Autor: AndreuColl4

  • Dos organizaciones de la izquierda socialista mexicana se fusionan

    Dos organizaciones de la izquierda socialista mexicana se fusionan

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    José Luis Hernández Ayala

    Militante de la Coordinadora Socialista Revolucionaria

     

    Actualidad Internacional: Luchas y Movimientos

    07/01/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    l próximo sábado 28 de enero del 2023 surgirá una nueva organización política de la izquierda socialista mexicana, como producto de la unificación de la militancia de la Organización Nacional del Poder Popular (ONPP) y de la Coordinadora Socialista Revolucionaria (CSR). Su nuevo nombre se definirá en el congreso mismo.

    La historia de la izquierda socialista mexicana, en las últimas tres décadas, ha sido más de divisiones o de ilusionantes unificaciones que casi siempre terminan en nuevas divisiones que desalientan a la militancia y contribuyen a profundizar su atomización. Si por alguna extraña circunstancia en estos momentos nos reuniéramos los militantes o los cuadros de todas las organizaciones de la izquierda socialista y comunista mexicana, difícilmente llenaríamos una sala de 1,500 personas en un país de más de 120 millones de habitantes.

    El común denominador que explica el fracaso de dichos procesos de unificación ha sido la falta de consistencia política e ideológica estratégica socialista de las organizaciones, como producto de la incomprensión de la situación política nacional e internacional; la ausencia de acuerdos políticos estratégicos para la acción; de ser inspirados por cúpulas, en pláticas de café, sin la participación de las bases de sus organizaciones y del pueblo; la ausencia de un marco democrático leninista de funcionamiento, el derecho de tendencias y la disciplina a los acuerdos mayoritarios; por el sempiterno caudillismo de sus direcciones y la intolerancia e incapacidad para tratar las diferencias tácticas y secundarias al seno de las organizaciones y, además y conviene subrayarlo, por el enorme peso del oportunismo electoral que ha prevalecido en las últimas décadas al seno de la izquierda mexicana.

    Nuestro caso pretende ser diferente. Buscamos partir de sólidos acuerdos en la caracterización de la situación política nacional y de una práctica común al seno de los movimientos sociales en donde participamos. Aunque no desdeñamos la participación electoral, tampoco la hemos hecho el centro de nuestra actividad. Hemos buscado hacer discusiones a nivel de base y no solo entre nuestras representaciones. Coincidimos en la creación de una organización marxista revolucionaria de carácter democrático, internacionalista, antineoliberal, ecosocialista y feminista y que sobre todo para que construya poder popular en los diferentes sectores sociales que forman parte del pueblo mexicano.

    Nuestras grandes coincidencias políticas estratégicas no excluyen diferencias tácticas, pero buscaremos resolverlas en un marco respetuoso, democrático y entendiendo que la construcción de un partido revolucionario, de perfil leninista, requiere de una enorme riqueza de debates para encontrar las mejores respuestas a la gran diversidad de problemas que siempre nos planteará la lucha de clases.

    El proceso de acercamiento entre la ONPP y la CSR se inició al seno de la Organización Política del Pueblo y los Trabajadores (OPT), donde ambas agrupaciones tuvimos una serie de coincidencias desde el año 2012, y más adelante continuó con la conformación de un frente de organizaciones de la izquierda socialista -a partir de la derrota del bloque neoliberal en el poder y el contundente triunfo de Andrés Manuel López Obrador en julio de 2018-, denominado Movimiento de Unidad Socialista (MUS), así como en la lucha por la renacionalización de la industria eléctrica, la auditoría del pago de la deuda pública y la lucha por la organización independiente y democrática de los trabajadores del campo y la ciudad. Tenemos en común caracterizar al gobierno de Andrés Manuel López Obrador como un gobierno capitalista, de corte bonapartista progresivo, que, si bien no rompe con el neoliberalismo, tampoco es igual a los partidos de la derecha neoliberal y asume políticas nacionalistas y heterodoxas en materia social y económica y mantiene una autonomía relativa con respecto a la oligarquía.

    Tellez Contreras Luis Emilio, [12/01/2023 21:33] En consecuencia, hemos apoyado reformas progresivas como los programas sociales o la recuperación de la soberanía energética, pero somos críticos a su política de continuar pagando la deuda pública ilegítima o la inconsecuencia en resolver diversas demandas y conflictos de la clase trabajadora.

    Consideramos que la construcción del MUS hace 3 años, en diciembre de 2019, ha sido un gran acierto en el camino de agrupar a la izquierda socialista mexicana, por lo que nuestra nueva organización no sólo mantendrá su pertenencia dentro del MUS y en los demás espacios frentistas que hemos creado, sino que continuaremos empeñados en profundizar y alcanzar la más amplia unidad de la izquierda socialista mexicana, con el objetivo de conformar una organización política de masas amplia y poderosa capaz de incidir en el rumbo del país, tanto para liquidar el neoliberalismo como para establecer un nuevo régimen democrático y proletario que siente las bases para construir el socialismo.

    Aunque nuestro origen ideológico proviene de fuentes diversas del marxismo, ello no implica impedimento alguno para la fusión. Lo más importante es nuestra coincidencia en el qué hacer ahora y dentro de una perspectiva estratégica. Además, no es una noticia nueva este tipo de fusiones. En Portugal fue exitosa la conformación del Bloque de Izquierda (Bloco de Esquerda) resultado de la fusión de dos organizaciones de diversas tendencias, lo mismo sucede con la conformación del Partido del Socialismo y La Libertad (PSOL) en Brasil. En Filipinas una escisión del Partido Comunista, no troskista, se integró a la IV Internacional. Existen más ejemplos. Por lo que, considero que una de las tareas de la nueva organización será el impulso de un movimiento internacionalista de la izquierda socialista revolucionaria de todo el mundo y en particular de América Latina.

    La unificación de la ONPP y la CSR implicará diversos cambios organizativos en el trabajo, militante y social que realizamos. A la nueva organización se integrará un poco más de medio centenar de integrantes de la CSR, y la ONPP aportará más de un centenar. La ONPP continuará existiendo como un frente de organizaciones sociales en la cual participaremos, pero la nueva organización política estará integrada por la militancia conjunta de ambas organizaciones.

    Nuestra nueva organización se mantendrá fiel a los principios del marxismo. En ausencia de una alternativa ecosocialista, basada en la autoorganización de los de abajo, la máquina infernal del gran capital seguirá girando fuera de control en todo el planeta. Como internacionalistas y anticolonialistas, nuestras esperanzas se nutren de las movilizaciones feministas y contra la dictadura en Irán, de las huelgas salariales en Inglaterra, de las manifestaciones por la democracia en China, de las luchas sindicalistas y contra el racismo en Estados Unidos y la lucha en contra de la nueva dictadura en Perú.

    Con la IV Internacional se mantendrá la pertenencia y la colaboración estrecha. Participaremos en sus reuniones, debates y actividades, pero no será obligatoria la afiliación individual y buscaremos avanzar en la construcción de una internacional que agrupe a las fuerzas marxistas revolucionarias de todo el mundo.

    En el 2023 iniciaremos la edificación de una nueva organización política con la esperanza de reagruparnos en un partido único con todos aquellos que estén comprometidos con una perspectiva socialista, no somos una izquierda gestora del sistema. Buscamos ser una organización convencida de que no podemos acabar con la explotación, la opresión y la destrucción de los ecosistemas sin superar el capitalismo neoliberal y rapaz y sin una transformación revolucionaria de la sociedad Buscamos crear una organización en diálogo y debate, sin sectarismos, con otras corrientes del movimiento social. Estamos abiertos a la integración de nuevas organizaciones y la afiliación individual. Queremos que nuestra unificación sea un punto de partida y no un fin en sí mismo. Por esto, este proyecto es más pertinente que nunca.

    Hoy buscamos renovar el hilo de la construcción de un partido útil para los explotados y los oprimidos.

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  • El PSOL llama a reforzar la movilización popular ante la intentona golpista del bolsonarismo en Brasil

    El PSOL llama a reforzar la movilización popular ante la intentona golpista del bolsonarismo en Brasil

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    Redacción

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    Actualidad Internacional: Luchas y Movimientos

    08/01/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    ace unas horas, miles de bolsonaristas han tomado el Congreso de Brasil, el Palacio Presidencial y la Corte Suprema bajo la pasividad de los cuerpos policiales.

    Los manifestantes seguidores de Bolsonaro reclaman así un golpe militar y la detención del recién elegido presidente Lula Da Silva.

    Desde la organización anticapitalista brasileña «Partido Socialismo y Libertad (PSOL)», llaman en estos momentos a reforzar la movilización popular en contra del bolsonarismo y declaran que «estaremos dispuestos a defender la voluntad soberana de las urnas a partir de nuestra acción en ellos movimientos sociales».

    Reproducimos, a continuación, la nota publicada por el PSOL.

    ALTO A LA OFENSIVA GOLPISTA

    La invasión del Congreso Nacional, del Supremo Tribunal Federal y del Palacio de la Alvorada representa un intento de golpe de Estado. El bolsonarismo sigue actuando con impunidad y este domingo ha promovido un tipo de “invasión del Capitolio” al estilo brasileño. Es evidente la indulgencia de las fuerzas de seguridad del Distrito Federal, comandadas por el exministro de Justicia de Bolsonaro, Anderson Torres. La inacción de la Policía Militar ante la escalada golpista está ampliamente documentada. Ante esto, la bancada del PSOL en la Cámara de Diputados y el Ejecutivo Nacional del PSOL defienden:

    La acción de hoy refuerza la importancia de que no haya amnistía para los bolsonaristas que, dentro y fuera del gobierno de Bolsonaro, han cometido y continúan cometiendo nuevos crímenes contra el pueblo brasileño.

    El PSOL no aceptará esta ofensiva golpista sin reaccionar. Además de defender que las autoridades actúen por el Estado Democrático de Derecho, frente a este golpismo estaremos dispuestos a defender la voluntad soberana de las urnas a partir de nuestra acción en los movimientos sociales, sabiendo que la movilización popular es crucial para frenar a la extrema derecha.

    Ejecutiva Nacional del PSOL PSOL en la Cámara Legislativa del Distrito Federal

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  • La Argentina entre el éxtasis y la agonía

    La Argentina entre el éxtasis y la agonía

    argentina

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    Eduardo Lucita

    Economistas de Izquierda, Argentina

     

    Actualidad Internacional: Latitudes. América Latina

    06/01/2023

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    E

     l legítimo júbilo de millones de ciudadanos por el tan esperado triunfo mundialista, expuso el divorcio de la dirigencia política con la sociedad. La confrontación permanente entre las dos grandes coaliciones que dominan el escenario político y las disputas al interior de las mismas, particularmente en el oficialismo, tienen paralizado al Estado y a las instituciones del régimen demo-liberal. La conocida canción “ La argentinidad al palo” concluye con que nuestro país oscila entre “el éxtasis y la agonía”, estos términos se expresan en un presente sin futuro a la vista  que da una imagen de ciclo político agónico, mientras que el éxtasis se plasmó  en la espontaneidad con que millones de argentinos celebraron la conquista del campeonato  mundial de fútbol. Una alegría como no se recuerda en muchas décadas.

    La oposición no aprobó el proyecto de presupuesto 2022 por lo que el ejecutivo gobernó por DNU;  la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque oficialista por el acuerdo con el FMI fue apenas un esbozo de lo que vendría con la intempestiva renuncia de Martín Guzmán al Ministerio de Economía y el nombramiento de Sergio Massa, como desesperado y último recurso, que dejó expuesta la crisis y la ausencia de ideas al interior del FdT. El atentado a la vice presidenta congeló por un instante a la sociedad y cuando todavía no se habían procesado sus consecuencias la condena a seis años de cárcel y la inhabilitación de por vida a ocupar cargos públicos por la Causa Vialidad escalaron la confrontación. Por si algo faltara se abrió una crisis de poderes con la Corte Suprema de Justicia por la composición del Consejo de la Magistratura, la oposición no da quórum en diputados en señal de protesta por la intervención  de la presidencia del cuerpo definiendo los representantes ante el organismo judicial y se niega a refrendar la continuidad de esa presidenta en la cámara. La CSJ falló a favor de la Ciudad de Buenos Aires para que se le reintegren los fondos que el gobierno nacional había recuperado por decreto del PEN. El gobierno primero llamó a rechazar el fallo, finalmente envió un proyecto de ley para pagar con bonos. La ciudad rechaza el pago con bonos y hoy no se sabe como seguirá este intríngulis (tampoco se sabe de dónde sale el porcentual de 2.95 de los fondos coparticipables establecido en el fallo). El FdT acusa a la justicia de no avanzar en las investigaciones del intento de magnicidio (autores intelectuales) y pide juicio político a la Corte, también a integrantes de JxC por supuesta  participación en el atentado. JxC responde denunciando penalmente al presidente. Se podría extender la lista, que llegó al sumun con el affaire del viaje a Lago Escondido de jueces, funcionarios y dirigentes de la oposición junto con la publicación de los chats intercambiados, de dudosa procedencia, pero que salpican al PRO en la ciudad.

    La resultante es una parálisis del Estado, consecuencia de que la mayoría de los organismos públicos están loteados entre las distintas fuerzas que componen el FdT que se anulan mutuamente, también por la confrontación permanente entre el presidente y la vice, mientras que la oposición no da quórum y diputados no puede sesionar. Todo es visto como un bochorno colectivo que devalúa a la política y a los políticos. Es un bochorno pero que esconde una crisis del régimen político que se proyecta más allá de este fin y comienzo de año.

    Mientras tanto…

    En el interín amplios sectores de la sociedad, ajenos a estos desaguisados políticos que en nada le interesan, va lentamente instalándose en la crisis. Es cierto que las resistencias (por los salarios, las condiciones de trabajo, la minería a cielo abierto, la deuda y el FMI, la depredación de la naturaleza…) se multiplican pero por lo general dispersas y descoordinadas no superan sus objetivos inmediatos y no enfrentan de conjunto el ajuste en curso. Así  va predominando el cansancio frente a una crisis que se prolonga en el tiempo; el hartazgo frente al dantesco espectáculo de las internas; el desaliento frente a la ausencia de futuro. La percepción de una dirigencia política alejada de las preocupaciones sociales, fracturada, enclaustrada en disputas de poder interno, que solo se preocupa por su subsistencia, alimenta el concepto de “casta” y la aparición de líderes autoritarios. Algunos focus groups estarían mostrando un cierto distanciamiento de los jóvenes con el peronismo, una porción de estos va a la derecha pero el grueso parece inclinarse más por un rechazo a la política.

    El triunfo del FdT en 2019 alimento grandes expectativas hoy desvanecidas ante la evidencia de que el peronismo, no tiene un programa para salir de esta crisis. Este desencanto tuvo un punto de inflección cuando luego de la forzada renuncia del ministro Guzmán quedó en evidencia que CFK no tenía un plan B, que volteó al ministro con críticas a las negociaciones con el FMI y su decisión de segmentar las tarifas y en  su reemplazo nombró otro ministro que es un representante directo del FMI, que lo primero que hizo fue aumentar las tarifas,  que cuenta con todo el apoyo de la administración Biden. Lo contrario del relato kirchnerista. Tal vez aquí se encuentre una explicación a porque siempre en las intervenciones de CFK hay referencia al pasado, obvio mejor que éste presente, y ninguna propuesta hacia el futuro[1]Tal vez ese desencanto explique en parte la pobre reacción cuando dos veces tocaron a CFK (atentado y condena), no se armó ningún kilombo. (el amague y recule no es solo propiedad del albertismo)..

    Si el macrismo expropió el futuro el FdT no logró reponer la esperanza. Estamos frente a un fin de ciclo y tal vez de época. En los tiempo por venir ¿Cómo se reformulará el peronismo? ¿Qué formatos adquirirán la derecha y la ultraderecha explícita? ¿Una izquierda anticapitalista amplia ocupará los espacios que le brinda la crisis?

    Mientras tanto será necesario una fuerte intervención política del movimiento popular para destrabar esta situación y abrir un futuro diferente de la mediocridad actual.

    Así empezamos este 2023.

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    Notas del artículo

    Notas del artículo
    1 Tal vez ese desencanto explique en parte la pobre reacción cuando dos veces tocaron a CFK (atentado y condena), no se armó ningún kilombo. (el amague y recule no es solo propiedad del albertismo).
  • El segundo cuerpo. Extracto del libro de Karen Messing

    El segundo cuerpo. Extracto del libro de Karen Messing

    El segundo cuerpo

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    Karen Messing

    Profesión, cargos etc…

    Traducción: Marc Casanovas
    Fuente: 
    Contretemps

    Teoría: Feminismo

    16/12/2022

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    En su libro Le deuxième corps. Femmes au travail, de la honte à la solidarité (publicado por Écosociétés, 2021, traducido del inglés al francés por Geneviève Boulanger), Karen Messing repasa varias décadas de investigación y debate sobre la salud de la mujer en el trabajo remunerado. Basándose en sus investigaciones con trabajadoras de sectores muy diversos (jardinería, técnicos de telecomunicaciones, cuidadoras, etc.), pone de relieve la insuficiencia de las condiciones de trabajo y de las medidas de prevención de riesgos laborales.

    No se trata sólo de cuestionar el modelo implícito del trabajador, concebido siempre como un hombre grande y fuerte, sino también de tener en cuenta las relaciones de poder en el entorno profesional, en particular la dominación de los hombres (jefes, pero también compañeros) sobre las mujeres.

