Teoría: Economía

El oro de las imágenes. Arte – Dinero – Capital

17/02/2022

Isabelle Garo

Filósofa marxista francesa

Traducción: Marc Casanovas

Fuente: ContreTemps

primera vista, el propósito de este libro puede parecer sorprendente. El objetivo es reunir dos realidades que, en principio, son opuestas o cuyo encuentro sigue siendo muy problemático: el arte y la riqueza económica en sus diversas formas: oro, dinero, capital. Y lo que es peor, se trata de proponer un enfoque marxista de la actividad artística, cuando dicho enfoque ya existe, de un modo completamente diferente, ya sea constituido como estética teórica, tomando la forma de un análisis crítico de la cultura, o incluso inspirando o codificando obras. Del lado de esta tradición, a lo largo del siglo XX han surgido diversas teorizaciones, a veces incompatibles, cuyos logros y limitaciones -e incluso callejones sin salida- no deben subestimarse, y que deben renovarse. Por tanto, el reto del marxismo contemporáneo se sitúa también en este terreno: proponer un análisis global de la realidad económica y social contemporánea, sin separar los sectores de investigación según las segmentaciones académicas, pero sin reducir tampoco la «producción» artística a una base económica y social. También se trata de tener en cuenta los objetivos políticos y críticos de los artistas que los reivindican, sin imponerlos a sus obras desde fuera.

Además de estos requisitos, hay que tener en cuenta la propia situación del arte y la cultura en la actualidad. Paralelamente a la renovación constante de la producción artística, una profunda agitación concierne a lo que ahora se denomina «economía de la cultura», que amplía y complica esta relación, a la vez íntima y conflictiva, entre el arte y la totalidad económica y social, esta totalidad que lo engloba y que a su vez considera. Desde hace mucho tiempo, las artes, y algunas más que otras, se enfrentan a las transformaciones de las fuerzas productivas y del modo de producción en su conjunto, así como a la expansión del mercado capitalista. Pero la cultura y el conocimiento en general son ahora también parte integrante de un capitalismo en crisis, que intenta regenerarse y extender y reproducir su propia lógica. Al mismo tiempo, estas actividades siguen siendo, por definición, parcialmente ajenas -o incluso hostiles- a su colonización capitalista integral: nacen nuevas formas de resistencia que renuevan la cuestión del compromiso, reconstruyéndola especialmente en el punto preciso en el que el trabajo se encuentra con su doble monetario, que lo persigue y lo cuestiona. La representación de un mundo en el que reina el valor y la representación del valor que se ha propuesto conquistar el mundo se hacen eco con fuerza.

Todas estas razones combinadas modifican profundamente el paisaje artístico contemporáneo, así como las reflexiones teóricas que suscita y que lo habitan. Porque si el arte es una actividad social, es lógico que esté atravesado por las mismas contradicciones que el resto de las actividades humanas, desplegándose de una manera específica por definición. También se olvida con demasiada frecuencia que la reflexión sobre el arte es, en primer lugar, obra de los propios artistas, siendo dicha reflexión, en ocasiones, parte integrante de su producción artística. La confrontación del artista con la ley del valor y la circulación del mercado ofrece la oportunidad por excelencia para esa reflexión del arte sobre sí mismo y sobre el mundo. Resulta llamativo que una serie de obras plásticas, instalaciones, películas de ficción o documentales, obras fotográficas, vídeos, etc., para ceñirse a las artes visuales, retomen ahora la cuestión de su lugar, de su estatus, de su recepción y de su impacto, de su modo de financiación y de distribución, tomando el relevo de una antigua reflexión de ciertos artistas sobre estas cuestiones. El proyecto de este libro es seguir esta delgada cresta, desde la que se descubre un amplio paisaje.

