Autor: AndreuColl4

  • Tariq Ali: «Es perfectamente razonable no estar a favor de Putin ni de Zelensky»

    Tariq Ali: «Es perfectamente razonable no estar a favor de Putin ni de Zelensky»

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    Entrevista por Martín Mosquera y Nicolás Allen

     

    Traducción: Pedro Perucca
    Fuente: 
    Jacobin América Latina

    Actualidad Internacional: Entrevista con…

    21/02/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

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    l escritor, cineasta e historiador paquistaní Tariq Ali, integrante de los consejos editoriales de la revista New Left Review y de Verso Books e histórico militante de izquierda en Gran Bretaña, donde vive desde su juventud, analizó para Jacobin el nuevo escenario mundial abierto por la invasión rusa a Ucrania. Siempre interesado en la evolución de los movimientos políticos latinoamericanos, también destacó que la coyuntura política actual abre la posibilidad de una nueva Marea Rosa en la región.

     

    Comenzamos con la gran pregunta, la que tiene que ver con el debate que está dividiendo a la izquierda internacional en torno a cómo caracterizar la guerra en Ucrania. Están los sectores que afirman que la guerra es solamente una «guerra de independencia nacional» contra un agresor imperialista, en este caso Rusia, y hay quienes afirman que también se trata de una «guerra por delegación» librada por Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y que, por lo tanto, sería también una guerra interimperialista. Esas son dos de las principales posiciones sobre el conflicto, cada una con vertientes, pero ¿cuál sería su propia caracterización de esta guerra?

    Desde el principio he visto que esencialmente se están librando tres guerras. Una es, por supuesto, la intervención rusa en Ucrania, en la que el aventurerismo enloquecido del presidente ruso Vladimir Putin lo llevó a pensar que su ejército era capaz de tomar todo el país sin más. Esa fue la causa inmediata de esta guerra en particular. En segundo lugar, es una guerra entre los invasores rusos y los nacionalistas ucranianos de toda clase, incluida la derecha dura dentro del núcleo nacionalista ucraniano, respecto de quienes no tiene sentido negar que son fascistas en lo político, con un legado que proviene de los fascistas que lucharon junto al Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial. Hay una larga historia de eso en Ucrania. No es un gran secreto. Pero sería un error decir que todos los nacionalistas ucranianos son fascistas, aunque todo fascista ucraniano es nacionalista. Y la tercera, que en los últimos meses se ha vuelto el aspecto más importante de la guerra, tiene que ver con la intervención de la OTAN. Ahora bien, es absolutamente cierto que Ucrania no es miembro de la OTAN, pero eso no significa que la OTAN no esté en Ucrania. Porque viene siendo el caso desde 2014, cuando sucedió la llamada «revolución de Maidán», que efectivamente fue un golpe de Estado en muchos aspectos organizado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, con [la subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos] Victoria Nuland diciendo abiertamente que estaba allí para elegir al nuevo liderazgo de Ucrania. ¿Qué puede ser más claro que eso? No me cabe la menor duda de que, desde 2014, Estados Unidos ha ido aumentando su control político, militar e ideológico de Ucrania.

    Esto plantea una pregunta sobre lo que podrían haber hecho los rusos sin embarcarse en la guerra. En mi opinión, podrían haber ejercido mucha presión. Y, en el peor de los casos, podrían haber amenazado con tomar el control de los óblast en el Donbas, Donetsk y Lugansk. Y, de manera curiosa, eso es básicamente para lo que Estados Unidos estaba preparado, algo que se consideraba inaceptable pero que podía constituir un punto de negociación. Entonces Putin perdió completamente la calma y decidió que iba a tomar toda Ucrania. Y la razón por la que hizo esto fue porque estaba harto. Rusia y Estados Unidos, con sus respectivos servicios de inteligencia, sabían perfectamente lo que estaba pasando. Desde el pasado mes de septiembre Estados Unidos conocía los planes rusos para la invasión a Ucrania, pero no podían creerlo y tuvieron que preguntarle a sus colegas rusos, quienes confirmaron esos planes por haber perdido la paciencia ante todos los juegos que había estado jugando Estados Unidos. Pero, aun así, en Estados Unidos muchos dudaban de que eso fuera a concretarse. Y la mayoría de la gente de la izquierda, sabiendo lo que había estado sucediendo hasta 2014, pensaba que Putin amenazaba efectivamente a Ucrania como forma de presión, con el objetivo de que del otro lado comiencen a escuchar y acepten sus demandas.

    Tengo que decir que ninguno de nosotros creía en la amenaza de ocupación, algo tan irracional (exclusivamente en términos de racionalidad burguesa o incluso imperial, si se quiere) que no nos cabía en la cabeza. No era algo que pudiéramos haber previsto. Así que creo que ese es el preámbulo de la guerra. Y es interesante la respuesta inicial de personas de muy alto nivel en los Estados Unidos. Hay dos artículos de Tom Friedman en el New York Times que fueron muy críticos sobre el rol de Estados Unidos. Si bien allí Friedman no decía explícitamente que EE. UU. eran responsable, todo su argumento era que esencialmente había provocado la guerra. No me gusta decir esto, pero hay que reconocer que se trató de un análisis bastante agudo, más que los de cualquier corresponsal de la prensa dominante en Europa.

    El actual jefe de la CIA y exembajador estadounidense en la Federación Rusa William Burns ya había advertido hace años que la única línea roja para los rusos era Ucrania. Si la OTAN y la Unión Europea (ahora más o menos en acuerdo, con la excepción de Turquía) seguían por ese camino iban a provocar una respuesta seria por parte de Rusia. Muchas otras personas en el Departamento de Estado y en otros lugares plantearon advertencias en el mismo sentido. Mary Sarotte escribió todo un libro sobre el tema mapeando exactamente lo que había sucedido: Not One Inch: America, Russia, and the Making of Post-Cold War Stalemate (Ni una pulgada: Estados Unidos, Rusia y la creación del estancamiento posterior a la Guerra Fría). Pero EE. UU. avanzó despreocupadamente después de 2014 y, aunque había muchas razones para ello, una razón clave era que no creía que Putin intentara ocupar la totalidad de Ucrania, como tampoco lo creía la izquierda. Y eso es lo que conmocionó a todo el mundo. Incluso el presidente estadounidense Joe Biden dijo públicamente que se hubiera podido aceptar la ocupación de Crimea y la ampliación del espacio ruso con la toma de las provincias de mayoría rusa, lo que hubiera sido un punto de partida para las negociaciones. Pero los rusos fueron mucho más allá. Vale la pena tener esto en cuenta.

    La ideología declarada de Putin es la de un gran chovinista ruso. No hay otra forma de describirla. Él glorifica el período zarista, cuando el Imperio ruso era enorme, odia a Lenin y a los bolcheviques por haberles dado a todas las naciones del antiguo Imperio zarista el derecho a la autodeterminación nacional. En particular, odia a Lenin porque afirma que entregó demasiado. Su forma de pensar no es nuestra forma de pensar, en eso podemos estar de acuerdo. Lenin y Trotsky, como la mayoría de los bolcheviques, eran internacionalistas y pensaban internacionalmente y el chovinismo ruso había sido su enemigo durante muchas décadas porque era la ideología de la élite gobernante. Putin incluso dijo que no existía tal cosa como una nación ucraniana. Esto es inaceptable.

    Hay un argumento posible para plantear que, mirada en retrospectiva, la ampliación de Ucrania durante el período soviético, llevada a cabo cuando Jrushchov era el principal líder de la Unión Soviética, fue imprudente. Pero ¿quién puede decirlo cuando nadie había pensado jamás que la Unión Soviética se derrumbaría tan rápidamente? Putin no dice eso sino que él, Dmitri Medvedev y sus otros aliados afirman que no existe el Estado ucraniano ya que siempre fue parte de Rusia y que no hay nada que discutir. Esta posición implica que la ocupación de Ucrania apenas es una forma de recuperar algo propio, lo que no es cierto, porque incluso en los años veinte y treinta hubo grandes debates sobre Ucrania como nación, no solo por parte de los bolcheviques sino también por expertos en relaciones internacionales que sostuvieron que Ucrania es tan nación como Georgia, por ejemplo.

    Eso es lo que Putin se niega a aceptar y ahí es donde estamos ahora. ¿Pero dónde estamos ahora exactamente? Mi opinión es que estamos en una situación en la que el intento inicial de Putin de tomar toda Ucrania demostró ser un desastre total y absoluto, incluso desde su punto de vista. El ejército ruso está atrapado, porque no era un ejército que esperara luchar durante tanto tiempo. Y eso es lo que va a pasar si el objetivo es tomar toda Ucrania, que no es un insignificante Estado báltico sino una nación de 14 millones de personas, incluso si no se contara a la población rusófona. Entonces, ¿cómo podría tomarse Ucrania sin que la población y el ejército estén totalmente a favor y entiendan lo que se está haciendo y las razones para ello? En este sentido Rusia ha conseguido mejorar algo su posición en los últimos meses y hay sondeos de opinión que muestran que sus índices de aprobación están subiendo (sondeos realizados por agencias occidentales como Ipsos, no agencias rusas). Así que, básicamente, Rusia ha sido incapaz de cumplir sus objetivos.

    Miles y miles de sus tanques han sido capturados y se dice que hasta 10 000 soldados rusos han muerto, lo que es una cantidad enorme. Probablemente, este sea el gasto bélico y de vidas humanas más importante desde hace mucho tiempo en Europa. Así que para Putin esto ha sido un desastre. Y mi opinión es que, en privado, la posición inicial de la OTAN era la de dejarlo ocupar algunos pequeños distritos para luego, a cambio de haberlo dejado hacer eso, incorporar a Ucrania a la OTAN. Eso era lo que Putin no quería que pasara ya que, por razones estratégicas de Estado, no quería bases militares de la OTAN justo en las fronteras de Rusia. Así que no iba a aceptarlo. Y en los medios de comunicación occidentales se habla muy livianamente de que la lucha se lleva a cabo entre Rusia y Ucrania, lo que es solo parcialmente cierto, porque el peso de la mayoría de los combates, en términos de suministro de armas, identificación y asesinato de generales rusos, es responsabilidad de Estados Unidos, que opera con el apoyo de la OTAN.

    En cuanto a la solución, la única significativa es un acuerdo negociado en lugar de continuar con una guerra que va a costar cada vez más vidas ucranianas, la destrucción de ciudades ucranianas, etc. La esperanza rusa de que la entrada de sus tropas en Kiev fuera una expedición muy pequeña que rápidamente ocupe la capital y poco a poco vaya entrando en el resto del país, dejando atrás a miles de ucranianos en las fronteras con Polonia, no se ha cumplido. Ucrania organizó una fuerte resistencia, los alemanes están enviando armas, etc. Desde el punto de vista ideológico general, ha sido un gran triunfo para los Estados Unidos. No creo que haya otra forma de verlo. Hasta ahora, Putin ha sido humillado en el campo de batalla, sus fuerzas han sufrido, Suecia y Finlandia han decidido entrar en la OTAN y Suecia incluso ha comenzado a entregar a refugiados kurdos al presidente Erdoğan, para anular las objeciones turcas para sumarse a la OTAN. Así que es una especie de victoria extraña, pero básicamente constituye una señal de que Estados Unidos ha impulsado esto y de que Rusia está ahora aún más aislada de lo que estaba antes de que decidiera ir a la guerra.

    Ese es el balance hasta ahora. Así que las opciones creo que en gran medida están del lado de la OTAN. Ahora la OTAN o, en realidad, permítanme ser franco, Estados Unidos debe decidir si realmente quiere librar una guerra durante cuatro o cinco años para tratar de debilitar a Rusia a costa de una gran pérdida de vidas ucranianas y de la destrucción de sus ciudades. ¿Van a luchar hasta el último ucraniano simplemente para destruir a un nuevo enemigo de la Guerra Fría? Porque durante mucho tiempo Rusia fue un aliado de Estados Unidos. La guerra de Chechenia, por ejemplo, fue respaldada por Bush, Clinton y Blair. Mataron a mucha gente, y Grozny fue completamente destruida. Eso no fue un problema. Pero esto sí lo es porque desafía la estrategia de la OTAN en esa parte del mundo. La OTAN podría querer seguir luchando si piensa que puede quebrar al Estado ruso, pero no necesariamente ese sería el caso, incluso aunque fuera capaz de hacerlo. Porque si lo intentan se generarían más movilizaciones en Rusia y más gente estaría dispuesta a unirse y luchar para defender su propio país. Mucha más gente se involucraría en esa defensa de la que hoy está dispuesta sumarse a una invasión a Ucrania.

    Así que estamos en un momento de transición. Putin está atascado. Ha obtenido algunas victorias en el Donbas, pero podrían ser de corto plazo. Estados Unidos dice que está decidido a luchar en la guerra y los nacionalistas ucranianos dicen que podrían haber estado dispuestos a aceptar la entrega del Donbas pero que ahora no lo están y quieren recuperar también Crimea. Bueno, si este es el caso, entonces esta guerra puede continuar durante algún tiempo. Y eso es lo que parece en este momento aunque, por supuesto, es una situación muy volátil en la que no pueden hacerse predicciones.

    La otra parte de tu pregunta era sobre el estado de la izquierda. Muy pocos sectores de la izquierda apoyan la guerra de Putin y eso hay que reconocerlo. Hay unos pocos de línea dura que la apoyan simplemente porque el enemigo es Estados Unidos. Y esa nunca ha sido mi forma de ver la política, ni a nivel nacional ni a nivel mundial. El enemigo de tu enemigo rara vez es tu amigo, si es que alguna vez eso sucede. La historia lo ha demostrado una y otra vez. Así que no es algo que pueda funcionar. Pero no empecemos con la izquierda sino con el estado del mundo. La mitad del mundo, si no más, no votó para que Estados Unidos impusiera sanciones a Rusia. Eso es increíblemente importante, en realidad. Es que esa idea de que Estados Unidos decide a qué país sancionar y todo el mundo lo sigue no ha sido cierta en Cuba, ni en Venezuela, ni ahora en Rusia. Simplemente, no es cierto.

    Cuando dos países del tamaño de China e India deciden tomar esa posición, no lo hacen por algún principio estratégico abstracto sino porque sus propios países, que tienen estrechos vínculos comerciales y económicos con Rusia, se verán muy afectados. La mayor parte de África hizo lo mismo. Los principales países del mundo se abstuvieron en la votación de las sanciones. Así que Estados Unidos tuvo que reunir a sus propios aliados, que son básicamente los países que dependen de él desde la Segunda Guerra Mundial. Esa es la realidad. Pero el resto del mundo no está a favor de la forma en que se está librando esta guerra y se opone totalmente a las sanciones a Rusia. Eso representa un cambio público respecto de una guerra que en el resto del mundo no se ve del mismo modo que desde los medios de comunicación europeos. En particular, los informes sobre el tema en India son bastante neutrales, presentando los puntos de vista de ambas partes.

    En cuanto a la izquierda, los intelectuales están divididos. Algunos adoptan la posición que acabo de esbozar (que es la posición que defendemos en la New Left Review desde que comenzó la guerra y, por lo que leí, la posición de Jacobin no es tan diferente) y hay otros, como Slavoj Žižek, cuya ubicación no constituye una sorpresa. Está desesperado por algo de publicidad, así que se le ocurren estas ideas, pero nadie lo toma demasiado en serio en estos días. Hablando más seriamente, lo cierto es que su posición no ha cambiado desde la guerra de Yugoslavia, cuando apoyó los bombardeos de la OTAN. Ese fue el primer gran intento posterior a la Guerra Fría de expandir la OTAN por medio de la fuerza. Y Žižek defendió el bombardeo, algo que lo desacreditó un poco, aunque no demasiado en ese momento. Efectivamente, es un operador astuto e inteligente. Yo lo describiría básicamente como un liberal de izquierda. Y con este tema ha vuelto a sus orígenes. Creo que es inútil nombrar a otras personas.

    La izquierda siempre se divide cuando Occidente está luchando en una guerra y hay sectores que ahora respaldan la presencia de la OTAN en Ucrania y exigen más ayuda y más tropas para los ucranianos. Hicieron lo mismo con Siria, cuando era obvio que Estados Unidos estaba involucrado en el derrocamiento de un régimen que no le convenía en ese momento, apoyaron el derrocamiento de Gadafi en el cambio de régimen en Libia y ahora intentan no hablar de los desastrosos resultados en ese país. Y están haciendo lo mismo con Ucrania. Y creo que vale la pena subrayar que ninguna de estas personas, haya ahora cambiado de bando o reforzado sus posiciones previas, se preocupa demasiado por lo que sucede en Yemen, en Somalia, en el Sahara o por lo que ocurre entre bastidores en otras partes del mundo cuando a Estados Unidos no le gusta el régimen de algún país. Y si hablas con algunos de ellos sobre Palestina, básicamente plantean que los palestinos deben hacer un acuerdo a largo plazo con el Estado sionista, porque no se puede hacer nada más. Si renuncias por completo a cualquier forma de análisis radical de lo que ocurre en el mundo, ¿por qué debería esto ser diferente en Ucrania?

    Esto me recuerda a algo que Richard Seymour escribió hace poco planteando que la guerra es una especie de droga para los intelectuales de izquierda porque de repente sus ideas parecen tener una gran importancia e influencia mundial. Incluso hay algunos que se apresuran a apoyar las causas imperialistas, algo sorprendente, porque antes los intelectuales de izquierda eran los que, como decías, arrojaban luz sobre estas guerras ignoradas, las invasiones imperialistas o el colonialismo.

    Eso es cierto, pero no se aplica a todos. Hay que decir que los intelectuales de la izquierda o del lado radical de los levantamientos revolucionarios han cambiado de bando durante mucho tiempo. Si nos remontamos a la revolución inglesa del siglo XVII, recomendaría un libro de Christopher Hill titulado The Experience of Defeat, en el que describe a los niveladores y a los miembros de otras sectas anticromwellianas que se opusieron a Cromwell por muy buenas razones, pero que luego se convirtieron en partidarios de la restauración monárquica y sobrevivieron para moverse libremente en la corte de Carlos II. Así que esto no es un fenómeno nuevo sino que solo lo parece para la generación actual. Lo mismo ocurrió después de la Revolución francesa y de la Revolución rusa. Muchos trotskistas que empezaron apoyando a Trotski terminaron alineados con el imperialismo estadounidense. Ahí es donde los llevó su lógica particular. Max Shachtman es un ejemplo, porque terminó apoyando la invasión de Bahía de Cochinos en Cuba y básicamente defendió la guerra de Vietnam. Y hay otros como él. Solo digo que no es un fenómeno nuevo. Así que el hecho de que Žižek o un británico llamado Paul Mason, que estaba en la izquierda, hayan adoptado estas posiciones no es una gran sorpresa para mí. En cambio, franceses como Jean-Luc Mélenchon tomaron una posición que me parece muy equilibrada, no muy diferente de la nuestra.

    Pero, una vez más, algunos de los grupos trotskistas se han lanzado a un entendimiento muy unilateral de lo que estaba pasando, básicamente sin cuestionar a la OTAN. Es como si la guerra saliera de la nada y no hubiera más responsables que Putin, que se volvió loco de repente. Es decir, explicaciones psicológicas de la guerra que dependen de una sola persona. Pero hay que leer a los periodistas y comentaristas estadounidenses para saber qué ha hecho su propio bando. Creo que es perfectamente posible decir en público, como he dicho, que estoy totalmente en contra de Putin y de las atrocidades que se están llevando a cabo en Ucrania pero sin estar a favor de la respuesta del gobierno ucraniano pro OTAN, que busca continuar la guerra y poner sobre la mesa demandas inaceptables para que el enfrentamiento continúe. Es perfectamente posible adoptar una posición así. Cuando nos oponemos a la guerra de Irak, eso no significa que apoyemos la posición de Saddam Hussein. Cuando nos oponemos a la guerra en Siria, no significa que seamos partidarios políticos de Assad o de Gadafi en Libia. Puedes oponerte a una guerra incluso si no estás de acuerdo con la gente que está luchando. Y es perfectamente razonable no estar a favor de Putin ni de Zelensky.

    Entiendo que decir esto es implica una especie de shock de horror para mucha gente. Pero cuando miramos a Zelensky queda claro que trabajó para ellos. Estados Unidos no lo quería, pero quedó atrapado en la corriente de la guerra y hubo que apoyarlo y construirlo. No es un tipo muy inteligente, simplemente hace lo que se le pide que haga. Entonces, ¿hasta cuándo vamos a adorarlo como a un héroe? Y eso es una clara muestra de cómo algunos en la izquierda se dejan atrapar por la propaganda de guerra. Esto sucedió menos en Irak que en Siria o Libia. Hay una mega propaganda en los medios de comunicación, la CNN y la BBC me resultan indistinguibles, ya que usan exactamente las mismas imágenes. Y los jóvenes no son conscientes del tipo de problemas más profundos que llevaron a esta situación, simplemente odian ver esa violencia. ¿Y quién puede culparlos? Yo también odio verla. ¿A quién le gusta que destruyan casas, que maten a gente corriente o que mujeres y niños intenten salir del país como refugiados? Claro que Occidente lo hace todo el tiempo en otras partes del mundo. Y es inaceptable, lo haga quien lo haga.

    Queríamos volver sobre el punto que estabas planteando en relación con la OTAN cuando aludiste a la incorporación de Suecia y Finlandia… Hay una revitalización de la OTAN que es bastante inesperada si tenemos en cuenta, por ejemplo, que Macron llegó a decir que la OTAN estaba en un estado de muerte cerebral poco antes de la invasión a Ucrania. Entonces, ¿estamos asistiendo también a una revitalización del poder militar estadounidense? ¿Cómo podemos leer la trayectoria de este fortalecimiento?

    Yo soy uno de los que nunca ha creído que el poder estadounidense esté en declive. Ha sufrido reveses, de los cuales el más reciente es Afganistán, pero eso no significa que su poder militar esté siendo superado por cualquier otro país o por una combinación de potencias. El presupuesto militar de EE. UU. es superior a los seis presupuestos militares siguientes juntos, incluyendo a los de Rusia, China, India y la mayor parte de Europa. Y esa situación no ha cambiado. Aunque al inicio el rol de EE. UU. provocó cierta disidencia y nerviosismo entre algunas élites europeas, en particular en Alemania y marginalmente en los países escandinavos, por ahora se logró acotarla. ¿Pero a qué precio? Ahora Alemania tendrá que invertir ahora menos en gasto social y más en armamento y el ejército alemán crecerá. Si yo estuviera en el grupo de expertos asesorando al Departamento de Estado de EE. UU., diría: ¿están seguros 100% de que es una buena idea? No porque haya sido fascista sino porque actualmente es el país más importante de Europa, al punto de que si sacas a Alemania de la Unión Europea, ahora que Gran Bretaña ya está afuera, ésta se convierte en una broma.

    Así que los alemanes jugarán un papel cada vez más poderoso y uno de los ejes estratégicos del Estado alemán ha sido tener relaciones amistosas en todos los niveles con los rusos. Hace tiempo que los dos países son complementarios en términos económicos y comerciales. Incluso durante el primer periodo de los bolcheviques, a finales de los años veinte, los alemanes no querían enredarse demasiado con ellos. Luego los nazis cambiaron eso y ya vimos con qué resultados para ellos. Pero cuando a la élite alemana se le negó el entrenamiento militar en su propio suelo, debido al Tratado de Versalles, los rusos firmaron el Tratado de Rapallo en 1922 por el que permitían el entrenamiento de los alemanes, porque estaban en contra de Gran Bretaña y Estados Unidos. Así que, independientemente de la estructura social capitalista de los dos países y de los diferentes niveles de desarrollo, hoy tienen grandes capitalistas que son amistosos entre sí.

    ¿Hasta cuándo seguirán aceptando los alemanes aislar a Rusia, algo que va en contra de sus propios intereses estatales y económicos? Probablemente hasta que termine la guerra de Ucrania, pero no creo que sus posiciones hayan cambiado tanto internamente. En el centro del Estado alemán hay un núcleo duro proestadounidense y una facción menos dura pero igualmente importante que es prorrusa. Ahora aparentemente la OTAN se ha reforzado, lo que obviamente es un gran alivio para los Estados Unidos. Pero está claro que no pueden depender exclusivamente de la OTAN. Australia estuvo presente en esta última reunión de la OTAN en Madrid donde se atacó a China como una probable amenaza futura… En mi libro sobre Churchill (Winston Churchill: His Times, His Crimes) caractericé a Gran Bretaña y Australia como los dos cruciales Estados-testículo de los Estados Unidos. No son importantes por sí mismos. Y no hay garantía de que esta situación continúe si Escocia se independiza, dejando a Inglaterra mucho más débil que antes, o si cambia la situación en Australia. Aunque allí un gobierno horriblemente derechista fue sustituido por uno laborista que en política exterior pretende mantener a Australia como Estado-testículo, así que la actual situación no va a desaparecer rápidamente, pero las cosas cambian en el mundo y los movimientos de masas se desarrollan.

    Queríamos pedirte que entraras en una caracterización más amplia de la coyuntura. Hay un debate en curso sobre el posible final de la globalización, del neoliberalismo y del orden geopolítico heredado de la década de 1990. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

    Bueno, yo diría que la globalización, tal como existió inmediatamente después del colapso de la Unión Soviética y en los años noventa, con esa especie de entusiasmo que sostenía que era el único camino a seguir, se ha derrumbado. Y lo ha hecho no por la fuerza de la izquierda —excepto en Sudamérica, a la que me referiré en un minuto— sino debido a la crisis de 2008. Y mucha gente, incluyendo a esa suerte de intelectuales que defienden el orden existente —muchos de los cuales eran sus apologistas en el Financial Times planteando semana tras semana que la globalización era la solución a los problemas del mundo—, hoy no aceptan la nueva situación y plantean que no hay que renunciar a todo, que no hay que tirar el bebé con el agua del baño, que no hay que atacar a las privatizaciones y demás.

    Pero la caída de Wall Street en 2008 fue un duro golpe contra la globalización, gracias al que perdió su brillo en otras partes del mundo donde se vio lo que estaba sucediendo. Y además que, simplemente sobre una base práctica, se puede constatar que la globalización no cumplió con sus promesas, excepto en China, que ha sido el gran descubrimiento de finales del siglo XX y que sin dudas dominará el siglo XXI. Y la razón para ello es que los chinos lo hicieron de manera inteligente. Aunque estuvieron tentados, no lo hicieron a la manera de los rusos, que decidieron volverse capitalistas poniendo efectivamente a la venta sus industrias por sumas ridículas de dinero a los burócratas y sus amigos, muchos de los cuales habían sido incondicionales del Partido Comunista de la Unión Soviética. El origen de los oligarcas se encuentra en la burocracia que existía antes del colapso de la Unión Soviética.

    Solo como nota a pie de página, en ese libro de Trotski de título mal traducido, La revolución traicionada (que el propio autor había titulado ¿Qué es la Unión Soviética y hacia dónde va?, que era más sutil), se planteaba la existencia de período de transición en la Unión Soviética durante el que o bien se avanzaba hacia alguna forma de democracia socialista y se controlaba a la burocracia o se volvía al capitalismo, con la transformación de la mayoría de los burócratas que entonces defendían al régimen en capitalistas. Trotski no usó la palabra oligarca pero sí dijo que se volverían capitalistas, lo que fue bastante clarividente. Y eso es más o menos lo que pasó cuando la burocracia soviética se derrumbó. La dirección política soviética no tenía ninguna visión. Gorbachov y Yeltsin le creyeron a Occidente cuando les dijeron que iban a ayudarlos, pero de hecho vinieron y los saquearon.