    ***

    En mi opinión, las feministas que hacen hincapié en la «igualdad» tienen razón al argumentar que las mujeres y los hombres no son criaturas de dos especies diferentes, y que sus características cognitivas, físicas y emocionales forman una amplia gama de rasgos en la que los límites entre los sexos son tan borrosos como variables.

    También estoy de acuerdo con otras científicas feministas como Anne Fausto-Sterling y Jeanne Mager Stellman en que las diferencias biológicas no sólo están determinadas por el código genético, sino también por los condicionamientos, las experiencias y las desigualdades de género en la dieta, el ejercicio, las normas estéticas, el uso del tiempo y muchos otros factores. Respeto las conclusiones de Ruth Hubbard y Anne Fausto-Sterling de que muchas personas con cariotipos XX o XY no pueden definirse biológicamente de forma clara como pertenecientes exclusivamente a uno u otro sexo.

    Por lo tanto, me parece legítimo defender que el sexo genético o incluso la identidad de género no deberían determinar la distribución de tareas y puestos de trabajo en el mercado laboral. Sin embargo, al igual que las feministas que insisten en la «diferencia», creo que ciertos rasgos fisiológicos de género contribuyen a distinguir a la mayoría de las personas que se identifican como «mujeres» de la mayoría de las personas que se identifican como «hombres», y que estas diferencias pueden desempeñar un papel en la protección de la salud laboral.

    Sin embargo, como ya he mencionado, la teoría no es lo mío; prefiero dejar el debate a las feministas que se sienten más cómodas con estas cuestiones. En cualquier caso, nuestra conclusión será probablemente la misma: las mujeres técnicas de comunicación, amas de casa y cuidadoras necesitan que las cosas cambien, y rápido. Pero, ¿cómo podemos ayudarles? Para que el lugar de trabajo sea más seguro y justo tanto para las mujeres como para los hombres, hay tres vías de cambio: recopilación de información, mejor gestión del personal y, sobre todo, fortalecimiento de los lazos de solidaridad entre las trabajadoras (y con quienes abogan por sus derechos).

    Recopilación de información: para que las reivindicaciones políticas se traduzcan en soluciones que respondan realmente a los intereses de las trabajadoras manuales con bajos ingresos, primero hay que plantearse algunas preguntas concretas. ¿Las tareas que tienen que hacer están adaptadas al cuerpo femenino? ¿Cómo facilitar su realización? ¿Cuáles son las particularidades del cuerpo femenino y en qué medida se tienen en cuenta en el lugar de trabajo? ¿Podría mejorarse la situación de las trabajadoras replanteando el diseño de sus lugares de trabajo? Si existe un riesgo para la salud, ¿cuáles son los mecanismos implicados? (Por ejemplo, si la salud de las trabajadoras se ve amenazada por la exposición a disolventes debido a la interacción hormonal, o si los rostros de las trabajadoras, que suelen ser más pequeños, quedan directamente a la altura de los botes de pintura abiertos).

    En resumen, se necesita una base sólida de conocimientos científicos y técnicos para progresar. Pero antes de seguir adelante, conviene hacer una aclaración: hoy en día, los ergónomos y diseñadores de puestos de trabajo suelen darse por satisfechos si los parámetros físicos del puesto permiten al 95% de la plantilla realizar las tareas asignadas. En mis investigaciones, oigo hablar a menudo de este 95% de trabajadores «felices». En la práctica, sin embargo, es posible que un trabajo pueda ser realizado por el 95% de la plantilla, pero sólo una minoría (normalmente hombres) de esta gran mayoría se sienta cómoda en su entorno laboral. Por eso es importante promover el acceso a una mayor variedad de herramientas y equipos y a mobiliario ajustable.

    Gestión del personal: Aunque las diferencias de género mencionadas anteriormente pueden considerarse debilidades o desventajas, también se pueden obtener muchos beneficios de esta diversidad. Una gestión inteligente de los recursos humanos debe aspirar a crear equipos regulares con competencias complementarias que trabajen en un entorno de colaboración. Los bomberos masculinos me dijeron una vez que no querían mujeres en sus equipos porque querían compañeros fuertes que los sacaran del peligro si les afectaba el humo. Sin embargo, estos trabajadores fueron los primeros en admitir que este tipo de situación rara vez se producía.

    De hecho, para ser eficaz, un equipo de bomberos debe contar con personas grandes y fuertes, otras más pequeñas y rápidas, y otras con buenas dotes analíticas. Lo que hemos descubierto, por desgracia, es que cuando las mujeres entran en lugares de trabajo dominados por hombres, se les anima a comportarse lo más parecido posible a sus colegas masculinos. A este respecto, los sindicatos pueden hacer bien en animar a los empresarios a promover la diversidad para aprovechar las competencias particulares de todos.

    Reforzar la solidaridad: para millones de trabajadoras con bajos ingresos que han sufrido opresión, accidentes y lesiones en el trabajo, que los hombres y las mujeres sean iguales o diferentes puede no haber supuesto una gran diferencia. Diferentes o no, ya no queremos avergonzarnos de nuestros cuerpos en el trabajo. Estamos hartas de oír los mismos chistes de siempre sobre nuestros pechos, nuestra menstruación o nuestra menopausia. Queremos que nuestros cuerpos dejen de ser vistos como «diferentes» o «atípicos». Hay una gran variedad de cuerpos humanos perfectamente normales, incluido el nuestro. En el trabajo, queremos que el cuerpo de las mujeres y sus necesidades se tengan en cuenta de la misma manera que se tienen en cuenta las necesidades de los hombres (aunque a su vez en este aspecto también suele haber mucho margen de mejora).

    Hoy, las trabajadoras deben unir sus fuerzas para exigir los cambios necesarios. Cuando dejemos de avergonzarnos de ser mujeres, podremos empezar a defender nuestros intereses, con el apoyo de los sindicatos, que pueden garantizar la protección de un mayor número de trabajadoras. Más allá de las consideraciones teóricas, a las trabajadoras con bajos ingresos les interesa exigir medidas concretas que tengan en cuenta sus diferencias biológicas (pero sin reforzar los estereotipos) y que promuevan tanto la igualdad como la salud de las mujeres. Tienen derecho a exigir un entorno de trabajo adaptado al «segundo cuerpo» y propicio al trabajo en equipo.

    Los cambios necesarios pueden adoptar muchas formas. Puede significar replantearse el entorno de trabajo en términos de una amplia gama de cuerpos humanos, incluidos los de mujeres y hombres de diferentes edades u orígenes étnicos. Puede significar prestar especial atención a las condiciones que fomentan la colaboración entre los miembros del personal. O prestar atención a la diversidad humana y a las formas en que puede acomodarse y utilizarse. Pero a veces la intervención necesaria va más allá de un entorno laboral concreto y se adentra en la esfera política.

    La búsqueda de un equilibrio entre la igualdad y la salud de la mujer en el trabajo no es algo nuevo. En el pasado, por ejemplo, las mujeres han tenido que tomar decisiones difíciles en relación con el trabajo nocturno[1]Oficina Internacional del Trabajo, «The Prohibition of Women’s Night Work in Industry: Current Thinking and Practice», en General Survey of the Reports Concerning the Night Work (Women) … Seguir leyendo

    . Debido a la supuesta menor resistencia de las mujeres y a los roles sociales tradicionales en los que llevan la peor parte del cuidado de los niños, muchos países han prohibido que las mujeres trabajen de noche en las fábricas. Algunos sindicatos también han pedido una legislación que exima a las mujeres de los turnos de noche.

    Las pruebas científicas sugieren que el trabajo nocturno es perjudicial para la salud de la mayoría de las personas, ya que interfiere con los biorritmos y aumenta el riesgo de obesidad[2]Sun, W. Feng, F. Wang et al, «Meta-Analysis on Shift Work and Risks of Specific Obesity Types», Obesity Reviews, vol. II. 19, nº 1, 2018, pp. 20-48. y de diversas enfermedades[3]Jeanette Therming Jørgensen, Sashia Karlsen, Leslie Stayner et al, «Shift Work and Overall and Cause-Specific Mortality in the Danish Nurse Cohort», Scandinavian Journal of Work, Environment & … Seguir leyendo. A las madres que trabajan de noche les puede resultar especialmente difícil recuperarse durante el día, por lo que acumulan déficits de sueño perjudiciales. Por tanto, como feminista, parece que podemos acoger con satisfacción una legislación que reduzca los efectos perjudiciales del trabajo nocturno en la salud de las mujeres.

    Pero no tan rápido, porque este tipo de legislación también impide que las mujeres consigan buenos empleos o trabajen en equipos mejor remunerados. Y la ley es arbitraria: en el sistema sanitario y otros sectores percibidos como típicamente femeninos, no existen medidas para «proteger» a las mujeres de los perjuicios del trabajo nocturno. Y las leyes dirigidas específicamente a las mujeres pueden reforzar los estereotipos de género, permitiendo a las mujeres (pero no a los hombres) estar más disponibles para sus familias, al tiempo que reducen su acceso a la igualdad económica. Entonces, para respetar nuestros valores feministas, ¿debemos oponernos a ellos?

    Otro ejemplo son las normas de salud y seguridad en el trabajo. Las autoridades suelen consultar a ergónomos para saber cuánto peso pueden levantar las mujeres en comparación con los hombres. De hecho, manejar una carga equivalente tiene un mayor impacto físico en la mayoría de las mujeres. Por ello, muchas feministas reclaman normas y criterios de empleo diferenciados por género[4]Cox y Messing, «Legal and Biological Perspectives on Selection Tests», op. cit.. Pero, ¿es realmente mejor dividir así el mercado laboral en dos? ¿No cerrará este enfoque algunas puertas a las mujeres? ¿Y cómo reaccionarán los hombres más pequeños y menos robustos o las mujeres más grandes y fuertes? ¿Querrán todas estas personas cambiar de categoría? ¿Y dónde deben clasificarse las personas que se definen como no binarias?

    Las normas laborales basadas en el género plantean los mismos problemas que algunas competiciones deportivas en las que las mujeres «excesivamente» dotadas atléticamente, a menudo negras, tienen que someterse a pruebas de «feminidad»[5]Roger Pielke Jr. y Madeleine Pape, «Science, Sport, Sex, and the Case of Caster Semenya» (Ciencia, deporte, sexo y el caso de Caster Semenya), Issues in Science and Technology (Cuestiones de … Seguir leyendo. El debate sobre el nivel «aceptable» de testosterona en los deportistas masculinos y femeninos es complejo y sigue evolucionando a medida que conocemos mejor los entresijos de la producción hormonal humana[6]Kaye N. Ballantyne, Manfred Kayser y J. Anton Grootegoed, «Sex and Gender Issues in Competitive Sports: Investigation of a Historical Case Leads to a New Viewpoint», British Journal of Sports … Seguir leyendo. Si se establecen normas diferenciales en algunos lugares de trabajo, ¿demandarán algunas mujeres por el derecho a someterse a las normas masculinas y ganar así un salario más alto? ¿Preferirán algunos hombres guiarse por normas femeninas para evitar el dolor de espalda?

    En cualquier caso, el estado actual de los conocimientos es claramente insuficiente para establecer normas específicas por sexo o género. Y hay muchos otros determinantes además de los cromosomas XX o XY que provocan diferencias fisiológicas que afectan al trabajo. Muchos factores socioeconómicos también desempeñan un papel importante en el desarrollo del cuerpo humano[7]Anne Fausto-Sterling, «Bare Bones of Sex: Part 1 – Sex and Gender», Signs, vol. II. 30, n.º 2, 2005, pp. 1491-1527; Hana Brzobohatá, Vaclav Krajíček, Zdenek Horák y Jana Velemínská, … Seguir leyendo, y algunos genes «neutros» también afectan a los atributos físicos de una persona.

    ¿Sería conveniente revisar también las normas aplicadas a los y las trabajadoras inmigrantes de origen asiático oriental, que suelen ser más bajas y delgadas que las norteamericanas o las europeas? ¿Deberíamos llegar al extremo de realizar pruebas de ADN a los empleados para determinar el umbral aceptable de exposición a sustancias tóxicas en función de su origen étnico documentado[8]Mi formación como genetista me permite argumentar que es absurdo intentar definir la etnia de una persona como una combinación de tal o cual porcentaje de tronco europeo, asiático, etc., mediante … Seguir leyendo? ¿O sería mejor optar por normas laborales más generales y volver a poner en manos de los empresarios la responsabilidad de ofrecer igualdad de acceso al empleo y un entorno laboral adecuado para todos? ¿Cómo reaccionarían los directivos de las empresas?

    ¿Cómo conseguir que los empresarios creen entornos de trabajo seguros y saludables? La respuesta no es sólo una cuestión de ciencia, sino de justicia organizativa y acción política. Como he dicho antes, lo primero y más importante es que las mujeres dejemos de avergonzarnos de nuestro cuerpo. En segundo lugar, trabajar para valorar la diversidad y el trabajo en equipo, y exigir herramientas y equipos adecuados a las necesidades de todo el personal, mujeres y hombres. A continuación, fomentar la solidaridad y el apoyo mutuo siempre que sea posible. Por último, debemos centrarnos en los cambios necesarios en el mercado laboral, un proyecto que es tanto político como científico.

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    Notas del artículo

    Notas del artículo
    1 Oficina Internacional del Trabajo, «The Prohibition of Women’s Night Work in Industry: Current Thinking and Practice», en General Survey of the Reports Concerning the Night Work (Women) Convention, 1919 (No. 4), the Night Work (Women) Convention (Revised), 1934 (No. 41), the Night Work (Women) Convention (Revised), 1948 (No. 89), and the Protocol of 1990 to the Night Work (Women) Convention (Revised), 1948, Ginebra, Oficina Internacional del Trabajo, 2009.
    2 Sun, W. Feng, F. Wang et al, «Meta-Analysis on Shift Work and Risks of Specific Obesity Types», Obesity Reviews, vol. II. 19, nº 1, 2018, pp. 20-48.
    3 Jeanette Therming Jørgensen, Sashia Karlsen, Leslie Stayner et al, «Shift Work and Overall and Cause-Specific Mortality in the Danish Nurse Cohort», Scandinavian Journal of Work, Environment & Health, vol. II, p. 1. 43, no. 2, 2017, pp. 117-126.
    4 Cox y Messing, «Legal and Biological Perspectives on Selection Tests», op. cit.
    5 Roger Pielke Jr. y Madeleine Pape, «Science, Sport, Sex, and the Case of Caster Semenya» (Ciencia, deporte, sexo y el caso de Caster Semenya), Issues in Science and Technology (Cuestiones de ciencia y tecnología), vol. I, p. 1. 36, nº 1, otoño de 2019, pp. 56-63.
    6 Kaye N. Ballantyne, Manfred Kayser y J. Anton Grootegoed, «Sex and Gender Issues in Competitive Sports: Investigation of a Historical Case Leads to a New Viewpoint», British Journal of Sports Medicine, vol. II. 46, no. 8, 2012, pp. 614-617.
    7 Anne Fausto-Sterling, «Bare Bones of Sex: Part 1 – Sex and Gender», Signs, vol. II. 30, n.º 2, 2005, pp. 1491-1527; Hana Brzobohatá, Vaclav Krajíček, Zdenek Horák y Jana Velemínská, «Sexual Dimorphism of the Human Tibia through Time: Insights into Shape Variation Using a Surface-Based Approach», PLoS One, vol. II, p. 1. 11, n.º 11, 2016, p. e0166461, <doi: 10.1371/ journal.pone.0166461>.
    8 Mi formación como genetista me permite argumentar que es absurdo intentar definir la etnia de una persona como una combinación de tal o cual porcentaje de tronco europeo, asiático, etc., mediante análisis de ADN, dado que todos los continentes están ocupados por emigrantes de diversos orígenes y que los espacios geográficos sólo pueden caracterizarse por la frecuencia de determinadas formas de genes (alelos) y no por su presencia o ausencia absolutas. Por definición, no se puede reconocer la frecuencia de un alelo concreto en un individuo, ya que sólo hay uno o dos alelos para cada gen.
  • Los conservadores colapsan en medio de una creciente ola de huelgas ¿Cómo un movimiento obrero que resurge está remodelando el panorama político del Reino Unido?

    Los conservadores colapsan en medio de una creciente ola de huelgas ¿Cómo un movimiento obrero que resurge está remodelando el panorama político del Reino Unido?

    UK enough is enough

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    Raymond Morell

    Representante en el sector aeroespacial del sindicato con sede en el Reino Unido, Unite

    Traducción: Carlos Rojas

    Actualidad Internacional: Opinion

    01/11/2022

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    E

    l gobierno conservador colapsó el 20 de octubre de 2022 después de hundir la libra, lo que provocó un aumento en el endeudamiento del gobierno. Su presupuesto, que se implementará el 17 de noviembre, golpeará a las familias endeudadas que ya luchan con los niveles de inflación más altos en cuarenta años. La crisis tiene lugar en un contexto de creciente descontento que está encontrando su expresión en una creciente ola de huelgas. Este artículo analiza la creciente ola de huelgas, sus causas y algunos de los desafíos que enfrentan los trabajadores en huelga y la izquierda.

