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Volodymyr Ishchenko: “Zelensky ya no es el dirigente más popular en Ucrania”

28/02/2024

Volodymyr Ishchenko

Investigador asociado en el Instituto de Estudios sobre Europa Oriental de la Universidad Libre de Berlín

Traducción: Enric Bonet
Fuente: 
El Salto

El sociólogo ucraniano Volodymyr Ishchenko trabaja como investigador asociado en el Instituto de Estudios sobre Europa Oriental de la Universidad Libre de Berlín. Este doctor en sociología por la Universidad Nacional Taras Shevchenko de Kiev ha dedicado buena parte de sus investigaciones a la revuelta de Maidán de 2014. Tras el inicio de la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero de 2022, Ishchenko ha destacado por sus análisis sobre el conflicto en medios de izquierdas, como Jacobin o The New Left Review, con una perspectiva alejada de los dos focos propagandístico, el prorruso y el occidental.

Aprovechando el segundo aniversario del estallido de la guerra, Ischenko ha publicado el libro Toward the Abyss: Ukraine from Maidan to War (Hacia el abismo: Ucrania desde Maidán hasta la guerra) en la editorial Verso Books. También ha concedido esta extensa entrevista para El Salto en que analiza las repercusiones en la política y la sociedad ucranianas de dos años de un conflicto tan devastador como enquistado.

En los medios occidentales permanece el relato de que hay cierto consenso en la sociedad ucraniana respecto a la estrategia de combatir contra Rusia “hasta el último ucraniano”. ¿Eso es cierto? ¿O la percepción de la nación ucraniana resulta mucho más diversa y dispar?


Ucrania siempre ha sido un país muy diverso, con grandes diferencias territoriales. Pero en 2022, sobre todo durante los primeros meses de la guerra, hubo la percepción de que la invasión rusa había reforzado la unidad de la nación. Ese efecto no se debió únicamente a la invasión de por sí, sino más bien al fracaso del plan inicial de Moscú de cambiar al Gobierno de Kiev, lo que aumentó las expectativas de una victoria ucraniana. Pero esa unidad nacional ya era frágil en ese momento y no ha parado de deteriorarse desde entonces. Desde principios del año pasado, creció el malestar en la sociedad, que se reflejó en las tensiones por la conscripción militar o los intentos ilegales de miles de hombres para cruzar la frontera e irse del país. Y el fracaso de la contraofensiva ucraniana el pasado verano acentuó aún más este pesimismo.

Esto ha provocado divergencias entre las élites ucranianas…


Sí, el final de esta unidad nacional no solo lo observamos entre la gente corriente, sino también entre las élites. Las tensiones entre el presidente Volodimir Zelensky y el general Valery Zaluzhny —destituido el 8 de febrero como jefe de las fuerzas armadas— ejemplifican estas divergencias. En el caso de que diera el salto a la política, Zaluzhny representaría la principal alternativa a Zelensky.

¿En qué situación se encuentra actualmente Zelensky? ¿Sigue siendo tan popular como al principio del conflicto?


En el libro Towards the Abyss, aseguro que, si Ucrania gana la guerra, Zelensky puede convertirse en el líder más popular en la historia del país. Pero eso lo escribí en 2022 y ahora la situación ha cambiado. El apoyo al presidente ucraniano ha decaído bastante en los últimos meses y ya no es el dirigente más popular del país. Ahora lo es Zaluzhny. Cuando Zelensky destituyó al jefe de las fuerzas armadas, muchos ucranianos consideraron que lo hizo por celos políticos y para eliminar a un posible adversario.

En circunstancias normales, Ucrania hubiera celebrado elecciones presidenciales este año, puesto que el mandato de Zelensky —elegido en 2019— se termina en 2024. Pero al estar el país bajo una ley marcial, estos comicios han quedado aplazados ad calendas graecas. ¿Esto puede debilitar la legitimidad del jefe del Estado?


Actualmente, Zelensky es considerado como un dirigente legítimo. No creo que sea un problema para él que no se celebren este año las presidenciales. Pero esto podría volverse problemático debido a otros factores. Por ejemplo, un empeoramiento de la situación en el frente militar, un aumento del malestar ciudadano por el reclutamiento, dificultades en la llegada de armamento occidental… Todo eso podría debilitar la figura de Zelensky y haría que sus adversarios, como el partido de Petro Poroshenko —presidente entre 2014 y 2019—, le reprocharan que no haya convocado elecciones. Pero si mejora la situación militar, este argumento resultará irrelevante.

A finales de marzo de 2022, la Plataforma de Oposición —un partido especialmente arraigado en el sur y el este del país— y numerosas formaciones de izquierdas fueron suspendidas con el argumento de que eran “prorrusas”. ¿En qué situación se encuentran actualmente estos partidos?


Primero, fueron suspendidos y luego completamente ilegalizados. Algunos de los diputados de la Plataforma de Oposición —hasta su ilegalización era la segunda fuerza en el Parlamento— se fueron del país, mientras que otros se quedaron a cambio de jurar lealtad a Zelensky. Entendieron que esa ilegalización se trataba de una especie de chantaje y que los perseguirían tachándoles de “traidores” y “prorrusos” si no respaldaban las medidas del Gobierno. Algunos dirigentes disidentes del entorno de Zelensky, como su exasesor Oleksii Arestovich, quien se fue de Ucrania por miedo a posibles represalias, intentan ahora seducir a los votantes de estas formaciones “porrusas”.

En su ensayo, lamenta que el calificativo de “prorruso” se haya convertido en un arma arrojadiza utilizada no solo contra aquellos que mantienen vínculos estrechos con Rusia, sino con los que disienten del relato oficial y defienden, por ejemplo, que Ucrania no entre en la OTAN y se mantenga como un país neutral.