    Como sabemos, los chinos no aceptaron eso, aunque es importante recordar que lo consideraron. Pero finalmente debatieron las cuestiones dentro de sus think tanks y el liderazgo del partido y eligieron su método particular, que consistía en mantener una cantidad significativa de control estatal sobre la economía para poder intervenir rápidamente cuando tuvieran que hacerlo. Al mismo tiempo, utilizaron al Estado y sus estructuras político-económicas para crear nuevas ciudades y transformar a otras viejas como Shanghai o Beijing, consiguiendo exitosamente crear una clase media muy grande, que es bastante decisiva a muchos niveles. Ahora los rusos admiran a medias la forma en que lo hicieron los chinos y una de las cuestiones clave que los chinos remarcaron fue que estaban a favor de la perestroika pero no de la glasnost porque el partido debe mantener el control, de lo contrario todo podría salir como salió, un balance ahora obvio.

    Pero incluso antes de la caída de Wall Street de 2008, donde la globalización fue golpeada bastante duro por primera vez fue en América del Sur. El caracazo venezolano produjo a Chávez. Recuerdo una cosa increíble que sucedió cuando arrestaron a Chávez y lo acusaron de llevar a cabo un golpe de Estado antes de que estuviera en el poder. Su plan era utilizar el ala más radical de los oficiales con los que se había estado reuniendo, quienes organizarían una huelga general para que se combinaran secciones del ejército y de la gran clase trabajadora. Pero la huelga general no se llevó a cabo y lo arrestaron. Pero él le dijo al gobierno de Venezuela, y esto es bastante fascinante: «No voy a negar esto. Pero, ¿por qué no me dejan admitir mi culpa ante el pueblo en la televisión?» Y lo hicieron. Así que Chávez habló en la televisión como detenido, diciendo: «Compañeros, lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados». Al día siguiente vieron las encuestas de opinión que mostraban que el 70% de la población estaba de acuerdo en que Chávez tenía razón. Esto revela dos cosas: una es el hartazgo de la gente y la segunda la forma en que los políticos visionarios pueden golpear de repente, movilizando y vigorizando a las masas. Y sé que los venezolanos han tenido momentos difíciles y han cometido errores, no tengo problemas en reconocerlo, pero esto sentó las bases de lo que luego se conoció como la Marea Rosa, que consistió en una política socialdemócrata efectivamente de izquierda y democrática. En varios países impulsaron incluso nuevas constituciones, de las que la venezolana es la más radical (mucho más que la estadounidense, por cierto, ya que no le da poder a una Corte Suprema, e incluye el derecho de revocar al presidente y muchas otras cosas así). Y los bolivianos hicieron lo mismo e incluso los chilenos, cuyo nuevo presidente no simpatiza en absoluto con la izquierda, tienen que tener una constitución y eso está produciendo grandes debates dentro de la izquierda por la forma en que se está haciendo. Boric es muy pro Estados Unidos y no simpatiza para nada con la Marea Rosa.

    Pero ese modelo no ha muerto. Los Estados Unidos no han sido capaces de retrotraer todo. Llevaron a cabo un golpe de Estado en Honduras que ahora fue revertido, lucharon muy duro para evitar que Andrés Manuel López Obrador fuera elegido presidente en México y sufrieron otro revés, se deshicieron de Evo Morales, obligándolo a salir del país, pero el Movimiento al Socialismo ahora está ahora de vuelta en el poder y Evo en su casa muy correctamente, sin jugar un papel central porque otros pueden llevar adelante la gestión. Los resultados de las elecciones colombianas realmente dieron mucho placer a un gran número de personas que siguen las noticias de América del Sur, porque probablemente era el país más apegado a los Estados Unidos, con un Plan Colombia diseñado para desestabilizar a otros Estados, por el que se hicieron cosas desagradables en Venezuela. Todos sabemos eso. Ahora bien, no estoy diciendo que la victoria de estos dos destacados compañeros en Colombia vaya a transformarlo todo, porque el ejército en particular es algo que habrá que vigilar, es un hueso duro de roer, pero es un indicio de que Estados Unidos no puede salirse con la suya, ya que si quiere derrocarlos mediante un golpe militar también pagarán el precio, porque a la gente de hoy en día no le gustan los golpes de Estado, excepto a las élites. Bolsonaro probablemente sea derrotado por Lula, que llegará al poder de nuevo. Así que, a pesar de los altibajos, América del Sur sigue siendo el continente más progresista, lo que la sitúa en el punto más atractivo del mundo actual.

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    Roberto Fineschi

     

    Traducción: Carlos Rojas
    Fuente: 
    Red Comunista

    Teoría: Marxismo

    21/02/2021

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    l empeño de esta charla es comenzar a pensar las dinámicas de clase, la configuración de los sujetos que actúan histórica y políticamente en esa subfase del desarrollo del modo de producción capitalista que denomino «capitalismo crepuscular»; se verá cómo el nudo de la violencia surge intrínsecamente dentro de estas dinámicas y cómo la violencia y su exacerbación son un resultado necesario del desarrollo de una estructuración social compleja.

    Uno de los puntos clave de esta fase es la «crisis» del concepto de persona. El concepto de persona es la clave lógica, institucional, jurídica del mundo burgués, y durante mucho tiempo su reivindicación ha sido una lucha progresiva; si nos remontamos al periodo revolucionario, conflictivo, de la clase burguesa contra las fuerzas del Ancien Régime, es precisamente la afirmación de la universalidad de la persona, del hombre en general como principio absolutamente positivo. Aquí surge ya un punto clave: la historicidad de estas categorías; esta implica que una categoría como la de persona tiene una función históricamente progresiva en un momento determinado del desarrollo de las relaciones de fuerza, y que puede tener una función negativa, o diferente, en otras etapas. Porque en la teoría de Marx, que sirve de horizonte de referencia en estas consideraciones, un concepto clave es el de la historicidad de los sujetos y de los modos de producción; en este caso, esto significa que, según Marx, el hombre en general no existe, la persona abstracta no existe como dato natural, es más bien ella misma el resultado de procesos históricos, de modificaciones en los modos de producción que implican precisamente que este mismo concepto de hombre en general se produce históricamente. Este es un punto verdaderamente clave, porque toda la ideología burguesa se basa en el naturalismo de la persona, es decir, en la creencia de que hombre y persona son la misma cosa.

    Esta es la gran función histórica de la filosofía de John Locke, por ejemplo, que teoriza cómo los derechos naturales, la igualdad, la libertad y, por supuesto, la propiedad, forman parte del mismo paquete.

    Si pensamos en el hombre como tal en términos de persona, si reducimos nuestras reivindicaciones políticas a la persona, esto por desgracia nos ata a un contexto de significado burgués que no podemos romper. Aquí el discurso vuelve a complicarse: en las condiciones actuales, por ejemplo, la reivindicación de los derechos de la persona se ha convertido de nuevo en un elemento progresista, porque a muchos seres humanos se les niega la condición de persona, por lo que reivindicar para ellos el derecho a ser personas es claramente positivo; el problema no es tanto negar la reivindicación de la condición de persona, sino creer que esto es suficiente, es decir, que restablecer los derechos de la persona como tal a nivel universal nos libera del modo de producción y explotación capitalista. De hecho, es precisamente el modo de producción capitalista el que impone a la persona como estructura universal de sentido. De nuevo, Marx nos enseña en los primeros capítulos de El Capital, pero antes en los Grundrisse, que la persona es la forma de subjetividad que nos impone la circulación de mercancías: la libertad, la igualdad son las condiciones previas del mercado. Solo en la medida en que soy libre e igual y dueño de una propiedad puedo ser intercambiador, y es precisamente el modo de producción capitalista el que universaliza este concepto a toda la especie humana. Esto tiene su dimensión progresista, pero si nos reducimos a reivindicar la libertad y la igualdad a nivel personal volvemos a caer en Prudhomme, somos utópicos, es decir, nos gustarían los aspectos positivos del modo de producción capitalista, pero sin darnos cuenta de que estos conceptos son fruto del propio modo de producción capitalista. Muchos movimientos libertarios, que reivindican la libertad individual, son en ciertos momentos progresistas, pero si esta posición se radicaliza, de nuevo caemos de la sartén al fuego, es decir, en una ideología individualista que es en realidad el fundamento conceptual del modo de producción capitalista y de la propia burguesía.

    El concepto de persona tiene dos caras: su dimensión progresiva y en determinadas fases históricas es una reivindicación legítima, pero no puede ser el horizonte de sentido de un conflicto social que quiere un cambio de estructura; en este sentido Marx insiste en mostrar que la libertad, la igualdad y la propiedad son una semblanza fenoménica, es decir, son la forma en que los sujetos del proceso se relacionan con la superficie de la sociedad, pero no constituyen el análisis estructural de la dinámica histórica de transformación. Según Marx, los sujetos estructurales de esta dinámica histórica son las clases. Esta es la crítica fundamental del mundo político, económico, ideológico burgués: los sujetos históricos no son individuos, son clases. Aquí también hay que tener cuidado porque es muy fácil proponer una interpretación reduccionista de la clase, que se basa esencialmente en parámetros sociológicos: individuos en la fábrica, individuos que tienen un cierto nivel de vida, un cierto nivel de renta. No se trata de clases, son grupos, es decir, agrupaciones de determinados individuos realizadas a partir de criterios sociológicos. Lo que Marx propone en cambio es una definición funcional de clase, es decir, basada en el papel que las clases como sujetos, como encarnación de las fuerzas de producción, desempeñan en las relaciones de producción. El nexo conceptual fundamental es la relación entre capital y trabajo asalariado; este es el dualismo básico que propone Marx. Se trata de una perspectiva mucho más amplia que la figura, aunque compleja e importante, del obrero de fábrica. En este sentido, la funcionalidad del trabajo asalariado en la perspectiva de la valorización con todas las modificaciones que el modo de producción capitalista impone a la dinámica del trabajo son categorías que siguen funcionando. He tratado este tema en otros contextos proponiendo una distinción entre formas y figuras en la que no puedo entrar ahora porque nos llevaría demasiado lejos; el punto clave, sin embargo, es entender los cambios de forma que experimenta el proceso de trabajo una vez que se convierte en capitalista: estos son esencialmente el carácter cooperativo, parcial y apendicular del trabajo en una condición de subordinación a la valorización del capital. En estos términos, estas categorías funcionan realmente en un amplio espectro, identifican como potenciales sujetos políticos antagonistas del capital a toda una serie de figuras que antes quedaban excluidas por no ser el obrero de fábrica o rastreables hasta el obrero. En este sentido, esta distinción es muy importante porque abre enormemente el espectro de aplicación de la teoría de clases marxiana. Digo esto como preámbulo necesario al discurso propiamente dicho que ahora vengo a abordar.

    Según la teoría de Marx, el modo de producción capitalista tiene un funcionamiento que implica una dinámica, es decir, no repite mecánicamente el mismo proceso idéntico a sí mismo, sino que da a este proceso una dirección, es decir, tendencias subyacentes que en su progresión cambian la propia estructura dinámica del proceso. No repite siempre el mismo proceso idéntico a sí mismo, sino que a medida que avanza cambia su funcionamiento, tiene ajustes estructurales a medida que progresa. El modo de producción capitalista funciona en la medida en que es un proceso de valorización del capital, esta, minimizada, es la clave esencial del capitalismo: la inversión de dinero debe rendir más dinero que el invertido originalmente. ¿De dónde proceden estos excedentes? Proviene del trabajo excedente, de la explotación de los trabajadores, etc. Precisamente para aumentar esta explotación, la plusvalía, el modo de producción capitalista cambia fundamentalmente la forma de trabajar y cambia también su estructura. Básicamente, lo que va a hacer para aumentar la productividad es aumentar la parte que se invierte en maquinaria, «capital constante» lo llama Marx, lo que no es «capital variable», es decir, fuerza de trabajo. Este mecanismo de aumento del capital constante, de ahí el aumento de la productividad del trabajo, permite, por diversas razones que no pueden resumirse aquí, el aumento de la explotación y, por tanto, de la producción de plusvalía. Se trata de una dinámica autocontradictoria porque para realizar la plusvalía, para aumentarla, el modo de producción capitalista tiende a excluir el trabajo vivo del proceso de trabajo, mediante la automatización, el aumento de la productividad del trabajo. Esta dinámica es básicamente constante, pero va en ciclos, hay ciclos en los que es más fuerte y otros en los que se reduce; sin embargo, básicamente tiende a aumentar lo que se llama la composición técnica y orgánica del capital. Esto provoca transformaciones por las que, en los procesos especialmente avanzados, la necesidad de mano de obra viva se reduce cada vez más, porque las máquinas son capaces de realizar antes y mejor, y en mayor cantidad, toda una serie de producciones que antes requerían un gran número de trabajadores. Está a la vista de todos que, gracias a la informatización, a la inteligencia artificial, este nivel de sustitución del trabajo vivo por las máquinas está alcanzando niveles impensables, llegando incluso a sustituir al trabajo intelectual. Hace algún tiempo leí sobre bufetes de abogados que, para hacer el trabajo de resumir y recopilar leyes sobre un tema determinado, utilizan programas informáticos que lo hacen más rápido de lo que antes necesitaba un verdadero equipo de personas. Incluso a nivel periodístico, la recopilación de artículos sobre un tema determinado, una especie de resumen del contenido se realiza ahora mediante software. El proceso de sustitución ya no sólo afecta al trabajo «material», como solía decirse, sino también al trabajo intelectualmente más sofisticado. Como consecuencia de este proceso, se produce un cambio estructural en el modo de producción capitalista que afecta al ejército industrial de reserva. En la teoría del capital de Marx se teoriza el desempleo; la del ejército industrial de reserva es una teoría del desempleo. Marx continúa explicando cómo una gran masa de trabajadores no encontrará trabajo. Esta tendencia se denomina elástica, es decir, va y viene, tiene dinámica de expulsión y reabsorción. En el capitalismo crepuscular, precisamente a causa de este espantoso aumento de la composición técnica y de la automatización, esta dinámica del ejército industrial de reserva tiende a endurecerse, a dejar de ser elástica; en consecuencia, el proceso de reabsorción es muy lento o incluso inexistente. Esto implica unas tasas de desempleo espantosas; la flexibilidad corresponde a esta necesidad o a los miniempleos alemanes: hacemos que tres personas hagan el mismo trabajo dividiendo un salario por tres, de modo que tenemos tres empleados en lugar de uno, pero el salario sumado sigue siendo el mismo. ¿Por qué? Porque, de hecho, hay una increíble plétora de mano de obra. Esta plétora es la condición previa para toda una serie de dinámicas que conducen precisamente a la violencia como último factor.

    En términos generales, el modo de producción capitalista es un modo de producción basado en la violencia porque su fundamento, el plustrabajo, es una expropiación del trabajo de los trabajadores; por tanto, está en el ADN del modo de producción capitalista. Ahora se trata de comprender cómo esta dimensión de la violencia se extiende más allá de estas dinámicas básicas hasta el punto de erosionar las ideas burguesas más fundamentales, el concepto mismo de persona.

    Si la elasticidad del ejército industrial de reserva es rígida y si la oferta de mano de obra es aterradoramente mayor que la demanda, esto significa que incluso la capacidad potencial de negociación de la mano de obra más sofisticada disminuye enormemente porque hay demasiada incluso de la buena. No sólo demasiados «normales» o no muy buenos, demasiados buenos. Ya no existe un conflicto basado en el hecho de que, como solo yo tengo esta cualidad, tú, el capitalista, debes acercarte un poco a mí; esto también tiende a desaparecer, porque incluso el trabajo de ingeniero está mal pagado debido al exceso de oferta. Más allá de las competencias contractuales, lo que desaparece es un concepto fundamental de la ideología burguesa, a saber, la relación entre mérito y logro/ganancia. En la ideología burguesa se dice: cuanto más estudies, cuanto más trabajes, más éxito tendrás. No es así, porque en el capitalismo crepuscular incluso el trabajo altamente cualificado, una fuerte inversión en «capital humano» como les gusta decir a los ideólogos contemporáneos, no es necesariamente rentable. La relación mérito/trabajo/ganancia es uno de los conceptos fundamentales de la ideología burguesa desde el protestantismo, es una piedra angular de este mundo ideal y se va a romper.

    Volvamos a nuestras queridas personas mencionadas antes. ¿Qué significa ser «persona»? Ser libres, iguales, tener propiedades, tener la capacidad de decidir qué hacer. Pero ¿cuál es la condición estructural para que estos individuos/personas puedan hacer estas cosas? En el mundo de la producción y circulación de mercancías, la condición estructural es que tengan dinero; tener ingresos es la condición material de la práctica de la persona. Ser libre en el mercado capitalista es poder comprar lo que uno quiera; pero si uno no tiene dinero, no puede comprar nada. Ser igual significa poder hacer lo que hacen los demás, pero si no tienes dinero, no puedes practicar esta igualdad, porque faltan las condiciones materiales. La falta de trabajo y de ingresos socava materialmente el concepto de persona, porque si la práctica de la persona pasa por la provisión de ingresos, no tener ingresos crea las condiciones materiales para que no se pueda ser persona.

    Desde la perspectiva del individuo, ¿qué se puede hacer para ser persona? Tener ingresos. ¿Cómo se pueden tener ingresos si no se dan las condiciones de empleo? Aquí se inicia estructuralmente una dinámica por la que muchos individuos se inclinan por tener ingresos de manera ilegal; ilegal no significa simplemente trabajar ilegalmente, sino que también significa recomendaciones, tener una pensión gracias al primo del ministro, etc., etc.; todas dinámicas que permiten ser persona por tener ingresos; pero -y este es el punto decisivo- tener estos ingresos y ser persona viola el concepto mismo de persona porque no se respeta, ni siquiera a nivel formal, la libertad y la igualdad de las demás personas. Para tener ingresos y ejercer la propia libertad e igualdad, se aplican prácticas que violan la libertad y la igualdad. Esto es necesario porque el mismo sistema que crea la ideología de la persona, determina las condiciones materiales por las que es estructuralmente imposible que todos lleguen a ser personas. Por tanto, se convierte en una práctica masiva violar la personalidad para ser persona. Se trata de una dinámica contradictoria que culmina en la destrucción ideológica del concepto de persona o, al menos, de su universalidad.

    Las consecuencias de esta práctica social son fundamentales porque ideológicamente se convierten en el trasfondo del fascismo o de cualquier ideología racista. Si no es posible que la persona sea universal no por capricho, sino porque no se dan las condiciones estructurales para universalizar el concepto, si para ser persona se viola este concepto, entonces ¿por qué -piensa el individuo atomizado- no organizar un sistema por el que el concepto de persona no sea universal sino subuniversal? ¿Por qué no restringir el concepto de persona en función de determinadas características? Por ejemplo, para citar hechos históricos, los arios, ¿por qué no consideramos personas solo a los arios? Así que mi capacidad de acceder a la condición de persona está mejor garantizada, para mí un ario, por supuesto. ¿Por qué no limitamos el concepto de persona solo a los italianos? ¿Por qué no limitamos el concepto de persona solo a los cristianos? ¿O por qué no juntamos dos o tres principios y construimos una bonita ideología? Aquí está la respuesta a por qué el racismo, el fascismo, la discriminación se vuelven aceptables: porque la negación de la persona universal ya existe en la praxis de los individuos que violan la persona para ser personas. Ya en la praxis se limita el concepto de persona; ya lo hacen, ya lo violan. ¿Por qué no organizar esta violación como un sistema ideológico que garantice la personalidad solo a algunos?

    Así que los italianos primero, los del norte primero, cualquiera primero; los mejores serán más rápidos en estructurar este aparato ideológico de tal manera que sea omnipresente y hegemónico en clave retrógrada y conservadora.

    No se trata de mera «ideología» humeante, la implicación práctica es obvia: si el concepto de persona no es universal, las no personas no deberían tener garantizada una pensión, el empleo, la asistencia sanitaria. Para la gente esto suena bien, porque hay más dinero para ellos. Si yo soy italiano y el inmigrante no, yo tengo derecho a esto y aquello y el inmigrante no. Si él también tuviera derecho, entonces yo perdería algo porque lo que se gasta en él no se gasta en mí. En resumen, una base para una guerra entre pobres. Son discursos ideológicos que oímos todos los días a políticos conocidos. El mecanismo subyacente es este y se convierte en hegemónico de masas porque crea estructuras corporativistas, crea un consenso corporativista frente al Estado-nación que hace del «Socialismo nacional», el Nacionalsocialismo. El alcance ideológico es realmente gigantesco.

    Si nos quedamos en el contexto personal, hay básicamente tres grupos. La primera está formada por quienes tienen la suerte de ser personas y, por tanto, de tener derechos. Parte de los segundos son esos desgraciados que son iguales a los demás en Occidente pero que no son personas porque están excluidos. Luego hay un tercer grupo, enorme, el «tercer» mundo, es decir, todas aquellas naciones y pueblos que no han tenido tiempo de entrar en la fase progresiva del modo de producción capitalista; para ellos el sueño de la persona ni siquiera es un concepto, ni siquiera lo tienen en la cabeza. El paso por la persona para superarla y adquirir una figura superior ni siquiera existe. Para ellos, personalidad solo significa explotación occidental, sin límites, esclavitud, etc. El concepto de persona concebido de esta manera subuniversal, fallida en el propio Occidente, ¿qué implica? Implica que la no-persona no es titular de derechos: si mato a una no-persona, no he matado a un hombre; este cambio ideológico significa que, incluso en la percepción, el nivel de protección física del otro ser humano se redefine y puede llegar a desaparecer, porque si el otro no es una persona, también se pierden mis deberes de respetar su integridad: puedo descuartizarlo, extirparle sus órganos, esclavizarlo, hacerle trabajar hasta que muera. Violencia extrema. En esta dramática perspectiva, las actitudes hacia una pléyade de individuos que en principio no pueden acceder al dorado mundo de las personas son dos: la opción uno es que humanitariamente intente que sobrevivan creando alguna forma de subsistencia; la opción dos es que los mate; ambas son prácticas que hemos visto por desgracia bien presentes en la historia reciente no sólo de nuestro país.

    ¿Por qué, dada esta circunstancia, ahora la reivindicación de la persona parece progresista? Porque la propia ideología dominante la ha abandonado. La ideología burguesa ha optado por la neoesclavitud, directa o indirecta, abierta o encubierta, por lo que reivindicar la persona para todos aparece ahora como un proyecto progresista, y de hecho lo es. Pero, de nuevo, si seguimos encadenados a la dimensión de la persona como sujeto, no salimos de estas limitaciones. Para salir de ellos, se trata de comprender la dimensión de clase del conflicto y hay que enmarcarlo en términos funcionales: el otro del trabajo es el trabajo asalariado. El trabajo asalariado aquí significa muchas cosas: los números del IVA son trabajadores a destajo, los becarios son trabajadores con salario cero; no debemos dejarnos engañar por la mascarada legal. Sin embargo, dado que los que realmente tienen un trabajo son solo una parte de los que potencialmente podrían trabajar, debemos entender que los que están desempleados o los que trabajan en formas precapitalistas están en el mismo lado que los que trabajan: todos están funcionalmente subordinados a la extracción de plusvalía y trabajan/no trabajan en formas dictadas, gestionadas y orientadas por el capital. Así que este es el nodo desde el que pensar la reconfiguración de clase: solo volviendo a anudar los nudos funcionales de todos estos sujetos heterogéneos se puede superar la explotación capitalista con todos sus efectos perversos.

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    La huella del “gallego”, el Ché Pereyra

    Pereyra ok

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    Pepe Mejía

    Periodista todo terreno. Activista social. Anticapitalista 100×100. Amante de las lecturas, las músicas del mundo y en especial el flamenco. Disponible para subvertir el orden.

    Fuente: poderpopular.info

    Actualidad Internacional: Luchas y Movimientos

    10/02/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Daniel Pereyra (1928-2023), el Gallego, el Ché Pereyra, no se ha ido. Nos acompañará esté donde esté y seguirá alentando nuestras fuerzas, nuestras luchas. Así lo hizo durante toda su vida y estoy convencido que lo seguirá haciendo. Sentiremos su aliento en nuestras nucas. No cejaremos. Militante revolucionario, afable, detallista, humano hasta la médula, firme en sus convicciones con un claro desprecio a las oligarquías, sus castas, sus políticas ecocidas y hambreadoras.

    El Ché Pereyra militó en el Grupo Obrero Marxista (GOM), el Partido Obrero Revolucionario (POR), Palabra Obrera (PO), el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), el PRT-el Combatiente y el Grupo Obrero Revolucionario (GOR). En el estado español militó en la Liga Comunista Revolucionaria (LCR-IV Internacional), Izquierda Alternativa, Espacio Alternativo y Anticapitalistas.

    El Gallego viajó desde Argentina a Perú, junto a otros compañeros, para apoyar a la embrionaria guerrilla campesina que lideraba Hugo Blanco en el valle de La Convención, Cusco.

    El 15 de abril de 1962 ingresaron en el Banco de Crédito de Miraflores y expropiaron una buena cantidad de dinero. Viajaron a Cusco y allí fueron detenidos. Encarcelado en Cusco, fue condenado a cinco años de cárcel y enviado a la isla penal de El Frontón, en el Callao, donde coincidió con Hugo Blanco.

     

     

    Conocí al Gallego allá por el año 1978. Yo tenía 23 años y militaba en la LCR. Allí compartimos militancia con un nutrido grupo de exiliados/as latinoamericanos/as. Las reuniones eran clases magistrales de análisis de la coyuntura política en los diversos países de nuestra América. Desde el primer momento, Daniel y Juanita se me ofrecieron, se nos ofrecieron, con afecto, solidaridad y calidez. Siempre el afecto y los cuidados.

    Recuerdo que cuando quedaba con ellos la primera que se levantaba era Juanita. Abría sus brazos y con una amplia sonrisa lo primero que hacía era preguntarte: “¿qué tal ché?” “¿cómo vas?” Siempre atentos a nuestras necesidades.

    Muchas fueron las conversaciones que mantuve con Daniel. Otras, las compartimos en los grupos de debate. Hablamos sobre los límites del foquismo, el valor de las organizaciones sociales y su autonomía, el papel de los partidos comunistas, la socialdemocracia y el papel de la Internacional Socialista. Y, por supuesto, de Hugo Blanco y la organización de campesinos y campesinas en los sindicatos.

     

    Pero uno de los debates que me marcó mucho políticamente fue el que abordamos sobre el envío de la Brigada Simón Bolívar a la Nicaragua sandinista. El papel del morenismo, y todo lo que supuso ese accionar, devino en un intenso debate en el cual el Ché Pereyra hablaba con convicción y conocimiento de causa. Un debate que me ayudó mucho a deslindar políticamente y a profundizar en mi militancia en la LCR.

    También hicimos muchos repasos de la experiencia zapatista que el mismo siguió muy atento, a igual que nuestro compañero y camarada Hugo Blanco.

    También compartimos reflexiones sobre la actualidad política en el estado español.

    En alguna oportunidad, tuvimos reuniones y reflexiones con Juanita y Lucía González, referente imprescindible en el movimiento feminista. Hablamos de cooperación al desarrollo, el tema del 0’7 y la campaña de la Plataforma 0’7, sus reivindicaciones, acciones y movilizaciones.

    Con Daniel también abordamos temas como la autodeterminación de los pueblos, el derecho a decidir, Euskal Herria y Catalunya. Temas, que desde nuestros orígenes, no los teníamos nada currados. Pero los documentos internos de la organización, las lecturas sobre el tema de nuestro compañero Jaime Pastor nos ayudaron a entender y comprender y ser solidarios/as con esas luchas.

    Daniel me enseñó a profundizar en ese internacionalismo.

    Reflexión sobre las organizaciones alzadas en armas

    Otra de los temas que tocábamos siempre y de forma permanente era la situación de Perú. Siguió casi a diario la situación de Perú durante los años de plomo. Profundizamos en nuestras reflexiones sobre el accionar del Partido Comunista Peruano “Sendero Luminoso” y del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). Me hacía muchas preguntas y después analizábamos.

