Autor: AndreuColl4

  • Entrevista sobre las elecciones en Puerto Rico

    Entrevista sobre las elecciones en Puerto Rico

    unnamed-25-1

    todos los artículos

    Maria Franzblau, Jorge Lefevre Tavárez y Manuel Rodríguez Blanch

     

    Traducción: Punto de Vista Internacional
    Fuente: 
    Reform & Revolution

    Actualidad Internacional: Entrevista con…

    29/10/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    En los últimos años, Puerto Rico fue puesto en el centro de atención por la devastación causada por el huracán María y la respuesta federal terriblemente inadecuada, así como las exitosas protestas de 2019 que desalojaron a Ricky Rosselló de la oficina del gobernador. Hoy en día hay luchas en curso contra la privatización de la red eléctrica por LUMA y contra la gentrificación en curso en la isla.

    Maria Franzblau, de Reforma y Revolución, habló recientemente con Jorge Lefevre y Manuel Rodríguez Banchs, activistas de la formación marxista Democracia Socialista, una sección de la Cuarta Internacional. Democracia Socialista participa activamente en la formación más amplia Movimiento Victoria Ciudadana, que se presenta a las próximas elecciones del 5 de noviembre.

    Jorge Lefevre: En nuestro análisis nos enfrentamos a un nuevo momento en la historia de Puerto Rico que comenzó en 2006, cuando empezó nuestra recesión económica. En más de 15 años, Puerto Rico sólo ha tenido 5 años de crecimiento económico positivo, cifras que usualmente sólo se ven durante economías de guerra. Ha habido una contracción del 20% de la economía puertorriqueña y alrededor de 500.000 personas han abandonado la isla, de una población de 3,8 millones en 2006.

    Sin embargo, la reacción política a esta crisis económica no fue inmediata. En las elecciones de 2008 y 2012 los principales partidos políticos, los partidos neoliberales, seguían siendo favorecidos en términos políticos. El movimiento sindical estaba siendo fuertemente atacado durante esos años a través de políticas neoliberales muy agresivas.

    No fue hasta las elecciones generales de 2016 que empezamos a ver un punto de inflexión en términos políticos. En las elecciones para gobernador, el cargo más alto en el gobierno de Puerto Rico, casi el 20% de los votos no fueron para los dos principales partidos neoliberales, sino que fueron para dos candidatos independientes. En aquel momento, estos dos candidatos no eran necesariamente antineoliberales o progresistas, pero demostraron que la población puertorriqueña buscaba un cambio.

    En 2016 la Junta de Supervisión y Administración Financiera fue aprobada en el congreso de los Estados Unidos a través de una ley llamada PROMESA, que se traduce como «La Promesa», o «Esperanza.» Puerto Rico quedó excluido de la ley de quiebras de Estados Unidos. El gobierno puertorriqueño intentó crear su propia ley de quiebras, pero fue rápidamente llevado a los tribunales y el Tribunal Supremo de EE.UU. falló en contra, declarando que iba en contra de la ley federal. La respuesta del Congreso estadounidense, con el apoyo de los partidos neoliberales puertorriqueños, fue la promulgación de una ley que creaba un mecanismo para la quiebra en Puerto Rico y también creaba una junta para hacerla cumplir. La junta no sería elegida, y en su lugar sus miembros fueron elegidos directamente por el Presidente de EE.UU., por el Senado de EE.UU. y por la Cámara de Representantes. El nombre oficial de la junta es Financial Oversight and Management Board, pero la mayoría de la gente la llama «La Junta». La Junta controla realmente la economía a través del control del presupuesto de Puerto Rico y su asignación. Tiene la capacidad de anular las leyes que se aprueban en la legislatura, por lo que ahora existe una contradicción más visible con la relación colonial entre EE.UU. y Puerto Rico porque existe esta nueva estructura política que realmente dicta cómo son nuestras políticas públicas y que ha aplicado políticas neoliberales aún más agresivas. Privatización de las corporaciones públicas, recortes presupuestarios en salud, recortes presupuestarios en el sistema universitario de Puerto Rico.

    Tuvimos una huelga muy grande el Primero de Mayo de 2017 durante una huelga general de estudiantes de la Universidad de Puerto Rico. Esa fue la mayor movilización que habíamos visto hasta la fecha, y en parte fue también una movilización contra La Junta. 2017 fue también el año del huracán María. María no solo fue un momento muy traumático en la historia de Puerto Rico, sino para las luchas del pueblo trabajador. Interrumpió ese movimiento que se construyó durante el Primero de Mayo por todas las nuevas necesidades que tuvimos que afrontar para sobrevivir. El Verano 2019, que terminó derrocando a un gobernador electo es otro momento de movilizaciones increíbles, ya que hubo movilizaciones casi continuas durante semanas. Algunas de ellas superaron al Primero de Mayo de 2017, sobre todo la manifestación del 22 de julio de 2019.

    Aunque nuevamente vemos dificultades en las movilizaciones para el movimiento obrero, también sabemos que otro punto de quiebre podría volver a crear grandes movilizaciones. Ese es el contexto de nuestra organización política y de nuestros intentos por crear una importante organización revolucionaria y socialista en Puerto Rico. Luchamos por ello no sólo a través de Democracia Socialista (DS), sino a través de nuestra creación y participación en el Movimiento Victoria Ciudadana, que es un partido político antineoliberal más amplio que participa en las elecciones puertorriqueñas.

    En 2020, este cambio en los términos políticos continuó. Movimiento Victoria Ciudadana obtuvo el 13,95% en las elecciones a gobernador. El Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), que en elecciones pasadas no logró reunir el 3% necesario para mantener su afiliación como partido político reconocido por el estado, experimentó un crecimiento increíble y también llegó al 13.58%. Los principales partidos políticos neoliberales obtuvieron respectivamente el 33,24% y el 31,75%. Fue la primera vez en la historia reciente de Puerto Rico en que, si se suma el voto progresista, éste habría rondado el 28%, a sólo cinco puntos del candidato que ganó.

    Manuel Rodríguez Banchs: Para más contexto, Puerto Rico es colonia de Estados Unidos desde 1898, y la estructura colonial ha cambiado tres veces. La primera estructura colonial fue el gobierno militar inmediatamente después de la ocupación. Después hubo un gobierno de «tutela» con cierta participación local a través de la Ley Jones.

    Luego, en 1952, comenzó el «status» actual con la creación del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Ese estatus ganó apoyo y cierta legitimidad porque hubo crecimiento económico durante el auge de la posguerra en todas las economías capitalistas. También hubo avances democráticos, ya que Puerto Rico adoptó su propia constitución y se le concedió una autonomía local limitada en el gobierno. Creo que eso ha cambiado desde la adopción de PROMESA, donde como se ha mencionado antes, la Junta puesta en marcha por PROMESA quitó al gobierno local todos los poderes sobre el presupuesto. Y ha ido más allá: la Junta se opuso e impugnó en los tribunales una modesta reforma laboral que se promulgó a principios de esta legislatura.

    Creo que estamos ante una nueva estructura o momento de la relación colonial con Estados Unidos que vemos como una oportunidad para impulsar nuevos avances para la clase trabajadora. El papel que desempeñamos ahora es contribuir a la lucha de la clase obrera articulando o enmarcando lo que llamamos demandas de transición, que pueden fomentar la radicalización de sectores más amplios de la clase obrera. Estamos en una posición defensiva desde la perspectiva de la lucha de clases. Pero después de más de 40 años de políticas neoliberales que han sido impulsadas aún más por la Junta, combinadas con todos los otros factores mencionados por Jorge, la gente está siendo llevada al límite. Más gente está rechazando esas políticas, e identificando correctamente esas políticas con los dos partidos políticos que han gobernado Puerto Rico durante los últimos 50 años o más. Ahí es donde creo que se está produciendo la nueva organización del sistema político de Puerto Rico. Por ejemplo creo que toda la rabia, las movilizaciones y la lucha del 2019 se reflejó electoralmente a favor tanto de Victoria Ciudadana como del PIP. Para este nuevo ciclo Victoria Ciudadana hizo una alianza con el PIP, y creo que hay una fuerte posibilidad de aumentar los miembros de ambos partidos en la cámara y el senado, de ganar la contienda por la alcaldía de San Juan y probablemente otros municipios también. También existe la posibilidad de que la Alianza gane las elecciones a gobernador.

    Jorge Leferve: En 2016, cuando finalmente se aprobó la ley en el Congreso de Estados Unidos, la población puertorriqueña favoreció mayoritariamente la creación de esta junta. La idea era: «estamos cansados de los políticos puertorriqueños, necesitamos algo fuera de ellos que maneje nuestra economía». Así lo expresaron incluso 4 de los 6 candidatos a gobernador en 2016, lo que convirtió las elecciones en una competición de cuál de estos cuatro trabajaría mejor con la junta. Solo el Partido del Pueblo Trabajador, que fue un partido político electoral anterior del que Democracia Socialista formó parte, junto con el Partido Independentista, estuvieron en contra de la junta desde el principio.

    Rápidamente después de la creación de la junta fue muy evidente que era tan mala como la izquierda expresaba. Era una junta creada para hacer que los tenedores de bonos obtuvieran el mejor trato posible de una posible bancarrota en Puerto Rico, y la forma en que controlan la política pública es principalmente a través del presupuesto de Puerto Rico, porque tienen que aprobar el presupuesto de Puerto Rico, y son muy meticulosos sobre cómo se aprueba. Lo que quiero decir es que, por ejemplo, no es sólo eso, que el sistema universitario público reciba 500 millones de dólares, sino que la Junta decide cómo se utilizan esos 500 millones, y ese es su principal mecanismo. PROMESA también creó su propio tribunal de quiebras bajo Lauda Taylor Swain, el juez de distrito, que es donde se ven las disputas legales.

    En teoría, podría haber una gran contradicción política si la legislatura de Puerto Rico aprueba leyes que la Junta no aprueba. Eso no ocurre mucho porque la mayoría de los votos está en manos de los dos principales partidos neoliberales, pero aún así se han producido conflictos. Por ejemplo, una ley laboral que fue aprobada con condiciones de trabajo ligeramente mejores en cuanto a días de vacaciones y días de enfermedad pagados fue posteriormente anulada en el Tribunal de Distrito de Laura Taylor Swain. La Junta había apelado la ley y dijo que iba en contra del plan fiscal puertorriqueño, que es el plan amplio que aprobó la Junta y que debe seguir el presupuesto y la política pública.

    Pero también es cierto que a veces los partidos neoliberales no implementan medidas porque piensan que la Junta no las aprobaría. Por ejemplo, el sistema de la Universidad de Puerto Rico (UPR) ha recibido algunos de los peores recortes presupuestarios bajo el control de la Junta. En Puerto Rico, como en muchos países latinoamericanos, el principal sistema universitario es el público y es más antiguo que el privado. Hay 11 campus del sistema de la UPR alrededor de la isla, y no sólo es el sistema de la UPR históricamente un lugar de movimientos estudiantiles y algo de activismo sindical, sino que desde el comienzo del siglo XXI ha sido uno de los principales, si no el principal, lugar de lucha contra las políticas neoliberales. Los estudiantes protagonizaron huelgas en toda la isla en 2010, en 2017 y hasta en 2021, siendo esa última una huelga muy política porque era contra un nuevo plan de bonistas que estaba negociando la Junta. Como la UPR es un lugar de tanta resistencia, usualmente le han impuesto recortes presupuestarios de alrededor de la mitad de lo que debería recibir según las leyes universitarias que se supone que estén vigentes pero que no se están respetando. Los políticos neoliberales te dirían, cuando se les pregunta por qué no cumplen con esa ley universitaria que establece cuál debe ser el presupuesto de la UPR, que la Junta no lo aprueba, así que ni lo intentan. No ha habido un intento de desafiar estos recortes presupuestarios por parte de estos partidos neoliberales porque no creen que la Junta los apruebe.

    Nuestra visión, la visión del MVC y la visión del PIP, es que la legislatura pueda ser un lugar de lucha. Aunque es una legislatura colonial porque vivimos en un gobierno colonial, creemos que una legislatura con una mayoría de representantes de la Alianza, por ejemplo, podría crear una lucha contra la Junta, y sería no sólo una lucha económica sino también una lucha política y colonial, porque el poder de la Junta es poder colonial. La Junta es ahora mismo el representante más descarado de los poderes coloniales en Puerto Rico.

    Manuel Rodríguez Banchs: También la Junta ideológicamente está alineada con la ultraderecha aquí en Puerto Rico, en términos de separar las decisiones económicas de los cuerpos electos. La lógica detrás de esto es que una estructura como la junta no electa es inmune al proceso electoral. Así que no pueden ser expulsados, incluso si promueven una mala legislación. Y eso es cierto hasta cierto punto, pero la junta no es inmune a las movilizaciones y hemos visto buenos ejemplos de ello.

    Los jubilados fueron uno de los objetivos de la Junta cuando empezó a reestructurar la deuda de Puerto Rico. El primer plan propuesto para el ajuste de las pensiones era realmente agresivo, y los jubilados consiguieron un acuerdo mejor mediante movilizaciones masivas. Así que cuando hay movilizaciones contra las decisiones o recomendaciones de La Junta, tienen que pensárselo dos veces. Otro ejemplo fueron los camioneros de Puerto Rico. La Junta y los propietarios de las empresas de transporte estaban presionando para eliminar las tarifas reguladas por el Estado para transportar mercancías. Los camioneros convocaron una huelga, y además consiguieron un mejor trato y se mantuvo la normativa. Eso demuestra que podemos hacer frente a La Junta mediante movilizaciones y a través de la legislación.

    El presupuesto de La Junta lo aprueba la legislatura, y una de las propuestas que tanto Victoria Ciudana como el PIP (ahora la Alianza) están impulsando es que no se apruebe el presupuesto de la Junta, que se detenga el desvío de fondos a La Junta a través de la legislatura. Sabemos que eso va a ser impugnado en los tribunales, y probablemente nos vamos a enfrentar a una sentencia adversa, y existe la posibilidad de encarcelamiento para los cargos electos que desafíen esas sentencias, por desacato a los tribunales, y eso tiene que ser parte de la estrategia. Tenemos que decirle al gobierno de Estados Unidos que lo que está pasando en Puerto Rico es inaceptable, y podríamos estar en mejor posición si combinamos el desafío a las decisiones judiciales injustas y el trabajo legislativo con movilizaciones de masas.

    Jorge Lefevre: En Puerto Rico, parte del proyecto de industrialización de los años 40 y 50 consistió en nacionalizar todas las compañías eléctricas privadas y ampliar el acceso a la electricidad en toda la isla. Antes de que se creara la empresa pública sólo las ciudades como San Juan y Ponce tenían electricidad y de forma muy limitada. La electrificación de la isla es algo que ocurrió cuando se creó esta corporación pública, y no quedó ningún rincón de la isla sin acceso a la electricidad. Y hay muchas historias y anécdotas sobre este proceso (el primer lugar que puso postes eléctricos con el uso de helicópteros, por ejemplo, fue Puerto Rico). Así que estamos hablando de una empresa pública muy importante, un monopolio, la única empresa eléctrica que distribuye energía.

    El plan de privatización de esta empresa pública comenzó en los años 90, por lo que ha sido un proceso largo. Primero se empezó privatizando de manera muy limitada la generación de electricidad, y luego finalmente la privatización que se ha dado en estos últimos años que implicó concesiones de la generación y distribución de electricidad en su conjunto. Es importante decir que una de las cosas que incluía la Ley PROMESA era que el Consejo de Administración y Supervisión Financiera promoviera reformas estructurales, y la única reforma estructural que han promovido es la privatización de esta empresa pública. Primero a través de la privatización de la distribución de la energía eléctrica, y después a través de la privatización de la generación de energía eléctrica.

    Usualmente se promueve la privatización como un tipo de negociación en la que el sector privado aporta algún dinero, algún apoyo, y recibe un servicio público transformado en una mercancía. En este primer contrato, LUMA recibió todo, es un contrato de 1,500 millones de dólares por 15 años, y probablemente será más que eso, porque cada año LUMA ha pedido más dinero de lo que le corresponde recibir.

    Pero otra cosa importante es que uno de los sindicatos históricos en la lucha de la clase trabajadora de Puerto Rico fue el sindicato de la corporación pública eléctrica, la UTIER (Unión de Trabajadores de la Industria Eléctrica y de Riego), así que la privatización también fue un mecanismo de destrucción de un sindicato clave de trabajadores.

    Se podría decir que había dos sindicatos importantes a principios del siglo XXI, la Federación de Maestros y Maestras de Puerto RIco y la UTIER. La Federación de Maestros fue descertificada tras la huelga magisterial de 2008, y ahora la UTIER ha quedado muy debilitada, primero porque las políticas neoliberales no crearían más empleos en este sector, y después porque la mayoría de los empleados de LUMA no provienen de las filas de la UTIER. Se quedaron en el gobierno, desplazados a diferentes partes del gobierno. La Utier pasó de tener entre 6.000 y 8.000 miembros hace 10 o 15 años a 120 miembros en la actualidad.

    A los miembros de la UTIER se les preguntó si querían o no entrar en LUMA, pero las condiciones para entrar en LUMA eran que tendrían que dejar sus puestos como empleados del gobierno, por lo que los miembros más antiguos podrían perder lo que habían conseguido con respecto a su jubilación y pensiones. Además, el sindicato hizo una campaña para que los trabajadores no entraran en LUMA. Fue una estrategia para intentar que el contrato de LUMA no fuera operativo. Una gran cantidad de trabajadores de UTIER no entraron en LUMA, la mayoría fueron recolocados dentro del gobierno, otros se jubilaron, y eso significaba que los empleados de LUMA eran empleados nuevos o probablemente miembros de UTIER que no habían asegurado sus planes de jubilación u otros beneficios. Ahora hay un sindicato, IBEW, que representa a los trabajadores de LUMA.

    En cuanto a la vida cotidiana, la privatización ha tenido nueve subidas de tarifas en un periodo de tres años, y algo que no era nada común en Puerto Rico, constantes apagones. Uno de los argumentos a favor de la privatización era que los costes eléctricos eran demasiado caros y la privatización mantendría los precios eléctricos baratos. Ha ocurrido exactamente lo contrario, y la Junta ha estado muy callada al respecto.

    Manuel Rodríguez Banchs: Democracia Socialista se fundó en 2014. Aunque hay un hilo rojo, un hilo rojo como lo llamamos nosotros. Creo que buena parte de los miembros fundadores de Democracia Socialista venimos de lo que fue inicialmente el Taller de Formación Política, que en 2008 se unió a otras organizaciones revolucionarias y fundó Movimiento al Socialismo, MAS. Creo que uno de los mayores aportes del MAS fue la fundación del PPT, que participó en las elecciones de 2012 y 2016.

    El grupo de personas que vinieron del Taller, junto con otros nuevos miembros del MAS, fundaron la cuarta tendencia internacional dentro del MAS. El Taller fue la sección de la Cuarta Internacional en Puerto Rico. Entonces, nuestra tendencia dentro del MAS fue reconocida como la sección. En el 2014 se disolvió el MAS, y esos miembros de la cuarta tendencia internacional dentro del MAS fundaron Democracia Socialista.

    Aunque nos fundamos en el 2014, no salimos públicamente como Democracia Socialista hasta el 2020 por diferentes razones. La mayoría de ellas tenían que ver con la construcción del partido más amplio y las tareas que asumimos dentro de la construcción primero del PPT y, luego, de Victoria Ciudadana.

    Jugamos un papel importante en el proceso de creación de Victoria Ciudadana. Después de las elecciones de 2016, donde dos candidatos independientes recibieron un enorme apoyo en las elecciones, la política realmente comenzó a cambiar rápidamente en Puerto Rico. Una de esas candidatas independientes, Alexandra Lúgaro, comenzó a organizar eventos junto con Manuel Natal. Manuel Natal, que también es uno de los líderes de Victoria Ciudadana y actual candidato a la alcaldía de San Juan, dimitió del Partido Popular Democrático (PPD) tras las elecciones de 2016. El PPD es uno de los dos partidos que ha gobernado Puerto Rico durante los últimos 50 años. Natal era representante, miembro de la cámara de representantes por acumulación del PPD. Renunció al PPD pero mantuvo su escaño en la cámara. Alexandra Lúgaro y Manuel Natal comenzaron a organizar una alternativa política para las elecciones de 2020. Al mismo tiempo, había varios grupos de izquierda y militantes de diferentes organizaciones y movimientos sociales que estaban discutiendo la posibilidad de crear una alternativa para las elecciones de 2020. Eran 3 o 4 esfuerzos concurrentes, todos discutiendo y evaluando lo que se podría hacer para las elecciones de 2020.

    Participamos en la mayoría de estos esfuerzos. Nuestros miembros junto con líderes sindicales fueron instrumentales en la integración de esos diferentes esfuerzos que eventualmente se unieron para crear Movimiento Victoria Ciudadana. También tuvimos una participación importante en la adopción de lo que se llama la Agenda Urgente, el programa mínimo que fue lanzado por este esfuerzo de Victoria Ciudadana. La Agenda Urgente se desarrolló posteriormente en un programa político que se presentó para las elecciones de 2020. Nosotros también participamos en este proceso. Ahora tenemos un miembro de la organización que es senador en Puerto Rico por Victoria Ciudadana, y para estas próximas elecciones tenemos 10 miembros que se presentan a diferentes cargos como candidatos de Victoria Ciudadana y La Alianza.

    Nuestros miembros participan en las diferentes luchas en Puerto Rico y a nivel internacional. Los cuadros de DS participan en el movimiento ambientalista, en el movimiento de mujeres, en el movimiento obrero, en las luchas LGBTTQi+, en el movimiento estudiantil, etcétera. Los líderes de la organización también son líderes en estas luchas. Los militantes de Democracia Socialista también son miembros de sindicatos, y tenemos miembros en la dirección de al menos dos sindicatos importantes. A pesar de que el movimiento obrero y los movimientos estudiantiles y juveniles son relativamente débiles en este momento, en comparación con otros períodos, tenemos una fuerte presencia, así como en el movimiento de mujeres.

    Jorge Lefevre: Aclaración primero, para nuestros compañeros estadounidenses: aunque somos una colonia de Estados Unidos, nuestros partidos no están estructurados en torno al Partido Demócrata o al Partido Republicano de Estados Unidos. En teoría existen en Puerto Rico, pero sus únicas actividades son cuando ocurren las primarias del Partido Republicano y del Partido Demócrata, que también se celebran aquí aunque no tengamos la oportunidad de votar en las Elecciones Presidenciales. Hemos tenido partidos políticos independientes desde antes de la intervención estadounidense en Puerto Rico, y desde entonces.

    Ahora mismo hay dos partidos neoliberales principales, partidos neoliberales históricos. El PPD es básicamente el partido que creó el Puerto Rico contemporáneo, con todas sus contradicciones incluidas, así que estamos hablando del partido que de alguna manera formó parte de los proyectos de industrialización de los años 40 y 50 y el arquitecto del Estado Libre Asociado, que ahora la mayoría de la población sabe que no fue más que el reordenamiento del acuerdo colonial en Puerto Rico. Debido a esta historia, con respecto a la cuestión colonial, el PPD ha favorecido el status-quo o un nuevo tipo de estatus de Estado Libre Asociado. El otro partido neoliberal es el Partido Nuevo Progresista (PNP), fundado por capitalistas industriales de la época. Se articuló en torno a la estadidad.

    Estos partidos neoliberales modernos, que adoptaron el neoliberalismo en los años 80 y 90, articularon su apoyo principalmente en torno a cuestiones de estatus, ya fuera a favor del statu quo o a favor de la anexión. Estos son los dos partidos políticos que han gobernado durante los últimos 60 años. El otro partido histórico, más antiguo que el PNP, es el PIP, un partido independentista, que se fundó tras una escisión del PPD una vez que empezó a oponerse a la independencia de Puerto Rico. Y ha tenido sus altibajos, relacionados con las luchas ambientales, con las luchas obreras, con las luchas de las mujeres… No tuvo mucho éxito en el siglo XXI en cuanto a política electoral hasta el 2020, cuando, como dijimos, llegó casi al 14%.

    Como hemos dicho, hay un nuevo movimiento político, antineoliberal, progresista, que es Movimiento Victoria Ciudadana, fundado en 2019. Participó por primera vez en 2020.

    Pero, también en 2019, se creó otro partido, Proyecto Dignidad, que es un partido político fundamentalista neoliberal conservador. Obtuvo el 7% de los votos en 2020, para sorpresa de la mayoría de la población puertorriqueña, aunque en Democracia Socialista, como vemos este giro conservador como parte de una tendencia general internacional de partidos fundamentalistas conservadores neoliberales, nunca lo subestimamos. Fue capaz de votar a un senador y a un representante, por lo que tiene representación en la legislatura. También ha conseguido hacer crecer su base.

    Así que, como hemos visto en otros países, vemos una polarización de la política puertorriqueña que también se ha expresado en las elecciones, a través de la creación de La Alianza, que agrupa a los dos principales partidos progresistas antineoliberales, pero también a través de la creación de un Proyecto Dignidad, que también ha tenido un éxito relativo a la hora de reclutar a algunas figuras de los partidos neoliberales históricos. En particular, su candidato a gobernador es un importante alcalde de un pueblo de Puerto Rico, que antes se presentaba como candidato del PNP.

    Es difícil ver qué pasará con Dignidad en las elecciones de 2024, pero nuestro análisis es que, si los intereses corporativos puertorriqueños siguen viendo que el PPD y el PNP están en una crisis irreversible, entonces podrían muy fácilmente empezar a apoyar a Dignidad, y empezar a crecer hasta convertirse en una fuerza importante en cuestión de nada, muy rápidamente. Vemos también que hay nuevas instituciones corporativas o que promueven intereses corporativos, hay un super PAC creado llamado «Democracia es Prosperidad» que tiene un nombre bonito, pero que es un superPAC fundamentalista de mercado. También hay un conocido think tank, el Instituto para la Libertad Económica, y sus programas políticos están incluso más cerca del programa político de Dignidad que de los principales partidos neoliberales. Así que estamos viendo una nueva configuración de la nueva derecha en Puerto Rico con algunas de las viejas figuras, pero con muchas figuras nuevas implicadas.

    Manuel Rodríguez Banchs: En las elecciones de 2020, Victoria Ciudadana y el PIP, juntos obtuvieron cerca del 28% de los votos. En la elección, como lo mencionó Jorge, el partido ganador obtuvo sólo el 33% de los votos. Es importante mencionar que en 2020 la gente pidió que Victoria Ciudadana y el PIP se unieran para las elecciones. Esto ocurrió muy cerca de las elecciones. Después de las elecciones, cuando analizamos los resultados, hubo muchos lugares donde los votos para el candidato de Victoria Ciudadana y el candidato del Partido Independentista combinados fueron mucho más de lo que obtuvo el candidato elegido. En términos numéricos, la combinación de ambos partidos podría significar escaños importantes en la legislatura y también en algunos municipios.

    El otro aspecto que permitió materializar la Alianza es que las propuestas programáticas de ambos partidos son similares en áreas muy importantes. En cuanto a la descolonización de Puerto Rico, la gran diferencia entre los partidos es que el Partido Independentista promueve la independencia. Y esa fue la forma en que se organizaron los partidos políticos en Puerto Rico durante mucho tiempo, en torno a la relación con Estados Unidos: también hay un partido pro estadidad y un partido pro status quo.

    Victoria Ciudadana hace hincapié en el proceso de descolonización y se organiza en torno a otros temas. Aprendimos de la experiencia de los sindicatos, que organizan a trabajadores que están a favor de diferentes alternativas de estatus no colonial no territorial. Los miembros del MVC apoyan diferentes alternativas de estatus, sin embargo están de acuerdo en la descolonización como parte de nuestro derecho a la autodeterminación. Hay acuerdo sobre un proceso democrático: una convención de estatus con representantes de todas las alternativas.

    En cuanto a la sanidad, ambos apoyamos la sanidad pública a través de un sistema público de sanidad universal. En educación ambos apoyamos la educación pública y la Universidad de Puerto Rico, y en tantas otras áreas tenemos propuestas programáticas similares.

    Lo otro que debo mencionar es, como mencionó Jorge, el potencial crecimiento de la ultraderecha con Proyecto Dignidad, y la descomposición acelerada de los dos partidos neoliberales tradicionales nos presentó la oportunidad de construir una alianza entre estos dos partidos progresistas. De lo contrario, competiríamos entre nosotros y nos iría mejor que en 2020, pero no lo suficiente como para aumentar nuestras posibilidades, como puede hacerse mediante una alianza.

    En Puerto Rico, las alianzas fueron parte del sistema político hasta hace poco, hasta 2011, donde las alianzas fueron prohibidas por ley. Ambos partidos, MVC y PIP, desafiaron esa prohibición en los tribunales. Lo que se propuso fue una papeleta de fusión, que es muy común en Estados Unidos, es decir, que un candidato pueda aspirar al mismo cargo por diferentes partidos. Esa era la propuesta. Nosotros proponíamos que Juan Dalmau, del PIP, fuera candidato a gobernador en las dos columnas.