Es habitual en los países en guerra que haya una escalada en la represión y se refuerce la verticalidad del poder. Pero este uso de la palabra “prorruso” no se debe solo a la guerra, sino más bien el conflicto sirvió como pretexto para llevar a cabo esta represión. Hace diez años, la revuelta de Maidán ya representó una oportunidad para toda una serie de actores y partidos —especialmente vinculados al nacionalismo ucraniano, arraigado en el oeste del país— para ganar influencia, concentrar el poder en sus manos e imponerse al bando del este de Ucrania, de habla rusa. Una de las tesis que defiendo en el libro es que estos dos bandos nunca fueron simétricos y que cada uno de ellos se respaldaba en distintas clases sociales. Y el bando del nacionalismo ucraniano tuvo una mayor capacidad de movilización de las masas durante la revuelta de Maidán y eso acentuó esta asimetría.

También afirma que “el fracaso para culminar una construcción nacional plural ha tenido consecuencias catastróficas” para los ucranianos. ¿Ucrania se está convirtiendo en un país iliberal?


En realidad, Ucrania nunca ha sido una democracia liberal. Aunque se hayan organizado elecciones desde su independencia en 1991, lo que ha caracterizado el país ha sido la constante debilidad de sus gobiernos. Excepto Leonid Kuchma, quien logró ser reelegido en 1999, el resto de los presidentes solo pudieron gobernar durante un mandato. Los primeros ministros aún cambiaron con mayor frecuencia. No creo que la cuestión central sea si se está convirtiendo en un país iliberal, sino si logra pasar de un país inmerso en una crisis permanente a otra cosa. Difícilmente se puede construir una democracia liberal en un Estado tan inestable.

La resiliencia de Rusia ante las sanciones occidentales y la guerra de desgaste en Ucrania ha sorprendido a las élites y opiniones públicas occidentales. ¿Cómo lo explica? ¿El régimen de Vladimir Putin se ha beneficiado de haber impulsado una especie de keynesianismo militar?


Sí, sin duda. El keynesianismo militar está teniendo efectos positivos para buena parte de la economía rusa. Cuando los soldados y los trabajadores de la industria militar —o los implicados en la reconstrucción de los territorios ucranianos ocupados y anexados— cobran salarios mucho más altos de lo normal, esto repercute en otros sectores que se ven obligados a aumentar los sueldos. Aunque no todos los sectores puedan seguir esta tendencia y este modelo tenga efectos contradictorios, ha generado grupos de la población que se han visto beneficiados por la guerra, como los soldados, sus familiares, trabajadores de la industria militar… También una parte de los oligarcas se han beneficiado de este keynesianismo militar y esto ha reforzado la unidad de las élites rusas.

En su libro, subraya el contraste entre este “keynesianismo militar” en Rusia con el modelo neoliberal que ha permanecido en Ucrania para afrontar este periodo bélico.


Sí, esto se debe a las distintas coaliciones de clase en cada país. Como el Gobierno ucraniano se sustenta sobre todo en las clases medias y los capitales transnacionales, esto hizo que haya seguido aplicando medidas neoliberales. Una de las principales políticas impulsadas en 2022 fue una importante disminución de los impuestos para las pequeñas empresas. Medidas de este tipo resultan muy poco habituales para los países en guerra, cuyos Estados necesitan recaudar recursos para financiar el ejército. En el caso de Ucrania, esto fue posible gracias a la ayuda occidental, tanto armamentística como monetaria. Durante los dos años de conflicto, ha decaído la influencia económica y política de los oligarcas ucranianos, pero se ha acentuado la dependencia del país respecto a Occidente.

¿Y quién defiende a las clases trabajadoras ucranianas? ¿Hay partidos de izquierdas?


Antes de la guerra, los sindicatos en Ucrania ya eran muy débiles y prácticamente no tenían capacidad para impulsar protestas y huelgas. Y desde el inicio del conflicto, las manifestaciones han quedado prohibidas debido a la ley marcial. Respecto a las formaciones de izquierdas, el Partido Comunista fue suspendido en 2015 y lo ilegalizaron completamente en 2022. Antes de su ilegalización, se trataba del partido de izquierdas más importante, con un apoyo del 13% del electorado en las legislativas de 2012. El resto de las fuerzas progresistas son extraparlamentarias y marginales.

¿La muerte de Alexéi Navalny —uno de los principales opositores a Putin — ha tenido un efecto significativo en la sociedad ucraniana?


No, ha tenido un efecto nulo. Ha sido un acontecimiento completamente secundario para los ucranianos. Para los sectores más nacionalistas, Navalny es simplemente un político ruso y ellos consideran que todos los rusos son iguales. Además, le reprochan que defendiera que Crimea debía formar parte de Rusia. Y para los ucranianos menos nacionalistas, su figura tampoco resultaba especialmente relevante.

¿Y en el caso de Rusia? ¿Puede debilitar la resiliencia del régimen de Putin?


No lo creo. Aunque la muerte de Navalny tuvo una gran repercusión en las redes sociales y en aquellos sectores más movilizados de la oposición en Rusia, era un dirigente impopular para la mayoría de los rusos. No creo que su muerte tenga una gran incidencia en ese país. En realidad, ha tenido un impacto sobre todo a nivel internacional, aún más teniendo en cuenta que su muerte se anunció pocos días después de la entrevista de Putin con el periodista estadounidense Tucker Carlson, en que decía que quería negociar y un acuerdo de paz. Pocos días después, se anunció la muerte de Navalny. Y hay la sospecha de que el presidente ruso está detrás de ella.

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