Es una premiada productora cultural, activista feminista negra y escritora. Actualmente está trabajando en su primer libro «Sold Out: How Black Feminism Lost Its Soul»
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«Nunca hablamos de hombres ni de ropa. Siempre se hablaba de Marx, Lenin y la revolución, la verdadera charla de chicas» — Nina Simone
El comentario de Nina Simone sobre no hablar de moda, sino de «Marx, Lenin y la revolución», ofrece una visión de la vida política cotidiana de Simone, más allá de su historia más conocida como activista de los derechos civiles y artista musical. Esta «charla de chicas» tuvo lugar con su amiga y dramaturgaLorraine Hansberry, una conversación entre dos mujeres negras que, como dice Simone, no versaba sobre hombres o ropa, sino sobre el trabajo creativo que estaban produciendo y cómo veían su papel en la liberación de su comunidad.
Haciendo referencia a la obra autobiográfica de Hansberry,Young, Gifted and Black, Simone escribió más tarde una canción con el mismo título en homenaje a su amiga y camarada, después de que Hansberry muriera de cáncer de páncreas a la trágica edad de 34 años. Esta amistad y camaradería demuestra que las conversaciones políticas íntimas entre mujeres negras tienen el poder de inspirar. Tienen lugar lejos de la mirada de los hombres, lejos de los blancos; pueden ser lugares de respiro en los que uno puede reenergizarse y volver a unirse al movimiento más amplio que a menudo margina y borra las ideas políticas de las mujeres negras.
Decir que Nina Simone ha sido «borrada» sería absurdo. Es una de las músicas más célebres del siglo XX. No es necesario escribir otro artículo, biografía o análisis de sus canciones políticas. Pero en el aniversario de su muerte, podemos analizar cómo se cuenta la historia de la vida política de Simone, y quién la cuenta; lo que deciden incluir, y lo que de hecho «borran».
A menudo se habla de Nina Simone como una activista de los derechos civiles, y lo fue. Pero el Movimiento por los derechos civiles englobaba muchos puntos de vista políticos diferentes sobre cómo debía ser la liberación. Algunos, como la NAACP, querían reformas liberales que fueron criticadas por ser sólo beneficiosas para la clase media afroamericana. Los nacionalistas negros buscaban la independencia económica y un nuevo estado negro separado de la América blanca racista, aunque no estaba claro cómo sería ese nuevo estado más allá de una versión negra del capitalismo. Por ello, no todos los activistas de los derechos civiles hacían referencia a Marx o Lenin como ejemplo de las conversaciones que mantenían con sus amigos.
Para una mujer de feroz inteligencia, talento y brillantez, que sabía exactamente cómo quería ser escuchada a través de su música e interpretación, podemos tomar esto como una declaración de intenciones más que como un comentario pasajero. Nina Simone nos decía que era una comunista, una camarada, una revolucionaria.
A veces, las artistas negras, y especialmente las músicas, que demuestran alguna forma de política de izquierdas son desradicalizadas en versiones más seguras que hacen que los oyentes blancos se sientan más cómodos, como cantaba con humor el músico folk comunista blanco Phil Ochs en su himno «Love Me I’m a Liberal». Los blancos liberales pueden ir a las manifestaciones por los derechos civiles, canta Ochs, «pero no hablen de revolución, eso es ir demasiado lejos».
Simone quería ir tan lejos. Escrita en respuesta al atentado contra la iglesia baptista de la calle 16 en septiembre de 1963 – un ataque terrorista de la supremacía blanca que mató a cuatro jóvenes negras de entre 11 y 14 años – Simone canta en «Mississippi Goddamn»:
Intentan decir que es un complot comunista
Todo lo que quiero es igualdad
Para mi hermana, mi hermano, mi gente y para mí.
Esto podría interpretarse como una respuesta al «miedo rojo» de McCarthy, en el que cualquier discurso sobre la igualdad se confundía con el comunismo y el sentimiento «antiamericano». Pero cuando se lee a la luz de su «charla de chicas» con Hansberry y de la política de su círculo social, que incluía a James Baldwin, Stokely Carmicheal y Langston Hughes – todos ellos activistas comprometidos con el socialismo- estas letras son una declaración política. Simone se ubica en la izquierda porque la considera el único camino hacia la verdadera igualdad; las reformas «lentas» que apaciguan un estado racista no son una opción.
También vemos reflejos de una política internacionalista en «Backlash Blues», cuya letra está tomada de un poema escrito para Simone por Langston Hughes:
Pero el mundo es grande
Grande, brillante y redondo
Y está lleno de gente como yo
que son negros, amarillos, beige y marrones.
Este poema, uno de los últimos que escribió Hughes, reflexiona sobre Vietnam y sobre el envío de hombres afroamericanos a luchar en una guerra imperialista, mientras son tratados como ciudadanos de segunda clase en «casa». Simone le dice al oyente que ella y otros grupos racializados, que son oprimidos por las muchas encarnaciones del «Mr Backlash», son, de hecho, la mayoría en el mundo, una declaración que refleja un momento político en el que organizaciones como el Partido de las Panteras Negras buscaban construir coaliciones internacionales con otras personas de todo el mundo que sufrían los efectos del imperialismo estadounidense.
La historia política de la izquierda negra estadounidense es importante para contextualizar y comprender la obra de Simone, pero quiero volver a la «charla de chicas» entre Simone y Hansberry. Para mí, como mujer negra, socialista, feminista y música, la política de estas conversaciones privadas e íntimas entre mujeres negras radicales aparece en la música de Simone. Por ejemplo, «Four Women». La canción, que a menudo se considera un himno feminista, describe los roles y estereotipos de clase y de género impuestos a las mujeres negras: la «mami», la «mulata trágica», la trabajadora sexual y la mujer negra enfadada.
Para mí, la canción va más allá de un análisis simplista de la esclavitud y del efecto de su legado en las mujeres negras de hoy. Más bien me imagino a Hansberry y a Simone hablando de sus propias vidas y de las vidas de otras mujeres negras utilizando un análisis marxista que abarca la raza, el género y la clase; hablando de cómo el racismo y el capitalismo crearon las vidas de las mujeres de la canción, Aunt Sarah, Saffronia, Sweet Thing y Peaches; las vidas de las mujeres negras que se encuentran constantemente teniendo que luchar, sobrevivir y resistir.
No puede hacerse justicia a la vida política de Nina Simone en un breve artículo. Fue una artista que llevó el mensaje de libertad, igualdad, justicia y liberación a todos los que tuvieron el placer de escuchar su música. Pero es importante que no la encasillemos como una activista de los derechos civiles: fue una revolucionaria, una mujer que se comprometió con la obra de Marx y Lenin, y que llevó esa praxis revolucionaria a su música de una manera que sigue resonando en nosotros hoy en día.
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Un caso tan extraño como inquietante. El editor francés Ernest Moret, de 28 años y responsable de derechos en el extranjero de la editorial de izquierdas La Fabrique, fue detenido el lunes 17 de abril por la noche en la estación londinense de Saint Pancras. El representante del exitoso escritor de ciencia ficción Alain Damasio viajaba a Londres para participar en la Feria del Libro, donde tenía previstos varios encuentros profesionales. Después de someterle a un estricto interrogatorio en el control fronterizo en París, la policía británica le arrestó a su llegada a la capital recurriendo a la legislación antiterrorista. ¿El motivo? Un misterio.
“Desconocemos los motivos de su arresto”, explica aCTXTsu abogada Marie Dosé, que no pudo acompañarle en los interrogatorios hasta el martes. “Todas las preguntas que le hicieron trataban exclusivamente sobre problemáticas francesas, como la reforma de las pensiones, el presidente Emmanuel Macron, las manifestaciones…”, añade esta letrada que ha participado en numerosos casos con una dimensión política. Pese a su liberación el 18 de abril por la tarde, Ernest deberá comparecer de nuevo ante jueces británicos en mayo. Debido a la legislación antiterrorista, “podrían incriminarlo por haberse negado a dar las contraseñas de su ordenador portátil y de su teléfono móvil”, explica Dosé.
De hecho, la policía británica le requisó su teléfono y su ordenador. Esta confiscación de objetos que “contienen elementos sobre su vida privada y profesional me parece muy preocupante”, afirma la abogada. “Es la primera vez que se detiene en Reino Unido a través de la legislación antiterrorista al responsable de derechos en el extranjero de una editorial francesa”, recuerda sobre este arresto, que ha generado preocupación y estupefacción en la izquierda francesa, británica y de otros países europeos.
¿Qué fue lo que motivó el arresto de Ernest por parte de la policía fronteriza en Londres? En Francia, muchos temen que se debió a una petición de las fuerzas de seguridad galas. “Este caso nos hace pensar en una preocupante colaboración entre las autoridades británicas y las francesas. Representa un ataque del Estado francés contra una editorial cuyo catálogo y política editorial se inscriben en el pensamiento crítico y en la oposición a las políticas gubernamentales”, denunciaron un colectivo de editores en las páginas del diario digitalMediapart.
“Creemos que se trata de una detención arbitraria para generar miedo e insinuar que nos están vigilando. Pero no se debe a ningún delito en concreto”, sostiene Simón Vázquez, al frente de la editorial Verso Libros, que colabora con La Fabrique. “Ernest hacía mucho tiempo que no había estado en Reino Unido y no tenía ninguna causa abierta allí”, recuerda este editor catalán, quien viajó expresamente a Londres para ayudar a sus compañeros de La Fabrique. Fundada en 1998 por el escritor Éric Hazan, esta editorial independiente es conocida por sus ensayos de izquierdas. Publica las obras de prestigiosos intelectuales como el filósofo Jacques Rancière, el economista Frédéric Lordon, el sociólogo Éric Fassin (colaborador habitual deCTXT), así como la politóloga Françoise Vergès o la historiadora Sophie Wahnich.
En su catálogo también aparece el activista sueco Andreas Malm, cercano al colectivo Soulèvements de la Terre (Sublevación de la Tierra). El Gobierno francés amenaza con la ilegalización de este movimiento, después de sus protestas contra un gran embalse de agua en Sainte-Soline (suroeste), en las quehubo disturbios y una dura respuesta policial. La policía lanzó más de 4.000 granadas y dejó a dos manifestantes en coma. Uno de ellos sigue entre la vida y la muerte, un mes después de haber sido ingresado.
“Me opongo a ceder al terrorismo intelectual de extrema izquierda que consiste en invertir los valores: los agitadores se convierten en los agredidos y los policías en los agresores”, aseguró a principios de abril el ministro del Interior, Gérald Darmanin. Las declaraciones sin mesura de este exdelfín del conservador Nicolas Sarkozy, dispuesto a cualquier tipo de exceso para que lo nombren primer ministro, resultan habituales en la esfera pública gala. Pero al hablar de “terrorismo intelectual” llevó a un nivel más que preocupante la demonización de la izquierda por parte del macronismo, lo que contribuye, al mismo tiempo, a la normalización de la ultraderecha.
Como ya sucedió con la revuelta de los chalecos amarillos, los abusos policiales se han multiplicado durante la oleada de protestas contra la subida de la edad mínima de jubilación de 62 a 64 años (con lo cual se requieren 43 años cotizados para recibir una pensión completa). Un hombre estático que recibió un puñetazo en la cara, jóvenes que denunciaron tocamientos sexuales por parte de agentes, una manifestante que perdió un dedo en Rouen debido a una granada policial, un sindicalista de la SNCF que se ha quedado sin un ojo, militantes de la CGT a los que detuvieron por circular cerca del Elíseo con una camioneta con pancartas contrarias a la reforma… Es larga la lista de ejemplos de este tipo durante un periodo en el que la inflexibilidad de Macron abocó a Francia a “su crisis democrática más grave desde la guerra de Argelia”, según el historiador moderado Pierre Rosanvallon.
La represión llegó esta semana hasta el absurdo. Ante la multiplicación de las caceroladas, un prefecto (equivalente del delegado del gobierno) prohibió el jueves los “dispositivos portables sonoros”. Por consiguiente, los policías se dedicaron a requisar las cazuelas de aquellos manifestantes que se acercaron al pueblo de Ganges (sudeste), donde el presidente visitó un instituto protegido por un amplio dispositivo policial. Ante lo ridículo de la situación y las críticas generadas, el Gobierno responsabilizó a los antidisturbios de haber hecho una interpretación demasiado estricta del decreto.
Esta requisación de cazuelas resulta esperpéntica, pero al mismo tiempo preocupante al haberse ejecutado gracias a una decisión de la prefectura basada en varias leyes antiterroristas. Macron parece dispuesto a todo, o casi todo, para imponer su reforma y demonizar a los manifestantes. Una deriva cada vez más autoritaria y violenta que, si en lugar de Francia, tuviera lugar en Hungría o Venezuela, generaría una condena unánime.
Nadja Carvalho, Deborah Cavalcante y Marcelo Ramos
miembros titulares de la Ejecutiva Nacional del PSOL
Traducción: Punto de Vista Internacional Fuente: Insurgencia.org
Actualidad Internacional: Latitudes. América Latina
21/04/2021
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El Directorio Nacional del PSOL aprobó el pasado día 15, entre otras cuestiones, una primera posición crítica a la propuesta de marco fiscal presentada por Haddad y Tebet a la prensa. El asunto llegó formalmente al Congreso Nacional el pasado martes, pero puede sufrir cambios hasta el texto final. Las primeras informaciones confirman la línea fiscalista del proyecto y ya han preocupado a todo el partido y a gran parte de la sociedad brasileña.
La mayoría de los dirigentes nacionales del PSOL entiende que «hasta ahora, la propuesta se muestra menos rígida que el Techo de Gasto», pero también identifica el mantenimiento de una «lógica de ajuste en las cuentas públicas» que legitima el discurso fiscalista de control del gasto al restringir el aumento de la inversión. En resumen, el aspecto más negativo es estar en contra del fortalecimiento de un Estado de derechos. La nueva propuesta prevé que los gastos estén atados al crecimiento del 70% de los ingresos y todavía limitados al avance real (limitado por la inflación) fijado en los parámetros del 0,6% al 2,5% al año – el piso y el techo para las inversiones públicas, trabajando con una meta de superávit primario totalmente innecesaria, cuando la gran necesidad es retomar las inversiones sociales por parte del Estado. Cediendo así a las presiones del mercado financiero.
En la práctica, según las primeras proyecciones, si esta norma hubiera estado en vigor desde el inicio del primer gobierno de Lula, en 2003, se habrían dejado de invertir desde entonces cerca de 8,8 billones de reales en los servicios públicos ofrecidos al pueblo brasileño. Se corre el riesgo de disminuir estructuralmente el crecimiento de la salud y de la educación en por lo menos un 30%, sin margen de maniobra para el trabajo del gobierno, lo que implica incluso que podría venir una propuesta de desconstitucionalización de la Educación y de la Salud para encajar el presupuesto en el nuevo marco, algo que sería un gravísimo atentado a los derechos sociales y constitucionales básicos. Incluso el presupuesto del BNDES y de los demás bancos públicos han sido incluidos dentro de este nuevo techo propuesto por el Tesoro. Estas medidas ponen en cuestión la posibilidad de que el gobierno cumpla su papel en la construcción de un Estado Social y de una verdadera democracia brasileña.
En 100 días, el gobierno Lula ha enfrentado un intento de golpe y hay un enorme peso de la derecha y de la extrema derecha en la sociedad y en el Congreso Nacional. Evidentemente, esta es la primera preocupación del PSOL, incluso a la hora de votar el nuevo marco fiscal. Todo lo que la oposición bolsonarista quiere es un gobierno con las manos atadas y el PSOL, por el contrario, quiere ayudar a abrir espacio para la inversión en salud, educación, obras de infraestructura, programas sociales y políticas de reparación.
El problema de Brasil no es el «descontrol» de las inversiones, como sueña la mayor parte de la prensa y del mercado que hoy celebra la nueva propuesta. Por el contrario, los problemas de fondo son el hambre, el desempleo y la precariedad, la inflación y el costo del alquiler y de los alimentos, la destrucción ambiental, el calentamiento global, la desindustrialización y una posible crisis económica mundial. Por esta razón, el Techo de Gasto de Michel Temer fue perforado sucesivamente por Bolsonaro, con el apoyo de una parte de los que hoy defienden el nuevo Marco Fiscal y chantajean a Lula y Haddad por las reglas de ajuste fiscal. Por la misma razón, el nuevo marco será un obstáculo para que el gobierno de Lula cumpla sus promesas de campaña. ¡Un obstáculo para realizar el Brasil que queremos y que el pueblo brasileño necesita!
La gran diferencia es que cuando Bolsonaro rompió el techo de gastos para ofrecer la ayuda de emergencia, no sufrió una propuesta de impeachment por incumplimiento de la responsabilidad fiscal. Esto no ocurrió ni siquiera cuando el ex presidente defendió la intervención militar y cometió graves crímenes durante la conducción de la crisis pandémica (todos recuerdan la coima en la compra de la vacuna, que demoró meses en comenzar a ser distribuida y la falta de oxígeno en las UTIs de Manaus). Mientras tanto, Lula fue injustamente encarcelado por un supuesto tríplex y pedalos en el sitio de Atibaia en un proceso manifiestamente político y arbitrario.
No hay duda de que si la economía brasileña pasa por dificultades y Lula tiene que romper el nuevo marco fiscal para sacar al país de la crisis, el «mercado» y los grandes medios de comunicación no darán el mismo cariño que dieron a Bolsonaro y cuestionarán la legitimidad del nuevo gobierno elegido con el 51% de los votos. Fue así con la acusación de «pedaladas fiscais» de Dilma Rousseff. Fue hace muy poco tiempo, ¡no lo olvidemos!