Así, si prestamos atención, este encuentro entre el arte y la riqueza es antiguo y persistente, puntuando la historia del arte con obras raras que coinciden y dialogan. Durante mucho tiempo, el arte se ha enfrentado a la riqueza, a su acumulación y reproducción, en la medida en que participa en la elaboración colectiva de significados, en la legitimación o denuncia de las relaciones sociales existentes. El oro, y más generalmente los metales preciosos, es lo primero que encuentra la obra, hasta el día de hoy[1]Katy Siegel, Paul Mattick, Argent, Paris, Thames et Hudson, 2004 ; Anne-Marie Charbonneaux, L’or dans l’art contemporain, Paris, Flammarion, 2010.. El oro se presenta primero como un elemento constitutivo, complejo, a la vez material de la obra y símbolo, signo de riqueza y de un brillo fascinante. A partir del Renacimiento, ciertas obras se apoderaron también del dinero, de las letras de cambio y del espectáculo de su manipulación. Jugando con la imagen de la riqueza y el éxito social, transforman en abismo el valor y proceden a criticar la mercancía, una crítica tanto más aguda cuanto que la obra se sabe objeto de valor y mercancía. En el mundo contemporáneo, estas obras se convierten en el foco de contradicciones fundamentales, entre el patrimonio común y la apropiación privada, el desarrollo y la mutilación de los individuos, la sumisión y la resistencia al capital. Porque lo que está en juego es el capital, y no sólo la lógica del mercado. Como objetos de especulación, puras reservas de valor o productos elaborados como tales, ¿las obras corren el riesgo de ser abolidas como intervenciones críticas, y esto desde el momento de su creación? ¿Pueden los artistas escapar a esta lógica global o deben enfrentarse a ella con sus propios medios? Estas preguntas son nuestras y renuevan la reflexión del arte y sobre el arte, más allá de los límites tradicionales de la estética.

Sin pretender nunca generalizar las hipótesis aquí presentadas a la historia del arte o al arte contemporáneo, este hilo temático, que confronta las formas del arte con las del valor, se muestra capaz de formular estas nuevas preguntas, tanto en el ámbito de la creación como en el de la lucha contra el capitalismo. Este hilo también pone de relieve laactividad creativa como actividad social, sin borrar en absoluto su dimensión individual. Según este punto de vista, el arte está muy cerca del trabajo productivo, obligado a someterse a la ley del valor, que permite la extorsión de la plusvalía en cuanto la industria cultural se apoya en el trabajo asalariado e impone sus criterios de rentabilidad. En este sentido, existe una aguda contradicción entre una actividad que reivindica y protege su autonomía -aunque sea relativa y a veces fantasiosa- y su anexión a una operación capitalista que despliega sus reglas, añadiendo a la obsesión por la tasa de beneficio el aura de pura generosidad y alta cultura del mecenas. Por eso los artistas son y no son trabajadores como los demás, agitando la contradicción entre apropiación capitalista y reparto de la riqueza común, entre deseo individual de autonomía y proyecto colectivo de emancipación. Estas cuestiones van más allá del sector artístico y afectan a toda la sociedad.

Por todas estas razones, que hacen más compleja la cuestión del arte y la cultura en la actualidad, y para evitar cualquier elaboración estética al margen de la creación artística así como la simple descripción de un estado de cosas, parecía más pertinente relacionar y paralelizar la finalidad de ciertas obras con esa otra forma de enfrentarse a la realidad, la crítica de la economía política. Este paralelismo no implica ninguna reducción, como hemos dicho, y también pretende evitar cualquier sectorización de la realidad y de las formas de conciencia que forman parte de ella. Precisemos que la expresión «crítica de la economía política» designa y resume la propia aportación de Marx: un conocimiento del capitalismo que incluye el proyecto de su transformación revolucionaria y, recíprocamente, un proyecto revolucionario que está ligado al conocimiento y a un proceso de emancipación individual y colectiva que es su objetivo así como su condición. Esta dinámica difícil e incierta implica la politización de las contradicciones esenciales de este modo de producción. La crítica de la economía política incluye, pues, la reflexión sobre sus efectos, a través del análisis de sus condiciones de posibilidad y de las movilizaciones que irriga y que la alimenta. También aquí la recepción es activa y la creación es compartida.