    Esa prohibición fue sostenida por los tribunales, así que tuvimos que encontrar una forma creativa, aunque no lo permitiera la ley, de poner en marcha la alianza que fue aprobada por los miembros de ambos partidos. Así que acabamos apoyando a distintos candidatos en distintas papeletas. Nosotros estamos haciendo lo mismo, pero arriesgando nuestras franquicias, nuestras franquicias electorales. Para poder mantener la franquicia electoral, hay varios requisitos que tienes que cumplir. Uno de ellos es tener un candidato a gobernador, un candidato a comisionado residente, uno por acumulación para la Cámara de Representantes y uno para el Senado. Ahora estamos proponiendo a Juan Dalmau para gobernador, y a Ana Irma Rivera Lassén, actualmente senadora de Victoria Ciudadana, para Comisionada Residente, que es un miembro sin derecho a voto de la Cámara de Representantes en el Congreso de la Unión. Hay 8 distritos senatoriales, donde estamos presentando un candidato de cada partido por cada uno de esos distritos. Para la Cámara de Representantes hicimos una distribución similar, y hemos hecho un acuerdo en cuatro municipios para apoyar al candidato de Victoria Ciudadana, como Manuel Natal en San Juan, o al candidato del PIP como Jason Domenech en Caguas, otro pueblo importante de Puerto Rico.

    La Alianza se presenta como un cambio en la forma de organizar el proceso político y electoral, que antes giraba en torno a la relación con Estados Unidos una vez cambiado el estatus colonial. Ahora gira más en torno a cuestiones sociales. Hay una clara división entre las propuestas de izquierda y de derecha.

    Aunque es difícil, creo que una victoria de la Alianza está dentro de las posibilidades para este próximo ciclo electoral. Creo que el PPD está detrás de La Alianza, y estamos dando la pelea con el Partido Nuevo Progresista, que es el partido de los grandes empresarios y el partido del actual gobernador y del comisionado residente, que va a aspirar a la gobernación. Un factor a considerar es que el actual gobernador del PNP perdió su elección primaria contra Jennifer González, que es una republicana partidaria de Trump, que actualmente ocupa el puesto de comisionada residente. Eso también representa un escenario diferente y desde nuestra perspectiva, más oportunidades para la Alianza.

    Hay posibilidades de aumentar la presencia en la legislatura a través de los acuerdos, para el senado, y para la cámara en los distritos, aunque enfrentamos un reto enorme. Los candidatos de Victoria Ciudadana para el senado y la cámara por acumulación fueron descalificados por el Tribunal Supremo de Puerto Rico en un caso presentado por miembros de los partidos PNP y PPD, y ahora se presentan, con el apoyo de Victoria CIudadana, como candidatos por escrito.

    Pensando en el día después de las elecciones como mínimo Victoria Ciudadana tendría más miembros en la cámara de representantes, más miembros en el senado, ganaría la ciudad de San Juan, y eso sería un gran avance para nosotros. También hemos estado pensando en cómo sería el gobierno de la Alianza. Sabemos que si la Alianza gana, va a enfrentar no sólo la oposición de los otros partidos políticos, sino también la oposición y el sabotaje de los intereses corporativos, como mencionó Jorge, o, en términos más tradicionales, de la burguesía. Debemos pensar en formas de mantener el gobierno mientras nos enfrentamos al sabotaje de los otros partidos y de la burguesía. Necesitamos organizar a los trabajadores, necesitamos ser capaces de movilizar a la población para que la Alianza tenga éxito en impulsar las propuestas que está presentando. Estas propuestas van a ser resistidas no sólo por la oposición y la burguesía, sino también por la junta de control fiscal y por el gobierno federal.

    Jorge Lefevre: Yo diría que, a diferencia de las elecciones anteriores, los principales partidos neoliberales han intentado que ningún tema sea importante en las elecciones, aparte de si Victoria Ciudadana tiene un programa comunista, o si seguimos o no correctamente las leyes electorales. Ha habido sobre todo ruido en torno a las cuestiones políticas. Sabemos que es un esfuerzo consciente. Nuestros candidatos dicen a menudo en los medios de comunicación «preferiríamos hablar de cuestiones económicas, sociales, en lugar de todo este cotilleo político». Pero eso es lo que estamos viendo desde hace al menos un año.

    Parte de estas distracciones también tienen que ver con la guerra jurídica contra la Alianza. Manuel mencionó el caso que inhabilitó a nuestros candidatos a diputados, ambos en funciones, pero también hubo una ofensiva de lawfare contra Mariana Nogales, quien actualmente está en la Cámara de Diputados y también fue una de las inhabilitadas. Porque no hay un periódico progresista, porque no hay un noticiero progresista en la televisión, porque hay muy pocos espacios para que nuestros partidos participen en los medios de comunicación, ha habido mucha neblina en torno a lo que deberían ser los temas reales que vienen en noviembre de 2024.

    Nosotros hemos seguido planteando nuestro programa: a favor de la reconstrucción económica, a favor de los derechos LGBT, a favor del rescate de las empresas públicas, de las instrumentalidades públicas, de los organismos públicos, a favor de la vida, a favor de la salud, a favor de los derechos de las mujeres, a favor de los derechos LGBT. Pero a diferencia de las elecciones de 2016, donde la Junta de Supervisión Financiera fue un tema central, el tema central en este momento han sido las controversias entre la Victoria Ciudadana y la Alianza. Eso y LUMA, que también ha sido un tema central.

    Manuel Rodríguez Banchs: Hay una campaña de miedo rojo básicamente impulsada, como decía Jorge, y estamos proponiendo a la Alianza como la alternativa democrática a la amenaza de la ultraderecha en Puerto Rico. Para detener a la ultraderecha, la única alternativa viable es la Alianza. Además, de cara a las elecciones en Estados Unidos, donde no participamos pero que tienen un efecto enorme en Puerto Rico, también pensamos que el gobierno de la Alianza sería el más efectivo. En cualquier caso si Donald Trump gana las elecciones, y tenemos un gobierno de Jennifer González en Puerto Rico, ella será servil a Donald Trump como lo ha sido en el pasado. Y un gobierno de la Alianza definitivamente mitigaría el impacto de una administración Trump a través de la confrontación directa y movilizaciones masivas.

    Lo mismo si Harris gana las elecciones de Estados Unidos, creo que la Alianza será la alternativa para responsabilizar al Partido Demócrata. Hay muchas promesas y propuestas en el programa de Biden/Harris que involucran a Puerto Rico, ninguna de las cuales se ha cumplido. Había propuestas de deshacerse de La Junta, de devolver poderes al gobierno de Puerto Rico, de impulsar medidas económicas para la población, y esos compromisos concretos no se han cumplido. Pase lo que pase en las elecciones de Estados Unidos, la Alianza sería el mejor gobierno para proteger al pueblo de Puerto Rico.

    Manuel Rodríguez Banchs: En primer lugar, quiero decir que Democracia Socialista es una organización independentista con una perspectiva internacionalista. Creemos que el pueblo de Puerto Rico tiene un derecho inalienable a la autodeterminación y la independencia, en una orientación leninista si se quiere. Pero también somos conscientes de que la mayoría de los trabajadores y el pueblo de Puerto Rico no son independentistas; aunque esas cifras han aumentado en los últimos años, el apoyo a la independencia no es mayoritario. Por eso, cuando nos dedicamos a la construcción de organizaciones de masas, de partidos políticos, tenemos una estructura en la que el tema de la relación colonial se aborda a través de una demanda de descolonización. Nos hemos centrado en un proceso, en el aspecto procedimental de cómo se puede materializar eso. La propuesta es convocar una convención constitucional donde se elegirían delegados de cada una de las alternativas, y esa convención tendría como tarea central desarrollar las propuestas de estatus, redactarlas y negociar con el congreso esas alternativas. Habría varios pasos dentro de la propuesta que estamos manejando, pero una vez redactadas las alternativas en la convención deberían ser sometidas a la población para la aprobación de esas definiciones en referendos.

    Al mismo tiempo, tiene que haber una negociación con el Congreso para que el resultado del proceso sea vinculante, y para que ellos expresen su aprobación o desaprobación de las alternativas, distintas a la independencia, y cuáles serían los términos de esas alternativas. A continuación, esas alternativas tendrían que someterse a la aprobación o el rechazo general. Habría rondas; si ninguna de las propuestas obtiene la mayoría de los votos, las dos más votadas pasarían a la segunda ronda.

    La experiencia de organizarse en torno a temas y no en torno a una alternativa de estatus específica ha sido posible, y eso lo aprendimos de los sindicatos. Organizan a trabajadores que están a favor de tendencias diferentes, tienen la capacidad de unirse y presionar para conseguir reivindicaciones más comunes. Ese es el modelo que intentamos replicar en el proceso electoral y hemos tenido éxito.

    Este nuevo referéndum que se va a celebrar el mismo día de las elecciones tiene varios problemas. El primero es que fue convocado por el gobernador sin acción legislativa. El PIP lo ha impugnado en vano. Pero aparte de las formalidades, creo que la razón principal de convocar otro referéndum para las elecciones es que el nuevo partido progresista pueda movilizar a los electores. De lo contrario, un enorme sector de sus simpatizantes no se movilizaría, así que están utilizando el movimiento pro estadidad y el plebiscito como excusa para movilizar al electorado pro estadidad hacia el PNP. Eso no les fue bien en 2020. Hicieron lo mismo, pero los que votaron por la estadidad en el plebiscito fueron el 51%, mientras que sólo el 33% votó por su candidato a la gobernación. Así que eso también nos dice que muchos partidarios de la estadidad no son miembros exclusivos del PNP, y probablemente votarían por la Alianza. Eso es parte de los votos que tuvimos en 2020.

    Jorge Lefevre: Junto con el susto rojo, uno de los sustos que los intereses corporativos están lamentando en la prensa es que la Alianza es una alianza independentista. De nuevo, es una forma de intentar que la gente que está a favor de la estadidad no vote por Alianza, y quizá vuelva a votar por el PNP, o quizá incluso por Proyecto Dignidad. Pero como dijo Manuel, hemos visto que estos intentos de tratar de movilizar al sector pro estadidad para favorecer al PNP no han tenido éxito. En los últimos 30 y tantos años, hemos tenido plebiscitos en 1993, 1998, y luego algunos muy cercanos en el tiempo: 2012, 2017 y 2020. Tanto el plebiscito de 2012 como el de 2020 se celebraron el día de las elecciones. La gente que está a favor de la estadidad ve esto como otro truco del partido pro estadidad, y una cosa que la gente está viendo es que el PNP no está realmente promoviendo la estadidad. Dice que lo hace, puede que tenga una retórica anticolonial, pero no es más que otra fuerza colonial, otro partido colonial, fuertemente neoliberal, fuertemente antipopular.

    Como ejemplo, las dos últimas veces que ha habido un aumento federal de salarios para empleados exentos, el Partido Nuevo Progresista, el partido supuestamente pro estadidad, ha intervenido para eximir a Puerto Rico de ese aumento salarial. Así que por un lado hablan de igualdad, por otro lado favorecen políticas que siguen empobreciendo a la población puertorriqueña.

    La actual candidata a gobernadora del PNP, Jenniffer González, dijo en 2016 que sería la última comisionada residente en la historia de Puerto Rico porque traería la estadidad en ese cuatrienio. De nuevo fue elegida para ese puesto en 2020, y ahora se postula para gobernadora. Así que ha habido mucha retórica, retórica agresiva por parte del PNP, pero ha habido una creciente independencia de votantes pro estadidad en estas últimas elecciones que o bien han votado diferente (sabemos que hubo una gran cantidad de personas, por ejemplo, que votaron por Juan Dalmau, el candidato a gobernador en 2020 por el PIP, pero que votaron por Jenniffer González como Comisionada Residente, o a favor de la Estadidad en el plebiscito).

    Y también hay una fuerza creciente que no hemos mencionado, y es la abstención electoral. Puerto Rico ha tenido históricamente un alto porcentaje de personas elegibles para votar que participan en las elecciones. Eso ha disminuido muy rápidamente durante la época de la crisis económica a partir del 2006, y vencer la apatía es una cosa que la Alianza también tiene que hacer para pensar en una posible victoria. La apatía es entonces otro enemigo, no tan codicioso ni tan peligroso como los intereses corporativos o el partido fundamentalista, pero definitivamente algo que tenemos que combatir. Debido a que esta crisis económica se ha extendido tanto, estamos hablando de nuevo de 15 años, con sólo 5 años de crecimiento positivo, la mayoría de la población ha perdido la esperanza. Y esa es una de las cosas que tanto en nuestro programa como en nuestras consignas, los candidatos de Victoria Ciudadana, del PIP y de La Alianza estamos tratando de devolver al terreno político, la esperanza de que podemos triunfar y podemos transformar esta sociedad en una mucho más justa, igualitaria y democrática.

    Jorge Lefevre: Creo que debido a lo que dije antes sobre la falta de importantes medios de comunicación progresistas, una forma en que DSA puede ayudar no sólo a Victoria Ciudadana y la Alianza, sino también a la política progresista en Puerto Rico en general, es ayudándonos a que la gente en los Estados Unidos sepa lo que está pasando en la agenda política puertorriqueña, en el movimiento obrero, porque nuestros medios de comunicación no van a dar mucho tiempo a estos temas. Creo que también es importante que los miembros de DSA se pongan en contacto con las diversas organizaciones de la diáspora puertorriqueña que están activas en muchos de estos temas, en Chicago, en Nueva York, en diferentes partes del país donde hay poblaciones puertorriqueñas. Pero creo que también sería muy útil si pudiéramos estrechar lazos con DSA y poder hablar con muchos de nuestros compañeros sobre muchos de estos temas.

    Manuel Rodríguez Banchs: Nosotros en Puerto Rico necesitamos organizarnos y movilizarnos para gravar las ganancias corporativas; por programas de empleo, reconstrucción urbana, ampliación de los servicios sociales, seguro de salud universal y educación pública superior gratuita; por energía renovable, cancelación de la deuda estudiantil y alivio para las familias endeudadas; por la reducción del gasto militar a favor del gasto social; por la organización de los trabajadores y la revitalización del movimiento obrero; por el fin de toda forma de discriminación racista, sexista, homofóbica o xenófoba tanto como ustedes. Contamos contigo para construir y ampliar estas demandas transitorias. Y os pedimos que incluyáis las necesidades de Puerto Rico de reconstrucción económica, cancelación de la deuda y autodeterminación en vuestras demandas y propuestas.

    Tenemos que trabajar juntos por la justicia para el pueblo trabajador de Puerto Rico, Estados Unidos y América Latina.

    Gracias por su lectura. Si apreciaste este contenido, por favor considera hacer una donación a dos miembros de Democracia Socialista que se postulan para el Senado en Puerto Rico con el MVC:

    Rafael Bernabe: bernabe.pr/contribuye

    Rosa Seguí: rosa.pr/contribuye

    Artículos relacionados


  • Calibrar la gravedad de la situación

    Calibrar la gravedad de la situación

    LE-PEN-FRANCIA

    todos los artículos

    Patrick Le Moal

    Militante del NPA-l’Anticapitaliste

    Traducción: Punto de Vista Internacional
    Fuente: 
    Contretemps.eu

    Teoría: Antifascismo

    29/09/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Frente al peligro neofascista que representa el FN/RN, el resultado de la 2ª vuelta de las elecciones legislativas anticipadas ha supuesto un respiro. Este respiro era esencial, ya que impedía que se les entregaran los resortes del Estado, pero no borraba los procesos fundamentales que se expresaron en las elecciones europeas y legislativas.

    La coyuntura política más favorable inmediatamente después de las elecciones permitió poner en primer plano las respuestas del Nuevo Frente Popular y los debates en torno a sus propuestas. Pero esto no debe ocultar la verdadera relación de fuerzas, lo que significa que tenemos que afrontar algunas cuestiones estratégicas importantes.
    Patrick Le Moal repasa la reciente evolución electoral y extrae las consecuencias en términos de tareas inmediatas: unidad, reconstrucción de un horizonte emancipador, necesidad de una fuerza política… para hacer frente al neofascismo.

    En la primera vuelta de las elecciones legislativas de 2017 (51% de los electores inscritos), el FN obtuvo cerca de 3 millones de votos. En la primera vuelta de las elecciones legislativas de 2022 (52,5% de los electores inscritos), el RN obtuvo 4,2 millones de votos, a los que hay que añadir el millón de votos emitidos por Reconquête, lo que hace un total de más de 5 millones de votos para la extrema derecha neofascista. En la primera vuelta de las elecciones legislativas de 2024 (votó el 66,7% de los inscritos), el RN obtuvo 9,4 millones de votos, más 1 millón de votos para las diferentes listas de extrema derecha, lo que da a la extrema derecha neofascista entre 10 y 11 millones de votos.
    En 7 años, el número de votantes de la extrema derecha se ha multiplicado por 3,6, representando el 30% de los votos emitidos y el 20% de los electores inscritos. Ahora se han estabilizado entre 10 y 11 millones de votos para el RN y sus afiliados, y cuando votan los abstencionistas, su número aumenta, como lo demuestran los 13 millones de Le Pen en la segunda vuelta de las presidenciales de 2022, cuando acudió el 72% de los electores.
    Se trata de un aumento enorme, y tanto más preocupante para nosotros cuanto que la mayoría de esos votos proceden de las clases trabajadoras, de los explotados y oprimidos, y que el binomio Le Pen/Bardella les ha permitido obtener resultados significativos en nuevos sectores del electorado: los jóvenes, los votantes primerizos, los directivos, los «CSP+», además de los del sur de Francia y las antiguas zonas industriales devastadas.
    Estos resultados dan a los neofascistas los medios para obtener la mayoría en las grandes elecciones de los próximos años, tanto presidenciales como legislativas.
    Si bien el «frente republicano» iniciado por el NFP lo impidió, el sistema electoral actual permite que una fuerza política con un 30-35% de los votos en la primera vuelta disponga de mayoría absoluta en la Asamblea Nacional. Por tanto, el RN está en condiciones de hacerse con el control de la maquinaria del Estado, lo que cambiaría considerablemente el equilibrio de poder y representaría un peligro cualitativamente distinto de todo lo que hemos visto desde la Segunda Guerra Mundial.
    Estos resultados electorales aún no se han traducido en la construcción de un partido neofascista de masas: fuera de las elecciones, los grupos neofascistas militantes de RN tienen poca presencia en la vida cotidiana o en las luchas sociales.
    Pero el clima creado por las victorias electorales de del RN y la violencia cada vez mayor de sus posiciones y polémicas ha dado rienda suelta a comportamientos racistas, xenófobos, islamófobos, homófobos, transfóbicos, de escepticismo climático y de otro tipo por parte de organizaciones claramente fascistas y grupos violentos de extrema derecha, así como de individuos. Hemos visto miles de ejemplos de esto en los últimos meses, desde comportamientos y reflexiones descaradamente racistas a nuestro alrededor, en el lugar de trabajo, incluso en ámbitos con una fuerte tradición de izquierdas (entre los trabajadores del ferrocarril, por ejemplo), intentos de intimidación, hasta amenazas de muerte en las redes sociales, que se han multiplicado. Todo esto indica lo que significaría para todos una victoria de los neofascistas, aunque el resultado de las elecciones haya relativizado temporalmente estos ataques reales y potenciales.
    Del mismo modo, hay que hacer balance del papel que desempeña ahora la Coordination rurale y preocuparse por su peso en la acción directa contra las movilizaciones ecologistas, en particular durante las movilizaciones contra las cuencas o la autopista A69.
    En comparación con los movimientos fascistas de los años 30, el RN no ha asumido el aspecto revolucionario, la construcción del «hombre nuevo», la agitación de la sociedad. Pero los puntos en común con el fascismo están ahí, en la defensa de la libertad de empresa, de los negocios, del productivismo en todas sus formas, contra toda acción autónoma de clase, contra las organizaciones democráticas, asociativas, sindicales y políticas, con la preferencia nacional, la identidad y el racismo en su centro de gravedad ideológico en un país profundamente marcado por su historia colonial.
    Hoy en día, el RN es principalmente una fuerza institucional, cada vez más integrada en el funcionamiento de las asambleas y los municipios donde tienen representantes electos. Una de sus principales preocupaciones actuales es hacerse cargo de varios centenares de municipios de aquí a 2026 para anclar en profundidad este desarrollo.
    Ya tiene un fuerte arraigo en el corazón mismo del aparato del Estado, como lo demuestra su influencia en los sindicatos mayoritarios de la policía y el ejército. No olvidemos el artículo publicado en Valeurs Actuelles un año antes de las elecciones presidenciales de 2022 por una veintena de generales, un centenar de oficiales superiores y un millar de otros militares denunciando la « desintegración» de Francia, en particular «a través de un cierto antirracismo», «el islamismo y las hordas de los suburbios», y declarándose dispuestos a apoyar las políticas de « defensa de la nación ». Y añadieron: «Si no se hace nada, la laxitud seguirá extendiéndose inexorablemente por la sociedad, provocando finalmente una explosión y la intervención de nuestros camaradas en servicio activo en una peligrosa misión de protección de nuestros valores de civilización y de salvaguarda de nuestros compatriotas en el territorio nacional». Le Pen se apresuró a respaldar estos análisis e invitar a sus autores a unirse a ella en la acción.
    Desde entonces, ha aumentado el número de altos funcionarios que se unen al RN y a sus perspectivas, y se acepta que casi todo el aparato del Estado serviría «lealmente» a un gobierno dirigido por neofascistas, como ocurrió cuando Pétain llegó al poder en 1940.
    En una serie de cuestiones políticas clave, el RN ha establecido su hegemonía, retransmitida por casi todos los medios de comunicación y gobiernos, sobre el «problema de la inmigración», la islamofobia, la seguridad y las políticas represivas que atentan contra las libertades, la ecología punitiva, el wokismo, etc. Asistimos a una «extrema derecha» que no es sólo «neofascista», sino «neofascista». Asistimos a una «extrema derechización» de la derecha y del macronismo. No hay más que ver las condiciones en las que se formó el gobierno Barnier. A esto se añade la sistematización de mentiras descaradas, ataques verbales y agresiones simbólicas por parte de los gobernantes que embrutecen a las clases trabajadoras, todo un abanico de violencia política que está destinada a expresarse en el terreno político y electoral un día u otro.
    Una parte de la burguesía es partidaria de una evolución libertaria del neoliberalismo, centrada en la destrucción de lo que queda del «Estado social» y en la limitación de las funciones del Estado a la represión. Ve con buenos ojos a los neofascistas, a los que considera útiles para la realización de este proyecto. Más allá de esta corriente, la relación entre las organizaciones patronales y la el RN ha evolucionado, porque las políticas neoliberales dirigidas contra las clases trabajadoras imponen enfrentamientos de clase cada vez más duros, en los que dicha corriente puede ser útil. Si en 2022 el Medef llamó a votar por Macron para bloquear al FN en la 2ª vuelta de las presidenciales alegando que su programa corría el riesgo de colocar al país «en un callejón sin salida», nada de eso ocurrió en 2024, cuando la posibilidad de que la RN obtuviera la mayoría era mucho mayor. Según los sondeos, cerca del 20% de los empresarios próximos al Medef votaron a RN en la primera vuelta[1]https://harris-interactive.fr/opinion_polls/legislatives-2024-sondage-jour-du-vote-1er-tour-le-vote-selon-la-proximite-syndicale/, y la CGPME observa alegremente que el RN asusta menos a las empresas que el NFP Las reuniones oficiales e informales entre el RN y los representantes de la patronal y las razonables declaraciones de Bardella al Medef confirman esta tendencia.
    Un indicador es inequívoco: la subida de la bolsa al día siguiente de la primera vuelta de las elecciones legislativas, en las que el RN salió vencedor.
    Esta tendencia general no es exclusiva de Francia: hoy dominan en el mundo gobiernos y poderes autoritarios, incluso dictatoriales, muchos de los cuales tienen referencias similares a la RN. Se trata de una evolución global en la forma de dominar el capital, y el ascenso de la RN forma parte de ella.
    Si el peligro existe, no es cuestión de lamentarse, sino de medir esta situación, comprender sus causas y fuerzas motrices para actuar con eficacia. La historia nunca está escrita de antemano; depende fundamentalmente de la acción de los de abajo, de los que se niegan a aceptar el orden dominante.

    En la primera vuelta de las elecciones legislativas de 2017 (51% de los electores inscritos), se emitieron más de 6 millones de votos a favor de las distintas listas de lo que hoy es el FN, el doble que los emitidos a favor del FN. Con 2,5 millones de votos, la LFI pisaba los talones al FN (3 millones).
    En las elecciones legislativas de 2022 (52,5% de los electores inscritos), el NUPES obtuvo 5,8 millones de votos, a los que podríamos añadir otro millón de votos emitidos en otras organizaciones que ahora para el NFP, lo que sigue siendo más que los 5 millones de votos emitidos para la extrema derecha neofascista , ¡pero ni de lejos el doble!
    En la primera vuelta de las elecciones legislativas de 2024 (votó el 66,7% de los inscritos), el NFP obtuvo 9 millones de votos, la primera vez en la historia que obtuvo menos votos que la extrema derecha neofascista.
    En 7 años, mientras que el número de votos emitidos a favor de los neofascistas se multiplicó por 3,6, pasando de 3 a 10/11 millones, el número de votos emitidos a favor de la izquierda política de todas las tendencias pasó de 6 a 9 millones. Esta es la cruda realidad, lejos de los porcentajes y resultados en términos de diputados, que son una especie de trampantojo.
    Podemos utilizar la dinámica política creada por este trampantojo producido por el sistema electoral de la V República, que permite al NFP que obtuvo 9 millones de votos, tener 178 diputados, mientras que la RN, que obtuvo 9,4 millones de votos, sólo tiene 125, por no hablar del hecho de que los macronistas de Ensemble, con 6,5 millones de votos en la primera vuelta, tienen 150 diputados. Pero no podemos confundir el trampantojo con la realidad, que de una forma u otra siempre nos alcanza.
    Para determinar nuestra acción en una situación en la que el NFP que agrupa a todas las izquierdas, desde la izquierda social-liberal hasta la «izquierda rupturista», tiene menos votos que la RN, tenemos que partir de esta realidad, utilizando todos los medios a nuestro alcance, para cambiar esta relación de fuerzas, deconstruir los ataques más violentos de los últimos años contra las clases trabajadoras y obtener algunas mejoras que cambien la relación de fuerzas entre las clases a favor de los explotados y oprimidos.

    Las políticas neoliberales han aplastado el peso electoral de los partidos burgueses de la derecha institucional y del macronismo, teniendo en cuenta que este último ha integrado a la parte más derechista de los socialistas enrolados en el neoliberalismo. En 2017, solo este polo fue mayor que los otros dos juntos, con más de 12 millones de votos (incluidos 6,4 millones solo para la République en marche de Macron) frente a 6 millones para los izquierdistas y 3 millones para el FN.
    Entre 2017 y 2024 este polo perdió más de 3 millones de votos, mientras que las izquierdas ganaron 3 millones y el RN más de 7 millones.
    Hoy los tres polos se sitúan entre 9 y 11 millones, pero el de la derecha y el macronismo se ha hecho más pequeño que los otros dos y la radicalización de votos ha beneficiado más a los neofascistas.
    Estos resultados en las elecciones europeas y, sobre todo, en las legislativas de 2024 se producen sin el efecto dinamizador de las presidenciales, pero muestran que la volatilidad electoral tiene límites: en efecto, hay un cambio fundamental en la situación política, que va mucho más allá de la crisis política de la que no es más que una ilustración. El consentimiento al orden capitalista y a las políticas neoliberales se ha tambaleado, pero esto ha beneficiado principalmente a los neofascistas. Aunque siempre ha habido un voto de derechas en la clase obrera[2]Se calcula que en 1981, el 30% de los trabajadores votaron a Giscard d’Estaing en la segunda vuelta contra Mitterrand., « esta fracción conservadora, que era gaullista, ha virado en gran medida hacia la extrema derecha. Otra parte, los abstencionistas, también han cambiado. Sobre todo, hay un efecto generacional[3]Xavier Vigna, «La gauche n’a pas de stratégie nationale pour reconquérir ses territoires perdus», Mediapart, 28 de julio de 2024.».
    Esto es lo que ha entendido la burguesía, que en esta situación siempre preferirá a RN antes que al NFP y por tanto preferirá organizar su dominación de clase con RN.
    Esto ya ha comenzado en los márgenes con el reagrupamiento de Ciotti, y podemos ver que la transferencia de votos de LR al RN fue mayor que la de los votos a un candidato de LFI cuando se opusieron.
    El hecho de que se hicieran públicas las cenas de Le Pen/Bardella con Édouard Philippe y Lecornu (ministro de las Fuerzas Armadas) en casa de un antiguo miembro de LR que fue estrecho asesor de Macron no ha creado ninguna crisis, ni siquiera revuelo, en el seno de la derecha y del macronismo.
    Tampoco hubo ninguna reacción a la publicación de informaciones sobre el «proyecto Pericles[4]L’ Humanité? 19 de julio de 2024», que organiza la instauración a todos los niveles del poder de una alianza entre RN y la derecha conservadora, invirtiendo 150 millones de euros en 10 años para hacer que sus ideas sean mayoritarias, incluyendo grupos de reflexión y medios de comunicación, para identificar elecciones prioritarias (ayudando a ganar más de 1.000 ayuntamientos, 300 de ellos para el RN, antes de las elecciones presidenciales/legislativas de 2027), y proporcionando una reserva de personal político a través de escuelas de formación.
    A escala europea, la extrema derecha, que a veces ha aumentado significativamente su número de votos (en Francia, Italia, Alemania, España y Portugal), dirige dos gobiernos, en Hungría e Italia, y participa en varios gobiernos con la derecha parlamentaria, en Finlandia, Países Bajos, Suecia y Croacia[5]Léon Cremieux «Elecciones al Parlamento Europeo: empuje reaccionario y núcleos de resistencia»? Inprecor julio-agosto 2024..