     

    Las huelgas nacionales en los ferrocarriles de British Telecom (BT) y de los trabajadores postales en Royal Mail han transformado la atmósfera dentro del movimiento sindical y de la clase obrera en general. El salario no es el único problema, ya que se producen importantes ataques a los empleos y las condiciones de trabajo en los ferrocarriles, en Royal Mail y en BT.

    Las huelgas ferroviarias involucran al Sindicato Ferroviario Marítimo y de Transporte (RMT), la Sociedad Asociada de Ingenieros de Locomotoras y Bomberos (ASLEF) y la Asociación de Personal Asalariado del Transporte (TSSA), con ingenieros de Unite también en huelga en Great Western Rail. La disputa es parte de un ataque mucho más generalizado que afecta a casi todos los grados de trabajadores ferroviarios. Los planes del empleador incluyen pérdidas masivas de empleos junto con cambios radicales en los términos y condiciones y ataques a las pensiones. Al igual que con BT, las huelgas del Sindicato de Trabajadores de las Comunicaciones (CWU) en Royal Mail son por salarios, pero también se producen en un contexto de ataques más amplios contra los empleos y las condiciones de trabajo. Tras la pausa unilateral en la acción convocada por el RMT y la CWU después de la muerte de la reina, Royal Mail elevó las apuestas al retirarse de una serie de acuerdos preexistentes con la CWU. En respuesta, la CWU ha planeado una escalada en los días de huelga durante octubre y noviembre.

     

    El aumento de las huelgas en un solo lugar contra empleadores individuales en el sector privado es anterior a las huelgas nacionales. La mayoría de estas disputas han sido lideradas por Unite. Su nueva líder, Sharon Graham, afirma que en su primer año como secretaria general, los miembros de Unite participaron en más de cuatrocientas cincuenta disputas que involucraron a setenta y seis mil miembros. Durante ese año en el cargo, Unite ha realizado ciento veintidós votaciones de huelga. El sindicato reclama una tasa de ganancias del 80 por ciento con £ 150 millones adicionales para los miembros de Unite. En el clima actual, muchos de estos conflictos no conducen a huelgas, ya que la amenaza de acción a menudo resulta en concesiones de los empleadores.

     

    Algunas de las disputas sectoriales más importantes han sido en los departamentos de recolección de basura de las autoridades locales, donde la victoria en un distrito conduce a la acción en el siguiente. En los autobuses, vemos un patrón similar después de una serie de victorias sobre el salario con una posible huelga de dos mil conductores de autobuses de Londres evitada después de un acuerdo salarial del 11 por ciento. También hemos visto huelgas por parte de los estibadores. Dos huelgas de ocho días de mil novecientos miembros de Unite por el pago en Felixstowe, el puerto a través del cual casi la mitad de todos los contenedores ingresan a Gran Bretaña, amenazaron alrededor de £ 680 millones en comercio. La huelga de los miembros de Unite en el puerto de Liverpool, el cuarto puerto más grande de Gran Bretaña, comenzó el día del funeral de la reina. A diferencia de algunos de los otros sindicatos, Unite dejó que los representantes decidieran si querían posponer su acción durante el período de «duelo nacional». Afortunadamente, los portuarios de Liverpool ignoraron las demandas de «luto nacional» y cumplieron con su propio calendario. Los estibadores en Southampton se negaron a manejar los barcos desviados de Liverpool en una escalada significativa de la disputa; tal acción no es oficial y potencialmente ilegal. También es una magnífica demostración de solidaridad de los estibadores de base. La huelga en Liverpool se ha intensificado con los estibadores comenzando dos semanas más de acción el 24 de octubre.

    Aunque a menor escala, junto a la acción oficial ha habido un importante brote de acción no oficial o salvaje. En mayo, los trabajadores de múltiples plataformas de petróleo y gas en el Mar del Norte se negaban a trabajar por las demandas de un aumento salarial de £ 7 por hora. La respuesta de los sindicatos RMT, Unite y GMB fue distanciarse de la acción no oficial ya que era «ilegal». En una fábrica de alimentos cerca de Bury, alrededor de cien trabajadores abandonaron, a pesar de no estar en un sindicato, por el salario, así como por una serie de problemas relacionados con el trato que reciben los gerentes. En agosto, se llevaron a cabo acciones no oficiales en la refinería de petróleo de Grangemouth en Escocia, cuando cientos de trabajadores con contratos de mantenimiento y reparación se retiraron por el salario, con alrededor de doscientos cincuenta trabajadores bloqueando temporalmente el acceso de los petroleros al sitio. Esta acción fue parte de una disputa no oficial más amplia que cubrió once sitios. A finales de octubre, en la refinería de Essar Stanlow, la acción no oficial que involucró a mil quinientos trabajadores de la construcción llevó a un aumento del 12,3%, se reembolsó toda la pérdida de ingresos de la acción no oficial y una suma global de £ 1500 para resolver una disputa sobre el «tiempo de caminata», el tiempo que se tarda en caminar dentro del sitio para llegar al trabajo. Esta victoria fue un ejemplo fantástico de cómo los trabajadores de base tomaron medidas inmediatas sin referencia a la ley o a la dirección sindical y ganaron de manera concluyente con una acción decidida. También se han tomado medidas inspiradoras en varios almacenes gigantes de Amazon en agosto, después de que a los trabajadores del enorme «centro de almacenamiento» de Amazon en Tilbury, Essex, se les dijera que estaban recibiendo un «aumento» salarial de 35 peniques por hora. A medida que los videos de la acción se difundieron en las redes sociales, provocó la acción de cientos de trabajadores de Amazon en sus almacenes en Coventry, Rugeley, Bristol, Leicestershire y Swindon. Tanto Unite como GMB se han estado organizando en Amazon, pero estas huelgas fueron lideradas en gran parte por trabajadores no organizados. Después de estas acciones, el GMB votó a sus miembros en el centro de cumplimiento de Amazon de Coventry para la huelga, pero no alcanzó el umbral de participación antidemocrático del 50 por ciento impuesto por los conservadores por solo el 1 por ciento.

     

    Los trabajadores del sector público, desde el servicio civil, los trabajadores del gobierno local, el personal escolar, los trabajadores de la salud, los bomberos, los trabajadores de la educación superior y superior, han votado o están en proceso de votar para la acción. La Ley de Sindicatos de 2016, que introdujo el umbral de participación del 50 por ciento para las papeletas de huelga, hace que sea más difícil alcanzar los números para la acción nacional. Sin embargo, la creciente ola de huelgas en el ferrocarril, el correo, las telecomunicaciones y la economía en general ha transformado el estado de ánimo incluso en el sector público, donde los trabajadores se han enfrentado a décadas de recortes en los servicios y los salarios netos.

    En educación, los sindicatos escolares están listos para votar este otoño para las huelgas por el salario y los directores también se preparan para votar. Los miembros de la Unión de Colegios Universitarios (UCU) han tomado medidas en todas las universidades de educación superior a lo largo de octubre y los miembros de la educación superior están siendo votados. Más de setenta mil empleados universitarios han votado abrumadoramente a favor de la huelga en ciento cincuenta universidades, superando generosamente el umbral antisindical del 50 por ciento.

    A pesar de las recientes renuncias, el objetivo de los conservadores bajo el nuevo primer ministro Rishi Sunak será reintroducir otra ronda de austeridad thatcheriana para trasladar la carga de la crisis sobre los hombros de los trabajadores.

    Es probable que Gran Bretaña también se enfrente a un otoño de huelgas en los servicios de emergencia. El Sindicato de Bomberos (FBU) anunció que 32.500 de sus miembros en todo el Reino Unido votarían sobre la huelga contra una oferta del 2 por ciento. Más de cien mil miembros de Unite que trabajan para el NHS en Inglaterra y Gales están siendo votados. Unison votará a 406,000 de sus miembros que trabajan para el NHS en Inglaterra, Gales, mientras que la votación ya está en marcha en Escocia. Las boletas incluirán personal de servicios de emergencia, incluidas enfermeras, paramédicos, manejadores de llamadas de emergencia y conductores de ambulancia.

    Mientras tanto, el Royal College of Nursing (RCN), que recientemente cambió su libro de reglas para permitirles la capacidad de hacer huelga, también está votando a favor de huelgas en Escocia, Inglaterra y Gales. El secretario general de RCN dice que las enfermeras votarán a favor de la huelga no solo por un salario, sino en contra de las condiciones de trabajo intolerables. A pesar de la reciente legislación que permite la ruptura de huelgas al estilo P&O por parte de los trabajadores de agencias, durante la exitosa huelga en Irlanda del Norte, las agencias de enfermería se negaron a esquilar. Cullen predice que en Inglaterra, Gales y Escocia, las agencias de enfermería también se negarían a suministrar rompehuelgas esta vez. El Royal College of Midwives también está listo para ser votado sobre el pago, la Chartered Society of Physiotherapists está consultando a los miembros sobre la adopción de medidas, y los médicos jóvenes de la Asociación Médica Británica parecen listos para votar en enero de 2023. Una huelga de esta magnitud por parte de enfermeras, médicos y otros trabajadores de la salud involucraría a 750,000 trabajadores y sería la más grande en el NHS desde la década de 1980. Este desarrollo profundizaría la crisis política sobre el costo de vida, la financiación del NHS y la privatización, creando el potencial para la acción en solidaridad con los trabajadores de la salud.

     

    Gran Bretaña enfrenta una crisis de productividad, así como una crisis de costo de vida. Las tasas de crecimiento anual promedio en Gran Bretaña se han reducido aproximadamente a la mitad desde la década de 1960, de alrededor del 3,5 por ciento anual a menos del 2 por ciento en la actualidad. Desde el reinado de Margaret Thatcher, los conservadores no han resuelto estos problemas profundamente arraigados. Por ejemplo, la producción por hora trabajada de Gran Bretaña se mantuvo en niveles más bajos que Alemania y Francia, sin recuperación desde 1979. La productividad se ha estancado aún más desde la crisis financiera.

    En 2012, cinco diputados conservadores escribieron un libro llamado Britannia Unchained. Afirmó: «Una vez que ingresan al lugar de trabajo, los británicos se encuentran entre los peores ociosos del mundo», y continuó: «Trabajamos entre las horas más bajas, nos jubilamos temprano y nuestra productividad es pobre. Mientras que los niños indios aspiran a ser médicos o hombres de negocios, los británicos están más interesados en el fútbol y la música pop». Dos de esos parlamentarios fueron primer ministro y canciller en el gobierno conservador que recientemente colapsó. Independientemente de lo que piensen los conservadores, la realidad es que los trabajadores en Gran Bretaña trabajan más horas que los de Suecia y Alemania y Francia y no se jubilan antes.

    Pero ¿son perezosos los trabajadores británicos? Un conjunto de grandes encuestas financiadas por el gobierno realizadas desde la década de 1990 muestra que la proporción de personas que dicen que trabajan a «muy alta velocidad» durante al menos tres cuartas partes de la jornada laboral aumentó del 23 por ciento al 45 por ciento entre 1992 y 2017. En 1992, el 71 por ciento de los empleados dijeron que tenían «mucho» control sobre lo duro que trabajaban; Para 2017, esto se había reducido al 46 por ciento. El Ejecutivo de Salud y Seguridad también muestra que el estrés, la depresión y la ansiedad relacionados con el trabajo están en aumento. A medida que aumenta la intensidad del trabajo, también lo hace el látigo del gerente.

    Una mejor explicación para la baja productividad del Reino Unido es la falta de inversión en nuevos equipos y tecnología. La inversión empresarial ha sido débil en el Reino Unido según los estándares internacionales y recibió un nuevo golpe después del Brexit. El resultado es una economía mal equipada para hacer frente tanto a una crisis financiera como a una crisis del costo de la vida.

    La pobreza extrema es la experiencia para los más pobres de Gran Bretaña. Después de una década de austeridad conservadora y recortes a la Renta Universal hace un año, grandes franjas de los «trabajadores pobres» ya están siendo inclinados al límite, ya que ya no pueden llegar a fin de mes. Los salarios se han reducido desde la crisis financiera de 2008. Los salarios reales promedio cayeron casi un 7 por ciento entre 2009 y 2014. La última década ha visto la mayor contracción en tiempos de paz en los niveles de vida desde las guerras napoleónicas, con una reducción de los ingresos familiares del 2 por ciento. A pesar del colapso de la confianza en los conservadores, Gran Bretaña sigue estando entre los treinta países más ricos del mundo. Los niveles de desigualdad en Gran Bretaña hoy superan a todos los países del mundo occidental fuera de los Estados Unidos. La disminución de la cobertura de la negociación colectiva en Gran Bretaña en las últimas décadas es uno de los principales factores responsables del aumento de la desigualdad. En 1979, antes de la elección de Thatcher, Gran Bretaña tenía una cobertura de alrededor del 85 por ciento, lo que la convierte en una de las más altas de Europa con los niveles más estrechos de desigualdad. Desde entonces, la cobertura ha disminuido a alrededor del 25 por ciento. La investigación del Congreso de Sindicatos (TUC) encontró que la desigualdad de la riqueza se ha acelerado desde la crisis financiera y los años de austeridad. Gran Bretaña fue un caso atípico en los países de la OCDE con una disminución en el salario real desde 2007. Por ejemplo, en 2007, el hogar promedio en Gran Bretaña estaba un 8 por ciento peor que sus pares en el noroeste de Europa, pero hoy este déficit es del 20 por ciento.

     

    La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR), una creación conservadora, predice que la crisis del costo de vida resultará en el peor golpe a los niveles de vida desde 1956. Truss, la ex primer ministro, dijo que los altos costos de energía son un precio que vale la pena pagar por la seguridad energética. Sin duda, el aumento de las tasas de interés para los propietarios de viviendas también es «un precio que vale la pena pagar». A pesar de las recientes renuncias, el objetivo de los conservadores bajo el nuevo primer ministro Rishi Sunak será reintroducir otra ronda de austeridad thatcheriana para trasladar la carga de la crisis sobre los hombros de los trabajadores. Están dispuestos a introducir más legislación antisindical, ya que esperan disciplinar aún más al movimiento sindical y socavar el derecho de huelga de los trabajadores. No hay garantías de que esta agenda pueda funcionar como planean una segunda vez.

    Starmer está desesperado por distanciarse de los sindicatos para tratar de parecer responsable y listo para intervenir para gobernar después de las próximas elecciones generales. Esta posición planteará cada vez más preguntas sobre la relación del sindicato con el Partido Laborista.

     

    El desempleo en el Reino Unido cayó a su tasa más baja desde principios de la década de 1970 este verano, incluso cuando la economía se estancó. Esto no se debió a que más personas estuvieran empleadas. En cambio, ha habido un nuevo salto en el número de personas que dijeron que no estaban trabajando porque estaban estudiando o tenían una condición de salud a largo plazo. La enfermedad a largo plazo está siendo impulsada por dos factores clave: Covid prolongado y personas que se dan de baja por enfermedad hasta que puedan acceder a la atención del NHS. La experiencia de los trabajadores durante la pandemia está teniendo un impacto significativo en sus actitudes hacia el trabajo y su empleabilidad, y muchos ya no están preparados para soportar «trabajos de mierda». En los últimos años, más empresas han construido su modelo de negocio empujando a los trabajadores a trabajar «por encima y más allá» de sus descripciones de trabajo. Algunas de las interrupciones ferroviarias en el Reino Unido este verano fueron un buen ejemplo: operadores como Avanti dependieron durante años de personal que trabajaba voluntariamente turnos adicionales en sus días libres; cuando el personal retiró su buena voluntad, el servicio se estancó.

    Todas estas presiones se están uniendo con la crisis del costo de vida que ha creado un sentido de una experiencia común en toda la clase trabajadora, con una amplia simpatía con los grupos de trabajadores en huelga y un sentimiento de que están luchando por todos los trabajadores. Es este estado de ánimo el que Mick Lynch, líder del sindicato de trabajadores ferroviarios RMT, ha aprovechado. Lynch fue invitado a hablar a través de canales de noticias mientras las emisoras buscaban demonizarlo a él y a los trabajadores que tomaban medidas. Sin embargo, ridiculizó a los presentadores de televisión y presentó el caso de las huelgas de los trabajadores ferroviarios como parte de una batalla más amplia en la que todos los trabajadores tienen un interés. Al hacerlo, se ha convertido en un portavoz de millones de personas que experimentan los enormes aumentos en los precios. Mientras tanto, Starmer, el líder del Partido Laborista, ha tratado de distanciar al Partido Laborista de las huelgas. Recientemente despidió a un ministro de transporte en la sombra por asistir a un piquete. Starmer está desesperado por distanciarse de los sindicatos para tratar de parecer responsable y listo para intervenir para gobernar después de las próximas elecciones generales. Esta posición planteará cada vez más preguntas sobre la relación del sindicato con el Partido Laborista.

     

    La ofensiva actual de los empleadores comenzó durante la pandemia con un aumento en el uso de la táctica de «despedir y volver a contratar» que los empleadores están utilizando para despedir a los trabajadores en masa y volver a contratar con salarios, términos y condiciones inferiores. En abril de 2021, los ingenieros de gas británicos que atacaron contra el «fuego y recontrataron» fueron aislados y derrotados. En la primavera de 2022, los trabajadores respondieron al despido sumario ilegal de ochocientos trabajadores empleados por P&O con una ocupación de ferry. Los despidos llevaron a una gran ola de repulsión contra las acciones de la compañía. En lugar de aprovechar la simpatía pública y buscar la solidaridad de los estibadores en el puerto, la dirección del RMT instruyó a los trabajadores ocupantes a abandonar los barcos por temor a que se invocara una legislación antisindical contra ellos para que los trabajadores tomaran «medidas secundarias». El creciente número de despidos utilizando la táctica de «despedir y volver a contratar» se ha estancado por ahora, luego de la exitosa resistencia de los trabajadores junto con la inflación desenfrenada. En cambio, los empleadores están utilizando una alta inflación para reducir los niveles de salario real.

