que adoptan un curso decidido de ruptura con la burguesía, sino también en la situación, históricamente más recurrente, en la que ponen en movimiento una dinámica social que los desborda. Creo que hay una experiencia clásica que puede servir de referencia al respecto: la del Frente Popular francés. Y vale la pena también revisar las indicaciones de Trotsky a sus seguidores franceses en aquel momento. Aunque Perry Anderson está en lo correcto cuando afirma que en los textos de los años treinta sobre Francia y España Trotsky incurre en errores sectarios que los ubican por debajo de sus escritos sobre la lucha antifascista en Alemania, sobre todo en lo que respecta a la política ante la pequeña burguesía democrática, sin embargo, la política de Trotsky fue mucho más sutil, compleja y exploratoria de lo que indica la narrativa estándar heredada tanto por sus defensores como por sus críticos.
El cambio de contexto político que significó la victoria electoral del Frente Popular en Francia, que las masas sintieron como propia, contribuyó a elevar las expectativas sociales y a que las clases populares sintieran mayor confianza en sus propias fuerzas, lo que llevó a un recrudecimiento de la lucha de clases: el ciclo de huelgas de julio de 1936 que impuso las conquistas sociales que a menudo se atribuyen erróneamente al programa de Blum.
Para Trotsky estaba claro que el gobierno de Léon Blum en Francia no representaba un gobierno obrero en el sentido definido por la IC, sino una coalición de colaboración de clase que buscaba autolimitar la lucha obrera a lo que permitía un acuerdo con la “burguesía democrática”. Sin embargo, Trotsky no se limitó a decir que el Frente Popular era “el principal obstáculo para el camino de la revolución proletaria”. Poco tiempo antes de la conformación del Frente Popular, cuando en 1934 se inicia un trabajo en común entre el PC y la SFIO, Trotsky aclara: “Si durante la implacable lucha contra el enemigo ocurriese que el partido del socialismo ‘democrático’ (SFIO), del que nos separan irreconciliables diferencias de doctrina y de método, llegara a ganar la confianza de la mayoría, estamos y estaremos siempre preparados para defender contra la burguesía a un gobierno de la SFIO”. Posteriormente, comentando las resoluciones de Dimitrov que impulsan desde la IC la táctica del Frente Popular, Trotsky hizo su famosa afirmación: “El último congreso de la Internacional Comunista, en su resolución sobre el informe de Dimitrov, se ha pronunciado por la creación de comités de acción elegidos como apoyo de masas del ‘Frente Popular’. Esta es, por cierto, la única idea progresiva de toda la resolución”. Trotsky consideraba que en el ámbito de los acuerdos burocráticos entre partidos, el Partido Radical (representante de la pequeña burguesía francesa) estaba sobrerrepresentado; en cambio, en los comités de acción del Frente Popular su peso era marginal y se creaba entonces un ambiente favorable para combatir la política de conciliación de clases de las direcciones.
Esta orientación hacia la participaciónpor abajodel Frente Popular iba acompañada por una táctica de exigencias parciales a la dirección y no de oposición frontal. La fórmula pedagógica que proponía Trotsky para dialogar con las expectativas de las masas y explorar las posibilidades de la situación era: “si queremos que el Frente Popular luche contra la burguesía hay que sacar a la burguesía del Frente Popular”, que luego se extendería al reclamo de renuncia de los ministros burgueses del gobierno de Blum. En una carta a los trotskistas franceses, Trotsky escribe el 21 de junio de 1936:
Repetir esta consigna de huelga general sin definirla ni concretarla sería un error. Nosotros mismos debemos comprender que la próxima huelga se dirigirá, con toda probabilidad, no contra el gobierno de Blum, sino contra los enemigos de este gobierno, las 200 familias, los radicales, el Senado, la alta burocracia, el Estado Mayor, etc. Todo el arte de la estrategia consiste en orientar a la vanguardia hacia el carácter de esta nueva lucha sin cuartel contra los enemigos del proletariado fuera del frente popular, pero también dentro de las filas de este mismo frente. No metemos a Léon Blum en el mismo saco que a los ‘de Wendel y de La Roque’. Acusamos a Blum de no entender la formidable resistencia de los de Wendel y de La Roque. Debemos repetir que, a pesar de nuestra irreductible oposición al gobierno de Blum, los trabajadores nos encontrarán en primera línea para luchar contra sus enemigos imperialistas. Este es un matiz muy importante y decisivo, incluso para el periodo que viene.
Trotsky no estaba diciendo que había que apoyar al gobierno de Blum (rechazó el término “protección” que trotskistas franceses sugirieron para describir la actitud ante el gobierno). Pero indicaba que no se trataba de combatir frontalmente al gobierno del Frente Popular, “sino solamente golpearlo por sus flancos”. En la medida en que no era probable que el movimiento de masas hiciera una experiencia rápida que permitiera superar vertiginosamente la hegemonía de los reformistas, serían el gobierno de Blum y el Frente Popular quienes aparecerían ante las masas como protagonistas de una dinámica de confrontación con la burguesía. En este marco, es necesario, dice Trotsky, presentarse “a ojos de los obreros, no como un estorbo, sino como personas que quieren que la cosa avance”. La lógica del frente único subyace a todas estas indicaciones. Independencia política y táctica unitaria, resumida en la fórmula: “No metemos a Léon Blum en el mismo saco que a los ‘de Wendel y de La Roque’. ¡Acusamos a Blum de no entender la formidable resistencia de los de Wendel y de La Roque!”.
Mantener diálogos pedagógicos con las expectativas de la clase trabajadora, ganar posiciones en el interior de los organismos de masas del Frente Popular, adoptar una táctica de exigencias parciales y no embestir de frente contra la dirección, y la defensa de un tentativo gobierno reformista contra el asedio de la burguesía sin abandonar la independencia organizativa y estimulando la movilización social independiente: esto es lo que impulsó Trotsky en lo que es considerado su momento más sectario. ¡Todo lo contrario de quienes, supuestamente inspirados en la experiencia bolchevique o en el trotskismo, pregonan la pasividad sectaria esperando empalmar con las masas luego de la capitulación de los reformistas!
Quisiera resaltar un último mérito de los debates de la IC sobre el gobierno obrero: la advertencia sobre el carácter eminentemente transitorio de un gobierno de este tipo y, por lo tanto, la necesidad de desbordar la política reformista en una dinámica de radicalización. El gobierno obrero solo puede ser un momento provisional en la preparación de la ruptura con el capitalismo. Partir de esta constatación permite identificar una secuencia política que se repite de manera escrupulosa.