    Para los que luchan contra la explotación y la opresión en cualquiera de sus formas, el requisito previo absoluto para cualquier debate -porque en la izquierda hay verdaderas diferencias de opinión sobre muchas cuestiones- es negarse a seguir como hasta ahora, como si este riesgo no existiera, como si nuestra acción pasada hubiera estado a la altura de este riesgo. Rechacemos esconder la cabeza bajo el ala.
    Numerosas opciones y comportamientos demuestran que muchas corrientes políticas no se toman en serio la amenaza neofascista[6]Olivier Le Cour Grandmaison «Gauches partisanes: somnambulisme politique et électoral».. Y sin embargo, aunque la situación actual es, por supuesto, producto de la evolución del capitalismo, de las crisis ecológicas y de los cambios en el equilibrio mundial de poder, también es en cierta medida producto de las políticas aplicadas por la izquierda, ¡todas las izquierdas, desde las corrientes más derechistas hasta las organizaciones más radicales!
    El punto de partida de la discusión sobre los plazos políticos y sociales que tenemos por delante no puede ser otro que la idea de que hemos fracasado, y que todos, cada uno según su tamaño, sus medios y sus responsabilidades, estamos llamados a asumir nuestras responsabilidades para impedir este avance de los neofascistas en la arena política. Seguir como hasta ahora no responderá al desafío actual: impedir el acceso al RN al poder del Estado.
    Para las corrientes mayoritarias del NFP ¿podemos decir que las divisiones y las maniobras mezquinas vividas durante las elecciones europeas han quedado definitivamente atrás? ¿Las motivaciones de la formación del NFP eran principalmente bloquear el RN, como era el deseo de la gran mayoría de los votantes populares de la izquierda (y como se expresó en la presión ejercida sobre los estados mayores en su momento), o salvar el mayor número posible de puestos de diputado en la Asamblea Nacional? ¿Hasta qué punto la izquierda política utilizó la amenaza para salvarse a sí misma más de lo que tuvo en cuenta la gravedad de la situación? Como mínimo, la cuestión se plantea cuando vemos, incluso en el momento de las elecciones, la energía gastada en depurar LFI, la negativa de muchos candidatos a hacer campañas unidas, cada partido haciendo campaña sin tratar de implicar a los demás, menos aún formando comités de apoyo abiertos, o incluso omitiendo referirse al NFP aunque fuera la aspiración popular, y más en general la ausencia de toda mención del peligro del RN en muchas profesiones de fe y declaraciones.
    Mientras que la construcción de la LFI ha permitido expresar masivamente una respuesta política al neoliberalismo y ha redefinido la relación de fuerzas en el seno de la izquierda, el PS ha salido revigorizado de los últimos episodios, con un renacimiento del social-liberalismo que incluso se ha integrado en el NFP (Hollande-Glucksman), y sobre todo el nuevo equilibrio en la izquierda no ha impedido que la protesta contra el orden sea captada principalmente por los neofascistas.
    Los social-liberales, divididos entre los que estaban dispuestos a negociar un lugar en el gobierno y los que consideran que sólo el NFP puede permitirles reconstruirse borrando sus políticas de gobierno de los últimos 30 años, se preparan ya para las elecciones presidenciales, y cada grupo intenta lanzar un candidato con posibilidades de estar en la segunda vuelta superando a LFI.
    La estrategia de LFI se centra en las elecciones presidenciales y en la perspectiva de una segunda vuelta que enfrente a Jean-Luc Mélenchon (JLM) con Marine Le Pen, por lo que todos los ataques se centran en Macron. Sin embargo, este proyecto parece extremadamente arriesgado sin un cambio en el equilibrio de poder, que sólo es posible gracias a poderosas movilizaciones populares. No podemos hacer la misma política en 2027 que en 2022 y 2017, porque la posición de JLM se ha deteriorado. Pero todas las opciones políticas de LFI se basan en reproducir el mismo escenario. E incluso si se lograra la victoria, todavía sería necesario obtener una mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, que es cada vez menos probable, una mayoría que no impediría que la burguesía y las instituciones imperialistas se resistieran ferozmente a cualquier política antiliberal.
    En la extrema izquierda, la existencia de una corriente anticapitalista y unitaria ha permitido la presencia política de una respuesta socialista y ecosocialista, pero sin poder influir en la relación global de fuerzas.
    Para los sindicatos, divididos y debilitados, las derrotas acumuladas desde la victoria del movimiento juvenil contra el CPE en 2006, a pesar de las movilizaciones muy masivas de 2010, 2015 y 2023, por ejemplo, les obligan a redefinir los métodos de acción. Desde el éxito de 1995, las movilizaciones han conseguido retrasar y obstaculizar las contrarreformas y los ataques a los trabajadores, y limitar los daños causados, pero nunca han conducido a la victoria.
    Las movilizaciones feministas y ecologistas han conducido a victorias (NDDL, la ola Mee Too), avances en las luchas políticas y batallas ideológicas, pero hoy no desempeñan ningún papel en la estructuración del movimiento social a escala de masas.
    La enorme movilización de los Gilets Jaunes, debida tanto a su carácter en gran parte espontáneo como al retraso en que el movimiento obrero organizado y los movimientos de emancipación comprendieran su importancia, no sólo no tuvo repercusiones políticas positivas, sino que benefició electoralmente en gran medida al RN, a pesar de haberse mantenido distanciado de él.
    Las movilizaciones contra el racismo sistémico y la violencia policial demostraron la disposición de un sector de la juventud, aunque al margen de cualquier estructura significativa.

    Seguimos sintiendo los efectos profundos de las políticas neoliberales dirigidas a destruir las concentraciones de trabajadores, imponer el desempleo masivo, empobrecer a amplios sectores de las clases trabajadoras, atacar repetidamente las conquistas de las luchas del siglo XX y las organizaciones que surgieron de ellas, y destruir los colectivos de trabajo mediante políticas dirigidas a individualizar a los empleados, lo que significa que los lugares de trabajo son cada vez menos estructurantes para la acción colectiva.
    La aceptación por la socialdemocracia del marco neoliberal, al mismo tiempo que la desaparición de las sociedades llamadas «socialistas» surgidas de las revoluciones del siglo XX, tras la caída del muro de Berlín, y la transición de China al capitalismo, han aniquilado a escala masiva la idea de que es posible construir una sociedad pacífica, libre de explotación y opresión, una sociedad ecosocialista emancipada, empezando por los de abajo. Un nuevo factor está pesando: las crisis ecológicas, que están trastocando tanto las sociedades actuales como el proyecto socialista. No puede haber emancipación sin una transformación en profundidad del sistema de producción para reducir la producción material.
    La combinación de estos procesos, resumida brevemente, explica la deriva de una parte importante de las clases trabajadoras. Sin esperanza de construir juntos un mundo mejor, se han impuesto el rechazo o el miedo a la desclasificación y la búsqueda de un chivo expiatorio extranjero. El voto RN, sobre todo entre las clases trabajadoras, se alimenta de estos temores, así como del rechazo a ver desaparecer un mundo en el que los servicios públicos permiten vivir mejor, en el que los trabajadores crean progreso humano con su trabajo, en el que los campesinos dominan la naturaleza, y donde el trabajo duro conduce a un hogar, donde los sacrificios de los padres dan a sus hijos un futuro mejor, pero también donde los hombres dominan a las mujeres, donde Francia no está gobernada por tecnócratas europeos, donde los blancos son superiores a los hombres y mujeres de color, donde «nuestro país» domina a las colonias para civilizarse…. Es un voto contra la decadencia, contra la pérdida de lo que podría parecer una solución para una vida mejor.
    «En un periodo en el que una sociedad o un Estado parecen estar en declive irreversible, sus sistemas políticos, económicos y culturales no logran adaptarse o progresar… para los individuos, esto se traduce en una sensación de desilusión e impotencia, ya que fuerzas históricas mayores hacen que los esfuerzos personales parezcan inútiles, lo que conduce a fracasos recurrentes en sus aspiraciones a una vida próspera[7]Daniel Bastard «¿Está China cayendo en el basurero de la historia? Courrier International 22 de julio de 2024».
    ¿Por qué los activistas de izquierda, sean quienes sean, no han calibrado la magnitud de la ola electoral neofascista que acaba de extenderse? Responder a esta pregunta es cuestionar la naturaleza del vínculo que tenemos, cada uno a nuestro nivel, con la masa de los explotados y oprimidos.
    Sin embargo, las advertencias son numerosas y variadas. Las encuestas sobre la sociología del voto muestran un aumento constante de los votos a los neofascistas entre los obreros y los trabajadores desde 1988, del 17% al 57% para los obreros, y del 14% al 44% para los trabajadores. Hasta 2012, los votos acumulados a los candidatos de izquierdas eran superiores a los de los neofascistas en estas dos categorías (trabajadores de cuello blanco 47/22% trabajadores de cuello azul 42/29%).
    Desde 2017, los votos a los neofascistas han igualado o superado a los votos a todas las izquierdas en estas dos categorías. Este año, entre los trabajadores de cuello azul, el voto al RN es más del doble que el voto al NFP (57/21%), y mucho más alto entre los trabajadores de cuello blanco (44/30%). El voto al NFP sólo es superior al voto al RN entre las profesiones intermedias (35/31%) y los directivos (34/21%), entre los jóvenes menores de 24 años (48/33%) y entre los que tienen entre 24 y 35 años (38/32%).
    Esto confirma el hecho de que los partidos de izquierda cuyas relaciones se centran en los acontecimientos electorales y que establecen vínculos en el marco del funcionamiento de las instituciones (parlamento, ayuntamientos, etc.) tienen una relación distante con la gran masa de la clase trabajadora. Incluida la LFI, la izquierda que rompe con el social-liberalismo, que se implica realmente en muchas movilizaciones, que tiene una dinámica militante real, sigue centrada en los plazos y ritmos electorales, con un lugar central para los representantes elegidos. No es lo mismo intentar crear expectación en las redes y conseguir votos en las elecciones que trabajar para organizar las luchas cotidianas, los lugares de trabajo y de vida, y esforzarse por ganarse la confianza a través de la acción colectiva.
    Y las corrientes anticapitalistas son demasiado débiles para ocupar eficazmente este espacio.
    En los sectores en los que están presentes, los sindicatos están mucho más cerca de los trabajadores, lo que explica las reacciones, los llamamientos al voto y las distintas tomas de posición: sus dirigentes son conscientes de la presión del voto neofascista en el lugar de trabajo.
    Los sindicatos se movilizaron para las elecciones de 2024 como nunca antes. El resultado ha sido globalmente positivo, ya que el voto a los candidatos del NFP en la primera vuelta de las elecciones legislativas por parte de las personas que se declaran cercanas a un sindicato ha sido mayoritario[8]https://harris-interactive.fr/opinion_polls/legislatives-2024-sondage-jour-du-vote-1er-tour-le-vote-selon-la-proximite-syndicale/ para el FSU (76%), la CGT (61%), Solidaires (52%), en primer lugar para FO (37%), CFDT ( 35%… pero sigue siendo del 29% para los macronistas). El voto a RN sigue siendo elevado, 17% para los próximos a la CFDT, CGT y Solidaires, 27% para FO y 26% para UNSA, que sin embargo había pedido la derrota de RN. Sólo la FSU escapa a esta situación (4% de los próximos votan a RN).
    Las tendencias de los últimos 10 años son interesantes y muestran que el trabajo sobre el peligro neofascista puede surtir efecto.
    Para las personas cercanas a la CGT, el voto al FN/RN (17%) ha caído desde la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2022[9]Jean-Marie Pernot, «Proximités syndicales et vote politique, Le premier tour de l’élection présidentielle» https://syndicollectif.fr/proximites-syndicales-et-vote-politique/, cuando alcanzó el 26% (15% en 2017, 9% en 2012).
    Para los afines a la CFDT, el voto de izquierdas no es mayoritario desde 2002 (con la excepción de un amplio apoyo a Hollande en 2012: 56%), el voto a los macronistas, que alcanzó el 48% en 2017 y el 44% en 2022, disminuye aunque se mantiene en el 29%, y el voto al FN/RN ha evolucionado del 7% en 2017 al 18% en 2022, y se mantiene en el 17% en la actualidad.
    Es importante tener en cuenta que las organizaciones sindicales no tienen un contacto permanente y directo con todos los asalariados: dada la fragmentación de la mano de obra en los últimos 30 años, al menos la mitad de los asalariados trabajan en pequeños establecimientos, tanto en el sector servicios como en el industrial. La fragmentación de todas las estructuras laborales, la individualización de los horarios, el teletrabajo y la externalización están aumentando esta distancia.
    Sin embargo, las clases trabajadoras son activas en este país, a diferencia de lo que ocurre en muchos otros países europeos. Y lo están haciendo en todos los frentes, de las formas más diversas: los Chalecos Amarillos, los jóvenes de los barrios populares enfrentados a la violencia policial y, más recientemente, en movilizaciones en solidaridad con Palestina, movilizaciones en defensa de las pensiones, manifestaciones y acciones ecologistas, movimientos feministas, movimientos LGBTI, movimientos campesinos… no hay una sola capa de explotados y oprimidos que no esté reaccionando en oposición a las políticas neoliberales.
    Pero si los neofascistas no son visibles en las movilizaciones sociales, eso no significa que hayan desaparecido del campo político mundial. La movilización estrictamente económica, desvinculada de la lucha política global, no basta para producir una politización emancipadora: ¿cuántos trabajadores contra la reforma de las pensiones votaron RN?
    Hay que entrar en cuestiones directamente políticas, convencidos de que demonizar únicamente a los neofascistas, si bien contribuye a homogeneizar a una parte de los desfavorecidos, no basta para cambiar la relación de fuerzas global. Es esencial actuar sobre las fuentes del voto popular neofascista, librar una batalla por el derecho a la libre circulación, porque la inmigración es un bien para la sociedad y no un problema, contra los conceptos represivos y excluyentes del laicismo, por la solidaridad internacional, las políticas sociales, los servicios públicos, etc., y volver a comprometerse con estos sectores de las clases trabajadoras sobre la base de las necesidades, sin concesiones en cuanto al fondo.
    ¿Cómo pueden los explotados y oprimidos resistir a este clima y evitar la catástrofe y reconstruir un proyecto emancipador colectivo, reconstruir otra hegemonía política?
    «Necesitamos construir hegemonía en la izquierda y en el conjunto del país. Pero hegemonía es lo contrario de exclusión: implica aglutinar fuerzas políticas y sociales diversas, ejerciendo sobre ellas lo que Gramsci llamaba capacidad de dirección, e imponiéndoles nuestros temas»[10]Cédric Durand, Razmig Keucheyan y Stefano Palombarini, « Construire la gauche de rupture» , Contretemps, 22 de julio de 2024..

    Frente a este peligro, la oleada electoral defensiva que impidió al RN hacerse con el poder reunió no sólo a los partidos políticos miembros de esta unión, construida en pocos días, para garantizar el éxito de los candidatos del CCN.NFP Todos los medios militantes fueron capaces de cerrar filas, a pesar de sus diferencias, de sus muchas y grandes divergencias, en una unidad poco frecuente, y permitiendo y acompañando una movilización excepcional de los medios populares preocupados por las consecuencias de una derrota.
    Se afirmaba así la unidad del campo popular como único polo real de resistencia. El RN en el poder delimitaría este campo, reprimiendo de una forma u otra a todos sus miembros, incluidas corrientes tan reformistas y derechistas como el PS y los Ecologistas. Todos estaríamos en el mismo barco.
    Teníamos que unirnos a este poderoso movimiento para la victoria del NFP que era esencial como dique inmediato. Pero no podemos detenernos ahí.
    La situación que se abre es una situación política muy inestable, sin mayoría simple en el parlamento, con un presidente y unos dirigentes dispuestos a todo para conservar sus poderes, y una burguesía decidida a seguir imponiendo sus puntos de vista, incluso con el RN.
    La unidad que surgió de forma casi natural durante las elecciones debe anclarse a largo plazo si queremos hacer frente a las crisis políticas que se avecinan.
    Para ello, debemos partir de lo conseguido en las últimas semanas. El reto de las próximas semanas y meses es lograr una acción conjunta duradera contra el enemigo común dentro del marco unitario más amplio posible, con comités organizados a nivel de base, y luego a nivel nacional en grandes iniciativas conjuntas, con el NFP como punto de referencia, incluyendo todas las formas de resistencia al peligro neofascista, sindicatos, asociaciones, todas las formas colectivas existentes, en las que los partidos políticos, tanto las organizaciones que rompen con el neoliberalismo y el capitalismo como las más reformistas, sean sólo uno de los componentes, sin imponer su agenda y sus necesidades. Si se quiere estructurar la unidad a todos los niveles, ésta no debe centrarse en el apoyo a las acciones de los parlamentarios, sino en la aplicación mínima del programa del NFP y debe apoyar todo lo que vaya en esa dirección, unificándose en la acción en torno a las grandes reivindicaciones del programa del NFP que se oponen tanto a las políticas neoliberales de los macronistas como al proyecto de del RN.
    ¿Están dispuestos los partidos miembros del NFP por muy diferentes que sean, a implicarse en tal perspectiva? Son maquinarias electorales, ninguno de ellos busca apoyarse en colectivos activistas permanentes, democráticamente organizados, que busquen estructurar permanentemente sectores populares, que se fijen como objetivo organizar a los de abajo a partir de sus necesidades cotidianas, que rompan el aislamiento y la desesperanza. Por eso, ¡las cosas tienen que cambiar!
    Un frente político y social unido de este tipo es esencial para cambiar la relación de fuerzas global, para romper todos los procesos de individualización, para reconstruir en todas partes grupos militantes que vuelvan a tejer respuestas colectivas cotidianas, en los lugares de trabajo y de vida, a escala masiva, sin esperar a los plazos electorales.
    El NFP ha suscitado cierta esperanza y movilización, que no debemos defraudar. Si la división resurge por segunda vez tras las Nupes, el fracaso sería aún más estrepitoso y las consecuencias electorales a medio plazo serían tanto más graves. De todos nosotros depende evitarlo.
    Dividir al campo de enfrente, el de «cualquier cosa menos del NFP”
    La correlación de fuerzas no está a nuestro favor, por lo que debemos hacer todo lo posible para reforzar nuestro campo y debilitar en la medida de lo posible el campo de «todo menos el NFP».
    Unificar nuestro campo es el punto de partida, pero para ir más lejos tenemos que ser capaces de dividir al campo de enfrente, haciendo todo lo posible por acentuar las divisiones entre ellos, sin hacernos ilusiones de formar alianzas, formales o informales, en cada oportunidad, en cada terreno.
    Ya sea en cuestiones anecdóticas como la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos, en las llamadas cuestiones sociales o en las opciones internacionales, cualquier oportunidad política que se presente y acentúe las diferencias dentro del bloque contrario es buena para aprovecharla.

    Se trata de una tarea a largo plazo, que hay que llevar a cabo entre la espada y la pared, pero que es esencial si queremos invertir realmente la relación de fuerzas. La cuestión de una nueva expresión política de los explotados y oprimidos, de la reconstrucción de un movimiento emancipador para el siglo XXI, estaba en el centro de los debates cuando se lanzó el NPA. Su fracaso no elimina la necesidad, ahora más esencial que nunca para los de abajo, de construir una «clase para sí».
    Es necesario refundar ampliamente el proyecto socialista en un momento de « doble crisis histórica: la crisis de la alternativa socialista frente a la crisis multifacética de la “civilización” capitalista [11]Proyecto de «Manifiesto del marxismo revolucionario en la era de la destrucción ecológica y social del capitalismo».». La crisis ecológica pone a prueba nuestra capacidad de imaginar el futuro. La promesa de un futuro radiante gracias al progreso y a la civilización industrial creó una poderosa imaginación que ahora ha quedado atrás. Necesitamos recrear un destino común creíble y atractivo, una unificación de los dominados en torno a un proyecto positivo, en torno a ejes deseables, una revolución ecosocialista, para « poner fin a las regresiones sociales y democráticas que acompañan a la expansión capitalista mundial, pero también para salvar a la humanidad de una catástrofe ecológica sin precedentes en la historia de la humanidad». Estos dos objetivos están inextricablemente unidos [12]Idem.». Los marxistas revolucionarios no dogmáticos, que alimentan sus reflexiones con las experiencias de las luchas, pueden desempeñar un papel importante en la elaboración de tal proyecto, siempre que den muestras de humildad, porque la refundación sólo puede existir con la implicación de todos los movimientos que luchan contra todas las formas de dominación y opresión.
    El objetivo que debemos fijarnos es construir un movimiento, una agrupación, una alianza, un frente? un partido con un proyecto emancipador, que ofrezca una perspectiva de ruptura con el capitalismo y el productivismo y de construcción de una sociedad emancipada y ecosocialista, y que sitúe en el centro de su actividad la respuesta a las expectativas populares a través de la movilización, de la autoorganización en las empresas, los barrios, las asociaciones y la vida colectiva, sin someterlas a ritmos electorales, aunque entendiendo que estos plazos son importantes en la relación de fuerzas.
    Una herramienta política de este tipo, que pretende organizar a decenas y centenares de miles de oprimidos para ser eficaz, sólo puede surgir de un proceso de maduración en el seno de todas las experiencias políticas, sociales y sindicales más diversas, y no suscribiéndose a un proyecto prefabricado, por inteligente que sea. Es necesario repensar la relación entre todas las formas de acción contra el sistema: en las elecciones, las instituciones, en el frente económico, la organización colectiva en los lugares de trabajo, los barrios, el lugar de las cooperativas, las acciones concretas de solidaridad, es decir, cuestionar la forma y la función de todo el repertorio tradicional, Esto significa, por ejemplo, redefinir y reordenar las funciones de una reunión, un mitin, una manifestación, una huelga, una octavilla, un cartel, una página web, las acciones de desobediencia civil, la acción directa, para dar un sentido global a lo que demasiado a menudo se practica de forma ritual. El objetivo debe ser una redefinición multidimensional del significado y el lugar de las iniciativas y campañas políticas. Definir el objetivo u objetivos de cada iniciativa, y medir lo que se ha ganado o al menos avanzado. Pensar las acciones y las herramientas de modo que nos permitan experimentar nuestro poder colectivo y, por tanto, reforzarlo, desempeñando la autoorganización un papel decisivo. Es en el vaivén entre reflexión y práctica donde puede nacer una alternativa política. La inventiva de los «Levantamientos de la Tierra» nos muestra el camino.

    LFI ocupa un lugar central e ineludible como fuerza de izquierda antiliberal. Su existencia ha permitido combatir las orientaciones de la izquierda social-liberal, la aparición de diputados procedentes del movimiento social y la movilización de una parte de la juventud. Tiene seguidores reales en algunos barrios populares, pero su posición relativa en la izquierda ha disminuido, sin duda en parte debido a su acercamiento al movimiento social.
    Al principio de la gran movilización de 2023 contra la reforma de las pensiones, JLM creyó estar en condiciones de dirigir el movimiento sin los sindicatos, y LFI inició una gran manifestación, pero no estuvo a la altura de la capacidad de movilización de la intersindical. Y cuando, dirigido por estos últimos, el movimiento adquirió toda su amplitud, LFI, mediante su política de obstrucción en el parlamento[13]Véase la declaración de Philippe Martinez del 19 de febrero de 2023: «El hecho de que no hayamos ido al artículo 7 para que todo el mundo pudiera exponer su posición es un problema (…). … Seguir leyendo, bloqueó toda posibilidad de trabajo concertado entre los diputados de NUPES y la intersindical, lo que le impidió ser el corresponsal político natural de la movilización, a pesar de que la unidad en la calle era enorme y el movimiento tenía la hegemonía en la sociedad. Esta actitud de LFI hizo que fuera denunciada por querer « apropiarse del movimiento social para relegar a los sindicatos a un segundo plano», lo que evidentemente dejó huella.
    Más ampliamente, LFI no está en condiciones de ser el crisol para la constitución de una nueva expresión política por dos razones fundamentales, intrínsecamente ligadas.
    La primera es que sólo tiene un programa electoral, es cierto que rompe con las políticas neoliberales y permite avances sociales significativos, pero sin romper con el capitalismo. Pero el programa de un partido es mucho más que un programa electoral. En un país imperialista como Francia, no podemos contar con que la dinámica de la confrontación con el neoliberalismo transforme automáticamente la LFI en una herramienta de cambio revolucionario, que sólo puede ser consciente y organizada. Hay otra razón por la que es imposible que LFI evolucione a través del debate interno.
    Se trata de la relación con la democracia. LFI es un movimiento gaseoso, no una organización con miembros, órganos y debates organizados, y no una estructura democrática en la que haya debates, enfrentamientos, votaciones y cambios. Está totalmente dirigido por un grupo muy reducido en torno a JLM que impone sus opciones sin debate alguno. De ahí la escandalosa gestión de la violencia doméstica de uno de los protegidos de JLM, Quatennens, de ahí las purgas de diputados que se atrevieron a expresar públicamente su desacuerdo, las salidas de otros, y sobre todo la violencia de los intercambios e insultos en estas ocasiones. ¿Qué tipo de sociedad puede producir semejante orientación política? Nada que se parezca a una sociedad dirigida democráticamente por todos[14][Desde este punto de vista, el hecho de que la LFI no haya firmado el comunicado conjunto sobre las elecciones venezolanas (al igual que el PCF), que apoya «los esfuerzos de mediación de los … Seguir leyendo. Esta falta de democracia impide que los anticapitalistas se planteen reagruparse en su seno por varias razones: la represión, la imposibilidad de influir en debates internos que no existen, etc.
    Añadamos que el movimiento gasista « no podrá resistir al fascismo que se avecina “, como escriben los que quieren un cambio en la LFI: ” si queremos combatirlo eficazmente, y más en general crear las condiciones de una transformación en el seno del aparato del Estado y de la sociedad en su conjunto, no podemos prescindir de la construcción de una organización digna de ese nombre[15]Cedric Durand, Razmig Keucheyan y Stefano Palombarini « Construire la gauche de rupture », art. cit.». Mientras la elección de la dirección de la LFI siga siendo la del movimiento «gaseoso», los resultados gaseosos no se traducirán en una organización democrática de los explotados y oprimidos de este país.
    Cuando creamos el NPA, pensábamos que la crisis de la socialdemocracia convertida en social-liberalismo liberaría un espacio político para la construcción de una fuerza radical en la izquierda y que los resultados electorales tenían suficiente fuerza propulsora para ello. En realidad, debido a nuestros errores y derrotas sociales, este espacio ha sido ocupado por LFI, y sin que los socialdemócratas desaparecieran. Pero sobre todo, no ha sido capaz de ofrecer una perspectiva a las clases trabajadoras que rechazan el mundo que fabrica el capitalismo y que se han pasado masivamente al neofascismo.
    Así que hoy estamos en una situación completamente diferente.
    Tenemos que empezar de nuevo, partiendo de la base de que el choque de un gobierno neofascista a nuestras puertas es tal que cambia el enfoque de la lucha política de los actores políticos y los movimientos sociales, y obliga a los anticapitalistas a revisar sus prácticas políticas de arriba abajo, para adecuarlas a la situación actual.
    Lo principal para avanzar es convencernos y convencer a los demás de que todos debemos cuestionarnos, partir de la idea de que todos hemos fracasado en cierta medida y que lo que hacemos por nuestra cuenta no es suficiente.
    Del lado anticapitalista, hay que trabajar para aglutinar de la manera más eficaz posible a las corrientes que se niegan a comportarse como sectas políticas convencidas de que tienen razón contra viento y marea, de que si no ha funcionado es porque los demás no lo han entendido. Mientras cada cual acepte que sus opciones y sus rutinas de autoconstrucción deben ser cuestionadas, todo lo que limite el aislamiento en círculos más o menos restringidos (a escala de la sociedad) sólo puede ser positivo, aunque sigan existiendo think tanks específicos, lo esencial es no trabajar fraccionadamente en las decisiones políticas, sino considerarlas como aportaciones al pensamiento colectivo.
    Si todos estamos convencidos de la escala de nuestras responsabilidades, entonces existirá la posibilidad de que aquellos que han mantenido una perspectiva anticapitalista y revolucionaria desempeñen un papel positivo en el proceso mucho más general de reconstrucción de una organización de clase.
    Este proceso sólo puede partir de lo que ya existe. Si se suman todas las prácticas políticas y sociales emancipadoras en marcha hoy en día, hay minas de creatividad, inventiva y juventud.
    Para reunir lo mejor de la radicalización en todos los frentes, hay que romper muchas barreras, pensar que cada acción, por positiva que sea, sólo adquiere todo su sentido en una perspectiva global, asociada a todas las demás, sin jerarquías, sin mayorías impositivas.
    Hoy, lo que probablemente esté más a nuestro alcance es la creación de un espacio, de una red, de un campo de resistencia al neofascismo y al neoliberalismo productivista que aglutine con flexibilidad a todas sus partes y que, cuando actúe en campañas prolongadas, lo haga con un consenso de acción del tipo del que existe en muchas movilizaciones ecologistas.
    Trabajando juntos en todos estos frentes, desde la más amplia unidad de acción con las izquierdas existentes, con todas sus limitaciones, hasta el trabajo de reconstrucción de una forma de expresión para la acción política y social cotidiana en torno a un proyecto anticapitalista y antiproductivista, seremos útiles para bloquear el riesgo neofascista y poner en marcha una dinámica emancipadora capaz de reorganizar a gran escala el campo de los explotados y oprimidos, porque la emancipación nunca se ofrece, se conquista con la acción conjunta.