    Cuando el gobierno de Fujimori me criminalizó, me “terruqueo”, y un tribunal militar “sin rostro” me condenó a 20 años de cárcel, Daniel se me ofreció a salvar mis archivos sobre las organizaciones armadas. Y así fue. Una tarde noche, de forma sigilosa, trasladamos mis archivos a buen recaudo.

    Para escribir el libro “Del Moncada a Chiapas. Historia de la lucha armada en América Latina” (Los Libros de la Catarata. 1 Diciembre de 1996) Daniel me pidió que le facilitara información, de primera mano, sobre el MRTA. Envié una comunicación a la dirección de la organización de Víctor Julio Polay, en un país de Europa, y recomendé dar todo el apoyo preciso al Ché. Después de un tiempo, Hugo Blanco me envió un mensaje muy corto, claro y preciso. En un registro de la policía en Lima habían encontrado mi carta. Me recomendaba tomar las medidas oportunas de seguridad. Daniel tomó nota y aprendí a cómo abordar este tipo de situaciones.

    Después de la LCR, militamos en Izquierda Alternativa. En esta organización tuvimos una amplia sintonía en los motivos por las cuales nos separamos del Movimiento Comunista (MC).

    Posteriormente militamos en Espacio Alternativo. Antecedente de la actual Anticapitalistas, en donde también militamos, recuerdo esta etapa los debates sobre ecología, nuestros encuentros con Ladislao Martínez, nuestro Ladis. Esta parte de nuestras vivencias fue muy importante porque aprendimos abordar temas que para nosotres estaban aún muy lejos. Y Ladis –a igual que otros y otras compas- ayudó mucho en ello.

    El histórico encuentro de Hugo Blanco con Daniel Pereyra

     

     

    Texto de Hugo Blanco destacando como «maestro» a Daniel Pereyra.

    En esta etapa tuve el privilegio de ser testigo de un gran encuentro. Hugo Blanco y Daniel Pereyra. En Madrid, antes de un acto público. Ambos estaban nerviosos. Se vieron las caras, se miraron fijamente y se abrazaron en medio de un gran silencio. No tuvimos la agilidad de plasmarlo en una fotografía –nos quedamos paralizados- pero esa imagen es imborrable. Después de pasar juntos años de cárcel en la isla de El Frontón en el Callao y después de muchos años de exilios y trayectorias políticas se reencontraban en Madrid. Un hecho histórico indudablemente.

    Ya en Anticapitalistas seguimos con nuestros encuentros que fueron espaciándose más con el devenir del tiempo. Pero mantuvimos nuestras reuniones, nuestras citas y siempre partíamos de Perú. Un repaso a la actualidad, ver las alternativas y cómo iba las organizaciones sociales, populares, campesinas e indígenas.

    Pero también abordamos la realidad en la que vivíamos. Nuestra presencia en Podemos nos arrancó mucho tiempo de reflexión. Coincidimos en las razones de nuestra salida. Y me preguntaba mucho por el devenir de muchas compas nuestras, que se habían quedado en el camino, en esa tortuosa ruta de Podemos.

    Una de las experiencias de más grato recuerdo que tengo con Daniel es nuestro encuentro compartido de horas, cada día, por más de dos años. Trabajé con él, codo a codo, y allí me enseñó las claves básicas para abordar las tareas de organización.

    Las enseñanzas de Daniel

    Autor también de «Memorias de un militante internacionalista» (2014) y otros libros y artículos, con Daniel aprendí a ser meticuloso, organizado, disciplinado, a observar y actuar y siempre con una sonrisa. Recuerdo muy bien cuando me llevó al Corte Inglés para situar una estafeta de Correos. Mientras caminábamos me explicaba el sentido de los pasillos, su composición, sus salidas y entradas, cómo calcular los tiempos y los pasos y la mejor manera de salir del atolladero. Y yo le decía: “pero si yo me pierdo aquí, gallego”. Y me respondía: “por eso te explico y presta atención. Si un día tienes que hacer una acción, que lo sepas”.

    Así era el Gallego.

    La despedida

    El pasado 26 de noviembre de 2022, a eso de las cuatro de la tarde, bajo un sol envidiable en la sierra norte de Madrid, en presencia de nuestro querido amigo y compañero de mil batallas, Ruso, y el amigo Willy de CTXT, hablé con el gallego. Tenía interés en concertar una reunión en su casa. Y me dijo: “pues date prisa porque en unos días me voy a la residencia”. Hablamos de un proyecto que sigue pendiente.

    Cuando Ruso nos comunicó que la cosa se ponía fea, grabé un mensaje que Daniel escuchó entusiasmado.

    En el velatorio Ruso me dijo que el Gallego estaba muy contento de la labor que estaba haciendo por Perú. Y eso me emocionó y llegó al alma.

    A Daniel, el Gallego, el Ché Pereyra lo llevo en el corazón. Seguiré –como siempre lo he hecho- sus consejos, seguiré preguntándome cosas y seguiré reflexionando y hablando con él.

    Gracias, Ché. Que la tierra te sea leve, camarada. Tierra o Muerte. ¡Venceremos!

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    Sobre la tragedia de la guerra y la belleza de la humanidad

    maria markina ok

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    Maria Markina

    Cantante y voluntaria de Hamburgo

    Traducción: Carlos Rojas
    Fuente:
    Posle Media

    Actualidad Internacional: Entrevista con…

    22/01/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    — En cuanto a mi trabajo principal, continúa como antes. Al principio, trabajé como cantante solista en la Ópera Estatal de Hamburgo, por eso vivo aquí. Ahora trabajo como cantante de ópera y artista de performance en varios teatros de Alemania. Además de conciertos y producciones doy clases de canto. Durante la pandemia de COVID conseguí un trabajo en una organización de mujeres que se ocupa de la prostitución forzada y la explotación laboral. En alemán esto se llama “Zwangsprostitution” o “Zwangsarbeit”. Nuestros empleados brindan apoyo a las mujeres afectadas. Las ayudamos a obtener ayuda, desde legal hasta psicológica, y les explicamos los diversos riesgos, pero la decisión siempre es de la mujer misma. Comprender esto me ayudó mucho en el voluntariado. Estos dos años que llevo trabajando allí me han enseñado que la actitud de “te ayudo porque sé más” es muy destructiva tanto para quien brinda como para quien recibe ayuda. Me tomó mucho tiempo darme cuenta de eso.

    Hubo dos circunstancias que me impulsaron a ser voluntaria. Primero, estalló una guerra, que fue un golpe terrible para todos, y la gente simplemente se vino abajo. No estaba completamente claro quién eras y cómo seguir viviendo. Y cualquier ayuda era una salvación sobre todo para nosotros mismos. Muchos voluntarios, como dijeron después, vinieron precisamente por eso. La guerra pasó “de repente” para todos nosotros. Cuando comenzó la guerra, había una sensación de que el mundo se había derrumbado, pero gracias al voluntariado pudimos salir de este horror y ver el mundo que nos rodeaba. En segundo lugar, había tenido experiencia trabajando en un grupo activista que habíamos establecido aquí en Hamburgo, la “Escuela de Activistas”, que había estado conectada con las protestas en Rusia desde 2011, y algunas de las personas de esta “escuela” cambiaron más tarde. al voluntariado. Ese era un grupo político,

    Mi historia personal de voluntariado comenzó cuando fui a ayudar con las traducciones al centro de acogida de refugiados, donde ya trabajaban mis amigos. Allí aprendí sobre toda la documentación, y cómo se debe hacer el papeleo necesario. Al mismo tiempo, éramos voluntarios en la estación de tren. Desde el primer día de la guerra empezó a llegar gente a la estación de tren de Hamburgo y a organizar ayuda para los que iban llegando. Junto con esto, se creó una sala de chat en vivo, donde se podían hacer preguntas y obtener información actualizada para los refugiados en Hamburgo. Ahora hay más de 10.000 personas en esta sala de chat. Al principio, esta sala de chat brindaba respuestas a preguntas sobre registro, comida y ropa gratis, pero luego se hizo necesario coordinar información y creamos grupos separados. Es muy importante que nuestra organización se mantenga horizontal. No tenemos superiores que decidan lo que deben hacer todos los grupos.

    — El nombre de nuestra organización es Nordherz Hamburg , el “Corazón Nórdico”, y hace algún tiempo completamos el procedimiento de registro. Nos centramos en Hamburgo y las provincias vecinas. Nordherz se compone principalmente de personas de la antigua Unión Soviética que viven aquí. Era importante tener un idioma común de comunicación en una situación en la que uno no sabe inglés ni alemán. Tenemos gente de Rusia, de Bielorrusia, de Ucrania, de Georgia, de Azerbaiyán, de Kazajstán, de los Estados bálticos. También cooperamos con muchas organizaciones locales de habla alemana.

    Nuestros chats están en ruso y ucraniano. La gente hace preguntas en diferentes idiomas, pero el flujo principal está en estos dos. Una sala de chat grande tiene 30 administradores, la gente hace cualquier pregunta, y si vemos que la situación es complicada, comenzamos a trabajar con la solicitud de forma individual, y un administrador con las calificaciones adecuadas se hace cargo de esa persona. Muchos de nuestros voluntarios tienen experiencia relevante, pueden dar consejos de expertos y también aprendemos de ellos. También tenemos muchos chats especializados. Yo, por ejemplo, dirijo un chat sobre apartamentos, uno para gente de mar, entre otras cosas.

    Nuestra actividad más importante es recibir y proporcionar información y traducción. Además de las salas de chat, hay trabajo de campo. Tenemos voluntarios que van a los campos de refugiados: Recogemos solicitudes, pero sobre todo difundimos información sobre nuestros chats y nuestra web, donde la gente puede aprender por sí misma cómo proceder. “Hilfe zur Selbsthilfe” es el nombre alemán de este concepto [traducción literal: “ayudar a las personas a ayudarse a sí mismas”].

    En cuanto al trabajo en línea, es sobre todo nuestro sitio web y canal de información, que se actualizan casi todos los días. Este trabajo voluntario puede parecer “invisible”, pero es de vital importancia. Los voluntarios están constantemente revisando y verificando la información, y actualizándola todo el tiempo.

    El sitio reúne mucha información sobre nuestra provincia y explica todo el procedimiento: cómo llenar ciertos formularios, dónde obtener comida y ropa gratis, cómo encontrar un apartamento, cómo inscribirse en la universidad, todo lo relacionado con la vida en nuestra ciudad. En nuestro canal de información publicamos noticias de la ciudad e información sobre tertulias, cursos y grupos de ayuda mutua. 

    Al mismo tiempo, queríamos que los refugiados se unieran a nuestra comunidad. Ahora más de la mitad de los administradores en la gran sala de chat son refugiados. Queríamos evitar una actitud de «sabemos el trato», porque nadie sabe realmente la manera correcta. La situación es muy diferente ahora: ha llegado mucha gente, tendrán una agenda completamente diferente, y no necesitamos “enseñarles”, necesitamos que vengan a nosotros y digan qué necesitan, qué apoyo necesitan. necesitamos, cómo podemos encontrar soluciones juntos e incluso cambiar las cosas en nuestra ciudad. Esta ha sido nuestra posición desde el principio.

    Si una persona está en una situación difícil, trabajamos con ella personalmente, revisamos todos los documentos, le decimos qué y dónde escribir y, si es necesario, la ayudamos más o la redirigimos a chats especializados. Por ejemplo, tenemos una sala de chat separada para estudiantes, que contiene toda la información para la admisión. Estamos conectados con casi todas las universidades de Hamburgo y sus representantes trabajan con nosotros. Una vez a la semana, hay discusiones en línea donde puede hacer preguntas sobre varias cosas que ayudan a los recién llegados a orientarse. Hay una sala de chat con información sobre atención médica en Alemania, que también cuenta con médicos voluntarios. Hay chats para ayudar a mujeres embarazadas y mujeres con niños. Nuestros voluntarios brindan ayuda a personas con discapacidades.

    Hacemos muchas cosas, pero no brindamos asistencia legal, por ejemplo. En Alemania no se puede prestar ayuda médica, legal o psicológica, ni ayuda con cuestiones fiscales, sin un certificado. Recopilamos tanta información como podemos sobre lugares donde las personas pueden obtener asesoramiento gratuito. Si no podemos hacer algo, referimos a las personas a otras organizaciones.

    — Diré de inmediato que soy más que consciente de las contradicciones políticas con el idioma ruso en Ucrania, pero nuevamente, en este caso, el idioma ruso nos ayudó a unirnos para ayudar. Inicialmente, teníamos en su mayoría voluntarios de habla rusa trabajando para nosotros. A menudo había una pregunta: ¿hablar ruso socavaría nuestra credibilidad? Sin embargo, en la práctica las cosas han sido más fáciles ya que cada uno ha elegido el idioma en el que se siente más cómodo. A menudo, en los chats, las personas escriben una solicitud en ucraniano y los voluntarios responden en el idioma que conocen. Tuve esa comunicación durante meses: una persona me escribía en ucraniano y yo le escribía en ruso. A veces pedía aclarar o explicar algunas palabras, o comprobar su significado.

    Al principio, algunos de nuestros voluntarios se quejaron: “¿Por qué nos escriben en ucraniano? No podemos leerlo, ¿verdad? Pero un poco más tarde nuestro trabajo se volvió más fluido: los voluntarios de habla rusa simplemente comenzaron a entender mucho mejor el ucraniano. Hay muchos ucranianos trabajando en nuestra sala de chat ahora y no tenemos reglas estrictas. Una persona puede cambiar de un idioma a otro y viceversa.

    Ofrecemos ayuda y una persona elige si la necesita o no. Reaccionamos con bastante normalidad si alguien se niega. En la estación de tren, en el primer momento del contacto, la gente tuvo reacciones muy diferentes. Seguí una regla: si una persona te dice algo [grosero] en la cara, da un paso atrás, no reacciones. Eso no significa que tenga que tomar en serio lo que dicen. Pero tienes que entender que la gente está en estado de shock y podría tener alguna reacción a tu ayuda. A veces solo hay que dejarlos en paz.

    — La estructura horizontal de nuestro trabajo era importante para todos, hubiera sido imposible trabajar de otra manera. Trabajamos en grupo, y cuando una persona comienza a tratar de controlar todo, puede convertirse en un problema para los demás participantes. A veces quieres bloquear a alguien (cara sonriente), pero con el tiempo te das cuenta de que necesitas todo tipo de personas. Es por eso por lo que cada grupo desarrolla su propia atmósfera, que es cómoda para los miembros de este grupo en particular, y no hay supervisión constante desde afuera. 

    Disponemos de una sede, a la que asisten los organizadores de todos los grupos de trabajo. Los representantes de otras organizaciones se comunican con la sede cuando existe la necesidad de resolver problemas juntos. Por ejemplo, cooperamos con el servicio de línea directa ucraniana en Hamburgo, una línea telefónica donde las personas de Ucrania y Alemania pueden llamar gratis y hacer preguntas. Por ejemplo, cuando los refugiados recurren a la línea directa o a nosotros con algún problema, nos unimos y comenzamos a “presionar” a las autoridades de la ciudad, escribiendo una denuncia conjunta.

    En cuanto al dinero, en Alemania, yo, como miembro de la junta directiva de una organización, no puedo cobrar por mi trabajo. Voluntarios, sí, pueden conseguir algo. De vez en cuando pagamos un poco de dinero en efectivo a quienes trabajan en los chats o en el campo, pero esto no es un salario, sino una compensación mínima por el tiempo personal del voluntario. Si alguien compra por sí mismo lo necesario para el campamento, nosotros pagamos las cuentas. En general, no tenemos muchos arreglos financieros.

    Con respecto a la moderación del chat, tenemos un cierto límite: no permitimos comentarios racistas ni hostilidad religiosa, nacional o de género. Sin embargo, entendemos que, si comienza a “filtrar” cada palabra, no obtendrá los resultados deseados. Hay debates todos los días.

    En cuanto a la “jerarquía”. No diría que tenemos esa tendencia, pero tal vez no lo veo todo, porque yo mismo estoy a la altura de esta jerarquía [risas]. Sin embargo, con todo el trabajo que tenemos, nadie quiere ser responsable de todo, por lo que parece que tendemos a la anarquía. Tenemos muchas de estas personas que están en todas nuestras salas de chat pero que no figuran como nuestros voluntarios. No hay más de 30 personas que se registraron como miembros, pero hay varios cientos que hacen algo por la comunidad. Las personas ingresan a nuestra estructura no solo porque somos geniales, sino también porque para resolver problemas en cierto nivel, es mejor ser representante de una organización como la nuestra, Nordherz, que hablar en su propio nombre: es posible que una persona simplemente no tenga acceso a la información o a los lugares a los que necesita ir.

    — Esta es una pregunta difícil porque estas historias suceden todos los días. Mi historia favorita, porque se ha vuelto personal, es sobre L [nota: los nombres han sido cambiados por razones éticas. Las historias se cuentan con el consentimiento de los participantes]. Nos encontramos con L en el punto de registro en la estación de tren desde el principio. Ella estaba con sus hijos. Empezamos a hablar, y literalmente esa misma noche recibí una llamada de que alguien estaba alquilando un apartamento por un mes y le ofrecí a L que se mudara allí. Así empezamos a comunicarnos. L es mitad ucraniana, mitad libanés. Ella y sus padres ya habían venido a Alemania como refugiados durante la guerra en el Líbano. Fue a una escuela alemana y por lo tanto conoce bien el idioma. Luego, unos años más tarde, L y sus padres fueron expulsados ​​de Alemania, por lo que no vio a Alemania y su política de refugiados a través de “anteojos color de rosa”. L y su familia vivían en Ucrania, tenían su propio negocio y una gran vida, pero ahora esa amarga experiencia en Alemania ha vuelto a ser útil. Después de pasar por dos guerras y convertirse en refugiada por segunda vez, no ha perdido el ánimo. Los hijos de L se parecían a su madre. Casi desde el momento en que llegaron, las niñas se ofrecieron como voluntarias en la estación, sirviendo sopa, y su madre ayudó a otras con las traducciones. Fue a través de esa ayuda que realmente llegaron a conocer nuestra ciudad, y la ciudad los conoció a ellos, se convirtieron en una parte hermosa de ella. Recientemente, un amigo mío los invitó a una clase de kickboxing, que un kurdo refugiado impartió gratuitamente a los niños inmigrantes. 

    Cuando las personas acuden a nosotros, no solo están lidiando con sus problemas burocráticos, a menudo quieren hablar sobre sí mismos y compartir sus miedos, y usted comienza a sumergirse en esas historias. Soy una persona de teatro, eso es de particular interés para mí. Vives esta tragedia de la guerra todos los días desde diferentes perspectivas, ves pérdidas y trastornos, y da miedo, pero también ves la belleza de la humanidad, ves cómo las personas viven juntas la guerra y se apoyan mutuamente.

    Otra historia. Sobre cómo no puedes decidir las cosas por otra persona. Fue cuando me ofrecí como voluntaria en la estación de tren, al final de mi turno. Estaba de servicio con un voluntario de Odessa. Entra una mujer y pide una pastilla para el dolor, y dice que necesita ir a Berlín urgentemente. Y vemos que esta mujer tiene sangre por toda la pierna, no puede caminar. Estaba embarazada de un niño pequeño y cargaba maletas enormes. Empezamos a decir con cautela que necesitaba ir al hospital, no a Berlín. Y eventualmente logré llevarla al hospital, aunque fue difícil de convencer. En el hospital le cosieron la pierna, pero no pudo caminar durante mucho tiempo.

    Su ciudad natal fue una de las primeras en ser alcanzada por el fuego de la artillería rusa, y al principio se vio obligada a ir a algún lugar remoto de la campiña nórdica para visitar a una amiga. El esposo de la amiga lo toleró al principio y luego dijo: «Si las cosas van bien allí [en Ucrania]», y fue en mayo, «¿por qué no te mudas?» Así que decidió volver. De camino a casa le pasó la siguiente historia: Estuvieron viajando un día y medio sin dormir. Su hija estaba exhausta y, mientras bajaba por una escalera mecánica, comenzó a caer. Cuando trató de agarrarla, la mujer se cayó y se cortó severamente la pierna. Necesitaba atención médica, pero no tenía ningún documento con ella, así que empezamos a arreglar su papeleo. En ese momento, su padre en Ucrania se enfermó gravemente. Un día vino a mí y me dijo que tenía que ir a Ucrania con urgencia. Ese día mi cabello casi se volvió gris. Me di cuenta de que no tenía derecho a disuadirla. Pero traté de explicarle: estás con muletas, apenas puedes caminar, tienes un hijo y hay hostilidades allí. En ese momento vino nuestro voluntario y le trajo unos medicamentos. Dijo que no debería dejarla ir. Pero es su vida, no tengo derecho a dictar lo que debe hacer con su vida. Así que nos sentamos con ella y escribimos posibles escenarios en papel. A pedido de ella, una de nuestras psicólogas habló con ella y todo se calmó, después de todo no fue. Pero fue su decisión. En esa situación, no tienes derecho a tomar esa decisión por la persona porque no es tu vida, es la de otra persona. Y es muy difícil llegar a eso cuando mucho depende de ti, y muchas veces la persona quiere que compartas la responsabilidad de su decisión. Unos meses después murió su padre y ella nunca pudo ir a su funeral porque había combates cerca de la ciudad. Así que nos reunimos en mi casa en Hamburgo y lo conmemoramos. Simplemente estar con la persona en ese momento es muy importante. No olvidaré la confianza que depositó en mí.

    — Este es un tema importante, y lo abordamos con bastante rapidez, especialmente porque para las personas en la estación de tren, trabajar uno a uno con los refugiados es un trabajo muy duro. Es una experiencia diferente a la del chat, aunque trabajar en una sala de chat también provoca un tipo diferente de agotamiento. Ahora tratamos de organizar reuniones mensuales del equipo de voluntarios, donde podemos simplemente sentarnos y hablar. Tenemos supervisiones. Algunos de ellos conducen a que las personas simplemente sean sacadas. Discutimos diferentes temas, por ejemplo, la diferencia entre servicio y voluntariado. En estos grupos, puede expresar su enojo, hablar sobre lo que hay detrás y, lo que es más importante, obtener retroalimentación. Y debido a que tenemos refugiados en nuestra red, y ellos también vienen a estos grupos, vemos los diferentes problemas que enfrentamos. Cuando comenzó la movilización en Rusia, y tenemos muchos voluntarios de Rusia que alguna vez abandonaron pequeños pueblos donde la gente tenía familiares directamente afectados por la movilización, hubo conflictos en los grupos. Fue un momento muy difícil y decidimos que teníamos que hablarlo en reuniones de supervisión. Había mucha gente en el grupo tanto de Rusia como de Ucrania, y todos tenían sentimientos diferentes. Algunos dijeron “eso es lo que se merecen los rusos”, y una voluntaria ucraniana dijo que simplemente no podía simpatizar con los rusos. Pero pudimos hablar de eso todos juntos y nos dimos cuenta de que tal vez este es el único lugar donde aún podemos recuperar la tierra arrasada entre nosotros. Quiero decir, no hablar de eso en absoluto, no tener esa plataforma, eso es difícil. Es un mecanismo de rescate importante para nosotros. Es una herramienta que tenemos,

    No creo que tengamos que trabajar pase lo que pase. Hacemos lo que podemos, y fue importante para mí desde el principio mantener un entorno en el que todos supieran que nadie le debe nada a nadie. ¿Tienes una hora a la semana? Bien por usted. Si no puedes, tienes que tomarte un descanso. Tienes que aliviar la presión. 

    Si está pasando por un momento difícil, nadie tiene que enviarle un mensaje de texto con decepción, «Lo siento mucho, pero dependíamos de usted». Nadie morirá sin tu ayuda: hay muchas otras personas ayudando, la gente generalmente sobrevive sin ayuda, no eres un ángel guardián. No asumas ese papel. Entonces, si en algún momento nuestro proyecto pierde fuerza y ​​muere, bueno, que así sea. Significa que la gente ya no tiene la fuerza para hacerlo, y eso está bien. Necesitamos mantener esa atmósfera y crear esas plataformas, para que sea un placer para nosotros estar allí y que otros se conecten con nosotros. Mucha gente se queda porque encuentran compañía aquí, es agradable estar en la misma comunidad unos con otros. Convertir esto en una especie de “empresa” es el camino a ninguna parte. 

    En un momento tuve insomnio, y me levantaba a las cuatro de la mañana y comenzaba a trabajar en chats, y a las nueve de la noche pensaba que debería desayunar. Así que todo el tiempo estuve trabajando y respondiendo preguntas. Y luego me di cuenta de que no debería hacer eso. 

    Durante el verano, en una sesión de supervisión, estábamos respondiendo una pregunta sobre cómo nos sentíamos, y escribí que paradójicamente estaba feliz, porque era como si estuviéramos construyendo nuestra ciudad invisible dentro de la ciudad. Hay tantas personas diferentes entre nosotros: médicos, panaderos, artistas, gente de TI, profesores, una mezcla tan maravillosa. No nos conocíamos, y descubrimos una comunidad, la hicimos comunidad, y podemos construir nuestra ciudad. Y cuando termine la guerra, y este es el sueño más grande de todos nosotros, nuestra ciudad invisible no perecerá, solo cambiará sus límites visibles. Me involucré en nuestro proyecto por esta utopía y es por esta utopía que todavía sigo.

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  • El testamento de Lenin

    El testamento de Lenin

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    Nicolás Monterde Izquierdo

    Militante de Anticapitalistas y de Abrir Brecha

    Fuente: Viento Sur

    Teoría: Marxismo

    07/01/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    l testamento de Lenin es uno de los documentos de mayor polémica en la historia de la URSS. Este también constituye uno de los documentos más interesantes para comprender el camino recorrido y por recorrer del proyecto soviético iniciado en 1917. Esto lo convierte en un texto casi inabarcable, debido a la cantidad de problemáticas que se tratan en él, y que obligaría remontarse a los principios teóricos leninistas. Por ello una de las tareas iniciales clave es la delimitación del presente artículo: en primer lugar, tengo por objetivo hacer historia del documento en sí, donde hablaré de la fecha de su escritura y las numerosas versiones y publicaciones que se fueron haciendo del mismo a lo largo de la historia. Y en segundo lugar, haré un análisis político-histórico del testamento y de los puntos que trata, con ello buscaré profundizar en las controversias políticas y la propia personalidad de Lenin.

    Lo que conocemos como el testamento de Lenin fue más bien un conjunto de cartas dictadas por el revolucionario ruso entre el 22 de diciembre de 1922 y el 4 de enero de 1923. Por aquel entonces, Lenin estaba incapacitado físicamente debido a la enfermedad que sufría. A raíz de ésta sufrió un primer ataque en mayo de 1922 del que se recuperó en otoño de ese mismo año, siguiendo con su actividad política e institucional, aunque visiblemente más cansado. Será el 12 de diciembre cuando por recomendación médica se traslade a su habitación del Kremlin, donde sufrirá un segundo ataque que le inmovilizará su lado derecho, lo que le impedirá volver a escribir. A la luz de esta situación crítica, Lenin se apresurará en dictar a su taquígrafa M. Volodicheva unas cartas de vital importancia para él, las cuales mantendrá en el más absoluto secreto. De hecho, sólo sabrán de su existencia dos personas: su taquígrafa antes mencionada y Nadia Krupskaya, la esposa de Lenin, que será la encargada de esconder dichas cartas hasta el fallecimiento de su marido y también la que se las entregará al partido. Estas cartas debían ser leídas en el XIII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética que se celebraba el 17 de abril de 1923. Sin embargo, esto no fue así y se pospuso la lectura del documento hasta después de la muerte, el 24 mayo de 1924. Tampoco se leyó ante ningún congreso, solo ante un grupo reducido de los delegados al  XIII Congreso del partido.

