Actualidad Internacional: Luchas y Movimientos

Rusia. El regreso de Navalny y la estrategia de la izquierda rusa

22/01/2021

Ilya Budraitskis, Ilya Matveev y Kirill Medvedev

Ilya Budraitskis, historiador radicado en Moscú, escritor político y redactor del podcast Polititcheskiy Dnievnik (Diario Político). Ilya Matveev, investigador y conferencista en economía política radicado en San Petersburgo y redactor del podcast Polititcheskiy Dnievnik. Kirill Medvedev, militante del Movimiento Socialista Ruso (RSD, sección rusa de la Cuarta Internacional), músico del grupo Arkady Kots, redactor en jefe de la revista en línea Zanovo (De nuevo).

 

Traducción: Irving Radillo Murguía


Fuente: Este texto apareció por primera vez en inglés en el sitio Left East el 22 de enero de 2021 y fue traducido al francés por la redacción de la revista en línea suiza À l’Encontre (traducción revisada por Inprecor). 

Rusia ha tenido una semana ajetreada que aún no ha terminado. Primero, Alexei Navalny regresó a Moscú, siendo inmediatamente arrestado una vez cruzada la frontera. Al día siguiente, su equipo publicó un video ilustrando la corrupción de Vladimir Putin y llamando a todos los ciudadanos a salir a la calle contra el gobierno el 23 de enero. ¿Qué piensa la izquierda de todo esto? Ciertamente, Navalny no es uno de los suyos, pero ¿debe mantenerse a distancia de las protestas y la crisis política que se prepara? Pedimos la opinión de Ilya Budraitskis, Ilya Matveev y Kirill Medvedev (Left East – 22 de enero 2021).

Ilya Budraitskis: La detención de Alexei Navalny el 17 de enero en el aeropuerto de Moscú Sheremetyevo, unos minutos después de su regreso a Rusia, no fue solamente la reacción esperada de las autoridades rusas sino la única posible. A inicios de este año, después de que las enmiendas constitucionales del verano de 2020 abrieran la posibilidad de poder personal ilimitado para Putin, su régimen entró claramente en una nueva fase: una dictadura prácticamente abierta, fundada no sobre un apoyo pasivo de la base, sino sobre el poder represivo.

En esta nueva configuración ya no hay espacio ni para la oposición liberal marginal ni para los partidos sistémicos de la “democracia dirigida” que han vencido el monopolio absoluto del partido Rusia Unida y crearon posibilidades limitadas de expresión electoral del descontento.

La tentativa de asesinato de Navalny por el aparato de seguridad ruso en agosto del año pasado se inscribe perfectamente en este marco. Desde el punto de vista de las autoridades, la principal amenaza representada por Navalny es la táctica del “voto inteligente”: la acumulación de todos los votos de protesta a favor del candidato que tenga más oportunidad de enfrentar a Rusia Unida. En una situación donde el apoyo al partido en el poder disminuye rápidamente (al día de hoy no pasa del 30%), el “voto inteligente” amenaza el escenario elegido para las elecciones legislativas previstas en septiembre de este año y, a más largo plazo, la misma reelección triunfal de Putin para un nuevo mandato.

La audaz y precisa estrategia populista de Navalny apunta en los hechos a crear una coalición de protesta, con un importante lugar reservado a los representantes de los partidos del sistema (sobre todo los comunistas), que rechazan jugar según las reglas del Kremlin y que son capaces de organizar campañas electorales vivas y ofensivas. Un elemento clave de esta estrategia es la retórica de Navalny, en la cual las cuestiones de la pobreza y la desigualdad social han tomado el lugar de los valores liberal-democráticos. Las muy mediatizadas investigaciones sobre la corrupción que le han valido su popularidad tienen un impacto emocional sobre un vasto público (por ejemplo, su último video sobre el palacio de Putin, que costó 100 mil millones de rublos (mil millones de euros), ha sido visto ya 50 millones de veces al viernes 22 de enero) pues señalan directamente la extrema estratificación de la sociedad rusa. En un contexto de elecciones abiertamente falseadas y de presiones policiales sin precedentes, la protesta electoral no puede surtir efecto a menos que se sostenga en un movimiento de masas extraparlamentario en las calles. Y solamente un movimiento de tales características puede hoy determinar la suerte personal de Navalny: si durante las próximas semanas no se movilizan cientos de miles de personas a lo largo del país por su liberación inmediata, será ciertamente condenado a una larga pena en prisión.

En mi opinión, participar en tal movimiento, con nuestro propio programa y nuestras propias reivindicaciones, es hoy la única oportunidad para la izquierda rusa. Además, es la izquierda la que puede expresar de manera más coherente los sentimientos que llevan a protestar activamente cada vez a más gente: la desigualdad social, la degradación del sistema social (particularmente los servicios de cuidados y de salud, evidenciados dramáticamente durante la pandemia), la violencia policial y la ausencia de derechos democráticos fundamentales (en particular, los derechos laborales).

Ilya Matveev: En un principio, la decisión de Navalny de regresar a Rusia fue desconcertante. ¿Qué esperaba con ello? El Estado había decidido claramente ponerlo tras las rejas, desoyendo las presiones internacionales (puesto que, después de la tentativa de asesinato tan mediatizada, la reputación de las autoridades rusas no podía degradarse más).

Navalny podrá aspirar a la más alta reputación moral, pero ya no podrá hacer de comunicador eficaz de investigaciones y campañas políticas contra la corrupción (su actividad más importante). La decisión de Navalny parecía casi irracional, un desafío obstinado.