Podríamos reconstruirla de la siguiente manera: cuando accede al gobierno una fuerza política que no responde a los intereses de la burguesía, se impone una carrera entre tres fuerzas o tendencias fundamentales. En primer lugar, la burguesía impone progresivamente medidas de sabotaje económico, huelga de inversiones y fuga de capitales que introduce al país en un progresivo desorden social y económico. Esta reacción de la burguesía ante el deterioro delbuen clima de negocioses una respuesta espontánea, y no necesariamente una oposición política sistemática y deliberada. Mientras se mantenga el monopolio privado de la inversión, la burguesía mantiene ese poder de veto sobre la política estatal. Estos son los mecanismos espontáneos que anteceden a las acciones propiamente políticas, ya sea por medios violentos o electorales.
La segunda tendencia la constituye la política reformista que impone progresivamente una parálisis al movimiento de masas: en la medida en que no toma medidas drásticas contra la burguesía o, más habitual, en que empieza a hacer concesiones a las clases dominantes, el gobierno se sumerge en una creciente impotencia, provoca una progresiva desilusión entre las masas y crea un terreno fértil para la desmovilización y para la reacción de las clases dominantes (Mandel, 1979). La profundización de la crisis y de los conflictos de clase conduce a que en el largo plazo se presente una alternativa irreductible: o se profundiza la movilización de masas hacia una ruptura decisiva con el orden burgués o la derrota es inevitable, ya sea bajo la forma de una capitulación de las direcciones, de una derrota electoral o de una reacción fascista.
Esto lleva a la tercera tendencia, en general más débil que las anteriores: el desbordamiento de la política reformista, que por momentos emerge como un proceso casi espontáneo de la dinámica creciente de los conflictos de clase. Es especialmente necesario no entender tal desbordamiento bajo una forma demasiado simplificada o restrictiva: no remite solamente a un combate directo por la hegemonía entre reformistas y revolucionarios, sino más en general a una dinámica global de recrudecimiento de los conflictos de clase en el marco de la crisis. En un contexto de este tipo, analizaba Mandel,
habrá una confianza relativa, reservada y desconfiada –es una fórmula contradictoria que expresa bien la realidad– en la mayoría parlamentaria o en el gobierno de izquierdas; al mismo tiempo, habrá una tendencia a desbordar los marcos de actuación previamente fijados por el programa reformista de colaboración de clases, y la voluntad de no romper con el régimen burgués. Lo que determina la dinámica de este desbordamiento no es tanto una disposición teórica de las masas como una lógica inevitable de exacerbación de la lucha de clases (1979).
Y agregaba:
Cuando digo desbordamiento (…) no significa necesariamente una ruptura espectacular y electoral con estos partidos. Puede adoptar formas intermedias, como la de una radicalización de ciertas alas de estos partidos, de luchas entre tendencias dentro de estos partidos e incluso de rupturas dentro de estos partidos (1979).
Esta indicación es importante para protegerse contra una imagen simplificada, o excesivamente rusa, de la idea de desbordamiento, que solo imagina un salto brutal de la corriente revolucionaria en detrimento de la dirección reformista. Sobre las formas concretas de resolver la cuestión del poder, y por lo tanto de superar la parálisis reformista, no se pueden hacer previsiones concluyentes.
Mantenerse relativamente abierto respecto a las formas concretas de conquista del poder permite trabajar todos los escenarios con la apertura estratégica necesaria. La política revolucionaria no puede asumir la forma de una pasividad sectaria que espera empalmar con las masas ante el fracaso del reformismo. Y no se trata de que esta estrategia haya perdido actualidad en Estados occidentales, sino de que una dinámica de este tipo nunca se verificó en la historia del movimiento obrero. La trayectoria de la Revolución rusa no prueba la pasividad estratégica, sino lo contrario: lo que caracterizó a los bolcheviques fue su capacidad para los giros políticos y la flexibilidad táctica y la evaluación de diferentes hipótesis de acceso al poder, que incluyó un tentativo gobierno obrero como el que luego evaluaría la IC para Occidente, cuando emplazaron al gobierno provisional a romper con sus aliados burgueses. Pero tampoco podemos cometer el error simétrico y ceñirnos exclusivamente, como hace paradigmáticamente Poulantzas, a la expectativa de que se produzca una radicalización de las direcciones reformistas mayoritarias por la presión popular; no solo porque de esta forma se descartan arbitrariamente otras opciones de evolución de los acontecimientos, sino porque también disminuimos la factibilidad de esa radicalización. La confianza hacia las direcciones mayoritarias disminuye la lógica de desbordamiento que es, precisamente, el mecanismo más eficaz para imponer una radicalización en las direcciones reformistas. Contra estos dos errores simétricos, las discusiones de los años 1920 sobre el frente único siguen siendo un punto de referencia útil que merece una mayoratención.
Referencias
Anderson, Perry (2018)Las antinomias de Antonio Gramsci, Madrid: Akal.
Broué, Pierre (2019)Revolución en Alemania (1917-1923),Tomo 1. Buenos Aires: IPS.
Gaido, Daniel (2015) “Paul Levi y los orígenes del comunismo alemán: el KPD y las raíces de la política de Frente Único (enero 1919-marzo 1921)”,Revista Izquierdas,número 22, enero 2015, Santiago de Chile, pp. 20-47.
Gramsci, Antonio (1999)Cuadernos de la Cárcel, Tomo 3, México, Era.
Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.
Hace ya casi un año que Giorgia Meloni y su partido llegaron al poder en Italia. «No hay agitación», «no hay fascismo a la vista», «dejémosles seguir adelante» gritaban algunos. El resultado de las elecciones locales de mayo, con la clara victoria de la coalición gubernamental, que ganó en 10 ciudades, incluida el bastión tradicional de la izquierda italiana, Ancona, parecen darles la razón.
Sin embargo, el aumento del índice de abstención, en un momento en el que Italia lloraba a los quince muertos y a las decenas de miles de desplazados víctimas de las inundaciones que asolaron Emilia Romaña a principios del mismo mes, cuenta una historia diferente, la de la desesperación de una población que se hunde en la inseguridad y la pobreza y que parece querer dar la espalda al futuro[1]Adriano Prosperi, Un tempo senza storia. La distruzione del passato, 2021, pp. 11, 19..
