Actualidad Internacional: Ecología

El clima y la guerra

16/06/2022

Åke Eriksson

Åke Eriksson es miembro de Vänsterpartiet sueco y de la sección sueca de la Cuarta Internacional, Socialistisk Politik

 

N

o hace mucho tiempo vivíamos en un planeta que se encontraba en una profunda crisis ecológica. Sabíamos que la crisis determinaba cómo se enfrentarían todas las demás crisis. Había un eco socialismo, una conciencia de que el proyecto socialista – que también estaba en crisis – tenía que replantearse partiendo de las condiciones que plantea la crisis ecológica. Condiciones que son innegociables. El último informe del Panel Climático de la ONU profundizó las condiciones. Los cambios climáticos están ocurriendo mucho más rápido de lo que la ciencia había pensado. Tenemos que frenar las emisiones ahora. No podemos esperar a que una nueva tecnología climáticamente inteligente reemplace en forma efectiva a nuestro actual portador de la muerte. Si no detenemos el “crecimiento” será el “crecimiento” lo que nos detendrá a nosotros.

El capitalismo nunca se puede hacer “verde”. Tenemos que poner inmediatamente fin a la aviación privada, a los yates de lujo, el turismo espacial, a las carreras de autos y la deforestación. Tenemos que conseguir de inmediato grandes inversiones en el transporte público. ¡La industria de la guerra es una gran parte de la producción nociva que hay que detener lo antes posible!

El petróleo y la guerra son gemelos. Detener el uso de combustibles fósiles es una acción por la paz. El urano y la guerra son gemelos. Detener la energía nuclear es una acción por la paz. Hoy sólo existe una forma de utilizar los residuos de las centrales nucleares y consiste en cargar nuevas armas nucleares.

En unos comentarios de Facebook una mujer dice que puede seguir volando porque ella planta un árbol por cada vuelo que hace. No se ha dado cuenta de que se necesitan 30 años antes de que el árbol beneficie al clima.

Cuando quedó claro cuáles fueron las consecuencias de las dos bombas atómicas que Estados Unidos lanzó sobre Japón en 1945 dijeron varios de los científicos que participaron en la creación de esta nueva arma que a partir de ese momento la elección era: o un mundo o ninguno. El militarismo y el nacionalismo deben ser reemplazados por la cooperación. Esta verdad se hizo mucho más evidente que antes a principios de febrero de 2022.

¡Boom! Así comenzó Putin su “operación especial» y envió al ejército ruso a Ucrania.

¡Boom! Allí explotó la imagen del planeta de la crisis climática. Ahora había guerra y en la guerra no importa que el gasóleo no sea neutral para el clima cuando se introduce en vehículos militares. Todo aquel que se atrevió a afirmar que toda actividad militar y toda producción de armas es incompatible con los objetivos climáticos fue señalada y señalado como putinista. Vänsterpartiet (el partido de izquierda) se asustó y de la noche a la mañana se retractó de su negativa a enviar armas a Ucrania. Como una prueba adicional de su disposición de pertenecer al acuerdo nacional la izquierda votó por el envio de armamentos militares adicionales, hasta el dos por ciento del producto interno bruto que es lo que Estados Unidos exige a sus aliados.

La guerra cuesta dinero y en la dirección del Partido de Izquierda no quieren aparecer como pacifistas. Que se nos pregunte a nosotros, a los miembros del partido de lo que pensamos, pero tampoco quisieron eso. Se dijo que eso del complejo militar-industrial era anticuado y que pertenecía a una “situación de política de seguridad diferente”. Que pertenecía a una época pasada, a otro planeta.

En los viejos tiempos, en enero de 2022, el congreso del Partido de Izquierda adoptó un manifiesto electoral con un tinte antimilitarista. En la nueva situación de la política de seguridad, solo hay una sola verdad, común a todos los partidos y clases: más armas traen más seguridad.

La idea de que se necesitan armas para defenderse es falsa y peligrosa. Ni siquiera se opta por probar métodos no violentos. Todo queda absorbido por la lógica de la guerra. La lucha armada exige una capacidad militar cada vez mayor. Los tanques blindados son el aporte de Suecia en la inversión conjunta de la UE y la NATO. Suecia, a travez de la pertenencia a la UE, está atada a su política exterior común. Suecia ya tenía sus propios acuerdos con los EE.UU antes de solicitar el ingreso a la NATO, entre otras cosa en materia de investigación y desarrollo militar conjunto. La producción de armas en Suecia está mayoritariamente en manos de capital británico y norteamericano. El poder del complejo militar-industrial está creciendo a expensas de la democracia. Los fabricantes de armas estaban desangrando y ahora las acciones están aumentando.