    La primera lectura del Testamento en mayo de 1924 la hizo Kamenev, quién por aquel entonces era presidente de la mesa de delegados del Congreso. Esta lectura se hizo sin interrupciones y al terminarla Zinoviev, viejo bolchevique de gran autoridad que se había aliado en una Troika junto con Kamenev y Stalin, afirmó que las dudas de Lenin parecían infundadas por lo que no resultaba necesario sustituir a Stalin como secretario general, todo esto acompañado de un extremo culto al líder fallecido[1]Robert Vincent Daniels, The Conscience of the Revolution: Communist Opposition in Soviet Russia, 2011, 259..Trotsky se mantuvo en silencio durante y tras la lectura, únicamente respondió a Radek cuando este se dirigió a él afirmando: «Ahora ellos no se atreverán a ir contra ti» (refiriéndose a la troika de Stalin, Zinoviev y Kamenev). A lo que Trotsky respondió:»Por el contrario, tendrán que ir al límite, y además lo más rápido posible»[2]Boris Bazhanov, Avec Staline dans le Kremlin (Paris: Editions de France, 1930), 43-47; Lev Davidovich Trotsky, Stalin: una valoración del hombre y su influencia (Fontamara, 2017), 467.. Krupskaya defendió que el testamento se leyera ante el congreso, tal y como había planteado Lenin que se hiciera. Esta propuesta fue rechazada y, en cambio, se aprobó que fuera leído en todas las delegaciones en una reunión extraordinaria en la que no se podría tomar notas. A pesar de encontrar la fuerte oposición de Krupskaya, que veía traicionada la última voluntad de su difunto marido, la propuesta de la troika de no publicarlo se aprobó con el respaldo de 30 frente a 10 votos.

    A pesar de no ser publicado oficialmente por los periódicos y tampoco llegar a una parte importantísima del partido, fue mencionado por primera vez por Eastman, un comunista estadounidense, simpatizante de Trotsky. En su obra Since Lenin died relata los debates y las discusiones en torno a la Troika contra Trotsky, publicando por primera vez fragmentos del testamento de Lenin que le llegó a través de Trotsky un año antes[3]Max Eastman, Since Lenin Died (Nueva York: Boni and liveright publishers, 1925), 28-32.. Esta publicación del testamento provocó una gran controversia por la que numerosos partidos comunistas del resto de Europa exigieron una explicación al respecto. Fue entonces cuando la Troika presionó a Trotsky para que mantuviera la disciplina y negase las afirmaciones de Eastman[4]Isaac Deutscher, El profeta desarmado (1921-1929) (México: ERA, 1968), 202..Esto sería lo que terminaría haciendo, constituyendo uno de los más resonados triunfos de la Troika. El 19 de julio de 1925 se publicó en la revista británica Sunday Worker la respuesta de Trotsky en la que tildaba de “calumnias maliciosas” lo expuesto por Eastman en su libro, negando que el Comité Central del partido hubiera escondido ningún tipo de documentos escritos por Lenin al final de su vida, incluyendo su testamento[5]Yuri Felshtinsky, «Lenin, Trotsky, Stalin and the Left Opposition in the USSR 1918-1928», Cahiers du Monde russe et soviétique 31, n.o 4 (1990): 2-11; Lev Davidovich Trotsky, «New … Seguir leyendo. Varios años después, Trotsky dirá que en aquel momento fue objeto de fuertes presiones por parte de la Troika, la cual exigía a Trotsky lealtad y disciplina al Comité Central. En 1925 Trotsky calculó que el enfrentamiento directo con sus rivales no le convenía, lo que explica su repliegue. Siguiendo la publicación del testamento en la obra de Eastman, el New York Times el 12 de julio de 1925 fue el primero en publicar el testamento de Lenin en su totalidad a través de Krupskaya, quien por aquel entonces se había unido a la oposición contra la troika[6]Donald Adams, «Lenin betrayed by his party; His “Testament,” Praising Trotsky and Attacking Stalin-Zinovieff Group, Was Suppressed», The New York Times, 12 de julio de 1925, sec. Archives..

    La cuestión del testamento no volverá a ponerse sobre la mesa en la URSS hasta el año 1927, y lo hará la Oposición Unificada, la cual estaba encabezada por Trotsky, aunque también destacan otros importantes cuadros como Preobrazhensky, Radek, Piatakov, Kamenev o Zinoviev. En el aniversario de 1927 de la Revolución de Octubre, la Oposición se presentará con una pancarta en la que se leía: “Aplicad el testamento de Lenin”[7]Pierre Broué, Comunistas Contra Stalin, ed. Andreu Coll Blackwell, trad. Margarita Díaz Pérez y Juan Antonio Herrero Díez (Sepha, 2010), 120.. Además, también se repartieron copias clandestinas del testamento de Lenin entre los obreros por la propia Oposición, lo cual fue perseguido[8]Vadim Z. Rogovin, Was There an Alternative? Trotskyism: A Look Back Through the Years 1928-1933 (Oak Park, Michigan, 2021), 446.. Esto precisamente ejemplifica la lucha interna de ciertos sectores del partido por publicar un testamento que por su contenido sería demoledor para Stalin.

    Otro acontecimiento de vital importancia ocurrido ese mismo año fue el del controvertido Congreso del partido en el que Stalin se vio obligado a leer una serie de documentos y cartas secretas de Lenin que se habían propagado por el partido como la pólvora. Entre estos documentos estaba su testamento. En este Congreso se pudo evidenciar la no muy buena relación entre Lenin y Stalin, y la predilección del primero por Trotsky. Este Congreso fue una gran victoria para Trotsky, dejando en evidencia a Stalin delante de muchos cuadros del partido. Esta fue la última vez en la que Stalin sufrió un revés político interno en toda regla, lo que le terminó por confirmar la necesidad de prohibir cualquier distribución de dicho documento. Esas cartas amenazaban el discurso que había sido construido por el propio Stalin a partir de 1924, mostrándose como un servicial pupilo del gran maestro que era Lenin, lo que también emponzoñaba el uso que se le había dado a la figura de Lenin a modo de justificación de la línea oficial del partido. Sin embargo, la difusión del testamento en aquel XV Congreso fue muy limitada. Este se incluyó en el dossier secreto del XV Congreso del partido con tan solo 13.500 ejemplares dedicados a los estratos superiores del partido[9]Rogovin, 447-49.

    Con la expulsión del partido de la Oposición Unificada en enero de 1928 y los Procesos de Moscú de 1936, y habiendo eliminado toda oposición interna, la cuestión del testamento quedó en el olvido. No solo no se publicó, sino que tampoco fue recogido en las Obras Escogidas de Lenin, buscando por todos los medios la supresión del documento que pasó a ser considerado literatura anti-partido. Este no volvería a irrumpir en el escenario político soviético hasta el año 1956 durante el XX Congreso del PCUS, donde Nikita Kruschev a modo de cuchillo arrojadizo contra la fracción estalinista supo recuperar a tiempo el testamento como una de las mejores armas usadas por la oposición a Stalin y el estalinismo. Fragmentos del testamento se incluyeron en el famoso Informe secreto del XX Congreso del PCUS, utilizándose para justificar el proceso de desestalinización llevado a cabo en todo el bloque soviético por aquel entonces. El testamento y otras cartas de Lenin terminaría siendo incluidas en sus Obras Escogidas a partir de la edición de 1961, coincidiendo con esta etapa aperturista.

    Estas medidas llevaron definitivamente a la rehabilitación del testamento de Lenin en la historia oficial de la URSS, aunque siguió siendo un tema tabú del que no muchos investigadores soviéticos se hicieron eco. Lo mismo ocurrió con los investigadores extranjeros, que no prestaron atención a la controversia. Aunque si bien es cierto que de donde se puede extraer más literatura al respecto es en el ámbito político, donde se produjeron numerosas controversias entre historiadores revisionistas del estalinismo y ciertos sectores del trotskismo durante los años 30, 40 y 50.

    Para concluir el análisis histórico del testamento en sí, me gustaría destacar unos hechos que suscitan el entramado histórico del testamento. En primer lugar, el testamento constituía un punto débil del mito construido del marxismo-leninismo, un documento discordante que contradecía la línea oficial del Estado soviético durante el estalinismo. Esto era perfectamente sabido por Stalin, a la vista de los quebraderos de cabeza que siempre le había supuesto el cabo suelto del dichoso testamento, y por ello se evitó a toda costa su difusión. Siempre que se pudo, el documento fue utilizado como un ataque a la línea de flotación contra Stalin, lo cual habitualmente se saldaba con una victoria discursiva para la oposición que utilizaba dicho testamento.

    Y, en segundo lugar, podemos observar cómo el testamento de Lenin fue un asunto muy presente siempre que se desarrollaban pugnas internas por el poder en el partido. Ocurrió esto mismo con la pugna que se desató por el poder entre Trotsky y la Troika a partir de la muerte de Stalin, también durante el enfrentamiento entre Stalin y la Oposición Unificada, y finalmente tras la muerte de Stalin en 1953 durante la consolidación en el poder de Nikita Kruschev. De alguna forma, esto nos viene a decir la importancia que tenía la lucha por el apoyo póstumo de Lenin a las tesis defendidas por cada contendiente por el poder. Es decir, la figura de Lenin, como padre de la revolución, debía ser compatibilizada con aquellos que querían alzarse con el poder para legitimar su propia candidatura en el partido. Por ello se utilizó la figura de Lenin y su testamento en beneficio privado de cada uno de los pretendientes a la secretaria general, lo que obviamente llevó a la deformación de numerosos datos para tejer un discurso favorable a los intereses de cada uno.

    En este apartado me dedicaré a analizar el contenido de cada una de las cartas enviadas por Lenin al Partido Comunista. Para hacer un análisis completo es necesario desarrollar detalladamente el origen y el desarrollo de muchas de las cuestiones que Lenin menciona en su testamento. La mayoría de las problemáticas se remontaban no solo al inicio de la propia revolución en 1917, sino al planteamiento inicial de los principios leninistas.

    Lo primero de todo es clarificar la razón que llevó a Lenin la escritura de su testamento. Si bien es cierto que hay numerosos motivos, cabe destacar: el combate que Lenin emprendió contra la burocratización del partido, el cual estuvo presente en la mayoría de sus artículos a partir de 1922, entre los que destaca el último, “Más vale menos, pero mejor”. Este artículo fue publicado el 4 de marzo de 1923 en Pravda y en él se hacía una fuerte crítica al funcionamiento de la Inspección Obrera y Campesina debido a su extrema burocratización, proponiendo Lenin reformas en su seno para hacer de ésta una institución insigne del Estado soviético: “debemos hacer de la Inspección Obrera y Campesina, instrumento llamado a mejorar nuestro aparato, un organismo realmente modelo”[10]Vladimir Ilich Lenin, Obras escogidas tomo III (Moscú: Editorial Progreso, 1961), 424..

    Además, de forma indirecta, era una crítica a Stalin, quien era el encargado de la Inspección Obrera y Campesina, respecto a la cual Lenin afirmará: “El comisariado del pueblo de la Inspección Obrera y Campesina no goza en la actualidad ni de una sombra de prestigio. Todo el mundo sabe que no existen instituciones peor organizadas que las que dependen de nuestra Inspección Obrera y Campesina”[11]Lenin, 424.. Como podemos observar, Lenin es muy claro y directo en lo que se refiere a la autocrítica y no le tiembla el pulso a la hora de señalar los problemas de falta de gestión y burocratización en las instituciones soviéticas. Esta posición crítica hacia la burocratización le unió a más a Trotsky, quién también advirtió en numerosas ocasiones de la amenaza de una excesiva burocracia. Sin embargo, las posiciones críticas de Lenin y Trotsky diferían en un punto clave; mientras que Lenin pensaba que la burocratización se trataba de una herencia residual del zarismo, Trotsky defendía que la burocracia había surgido en el seno del propio Partido Comunista y que encarnaban una reacción que se cernía sobre la revolución.

    Otro elemento importante que puede explicar la gran importancia que les dio Lenin a estas cartas fue la posible escisión en el partido motivada por la lucha por el liderazgo entre ciertas personalidades, contra lo que Lenin propondrá medidas para compartirlo. Este tema lo analizaremos más detalladamente cuando Lenin hable de esto en sus cartas. Y, por último, la incipiente desconfianza que sentía Lenin hacia Stalin en todos los ámbitos. Políticamente había tenido numerosas discordancias en sus últimos años, lo que también debilitó su confianza en él. Incluso a nivel personal su relación se irá deteriorando hasta que Lenin decida oficialmente dar por terminada su relación de “camaradería”.

    Las primeras cartas que constituyen el conocido testamento de Lenin, escritas del 23 al 26 de diciembre, tratan dos temas fundamentales: la ampliación del Comité Central del Partido Comunista y la descripción de las facultades y limitaciones de cada uno de los miembros más relevantes de dicho Comité Central. Ambos temas están estrechamente relacionados, ya que, de hecho, se podría decir que uno era el problema y otro la solución a dicho problema. Empecemos por el problema. Lenin describirá a seis miembros del CC: empezará por Stalin, del cual dirá que había acumulado demasiado poder en sus manos como secretario general del partido y dudó de que pudiera usar dicho poder correctamente. Cabe hacer un inciso en este punto para hablar brevemente sobre el cargo de secretario general que ocupó Stalin a partir de marzo de 1921 durante el X Congreso del Partido. En un principio este cargo fue ocupado por Sverdlov, un hombre de ciencia, pero profundamente comunista, el clásico viejo bolchevique. Este murió en el año 1919 y Lenin, sabiendo lo complicado que suponía reemplazar a Sverdlov, propuso que la secretaria se dividiera en tres, una especie de triunvirato. Sin embargo, esto cambió en 1921 cuando Stalin alcanzó de jure la posición que tenía de facto Sverdlov en 1919. Además, el cargo de secretario general fue acumulando con Stalin más y más competencias que antes no tenía. Esto, unido a los cargos que poseía como Comisario del Pueblo para la Inspección Obrera y Campesina y Comisario del Pueblo para las Nacionalidades hizo que Stalin acumulara en sus manos un sinfín de competencias y funcionarios, por lo que la burocratización se extendió rápidamente.

    En segundo lugar, habló sobre Trotsky. La disposición de las personalidades no es casual, refleja claramente la preocupación que tiene Lenin por la relación conflictiva entre Trotsky y Stalin. Empieza por Stalin, al que critica y ve como una amenaza de cara al futuro para el partido, y sigue con Trotsky, al que describirá como el hombre más capaz del CC del partido. Lenin destacará el combate que Trotsky había dado en el CC defendiendo causas que él consideraba justas, lo que también nos ayuda a comprender la cercanía de ambos dirigentes. Estas coincidencias políticas se harán evidentes a lo largo del testamento. Sin embargo, cabe mencionar algunas de esas coincidencias: entre ellas destacan la cuestión del monopolio del comercio por parte del Estado en la que Trotsky y Lenin se aliaron contra Stalin y sus simpatizantes, la lucha contra la burocracia o el intenso combate que se desarrolló durante la constitución de la URSS en torno a la cuestión nacional. Aunque también reprochará a Trotsky su excesiva confianza y su obsesión por la parte puramente administrativa de las cosas.

    Proseguirá hablando de Zinoviev y Kamenev muy brevemente, de los que dirá que sus dudas ante la insurrección de octubre en 1917 no eran casualidad, aunque esto no se les podía reprochar como argumento político contra ellos. Este recordatorio pretendía poner sobre la mesa la demostrada incapacidad de estos dirigentes para tomar decisiones complicadas en momentos complicados. También en este punto recordará que no podía utilizarse el argumento del no bolchevismo de Trotsky en su contra. Esto siempre fue defendido por Lenin en el partido, ya que era bastante casual el reproche a Trotsky de su no bolchevismo inicial como argumento contra sus tesis políticas. Este último punto ha causado un enorme debate entre los investigadores e historiadores que trataremos en el siguiente punto del artículo. De todas formas, podemos observar claramente ese intento de Lenin por defender a un Trotsky que probablemente se quedaría solo ante una mayoría que se opondría a su candidatura como heredero de Lenin.

    En último lugar, habla de los miembros más jóvenes del CC, Bujarin y Piatakov, con 32 y 34 años respectivamente. De estos dirá que se trata de los miembros jóvenes más valiosos del Partido. Bujarin es muy válido y un gran teórico, cabe recordar su papel en la consolidación de la Nueva Política Económica y en el futuro sentará las bases del socialismo en un solo país. Este, según Lenin, desconoce las bases de la dialéctica, es necesario que en el futuro sepa lidiar con esos vacíos. Piatakov poseía una gran voluntad y capacidad, pudiendo asumir tareas políticas de gran calado. También le reprochará su excesiva atracción por las cuestiones administrativas.

    Además de estas cartas, cabe mencionar la que fue escrita el 4 de enero de 1923, que constituía el último fragmento del testamento. En esta se muestra mucho más crítico con Stalin, proponiendo que fuera desplazado del poder. A pesar de ser un breve párrafo, es uno de los que más ha trascendido históricamente. Probablemente por la desconfianza que expresa Lenin respecto a las actuaciones de Stalin, al cual le reprochará lo siguiente: “nombrar para este cargo a otro hombre que se diferencie del camarada Stalin… que sea más tolerante, más leal, más correcto y más atento con los camaradas, menos caprichoso, etc.”[12]Lenin, 404.. Lenin volverá a incidir sobre las amenazas de una escisión debido a la tormentosa relación que existía entre Stalin y Trotsky, lo que, de nuevo, por si no hubiese quedado claro, repetía.

    En general, podemos observar una clasificación que hace Lenin entre los distintos líderes políticos, destacando tres grupos. Los viejos líderes bolcheviques como Kamenev y Zinoviev quedan descartados por Lenin como posibles líderes del partido. La nueva generación de dirigentes que buscaban reemplazar a Lenin, entre los que estaban Stalin y Trotsky; a estos les dedicará muchas más palabras que al resto, ya que encarnaban el problema presente de la sucesión de Lenin. Finalmente, está la futura generación de dirigentes, encarnada por Bujarin y Piatakov, los cuales debían ser la esperanza para la continuidad de la dictadura del proletariado.

    Lenin percibe una posible fractura del partido, expresándolo en los siguientes términos: “Yo creo que lo fundamental en el problema de la estabilidad son tales miembros del CC como Stalin y Trotsky”[13]Lenin, 404.. Con esta cita podemos observar la profunda desconfianza que siente Lenin por la relación conflictiva entre Trotsky y Stalin, a la cual llega a tildar como el “fundamental” problema para la estabilidad del CC. Esta situación de inestabilidad no era nueva en el partido, algo similar ocurrió en el invierno de 1920-1921 durante la celebración del X Congreso del Partido. Tras las revueltas campesinas a raíz del comunismo de guerra y la rebelión de los marineros en Kronstadt, Lenin no solo temió la ruptura de la alianza obrero-campesina necesaria para el sostenimiento del Estado soviético, sino que además advirtió de una posible fractura interna en el partido. Por ello en ese Congreso se aprobaron una serie de medidas para fortalecer la cohesión interna del partido, entre ellas se decretó la prohibición de las facciones internas, en ese momento el fraccionalismo lo encarnaba la Oposición Obrera, la cual quedó prohibida. Estas medidas supondrían un auténtico quebradero de cabeza para las distintas oposiciones contra Stalin, ya que este utilizó siempre los decretos del X Congreso para aplastar a la oposición.

    Lenin quería evitar a toda costa un posible desmembramiento del partido y para ello propondrá una solución: la ampliación en número del Comité Central. Vladimir Ilich propuso incluir en el CC entre 50 a 100 nuevos miembros. Esto lo planteó precisamente con el objetivo de limitar los daños a la estabilidad del partido que suponían los enfrentamientos intestinos en el seno del CC entre distintas personalidades. El número reducido de miembros del CC facilitaba el enfrentamiento entre ciertas personalidades, haciéndolo un círculo cada vez más cerrado donde lo personal cada vez pesaba más. Según Lenin, este nuevo reclutamiento de miembros debía componerse de obreros y campesinos que no hubieran estado más de cinco años en las instituciones soviéticas, para así regenerar el aparato principal del partido. Lenin le da mucha importancia a la idea de desechar la cultura burguesa y zarista que estaba aún presente en ciertas ramas del partido, y para ello era necesaria la labor de obreros fieles al partido que limpiarían las instituciones soviéticas.

    Sin embargo, no parece muy realista creer que una simple ampliación de miembros del CC fuese a solucionar los problemas que Lenin percibía, y menos aún los que se cernían sobre el partido. La realidad es que Lenin se encontró en un callejón sin salida que él mismo dispuso. Lenin plantea unos cambios radicales en la dirección del partido y el Estado soviético, además se posiciona contrario a ciertas tendencias que había observado y las cuales quedaban personificadas por Stalin y sus allegados. Esto suponía la apertura de un debate interno y externo para llevar a cabo muchos de los cambios que planteaba. Pero no hay que olvidar que quien prohibió la oposición interna en el partido fue el propio Lenin. Sin embargo, él nunca calculó que se fuera a quedar en una oposición minoritaria dentro del partido, pero eso fue lo que sucedió.

    Lenin se dio cuenta tarde de las consecuencias que tuvo a largo plazo la limitación de la democracia interna en el partido y de alguna forma probó de su propia medicina. De hecho, será Trotsky quién herede esta preocupación y demande en numerosas ocasiones, ya en la Oposición de Izquierdas, la revisión de los decretos aprobados en el X Congreso del Partido. Lenin tomó la decisión de prohibir el fraccionalismo en 1921 pensando que esta sería una medida transitoria, es decir, pensando en el corto plazo, aunque ni mucho menos fue algo que hiciera con gusto, sin tener en cuenta las consecuencias. La verdad fue que él no lo entendió como algo que fuera a tener las gravísimas consecuencias que tuvo unos años más tarde. Si bien no sería justo cargar sobre los hombros de Lenin toda la culpa por el ascenso de Stalin, no hay que olvidar ciertas decisiones que se tomaron, en lo que se refiere sobre todo a la limitación de la democracia interna del partido, que allanaron el camino al devenir del estalinismo, aunque fuera inconscientemente.

    Entre los días 27 y 29 de diciembre de 1922 se escribieron las cartas concernientes a la reforma del Gosplán, que era la oficina de planificación económica. Esta reforma consistía en otorgar a dicha institución poderes legislativos, como ya había defendido Trotsky antes. Esto implicaba otorgar mayor independencia en la toma de decisiones al Gosplán, es decir, limitar la implicación del CC en la actividad de dicha oficina. Respecto a lo cual Lenin comentó: “El Gosplán debe gozar de cierta independencia y autonomía desde el punto de vista del prestigio de esta institución científica”[14]Lenin, 406.. Aparentemente, esto podría resultar no muy relevante, pero cabe destacar dos puntos clave que le dotan de una especial importancia: sin duda, podemos observar otro evidente acercamiento entre Trotsky y Lenin, ya que este tema fue ampliamente discutido entre ambos revolucionarios y no llegaron a un acuerdo. Será en su testamento, cuando Lenin recapacite y le dé la razón al ucraniano, lo cual resulta muy significativo para comprender la sintonía existente entre ambos.

    El otro punto destacable de estas cartas es la descripción de virtudes que Lenin considera que un buen líder debe tener. Un buen líder no solo debía presentar atención a los asuntos administrativos, que eran importantes, pero no fundamentales, este debía ser alguien cercano a la gente y con una formación científica cuya experiencia superará unas docenas de años. No cabe duda de que para el autor estas cualidades difícilmente se encuentran en una sola persona y por ello es importante compenetrar a dos o más personas que en común junten todas estas cualidades.

    Esta política no solo se aplicaba en el Gosplán, Lenin también entendía que esto mismo debía ocurrir en la Oficina de Inspección Obrera y Campesina. A pesar de que estas valoraciones se hicieran a partir de la cuestión del liderazgo del Gosplán, Lenin comienza a referirse a la ideal composición de los liderazgos en todas las instituciones soviéticas. Por ello podríamos trasladar este ideal de líder científico-administrativo a la presidencia del partido o del estado. Al hacerlo resulta evidente que nadie cumplía por sí mismo los requerimientos de los que hablaba Lenin. Lo que también incluía a Trotsky, que a pesar de ser “el hombre más capaz” según Vladimir Ilyich, le reprocha su excesiva atención en los asuntos puramente administrativos, que para él no eran ni mucho menos fundamentales. Esto nos ayuda a comprender qué visión tenía Lenin respecto a la composición del CC y el liderazgo en el estado tras su muerte. Ni mucho menos concibió el control de todo el estado y el partido por una sola persona, sino el de crear un equilibrio de poder en el CC, donde evidentemente quedase excluido Stalin, pero donde cada miembro tuviera su áreas de influencia y competencias. Así que habría que rechazar la idea de que Lenin estuviera preparando o apoyase el establecimiento de una dictadura personal, ya sea de Trotsky o de Stalin.

    Las últimas cartas que componen el testamento a analizar son aquéllas en las que trata la cuestión nacional, a raíz de la crisis georgiana, probablemente una de las crisis más graves que sacudió el partido tras el invierno de 1920-1921. Estas serán las cartas de mayor extensión, ya que en ellas Lenin no solo se dispone a relatar los eventos que habían llevado a dicha crisis, sino que además señalará a los culpables y propondrá una solución. Esta crisis empezó con la constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en octubre de 1922, cuando Stalin como Comisario para las Nacionalidades dicto su proyecto de “autonomización”. Este proyecto fue rechazado en muchos puntos por Lenin que afirmaba que Stalin “quería moverse demasiado rápido[15]Rogovin, Was There an Alternative?, 85..Este pensaba que Stalin no garantizaba en su proyecto la igualdad real entre todas las Repúblicas Soviéticas que compondrían la Unión. Por ello, envió una carta en la que pedía la revisión y corrección de ciertos artículos. Esta carta fue desaprobada por Stalin en los siguientes términos: “debemos mantenernos firmes contra Lenin” (respuesta a un telegrama de Kamenev)[16]Rogovin, 85.. Finalmente, se vio obligado a hacer ciertos cambios, superficiales, en su proyecto.

    Uno de los temas más controvertidos de la “autonomización” fue la creación artificial de una República Socialista Soviética de Transcaucasia, formada por la unión de Azerbaiyán, Armenia y Georgia. Esta última estaba dirigida por un Comité Central de mayoría menchevique, siendo la más reacia a aceptar el proyecto de Stalin, ya que lo veía como un atropello a su soberanía. Este revuelo llevó a que Stalin crease una comisión especial para resolver este conflicto compuesto por dos leales aliados: Ordzhonikidze y Dzerzhinski. El primero protagonizará un enfrentamiento directo que llegará a las manos con alguno de los miembros del CC georgiano, cuando este se disponía a reelegir un nuevo CC que aprobase la resolución del CC de Moscú. Esta controversia fue ocultada a Lenin hasta finales de 1922, cuando el mismo Dzerzhinski le confesó lo ocurrido, lo cual tuvo un fuerte impacto sobre Lenin. Nada más conocerlo se apresuró a escribir a los antiguos miembros del CC de Georgia en los siguientes términos: “¡Queridos camaradas! Sigo vuestro asunto con todo mi corazón. Disgustado por la rudeza de Ordjonikidze y la connivencia de Stalin y de Dzerzhinski”[17]Vladimir Ilich Lenin, Obras completas tomo 54, Cartas Noviembre de 1921-marzo de 1923 (Moscú: Editorial Progreso, 1988), 372.. Lenin estaba profundamente disgustado y sentía que la situación se le estaba yendo de las manos, es por ello por lo que recurrirá a Trotsky en una carta que le enviará el 5 de marzo de 1923, dos días antes de sufrir el ataque que le inmovilizará y apartará definitivamente de la actividad política. En esta carta le pedía a Trotsky que defendiera la causa de los georgianos en el CC contra Stalin, a la cual Trotsky respondió afirmativamente[18]Rogovin, Was There an Alternative?, 90-91..