En cualquier caso, Matteo Salvini y Giorgia Meloni están exultantes y miran ya a las elecciones europeas de 2024 en un contexto en el que la extrema derecha está en alza en toda Europa. No hay más que ver lo que ocurre en Suecia, Finlandia, Dinamarca, Alemania, Grecia e incluso España, donde el fracaso de Vox en las elecciones de julio no debe ocultar el hecho de que el Partido Popular (PP) estaba en cabeza en las encuestas. El PP es un partido de extrema derecha, reaccionario, con vínculos históricos con la dictadura que se llevó la mayoría de los votos de Vox, si bien Vox sigue siendo el tercer partido del país[2]Jason Horowitz, «Los partidos de extrema derecha están subiendo al poder en toda Europa. Is Spain next?», The New York Times, 9/07/2023..
Como una apisonadora, la primera ministro Meloni y el líder de la Lega siguen adelante con el paquete de medidas de su gobierno. En el menú hay políticas sociales cada vez más regresivas, ataques a los derechos de las y los asalariados, las mujeres, la población inmigrante y las personas LGBTQIA+, así como la introducción de medidas que permitirán a este gobierno mantenerse en el poder durante mucho tiempo; Giorgia Meloni apuesta por el presidencialismo, Matteo Salvini por la «autonomía diferencial» o, como algunos la llaman, «la secesión de los ricos»[3]Alfonso Gianni, «La secessione dei ricchi», Il Manifesto, 5/01/2023..
No faltan motivos de preocupación. Por ejemplo, ¿cómo no cuestionar el nombramiento como jefa de la Comisión Antimafia de Chiara Colosimo, que tiene conocidos vínculos con miembros de los Nuclei Armati Rivoluzionari (NAR), la organización terrorista de extrema derecha responsable, entre otras cosas, del atentado en la estación de Bolonia del 2 de agosto de 1980 que mató a 85 personas e hirió a más de 200, un atentado que Giorgia Meloni y sus seguidores siguen negando que tuviera un trasfondo neofascista? En cierto modo, esta investidura «institucionaliza y ennoblece la historia del neofascismo en Italia», al tiempo que dificulta la investigación de sus vínculos con la mafia[4]Giancarlo Minaldi, «23 maggio 2023: una data spartiacque»,MicroMega, 26/05/2023.. ¿Y cómo no preocuparse por la reciente toma de control de la televisión pública (RAI) por Roberto Sergio y Giampaolo Rossi, este último fiel colaborador de Giorgia Meloni, islamófoba, antisemita y racista a quien se le ha encomendado la función de «protegerla libertad, la transparencia, la objetividad, la imparcialidad, el pluralismo y la equidad de la información»?
La Italia que quiere modelar es un país despojado de los valores que presidieron su constitución tras la Segunda Guerra Mundial. Para lograrlo, su mejor aliado es el olvido oficial y generalizado. Tal fue el caso el 25 de abril, aniversario del levantamiento general convocado por el Comité de Liberación Nacional en 1945. En las semanas previas a esta conmemoración, periodistas y analistas retomaron la cuestión de la relación de este gobierno con el fascismo, buscando pruebas en las declaraciones públicas de que efectivamente se había «devuelto a los libros de historia» como sigue repitiendo Giorgia Meloni casi treinta años después de Gianfranco Fini, el cerebro de la transformación del neofascista Movimiento Social Italiano (MSI) en la Alianza Nacional.
La oposición, por su parte, pidió una postura claramente antifascista, o incluso una profesión de fe, a los mismos que se sientes orgullosos herederos de la otra historia. Un llamamiento vano y estéril de aquellos a los que el antifascista Vittorio Foa llamó «llorones» en 1938, que «ni siquiera pueden preguntarse cuáles son las verdaderas exigencias del trabajo de su adversario. Cuál es su voluntad, cuáles son sus pensamientos reales más allá de sus doctrinas estereotipadas: ¿cómo podemos luchar contra un enemigo que no conocemos?”[5]Carta de Vittorio Foa, 10 de junio de 1938, en Lettere della giovinezza. Dal carcere 1935-1943, Turín, Einaudi, 1998, p. 422.Un llamamiento contraproducente que, de ser atendido, podría acabar con la «chispa de esperanza» de la que hablaba Walter Benjamin en sus tesis sobre la historia. ¿No deberíamos rescatar incansablemente a las víctimas -tantos hombres y mujeres encarceladas, deportadas y asesinadas por el fascismo- de la confusión en la que intenta sumirlas la actual «memoria selectiva» instrumental de la extrema derecha[6]Philippe Mesnard, «La mémoire sélective de l’extrême droite», AOC, 2/05/2023.? ¿No es la destrucción del sentido y del valor del compromiso antifascista, de esta lucha por la igualdad y la emancipación social, el corolario del «ex-post-filo-neo-para-fascismo» actual, sea cual sea el prefijo que decidamos ponerle a la palabra, y de su programa identitario?[7]Paolo Flores d’Arcais, «Nemici dell’antifascismo, nemici della Repubblica, nemici dell’Italia», MicroMega, 24/04/2023.
Una vez que se disiparon los temores iniciales y la prensa nacional e internacional se llenó de editoriales, el gobierno de Giorgia Meloni fue presentado cada vez más como un partido de derechasnormalo en vías denormalización. Y la estabilidad de la intención de voto para el partido de Meloni (30%) parece que reforzará esta imagen, mientras que, para uno de cada dos italianos, el gobierno de Meloni sigue siendo firme y compacto. El historiador liberal Giovanni Orsina llega incluso a describirlo como un «gobierno de centro»: «(…) ¿Y usted habla de fascismo? (…): mantiene las cuentas en orden, intenta aplicar el Plan de Recuperación y Resiliencia de Italia (PNRR), preserva la continuidad de las cooperativas y gestiona lo mejor que puede los flujos migratorios. De vez en cuando, sí, algunas provocaciones, sobre el antifascismo o lo que sea, es lo mínimo para demostrar que Italia está administrada por la derecha[8]Giovanni Orsina, «L’eterna trappola dell’identità», La Stampa, 24/04/2023.«.
Es cierto que la palabra fascismo se ha convertido en una especie de tótem blandido sin ningún análisis serio, no sólo de los fenómenos del pasado, sino también de lo que los tufillos del pasado nos dicen sobre esta derecha adaptada a los nuevos tiempos[9]Natascha Strobl, Radikalisierter Konservatismus. Eine Analyse, Berlín, Suhrkampf Verlag, 2021.. El debate está hipnotizado por el uso de la palabra, como si fuera la única forma de salir de la niebla en la que estamos sumidos.
