En defensa de Cuba contra el cerco y el hambre neocoloniales impuestos por Trump
Ana Carvalhaes, Israel Dutra, João Machado y Manuel Rodríguez Banchs*
La intención del neofascista de la Casa Blanca es poner de rodillas a la isla caribeña y a su gobierno, estrangulándolos económicamente de una vez por todas, matando a su pueblo con oscuridad y escasez. Pero no se trata «solo» de una guerra contra Cuba y su tradición revolucionaria. Es la continuación de la guerra contra la soberanía de todos los países latinoamericanos y los pueblos latinos dentro de los Estados Unidos. En particular, Lula, Petro, Orsi y los gobiernos de la socialdemocracia deben oponerse enfáticamente a este crimen en todos los foros y organismos internacionales.
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Tras la «toma» de facto de Venezuela por parte de Estados Unidos, con el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores el 3 de enero, el objetivo principal de los estrategas de la extrema derecha en torno a Trump es la isla del Caribe, que ha sido escenario de resistencias contra dos imperios desde el siglo XIX y escenario de la última revolución anticapitalista victoriosa del mundo, entre 1959 y 1961, liderada por el Movimiento 26 de Julio (el movimiento de Fidel Castro) y las masas trabajadoras de los cañaverales y las fábricas.
Desde Washington y desde una Caracas transformada – a fuerza de armas y sanciones –, en una especie de capital de un virreinato en pleno siglo XXI, los halcones yanquis le han declarado la guerra a Cuba, un país pequeño, aislado por la naturaleza y la geopolítica, cuyo desarrollo se ha visto limitado por décadas de bloqueo estadounidense y dependencia energética y alimentaria del exterior. (Muchos dirán, como nosotros, combinado con los errores de sus propios gobiernos).
El primer paso del ataque en curso fue el corte del suministro de petróleo venezolano, que desde el primer gobierno de Hugo Chávez (1998) garantizaba el funcionamiento de la economía de la isla. (Orden cumplida rápidamente por Delcy Rodríguez). Cuba necesita 100 000 barriles diarios de petróleo y produce 40 000. El momento actual del ataque es de intensa presión para que el último proveedor de petróleo a Cuba, México, deje de enviar petroleros, lo que Claudia Sheinbaum soberanamente aún no ha hecho.
Al mismo tiempo, en un festival de provocaciones mediáticas típico de un showman genocida, Trump llama al líder cubano Díaz-Canel para «negociar» nada menos que el fin de la soberanía del país. Dice que Cuba se rendirá, gracias a que está matando de hambre a los cubanos y cubanas, tal y como hizo, apoyando a Israel y sus bombardeos, con los habitantes de Gaza. (Por ahora no hay proporción entre uno y otro, pero el método inhumano es el mismo). Todo indica que el gobierno yanqui espera con ello una de dos cosas: la capitulación de La Habana o una rebelión popular interna.
Díaz-Canel, en una rueda de prensa internacional el 6 de febrero, describió el sufrimiento de su población y denunció lo que está ocurriendo como un intento de genocidio. Lamentablemente, aunque hayan emitido notas protocolarias críticas a Washington, China y Rusia, consideradas por muchos como «potencias alternativas», hasta ahora no han contribuido ni siquiera con un galón de gasolina para evitar lo peor en Cuba. El corte del suministro de petróleo a Cuba por parte de Delcy Rodríguez también debería hacer reflexionar aquellos que siguen con el «mantra» de que el gobierno venezolano todavía tiene algo que ver con la «revolución», cuando en realidad se ha convertido en administrador del protectorado. En cuanto a Lula y al PT, es lamentable que no ordenen a la riquísima Petrobras que rompa el bloqueo energético a Cuba, tal y como exige acertadamente la Federación Nacional de Petroleros (FNP).
Revanchismo fascista
¿Por qué un David debilitado como la pequeña y valiente Cuba es objeto de tanto odio por parte del Goliat neofascista? Después de todo, a diferencia de lo que se observó correctamente sobre Venezuela, donde el objetivo inmediato era garantizar el petróleo —hasta el punto de que el imperialismo descartó a su amiga de larga data María Corina Machado y mantuvo un madurismo sin Maduro en el poder—, en el caso cubano la explicación es pura geopolítica neofascista, con una sobredosis de revanchismo ideológico y de clase. Trump y su secretario de Estado, descendiente de contrarrevolucionarios cubanos, Marco Rubio, necesitan derrotar al país que osó, en el pasado, combatir el capitalismo, y que fue símbolo e inspiración para generaciones de luchadores por la soberanía nacional y, en las primeras décadas posteriores a 1961, por la transformación social.
Cuba fue el único país latinoamericano en el que se expropió a la burguesía, más concretamente con la proclamación por parte de Fidel del carácter socialista de la revolución, en 1961. Vale recordar que en los primeros años de la revolución sandinista en Nicaragua, en algunos momentos de los gobiernos de Hugo Chávez (en particular tras la derrota del golpe pro-Estados Unidos de 2002), en el primer gobierno de Rafael Correa en Ecuador y en los primeros mandatos del MAS en Bolivia (2006-2010) los capitalistas locales e internacionales fueron desplazados del poder, constituyéndose gobiernos momentáneamente sin burguesía. En otra etapa del imperialismo, aquellos gobiernos progresistas sudamericanos fueron igualmente blanco del odio imperial – en particular Nicaragua, que enfrenó la violencia de los contras, financiados por Washington. Pero la radicalidad de la revolución cubana nunca fue imitada por completo.
La situación actual de Cuba debe ser enfrentada como la de una crisis humanitaria sin precedentes y la amenaza de una nueva operación militar del imperialismo de Trump contra otra nación latinoamericana, soberana. Estos dos elementos son más que suficientes para desarrollar una fuerte campaña unitaria -nacional e internacional- en defensa de Cuba. En un momento en el que el gobierno de Estados Unidos se enfrenta internamente a una oposición cada vez mayor, a amplias movilizaciones contra el ICE y a un sentimiento de solidaridad con los inmigrantes, en particular con los latinos, es necesario impedir que Trump gane otra vez, como en Venezuela.
Independientemente del balance que se tenga sobre la revolución cubana, lo que está en juego es la soberanía e independencia de un país latinoamericano históricamente oprimido. Es urgentemente necesario presionar para que se vuelva a suministrar petróleo a Cuba y se puedan enviar alimentos y medicamentos a la isla.
¡Todos los que apoyan la idea de la soberanía, el principio de no injerencia y el derecho de los pueblos a decidir su destino deben ser llamados a pronunciarse, a tomar posición y a movilizarse contra el cerco!
¡Trump y Rubio, saquen sus manos de Cuba!
¡Por el fin inmediato del bloqueo energético y alimentario contra la isla!
Lula, Petro, Orsi, movilicen con fuerza. No bastan las notas de repudio. Trabajen por un frente de gobiernos contra el bloqueo y contra el cerco a Cuba.
Por una campaña global humanitaria de solidaridad con el pueblo cubano.
¡Todo nuestro apoyo a las flotillas que van a llevar alimentos y solidaridad al pueblo de Cuba!
(*) Miembros del Bureau Ejecutivo de la IV Internacional