No obstante, muy rápido se demostró que había un elemento de cálculo político en esta decisión. Una vez Navalny en prisión, su equipo difundió un nuevo video de investigación. Era único en su género, la primera gran investigación de Navalny dirigida directamente contra Putin. El video estaba destinado a atraer un amplio público. El cálculo de Navalny era provocar una crisis política inmediata y severa con su propia detención y con la nueva investigación explosiva al mismo tiempo. Esta crisis tendrá una dimensión en las calles (el sábado 23 de enero, las ciudades rusas serán el escenario de concentraciones no autorizadas) y una dimensión electoral[1]Según Le Monde, a pesar de la prohibición y el frío glaciar, las manifestaciones tuvieron lugar en 114 ciudades del país, reuniendo decenas de miles de personas. Fueron particularmente … Seguir leyendo.

En efecto, 2021 es el año de las elecciones parlamentarias en Rusia. Rusia tiene un sistema electoral mixto, la mitad del Parlamento es elegido proporcionalmente y la otra mitad en las circunscripciones uninominales. A pesar de que las elecciones están estrechamente controladas y de que hubo fraudes a un nivel sin precedentes durante las votaciones de las enmiendas constitucionales en junio-julio de 2020, las elecciones legislativas pueden suponer todavía un problema para el régimen.

El voto de lista se confronta al problema de la profunda falta de popularidad de Rusia Unida, el partido en el poder. Y en las circunscripciones uninominales, el régimen se topa con el “voto inteligente”, el sistema de voto táctico predicado por Navalny.

Una crisis política desencadenada por la detención de Navalny y su nuevo video anti-Putin apunta hacia dos blancos: disminuir todavía más el voto por Rusia Unida y favorecer el “voto inteligente” en las circunscripciones uninominales. Esto sería un duro golpe para el régimen, sobre todo si está asociado a manifestaciones callejeras. En resumen, el regreso de Navalny a Rusia fue una apuesta calculada. La pelota está ahora en el campo de los miembros ordinarios de la oposición.

Algunas palabras sobre el nuevo video mencionado. No presenta hechos nuevos, pues el palacio personal de Putin apareció por primera vez en los noticieros en 2010. Tampoco es significativa en cuanto a desafiar directamente a Putin. Lo que es sorprendente es que elabora un discurso coherente. En esta historia, la característica principal de Putin es su absurda y cómica sed de riqueza material. Según Navalny, Putin siempre se ha guiado por la codicia. Buscaba favores cuando era agente de la KGB en Alemania, buscaba trabajo fácil cuando era miembro de la administración de Anatoly Sobchak en San Petersburgo durante los años noventa, buscaba prebendas mudándose a Moscú y convirtiéndose finalmente en presidente, y siempre queriendo más, incluso después de haber construido un palacio de 1.5 miles de millones de dólares, con el sello de la dinastía Romanov en la entrada.

A mi parecer, no es una descripción exacta del espíritu o la motivación de Putin. El régimen ruso no puede ser reducido a esa caricatura. Sin embargo, las decisiones tomadas por Putin en los últimos años (desde su regreso a la presidencia en 2012 hasta la anulación de la limitación de su mandato en 2020) han vuelto inevitable tal representación de su vida y obra. Para ese relato unidimensional de su vida, Putin no puede culpar a nadie más que a sí mismo.

Kirill Medvedev: Con su regreso, Navalny dio un paso importante hacia una nueva comprensión de la política en Rusia y un nuevo ciclo de politización. En otro tiempo, llegó a tener la idea de una “división del trabajo” bastante clara en el terreno de la oposición: los militantes toman los riesgos motivados por un cierto espíritu cívico idealista, mientras que los políticos profesionales persiguen sus propios intereses, de manera frecuente puramente egoístas.

Navalny definió una línea, mostrando que la política puede y debe ser al mismo tiempo valerosa y técnica. Es importante notar en los nuevos videos que se continúa desarrollando la imagen de Putin no como un político, sino como un funcionario corrupto que, habiendo adquirido un poder enorme gracias a sospechosos acuerdos, sigue actuando de la misma manera que un funcionario post-soviético podrido con lazos con el Servicio Federal de Seguridad.

Pero entre más trabaja Navalny convincentemente sobre el tema de la corrupción y del consumo ostentoso de los altos responsables, más aparecen los límites de esta retórica en un país como Rusia, agotado por las desigualdades y marcado por las contradicciones de clase. La situación actual se parece a esto: Navalny nos muestra el palacio de los dirigentes, jugando con el fuego de los resentimientos de clase, mientras promete a las empresas una libertad total en la bella Rusia del futuro.

Dicen que el problema no son los palacios ni las fortunas gigantescas en sí, sino de dónde provienen. Sin embargo, con el desarrollo de esta orientación populista, no será fácil separar a los “amigos de Putin” corruptos de esos que Navalny llama los “hombres de negocios honestos”, cuyas fortunas son enormes, provenientes de artimañas ilegales en los años 1990 y 2000 y, por supuesto, de la sobreexplotación de los trabajadores.

Esta situación abre grandes posibilidades a la izquierda, que, con una combinación de valentía y racionalidad, podría producir una ola de descontento muy poderosa y un programa de cambio mucho más coherente que el populismo ecléctico de Navalny.

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Notas del artículo

Notas del artículo
1 Según Le Monde, a pesar de la prohibición y el frío glaciar, las manifestaciones tuvieron lugar en 114 ciudades del país, reuniendo decenas de miles de personas. Fueron particularmente importantes en Irkutsk, Novosibirsk, Perm y Ekaterimburgo. En Irkutsk, algunos cientos de personas se reunieron bajo una temperatura de -53°C. En Moscú, la movilización fue una de las más importantes en los últimos veinte años.
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