El desarrollo de esta nueva (?) extrema derecha merece un análisis meticuloso y preciso, que es la única manera de combatirla, tanto en Italia como en todas partes. Esta es la tarea que han abordado en los últimos meses muchos analistas, y los libros que empiezan a aparecer son un testimonio elocuente de ello: Antonio Palladino acaba de publicarMeloni segreta, David Broder,Mussolini’s Grandchildreny Salvatore Vassallo y Rinaldo VignatiFratelli di Giorgiads[10]Andrea Palladino, Meloni segreta. Origini, ascesa e trionfo di una lady di ferro vestita di nero, Florencia, Ponte alle Grazie, 2023; David Broder, Mussolini’s Grandchildren. Fascism in … Seguir leyendo. Todos estos ensayos intentan, cada uno a su manera, definir los contornos de essa derecha, su composición, sus orígenes y los vínculos que puede o no reivindicar con la extrema derecha, la de antes y la de hoy. Se centran en los vínculos de Giorgia Meloni y su partido con el fascismo de laRepública de Saló(RSI) y el neofascismo de posguerra, pero también en los cambios que estos legados han experimentado en los últimos años, haciendo del gobierno de Meloni tanto el primero surgido de esta experiencia como algo más, un «nuevo» animal político.
La figura de Ignazio Benito La Russa, actual presidente del Senado, es quizá la que mejor y más encarna la pretendida continuidad con el RSI y el neofascismo de posguerra. Hijo de un miembro del Partido Nacional Fascista Siciliano, se convirtió en uno de los líderes del MSI. En 1972, el director Marco Bellocchio comenzaba su películaSbatti il mostro in prima páginacon una reunión del mismo La Russa en Milán, con el pelo largo, aspecto ligeramente ilustrado y llamando a luchar contra los «enemigos» de Italia, al son de «El comunismo no pasará». Cincuenta años después, el 28 de diciembre de 2012, junto con Guido Crosetto, antiguo miembro de la Democracia Cristiana que se unió a Forza Italia, y Giorgia Meloni, antigua miembro del movimiento juvenil MSI, La Russa fundó la asociación Fratelli d’Italia, retomando las palabras iniciales del himno nacional italiano. Personaje a menudo retratado como una caricatura de la nostalgia, su presencia al frente del Senado brindó a los neofascistas la oportunidad de vengarse «de la historia»[11]Paolo Berizzi, «Sede di Fratelli d’Italia nel Pavese intestata ad Italo Balbo», Repubblica, 22/11/2022..
Esto es tanto más cierto cuanto que junto a La Russa, en el gobierno, se encuentra Isabella Rauti, subsecretaria de Estado en el Ministerio de Defensa, que recientemente celebró el nacimiento del MSI refiriéndose al Señor de los Anillos de Tolkien y hablando de esas «raíces profundas que nunca se congelan». Es hija de Pino Rauti, seguidor de Julius Evola, antiguo colaborador de la República de Saló, terrorista neofascista y fundador de la organización Nuevo Orden, responsable del atentado en la plaza Fontana de Milán el 12 de diciembre de 1969, en el que murieron 17 personas y 88 resultaron heridas.
En el gobierno italiano también figuran Paola Frassinetti, subsecretaria de Estado del Ministerio de Mérito y Formación, que en 2017 rindió homenaje en Milán a los muertos de la RSI; y Daniela Santanché, ministra de Turismo, que declaró estar «orgullosa de ser fascista», si ser fascista significa «luchar contra la hegemonía cultural de la izquierda, expulsando a los inmigrantes ilegales», entre los aplausos del público al son de «Duce, Duce»[12]David Broder, Mussolini’s Grandchildren…; p. 278.
Y los neofascistas levantan la cabeza: basta pensar en los que, el 29 de abril en Milán, conmemoraron la muerte de Sergio Ramelli (miembro del movimiento juvenil MSI asesinado en 1975 por militantes de la extrema izquierda Avanguardia Operaia[13]«Saluti romani e camerati. L’estrema destra ricorda Sergio Ramelli», 29/04/2023.), con la cabeza rapada, los brazos extendidos y gritando «Presente» a la manera de los fascistas de los años veinte. Esta manifestación tiene lugar todos los años y traza un vínculo de continuidad entre Ramelli y los fascistas ejecutados el 29 de abril de 1945, miembros de la escolta de Benito Mussolini (cuyo cuerpo está expuesto, en la misma fecha, colgado por los pies en la Piazzale Loreto de Milán). La reunión de unos cuantos nostálgicos (alrededor de mil este año) se inscribe, sin embargo, en un discurso propugnado por el gobierno de derechas, que no cesa de designar al antifascismo como el único enemigo real de la República.
Esta criminalización desata y legitima la violencia de los grupos juveniles neofascistas, como en Florencia, donde los estudiantes de izquierdas fueron apaleados a la salida de su instituto el pasado mes de febrero, y más recientemente en Roma, donde el gobierno guardó un silencio ensordecedor. El ministro de Educación y Mérito llegó incluso a amenazar a la directora del liceo de Florencia que, en una carta a sus alumnos, había comparado esta violencia con la de los escuadrones fascistas de principios de los años veinte: «Se trata de iniciativas instrumentales que expresan una politización que, espero, ya no tiene cabida en las escuelas; si la actitud persiste, veremos si es necesario tomar medidas», declaró[14]«Valditara: ‘impropria’ la lettera della preside di Firenze sul fascismo. Insorge l’opposizione», Ansa.it, 24/02/2023..
A pesar de la reciente condena, en abril de 2018, de trece neofascistas por violar las dos leyes (Scelba y Mancino) contra la exaltación del fascismo, los neofascistas parecen gozar de cierta impunidad, hasta el punto de que los atentados continúan, como el 18 de julio, cuando cinco neofascistas armados con martillos, palos y explosivos irrumpieron en la fiesta de Rifondazione comunista de Quinzano (provincia de Verona).
Giorgia Meloni, por su parte, reivindica abierta y orgullosamente la herencia del MSI, desde su fundación, llamándose a sí misma «hija de esta tradición política», y dedicando su victoria electoral a «sus muertos», señalando a Giorgio Almirante, jefe de gabinete del Ministerio de Cultura de la República de Saló y fundador del MSI, como su padre espiritual[15]Giorgia Meloni, Io sono Giorgia.Le mie radici, le mie idee, Milán, Rizzoli, 2021, p. 92.. Se trata de una constante para la lideresa de Fratelli d’Italia, que elogia a un «patriota» por su «amor incondicional a Italia, su honestidad, su coherencia y su valentía»[16]Citado por Mark Thomas, «¿El regreso del fascismo a Italia? El significado de los Fratelli d’Italia», alai.info, 4/05/2023.. Se dirige así al «vientre» de su partido, el de la «llama», el alma aún viva de Mussolini, en el centro del logotipo de Fratelli d’Italia, y a los neofascistas de ayer y de hoy, sin los cuales ni ella ni su partido existirían en el escenario político italiano y que cuentan con este gobierno para hacer avanzar su agenda política.