Esto significa que si la propuesta no sufre cambios estructurales para desbloquear el camino de las inversiones públicas, lo más correcto es que el PSOL vote en contra de la propuesta de marco fiscal, que además tiende a ser aprobada por la amplísima mayoría del Congreso que llevó a Arthur Lira a la reelección. Al fin y al cabo, el PSOL también ha asumido sus compromisos políticos con la sociedad: defender al gobierno de Lula de los ataques, combatir a la extrema derecha y también defender los derechos constituidos de la mayoría del pueblo brasileño, luchando en el Congreso y en las calles por su ampliación.
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Este texto es fruto de una necesidad militante. La necesidad de rearmar el análisis y el programa feminista tras el último episodio de la crisis capitalista. Nos urge pensar los estragos de la pandemia, la crisis inflacionaria, las medidas políticas aplicadas y una probable recesión en el horizonte. Nos urge pensar todo ello desde una perspectiva feminista y desde los aportes de la teoría de la reproducción social y del marxismo, y los aprendizajes de las últimas huelgas feministas, porque estamos convencidas que las formas de discriminación en el terreno económico y social se están reproduciendo y agudizando. Desafortunadamente, no existen hoy por hoy demasiadas reflexiones en este terreno. Por ello, este texto no busca ser más que unas notas con la esperanza de que aparezcan otros textos que lo superen.
Partimos de una constatación: las condiciones para asegurar la reproducción social se han encarecido de manera sustancial con la crisis inflacionaria. El precio de la alimentación, de la energía (agua, gas, electricidad), de los productos de higiene y sanitarios de primera necesidad, así como de la vivienda (aunque responda a otra dinámica especulativa) se han disparado. Cada día es más privativo acceder a una serie de productos de primera necesidad para asegurar la reproducción social que exige el capitalismo. Las mujeres y personas disidentes a quienes se nos impone la provisión de cuidados vemos empobrecidas nuestras posibilidades para asegurar estos cuidados. La crisis inflacionaria se ha solapado con la crisis anterior y en particular, con la depauperación de los servicios públicos. La sanidad, la educación, los servicios sociales y demás mimbres institucionales para absorber parte de la reproducción social arrastran graves problemas. Esta situación insostenible en el terreno público impacta directamente en mayores cargas hacia las familias y además permite la proliferación de un mercado de cuidados cada vez mayor y con condiciones de explotación brutales.
En resumen, podemos valorar que la crisis inflacionaria tiene una faceta fundamental en la crisis reproductiva. La inflación alimenta la contradicción entre, por un lado, los intereses capitalistas de acaparamiento y máximo beneficio – verdadero objetivo de la inflación de precios tal y como ha señalado Intermón Oxfam[1]Intermón Oxfam. La ley del más rico(16/01/2023). Disponible en: https://www.oxfamintermon.org/es/publicacion/davos-2023-ley-mas-rico?hsLang=es#– y, por otro lado, la austeridad impuesta para reproducir la fuerza de trabajo y las personas que la encarnan.
Sin embargo, no sería justo terminar en este punto. Si el objetivo es señalar algunas reflexiones que nos permitan rearmar un programa feminista, es de recibo abordar los intentos políticos y sindicales para contener la crisis reproductiva. Estos esfuerzos se han concentrado en la vía del salario, tanto las distintas políticas entorno al SMI, como la iniciativa sindical alrededor de las actualizaciones del IPC, ambas merecen una reflexión.
El ultimo año y medio hemos asistido a una serie de conflictos sindicales – incluyendo huelgas importantes– que tenían como objetivo una actualización del IPC en el salario lo más ventajosa posible. Mientras la inflación hacía subir el IPC una media anual de 8,4%, las actualizaciones por convenio no han incrementado más de un 2,8% de media este 2022. Ahora bien, estas actualizaciones han sido desiguales: en Catalunya el 70% de las personas con menores subidas salariales – inferiores a 3 puntos – fueron mujeres[2]Ubieto, Gabriel. “El 70% de los trabajadores con menores subidas salariales son mujeres”. El Periódico, 16/01/2023. Disponible … Seguir leyendo. La pelea sindical por los incrementos es una pelea necesaria, sin embargo, abordar la pelea convenio a convenio reproduce una brecha de género que no podemos ignorar y que debe suscitar una reflexión táctica y programática para un sindicalismo feminista. Además, hay que escuchar a las protagonistas de la última oleada de luchas sindicales en sectores feminizados y denunciar las dificultades añadidas que sufren las trabajadoras de estos sectores en las negociaciones laborales. Como han denunciado las trabajadoras de residencias de Bizkaia, la patronal utiliza formas humillantes, las infantiliza y desoye sus demandas, y las administraciones públicas en vez de mediar como hacen en otros sectores como el metal, imponen servicios mínimos altísimos, no hacen las inspecciones necesarias y no cumplen con sus responsabilidades.
Además, cabe señalar que el grueso de personas que trabajan fuera de convenios colectivos y que por lo tanto quedan fuera de estos datos son también mayoritariamente mujeres, personas disidentes y personas de origen migrante. A raíz de ello la política de subidas del SMI sí habría impactado en parte de estos sectores. Ahora bien, la no derogación de las reformas laborales del PP y del PSOE y las modificaciones insuficientes que realizó el gobierno actual, sin olvidar la ley de extranjería que excluye de facto a cientos de miles de personas, hace que se siga reproduciendo una brecha de género en la capacidad de compra.
La dinámica de aumentar los ingresos particulares sin cortocircuitar las posibilidades de escalada de precios son pan para hoy, hambre para mañana. Una política entorno al salario que no vaya acompañada de un combate contra el acaparamiento capitalista propio de la inflación, esta destinado a una devaluación progresiva de los salarios. Hoy aumento el salario y mañana nada impide a las empresas agroalimentarias, a los rentistas de vivienda o al oligopolio energético escalar los precios. En resumen, el salario y sus incrementos son un vector clave en la reproducción, sin embargo, una política que no aborde todos los aspectos de la reproducción está condenada a devaluar su propia política salarial.
Para abordar todos los aspectos de la reproducción no podemos pensar la crisis inflacionaria de forma aislada, es fundamental insertarla dentro de los estragos de la pandemia y más de una década de recortes en los servicios públicos. El ajuste estructural que se ha impuesto en el terreno sanitario y educativo, en los servicios sociales y demás resortes institucionales ha impactado de forma brutal en las cargas domésticas y ha abierto la puerta a la proliferación de un mercado privado de los cuidados, ya sea a través de la mercantilización de los cuidados en los hogares o a través del avance de la privatización en los servicios públicos
Las políticas de privatización y de colaboraciones público-privadas, que son la norma para la mayoría de gobiernos autonómicos, han sido un mecanismo parade transferir dinero público hacia empresas privadas para que estas construyan un negocio a gran escala con la reproducción social: por ejemplo, la externalización de servicios sanitarios hacia centros de atención privados, laboratorios o directamente a empresas de gestión privada. Lo mismo acontece con las residencias y la atención a la gente mayor; los servicios sociales y comunitarios transferidos a entidades lucrativas del tercer sector; la implantación de lógicas de mercadotecnia en la educación pública; o la proliferación de sistemas privados de pensiones.
Además, a pesar de que la pandemia evidenció los enormes riesgos que genera la inexistencia de unos servicios sanitarios y de cuidados fuertes, los fondos de recuperación postpandemia, canalizados a través de los Next Generation, solo destinan 982 millones para sanidad y 808 para la Economía Social y de Cuidados (de un total de 32.293 millones de €). Unos fondos mínimos (comparados con los que se destinan al vehículo eléctrico por ejemplo) que además –como denuncian varias organizaciones– no están pensados para aumentar el personal o mejorar la calidad de los servicios, sino que se centran en la digitalización, como nuevo nicho de negocio para las colaboraciones público-privadas.
El gran ajuste en el terreno del ámbito público no es algo exógeno al género o la clase. El gran ajuste en el terreno público es un ajuste hacia las condiciones de reproducción de la clase trabajadora, que somos quienes realmente usamos y necesitamos una infraestructura de acceso público. Pero además, cuánto más retrocede el terreno público, más avanzan las cargas privadas-domésticas. Si las listas de espera en la salud pública se eternizan, la provisión de cuidados doméstica-privada también se eterniza. Si las pensiones son pírricas y amenazan con convertirlas en un bien de mercado, toda la economía familiar se compromete para asegurar la reproducción de nuestra gente mayor. En general, vemos una serie de vasos comunicantes donde hay una transferencia de las cargas de trabajo derivadas de la reproducción social. Una transferencia hacia aquellas que nos vemos obligadas a proveer de cuidados en el marco doméstico de la familia; cuando la situación no nos obliga también a una inserción laboral precaria en el mercado privado de los cuidados.
En definitiva, los estragos de la pandemia y la crisis inflacionaria ahondan en una profunda crisis de la reproducción social que se está saldando en contra de la clase trabajadora en general y de las mujeres, migrantes y disidencias en particular. ¿Es politizable esta situación? ¿Cómo podemos hacer madurar una conciencia política de esta situación insostenible? Las crisis por inflación han sido históricamente momentos de estallidos y revueltas sociales. En febrero de 1917 las mujeres de Rusia hartas de la inflación y la carestía, la falta de pan y el encarecimiento del cabrón hacían insostenible la paz social, estallaron siendo el chispazo que iniciaría la Revolución de Febrero[3]Ubieto, Gabriel. “El 70% de los trabajadores con menores subidas salariales son mujeres”. El Periódico, 16/01/2023. Disponible … Seguir leyendo. Un año más tarde en Barcelona la usura inflacionaria encarecía el carbón en un invierno particularmente frío, las mujeres de las colas del carbón estallaron y saquearon los almacenes, llamaron a la huelga a las obreras y protagonizaron motines durante dos semanas[4]Facet, Laia. “Cien años de la huelga de mujeres de Barcelona”. Poder Popular, 26/04/2018. https://poderpopular.info/2018/04/26/cien-anos-de-la-huelga-de-mujeres-de-barcelona/. Lo mismo aconteció el mismo año en Málaga con las Faeneras, quienes también ante las subidas de precios en el pan, carbón, alquileres, pescado y la miseria de la guerra estallarían en la ciudad. Al otro lado del Atlántico, unos años antes, en 1902 en el Lower East Side de Nueva York las mujeres judías de clase trabajadora organizaron boicots contra el monopolio de la carne ante la inflación de precios, se amotinaron, organizaron piquetes, se coordinaron con sindicatos obreros y planearon cooperativas. Sus luchas inspirarían las huelgas de alquileres de 1907-1908. Las revueltas en Washington, Boston, Filadelfia o Brooklyn serían constantes durante toda la década siguiente[5]Mohandesi, Salar; Teitelman, Emma. “Sense reserves”. En: Bhattacharya, Tithi (ed.) Teoria de la reproducció social (2019). Manresa: Tigre de paper..
Pero no tenemos necesidad de ir tan atrás en el tiempo: en la crisis del 2008, fueron las mujeres quienes protagonizaron y llevaron a cabo la mayor parte de ocupaciones de vivienda ante los desahucios hipotecarios. Fueron las mujeres las que llenaron las asambleas de la PAH y las que llenan las asambleas de los Sindicatos de Inquilinas. Los motines, los boicots y saqueos ante la carestía son parte de la genealogía del movimiento obrero y del feminismo que debemos poner al servicio de imaginar las luchas contra la carestía del presente. Este texto se iniciaba confesando la necesidad militante de rearmar un programa feminista ante una fase política nueva, reorientarnos ante el desarrollo de la crisis capitalista y su incisiva crisis reproductiva. Que estas notas sirvan para alimentar esta incesante tarea.
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«Ha sido un viaje llegar a este punto en mi vida, pero no podría estar más feliz con mi decisión de salir del armario. He luchado con mi sexualidad durante más de seis años y estoy contento de aparcar al fin todo este dilema interior”.
Joshua Cavallo, futbolista australiano de 21 años del Adelaide United, dio recientemente un paso de gigante en la batalla por acabar con la discriminación en el deporte: reveló su homosexualidad
La cuestión LGBTI se abre paso muy lentamente en el terreno del fútbol. A diferencia de otros ámbitos sociales e, incluso, de otros deportes, la disidencia con respecto a la heteronormatividad constituye un tabú. Se cuentan con los dedos de la mano los casos de futbolistas que han declarado una orientación sexual diferente y la inmensa mayoría, después de haberse retirado de las canchas. Se perpetúa así un estigma asociado a la homosexualidad, el lesbianismo o la bisexualidad, que contrastan con un deporte aún plagado de machismo, testosterona y virilidad tanto en el terreno de juego como en las gradas. Aún tenemos recientes los cánticos que las aficiones rivales dedicaban al jugador del Real Madrid «Guti, maricón» por vestir de una forma determinada. O, más cercanos en el tiempo, los insultos que recibió en redes sociales el jugador del Betis Borja Iglesias, por subir a Twitter una foto con las uñas pintadas de negro. Antes de la salida del armario de Cavallo, el lateral del Arsenal, Héctor Bellerín, había revelado que le habían llamado lesbiana (entre otros insultos homófobos) solo por llevar el pelo largo: «es imposible que alguien sea abiertamente gay en el fútbol», declaró. «El problema es que los aficionados tienen una idea de cómo un futbolista debe vestirse, cómo debe comportarse y cómo debe hablar».
El hecho es que para un jugador homosexual, salir del armario supone lanzarse al vacío, con posibles consecuencias perjudiciales tanto para su carrera como incluso, para su vida por violar ese pacto de silencio no escrito por el cual si te sales de la norma en tu sexualidad , tienes que evitar que se haga visible. Y esto genera formas de opresión y ocultamiento, porque evidentemente, el número de futbolistas LGTBI debe ser mucho mayor que el de los jugadores que se han atrevido a significarse, si nos atenemos a los porcentajes que existen en la sociedad.
Hablamos de una represión a nivel internacional que dura décadas. Uno de los primeros casos públicos de salida del armario provocó una cadena de consecuencias que aún siguen pesando como una losa, como un ejemplo de lo que podría pasar si revelas tu auténtica identidad sexual. Fue en 1990 cuando el futbolista inglés Justin Fashanu decidió hacer pública su homosexualidad. La reacción por parte de la prensa amarilla y de una gran parte de la sociedad fue tan hostil que él mismo reconoció no estar preparado para lo que había supuesto. Los cánticos desde la grada, los insultos de compañeros y entrenadores, la incomprensión de las estructuras futbolistas, aceleraron su retirada, tras haber sido el jugador de raza negra con el traspaso más caro del fútbol inglés (traspasado al Nottingham Forest por 1 millón de libras). Acusado de haber agredido sexualmente a un joven de 17 años, Fashanu se suicidó, desbordado por la presión, a pesar de que se hubieran desestimado los cargos.
Las reacciones al anuncio de Josh Cavallo han sido bastante mejores, señal de que la sociedad ha avanzado en estos últimos 30 años. Recibió el apoyo y la solidaridad del entrenador del Liverpool, Jurgen Klopp, y de jugadores como Gérard Piqué y Antoine Griezmann. Quizá pueda ser un indicio de que es posible abrir una brecha en ese muro de silencio y que el caso de Josh Cavallo implique un punto de inflexión en la aceptación de la realidad LGBTI en el mundo del fútbol. De hecho, su ejemplo ha animado a algún que otro jugador a revelar su bisexualidad, como es el caso de un jugador del Murcia, que aunque de forma anómina, quiso contar su caso mediante una carta a la Cadena Ser, señalando que actualmente vive con su pareja, un hombre. Posteriormente, en una entrevista, denunció que un equipo no quiso contratarlo por su condición sexual.
En el fútbol femenino encontramos mucho más casos de jugadoras lesbianas que lo reconocen abiertamente, y hacen bandera de ello para luchar por los derechos LGTBI. Megan Rapinoe, capitana de la selección de EE.UU y azote de Donald Trump, no deja de animar a que sus colegas hombres denuncien la opresión que sufren los gays en el deporte rey. Quizá la diferencia sea en que las estructuras de poder patriarcales no sean tan fuertes en el fútbol femenino, aunque históricamente las mujeres que juegan al fútbol han sido estereotipadas como lesbianas y «marimachos» por irrumpir en un territorio de normas y valores masculinos.
Por desgracia, junto a estas acciones individuales, las grandes estructuras de poder del fútbol siguen mostrando su rechazo a aceptar lo obvio. Un ejemplo ha sido la decisión de la UEFA de prohibir la iluminación con los colores de la bandera LGTBI el estadio del Allianz Arena en Munich mientras se jugaba el Alemania-Hungría. Al mismo tiempo, abría un expediente al portero alemán Emmanuel Neuer por jugar varios partidos con un brazalete con la misma bandera. Vergonzoso que a estas alturas se discrimine un derecho democrático básico mientras se entrega la organización del próximo mundial a un Estado que persigue por Ley la orientación LGTBI. Qatar condena a muerte a homosexuales y lesbianas musulmanes y reserva penas de 7 años de cárcel a los no musulmanes. Las declaraciones del presidente del Comité organizador del Mundial han avivado la polémica, al decir que invitaba a aficionados homosexuales a que acudieran a Qatar (incluido el propio Josh Cavallo) pero que «evitaran muestras de afecto en público». Conviene recordar las palabras jocosas pronunciadas por el ex presidente de la FIFA, Joseph Blatter, en 2010, tras la concesión de la organización del Mundial 2022 a la satrapía del Golfo, diciendo que «los gays y lesbianas de todo el mundo que visiten Qatar esos días deberán abstenerse de toda actividad sexual.»
Otra razón más para boicotear un Mundial concedido a golpe de corrupción, sobre la sangre de miles de trabajadores migrantes muertos durante las obras de construcción de los estadios. A la FIFA y a la UEFA y a sus jerarcas heteropatriarcales, corruptos y serviles con las dictaduras ( comparten valores morales y acciones en bolsa con los jeques de los Estados del Golfo) les importa mucho más el negocio que el respeto de los derechos humanos.
