Teoría: Historia

«Che» Abdelkrim, el León del Rif

21/07/2021

Hace un siglo…

El 21 de julio de 2021, hace poco más de un siglo, una parte del mundo experimentó una conmoción cuyos efectos aún se sienten hoy. El 21 de julio de 1921, el ejército español, bajo la dirección del general Silvestre, uno de sus gallardos oficiales, sufrió una de las pocas derrotas que un ejército colonial había soportado en el primer cuarto del «corto siglo XX».

A lo largo del siglo XIX, la monarquía española fue asistiendo al desmoronamiento de su imperio colonial en América Latina y, por el Tratado de París de 25 de octubre de 1898, fue despojada de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y la isla de Guam. Sin embargo, en la Conferencia de Algeciras (España) del 7 de abril de 1906, se le compensó con la concesión del Rif, en el norte de Marruecos, como parte del desmembramiento del último pedazo del continente africano que no había sido sometido a la dominación colonial. Francia, por su parte, estaba legitimada para poseer la parte sur de Marruecos, con Fez como línea divisoria.

De la neutralidad al desastre

Tras haber optado por la neutralidad durante la Primera Guerra Mundial, España se vio gravemente afectada por la llamada «gripe española» a partir de 1917. Haciéndose eco de la Revolución rusa que «estremeció al mundo en diez días», los años siguientes, 1918 y 1919, fueron llamados “trienio bolchevique». Se caracterizaron por una «creciente ola de organizaciones, huelgas, enfrentamientos y reuniones», apoyadas por las noticias procedentes de Rusia de que «los comunistas estaban repartiendo tierras a los campesinos pobres». En algunas ciudades españolas se proclamaron verdaderas comunas republicanas y se multiplicaron las ocupaciones de tierras. Para superar estas revueltas, el gobierno monárquico de Alfonso XIII movilizó hasta veinte mil soldados.

Sólo cuando el frente social fue aplastado, el ejército español fue reorientado hacia el Rif marroquí con la idea de matar dos pájaros de un tiro: evacuar el espíritu rebelde de ciertas categorías de la jerarquía militar mediante la guerra colonial y apoderarse de lo que quedaba del desmembramiento de Marruecos entre las potencias imperialistas.

¡»Che» Abdelkrim!

No obstante, los campesinos del Rif marroquí, con su ancestral espíritu rebelde contra cualquier forma de dominación, ¡no iban a dejarse atar por un ejército extranjero y español! Hay que recordar que siglos de resistencia contra el poder ibérico han marcado la historia de los rifeños.

Así, frente a 60.000 soldados españoles, en su mayoría reclutas de origen muy modesto, los campesinos del Rif, en particular los de las tribus Beni Ouriaghel, opusieron una resistencia histórica. Bajo el liderazgo de Abdelkrim El Khatabbi, antiguo maestro de escuela, periodista en El Telegrama del Rif[1]Periódico publicado en Melilla. e intermediario indígena para la resolución de cuestiones administrativas en la administración española de Melilla, los rifeños hicieron vacilar al ejército conquistador.

Unos cuantos miles de guerrilleros, casi siempre con armas ligeras, desbarataron al ejército español, provocando una verdadera hecatombe en sus filas: unas 17.000 víctimas, tardando varios años en recuperarse de esta tragedia. También vería nacer a los protagonistas que trastocarían la monarquía española y, por ende, toda la historia contemporánea de España.

Según la leyenda, el gallardo general Silvestre, aplastado y humillado, se suicidó. Fue sustituido por el futuro general Franco. El mismo que, una década después, abandonaría el «pacificado» Rif marroquí para dar su golpe de Estado militar abriendo el camino a la guerra civil de 1936-39, a la caída de las fuerzas progresistas y republicanas, y a la instauración de una dictadura fascista que duraría hasta su muerte en 1975.