Hay pocas dudas sobre la herencia (neo)fascista de Fratelli d’Italia. Su panteón está repleto de figuras del régimen de Mussolini, como Rodolfo Graziani, Italo Balbo y Giorgio Almirante, que se presentan comobuenos patriotas, una narrativa familiar para este grupo político desde el final de la Segunda Guerra Mundial. ¿No era el lema del MSI «ni negar ni restaurar»? Sin embargo, enfatizar estas raíces, aunque fueron reivindicadas incluso en el discurso de investidura de Giorgia Meloni, parece cada vez más probable que quede relegado, en el mejor de los casos, a una forma de condena moral abstracta y, en el peor, a pura jerga, eslóganes anacrónicos que no deberían tener cabida en el siglo XXI.
Después de todo, cuando Gianfranco Fini viajó a Jerusalén hace veinte años, habló del «mal absoluto», refiriéndose al fascismo. ¿No ha repetido en numerosas ocasiones Giorgia Meloni que había enviado el fascismo a los libros de historia? Repetidas una y otra vez, estas declaraciones parecen hablar por sí solas. Y, sin embargo, ¿no deberíamos mirar más de cerca cuando quienes las hacen están vinculados a los criminales del pasado?[17]Patrick Mesnard, «La mémoire sélective», art. cit.Por ejemplo, ¿qué significa para la derecha definir el fascismo como «el mal absoluto»? ¿El propio uso de esta expresión no pretende liberar a las generaciones futuras de cualquier análisis serio del fenómeno? Desde este punto de vista, ¿»devolver el fascismo a los libros de historia» no es simplemente «una invitación a abandonar una insoportable reliquia del pasado a la corriente silenciosa del gran río del tiempo»?[18]Adriano Prosperi, Un tempo senza storia, p. 32.
La carta enviada por Giorgia Meloni al diarioCorriere della Seracon motivo de la conmemoración del 25 de abril es una buena ilustración. Fue en esta fecha, hace 78 años, cuando el Comité de Liberación Nacional lanzó una insurrección general en las ciudades aún ocupadas del norte de la península. Desde 1946, el 25 de abril forma parte del calendario cívico de la República Italiana «nacida de la Resistencia», y desde entonces esta fecha apenas logra imponerse como el día de la «unidad nacional», hasta el punto de que ya en 1948, tras las elecciones del 18 de abril y la victoria de los democristianos, se prohibió la conmemoración de la liberación. En 1944, el democristiano Alcide de Gasperi, futuro primer presidente del Consejo de la República, ya había defendido que el antifascismo debía seguir siendo un «fenómeno político contingente que, a partir de cierto momento, por el bien y el progreso de la nación, [debería] ser superado por nuevas solidaridades políticas, más inherentes a las corrientes esenciales y constantes de la vida política [italiana]»[19]Alcide de Gasperi, I cattolici dall’opposizione al governo, Bari, 1955, p. 504..
El final de la «unidad antifascista» de la Resistencia, marcado por la exclusión del poder de la izquierda italiana en mayo de 1947, dio paso a la guerra de silencio. La ausencia de los relevos oficiales necesarios para mantener la memoria del antifascismo y de la Resistencia a escala nacional (programas escolares, edificios públicos, etc.) tuvo mucho que ver en ello. Por ejemplo, no existía una política nacional para cambiar el nombre de las calles al final de la Segunda Guerra Mundial, ni tampoco un Museo Nacional de la Resistencia, cuya construcción se plantea hoy, 80 años después del inicio de la guerra de resistencia.
A principios de la década de 1950, se propusieron al Parlamento proyectos de ley liberticidas dirigidos específicamente contra la izquierda. Como signo de la transición definitiva de la unidad antifascista al poder democristiano, los antiguos partisanos fueron condenados, procesados y despedidos de la policía italiana. Al mismo tiempo, los antiguos miembros de los cuerpos del ejército de la República de Saló encontraron un lugar importante en la policía, mientras que la purga de dirigentes fascistas llegó a su fin con la ley de amnistía general decretada en junio de 1946 por el líder comunista Palmiro Togliatti.
Sin embargo, este año el aniversario ha cobrado un significado especial con la entrada en funciones de lo que el historiador David Broder denomina «los nietos de Mussolini», trazando la historia del Movimiento Social Italiano y sus transformaciones a lo largo de los últimos 77 años, pero también la banalización del fenómeno que lo acompañó. En efecto, por primera vez desde el nacimiento de la República Italiana, el 2 de junio de 1946, es una primera ministra abiertamente anti-Antifascista la que ha celebrado la liberación. No es que otros antes que ella se hubieran distanciado de esta fecha, o se hubieran negado a participar en ella (recordemos las numerosas declaraciones de Silvio Berlusconi al respecto), pero esta vez se trataba de alguien que portaba el legado de otra historia, la de, por utilizar la frase de Giorgio Almirante, aquellos que eran «extraños a la democracia de la Italia de posguerra», en resumen, «fascistas en democracia», con toda la ambigüedad que ello implica[20]Discurso de Giorgio Almirante en el Congreso del MSI de 1956, citado en David Broder, Mussolini’s Grandchildren, p. 34..
Lo que llama la atención de la posición de Giorgia Meloni son sobre todo las «omisiones»: nada sobre la violencia fascista, sobre la represión que dejó cientos de miles de muertos y prisioneros, sobre las guerras coloniales, las masacres en Etiopía y la política genocida en Libia, sobre la proclamación de las leyes raciales y racistas de 1938, nada sobre la entrada en la guerra, sobre la violencia masiva del fascismo italiano en los territorios ocupados, en particular en la entonces Yugoslavia, que dejó más de 250.000 muertos en 29 meses, nada tampoco sobre las deportaciones, la República de Saló, las torturas y las decenas de miles de muertos en la lucha de la Resistencia y la serie ininterrumpida de masacres perpetradas por los nazis y los fascistas, y más en general, ni una palabra sobre el antifascismo, ni siquiera una mención del término[21]Véase este enlace..