Estas instituciones realizan campañas concienciando contra el racismo(lo cual está bien, aunque tenga mucho de lavado de cara), pero echamos de menos una campaña contra los valores machistas y heteropatriarcales predominantes en el mundo del fútbol, que se rompan prejuicios y estereotipos que se imponen sobre millones de niños y niñas que en todo el mundo practican su deporte favorito. Ante este vacío en el fútbol mercantilizado, son los Clubs de fútbol popular, autogestionados por sus socios, los que están haciendo un trabajo de concienciación de base que actúa sobre el terreno para combatir la homofobia. Por ejemplo, el Unión Club Ceares, club de un barrio de Xixón, fue premiado por el colectivo LGTBI local Xega por su compmiso con la visibilizacion y las reivindicaciones LGTBI, con iniciativas como lucir los colores LGBTI en los cordones de las botas de los jugadores, en el brazalete de capitán o en la bandera que preside su estadio, así como crear una escuela de fútbol mixto que promueve la igualdad.
Hay que dar la batalla en el terreno de los símbolos, por supuesto, pero no basta, hay que actuar sobre la materialidad de las relaciones humanas, destruir relaciones de poder que justifican discriminaciones y opresiones. Más allá de los discursos, hay que poner los medios para transformar la realidad, y el fútbol es un campo de batalla, un baluarte del heteropatriarcado que, en alianza con el capitalismo teje estructuras de dominación que afectan a nuestras vidas. Rebelarse contra estas redes de opresión, liberar espacios en el deporte y en la vida, es una batalla constante por una plena liberación humana, convertir el deporte y la vida en ese «reino de la libertad» que Gramsci veía en el fútbol. Y en ese camino, queda mucho por hacer, hay muchos armarios de los que salir y muchas trincheras que conquistar.
Entrevistamos al economista marxista Cédric Durand, profesor a la Universidad París XIII y partidario de una planificación ecológica para dar una salida progresista a la crisis de la covid-19.
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Cédric Durand (1975) es uno de los principales representantes de la actual escuela marxista de economistas en Francia. Este profesor de la Universidad París XIII ha concentrado su trabajo en la huida hacia adelante del neoliberalismo a través de la financiarización, con obras como Le capital fictif (El capital ficticio, publicado en castellano por Ned Ediciones) o contribuciones en los libros En finir avec l’Europe o Penser la monnaie et la finance avec Marx.
Hace dos años impulsó un seminario sobre la planificación ecológica cuando era una idea marginal en el debate público. Ahora con el Gran Apagón no solo la izquierda francesa reivindica este concepto para impulsar la reconstrucción, sino que incluso el presidente Emmanuel Macron se ha referido a él. Asociada a la URSS, pero también a la Francia gaullista y el New Deal de Roosevelt, la planificación se abre paso como una palanca dar una salida progresista a la crisis de la covid-19, que ha reflejado la impotencia del sector privado ante los acontecimientos extremos.
“Los mercados se han mostrado ahora incapaces de hacerse cargo de una serie de cuestiones fundamentales. Esto deslegitima la ideología neoliberal”, asegura Durand a El Salto. En una entrevista por Skype de casi una hora, analizó el presente y futuro del neoliberalismo y detalló su propuesta de una planificación ecológica, inspirada en los postulados de la Teoría Monetaria Moderna (MMT, por sus siglas en inglés) y el proyecto de “Green New Deal” de Alexandria Ocasio-Cortez y Bernie Sanders.
El futuro no está escrito y difícilmente sabemos lo que sucederá. Pero creo que estamos viviendo la segunda muerte del neoliberalismo, y esta vez será la definitiva. Aunque esta crisis no haya sido provocada por el sector financiero, nos ha enseñado que cuando las cosas se ponen difíciles no se puede contar con los mercados y hace falta que el Estado intervenga. En 2008 constatamos el mal funcionamiento de los mercados, pero ahora estos se han mostrado incapaces de hacerse cargo de una serie de cuestiones fundamentales. Esto deslegitima la ideología neoliberal.
El primero de ellos ha sido la ausencia de anticipación. El neoliberalismo siempre había presumido de la eficiencia de los mercados. Pero en realidad esta solo se produce a corto plazo y en cambio los mercados tienen una gran dificultad para preparar el largo plazo y adaptarse a los acontecimientos extremos. Cuando las cosas se complican realmente, los mercados son ineficientes dado su funcionamiento descentralizado. En un momento de crisis extrema, hace falta concentrarse en unos objetivos concretos y esto requiere una centralización que el mercado no sabe organizar. Esto se ha evidenciado con la crisis actual con los problemas de escasez de mascarillas, test de la covid-19 u otros medicamentos.
Los Estados han intervenido de forma masiva y hemos alcanzado unos niveles de sociabilización inéditos en las economías modernas. En Francia, la mitad del sector privado ha sido financiado por el Estado y las pérdidas de las empresas privadas subsanadas por las arcas públicas. Esto no durará eternamente, pero hemos descubierto la capacidad de reacción de los poderes públicos. Lo que contradice la idea de que “no hay dinero mágico”. Es decir, el mantra de que se debía respetar la austeridad presupuestaria para conservar la confianza de los mercados, ya que el dinero no cae del cielo. Ahora hemos visto una gran capacidad de intervención estatal. Su verdadero límite no ha sido monetario o financiero, sino de los recursos materiales. Lo que ha escaseado durante esta crisis no han sido los euros, sino las mascarillas y los test. En realidad, el lenguaje monetario ejerce de intermediario entre los verdaderos recursos y las necesidades a satisfacer.
Aunque la burguesía lo desee, creo que no es posible un retorno a la austeridad en los próximos meses. Incluso la patronal alemana, francesa e italiana pidieron una mutualización de los recursos para financiar un plan de reconstrucción. Quizás más adelante regresarán las medidas draconianas, pero a corto plazo predominará la necesidad de reactivar la economía a través de políticas keynesianas. No creo que volvamos al mundo precedente basado en la austeridad, la estabilidad financiera y la liberalización en todos los ámbitos. Me parece, en cambio, que nos dirigimos hacia una fase de capitalismo regulado, con un mayor peso de la economía nacional y una rivalidades geopolíticas acentuadas. Pero esta nueva fase del capitalismo no significa obligatoriamente una buena noticia para la izquierda.
No digo que no sea posible, pero que no es obligatorio que comporte un avance de las ideas progresistas. La izquierda debe entender que se puede producir una forma distinta de la del capitalismo neoliberal, pero que también resulte muy insatisfactoria. No es descabellado imaginar que se implante un modelo más nacionalista, en que se combine una mayor intervención estatal con una precarización del mercado laboral. La actual coalición entre conservadores y verdes en Austria puede servir como laboratorio de un capitalismo verde que apueste por reforzar el rol del Estado, una forma de proteccionismo ecológico y al mismo tiempo unas políticas muy duras contra los extranjeros. Lo más probable es que se termine la etapa neoliberal. ¿Pero quién acabará con el neoliberalismo? ¿Qué modelo se impondrá? Todo esto dependerá de la batalla política.
La planificación se caracteriza por tres elementos. El primero consiste en hacer un cálculo económico no solo en función del precio, sino de las prioridades de la sociedad. El segundo es que permita afrontar el largo plazo y favorezca la anticipación y la preparación, a diferencia de los intercambios mercantiles inmediatos. Y el tercero es que no depende de las decisiones de agentes descentralizados ni de las preferencias individuales, sino de un proceso deliberativo que determine las preferencias colectivas. En definitiva, la planificación ecológica consiste en decidir de forma democrática un modelo de desarrollo sostenible y determinar las etapas con las que se llevará a cabo.
Primero, hace falta establecer dos tipos de límites. Por un lado, unos objetivos de mínimos de poder adquisitivo y derechos sociales que se deben garantizar a todo el mundo. Por el otro, unos límites de máximos que garanticen la sostenibilidad ecológica. Para decidir cómo se reparten los esfuerzos para llevar a cabo la transición energética, se deberían impulsar nuevas herramientas democráticas; por ejemplo, una asamblea formada por científicos y ciudadanos. Otro mecanismo sería utilizar las políticas monetarias y utilizar la selección del crédito en beneficio de unos determinados intereses. Y una última herramienta consistiría en impulsar nuevos modelos de consumo desarrollados a través de mecanismos de decisión colectiva, en lugar de favorecer que estos se vean determinados por la publicidad y las estrategias de márquetin de las empresas.
Sí, exacto. Hace falta que los Bancos Centrales dejen de estar al servicio de la hegemonía financiera y lo hagan a favor de un proyecto de desarrollo. La independencia de los bancos centrales ha servido para consolidar el poder del sector financiero. Ahora descubrimos que la moneda también se puede gestionar con criterios políticos. Esto se hace a través de la gestión del crédito y que esta sirva para determinar la dirección que se le quiere dar a la economía. El hecho de que se gestione la moneda con criterios políticos no significa que se dispare la inflación. Así lo muestran estudios recientes sobre las décadas de los cincuenta y sesenta que muestran cómo una gestión política del crédito fue compatible con una inflación baja.
La lógica de las inversiones privadas es muy cortoplacista ya que se deben a aportar resultados casi inmediatos a los inversores si uno no quiere que baje el valor de sus acciones y se quede sin recursos. Esto hace que las empresas se concentren en los resultados finales de cada año en lugar de prepararse a largo plazo. Por eso, en la teoría financiera se habla de la tragedia de horizontes. Ahora hemos visto cómo los mercados no supieron anticipar la caída del precio del petróleo, que no se debió únicamente a la covid-19. Esta crisis del petróleo ejemplifica cómo los mercados no están bien capacitados para reflexionar sobre las cuestiones a largo plazo.
La planificación soviética tuvo dos grandes problemas. Por un lado, la URSS era una dictadura con un aparato estatal centralizado y cuyos intereses se centraban en cuestiones militares. Lo que hacía que se produjera una “dictadura sobre las necesidades”, según la expresión de la socióloga húngara Agnes Heller. Este modelo no tiene nada que ver con la mayor expresión democrática en que se basa la planificación ecológica. Por el otro, el modelo soviético también era ineficiente por su dificultad para disponer datos fiables y esto hacía que los planes estatales se vieran alterados cuando se producía cualquier imprevisto. Pero ahora Amazon dispone de una capacidad de cálculo un millón de veces superior a la del Gosplan [comité para la planificación económica en la Unión Soviética]. Las nuevas tecnologías de la información ofrecen métodos de cálculo muy eficaces, lo que contradice la idea de que la planificación resulta menos eficiente que la economía de mercado.
Sí, es un concepto que evoca distinta experiencias del pasado. Un diputado de la derecha francesa sorprendentemente dijo hace unas semanas que sería interesante apostar por la planificación y recuperar el Estado estratega. Estoy sorprendido por la manera en que este concepto está ganando peso en el debate público en Francia. Hace dos años impulsé un seminario universitario sobre la planificación cuando era una idea completamente marginal. Y ahora incluso el presidente Emmanuel Macron se refirió a ella en uno de sus discursos durante el confinamiento. Pero la planificación, para que sea interesante, debe reunir una dimensión ecológica y socialista. Un sinónimo de la planificación sería la civilización de la plena consciencia. Que la humanidad sea consciente de sus límites sociales y ecológicos y que tome las decisiones necesarias para adaptarse a ello. Para ello, se deben reforzar los mecanismos democráticos y que la gente aprenda a hacer política de forma distinta a votar una vez cada cuatro o cinco años.
Hace falta un sistema de representación distinto al de la representación electoral tradicional. Como comenté antes, por ejemplo, impulsar una cámara formada tanto por ciudadanos como científicos. Una parte de sus miembros podrían ser elegidos por sorteo y otra a través de elecciones. Lo fundamental es desarrollar asambleas que sean realmente deliberativas y que sea un proceso realmente abierto, en el que todo el mundo pueda participar. Actualmente, disponemos de una democracia política muy débil, en que muchas de las decisiones económicas se toman en estructuras que no son democráticas, como las empresas.
Prefiero el empleo garantizado en lugar de la renta básica porque, si toda una parte de la población no trabaja durante un largo periodo aunque quiera hacerlo, difícilmente podrá encontrar un trabajo a pesar de que le den una renta. Las políticas de empleo garantizado no solo quieren garantizar unos ingresos a toda la población, sino también el estatus social que otorga el trabajo y el reconocimiento de la contribución de los individuos en la sociedad. Seguramente, algunas personas podrán vivir muy bien con una renta básica y sin trabajar. Pero me temo que se produciría una fuerte división en la sociedad entre una parte importante que subsistiría con una renta que tampoco ofrecería unos ingresos demasiado elevados y otros que se ganarían la vida con su trabajo o contribución en la economía. Al contrario de aquellas teorías que nos hablaban del final del trabajo, la crisis del coronavirus nos ha mostrado que hay una serie de tareas fundamentales y vitales para la sociedad. Por eso, necesitamos la contribución de todo el mundo.
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La hegemonía financiera murió por primera vez en la crisis de 2008. Desencadenada por el sobreendeudamiento de los prestatarios pobres estadounidenses, el cataclismo demostró que las promesas hechas en la increíble complejidad de los productos financieros no eran más que fantasías insostenibles, totalmente desconectadas de la capacidad real de nuestras economías para producir riqueza. Como si, dicho con las palabras de Karl Marx, el dinero pudiera «producir intereses del mismo modo que está en la naturaleza del peral producir peras».
La reacción en cadena que siguió a la quiebra de Lehman Brothers puso fin al mito de la autorregulación de los mercados financieros. Incapaz de sostenerse a sí mismo, el sector financiero tuvo que abandonar su pretensión de ser la instancia totalizadora de la vida económica, el lugar donde las preferencias y los recursos presentes y futuros se ajustarían armoniosamente. Sin embargo, el sector financiero ha seguido ocupando hasta el día de hoy la cima de la jerarquía de nuestra organización social. En los estertores de la gran recesión, en medio de las turbulencias de la crisis de la Eurozona o durante la pandemia de la covid-19, los poderes públicos no han dejado de dar prioridad a la estabilidad financiera. Sólo un ejemplo: en 2020 y 2021, para evitar que los efectos de los confinamientos sobre la actividad económica provocasen otro colapso, el Banco Central Europeo (BCE) prácticamente duplicó su balance de situación, proporcionando liquidez y recomprando títulos por un importe total de 4 billones de euros, es decir, alrededor de un tercio del PIB de la Eurozona, cifra equivalente a 12.000 euros por habitante de la misma.
La segunda muerte de la hegemonía financiera ha llegado de la mano de los ricos inversores tecnológicos californianos. En 2008 los bancos se salvaron, pero los prestatarios en situación de quiebra fueron desahuciados y tuvieron que abandonar sus casas. En 2023, lasstart-upsy los inversores de capital riesgo han suplicado, y recibido, todo el apoyo de Washington para recuperar sus fondos depositados en el Silicon Valley Bank. ¡Qué ironía para un sector impregnado de una ideología libertaria neoliberal fundamentalmente hostil a la intervención gubernamental!
Por supuesto, ante el espectro del pánico, los bancos vuelven a beneficiarse de la generosidad del Estado soberano. Se han abierto de par en par la totalidad de las compuertas de acceso a la liquidez. Y, como sucede en cada una de las crisis, se aumenta la dosis de apoyo. Así, el 12 de marzo, la Fed inauguró el Bank Term Funding Program, un mecanismo mediante el cual esta acepta de los prestatarios títulos valorados por su valor nominal, es decir, valorados al precio por que fueron adquiridos y no por su valor actual de mercado, como garantía de los préstamos que les concede. Los balances de situación de las instituciones financieras son así por arte de magia inmunes a las pérdidas. Mejor aún, cuando Credit Suisse fue rescatado por su compatriota la Union de Banques Suisses (UBS), el Banco Nacional Suizo, eso es el banco central de Suiza, abrió una línea de crédito de 100 millardos de euros, esta vez sin necesidad de prestar garantía alguna. El «Estado sustractor de riesgos» como lo llama la economista británica Daniela Gabor, funciona a toda máquina para evitar una debacle similar a la de 2008.
Un megacrac es, por lo tanto, improbable. Por supuesto, nadie puede descartar la posibilidad de que alguien cometa un error grave. Recordemos que las subidas de tipos decididas en 2011 por el BCE, dirigido entonces porJean-Claude Trichet,contribuyeron a precipitar los ataques especulativos contra la deuda griega. Este error evidente, seguido de una acumulación de ceguera e incompetencia por parte de los dirigentes europeos realmente apabullante, sumió al continente en una crisis social y económica perfectamente evitable. El 16 de marzo la decisión del Consejo de Gobierno del BCE de subir los tipos de interés el 0,5 por 100, esta vez bajo la dirección de Christine Lagarde, trajo, pues, malos recuerdos. Pero la insistencia en proseguir con la política de endurecimiento monetario a pesar de este desafortunado precedente es, sobre todo, indicativa de un contexto macroeconómico radicalmente nuevo.
Claudio Borio, jefe del Departamento Monetario y Económico del BIS, escribió en 2019: «Dado que los procesos subyacentes a la estabilidad de precios y a la estabilidad financiera son diferentes, no es sorprendente que pueda haber tensiones significativas entre estos dos objetivos». Con la inflación en torno al 8 por 100, estas «tensiones» se han convertido en un gran dilema para los bancos centrales, que pone en juego la hegemonía del propio sector financiero.
O bien los bancos centrales dan prioridad a la lucha contra la inflación, a riesgo de precipitar el colapso del sistema financiero, o bien, para hacer frente a las turbulencias bancarias y financieras, se ven obligados a ampliar el acceso a la liquidez por diversas vías, en cuyo caso optan por tomar la dirección opuesta a la política restrictiva, que supuestamente debía demostrar su determinación de frenar la subida de los precios. Esta dinámica amenaza con erosionar gradualmente el valor de la deuda y de los activos financieros. El esplendor del sector financiero ha quedado atrás. Condenado a la contracción, no le queda más remedio que elegir entre la apoplejía –el crac– y la lenta decadencia bajo los efectos del alza de los precios. Como escribió en la década de 1970 la economista Suzanne de Brunhoff (1929-2015), «la inflación, formalmente, tiene las características de una crisis y pero no la sustituye». El periodo que se avecina podría ser, pues, el de una larga crisis financiera a cámara lenta.