    Agradecemos a todos aquellos que leyeron una primera versión de este texto y cuyos comentarios contribuyeron a mejorarlo.

    Artículos relacionados


    Notas del artículo

    Notas del artículo
    1, 8 https://harris-interactive.fr/opinion_polls/legislatives-2024-sondage-jour-du-vote-1er-tour-le-vote-selon-la-proximite-syndicale/
    2 Se calcula que en 1981, el 30% de los trabajadores votaron a Giscard d’Estaing en la segunda vuelta contra Mitterrand.
    3 Xavier Vigna, «La gauche n’a pas de stratégie nationale pour reconquérir ses territoires perdus», Mediapart, 28 de julio de 2024.
    4 L’ Humanité? 19 de julio de 2024
    5 Léon Cremieux «Elecciones al Parlamento Europeo: empuje reaccionario y núcleos de resistencia»? Inprecor julio-agosto 2024.
    6 Olivier Le Cour Grandmaison «Gauches partisanes: somnambulisme politique et électoral».
    7 Daniel Bastard «¿Está China cayendo en el basurero de la historia? Courrier International 22 de julio de 2024
    9 Jean-Marie Pernot, «Proximités syndicales et vote politique, Le premier tour de l’élection présidentielle» https://syndicollectif.fr/proximites-syndicales-et-vote-politique/
    10 Cédric Durand, Razmig Keucheyan y Stefano Palombarini, « Construire la gauche de rupture» , Contretemps, 22 de julio de 2024.
    11 Proyecto de «Manifiesto del marxismo revolucionario en la era de la destrucción ecológica y social del capitalismo».
    12 Idem.
    13 Véase la declaración de Philippe Martinez del 19 de febrero de 2023: «El hecho de que no hayamos ido al artículo 7 para que todo el mundo pudiera exponer su posición es un problema (…). Teníamos que hacer que los diputados, cada diputado, asumiera sus responsabilidades (…). A través de los numerosos incidentes – digámoslo así – hemos hablado más de estos incidentes que de la raíz del problema y de lo que se debate en la calle» con la movilización sindical, dijo, señalando a “fuerzas políticas [que] intentan sustituir a las organizaciones sindicales y ponerse en primera línea en relación con [quienes] marchan en la calle”
    14 [Desde este punto de vista, el hecho de que la LFI no haya firmado el comunicado conjunto sobre las elecciones venezolanas (al igual que el PCF), que apoya «los esfuerzos de mediación de los gobiernos latinoamericanos de izquierda entre las fuerzas políticas en disputa para una solución pacífica, en particular Brasil, Colombia y México, que pidieron en una declaración conjunta el respeto del “principio fundamental de la soberanía popular […] mediante la verificación imparcial de los resultados de las elecciones”. ] mediante una verificación imparcial de los resultados » y que llama a “ la constitución de una red de solidaridad internacionalista con el pueblo venezolano, en apoyo a sus aspiraciones democráticas y a su lucha por la emancipación, rechazando todas las pretensiones y acciones imperialistas en Venezuela, vengan de donde vengan”.
    15 Cedric Durand, Razmig Keucheyan y Stefano Palombarini « Construire la gauche de rupture », art. cit.
  • Solidaridad popular con las afectadas por la DANA. Gobiernos y empresarios responsables. Ecosocialismo o barbarie.

    Solidaridad popular con las afectadas por la DANA. Gobiernos y empresarios responsables. Ecosocialismo o barbarie.

    un-hombre-camina-por-una-calle-de-utiel-cubierta-de-escombros-despues-de-que-las-inundaciones-repentinas-provocadas-por-el-paso-de-una-dana

    todos los artículos

    Anticapitalistas

     

    Fuente: anticapitalistas.org

     

    Actualidad Internacional: Latitudes. Europa

    31/10/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Desde Anticapitalistas queremos mostrar todo nuestro apoyo y solidaridad popular a todas las personas afectadas por la DANA. Van casi ya un centenar de personas fallecidas tras las inundaciones que han afectado a País Valencià, Castilla-La Mancha, Andalucía, Catalunya y Murcia, junto a decenas de personas que siguen desaparecidas y unos elevadísimos daños materiales. Esperamos que las personas desparecidas sean localizadas lo antes posible y las tareas de reconstrucción se ejecuten a la mayor brevedad. Sin embargo, no podemos dejar esto como una desafortunada tragedia.

    Las catástrofes naturales no existen, no es el agua lo que los ha matado. Ninguna lluvia torrencial ocurre en el vacío, caen sobre una realidad social y política. Es ahí donde debemos buscar, señalar y combatir los responsables de este funesto episodio. Nosotras tenemos claro que los gobiernos, las empresas y el capital fósil tiene una clara responsabilidad.

    Gobiernos. El gobierno autonómico de Carlos Mazón ha actuado con una negligencia sobre la que no solo deben exigirse responsabilidades políticas, sino también penales. En 2023 desmanteló la Unidad Valenciana de Emergencias, la cual consideraban un chiringuito y la dejaron en manos de una extrema derecha negacionista del cambio climático. Durante el pasado 29 de octubre, la Generalitat Valenciana no estableció el nivel de emergencia correspondiente ni envió alertas a la población hasta bien entrada la tarde, a pesar de los avisos emitidos por las agencias meteorológicas los días previos y esa misma mañana. Eso hizo que cientos de personas quedaran expuestas a un riesgo extremo del que se tenía plena constancia. No se puede denominar error a una serie de decisiones conscientes que han conducido a la muerte a decenas de personas. Al mismo tiempo, seguimos con preocupación las dificultades que están experimentado múltiples localidades en las que se ha interrumpido los suministros básicos de energía, agua y alimentos. Resolver cuanto antes esta situación es vital para que el impacto social no siga aumentando, y tanto gobierno autonómico como central son responsables de ello.

    Empresas. Muchas de las personas muertas o desaparecidas no habrían estado en el lugar y en el momento inadecuado si no fuera por unas empresas que les obligarles a permanecer en su centro de trabajo, a pesar del riesgo extremo que eso suponía. La explotación y la extracción de beneficios es más importante que la vida de sus trabajadoras. Siempre lo ha sido, y siempre lo será. Aquí no cabe pedirle por favor a las empresas que no expongan a sus trabajadores. Cualquier legislación de prevención de riesgos laborales se queda en papel mojado si no existe un contrapoder sindical con capacidad de imponer su autoridad y confianza. Lo que corresponde es avanzar en la construcción de ese poder sindical que deje claro que la clase trabajadora no se volverá a quedar en su centro de trabajo mientras la avaricia de sus jefes pone su vida en riesgo. Por otro lado, debemos empezar a anticipar el impacto económico y laboral que va a sufrir la región en el futuro próximo. El Gobierno de España ha pedido ya a las empresas que soliciten ERTEs. Si extraemos lecciones de la pandemia hay una cosa que tiene que quedar clara: cualquier transferencia de dinero público debe tener una fuerte condicionalidad, tanto laboral como de transformación productiva. Si las decisiones de reconstrucción se mantienen en las manos de las mismas empresas que nos han conducido a esta situación, estamos condenadas a repetir trágicamente la historia.

    Capital fósil. Al igual que ocurre con olas de calor o incendios, lluvias torrenciales e inundaciones como las que hemos visto se relacionan directamente con el caos climático al que nos ha condenado el capital fósil. Eventos que antes ocurrían cada 100 años ahora se suceden cada 10, cada 5, cada 3. La responsabilidad se encuentra el entramado económico y de poder que impone un sistema que quema compulsivamente ingentes cantidades de combustibles fósiles. Mientras Repsol se queja de los impuestos, registra un beneficio de 3.168 millones. Mientras el Gobierno de España se presenta como adalid de la transición ecológica, destina más de 10.500 millones de ayudas públicas a los combustibles fósiles. Este capital fósil goza de una excelente salud, y mientras sea así seremos la clase trabajadora quienes sigamos poniendo los muertos.

    Quizás no podíamos evitar la lluvia. Quizás tampoco gran parte de los daños materiales. De hecho, eventos así nos los vamos a encontrar en el futuro con cada vez mayor frecuencia, con cada vez mayor intensidad. Por eso, lo fundamental está conseguir que sus consecuencias no sean tan trágicas ni funestas.

    En el plano teórico se conoce perfectamente cómo conseguir eso. Sabemos que el boom urbanístico en el que unos pocos amasaron beneficios millonarios se hizo construyendo sobre zonas inundables. Son necesarias actuaciones urbanísticas que saquen las edificaciones de los cauces, construcción de barreras y medidas de renaturalización, así como fortalecer y multiplicar los recursos en las unidades de emergencias, aplicar todas las alertas, forzar a las empresas a paralizar la actividad ante un riesgo inminente. Al mismo tiempo, debemos escapar de la dependencia hacia los combustibles fósiles, realizar transformaciones drásticas sobre la estructura productiva que permitan una reducción del consumo energético y de las emisiones de CO2. Sin embargo, vemos cómo nada de eso ocurre.

    Se reconoce que la catástrofe es inminente, que se deben realizar grandes esfuerzos para evitarla. Todo el mundo lo dice, todo el mundo lo reconoce. Pero no se toma ninguna medida.

    Ni la adaptación climática ni la transformación productiva pueden esperar. Pero año tras año vemos cómo una transición ecológica guiada por el mercado, la competencia y la expectativa de beneficio es demasiado lenta, demasiado insuficiente y demasiado injusta. Por eso, ahora más que nunca, nos corresponde seguir avanzando en la construcción de una alternativa ecosocialista.

    Artículos relacionados


  • La evolución del pensamiento de Lenin sobre la cuestión nacional: autodeterminación, secesión y federalismo

    La evolución del pensamiento de Lenin sobre la cuestión nacional: autodeterminación, secesión y federalismo

    Lenin

    todos los artículos

    Jaime Pastor

    Politólogo y miembro de la redacción de viento sur

    Fuente: Viento Sur

    Teoría: Marxismo

    26/10/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    En este trabajo[1]Este texto es un desarrollo de mi intervención en la sesión del 29/02/24 sobre “Lenin y la cuestión nacional”, junto con Etienne Balibar y con Gal Kirn, que introdujo la sesión, de … Seguir leyendo nos proponemos analizar la evolución del pensamiento político de Lenin sobre la cuestión nacional, su especificidad y su lugar estratégico, así como sobre las diferentes opciones que se plantea para su resolución democrática (secesión, federación, autonomía). Distinguimos fundamentalmente tres fases principales, relacionadas con distintos periodos históricos, casos y debates–especialmente con Rosa Luxemburg, pero también con el austromarxismo, el Bund y miembros de su propio partido-, hasta llegar a sus últimas reflexiones y propuestas en torno a la conflictiva construcción de lo que será la nueva URSS.


    Obviamente, partimos de que Lenin aborda esta cuestión dentro del marco general establecido por las reflexiones de Marx y Engels sobre la misma, así como de los animados debates que se desarrollan en la Segunda Internacional y, en particular, de sentencias que se convierten en referencias de principio, como las de Engels en 1847 (“una nación no puede conquistar su libertad si sigue oprimiendo a otras”[2]“Discurso sobre el partido cartista: Alemania y Polonia”, 9/12/1847.) y, sobre todo, en 1882 cuando sostiene que “el proletariado triunfante no puede imponer a ningún otro pueblo felicidad alguna sin socavar con este acto su propia victoria” (Marx y Engels, 1981 [1882]: 508). Una visión inicialmente evolucionista de la historia –que confía en la superación progresiva de los antagonismos nacionales a medida que se avance hacia el socialismo, tal como sostienen en el Manifiesto Comunista-, acompañada de una defensa abierta del derecho a la independencia de Polonia y de Irlanda, y que se va abriendo a una concepción multilineal de la historia a medida que muestran un creciente interés por el estudio de las sociedades no occidentales[3]Para un estudio bien documentado e innovador de su evolución sobre estas cuestiones y, en particular, sobre las sociedades no occidentales: Anderson (2024)..

    La posición que mantienen ante conflictos como los de Polonia e Irlanda influirá en los debates en la II Internacional y se plasmará en el consenso que se alcanza en el Congreso de Londres en 1896, en el que se declara que la Internacional “está a favor del derecho completo a la autodeterminación de todas las naciones y expresa sus simpatías a los obreros de todo país que sufra actualmente bajo el yugo de un absolutismo militar, nacional o de otro género”. Sin embargo, es una resolución que se aprueba “en medio de una incomprensión y una indiferencia totales” (Löwy y Haupt, 1980: 58)[4]Una actitud que tiene que ver con el predominio de una posición ambigua en su seno ante la política colonial de las grandes potencias occidentales, como se refleja en el Congreso celebrado en … Seguir leyendo.

    Esa será también la posición que se mantendrá dentro del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) en su II Congreso en 1903 (que en su artículo 9 defiende el “derecho a la autodeterminación de todas las naciones, incluidas las que estén en las fronteras del Estado”). Lenin asume claramente esa orientación, como se puede comprobar en su artículo “El problema nacional en nuestro programa”, publicado el 15 de julio de 1903 (Lenin, 1975: 284-293): En él defiende el derecho de autodeterminación, entendido como derecho a la separación, sin por ello estar a favor de que su partido defienda esta opción y precisando, en polémica con dirigentes del PSP polaco, que “tan sólo en casos aislados y a título de excepción” hay que apoyar la separación.Tampoco se muestra partidario de la federación, salvo también en casos aislados, a diferencia de Kautsky, ya que se mostraba partidario de un Estado centralizado “no imperialista”. Asimismo, se mostró partidario del centralismo democrático dentro del partido frente a las propuestas federales de socialdemócratas de la periferia del Imperio zarista (Eric Blanc, 2014) o de autonomía por parte del Bund.


    Es sobre todo a partir de 1913 cuando Lenin aborda más a fondo esta cuestión considerando que es evidente que se ha entrado en una fase histórica diferente de la que habían conocido Marx y Engels y que por eso ya no tiene sentido la distinción entre “naciones con historia” y “sin historia”. Argumenta que hay que defender la igualdad de derechos de las naciones y, por tanto, los derechos de las minorías nacionales también dentro de los Estados ya existentes, no resignándose a tomar sus fronteras como algo natural.

    Así, en “La clase obrera y la cuestión nacional”, en mayo de 1913, Lenin (1984a: 157-158) mantiene que:

    En nuestros días, sólo el proletariado defiende la verdadera libertad de las naciones y la unidad de los obreros de todas las naciones. Para que las distintas naciones convivan o se separen (cuando más 1es convenga) libre y pacíficamente, formando diferentes Estados, es necesaria la plena democracia, defendida por la clase obrera. ¡Ni un solo privilegio para ninguna nación, para ningún idioma! ¡Ni la más mínima vejación, ni la más mínima injusticia con ninguna minoría nacional! Tales son los principios de la democracia obrera.

    Estas reflexiones aparecen de forma más sistemática en su artículo “Notas críticas sobre el problema nacional”, escrito entre octubre y diciembre de 1913 (Lenin, 1976a). En el mismo, presenta a Suiza como ejemplo de respeto y práctica del plurilingüismo, a la vez que se reafirma en la defensa del derecho de autodeterminación, entendido como derecho a la separación y no al federalismo o a la descentralización, ya que se reafirma en la necesidad de un Estado basado en el centralismo democrático. También, en ese artículo polemiza con el Bund rechazando la idea de una “cultura nacional” judía y, frente a Otto Bauer[5]Sobre Otto Bauer y la cuestión nacional, me remito a mi artículo “Retorno crítico al austromarxismo”, viento sur, 27/08/2021. Accesible … Seguir leyendo, de la “autonomía nacional-cultural” como opción a reivindicar, si bien llega a reconocer que “la nación hebrea” es “la más oprimida y perseguida”[6]En relación con la cuestión judía, Traverso (2023: 177-185) observa en Lenin una oscilación permanente entre un reconocimiento y una negación del carácter nacional de los judíos, pese a su … Seguir leyendo.

    También ese mismo año pone de manifiesto el creciente interés que había mostrado a partir del impacto de la revolución rusa de 1905 en los pueblos de Oriente, como muestra en su artículo “El despertar de Asia” (Lenin, 1984b: 154). En él sostiene que: “Después del movimiento ruso de 1905, la revolución democrática se ha extendido a toda Asia, a Turquía, Persia y China. La agitación aumenta en la India inglesa (…) y a la India holandesa”.

    Más tarde, en su artículo “El derecho de las naciones a la autodeterminación”, de febrero-mayo de 1914 (Lenin, 1976b), polemiza con Rosa Luxemburg insistiendo en la defensa del derecho a la autodeterminación como derecho a la separación y a “la formación de un Estado nacional independiente”, si bien deja claro que el proletariado subordina las reivindicaciones nacionales a los intereses de la lucha de clases. Esto implica la necesidad de una táctica diferenciada ante la burguesía de la nación oprimida:

    Por cuanto la burguesía de una nación oprimida lucha contra la opresora, nosotros estamos en todos los casos y con más decisión que nadie a favor, ya que somos los enemigos más intrépidos y consecuentes de la opresión. Por cuanto la burguesía de la nación oprimida está a favor de su nacionalismo burgués, nosotros estamos en contra. Lucha contra los privilegios y violencias de la nación opresora y ninguna tolerancia con el afán de privilegios de la nación oprimida (ibid.: 115; el énfasis es del original).

    También, frente a la opinión de la revolucionaria polaca, Lenin considera legítimo el apoyo del movimiento obrero sueco a la independencia de Noruega, alcanzada a través de un referéndum en 1905, apoyándose para ello enla posición de Marx ante las cuestiones de Polonia e Irlanda, a la vez que sigue apostando por “la fusión de los obreros de todas las naciones”.

    Estas consideraciones tienen su reflejo en el interior del Imperio zarista y, concretamente, en la crisis que se inicia en en el marco de la Gran Guerra interimperialista. En este marco cabe observar el interés que muestra Lenin por las relaciones entre Rusia y Ucrania, como se refleja en su discurso en Zúrich el 27 de octubre de 1914. En él sostiene que “lo que ha sido Irlanda para Inglaterra, Ucrania lo ha llegado a ser para Rusia, explotada hasta el extremo, sin recibir nada a cambio. Así, tanto los intereses del proletariado internacional en general como los del proletariado ruso en particular exigen que Ucrania reconquiste la propia independencia estatal que, sólo ella, le permitirá alcanzar el desarrollo cultural indispensable al proletariado” (Serbyn, 1981; el énfasis es mío).

    Por tanto, asumiendo la denuncia del Imperio ruso como “cárcel de pueblos” (Lenin,1976c: 215), en “El socialismo y la guerra”, escrito en julio y agosto de 1915 (Lenin, 1976d), caracteriza el zarismo como un “imperialismo militar y feudal”, llegando a sostener que: “En ninguna parte del mundo la mayoría de la población está tan oprimida como en Rusia”. Por esa razón, la defensa del derecho de autodeterminación, o sea, a la separación, aparece como una tarea ineludible de los partidos socialdemócratas de los países opresores, si bien insertándola en el camino hacia “la formación más libre, más audaz y, por tanto, más amplia y extensa de grandes Estados y de federaciones de Estados, más beneficiosos para las masas y más en consonancia con el desarrollo económico”.

    También en su artículo “La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación”, deenero-febrero 1916 (Lenin, 1976e), de nuevo frente a Rosa Luxemburg, considera que Noruega es un ejemplo de que es “realizable” el derecho de autodeterminación bajo el capitalismo sin tener que esperar ala conquista del socialismo. Además,presenta esa misma experiencia de defensa de “la plena libertad de agitación a favor de la separación y de que ésta sea decidida por medio de un referéndum de la nación que desea separarse”, aun estando en contra de esa opción, ya que:

    Cuanto más se acerque el régimen democrático del Estado a la plena libertad de separación, más débiles serán en la práctica las aspiraciones de separatismo, pues son indudables las ventajas de los Estados grandes, tanto desde el punto de vista del progreso económico como desde el punto de vista de los intereses de las masas, con la particularidad de que esas ventajas crecen sin cesar al mismo tiempo que el capitalismo (ibid.: 352).

    Asimismo, en ese mismo artículo, no descarta la defensa del derecho a la autodeterminación incluso cuando puede ser aprovechada esa reivindicación por otra “gran” potencia:

    La circunstancia de que la lucha por la libertad nacional contra una potencia imperialista pueda ser aprovechada, en determinadas condiciones, por otra ‘gran’ potencia para conseguir fines igualmente imperialistas no puede obligar a la socialdemocracia a renunciar a reconocer el derecho de las naciones a la autodeterminación, de la misma manera que los repetidos casos de utilización de las consignas republicanas por la burguesía con fines de fraude político y de saqueo financiero (por ejemplo, en los países latinos) no pueden obligar a los socialdemócratas a renunciar a su republicanismo (ibid.: 355).

    Es en ese artículo también donde desarrolla la distinción entre tres grandes grupos de Estados y países:1, los avanzados de Europa Occidental y Estados Unidos (en donde cada una de “estas ‘grandes’ naciones oprime a otras naciones en las colonias y dentro del país”); 2, el Este de Europa (en donde se están formando esos legítimos movimientos nacionales en contextos de declive imperial); y 3, los semicoloniales y todas las colonias (en donde se van a ir forjando progresivamente los movimientos anticoloniales, a los que hay que apoyar) (357-358). Una diferenciación que reafirma, de nuevo en polémica principalmente con Rosa Luxemburg, en “Sobre la caricatura del marxismo y el economismo imperialista”, escrito entre agosto y octubre de 1916 (Lenin, 1976f).

    Rosa Luxemburg, por el contrario, sostiene en “La cuestión nacional y la autonomía”, escrito en 1908 (1977: 109) que la entrada en la fase imperialista supone “el desarrollo hacia el Gran Estado” condenando así al conjunto de mini y micro-nacionalidades a la debilidad política. Por tanto, según ella, es ilusoriopedir su autodeterminación, ya que no tienen ninguna posibilidad de ejercerla frente a los Estados imperialistas. Una tesis que es compartida por Karl Radek, Bujarin, Görter y otros marxistas radicales (incluido Trotsky, que mantiene una posición ambigua). Esta posición encuentra su réplica en Lenin, quien critica la confusión que muestran del “problema de la autodeterminación política de las naciones en la sociedad burguesa, de su independencia estatal, con el de su autodeterminación e independencia económicas” (Lenin, 1976b: 101-102). La revolucionaria polaca considera, por el contrario, que la tarea central es poner en primer plano las luchas de clases y las anticoloniales y antiimperialistas. Partiendo de esa posición y del análisis crítico que hace del movimiento nacionalista polaco, Rosa Luxemburg muestra su firme rechazo no sólo a la defensa del derecho de autodeterminación de Polonia, sino también a la posición que los socialdemócratas rusos mantienen en su resolución de 1903.

    Pese a sus reservas, no por ello niega la socialdemócrata polaca la necesidad de que los trabajadores defiendan “los objetivos democráticos y culturales del movimiento nacional, es decir, al establecimiento de instituciones políticas que garanticen, por medios pacíficos, el libre desarrollo de la cultura de todas las nacionalidades que conviven en el mismo Estado” (ibid.: 134). No obstante, más tarde da su apoyo a los pueblos balcánicos frente al Imperio turco, al que considera inviable, y en 1915 llega a defender el derecho de autodeterminación, si bien no lo considera viable en el marco del Estado capitalista. En resumen, podría concluirse que la revolucionaria polaca cae en una concepción economicista del problema nacional, no comprendiendo que “la liberación nacional de los pueblos oprimidos era también una exigencia de todas las masas populares, incluyendo el proletariado”(Löwy, 1980: 98)[7]Para un tratamiento más reciente de las diferencias entre la posición de Rosa Luxemburg y la de Lenin, me remito a Andreassi y Tafalla (2021)..

    Por el contrario, hemos visto que Lenin se reafirma en sus sucesivos artículos en la defensa del derecho de autodeterminación, o sea, a la separación. Establece para ello una neta distinción entre naciones opresoras y naciones oprimidas, así como entre las diferentes tareas que corresponden a los socialdemócratas en unas y otras: mientras que en las primeras el acento debería ponerse en el derecho a la separación, en las segundas tendría que estar en la apuesta por la libre unión, si bien siempre habría que analizar cada caso concreto.

    Siempre debatiendo con la mayoría de quienes incluso han roto con la Segunda Internacional, como recuerda Kevin B. Anderson (2010: 130), Lenin insistirá en la importancia estratégica de los movimientos nacionales antiimperialistas. La clasificación que establece Lenin de los tres grupos de países se desprende, precisamente, del análisis más amplio y profundo que desarrolla en “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, escrito entre enero y junio de 1916 (Lenin, 1976g); lo que le lleva, frente a posiciones como la de Kautsky (que obvia la denuncia de la anexión de Alsacia y Lorena por Alemania), a destacar la relevancia que tiene la cuestión nacional y colonial, como se puede comprobar cuando sostiene que:

    El imperialismo es la época del capital financiero y de los monopolios, los cuales traen aparejada en todas partes la tendencia a la dominación, y o a la libertad. El resultado de dicha tendencia es la reacción en toda línea, sea cual fuere el régimen político, y la exacerbación extrema de las contradicciones en esta esfera también. Se intensifica asimismo en particular la opresión nacional y la tendencia a las anexiones, esto es, a la violación de la independencia nacional (pues la anexión no es sino la violación del derecho de las naciones a la autodeterminación (ibid.: 493; el énfasis es mío).

    Otro paso posterior importante se puede encontrar en su artículo “Balance de la discusión sobre la autodeterminación”, escrito en julio de 1916 (Lenin, 1976h). En él, como anuncia el mismo título, hace un balance de los debates mantenidos en años anteriores, insiste sobre los casos de Noruega y Alsacia (contra su anexión) y refuta los argumentos de quienes se limitan a defender el derecho de autodeterminación sólo para las colonias. Además, pone especial acento en su firme apoyo a la insurrección irlandesa de Pascua en 1916 frente a quienes dentro de sus propias filas, como Karl Radek, la critican por considerarla un mero “putsch” de un “movimiento nacionalista puramente urbano, pequeñoburgués”. En cambio, para Lenin, este levantamiento popular se convierte en un ejemplo claro de lo que ya había apuntado en su obra sobre las consecuencias de la crisis imperialista en el marco de la Gran Guerra, ya que “demuestra que las llamas de las insurrecciones nacionales con motivo de la crisis del imperialismo se han encendido tanto en las colonias como en Europa, que las simpatías y las antipatías nacionales se han manifestado, a pesar de las draconianas amenazas y medidas represivas” (ibid.: 53; énfasis en el original)[8]Para un recordatorio de aquella insurrección con ocasión de su centenario: Foulon (2016). Lenin, como observa Kevin B. Anderson (2010: 130), presenta además ese movimiento como ejemplo del papel … Seguir leyendo.

    También en julio de 1916, el dirigente bolchevique escribió “Sobre el folleto de Junius” (Lenin, 1976i), refiriéndose al texto publicado por Rosa Luxemburg ese mismo año “La crisis de la socialdemocracia” (1978), que firmó con el seudónimo de Junius. En su comentario, se puede observar de nuevo visiones diferentes del futuro de las guerras de liberación nacional. Así, tras alabar esa obra como “un excelente trabajo marxista, y es muy posible que sus defectos sean, hasta cierto punto, accidentales”, a continuación, señala que “el principal defecto (…) es que silencia la vinculación entre el socialchovinismo (…) y el oportunismo”. Considera que “trasplantar la apreciación de la presente guerra [se refiere a la Gran Guerra iniciada en 1914] a todas las guerras posibles bajo el imperialismo” supondría“olvidar los movimientos nacionales contra el imperialismo” (ibid.: 5; énfasis en el original). Por eso, frente a esa posición defiende que “no sólo son probables, sino inevitables las guerras nacionales por parte de las colonias y semicolonias”, sino que “ni siquiera en Europa se pueden considerar imposibles las guerras de liberación nacional en la época del imperialismo”. Éstas últimas, insiste, no sólo son inevitables, sino también “progresistas, revolucionarias”, aunque su éxito dependerá de distintos factores, entre ellos “la conjugación especialmente favorable de los factores que caracterizan la situación internacional” (ibid: 6-9; énfasis en el original).

    De nuevo, detrás de esta controversia, podemos comprobar concepciones distintas sobre las consecuencias derivadas de la entrada en la nueva etapa imperialista y en la Gran Guerra, que implican diferencias sobre la cuestión nacional y el lugar de la reivindicación del derecho de autodeterminación, así como sobre la táctica que puede desprenderse de la misma, no tanto en las colonias, cuyas luchas apoya la revolucionaria polaca, como reconoce Lenin, sino también en Europa. El desarrollo futuro vendría, en nuestra opinión, a dar la razón al dirigente bolchevique.