Pocos historiadores se han tomado la molestia de explicarnos que gran parte de la historia contemporánea del sur de Europa está vinculada a este acontecimiento fundacional, que no fue la «Guerra del Rif», como se ha repetido una y otra vez, sino la «Revolución del Rif».

Año 1 de la Revolución

Año Uno Revolución de un levantamiento del mundo colonizado: la revuelta de los campesinos del Rif fue la primera chispa. La simpatía por esta revuelta llegó de todos los rincones del mundo colonial: de Asia, África y América Latina.

Los revolucionarios rusos saludaron a los rifeños y Trotsky, al redactar la carta fundacional de la Tercera Internacional, insistió en que cualquier partido que solicitara la adhesión a esta nueva Internacional debía anteponer la lucha contra su propia burguesía colonial, si pertenecía a un país bajo el yugo de la dominación colonial.

Los cinco años de existencia de este territorio liberado fueron, sin duda, el ejemplo que inflamó el espíritu de la juventud del Magreb, y en particular de la que estaba bajo el yugo de la potencia colonial francesa.

«Brigadas bolcheviques”

Las tropas sacadas de las colonias africanas, así como las de Indochina, de las cuales un pequeño número se instaló en Francia al final de la guerra, en París en particular, constituyeron la masa de afiliados del joven Partido Comunista, que aplicó al pie de la letra las directivas de la Internacional relativas al trabajo anticolonial. La prefectura de París, que cifraba en 8.000 su número de adherentes sobre una membresía total del Partido Comunista que no superaba los 70.000, las llamaba «Brigadas Bolcheviques». En las filas de estos últimos surgió la futura élite de la larga lucha anticolonial, con figuras emblemáticas como el vietnamita Ho Chi Minh y el argelino Messali Hadj.

Ho Chi Minh fue el eje de las movilizaciones en Francia. Participó en huelgas que movilizaron a cientos de miles de trabajadores para impedir el transporte de armamento francés al Rif. Treinta años más tarde, en mayo de 1954, cuando derrotó al ejército francés en Diên Biên Phu, junto a su estratega Giap, el tío Ho tuvo un pensamiento para Abdelkrim, al que llamaba «el precursor» y que fue su amigo de toda la vida.

Desde El Cairo, a finales de los años 40 y principios de los 50, Abdelkrim llamó a sus compatriotas norteafricanos, reclutas del ejército francés, a desertar y unirse a la lucha de sus hermanos de armas indochinos.

En cuanto a Messali Hadj, sabemos que estuvo en la iniciativa de la constitución del primer núcleo de militantes radicales anticolonialistas magrebíes en lo que se llamaría, a imagen de su programa unificador, la Estrella del Norte de África.

Si entre las principales personalidades a escala mundial, la estrella guerrera de Abdelkrim será honrada por el chino Mao Tse Toung, el indio Ghandi y el yugoslavo Tito, lo que es menos conocido es que el joven movimiento surrealista en Francia hizo suya la causa de Abdelkrim, organizando manifestaciones de solidaridad con los rifeños en el Odeón, al grito de «Viva Abdelkrim». Louis Aragon dijo que «Abdelkrim era el ideal que sacudía nuestra juventud». Además, una generación de guerrilleros latinoamericanos saludó su epopeya, en particular el grupo de Fidel Castro liderada por el Che Guevara.

«Cien lecciones de la guerrilla”

La historia romántica de la influencia de Abdelkrim en las guerrillas de América Latina proviene de la publicación por parte de un tal Alberto Bayo de un librito que se convirtió en la biblia de todo aprendiz de guerrillero y que se titulaba en español «Cien lecciones de la guerrilla», publicado en México, donde se refugió tras la Segunda Guerra Mundial.