Esta coyuntura marca también el fin del hiperpoder de los bancos centrales. Ya se trate de la lucha contra la inflación o de las condiciones de financiación de la economía, estas instituciones se han quedado obsoletas. El control de los precios, la vigilancia de los márgenes de las empresas, las negociaciones salariales plurianuales, las políticas de crédito, los bancos de inversión, los servicios públicos y el desarrollo de la protección social son instrumentos que permiten coordinar mejor la actividad económica a lo largo del tiempo que los actuales bancos centrales, siempre con la condición de que se utilice una regulación estricta para reducir el tamaño insostenible de la esfera financiera. Nuestra época tiene mejores cosas que hacer que preocuparse por los vaivenes de los mercados. Es hora de decir adiós para siempre a la financiarización. Sólo se muere dos veces.
Javier Calderón Castillo es magíster en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmete cursa el Doctorado en Ciencias Sociales de la UBA. Es miembro del Grupo de Pensamiento Crítico Colombiano del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe, IEALC-UBA.
Taroa Zúñiga es licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela (UCV). Actualmente cursa la Maestría en Estudios del discurso de la misma universidad. Es Investigadora del Colectivo / Cooperativa Ejército Comunicacional de Liberación (Venezuela). Militante feminista, fundadora del colectivo Faldas en revolución (ahora RIAS, Red de Información por el Aborto Seguro), y forma parte de la Escuela de Feminismo Popular, Identidades y Sexualidades Revolucionarias.
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E
l protagonismo político de las iglesias neopentecostales (carismáticas) en los procesos electorales latinoamericanos, obliga ampliar el conocimiento que existe sobre éstas para explicar las razones de su inusitada fuerza electoral. En ese propósito, se formulan tres ejes de análisis: “la ideología de la prosperidad” como rasgo distintivo neopentecostal en el vasto espectro de las iglesias evangélicas; el uso profesional del marketing (de la fe y la política) centrado en la idea de consumo religioso cercano al consumo show -al estilo Factor X-; y la utilización de la “idea del mal” como una lucha terrenal en contra de demonios: feminismos, derechos sexuales y reproductivos, entre muchos otros temas de discusión no religiosa -como la lucha contra el demonio político del “castrochavismo”- que avivaron la disputa por derechos civiles, contrarios a los preceptos neopentecostales.
Frecuentemente, las diversas ramas derivadas de la religión Yoruba son unificadas bajo el término “santería”. De la misma forma, se suele unificar bajo el término “evangélicos” a diversas ramas derivadas del protestantismo. Aunque el debate sobre la exactitud de los términos a utilizar cuando nos referimos a las ramas de corrientes religiosas populares o masivas del mundo podría, en primera instancia, considerarse una suerte de quisquilleo metodológico, la importancia de diferenciar tendencias tiene dos bases fundamentales: por un lado, conocer las diferencias de cultos, que parte por reconocer variaciones que constituyen y delimitan la construcción de la identidad religiosa y, por otro lado, desde una perspectiva que abona a nuestro análisis, entender las razones del “éxito político de estos cultos”, esto es, interpretar como operan en la estructuración del control social del poder en las dimensiones micro cotidianas y las del Estado, que responderá a intereses determinados e influirá de forma particular en el cuerpo social que agrupa bajo su credo.
En vista de la remontada que ha tenido el discurso neopentecostal en las campañas electorales de América Latina y la capacidad de movilizar a grupos sociales cada vez más amplios, consideramos pertinente presentar un breve desglose del cuerpo religioso que solemos bautizar como “evangélicos” o “evangelistas”. Vale la pena acotar que quienes integran este cuerpo religioso suelen autoidetificarse bajo esas nomenclaturas generalizantes, aun perteneciendo a iglesias que predican credos diferentes. Este no es un detalle menor. La fe no analiza estructuras, se entrega a las creencias que las sostienen. Pero estas estructuras obviadas por la fe, son las que edifican y sostienen sistemas económicos y sociales, por lo que es necesario categorizarlas analíticamente.
Bajo el paraguas de la denominación genérica “evangélico” coexisten varias corrientes, entre ellas las clásicas iglesias luteranas y calvinistas que datan de la época de la Reforma Protestante, ligadas al clima de época que impulsó el capitalismo desde el siglo XVI, que se extendieron por Europa y Estados Unidos. También existen iglesias surgidas a finales del siglo XIX en los Estados Unidos, llamadas pentecostales, cuyas bases doctrinarias se pueden encontrar en la Iglesia de la Ciencia de Cristo y la Iglesia Mormona (Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días), ambas surgidas en los Estados Unidos en el siglo XIX, y extendidas en Latinoamérica a partir de la segunda mitad del siglo pasado. Éstas, al igual que las clásicas iglesias luteranas, tienen como principio la lectura de los evangelios (por ello el mote de evangélicos) pero, a diferencia de las luteranas (que creen en las enseñanzas de Jesús escritas en la biblia), los neopentecostales centran su hito fundacional en la “aparición y revelación del Espíritu Santo” a sus fundadores: Mary Baker Eddy (Ciencia de Cristo) y Joseph Smith (Mormones), quienes desde ese momento quedaron ungidos para profesar en su nombre y redactaron sendas interpretaciones (adaptaciones) de la biblia, al contexto de un capitalismo ya desarrollado y a éste lado del Atlántico.
Las iglesias pentecostales tuvieron su auge a principios del siglo XX, como la Iglesia Ciencia de Cristo, que llegó a ser de las cuarenta empresas más importantes de los Estados Unidos, con una riqueza billonaria -aunque tras la muerte de su “profetiza” empezaron su decadencia-[1]http://operamundi.uol.com.br/dialogosdelsur/los-neopentecostales-origen-ascension-y-tendencia-totalizante/06092014/. Luego se empezaron a sentar las bases de las iglesias neopentecostales, tal y como las conocemos hoy. En los años 60 surgieron iglesias carismáticas donde se cantaba y se hacían rituales de sanación, que al parecer no fueron muy atractivos para la población. Ese estancamiento empezó a ser superado en los años 80 (en un proceso ligado al auge del neoliberalismo), por una ola de renovadores de esa doctrina, quienes escribieron unas nuevas orientaciones del método para atraer feligreses, entre ellos un libro llamado “Fundamentos de la Teoría Pentecostal” escrito por Guy P. Duffield y Nathaniel M. Van Cleave (que es un manual que guía paso a paso cómo debe pensar y actuar cualquier persona que quiera iniciar su emprendimiento casrismático)[2]http://www.ieca.com.ec/libros/fundamentos-de-teologia-pentecostal.pdf. Con ese libro como guía (que algunos consideran el primero de muchos textos de autoayuda) se dan a la tarea de fundar nuevas iglesias o de revalorizar las ya existentes, como la Iglesia Mormona (que también reedita el Libro de Joseph Smith: el Mormon, una versión de la biblia adaptada a las costumbres y mitos del continente americano). Esas nuevas o renovadas iglesias son las conocidas como neopentecostales, que están basadas en el mismo hito fundacional del pentecostal: la unción de sus pastores por el espíritu santo, y dotadas de una orientación medieval de lucha contra el “demonio”; estridentes, con una estética show, un discurso de la prosperidad, el emprendedurismo (neoliberal), y una manera de atracción con un profesional marketing.
Estos “desarrollos” han venido marcados por la incorporación progresiva de beneficios para los miembros del culto -especialmente para los pastores- hasta el punto de sostener la teología de la prosperidad, que afirma la existencia de una relación entre la comunión con dios y los beneficios materiales obtenidos en la labor religiosa, que justifica la prosperidad material de los pastores que, en ese relato, son “elegidos por el Espíritu Santo”. Todo ello en una práctica característica de lo neopentecostal: la independencia o individualización de las iglesias, ya que ninguna responde a una suerte de ente centralizador, nadie limita la apertura de centros religiosos o espacios en los que se difunde el credo y de definición de estrategias de crecimiento. Este último punto es fundamental para entender el proceso de penetración que el neopentecostalismo ha tenido en la región.
Todas las iglesias neopentecostales, como la Misión Carismática Internacional, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, El Avivamiento, Alcance Victoria, Ríos de Vida, y sus más de 19 mil versiones en todo el continente, profesan esa fe del emprendedurismo en forma de actividades emocionales o de autoayuda, con la idea de que es posible prosperar si la gente se lo propone, pues rezan que la pobreza es producto de la desidia individual, de la pereza o de cualquier otro defecto de carácter individual. Esto es muy congruente con la cultura del neoliberalismo, aquélla que se basa en un “pensamiento global que tiene que ver con la fe en que una sociedad puede fundarse en la desigualdad. Hay un odio a la igualdad, un desprecio, como si la igualdad fuese algo infame”[3]http://www.theclinic.cl/2016/12/04/jacques-ranciere-la-extrema-derecha-esta-volviendo-a-ser-exitosa-en-su-evocacion-de-simbolos-identitarios-muy-primitivos/, utilizando las palabras del filósofo francés Jacques Rancière para definir las características de las fuerzas conservadoras que están hoy operando en la globalización[4]http://www.theclinic.cl/2016/12/04/jacques-ranciere-la-extrema-derecha-esta-volviendo-a-ser-exitosa-en-su-evocacion-de-simbolos-identitarios-muy-primitivos/.
Esa idea de la prosperidad utilizada para capturar fieles se transmite con facilidad al discurso hegemónico del poder en Latinoamérica que, sin ser neopentecostal (aún), está de acuerdo con el principio de esas iglesias, convirtiéndolas en aliadas de la estructuración de una cultura individual que no pretende exigir al Estado la distribución de la riqueza, la justicia social o la democratización. Esa dialéctica de la conveniencia, que otrora ocupaba la iglesia católica, puede estar siendo corta para los intereses y aspiraciones de estas iglesias, que tienen un pensamiento integrista: en la medida que tienen algo de poder, ven con mayor posibilidad construir en Latinoamérica Estados confesionales, es decir destituyentes de los avances democráticos conseguidos en las últimas décadas.
La ideología de la prosperidad es entonces una marca que distingue a los neopentecostales y que a su vez los ubica como aliados del neoliberalismo. Sus feligreses son los más pobres de las sociedades latinoamericanas, los trabajadores precarizados, los más golpeados por la economía, a quienes el relato de una vida prospera les convence, aunque sólo lo logren los que llegan a ser pastores, o a fundar sus propios emprendimientos religiosos.
El auge del neopentecostalismo en la década de los ´70 se da, nada más y nada menos, que en EE.UU. Como mencionábamos anteriormente, una de las características de este movimiento es la incorporación de nuevas estrategias de crecimiento. Hasta ese momento, los pentecostales se concentraban en las iglesias o sedes en las que se realizaba el culto y a esos espacios a los que se aproximaban los futuros creyentes. Los carismáticos incorporan una suerte de células familiares[5]Martínez, Ramiro. El neopentecostalismo como objeto de investigación y categoría analítica.que ya empiezan a incorporar ámbitos laborales y otros espacios de sociabilización de los creyentes para la cooptación de nuevos miembros. Los neopentecostales van más allá. Congresos, marchas, programas radiales y hasta televisivos, para alcanzar el punto actual del neopentecostalismo 2.0: canales youtube, redes sociales y livestream. Ahora bien, luego de este paso a paso ¿A través de qué trochas pasaron las iglesias evangélicas para recorrer América Latina?
Pasaron por las trochas abandonadas por el propio modelo neoliberal y por las expectativas de una vida mejor. En las épocas de crisis económicas y en las crisis de representación política (como muchos catalogan el problema que viven hoy los partidos políticos tradicionales) la desesperanza es el humor social por excelencia. En un estudio de Alejandro Fierro y Oscar Navarro[6]https://www.elespectador.com/elecciones-2018/noticias/politica/el-desinteres-por-las-elecciones-en-colombia-es-dominante-celag-articulo-746966, sobre las elecciones en Colombia, relatan cómo, en los focus group realizados como metodología, la mayoría de los entrevistados describía la situación personal respecto del país como de desesperanza. En ese mismo tono se expresaron este año los salvadoreños en las elecciones parlamentarias (4 de marzo), los chilenos en noviembre del 2017 en las elecciones presidenciales, y, en general, en toda la región. El humor social producto de la situación nacional de los países latinoamericanos es de desesperanza.
Esas trochas pasaron a través de sus canales de televisión -que se emiten en 158 países del mundo[7]https://www.vice.com/es/article/9b75w7/el-canal-de-television-cristiano-mas-grande-del-mundo-tiene-mucho-que-esconder-, de las redes de emisoras radiales nacionales y transnacionales, a través de la industria editorial con libros de autoayuda neopentecostales- como: “Jesús Nunca Fue Pobre” o “Dios Quiere Que seas Rico”-, charlas de motivación, iglesias en cada barrio y una puesta en escena en todos esos escenarios dignos de comparar a los shows como Voice o Factor X. Luces, cantantes de música juvenil, colores y decoraciones con un despliegue que atrae a multitudes. Un marketing profesional que se relaciona con los gustos, las creencias y las expectativas de los sujetos abandonados por el Estado neoliberal y por las poco creíbles promesas de los partidos políticos. Una estrategia que les resultó favorable para dar el salto a la vida política, pues el camino de análisis de segmentos poblacionales ya los tenían hechos, con nichos de seguidores y un despliegue de conexión con el sentido común basado en la desigualdad y los valores medievales de la fe, atornillados con un despliegue de consumo cultural de entretenimiento religioso.
Como se ha ido explicando en el texto, las iglesias neopentecostales, que reúnen variadas características (algunas ya explicadas en artículos anteriores)[8]https://www.celag.org/iglesias-evangelicas-poder-conservador-latinoamerica/, han personificado la idea del mal (tan conveniente y utilizada por todas las religiones) en forma de enfermedades que padecen las personas: en el desempleo, el alcohol, las drogas y, por supuesto, en sus enemigos políticos.
Enemigos políticos serían todos aquellos que reclaman por los derechos civiles plenos: en las enseñanzas dadas por el “Espíritu Santo” a sus pastores, el feminismo, y la salud sexual y reproductiva, son pecados demoníacos. Entran en el grupo indeseable, también, todos los que quieren hacer Estados fuertes en la economía y distribuir de la riqueza, ampliar la educación, generar bienestar y cambiar el paradigma de la desigualdad individual neoliberal.
La personificación del “demonio”, en ese caso ,sería para ellos los gobiernos progresistas, cualquier tendencia de izquierda. En el ambiente político actual, se han subido al macartismo de lucha contra el “castrochavismo”, neologismo de connotación negativa que pretende describir lo que ocurre en los países gobernados por partidos y liderazgos no neoliberales. A ese “demonio” no lo pueden tolerar, pues disputa con ellos las bases populares que les hacen fuertes, y les puede quitar parte del argumentario de la ideología de la prosperidad, además de ser fuente de maldad por la perspectiva de derechos que les ha caracterizado.
Es una característica muy útil para hacer política, pues ponen en el mismo rasero problemas de la sociedad, como el alcoholismo, con discusiones de orden político, como la orientación del Estado. En las actividades de culto que realizan, mezclan muy bien ambas dimensiones (bien distintas), a través de la personificación de ascenso social logrado por los pastores. Ellos y ellas hablan de sí mismos como fuente de prosperidad, sin que haya mediado el Estado o con el “esfuerzo de erradicar los demonios de sus vidas”[9]https://www.noticiasmormonas.org.pe/articulo/iglesia-participa-en-el-foro-interreligioso-de-las-américas, como recientemente afirmaron en la Cumbre Interreligiosa que le entregó el mandato al secretario de la OEA, Almagro, para salvar de la corrupción a Latinoamérica[10]https://www.noticiasmormonas.org.pe/articulo/iglesia-participa-en-el-foro-interreligioso-de-las-américas.
Con esa performance religioso-política las iglesias neopentecostales vienen conquistando espacios de poder en Latinoamérica. Los primeros grandes logros de los neopentecostales fueron el triunfo en Guatemala del presidente-pastor-actor, Jimmy Morales[11]http://www.lr21.com.uy/mundo/1272364-jimmy-morales-presidente-guatemala-actor-comediante-pastor-evangelico, la vicepresidenta de Nicaragua Rosario Murillo y el paso a segunda vuelta en Costa Rica del pastor Fabricio Alvarado. Fueron fundamentales en la derrota del Acuerdo de Paz en Colombia, en el 2016, en el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff en Brasil, y hoy están jugando con toda su fuerza en las campañas electorales que se avecinan: Venezuela (20 de mayo) y Colombia (27 de mayo).
Los pastores y las pastoras, con permiso para enriquecerse (no olvidemos la teología de la prosperidad) comienzan a proyectarse como un modelo a seguir o a alcanzar, como un suerte de empresarios exitosos que cuentan con el “vale” de la integridad espiritual. Contando con recursos “propios”, años de entrenamiento en la prédica, redes internacionales y grupos de seguidores, todo parece listo para dar el salto hacia la vida política. Los neopentecostales venían de no posicionar candidatos propios en las elecciones de comienzos de este siglo, pero ello viene cambiando. Cuando las condiciones se los permiten, deciden presentarse como una garantía que se apoya en lo espiritual, como el caso de Morales en Guatemala, de Fabricio Alvarado (Costa Rica), de Viviane Morales en Colombia (que aunque renunció a la candidatura se plegó al uribismo), o Javier Bertucci en Venezuela.