    Muchos de los trabajadores involucrados en las huelgas de este verano fueron identificados durante la pandemia como «trabajadores esenciales» y obligados a trabajar con normalidad con todos los riesgos para la salud asociados. Muchos de nosotros tuvimos que usar el transporte público para viajar a nuestros lugares de trabajo donde los representantes sindicales de salud y seguridad tuvieron que luchar para establecer una mejor ventilación, limpieza y distanciamiento social. Millones de «trabajadores esenciales» pasaron por esta experiencia durante al menos un año mientras trataban de mantenerse a salvo. Aquellos que recogían basura, transportaban mercancías a supermercados y almacenes, administraban el sistema de transporte, trabajaban en el cuidado de la salud, entregaban el correo y trabajaban en los puertos se consideraban trabajadores esenciales. Fueron llamados a hacer sacrificios mientras aceptaban congelaciones salariales en nombre del «interés nacional».

    Cuando la economía se reabrió rápidamente en otoño de 2021, estos problemas dieron lugar a una escasez significativa de mano de obra, inicialmente en el transporte por carretera con conductores de vehículos pesados que exigían una prima después de años de salarios y condiciones miserables. Pero pronto se hizo evidente que esta escasez de mano de obra existía en la mayoría de los sectores de la economía: en transporte, hospitalidad, salud, educación, ingeniería y más. El impacto de las políticas mortíferas de pandemia de los conservadores todavía se siente en toda la economía hoy en día. Muchos trabajadores esenciales siguen amargados por la falta de reconocimiento de sus esfuerzos y sacrificios. Sin embargo, la experiencia de la pandemia también aumentó la confianza de estos trabajadores, con un creciente sentido de autoestima y poder potencial.

    Estas múltiples presiones para la acción también se reflejan en una creciente afiliación sindical, aunque lentamente y desde una base baja. Los números aumentaron en 118,000 a 6.6 millones en 2020. Seguimos viendo un aumento por cuarto año consecutivo. Hasta hace poco, habíamos visto el número más bajo de huelgas desde que comenzaron los registros antes del repunte en 2019. Las cifras oficiales de huelgas ya no se registraban, supuestamente debido al impacto del Covid-19; esto solo ha cambiado recientemente con las cifras publicadas para junio, con la mayoría de los aumentos en las huelgas que tienen lugar en el transporte y la logística. Las cifras más recientes de los sindicatos muestran que los conflictos laborales están en su nivel más alto desde hace cinco años. En los últimos doce meses, el TUC registró al menos trescientas disputas, un aumento de cuatro veces más que hace tres años. El crecimiento de la afiliación sindical y los conflictos es positivo y pone de relieve la necesidad de un enfoque renovado de la izquierda en la estrategia en el movimiento obrero.

     

    La suspensión repentina de las huelgas después de la muerte de la reina es un ejemplo de los límites de cualquier estrategia que simplemente deje la realización de huelgas en manos de los líderes sindicales. Las grandes disputas nacionales son más difíciles de influir para los activistas de base. Seguimos viendo paros de un solo día con algunos movimientos para coordinar y escalar por parte de los líderes sindicales. Las disputas locales son más fáciles de influenciar, pero tienen menos impacto en el cambio del equilibrio general de fuerzas. La disputa en el puerto de Felixstowe ofrece a los socialistas la oportunidad de influir en un punto de estrangulamiento estratégicamente importante para el capital británico. Sin embargo, si bien es cierto que los líderes sindicales han sido conservadores en cuanto a pedir una acción sostenida o coordinada, o desafiar los llamamientos a la unidad nacional tras la muerte de la reina, los problemas son aún más profundos.

    La nueva ola de huelgas está llevando al comienzo de una recuperación en el movimiento y algunas victorias importantes.

    Después de décadas de retrocesos y derrotas, existe una capa de altos representantes sindicales que no han participado en la acción, ni han experimentado la victoria y están alejados de la mayoría de los trabajadores de base. Cuando los representantes senior han estado in situ en lugares de trabajo establecidos y organizados durante años y, a veces, décadas, pueden pasar la mayor parte de su tiempo en reuniones con la alta gerencia. A menudo, su relación con la gerencia puede parecer más importante que la de los representantes y miembros. Esta capa de representantes de alto nivel son a menudo los portavoces sindicales más influyentes en su lugar de trabajo. También tienden a ocupar la mayoría de las posiciones laicas en las máquinas sindicales a nivel regional y nacional, donde su conservadurismo refuerza el de los líderes sindicales.

    Sin duda, todavía hay una izquierda política activa en todo el movimiento obrero. Sin embargo, se ha atrofiado, y es dudoso que su influencia sea positiva hoy debido al hecho de que la mayoría de la izquierda organizada adopta una estrategia de «izquierda amplia» que se basa en los líderes de izquierda para llevar a cabo la acción. Cuando se encuentra que estos líderes son deficientes, a menudo la única oposición proviene de la derecha. A menudo hablamos de la «mano amortiguadora» de la burocracia sindical cuando analizamos retrocesos o derrotas. Sin embargo, rara vez discutimos el impacto sofocante de esta capa de representantes combinada con la falta de una base independiente en los lugares de trabajo y las estructuras sindicales.

    Después de anunciar una serie de días de huelga para noviembre, el RMT fue presionado por la prensa de derecha durante uno de los días de acción que coincidió con el Día Nacional de la Amapola el 3 de noviembre. Este es un día en el que se usan amapolas rojas como muestra de apoyo a las Fuerzas Armadas, y grupos como la Legión Británica recaudan dinero para los veteranos militares. La acción ferroviaria en esta fecha debía coordinarse en todo el país con huelgas en el metro de Londres que cerraron partes clave de la economía. La decisión de cancelar la acción en esa fecha fue tomada por el ejecutivo de los sindicatos ferroviarios, compuesto por representantes electos, lo que hace que sea demasiado simplista simplemente culpar a los líderes sindicales por descarrilar la acción. Sin embargo, el punto aquí no es que el RMT sea de alguna manera susceptible al jingoísmo de una manera que otros sindicatos no lo son. Es probable que la mayoría de los otros ejecutivos sindicales cedan a la misma presión si se les coloca en esta posición, y la decisión del RMT fue seguida rápidamente por la TSSA. Cuando las direcciones sindicales que se enfrentan al Estado en disputas nacionales sienten la inclinación a suspender la acción en el espíritu de la llamada «solidaridad nacional», se salen con la suya porque no hay una visión alternativa coherente de una base independiente para mantener las huelgas. Esto está empezando a cambiar en algunos lugares de trabajo donde los representantes senior pasivos e ineficaces están bajo la presión de los nuevos representantes, y con la afluencia de nuevos miembros que quieren luchar contra los recortes salariales. La nueva ola de huelgas está llevando al comienzo de una recuperación en el movimiento y algunas victorias importantes.

     

    A medida que la economía cae en recesión, los conservadores y el Banco de Inglaterra quieren domar el creciente movimiento obrero. La escasez de mano de obra sin duda será menos grave si las empresas se hunden y el desempleo aumenta, pero muchas de estas escaseces seguirán sin resolverse. Sin embargo, el hecho de que también estemos experimentando una ola creciente de huelgas a medida que entramos en recesión proporciona una experiencia diferente a la de sufrir múltiples derrotas antes de la recesión. No hay garantías de que las huelgas desaparezcan a medida que crezca la presión sobre las familias de la clase trabajadora, incluso durante una recesión. Pase lo que pase con una economía en declive, los conservadores y los empleadores ya están montando un serio desafío para los trabajadores organizados. Necesitamos una acción industrial más coordinada y sostenida para hacer frente a la magnitud del desafío. Los paros de uno y dos días no ganarán estas disputas. Las huelgas nacionales están creciendo, pero hasta ahora han sido dirigidas desde arriba. A medida que involucran a más sindicatos, aumenta el peligro de que algunos líderes sindicales se conformen con concesiones menores. Vimos esto en 2011 cuando se suspendieron las huelgas masivas burocráticas en el sector público en una traición a los intentos de los miembros del sindicato de defender sus pensiones. Los socialistas deben seguir centrándose en la construcción de solidaridad y redes independientes para apoyar estas huelgas y oponerse a cualquier traición.

    El pequeño pero creciente número de victorias en el sector privado es el resultado de militantes de base bien organizados que coordinan la acción en todos sus sectores. En la construcción, la recolección de basura, el transporte por carretera y los autobuses, vemos un número creciente de representantes que se apoyan mutuamente y aprenden de sus éxitos. En Unite, estos representantes están trabajando juntos en combinaciones industriales nacionales, que han sido alentadas por el nuevo liderazgo. A esta estrategia se opone la vieja izquierda que quiere mantener su influencia y aferrarse al fallido enfoque de la izquierda amplia. Los militantes socialistas necesitan construir estas combinaciones como parte de una estrategia de construcción de solidaridad, coordinación de acciones efectivas y derrota a la vieja izquierda en los sindicatos. Lograr esto significará vincular las cuestiones políticas más grandes contra la guerra y la opresión con la lucha por el salario. Los estibadores de Liverpool proporcionaron un ejemplo inspirador cuando se solidarizaron con Black Lives Matter en 2020. Por lo tanto, no es de extrañar que se negaran a ser intimidados para posponer su última huelga el día del funeral de la reina.

    Se están haciendo intentos para vincular las luchas en la comunidad con la lucha industrial. En los últimos meses han surgido varias campañas. La campaña Enough is Enough (EiE), lanzada por los líderes de CWU y RMT, ha celebrado impresionantes manifestaciones en todo el país. Sin embargo, sigue siendo una organización estrictamente controlada que está obstaculizando el desarrollo de los grupos locales. La red Don’t Pay UK, una campaña de base desarrollada por un pequeño grupo de revolucionarios cuyo objetivo es alentar a un millón de personas a negarse a pagar las crecientes facturas de energía, ha logrado inscribir a más de doscientas mil personas. La Asamblea Popular, una amplia coalición de la izquierda y el movimiento obrero, ha convocado manifestaciones nacionales para llevar el movimiento a las calles. Sin embargo, actualmente carecemos de una campaña unificada para unir las luchas industriales con la resistencia comunitaria.

    Hoy nos enfrentamos a desafíos sin precedentes. Escalada de la guerra imperialista que incluye la amenaza de una guerra nuclear, una crisis económica y el empeoramiento de los niveles de vida junto con la aceleración del cambio climático. También enfrentamos una creciente crisis de salud y una creciente desigualdad en ingresos, salud, educación y vivienda, con una infraestructura que ha sido devastada por cuatro décadas de privatización. La creciente degradación del trabajo significa que más personas ya no están preparadas para soportar «trabajos de mierda» y la experiencia solo ayuda a alimentar gran parte de la resistencia que vemos hoy. El nuevo gobierno conservador pudo esconderse del escrutinio durante el período de «luto nacional», pero sus primeros intentos de intervenir en la crisis británica llevaron a su colapso. La oportunidad de construir un movimiento de masas en toda la clase obrera y la sociedad en general está claramente sobre nosotros. Sin embargo, la izquierda necesita desarrollar una estrategia coherente para unir las fuerzas dispares y el creciente número de trabajadores que entran en la lucha. En el proceso de construcción de un movimiento efectivo y unido, puede nacer una nueva izquierda radical. Esto requerirá un trabajo paciente junto a los nuevos activistas que conocemos en las diversas campañas que han surgido.

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    Sean Purdy

    Colaborador de Spectre Journal

    Traducción: Carlos Rojas
    Fuente: 
    Spectre Journal

    Especiales temáticos: Nuevas esperanzas en Brasil

    04/11/2022

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Lula da Silva ganó por estrecho margen las elecciones presidenciales brasileñas contra Jair Bolsonaro el 30 de octubre (51-49%). Sin embargo, el bolsonarismo, la ideología de extrema derecha marcada por rasgos fascistas y apoyada con entusiasmo por los rangos más altos de las Fuerzas Armadas, continúa tan fuerte como siempre. La izquierda ganó esta batalla electoral, pero aún no la guerra contra la amenaza derechista más destructiva contra la democracia, los derechos humanos y sociales, y el medio ambiente en el mundo.

    Cuarenta y nueve por ciento de los electores elegibles -cincuenta y ocho millones de personas en la segunda democracia más grande de las Américas votaron por un candidato cuyo lema principal de campaña era «Dios, Patria, Familia y Libertad», literalmente copiado del integralismo brasileño, el movimiento fascista local en la década de 1930, y de la retórica nazi alemana y fascista italiana. El Partido Liberal (PL) de Bolsonaro y los partidos aliados más pequeños controlarán hasta la mitad de los escaños en las cámaras alta y baja del Congreso, mientras que catorce de los veintisiete gobernadores estatales apoyan a Bolsonaro. Los tres estados más grandes, São Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais, serán gobernados por feroces aliados de Bolsonaro.

    El voto es obligatorio en Brasil, lo que resulta en una tasa de abstención relativamente baja del veinte por ciento. Lula ganó fácilmente entre los pobres, las mujeres, los negros y los pueblos indígenas, así como en muchas grandes ciudades como São Paulo y Belo Horizonte y en toda la región noreste del país. Bolsonaro ganó una gran mayoría en los estados del sur y medio oeste y por poco tomó las regiones restantes del país, incluida su base de operaciones en la ciudad de Río de Janeiro, donde las milicias paramilitares aliadas controlan grandes franjas de la periferia urbana pobre. Sus principales partidarios eran hombres de clase media a alta y votantes mayores en ciudades medianas y áreas rurales, pero una proporción significativa de la clase trabajadora también votó por Bolsonaro en todas las regiones del país. No es de extrañar que el día de las elecciones, la Policía Federal de Carreteras, encabezada por un amigo de la familia de Bolsonaro, intentara activamente evitar que los votantes en el noreste dominado por Lula llegaran a las urnas.

    Si bien aún no están organizados formalmente, las violentas tropas de choque de Bolsonaro continuarán como una fuerza disruptiva y antidemocrática. Son hábilmente asistidos por el «Gabinete del Odio», compuesto por operadores cuidadosamente seleccionados del círculo íntimo de Bolsonaro, que bombardean las redes sociales con horrendas noticias falsas. Los partidarios más incondicionales de Bolsonaro, incluidos los camioneros propietarios independientes y los jefes de las grandes empresas de camiones (algunos de los cuales obligaron a sus empleados a participar) organizaron más de quinientos bloqueos de carreteras en todo el país en los primeros tres días después de las elecciones, pidiendo la intervención militar contra los resultados de las elecciones. Fueron denunciados por varios sindicatos de camioneros y condenados rotundamente por políticos y medios de comunicación, pero recibieron el apoyo formal de muchos compinches de Bolsonaro. Los medios de comunicación han informado de numerosos casos de la Policía Federal de Carreteras que ayudó a los bloqueadores y el propio Bolsonaro, quien solo aceptó tácitamente la derrota dos días después de las elecciones, declaró que entendía completamente la frustración de sus partidarios con las «irregularidades electorales». Solo les dio una palmada en la muñeca por sus «métodos» insistiendo en que estos eran característicos de la izquierda. Tres días completos después de las elecciones todavía hay casi doscientos bloqueos de carreteras.

    La resistencia popular contra los bloqueos antidemocráticos y la falta de acciones formales por parte del PT, los partidos aliados, los sindicatos y los movimientos sociales establecidos son presagios de los conflictos que vendrán entre el enfoque parlamentario de arriba hacia abajo y las movilizaciones radicales de base. La renuente policía estatal ha resuelto la mayoría de las obstrucciones de la carretera después de que la Corte Suprema se lo ordenó. Sin embargo, al menos siete barricadas en cuatro estados fueron derribadas por movilizaciones concertadas de trabajadores portuarios, residentes locales pobres y clubes de aficionados de izquierda al fútbol, incluidos dos bloqueos en São Paulo, la ciudad más grande de Brasil. Inicialmente llamando a sus miembros a desbloquear por la fuerza las carreteras, el Movimiento de Trabajadores sin Hogar terminó firmando un acuerdo con otros movimientos sociales que apoyan al PT y todas las principales federaciones sindicales para simplemente «acompañar» las acciones de las tropas de choque de Bolsonaro, pero no para intervenir para derrotarlas.

    Bolsonaro ya ha adoptado el libro de jugadas de Donald Trump después de la derrota de este último en 2020: 1) A pesar de ser ampliamente desacreditado, todas las mentiras posibles sobre el sistema de votación electrónica han sido regurgitadas para argumentar que la elección fue fraudulenta; 2) Su retraso en el reconocimiento del discurso de derrota duró apenas dos minutos y medio y solo aceptó muy tímidamente los resultados de las elecciones; 3) Él y sus partidarios han seguido atacando a instituciones democráticas como el Poder Judicial, alegando que fueron víctimas de persecución política por parte de un establecimiento supuestamente de izquierda; 4) Utilizando ampliamente noticias falsas en las redes sociales, ya ha movilizado a sus partidarios para causar agitación pública para intimidar y amenazar, incluso a través de la violencia física, a la izquierda y otras fuerzas democráticas; 5) Reclutará partidarios tanto en el país como en el extranjero, desde Trump y Bannon en los Estados Unidos hasta Orban en Hungría, para reforzar su salvaje teoría de la conspiración. El racismo, la homofobia, la transfobia y el sexismo correrán desenfrenados.