    Las cartas sobre la cuestión nacional se escribieron entre los días 30 y 31 de diciembre de 1922. Estas empiezan con un Lenin muy arrepentido por todo lo que había ocurrido, expresándolo de la siguiente manera: “Me parece que he incurrido en una grave culpa ante los obreros de Rusia por no haber intervenido con la suficiente energía y dureza en el decantado problema de la autonomización”[19]Vladimir Ilich Lenin, Obras escogidas tomo XII (Moscú: Editorial Progreso, 1973), 157.. En ellas, Lenin señala a los responsables de la crisis, entre los que están Stalin, Dzerzhinski y Ordjonikidze, los cuales debían ser fuertemente castigados. Incluso propondrá la expulsión temporal del partido, aunque esto en el futuro será rechazado curiosamente por el propio Trotsky. Lenin se referirá a estos como “chovinistas Gran rusos” y catalogará su comportamiento como propio de “imperialistas” y “social-nacionalistas”. Importante no caer en un anacronismo: este último término no tenía las implicaciones fascistas que tendrá en el futuro. Alertará sobre las amenazas que suponía permitir ese tipo de comportamientos y dinámicas, que las veía como una herencia de los valores zaristas y burgueses que aún infectaban al Estado soviético. Fue muy claro en la necesidad de respetar los tiempos en lo que se refería a la constitución de la URSS, de andar despacio y con buena letra, ya que correr podría debilitar enormemente a la futura URSS tanto a nivel interno como externo. Para proceder cuidadosamente era necesario fortalecer la Unión en un sentido estrictamente diplomático, para después, ya habiendo afianzado la base, avanzar hacia una mayor integración económica y política, pero siempre respetando en pie de igualdad al resto de RSSs. Lenin dará mucha importancia al respeto de las costumbres y las lenguas del resto de naciones, que debían de ser protegidas frente al ruso.

    Estos planteamientos entran dentro de lo que Lenin consideraba la “posición proletaria sobre el problema nacional”, de la cual hablará en su testamento para dar más solidez a las propuestas y críticas que hace. Este afirma la vital importancia que tiene diferenciar entre el nacionalismo de la nación oprimida y el nacionalismo de la nación opresora. La visión proletaria, frente a la burguesa o pequeño burguesa, comprende la diferencia entre ambos casos y la necesidad, no solo de reconocer la igualdad formal entre todas las naciones, sino la de alcanzar esa igualdad de forma efectiva. Esto obligaba a tener que aceptar ciertas desigualdades en el seno de la antigua nación opresora, con el objetivo de reparar la memoria de los pueblos oprimidos que aún recordaban cómo habían sido reprimidas sus costumbres, lenguas y religiones.

    Para Lenin esta cuestión tenía una importancia inmensa por dos motivos principales: una política incorrecta en lo referente a la construcción del Estado soviético podía desalentar a la revolución en oriente, a la cual se le prestó mucha más atención desde 1921. Si el excesivo centralismo rompía la confianza que tenían los pueblos y etnias del oriente soviético, esto podría poner en jaque el internacionalismo y la solidaridad para la futura revolución en el continente asiático[20]Lenin, Obras escogidas tomo III, 409.. Los pueblos periféricos de la URSS eran vistos por Lenin como un posible puente para estrechar lazos con el oriente efervescente.

    La supervivencia del Estado soviético y el devenir de la revolución mundial pasaban por garantizar el absoluto respeto a estas poblaciones históricamente denostadas por la administración zarista. En contraste con Stalin, Lenin parecía mucho más consciente de lo determinante que podía ser en el devenir revolucionario del continente asiático, no limitándose a tener una visión puramente nacional. En este sentido Lenin se muestra mucho más preocupado por el internacionalismo que un Stalin que presentó un proyecto estrictamente nacional, cuyo enfoque no era tanto crear mecanismos para fortalecer el internacionalismo entre las nacionalidades soviéticas como el de crear un estado nacional sólido. Esto adelanta algunas cuestiones como la confianza de Stalin en un proyecto nacional con bases homogéneas claras y centralizado frente a un proyecto de tipo internacionalista y voluntarista.

    Y precisamente esto explica los furibundos ataques que el nacionalismo ruso actualmente lanza contra Lenin como “el destructor de todas las Rusias” pero callan respecto a Stalin, a quien se presenta como alguien que corrigió los errores de la primera etapa de la revolución. Esta interpretación la recoge a la perfección el polemista e ideólogo nacionalista Alexander Projanov quien, respondiendo a una pregunta sobre el “borrado de la historia nacional que acometieron los bolcheviques”, afirma: “fue Stalin, aunque no completamente, pero en muchos aspectos, quien devolvió a la conciencia histórica del pueblo la idea de que la historia del país no comenzó en 1917. Fue Stalin quien devolvió a la historia rusa nombres como Nevsky, Suvorov, Kutuzov”[21]Александр Проханов, «Александр Проханов: Сталин — помазанник божий», fontanka.ru – новости Санкт-Петербурга, 11 … Seguir leyendo

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    Notas del artículo

    Notas del artículo
    1 Robert Vincent Daniels, The Conscience of the Revolution: Communist Opposition in Soviet Russia, 2011, 259.
    2 Boris Bazhanov, Avec Staline dans le Kremlin (Paris: Editions de France, 1930), 43-47; Lev Davidovich Trotsky, Stalin: una valoración del hombre y su influencia (Fontamara, 2017), 467.
    3 Max Eastman, Since Lenin Died (Nueva York: Boni and liveright publishers, 1925), 28-32.
    4 Isaac Deutscher, El profeta desarmado (1921-1929) (México: ERA, 1968), 202.
    5 Yuri Felshtinsky, «Lenin, Trotsky, Stalin and the Left Opposition in the USSR 1918-1928», Cahiers du Monde russe et soviétique 31, n.o 4 (1990): 2-11; Lev Davidovich Trotsky, «New International, Vol.1 (On Max Eastman)», noviembre de 1934, sec. No 4, 125-26.
    6 Donald Adams, «Lenin betrayed by his party; His “Testament,” Praising Trotsky and Attacking Stalin-Zinovieff Group, Was Suppressed», The New York Times, 12 de julio de 1925, sec. Archives.
    7 Pierre Broué, Comunistas Contra Stalin, ed. Andreu Coll Blackwell, trad. Margarita Díaz Pérez y Juan Antonio Herrero Díez (Sepha, 2010), 120.
    8 Vadim Z. Rogovin, Was There an Alternative? Trotskyism: A Look Back Through the Years 1928-1933 (Oak Park, Michigan, 2021), 446.
    9 Rogovin, 447-49
    10 Vladimir Ilich Lenin, Obras escogidas tomo III (Moscú: Editorial Progreso, 1961), 424.
    11 Lenin, 424.
    12, 13 Lenin, 404.
    14 Lenin, 406.
    15 Rogovin, Was There an Alternative?, 85.
    16 Rogovin, 85.
    17 Vladimir Ilich Lenin, Obras completas tomo 54, Cartas Noviembre de 1921-marzo de 1923 (Moscú: Editorial Progreso, 1988), 372.
    18 Rogovin, Was There an Alternative?, 90-91.
    19 Vladimir Ilich Lenin, Obras escogidas tomo XII (Moscú: Editorial Progreso, 1973), 157.
    20 Lenin, Obras escogidas tomo III, 409.
    21 Александр Проханов, «Александр Проханов: Сталин — помазанник божий», fontanka.ru – новости Санкт-Петербурга, 11 de agosto de 2011.
  • Venezuela: los pájaros les disparan a las escopetas. La urgencia de un nuevo sindicalismo de clase

    Venezuela: los pájaros les disparan a las escopetas. La urgencia de un nuevo sindicalismo de clase

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    Luis Bonilla-Molina

    Doctor en Ciencias Pedagógicas, Postdoctorados en Pedagogías Críticas y Propuestas de Evaluación de la Calidad Educativa. Miembro del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).  Socio de la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la educación. Integrante de la Asociación latinoamericana de Sociología (ALAS) y la Fundación Kairos.  Director de investigaciones del Centro Internacional de Investigaciones Otras Voces en educación (CII-OVE). Profesor universitario.

    Fuente: luisbonillamolina.com

    Actualidad Internacional: Opinion

    01/02/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    La lucha por salario digno, mejores condiciones de trabajo y auténtica seguridad social, ha desatado una tormenta sin precedentes sobre el movimiento sindical venezolano. Esta tormenta ha tenido fases: nubarrones, truenos, relámpagos, lluvias, rayos, deslaves y reverdecer.
    Los nubarrones oscuros se fueron conformando por la incapacidad de las centrales sindicales, de oposición y gobierno, de conectarse con el clamor de sus bases, en el largo periodo de la peor crisis del mundo del trabajo en el país (2014-2022). En ese periodo, se generaron conflictos localizados y resistencias intermitentes, que trajeron como saldo dirigentes clasistas detenidos, enjuiciados y despedidos, lo cual permitió generar una pequeña acumulación de resistencias que se expresa hoy, entre otros, en el Frente Nacional de Lucha de la Clase Trabajadora (FNLCT)[1]En el cual tiene fuerte presencia la CUTV (Comunista) y las expresiones autónomas del sindicalismo clasista, así como en el Comité de Familiares de dirigentes sindicales detenidos.
    Los truenos de tormenta hicieron presencia en el panorama político en el año 2021, exigiendo una clara redefinición de los salarios del conjunto de la clase trabajadora. Este clamor se había expresado en años anteriores, pero no con la contundencia pre-conflictiva que se evidenció ese año. Ahora las exigencias de mejoras salariales y laborales iban acompañadas de llamados a organizarse para movilizaciones y huelga, algo que parecía inverosímil ante la parálisis de las centrales sindicales (gobierno y oposición)[2]Con excepción de la vieja CUTV, controlada por el PCV, muy debilitada y disminuida en su influencia real en movimiento de masas de la clase trabajadora.. En el caso de los y las docentes, los truenos tenían la particularidad de formas diversas de vuelta a la presencialidad luego del periodo virtual de 2020-2021, debido a los costos del transporte urbano, que implicaban para el magisterio un gasto diario en promedio de dos dólares diarios (44 mensuales), con sueldos que no superaban los treinta dólares mensuales.
    Los relámpagos no tardaron en llega, mostrando que estábamos en presencia de una nueva etapa en la lucha social venezolana. En la narrativa Bolivariana, el magisterio expresó una auténtica dinámica expansiva de “punto y círculo”, porque sus demandas fueron escuchadas por estudiantes, padres de familia y comunidades del entorno escolar. No contamos con cifras actualizadas de la nómina docente, pero un mínimo de 500.000 docentes, impactaron con sus justas demandas al núcleo familiar propio (promedio de 4 personas por cada uno), las familias de sus estudiantes (promedio de 30 por docente), lo cual fue creando una base social de apoyo superior a por lo menos el 75% del total de la población nacional. Estos truenos retumbaban en todo el tablero político, porque las bases docentes y las simpatías ciudadanas por sus justos reclamos, por primera vez en los últimos veinte años, expresaban consenso entre opositores y simpatizantes del gobierno, fracturando la polarización política que había sido el abono para la gobernabilidad en las últimas décadas.
    Las lluvias fueron limpiando el panorama, develando los verdaderos rostros de burocracia (mayoritaria) y dirigencia sindical clasista (minoría, pero conectando con el movimiento de masas). Las lluvias se fueron expresando, como chubascos, en comunicados y declaraciones, hasta que se tornaron en torrente que fue recorriendo todo el territorio nacional en forma de variadas protestas callejeras. Prácticamente no quedó una ciudad del país sin ser escenario de movilizaciones, algo que hizo tambalear el tablero político, por primera vez desde 1992.
    Los rayos, deslumbrando con movilizaciones en las cuales no podía hacerse presente líder político alguno, ni del gobierno ni de la oposición, pero tampoco de las burocracias sindicales, permitió el emerger del poder constituyente como alternativa ante la situación de injusticia laboral del poder constituido (oposición y gobierno). Las cifras del desfalco (robo) de la oposición eclipsaron cualquier posibilidad de resurgir como alternativa, al menos en el corto plazo. La izquierda radical, dispersa y atontada, atrapada en los viejos paradigmas del partido de vanguardia y los frentes de masas, solo atinaba a decir que había que politizar el movimiento autónomo para darle dirección, despreciando la inteligencia colectiva y mostrando cuanto le cuesta a la izquierda radical aprender del movimiento real de masas. La derecha golpista y fascista, aislada y sin conexión real alguna con las protestas, se dedicó a hacer videos que intentaban presentar el movimiento de la clase trabajadora como funcional a su estrategia, contribuyendo al discurso oficial que catalogaba de insurreccional un movimiento de carácter reivindicativo y por justicia salarial.
    El gobierno, atolondrado por lo inesperado de los acontecimientos, solo atina a vociferar que todo es culpa del imperio. La sabiduría popular compara la actitud del gobierno con la de un padre de familia despedido de su empleo, quien usa ese argumento por diez años para no llevar sustento al hogar, al final, a pesar de ser cierto, la familia le coloca un ultimátum: o resuelve y se pone a trabajar en una solución pronta o se marcha. Es decir, después de años de sanciones le corresponde al gobierno construir una alternativa que garantice mejor calidad de vida de la población, esta es la encrucijada en la cual pareciera estar entrando el gobierno.
    En esta coyuntura, la inteligencia social se expresó en la estrategia comunicacional construida de manera rizomática en las calles, mostrando el estado de penuria y precariedad con la cual vive la clase trabajadora y la situación real de las sanciones. Por una parte, mostrando que resulta insostenible ganar 30 dólares mensuales en promedio, con una cesta básica alimentaria mensual que ronda los 650 dólares, en un país donde un par de zapatos modestos es superior al salario docente promedio mensual. Como lo mostró la clase trabajadora y los docentes, si bien la Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU) aplicadas por los EEUU y sus aliados a Venezuela, han hecho un daño terrible a la economía nacional, aún con los limitados ingresos que reportan los organismos oficiales, se puede garantizar salarios diez o veinte veces mayores, evidenciando que estamos ante un problema de distribución de la riqueza nacional.
    El deslave fue fundamentalmente de la dirigencia gremial y sindical, no solo del sector magisterial, sino del conjunto de las centrales (CBST[3]Central Bolivariana Socialista de Trabajadores, vinculada al gobierno., CTV[4]Central de Trabajadores de Venezuela, vinculada a la oposición, especialmente a Acción Democrática (AD) y COPEI), de la oposición y gobierno, quienes como “mutantes” tenían un par de años “negociando” a través de las federaciones signatarias la contratación colectiva, sin resultados concretos, llamando a “aguantar”, sin ejercer mecanismos gremiales de presión.
    El punto de quiebre lo constituyó la negativa del Ejecutivo a pagar, en julio del 2022, el bono contractual de “vacaciones” a los y las docentes, algo que se limitaron a secundar la mayoría de dirigentes de las federaciones magisteriales, colocándose a la cola del patrono (Ministerio de Educación). El llamado “bono vacacional no era en realidad para viajar, sino un modesto monto que en las actuales circunstancias se convertía en un paliativo para la difícil situación familiar, derivada de un salario mínimo que hoy está por debajo de los siete dólares mensuales. El gobierno argumentaba que no tenía recursos para honrar el compromiso contractual con los y las docentes, mientras a nivel internacional hacía propaganda sobre la recuperación económica del país.
    Los y las jubiladas, quienes habían sido militantes estudiantiles en los setenta, dirigentes magisteriales en los ochenta, noventa y comienzos del siglo XXI, jugarían un papel central en la re-articulación del tejido de resistencias docentes. Su experiencia acumulada y la memoria histórica de combates contra la agenda neoliberal resultaron de especial utilidad para activar el movimiento docente de calle.
    Con el magisterio en la calle y la burocracia sindical incapacitada para controlarlo y devolverlo a los planteles, el gobierno ofreció salidas intermedias, que pasaron inicialmente por un cronograma de pago en el 2023, propuesta que fue rechazada, y posteriormente la fragmentación del bono en varias porciones pagaderas en distintos momentos del año 2022, oferta que también fue rechazada por los docentes.
    Al final, el gobierno tuvo que pagar el bono vacacional en dos porciones, solo semanas después de la fecha que le correspondía. Esta victoria moralizó al magisterio, a pesar que no se logró la eliminación del llamado “instructivo ONAPRE[5] Directrices emanadas de la Oficina Nacional de Presupuesto, que suprimieron importantes conquistas salariales, como bonos y primas de sobre sueldos, que por la legislación venezolana tienen … Seguir leyendo”, ni se anunció un aumento salarial ni la firma del contrato colectivo.
    Como respuesta a una demanda judicial que introdujeron algunos dirigentes sindicales clasistas y líderes sociales, contra el “instructivo ONAPRE”, el Tribunal Supremo de Justicia dictaminó que este instrumento no existía[6]El argumento fue que los demandantes no anexaron el mencionado instructivo, que en realidad eran ordenes que formulaba el órgano central de presupuesto, por vía telefónica, mensajería de textos y … Seguir leyendo, conminando a los demandantes a no repetir acciones como estas si no querían ser objetos de sanciones.
    Entre septiembre y diciembre, los maestros multiplicaron los grupos de discusión en las redes sociales, realizaron reuniones informales e intercambios, mientras la burocracia sindical seguía reuniéndose con las autoridades del Ministerio de Educación, sin acordar nada significativo para el magisterio. Esto fue calentando los ánimos, pero la llegada de diciembre, en medio de tremendas limitaciones económicas fue el detonante principal para decidir volver a las calles el 9 de enero de 2023.
    Lo más significativo del deslave fue el carácter auto convocado de las protestas, que rompían con los amarres de las burocracias sindicales (oposición y gobierno) y comenzaban a construir lecciones de poder autónomo. Por supuesto que la derecha golpista intentaba “pescar en rio revuelto”, mientras el gobierno hacía lo propio tratando de mantener la narrativa de conspiración imperial, inverosímil ambas porque la real situación de las protestas es reivindicativa, sin dejar por ello de ser políticas, pero no en la lógica de polarización gobierno-oposición de derechas.
    La hora del reverdecer y de la primavera magisterial venezolana llegó cuando el gobierno, imposibilitado para conseguir que los maestros desistieran en las protestas y volvieran a las aulas decidió establecer los siguientes mecanismos de presión:
    • apelar a mecanismos de presión institucional de las instancias de derechos de los niños, niñas y adolescentes, argumentando que se estaba violando el derecho al estudio. Los maestros respondieron señalando que el derecho a la vida es superior a cualquier otro derecho y estaba amenazado por los sueldos de hambre.
    • El ex canciller de la República y excandidato a gobernador Jorge Arreaza, anunció que el gobierno estaba estudiando la posibilidad de sustituir a los docentes por estudiantes de secundaria y bachilleres de “chamba juvenil[7]Programa de empleo parcial para jóvenes estudiantes de escasos recursos, en su mayoría vinculados a la juventud del partido de gobierno (PSUV).”, mientras duraba el conflicto, algo que fue rechazado por el magisterio.
    • La actitud de confrontación de autoridades educativas de estados como Sucre y Aragua, entre otros;
    • Usar a las direcciones sindicales burocráticas del magisterio, para “sembrar” la peregrina idea que ellas (las federaciones signatarias del contrato colectivo) eran las únicas instancias facultadas para paralizar las actividades, convocar a paros y movilizaciones, asumiendo el triste papel de esquiroles;
    • Generar circulares institucionales en las cuales se convoca a las familias que simpatizan con el gobierno a actuar como caballo de Troya para quebrar el conflicto docente.
    Esta ofensiva institucional llevó a los docentes, por centros de trabajo a:
    • Realizar nuevas asambleas con los padres y madres de los estudiantes, para explicar la situación de conflictividad y acordar un cronograma de actividades especiales. En algunos casos se aprobaron actividades puntuales durante un par de días a la semana, pero en la inmensa mayoría las familias decidieron darles total apoyo a las familias, sumándose al paro docente. Este apoyo de las familias a los y las docentes, no tiene precedentes en la historia de la lucha magisterial nacional;
    • Familias y docentes, incluso estudiantes de secundaria en los planteles de su nivel, expulsaron a los estudiantes de secundaria y bachilleres de la misión “chamba juvenil” y a los milicianos[8]Muchos de ellos sin formación profesional ni técnica. La reserva son en su mayoría gente humilde y de pueblo, obligada por la debida obediencia de la disciplina militar, a cumplir órdenes como … Seguir leyendo (cuerpo militar de reservistas) quienes habían sido enviados a sustituir a docentes en Estados como Mérida, Carabobo, Táchira, Aragua y Guárico;
    • Muchas de las actas de conflicto, levantadas en los planteles, por encima de las instrucciones de las dirigencias burocráticas, fueron consignadas ante los sindicatos y federaciones, como presión desde abajo para que las estructuras sindicales acompañen a las bases.
    Evidentemente estamos ante una primavera del movimiento magisterial venezolano, que reconstruye su historia y perspectivas futuras, convirtiéndose en un detonante natural para pensar colectivamente un salto cualitativo en los paradigmas de educación popular, gratuita, científica, de calidad y actualizada. La duración de esta primavera magisterial dependerá de la inteligencia social que se construya colectivamente.

    En este momento no existen condiciones jurídicas e institucionales para crear nuevos sindicatos y federaciones sindicales. No obstante, existe un clamor por entender las causas estructurales de la debacle de la dirigencia gremial y sindical docente, lo cual demanda análisis de corte histórico, una tarea pendiente para la intelectualidad e investigadores(as) en ciencias sociales.
    Comienza a ocurrir un movimiento desigual y combinado en tres direcciones. La primera, exigiendo renovación de la dirigencia sindical por su carácter burocrático y patronal, a lo que se añade que en muchos casos sus mandatos están excedidos y tienen varios periodos vencidos. Segunda, desafiliarse de sus gremios, como una forma de cuestionar que la burocracia viva de las cotizaciones de los afiliados y no se restee con ellos. Tercer, desentenderse de las estructuras sindicales formales y comenzar a organizar comités de conflicto por la base, algo que aún es muy incipiente.
    En medio de esta situación respecto a sus organizaciones naturales de lucha, crece el ambiente de conflictividad mientras no se observan signos desde el gobierno para avanzar en una propuesta de solución a las demandas, especialmente de ajuste salarial. Esto ocurre, mientras se reúne el diálogo tripartito entre el gobierno, la burocracia sindical y los empresarios, bajo la tutela y auspicios de la OIT, con una agenda no muy clara de solución. El sector empresarial, quien se ha visto obligado en muchos casos a pagar bonos en dólares a sus empleados, que oscilan entre 150 y 200 dólares mensuales adicionales al salario, no tendría mayores dificultades para encarar un incremento de este tipo en el conjunto del mundo del trabajo, pero el gobierno sigue atrapado en teorías monetaristas y las presiones de las burguesías (vieja y nueva) por capturar la renta nacional a través de inversiones en infraestructura, inyección de dólares a la banca privada e importaciones, en cuya dirección un aumento salarial les resulta improcedente.
    La aspiración más generalizada del magisterio, consiste en alcanzar un aumento salarial equivalente a 400 dólares mensuales, calculados cada quincena al valor de la moneda extranjera el día anterior de la quincena, para evitar que la devaluación de la moneda siga disolviendo cualquier aumento. Además, a nivel estratégico, se aspira a un cronograma de cinco años que permita nivelar los salarios docentes a la media regional, eliminación del instructivo ONAPRE y reincorporación de las primas y beneficios suprimidos y re-construir la ruta de la homologación e indexación salarial.
    Lo peor que puede ocurrir es que esta situación intente ser resuelta desde el gobierno por la vía del agotamiento del conflicto, sin que se responda de manera efectiva a las demandas del magisterio, profundizando con ello la crisis de gobernabilidad. El mejor escenario, que el gobierno retome la agenda social y salarial como prioridad estratégica para el desarrollo humano y la auténtica recuperación nacional. Entre uno y otro escenario, existen decenas de posibilidades, lo cierto es que el factor políticamente dinámico, hoy está en la calle.

    La política es el arte de hacer posible lo que parece improbable. Partiendo de esta premisa, el gobierno, como en un juego de dominó, tiene que recoger las fichas marcadas y usar un manojo nuevo, que le permita corregir los errores y hacer los cálculos correctos. Aún está a tiempo de evitar que la huelga docente sea el mayor desastre político en su historia.
    El poder político tiene la capacidad de modelar los escenarios y esta no es una situación diferente. Reconstruyamos los escenarios posibles.

    Escenario uno: liquidar la huelga. Esto implica continuar por el camino de no ceder en un aumento e intentar quebrar la huelga docente, a partir de narrativas políticas ciertas, pero que desconocen la situación material de la clase trabajadora y docentes. Esto puede ser por varias vías:
    1. Agotar la protesta alargando la situación de manera indefinida. En este caso, tendría un costo político enorme desde el punto de vista electoral y de la hegemonía política. Esto podría significar un giro conservador hacia la ultraderecha de amplios sectores de las masas que hoy se encuentran en el centro político o en espectro del progresismo.
    2. Reiniciar el año escolar hasta que cese el conflicto. Esto trataría de trasladar el costo político a las bases magisteriales e imprimir una derrota de onda larga. Sin embargo, sería tocar lo más sensible de la sociedad, el futuro de niños, niñas y adolescentes y esto puede generar reacciones imprevistas que terminan descolocando aún más al gobierno.
    3. Paquete autoritario de suspensión de garantía de la protesta, movilizaciones y huelga, con el propósito de obligar al magisterio a volver a las aulas. Esto puede dar resultado, pero si no ocurre el efecto previsto podría generar un vacío de autoridad sin precedentes, abriendo paso a un periodo de ingobernabilidad.

    Escenario dos: recomponer el tablero preservando a la burocracia sindical y llevar a su mínima expresión las demandas del magisterio. En esta perspectiva, se buscaría una solución intermedia, con el menor coste para el gobierno, que plantea como variantes:
    1. Anunciar un ajuste salarial alrededor de los cincuenta dólares mensuales, presentándolo como una conquista del “acuerdo sensato” entre federaciones sindicales (burocráticas de oposición y gobierno) y el Ejecutivo. Esta salida puede generar un escenario como el de las huelgas de 1991-1992 en las cuales las bases se mantuvieron en las calles y obligaron a una re-negociación en los términos que demandaba la mayoría, lo cual significó un duro revés para el gobierno de ese momento.
    2. Anunciar un ajuste salarial mensual, equivalente en bolívares a un monto entre 100 y 300 dólares, pagaderos al valor del mercado cambiario el día anterior a la quincena, presentado como una conquista de la burocracia sindical. Este escenario puede desmovilizar temporalmente sin descartar otras olas de conflicto los próximos meses, pero permitiría reiniciar las actividades académicas.
    3. Anunciar un ajuste del salario mensual alrededor de los 300 dólares al cambio del día anterior a la quincena, acompañado de un decreto de elecciones sindicales del magisterio en el periodo 2023-2024, con la intención de canalizar el descontento hacia la renovación sindical, tratando de volver a encauzar y regularizar los mecanismos de representación y negociación. Este escenario es altamente improbable debido a la visión sindical burocrática del gobierno y la oposición. De aplicarse podría abrir las puertas a la renovación democrática del gobierno y las oposiciones.

    Escenario tres: corregir el impacto electoral y en la hegemonía política producto del conflicto docente.
    1. Producir un ajuste del salario docente de acuerdo al costo de la canasta básica familiar (alrededor de los 650 dólares mensuales), establecer un cronograma de recomposición salarial, volver a las normas de homologación hasta llegar a la indexación salarial, todo ello a partir de un acuerdo de exigencia magisterial unitaria (gobierno y oposición) de cese de las criminales Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU). Este escenario es altamente improbable porque sustrae al juego gobierno-oposición de la ruta de construcción de un nuevo modelo de alternancia en el gobierno, algo que tiene simpatías en ambos sectores.
    Como lo señalamos, estos escenarios admiten combinaciones, pero en la medida que se mezclan su eficacia política disminuye. El juego no está trancado, por el contrario, es hora de poner en juego la inteligencia política, tanto del magisterio en la calle peleando por sus justos derechos, como de parte del gobierno. Veremos que ocurre.