    La línea argumental desarrollada por Lenin contribuye a ir sentando las bases de la posición que llega a aprobar el Congreso del partido bolchevique en pleno proceso revolucionario en mayo de 1917, cuando también se van desarrollando movilizaciones por sus derechos nacionales de los distintos pueblos del Imperio ruso:

    Debe reconocerse a todas las naciones componentes de Rusia el derecho a separarse libremente y a formar Estados independientes. La negación de este derecho y la no adopción de medidas encaminadas a garantizar el ejercicio del mismo equivalen a apoyar la política de conquistas o anexiones (Lenin, 1976j: 419).

    Previamente a su aprobación,en su “Discurso sobre el problema nacional” (Lenin, 1976k), polemizando con camaradas de su propio partido,el dirigente bolchevique declaraba ante ese Congreso:

    Si Finlandia, Polonia o Ucrania se separan de Rusia, no hay ningún mal en ello. ¿Qué mal puede haber? Quien lo afirme es un chovinista. Hace falta haber perdido el juicio para continuar la política del zar Nicolás. ¿No se ha separado Noruega de Suecia?.

    Concretamente, en el caso de Ucrania, en junio de ese mismo año se pregunta si no sería mejor que los trabajadores de Ucrania apostaran por la separación de su país para luego juntarse con Rusia en el marco de una federación socialista (Lenin, 1985: 365-366). Una posición en la que redundará más adelante, en marzo de 1922, mostrándose a favor de aceptar la opción de una Ucrania independiente si así lo decide el Congreso de los Soviets de ese país[9]“Carta abierta a los obreros y campesinos de Ucrania con motivo de las victorias sobre Denikin”, Obras completas, Vol. XXXII, Madrid, Akal, pp. 283, 287. (Kowalewski, 2022).

    Todo esto no impide a Lenin mantenerse muy crítico de todo tipo de nacionalismos e incluso de conceptos como cultura nacional, pero manifestándose al mismo tiempo contra las políticas asimilacionistas del nacionalismo gran-ruso en cuestiones como la lengua, poniendo de nuevo como ejemplo de solución democrática a Suiza. Postula así un rechazo de los privilegios de cualquier nación en detrimento de otras, si bien siempre luchando por insertar esas reivindicaciones democráticas dentro de un proyecto socialista hegemonizado por la clase obrera.

    La Declaración de los Derechos de los Pueblos de Rusia de noviembre de 1917 fundamenta así la búsqueda de una alianza con los movimientos de liberación nacional estableciendo unos principios muy claros sobre esta cuestión:

    1. Igualdad y soberanía de los pueblos de Rusia; 2. Derecho de los pueblos de Rusia a la libre autodeterminación, sin excluirse la separación y la constitución en Estado independiente; 3. Abolición de toda clase de privilegios y limitaciones nacionales y nacional-religiosas; 4. Libre desarrollo de las minorías nacionales y de los grupos étnicos que pueblan el territorio de Rusia.

    Una toma de posición que, una vez más, será objeto de una dura crítica por parte de Rosa Luxemburg (1978), quien considera que en lugar de esa reivindicación, que contribuiría a “la disgregación estatal de Rusia”, lo que tenían que haber hecho era reconocer la Asamblea Constituyente, a la vez que muestra su desacuerdo con la política agraria adoptada por los bolcheviques. Se reflejan así sus profundas divergencias no sólo en torno a la cuestión nacional, sino también respecto a sus ideas sobre la democracia y a la política de alianzas con los movimientos de liberación nacional y el campesinado que considera deben practicar los bolcheviques rusos.

    El debate sobre el derecho de autodeterminación prosigue también dentro del bolchevismo. Así se demuestra con ocasión del Congreso del partido en 1919, en donde Lenin(1977a) polemiza abiertamente con Bujarin, quien opone a ese derecho el de la “autodeterminación de los trabajadores”. Lenin le responde en estos términos:

    Nuestro programa no debe hablar de autodeterminación de los trabajadores, porque eso es erróneo. Debe decir las cosas tal como son. Puesto que las naciones se encuentran en diferentes etapas del camino que va del régimen medieval a la democracia burguesa, y de la democracia burguesa a la proletaria, esta tesis de nuestro programa es absolutamente exacta. En este camino hemos tenido numerosos zigzags. Cada nación debe tener el derecho a la autodeterminación, y esto contribuye a la autodeterminación de los trabajadores (ibid.: 323).

    Es sabido que en esos años de cerco imperialista contra Rusia el interés del bolchevismo estaba centrado en la esperanza en la extensión de la revolución a otros países europeos, y en particular a Alemania. Pero no por ello olvidaban la nueva ola de movilizaciones que se anunciaba en la propia periferia oriental de Rusia. Así lo manifiesta Lenin en su “Informe al Congreso de las organizaciones comunistas de los pueblos de Oriente”, celebrado en noviembre y diciembre de 1919 (Renault, 2017: 95-98), no sin dejar de insistir en la necesidad de “extirpar todos los vestigios del imperialismo gran-ruso para luchar sin reservas contra el imperialismo mundial”, como lo hizo en noviembre de 1919 dirigiéndose a los comunistas de Turquestán (Renault, 2017: 80-88).

    Esa orientación se refleja también tanto en su “Esbozo inicial de las Tesis sobre el problema nacional y colonial”, de julio 1920 (1977b)) como en las Tesis del II Congreso de la IC, también de julio de 1920. Sin embargo, en ellas Lenin defiende la federación como la vía deseable en el camino hacia la unidad de los distintos pueblos que se han liberado del Imperio zarista.

    En su “Informe de la Comisión para los problemas nacional y colonial” para el II Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en septiembre de 1920 (Lenin, 1977c), el dirigente bolchevique se reafirma en la importancia que están adquiriendo los movimientos de liberación en los países “atrasados”, si bien desde la preservación de la independencia política de los comunistas y apostando abiertamente por la hipótesis de que no necesariamente tengan que pasar los pueblos de esos países por la etapa capitalista (ibid.: 196).

    Será precisamente en septiembre de 1920 cuando se reúne el Primer Congreso de los Pueblos de Oriente en Bakú. Allí se producen debates muy animados entre dirigentes de la Internacional Comunista y otros procedentes de las organizaciones comunistas de Oriente en torno, entre otras cuestiones, al papel de la lucha de esos pueblos dentro de una estrategia revolucionaria mundial, así como a las relaciones con el panislamismo. Estas discusiones proseguirían en sucesivos congresos, especialmente en el IV Congreso de la IC (noviembre 1922), en torno al Frente Único Antiimperialista y las relaciones con las burguesías de los países coloniales, así como sobre la “cuestión negra” en América y, también, su papel en la lucha por la emancipación de los pueblos de África. Un tratamiento específico de estos debates escapa a los objetivos de este trabajo[10]Para un análisis de esos debates: Galceran (2016: 169-221). Para una de las primeras selecciones en castellano de las principales intervenciones en el Congreso de Bakú: Schram y Carrère … Seguir leyendo.

    Con todo, la aplicación de los principios establecidos bajo el nuevo régimen se ve afectada muy pronto por diferentes conflictos–destacando los de Georgia y Polonia– que hacen salir a la luz, ya de forma violenta, el peso del nacionalismo gran-ruso dentro del nuevo régimen –y de “el Partido”–. Así, a partir de 1920, se irá imponiendo la tendencia a sustituir el “derecho a la separación” por el “derecho a unirse” (Carr, 1972: 383).

    En efecto, las tensiones internas dentro del bolchevismo irían agravándose, como ocurre, por ejemplo, cuando en septiembre de 1922 comunistas georgianos se oponen a la creación artificial de una República Socialista Soviética de Transcaucasia, formada por la unión de Azerbaiyán, Armenia y Georgia, y defienden la independencia de su país. Es a estos a quienes muestra su apoyo Lenin, a quien se le había ocultado la información hasta finales de 1922, y es ya entonces cuando Stalin, profundamente contrariado,llega a calificar la posición de Lenin como“liberalismo nacional” (Lewin, 1970: 75)[11]Stalin, en un intercambio con Kámenev durante una reunión del Buró Político ruso el 28 de septiembre de 1922, llegará a decirle: “Creo que hay que mostrarse duro con Ilitch” (Lewin, 1970: … Seguir leyendo, mientras que éste declara a su vez la “guerra a vida o muerte” contra el “chauvinismo de la Gran Rusia” que ve representado por Stalin.

    Esta confrontación entre ambas posiciones se refleja claramente en “Contribución al problema de las naciones o sobre la autonomización[12]Proyecto presentado por Stalin que, como recuerda Moshe Lewin (1970: 69), preveía la inclusión pura y simple de las “repúblicas independientes» en la Federación Rusa como «repúblicas … Seguir leyendo, escrita por Lenin el 30 y el 31 de diciembre de 1922 (Lenin,1977d). En ella crítica el “enconamiento” [de Stalin] contra el decantado socionacionalismo”, acusándole a él precisamente de eso mismo y sosteniendo que el papel del internacionalismo de la llamada nación “grande” ha de ser compensar la desigualdad real. Lenin da entonces un nuevo paso adelante hacia una apuesta prácticamente confederal:

    El internacionalismo de la nación opresora, o de la llamada nación grande (aunque sólo sea grande por sus violencias, grande como un esbirro), debe consistir no sólo en observar la igualdad formal de las naciones, sino también esa desigualdad que, por parte de la nación opresora, de la nación grande, compense la desigualdad que se da en la vida (…). Cuarto, hay que implantar las normas más severas sobre el uso del idioma nacional en las repúblicas de población alógena que forman parte de la Unión y comprobar su cumplimiento con particular celo (…). A este respecto, en modo alguno debemos obcecarnos de antemano en que como resultado de todo este trabajo no retrocederemos en el siguiente Congreso de los Soviets, es decir, de que mantengamos la unión de repúblicas socialistas soviéticas sólo en el aspecto militar y diplomático, restableciendo en todos los demás aspectos la completa autonomía de los distintos Comisariados del Pueblo (ibid.: 369; el énfasis es mío).

    Una propuesta que, en ese mismo artículo, va acompañada por una renovada esperanza en la lucha de los pueblos oprimidos por el imperialismo que se está extendiendo en Oriente[13]Esperanza que repetirá en su conocido artículo “Más vale poco y bueno”, del 2 de marzo de 2023.. pero manifestando su temor de que “el prestigio que tenemos en él” se vea menoscabado “aunque sólo fuese con la menor aspereza e injusticia a nuestras propias naciones alógenas”. Concluía así con una nueva llamada de alerta a sus camaradas a evitar “actitudes imperialistas frente a naciones oprimidas” (ibid.: 370).

    Como se sabe, Lenin fue empeorando en su estado de salud en los meses siguientes, pero aun así no dejó de mostrar su malestar frente a la política respecto a las nacionalidades mantenida por Stalin, buscando apoyarse en Trotsky, como recuerda Moshe Lewin:

    Entretanto, como había solicitado [Lenin], Trotski redactó un contundente memorando el 6 de marzo de 1923 para el Politburó, donde declaraba la necesidad de desestimar decidida e implacablemente las tendencias ultraestatales y criticaba las tesis de Stalin sobre la cuestión nacional. Insistía en que una parte importante de la burocracia central soviética veía la creación de la URSS como una manera de empezar a eliminar todas las entidades políticas nacionales y autónomas (estados, organizaciones, regiones…), y había que luchar contra ello como si de la expresión de una actitud imperialista y antiproletaria se tratara. Debía advertirse al partido de que, bajo el paraguas de los denominados ‘comisariados unificados’, se estaban desatendiendo los intereses económicos y culturales de las repúblicas nacionales (Lewin, 2005: 23)[14]Para un estudio reciente y bien documentado de los últimos artículos y cartas de Lenin: Monterde (2023)..

    Sin embargo, Trotsky dejó pasar la ocasión de presentar su memorándum crítico ante el XII Congreso del partido en abril, aunque, como también recuerda Lewin, “sabemos que no tardó en lanzarse a una oposición feroz contra Stalin (…). ¿Incidió la enfermedad o el cansancio extremo en este fracaso rotundo de la percepción política de Trotski, que se repetiría posteriormente? Es una posibilidad” (ibid.: 25). En ese Congreso sí se oyeron voces críticas, como las de Skrypnik, Rakovski y Mirsaïd Sultán-Galíev.

    Luego, la Constitución aprobada en 1924, en su capítulo 4, artículo 5,vendría a reconocer formalmente a las Repúblicas de la Unión “el derecho a separarse libremente de la Unión. pero el devenir posterior sería otro. Stalin acabaría negando el derecho a la separación y poniendo en práctica en la URSS un proyecto basado en la hegemonía del nacionalismo gran-ruso bajo el centralismo burocrático estatal. Un proyecto que alcanzará su apogeo durante la Gran Guerra Patria contra el nazismo, pero que, sin embargo, no llegará a consumar el objetivo de la formación de un nuevo homo sovieticus superador de las diferencias nacionales entre los distintos pueblos de la URSS.


    A lo largo del estudio realizado sobre la evolución del pensamiento político de Lenin considero que se puede distinguir distintas etapas. En la primera, parte del marco de referencia que establecen Marx y Engels, así como de los debates que se van desarrollando dentro de la II Internacional, para asumir que la clase obrera ha de abordar también la tarea de buscar una solución democrática a la cuestión nacional mediante el reconocimiento del derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas. Entiende ese derecho como derecho a la separación o secesión del Estado del que forman parte las naciones oprimidas, rechazando fórmulas alternativas como la federación o la autonomía nacional-cultural, y defendiendo que los marxistas deben estar, salvo en casos que sean resultado de un análisis concreto de cada situación concreta, en contra de la separación. Inserta esta orientación dentro de una estrategia basada en la centralidad estratégica de la clase obrera, en el internacionalismo proletario y, por tanto, en el rechazo a los nacionalismos, pero a su vez sabiendo distinguir entre los de las naciones opresoras y los de las naciones oprimidas y proponiendo diferentes tareas que corresponden a los marxistas en unas y en otras.

    A partir de 1913 y en medio de las discusiones dentro de la II Internacional sobre la caracterización de la fase imperialista y la actitud a mantener ante la Gran Guerra, Lenin considera que el imperialismo va a exacerbar cada vez más las contradicciones nacionales, distingue tres diferentes grupos de países en los que se plantea la cuestión nacional y colonial, y aborda algunos casos concretos en Europa occidental y bajo el Imperio zarista ruso, debatiendo abiertamente con otras posiciones, especialmente con Rosa Luxemburg. Los casos de la separación de Noruega de Suecia en 1905 y de la insurrección irlandesa de 1916, así como los que ya se están manifestando en Rusia, como en Polonia, Finlandia, Ucrania y Georgia, son los más significativos en esos debates. Respecto a ellos, se reafirma en su defensa del derecho de autodeterminación y a la secesión si así lo desean esos pueblos, si bien considera que el marco más deseable desde el punto de vista de las clases trabajadoras de las naciones oprimidas y opresoras sería el de un federalismo que podríamos denominar de libre adhesión.

    Finalmente, tras el triunfo de la Revolución rusa en octubre de 1917, se promueve la puesta en práctica de ese ideario, como se refleja en la Declaración de los Derechos de los Pueblos de Rusia, pero pronto el nuevo régimen se ve confrontado a una guerra civil y al estallido de distintos conflictos nacionales y coloniales dentro de sus fronteras. Será entonces cuando se irá enfrentando cada vez más abiertamente con el nacionalismo gran ruso que se manifiesta en el seno de su propio partido, encabezado por Stalin. Contra esa tendencia al fortalecimiento del Estado central, Lenin se pronunciará en sus últimos escritos a favor de un proyecto confederal que incluya el derecho a la separación. El reconocimiento de ese derecho por la Constitución de la URSS no podrá ocultar, sin embargo, su negación en la práctica por un régimen cada vez más centralizado y burocratizado. Es también en este periodo, aunque ya lo había apuntado después de la revolución rusa de 1905, cuando Lenin destaca, ya en el marco de la III Internacional y ante la pronta frustración de las expectativas revolucionarias en Europa, el papel cada vez más relevante que van a tener los movimientos de liberación nacional de los pueblos de Oriente; con todo, persiste cierta ambigüedad en su uso de términos como “países civilizados” y “países atrasados”, si bien apunta ya a la hipótesis de que no necesariamente estos últimos tendrían que pasar por la fase capitalista.

    Después de este recorrido, sucintamente expuesto, no es difícil entender el radical rechazo que muestra el actual dirigente de Rusia, Vladimir Putin, hacia el legado de las tesis defendidas por Lenin sobre la cuestión nacional (y la deformación de las mismas que hace, entre ellas la de que fue él quien “inventó” la nación ucraniana, como recordó Etienne Balibar en la sesión que compartimos en las Jornadas leninistas) y, en cambio, su reivindicación del viejo nacionalismo gran ruso, del que fue fiel continuador Stalin.

    Referencias
    Anderson, Kevin B. (2010) “El redescubrimiento y la persistencia de la dialéctica en la filosofía y la política mundiales”, en Budgen, Sebastian; Kouvelakis, Stathis y Zizek, Slavoj (eds.), Lenin reactivado, Akal, Madrid, pp. 119-144.

    (2024) Marx en los márgenes. Barcelona: Verso.

    Andreassi, Alejandro y Tafalla, Joan (2021) ¿Tienen patria los obreros? Rosa Luxemburg y la cuestión nacional (1893-1918). Barcelona: Bellaterra.

    Blanc, Eric (2014) “Liberación nacional y bolchevismo: la aportación de los marxistas de la periferia del Imperio zarista”. sinpermiso, 1 de junio. Disponible en https://www.sinpermiso.info/sites/default/files/textos//4blanc.pdf, consultado el 3 de diciembre de 2020.

    Carr, Eduard H. (1972) La Revolución Bolchevique (1917-1923) 1. Madrid: Alianza, 430-451.

    Foulon, Dominique (2016) “Irlanda hace 100 años. 1916: la insurrección de Pascua en Dublin. Más allá de los mitos”, viento sur, 145, pp. 111-117. Accesible en https://vientosur.info/irlanda-hace-100-anos-1916-la-insurreccion-de-pascua-en-dublin-mas-alla-de-los/

    Galceran, Montserrat (2016) La bárbara Europa. Madrid: Traficantes de sueños.

    Kowalewski, Zbigniew Marcin (2022) “La conquista de Ucrania y la historia del imperialismo ruso”, viento sur, 182, pp. 103-116.

    Lenin, Vladimir Ilich (1975 [1903])“El problema nacional en nuestro programa”, Obras escogidas, Tomo II, pp. 284-293. Moscú: Progreso.

    (1976a [1913]) “Notas críticas sobre el problema nacional”, Obras escogidas, Tomo V, pp. 23-56. Moscú: Progreso.

    (1976b [1914]) “El derecho de las naciones a la autodeterminación”, Obras Escogidas, Tomo V, pp. 97-160. Moscú: Progreso.

    (1976c [1914]) “El orgullo nacional de los rusos”, Obras escogidas, Tomo V, pp. 214-218. Moscú: Progreso.

    (1976d [1915]) “El socialismo y la guerra”, Obras escogidas, Tomo V, pp. 283-327. Moscú: Progreso.

    (1976e [1916] “La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación”, Obras escogidas, Tomo V, pp. 349-363. Moscú: Progreso.

    (1976f [1916] “Sobre la caricatura del marxismo y el economismo imperialista”, Obras escogidas, Tomo VI, pp. 60-112. Moscú: Progreso.

    (1976g [1916]) “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, Obras escogidas, Tomo V, pp. 372-500. Moscú: Progreso

    (1976h [1916]) “Balance de la discusión sobre la autodeterminación”, Obras escogidas, Tomo VI, pp. 17-59. Moscú: Progreso.

    (1976i) “Sobre el folleto de Junius”, Obras escogidas, Tomo VI, pp. 1-16. Moscú: Progreso.

    (1976j [1917] “Resolución sobre el problema nacional”, Obras escogidas, Tomo VI, pp. 419-420. Moscú: Progreso.

    (1976k [1917] “Discurso sobre el problema nacional”, Obras escogidas, Tomo IV, pp. 413-418. Moscú: Progreso.

    (1977a [1919]) “VIII Congreso del PC (b) de Rusia”, Obras escogidas, Tomo IX, pp. 291-376. Moscú: Progreso.

    (1977b [1920]) “Esbozo inicial de las Tesis sobre el problema nacional y colonial”, Obras escogidas, Tomo XI, pp. 119-126. Moscú: Progreso.

    (1977c [1920]) “Informe de la Comisión para los problemas nacional y colonial”, Obras escogidas, Tomo XI, pp. 192-197. Moscú: Progreso.

    (1977d [1922]) “Contribución al problema de las naciones o sobre la autonomización”, Obras escogidas, Tomo XII, pp. 364-370. Moscú, Progreso.

    (1984a [1913]) “La clase obrera y la cuestión nacional”, Obras Completas, Tomo 23, pp. 157-158. Moscú: Progreso.

    (1984b (1913]) “El despertar de Asia”, Obras Completas, Tomo 23, pp. 153-154. Moscú: Progreso.

    (1985 [1917]) “Ucrania”, Obras Completas, Tomo 32, pp. 365-366. Moscú: Progreso.

    Lewin, Moshe (1970) El último combate de Lenin. Barcelona: Lumen.

    (2005) El siglo soviético. Madrid: Crítica.

    (2017) Russie/URSS/Russie. Quebec, París y Lausanne: M Editeur, Page2 y Syllepse.

    Löwy, Michael, y Haupt, Georges (1980) Los marxistas y la cuestión nacional. Barcelona: Fontamara

    Löwy, Michael (1980) “El problema de la historia: Observaciones de teoría y método”. En Löwy y Haupt,op. cit.

    Luxemburg, Rosa (1977) Textos sobre la cuestión nacional. Madrid: Ediciones de la Torre.

    (1978 [1916] “La crisis de la socialdemocracia”, Obras escogidas, Vol. II, pp. 11-114. Madrid: Ayuso.

    Marx, Karl, y Engels, Friedrich (1981) Obras Escogidas, III. Moscú: Ediciones Progreso.

    Monterde, Nicolás (2023) “El Testamento de Lenin”, 7/03, viento sur. Accesible en https://vientosur.info/el-testamento-de-lenin/

    Pastor, Jaime (2014) Los nacionalismos, el Estado español y la izquierda (2ª ed.). Madrid: La oveja roja y viento sur. Accesible en https://cdn.vientosur.info/vientosur/libros/los_nacionalismos_el_estado_espan_ol_y_la_izquierda.pdf

    Renault, Matthieu (2017) L’Empire de la révolution. Lénine et les musulmans de la Russie. París: Syllepse.

    Schram, Stuart y Carrèred’Encausse, Hélène (1974) El marxismo y Asia. Buenos Aires: Siglo XXI.

    Serbyn, Roman (ed.) (1981) “Lénine et la question ukranienne en 1914: le discours séparatiste de Zurich”, Pluriel. Débat, pp. 81-84.

    Traverso, Enzo (2021) Revolución. Una historia intelectual. Madrid: Akal.

    (2023 [1990]) La cuestión judía. Historia de un debate marxista. Barcelona: Verso.

    Artículos relacionados


    Notas del artículo

    Notas del artículo
    1 Este texto es un desarrollo de mi intervención en la sesión del 29/02/24 sobre “Lenin y la cuestión nacional”, junto con Etienne Balibar y con Gal Kirn, que introdujo la sesión, de las Jornadas leninistas promovidas por diferentes revistas, entre ellas viento sur.
    2 “Discurso sobre el partido cartista: Alemania y Polonia”, 9/12/1847.
    3 Para un estudio bien documentado e innovador de su evolución sobre estas cuestiones y, en particular, sobre las sociedades no occidentales: Anderson (2024).
    4 Una actitud que tiene que ver con el predominio de una posición ambigua en su seno ante la política colonial de las grandes potencias occidentales, como se refleja en el Congreso celebrado en Ámsterdam en 1904 (Galceran, 2016: 154-155).
    5 Sobre Otto Bauer y la cuestión nacional, me remito a mi artículo “Retorno crítico al austromarxismo”, viento sur, 27/08/2021. Accesible en https://vientosur.info/retorno-critico-al-austromarxismo/. Sobre otras contribuciones marxistas a la cuestión nacional: Pastor (2014).
    6 En relación con la cuestión judía, Traverso (2023: 177-185) observa en Lenin una oscilación permanente entre un reconocimiento y una negación del carácter nacional de los judíos, pese a su claro reconocimiento en 1913, como acabamos de ver en “Notas críticas…”. Esas oscilaciones estarían condicionadas, según Traverso, por la evolución de sus relaciones con el Bund dentro del POSDR; su rechazo a la existencia de una “cultura nacional judía” específica –aunque defendió su derecho a la instrucción en su propia lengua materna– estaría relacionado con la tendencia que veía hacia la asimilación de las naciones como característica histórica del capitalismo y del futuro camino al socialismo, si bien manifestó siempre su rechazo claro e intransigente al antisemitismo y a los pogromos, frente a los cuales se mostró partidario de organizar milicias obreras de autodefensa.
    7 Para un tratamiento más reciente de las diferencias entre la posición de Rosa Luxemburg y la de Lenin, me remito a Andreassi y Tafalla (2021).
    8 Para un recordatorio de aquella insurrección con ocasión de su centenario: Foulon (2016). Lenin, como observa Kevin B. Anderson (2010: 130), presenta además ese movimiento como ejemplo del papel que pueden jugar las pequeñas naciones dentro de “la dialéctica de la historia” como “uno de los fermentos o bacilos que ayudan a que entre en escena la verdadera fuerza contra el imperialismo: el proletariado socialista” (Lenin, 1976h: 56; énfasis en el original).
    9 “Carta abierta a los obreros y campesinos de Ucrania con motivo de las victorias sobre Denikin”, Obras completas, Vol. XXXII, Madrid, Akal, pp. 283, 287.
    10 Para un análisis de esos debates: Galceran (2016: 169-221). Para una de las primeras selecciones en castellano de las principales intervenciones en el Congreso de Bakú: Schram y Carrère d’Encausse (1974, pp. 180-188). Ha habido otros trabajos posteriores y ya contamos con textos también en castellano de uno de los protagonistas de esos debates, Mirsaid Sultán-Galiev, La yihad roja (Verso, 2023). El Congreso de Bakú, que fue visto por las potencias imperialistas occidentales (especialmente por el gobierno británico) como una verdadera amenaza, está siendo actualmente reivindicado desde un sector de los movimientos anticoloniales como un antecedente importante (Traverso, 2021: 474-481).
    11 Stalin, en un intercambio con Kámenev durante una reunión del Buró Político ruso el 28 de septiembre de 1922, llegará a decirle: “Creo que hay que mostrarse duro con Ilitch” (Lewin, 1970: 64; 2017: 212-213).
    12 Proyecto presentado por Stalin que, como recuerda Moshe Lewin (1970: 69), preveía la inclusión pura y simple de las “repúblicas independientes» en la Federación Rusa como «repúblicas autónomas». El proyecto estipulaba, además, que el gobierno de la República Rusa, su V.C.I.K. (Comité Ejecutivo Central) y su Sovnarkom constituirían en lo sucesivo el gobierno del conjunto.
    13 Esperanza que repetirá en su conocido artículo “Más vale poco y bueno”, del 2 de marzo de 2023.
    14 Para un estudio reciente y bien documentado de los últimos artículos y cartas de Lenin: Monterde (2023).
  • Lógica del Mercado en la Educación: Un Análisis Crítico

    Lógica del Mercado en la Educación: Un Análisis Crítico

    books-1280x640

    Descargar Artículo (pdf)

    todos los artículos

    Luis Bonilla-Molina

    Profesor invitado de la Universidad Federal de Sergipe, Brasil. Miembro electo del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y Coordinador del GT CLACSO “Capitalismo digital, políticas educativas y pedagogías críticas” (2023-2025). Miembro del Secretariado del Congreso Mundial contra el Neoliberalismo Educativo (Río de Janeiro, Brasil, octubre 2024). Integrante de la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE), la Fundación Kairos y la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS). Investigador del Centro Internacional de Investigación Otras Voces en Educación (CII-OVE). Investigador asociado al eje “trabajo docente” de la CRES+5 a realizarse en Brasilia, Brasil, abril 2024. Contactos: luisbonillamolina.62@gmail.com

    Fuente: luisbonillamolina.com

    Actualidad Internacional: Opinion

    20/10/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Para poder entender el ensamblaje de lo escolar, universitario y educativo al circuito de producción (plusvalía, rentismo, financiarización) y reproducción (social, cultural, simbólica) capitalista en el presente, asumimos la perspectiva de las pedagogías críticas. En este sentido, nos resulta útil el enfoque de capitalismo caníbal (Fraser,2023), que procura develar la morada oculta,en este caso de la enseñanza y el aprendizaje, así como del mundo del trabajo pedagógico. A continuación, intentaremos abordar algunas de las formas escolares y universitarias que adquiere la lógica del capital en la era neoliberal

    Esta construcción de la lógica del capitalismo en educación ha tenido momentos complementarios. El primero, el largo periodo de pragmatismo educativo iniciado en la primera revolución industrial (1760) hasta el surgimiento de las propuestas de racionalización de la gestión educativa (1910). El segundo, con el fayolismo y el taylorismo (1910) hasta el surgimiento del fordismo (1929). El tercero, la llegada de la tercera revolución industrial y el ocaso del fordismo (1970). El cuarto, con el emerger de los modelos posfordistas (Gestión de la Calidad Total, Justo a Tiempo, Benchmarking, Quinta Disciplina y otros), hasta la generalización a escala mundial del neoliberalismo en la década de los noventa del siglo XX. El quinto momento (actual), de consolidación de la lógica del mercado en educación (1994-2024). Un sexto momento pareciera abrirse camino, desde los márgenes, a partir del surgimiento de la Inteligencia Artificial, el metaverso y todo lo virtual-digital, pero aún no se constituye como un momento hegemónico. La consolidación, en el presente, de la lógica del capital en educación se evidencia en varios elementos que intentaremos analizar.     