    Todo esto equivale a un ataque de inspiración fascista contra la incipiente democracia capitalista liberal en Brasil. Este asalto antidemocrático ha sido probado y probado desde que Bolsonaro ganó las elecciones fraudulentas en 2018 a través de noticias falsas masivas y una ola de sentimiento anti-Partido de los Trabajadores (PT). Bolsonaro alienta a sus tropas de choque desde abajo a hacer su desagradable oferta como complemento de su política formal y autoritaria desde arriba.

    No hay mejores ejemplos de esto que la terrible violencia durante la campaña electoral. Al menos cuatro activistas del PT fueron asesinados en septiembre y octubre y cientos de izquierdistas fueron agredidos físicamente, incluida una joven embarazada que había perdido a su bebé. Hubo casi dos mil denuncias de coerción electoral por parte de jefes en mil trescientas compañías diferentes amenazando a sus empleados con votar por Bolsonaro o enfrentar el despido.

    La última semana de la campaña electoral fue testigo de dos episodios extraños, brutales, pero no sorprendentes por parte de los principales partidarios de Bolsonaro. El 23 de octubre, el exdiputado federal y feroz bolsonarista, antisemita y ladrón convicto, Roberto Jefferson, atacó a la policía federal que llegó a su casa para arrestarlo por un video vicioso y misógino contra la jueza del Tribunal Supremo, Carmen Lucía. Disparó más de setenta rondas y lanzó tres granadas, hiriendo a dos policías. Si bien su acusación por homicidio fue respaldada oficialmente por el gobierno de Bolsonaro, recibió una gran cantidad de apoyo de las filas de Bolsonaro.

    Y al mediodía del día antes de las elecciones en una concurrida calle del centro de la ciudad de São Paulo, la diputada federal reelecta, Carla Zambelli, una de las principales capitanas de distrito de Bolsonaro en el estado, sacó su arma y persiguió a dos jóvenes negros desarmados, partidarios de Lula, que habían discutido con ella fuera de un restaurante. Los comentaristas políticos repitieron que este fue otro disparo en el pie para Bolsonaro, pero ignoran el hecho de que el apoyo que recibió por su comportamiento descaradamente criminal y racista no solo de los bolsonaristas de base, sino de las principales figuras del gobierno, incluidos los hijos del presidente, refleja lo que enfrentamos en los próximos meses y años desde la extrema derecha.

    Está muy claro que la izquierda (no solo el PT, sino los partidos socialdemócratas aliados más pequeños, como el Partido del Socialismo y la Libertad (PSOL), subestimó en los últimos cuatro años la profundidad del apoyo al bolsonarismo. A pesar de la falta de realismo del programa de Bolsonario, ha tocado una fibra sensible profunda con muchas personas, especialmente, pero no exclusivamente, entre los blancos, hombres de clase media baja y cristianos evangélicos que comprenden un tercio de la población. Sintiéndose amenazados por los recientes logros de los trabajadores, las mujeres, los negros y la comunidad LGBT+, ganados a través de una valiente lucha que obligó a los partidos de izquierda a actuar, han transferido su inseguridad socioeconómica y odio hacia los oprimidos, apostando por el progreso económico y social a través de favores de arriba hacia abajo de la élite. Como han demostrado varios etnógrafos innovadores de la extrema derecha como Esther Solano y Rosana Pinheiro-Machado, esto ha resultado en un apoyo incondicional a Bolsonaro por parte de al menos un tercio de la población que ha acogido apasionadamente el neoliberalismo autoritario y los ataques contra los oprimidos.

    Un componente vital de esta ideología es un odio visceral hacia el PT y la izquierda, alimentado por mentiras descaradas, cultivado agresivamente desde el golpe parlamentario contra la presidenta del PT Dilma en 2016. Todavía no está del todo claro cómo explicar completamente esto, pero parece que vale la pena revisar los estudios marxistas clásicos de Wilhelm Reich y Theodore Adorno sobre la conciencia de masas durante los años nazis y los estudios recientes sobre el apoyo de Trump entre la clase obrera estadounidense.

    Sin embargo, también es increíblemente claro que las fuerzas de izquierda necesitan repensar cómo organizar y movilizar a la clase obrera y los movimientos sociales. Como en el resto del mundo durante la crisis capitalista global, la izquierda (por no hablar de los partidos centristas y de derecha tradicionales) ha sido inepta para proporcionar soluciones a problemas básicos como un bajo nivel de vida, seguridad alimentaria, pésimas condiciones de trabajo, desastres ambientales y la persistencia de estructuras de opresión.

    En el caso brasileño, el PT ha aceptado principios clave del neoliberalismo, como la responsabilidad fiscal, inclinándose ante los bancos y la agroindustria y vacilando sobre la necesidad de una inversión social masiva para mejorar una de las sociedades más desiguales del mundo. Durante los gobiernos del PT de 2003-2016, Lula y Dilma tuvieron la suerte temporal de tener un sector de exportación agrícola en auge que facilitó reformas importantes pero limitadas en el estado de bienestar, la educación y la salud. Pero no hubo transformación de la estructura inherentemente desigual de la sociedad brasileña y el Estado. Y cuando los vientos económicos cambiaron alrededor de 2014, el PT adoptó remedios neoliberales para la crisis: reducir las pensiones y los derechos laborales, recortar los programas sociales y forjar alianzas con partidos centristas dudosos. Todo esto socavó los logros alcanzados, alienó a la base misma del partido entre la clase trabajadora y allanó el camino para la reacción de la derecha desde 2016 hasta el presente.

    La plataforma presidencial del PT está llena de mansas promesas de revertir las políticas de Bolsonaro, pero hay pocas propuestas para la transformación económica y social. Y aún no está claro si Lula podrá implementar incluso reformas modestas en el contexto de un Congreso hostil y los planes golpistas de Bolsonaro. Sin duda, el PT forjará alianzas parlamentarias con políticos vendedores ambulantes para aprobar una legislación moderada que diluirá gradualmente las propuestas y desmovilizará a las fuerzas de izquierda. El discurso de aceptación de Lula en la noche de las elecciones ya planteó la moderación y la necesidad de «unir» a las fuerzas divergentes en el país.

    La coalición de izquierda liderada por Lula ciertamente mejoró durante la campaña de segunda vuelta. La primera ronda fue testigo de una concepción burocrática de la política de marketing de arriba hacia abajo con pocas movilizaciones callejeras combativas. En las últimas semanas antes de la segunda vuelta, sin embargo, Lula salió en los debates televisados y la coalición de izquierda organizó numerosos mítines callejeros masivos y marchas en casi todas las capitales. Ofrecer una alternativa distinta al neoliberalismo, denunciar frontalmente el autoritarismo violento de Bolsonaro y movilizar a los trabajadores y movimientos sociales en las calles siempre fue la mejor opción y seguirá siéndolo.

    En los próximos meses y años, la izquierda no solo tendrá que enfrentar los planes golpistas de Bolsonaro, sino asegurarse de que él, su familia y sus partidarios clave sean castigados por sus muchos crímenes, incluida la mala gestión criminal de la pandemia que dejó setecientos mil brasileños muertos y la corrupción generalizada y el robo del erario. Esta también será una forma crítica de combatir a la extrema derecha.

    Otro peligro es la incorporación de activistas sociales y sindicales al gobierno de Lula, diluyendo el potencial de movilizaciones independientes y radicales desde abajo mientras se impulsa el cretinismo habitual de la política parlamentaria. Este cambio transformó al PT durante las décadas de 1990 y 2000 en un partido que ya no estaba en contra del orden capitalista, sino como cómplice del sistema. La inacción de los sindicatos y movimientos sociales aliados del PT ante los bloqueos de carreteras ya es una señal preocupante.

    Las continuas movilizaciones desde abajo para obtener ganancias sociales y económicas (y, si es necesario, contra el gobierno de Lula) serán la primera orden del día. Hay notables movimientos nacionales de trabajadores sin hogar y trabajadores sin tierra, los sindicatos han disminuido, pero aún no han salido, y en los últimos años han proliferado las organizaciones de base de estudiantes secundarios y universitarios, antirracistas, LGBT+ y grupos feministas.

    También tenemos que aprender de nuestra historia. En octubre de 1934, una marcha planeada por el floreciente movimiento fascista brasileño en la Plaza Sé en São Paulo fue fantásticamente derrotada por una contramanifestación popular de comunistas, trotskistas, anarquistas, socialdemócratas y sindicalistas que enviaron a los fascistas corriendo de regreso a la cuneta. Es conocido popularmente en Brasil como el Rebaño de los Pollos Verdes, ya que los fascistas que huían de la plaza se despojaron de sus camisas verdes en su intento desesperado de huir anónimamente. Tenemos que estar preparados para hacer lo mismo con las camisetas verdes y amarillas del fútbol nacional favorecidas por los bolsonaristas.

     

     

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    Daniel Tanuro

    Autor ecosocialista y militante de Gauche Anticapitaliste, Bélgica

    Traducción: Punto de Vista Internacional
    Fuente: 
    Gauche Anticapitaliste

    Teoría: Ecosocialismo

    28/11/2022

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    U

    nos días antes de la inauguración de la COP27 en Sharm El-Sheikh, Egipto, escribí que esta conferencia sería una «nueva cumbre del lavado verde, el capitalismo verde y la represión»[1]Vid. nuestro artículo https://www.gaucheanticapitaliste.org/cop27-nouveau-sommet-du-greenwashing-du-capitalisme-vert-et-de-la-repression/?_gl=1*67tspx*_ga*MzM2OTM0MTU0LjE2NzA5NTAzNzM.*_up*MQ... Ha sido un error. El lavado verde y la represión fueron más frecuentes que nunca a orillas del Mar Rojo, pero el capitalismo verde sufrió un revés y los fósiles obtuvieron una clara victoria.

    En términos climáticos, el capitalismo verde puede definirse como la facción de las empresas y sus representantes políticos que afirma que la catástrofe puede detenerse mediante una política de mercado que anime a las empresas a adoptar tecnologías energéticas verdes o «bajas en carbono», de modo que puedan conciliarse el crecimiento económico, el aumento de los beneficios y el rápido descenso de las emisiones, e incluso alcanzar las «emisiones netas cero» en 2050. Este componente, denominado «mitigación» del cambio climático, se completa con un componente denominado «adaptación» a los efectos ya inevitables del calentamiento global, y con un componente de «financiación» (principalmente para los países del Sur). También en estos dos frentes, los defensores del capitalismo verde creen que el mercado puede hacer el trabajo, incluso lo ven como una oportunidad para el capital.

    El acuerdo alcanzado en París en la COP21 (2015) fue una manifestación típica de esta política. En él se estipulaba que las partes se comprometerían a tomar medidas para mantener el calentamiento «muy por debajo de los 2 °C, al tiempo que proseguirían sus esfuerzos para no superar los 1,5 °C». Cabe recordar que la COP15 (Copenhague, 2009) había enterrado la idea de una asignación global del «presupuesto de carbono de 2°C» (la cantidad de carbono que aún puede enviarse a la atmósfera para tener una probabilidad razonable de no superar los 2°C este siglo) en función de las responsabilidades y capacidades diferenciadas de los Estados. Esta distribución global era (y sigue siendo) el enfoque más racional para combinar la eficiencia climática y la justicia social, pero este enfoque de arriba abajo implicaba ajustar las cuentas del imperialismo, algo que EE.UU. y la UE no querían a cualquier precio. Por ello, la COP16 (Cancún, 2010) adoptó un enfoque ascendente, más compatible con el espíritu neoliberal: cada Estado determinaría su «contribución nacional» al esfuerzo climático, y se vería, a lo largo de las COP anuales, si 1) la suma de los esfuerzos era suficiente; 2) la distribución de los esfuerzos se ajustaba al principio de «responsabilidad común pero diferenciada» consagrado en la Convención Marco sobre el Cambio Climático (ONU, Río, 1992).

    Esta Convención Marco, como recordatorio, afirmaba la voluntad de las partes de evitar «interferencias antropogénicas peligrosas en el sistema climático». Seis años después de Copenhague, veintitrés años después de Río, París ha aclarado por fin qué se entiende por esto. Es la fórmula que mencionábamos antes: «mantenerse muy por debajo de los 2 °C mientras se prosiguen los esfuerzos para no sobrepasar los 1,5 °C…». Pero su ambigüedad es evidente: ¿dónde está el umbral de peligro al final? ¿A 2°C o a 1,5°C? Se pidió al IPCC que aclarara la respuesta a esta pregunta y presentó un informe específico que muestra claramente que medio grado más o menos tendrá una enorme diferencia en términos de impacto. En este sentido, la COP26 (Glasgow, 2021) ha dado la razón a los representantes de los pequeños Estados insulares, que dan la voz de alarma: debemos mantenernos por debajo de 1,5 °C de calentamiento.

    Pero, ¿cómo hacerlo? El desfase entre las «contribuciones nacionales» de los Estados y la senda a seguir para mantenerse por debajo de 1,5°C (o superar sólo ligeramente este umbral, con la posibilidad de volver a caer por debajo con bastante rapidez) es abismal: sobre la base de las contribuciones nacionales, el calentamiento superará alegremente el objetivo. Los redactores del Acuerdo de París eran conscientes de esta brecha de emisiones. Por ello, decidieron que los compromisos climáticos de las partes se someterían a un ejercicio de «ampliación» cada cinco años, con la esperanza de cerrar gradualmente la brecha entre los compromisos y el objetivo. El problema es que seis años después, el objetivo a alcanzar (1,5°C como máximo) se ha vuelto mucho más restrictivo, y el tiempo disponible para lograrlo se ha reducido a cuentagotas.

    En Glasgow, el mensaje de los científicos fue meridianamente claro: a) la reducción de las emisiones mundiales debe empezar ya, b) el pico mundial debe superarse a más tardar en 2025, c) las emisiones de CO2 (¡y metano!) deben reducirse en un 45% a escala mundial de aquí a 2030, y d) la justicia climática significa que el 1% más rico dividirá sus emisiones por treinta, mientras que el 50% más pobre las multiplicará por tres. Todo ello, por no hablar de los enormes esfuerzos necesarios en materia de adaptación y financiación, sobre todo en los países pobres…

    En este contexto, Glasgow no pudo sino constatar la obsolescencia acelerada de la estrategia quinquenal de «aumento de las ambiciones» adoptada en París: nadie podía afirmar seriamente que una ronda de financiación cada cinco años permitiría cerrar la brecha de emisiones. En un contexto muy tenso, la Presidencia británica propuso entonces que el componente de mitigación se sometiera a una revisión anual durante la «década decisiva» 2020-2030, y así se aprobó. La Presidencia también propuso una decisión sobre la eliminación rápida del carbón, pero ésta fue vetada por India, de modo que se tomó una decisión sobre la reducción progresiva en lugar de la eliminación progresiva del uso del carbón.

    Al final de la COP27, el balance es bastante claro: no queda casi nada de los compromisos adquiridos en Glasgow. El aumento anual de la ambición no se produjo. Todos los Estados deberían haber actualizado sus «contribuciones nacionales». Sólo treinta países lo han hecho, y aun así, no lo suficiente[2]véase mi artículo ya citado. Es muy probable que éste sea el último intento y que en adelante nos conformemos con el proceso de revisión quinquenal previsto por la COP21… ¡mientras fingimos hipócritamente ignorar que es imposible respetar el límite de 1,5°C!

    La COP26 había adoptado un programa de trabajo sobre mitigación que la COP27 debía aplicar. Este último se limitó a decidir que el proceso sería «no prescriptivo, no punitivo» y «no conduciría a nuevos objetivos». El objetivo máximo de 1,5 ºC adoptado en Glasgow estuvo a punto de ser cuestionado explícitamente (fue cuestionado explícitamente fuera de la sesión plenaria por los representantes de Rusia y Arabia Saudí, por no hablar de los globos sonda lanzados por China e India en algunas reuniones del G20).

    No se ha decidido nada para hacer realidad la reducción progresiva del carbón. La delegación india propuso hábilmente un texto sobre la eventual salida de todos los combustibles fósiles (no sólo el carbón, sino también el petróleo y el gas). Sorpresa: ochenta países, «desarrollados» y «en desarrollo», la apoyaron, pero la presidencia egipcia ni siquiera la mencionó. La declaración final no dice nada al respecto. El término «combustibles fósiles» sólo aparece una vez en el texto, en el que se pide «acelerar los esfuerzos para reducir (el uso de) carbón no consumido y eliminar las subvenciones ineficaces a los combustibles fósiles». La fórmula es exactamente la misma que la adoptada en Glasgow… (el término «carbón limpio» se refiere a las instalaciones de combustión sin captura de CO2 para secuestro geológico o uso industrial…). Según filtraciones sobre las conversaciones entre los jefes de las delegaciones, los saudíes y los rusos se opusieron a cualquier otra mención de los combustibles fósiles en el texto. El representante ruso llegó a decir: «Esto es inaceptable. No podemos empeorar la situación energética»((Carbon brief, « Key Outcomes of COP27 »)). Es la sartén por el mango.