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    Notas del artículo

    Notas del artículo
    1 En el cual tiene fuerte presencia la CUTV (Comunista) y las expresiones autónomas del sindicalismo clasista
    2 Con excepción de la vieja CUTV, controlada por el PCV, muy debilitada y disminuida en su influencia real en movimiento de masas de la clase trabajadora.
    3 Central Bolivariana Socialista de Trabajadores, vinculada al gobierno.
    4 Central de Trabajadores de Venezuela, vinculada a la oposición, especialmente a Acción Democrática (AD) y COPEI
    5  Directrices emanadas de la Oficina Nacional de Presupuesto, que suprimieron importantes conquistas salariales, como bonos y primas de sobre sueldos, que por la legislación venezolana tienen incidencia en aumentos, aguinaldos y prestaciones sociales.
    6 El argumento fue que los demandantes no anexaron el mencionado instructivo, que en realidad eran ordenes que formulaba el órgano central de presupuesto, por vía telefónica, mensajería de textos y en unos pocos casos correo electrónico, a las autoridades del Ministerio de Educación y Rectores Universitarios. Estas instrucciones implicaron desmejora salarial, producida de manera unilateral por el Ejecutivo, violando incluso la contratación colectiva de los docentes.
    7 Programa de empleo parcial para jóvenes estudiantes de escasos recursos, en su mayoría vinculados a la juventud del partido de gobierno (PSUV).
    8 Muchos de ellos sin formación profesional ni técnica. La reserva son en su mayoría gente humilde y de pueblo, obligada por la debida obediencia de la disciplina militar, a cumplir órdenes como estas.
  • Terrorismo ultraderechista: no son lobos solitarios

    Terrorismo ultraderechista: no son lobos solitarios

    terrorismo extrema derecha

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    Miguel Urbán

    Eurodiputado, militante de Anticapitalistas

    Fuente: La Jornada

    Teoría: Antifascismo

    03/02/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    l pasado 7 de diciembre, las autoridades alemanas detenían en una macroperación a 25 presuntos miembros de una organización terrorista ultraderechista que planeaba un golpe de Estado en ese país. El supuesto dirigente de la trama terrorista es Heinrich XIII, príncipe de Reuss, descendiente de una familia noble del este y un empresario activo en el sector inmobiliario. Entre los detenidos se encontraban militares en la reserva y en activo, una ex diputada del grupo ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) y jueza de Berlín y un conjunto variopinto de un chef, un piloto, un tenor y una doctora.

    Los miembros se inspiran en un conjunto de teorías de la conspiración de la llamada ideología de los Reichsbürguer (Ciudadanos del Reich) –movimiento ultraderechista que no reconoce la soberanía de la actual Alemania– y QAnon. Esos que vestidos de bisonte ocuparon el capitolio de Estados Unidos hace dos años y se han convertido en una de las teorías de la conspiración más importantes de la ultraderecha actual. De hecho, Alemania es el país de habla no inglesa con mayor presencia de QAnon, donde sus simpatizantes han crecido de forma muy notable tras la pandemia. Un estudio de NewsGuard sobre el aumento de QAnon en los países de habla germana revela que hay un enorme intercambio entre QAnon y el movimiento Ciudadanos del Reich. Y que la mitad de personas no vacunadas en Alemania y Austria creen en su narrativa, y los votantes de AfD son mucho más proclives a simpatizar con sus consignas.

    El riesgo del terrorismo ultraderechista en Alemania no es cuestión menor. Según la actual ministra de Interior, Nancy Faeser, y su predecesor en el cargo, Horst Seefofer, la extrema derecha es la mayor amenaza para la seguridad del país. Así lo demuestra una investigación de Zeit y el diario Tagesspiegel por la que entre 1990 y 2017 al menos 169 personas fueron asesinadas por miembros de la extrema derecha, a pesar de que las cifras de organismos oficiales reconocen tan sólo a casi la mitad de esas víctimas. Entre éstas se encuentran extranjeros, personas sin hogar, del colectivo LGTBI, izquierdistas y otras a las que la violencia ultraderechista consideró adversarios políticos.

    Dos semanas después del frustrado plan de golpe de Estado ultraderechista en Alemania, un pistolero asesinaba a tres activistas kurdos en una céntrica calle de París. Según confesó a la policía, su intención era matar a cuantos más kurdos mejor. El detenido era conocido por la justicia por dos intentos de homicidio cometidos en 2016 y diciembre de 2021, uno contra población migrante, y había sido puesto en libertad el pasado 12 de diciembre. Sin embargo, el ministro de Interior francés se ha negado a catalogar el crimen como atentado ultraderechista, como piden los grupos kurdos en Francia.

    Este aumento de los atentados ultraderechistas en Europa se produce en paralelo al reciente auge electoral de partidos de extrema derecha, pero también a la difusión y normalización de sus ideas y propuestas. Hay muchos responsables en este proceso generalizado de lepenización de los espíritus o normalización de los discursos de la extrema derecha. Dando cabida a argumentos supremacistas o excluyentes, como si se tratase de una opción política más, se abre la puerta a normalizar los proyectos que defienden estas propuestas, ya sean formaciones políticas, foros en Internet o iniciativas terroristas.

    Uno de los elementos más claros que muestran la unión del terrorismo ultraderechista y los discursos del odio que propagan los partidos de extrema derecha es la referencia a las teorías de la conspiración del Gran Remplazo, Plan de Kalergi y de QAnon. Desde los atentados de Utoya, de Breivik, a Gendron, en Búfalo, los manifiestos que colgaron en Internet poco antes de cometer sus ataques hacían referencia a estas teorías de la conspiración, que han sido ampliamente difundidas por los principales líderes y partidos de la ultraderecha europea y estadunidense, como la propia Le Pen, Matteo Salvini, Santiago Abascal, Viktor Orban, la youtuber estadunidense de la alt-right Lauren Southern o el propio ex presidente Trump, que ha usado su plataforma Truth Social para difundir mensajes ligados a QAnon como una foto de sí mismo llevando una insignia de una Q superpuesta con la frase The storm is coming, una publicidad fundamental para ampliar la difusión de estas teorías ultraderechistas.

    Teorías de la conspiración que recorren y se diseminan por Internet. Las investigaciones sobre el origen y funcionamiento de los terroristas ultraderechistas indica que muchos se radicalizaron mediante Internet, que se coordinan en foros de debate online y que usan las redes sociales para publicitar sus ataques, aun con retransmisiones en directo de sus atentados. Aunque pueda parecer sorprendente, el terrorismo ultraderechista tiene mucho en común con el terrorismo yihadista. Lo dicen académicos, como Moussa Bourakba, que constata una similitud sorprendente en las técnicas de propaganda que usan ambos para el reclutamiento. Como las organizaciones yihadistas, la extrema derecha violenta recluta por las redes sociales, en foros y plataformas de videojuegos (https://rb.gy/vk7wou).

    Pese al auge del terrorismo ultraderechista y sus similitudes con el yihadismo, seguimos sin tomarnos la amenaza de la primera con la seriedad que se merece; tampoco parece que se aplique el mismo marco de análisis para ambos. Como apunta Daniel Poohl, director de la revista sueca Expo, en el caso de un ataque islamita siempre tendemos a verlo como parte de un patrón más amplio. Entendemos que forma parte de la estrategia de una ideología política malévola. Con la ultraderecha, en cambio, solemos olvidarnos de este patrón e intentamos entender al individuo detrás del ataque (https://rb.gy/pkmggw). Individualizar el acto terrorista es una manera de neutralizar la necesaria respuesta social que se ha de poner en marcha. Así, se podría decir que la mayoría de los partidos y las instituciones prefieren siquiatrizar las motivaciones y los actos terroristas ultraderechistas, antes que analizar las motivaciones políticas del fenómeno y responder desde sus respectivas competencias y responsabilidades.

    Si no tiramos de ese hilo y no unimos los puntos hasta llegar a sus responsables últimos, sólo nos quedaremos con la figura de quien aprieta el gatillo y su perfil sicológico violento, conspiranoico, enfermo y aislado. Pero el lobo solitario supremacista es sólo un eslabón en una cadena de horror y odio que debemos comprender y combatir. El terrorismo ultraderechista es una realidad que ya está aquí, y que necesitamos abordar con la importancia que se merece, no deberíamos esperar un aviso más, nos jugamos vidas en ello.

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  • Francia: La prueba de fuerza contra Macron

    Francia: La prueba de fuerza contra Macron

    Léon pensiones

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    Léon Cremieux

    Militante del NPA y miembro del Buró de la IV Internacional

    Traducción: Viento Sur

    Actualidad Internacional: Luchas y Movimientos

    03/02/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

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    espués de las grandes manifestaciones del 19 de enero, cuyo tamaño ya era comparable al de las grandes manifestaciones de 1995 y 2010 (las movilizaciones contra los anteriores ataques gubernamentales contra el sistema de pensiones), las manifestaciones del 31 de enero han sido excepcionales: más de 2 millones de mujeres y hombres en las calles según la Intersindical, la CGT anuncia la cifra de 2,8 millones, incluyendo 500.000 en París. En la capital, al tomar las principales avenidas, la manifestación tuvo que dividirse en dos cortejos para que no quedara bloqueada en su punto de partida, la Place d’Italie. En casi todas las ciudades -se celebraron 270 concentraciones en ciudades grandes, pequeñas y medianas- las manifestaciones fueron mayores que el 19 de enero. Incluso las cifras del Ministerio del Interior -1,27 millones- son las más altas para una jornada de movilización en los últimos 30 años. Una movilización masiva de las clases trabajadoras en la que la mayoría de las y los manifestantes procedía del sector privado, en su mayoría huelguistas. La masividad de esta jornada confirma todos los sondeos de opinión que reflejan una creciente desautorización del proyecto de contrarreforma del Gobierno -rechazado por más del 80% de las y los asalariados-, un apoyo mayoritario al movimiento huelguístico y el sentimiento generalizado de que será necesario ir más allá de las huelgas y bloquear la actividad económica del país para obligar a Macron y Borne a retirar su proyecto.

    En la enseñanza, la juventud de secundaria y universitaria también se movilizó: 300 liceos movilizados, 200 de los cuales fueron bloqueados con la evidente voluntad de la policía de romper violentamente los bloqueos, decenas de universidades, 150.000 jóvenes movilizados según el recuento de las organizaciones juveniles, tres veces más que el 19 de enero.

    «Estamos unidos y decididos a que se retire este proyecto de reforma de las pensiones», así termina la declaración de las 8 confederaciones que anuncia dos nuevas jornadas de movilizaciones, los días 7 y 11 de febrero. Esta declaración intersindical es importante a dos niveles. En primer lugar, se mantiene el frente sindical unido, lo que no se daba en los últimos años frente a los proyectos del Gobierno. En segundo lugar, y esto es un algo nuevo desde hace más de 10 años, las direcciones sindicales están de acuerdo en imponer una retirada pura y simple del proyecto del gobierno de dos medidas básicas del proyecto: el aplazamiento de la edad de jubilación de 62 a 64 años y la transición rápida a un mínimo de 43 años de trabajo para obtener una pensión completa.

    Está claro que en las próximas semanas nos dirigimos hacia una gran confrontación política y social.

    A pesar de los batallones de expertos y comentaristas que, en todos los medios de comunicación, tratan de apoyar y explicar los méritos de esta reforma, a pesar de los ministros y diputados macronistas y republicanos que ocupan las tribunas en esos medios, el rechazo a la reforma, lejos de debilitarse, no ha dejado de crecer en las últimas semanas. Sin embargo, Macron no dudó en invitar a 10 editorialistas de 10 medios de comunicación (Le Monde, Les Echos, Le Figaro, Les Echos, BFM, RTL, entre otros) para aleccionarles ofreciéndoles argumentos eficaces para propagar la reforma de las pensiones. Ahora bien, las razones son tan injustificadas que, cada explicación adicional no hace más que aumentar la hostilidad hacia la reforma.

    Sobre todo, entre las mujeres, que han comprendido bien que con esta reforma sufrirán aún más. En Francia, de media, las mujeres asalariadas tienen un salario un 22% inferior al de los hombres y una pensión inferior en un 40%, sobre todo a causa de carreras profesionales fragmentadas e incompletas, ya que suelen tener que soportar jornadas parciales y dejar de trabajaar para ocuparse de los hijos e hijas y de las tareas domésticas, y porque constituyen la mayoría de las familias monoparentales. El efecto mecánico del retraso de la jubilación a 64 años de edad y a los 43 años de servicio para una pensión completa, sería dificultar aún más la obtención de ese derecho y eliminaría el beneficio de dos años de servicio con derecho a pensión (sólo uno en el sector público) por cada hijo, que les permite adelantar la edad de jubilación. Las personas con trabajos precarios y poco cualificados o muy fatigadas por trabajos penosos también saben que constituirán el grueso de quienes no podrán podránseguir trabajando entre los 62 y los 64 años.

    Contrariamente a lo que explica la primera ministra, Elizabeth Borne, el rechazo masivo y creciente no procede de la falta de pedagogía [por parte del gobierno y de quienes la apoyan] para explicar la reforma, sino, justamente, porque la población comprende bien su contenido. Las mujeres, las carreras largas y los más precarios sufrirán más con esta reforma. Todo esto hace aún más insoportable la arrogancia de ministros como Darmanin [Interior] y Attal [ministro de acción y cuentas públicas], entre otros, políticos profesionales desde su graduación, que se atreven a fustigar a quienes no quieren trabajar más tiempo y se atreven a reivindicar, frente a los huelguistas, «la Francia que quiere trabajar».

    Además, como ocurrió durante las grandes movilizaciones anteriores en defensa de las pensiones, los argumentos falaces del gobierno han sido ampliamente desmontados y combatidos por los activistas del movimiento sindical y del movimiento social con una gran aportación de argumentos procedentes de economistas antiliberales.

    Así, cuando Macron y Borne continúan afirmando querer «salvar el sistema en peligro por la demografía», porque, según ellos, el aumento del número de pensionistas y la disminución del de trabajadoras activas pondría en peligro el sistema, irónicamente, son las cifras oficiales detalladas por el Conseil d’orientation des retraites (COR -organismo oficial-) y las intervenciones de su presidente Pierre-Louis Bras -antiguo director de la Seguridad Social e Inspector General de Asuntos Sociales- las que echan por tierra el argumento oficial: «El gasto en pensiones está globalmente estabilizado e incluso a muy largo plazo disminuye en tres de un total de cuatro hipótesis…. Así pues, el gasto en pensiones no se descontrola… y en la única hipótesis retenida por el Gobierno disminuye muy poco, pero un poco a largo plazo. El gasto en pensiones no se dispara, pero no es compatible con la política económica y los objetivos de las finanzas públicas del Gobierno», declaró el jueves 19 de enero ante la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional.

    Esos objetivos son bien conocidos: respetar los criterios de convergencia de la Unión Europea y alcanzar un déficit público del 2,9% del PIB en 2027. Bruno Le Maire se comprometió a ello en la «propuesta presupuestaria» transmitida el pasado verano a la Comisión Europea, donde se compromete a aplicar la reforma del sistema de pensiones para reducir parte del gasto público. También hay que señalar que el verdadero problema que aparece en el informe de la COR sobre la evolución financiera del sistema de pensiones no procede de los gastos sino de los ingresos, y en particular de las cotizaciones de los 2,2 millones de agentes de la función pública, territoriales y hospitalarios, que representaron 22.000 millones de euros de ingresos en 2021. En las cifras sobre la masa salarial pública comunicadas al CDR por el Ministerio de Cuentas Públicas, sorprende constatar que el número global de efectivos de estas dos administraciones públicas se mantendrá prácticamente igual hasta 2027, con una práctica congelación de los salarios. Por tanto, no hay previsión de nuevas contrataciones (salvo para 15.000 hospitalarias) ni de aumento salarial para estos 2,2 millones de personal funcionario. Si estas cifras fueran reales, esto conllevaría a una caída del 11% en el salario real de los funcionarios de aquí a 2027. El déficit que estas cifras supondrían para el sistema de pensiones sería de unos 3.000 millones anuales, de los que dispondría el sistema si los salarios de los funcionarios siguieran las proyecciones utilizadas para todos los salarios[1]Colectivo Nos services publics janvier 2023. Por tanto, las cifras comunicadas a la CDR por el Gobierno para justificar los desequilibrios financieros de aquí a 2027 son, pues, una subestimación deliberada de los recursos del fondo de pensiones.

    El Estado escenifica las cuentas del régimen de pensiones para hacer pagar de nuevo a los asalariados y asalariadas la vuelta a los criterios de Maastricht en materia de gasto público, calificando de irresponsables a quienes están dispuestos a dejar crecer los llamados déficits. Por eso resulta interesante el informe de los investigadores del IRES, con sede en Lille[2]Un capitalisme sous perfusion. Mesure, théorie et effet macroéconomiques des aides publiques aux entreprises françaises par Antoine Abdelsalam et ai, IRES 2022 cutt.ly/60Lw4HH, que cifran en 157.000 millones las ayudas otorgadas a las empresas en conceptos de gastos presupuestarios, rebaja de cotizaciones sociales, exenciones fiscales y otros nichos. Estos 157.000 millones de euros representan el 6,4% del PIB, más del 30% del presupuesto del Estado, cuando el conjunto de las ayudas a las empresas en 1979 representaba sólo el 2,4% del PIB. Así, si realmente existe una preocupación por el equilibrio del sistema de la seguridad social, que supuestamente se basa en las cotizaciones de empresarios y trabajadores, hay que señalar que en 1995 las empresas representaban el 65,2% de la financiación de la misma y que esa cuota ha bajado al 46,9% en 2020 gracias a los recortes de las cotizaciones empresariales destinados a abaratar el coste laboral. En el presupuesto de 2023, el importe de los regímenes de exención fiscal asciende a 85.000 millones[3]Dossier d’Alternatives Economiques de febrero 2023.

    Es evidente que el Gobierno se ha dado cuenta de que se enfrenta tanto a la hostilidad de todo el movimiento sindical, del 80% de los asalariados y de la población en general, y que no podrá convencer a nadie. A partir de ahí, quiere ir rápido, con dos objetivos: generar desánimo y gastar al movimiento proclamando que toda movilización es y será inútil («el aplazamiento a 64 años ya no es negociable» declaró Elizabeth Borne el lunes pasado), que la reforma va a ser votada rápidamente y sin ninguna modificación, que no habrá ningún modificaciones sobre los puntos fundamentales. Sin embargo, no quiere aparecer aislado en la Asamblea Nacional y el Senado.

    El tramitar su reforma como una modificación Proyecto de Ley de Financiación de la Seguridad Social (PLFSS) a través del artículo 47-1 de la Constitución, en un ejercicio de manipulación institucional, permitirá que el trámite vaya rápido, al limitar los debates en la Asamblea a 20 días y el conjunto de los debates a 50 días. El Gobierno se arroga así el derecho, si la votación no tiene lugar en el plazo previsto, de legislar mediante ordenanzas y decretos, pasando por encima del Parlamento. También dispone, en caso necesario, del artículo 49-3 que le permite forzar la aprobación sin votación forzando un voto de confianza al Gobierno. Así que quiere ir rápido, al mismo tiempo que busca llegar a un acuerdo con la cúpula de Les Républicains [derecha tradicional], que le permitiría alcanzar la mayoría en las dos cámaras.

    Pero incluso en este campo de la derecha macronista y republicana, las cosas aún no están decididas.  A día de hoy, 16 diputados republicanos y afines de un total de 62 se niegan a votar a favor del proyecto y los aliados de Macron en la Asamblea (Horizonte-29 escaños de Edouard Philippe y MODEM-51 escaños de François Bayroux) manifiestan varios desacuerdos, no queriendo dejar sólo en manos de Les Républicains la obtención de la mayoría parlamentaria (Renacimiento, el partido de Macron y Borne, solo tiene 169 escaños de 577 y necesita reunir 289 votos para obtener mayorías). Las negociaciones serán tanto más intensas cuanto que todos estos diputados están cada vez más enfrentados a una gran parte de su propia base electoral, también hostil a la reforma. Lo que está en juego para todos estos partidos y sus representantes electos es cómo situarse de cara a las próximas elecciones (presidenciales y legislativas) de 2027. En el Gobierno, Bruno Lemaire, ministro de Economía y Finanzas, se juega la credibilidad frente a Gérard Darmanin, ministro del Interior, como candidato a suceder a Macron en el partido presidencial. Hay demasiados cocodrilos en el pantano capitalista neoliberal. Cada corriente de la mayoría corre el riesgo de tocar su propia partitura en este proyecto de ley, debilitando la falsa postura de serenidad del gobierno, ya desestabilizada por la movilización popular. Además, el bando de Macron está desarrollando un juego peligroso al pregonar constantemente en las últimas semanas que su reforma está legitimada democráticamente porque el candidato ya la había anunciado durante la campaña presidencial de 2022. Este alarde es tanto más repugnante ante el movimiento sindical y entre los electores de izquierda, cuanto que Macron sólo ganó, a pesar de su programa, gracias a los partidos NUPES y al movimiento sindical, que llamaron a votar por Macron para bloquear a Marine Le Pen. Macron solo contaba con el 20% de los votantes inscritos en su programa político en la primera vuelta. Este desprecio a quienes le votaron en la segunda vuelta tendrá, sin duda, como consecuencia, si se produjera una configuración desastrosa idéntica en 2027, que el frente republicano detrás de un candidato de la derecha macronista contra Marine Le Pen ya no tendría ninguna eficacia.

    A otro nivel, los dirigentes macronistas y sus monaguillos mediáticos se han tirado un farol afirmando desde hace semanas que el movimiento sindical está tan debilitado y dividido que será incapaz de unirse o actuar eficazmente a largo plazo, pensando que el movimiento social volverá a caer rápidamente en la resignación y la apatía. En el peor de los casos, prevén una repetición del escenario de 2010. En aquel momento, frente al proyecto de reforma de las pensiones de Sarkozy, que elevaba la edad de jubilación de 60 a 62 años, la protesta unitaria se agotó tras siete meses de manifestaciones y huelgas que no llegaron a paralizar la vida económica del país ni a impedir la aprobación de la reforma. Y para tratar de conjurar otro escenario más peligroso para ellos, agitan el fantasma de posibles  bloqueos en el transporte o el suministro de combustible, alegando que ello desacreditaría y paralizaría rápidamente las huelgas. Se trata de hacer olvidar el hecho de que, en 1995, millones de trabajadores bloqueados por tres semanas de huelgas dieron un notable apoyo a los huelguistas de la SNCF y la RATP. Es también querer borrar del escenario el hecho de que, en los últimos días, una mayoría de trabajadores y trabajadoras está convencida de que será necesario bloquear la vida económica para obtener la retirada del proyecto.

    Es la convicción de que podemos ser lo suficientemente fuertes y decididos para ganar lo que puede ser el mejor elemento para alentar un gran apoyo popular a las huelgas que paralizan el transporte o la distribución de combustible. Además, a diferencia de hoy, en 1995, la huelga de transportes fue, sobre todo, una huelga por delegación, en la que las y los ferroviarios y los conductores de la RATP a la cabeza de la confrontación estaban un tanto solos; y, por otra parte, la dirección confederal de la CFDT se oponía a la huelga y apoyaba el plan del primer ministro Alain Juppé. Sin embargo, «con las botas puestas», tuvo que dar marcha atrás y retirar su plan. Por lo tanto, hoy hay dos factores más favorables: una amplia unidad sindical y un incremente de la fuerza de varios sectores profesionales; y también… un tercero, que es precisamente la , el balance, de 2010, compartida por muchos equipos sindicales.

    Así que es posible hacerlo tan bien como en 1995 e incluso mejor, evitando los errores de 2010. En el tira y afloja que está empezando, es posible que se produzca un desmoronamiento marginal de la derecha en el Parlamento, pero, en el peor de los casos, el Gobierno conserva el arma del 49-3 y la aprobación de decretos y ordenanzas si, a finales de marzo, se acaba el tiempo de debate antes de la votación final. Así que, más allá de una posible crisis política por la presión sufrida en el seno de la derecha, el elemento decisivo para ganar, para obligar a Macron a retirar su proyecto, será el bloqueo económico y la convicción en la clase dirigente de que esta reforma no vale la vela de la parálisis industrial y comercial. El propio MEDEF no pensaba en otoño que esta reforma fuera indispensable hacerla ahora, estando más centrado en la reforma del Seguro de Desempleo que se traduce a partir de febrero en una reducción del 25% de la duración de la indemnización.

    El calendario impuesto por Macron y Borne impone tanto organizar un movimiento masivo de manifestaciones como crear rápidamente una relación de fuerza de los huelguistas. El proceso parlamentario no concluirá a finales de marzo.

    Así, el debate sobre la mejor manera de ir hacia una o varias huelgas renovables manteniendo la masividad y la unidad del movimiento está en el centro de muchas discusiones y el compromiso de las decisiones de la intersindical de la noche del 31 [tras la jornada de movilización] refleja estas contradicciones.

    La dirección de la CFDT está decidida a mantener el frente sindical, pero concibe la acción como una batalla de opinión, para ganar a la mayoría de la población al rechazo de la reforma y obtener la retirada mediante la movilización popular, manifestaciones masivas… y persuadiendo a los diputados para que no voten el texto. En consecuencia, mantener un ritmo de movilizaciones sucesivas, un trabajo de convicción, para presionar a los representantes elegidos… sin lanzarnos a huelgas renovables, sobre todo en sectores que bloquearían la vida económica durante varios días o varias semanas. Sin embargo, esta estrategia conduciría al fracaso experimentado en 2010.

    Por ello, un gran número de activistas y equipos combativos insisten en la necesidad de organizarse, de preparar una huelga renovable.  Esto es lo que guía el tempo dado por la federación química CGT con varias jornadas de huelga de duración creciente en la primera quincena de febrero, sobre todo en el sector petrolero. Es una táctica idéntica a la que encontramos en la CGT Energía, la CGT Puertos y Muelles, la CGT y Sud Rail en la SNCF. Todos estos sindicatos tienen previstas al menos dos jornadas de huelga entre el 6 y el 8 de febrero.

    La decisión de la intersindical de hacer un día de huelga el 7 de febrero y un día de manifestación el sábado 11 de febrero es un compromiso entre estas dos posturas. Además, a pesar de la masividad de las dos últimas jornadas de huelga, existe una dificultad para acompasar el aumento de las huelgas en los servicios públicos, la energía y los transportes, dificultad que se refleja en un ligero descenso del número de huelguistas en estos sectores. Del mismo modo, incluso en la SNCF, las asambleas generales no son masivas, no reflejan un crecimiento dinámico de la huelga.  Pero precisamente, muchos activistas combativos piensan que una verdadera toma de poder en estos sectores requeriría no desgastar la movilización escalonando jornadas repetidas, sino un claro despliegue de calendario construyendo una confrontación interprofesional por la que merezca la pena hacer varios días de huelga. Todos estos parámetros son tanto más difíciles de gestionar de forma coherente cuanto que las diferentes tácticas traducen también divisiones en el movimiento sindical, incluso en el seno de la CGT en vísperas de su congreso confederal. Estos riesgos centrífugos refuerzan la necesidad de construir asambleas generales de huelguistas y estructuras de coordinación interprofesional e intersindical en las ciudades y zonas industriales para crear una dinámica local unitaria y combativa. Esto está empezando a ocurrir y a veces se extiende a otras estructuras del movimiento social, como la Confédération paysanne.

    En varios sectores, se intentará continuar la huelga después del 7 de febrero, y las manifestaciones del 11 de febrero, en sábado, en todas las ciudades del país, serán seguramente masivas y populares, en particular con la participación de quienes no pudieron ir a la huelga y/o manifestarse el 19 y el 31 de enero. En cualquier caso, los días venideros deben servir para convencernos de que la victoria es posible y de que debemos poner todos los medios para conseguirla.