Estas fuerzas políticas religiosas neopentecostales, están tratando de imponer un regreso a las discusiones decimonónicas sobre la separación de la religión y el Estado, influenciando la agenda política, y permeando facciones de derechas que añoran el caudal electoral de esas iglesias. Desde nuestra perspectiva, esas formaciones políticas religiosas no pueden denominarse “nuevas derechas” (si es que estas existen en Latinoamérica), sino factores de poder retrógrados, que están colgados de una ola conservadora en la región favorable a sus propósitos y refractarios a cualquier desarrollo de cambio cultural en Latinoamérica.
Son un actor en la política que está jugando con todas las fuerzas y que merece seguir siendo estudiado, entre otros, por todos aquellos que se ubican en la idea del cambio, pues la disputa de los votos en muchos países pasa por la disputa con subjetividades relacionadas con la fe de esas iglesias. Una disputa parecida a la vivida en los años ’70, cuando al poder conservador de la iglesia católica se le opuso la teología de la liberación -que en algunos países abrió compuertas de transformación-. Todo ello, porque de la fe a la política parece que sólo hay un paso.
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Si hablamos de huelga general es porque creemos que la huelga general es el modelo más probable de revolución socialista en los países imperialistas. Evidentemente, no es el único modelo posible y, de partida, presupone la confirmación de una serie de hipótesis; a saber: la ausencia de una guerra mundial en los próximos años, la ausencia de una victoria del fascismo o de una dictadura militar-semifascista en los países imperialistas y el mantenimiento de aproximadamente las mismas relaciones de fuerzas que se establecen actualmente entre las y los y el capital en estos países. Estas relaciones de fuerzas son abrumadoramente favorables a la clase obrera como nunca lo han sido en el pasado, es decir, entre el 80 y el 85%, y en algunos países el 90%, de la población es asalariada.
Evidentemente, estos supuestos de partida no están garantizados de una vez por todas. Los camaradas saben lo que nuestro movimiento dijo y aprobó en el X Congreso Mundial (de la IV internacional), pero mientras nos mantengamos dentro de un plazo razonable, los próximos años para los que nos estamos preparando, creemos que, probablemente,estos supuestos de partida se mantendrán.
En la adopción de estas hipótesis de partida no hay una especulación sino un razonamiento, una lógica interna: estamos convencidos de que un cambio cualitativo en los tres ámbitos que he indicado anteriormente sólo es posible si previamente se ha producido una derrota muy fuerte de la clase obrera.
Por tanto, nuestro razonamiento es que esta derrota presupone que el actual ascenso hacia la huelga general termine negativamente. Así pues, está perfectamente justificado analizarcuáles son las posibilidades de que este ascenso obrero, que conduce a una huelga general termine en victoria; es decir, de evitar la derrota. También está perfectamente justificado analizar las modificaciones de las condiciones que permiten transformar una huelga general en victoria de revoluciones socialistas.
No es la primera vez en la historia del movimiento obrero que la problemática de la huelga general se sitúa en el centro del debate sobre el modelo de la revolución socialista. El primer debate sobre este tema tuvo lugar a finales del siglo XIX y fue introducido por las tendencias anarquistas, especialmente anarcosindicalistas (sindicalistas-revolucionarias), en oposición firme a la táctica socialdemócrata adoptada entonces por la mayoría de los marxistas, que era la lucha electoral y parlamentaria.
En aquel momento, los marxistas hicieron una crítica de las tesis anarcosindicalistas que, en gran parte, mantiene son correctas y que no estamos dispuestos a abandonar. La parte esencial lo correcto de la crítica marxista a esta tesis de la huelga general sindicalista-revolucionaria es que subestima el problema del poder político y cree que basta con que la clase obrera deje de trabajar en el plano económico y asuma la dirección de las empresas bajo su propia dirección en la actividad económica para que la sociedad burguesa se derrumbe. Hay una subestimación grave, incluso catastrófica, del problema del Estado, del problema del gobierno, del problema del armamento y de la necesaria transformación de la huelga general en insurrección. Toda esta parte de la crítica marxista a la vieja tesis de la huelga general sigue siendo evidentemente correcta: una huelga general no basta para derrocar el sistema capitalista.
Pero una huelga general puede ser el comienzo de la revolución socialista. En lo que respecta a esta parte de la tesis sindicalista-revolucionaria, la historia del siglo XX en los países imperialistas ha dado un veredicto que es absolutamente concluyente: la huelga general en un país industrializado puede ser, y probablemente será, el comienzo de una revolución socialista. Y lo que los marxistas, sobre todo los futuros reformistas, decían al respecto a finales del siglo XIX, y que se resumía en la famosa fórmula de los sindicatos socialdemócratas alemanes: «La huelga general es una idiotez general», es decir, que la tesis de que la huelga general es imposible en un régimen capitalista, se ha revelado totalmente falsa. Toda esta parte del razonamiento clásico de los socialdemócratas ha demostrado ser absolutamente incorrecta en el curso de la historia del movimiento obrero del siglo XX.
¿Cuál era el razonamiento, si es que había algún razonamiento y no sólo la mala fe de gente ya integrada en el régimen capitalista? ¿Cuál era el razonamiento de este argumento socialdemócrata?
Era una visión absolutamente mecanicista de la supuesta simultaneidad de toda una serie de procesos: decían que para que una huelga general tuviera éxito, todos los trabajadores tenían que estar organizados, tenían que ser socialistas, y que,si todos los trabajadores eran socialistas y estaban organizados, no necesitaban una huelga general, porque tendrán la mayoría en el parlamento y el poder en el Estado. Tal era el razonamiento. Evidentemente, esta supuesta simultaneidad en los tres procesos de capacidad de lucha, organización y conciencia es totalmente falsa: una clase obrera todavía minoritariamente organizada y minoritariamente socialista se ha mostrado históricamente capaz de hacer una huelga general. No hay ninguna coincidencia necesaria entre estos tres fenómenos.
El error metodológico que subyace a esta concepción mecanicista es la subestimación extremadamente decisiva de la acción como fuente de conciencia. Es la idea de que primero hay que convencer individualmentea los trabajadores y trabajadoras sobre la base de la propaganda para que sean capaces de alcanzar un determinado nivel de conciencia, mientras que la experiencia ha demostrado que es precisamente a través de las grandes huelgas políticas de masas, de las huelgas generales, como toda una fracción de la clase obrera, que no puede acceder a la conciencia de clase por la vía individual de la educación y la propaganda, despierta o es despertada a esta conciencia de clase, la alcanza y se vuelve extremadamente combativa.
El resultado de este error ha sido una constante en el debate entre la izquierda y la derecha del movimiento obrero en Europa desde principios de siglo. Un debate en el que Rosa Luxemburg desempeñó un papel decisivo, incluso antes que Lenin o Trotsky: ella comprendió que la división de la clase obrera en una vanguardia organizada y una retaguardia no organizada representa una visión muy simplista y estrecha de la realidad. Es cierto que hay una vanguardia organizada y que hay obreras y obreros no organizados, pero, al menos, es necesario introducir un tercer elemento en este análisis para comprender la realidad: existe esa parte de obreras y obreros no organizados que, en la lucha de masas, puede superar a toda una fracción de la clase obrera organizada que, dada la burocratización de las organizaciones obreras, tendrá tendencia a seguir en la lucha las consignas de la burocracia y dejará de estar en la vanguardia en la lucha.
Esta tesis de Rosa Luxemburgo ha sido malinterpretada como una tesis espontaneísta, lo cual no es del todo cierto; hay un elemento de espontaneísmo, pero sólo un elemento, es decir, la comprensión de que «organizado» no es necesariamente lo mismo que «avanzado», lo cual es obvio incluso hoy en día, nadie lo discutirá. Rosa Luxemburgo no era en absoluto hostil a la organización. Estaba muy a favor de la organización, de la organización revolucionaria. Simplemente entendía que no hay identidad entre organización y vanguardia necesariamente en todo momento y especialmente en el momento de una huelga general.
Lenin tardó unos años en entender esto, pero lo entendió a partir de 1914. Y es significativo que algunos socialdemócratas le atacaran después de esa fecha diciendo: «Pero vosotros destruís la organización, es una revisión de todo lo que habéis defendido durante 20 años» y él contestó en uno de sus artículos polémicos contra la socialdemocracia internacional: «a partir de un cierto estadio de degeneración, algunas formas de organizaciones burocratizadas pueden ser obstáculos reales, y los trabajadores no organizados pueden conocer un nivel de conciencia más elevado que las personas que permanecen prisioneras de organizaciones burocratizadas. Entonces, hay que construir una nueva organización. La Segunda Internacional ha muerto, hay que construir la Tercera Internacional». Y Trotsky, tras la victoria de Hitler, después de decidir que los partidos de la III Internacional se habían vuelto irreformables encontró argumentos casi idénticos a los que utilizóLenin después de 1914 y a los queya había utilizado Rosa Luxemburg en los años 1905-1914 en Alemania para defender la misma tesis.
Pasemos a la problemática de la huelga general tal como se plantea hoy. Y abordémosla primero de manera analítica, no histórica. Trataremos de analizar el mecanismo de una huelga general y veremos una docena de elementos que nos permiten proyectar idealmente su progresión incluso hasta la victoria de la revolución socialista. En la última parte de la presentación, retomaré algunos ejemplos históricos importantes, especialmente del movimiento obrero belga, y señalaré en cada ocasión los factores que faltaron para que se produjera este transcrecimiento.
El primer rasgo característico de una huelga general y quizá el más difícil de definir de forma totalmente precisa: ¿qué distingue una huelga general de una simple huelga muy amplia? Es difícil porque, de forma puramente cuantitativa, no podemos responder a la pregunta. Evidentemente, una huelga general no es una huelga en la que participan todas las y los trabajadores; ¡nunca ha existido y nunca existirá! Y esperar a que el último trabajador o trabajadora participe en la huelga para llamarla huelga general es absurdo. Hablamos de la huelga general en Bélgica en 1960, y con razón: digamos que hubo un millón de huelguistas, esa es la cifra que barajamosaunque creo que es algo exagerada. Evidentemente en Bélgica hay más de un millón de trabajadores, hay dos millones y medio, pero el término estaba perfectamente justificado.
¿En qué se diferencia una huelga general de una simple huelga muy extendida?
Algunas de sus principales características son
Os habréis dado cuenta de que no he añadido otra característica que muy a menudo añaden tanto las y los militantes como las y los teóricos marxistas que se ocupan de esta cuestión. No he dicho que una huelga sólo es general si plantea reivindicaciones políticas. ¿Por qué? Una huelga general es objetivamente política, porque implica unenfrentamiento con la burguesía en su conjunto y con el Estado burgués, pero no es necesario que sea consciente de ello desde el principio. Hay un gran ejemplo histórico en Europa, quizás el mayor antes de mayo del 68, que lo confirma, que es el ejemplo de junio del 36, donde no se plantearon reivindicaciones políticas, donde las y los obreros ocuparon las fábricas y plantearon, aparentemente sólo, reivindicaciones de tipo económico (reducción de jornada, vacaciones pagadas, etc.);pero el propio Trotsky y todos quienes, con un poco de honestidad, examinaron este movimiento, eran muy conscientes de que, en el fondo,aquellos obreros y obreras reivindicaban infinitamente más de lo que eran capaces de articular. Y sería un gravísimo error juzgar la naturaleza de una huelga en función de la capacidad de expresión consciente de quienes la llevan a cabo en un momento dado.
Creer que una huelga sólo es general si plantea reivindicaciones políticas es como decir «una huelga sólo es general si quienes la dirigen y expresan sus reivindicaciones son conscientes de todo lo que implica». Esto restringe de forma muy peligrosa la aplicación del concepto de huelga general. La conclusión que se desprende es que la vanguardia revolucionaria intenta desde el principio del movimiento expresar su naturaleza política, los objetivos que van más allá de los objetivos económicos o los específicos de cada sector, y que su esfuerzo de politización debe ser común.
Hay algunos ejemplos de huelga general pasiva en la historia, e incluso algunos muy brillantes: la mayor huelga general que jamás hemos conocido en Europa occidental, la más eficaz, fue la huelga general de la clase obrera alemana contra elputschdel general Kapp en 1920, que, en su resultado, fue absolutamente eficaz; paró toda la vida económica y pública, pero fue pasiva: las y los obreros no ocuparon las fábricas, se fueron a casa, salvo en algunas regiones y algunos casos excepcionales.
Hay que distinguir una huelga general en gran parte pasiva, en la que se deja de trabajar, de una huelga general con ocupación de fábricas que, evidentemente, es un enorme paso adelante (dejaré de lado los aspectos económicos, volveré sobre ellos después) porque permite reunir la fuerza de la clase. Una huelga general pasiva es una huelga que dispersa la fuerza de la clase: cada obrero se va a su casa. No pueden tocarlo, no pueden hablar con él.
Una huelga general con ocupación significa cientos de miles o, según el tamaño del país, millones de obreras y obreros reunidos en las fábricas, con quienes se puede hablar todo el tiempo, que tienen una fuerza y una cohesión de clase cualitativamente superiores, evidentemente, a las de una huelga general en la que cada uno se queda en su casa.
La conclusión aquí es práctica: propagamos de forma sistemática, solo basta leer nuestra prensa, la idea de ocupación; y el modelo de huelga general del que intentamos convencer a la vanguardia es una huelga general con ocupación de fábricas. Volveré más adelante sobre algunos aspectos organizativos extremadamente importantes que sederivan de la ocupación y que son elementos decisivos para transformar una huelga general con ocupación en una plataforma de partida para una verdadera revolución.
La idea de la huelga general activa es también una idea de origen anarcosindicalista -hay que reconocer el mérito a quien lo merece-, pero puede decirse que los sindicalistas-revolucionarios han llevado a la práctica muy pocas experiencias, muy pocas aplicaciones a esta idea, salvo, claro está, en España durante la revolución de 1936.
¿Qué significa esta idea? Los obreros no sólo ocupan la fábrica haciendo una fiesta, como se hizo en Francia en junio del 36 o más ampliamente en mayo del 68, es decir, no sólo tienen debates, o van al cine o juegan a las cartas ; eso es lo que vimos cuando llegamos a Cockerill, ocupada por las los asalariados (por primera vez en la historia de Bélgica, hubo una huelga con ocupación: Diciembre 71-Enero 72): recibieron a una delegación oficial de la LRT (sección belga de la IV Internacional]; cuando les vimos jugando a las cartas, nos quedamos un poco decepcionados. Está bien ocupar, pero evidentemente se trata del nivel más elemental de ocupación.
Por tanto, ¿qué significahuelga activa? Significa que los propios trabajadores y trabajadoras organizan la producción bajo su propia dirección. En el pasado, aparte de la experiencia de la revolución española de 1936, que no fue sólo una huelga general, sino una verdadera revolución, hay muy pocos ejemplos. Ahora hay un punto de inflexión importantísimo en la clase obrera de Europa occidental: Lip en Francia, Clyde en Inglaterra y Glaverbel en Bélgica muestran que sectores de vanguardia de la clase obrera empiezan a abrirse a la idea de que cuando ocupas una fábrica puedes hacer algo más que la animación cultural o jugar a las cartas, que puedes organizar tú mismo la dirección de la empresa, es un paso enorme.
Nosotros damos tanta importancia a estos ejemplos, no porque creamos en la posibilidad de construir el socialismo en una sola fábrica, sino porque creemos que estos ejemplos, que aún son aislados, pueden ampliarse y generalizarse en caso de huelga general. Y una huelga general en la que las y los obreros de todas las fábricas hagan lo que hicieron en Lip o en Glaverbel, ¡eso es algo totalmente diferente! Es un nivel histórico cualitativamente superior a todo lo que hemos conocido en el pasado como huelga general. Sin embargo, hay que desconfiar de cualquier razonamiento mecanicista y darse cuenta de que el paso a la huelga activa parte de puntos de motivación o de conciencia muy diferentes. El mejor caso es aquel que expresa la voluntad más o menos consciente de los trabajadores y trabajadoras de apropiarse de los medios de producción, es decir, de destruir el capitalismo. Si ocurre eso, obviamente nos alegramos mucho.
Pero hay otras variantes posibles. Me gustaría exponer dos de ellas:
El mismo razonamiento se aplicó durante mayo del 68 a pequeña escala, sobre todo en la ciudad de Nantes -no hay que subestimar la importancia de estos pequeños ejemplos; cuando comités de huelga, grupos de obreros vanguardistas quisieron organizar el abastecimiento de la y los huelguistas asegurando un intercambio de productos con los campesinos y campesinas, lo que implicaba la reanudación o el mantenimiento de la producción y la liquidación de las existencias (todo tipo de actividades económicas), bajo la dirección de los huelguistas, para tener suficiente para comer.
Todavía podemos mencionar un caso marginal quesi bien no es importante para el desarrollo de las grandes luchas obreras, en el futuro, dada la tendencia general de la evolución económica, puede llegar a ser cada vez más importante, y es lo que ocurre hoy en Inglaterra con la huelga de enfermeras. Es una huelga muy delicada porque es una huelga asistencial y las y los pacientes podrían ser maltratados o morir: esto sería radicalmente impopular entre la amplísima opinión pública y sería utilizado por la burguesía en su campaña contra el derecho de huelga, los sindicatos y la militancia obrera. Así que las enfermeras tuvieron que buscar formas de huelga que evitaran perjudicar a las y los pacientes y, al mismo tiempo, mostraran su capacidad de golpear a la administración del Ministerio de Sanidad. Una de las soluciones aplicadas (ya ha habido otros casos del mismo tipo) fue hacer huelga de pago, es decir, atender a todo el mundo, pero no registrar nada, ni llevar la contabilidad, ni hacer pagar a nadie. ¡Esto es extremadamente popular! ¡Con la eficiencia financiera y la desorganización administrativa requeridas!. Otro aspecto, aún más avanzado, es que ,en algunas ciudades inglesas, grupos de trabajadoras y trabajadores, entre otros metalúrgicos y transportistas, han apoyado esta huelga y han propuesto ir a la huelga por la causa de las enfermeras. ¡Es un paso adelante muy importante en la solidaridad de clase!