Así, unidos por numerosos puntos de intersección, que se entrecruzan sin fusionarse, estos dos ejes permiten poner de relieve los momentos excepcionales en los que el artista se esfuerza por definir y pensar su lugar en el mundo de la producción y el intercambio y, al hacerlo, teoriza la actividad artística sin construir un discurso especializado al margen de las obras que produce. Lejos de la oposición entre el arte y el discurso sobre el arte, sean cuales sean sus variantes, permitir que las obras hablen es, por supuesto, hacer que hablen tanto de sí mismas como de la actividad artística que las hace nacer. Esta operación de producción e invención tiende siempre, por definición, a desaparecer detrás de la obra acabada, este borrado del proceso redobla el enigma de la mercancía, que a su manera también revela y oscurece la obra viva de la que resulta. Por eso es necesario el análisis de algunas obras concretas, seleccionadas entre el gran número de las que dan testimonio de tal reflexión. Escogiendo algunos casos particulares, nos centraremos aquí

en lo que comúnmente se denomina artes plásticas en el sentido más amplio del término, abarcando los objetos funerarios o religiosos, los frescos, los iconos sobre madera o la pintura de caballete, pero también las instalaciones contemporáneas y las imágenes filmadas, ya sean documentales u obras de ficción. En todos los casos, rechazar el principio unívoco de la figuración como eje de análisis tiene como objetivo subrayar mejor la dialéctica de la representación, vinculándola al análisis marxista de la representación de la riqueza y del dinero, que despliega precisamente dicha dialéctica y renueva radicalmente este viejo pero insustituible concepto de representación, lejos de su cuna filosófica.

El primer capítulo trata de las tesis de Marx relativas a la actividad artística en la medida en que ésta se encuentra atrapada en la totalidad económica y social, pero escapa a ella, sin que el análisis de Marx se constituya nunca en una estética especializada, a pesar de que su primer proyecto es un ensayo sobre el arte cristiano. A lo largo de su obra posterior, confrontará constantemente distintas formas de desarrollo individual, intrínsecamente ligadas al modo de producción capitalista y a la perspectiva comunista.

Los capítulos segundo y tercero se centran en obras y momentos concretos de la historia del arte, relacionándolos con el oro y el metal precioso como materiales de la obra, pero también con la representación monetaria y con el capital, desde el momento en que éste comienza a imponer su dominio y a extender su lógica. En el transcurso de esta larga historia, algunos artistas intentan apoderarse de lo que es a la vez una condición de su actividad y una amenaza para una autonomía nunca alcanzada, convirtiendo la reflexión de la obra sobre sí misma en la condición de su apertura al mundo y en el medio, a veces, de una intervención específica.

El cuarto capítulo se centra en la economía de la cultura y el conocimiento, con el fin de extender esta investigación sobre la cuestión del valor y la forma en que ciertas obras, al enfrentarse a él, se enfrentan a su propia definición, al campo de la crítica de la economía política contemporánea. El debate, en el que se enfrentan las tesis del capitalismo cognitivo, la teoría neoclásica y los trabajos de orientación marxista, tiene amplias y múltiples dimensiones, articulando las preocupaciones económicas y sociales con su alcance político y antropológico constitutivo. Los análisis que se desarrollan en este campo devuelven de inmediato la renovada problemática del compromiso tanto a los artistas como a los espectadores contemporáneos.

Aquí el índice del libro

Introducción. Arte, política y crítica de la economía política

1. Arte y trabajo: Marx y la crítica de la estética

Un arte prusiano, los nazarenos

Arte y alienación: el esbozo de una crítica de la estética

El arte del comunismo

 

2. Arte y riqueza: de Micenas a Flandes

Las máscaras de Micenas

iconos bizantinos

Arte flamenco: el dinero en perspectiva

Representación en cuestión

 

3. Arte y capitalismo: otra crítica a la economía política

Arte monetizado

Cine y medios audiovisuales: imágenes servidas, imágenes reflejadas

El dinero en el cine: cuatro estudios cinematográficos

 

4. cultura y capitalismo: de la paradoja a la contradicción

el precio de las imágenes

La economía política de la cultura

Arte, conocimiento, capitalismo

Cultura digital y capitalismo

Conclusión. ¿Un nuevo arte comprometido?

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Notas del artículo

Notas del artículo
1 Katy Siegel, Paul Mattick, Argent, Paris, Thames et Hudson, 2004 ; Anne-Marie Charbonneaux, L’or dans l’art contemporain, Paris, Flammarion, 2010.
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