    Creíamos haberlo visto todo en materia de «greenwashing», pero no: ciertas decisiones tomadas en Sharm El-Sheikh abren el riesgo de que los derechos de contaminación se contabilicen dos veces. París había decidido el principio de un «nuevo mecanismo de mercado» que tomara el relevo del MDL (Mecanismo de Desarrollo Limpio, creado por el Protocolo de Kioto). A partir de ahora, el mercado de derechos tendrá dos niveles: por un lado, un mercado de créditos de emisión y, por otro, un mercado libre de «contribuciones de mitigación», en el que nada impide que las llamadas reducciones de emisiones se contabilicen dos veces (¡una por el vendedor y otra por el comprador!). Además, los países que suscriban acuerdos bilaterales de reducción de emisiones podrán decidir libremente que los medios utilizados son «confidenciales»… ¡y por tanto inverificables!

    El tema tan de moda de la «eliminación del carbono» de la atmósfera aumenta considerablemente los riesgos de lavado verde en el mercado de créditos de emisión. En teoría, podrían utilizarse varios métodos y tecnologías, pero existe un gran peligro de que se utilicen como sustitutos de la reducción de emisiones. Por tanto, las cosas deben definirse y supervisarse muy estrictamente. Especialmente cuando implican el uso de zonas terrestres con fines energéticos, ya que existe un claro riesgo de que dicho uso entre en conflicto con la nutrición humana y la protección de la biodiversidad. Un organismo técnico designado previamente debía estudiar el problema. Se enfrenta a tal masa de propuestas impugnadas o no probadas que cabe temer lo peor, impulsadas por una alianza entre los fósiles y la agroindustria.

    La decisión de crear un fondo de «pérdidas y daños» ha recibido una gran atención mediática. Se trata de una reivindicación que los países pobres y los pequeños Estados insulares llevan haciendo desde hace 30 años: que las catástrofes climáticas que sufren les cuestan muy caras, aunque sean producto del calentamiento global causado principalmente por los países capitalistas desarrollados, y que los responsables deberían pagar, a través de un fondo ad hoc. Estados Unidos y la Unión Europea siempre se han opuesto a esta exigencia, pero en Sharm El-Sheikh la presión de los países «en vías de desarrollo» fue demasiado fuerte y no hubo margen para el compromiso: o se creaba un fondo, o el proceso de la COP llegaría a su fin y se crearía una profunda fractura entre el Norte y el Sur. Cabe señalar que este «Sur» incluye países tan diferentes como las monarquías petroleras, China y los países llamados «menos desarrollados»… Para evitar que todo este pequeño mundo forme un bloque apoyado por el discurso «antioccidental» del Kremlin, el imperialismo occidental no podía permitirse el lujo de no hacer nada. La UE desbloqueó la situación poniendo condiciones: 1°) que el fondo se reponga con diversas fuentes de financiación (incluidas las existentes y las «innovadoras»); 2°) que sus intervenciones beneficien únicamente a los países más vulnerables; 3°) que la COP «eleve las ambiciones» de mitigación. Los dos primeros puntos se cumplieron, el tercero no.

    La creación del fondo es sin duda una victoria para los países más pobres, cada vez más afectados por catástrofes como las inundaciones que han asolado recientemente Pakistán y Níger, o los tifones que asolan cada vez más Filipinas. Pero se trata de una victoria simbólica, ya que la COP27 sólo adoptó una vaga decisión de principio. ¿Quién pagará? ¿Cuándo ocurrirá? ¿Cuánto costará? Y sobre todo: ¿a quién irán a parar los fondos? ¿A las víctimas sobre el terreno o a los intermediarios corruptos? En todas estas cuestiones, podemos esperar duras batallas. Arabia Saudí, los Emiratos y Qatar se negarán a pagar, alegando que la ONU los define como «países en desarrollo». Lo más probable es que China haga lo mismo, argumentando que contribuye mediante acuerdos bilaterales como parte de sus «nuevas rutas de la seda». El capitalismo no se hará cargo del desastre del que es responsable y que está destruyendo la vida de millones de hombres y mujeres en el Sur, pero también en el Norte (aunque allí las consecuencias sean menos dramáticas por el momento)…

    Los gritos de victoria sobre el fondo de «pérdidas y daños» son tanto más injustificados cuanto que las demás promesas en materia de financiación siguen sin cumplirse por parte de los países ricos: los cien mil millones de dólares anuales no se han ingresado en el Fondo Verde para el Clima, y el compromiso de duplicar los recursos del fondo para la adaptación no se ha cumplido.

    No es éste el lugar para entrar aquí en más detalles, ya que otras publicaciones lo han hecho muy bien (Carbon Brief, Home Climate News, CLARA, entre otras). La conclusión que se desprende es que la política climática del capitalismo verde, con sus tres componentes (mitigación, adaptación, financiación), fracasó en Sharm El-Sheikh. La Unión Europea, campeona del capitalismo verde, estuvo a punto de retirarse. Por otro lado, la COP27 se saldó con una victoria del capital fósil.

    Esta victoria es ante todo el resultado del contexto geopolítico creado por el fin (?) de la pandemia y acentuado por la guerra de agresión rusa contra el pueblo ucraniano. Hemos entrado en una coyuntura de crecientes rivalidades interimperialistas y de rearme total. Las guerras, por así decirlo, son todavía sólo locales, y no todas están declaradas aún, pero la posibilidad de una conflagración acecha a todos los dirigentes capitalistas. Aunque no lo quieran, se están preparando para ello, y esta preparación, paradójicamente, implica tanto la aceleración del desarrollo de las energías renovables como el aumento del recurso a las energías fósiles, con lo que se amplían considerablemente las posibilidades de beneficio de los grandes grupos capitalistas del carbón, del petróleo, del gas… y del capital financiero que está detrás. No es casualidad que, un año después de Glasgow, la GFANZ (Glasgow Financial Alliance for Net Zero) de Mark Carney se desinfle: los bancos y los fondos de pensiones están menos dispuestos que nunca a cumplir las normas de la ONU (Race for Zero net) sobre la prohibición de invertir en combustibles fósiles…

    En segundo lugar, es el resultado de la propia naturaleza del proceso de la COP. Desde París, el patrocinio capitalista de estas cumbres se ha disparado. En Sharm El-Sheikh, parece que la cantidad se ha convertido en calidad. De las veinte empresas patrocinadoras del acto, sólo dos no estaban directa o indirectamente vinculadas a la industria de los combustibles fósiles. Los grupos de presión de las industrias del carbón, el petróleo y el gas enviaron a más de 600 delegados a la conferencia. A esto hay que añadir la «escoria fósil» de las delegaciones de muchos Estados (¡incluidos los representantes de los oligarcas rusos sancionados!), por no hablar de las delegaciones oficiales compuestas íntegramente por esta «escoria», especialmente las de las petro-monarquías de Oriente Medio. Toda esta escoria fósil parece haber cambiado de táctica: en lugar de negar el cambio climático, o su origen «antropogénico», o el papel del CO2, ahora se hace hincapié en los «fósiles limpios» y las tecnologías de eliminación del carbono. La delegación emiratí (¡un millar de delegados!) organizó un acto paralelo para atraer socios que colaboren en un vasto proyecto de «petróleo verde» consistente (estúpidamente, porque la tecnología es conocida) en inyectar CO2 en los yacimientos para producir más petróleo… cuya combustión producirá más CO2. El Financial Times, que está por encima de cualquier sospecha de anticapitalismo, no tuvo miedo de poner el pie en el acelerador: el dominio fósil en las negociaciones ha crecido tanto que la COP27 era de hecho una feria de inversiones, especialmente en gas («energía verde», ¡según la Unión Europea!), pero también en petróleo, e incluso en carbón (FT, 26/11/2022).

    Intervino un tercer factor: el papel de la presidencia egipcia. En la sesión plenaria final, el representante de Arabia Saudí dio las gracias, en nombre de su país y de la Liga Árabe. En efecto, la dictadura del general Sissi ha logrado una doble actuación: por un lado, se ha impuesto como un país aceptable a pesar de la feroz represión de toda oposición; y por otro, se ha hecho pasar por portavoz de los pueblos sedientos de justicia climática, en particular en el continente más pobre del mundo, aunque en realidad actuaba en connivencia con los más implacables explotadores de combustibles fósiles, tan ricos que no saben qué hacer con su fortuna. En su discurso final, el representante saudí añadió: «Queremos insistir en que la Convención [la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático] debe ocuparse de las emisiones, no de su origen. En otras palabras: explotemos y quememos combustibles fósiles, no hay necesidad de eliminar esta fuente de energía, centrémonos en cómo eliminar el CO2 de la atmósfera, «compensando» las emisiones (captura y secuestro geológico, plantaciones de árboles, compra de «derechos a contaminar», etc.).

    Los europeos, con Frank Timmermans a la cabeza, lloriquean y se dan golpes en el pecho: «La posibilidad de mantenerse por debajo de 1,5°C es cada vez más baja y está desapareciendo», dicen en esencia. Y así es. ¿Pero de quién es la culpa? Sería demasiado fácil pasar la pelota. En realidad, estos heraldos del capitalismo verde están atrapados en su propia lógica neoliberal: ¿juran por el mercado? Bueno, los fósiles, que dominan el mercado, dominaban la COP… El tiempo dirá si esto es sólo un hipo en la historia. La COP28 estará presidida por Emiratos Árabes Unidos, así que no hay nada que esperar por su parte. La respuesta, de hecho, dependerá de la evolución de la situación geopolítica mundial, que en última instancia significa luchas sociales y ecológicas. O las revueltas de masas harán temblar a los poderosos y les obligarán a rendirse; en este caso, cualquiera que sea el origen de la lucha (¿inflación? ¿Demasiados asesinatos, como en Irán? ¿Un encierro policial, como en China?), se abrirá un espacio para unir lo social y lo ecológico, y así también para imponer medidas en la dirección de una política climática diferente. De lo contrario, la carrera hacia el abismo continuará.

    Esta vez, nadie se atrevió a decir, como de costumbre, que esta COP, «aunque decepcionante», era sin embargo «un paso adelante». De hecho, ahora hay dos cosas muy claras: 1°) no habrá ningún «paso adelante» real sin medidas anticapitalistas y antiproductivistas radicales; 2°) no saldrán de las COP, sino de las luchas y de su convergencia.

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    Área LGTBI de Anticapitalistas

     

    Fuente: poderpopular.info

    Teoría: lgbti

    12/12/2022

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    E

    l 12 de diciembre la ley trans llega al pleno del Congreso. Su camino no ha estado libre de obstáculos, y su llegada al pleno es un ejemplo: la disputa sobre el texto sigue abierta con 17 enmiendas del PSOE que hacen tambalear su aprobación. Entre estas enmiendas al texto aprobado por el ejecutivo en julio, destacan la voluntad de sumar la exigencia de una autorización judicial para el reconocimiento trans de menores entre 12 y 16 años, y la judicialización de la cuestión de la reversibilidad del cambio registral. El conjunto de estas enmiendas ha dado pie a un bloqueo parlamentario en la Comisión de Igualdad y ha abierto la puerta a la posibilidad de que decaiga la ley. Esta situación, lejos de darse en un contexto vacío, se suma al aumento de violencias sobre los cuerpos disidentes y avala los cuestionamientos sobre las realidades trans. Así, la ley se ha convertido en una batalla política cada vez más cruda para todes les disidencies de cuerpo, género y sexo, que nos situamos en primera línea de defensa para el reconocimiento y ampliación de derechos.

     

    El 15 de marzo de 2007 se aprobó la ley reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas. Esta ley que por su nombre podríamos reducir a un simple trámite burocrático de modificación registral, ha marcado en qué términos se comprende social y médicamente la realidad trans. El texto legislativo normalizaba un proceso de tutela médica, de psiquiatrización de la identidad y de hormonación obligatoria para las personas trans, estableciendo una única manera posible de ser trans. Así, el diagnóstico de disforia de género, el tratamiento hormonal durante al menos dos años y/o la cirugía de reasignación sexual eran los mecanismos a través de los cuáles una persona trans podía ser reconocida como tal por el Estado. Una lectura funcional para la reproducción del orden social y de género establecido. Esta ley se quedó corta en su abordaje de las realidades trans y la aprobación de leyes autonómicas que iban más allá, ha hecho crecer las brechas del texto jurídico y las desigualdades territoriales trans.

    La nueva ley y su proceso de elaboración es fruto de la lucha del movimiento trans. Es la respuesta a la necesidad fundamental de dejar atrás un modelo regulador de la realidad trans incapaz de dar cabida a la vivencia trans en toda su diversidad, como sujetas de derechos y con voz propia.

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    «Si no hay gente, tampoco queda nada»: Historia progresista y patriotismo desde abajo

    Kirill

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    Kirill Medvedev

    Activista, poeta, militante del Movimiento Socialista Ruso

    Traducción: Carlos Rojas
    Fuente: 
    Posle.media

    Teoría: Historia

    02/11/2022

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Qué podría unir a la sociedad dividida por la guerra y la desigualdad? ¿Cuáles son las alternativas a las principales narrativas históricas postsoviéticas? El poeta y activista Kirill Medvedev reflexiona sobre la solidaridad antiimperialista y una nueva idea de conciencia cívica

    La conversación sobre patriotismo «progresista», no estatal, o «patriotismo desde abajo» es un intento de describir la idea de una conciencia cívica capaz de unir a la sociedad rusa, cuya ausencia ha impedido que esta última responda a muchas demandas. En primer lugar, estas son demandas hechas por el Estado. Ahora, cuando el régimen está llevando a cabo una guerra de agresión en Ucrania en nombre del pueblo ruso utilizando clichés patrióticos antiguos y actualizados, este problema es especialmente evidente. Hay un enorme número de personas que comparten el sentimiento contra la guerra, pero no hay una plataforma común, ni una historia común, ni un lenguaje común con la ayuda de la cual puedan exigir el fin de esta guerra, reconocerse mutuamente o incluso hablar sobre lo que está sucediendo. ¿Qué sentimientos en relación con aquellos que viven en el mismo patio, ciudad o país que nosotros, qué perspectiva de la historia, qué imagen de una «comunidad imaginaria» podría unir a la mayoría de los que están listos para luchar por una nueva Rusia no imperialista?

    Dos de las principales narrativas históricas que dominan hoy tomaron forma después del colapso de la URSS: una liberal y otra nacional-estalinista. Bajo el gobierno de Putin surgió una narrativa más, una síntesis que el régimen utiliza con éxito hoy para mantener su dominio.

    La versión «liberal» de la historia nacional se forma en torno a la idea de la antigua aspiración de Rusia, a través de los esfuerzos de sus «mejores representantes», de ser una parte de pleno derecho de Europa, una aspiración que cada vez permanece trágicamente sin realizarse. Esta narrativa a menudo se preocupa por los episodios sangrientos de la historia rusa, con las figuras de la esclavitud y la subyugación, con la percepción conservadora de la Revolución de Octubre como la conspiración de criminales y una rebelión popular, con la imagen de «una nación de verdugos y víctimas», nacida de la época de Stalin, y con la necesidad de arrepentimiento por los pecados del régimen soviético. En su forma extrema, la orientación occidental dogmática de la tradición liberal rusa también trae consigo el «racismo social» [nota: odio postsoviético a los pobres] hacia las clases sociales más bajas y cualquier comunidad que sea percibida como «no europea».

    La segunda narrativa dominante, también formada sobre las ruinas de la URSS en la década de 1990, podría llamarse nacional-estalinista. Se basa en el mito de Stalin como el líder ascético de un estado proletario que encarna la justicia y el orden, derrotó al nazismo y se opuso con éxito a Occidente. En muchos aspectos, esta historia surgió del giro conservador y patriótico de la URSS en la década de 1930. Por esta razón, incluso cuando apelan retóricamente a la «amistad de los pueblos», los partidarios del estalinismo nacional a menudo son propensos al antisemitismo (que se convirtió en parte de la tradición estalinista de base después de la «lucha contra el cosmopolitismo») y otros estereotipos xenófobos. En muchos sentidos, esto se basa en las nociones prevalecientes sobre el papel formador del Estado y la civilización del pueblo ruso dentro de la URSS. Vale la pena recordar un meme, extremadamente popular entre esta audiencia: «Los bárbaros rusos asaltaron los kishlaks, auls [nota: nombres de aldeas en Asia Central y el Cáucaso] y campamentos nómadas, dejando a su paso solo bibliotecas, teatros y ciudades».

    Sin duda, hay defensores sinceros del internacionalismo entre los «estalinistas», así como hay personas totalmente libres de racismo, incluidas sus formas «sociales» [nota: darwinismo social y odio a los pobres], entre los «liberales». Pero fueron precisamente estas dos versiones de la historia, las que, a medida que se empujaban, caricaturizaban e hipertrofiaban entre sí, se convirtieron en la corriente principal. Ambos tienen su propia dimensión colonialista expresada de manera única. Ambos se remontan a los acontecimientos clave de la década de 1990: la victoria sobre el golpe de agosto de 1991 y el tiroteo contra el parlamento en 1993.