Alberto Bayo formó parte del ejército español durante su intento de conquistar el Rif, que terminó en desastre en 1921. Empatizó con los campesinos en armas y estudió sus tácticas, que luego resumió en su folleto. Durante el golpe de Estado de Franco, Bayo se movilizó del lado de los republicanos, y cuando éstos cayeron en 1939, se exilió con las fuerzas aliadas contra el fascismo antes de encontrar refugio en México, donde entró en contacto con el grupo de Castro y se convirtió en su instructor de guerra de guerrillas.

Abdelkrim intentó organizar los territorios liberados, a pesar de la hostilidad de dos ejércitos imperialistas y del uso de todo tipo de armas sofisticadas, incluidas las químicas.

Se creó un estado embrionario con una bandera, un himno nacional (que conste que el del Líbano actual se le parece…) e incluso un intento de acuñar moneda. Así como un sistema de salud, educación y ayuda social con atención a las viudas de los combatientes y a sus hijos. Abdelkrim buscó el reconocimiento internacional activando redes de solidaridad con su causa en Francia, Inglaterra, Alemania e incluso Estados Unidos, sin olvidar el mundo árabe y musulmán, que se entusiasmó con esta primera experiencia de independencia.

Pero la desigualdad de recursos materiales y humanos echó por tierra este primer intento, que se convirtió en una especie de ensayo general. Los dos Estados coloniales movilizaron hasta 700.000 soldados y fusileros indígenas y se propusieron cortar de raíz, a toda costa, este experimento, que se percibía como un ejemplo a seguir por los pueblos dominados.

Abdelkrim, que era muy consciente la correlación de fuerzas, y para evitar un derramamiento de sangre sin esperanza, decidió entregar las armas y abdicar ante los mandos del ejército francés. Este último lo exilió a él y a su familia a la isla de la Reunión.

Del exilio en La Reunión a El Cairo

Este exilio duró hasta 1947, cuando Abdelkrim pidió a las nuevas autoridades de la Francia Libre que lo exiliaran al sur de Francia. Se aceptó y Abdelkrim se puso en camino hacia Marsella. Mientras su barco estaba atracado en Port Said, en el Canal de Suez, Abdelkrim fue contactado por miembros de la diáspora magrebí que vivían en El Cairo, que en aquella época era la «Meca» de la resistencia a la colonización francesa, bajo la mirada benévola de las autoridades coloniales británicas en Egipto. La exfiltración del hombre al que todos los resistentes norteafricanos apodaban «el León del Rif» se organizó rápidamente.

Una vez instalado en El Cairo, Abdelkrim puso en práctica su estrategia, ideada durante sus dos décadas de arresto domiciliario: una lucha armada coordinada a escala norteafricana. Se puso en marcha a principios de los años 50 y recibió un verdadero impulso en 1952, con la llegada de los «Oficiales Libres» a la cabeza de Egipto, que se había convertido en una «República», lo que supuso una verdadera ayuda material y financiera.

Gamal Abdel Nasser fue el más decidido partidario de ello, de ahí la venganza de la que será objeto su posición por parte de las autoridades coloniales francesas, que, junto con los británicos y el joven Estado sionista, formaron una coalición que intentó derrocar a Nasser en 1956.

La lucha armada, que utiliza la Libia del rey Senoussi como base de retaguardia para el entrenamiento de las tropas del maquis y la entrega de armas suministradas por Egipto, comenzó en 1952 en Túnez y Marruecos y en 1954 en Argelia.

En diciembre de 1952, las autoridades coloniales ejecutaron al líder del movimiento sindical en Túnez, Farhat Hached, por medio de esbirros a su sueldo, y la razón principal de dicha ejecución fue el deseo de Hached de coordinar, al mismo tiempo que la lucha armada intermagrebí, una lucha sindical de esa envergadura. Puso todas sus fuerzas en la constitución de un sindicato magrebí unido, una especie de UGTM, como lo que había logrado estructurar en Túnez con la UGTT. Y hay que destacar que esta iniciativa no podía dejar de coordinarse con Abdelkrim desde El Cairo.