Lo que sí recuerda Giorgia Meloni es el final del Ventennio fascista (sin adjetivarlo), la Segunda Guerra Mundial, la ocupación nazi, los bombardeos y las persecuciones antisemitas, estas últimas en el centro de un dispositivo narrativo que ignora tanto más a los verdugos fascistas lavanco la caara a la extrema derecha, como señalaba recientemente Philippe Mesnard para Rassemblement National (Francia). El ministro de Cultura, Gennaro Sangiuliano, antiguo miembro del MSI, anunció la construcción de un museo de la Shoah, insistiendo en el «deber de memoria», concepto vaciado del significado que le atribuía el escritor y antiguo deportado Primo Levi. La monumentalización de la memoria de Auschwitz, su aseptización y su institucionalización contribuyen paradójicamente al olvido sobre el que los herederos del antisemita Almirante, director del periódicoLa Difesa della razza, construyen su legitimidad democrática; un olvido que se refleja concretamente en el hecho de que hoy el 15,6% de la población italiana no cree en el genocidio, es decir, unas seis veces más que hace veinte años[22]Adriano Prosperi, Un tempo senza storia, p. 11..
Los nietos de Mussolini se apoyan en la «pacificación/equiparación» entre los bandos enfrentados que el MSI preconiza desde los años cincuenta y que se ha extendido tanto más en la opinión pública italiana cuanto que, durante los últimos treinta años de ofensiva revisionista de la derecha pluralista en busca de la hegemonía, ha sido abrazada incluso por el Partido Demócrata y sus partidarios. Testigo de ello es la reciente inauguración de un museo dedicado a la República de Saló, cuya exposición fue supervisada por el historiador Giuseppe Parlato, presidente de la Fundación Ugo Spirito y Renzo De Felice, el mismo que recientemente proclamó en el congreso delthink tankde extrema derecha Nazione Futura la necesidad de crear historiadores para que la derecha «que una vez perdió la guerra, no pierda también la paz»[23]«Pensare l’immaginario italiano. Stati generali della cultura nazionale», Nazione Futura, 6/04/2023; sobre el museo, véase Enrico Mirani, «Dalla caduta del regime alla fine di Mussolini: … Seguir leyendo. Esta lectura de la historia se basa en la asimilación y la analogía, para acusar y condenar mejor al antifascismo y a los movimientos de resistenciarojosque, según el presidente del Senado, no tenían como objetivo ni la libertad ni la democracia.
Lo mismo puede decirse de la insistencia de Giorgia Meloni, en su carta del 25 de abril sobre las «ejecuciones sumarias» en la Italia de la posliberación, que dejaron unos 10.000 muertos, y sobre losfoibe, es decir, las víctimas de la ola de violencia que siguió al armisticio en la antigua Yugoslavia, llamados así por las fosas donde se enterraron muchos cadáveres. En 2004, el gobierno de Berlusconi decidió instituir un «Día del Recuerdo» cada 10 de febrero en su honor. Durante casi dos décadas, este «Día del Recuerdo» ha servido de pretexto a la derecha y a la extrema derecha para presentar un genocidio paralelo, el de los italianos, supuestamente ignorado por los historiadores durante la Guerra Fría. Los historiadores revisionistas y los ideólogos de derechas se refieren a los 4.500 muertos y a los 250.000 refugiados como víctimas de la «salvaje violencia comunista». Siempre que se mencionan los crímenes fascistas, no dejan de mencionar este genocidio olvidado, como para contrarrestar los asesinatos en masa cometidos por el régimen de Mussolini[24]Eric Gobetti, E allora le foibe, Bari, Laterza, 2021..
Esta irónica inversión de la historia es tanto más insoportable cuanto que las víctimas del fascismo son rehenes de una utilización política que las elude, condenándolas por segunda vez a la muerte. Así lo demuestra la conmemoración en Roma del 79º aniversario de la masacre de las Fosas Ardeatinas. El 24 de marzo de 1944, 335 rehenes fueron fusilados tras un ataque partisano en la Via Rasella de Roma, «porque eran italianos», escribió Giorgia Meloni. La primera ministra omitió deliberadamente el hecho de que estos «italianos» no eran todos italianos, que a los ojos de sus verdugos eran sobre todo antifascistas, opositores políticos, miembros de la Resistencia y judíos, y que los que participaron en la masacre y contribuyeron a la lista de «Toteskandidaten» también eran italianos. Antifascistas que pagaron su compromiso con la vida, hombres y mujeres que no fueron, como dice Giorgia Meloni, «víctimas inocentes»: «Los que fueron asesinados en las Fosas Ardeatinas eran ciertamente culpables», escribe el historiador Giovanni de Luna, «desde el punto de vista de quienes los mataron. Y su culpabilidad residía precisamente en haber elegido un bando. Calificarlos de inocentes es negar toda conciencia y dignidad a esa decisión: si murieron, no fue para gritar su inocencia, sino para arrojar su culpabilidad a la cara de sus verdugos»[25]Giovanni de Luna, «Tra i carnefici delle Fosse Ardeatine anche Italiani. Il passato non si può cancellare», La Stampa, 25/03/2023. Sobre los Fosse Ardeatine, véase Alessandro … Seguir leyendo.
Unos días más tarde, el presidente del Senado, Ignazio la Russa, volvió a esgrimir la manida narrativa de la supuesta relación causa-efecto entre las acciones de los resistentes y la masacre de las Fosas Ardeatinas, refiriéndose a Via Rasella como una página ignominiosa en la historia de la Resistencia, que había atacado «a una banda de músicos semiretirados y no a nazis de las SS», y actuado con «pleno conocimiento del peligro de represalias contra ciudadanos romanos, antifascistas o no»; una visión que trata de imponer que la resistencia fue inútil para liberar el país y que los partisanos trajeron la guerra civil al país, siendo responsables, en última instancia, de las masacres que afectaron a la población civil.
El llamamiento de Giorgia Meloni a la concordia nacional el 25 de abril fue acompañado de una relectura del papel de la derecha neofascista en la posguerra. la primera ministra llegó a sostener que el MSI había «conducido a millones de italianos de derechas del fascismo a la democracia»[26]Giorgia Meloni, Corriere della Sera, 25/04/2023.; una clara alusión a las declaraciones de Ignazio La Russa que, unos años antes, había elogiado la capacidad de Giorgio Almirante para conducir a «estos hijos no deseados deotra unión» hacia la democracia[27]David Broder, Mussolini’s Grandchildren, p. 252; también «Io ti odio», Piazza Pulita, La7, 9/11/2017..