¿Qué importancia tiene esto? ¿Por qué he sacado a colación estas anécdotas? No por su importancia, no creemos en la irrupción de la conciencia comunista en un hospital, en la organización del socialismo en una sola fábrica, sino porque creemos que la multiplicación de estos ejemplos y su popularización crean las condiciones que preparan su generalización en una huelga general.
Y hay que decir que todavía no hemos visto una sola huelga general en Europa en la que esos ejemplos se generalicen efectivamente y que suponga un cambio total: hay que hacer un esfuerzo de imaginación para visualizar lo que sería una huelga general más o menos total como la de mayo del 68, en la que la mayoría de los sectores de la clase obrera, en el sentido más amplio del término, aplicaran todas esas técnicas: sería el principio de una revolución social. Y por eso pongo todos estos ejemplos, más bien anecdóticos y fragmentarios. Lo importante no está en la fragmentación y la anécdota, sino en la popularización del ejemplo para cambiar un poco la mentalidad. Una vez que cada vez más sectores de la clase trabajadora entiendan esta cuestión, puede nacer algo totalmente nuevo y para eso es para lo que estamos en ello.
Nueva problemática: ¿es necesaria una huelga general dirigida de forma más o menos burocrática por las organizaciones obreras tradicionales o una huelga general autogestionada, es decir que libere la autonomía obrera mediante la aparición de organizaciones de base que dirijan la huelga? No insisto porque los camaradas conocen esta problemática y no dejamos de desarrollarla en nuestra propaganda e incluso en nuestra agitación cotidiana. Pero hay que insistir en un hecho: no estamos desarrollando unaposición sectaria. Si actuamos a favor de la huelga general (y, en general, de cualquier huelga) gestionada por los propios trabajadores, no es porque no nos gusten los dirigentes de la FGTB o de la CSC [sindicatos belgas]. Incluso si la dirección de la CSC o de la FGTB estuviera compuesta exclusivamente por miembros de la IV Internacional, seguiríamos estando a favor de formas autogestionadas de huelga porque creemos que sólo creando comités de huelga elegidos en las empresas, sólo implicando a un máximo de trabajadores en la gestión de la huelga, puede tener éxito una huelga general.
La idea de una huelga general dirigida por un pequeño aparato, un pequeño grupo de gente en la cúpula que dirige a golpe de silbato, aunque esté compuesto por las mejores personas del mundo desde el punto de vista político, no es sólo una idea utópica, es también una idea profundamente errónea desde el punto de vista político y desde el punto de vista social: no se corresponde con una comprensión de lo que es la clase obrera y la sociedad burguesa; básicamente,presuponela misma confusión mecanicista de los socialdemócratas de 1900 que he mencionado antes, una simultaneidad de todo tipo de procesos que no corresponde a la realidad.
Para que una huelga de 10 millones de trabajadores y trabajadoras en Francia tenga realmente éxito, no basta con que haya un plantel de 15 o 20 dirigentes brillantes en la cúpula, es necesario también que haya una asociación máxima del mayor número de la gente que lucha en la dirección de esta huelga, a todos los niveles; así es como vemos surgir organismos de dualidad de poder y también la posibilidad de una victoria de la revolución socialista: rompiendo la división del trabajo de la sociedad burguesa que la burocracia ha introducido en el movimiento obrero entre las y los dirigentes y las masas, y retomando la idea de la organización soviética -base del pensamiento de Lenin en «El Estado y la Revolución» sobre la organización soviética-, es decir, una organización en la que el máximo número de trabajadores y trabajadoras, de gente común, se asocie de forma inmediata, directa, sin división del trabajo, en la gestión diaria de sus asuntos.
Ya conocéis el modelo ideal que proponemos:
Sin embargo, hay que desconfiar del «esquema ultimatista»: este modelo ideal probablemente no logrará realizarse en todas partes a la vez: presupone la presencia de militantes revolucionarios, un nivel de conciencia suficientemente elevado para que el modelo pueda aplicarse de esta manera ideal. Ya nos alegraríamos mucho si, en un gran número de empresas, hubiera elecciones para el comité de huelga. Eso sería un avance cualitativo.
Lo hemos dicho muchas veces: si en mayo del 68 sólo hubiera habido elección de comités de huelga -y su federación- en todas las empresas, se habría producido el comienzo de la revolución, se habría producido un cambio cualitativo en la situación. Si empujamos hacia el modelo ideal, es porque las ventajas de este modelo son bastante evidentes: representa las condiciones óptimas para la organización, la autoorganización y la asociación de un máximo de trabajadores y trabajadoras a la dirección de la huelga y para la emergencia de una situación revolucionaria en las mejores condiciones para la clase obrera.
También se comprenderá la íntima relación entre el impulso a la huelga activa y la autoorganización de la huelga. Es evidente que una huelga activa ya no puede ser dirigida por una secretaría sindical o una persona liberada: una o dos personas no pueden ni saben organizar la producción, los suministros, el vínculo con las empresas proveedoras de materias primas, etc. en una fábrica. Es imposible: en cuanto pasas a la huelga activa estás obligado a implicar a un gran número de personas en la dirección de la huelga y en toda una serie de decisiones autoritarias. La huelga activa es en sí misma un estimulante muy poderoso para la autoorganización de la huelga, como demuestran los ejemplos de Lip, Glaverbel-Gilly y muchos otros en los últimos meses.
De los comités de huelga a los consejos obreros
El comité de huelga -incluso el comité central de huelga, volveré sobre esto porque fue la polémica con los camaradas lambertistas en Francia en mayo del 68- todavía no va más allá del dominio de una huelga, es decir de una contestación potencial y todavía no real del poder político (estatal) de la burguesía.
¿Cómo pasar de los comités de huelga a los consejos obreros? ¿Cuál es la diferencia cualitativa entre ellos, aún cuando el consejo obrero nazca el 99% de veces de un comité de huelga, como el primer soviet de Petrogrado? Hay dos elementos que, sobre la base de la experiencia histórica-y hay que tener cuidado porque la experiencia del futuro puede ser más rica que la del pasado-,hasta ahora parecen determinantes en esta transformación:
Un comité de huelga central que se limite a organizar la huelga, a distribuir dinero o víveres a las personas huelguistas y a editar un periódico para la agitación de la huelga puede, en el mejor de los casos, seguir siendo compatible con un poder indiviso de la burguesía. Es difícil, es un caso límite, pero lo podemos imaginar. Pero un comité de huelga central que asume poderes más allá de la mera organización de la huelga, que empieza a organizar la producción, a organizar la distribución de créditos o finanzas de los bancos, a organizar el transporte público, la distribución de electricidad, que, en una palabra, asume poderes de facto, tal comité de huelga ya no es un comité de huelga, sino que se ha convertido en un consejo obrero, un órgano de poder que empieza a funcionar.
El nacimiento de un organismo de doble poder se manifiesta por el hecho de que los poderes que en la sociedad burguesa son normalmente ejercidos o bien por la burguesía y sus instrumentos, como el sistema bancario, o bien por el Estado burgués, empiezan a ser asumidos por estos órganos. Esto puede ser mínimo; todo el mundo conoce la anécdota que he intentado difundir en Europa, si no en el mundo, y por la que los camaradas de Lieja están muy enfadados: la dirección de Lieja de la FGTB, que en las dos huelgas generales de 1950 y 1960 organizó el tráfico en la ciudad de Lieja y prohibió la circulación de coches y camiones sin un sello de la FGTB, estaba asumiendo de hecho el poder público. Los camioneros reconocieron así un poder público de origen obrero totalmente distinto del poder estatal burgués. Esto es extremadamente embrionario, pero real.
Una vez más, la anécdota no importa, lo importante es transmitir tales ejemplos en la memoria colectiva y en el imaginario de la clase obrera, modificar la estructura mental porque este tipo de ejemplos pueden multiplicarse, generalizarse, en la próxima huelga general y tendrán una importancia práctica colosal para hacer nacer realmente los consejos obreros, órganos de poder de la clase obrera opuestos a los órganos de poder burgués.
Dualidad del poder económico y dualidad del poder político
Tradicionalmente, el concepto de dualidad del poder se ha considerado -y la escuelazinovievista-estalinistaejerció una influencia muy grande sobre esto en el movimiento obrero- exclusivamente como un concepto político. Los camaradas maoístas son hoy la caricatura de esto. Tienen un esquema simplista y absolutamente transparente: «los trotskistas no han comprendido que los soviets sólo existen en una situación revolucionaria y que son órganos del poder revolucionario. Hoy no hay situación revolucionaria, por lo que hablar hoy de control obrero, de dualidad de poderes, es hablar en el vacío, o peor, es ser reformista», etc.
Entendemos bien lo que hay de obsoleto en este razonamiento: evacua totalmente la situación más característica de una lucha obrera que se extiende y generaliza, a saber, una situación revolucionaria, y la forma en que las y los revolucionarios pueden y deben intervenir en una situación prerrevolucionaria. Detrás del concepto maoísta se esconde en realidad la vieja tradición fatalista, mecanicista, kautskiana y antileninista de una situación revolucionaria que cae del cielo, que está determinada por condiciones objetivas sobre las que la acción de la vanguardia obrera no puede tener ningún efecto.
Por el contrario, nosotros afirmamos que al impulsar experiencias de control obrero, al generalizar el control obrero, al generalizar la transformación de los comités de huelga en consejos obreros, con esta intervención transformamosuna situación prerrevolucionaria en revolucionaria, servimos de factor cristalizador, de catalizador para el nacimiento de una situación revolucionaria.Trotsky, a propósito de Alemania al comienzo de la gran crisis económica, teníaun pensamiento más audaz y renovador: «Hay que evitar identificar la dualidad del poder y los órganos de la dualidad del poder con los soviets de tipo clásico surgidos de la revolución de 1917. No se excluye que, en la situación concreta de la Alemania de 1930, los comités de empresa (órganos legales bajo la constitución burguesa de Weimar- E.M.) dominados por los sindicatos, pudieran convertirse objetivamente en un órgano de dualidad de poder».
Por el momento, debemos ser bastante abiertos al respecto. Ciertamente, la identificación de la dualidad de poder con órganos soviéticos exactamente del mismo tipo que los de las revoluciones rusa o alemana sería un error que no habría que cometer. Hay al menos un ejemplo histórico a gran escala: los comités de milicias en España en julio del 36, que eran órganos absolutamente obvios de dualidad de poder de origen y posición diferentes a los soviets. Y, tomando el ejemplo más probable, no se puede excluir que, en Gran Bretaña, dada la particularidad de la estructura del movimiento obrero inglés, órganos de un tipo bastante diferente del soviet clásico puedan desempeñar el papel de órganos de dualidad de poder.
Nuestros camaradas ingleses se apoyan en lo que hoy se está convirtiendo en una constante, al menos a nivel local, en Inglaterra: cada vez que hay una situación de lucha muy tensa a nivel local, nacen organismos de frente únicoad hocque reúnen a las personas delegadas de fábrica más combativos, no necesariamente a todas, que reúnen a las secciones sindicales más combativas del lugar, no necesariamente a todas, que reúnen a veces a las secciones locales del Partido Laborista, no necesariamente a todas, y que reúnen a representantes de organizaciones revolucionarias localmente establecidas e influyentes.
La prueba del pudin, como se dice en Inglaterra, se realiza cuando se come. Si este órgano es capaz de movilizar a toda la clase obrera del lugar, es lo mismo que un soviet local. Si sólo es un órgano que reúne a la vanguardia y moviliza al 10 o 15% de la clase obrera, es un frente único de izquierdas (anticapitalista como diríamos en Bélgica). No hay que excluir la aparición de organismos de este tipo en los países donde la inmensa mayoría de la clase obrera sigue, de una manera u otra, organizada en las organizaciones tradicionales; evidentemente, ésta es la condición para que un tipo de reunión de este tipo pueda desempeñar el mismo papel que una estructura soviética.
Me gustaría subrayar que he dichoorganizada, que este caso es muy excepcional en Europa. Creo que aparte de Inglaterra -quizás en Suecia, que no conozco bien- no hay ninguna; en Francia desde luego no es el caso. Si juntáramos todo lo que acabo de mencionar, en la mayoría de las ciudades francesas sería un tercio o un cuarto de la clase trabajadora. Lo mismo ocurre en Italia y Bélgica. Esto presupone un nivel de organización y de dirección de la clase obrera -no el hecho de votar, sino el hecho de estar organizada y de secundarlos llamamientos de…- que es bastante excepcional en Inglaterra: en la mayoría de los grandes centros industriales, prácticamente se puede decir que toda la clase obrera, de una forma u otra, está organizada en los sindicatos y en el Partido Laborista, en la medida en que los sindicatos están en ese partido. Y, por lo que respecta a Inglaterra, si me remito al fondo de la cuestión, incluso soy más bien de la opinión de que en presencia de una huelga general surgirían comités de huelga electos en lugar de organismos de este tipo. Pero no hay que excluir totalmente una posibilidad de este tipo, porque entra dentro de una cierta lógica del movimiento obrero inglés.
Así que,es muy importante distinguir entre los organismos -elegidos o no, eso no es lo decisivo- cuyo papel es asegurar cierto poder económico y los que pasan a disputar el poder al Estado burgués. ¿Por qué este problema es tan decisivo y tan difícil? Porque nos topamos con la distinción entre una tendencia objetiva y un cierto salto cualitativo en la conciencia. Se puede decir que debido a la fuerza de las circunstancias, casi imperceptiblemente, por la simple lógica interna del movimiento, los obreros socialdemócratas o educados por Jrushchov, pueden ser llevados, a su pesar, a hacer toda una serie de cosas que he descrito antes (puntos 1 a 4), incluso la huelga activa, incluso la reapertura de los bancos para pagar a los huelguistas. Pero hay un punto en el que esto se hace difícil, cuando no imposible: cuando tienes que hacer una elección deliberada y consciente de chocar con, de negar las instituciones de, la democracia burguesa. Esto es lo que ha constituido la perdición de todas las revoluciones hasta ahora en Europa Occidental.
Hay un ejemplo clásico, es el más conocido porque también es el país donde las cosas se hacen de forma más brutal: es el caso de Inglaterra. En el momento en que el movimiento obrero inglés tenía su mayor fuerza, justo después de la Primera Guerra Mundial, en 1921, cuando se produjo la famosa triple alianza entre los tres mayores sindicatos que decidieron hacer huelga juntos (siderúrgicos, mineros y del transporte), lo que habría dado lugar a una huelga general infinitamente más potente que la de 1926, en un contexto histórico totalmente diferente -en un momento en que el movimiento de «shop-stewar» (de tipo semi-soviètico) estaba muy extendido en las fábricas inglesas-, Lloyd George, el dirigente más inteligente de la burguesía inglesa, llamó a su casa a los tres principales dirigentes de los sindicatos de latriple alianzay les dijo: «Sabemos que sois capaces de paralizar todo el país, sabemos que sois mucho más fuertes que nosotros, e incluso sabemos que no podríamos utilizar el ejército contra vosotros porque la mayoría de los soldados se negarían a marchar, pero tenéis que tomar una decisión: yo represento a la mayoría de la nación, del parlamento; si estáis dispuestos a ir a una huelga general contra la mayoría de la nación y del parlamento, sólo podréis hacerlo si estáis dispuestos a ocupar su lugar y crear otro poder, otra estructura del Estado distinta de la del parlamento y el sufragio universal. ¿Estáis dispuestos a hacerlo? No hace falta que os haga un dibujo de lo que contestaron estos burócratas sindicales, todo el mundo lo entendió.
La traducción más trágica (en Inglaterra se puede decir que es tragicomedia porque no pasó nada, eso es lo que quería Lloyd George) de esta misma lógica es el caso de Alemania, donde había consejos obreros en prácticamente todas las fábricas y en todas las ciudades, donde hubo un colapso virtual del aparato estatal burgués (es decir, donde el poder estaba de hecho en manos de la clase obrera) y donde la mayoría socialdemócrata en estos consejos obreros decidió deliberadamente convocar elecciones generales para un parlamento burgués y transferir el poder que tenían a este parlamento burgués. No sólo fue criminal, ¡sino estúpido! Porque estaban convencidos de que tendrían mayoría en estas elecciones parlamentarias. Ni siquiera la obtuvieron (44% de los votos). Ni siquiera entregaron el poder de los consejos obreros a un gobierno socialdemócrata, sino a partidos burgueses.
Así se liquidó la revolución alemana en tres meses (18 de noviembre-19 de febrero): tras la convocatoria de la asamblea constituyente de Weimar, no hubo más soviets. Este punto de no retorno, el transformar los consejos obreros que han empezado a asumir un cierto poder económico en órganos que disputan deliberadamente el poder a las instituciones parlamentarias democrático-burguesas del Estado burgués, exige un salto cualitativo en la conciencia; no se puede llevar a la mayoría de las trabajadoras y trabajadores a hacer la revolución socialista sin darse cuenta de ello; es una ilusión total.
Por tanto, debe producirse una transformación decisiva del nivel de conciencia de la mayoría de la clase obrera, de un nivel reformista a un nivel revolucionario o semirrevolucionario; hay una serie de condiciones que lo propician:
La única situación extremadamente difícil es aquella en la que el enemigo no hace nada. Hay un ejemplo histórico: el de la burguesía italiana cuando las y los obreros del norte de Italia ocuparon todas las grandes fábricas de la región: la famosa gran huelga de noviembre de 1920. Y Giolitti, el primer ministro italiano de la época, que como Lloyd George era uno de los dirigentes más astutos de la burguesía italiana, dijo: «Los obreros han ocupado las fábricas, están armados (al menos los de Turín. E.M.); esto supone una amenaza para la supervivencia del Estado. Lo único útil que podemos hacer es no hacer nada. Es de esperar, en otras palabras, que ellos mismos no tomen las iniciativas determinantes para dar un paso decisivo”. Esto es exactamente lo que ocurrió: hubo reuniones durante 1,2,5 y 6 días de las direcciones sindicales, de la dirección del partido socialista -los comunistas seguían dentro del PS-, de los consejos obreros; se discutía en qué se iba a centrar la atención: control obrero o no, qué se iba a pedir a la patronal, al gobierno, etc., y el movimiento quedó agotado por las discusiones internas, por el estancamiento, por la parálisis, por la incapacidad de tomar una iniciativa decisiva para hacer la transformación que he descrito antes.