    El primer elemento, la hegemonía de la propiedad privada[1]No entraremos aquí en el debate sobre los límites de lo público y lo privado, sino que a efectos pedagógicos (a riesgo de ser criticados de simplismo conceptual) entenderemos la gestión, … Seguir leyendo(formal y paradigmática) como elemento constitutivo del discurso y la acción de las clases dominantes, mediante el rediseño de la arquitectura institucional de los procesos de gestión de la enseñanza y aprendizaje, especialmente sobre las fuentes de presupuesto educativo que puedan ser usadas para la generación, acumulación y concentración de la riqueza.

    Nuestra perspectiva parte de considerar que los proyectos del capital para lo escolar y universitario, independientemente de sus contradicciones y particularidades, han venido abandonando, en distintos grados y medidas, la idea de lo público en educación -si es que algún día la tuvieron- fundamentalmente al identificar el potencial de los sistemas escolares y universidades para generar riqueza en un contexto de larga caída tendencial de la tasa de ganancia.

    En ese sentido, los distintos sectores del capital en disputa, coinciden en los aspectos generales (plusvalía ideológica[2]Ver Ludovico Silva en Plusvalía Ideológica (2017), alienación, lógica de mercado), pero como veremos más adelante, desarrollan sus propias iniciativas de privatización, mercantilización, ganancia, rentismo y financiarización que dan origen a particulares contradicciones inter capitalistas alrededor del “negocio educativo”.

    Esto genera múltiples centros de presión económica sobre las agendas educativas nacionales y locales. Los niveles de alta gestión de los sistemas escolares y de formulación de políticas educativas, suelen resolver este “problema” diseñando propuestas de cambio que tienen puntos de encuentros y vínculos con los diferentes sectores del capital que se disputan el mercado educativo. Esto termina generando un comportamiento epiléptico y esquizoide de los sistemas escolares y universidades, que deben aprender a alinearse a múltiples centros económicos en permanente movimiento y, para colmo, enfrentados por los intereses de la ganancia.     

    Esta fractura teleológica crea un ambiente de anarquía producida por el propio capital, porque nadie le puede servir con eficiencia a varios amos.  Este caos es maquillado con el término de “crisis educativa” que esconde los verdaderos orígenes del problema. La muestra más evidente de esta realidad se expresa en lo institucional, mediante la instalación de una idea política fuerza que se usa para lograr “superar” la “crisis educativa”: la educación privada es mejor que la pública

    No se trata solo de privatizar la educación, que es un gran componente de la estrategia discursiva, sino de procurar que lo público copie el performance de lo privado, que haga suya la eficacia, eficiencia, rentabilidad, relevancia, impacto, innovación y pertinencia del mercado. Así logran que incluso, los sistemas escolares y universidades que forman parte de lo público, tributen a la lógica de acumulación del capital, abriendo sus procesos y dinámicas a las lógicas e intereses empresariales. 

    Se desarrolla un enorme esfuerzo de la gobernanza capitalista en educación, para producir ese alineamiento, mediante la aceptación de indicadores, metas, estándares de rendimiento y modelos de elaboración de los mecanismos de evaluación. Sin embargo, todo está diseñado para lograr que los mejores resultados los obtengan aquellas instituciones que favorecen la gestión privada sobre la pública.

    A partir de ese momento, las buenas prácticas, los mejores resultados en las pruebas estandarizadas, las calificaciones y distinciones docentes sirven de marco de referencia para introducir los discursos y experiencias de competitividad y mejora continua (calidad/excelencia), que en realidad son narrativas para la adaptación incesante de los sistemas escolares y las universidades a la lógica del lucro, al encuadre con el mercado.

    Lo que viene después es carpintería mediática, consistente en acostumbrarnos a los espectáculos de presentación de resultados de evaluaciones escolares y clasificaciones universitarias, en los cuales lo público suele salir perdiendo, construyendo un “sentido común educativo” sobre la supuesta superioridad, en procesos y resultados, de la gestión privada en lo escolar.

    Cuando se construye hegemonía sobre las bondades de la propiedad privada, se abren las compuertas a los distintos modelos de privatización que analizaremos en otro artículo. Esta hegemonía en lo institucional, del marco referencial privado, se soporta sobre en el paradigma de lo público como ineficiente y lo privado como propicio para obtener mejores resultados educativos (Banco Mundial, 1991). Estaríamos ante la construcción de un habitus educativo bourdiano, centrado en reproducir la idea de la propiedad privada como referente para alcanzar calidad, eficacia, impacto, innovación, pertinencia y productividad escolar.

    Este paradigma, auspiciado por los distintos sectores del capital en disputa, se va esparciendo progresivamente por el tejido social, mediante el uso del complejo industrial cultural mediático. No obstante, su aplicación suele generar resistencias de diversa índole (denuncias, oposiciones y conflictividad en las calles) tanto de trabajadores de la educación como estudiantes y comunidades organizadas. En muchos casos, estas resistencias logran frenar o disminuir los avances del paradigma de la propiedad privada en la educación, pero en estos casos, el metabolismo del capital genera mutaciones en sus formulaciones, incorporando elementos discursivos, simbólicos e imaginarios de quienes resisten, como formas renovadas para la construcción de “consensos” respecto a la implementación de lo privado. De allí la importancia de la perspectiva contingente y situacional de las resistencias anti sistémicas.

    La idea ciudadana de lo público en educación, en gran medida despolitizada, entiende a los sistemas escolares y las universidades como instituciones aparentemente ajenas a las leyes del mercado. Esto obliga al capital a elaborar una ruta transicional, que se enmascara con dosis progresivas, permanentes y escalonadas de caos pedagógico en las políticas públicas del sector y la gestión, instalando en la sociedad la noción de crisis educativa, tanto en los primeros niveles de enseñanza como en lo universitario. En tanto, se presenta a la educación privada como exenta de esos males. El propósito, es convertir y consolidar a la educación privada como marco referencial de lo que hay que hacer para salir de la crisis que el propio sistema propició.

    En esta transición forzada, cada componente del presupuesto público para la educación es valorado como un segmento de mercado a controlar. Ahí se rompen los consensos del gran capital y se desatan los demonios de las disputas inter burguesas sobre la agenda educativa, reconfigurándose de manera móvil la idea de valor de uso, procurando que el valor de cambio sea el mecanismo de ocultamiento de la ganancia. Lo que sirvió ayer en las aulas hoy es considerado obsoleto, lo válido en términos educativos en el presente está sometido a la tormenta de la aceleración de la innovación que hace aparecer lo nuevo con fecha de corta caducidad, los elementos centrales de la tradición pedagógica se bambolean según las correlaciones de fuerzas del capital en el sector educativo. Todo ello, para ingeniar variadas formas de transferir el presupuesto público de la educación al sector privado, con el manto de ganancia obtenida por servicios prestados. 

    El segundo elemento, el libre mercado laboral en educación. En este sentido, lo primordial es instalar la competencia como columna vertebral de los sistemas escolares y universidades. La competencia se vincula a la calidad, es decir mientras más cerca se está del podio del triunfo en la disputa por mayores puntuaciones en la enseñanza y el aprendizaje, los individuos, departamentos, escuelas facultades, escuelas y universidades tienen mayores o menores estándares de desempeño y resultados, que constituyen el campo difuso de la calidad educativa.

    La competencia abarca toda la enseñanza y el aprendizaje, inicialmente mediante las estratificaciones de rendimiento (muy alto, alto, medio, bajo, muy bajo, pésimo) y luego mediante enrevesados sistemas de cumplimiento (cumplo y miento), así como la tributación a los resultados institucionales (producción intelectual, patentes y resultados de investigación, logro de financiamiento para proyectos de extensión, aportes a la solución de problemas del mercado y el consumo, etc.).

    La competencia se inicia en los concursos de ingreso de trabajadores de la educación o selección de estudiantes, continúa a lo largo de la carrera profesional y del alumnado y, tiene como pináculo las condiciones en las cuales se egresa, ya sea por jubilación u obtención de título. La competencia se ha naturalizado en los sistemas escolares y las universidades, a tal punto que resulta difícil abrirles paso a propuestas de trabajo cooperativo, solidario, a la reconstrucción del tejido comunitario en los ambientes educativos.

    La participación en la competencia se estimula mediante los sistemas de premio y castigo, que pueden ser simbólicos (jerarquías y categorías de clasificación), económicos (salarios diferenciados por clasificaciones) o morales (buen o mal docente, trabajador o estudiante según los estándares que alcance en las clasificaciones). Dinámicas como las becas de estudio, pasantías de trabajo, publicación de trabajos, internacionalización de la educación superior forman parte de los sistemas de premio y castigo que tributan a la lógica del mercado, a la par que justifican y construyen “sentido común” a los sistemas de estandarización, homologación y logro, que demanda el sistema capitalista para los sistemas escolares y las universidades.  

    Estamos conscientes que la competencia existirá mientras permanezca cualquier tipo de Estado, pero la experiencia de las resistencias escolares anticapitalistas ha enseñado que es posible construir nichos alternativos en lo social y educativo. Las caracolas zapatistas en las selvas mexicanas, la escuela campesina del Movimiento Sin Tierra en Brasil, las experiencias de las escuelas libertarias anarquistas, las iniciativas educativas cooperativas en distintos lugares, muestran un camino alternativo y evidencian que es posible resistir a la homogenización educativa del capitalismo dominante.

    Es urgente derrotar la resignación desesperanzadora en educación que han evidenciado muchas de las gestiones del progresismo en Latinoamérica. Si bien, en estas experiencias gubernamentales se ha promovido de manera significativa la inclusión educativa, es decir que muchos más niños y jóvenes ingresen a escuelas y universidades, la construcción de otro sentido pedagógico ha quedado atrapado en los límites del modelo, paradigmas y prácticas escolares diseñadas por el capital. El progresismo, vaciado de agenda educativa anticapitalista, no solo ha sido incapaz de romper con los modelos de competencia, premio-castigo, sino que en algunos casos ha construido “otras” narrativas para justificarlo y reproducirlo.

    La competencia escolar y universitaria son dinámicas que rompen la cultura pedagógica colaborativa y quiebran -de distintas maneras- la estabilidad laboral docente, mostrando la opresión del capital sobre los trabajadores de la educación. La bibliometría, rankings, resultados de pruebas estandarizadas, clasificaciones de planteles educativos conforme al rendimiento académico alcanzado, las pruebas estandarizadas, la acreditación e internacionalización, operan como catalizadores del espíritu de competencia, propio de la lógica del mercado educativo.

    El tercer elemento, lo constituye la construcción de valor educativo. Calidad, pertinencia, eficacia, innovación e impacto son las categorías que construyen valor educativo, tanto en la cotidianidad de los procesos de enseñanza y aprendizaje (valor de uso), como en su capacidad para generar ganancias (valor de cambio), en el tránsito de lo público a lo privado (mercado). 

    El carácter polisémico y difuso del término de calidad educativa lo convierte en un paraguas, en el cual caben distintas iniciativas y políticas educacionales que conducen a centrar la cuantificación del valor en el producto, en la mercancía educativa. Calidad y excelencia son sinónimos que se usan para introducir, consolidar o actualizar las políticas educativas neoliberales. La calidad puede ser de proceso y de producto, y se plantea la mejora incesante para acoplar las instituciones educativas a la lógica del capital.

    La pertinencia educativa capitalista, se centra en la relación con el contexto y la utilidad -para el capital- del conocimiento, habilidades y saberes adquiridos. El contexto no aparece como vínculo comunidad-educación, sino como dinámicas de oferta y demanda para satisfacer necesidades que promueven modos de vida mediados por el consumo. La utilidad se orienta por el mercado laboral y la empleabilidad que reproduzcan y amplíen el metabolismo del capital.  

    La eficacia educativa se refiere a la capacidad de los sistemas escolares y universidades para cumplir los objetivos establecidos por los sectores económicos y empresariales dominantes, los cuales son legitimados con la denominación de actores educativos. El alcance de los efectos y productos esperados se convierte en un valor educativo.

    La innovación educativa es la denominación síntesis que ha asumido el capital para convertir en valor educativo la actualización de lo que se enseña, respecto a los conocimientos científicos y saberes de última generación. A las clases dominantes no les interesa que los hijos de la clase trabajadora se apropien del conocimiento para su emancipación, sino que “el estar al día” permita una mejora incesante del modo de producción capitalista, elevando sus posibilidades de obtener mayores márgenes de plusvalía.  El conocimiento innovador pasa a ser una valía en permanente fluctuación, dependiendo de su vínculo con la producción material y simbólica.

    El impacto educativo está relacionado a los efectos previstos y no planificados de los procesos de enseñanza y aprendizaje. El capital procura que este impacto tenga dimensiones laborales (mano de obra calificada, actualizada e integrada a la lógica de competencia, premio-castigo), de consumo (ganancia orientada hacia los modelos de consumo hegemónicos), sociales (integración y disminución de conflictividad), culturales (modo único de entenderse en el mundo), tecnológicas (prótesis que aumenten la productividad y nuevo régimen de verdad con la Inteligencia Artificial) y humanas (la vida como mercancía).

    El cuarto elemento, la legitimación del mercado educativo. Esto se promueve por la vía de la externalización de los referentes de valor educativo. En el caso de la educación preescolar, primaria, secundaria y superior, lo que tiene valor (uso y cambio) viene determinado por las financieras globales (BlackRock, Morgan Stanley, JP Morgan y otras), el multilateralismo (Convenciones de UNESCO[3]Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia, Cultura y Comunicación, UNICEF[4]Organización de las Naciones Unidas para la Infancia, otros), las pruebas estandarizadas aplicadas por el LLECE[5]Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad Educativa, adscrito a la Oficina Regional de Educación de la UNESCO con sede en Santiago de Chile. y PISA[6]Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad Educativa, adscrito a la Oficina Regional de Educación de la UNESCO con sede en Santiago de Chile., las orientaciones del IIPE[7]Instituto Internacional de Planeamiento Educativo. Sede principal en París, Francia, con sub sede en Buenos Aires Argentina., OIE[8]Oficina Internacional de Educación de la UNESCO con sede en Ginebra Suiza., los rankings universitarios, las clasificaciones de publicaciones normalizadas y estandarizadas, los marcos de negociación laboral (OIT[9]Organización Internacional del Trabajo-UNESCO) y las definiciones de la OMC[10]Organización Mundial de Comercio, BM[11]Banco Mundial, FEM[12]Foro Económico Mundial o Foro de Davos, OCDE[13]Organización para la Cooperación Económica de Europa, BID[14]Banco Interamericano de Desarrollo, CAF[15]Corporación Andina de Fomento y otros.

    Además, la cotidianidad de lo educativo, marcado por la gestión, ejecución y control presupuestario se convierte en definitorio de lo académico. Es decir, en los sistemas escolares y las universidades lo académico termina adaptándose a lo presupuestario y, no al revés como debería ser.

    El presupuesto desglosado en rubros o áreas termina siendo un marcador de insumos, productos y mercancías a adquirir. En la medida que se decide una u otra orientación política educativa, las prioridades pueden variar y eso impacta en los flujos de inversión y ganancias.  Así, por ejemplo, cuando se decide impulsar la acreditación universitaria, eso tiene unos costos de inscripción en el sistema, pago de aranceles, cubrir honorarios y viáticos de evaluadores, desarrollo de sistemas informáticos, adecuación institucional a los parámetros de evaluación. Igualmente, cuando se decide participar en las pruebas estandarizadas, los sistemas de ranking o los circuitos bibliométricos ello implica transferencia de recursos públicos al sector privado, porque todas estas agencias suelen estar inscritas en la institucionalidad supranacional privada.

    Durante la pandemia del COVID-19 los Estados Nacionales y sus ministerios de educación impusieron un modelo de neo privatización sin precedentes, que implicó la transferencia de un volumen muy importante de recursos públicos, pero también de los ciudadanos a las cuentas de las grandes corporaciones tecnológicas. Se normalizó que fueran estudiantes, docentes y familias quienes cubrieran el costo de la transición de lo presencial a lo virtual, mediante el pago de internet, planes de datos, compra o actualización de equipos de conexión remota y acceso a plataformas. A la vuelta a clases presenciales, se modificaron reglamentos y normativas para permitir regularizar las clases híbridas y/o virtuales que continuaba abonando ganancias en el mercado educativo.

    Las clasificaciones escolares y universitarias, fundamentadas en los indicadores de calidad, pertenencia, eficacia, innovación e impacto, establecieron criterios de plusvalor, mediante las evaluaciones estandarizadas (primaria y secundaria) y los rankings (universidad). Las buenas prácticas, productividad académica e internacionalización abrieron paso a novedosas formas de plusvalía ideológica, en la cual los propios docentes y estudiantes fueron convertidos en motores incesantes de las clasificaciones.

    Trabajadores de la educación y estudiantes pasaron de ser parte del precariado (Standing, 2014) en sus condiciones materiales de labor y vida para realizar el oficio de pensar, enseñar, aprender, hacer trabajo comunitario e investigar, a un cognitariado (Berardi, 2021) alienado por el esfuerzo perpetuo de alimentar los sistemas de clasificación que dotan de plusvalor a las universidades.  

    Todo aquello que no tributa al sistema de clasificaciones educativas, se convierte en un excedente que produce costos y no ganancias. El conocimiento se convierte en una mercancía que se produce contra demanda, determinada ésta por las agendas nacionales de investigación que promueven los órganos nacionales de ciencia y tecnología, así como las llamadas líneas de investigación institucional, cada vez más determinadas por quienes están al frente de la gestión universitaria y escolar, que por parte de investigadores y docentes. El excedente se reorienta (“reinvierte”) para que tribute al sistema de clasificaciones.

    En la carrera por asegurar que los sistemas escolares y las universidades tributen a la lógica del capital, se produce una expansión del valor monetizado en el sector. Cada vez más los Ministerios de Educación (Básica y Universitaria) y de Ciencia, destinan mayor presupuesto ordinario, auxilios financieros, incentivos para la investigación y creación de prototipos, becas para trabajo comunitario y otras formas, que tributen a las clasificaciones universitarias y las buenas prácticas escolares. La ampliación del valor monetizado se da por la vía de venta de servicios universitarios al sector privado y gobiernos, la comercialización de patentes, las asesorías técnicas, la realización de estudios de implantación, viabilidad y escalamiento. Muchas universidades humanistas, con vocación de carreras como educación, psicología, medicina, arquitectura y otras afines, están cada vez siendo más transformadas en instituciones que entran por distintas vías a los circuitos de monetización, especialmente mediante los llamados proyectos productivos.

    Esto implica concentrar el trabajo asalariado en los procesos de creación de plusvalor y monetización del conocimiento, lo cual pasa por limitar y eliminar la vocación de vinculación de las universidades y escuelas con la transformación social radical, aquella que confronta el dominio de la burguesía sobre las clases subalternas. La extensión se convierte en formas de ahorro de inversión estatal por la vía de la promoción del trabajo voluntario (no remunerado) que permita reorientar parte del presupuesto público destinado a la agenda social hacia el llamado sector productivo. Las labores de docencia e investigación se “encapsulan” en las aulas y recintos institucionales, para garantizar que la energía de producción intelectual se oriente a los sistemas de clasificación endógenos, despolitizados y ajenos a las luchas entre clases sociales.

    Incluso, se procura que las publicaciones de gremios y sindicatos docentes tributen a estos sistemas de clasificación, independientemente que en ellas se critique a estos modelos, la privatización o la mercantilización educativa.  Es decir, la captura del trabajo asalariado procura que nada de la energía laboral del cognitariado quede fuera de la lógica del capital en la educación.

    Sin embargo, el tiempo libre se presenta como un problema para el desarrollo y consolidación de la lógica de mercado en la educación. En consecuencia, se traza una estrategia para producir la apropiación material del trabajo no remunerado (tiempo aparentemente libre) de los trabajadores de la educación y estudiantes. Esta apropiación ocurre por la vía de los incentivos materiales (sistemas de puntaje en las evaluaciones) a los morales (promoción de la idea del buen trabajador y estudiante, la vocación de servicio y el compromiso institucional). Una parte importante de la producción intelectual y material de los trabajadores de la educación y estudiantes, se hace en el tiempo no remunerado, garantizando con ello que la creación de valor (objetivo y subjetivo) no cese.

    Esto convierte al sujeto educativo (docentes, estudiantes y personal que coadyuva al hecho educativo) en una prolongación de la lógica del mercado.  El sujeto deja de ser un sujeto colectivo, para individualizarse en un movimiento común de muchas mentes y cuerpos que tributan a una misma dinámica. El mercado se convierte en el nuevo sujeto teológico (Dios) al que todos se deben, desprovisto de su identidad popular (hegeliana), de clase (Marx) o de opresión biopolítica (Foucault), psicopolítica (Byung-Chul) o predictiva (Bonilla-Molina).

    La ocupación y preocupación central de la academia y los sistemas escolares hoy, es tributar a los sistemas de clasificación. Así lo hemos visto en distintos países, en sectores docentes y estudiantiles, quienes no solo se oponen a las luchas reivindicativas huelgarias, porque ello resta energía productiva vinculada a las clasificaciones, sino que incluso se convierten en esquiroles de las aspiraciones de mejoras para ellos mismos y sus iguales, porque necesitan “producir” artículos, tesis, investigaciones que serán valoradas en los sistemas de recompensa. El sujeto pasa a ser parte del mercado.

    Los sistemas de clasificación naturalizan la mercantilización de la vida escolar y universitaria.  Se construyen un “adentro” donde lo normal es formar parte de los sistemas de clasificación y el “afuera” oponerse a ello. En estos sistemas de estratificación el tema financiero juega un papel central. Dentro del “adentro”, cada vez toma más cuerpo la “obligación” de los académicos de procurar “captar” fondos externos, del sector privado, a ser usados en investigaciones o como parte de proyectos de servicio, desarrollo de patentes o cualquier otra modalidad. Muchas universidades han alcanzado el 50% o más de su presupuesto por esa vía, construyendo hegemonía a la mercantilización de la educación. Esto es acompañado por la desinversión estatal en el sostenimiento de la educación pública que crea las condiciones de posibilidad para que se consolide esta mercantilización.

    Como parte de la ideología del mercado, la competencia va creando formas diversas e inusitadas de despojo mercantil en la educación. Los Grupos de Trabajo (GT), líneas de investigación (LI), Grupos de Tarea y otras formas asociativas de construcción de conocimiento académico, conformados por docente y estudiantes de distintas categorías y jerarquías en los escalones institucionales, tienden a reproducir la apropiación centralizada y diferenciada en su impacto, de los resultados de este trabajo. El reconocimiento del trabajo estudiantil en este campo es más simbólico, mientras que el del resto de los trabajadores de la educación es material. Igual sucede con la distribución institucional de los incentivos presupuestarios otorgados por los logros en las clasificaciones, que se suelen distribuir de manera inequitativa entre autoridades y la base universitaria. Esta apropiación y despojo sobre los productos finales (mercancías), se convierte en reproducción ampliada de la lógica del mercado.

     Al despojo mercantil se le añade la apropiación por desposesión. David Harvey (2016) retoma la formulación marxista sobre las prácticas del capitalismo como sistema, en sus orígenes, que implicaba la expulsión de los propietarios proletarios de las tierras, la eliminación de variadas formas de propiedad para adaptarlas a la lógica del nuevo mercado, la absorción y reinterpretación de las culturas de las clases sociales subalternas, entre otras prácticas. La universidad clásica, que había tenido una función social de democratización del conocimiento científico, la cultura y las artes, es ahora despojada de esta función y realineada de manera progresiva a la lógica del mercado, mediante los sistemas de clasificación, competencia, premio-castigo. La universidad y las escuelas han sido despojadas en la era neoliberal de su función social básica, convirtiéndolas en fábricas de competencia, rentabilidad y metabolismo de consumo. Esta apropiación por desposesión no ha terminado, sino que se profundiza con la llamada transformación digital de la educación, la ola neoconservadora y las orientaciones multilaterales centradas en logros por etapas.

    En los noventa se inició un proceso de expropiación y transferencia de las instituciones de enseñanza, aprendizaje y producción de ciencias, a los centros empresariales de concentración, acumulación y uso mercantil del conocimiento, dinámica que aún hoy no se ha detenido.  Los sistemas de clasificación, bibliometría y patentes permitieron ir focalizando y ampliando la captura de los “cerebros” y equipos de investigación que hacían vida en las universidades y centros de investigación, cuya producción era relevante para la mejora del modo de producción capitalista. De esta manera, evitaron -y evitan- la dispersión de esfuerzos y terminan vaciando a las instituciones de educación y ciencia, del talento que pueda ser usado para proyectos de emancipación. Además, reduce el impacto de la producción, actualización e innovación universitaria y de los centros de investigación públicos, lo cual termina justificando la desinversión de lo público en el sector y la necesidad de entrar en la carrera de la disputa por la inversión privada.   

    La lógica del mercado en la educación termina exacerbando las contradicciones sobre las finalidades de la educación, los sistemas escolares y las universidades. El proceso de mercantilización, ha instalado la idea que el único propósito de estudiar es trabajar, no aprender a vivir, convivir, aprender a aprender, compartir, construir sociedad y vida. A tal punto se ha consolidado esta desposesión simbólica y material, que la propia UNESCO, en su conferencia mundial de educación superior, celebrada en Barcelona, España, en 2022, convirtió el paradigma del derecho humano a la educación a lo largo de la vida, en el derecho a la educación para la empleabilidad.   

    Este proceso se construcción del mercado educativo no es nuevo, por el contrario, ha adquirido distintas formas en la medida que muta el modo de producción capitalista. Sin embargo, en las últimas décadas los sistemas de clasificación le imprimen rasgos muy particulares que desdibujan su misión histórica y le dan un sentido radicalmente distinto al que históricamente tuvieron los sistemas escolares y las universidades. Comprenderlo es fundamental para el diseño de estrategias de resistencia y la construcción de alternativa

    Artículos relacionados


    Notas del artículo

    Notas del artículo
    1 No entraremos aquí en el debate sobre los límites de lo público y lo privado, sino que a efectos pedagógicos (a riesgo de ser criticados de simplismo conceptual) entenderemos la gestión, financiamiento y control  gubernamental de la educación por parte de los gobiernos como lo público y, lo privado como lo que es gestionado por sectores con capital propio (con capital propio, subvencionado o no, concertado o no), que tienen un tratamiento diferenciado (algunas veces no declarado) de lo público en materia de control, supervisión y seguimiento.
    2 Ver Ludovico Silva en Plusvalía Ideológica (2017
    3 Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia, Cultura y Comunicación
    4 Organización de las Naciones Unidas para la Infancia
    5, 6 Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad Educativa, adscrito a la Oficina Regional de Educación de la UNESCO con sede en Santiago de Chile.
    7 Instituto Internacional de Planeamiento Educativo. Sede principal en París, Francia, con sub sede en Buenos Aires Argentina.
    8 Oficina Internacional de Educación de la UNESCO con sede en Ginebra Suiza.
    9 Organización Internacional del Trabajo
    10 Organización Mundial de Comercio
    11 Banco Mundial
    12 Foro Económico Mundial o Foro de Davos
    13 Organización para la Cooperación Económica de Europa
    14 Banco Interamericano de Desarrollo
    15 Corporación Andina de Fomento
  • Las elecciones presidenciales en Venezuela el 28J-2024: una situación inédita

    Las elecciones presidenciales en Venezuela el 28J-2024: una situación inédita

    Revalorizar el salario, la infatigable lucha de los trabajadores en Venezuela

    Descargar Artículo (pdf)

    todos los artículos

    Luis Bonilla-Molina

    Doctor en Ciencias Pedagógicas. Miembro del Consejo Directivo de CLACSO. Integrante de la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación, la Fundación Kairos y el Consejo Mundial de Sociedades de Educación Comparada. Actualmente es secretario operativo del Congreso Mundial contra el Neoliberalismo educativo. Militante de la Otra Campaña, Otras Voces en educación y LUCHAS.

    Fuente: luisbonillamolina.com

    Actualidad Internacional: Opinion

    26/07/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Venezuela vive una crisis de gobernabilidad que se inicia con el viernes negro de 1983 y aún permanece abierta[1]Se suele confundir los picos de tensión dentro del periodo de crisis 1983-2024, como etapas separadas.  En realidad, la rebelión estudiantil-popular de 1987, el Caracazo de 1989, los alzamientos … Seguir leyendo. Este cisma es propio de los límites del modelo de acumulación burguesa alrededor de la industria petrolera y de hegemonía del régimen político de dominación que se instaló en 1958. La irrupción de la crisis “interna” coincide con la llegada del neoliberalismo, la turbulencia de la deuda externa y la financiarización de la economía mundial, que presionan al unísono por una nueva dinámica económica local, abierta a los capitales trasnacionales.