Junto a la proliferación de nuevas fechas que la mayoría gubernamental querría celebrar (y no faltan propuestas, como dedicar el 25 de marzo a la nueva vida o el 15 de junio a los «hijos de Italia»), está la reapropiación, transformación y distorsión del significado del calendario cívico. Por ejemplo, Chiara Colosimo tomó posesión de su cargo el mismo día de la conmemoración de la muerte del juez Giovanni Falcone, de su esposa Francesca Morvillo y de los tres miembros de su escolta, Antonio Montinaro, Vito Schifani y Rocco Dicillo, mientras se impedían las manifestaciones en su honor, en particular las organizadas por la Confederación General del Trabajo y las asociaciones estudiantiles, para no «perturbar las celebraciones oficiales».
E 1 de mayo el día elegido por Giorgia Meloni para asestar un golpe decisivo a las clases trabajadoras, anunciando las principales medidas del Decreto Laboral en un breve vídeo de tres minutos: la desregulación de los contratos temporales; la extensión de cupone el el sector turístico y agrícola, donde el trabajo no declarado y mal pagado es endémico y se asemeja a la esclavitud moderna; la reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social de las y los asalariados, una especie de subvención indirecta a los empresarios a los que se exime de conceder aumentos salariales mientras la inflación se situaba al mismo tiempo en el 8%; por último, la supresión de la renta de ciudadanía para losempleables, es decir, las personas que, según el gobierno, deberían poder encontrar un empleo, aunque no está claro cómo; en cuanto a los demás, losno empleables(pobres con hijos menores, personas con discapacidad o mayores de 60 años), la renta de ciudadanía se transforma en subsidios de integración. El 28 de julio se notificó por SMS a 169.000 familias que se retiraba la renta de ciudadanía. Dos tercios de quienes la perciben se encuentran en las regiones más pobres del sur de la Península, y tendrán que depender de los servicios sociales de su municipio de residencia, pero faltan recursos. Desde el anuncio de estos recortes, la cólera y la desesperación no han dejado de aumentar y de expresarse en los institutos de asistencia social. Un hombre de 60 años amenazó con prenderse fuego. Y el gobierno prosigue su guerra contra los pobres sin descanso.
Una cruzada contra la igualdad El filósofo alemán Walter Benjamin escribió: «El don de encender la chispa de la esperanza en el pasado sólo pertenece al historiador que está perfectamente convencido de que, frente al enemigo, si éste vence, ni siquiera los muertos estarán a salvo”. Y continuó: «Y este enemigo no ha dejado de ganar». En la Italia de hoy, este enemigo se apoya en el olvido, un olvido impregnado de falsos rumores, habladurías y falsificaciones sobre el pasado, pero también y más profundamente en la muerte del principio de esperanza. El paradigma de la víctima desempeña un papel fundamental en esta narrativa, fomentando lo que Zygmunt Bauman denominó la «producción social de la indiferencia moral»[28]Modernité et Holocauste, París, La Fabrique, 2002, p. 47..
La banalización del discurso difundido por los «nietos de Mussolini» se ve favorecida por su normalización en la escena pública y la «adaptación ideológica a sus pasiones mortificantes»[29]Edwy Plenel, L’appel à la vigilance face à l’extrême droite, París, La Découverte, 2023, p. 11..
Es el caso, por ejemplo, de quienes, como el periodista deLa RepubblicaCorrado Augias, apuestan por la transformación del Fratelli d’Italia en «un partido conservador basado en el modelo europeo, liberal, culturalmente avanzado [sic], manteniendo ciertos valores en la base de la idea de nación»[30]Corrado Augias, «I nuovi conservatori», Repubblica, 27 de octubre de 2022., descartando tanto el programa del partido como las políticas reales aplicadas por el gobierno italiano. Llama la atención que el artículo de Corrado Augias apareciera sólo unos meses después del discurso de Giorgia Meloni en un mitin electoral del partido de Santiago Abascal, cuyos puntos de vista, subrayó repetidamente, eran idénticos a los de Fratelli d’Italia: «Toda nuestra identidad está siendo atacada», afirmó, arremetiendo contra la «ideología ecologista de Greta Thunberg» y el «fundamentalismo climático», así como contra lo que denominó «ideología de género», cuyo objetivo, según ella, es «la desaparición de la mujer y, sobre todo, el fin de la maternidad». “Defender a las mujeres», continuó, «también significa no permanecer en silencio ante la inseguridad y la creciente violencia étnica».
También atacó a la izquierda «farisaica», que, según ella, pretende «destruir la identidad, la centralidad del individuo y los logros de nuestra civilización». Y en un crescendo de violencia, desgranó su credo político: «Sí a la familia natural, no al lobby LGBT; sí a la identidad sexual, no a la ideología de género; sí a la cultura de la vida, no al abismo de la muerte; sí a la universalidad de la Cruz, no a la violencia islamista; sí a la seguridad de las fronteras, no a la inmigración masiva; sí al trabajo de nuestro pueblo, no a las finanzas internacionales; sí a la soberanía de los pueblos, no a los burócratas de Bruselas; sí a nuestra civilización, no a los que quieren destruirla»[31]Para ver su discurso completo en Marbella el 14 de junio de 2022, véase este vídeo..
Giorgia Meloni y sus seguidores están librando una auténtica cruzada por la desigualdad; una guerra contra las y los oprimidos, contra las condiciones de vida y de trabajo de las personas asalariadas (decreto laboral, rechazo del salario mínimo definido por Antonio Tajani, ministro de Asuntos Exteriores y nuevo líder de Forza Italia, como innecesario porque Italia «no es la URSS»), contra el derecho de manifestación (decreto anti-rave), contra el derecho de huelga (requisición de transportes), contra las mujeres (los parlamentarios europeos de la Lega, Fratelli d’Italia y algunos de los de Forza Italia se han negado a ratificar el Convenio de Estambul), contra las personas LGBTIQ (la más reciente, la negativa a transcribir la filiación de un niño nacido en el extranjero de padres del mismo sexo), contra los inmigrantes (incluida la promulgación del «estado de emergencia migratoria», cuyo principal objetivo es transmitir a la opinión pública la idea de que la inmigración es un cataclismo, ajeno a la nación, enemigo de su bienestar y que debe combatirse. Por no hablar de la necesidad de garantizar que los barcos que rescatan a los migrantes tengan que desembarcarlos en puertos lejanos.