Además, la entrada en escena de los maquis argelinos a partir de 1954 hizo que Francia tomara conciencia de que no podía dirigir una lucha en las tres colonias a la vez. Esto era tanto más importante cuanto que, a principios de los años 50, no sólo se empezaba a vislumbrar el potencial de la riqueza fósil contenida en el desierto argelino, en términos de gas y petróleo, sino que el ejército francés había puesto en marcha su plan de pruebas nucleares en el mismo desierto.

Magreb unido o dominación neocolonial

De las tres colonias, estaba claro que Argelia, por su posición estratégica, estaba destinada a permanecer en el redil francés durante mucho tiempo. Para las «alas del águila magrebí» (la expresión fue acuñada por Ben Bella), es decir, Túnez y Marruecos, las autoridades coloniales vieron la posibilidad de «independencia en la interdependencia».

La solución se encontró en la persona de Bourguiba, bajo arresto domiciliario en Francia, para Túnez, y en Mohamed V, exiliado en Madagascar, para Marruecos. En un escenario ideado por la potencia colonial, Bourguiba fue repatriado a Túnez y Mohamed V a Rabat para aplicar la llamada solución de «independencia en interdependencia». Basta con ver las imágenes de archivo del regreso del «Combatiente Supremo» a Túnez y del monarca Mohamed V para darse cuenta de la similitud de los escenarios escritos por los franceses sobre sus futuros súbditos.

No obstante, en Túnez o Marruecos, este escenario ve el ascenso de los maquis, que se niegan a abdicar de su estrategia unificada. Y el ejército francés y los secuaces de ambos nuevos líderes tardaron casi cinco largos años en vencer la resistencia tunecina y marroquí. El balance será de 1.000 personas asesinadas en Túnez y 15.000 en Marruecos entre 1955 y 1960. Y un espíritu vengativo por parte de las nuevas autoridades hacia el sur de Túnez y las regiones fronterizas con Argelia por su apoyo, así como el Rif marroquí.

El peaje más pesado lo pagaron los resistentes argelinos, desvinculados de sus vecinos por la complicidad de los dos nuevos regímenes, con cientos de miles de muertos, torturados y lisiados. Sin embargo, la ola que Abdelkrim levantó a principios de los años 20 apenas pudo ser detenida.

En 1957, las autoridades coloniales preveían conceder al FLN argelino un territorio aislado de las regiones en las que ya habían comenzado a explotar el petróleo y el gas, por no hablar del lanzamiento de sus bombas atómicas al aire libre. Además, estas pruebas nucleares tendrán consecuencias catastróficas para los habitantes de estas regiones, cuyos estragos tienen un alcance, generación tras generación, que aún no se ha medido con precisión.

¡Guevara conoce a su ídolo!

En 1959, el Che Guevara, en una visita a El Cairo para reunirse con Abdel Nasser, pidió un encuentro con el que consideraba su mentor en la guerra de guerrillas y el ejemplo vivo en el que el Che se inspiraría hasta su último aliento en Bolivia. Pasó toda una tarde con Abdelkrim. Sus intercambios eran en español, idioma que Abdelkrim dominaba a la perfección, además del amazigh, su lengua materna, el árabe, e incluso el francés y el inglés.

Este políglota nacido en 1882 en el Rif marroquí murió en 1963 en El Cairo, donde Abdel Nasser le organizó un funeral nacional. Abdelkrim se negó a regresar a Marruecos, a pesar de las numerosas peticiones.

Un año antes de su muerte honró la memoria de Salah Ben Youssef, con su presencia al pie del avión que trajo a su viuda de vuelta de Alemania, tras su asesinato por los secuaces de Bourguiba en 1962 en Colonia. Con este simple gesto, borró todas las calumnias vertidas por los partidarios de Bourguiba contra el gran líder Salah Ben Youssef, que también era, como los nombres ya mencionados, admirador y compañero de lucha del León del Rif.

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Notas del artículo

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1 Periódico publicado en Melilla.
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