     

    La victoria sobre el golpe de agosto de 1991 prometió convertirse en el evento formativo en el nacimiento de una nueva nación cívica. «El objetivo central elegido por los golpistas fue Rusia, su pueblo multinacional, la posición de Rusia con respecto a su democracia y reformas», dijo Boris Yeltsin el 22 de agosto, describiendo la sociedad política emergente en ese momento (es decir, una democrática, multinacional, y así). Sin embargo, fueron precisamente estas reformas las que llevaron a problemas, provocando una ruptura en la sociedad y en el estado, cuyo apogeo se convirtió en la derrota del parlamento anti-Yeltsin en 1993. La victoria de Yeltsin, que logró eliminar el parlamento «prosoviético», pero también poco después marginó parcialmente y estableció parcialmente el control sobre el poderoso movimiento contra las reformas liberales, finalmente condujo a la derrota de la democracia rusa. 1993 terminó convirtiéndose en el año fatal en la formación de una nueva colectividad cívica, estableciendo un vector autoritario en la historia postsoviética.

    Desde entonces, la oposición ideológica entre «patriotas» prosoviéticos y «liberales» antisoviéticos se convirtió en el tema clave del debate público, impidiendo la formación de una sociedad fuerte y cohesionada, capaz de luchar por sus intereses, de oponerse al Estado y a las élites. La tarea de unir esta sociedad fragmentada se dejó al Estado, y comenzó a trabajar en esta tarea en su propio interés.

     

    Vladimir Putin entendió perfectamente bien esta misión. Terminó en el Kremlin en un momento en que los ciudadanos rusos comenzaron a experimentar la demanda de un líder sostenible y nuevos logros, para una ocasión de orgullo nacional. Habiendo distanciado del poder al lobby liberal que lo puso en el cargo o estableció el control sobre él, Putin atrajo a la mayoría del grupo demográfico que sentía nostalgia por la URSS a su lado a través de gestos de carácter simbólico, como el regreso del himno soviético.

    Esto sucedió en el contexto de la marginación política e intelectual tanto de las alas liberales como de las nacionalestalinistas. Los liberales (sin ninguna resistencia particular) fueron forzados a un nicho de opositores antisoviéticos y fueron parcialmente coordinados por el aparato gobernante (los llamados «liberales dentro del sistema»). Los estalinistas (probablemente también voluntariamente) fueron forzados a entrar en un nicho de votantes que los estrategas políticos cínicos, en el contexto electoral, llaman «los pobres con Stalin».

    La versión de Putin de la historia, basada en la idea de continuidad entre la antigua Rusia, el Imperio ruso, la URSS y la Rusia contemporánea, comenzó a tomar forma. Su esencia consiste en la idea de que, a pesar de los problemas y errores periódicos, Rusia siempre ha vuelto a sus valores tradicionales y, lo que es más importante, inseparables de la estatalidad, la familia y la fe. Lo que constituía un peligro, según esta versión de la historia, era la revolución bolchevique con sus líderes, Lenin y Trotsky. A juzgar por sus comentarios, Putin sabe poco sobre ellos, aunque está ansioso por su posible influencia en el presente. Un leitmotiv en la versión de la historia de Putin es la «colección de tierras»: desde los príncipes de Moscú este motivo se traza a través de Iván el Terrible, Pedro I, Ekaterina II y la conquista del Cáucaso hasta la construcción estatal soviética. El caos y el colapso de la década de 1990, seguidos por la anexión de Crimea y la guerra actual por la anexión del territorio ucraniano, son los últimos hitos en este camino de mil años.

    Y así, tenemos «valores tradicionales», expansión territorial y el feliz desarrollo de pueblos y culturas bajo la tutela rusa. Tal es el fundamento de ese patriotismo de Estado que se desarrolló a lo largo de veinte años, habiendo adoptado el estatismo, el antioccidentalismo y la falta de voluntad para admitir errores históricos y crímenes del nacionalestalinismo y, desde los liberales de la década de 1990, una aversión al radicalismo de base y la oposición «populista» de los ricos a los pobres.

     

    A uno le gustaría mantener y desarrollar una visión diferente de las cosas. La gente y las élites tienen diferentes historias y diferentes países. La unidad entre la sociedad y las élites es un medio confiable para mantener el control sobre la mayoría. Pero la sociedad necesita unidad para mantener a las autoridades políticas bajo control y cambiarlas por la fuerza en situaciones críticas.

    El patriotismo de las naciones colonizadas tradicionalmente equivale al nacionalismo cívico y a la lucha nacional-liberadora. En lo que respecta a las naciones imperiales, la idea de una historia antiimperial de los pueblos y de los pueblos podría servir como base para la solidaridad contra la élite, aunque no hay nada nuevo en esta idea.

    «Aprendí que había que luchar por la libertad de la que disfruto, desde la Revuelta de los Campesinos hasta los Excavadores y Niveladores, desde el Capitán Swing y Ned Ludd hasta los Cartistas y las Sufragistas», escribe el cantante de rock inglés Billy Bragg en su libro, The Progressive Patriot (2006), extendiendo el lienzo de la historia inglesa a través de las etapas de la creación de mecanismos democráticos y su incorporación de diferentes estratos y grupos: plebeyos.  trabajadores, mujeres, migrantes… «Por primera vez oí hablar de Tom Paine y los Mártires de Tolpuddle, de los Philantropists de pantalones harapientos y de la Batalla de Cable Street. Comencé a apreciar cómo mi vida había sido moldeada por el deslizamiento de tierra de Labout de 1945 y la fundación del Estado de Bienestar».

    Casi cien años antes, en su artículo de 1914, «Sobre el orgullo nacional de los grandes rusos», Lenin dio una excelente expresión a la esencia de lo que Bragg llama patriotismo progresista: «¿Es ajeno el sentimiento de orgullo nacional a nosotros, proletarios conscientes de Gran Rusia? ¡Claro que no! […] Amamos nuestra lengua y nuestra patria […] Lo más doloroso de ver y sentir es a qué violencia, opresión y burla someten los verdugos de los zares, la nobleza y los capitalistas a nuestra hermosa patria. Estamos orgullosos de que esta violencia haya provocado resistencia de nuestro entorno, del entorno de los grandes rusos, que este medio nos dio a Radishchev, los decembristas, el raznochintsy revolucionario [nota: un término utilizado para designar a ciudadanos educados, no nobles de rango mixto en el Imperio ruso] de la década de 1870 «.

    En la década de 1970, el universalismo marxista, junto con su programa internacionalista, entró en crisis. Las «políticas de identidad» presentaron nuevas formas de solidaridad y resistencia con un mayor énfasis en el activismo y la lucha por mecanismos culturales y educativos que en la representación de la mayoría democrática de la nación en los órganos de poder. La época neoliberal comenzó, el libre mercado tomó su venganza, lo que finalmente condujo a una demanda opuesta para el fortalecimiento del estado nacional. La política expansionista de los Estados Unidos, el triunfo de los británicos y estadounidenses y los conservadores requiere que el movimiento de izquierda luche en su territorio, y esto significa confiar en la historia nacional.

    La Historia del Pueblo de los Estados Unidos de Howard Zinn fue lanzada en 1980. El historiador se centra en la lucha de los trabajadores, las mujeres y las minorías raciales y étnicas. Su modelo de patriotismo es una respuesta a la política militarista e imperialista de su país: «[D]isentir es la forma más elevada de patriotismo. […] Si el gobierno no está defendiendo nuestras libertades, sino que está disminuyendo nuestras libertades, si el gobierno está enviando a los jóvenes a la guerra o haciendo una guerra que es injustificada, bueno, entonces el gobierno no está siguiendo los principios de preocuparse por la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. […] En ese momento, cuando un gobierno se comporta así, es lo más patriótico desobedecer al gobierno.

    Uno de los logros de Zinn es que escribe la lucha de los grupos individuales en el marco más amplio de la historia nacional y de clase, respondiendo, a su manera, a la pregunta de cómo los izquierdistas deberían interactuar con la política de identidad en la época de crisis dentro del movimiento obrero tradicional y la perspectiva internacionalista relacionada. En su artículo de 1996, Eric Hobsbawm plantea la misma pregunta: «¿Por qué entonces ha sido tan difícil para la izquierda, ciertamente para la izquierda en los países de habla inglesa, verse a sí misma como la representante de toda la nación? (Estoy, por supuesto, hablando de la nación como la comunidad de todas las personas en un país, no como una entidad étnica). […] Después de todo, incluso Marx previó tal transformación en El Manifiesto Comunista. Todd Gitlin habló duramente sobre este motivo en su libro, The Twilight of Common Dreams: «[Q] ué es la Izquierda si no es  … la voz de todo un pueblo?…  Si no hay gente, sino sólo pueblos, no hay izquierda».

    Hobsbawm también escribe sobre «el notable matrimonio del patriotismo y la transformación social», que dominó la política europea inmediatamente después de 1945. No es casualidad que el populismo de izquierda, que combinaba una agenda de clase con una patriótica, sea popular en el mundo de hoy, cuando de nuevo es tan evidente que aquellos que son pobres y privados de los medios de producción de hecho constituyen la mayoría de la nación.

     

    Algunas feministas han propuesto su propia versión de cómo la conversación sobre las identidades puede combinarse no solo con una agenda global, sino también patriótica. Dicho esto, la situación con la política de identidad no es tan simple. Por ejemplo, el feminismo no solo crea su propia agenda global, sino que también contribuye a la agenda patriótica radical. «[D]isentir es también un ‘valor tradicional’, y en una república fundada por la revolución, una más profundamente nativa de lo que puede ser el conservadurismo de cara engreída», escribe la feminista estadounidense Barbara Ehrenreich en su ensayo, «Family Values» (1988). «El feminismo fue prácticamente inventado aquí, y debe ser considerado como una de nuestras exportaciones más orgullosas al mundo. […] No importa que el patriotismo sea demasiado a menudo el refugio de los sinvergüenzas. La disidencia, la rebelión y la elevación del infierno siguen siendo el verdadero deber de los patriotas».

    Otra feminista de primer nivel, la poetisa Adrienne Rich, también abordó el tema del patriotismo. En 1991, durante la Guerra del Golfo Pérsico, Rich estaba trabajando en su ciclo poético, Un Atlas del Mundo Difícil. Ella busca el antídoto contra la propaganda imperialista y corporativa en historias privadas de solidaridad y ayuda mutua, en la experiencia personal de la política, en la diversidad de la naturaleza y los estilos de vida estadounidenses:

    Un patriota no es un arma. Un patriota es aquel que lucha por

    El alma de su país

    mientras lucha por su propio ser, por el alma de su país.

    (mirando a través del gran círculo en Window Rock en el brillo de la pared de Vietnam)

    mientras lucha por su propio ser. Un patriota es un ciudadano que intenta

                            despertar

    Del sueño quemado de la inocencia, la pesadilla

    del general blanco y el general negro posaron en su

                            camuflaje

    Para recordar su verdadero país, recuerde su tierra sufriente:

                            recordar

    que la bendición y la maldición nacen como gemelos y se separan al nacer

                            para volver a encontrarse en duelo

    que el emigrante interno es el más nostálgico de todas las mujeres y

                            de todos los hombres

    que cada bandera que ondea hoy es un grito de dolor.

     

    Todos los autores citados anteriormente pertenecen a las principales tradiciones imperialistas: británica, estadounidense y rusa. Las máquinas imperialistas de estos países trajeron a los pueblos del mundo mucho mal, pero las culturas de estos países hicieron sus propias contribuciones al progreso de la humanidad. Claramente, no podemos colocar a Dostoievski, Tolkien o Hemingway en la tradición antiimperialista, pero podemos aceptarlos, críticamente, en todas sus contradicciones, como parte de la literatura mundial y parte de las culturas nacionales con las que los asociamos. Esto es especialmente cierto en lo que respecta al proyecto soviético, con su combinación única y, hasta el día de hoy, insuficientemente conceptualizada de lo emancipador y lo anticolonial.

    Cuando escucho a alguien decir algo como: «Rusia es un país de verdugos, informantes y víctimas», respondo que mi bisabuelo no fue ni verdugo ni víctima, sino que participó en la Revolución de 1905, mi bisabuelo como comunista húngaro, luchó por el programa de paz de Zimmerwald y luego se convirtió en una persona soviética y por algún milagro logró escapar de la represión. Mi otro bisabuelo luchó por los rojos en la Guerra Civil, luego trabajó en el desarrollo de combustible para motores a reacción, luego trabajó en «Sharashka» con el académico Korolev, y su hija, mi abuela, más tarde diseñó pozos de minas soviéticas. Sí, mis parientes hipotéticos podrían haber trabajado en el NKVD. Sí, mis parientes reales pueden haber cometido actos sociales desagradables sobre los cuales la historia familiar guarda silencio. Pero en última instancia, eso no habría cambiado nada; después de todo, estamos hablando de experiencia colectiva y no solo personal, de la experiencia colectiva de liberación y esclavitud, arqueización y progreso.

    Considerar octubre de 1917 como un gran acontecimiento emancipador no es lo mismo que apoyar los excesos de la Cheka, la derrota del sistema multipartidista, la apropiación estatal de los sindicatos o la negativa de los bolcheviques a cumplir muchas de sus promesas. Reconocer el papel progresista de la URSS en muchas esferas, desde la colonización del espacio hasta el apoyo a la lucha anticolonial en todo el mundo, no significa cerrar los ojos ante el Gran Terror, la «Campaña Anticosmopolita», la represión de la Primavera de Praga o la imposición de psiquiatría punitiva a los disidentes. Reconocer que el ejército soviético liberó a Europa del nazismo no significa negar la toma de posesión de Europa del Este después de la guerra o los derechos de sus naciones a su versión de la historia.

    «Necesitamos desafiar el monopolio de la derecha sobre el patriotismo, no proclamando nuestra lealtad ciega a nuestro país, correcto o incorrecto, sino desarrollando una narrativa que explique cómo todos llegamos a estar aquí juntos en este lugar y cómo todos llegamos a estar aquí juntos en este lugar, y cómo las sucesivas generaciones de aquellos que inicialmente fueron excluidos de la sociedad llegaron a sentir que aquí era donde pertenecían. «, escribe Bragg. » Durante los últimos treinta años, la izquierda ha estado luchando contra el fascismo con una mano atada a la espalda. Nuestro apoyo igualitario al internacionalismo nos ha impedido participar adecuadamente en el debate sobre la identidad. Dejando que gente como el BNP y el Daily Mail decidan quién pertenece y quién no pertenece aquí». Bragg es un patriota de Inglaterra, un país con fronteras históricas completamente claras. El problema imperialista en Rusia se complica por el hecho de que existen varias comunidades nacionales en los mismos territorios. Esto es parcialmente el legado de la URSS. La cuestión del grado en que la URSS era un imperio es de interés no sólo para los estudiosos, hoy también es de gran importancia política.

     

    Estaba en la escuela en la década de 1980, cuando las tendencias ideológicas acumuladas de varios períodos soviéticos formaron una imagen bastante ecléctica. Me llevé de la escuela la gloriosa historia de la guerra social y de clases, los levantamientos y las revoluciones, pero también el sentido positivo de la palabra «patriota», refiriéndose a la Unificación de Italia, a la Segunda Guerra Mundial, a la Resistencia, a la lucha anticolonial de los pueblos de África y Asia, a la Revolución Cubana. También llevé conmigo de la escuela la noción lamentablemente bien conocida de que «Rusia nunca atacó a nadie», que probablemente se remonta al giro patriótico estatal de las décadas de 1930 y 1940.

    Una multitud de factores llevaron a los «patriotas soviéticos» a apoyar la agresión de la Federación Rusa en Ucrania: las reliquias del viejo imperialismo; las ideas dogmáticamente asimiladas de los clásicos del marxismo sobre cómo la centralización es más progresiva que la fragmentación y un lenguaje común preferible a la clase obrera que muchos idiomas; la persistente era de la Guerra Fría de campos opuestos. Esta agresión se presenta conscientemente a su público objetivo como un paso hacia la restauración de la URSS. También hay casos más complicados. Vladimir Stepanov, un veterano de la Segunda Guerra Mundial que participó en la Invasión de las Islas Kuriles y habló en contra de devolver las islas a Japón hace un par de años, tomó una posición en contra de la «Operación Militar Especial». Con toda probabilidad, esta posición es consistente a su manera. Incluir las Islas Kuriles en la estructura de la URSS se percibe como un resultado justo de una guerra con un agresor, mientras que el ataque a Ucrania, especialmente utilizando los lemas de la Segunda Guerra Mundial, contradice este mismo sentido de justicia.

    Como alternativa al patriotismo soviético acrítico, Sergei Abashin propone que «veamos y aceptemos el carácter contradictorio, ambivalente y complejo del soviético, complejo en términos de su fase temporal, su diversidad espacial, la coexistencia de proyectos en competencia, experiencias personales y tendencias. En esta ambivalencia había espacio para la desigualdad junto con los intentos de superarla, para la colonialidad junto con las prácticas anticoloniales, para las restricciones políticas masivas, incluidas las represiones, junto con la movilidad social de masas, y para la construcción de la nación junto con la construcción de la comunión supranacional». Tal enfoque contradice la narrativa anticolonial lineal que presenta categóricamente a Moscú como el explotador. Al mismo tiempo, contradice la imagen nostálgica de la feliz igualdad de los pueblos bajo la tutela de los rusos como los supuestamente «primeros entre iguales».