    La mayoría de análisis sobre la situación de Venezuela suelen hacerlo en marcos temporales más cortos y eso impide una comprensión integral de lo que ocurre en la actual coyuntura.

    Los intentos de superación de esta crisis han resultado infructuosos, tanto desde la derecha (construcción de un nuevo modelo de acumulación, agenda Venezuela, involución en la agenda social, reducción del marco de libertades democráticas) como desde la izquierda institucional (chiripero y su plan de administración de la crisis / chavismo y su proyecto de recuperación de la agenda social, con destrucción de la vieja burguesía y sus representaciones, creación de nueva burguesía y destrucción del sistema liberal de libertades democráticas para imponer un  régimen bonapartista de consensos entre las clases dominantes).

    La izquierda anticapitalista, contraria a la construcción de un proyecto de conciliación de clases, no ha logrado en todo este largo periodo, construir un polo de referencia alternativo para la superación estructural de la crisis de hegemonía y acumulación capitalista en Venezuela.

    El surgimiento de Chávez y los militares bolivarianos (1992) como actores políticos, posibilitó construir en el periodo 1995-1998 un precario centro político -con partidarios de izquierdas, centro y derechas- que intentaba resolver desde un “nuevo consenso” esta crisis, abriéndole paso a iniciativas que procuraban una nueva hegemonía de gobernabilidad (proceso constituyente, nuevo marco jurídico e institucional, nuevo paradigma democrático) y un nuevo modelo de acumulación (la Agenda Alternativa Bolivariana -AAB- apuntaba en ese sentido).

    Este “centro político”, en el cual participaban sectores empresariales que se sentían marginados por el sector mayoritario de la burguesía y temían los efectos de la irrupción de los capitales trasnacionales, vio en la propuesta de la AAB una oportunidad para construir una nueva arquitectura capitalista y democrático burguesa en el país; de hecho, en ese periodo Chávez hablaba de la tercera vía y del capitalismo humano.

    La izquierda electoral valoró este agrupamiento como una tabla de salvación en medio de la debacle que en los noventa vivía el pensamiento socialista, mientras que sectores de la izquierda radical vio en las tentativas de destrucción del viejo modelo, la oportunidad para abrir paso a nuevas correlaciones de fuerzas que posibilitaran apuntalar un cambio estructural en el país. El “Chiripero” de Caldera había abierto el camino para esta «táctica» de disputa hegemónica.

    Al capital trasnacional y los EEUU les convenía cualquier tentativa de superar el modelo de acumulación, que diera paso al proceso de internacionalización y financiarización de capitales, por eso opusieron precaria resistencia a la idea de cambio que se ponía en marcha.

    Desde la llegada al gobierno de Chávez (1999) surgieron tres rostros de las políticas del Chavismo, que expresaban las propias contradicciones internas de ese “centro político” inestable. El primero, consecuente con el programa consensuado, ponía en marcha el proceso constituyente y un nuevo marco jurídico -leyes habilitantes, leyes sectoriales- para el surgimiento de un nuevo Estado burgués, que exigía la construcción de hegemonía para el sector burgués que le acompañaba. El segundo, era el resultado de la inacabada identidad nacional popular de Chávez y el Chavismo, que buscaba(n) empalmar con las narrativas e imaginarios de la corriente histórico social por el cambio; en 2004 escribamos que entre 1999-2004 había dos Chávez, uno en Miraflores, humano y aprendiz de la transformación radical y otro Chávez en la calle, construido este último por el pueblo más pobre, con retazos de memoria de resistencias, dotándole día a día de los atributos deseados para un nuevo revolucionario justiciero y, el drama del Chávez de Miraflores era que tenía que correr detrás de esa imagen y calzar en ella, hasta lograr construir una imagen propia que fuera aún más radical para consolidar su liderazgo popular. El tercero, se expresaba en el camino a tientas hacia un discurso político ideológico radical, en el cual fue tanteando experiencias como la de Gadafi, el cooperativismo yugoslavo, el socialismo utópico comunal, los marxismos malditos hasta llegar al socialismo del siglo XXI (2004-2005), que en su fase final se asimiló más al viejo socialismo del siglo XX.  Estos tres rostros se fueron integrando progresivamente y constituyeron la razón social del liderazgo de Chávez en el periodo 2002-2013.

    El golpe de Estado de 2002 quebró vínculos del chavismo con sectores burgueses “nacionalistas” o “progresistas” que se habían agrupado alrededor del chavismo en el periodo 1994-2001, de los cuales Miquelena era el personaje emblemático.  En un país con modelo de acumulación rentista, basado en buena medida en la importación, los sobreprecios, exoneraciones impositivas y arancelarias, acceso a divisas preferenciales  y los distintos mecanismos de corrupción que requiere una clase burguesa con vocación comercial (alrededor de la importación), financiera (legitimación de capitales y ampliación de la usura y plusvalía) y de ensamblaje (importación de partes e insumos), esta ruptura con sectores de la “burguesía tradicional” dejó un vacío que había que cubrir rápidamente.

    Esto generó la “necesidad” de constituir una nueva burguesía que estuviera estructuralmente vinculada al proyecto político de la quinta república, asumiendo para sí el modelo de acumulación de la vieja burguesía; este fue el inicio del ocaso de la radicalidad del proyecto bolivariano. Este proceso, conocido como el proyecto económico de la revolución, generó entre 2002-2013 una nueva burguesía, enfrentada por razón de sus intereses de clase a la vieja burguesía.

    En 2004 ya Chávez y el chavismo habían consolidado su identidad política, que era un nuevo policlasismo que renovaba elementos de una revolución popular nacional y la vinculaba con el discurso socialista. A la par de crear las condiciones materiales, políticas e institucionales para el surgimiento de una nueva burguesía, el proceso bolivariano construyó las condiciones de posibilidad para el emerger de formas de poder popular y comunal que construyeran una base social para la disputa hegemónica con la vieja burguesía.

    Las iniciativas para construir una base social arraigada al nuevo proyecto hegemónico, se presentaron como socialismo del siglo XXI; esta aparente dualidad estratégica no era una esquizofrenia política, sino en realidad contenía un nuevo proyecto político policlasista emergente, que requería romper con el viejo tejido institucional y social, con narrativas, imaginarios y correlaciones de fuerza diferenciadas a lo que había sido la democracia burguesa clásica.   La democracia representativa pasó a ser democracia participativa, los poderes se ampliaron a cinco y la Constitución contenía un nuevo pacto social policlasista.

    Como acotación debemos puntualizar que una parte importante de la izquierda se concentra en cuestionar que el programa de Chávez no era auténticamente revolucionario, cuando en sus orígenes era mucho más reformista y se fue decantando hacia una radicalidad administrada. Quienes sostienen esto soslayan la auto crítica sobre la incapacidad política que tuvimos las distintas izquierdas para capitalizar la situación que se abría con la radicalización de las masas y el discurso del socialismo del siglo XXI que postulaba Chávez. Esa era una tarea que tenía que cumplir la izquierda y no tuvimos la capacidad de incidir en la disputa contra hegemónica. No le pidamos a Chávez lo que fuimos incapaces de hacer y construir en una situación de ascenso del movimiento de masas.

    Ciertamente Chávez navegó en la dualidad estratégica, entre un nuevo proyecto burgués y las contradicciones que generaba la posibilidad del socialismo del siglo XXI, porque era la forma de construir una nueva hegemonía que no trascendió -y quizá nunca pretendió- traspasar los límites del orden burgués. Aunque hay quienes sostienen que su apuesta final sería por el poder popular, su desaparición física impidió comprobar esta hipótesis; lo concreto es que la revolución bolivariana devino en un proyecto policlasista.

    Chávez cumplía un papel bonapartista sui generéis al arbitrar los equilibrios de la transición a una nueva institucionalidad y mecanismos de relaciones de poder. La muerte de Chávez, cuyo liderazgo resultaba fundamental en la construcción y sostenimiento de estos equilibrios -que a su vez se convertía en la única posibilidad de construir viabilidad para políticas de reforma o revolución-, dio paso a un proceso de pérdida de fuerza transformadora y de restauración progresiva, es decir de capitulación y abandono de la parte popular radical del nuevo proyecto hegemónico. Esta capitulación se generó más por el espíritu conservador de la nueva burguesía ante la idea de poder popular, que por la ruptura con la idea policlasista del proyecto bolivariano que en realidad se consolidó.

    Este abandono temprano de la radicalidad del poder popular debilitó el propio proyecto de una nueva hegemonía burguesa, por ello, no es descabellado pensar que Maduro y los herederos del chavismo no terminaron de comprender a cabalidad el proyecto de disputa hegemónica que lideraba el militar barinés.  Esto supuso, a partir de 2013, la destrucción sostenida del tejido social e institucional no alineado con la lógica del capital y que -ingenuamente- apostaba por un horizonte socialista.

    La orientación política de los gobiernos de Maduro ha tenido dos momentos: 2013-2017 y 2017-2024. En el primero (2013-2017) su apuesta se centró en fortalecer a la nueva clase social burguesa, la subalternización definitiva de los precarios gérmenes de poder popular y comunal a los intereses de la nueva burguesía, y el enfrentamiento e intento de aniquilación de la vieja burguesía. La caracterización de Venezuela como peligro para los intereses estratégicos de Estados Unidos y el inicio de las Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU) potenció el enfrentamiento entre la vieja burguesía (fuera del aparato de gobierno) y la nueva burguesía (que era parte constitutiva del gobierno); los enfrentamientos entre 2014 y 2017 pueden entenderse como la crispación de las contradicciones inter burguesas. El gobierno y la nueva burguesía “bolivariana” lograron el aplastamiento policial-militar de las revueltas de 2017, imponiéndole con ello una derrota sin precedentes en la lógica insurreccional de la vieja burguesía, evento del cual no ha podido reponerse aún ese sector. Esta derrota de la vieja burguesía y sus representaciones políticas, abre una nueva etapa en el gobierno de Maduro y el horizonte estratégico de gobernabilidad de la nueva burguesía.

    En el segundo momento (2017-2024), el gobierno de Maduro potencia y amplía los procesos de diálogos con la derecha política y la vieja burguesía, pero también, como se conoce ahora, se abre una línea de negociación con los Estados Unidos, a la par de generar un conjunto de medidas que restringen las posibilidades de incidencia de la clase trabajadora y las clases subalternas en las correlaciones de fuerza. El decreto 2792 de 2018 que elimina las contrataciones colectivas y el derecho a huelga, el instructivo ONAPRE que desconoce los derechos adquiridos de una parte importante de los empleados públicos, trabajadores de la educación, salud y otros sectores, forma parte de una natural medida de contención y muestra de coincidencias entre la nueva y vieja burguesía, para avanzar en acuerdos con amplios sectores del capital nacional y sus representaciones políticas. María Corina Machado (MCM) y el sector burgués que representa parecieran ser el electrón libre, el sector del viejo orden que no logró encajar en la negociación 2018-2024.

    2024 es el año de las elecciones presidenciales más reñidas en la historia reciente. Mucho se habla de transición, cambio de gobierno o sostenimiento del actual equipo gubernamental liderado por Maduro. Los más “ingenuos” hablan de garantizar las condiciones para una transición, eliminando las recompensas norteamericanas sobre Maduro, firmando un pacto nacional de no agresión ni persecución. Otros hablan de establecer un marco de garantías para que la nueva burguesía pueda usar sus riquezas acumuladas sin persecución alguna. Lo cierto es que las elecciones ocurren en el marco de una negociación interburguesa nacional y con los norteamericanos, cuyos avances, estancamientos o retrocesos serán cruciales para el desenlace práctico de los resultados electorales. La opacidad con la cual se maneja la negociación con los gringos impide mayores precisiones sobre las posibilidades reales de una transición o avances en la nueva hegemonía. El acuerdo interburgués emerge en el horizonte como una posibilidad, que tendrá que decantarse entre las opciones de gobierno de coalición nacional, gobierno de emergencia o vuelta a la alternabilidad, ahora rojo-azul. El aplastamiento de un sector de la burguesía y sus representaciones, por parte del otro bando implicaría unos costos políticos y sociales muy altos, aunque este escenario se dibuje en medio de la incertidumbre sobre los avances o estancamientos en los diálogos.; lo cierto es que a los Estados Unidos, desde una perspectiva neocolonial le favorece el enfrentamiento de baja intensidad entre los sectores burgueses nacionales y un acuerdo entre ellos lo entiende en el marco de la profundización de la dependencia y el tutelaje.

    La pregunta sería ¿cuántas representaciones políticas inscritas en esta campaña electoral representan a un sector u otro de las burguesías en disputa? La respuesta no es tan simple, porque las actuales candidaturas presidenciales surgen en el contexto de una negociación en curso (2017-2024), que ha generado acercamientos entre diversos sectores -vinculados con ambos sectores burgueses-, incluso algunos se presentan en tarjetas de partidos judicializadas por decisión del Estado (gobierno).

    Las candidaturas que se presentan con la etiqueta de oposición son Daniel Ceballos (arepa digital) involucrado en la insurrección de 2014 denominada “la salida” e indultado por Maduro en 2018, Claudio Fermín (Soluciones para Venezuela), un ex militante de Acción Democrática, quien ha actuado en los últimos tiempos con una línea política asociada a los intereses del gobierno, Benjamín Rausseo Rodríguez (Confederación Nacional Demócrata – CONDE), comediante, quien levanta un programa de libertad de mercado, Luis Eduardo Martínez Hidalgo (AD, Bandera Roja -ex maoístas-, Movimiento Republicano y Unión Nacional Electoral), Enrique Octavio Márquez Pérez (Centrados en la gente, REDES -ex alcalde chavista Juan Barreto-, PCV)  es un connotado opositor al chavismo, vinculado a la MUD, Javier Bertucci ( El Cambio) pastor evangélico quien expresa las nuevas relaciones de Maduro con el sector cristiano protestante, Antonio Ecarri (Alianza del Lápiz) quien plantea un programa de ajuste y reconciliación nacional y ha sostenido encuentros en Miraflores con Maduro, José Brito (Primero Venezuela, Primero Justicia -intervenida-, Unidad Visión Venezuela y Venezuela Unidad) quien aparece como un opositor funcional al gobierno, Edmundo González Urrutia (PUD -sin tarjeta electoral-, MUD y Nuevo Tiempo) es el candidato a quien apoya expresamente María Corina Machado.

    El candidato oficial del gobierno es Nicolás Maduro Moros (PSUV, PPT -intervenido-, MEP -intervenido., PCV -intervenido-, Tupamaros, entre otros), quien aspira a un tercer mandato que extendería su permanencia en el palacio de Miraflores de 12 a 18 años.

    Podríamos decir que ocho de las diez candidaturas expresan los adelantos en las negociaciones de Maduro con la oposición ocurridas entre 2017-2024; están por una transición pacífica, por buscar un nuevo modelo de alternancia democrática y mucha de ellas cuestionan el bloqueo norteamericano contra Venezuela. La novena candidatura es la de Edmundo González (apoyada por MCM) que expresa el sector que no ha logrado un entendimiento mínimo con el gobierno y están por cambio radical en una lógica de encuentro de la vieja burguesía con el capital trasnacional.

    Desde el mundo del trabajo, en términos electorales, los indicadores más claros para definir la orientación político ideológica de una opción electoral, están determinados por lo que plantea cada candidato presidencial en materia de superación de las condiciones salariales y materiales de vida de la clase trabajadora, así como respecto a la garantía (en este caso recuperación) de las libertades democráticas. Actualmente, el salario mínimo en Venezuela está por debajo de los cinco dólares mensuales y el salario bonificado promedio escasamente supera los 100 dólares mensuales y, ningún candidato plantea un plan de ajustes salariales que por lo menos lo lleve a la media regional; los unos se refugian en la necesidad de garantizar productividad empresarial (que implica continuar el asalto burgués a la renta petrolera) para iniciar un proceso de recuperación salarial, mientras que los otros para no permitir el proceso de ajuste salarial se escudan en los efectos del bloqueo (sin poder explicar cómo se está distribuyendo la riqueza que genera el levantamiento parcial de las sanciones petroleras de Estados Unidos sobre la producción venezolana) y teorías monetaristas que vinculan aumento salarial con inflación. Por otra parte, en los últimos ocho años se ha vivido una reducción progresiva, sistemática y contundente hasta llegar a la eliminación de libertades democráticas mínimas que, aunque menguadas cada vez más en las últimas décadas, se consideraban una conquista de la sociedad venezolana (derecho a huelga, libertad para organizar sindicatos y partidos de izquierda, libertad de opinión y crítica). Ningún candidato plantea la recuperación de las libertades democráticas desde el lugar de enunciación de las clases subalternas y explotadas, sino desde las “libertades del mercado”.

    Todas las candidaturas, del gobierno y la oposición, con distintos matices, representan un proyecto de salida de la crisis política que desconoce los intereses de la clase trabajadora y el conjunto de las clases subalternas.  Ninguno plantea un programa de recuperación del derecho a huelga, contrataciones colectivas, salario digno y suficiente, sino que convocan al sacrificio de la clase trabajadora para recuperar al país, mientras defienden la eliminación de impuestos a los grandes capitales y hablan de liberar las fuerzas del mercado, emprendimiento y productividad, que no son otra cosa que la desregulación más fuerte en ciernes.

    La candidatura de Edmundo González representa el programa de ajuste estructural, privatizaciones y destrucción de la agenda social que encarnan hoy libertarios como Milei y compañía; mientras que la del resto de candidatos opositores expresan matices de programas de gobierno que colocan los intereses del capital por encima de los del trabajo. La candidatura de Maduro representa la continuidad de un programa de ajuste estructural aplicado entre 2017-2024, en un contexto de bloqueo de EEUU y las naciones imperialistas europeas sobre Venezuela, que ha colocado sobre la clase trabajadora el peso de la crisis económica, mientras la burguesía (vieja y nueva) se hace más rica.

    Todas las candidaturas procuran mejorar la relación con los Estados Unidos, mientras que la de Maduro desarrolla paralelamente una estrategia de acercamiento con China, Rusia y Turquía (países donde las libertades democráticas están constreñidas y donde la orientación es el capitalismo competitivo) centrada en aspectos de ganancia económica; a pesar de quejarse Maduro del veto en las redes sociales capitales, ni siquiera han logrado que la red social tik tok de origen chino modifique el algoritmo para hacer más visible su candidatura sobre la de González y las actividades de MCM; esto muestra la perspectiva colonial de China, mientras procura una relación extractivista y capitalista con Venezuela, se desentiende de su aliado en apuros electorales porque lo que le interesa es mostrar la aparente neutralidad de sus capitales.

    El dato novedoso de esta campaña es la captura por parte de la ultraderecha (MCM-Edmundo González) de la esperanza. Desde 1998, la esperanza de un mañana mejor para los sectores populares, incluso en el marco de dificultades salariales y de poder adquisitivo, había permanecido del lado del proyecto bolivariano (Chavismo y Madurismo); la esperanza de los sectores influenciados por la derecha era distinta, se correspondía más a la posibilidad de construir una sociedad con los valores del capitalismo clásico, es decir era una esperanza menos concreta en términos materiales de vida de la población y más ideológica.

    En esta campaña, especialmente el sector que lidera MCM-Edmundo González han abandonado el discurso ideologizado y confrontacional, para sintonizar y apropiarse de los anhelos más elementales de la población venezolana hoy: a) retorno de los migrantes (la oposición los estiman en 7 millones) porque cada familia tiene por lo menos uno de sus integrantes en esa condición (padres, abuelos, hijos, nietos, sobrinos, hermanos), b) reunificación familiar a partir de la mejora de las condiciones económicas, especialmente aumentando la productividad (cuidando de no aclarar como mejorar el tema salarial).  El cálculo elemental que hace una buena parte de la población es, «si la cusa del deterioro económico son los pleitos con los EEUU y las sanciones económicas, lo que hay es que elegir un presidente que no pelee con los Estados Unidos y con ello mejorara toda la economía, incluido los salarios y el poder adquisitivo, permitiendo que la reunificación familiar sea duradera», c) la privatización de lo público como camino para la prosperidad, algo que la historia nacional y la experiencia regional desmiente.

    El cambio de estrategia opositora le ha dado resultado a la candidatura MCM-González a tal punto que el gobierno ha intentado lanzar planes para el retorno de los migrantes y enfatiza en la disminución de la inflación como signo de la reactivación económica nacional del futuro, pero ello no ha tenido el impacto de la candidatura opositora.

    En cambio, el gobierno ha centrado su discurso en la sobrevivencia en el poder como garantía de un bienestar social que ha desaparecido progresivamente en los últimos diez años. El discurso de las sanciones norteamericanas, reales y objetivas, ha perdido eficacia política ante la ostentación material de un sector del liderazgo y el caso de la mega corrupción conocida como cripto-PDVSA.

    Sin embargo, la candidatura oficial conserva una importante base social, en buena medida como saldo heredado del periodo Chávez y por el establecimiento de una red de apoyos materiales (programa de bolsa de comida, bonos, ayudas) que le se verían amenazados por la llegada al poder de una candidatura de derecha o ultraderecha que plantea que todo debe ser privatizado. La lógica de sobrevivencia y el temor a los efectos del cambio han permitido aglutinar y cohesionar una importante base social de apoyo a su candidatura, pero desde la resignación, no de la esperanza.

    La candidatura opositora central ha crecido exponencialmente en apoyos en el último año, mientras el resto de candidatos opositores lo hacen a paso de morrocoy. El gobierno, en su desespero ante este fenómeno de los últimos meses, ha intentado recuperar la conexión con las mayorías por distintas vías: a) destacar el efecto del bloqueo norteamericano y de las naciones imperialistas europeas en la economía y la materialidad del mundo del trabajo, b) apelar al legado de los logros en el periodo Chávez, c) mostrar a las candidaturas opositoras como parte de la ola neofascista y ultra conservadora que recorre el mundo, d) profundizar el autoritarismo, mediante persecución selectiva a dirigentes medios y de base de las candidaturas opositoras y del campo laboral, e) usar la descalificación personal para intentar llevar el debate electoral a otro terreno más favorable.

    En ese camino ha intentado obstaculizar algunas actividades proselitistas del binomio opositor MCM-González, pero lo único que ha logrado con ello es construirle la épica que le faltaba a esta candidatura; obstáculos para realizar las actividades proselitistas, han victimizado a Machado-González, abriendo paso a un imaginario de heroína de la primera y de víctima al segundo, a quienes en realidad representan la otra cara de los programas electorales anti clase trabajadora.  El camino a Miraflores de este binomio se viene construyendo con los errores del gobierno actual.

    Hoy no existe una confrontación de proyectos políticos -entre los candidatos presidenciales-, sino de liderazgos, en una misma dirección estratégica. Lo que dificulta la posibilidad de una transición y alternancia ordenada, es que no se lograron cerrar los acuerdos entre las dos fracciones burguesas (vieja y nueva burguesía) en el periodo 2017-2024, lo cual plantea el mantenimiento de la crisis de gobernabilidad, más allá del 28J, independientemente de quien obtenga la mayoría. Mucho menos se ha avanzado en la resolución de la crisis de acumulación y hegemonía que se abre en el año 1983, lo cual augura inestabilidad más allá de cualquier resultado electoral.

    El arbitraje y solución negociada a este conflicto pareciera necesitar de un tercer actor reconocido por ambas fracciones burguesas, papel que en estos momentos encarna los Estados Unidos, por ello el interés del gobierno en renovar el diálogo con la poderosa nación del norte. Sin embargo, una solución negociada para la continuidad de Maduro o la transición tendrían que pasar por el levantamiento de las recompensas que EEUU otorga por la captura del mandatario venezolano, la suspensión del juicio en la Corte Penal Internacional, un acuerdo de uso de las riquezas acumuladas por la nueva burguesía y la preservación de cuotas de poder que le permitan a las burguesías la continuación del modelo rentista de acumulación.

    Las elecciones presidenciales de 2024 han sido precedidas por la desaparición de algunos partidos de izquierda que no lograron la votación mínima para su permanencia legal y la judicialización de los restantes. No existe actualmente en Venezuela un partido de izquierda, legalizado, que pueda levantar de manera autónoma una candidatura presidencial y los apoyos que aparecen en el tarjetón electoral para Maduro son el resultado de esa situación de intervención de los instrumentos políticos que pertenecían a la izquierda política.

    El PSUV nunca ha sido un partido en términos clásicos, deliberativo y autónomo frente al gobierno, sino más bien un instrumento político para construir viabilidad social a los planes de gobierno. Los sectores que respondían exclusivamente al liderazgo de Chávez han sido apartados de la estructura partidaria después de la muerte del líder histórico del proceso bolivariano y muchos de ellos están en distintas formas de oposición al gobierno de Maduro. El PSUV es hoy un partido policlasista monolítico, sin fisuras significativas, sin embargo, la profundización de la crisis salarial y económica ha venido erosionando sus bases; por ello, la caracterización que hagamos del gobierno es muy parecida (nunca igual) a la que se haga de su instrumento político. El PSUV está amenazado por el mismo fenómeno que afectó a Acción Democrática (AD) en la década de los noventa, la posibilidad de un desmoronamiento por perdida de eficacia política y vaciamiento de la esperanza para el común.

    Las izquierdas no han logrado llegar a un acuerdo sobre la táctica electoral en esta coyuntura. Por el contrario, existen por lo menos cinco opciones visibles en este campo. La primera y quizá mayoritaria, ha decidido votar por el candidato que más tenga opción frente a Maduro. Para este sector lo más relevante es salir de Maduro y luego plantear una recomposición de las relaciones de poder que permita recuperar libertades democráticas como el derecho a huelga, contratación colectiva, salarios justos y posibilidad de organización autónoma. Sectores de la plataforma ciudadana, entre otros se cuentan en esta opción. Salvo casos como el de Héctor Navarro (ex ministro de Chávez e integrante de la plataforma) quien expresó públicamente su apoyo al candidato mayoritario de la derecha, la mayoría no lo ha hecho público, lo cual limita la construcción de identidad de este sector.

    La segunda opción, ha decidido apoyar a otro candidato de la derecha, Enrique Márquez, quien ha jugado un destacado papel en el liderazgo opositor en otros momentos.  En este sector están figuras como Juan Barreto, ex alcalde de Caracas y dirigente del partido REDES, y el Partido Comunista de Venezuela (PCV) intervenido, que se autodenomina como auténtico.

    La tercera, ha llamado a votar nulo o abstenerse, de la cual forman parte los dirigentes históricos del PPT, Marea Socialista, PSL y LTS, entre otros. El anuncio demasiado temprano de esta táctica impidió que tuviera mayor capacidad de incidencia y articulación en el proceso electoral. La cuarta, muy marginal, es crítica de algunas políticas del gobierno, pero considera que hay que seguir apoyando a Maduro.  Entre otros, las expresiones de Bruno Sanarde y la Revista Bolívar Vive representa esta opción.

    La quinta, agrupada alrededor de la Otra Campaña, que define que su candidato son las luchas sociales, que ningún candidato representa los intereses de la clase trabajadora y que lo que hay que hacer es una campaña de denuncia a la pérdida de libertades democráticas que abra la posibilidad de un reagrupamiento clasista después de las elecciones; por ello, convocan a organizarse independientemente de por quien vote, se abstenga o vote nulo en las elecciones presidenciales. En esta última participan la corriente marxista internacional, Izquierda Revolucionaria, Comité de familiares y amigos por la libertad de los trabajadores presos, Bloque histórico popular, LUCHAS, entre otras.

    Este panorama de dispersión forma parte de las dificultades que debe superar la izquierda para construir un polo contra hegemónico que logre enfrentar a cualquier de las opciones presidenciales en juego quienes, en distintas medidas y tonos, tienen un programa anti clase trabajadora. El esfuerzo unitario de la izquierda post elecciones del 28J, debe romper con la repartición de culpas y la arrogancia de auto percibirse como vanguardia, para avanzar en la construcción de alternativas reales y posibles en el futuro.

    Todos los candidatos presidenciales en las elecciones del 28J se esfuerzan por mostrar que son la mejor opción para los EEUU. Mientras el binomio Machado-González renueva sus votos de fidelidad construidos en el pasado, especialmente en la administración Bush, el gobierno de Maduro coloca el acelerador en las negociaciones con los Estados Unidos y hasta muestra sus simpatías por el presidente Biden -explícitamente al renunciar este a la candidatura demócrata-, mientras garantiza el flujo de petróleo al norte en condiciones de negociación neocoloniales.

    De nada sirve un acuerdo inter burgués local si no se logra el beneplácito de Washington y el departamento de Estado de los EEUU. Todas las especulaciones sobre un acuerdo estratégico del gobierno de Maduro con China o Rusia son aspavientos, pues como vimos al retornar el comercio de petróleo EEUU con Venezuela, China decidió tomar distancia para permitir un acuerdo norteamericano-venezolano, sobre todo porque contrario a lo que nos muestra la prensa burguesa internacional, cada vez más se producen acuerdos comerciales estratégicos entre el gigante asiático y Norteamérica. Rusia por su parte esta más interesada en consolidar sus intereses en África que debilitarse en una disputa insegura en Latinoamérica alrededor de Venezuela.