Si en ese momento la burguesía italiana hubiera cometido el error de lanzar las bandas fascistas sobre las fábricas, o de iniciar una represión militar, es casi seguro que habría habido una revolución: los trabajadores estaban armados, tenían la fuerza material para tomar el poder, para tomar represalias ante cualquier provocación que viniera del otro lado. Pero no tenían ni la conciencia ni la voluntad ni la dirección para, sin provocación, tomar ellos mismos la iniciativa, para romper con las instituciones de la democracia burguesa,.
Y hay que sacar una conclusión muy importante, discutible, pero que se desprende de toda la experiencia de las huelgas generales en Europa occidental: es decisivo hacer subsistir los órganos de poder obrero nacidos de la huelga general, que haya una estructura de dualidad de poder que subsista y que haya un periodo de dualidad de poder que se abra. Porque a partir del momento en que consigamos mantenerlos, es casi inevitable que el adversario se vea obligado a atacarlos, antes o después, y que las iniciativas necesarias para la réplica puedan ser preparadas, centralizadas, de forma mucho más eficaz que si exigimos que quienes acaban de dar un salto organizativo colosal, comprendan inmediatamente todas las implicaciones políticas y revolucionarias de su decisión, cosa que es poco probable que ocurra, al menos en la mayoría de los países donde la clase obrera está bajo la influencia de reformistas o neorreformistas.
En otras palabras, la variante más probable es una dualidad real de poder; es decir, que durante un período de transición coexistirán los consejos obreros -encarnación del poder soviético- y el parlamento y las instituciones burguesas. Y se tratará de saber cuándo, de qué forma y bajo qué pretexto la mayoría de los trabajadores y trabajadoras se verá inducida a romper deliberada y conscientemente con las segundas y a apoyarse en las primeras.
Todo esto es válido si la mayoría de los trabajadores y trabajadoras están todavía bajo la influencia de la ideología reformista o neorreformista. Si la mayoría ya son comunistas, anticapitalistas, trotskistas, revolucionarios, maoístas, etc. antes de que nazca la dualidad de poder, todo esto apenas se aplica, los trabajadores transformarán abiertamente sus consejos obreros en soviets e irán a la conquista del poder. Pero esta es una eventualidad extremadamente improbable en casi todos los países de Europa, con la posible excepción de España, e incluso en ese caso, hay que tener mucho cuidado.
Centralización
Aquí nos encontramos con un fenómeno que tiene una importancia psicológica muy grande y que, sin duda, Lenin subestimó cuando quiso transponer un cierto número de experiencias de la revolución rusa a Europa occidental: la clase obrera de Europa occidental ha estado centralizada durante mucho tiempo en las organizaciones obreras, sindicales y políticas. Y cuando el camaradaPosadasvino a Europa y dio una palmadita en la espalda a la gente diciéndole: «Sabéis, tenéis que aprender a centralizar», les estaba enseñando algo que ya sabían desde hacía 75 años.
Desgraciadamente, la experiencia que han tenido los trabajadores es doble y, al menos en parte, negativa: la centralización aumenta indudablemente la fuerza, pero la forma concreta de centralización también ha aumentado la burocratización; y cuanto más centralizada está hoy una organización de masas, más burocrática esen toda Europano hay excepción a esta<< regla.
Ahora hemos explicado que, en gran medida, lo que es precisamente positivo de una huelga general es que desencadenará fuerzas de autonomía obrera que pueden desafiar el control burocrático sobre la clase obrera y el movimiento obrero. Es casi inevitable que esta autonomía obrera se caracterice inicialmente por un grado significativo de descentralización. Es menos una revuelta contra la burguesía y su Estado que contra la burocracia. Pero ambas están, por necesidad, muy estrechamente ligadas.
Esto significa que la centralización de todas las iniciativas que se tomen no será tan obvia como en un discurso trotskista o en una escuela de cuadros. Tomemos el ejemplo de la revolución española (tenemos que referirnos a ella a menudo, porque es la experiencia más rica de las que hemos conocido hasta ahora en los países imperialistas): los órganos de tipo soviético creados espontáneamente por los trabajadores durante los primeros días de la revolución ni siquiera tenían el mismo nombre en las diferentes ciudades: en Catalunya, donde el movimiento estaba más avanzado, se llamaban generalmente «comité de milicias» (no en todas partes); en otras partes del país se llamaban de otra manera: «comité de producción», «comité local», «comité de fábrica», «consejo obrero», «comité de frente popular», etc. Variaba de una ciudad a otra. Y el título no era sólo una cuestión formal, también abarcaba una función diferente, una composición diferente, una autoconciencia diferente de las personas que estaban en él, de lo que representaban. Y federar todos estos comités en 24 horas en un Congreso nacional no sólo era imposible, sino que no se hizo, ¡y no por casualidad!
Me gustaría indicar algunas vías por las que puede avanzar esta centralización:
Si vemos estos pocos elementos, vemos las fuerzas de centralización que pueden nacer en una huelga general. Desde el punto de vista de la posibilidad de una revolución socialista, el punto de inflexión de la huelga general de mayo del 68 no fue visto por casi nadie: los primeros días de la huelga, todas las empresas fueron ocupadas y controladas por los trabajadores y trabajadoras, incluidas las de telecomunicaciones; no había antena de telecomunicaciones en París que no estuviera controlada por las y los huelguistas -incluso las del Ministerio del Interior y del Ministerio de Defensa Nacional. La única intervención militar que hizo el gobierno gaullista fue desalojar una antena en París para el Ministerio del Interior: una intervención de 100 CRS fue suficiente.
Si la huelga hubiera tenido otra dirección -consies, claro, se podían hacer muchas cosas-, si hubiera habido otra conciencia entre los obreros, si hubieran comprendido la importancia decisiva de las cosas, se habrían opuesto a la toma de esta antena y es inútil explicar lo que habría podido nacer de semejante resistencia -sin duda, vencedora-.
Hay que comprender que el grado de parálisis que una huelga general, que toma medidas centralizadoras de esta naturaleza, puede imponer al Estado burgués, es cualitativamente superior a todo lo que hemos conocido en el pasado. Aquí aparece uno de los aspectos más llamativos de la incomprensión de quienes hacen la crítica unilateral y falsa de la tecnología contemporánea y la ven sólo como una fuerza de opresión y explotación -que lo es en el régimen capitalista-, y no comprenden que ella hace a la sociedad burguesa, por ser precisamente tecnicista, infinitamente más vulnerable que en el pasado a una acción unánime y generalizada de todos los asalariados.
¿Qué era la represión burguesa hace 50 o 60 años? Eran unos cuantos miles de esbirros armados desatados sobre la población; entonces sólo había una cosa que hacer: oponer las armas a las armas. Hoy, la sociedad es mucho más vulnerable; son unidades muy móviles pero todas conectadas por radio, télex, teletipo, etc. a un número mucho menor de centros neurálgicos. Apoderarse de todas las antenas de telecomunicaciones, cortar las posibilidades de transmisión y en un cuarto de hora la centralización pasa al campo del proletariado y de la revolución, y la contrarrevolución se descentraliza totalmente.
En Francia, durante los primeros días de la huelga general de mayo del 68, llegamos a una situación en la que el ministro del Interior ya no tenía ningún medio de comunicarse con los prefectos. Y la situación se llevó al extremo de lo grotesco, porque incluso las secretarias, las mecanógrafas, los empleados de las prefecturas estaban en huelga, es decir, que la cuestión ni siquiera era que no pudiera comunicarse con las prefecturas sino que esto era inútil: era necesario comunicarse directamente con el prefecto o con uno de sus adjuntos porque de lo contrario no se transmitía.
Es muy importante comprender la importancia de estos nuevos centros neurálgicos, que son todos estos medios de telecomunicación, para pasar la centralización al campo obrero y paralizar el campo burgués y la contrarrevolución. La huelga pasiva transformada en huelga activa en estos ámbitos es una centralización automática. Imaginemos el paso a la huelga activa en una huelga general del personal de la radio y la televisión. Esto significa que la radio y la televisión se ponen al servicio de la huelga, con una fuerza centralizadora indescriptible. La contrarrevolución lo entiende perfectamente: todos los golpes contrarrevolucionarios de los últimos 15 años han tenido como objetivo principal la toma de la radio y la TV. Sabían que si la radio y la TV estaban en manos del pueblo y de las y los trabajadores, esto daría un poder colosal que nunca ha existido en el pasado para la centralización del poder obrero.
Y, sin duda, podemos sacar consecuenciaspara el futuro: es en torno a estos centros donde estallarán las primeras pruebas de fuerza. La gendarmería en Bélgica no se distraerá expulsando primero a los huelguistas de Cockerill o ACEC; tendrían que estar locos para hacer algo así. Tampoco se concentrarán en la estación ferroviaria de Waremme o en la estación fronteriza de Haine-Saint-Pierre, sino en los grandes centros de telecomunicaciones, en la RTB, en centros de control de los cheques postales, en los grandes bancos: estos son los centros que, si son controlados por uno u otro bando, pueden determinar el curso general de los acontecimientos durante un tiempo.
Precisamente, en torno al problema de la autodefensa de este tipo de instituciones,es posibleque, por su propia naturaleza, desplacen en buena medida el poder de un campo a otro, que se encienda la conciencia de una masa mucho mayor de trabajadores y trabajadoras y que se pueda entender la necesidad de un cierto número de cosas que no se entienden cuando se plantea de una manera un tanto abstracta y general.
Las lealtades de la clase obrera a las organizaciones tradicionales y el problema de la toma del poder
Se trata de la articulación de todo lo que acabo de hablar hasta ahora sobre el desarrollo de la dualidad de poder derivada de la huelga general y de las lealtades políticas, digamos, tradicionales de la clase obrera que conduce a la famosa cuestión de la fórmula gubernamental transitoria. Nos encontramos ante una contradicción fundamental en su forma más pura y elevada.
Objetivamente, la cuestión de la huelga general plantea la cuestión del poder político. Objetivamente, los comités de huelga federados son órganos de doble poder.Objetivamente, los comités de huelga federados que comienzan a asumir competencias distintas de las de gestión de la huelga, comienzan a actuar como órganos de poder. Pero todo esto es, desgraciadamente, compatible con otro fenómeno, el que la mayoría de las y los trabajadores que eligen a estos comités y los apoyan, siguen apoyando al mismo tiempo a partidos reformistas que, precisamente en una situación de este tipo, manifiestan su carácter contrarrevolucionario de la manera más nefasta en el curso de la historia del movimiento obrero.
Y hay que decir que el veredicto de la historia es absolutamente claro: ha ocurrido siempre. Los obreros y obreras rusos eligieron soviets en todas partes en febrero-marzo de 1917 y eligieron en ellos a una mayoría de mencheviques y de derechistas de los socialistas revolucionarios., es decir, reformistas. En Alemania,se eligieron consejos obreros en todo el territorio en noviembre de 1918 y en ellos eligierona una mayoría de socialdemócratas. En julio de 1936, se crearon comités en toda España, pero la gran mayoría de sus miembros eran socialdemócratas, anarquistas y miembros del PC, es decir, miembros de organizaciones que no comprendían la naturaleza de la dualidad del poder, por no decir la necesidad de la conquista del poder por estos comités. Debemos comprender esta contradicción y no podemos negarla de palabra.
No podemos decir: «Mientras las obreras y obreros no hayan roto conscientemente con el reformismo, nunca crearán soviets». La historia ha demostrado que esto es falso. Y menos aún podemos decir: «Mientras las obreras y obreros no hayan roto con el reformismo, no deben crear soviets», que es casi la teoría de los maoístas. Porque sólo creando soviets, estando en una situación revolucionaria, acabarán rompiendo mayoritariamente con el reformismo. Ahí reside la verdadera dificultad, la verdadera contradicción que encuentra su expresión más clara en la cuestión del poder.
Pues no será posible convencer a la mayoría de la gente de que estos organismos deben tomar todo el poder, si este poder se opone a los partidos a los que siguen siendo fieles. Tampoco se puede tener la ilusión de que estos partidos, bajo la presión de las y los trabajadores, acaben tomando el poder. Esta posibilidad marginal no puede excluirse de antemano, pero es extremadamente improbable; y para Europa Occidental está excluida.
Hasta ahora, el movimiento revolucionario en general ha propuesto dos soluciones a esta contradicción. Estas soluciones, que son propuestas para resolver el problema, siguen siendo las únicas válidas.
Así que tenemos que tener en cuenta la fórmula de la consigna gubernamental: tiene que incluir a los sindicatos en cualquier casoy, en ciertas situaciones, a las organizaciones sindicales antes que a las organizaciones políticas tradicionales. Recordemos que, en Bélgica, durante todo un periodo a partir de la huelga general de 1960, tuvimos como consigna gubernamental transitoria «gobierno obrero apoyado por los sindicatos». Esto correspondía a una realidad de la clase obrera, del movimiento obrero en Bélgica. No debemos prejuzgar el futuro, porque esta cuestión es muy concreta y cambia con la realidad de la clase obrera, y es necesario que no salga de un esquema o de un texto escrito hace 40 años, sino que se ciña a la realidad concreta de la etapa en la que nos encontramos en cada país.
Así que la tarea de crear unidad de acción en torno a algunas cuestiones clave para el nacimiento del poder obrero entre revolucionarios y centristas es, en general, la tarea organizativa más importante. En la revolución española, fueron la izquierda anarquista, la izquierda socialista, el POUM y los trotskistas. En la revolución alemana fue la izquierda del partido socialista independiente, el PC y algunas fuerzas anarcosindicalistas. En la revolución rusa fue el partido bolchevique y la izquierda del partido socialista-revolucionario.
Obviamente, una vez más, la situación ideal es la situación en la que el partido revolucionario tiene, desde el principio, la hegemonía en esta rconvergencia; en ese caso, no hay muchos problemas y es el proceso ruso el que se puede imitar. Pero permítanme hacer un pronóstico pesimista. No creo que esto se repita a menudo en Europa Occidental. No lo digo por pesimismo congénito, sino porque esta situación excepcional en Rusia fue producto de un pasado que hay que explicar: el partido bolchevique pudo conquistar la hegemonía en la extrema izquierda rusa porque ya la tenía en toda la clase obrera diez años antes.
En vísperas de la Primera Guerra Mundial, el partido bolchevique era absolutamente hegemónico en el movimiento obrero ruso, tanto desde el punto de vista electoral como desde el punto de vista de la prensa, del sindicato y de la afiliación. Hay un famoso estudio de Emile Vandervelde, a pesar de ser enemigo acérrimo de los bolcheviques, que llegó a Rusia, en nombre de la Oficina Socialista Internacional, a principios de 1914, y que reconoce que los bolcheviques eran mayoría en todos los aspectos en la clase obrera rusa.
Lo que ocurrió en Rusia es algo totalmente distinto de lo que existe hoy en Europa occidental. La corriente revolucionaria que tenía la hegemonía en el seno de la clase obrera rusa cuando en realidad no era muy activa, perdió la hegemonía temporalmente, cuando la corriente revolucionaria se extendió a todo el pueblo, en febrero-marzo del 17, y la recuperó con bastante rapidez seis meses después. Y pudo hacerlo porque tenía cuadros obreros en todas las fábricas, y tenía una gran implantación en la clase obrera.
Esta no es, en absoluto, la situación de la vanguardia revolucionaria hoy en ningún país de Europa Occidental. Y en estas condiciones, es poco probable que incluso con la ayuda de un ascenso revolucionario, e incluso pensando que multiplicáramos nuestras fuerzas por diez o incluso por cincuenta, lo que es probable en tal ascenso, seamos más fuertes desde el principio que las corrientes centristas surgidas de las grandes corrientes de masas, que representan una fuerza infinitamente mayor. El PC alemán en 1919, 1920 hasta el Congreso de Halle, representaba de 15 a 25.000 miembros, la izquierda de los socialistas independientes representaba de 300 a 500.000 personas. Esa era la relación de fuerzas. En España, el POUM -con todas las críticas que se le pueden hacer- y los trotskistas representaban de 4 a 6.000 personas, y la izquierda socialista y anarquista de 200 a 300.000 personas. Es la misma relación de fuerzas.
Es poco probable que en el futuro haya relaciones de fuerzas radicalmente diferentes al principio de un ascenso revolucionario. Esto significa que evitar cualquier sectarismo hacia estas corrientes de izquierda es una cuestión vital para no perder la victoria de la revolución y que es necesario encontrar las formas organizativas de creación de un frente único de revolucionarios dentro del frente único de las organizaciones obreras. Cuando digo frente único de revolucionarios, quiero decir frente del partido revolucionario y de los centristas, porque, por definición, todos los que no están en el partido revolucionario son centristas.
En Francia, esto se concretó durante mayo del 68: funcionó una especie de frente de revolucionarios. Era el que tomaba todas las iniciativas de acción. Grandes manifestaciones, reuniones, etc. Nuestros camaradas desempeñaron un papel ejemplar, sin sectarismo alguno. Fue el principio de su irrupción en la extrema izquierda francesa como fuerza políticamente hegemónica. Creo que es una experiencia que hay que aplicar. En Italia, por ejemplo, esto no ocurrió. Durante el gran estallido de huelgas del 69, los diversos grupos revolucionarios y los pequeños grupos nunca consiguieron establecer un mínimo frente unido entre ellos. Lo están haciendo ahora en un periodo de retroceso y con una línea de derechas, pero eso es lo clásico. Y esto ha tenido consecuencias desastrosas en Italia.