La “nueva situación de la política de seguridad” también caracteriza el debate de la extrema izquierda. En el humo de los misiles de Putin desaparece la imagen de un planeta con crisis climática. Ahora muchos miran el mundo de hoy a través de análisis de hace 100 años y repiten argumentos de hace medio siglo. Frente a cada nueva situación vuelven a aparecer los viejos debates. Es bueno que no nos quedemos atascados en respuestas obsoletas.

El buen principio del derecho a la libre determinación de las naciones se conecta automáticamente a la idea de que la guerra es la única forma de hacer valer ese derecho. La estupidez tantas veces repetida de Mao Zedong de que todo el poder surge de los cañones de las fusiles todavía parece dominar la manera de pensar.Los populares movimientos sociales no tienen armas para enviar. Los que no quieren defraudar a los afectados, y que están convencidos de que a un atacante armado sólo se le puede hacer frente con armas, tratan entonces de resolver el dilema pidiendo la intervención de alguna potencia imperialista.

Ante la amenaza de Gadafi de violentas orgías en Libia algunos dieron su apoyo a los bombardeos norteamericanos y a la participación de los aviones de guerra sueca. Algunos querían que EE.UU/NATO intervinieran contra el régimen de Assad en Siria. Hoy se piden más y más pesadas armas para Ucrania. Pero cada tiro que se dispara es un clavo en el ataúd de la humanidad, cada avión de combate que despega del suelo se aleja más rápido que el sonido de los objetivos climáticos.

Estamos de acuerdo en lo obvio, que hay que detener la guerra, que el ejército ruso regrese a casa, pero el tema de las armas nos divide.

Quien recibe ayuda en armas también se hace políticamente dependiente de quien dona las armas. Quienes claman por más armas para Ucrania terminan rápidamente viendo al estado como un “nosotros” nacional, sin clases, sin problemas, tanto en Ucrania como en Suecia. No es un gobierno obrero el que gobierna en Kyiv y el de Estocolmo está en manos de la industria bélica y del Pentágono. Hay una importante ”capacidad civil” de resistencia. Apostemos a esa capacidad en los contactos con el pueblo de Ucrania, Rusia y Bielorrusia.

La creencia en la lucha armada, como receta para el éxito de aquellos que quieren una sociedad sin clases persiste pero no tiene base en la experiencia histórica. El Estado no es una cosa, no es una máquina que se pueda romper o volar en pedazos. El Estado es un sistema de relaciones entre personas, de relaciones de poder. El poder del Estado se basa en la confianza de los subordinados en estas relaciones de poder. Quien construye un ejército – incluso si se llama Ejército Popular de Liberación – reconstruye precisamente esas relaciones entre las personas que iban a ser “aplastadas”. La Unión Soviética, la República Popular China, la República Popular Democrática de Corea, pero también Vietnam, Cuba, Nicaragua, Venezuela: mucho militarismo, poco de socialismo.

Nuevas crisis reviven viejos debates. El luchador climático que hoy habla de volar oleoductos está a punto de caer en el mismo callejón sin salida en el que se convirtió la lucha guerrillera en los años setenta. La desesperación es completamente comprensible. Estamos desesperadamente cortos de tiempo. Concentrémonos en darle al movimiento ecologista y al movimiento por la paz el peso social que necesita para ganar un verdadero poder explosivo. El eslabón de los sindicatos debe estar conectado a la cadena.

Se deben crear lugares de encuentro en donde los activos miembros de los sindicatos se reúnan con Fridays for future y Extinction Rebellion, en donde se reúnan con Naturskyddsförening (Asociación por la Conservación de la Naturaleza) y la Central sindical. El movimiento ecologista y climático debe estar en sintonía con los sindicatos – desde los anarco sindicalistas de SAC hasta los académicos de Saco – por un cambio que no se convierta en lo de siempre. Una clave para esto se puede encontrar en la red sindical del Partido de la Izquierda. No tenemos mucho tiempo, ¡Utilicémoslo bien!

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