    El reto político para este movimiento es importante por varias razones. Quienes se manifiestan y hacen huelga están motivados por el ataque a las pensiones, pero también por los ataques del Gobierno a las prestaciones por desempleo, a la formación profesional y, por supuesto, por la pérdida salarial que, tras los años de Covid, suponen la inflación y las pequeñas subidas salariales. Por tanto, es toda la política capitalista de Macron y su gobierno la que se pone en cuestión. Esto motiva aún más para ganar en pensiones y todos los motivos de enfado aparecen claramente en las pancartas, los eslóganes y las discusiones en las manifestaciones. Por importante que sea mantener un frente unido centrado en la retirada del proyecto Macron-Borne, los que están en el movimiento comprenden que el resultado de esta prueba de fuerza será una relación de fuerzas mejorada en caso de victoria, deteriorada en caso de fracaso, frente a la patronal y el gobierno. Es tanto más importante que emerja esta cuestión de clase, esta relación de fuerzas que hay que establecer para una distribución diferente de la riqueza, cuanto que está en juego hacer creíbles las reivindicaciones anticapitalistas de financiación de los bienes comunes, de la seguridad social, de la salud, de la vivienda y de los salarios. Esto ocurre en un momento en que, a lo largo de febrero, cada día se irán publicando de los beneficios anuales de las grandes empresas francesas, que prometen, en conjunto, superar los de 2021.

    Por lo tanto, hay varias cuestiones en juego en esta movilización de la izquierda anticapitalista. El NPA intenta ocupar plenamente su lugar impulsando la unidad de acción con todas las fuerzas políticas del movimiento obrero opuestas a la reforma, al tiempo que busca construir iniciativas comunes de todo el movimiento obrero, sindical, asociativo y político, al igual que la LCR ocupó ese espacio en 2006 en la lucha contra el Tratado Constitucional Europeo.

    En este movimiento se está librando otra batalla entre los anticapitalistas y la extrema derecha (Rassemblement National-RN) que intenta, una vez más, surfear sobre el descontento popular para aparecer, con la complaciente ayuda de los medios de comunicación, como la verdadera oposición a Macron y proclamar su oposición a la reforma de las pensiones. Pero la extrema derecha sabe que es persona non grata en las marchas sindicales (y además denuncia a los sindicatos que llamaron a votar contra Macron) y, en la Asamblea, RN se queda sin voz en la batalla de enmiendas para contrarrestar el proyecto, dejando este espacio a la NUPES. Hay que decir que, en el fondo, RN comparte la «necesidad de que los trabajadores hagan esfuerzos para financiar las pensiones». Después de que los economistas liberales que la rodean le aplicaran un correctivo, RN ha dado carpetazo a su programa de 2017: la vuelta a la jubilación a los 60 años con 40 años cotizados. Aparte de las carreras profesionales iniciadas antes de los 20 años, en las que su programa mantiene la vuelta a los 60 años, RN se pronuncia tranquilamente a favor de la jubilación total entre los 62 y los 67 años con 42 o 43 años cotizados. Básicamente, se encuentran de acuerdo con Macron, aunque anuncien en voz alta el rechazo del proyecto de Macron de retrasar la edad de jubilación a los 64 años. No tiene sentido buscar en su programa la más mínima reivindicación de justicia social, de reparto de la riqueza atacando a los capitalistas, de una política fiscal y presupuestaria que ponga fin a los regalos a las grandes empresas. Sus soluciones para las pensiones, aparte de un aplazamiento de la edad de jubilación de los asalariados, pasan por una política pronatalista y el fin de los regalos a… ¡las personas inmigrantes! Por tanto, impugnar el lugar de la RN en esta movilización no sólo se hace en la calle, sino también denunciando la duplicidad de su postura.

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    Notas del artículo

    Notas del artículo
    1 Colectivo Nos services publics janvier 2023
    2 Un capitalisme sous perfusion. Mesure, théorie et effet macroéconomiques des aides publiques aux entreprises françaises par Antoine Abdelsalam et ai, IRES 2022 cutt.ly/60Lw4HH
    3 Dossier d’Alternatives Economiques de febrero 2023
  • ¿Huelga general en Dinamarca?

    ¿Huelga general en Dinamarca?

    Denmark

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    Jonathan Simmel

    Militante de la Alianza Roja y Verde danesa y miembro del Buró de la IV Internacional

    Traducción: Punto de Vista Internacional
    Fuente:
    International Viewpoint

    Actualidad Internacional: Latitudes. Europa

    29/01/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    l 1 de marzo se renovarán en Dinamarca los convenios colectivos del sector privado. El principal debate, incluso en los medios de comunicación, es si Dinamarca se encamina hacia la primera huelga general en el sector privado desde 1998.

    Ya existía un alto riesgo de conflicto el pasado otoño. Mientras tanto, el nuevo «gobierno intermedio» burgués formado por los socialdemócratas, los liberales y un nuevo «partido intermedio» burgués ha echado aceite al fuego.

    En Dinamarca, los salarios y las condiciones de trabajo se fijan mediante convenios colectivos. Éstos se negocian directamente entre los sindicatos y las organizaciones patronales, y sólo algunos elementos clave (vacaciones, entorno laboral, antidiscriminación, etc.) están regulados por ley. En resumen, la mayoría de las condiciones esenciales las fijan los interlocutores sociales, por ejemplo los salarios mínimos. Los convenios se negocian cada varios años, en función de su antigüedad, y durante este periodo existe una obligación de «paz social», que prohíbe, por ejemplo, los paros, los conflictos, etc. En general, este sistema también ha contribuido a que tengamos muy pocos conflictos en el mercado laboral danés. Para los empresarios, es una salvaguardia eficaz de unas condiciones estables en el mercado laboral.

    Los actuales «convenios principales» del mercado laboral privado expiran el 1 de marzo de 2023. Las partes deben acordar nuevos contratos, y los afiliados deben votar a favor de los mismos antes de esa fecha. La Institución Estatal de Mediación puede aplazar este plazo hasta 2 veces 14 días, para dar tiempo adicional a las negociaciones.

    Tenemos un movimiento sindical unido, que históricamente ha mantenido estrechos vínculos con la socialdemocracia.

    Los convenios colectivos se renovaron por última vez en 2020, por un periodo de tres años y en torno a un 8,9% de progresión salarial. En medio de las negociaciones, estalló en Dinamarca la pandemia del covid-19 y el país se paralizó. Así que, a pesar de que no se habían aplicado las principales reivindicaciones del movimiento sindical, una gran mayoría de afiliados decidió votar sí a este acuerdo.

    Con la reciente evolución de la inflación, y la consiguiente pérdida de salario real de los asalariados, las reivindicaciones esta vez son extremadamente elevadas. Además, están las reivindicaciones de la última vez, que incluyen salvaguardias efectivas contra el dumping social en el sector de la construcción.

    Este es el reto que la dirección del movimiento sindical se ha propuesto resolver, y resolverlo a un nivel que los afiliados pudieran aceptar.

    Como si este desafío no fuera lo suficientemente difícil, después de las elecciones de noviembre, por primera vez desde 1979 Dinamarca obtuvo un gobierno «de centro» formado por 3 partidos:

    – El Partido Socialdemócrata, que históricamente ha liderado gobiernos de «minoría roja» tan recientemente como 2019-2022, con la Alianza Verde Roja en la mayoría parlamentaria.

    – La Izquierda, un partido liberal burgués que históricamente ha liderado gobiernos de «minoría azul» y que históricamente es percibido como el principal partido de gobierno de la derecha.

    – Los Moderados, un nuevo «partido de centro» burgués, fundado por el antiguo Primer Ministro de los Liberales.

    Por primera vez desde 1994, también tenemos un gobierno mayoritario en Dinamarca.

    La base de este nuevo gobierno es la política económica burguesa. Un elemento clave ha sido el deseo de abolir un día festivo en Dinamarca, llamado «Store Bededag».

    El gobierno ha propuesto ahora abolir este día festivo, incluyendo disposiciones para eliminar por ley todos los acuerdos laborales que mencionen este día como día libre, o que exijan un pago mayor por el trabajo en este día festivo (normalmente un suplemento de alrededor del 50% del salario).

    Esta propuesta de intervención legislativa ha puesto al Gobierno directamente en rumbo de colisión con el movimiento sindical. Desde la semana pasada, éste ha movilizado la mayor petición de Dinamarca contra la propuesta del gobierno, y ha convocado una manifestación a escala nacional en Copenhague el domingo 5 de febrero, con la expectativa de la mayor manifestación desde el «movimiento del bienestar» de la década de 2000.

    El gobierno mantiene su mayoría, a pesar de la masiva oposición pública. El Parlamento trabaja ahora para utilizar las disposiciones de la Constitución para forzar la celebración de un referéndum, algo que no ocurre desde 1963.

    En cualquier caso, se acerca la fecha límite para negociar los convenios colectivos. Y se teme que, aunque los negociadores consigan un buen acuerdo, con aumentos salariales elevados y otras reivindicaciones, los afiliados rechacen la propuesta si al mismo tiempo se les priva de un día festivo en el Parlamento. La dirección del movimiento sindical es muy consciente de ello y no quiere oponerse a sus propios afiliados. Así que la situación parece bloqueada, y Dinamarca se acerca cada día más a un conflicto mayor.

    Si se produjera un conflicto mayor, todos los trabajadores organizados del sector privado serían llamados a la huelga, pagada por los sindicatos, y especialmente los sectores clave paralizarían el país. El más conspicuo es probablemente el sector del transporte, que detendrá claramente la entrega de suministros a la industria, supermercados, etc., pero también cerrará todas las posibilidades de transporte público, gasolina a las gasolineras, etc. Así que todos los sectores de la sociedad se verían directamente afectados.

    En 1998, el conflicto duró 11 días antes de que el gobierno interviniera por ley para dictar un nuevo convenio colectivo para todo el sector privado, y reintroducir la paz obligatoria para los 2 años siguientes.

    Si llegamos a tener un conflicto importante, esta vez no se tratará «sólo» de la lucha por la redistribución en la sociedad. También será directamente sobre cuánto debemos trabajar en nuestras vidas. Si el gobierno interviene, dará lugar a un nuevo conflicto contra el gobierno de turno.

    Con toda la experiencia histórica, es un momento emocionante en Dinamarca y podría abrir posibilidades totalmente nuevas para una izquierda que ha tenido dificultades para encontrarse a sí misma y movilizarse en los últimos años.

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  • Embestidas y fracasos de la derecha en América Latina

    Embestidas y fracasos de la derecha en América Latina

    Katz derechas (1)

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    Claudio Katz

    Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI.  

    Fuente:  https://katz.lahaine.org/

    Teoría: Antifascismo

    18/01/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    res importantes reveses afrontaron últimamente los derechistas de la región. El fracasado golpe en Brasil fue antecedido por una fallida asonada en Bolivia y por el naufragio de las conspiraciones en Venezuela.

    Estas derrotas no anulan la continuada embestida de las formaciones reaccionarias. Han logrado instalarse en Argentina, replantean su acción en Colombia, retoman el legado pinochetista en Chile, despuntan en México y participan de la feroz represión desatada en Perú. En análisis de cada caso ilustra el perfil de esta corriente en América Latina. 

     

    Bolsonaro lideró la principal experiencia de la oleada reaccionaria. No logró su reelección, pero consiguió un enorme sostén en los comicios. Se disponía a jugar un papel político protagónico, antes de quedar afectado por la tentativa golpista que perpetraron sus seguidores.

    Ya existen documentos probatorios del plan concebido inicialmente por el ex capitán para desconocer su derrota electoral. Esa confabulación fue abandonada, pero los preparativos de la asonada continuaron con la instalación de un campamento en Brasilia para exigir la obstrucción militar de la asunción de Lula. Se acantonaron durante dos meses en las puertas del cuartel general, difundieron sus planes en las redes sociales, intentaron un mega atentado y el bloquearon varias rutas.

    El asalto al Congreso, al Planalto y a la Corte Suprema pretendió forzar la intervención del ejército. Los atacantes supusieron que bastaba con una chispa para inducir a los generales a sacar los tanques a la calle. Imaginaron que el caos generado por su acción precipitaría esa intervención (Arcary, 2023). El plan B era forzar un escenario de ingobernabilidad, para debilitar al gobierno de Lula en el comienzo de su gestión (Stedile; Pagotto, 2023).

    Ese delirante cálculo se asentó en la descarada complicidad de los militares que visitaron el campamento para facilitar una incursión, que también convalidó el gobernador del Distrito Federal. Los asaltantes ocuparon con total impunidad los principales edificios estatales y en tres horas de vandalismo destruyeron muebles, decorados y obras de arte. Numerosos policías custodiaron a los atacantes, participaron de la tropelía y se fotografiaron en los saqueos.

    La embestida llevó la típica marca de Bolsonaro, que en los años 80 logró cierto renombre con acciones de ese tipo. Para presionar por un incremento de salarios, organizó en esa época un plan de colocación de bombas que le costó su carrera. Desde la presidencia perfeccionó esa trayectoria apuntalando las milicias, que continuaron ensayando atentados luego del desorbitado ataque en Brasilia.

    Los militares consintieron la aventura para perpetuar los privilegios que consiguieron en los últimos cuatro años. Buscaron garantizar su impunidad para las fechorías cometidas durante ese lapso. Junto a los cabecillas de las pandillas bolsonaristas facilitaron una acción disparatada y concebida para cohesionar a los sectores ultraderechistas.

    Los ocupantes de los tres principales edificios estatales exhibieron abiertamente su racismo, al destruir un invalorable retrato de muchachas afrodescendientes. También ratificaron su propósito cristo-fascista de coronar una “guerra santa” contra el PT.

    Bolsonaro trató de eludir responsabilidades con su silencio y permanencia en el exterior. Pero toda la alianza que lo rodea flaquea como consecuencia del fracasado golpe. Los diputados, senadores y gobernadores de su partido que consiguieron cargos repudiaron la asonada, aprobaron la intervención federal a Brasilia y marcharon junto a Lula, en el acto de revalidación de las instituciones asaltadas.

    Los bolsonaristas con puestos en las gobernaciones y las legislaturas ya reconsideran su retorno a la derecha clásica y a la tradicional negociación de votos a cambio de partidas presupuestarias. Con esas tratativas funciona el presidencialismo de coalición, que ahora podría asimilar a los ultraderechistas, si su líder queda derruido por los efectos de la fallida asonada.

     

    La incursión de Brasilia fue una copia del asalto al Capitolio que hace dos años perpetraron los trumpistas. En ambos casos los ultraderechistas pretendieron demostrar que un grupo pequeño y decidido puede apoderarse de las principales sedes del Estado (Boron, 2023). Al igual que Trump, Bolsonaro tiró la piedra y ante la adversidad escondió la mano.

    El calco del operativo confirmó los estrechos lazos entre ambas formaciones, bajo el evidente comando del magnate norteamericano. Pero la copia brasileña extendió la arremetida a los tres poderes y contó con un visto bueno del ejército (y de gobernantes distritales), que no tuvo el copamiento yanqui (Miola, 2023). En Brasil se verificó además una contundente reacción de Lula, que determinó el fracaso del motín.

    Esa intervención fue categórica en términos retóricos y prácticos. Por ahora no se sabe si también fue premeditada, con un conocimiento previo del plan golpista. Lula denunció a los «vándalos nazis», calificó a Bolsonaro de «genocida» y acusó a los asaltantes de «terroristas». Actuó con rapidez. En lugar de solicitar a los militares el patrullaje de las calles les impuso la evacuación del campamento. Intervino además el gobierno de Brasilia y tomó el control de la policía.

    Esa actitud inclinó a los jueces a concretar las medidas de represalia. Dispusieron la detención de 1.200 implicados en el ataque y el arresto del principal sospechoso de organizar el asalto, a su retorno de Florida. Esta decisión podría incidir en la presión ejercida por el sector progresista del Partido Demócrata, para que Bolsonaro sea expulsado de Estados Unidos. El ex capitán ya no es intocable. Próximamente le congelarían sus cuentas y sería imputado como instigador del golpe.

    Estas decisiones han sido promovidas dentro del nuevo gabinete por el ministro de Justicia (Flavio Dino) en conflicto con su colega de Defensa (José Mucio), que contemporiza con los militares y sugiere una amnistía para los vándalos.

    Se ha creado una gran oportunidad para derrotar a la ultraderecha, que fue neutralizada pero no aplastada. Si no quedan demolidos volverán a la carga y en gran medida esa partida se jugará en el predominio de las calles. El bolsonarismo ha quedado desconcertado frente al oficialismo que retomó los actos masivos en la campaña electoral, en el día de la victoria, en la jornada de asunción y en las marchas de repudio al golpe.

    Este nuevo escenario puede modificar las adversas relaciones de fuerza, que no fueron revertidas por la derrota electoral de Bolsonaro. Las conexiones entre ambas variables no son unívocas. En 1989 Lula perdió los comicios frente a Collor, pero obtuvo una victoria política. En 2014 Dilma triunfó en las urnas, pero sufrió una derrota que permitió la coronación del ex militar (Arcary, 2022). Ahora la victoria electoral puede ser sucedida con un corolario directo en el balance de fuerzas. La derecha está desorientada y el movimiento popular puede capturar la iniciativa.

     

    Lo ocurrido en Brasilia retrata las contradicciones de la ultraderecha. Bolsonaro llegó en forma sorpresiva a la primera magistratura, canalizando un descontento con el gobierno del PT que debutó con marchas callejeras (2013), se afianzó con el golpe judicial-parlamentario (2016) y derivó en la preminencia de un ambiente conservador (2016-18).

    La proscripción de Lula le permitió a Bolsonaro encabezar la reacción contra el ciclo precedente que promovieron el establishment y los medios de comunicación, con el sostén de las clases medias defraudadas con el progresismo.

    Pero los desastres acumulados durante su gestión frustraron la reelección del furioso militar, que fue penalizado por su criminal manejo de la pandemia. Esa infección tuvo un número de muertos muy superior a los causados exclusivamente por el virus. Nadie olvidó que se negó a comprar vacunas y a realizar testeos, argumentando que podrían convertir a los individuos en yacarés (Boulos, 2022).

    Bolsonaro tampoco logró revertir el estancamiento estructural de la economía y agravó la regresión social, recreando la tragedia del hambre que afecta a 33 millones de personas. Ese flagelo es particularmente chocante, en un país que ocupa el tercer lugar en el ranking mundial de productores de alimentos.

    Los vaivenes y exabruptos del desorbitado militar erosionaron el aval del establishement y la liberación de Lula precipitó su declive. No pudo mantener a su gran adversario detrás de las rejas y ese desenlace impulsó al PT disputar con éxito la presidencia.

    Bolsonaro dio sobradas pruebas de sus pretensiones fascistas, pero no logró introducir ningún pilar de ese sistema. Multiplicó la violencia cotidiana, la intimidación laboral y el miedo, con 40 asesinatos en las semanas previas a los comicios. Pero no logró crear el marco de terror que exige el fascismo.

    Tampoco pudo sustituir el régimen político vigente por alguna versión de totalitarismo. Mantuvo su liderazgo con tutelaje militar y cierto equilibro con el resto de los poderes. Las clases dominantes toleraron su falta de serenidad para ejercer una función ejecutiva y el perfil carnavalesco de sus apariciones, pero no convalidaron su continuidad.   

    El balotaje demostró igualmente la gran envergadura de su base electoral. Logró introducir una inédita polarización política, que cortó geográficamente al país en segmentos diferenciados. Lula ganó en 13 estados y Bolsonaro en 14. Su partido conquistó el estado de San Pablo, 15 de los 27 escaños disputados en el Senado y numerosos diputados (Agullo, 2022). Pero ahora existe un serio interrogante sobre el impacto de la fallida aventura sobre los cuatro pilares de su fuerza política: el ejército, las bandas, el agronegocio y el evangelismo.

    Durante su gobierno se duplicaron los militares en cargos oficiales y los uniformados colocaron 2 senadores y 17 diputados, que se presentaron como referentes de la identidad nacional o herederos de la industrialización de los años 60. Los nueve generales más próximos al ex capitán reforzaron, además, sus propios negocios con el equipamiento bélico.

    Pero ahora se ha creado un escenario que permitiría desarticular esa casta, si Lula traduce en hechos su denuncia de la complicidad militar con el golpe. Está planteado el reemplazo del ministro de defensa, la depuración de la comandancia, la anulación de los privilegios y la investigación de los desfalcos de esa cúpula.

    La supervivencia de las pandillas que apadrinó Bolsonaro está igualmente amenazada luego del asalto perpetrado en Brasilia. La preparación de esa acción criminal fue oficialmente apuntalada en los últimos años, con la autorización al uso de armas bajo la cobertura de los clubs de cazadores, tiradores y coleccionistas. Los grupos vandálicos concentran ahora el grueso de las acusaciones por el golpe, con un significativo número de sus integrantes en prisión. 

    El sostén bolsonarista en el agronegocio quedó graficado en el nuevo mapa poselectoral. Las regiones que alimentan esa actividad apuntalaron las listas del ex capitán, demostrando la incidencia de un sector que representa la tercera parte del PIB. Lucran con el extractivismo y se expandieron al compás de la perdurable crisis industrial. Pero los cabecillas de ese entramado son investigados por su financiación de la asonada y podrían quedar alcanzados por serias acusaciones.

    El nuevo contexto también influye sobre la cúpula evangelista que sostuvo a Bolsonaro, a cambio de los 82 diputados que consiguió la Iglesia Pentecostal. El alto clero de los pastores continúo su enriquecimiento, mientras sus predicadores inducían a votar por la derecha para evitar puniciones divinas.

    Los comunicadores del bolsonarismo combinaron ese tipo de alocados mensajes con la justificación de las mentiras cotidianas del ex mandatario. Un día el ex capitán describió a las inmigrantes venezolanas como prostitutas y al otro acusó a Lula de mantener pactos con diablo. Ningún delirio quedó excluido de la retórica que orquestaron para afianzar un liderazgo salvacionista, entre votantes decepcionados con el sistema político.

    Ese sustento ideológico puede quedar corroído, si Bolsonaro se convierte en un asiduo visitante de los tribunales. En esa comparecencia el gran crítico de la “corrupción lulista” debería explicar cómo adquirió 107 inmuebles en los últimos 30 años, con su moderado sueldo de diputado. Toda la derecha latinoamericana ha quedado pendiente del devenir de Bolsonaro.

     

    El fracaso de una asonada en Bolivia anticipó a comienzo de año el desenlace de Brasil. También allí se consumó un fallido intento golpista, para repetir con el Arce el alzamiento que derrocó a Evo Morales en el 2019.

    En esa oportunidad, la ultraderecha aportó bandas armadas para secuestrar dirigentes sociales, asaltar instituciones públicas y humillar opositores. Reiteró su vieja conducta de soporte de las intervenciones militares, contra gobiernos enfrentados al establishment o crucificados por la embajada estadounidense.

    Ese golpe fue la intervención militar más desenfadada de las últimas décadas en Sudamérica. No tuvo disfraz institucional, ni mascarada blanda. Evo fue forzado a renunciar a punta de pistola, cuándo los generales se negaron a obedecerlo. No dimitió por simple agobio. Fue expulsado de la presidencia por la cúpula del ejército.

    Pero la principal peculiaridad de esa operación fue el tinte proto-fascista que aportaron los socios derechistas. Instauraron el reino del terror en las zonas liberadas por los uniformados y bajo la conducción de Camacho pusieron en práctica las proclamas de Bolsonaro. Con biblias y rezos evangélicos quemaron casas, raparon mujeres y encadenaron periodistas.

    Los agresores emitieron, además, gritos racistas contra el cholo, mientras se burlaban de los Coyas, quemaban la bandera Whipala y golpeaban a los transeúntes de la raza denigrada. Implantaron en La Paz el vandalismo que habían ensayado en su reducto de Santa Cruz. La ridícula osadía de esas hordas estuvo garantizada por la protección policial.

    Ese odio contra los indios recuerda la provocación inicial de Hitler contra los judíos. Camacho no disimula la irracionalidad de sus diatribas contra los pueblos originarios. Considera que las mujeres de esas nacionalidades son brujas satánicas y que los hombres arrastran una impronta servil. Ha creado legiones de resentidos para humillar a los indígenas (Katz, 2019).

    La clase dominante del Altiplano celebró la venganza contra los pueblos originarios. Cómo no digiere que un indio haya ejercido la presidencia, convalidó las descontroladas tropelías de Camacho. Pero sus expectativas reaccionarias quedaron demolidas por la extraordinaria victoria del alzamiento popular (2019). Ese logro desembocó en elecciones, un renovado triunfo del MAS (2020) y una sucesión de juicios que puso entre rejas a la ex usurpadora Añez (2022).

    Este resultado descolocó a los ultraderechistas, que debieron aceptar un repliegue a los refugios de Oriente. Desde allí reorganizaron fuerzas y retomaron la ofensiva, con las milicias de cívicos que apadrina el poder económico local. Enviaron esos grupos a los barrios populares para sembrar el terror y propiciaron cortes de ruta para crear el recrear un clima desestabilizador. Demandaron la libertad de los golpistas y convirtieron la fecha del censo que debía reevaluar el peso de cada distrito, en el nuevo pretexto de una gran beligerancia. Con esa excusa propiciaron la asonada del 2023.

    Ese plan contempló incluso la eventual secesión del territorio sublevado, si no lograban reconquistar el manejo del país. Con la mascarada de un status federal para Santa Cruz, conspiraron para perpetrar la fractura territorial. Los cívicos apuntalaron ese complot con una leyenda anticolla que impugna el estado plurinacional y retoma las viejas creencias de superioridad de las elites blancas. Con ese separatismo reaccionario completaron un guion inspirado en las acciones oligárquicas del pasado (Acosta Reyes, 2022).

    Pero el nuevo intento golpista fracasó. Empezó con una secuela de paros en Oriente e incluyó la reactivación de los grupos de choque contra las organizaciones sociales. También resucitó la enfurecida prédica de los Pentecostales para cohesionar el motín. En la disputa entre fracciones para exhibir mayor radicalidad, organizaron Cabildos manipulados bajo el comando de los mismos líderes de las asonadas previas (Camacho y Calvo) y lograron generar un caos regional mayúsculo.

    Finalmente, al cabo de 36 días de traumáticas acciones tuvieron que suspender su asonda. El esperado respaldo de otras regiones no llegó y tanto la falta de abastecimiento como la parálisis del comercio socavaron el movimiento. Los cívicos no pudieron forzar la prolongación del paro con simple exhibición de fuerza (Paz Rada, 2022). Tampoco lograron el acompañamiento nacional de la derecha tradicional o de los sectores indigenistas disgustados con el gobierno. Sólo algunas figuras en declive del espectro burgués aprobaron la nueva aventura de Camacho (Montaño; Vollenweider, 2023).

    Pero la principal novedad fue la respuesta del gobierno. Al inicio de la provocación el oficialismo sólo convocó manifestaciones callejeras, para repudiar la denigración perpetrada contra la bandera plurinacional. Concretó marchas que reunieron multitudes, pero no modificó el patrón habitual de simple denuncia de los golpistas.

    El gran giro se produjo en las últimas dos semanas, con el audaz operativo de detención y traslado de Camacho a La Paz. El principal cabecilla de las bandas reaccionarias quedó encarcelado, a la espera de un juicio por su participación en el golpe militar del 2019. Si esa acción queda ratificada, el gobierno habrá consumado una contraofensiva, que podría pavimentar una gran victoria. En esta confrontación se juega el repunte o fracaso de la ultraderecha boliviana.

     

    La derrota de Bolsonaro en Brasil y Camacho en Bolivia se enmarca en el fulminante naufragio de Guaidó en Venezuela. Sus escuálidos encabezaron durante mucho tiempo el ranking regional del vedetismo reaccionario. Reemplazaron en ese podio a los gusanos de Cuba y lograron situar sus acciones en la primera plana de los noticieros. En incontables oportunidades supusieron que tenían asegurado el retorno a Miraflores, pero comparten actualmente las mismas frustraciones que sus allegados de Miami.