    EEUU es el árbitro de una situación neocolonial en Venezuela, jugando sus cartas con la calma de quien procura que el final le favorezca lo más posible. Esta situación abrirá un debate pendiente en la izquierda sobre las relaciones de Venezuela con los norteamericanos, en el marco de gobiernos progresistas o una transición poscolonial con los gringos, pero eso tema de otro artículo.

    La tarea central de la izquierda revolucionaria en Venezuela, en los próximos años, será la recuperación de las libertades democráticas mínimas para la construcción de un proyecto de sociedad de justicia social. Eso no significa ni un abandono del horizonte revolucionario ni una reedición del etapismo, sino una realidad objetiva. Sin posibilidad de organizar sindicatos, huelgas, libertad de opinión y circulación de publicaciones, va a ser muy difícil construir condiciones de posibilidad para un cambio estructural.

    Por ello, ninguno de los candidatos presidenciales menciona el tema de la recuperación de las libertades democráticas, porque ello iría contra su proyecto de hegemonía burguesa. Lo más importante será lo que se haga en este sentido a partir del 29J, con una política de unidad y convergencia sin precedentes. Lo contrario será absolutamente funcional al sostenimiento del estatus quo actual.

    Otro hecho relevante de la actual campaña presidencial en Venezuela son los cambios en los discursos y posiciones del progresismo. Mientras Pepe Mújica viene tomando distancia hace tiempo con el gobierno de Maduro, llegando en los últimos tiempos a dudar si es o no un gobierno dictatorial, voces calificadas como la de Lula, Petro y Fernández marcan sus diferencias respecto al deterioro progresivo de las libertades democráticas en Venezuela y muestran su preocupación por la deriva autoritaria en el discurso de Maduro. Brasil decidió el 24 de julio no enviar delegación oficial de observadores a las elecciones venezolanas, como lo ha hecho con marchas y contra marchas el gobierno colombiano y recientemente el ex presidente argentino Fernández anunció que se le retiró la invitación para acompañar las elecciones del 28J.

    Incluso voceros como Atilio Borón y Emir Sader, otrora muy activos en la defensa de Venezuela han estado de muy bajo perfil en esta oportunidad, dejando el liderazgo de la defensa internacional del progresismo a Monedero, uno de los líderes históricos del debilitado PODEMOS de España. Por supuesto Cuba y sus organizaciones aliadas en los países han mantenido una línea de apoyo a Maduro, pero cada vez con menos ímpetu y contundencia.

    Esta decantación del progresismo es también evidencia de una diferenciación de lugar de enunciación de muchos de sus componentes, que pasaban desapercibidas en el marco de la ola creciente, pero que ahora en el reflujo se develan en toda su magnitud. Esto está incrementando el aislamiento del gobierno de Venezuela, lo cual afecta su propia capacidad de negociación internacional. Por ello, el gobierno de Maduro ha optado por señalar que su salida del poder puede generar un baño de sangre en el país, como gesto desesperado para que los EEUU piense la estabilidad de sus intereses estratégicos (petróleo y otros).

    Si en algo coincide la derecha y la izquierda política que se oponen a Maduro y su gobierno es la subestimación de su capacidad política. Ciertamente, Maduro no solo no es un hombre culto, sino que siente un profundo desprecio por quienes tienen títulos académicos y producción intelectual. No es el caso de Lula que siendo un obrero ha sabido cultivar permanentemente su cultura, conocimiento y tiene una enorme capacidad de diálogo con sectores intelectuales y académicos. Maduro heredó de Chávez el encanto por rodearse de algunos rockstar de la política crítica internacional mientras desprecia al pensamiento crítico nacional.

    Pero Maduro compensa esta debilidad con una enorme habilidad política para sostenerse en el poder; es como si fuera el alumno predilecto de Maquiavelo y Fouché, haciendo del pragmatismo su auténtica ideología. Maduro piensa y actúa como un burócrata sindical que ve en todos los discursos de los factores políticos, sociales y económicos, deseos de poder y realización personal, que identifica como necesidades a cubrir, a partir de lo cual negocia con sus adversarios. Maduro es un maestro de eso que se llama la realpolitik. Conoce como pocos políticos de nueva generación las posibilidades del poder para construir consensos, encuentros y acuerdos en Venezuela.

    Impulsor del grupo de Boston, creó muy tempranamente -en los primeros años del proceso bolivariano con el visto bueno de Chávez- un lobby norteamericano que le sirviera de interlocución. Hoy esos esfuerzos le tributan a su política de dialogo con la nación más poderosa del planeta.

    Cuando surgieron contradicciones propias de los dos proyectos inmersos en el proceso bolivariano (nueva burguesía versus poder popular), vio en los esfuerzos por construir una central sindical autónoma (la UNETE), entre 2004 y 2008, un peligro estratégico para los nuevos equilibrios del poder que surgían. Fue al artífice de las derrotas que impidieron construir una central autónoma de trabajadores y el forjador de la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores (CBST), la cual en ningún momento se planteó presidir, sino que colocó al frente de la misma a un dirigente de poco brillo, integrante de la antigua Central de Trabajadores de Venezuela (CTV), dirigida por la socialdemocracia adeca; de esta manera garantizó la existencia de un aparato de coaptación, dispersión y coaptación de las luchas de la clase trabajadora.

    Desde su cargo de canciller consolidó la relación con Cuba, China, Rusia, Turquía, Irán y los gobiernos enfrentados a los Estados Unidos y una parte importante de los partidos comunistas de tradición soviética y China, persiguiendo cualquier iniciativa de atraer para el proceso bolivariano a sectores más críticos de la izquierda mundial, que sabía que criticarían en algún momento la deriva autoritaria y el giro neo burgués que tomaría el proceso.

    Paso de ser militante radical de izquierda maoísta, con cultura política anti religiosa, a ser admirador de Sai Baba y luego en el poder no solo se casaría según los rituales católicos, sino que cultivaría una relación estable y creciente con los grupos cristianos y sectas religiosas, especialmente con los sectores pentecostales, vinculados a Estados Unidos y la ultraderecha latinoamericana, como es el caso de Brasil. Los simpatizantes de izquierda que perdía por su política de conciliación de clases, los recuperaba en términos numéricos e incluso incrementaba, por intereses de fe.

    Maduro avanzó en una línea de trabajo en la cual Chávez había sido tímido, los acuerdos y pactos con las derechas. Potenció la división exponencial de la derecha y creó puertas traseras de dialogo con cada uno de estos factores, mientras promovía la devolución a sus antiguos propietarios terratenientes de tierras confiscadas por Chávez, suspendió las políticas de promoción de fábricas recuperadas y creó garantías para el capital financiero, como preludio a una apuesta por lograr encuentros entre las distintas facciones burguesas en disputa.

    Maduro privilegió el diálogo con la derecha, llevando progresivamente a la izquierda electoral a su mínima expresión, despojándola de sus instrumentos políticos, reduciendo con ello su capacidad de incidencia.

    Maduró congeló y dejó sin efecto los preceptos progresivos de la Ley Orgánica del Trabajo aprobada por Chávez, como mecanismo dual de frenar el ciclo de protestas reivindicativas que se iniciaban a finales de 2017 y, como forma de mostrar a la burguesía clásica y los Estados Unidos que el podía lograr en materia del trabajo, lo que no le podía garantizar la derecha clásica.

    Maduro fue limpiando el PSUV de los cuadros políticos independientes que apostaban por una radicalización del proceso, así como también de aquellos otros quienes querían disputar parte de la renta petrolera mediante la conformación de grupos de interés.

    Los sectores de la oposición más radicalizados y la prensa burguesa internacional sigue subestimando la capacidad política y de sobrevivencia de Maduro. Esta subestimación se expresa en la publicación de encuestas que le dan hasta 30 o más puntos de ventaja a Edmundo González, para las elecciones del 28J, algo que carece de la mínima seriedad política (como tampoco lo son las encuestas oficiales que dan más de 20 puntos de ventaja a Maduro).

    Maduro cuenta con un andamiaje institucional clientelar muy importante, así como con la red de consejos comunales -devenidos en administradores de apoyos gubernamentales- y la propia maquinaría del partido de gobierno.  Maduro vive su peor tormenta electoral, pero quien cante de manera anticipada victoria lo está subestimando.

    Finalmente, Maduro logró colocar al frente del Consejo Nacional Electoral a una figura histórica del campo Bolivariano, ex congresista y antiguo procurador general de la República, lo cual le da una especial tranquilidad en términos de manejo electoral.

    Las encuestas que se han difundido las últimas semanas sufren el efecto de la polarización.  Hay encuestas para cada gusto. Unas le dan ventajas de varias decenas a uno u otro candidato, mientras que otras le asignan la victoria por márgenes estrechos. La polarización electoral está entre Maduro y Edmundo González, los demás candidatos se desinflan o mantienen una preferencia muy baja.

    Hay varios elementos de incertidumbre por la opacidad de los datos. Algunos de estos son:

    La gran encuesta, la de la calle, pareciera oscilar entre el cambio de orientación presidencial y un final cerrado. La opacidad de los datos y muestreos no contribuyen a hacer un pronóstico confiable a solo días y horas del evento electoral. La oposición ha recuperado una parte importante de su capacidad de convocatoria que había perdido en 2017 -y que Guaidó nunca obtuvo- pero no hay manera objetiva de saber si lo avanzado le alcanzará para obtener una victoria, mientras el gobierno no ha dado otra demostración contundente de movilización que no fuera la del cierre de campaña.

    Lo que es cierto, es que cualquiera que sea el resultado electoral, ya sea que gane Maduro o Edmundo González, ello implicará seis meses de negociación para alcanzar un consenso entre la vieja y nueva burguesía con la intención de permitir gobernabilidad y el pase de un paquete anti clase obrera con la menor protesta posible.

    Desde una perspectiva de la clase trabajadora estamos ante el peor de los escenarios, desde la apertura de la etapa de crisis hasta el presente (1983-2024). La izquierda radical y anticapitalista tiene que prepararse para los próximos años para una estrategia multi nivel de lucha por la restauración de las libertades democráticas mínimas, que combine movilización y lucha, con la construcción de espacios de diálogo y concreción de conquistas, algo que no será tan fácil.

    Si gana el candidato de la derecha, Edmundo González, hay que prepararse para una recomposición de fuerzas que no sea sectaria ni centrada en el pasado, sino que mire al futuro para permitir la reconstitución de las organizaciones sociales, sindicales y gremiales y los mecanismos institucionales de arbitraje. Si por el contario Maduro gana las elecciones, se debe acrecentar la movilización, superando la política “del hígado” -propia de algunos sectores en la actual campaña electoral- donde lo sustantivo sea recuperar el marco mínimo de libertades democráticas.

    Artículos relacionados


    Notas del artículo

    Notas del artículo
    1 Se suele confundir los picos de tensión dentro del periodo de crisis 1983-2024, como etapas separadas.  En realidad, la rebelión estudiantil-popular de 1987, el Caracazo de 1989, los alzamientos militares de 1992, la destitución y enjuiciamiento de Carlos Andrés Pérez, la candidatura y victoria electoral de Chávez, el proceso constituyente, el golpe de Estado de 2002, el llamado al socialismo del siglo XXI, las contradicciones entre la nueva burguesía y el poder popular denunciadas en 2009 en el evento del CIM, la enfermedad y muerte de Chávez, la candidatura y triunfo de Maduro, el inicio del bloqueo norteamericano y de las naciones imperialistas, las rebeliones callejeras de la derecha 2014-2017 y la muerte de un centenar de jóvenes, la segunda constituyente, el decreto 2792, el giro autoritario de Maduro, la perdida de libertades democráticas, la judicialización de los partidos políticos, la negociación con los EEUU y otros eventos, son solo picos de tensión en el marco de la larga crisis burguesa en Venezuela del periodo 1983-2024.
  • Un Trump reforzado debe ser combatido con movimientos de la clase trabajadora y una política independiente

    Un Trump reforzado debe ser combatido con movimientos de la clase trabajadora y una política independiente

    1200x675_cmsv2_7585d7f8-a3d3-5f22-9a63-721911271959-8574890

    todos los artículos

    Philip Locker

    Activista de DSA y militante de Reform & Revolution en Seattle

    Traducción: Punto de Vista Internacional
    Fuente: 
    Reform & Revolution 

    Actualidad Internacional: Latitudes. Norteamérica

    14/07/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    El atentado de ayer contra Donald Trump ha reforzado significativamente su posición política. Es probable que el tiroteo reúna a la minoría de votantes del Partido Republicano que antes se sentían incómodos con Trump, además de energizar y radicalizar aún más a su base. Junto con la pésima actuación de Biden en el debate, esto aumenta dramáticamente el peligro de un segundo mandato de Trump con todas las horribles implicaciones que conlleva para la clase trabajadora, los inmigrantes, las personas LGBTQ+, las mujeres, el medio ambiente y mucho más.

    Todavía se desconocen los motivos del tirador. Si estaban políticamente motivados por el odio a Trump, sus acciones serán terriblemente contraproducentes. Incluso con las mejores intenciones, los métodos terroristas desesperados no sirven a los intereses de la clase obrera o de los oprimidos. Por el contrario, desmovilizan a las masas y crean condiciones favorables para intensificar la represión estatal.

    Los marxistas no tienen nada en común con tales métodos destructivos. La izquierda no debe asociarse en modo alguno con este acto desquiciado ni darle importancia. Si surgen pruebas que conecten al tirador con la izquierda, las consecuencias no serán cosa de risa.

    La única forma viable de luchar contra Trump -y el populismo de extrema derecha que expresa- es construir un movimiento obrero masivo, organizado democráticamente y multirracial. No hay atajos para construir una oposición política a Trump y al decadente sistema capitalista que está engendrando el populismo de extrema derecha a nivel internacional. Nuestros métodos deben basarse en la acción colectiva y la autoorganización democrática de los trabajadores y las comunidades marginadas.

    La sociedad estadounidense está en crisis. De un modo u otro, nuestras condiciones de vida y nuestros derechos democráticos sufrirán ataques feroces en el próximo periodo. La única manera de avanzar es unirnos en organizaciones de masas y en un nuevo partido de la clase obrera para luchar por una revolución política contra la clase multimillonaria.

    La clase dirigente capitalista y sus medios de comunicación están a tope con sus habituales llamamientos a dejar de lado la «política» en aras de la «unidad nacional» y la lucha contra el «extremismo». Por supuesto, estos llamamientos sirven a la agenda política conservadora de perpetuar el statu quo. Aunque es probable que durante un tiempo reciban el eco popular de la gente corriente, la izquierda, especialmente los líderes de izquierda, deben oponerse a esta propaganda conservadora. Al tiempo que nos oponemos a actos de violencia como el tiroteo de ayer, debemos rechazar de plano los llamamientos a «unirnos» con los republicanos de extrema derecha y los demócratas de Wall Street.

    No olvidemos que los mismos políticos del establishment que hoy denuncian la violencia política están al mismo tiempo proporcionando miles de millones de dólares de ayuda militar estadounidense al Estado israelí por su matanza gratuita de decenas de miles de niños y civiles en Gaza.

    Fortalecer los movimientos socialista, obrero y de solidaridad con Palestina es ahora aún más esencial. Únete a la DSA y ayúdanos a construir una alternativa política de masas a los republicanos de derechas y a los demócratas corporativos. Esto se puede expresar mejor en noviembre votando por Jill Stein para registrar la mayor protesta de la izquierda contra Trump y Biden (o su sustituto del establishment), mientras que tácticamente votamos en los 7-10 ‘estados indecisos’ por el candidato demócrata para bloquear a Trump – sin apoyo a los demócratas corporativos como Biden y con una crítica abierta de su política.

    Artículos relacionados


  • (Libro Gratuito) 50 años de la Revolución de los Claveles

    (Libro Gratuito) 50 años de la Revolución de los Claveles

    Revolucion-claveles-portada

    todos los artículos

    Sylone Editorial

    Fuente: Sylone Editorial

    Teoría: Historia

    08/05/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Se acaban de cumplir 50 años de la última gran revolución social antifascista y antimilitarista de la historia de Europa. Cuando al capitalismo se le está volviendo a caer la careta democrática y está enseñando su verdadera naturaleza (recorte de libertades, retorno del fascismo, imperialismo y guerra, rearme a costa de la destrucción del Estado del bienestar, empobrecimiento y precarización de la mayoría… ), el combate antifascista, antimilitarista y antiimperialista es de una gran actualidad. Para conmemorar el aniversario de la Revolución portuguesa y entender las causas de la derrota de la movilización popular por construir una democracia socialista, @sylone_editorial ha puesto a disposición online un libro de nuestros compañeros y amigos Francisco Louçã y Fernando Rosas, «La (pen)última revolución de Europa. De la Revolución de los claveles a la contrarrevolución neoliberal». Eminente economista el primero y erudito historiador el segundo, ambos militantes revolucionarios y activos participantes en los acontecimientos que relatan (y militantes anticapitalistas hasta la actualidad)… aportan elementos de reflexión fundamentales, también para entender la historia del tardofranquismo y la transición democrática en el Estado español.

    Aquí el enlace para la descarga gratuita. Si os gusta el libro os animamos a comprar la versión en papel y así apoyar las editoriales revolucionarias vinculadas a la IV Internacional

    Artículos relacionados


  • Una ola de protestas recorre las universidades de EEUU por el apoyo de su gobierno al genocidio palestino

    Una ola de protestas recorre las universidades de EEUU por el apoyo de su gobierno al genocidio palestino

    ebfdf581-234e-4936-82a5-deec1d3dcf1f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x928y547

    todos los artículos

    Manuel de la Rosa Hernández

    Militante de Anticapitalistas

    Fuente: poderpopular.info

    Actualidad Internacional: Latitudes. Norteamérica

    30/04/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    En Estados Unidos, ha surgido una ola de protestas en universidades contra el genocidio israelí en Gaza. Cada vez más estudiantes se suman a las movilizaciones pese a los arrestos y al uso de violencia, incluido el uso de pistolas Taser y gases lacrimógenos. Este movimiento en alza está poniendo contra las cuerdas al presidente Biden al dejar al desnudo la política del gobierno de los EEUU de vuelco total de recursos al estado genocida de Israel y ha llevado a que el propio Netanyahu le pida al presidente de los EEUU que se repriman las manifestaciones  de apoyo a Palestina en los campus universitarios, y lo peor, es que el gobierno de Biden le hace caso.

    Este movimiento está creciendo en esos momentos. Según recuentos de medios, se registran protestas en al menos 60 universidades de EEUU. Entre ellas la de  Columbia, Brown. George Whashington, Harvard , Princeton, Massachusetts, Minnnesota, Albuerqueque, Austin, Ohio, New York, Dallas, Miami o Yale, que son parte de una amplia extensión geográfica de centros de enseñanza superior en lucha y que abarca estados como el de California, Florida, Nueva York, Arizona, Carolina del Norte o Texas.

    El estudiantado universitario y de secundaria ha estado en la calle desde los inicios del asedió a Gaza a partir del 7 de octubre, pero es más recientemente que se inició la actual oleada de protestas cuando en el Campus de la Universidad de Columbia en Nueva York la misma fue recibida con ataques por parte de las fuerzas policiales y de la institución académica. Según declara el diario The Washington Post: «Nuestras estadísticas indican que al menos 900 manifestantes fueron arrestados en protestas universitarias estadounidenses en los últimos 10 días».

    Las protestas universitarias a lo largo del país exigen que las universidades corten su vínculos financieros con Israel y se desvinculen de empresas que están permitiendo la continuidad del genocidio. Ese movimiento solidario ha sido muy bien recibido en la población de Gaza y agradecido por la población palestina que sufre el asedio sionista. Los palestinos desplazados escriben mensajes de gratitud a quienes protestan en universidades de todo Estados Unidos.

    El 18 de abril, la administración ordenó el arresto de alrededor de un centenar de estudiantes. Los estudiantes han sido suspendidos o expulsados de su alojamiento en el campus. Según estimaciones de medios estadounidenses, desde el 17 de abril se han realizado arrestos en varias instituciones universitarias: 44 estudiantes de la Universidad de Yale en New Haven, Connecticut; 93 personas de la Universidad del Sur de California en Los Ángeles; 118 en Emerson College en Boston; 102 en la Universidad Northeastern, también en Boston; y 69 en la Universidad Estatal de Arizona, entre otras muchas.

    La excusa para las medidas sancionadoras de las autoridades académicas contra la protesta derivan de las denuncias de grupos prosionistas que atacan las movilizaciones y luego se presentan como víctimas para exigir el desmantelamiento de los campamentos reivindicativos por supuesto “antisemitismo y fomento de odio”. El estudiantado ha respondido públicamente desmintiendo las acusaciones falsas e interesadas.

    Una protesta decisiva protagonizada por la juventud de los EEUU que exige al gobierno el fin del comercio de armas con Israel y la exigencia de alto el fuego a la que se han ido incorporando en estos días nuevos centros universitarios, a pesar de que las fuerzas policiales han detenido  en torno al millar de personas, la mayoría estudiantes y a las amenazas infligidas desde las propias universidades al estudiantado.

    Las protestas y los campamentos solidarios han tomado por asalto las universidades a lo largo de los EEUU, recuerda aquellas protestas contra la intervención norteamericana en Vietnam y que tuvieron un gran papel en la derrota yanqui en Vietnam, contribuyendo a  la victoria del Vietcong y a la retirada de las tropas de los EEUU del referido país del sudeste asiático tras 20 años de intervención. La guerra de Vietnam (1955-75) fue una de las más sangrientas de la historia reciente, con más de 2´5 millones de muertos. Pero, sobre todo, se recuerda como la mayor derrota de Estados Unidos en un conflicto bélico. Esa sombra sobrevuela las protestas estudiantiles.

    Esto no es casualidad. La movilización actual en la universidad estadounidense de Columbia se hace eco de otra ocupación estudiantil que tuvo lugar en 1968 y que es ampliamente conocida allí. En medio de demandas antirracistas, de la lucha por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam, la movilización estudiantil de 1968 y la represión encendieron el movimiento en las universidades de Estados Unidos.

    En la propia Universidad de Columbia se produjo en 1968, la ocupación que extendió la chispa de la rebeldía a los campus estadounidenses.  En Columbia, fueron estas condiciones nacionales, combinadas con una movilización contra las políticas racistas de la universidad, las que llevaron a 1.000 estudiantes a ocupar cinco edificios universitarios. La ocupación de Columbia marcó el comienzo de las revueltas estudiantiles contra la guerra de Vietnam, que culminaron en una huelga estudiantil en 900 campus universitarios y de secundaria en 1970.

    La historia de los movimientos civiles, de larga tradición en ese país vuelven sobre sus pasos. Desde el comienzo de los actuales campamentos en los campus, los estudiantes han reclamado la herencia de Columbia en 1968 pero también contra el apartheid en Sudáfrica y el apoyo del gobierno yanqui, algunos años después.. En ese momento, una movilización de una semana paralizó el campus y se convirtió en el detonante del movimiento contra la guerra en las universidades de todo el país.

    Este movimiento muestra por un lado la incorporación de amplios sectores de la juventud a la solidaridad con Palestina y de otra parte un nuevo hito en la protesta en un país en el que su gobierno está implicado a fondo desde hace muchas décadas en el apoyo al régimen racista y colonial del estado sionista , al que sostiene económica y militarmente.

    Que este hecho esté levantando simpatías dentro y fuera de los EEUU podría ser un gran acicate a la movilización internacional en estos momentos. La protesta no solo se da en los EEUU, ha saltado a Canadá, a Europa o Australia, y amenaza con extenderse.

    Esta situación también ha movilizado a otros sectores, incluidos varios sindicatos estadounidenses que representan a decenas de miles de trabajadores, exigiendo que la universidad responda favorablemente a las demandas de los estudiantes y dé marcha atrás a las suspensiones de activistas. Por ejemplo el Sindicato de la Universidad de Columbia lanza campaña contra persecución a activistas solidarios con Palestina. Ello ha llevado al profesorado que ya participaba, a implicarse más de lleno.  Los ataques a la protesta han llevado a miembros del profesorado de universidades de California, Georgia o Texas a iniciar o aprobar votaciones de desconfianza en sus dirigentes. Se trata en gran medida de reproches simbólicos, aunque sin poder para destituir a sus presidentes.

    Este movimiento estudiantil si empata con el movimiento obrero y sindical en los EEUU puede contribuir a generar un gran problema a la política norteamericana de apoyo incondicional al genocidio en Gaza. La extensión y consolidación de esta protesta a nivel internacional puede darle al movimiento de solidaridad una gran fuerza. La convocatoria del próximo 18 de mayo a escala europea es un paso en esa línea. La incorporación de las universidades del Estado español y de Europa a esta oleada de protestas sería muy necesaria. Junto a ella la participación del movimiento obrero y sindical es también fundamental.

    Artículos relacionados


  • Palestina: hacia un segundo estallido

    Palestina: hacia un segundo estallido

    estudiantes-acampada-pro-palestina-madrid_98

    todos los artículos

    Antoine Larrache

    Miembro de la dirección de la IV Internacional y militante del NPA

    Traducción: Carlos Rojas
    Fuente: 
    inprecor.fr

    Especiales temáticos: Título del Especial

    08/05/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    En Alemania, la prohibición de una conferencia y la anulación de la participación de Nancy Fraser en una universidad son la punta de una inmensa presión política contra la solidaridad con Palestina, acusada de antisemitismo. En Francia, prosigue la procesión de activistas convocados por la policía acusados de apología del terrorismo y se desarrolla la represión en las universidades, a imagen de lo que ocurre en Estados Unidos. Allí, en Los Ángeles, Nueva York, Austin, Boston, Chicago y Atlanta, las protestas cobran fuerza: se instalan tiendas de campaña, se celebran manifestaciones y la gente alza la voz. La represión fue intensa, con un centenar de detenidos en Boston el miércoles 24 de abril, y se siguió intentando confundir antisionismo y antisemitismo.

    Semejante represión de movimientos relativamente pequeños solo puede significar una cosa: el deseo de silenciar cualquier solidaridad visible con el pueblo palestino. Y sin embargo, coincidencia o no, hay numerosos indicios de que un ataque israelí contra Rafah es inminente. De hecho, parece que Netanyahu ha negociado un compromiso con Estados Unidos que implicaría no lanzar un ataque importante contra Líbano o Irán en un futuro inmediato, a cambio de luz verde para atacar Rafah. Rafah, una pequeña ciudad de 150.000 habitantes, alberga a 1,5 millones de personas que huyen de la guerra y de la destrucción de sus hogares, y que luchan a diario contra las máquinas de matar, las enfermedades y el hambre de Israel. Porque Israel, no contento con masacrar y destruir, sigue impidiendo que la ayuda humanitaria llegue a la Franja de Gaza, continuando así su labor genocida.

    Las masacres de Gaza y Rafah son la culminación del proyecto sionista dirigido por la extrema derecha en el poder en Israel: el objetivo es acabar con cualquier presencia palestina en esta región, a la espera de atacar más directamente, o incluso más, Cisjordania. Los ataques a palestinos por parte de colonos y del ejército israelí de ocupación no han dejado de aumentar desde el 7 de octubre. Es más, desde principios de año, casi 1.100 hectáreas de tierra han sido declaradas tierra de do-maniales, estatus que da al gobierno israelí el control sobre ellas – el doble que en todo 1999, año récord hasta entonces. La lógica de la guerra y del genocidio tiene su propia dinámica: negociar nuevas financiaciones militares con Estados Unidos, comprarles armas a ellos o a Francia, reprimir a las poblaciones, atacar una región, todo ello lleva a actuar cada vez más, y no es descartable que, después de atacar Rafah, Israel ataque también a Hezbollah en Líbano y a Irán, en una huida hacia delante que refleja también el estado del mundo. De Ucrania a Filipinas, de Palestina a Taiwán, el mundo está cada vez más militarizado (los presupuestos militares aumentarán un 6,8% en 2023, alcanzando los 2,4 billones de dólares), las zonas de influencia se disputan cada vez más en este mundo en profunda crisis, y los nacionalismos y la extrema derecha se fortalecen.

    Por tanto, es urgente que la solidaridad internacional se exprese de forma militante. En las universidades de todo el mundo, en las empresas, en las elecciones europeas, se aprovecharán todas las oportunidades para hacer frente a la masacre en curso.

    Necesitamos urgentemente insuflar nueva vida a nuestra movilización para reconstruir movilizaciones masivas capaces de asustar a nuestros dirigentes. Boicotear productos y empresas colaboradoras, manifestarse, construir colectivos de base, organizar encuentros de formación y movilización son nuestras tareas básicas. También necesitamos mantener debates estratégicos sobre la construcción del movimiento: tenemos que combinar, por un lado, una comprensión detallada de lo que está en juego en la situación, el papel del imperialismo, la naturaleza del sionismo y la necesidad de una revolución regional para rechazar a Israel, pero también de los gobiernos árabes que son cómplices de la colonización y de las masacres y que no dudan en reprimir a sus propias poblaciones, con, por otra parte, un movimiento amplio y muy unido para detener las masacres y la represión, capaz por tanto de comprometerse con fuerzas con las que podemos tener desacuerdos importantes.

    Construir una gran contraofensiva internacional, movilizar a los barrios obreros, reconstruir la conciencia de clase e internacionalista, enfrentarse al racismo y al fascismo, luchar contra los imperialistas y frenar el crecimiento del militarismo: estos son los retos de la situación.

    Artículos relacionados