Enzo Traverso El historiador Enzo Traverso analiza el papel que tuvo esta corriente de teóricos progresistas judíos en el libro La cuestión judía: historia de un debate marxista, que redactó en 1990 y que Verso Libros acaba de publicar actualizado al castellano.

Especiales temáticos: genocidio sionista en gaza
08/11/2023
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Entre mediados del siglo XIX y el Holocausto, el mundo judío contó con un grupo de pensadores marxistas que dio una mirada moderna y emancipadora a Occidente. Con la derrota del nazismo y el fin de la Segunda Guerra Mundial, esta minoría de intelectuales quedó sepultada por un nuevo orden internacional que, de la mano de las élites judías norteamericanas, se fundamenta en la doctrina neoliberal y el nacionalismo conservador.
El historiador Enzo Traverso analiza el papel que tuvo esta corriente de teóricos progresistas judíos en el libro La cuestión judía: historia de un debate marxista, que redactó en 1990 y que Verso Libros acaba de publicar actualizado al castellano.
Traverso (Gavi, Italia, 1957) nos acerca a aquel movimiento de intelectuales, encuadrados en las figuras de Karl Marx, Lev Trotsky y la Escuela de Frankfurt, como medio para interpretar el pasado y entender las políticas que practica el actual Estado de Israel en un contexto de alarma por el auge del postfascismo en Europa.
Sale de una reflexión vinculada a mi formación académica y política. Entiendo que no es posible estudiar la historia del marxismo sin tener en cuenta la dimensión judía, que es subyacente a esta corriente de pensamiento crítico.
«Es muy difícil estudiar la historia judía sin tener en cuenta la perspectiva marxista»
Y a la inversa: es muy difícil estudiar la historia judía, que va del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial -periodo en el cual se abre y se expande como forma de vida moderna-, sin tener en cuenta la perspectiva marxista. Las dos cosas están ligadas y la historiografía todavía no lo había abordado.
Aparece en el proceso de apertura del mundo judío, cuando varios pensadores dan una orientación cosmopolita a sus planteamientos de cambio social. Entonces, el semitismo era muy presente entre los nacionalismos europeos, de aquí que estas voces tuvieran sobre todo influencia en los movimientos de liberación de los pueblos oprimidos.
Hay matices. Así como en Italia hay un ministro judío y en Francia encontramos algunos en la jerarquía militar, en otras zonas de la Europa central y oriental esta intelligentsia judía progresista queda completamente marginada.
Sobre todo en Alemania, donde el Estado germánico, cristiano y claramente racial, percibe la emancipación judía como un peligro a extirpar. Sus teóricos son odiados y perseguidos, incluyendo Albert Einstein, que, a pesar de recibir el premio Nobel de Física en 1921, se ve obligado a exiliarse. Hannah Arendt los define como los «intelectuales paria».
Esto pasará después del Holocausto. Un episodio que provoca la destrucción radical del mundo judío, del cual una parte se salva huyendo a la Unión Soviética, a Francia o a los Estados Unidos. Es el caso de Herbert Marcuse, que, pese a esta ofensiva, actualiza su antología El hombre unidimensional, donde crítica al neocapitalismo de la posguerra.
«Los judíos dejan de ser una minoría excluida, y esto favorece la eclosión de una élite imperialista»
Exacto. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, se abre una nueva etapa: los judíos dejan de ser una minoría excluida y oprimida, y esto favorece la eclosión de una élite imperialista, conservadora y alineada en los dispositivos de dominación de Occidente, con Kissinger como figura más relevante.
Esta idea, acuñada por el escritor judío-polaco Isaac Deutscher, alude al sentimiento que les produce verse atrapados en la contradicción de reivindicarse como judíos en oposición al antisemitismo y, a la vez, como no judíos, para desvincularse del judaísmo más tradicional y reaccionario.
Hay dos momentos claves en este proceso. Primero, el macartismo, la cacería de brujas que se desarrolló en los Estados Unidos entre 1950 y 1956 contra escritores e intelectuales de izquierdas, a quienes se acusa de deslealtad, subversión y traición a la patria.
Y, después, en 1967, a partir de la Guerra de los Seis Días entre Israel y sus vecinos árabes, después de la creación del Estado de Israel (1947) en la Palestina bajo mandato de la Gran Bretaña.
Por supuesto. Se ha convertido en el paradigma del Estado antimoderno, de una nación cerrada en sí misma -actualmente está expulsando a los refugiados ucranianos que no son judíos-. Y para justificarse se parapeta en la supuesta amenaza de los países árabes y, sobre todo, en el horror que supuso el Holocausto.
No sólo esto: acusa de antisemitas a quienes critican el apartheid que practica en Palestina y de judíos bolcheviques a los árabes o musulmanes que, según dicen, son potencialmente terroristas. Dos chantajes que hoy se encuadran en el ideario postfascista que protagonizan algunos nacionalismos.
Constituye una de las matrices del pensamiento crítico contemporáneo. Un legado que nos puede ser útil para luchar contra el racismo, del cual hay que recordar que, antes de ser también responsables, los judíos fueron víctimas y, entre estos, un grupo de pensadores de izquierdas ayudaron a combatirlo.