    La alternativa a estas dos narrativas es una en la que la historia de las tomas imperialistas coexista con la historia de la coexistencia y el desarrollo mutuo de varios pueblos y culturas: desde la cohabitación de siglos de las comunidades musulmanas y ortodoxas y la rebelión multinacional de Pugachev hasta los elementos de modernización en las repúblicas nacionales de la URSS. Es precisamente de esta manera que un «patriotismo progresista» ruso podría oponerse tanto al patriotismo del Estado como al nacionalismo étnico ruso, que, en todos sus moldes de extrema derecha, se basa en la estigmatización de la mayoría rusa como víctima y, en su conflicto con otros nacionalismos, amenaza con la redistribución sangrienta de varios territorios «nativos». Reconociendo y apoyando el derecho de los pueblos a todas las formas de autodeterminación, los izquierdistas y demócratas de Rusia deberían pensar en un modelo de sociedad inclusiva inmune a toda xenofobia y en una nueva federación, que supere genuinamente el legado del imperialismo y que los territorios y las comunidades puedan unirse voluntariamente con derechos plenos e iguales. La posibilidad de comenzar a trabajar en la realización de tal idea podría perderse en cualquier momento.

    Esta es una convocatoria global, también. A pesar de las promesas de la inminente apertura de fronteras como resultado del progreso del capital global, vemos no solo una nueva demanda del estado nacional, sino también conflictos cada vez más sangrientos por las fronteras y los territorios «nativos» en todo el mundo. La intervención armada de la Federación de Rusia en Ucrania está intensificando esta tendencia.

    No existe un marco político único a través del cual se puedan resolver los problemas de Donbass, Karabaj, Kosovo, Crimea, Cataluña, Taiwán, Abjasia, Palestina y otras repúblicas anexadas, disputadas, autodeclaradas o parcialmente reconocidas. El caso del Donbass muestra que las ambiciones imperialistas de los grandes estados no permiten a sus vecinos resolver sus problemas internos desde la federalización. La palabra «federalización» se convierte en última instancia en sinónimo de concesiones a las ambiciones geopolíticas del agresor. Por su bien, la historia pro-rusa se construye desde arriba en estados títeres, utilizando los elementos reales y existentes de la identidad soviética, es decir, proletaria y antifascista.

    Dicho esto, ¿existe un posible escape de esta situación que implicaría no la lógica de los estados nacionales, sino la idea de una federación o confederación supranacional? Sólo podemos esperar. El patriotismo regional, que se opone no sólo al nacionalismo étnico sino, a veces, a los proyectos cívicos de construcción de la nación, tampoco ha tenido su última palabra. Se remonta tanto a los experimentos del pasado (Yugoslavia, la URSS), que dejaron atrás, entre otras cosas, un mar de asociaciones positivas, como a los proyectos unificadores de continente con un fuerte componente antiimperialista (bolivarianismo, panafricanismo). También hay un componente de este tipo en la idea de una Europa fuerte y unida, independiente de los Estados Unidos.

    Pero esto no sólo concierne a la historia. En última instancia, no todos están interesados en la historia, y no todos están sujetos a la manipulación propagandística. Como he dicho en otra parte, el patriotismo es también una respuesta a la crisis de las principales ideologías y narrativas ideológicas como tales. Cuando las personas ya no creen en «palabras fuertes», se unen en torno a «acciones concretas» y «espacios comunes».

    Al unirse a la lucha por preservar los bosques, los parques y el desarrollo urbano, las personas dejan de lado o a distancia los «principales» desacuerdos políticos que les impiden actuar coordinadamente. Sin embargo, la necesidad de grandes programas políticos y narrativas históricas no desaparece. Si los activistas no están armados con su propia historia, entonces, tarde o temprano, su agenda será apropiada por el Estado, o de lo contrario la propaganda los dividirá en líneas familiares, esas mismas líneas de la oposición soviética / antisoviética de 1991-1992. Necesitamos una narrativa que sea capaz de superar esta brecha, que incorpore el activismo local en la historia más amplia del activismo de base y la resistencia, que continuó en la URSS.

    Pero tal narrativa no puede construirse desde cero. Sólo puede nacer de la lucha desde abajo. Mis observaciones del activismo local en los últimos años han demostrado: aquellos que se involucran seriamente en la preservación de la naturaleza local, los paisajes históricos y las culturas inevitablemente, aunque no de inmediato, llegan a la conclusión de que tal preservación requiere una perspectiva nacional y, en última instancia, global. Vale la pena recordar el lema del movimiento alterglobalista, «Actuar localmente, pensar globalmente», que llegó a un callejón sin salida precisamente por la razón de que trató de utilizar mecanismos internacionales como los foros sociales para eludir una agenda nacional completamente fundamentada.

    La trayectoria del movimiento para la preservación de los chiítas es interesante. Esta iniciativa local contra la creación de un vertedero, planificada por Moscú, en la región de Arkhangelsk, en la frontera con la República de Komi, movilizó no solo las agendas ecológicas y de derechos humanos, sino también las regionales y etnoculturales. Atrajo a personas de los más diversos puntos de vista y creencias y, en última instancia, alcanzó un nivel nacional (un proceso severamente complicado por el inicio de la guerra pero no abandonado). Es posible que se desarrolle un nuevo proyecto internacionalista de acuerdo con este modelo, que surja de la protección de los lugares y comunidades nativas. Un nuevo internacionalismo es necesario hoy como nunca antes. Pero es imposible alcanzarlo si pasamos por encima de los niveles local, regional y, en algunos casos, nacional.

     

    En su reciente libro, Patriotism from Below (2021), Karine Clément escribe sobre cómo, en la época de Putin, las personas que se sintieron aliviadas al sentir una cierta mejora en los niveles de vida, una restauración del «orden», una dependencia reducida de Occidente y un cierto orgullo restaurado en su país comenzaron a experimentar un nuevo deseo de solidaridad y hacer la pregunta: ¿Por qué vivimos tan mal en un país tan rico?

    Y así, en cierto momento histórico, el patriotismo estatal y no estatal se unieron. Pero este equilibrio no se puede preservar por mucho tiempo. Se verá perturbada por una aguda desigualdad social o por una «guerra corta y victoriosa» que ya no es corta y claramente no será victoriosa. Se desató en parte con el objetivo de suprimir la formación de una alternativa cívica desde abajo.

    Una de las personas que ha estado desarrollando un programa para tal alternativa, el proyecto de una nueva mayoría que une a las personas de 1991 y 1993 con una nueva generación de ciudadanos activos, es Alexei Navalny. Habiendo combinado agendas liberales, nacionalistas y anticorrupción, está tratando de atraer nuevas audiencias expresando demandas redistributivas y populistas de izquierda, entre otras. El estado, a juzgar por su reacción (un intento de envenenamiento y una sentencia de prisión), evalúa altamente sus logros políticos.

    Los intentos más exitosos y prometedores de crear una nueva mayoría desde la izquierda se encuentran en el trabajo del equipo de Mikhail Lobanov y sus proyectos relacionados. La combinación de agendas relacionadas con los derechos y las libertades, el autogobierno local, la lucha contra la desigualdad de clases, el reconocimiento de los éxitos y los fracasos de la URSS y, lo más importante, el trabajo con iniciativas de base ha ayudado a una nueva generación de socialistas democráticos a movilizar una amplia coalición de personas de los puntos de vista más diversos (con la excepción de los ultraliberales y los nacionalistas xenófobos).

    ***

    El «patriotismo progresista» del que hemos estado hablando en este texto no es ni un método científico ni un programa político. Es precisamente una ideología que, uniendo la experiencia personal y colectiva, las opiniones políticas, el amor por las lenguas y culturas, por los familiares y amigos, y la solidaridad con los vecinos y conciudadanos, puede proporcionar apoyo en momentos como estos, que son críticos para todos los ciudadanos y todos los ciudadanos juntos. Es necesario proteger el movimiento de base de la división y la usurpación ideológica por parte del Estado, ofrecer una plataforma común —en primer lugar, hoy, una plataforma contra la guerra— a aquellos que están dispersos, perdidos y propensos a la autodestrucción individual y nacional, a la búsqueda de culpables entre los más cercanos a ellos, y a todo lo que solo desmoraliza sin aportar ningún uso a la resistencia.

    Si nuestro país es a priori un bastión de la moralidad o una rama afiliada del infierno, entonces nada depende de nosotros. Si «no existimos como nación», entonces no hay manera de que respondamos o emprendamos nada.

    Pero existimos y también existe tanto lo que puede inspirarnos como aquello por lo que debemos asumir la responsabilidad en el pasado y en el presente. Responsabilidad significa acción, acción política que cambia el equilibrio entre las grandes y las páginas aterradoras de nuestra historia y, en última instancia, es capaz de construir un nuevo país.

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    Valerio

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    Valerio Arcary

    Profesor de Historia en la Universidad de São Paulo. Doctor en Historia por la USP. Militante trotskista desde la Revolución de los Claveles. Autor de varios libros, entre ellos O Martelo da História.

    Traducción: Punto de Vista Internacional
    Fuente: 
    Esquerda online

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    22/11/2022

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    El desafío de enfrentar al Bolsonarismo requiere unir a la clase obrera organizada, sindicalmente, con las masas populares más oprimidas. Esta lucha se hará desde las instituciones, el gobierno y el Parlamento, pero se decidirá en la base de la sociedad. Ahí, el PSOL puede marcar la diferencia.

     

     

    La ambición nunca descansa.

                                                                La ambición nunca escucha los razonamientos de los demás.

                                                                                            La sabiduría popular portuguesa

    El debate más enconado de 2022, que comenzó en el Congreso del PSol de 2021, versó sobre las tácticas electorales. Estábamos o no ante la necesidad de una candidatura unitaria de todos los partidos de izquierda, a través de Lula, para garantizar la derrota de Bolsonaro? Finalmente, el PSol, hoy el segundo partido más influyente de la izquierda brasileña, defendió la necesidad de la candidatura única, apoyando a Lula desde la primera vuelta, a pesar de la elección de Alckmin. Se basaba en una evaluación de la relación de fuerzas sociales y políticas. Esta decisión no fue fácil, después de todo algo más del 40% votó en contra, pero fue lúcida. Fue más útil para el desafío central planteado, la necesidad de derrotar a Bolsonaro, la agitación del PSol en la campaña de Lula, que la propaganda de un programa anticapitalista con candidatura propia.

    Ahora el PSol se enfrentará a otra difícil decisión. ¿Debe aceptar una invitación para integrarse en el Gobierno de Lula? ¿O su lugar debe estar en el fortalecimiento del trabajo de base, en la primera línea de la lucha contra el bolsonarismo, para alimentar la movilización popular? Como enseña la sabiduría popular, no se puede sacar el córner y cabecear el balón. La elección del papel a desempeñar es ineludible. ¿Dónde puede marcar la diferencia el PSol?

    La victoria electoral fue gigantesca, pero el peligro fascista sigue desgraciadamente presente, como hemos podido comprobar en los bloqueos de carreteras y en las concentraciones a las puertas de los cuarteles. Se equivocan quienes piensan que la extrema derecha se asentará como partido electoral. Eso no es lo que ha ocurrido en las últimas tres semanas. Por el contrario, el bolsonarismo seguirá con un pie en la institucionalidad y otro en el golpismo. La fascistización será alimentada por Bolsonaro, que no se ha rendido, insistirá en la radicalización extremista y pretende volver al poder.

    La decisión sobre el papel del PSol debe basarse en una apreciación de la coyuntura que considere cuál será la naturaleza del gobierno de coalición, pero también el papel de los neofascistas. El Bolsonarismo perdió las elecciones pero sigue siendo una poderosa fuerza social y política.

    Para evaluar la relación de fuerzas deben tenerse en cuenta varios criterios. Sin olvidar que el despliegue del PSol sigue siendo limitado. ¿Dónde será más útil el PSol? ¿Desde dónde puede ser un punto de apoyo para las reivindicaciones populares y la movilización social? Ya se enfrentará al reto de una mayor responsabilidad en la intervención parlamentaria. No puede descuidar su presencia en la base de los movimientos. Si los militantes más experimentados se pasan a las exigencias de los mandatos y, además, asumen cargos directivos en el gobierno nacional o estatal, será inevitable una dinámica de institucionalización de los cuadros. La ambición excesiva alimenta la ceguera.

    La cuestión tiene consecuencias estratégicas. Si el PSol hubiera subestimado la fuerza política y electoral del bolsonarismo, como han hecho otros en la izquierda radical, hasta el punto de lanzar su propia candidatura en la primera vuelta, habría cometido un grave error. La victoria de Lula no dependía, por supuesto, del apoyo del PSol desde la primera vuelta. Pero la elección de los diputados del PSol dependía de la relación de confianza que se estableciera con la parte más politizada de la clase trabajadora y la juventud que apoyaba a Lula. Por supuesto, los contrafactuales, incluso cuando se hacen con parámetros equilibrados, no son más que un ejercicio de imaginación.

    Pero este debate existió, porque la izquierda radical brasileña, en sus diversos componentes, es mucho más amplia que la militancia orgánica del PSol. Se expresa a través de activistas en los sindicatos, en el movimiento estudiantil, en los movimientos contra la opresión de las mujeres, los negros y los LGBT, en las articulaciones medioambientales y de derechos humanos y, por supuesto, en la importancia de la intelectualidad académica, la comunicación, la cultura y las artes.

    Una enorme mayoría de la militancia no tenía dudas: comprendía el peligro que representaba Bolsonaro. Aun así, un sector minoritario pero combativo se inclinó por defender que el PSol levantara un candidato propio, porque apostaban a que la victoria de Lula sería más que probable. Estaban equivocados. Las elecciones fueron muy difíciles, y la victoria sólo llegó en la segunda vuelta, y por un estrecho margen: dos millones de votos. Aunque siempre hay, en las elecciones, una distorsión que disminuye la expresión de la voluntad popular, lo cierto es que entre los asalariados que ganan más de dos salarios mínimos, empatamos o perdimos.

    La experiencia de la lucha político-electoral ya demostró, por ejemplo en 2018, que no sería fácil. La candidatura de Boulos era un punto de apoyo para enfrentar a Bolsonaro, no un obstáculo para que Haddad llegara a la 2ª vuelta. Aun así, perdimos y por una gran diferencia, sobre todo en la base social histórica de la izquierda, la porción de trabajadores con contrato en el sector privado, y entre los funcionarios. El desafío de enfrentar al Bolsonarismo requiere unir a la clase obrera, organizada en sindicatos, con las masas populares más oprimidas. Esta lucha se hará desde las instituciones, el gobierno y el Parlamento, pero se decidirá en la base de la sociedad. Ahí, Psol puede marcar la diferencia.

    La disputa ya está en marcha. La presión burguesa en favor de la responsabilidad fiscal tras tres años de techo de gasto es absurda. La constitucionalización del ajuste fiscal en el gobierno Temer con el «Techo de Gasto» fue una drástica medida preventiva insostenible para que «los ingleses vean». La restricción presupuestaria en el PEC de transición es un intento de los capitalistas de proteger al gobierno de Lula. La nota de los mandos militares fue un abuso de poder, y no tiene sentido fingir que no ocurrió. El brazo armado del partido bolsonarista está intacto. Preservar a Lira en la presidencia de la Cámara sin lucha sería una concesión inexcusable. Luchar por un gobierno «mayoritario» en el Congreso es una «rendición», por anticipado. La lucha por la desbolonarización del Estado es ineludible. Bolsonaro juzgado y encarcelado es difícil, pero posible.

    El PSol tiene un proyecto político diferente del PT. El PT es el partido con mayor influencia entre los trabajadores, y Lula el de mayor liderazgo popular en Brasil, pero su programa es la regulación del capitalismo mediante reformas. El PSOL es un partido anticapitalista. El PSol no participó en los gobiernos del PT entre 2004/16. Pero el PSol tampoco fue nunca un obstáculo para que el PT llegara al gobierno. Aún más importante, el PSol se puso del lado del PT en la defensa de la legitimidad del mandato de Dilma cuando la trama golpista pasó del terreno de la agitación a la acción contrarrevolucionaria en las calles. Hay una dialéctica inteligente en luchar por la construcción de un partido socialista que supere los límites del PT y, al mismo tiempo, luchar junto al PT y al gobierno de Lula contra Bolsonaro.

    La idea de que debería haber un único partido de izquierdas suena atractiva, pero no es progresista. En el siglo XXI es un error, porque les impide presentar públicamente las diferencias entre la izquierda moderada y la anticapitalista. En la época histórica del siglo XIX, en los albores del movimiento socialista, era progresista. Pero no han pasado en vano ciento cincuenta años desde la fundación del Partido Socialista Alemán, la primera organización de clase independiente que adoptó un vocabulario marxista.

    La representación política de los intereses de los trabajadores no puede ser realizada por un solo partido, como quedó patente en el siglo XX. Sólo a un nivel muy alto de abstracción tiene sentido reconocer la existencia de un «gran partido laborista» que se expresa a través de diferentes fracciones públicas, desde las más moderadas a las más radicales. Pero sin mediaciones es peligroso. Porque sólo sería posible silenciando las posiciones minoritarias, que suelen ser las más revolucionarias en las condiciones actuales.

    Una izquierda socialista para el siglo XXI debe luchar por un programa anticapitalista. Quien considere que esta lucha pasa por el PT, y que en este partido hay marxistas serios que luchan honorablemente por el programa del socialismo, tiene nuestro respeto. Pero apostamos a que el proyecto del PSol, con todos los riesgos que existen, es más alentador.

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