Pondré el ejemplo más desastroso. Cuando se creó el primer consejo de delegados obreros en Fiat, a finales del 69 por iniciativa de grupos de extrema izquierda, una conferencia obrera nacional reunió a 3.000 obreros revolucionarios; nuestros camaradas, que eran una minoría muy pequeña, lucharona muertepor una cuestión: que todas las fuerzas revolucionarias tomaran la iniciativa de imitar en otras empresas italianas lo que se había hecho en Fiat. Se podía hacer, porque las fuerzas presentes eran capaces de hacerlo. Todos los grupos maoístas y espontaneístas se opusieron con argumentos estúpidos típicos de la ultraizquierda:todos somos delegados,no necesitamos delegados,queremos emancipar a las masas, etc.
Resultado: fue la burocracia sindical, en lugar de la vanguardia revolucionaria,la que acabó extendiendo la constitución de los comités y así pudo recuperar el control de un movimiento que podría habérsele escapado por completo. Y la conclusión lógica: los mismos que gritaban en el 69todos somos delegadosapoyan hoy a la burocracia sindical en su maniobra para integrar los consejos obreros en el aparato sindical.
Este ejemplo muestra también que la lucha por el frente único de extrema izquierda en el marco de la lucha por el frente único obrero requiere la ausencia de sectarismo, pero también la ausencia de alineamiento mecánico y seguidista sobre las posiciones ultraizquierdistas y oportunistas que pueden defender las diferentes variantes que se encuentran en esta fauna.
¿Qué posibilidades ofrece esto a las y los revolucionarios? Me gustaría dar algunos ejemplos históricos. La asociación de la izquierda del Partido Socialista Independiente y del PC en 1922 permitió conquistar la mayoría del sindicato metalúrgico en Alemania, incluida la mayoría en la dirección (el mayor sindicato alemán). En septiembre-octubre de 1936, el POUM, la izquierda anarcosindicalista y la izquierda socialista tenían una mayoría indiscutible en los comités de milicias en Catalunya. Y cuando criticamos al POUM o a la dirección derechista del PC alemán en el 22-23, no es porque pasaran por estas etapas absolutamente imprescindibles para conquistar la mayoría de la clase obrera, sino porque no aprovecharon estas oportunidades para plantear y resolver la cuestión del poder. No hay otra manera de resolver esta cuestión. No se resolverá con una pequeña minoría contra la mayoría de la clase obrera de los países imperialistas.
Armamento obrero y autodefensa
Incluso cuando la extrema izquierda ha conquistado la mayoría en los consejos obreros, incluso cuando la burguesía está profundamente desmoralizada y desorganizada, incluso cuando las clases medias se ponen cada vez más del lado de la clase obrera porque creen que ganará – todas estas son características de una crisis revolucionaria que está madurando – la cuestión de la conquista del poder no se resolverá si no se resuelve la cuestión del armamento. Y la cuestión del armamento tiene dos aspectos que hay que vincular para resolverlos:
Lo uno no va sin lo otro. Sin el inicio del armamento de la clase obrera, la desintegración del Ejército burgués no superará un umbral mínimo. Trotsky ya dijo todo lo que hay que decir sobre este tema, todo lo que es clásico decir sobre la fuerza de la disciplina dentro del Ejército burgués: que sólo puede romperse completamente cuando el soldado individual se encuentra enfrente con una defensa, incluso una defensa armada. Por otra parte, la autodefensa obrera no superará un cierto umbral mínimo bastante primitivo si no se produce una descomposición a gran escala del Ejército burgués.
Hay que entender que esta cuestión es esencialmente política, no técnica. Quienes tratan de plantear esta cuestión como técnica acaban tarde o temprano diciendo que la revolución es imposible. Esta es la posición de Régis Debray, sacando lecciones de la revolución chilena: «No tenemos suficientes pilotos de avión (¿quién podría haber formado pilotos de avión? – E.M.) No había suficientes en el 73, no había suficientes en el 72, no había suficientes en el 71. Y si hubiéramos empezado a armar a los trabajadores antes, los pilotos habrían atacado primero”. En definitiva, ésta es la explicación de los estalinistas en los debates que mantuvimos con los dirigentes del PC belga, es decir, «el resultado que se produjo era inevitable». No quiero entrar en la cuestión de Chile, no viene al caso.
Hubo un debate similar, obviamente académico, sobre qué habría pasado en mayo de 1968 si las y los trabajadores hubieran empezado a plantearse la cuestión del poder. El problema esencial es un problema político, no técnico. Y es un problema muy difícil, cuya dificultad tenemos que comprender, y tenemos que entender que la mayoría de quienes proponen soluciones técnicas lo hacen en realidad porque intentan escapar de la dificultad huyendo hacia adelante.
¿Cuál es la dificultad? Es la misma que he mencionado antes con respecto al parlamento. Dada la tradición del movimiento obrero en Europa Occidental -con la posible excepción de España- los trabajadores y trabajadoras no están dispuestos a tomar las armas. Les parece una preocupación totalmente alejada de su experiencia real. Y lo es, ¡no cabe duda! Así que tenemos que encontrar las mediaciones necesarias para que lo experimenten y lo comprendan. Ahí está la importancia del problema de la autodefensa, de la lucha antifascista, de las experiencias concretas de los piquetes y de su extensión.
Porque es solo a través de estas experiencias que [el problema del armamento] se hace más concreta para una masa más amplia. Dejo de lado el problema de la preparación de los cuadros y del papel de la organización revolucionaria a este respecto, sobre el que ya se ha escrito bastante. Una vez más, la dificultad, que es muy grande, la reduce en parte el propio adversario.
Si la burguesía y el Estado se comportan de forma totalmente pasiva ante una huelga general con ocupación de fábricas, con consejos obreros y el comienzo de la organización de la producción por los propios trabajadores y trabajadoras,en ese caso, con ocupación de las telecomunicaciones, la conciencia no avanzará mucho en el camino del armamento. Pero si se concentran todas estas condiciones, esto es poco probable: es absolutamente inevitableuna respuesta bastante rápida de la burguesía. Tomará la forma de una provocación armada, al principio pequeña y cada vez más grande. La cuestión del papel de la vanguardia revolucionaria es aprovechar cada una de estas experiencias para dar saltos en la conciencia y en la organización práctica en el plano de la autodefensa armada.
Así es como la huelga general con ocupación de fábricas y el nacimiento de órganos de doble poder se aproxima a la situación en la que la insurrección armada y la conquista del poder empiezan a ponerse a la orden del día. Y la preparación de los revolucionarios para ello es ante todo una preparación política, cuyo aspecto técnico no hay que descuidar, pero que es secundario.
En los últimos 50 años,todos los fracasos de las revoluciones en Europa Occidental no se han producido porque hubiera una preparación técnica insuficiente, sino porque hubo fallos en el plano político. Si la clase obrera española consiguió desarmar prácticamente todos los cuarteles de las grandes ciudades, no fue porque tuvieran mucha riqueza técnica, lo consiguieron mediante un asalto colosal. Si fracasaron en la conquista del poder, no fue porque los medios técnicos que tenían en julio les faltaran en septiembre, sino porque, evidentemente, les faltó comprensión política, una vanguardia y una dirección política al respecto.
Y quiero terminar con dos ejemplos de la revolución alemana que son los dos momentos en los que se planteó concretamente la conquista del poder. En primer lugar, la huelga general contra elputschdel general Kapp en 1920. La emoción provocada por elputschy la enorme confianza en sí mismo nacida del hecho de que este putsch se derrumbó al cabo de tres días de huelga general, llevaron a que incluso el partido socialdemócrata y, sobre todo, el sindicato, por primera y única vez en Alemania, plantearan la cuestión de un gobierno obrero.
Legin, secretario general del sindicato alemán, planteó la cuestión de formar un gobierno compuesto por los sindicatos, el partido socialdemócrata, el partido socialista independiente y el partido comunista. El PC cometió el enorme error de no aprovechar la oportunidad y lanzar una campaña de agitación para la aplicación inmediata de esta propuesta. Sobre todo, cuando en una parte de Alemania (Ruhr y Sajonia), las y los obreros se habían armado de nuevo para oponerse alputsch. En ese momento concreto, era posible avanzar. Así que, no fue la falta de armas y de fuerzas técnicas, sino la falta de sabiduría política lo que determinó que no se aprovechara este punto de inflexión.
El segundo ejemplo es el de septiembre-octubre de 1923. Ya he hablado mucho y no puedo realizar la descripción 1923, que es el punto de inflexión de la historia europea. En el verano de 1923, la clase obrera alemana, mediante una huelga general, derrocó al gobierno conservador del canciller Kuno. En aquel momento, el PC estaba ocupado en ganar la mayoría en los grandes sindicatos y en muchos comités de empresa. El líder del PC, Brandler, tenía un plan para ganar el poder. Era un proyecto arriesgado, pero no estúpido. Se trataba de un proyecto en tres fases. En primer lugar, el PC forma un gobierno de coalición en dos provincias, Sajonia y Turingia, con la izquierda socialista. En segundo lugar, utiliza las posiciones dentro de estos gobiernos para formar milicias obreras armadas y, en tercer lugar, se apoya en estosguardias rojospara preparar la insurrección en toda Alemania.
Obviamente no era un proyecto secreto; todo el mundo, incluso la burguesía, lo conocía: se discutía a plena luz del día en la prensa del PC. Lo que hacía vulnerable el segundo punto era, obviamente, que la burguesía iba a reaccionar en cuanto los ministros comunistas pusieran en marcha el armamento de los obreros. Esto es lo que ocurrió. En cuanto se aplicó la primera medida de formar laguardia roja, el Reichwehr entró en Sajonia y Turingia y disolvió estos dos gobiernos. Este era el aspecto técnico de la cuestión, que es discutible.
Ahora bien, ¿cuál era el aspecto político que era, con mucho, el decisivo? Sajonia y Turingia eran dos Lander gobernados por primeros ministros socialdemócratas de izquierdas. Ambos gobiernos contaban con el pleno apoyo de los sindicatos. La ofensiva militar del ejército contra estos dos gobiernos fue una afrenta, un verdadero ataque al movimiento obrero organizado en Alemania. Hubiera sido posible revertir este pequeño éxito táctico, por los demás secundario, en los dos Länder siempre que el PC y la vanguardia obrera se hubieran preparado de forma sistemática para un enfrentamiento a nivel nacional, incluso a nivel armamentístico.
El camarada Brandler no lo hizo; se mostró vacilante en esta cuestión y especialmente en la cuestión de si la situación estaba madura para un enfrentamiento. Dio la vuelta a la dificultad de un modo clásicamente centrista: convocó un congreso de consejos obreros, de comités de fábrica, y les hizo la siguiente pregunta: «¿Estáis dispuestos a resistir a la Reichwehr con las armas? La respuesta estaba cantada. Debo decir, porque es una prueba de la extraordinaria madurez de la situación, que hubo cerca de un 40% a favor de la resistencia armada en ese congreso.
Pero como resumió Trotsky: «Si una masa de militantes obreros vacilantes se encuentra ante un dirigente vacilante que les dice: «Estoy dispuesto a seguiros; ¿qué iniciativa tomáis?, evidentemente no cabe esperar que corran a la conquista del poder». Evidentemente, se tendría que haber dado la situación contraria: una dirección muy resuelta que tuviera que convencer a una masa aún vacilante de que sólo había una salida e indicar esta salida de manera muy clara tomando las iniciativas necesarias en esta dirección. Esto es lo que hicieron los bolcheviques en 1917.
Lo que es absolutamente decisivo es la preparación de las condiciones subjetivas necesarias para que la clase obrera en su mayoría adopte la necesidad de una prueba de fuerza decisiva con la burguesía.
Toda la lógica de esta exposición es que una huelga general, una huelga general activa, una huelga general que conduce a la elección de consejos obreros, prepara esa prueba de fuerza; que existen muchas bazas en el campo obrero. Cuanto más industrializado está un país, cuanto más avanzado es el tecnicismo de los procesos sociales, más bazas tiene el campo obrero.
Pero el factor decisivo en el análisis final es el campo que toma la iniciativa en la acción. Tomar la iniciativa en la acción, aunque sólo sea por un día, venciendo al adversario en un momento decisivo, cambia totalmente la relación de fuerzas. Aquí es donde vemos la importancia del partido revolucionario y del factor subjetivo para cambiar el curso de la historia.
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Todos somos pasajeros de un nuevo Titanic. Sin embargo, a diferencia del Titanic de 1912, los oficiales y la mayoría de los pasajeros de este hermoso transatlántico lo saben. Saben que si el nuevo Titanic sigue su rumbo actual, chocará inevitablemente contra un iceberg y se hundirá. El iceberg se llamaCambio Climático. Algunos de los agentes preguntaron por un cambio de rumbo. «Demasiado caro» fue la respuesta: habría que compensar a los pasajeros, etc., en resumen, un gran gasto. Sin embargo, se adoptó una resolución para reducir la velocidad, pero apenas se aplicó. Mientras tanto, en la lujosa claseBusiness, la orquesta toca y los pasajeros bailan. En la clase turista, la gente sigue con pasión el campeonato de fútbol por televisión.
Un grupo de jóvenes indignados protesta y exige otra ruta, pero sus voces son ahogadas por el ruido de la orquesta y la televisión. Algunos pasajeros, tanto de clase preferente como económica, están preocupados. Muy preocupados. Saben que varios polizones han conseguido subir al transatlántico. Se están movilizando activamente para darles caza y arrojarlos por la borda. Una minoría filantrópica propone darles un chaleco salvavidas antes de abandonarlos en el océano. Aún lo están debatiendo. Mientras tanto, el nuevo Titanic avanza inexorablemente hacia su iceberg…
Esta alegoría tragicómica puede utilizarse para ilustrar la situación de nuestra civilización (capitalista industrial moderna) ante la amenaza cada vez más evidente de catástrofe ecológica, a saber, el cambio climático irreversible e incontrolable, que amenaza los fundamentos mismos de la vida en general y de la vida humana en particular. ¿No es esto una alienación de la humanidad en su conjunto, incapaz de conjurar el peligro inminente?
El iceberg se acerca
¿Qué es la alienación? El diccionarioRobertofrece dos definiciones:
¿Estamos en el primer caso? ¿Podemos hablar de una especie de «trastorno mental» colectivo que incapacita a los individuos para comportarse con normalidad? Tal vez. Pero más que de «trastorno mental», deberíamos hablar de ceguera voluntaria o miopía agravada o comportamiento de avestruz (ante el peligro, esconder la cabeza bajo tierra). Me inclino por la segunda definición del diccionario, siempre que se extienda del individuo a la colectividad.
El análisis clásico de la alienación (Entfremdung) se encuentra en Marx, especialmente en los Manuscritos de 1844. Para el joven Marx, la alienación es el proceso por el cual los productos de la actividad humana, del trabajo, de la producción, se independizan de sus creadores y toman la forma de un poder autónomo, que escapa a su control y se les opone como hostil y ajeno. Es el caso de las materias primas, el mercado mundial, los combustibles fósiles, la agricultura industrial, el productivismo, el consumismo. De hecho, toda la civilización industrial se ha convertido en un poder incontrolable que se vuelve contra sus creadores y amenaza con destruirlos. Es una especie de sistemaautómataimpersonal, que funciona según sus propias reglas, perfectamente basadas en cálculos matemáticos (de pérdidas y beneficios) que no se pueden romper.
El nuevo Titanic navega con piloto automático, cuyo funcionamiento defienden amargamente quienes disfrutan de los privilegios de este barco de lujo. Aún se puede evitar lo peor. Todavía es posible salir del círculo infernal de la alienación y recuperar el control de la navegación. Aún podemos cambiar de rumbo. Pero el tiempo se acaba… Cambiemos de rumbo ¿Quiénes son esos jóvenes que intentan, con energía inagotable, despertar a los pasajeros del nuevo Titanic y romper el hechizo mortal de la alienación comercial? Las nuevas generaciones son cada vez más conscientes de que, dentro de unas décadas, les tocarápagar la facturade la ceguera de quienes hoy ostentan el poder, sea económico o político. Entiende muy bien que el problema no es sólo de los gobernantes -cuya inercia queda patente en el espectacular fracaso de decenas de reuniones de la COP, incluida la última sobre el clima en Sharm el-Sheikh-, sino del sistema económico vigente (es decir, el capitalismo industrial moderno). Esta concienciación se refleja en el lema de innumerables manifestaciones desde la Conferencia de Copenhague de 2009: «¡Cambiemos el sistema, no el clima! Porque, como resume perfectamente Greta Thunberg: «Es matemáticamente imposible resolver la crisis climática dentro del actual sistema político y económico». Greta Thunberg -llamadabrujapor fascistas, neofascistas y reaccionarios de todo pelaje- ha desempeñado innegablemente un papel catalizador en la movilización de los jóvenes por el clima. Su llamamiento de agosto de 2019 a una huelga climática mundial fue seguido por 1,6 millones de jóvenes en 125 países de todo el mundo y su llamamiento del 20 de septiembre de 2020 ¡por 7 millones! Puede que la crisis del covid-19 haya frenado esta movilización, pero está volviendo a ponerse en marcha, de mil formas diferentes: Viernes por el Futuro, Huelga Mundial por el Clima, Rebelión contra la Extinción, Juventud por el Clima, etc. Resumiendo el estado de ánimo de esta generación, Greta Thunberg dijo recientemente: «No nos rendiremos sin luchar». Esta combatividad de la juventud es nuestra principal esperanza para evitar el naufragio colectivo.