Esta cruzada va acompañada de una guerra ideológica que criminaliza a los contrarios a la nación, es decir, a los marxistas, a los movimientos climáticos (definidos como ecoterroristas), a las feministas, a los movimientos LGBTIQ, a las ONG, a las organizaciones antirracistas, antifascistas o, más en general, progresistas. Al hacerlo, también define los contornos de una identidad nacional basada, según su narrativa, en la «evidencia de la existencia de una etnia italiana», por utilizar las palabras del ministro de Agricultura Francesco Lollobrigida.
Para afirmar su hegemonía cultural y política, esta extrema derecha pretende «crear y narrar el imaginario italiano»[32]Leonardo Bianchi, «Il governo Meloni verrebbe mettere a capo della RAI un filoputiniano ossessionato da Soros e dalle teorie del complotto», Valiglia Blu, 6/05/2023.. Se apoya en la RAI, confiada recientemente a Giampaolo Rossi, partidario de la teoría de lagran reemplazo, cuando según un sondeo reciente, cerca del 40% de la población italiana está convencida del «peligro real de sustitución étnica»[33]55º Informe Censis.. Desde finales de julio, el Centro de Cinematografía está bajo el control directo del ejecutivo[34]«Le mani sul cinema, la conquista del Centro», Il Manifesto, 5/08/2023.. También se beneficia de sus propias redes políticas y culturales. Así ocurrió el 6 de abril en el acto organizado por Nazione Futura, titulado «Pensar el imaginario italiano. Asamblea General sobre la Cultura Nacional». Saldar cuentas con el pasado para reconfigurar el futuro. Olvidar el sentido de la historia para anclar a los italianos en una identidad inmóvil y eterna, hecha de santos patronos, fiestas de pueblo y tradiciones culinarias que el ministro Lollobrigida espera que pasen a formar parte del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad[35]Indra Galbo, «Andrea Zanin nominato ambasciatore per la candidatura delle cucina italiana a Patrimonio culturale immateriale dell’Umanità», Gambero Rosso, 2/08/2023.; una identidad que se vería amenazada por las y los extranjeros, es decir, por toda aquella gente a la que se define como ajenos a la comunidad nacional: éste es el núcleo de la amplia revisión cultural en la que el gobierno de Meloni está trabajando con diligencia, labrando un terreno ya arado en gran parte por los treinta años de gobierno de Berlusconi.
Aunque no se puede ignorar la evidente genealogía fascista de este movimiento de derechas, ello no debe ocultar los elementos novedosos que contiene[36]David Broder, Mussolini’s grandchildren, p. 57.. Para ilustrar esta transformación, David Broder, en su reciente libro, menciona la referencia a la llama en las memorias de Giorgia Meloni: «Si … Seguir leyendos subir alto en la noche». No se refiere a Julius Evola ni a Mussolini, sino a una canción de Ed Sheeran de la película El Hobbit, basada en la novela de Tolkien, un autor con el que la lideresa de los Fratelli d’Italia tiene una verdadera obsesión[37]Jason Horowitz, “Hobbits and the Hard Right. How Lord of the Ring inspires Italy’s Giorgia Meloni”, The New York Times, 21/09/2022.. Una especie de herencia rebautizada, mezcla de lo antiguo y lo nuevo, más adaptada a nuestra era posdemocrática, caracterizada por el escaso margen de iniciativa que se deja a una población que se siente cada vez más incapaz de cambiar el curso de las cosas mediante la acción colectiva. Una población aturdida y mitrada por el pensamiento y el vocabulario de la extrema derecha, que contamina la escena pública italiana desde hace más de treinta años. Una población harta de la retórica del miedo utilizada hasta la saciedad por el Partido Demócrata y sus aliados, los mismos que en las últimas décadas han encarnado el «realismo capitalista» al que se refería Mark Fisher, el realismo que presenta el capitalismo neoliberal y sus políticas concretas con sus consiguientes privatizaciones, recortes del gasto público, miseria, desempleo, destrucción de la protección social y deterioro de las condiciones de vida y de trabajo como la única opción posible[38]Mark Fisher, «How to Kill a Zombie: Strategizing the End of Neoliberalism», Opendemocracy.net, 18/07/2013..
Una vez más, Italia parece ser el laboratorio de lo peor. Ni la indignación ni la vergüenza, esa formidable fuerza revolucionaria descrita por Karl Marx, parecen capaces de detenerlo. En ausencia de un horizonte de expectativas, donde el campo de la experiencia (la memoria de las luchas de las y los oprimidos) parece haberse reducido a cenizas, los fantasmas del pasado se proyectan sobre el futuro[39]Simon Levis Sullam, Milán, Feltrinelli, 2021..
Andrea Palladino, Meloni segreta. Origini, ascesa e trionfo di una lady di ferro vestita di nero, Florencia, Ponte alle Grazie, 2023; David Broder, Mussolini’s Grandchildren.Fascism in Contemporary Italy, Londres, Pluto Press, 2023; Salvatore Vassallo, Rinaldo Vignati Fratelli di Giorgia.Il partito della destra nazional-conservatrice, Bolonia, Il Mulino, 2023.
«Pensare l’immaginario italiano. Stati generali della cultura nazionale», Nazione Futura, 6/04/2023; sobre el museo, véase Enrico Mirani, «Dalla caduta del regime alla fine di Mussolini: il MuSa di Salò racconta la Repubblica sociale», Giornale di Brescia, 1/07/2023.
Giovanni de Luna, «Tra i carnefici delle Fosse Ardeatine anche Italiani. Il passato non si può cancellare», La Stampa, 25/03/2023. Sobre los Fosse Ardeatine, véase Alessandro Portelli,L’ordine è già stato eseguito.Roma, le Fosse Ardeatine, la memoria, Roma, Donzelli, 1999 (traducción al inglés, The Order has been carried out. Historia, memoria y significado de una masacre nazi en Roma, Londres, Palgrave 2007).
Leonardo Bianchi, «Il governo Meloni verrebbe mettere a capo della RAI un filoputiniano ossessionato da Soros e dalle teorie del complotto», Valiglia Blu, 6/05/2023.
Indra Galbo, «Andrea Zanin nominato ambasciatore per la candidatura delle cucina italiana a Patrimonio culturale immateriale dell’Umanità», Gambero Rosso, 2/08/2023.
David Broder, Mussolini’s grandchildren, p. 57.. Para ilustrar esta transformación, David Broder, en su reciente libro, menciona la referencia a la llama en las memorias de Giorgia Meloni: «Si esto ha de acabar en fuego / Entonces deberíamos arder todos juntos / Ver las llama