    El perfil extremo de esa derecha no estaba predeterminado en el debut de la confrontación con el chavismo. Ese choque inicial estuvo liderado por los conservadores tradicionales, que perdieron preeminencia con la intensificación del conflicto. Los grupos más virulentos capturaron la dirección, propiciando golpes desde los cuarteles y guarimbas en las calles.

    En su obsesivo proyecto antichavista, la ultraderecha intentó seguir las huellas de Pinochet. Diabolizó al proceso bolivariano y propuso extirparlo con un baño de sangre. Ese odio alcanzó la misma intensidad que la denostación fascista del comunismo. Con esa tónica fue motorizada la movilización de los sectores medios antibolivarianos.

    Las clases dominantes buscaron sepultar por esa vía el desafío que personificó Chávez e intentaron disolver el empoderamiento popular que acompañó a su gestión. En esa campaña repitieron todos los ítems del libreto reaccionario.

    Esa reiteración de guiones corroboró su total sumisión a los dictados de Washington. La ultraderecha venezolana fue organizada, financiada y dirigida por el Departamento de Estado, con el mismo molde de sus antecesores cubanos. También las reyertas suscitadas por el manejo del dinero y las conexiones con la mafia, asemejan a los dos servidores caribeños del mandante yanqui.

    El trumpismo jugó todas sus cartas a los escuálidos y la vertiente Obama-Biden contempló también otras variantes. Pero ambos sectores del establishment imperial debieron lidiar con la imposibilidad de enviar marines a Caracas, como se estilaba en la época de Nixon o Kennedy. 

    Sin contar con el recurso salvador de la invasión estadounidense, el antichavismo ensayó todo tipo de operaciones sustitutas. Incentivó complots militares, adiestró mercenarios en la frontera, desembarcó milicias en las playas y secuestró helicópteros. También tanteó magnicidios, montó la farsa internacional de la ayuda humanitaria e incentivó incansables sublevaciones callejeras. Pero falló en todas las conspiraciones, desmoralizó a su propia tropa, perdió credibilidad y actualmente afronta una crisis terminal.

    La autoproclamación del fantasma Guaidó ya es un episodio del pasado. Sus huestes intentaron boicotear las últimas elecciones con una intrascendente farsa de comicios paralelos. El chavismo recuperó la Asamblea Nacional y el grueso de la oposición se sumó a los comicios, cerrando el largo conflicto institucional inaugurado con el desconocimiento de las elecciones presidenciales del 2018.

    No es la primera vez que los derechistas regresan a las urnas, pero este retorno se procesa con la cabeza muy baja. Guaidó está manchado por incontables escándalos de corrupción y su proyecto agoniza.

    El gobierno logró sofocar primero el ciclo insurreccional del 2014-2017. Posteriormente obtuvo réditos de la crisis migratoria, que desperdigó a la oposición y finalmente neutralizó a todo el espectro de sus adversarios (Bonilla, 2021). Las guarimbas han desaparecido y el golpe de estado ya no figura en ninguna agenda relevante.

    Este fracaso de la ultraderecha ha reabierto espacios de intervención para los sectores más convencionales del sistema político. Pero el nuevo escenario tiene gran impacto regional, porque los escuálidos eran ensalzados como la gran referencia latinoamericana del proyecto regresivo. Su declive junto a la derrota de sus émulos en Bolivia y Brasil crea un escenario más problemático para la gestación o reconstitución de las corrientes reaccionarias en otros países.

     

    La expansión de la ultraderecha en Argentina es más reciente y al igual que en Brasil despuntó en la confrontación con un gobierno de centroizquierda. Los primeros destellos en las marchas callejeras contra el kirchnerismo fueron capturados por el conservadurismo tradicional y catapultaron a Macri al gobierno. Pero en la virulenta impugnación posterior de Fernández y Cristina, emergió la fuerza reaccionaria de Milei (y en menor medida de Espert).

    Ambos personajes se nutren de los grupos negacionistas forjados durante la pandemia, reúnen formaciones violentas y aspiran a convertirse en una fuerza electoral de peso en los comicios presidenciales del 2023.

    Los bolsonaristas argentinos fueron fabricados por los medios de comunicación y llegaron a la política sin ninguna trayectoria previa. En esa carencia se distinguen de sus pares convencionales (Pichetto, Bulrich), que han protagonizado todas las mutaciones camaleónicas de la partidocracia.

    En el último bienio los medios instalaron a las nuevas figuras, para inducir la derechización de la agenda política. Toleran sus escándalos, exabruptos y delirios (como la aceptación de la compra y venta de niños), a fin de permitir la imposición de los temas reaccionarios, especialmente en el plano económico (Katz, 2021). Con esa estrategia, las viejísimas y fracasadas recetas de la ortodoxia neoclásica han recuperado centralidad.

    Milei es el showman más descollante de este operativo. Adoptó la excéntrica pose de gritos y enojos que le recomendaron sus asesores, para capturar la audiencia y transformar la política en una secuencia de chimentos. Ha denostado en forma incansable a la “casta política” que actualmente integra y despotrica contra el Estado, ocultando su utilización de los recursos públicos.

    Se maneja con el dinero aportado por varias fundaciones estadounidenses y ha recurrido a la payasada de rifar su dieta de diputado, como un gesto de impugnación de la “casta”. En su fanatismo ultraliberal, no consideró la donación de esa mensualidad a alguna actividad laboral o académica meritoria.

    Algunas miradas destacan que esa opción por el sorteo ilustró cómo asemeja el progreso individual al puro azar. En su mundo de capitalismo salvaje no sobreviven los más aptos, sino tan sólo los más afortunados (D’Addario, 2022). De paso, indujo a millón de personas a dejar sus datos personales en la base de información que maneja su bunker. Optarán por la apropiación algorítmica más oportuna de ese universo.

    Milei integra el pelotón de alocados personajes que auspician los poderosos para canalizar el descontento con los gobiernos inoperantes. Derrocha demagogia para capturar el enojo de la clase media y la desesperación de los empobrecidos. Pero su efectiva prioridad es la erosión de las conquistas democráticas logradas al cabo de muchos años de lucha.

    Todas las tonterías económicas ultraliberales que enuncia están plagadas de inconsistencias y se difunden por la simple complicidad del periodismo servil. Nadie le exige ejemplos históricos o ilustraciones prácticas de sus absurdas propuestas de incendiar el Banco Central. Con esa mascarada alimenta la reintroducción de un clima represivo, mediante apologías al terrorismo de Estado y exaltaciones a la libre portación de armas.

    Los medios hegemónicos apuntalan esa regresión, difundiendo la falsa creencia que los jóvenes están desinteresados por la tragedia de sangre que impuso la última dictadura. Los fascistas que acompañan a Milei promueven el hostigamiento de los movimientos sociales, con iniciativas de criminalización de los piqueteros. Su coequiper Espert apuntala la misma agresión con propuestas de limitar la natalidad en los hogares pobres. En su ceguera burguesa considera que los embarazos están motivados por el cobro de un plan social.

    Espert se ha embanderado con la demagogia punitiva, ocultando los repetidos fracasos de la “mano dura”. En su celebración del gatillo fácil omite que la violencia policial nunca atenuó el delito. Simplemente convoca a la venganza, desconociendo la estrecha relación de la criminalidad con la desigualdad y la gran conexión de la reincidencia con la falta de educación o trabajo. Para restaurar la represión en gran escala, los dos ultraderechistas participan activamente de la cruzada antimapuche y la consiguiente escalada de agresiones contra los pueblos originarios.

    El fallido intento de asesinato de Cristina ilustra hasta qué punto la nueva ultraderecha no restringe su acción a la esfera electoral. El atentado fue consumado al cabo de una intensa campaña mediática de incitación al odio (Katz, 2022) y el puñado de marginales que consumó esa acción participaba de una aceitada organización de abogados, espías y empresarios.

    Antes de apuntar contra Cristina, desenvolvieron las típicas incursiones de los grupos neonazis, lanzando antorchas contra la Casa Rosada, exhibiendo bolsas mortuorias y guillotinas. La mano de los servicios de inteligencia en esos operativos es tan visible, como el parentesco de sus guiones con las guarimbas venezolanas.

    La complicidad de altas esferas del Poder Judicial ha quedado corroborada con la obstrucción al esclarecimiento del frustrado magnicidio. Trabajan para restringir la acusación a los tres o cuatros involucrados directos, encubriendo a los financistas e instigadores del atentado. Es particularmente escandaloso el amparo judicial a los políticos derechistas que conocían y dejaron correr la preparación de esa conjura.

     

    La capacidad de acción de los personajes bolsonaristas (Olmedo) fue marginal en Argentina durante el macrismo, pero se ha expandido en proporción a la generalizada decepción con el gobierno actual. Ya no constituyen una lejana amenaza y disputan espacios con la derecha tradicional. Mantienen un perfil propio que amenaza la unidad de la oposición en los próximos comicios. En esta potencial división radica la expectativa oficialista de mantenerse en carrera para retener la presidencia.

    Pero en cualquier opción electoral, la ultraderecha puede transformarse en una fuerza de peso ante la gravísima crisis social del país. A diferencia del 2001 despuntan como un canal de captación del descontento con el sistema político. El tinte progresista y radicalizado que tuvo ese malestar hace dos décadas, ahora presenta una fisonomía contrapuesta.

    En los hechos Milei propugna el retorno al menemismo. No sólo promueve una escala semejante de privatizaciones, con mayor desregulación laboral y apertura comercial. También propone contrarrestar la superinflación actual con alguna reinstauración de la convertibilidad, que arruinaría en forma irreparable la economía del país. El establishment no comparte por ahora esa cirugía por temor a una incontenible reacción popular, pero tampoco rechaza su eventual aplicación.

    Milei se sumó con gran entusiasmo al bolsonarismo, exhibió fotografías con sus líderes y reprodujo la misma exaltación del anticomunismo. El fallido golpe en Brasilia lo colocó en una incómoda situación, que disimula con la habitual complicidad de los medios de comunicación. Pero el grueso de la derecha local registró la derrota electoral de sus pares brasileros y desaprobó un asalto a los edificios gubernamentales que no podría repetirse en Argentina. El ejército mantiene un rol político marginal, en un país que ha desarrollado enormes anticuerpos contra el militarismo.

    La dictadura brasileña coincidió con un prolongado período de crecimiento desarrollista y sus responsables nunca fueron juzgados. En cambio, Videla y Galtieri acentuaron una regresión económica que desembocó en la aventura de Malvinas. Todos los tanteos conservadores para revalorizar a esos genocidas han desatado repudios masivos. La desmovilización popular y la desmoralización del progresismo que precedieron a Bolsonaro, no tuvieron hasta ahora un correlato equivalente en Argentina

    Pero las diferencias históricas entre un país signado por la convulsión y otro caracterizado por la continuidad del orden, deben ser revisadas con cierto cuidado. Brasil nunca vivió el tipo de confrontaciones socio-políticas que ha prevalecido en Argentina, pero protagoniza una inédita grieta de consecuencias desconocidas. Por el contrario, su vecino del Sur ha quedado sumido en una crisis social catastrófica, que altera de todos los parámetros del pasado.

     

    La ultraderecha colombiana carga con una feroz trayectoria de guerra contra los campesinos y trabajadores. Ha incurrido en un grado de salvajismo inigualable. En ningún otro país de la región se han encontrado tantas fosas comunes con restos de personas masacradas. Durante seis décadas complementó las balaceras del ejército con matanzas de todo tipo.

    Esas bandas se especializaron en el asesinato cotidiano de los militantes sociales, con una sistematicidad sin parangón en América Latina. Tan sólo el año pasado ultimaron a 198 dirigentes populares y desde la firma de los Acuerdos de Paz (2016) mataron a 1.284 luchadores. Su terror ha convertido a Colombia en la nación con mayores desplazamientos forzados de población de todo el continente.

    Esa ferocidad se remonta al surgimiento de los grupos paramilitares organizados por las Fuerzas Armadas en los años 60, para apuntalar la guerra contrainsurgente que monitoreaba el Pentágono. De esas formaciones emergieron las denominadas autodefensas, que se entrelazaron con las mafias del narcotráfico bajo el amparo del uribismo. En el 2005 fueron formalmente desmovilizadas con todo tipo de beneficios, pero reaparecieron como fuerzas de choque contratadas por las elites regionales (Molina, 2022).

    Esos grupos disputan el control de los territorios e integran una estructura de narco-mercenarios que opera en todos los estamentos del Estado. La vieja oligarquía fue sustituida por una narco-burguesía, que maneja gran parte de la economía subterránea del país. Las áreas ocupadas por plantaciones de estupefacientes son más extensas en la actualidad, que en los inicios del Plan Colombia (1999) y la productividad de los sembradíos se ha duplicado. Las fumigaciones aéreas simplemente aceleraron el abandono de los campos comunitarios y la concentración de la tierra.

    La estructura narco-militar forjada por los clanes de la droga ha perfeccionado su capacidad operativa y ya exportan mercenarios para distintas labores. La forma en que organizaron el asesinato del presidente haitiano Jovenel Möise, ilustra la gravitación regional de esos criminales. Han conformado un ejército paralelo, que interviene desde hace décadas en la parapolítica de Colombia, para mantener al país en el tope del ranking mundial de exportación de cocaína. Las principales figuras de la derecha colombiana mantienen incontables lazos con esa narco-economía.

    Esta asociación es apañada por Estados Unidos, que convirtió a Colombia en el principal centro de operación regional del Pentágono. Las siete bases militares afincadas en el país están conectadas con una vasta red de uniformados de todo el continente. Trump utilizó adicionalmente a Colombia como retaguardia de incursiones contra el chavismo y reforzó el status del país como “aliado extra OTAN”. Biden reajusta esa estrategia para asegurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio (Pinzón Sánchez, 2021).

     La ultraderecha ha sido durante décadas una pieza clave del sistema político. Pero el agotamiento del urbismo y la revuelta popular del 2021 socavaron ese régimen y el triunfo electoral de Petro desafía seriamente a ese tejido de opresores.

    Para impedir ese declive introdujeron en el balotaje a un improvisado personaje del trumpismo latinoamericano. Rodolfo Hernández irrumpió con un discurso vacío contra la corrupción, exhibiendo su condición de millonario, como el principal mérito para acceder a la presidencia. Con ese alocado mensaje pretendió compensar la bancarrota del candidato oficialista (Federico Gutiérrez).

    Hernández recurrió a todos los exabruptos imaginables y despotricó contra el resto de los políticos, como si él formara parte de una raza diferente. No disimuló sus convicciones machistas, ni su misógina. Pero cruzó la raya de lo aceptable por sus propias huestes, cuándo declaró su admiración por Hitler (Szalkowicz, 2022).

    Tampoco surtió efecto su escandalosa verborragia, la campaña motorizada desde Miami, y su amenaza de acciones violentas. El respaldo de los poderosos no alcanzó para contener la esperanza de cambio que encarnó Petro. La derecha sufrió una derrota histórica y el propio Hernández abandonó inmediatamente la escena.

    Ahora Petro afronta la monumental tarea de forjar la paz, frente a sectores reaccionarios que esperan el momento para el contraataque. Han ensayado un atentado contra la vicepresidenta Márquez y sabotean las tratativas en curso (Duque, 2023). Pero han quedado en una posición defensiva y la normalización de las relaciones con Venezuela afianza ese retroceso. El lobby de Miami no oculta su disgusto con un escenario muy alejado de sus propósitos.

    El pinochetismo de los nuevos tiempos

    La ultraderecha reaparece en Chile con los mismos perfiles pinochetistas del pasado. Kast no puede repetir el golpe de su admirado predecesor, pero retoma todas las banderas del nefasto dictador.

    Irrumpió abruptamente, frente a la impotencia de Piñera para contener la sublevación popular del 2019. Esa rebelión arrastró a toda la derecha a un abismo electoral, que Kast contuvo forjando la candidatura de emergencia que disputó sin éxito contra Boric.

    El principal estandarte del reaccionario transandino fue la restauración de la represión, contra los jóvenes que desafiaron en las calles los treinta años de continuismo posdictatorial. Kast exigió mano dura contra las protestas, como si los manifestantes no hubieran padecido 30 asesinatos, 450 personas con lesiones oculares y centenares de detenidos (Abufom Silva, 2021).

    Con la misma virulencia exigió la militarización del sur y el endurecimiento de la campaña antimapuche. Añadió a esa agenda de pinochetismo explícito un discurso antiinmigrante, para incentivar el odio contra la novedosa oleada de trabajadores extranjeros que incorporó la economía chilena.

    Kast logró una reconstitución vertiginosa de la extrema derecha, a costa de los candidatos convencionales de ese espacio. Superó a las figuras democristianas (Provoste) y oficialistas (Sichel), mediante una digestión del centro muy parecida a la consumada por Bolsonaro en Brasil. También prevaleció sobre los personajes marginales embanderados con la antipolítica, que optaron por una exótica campaña electoral desde Estados Unidos (Parisi). Ganó la partida dentro del espectro conservador retomando la fidelidad al pinochetismo.

    Con esa postura logró reintroducir una gran bancada de legisladores en ambas cámaras, revirtiendo los magros resultados de los comicios anteriores. Estuvo incluso cerca de llegar a la presidencia, pero fue doblegado felizmente por una gran reacción antifascista. Esa respuesta tomó fuerza en las calles, recuperó primacía en los barrios populares y atrajo votos de los indiferentes a las urnas.

    Le eventual llegada de Kast a la Casa de Moneda fue incluso resistida por parte del establishment, que temió las consecuencias de un reinicio de la confrontación directa con el pueblo. Estimaron que la partida perdida por Piñera no sería ganada por una versión más extrema del mismo libreto. Evaluaron que la vieja clase política es la mejor garantía de continuidad del modelo neoliberal que Boric nunca propuso erradicar.

    La irrupción de Kast expresa la reacción contrarrevolucionaria de los poderosos que defienden sus privilegios. La rebelión popular diluyó las formaciones del centro y la extrema derecha recuperó protagonismo exigiendo la restauración del orden.

    Kast incorporó algunas facetas de la nueva derecha como el sustento de los evangelistas, pero se afirmó con los viejos códigos de Pinochet. Buscó retomar el resentimiento de los sectores medios contra los asalariados, aprovechando el nuevo escenario de informalidad y desarticulación del movimiento obrero tradicional (De la Cuadra, 2022).

    Su acelerada instalación confirma las raíces sociales que dejó la dictadura para nutrir la permanencia de sucesores (Cabieses, 2021). La tutela militar -que se desmoronó abruptamente en Argentina luego de la aventura de Malvinas- perduró durante más tiempo en Chile. Por eso Pinochet murió con honores militares, mientras sus colegas argentinos eran juzgados, indultados y nuevamente encarcelados.

    Bajo el pinochetismo se forjó también una clase media conservadora, que condicionó a todos los gobiernos de la Concertación. Siguiendo el modelo de la transición española, esas administraciones pactaron el sostenimiento de la Constitución gestada por la dictadura, para asegurar la vigencia del modelo neoliberal.

    La ultraderecha chilena ha sido muy ponderada por sus pares de la región y el frustrado acceso de Kast a la presidencia fue percibido como una derrota propia por los reaccionarios del continente. Por la impactante historia que encarnan Allende y Pinochet, Chile persiste como el gran referente simbólico de los dos polos de la vida política latinoamericana.

    Esa centralidad se reaviva con cada pulseada entre ambas formaciones. Las victorias del movimiento popular son rápidamente respondidas por la derecha, en una dinámica de giros constantes y cambios vertiginosos.

    Los custodios del fujimorismo

    Todas las variantes de la derecha unificaron fuerzas en Perú para consumar el reciente golpe que tumbó a Castillo. Acosaron a ese mandatario hasta que finalmente forzaron su desplazamiento. No toleraron la presencia de un presidente ajeno al contubernio del fujimorismo con sus aliados y adversarios, que sostiene al régimen político más antidemocrático de la región.

    Esta vez concretaron una variante extrema del lawfare, mediante un golpe parlamentario con cimiento militar y complicidad de la vicepresidenta Boluarte. De inmediato desataron una represión feroz, con decenas de asesinados, centenares de detenidos y toque de queda en varias provincias. Esa criminalización de las protestas supera los antecedentes recientes y ha colocado al ejército en el típico lugar de cualquier dictadura (Rodríguez Gelfenstein, 2022).

    Esa brutalidad está garantizada por un compromiso de impunidad que obliga a tramitar cualquier denuncia contra los gendarmes en el propio fuero castrense. La nueva mandataria convalida el salvajismo represivo, premiando con cargos a los responsables de la balacera contra el pueblo. También aceptó delegar el mando efectivo del país en el fanático ultraderechista que preside el Congreso (Álvarez Orellana, 2022). Desde allí se perfecciona el “golpe dentro del golpe” que legitimaría el derrocamiento del secuestrado Castillo, con algún adelanto de las próximas elecciones.

    Desde el 2018 los derechistas concretaron el desplazamiento de los seis presidentes que perdieron funcionalidad para la continuidad del régimen. Ese sistema fue creado por Fujimori un año después de asaltar al gobierno (1993), mediante un dispositivo constitucional que otorga poderes omnímodos al Poder Judicial y a su Fiscalía para intervenir en la vida política. La debilidad del Ejecutivo, la atomización del Legislativo y la gravitación de los tribunales apuntalan un sistema que propicia la inmovilidad, la apatía y el descreimiento de la población (Misión Verdad, 2022).

    La finalidad de ese esquema es asegurar la continuidad de un modelo neoliberal divorciado de los avatares de la política. El vertiginoso recambio de mandatarios contrasta, por ejemplo, con la perdurabilidad del mismo presidente del Banco Central en los últimos 20 años. 

    Ese rumbo económico garantizó la privatización de la industria y la entrega de los recursos naturales al capital extranjero, en un marco de chocante pobreza y desigualdad. El alabado crecimiento de los últimos tres decenios se consumó expandiendo la precarización laboral, que en las regiones del interior afecta al 70% de la población. También el campesinado ha sido severamente golpeado por la importación y el encarecimiento de los insumos, mientras el grueso de la inversión se concentró actividades extractivas que deterioran el medio ambiente.

    El golpe contra Castillo -que Estados Unidos apoyó de inmediato- apunta a sostener el dispositivo político que garantiza la devastación económica. Toda la derecha apoya ese régimen, mientras sus variantes extremas construyen nichos con figuras cambiantes. Su personaje más reciente es Rafael López Aliaga (Porky), que logró el respaldo de los evangélicos y los católicos ultraconservadores para exponer mensajes cavernícolas. Confiesa que se autoflagela con frecuencia y que anularía cualquier vestigio de la educación sexual, para exorcizar los resabios de la “izquierda diabólica”.

    Durante la pandemia rechazó el uso de mascarillas y propuso privatizar la vacunación. Propaga un fanatismo neoliberal y evita el esclarecimiento de las denuncias que lo involucran con el lavado de activos (Noriega, 2021). Porky compite en Lima con otro extremista de derecha acusado de terribles violaciones a los derechos humanos.

    Pero la heroica resistencia popular que afrontan los golpistas desafía seriamente a todas las variantes de la reacción. Las cifras de muertos no cesan y los disparos sobre los manifestantes acrecientan el número de víctimas. Esta descontrolada brutalidad de la derecha puede terminar sepultando su propia continuidad.

     

    Los modelos de la ultraderecha asentada inspiran a sus pares más rezagados. Es el caso de México, donde ya se avizora la misma disputa callejera que suscitaron los gobiernos progresistas de Sudamérica. Los sectores tradicionalmente minoritarios de la reacción, comenzaron a repetir la secuencia de otras experiencias. Han recuperado la iniciativa con movimientos de rechazo a la democratización del sistema electoral que impulsa López Obrador.

    AMLO respondió a ese desafío con la concentración más numerosa de los últimos años. Frente a esa polarización callejera la ultraderecha afinó su repertorio, organizando un gran evento internacional con figuras trogloditas de todo tipo.

    En otros países más habituados a la gestión represiva del Estado, la nueva derecha ofrece pocas novedades. En Ecuador o Guatemala, simplemente apuntala la periódica reinstalación de los regímenes de excepción, con la consiguiente militarización de la vida cotidiana. Allí sostiene variantes del golpismo, que sustituyen a las viejas tiranías militares por modalidades más disfrazadas de dictadura civil.

    En Haití los derechistas auspician tanto la intervención extranjera, como la expansión de las bandas mafiosas que han destruido el tejido social de la isla. Apuntalan el modelo de golpismo gangsteril que sustituyó al sistema político y oscilan entre promover una dictadura tradicional o precipitar otra ocupación norteamericana.

    Frente a tantas versiones del espectro derechista, conviene clarificar la singularidad de ese espacio en comparación a otras regiones. Abordaremos ese problema en nuestro próximo texto.

     

    El bolsonarismo bordea el abismo luego de su fallido golpe. Tambalean sus cimientos en el ejército, las bandas, el agronegocio y los evangelistas. No pudo forjar un régimen totalitario y perdió el aval del poder dominante. También en Bolivia naufragó una asonada de gran violencia racista y chantaje de secesión territorial. Estos reveses complementan los fracasados complots en Venezuela.

     En Argentina los personajes reaccionarios buscan reinstalar la agenda económica neoliberal, la represión y la tutela judicial de la política. En Colombia han quedado impactados por una derrota electoral que afecta su estructura paramilitar y en Chile resurgieron con la matriz pinochetista, recreando el sustento conservador de la dictadura. En Perú apuntalan los golpes cívico-militares de un sistema forjado para garantizar la continuidad del neoliberalismo.

     

    Arcary, Valerio (2023) Es momento de avanzar contra los golpistas https://jacobinlat.com/2023/01/09/es-momento-de-avanzar-contra-los-golpistas/

    Stedile, Miguel Enrique: Pagotto, Ronaldo (2023) Los fascistas «dispararon a sus pies» y provocaron muchas contradicciones con la sociedad brasileña 9 enero 2023, https://www.telesurtv.net/opinion/Los-fascistas-dispararon-a-sus-pies-y-provocaron-muchas-contradicciones-con-la-sociedad-brasilena-20230109-0022.html

    Boron, Atilio (2023). Crónica de un ensayo anunciado, 09/01/2023

    https://www.pagina12.com.ar/514211-brasil-cronica-de-un-ensayo-anunciado

    Miola, Jeferson (2023) ¿Intento de golpe? 09/01/2023

    https://www.analisisdigital.com.ar/opinion/2023/01/10/asalto-al-capitolio-de-brasilia-intento-de-golpe

    Arcary, Valerio (2022) Vencer el miedo será uno de los grandes retos para https://www.sinpermiso.info/textos/brasil-vencer-el-miedo-sera-uno-de-los-grandes-retos-para-asegurar-la-derrota-de-los-fascistas

    Agullo, Juan (2022). El «bolsonarismo» no es flor de un díahttps://rebelion.org/el-bolsonarismo-no-es-flor-de-un-dia/

    Boulos, Guilherme (2022) Bolsonaro devolvió a Brasil al mapa del hambre”   https://www.pagina12.com.ar/tags/25236-guilherme-boulos

    Acosta Reyes, Boris (2022). En Bolivia vuelve el fantasma del golpismo https://rebelion.org/en-bolivia-vuelve-el-fantasma-del-golpismo

    Paz Rada, Eduardo (2022). Bolivia enfrenta cambios políticos trascendentales https://www.nodal.am/2022/11/bolivia-enfrenta-cambios-politicos-trascendentales-por-eduardo-paz-rada/

    Montaño, Gabriela; Vollenweider, Camila (2023) a derecha boliviana en su laberinto

    08/01/2023 https://www.sinpermiso.info/textos/la-derecha-boliviana-en-su-laberinto

    Bonilla Molina, Luis (2021). Hacia una nueva aproximación geopolítica

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    Molina, Manuel Isidro (2022) Colombia hacia las elecciones presidenciales: sin paz ni legalidad

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