Autor: Germán Besnasconi

  • Rusia como isla: teoría de la civilización en la educación superior

    Rusia como isla: teoría de la civilización en la educación superior

    Lenin

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    Daniel Nedolyan

     

    Traducción: Punto de Vista Internacional
    Fuente: 
    posle.media

    Teoría: Historia

    11/01/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    ¿Cuál es el papel del concepto de “civilización” en el nuevo libro de texto de historia titulado Fundamentos del Estado ruso para instituciones de educación superior? ¿En qué se diferencia la “ideología ultraliberal occidental” de la tradición rusa? ¿Qué más se le ocurrió a Lenin (aparte del hecho de que había fundado Ucrania)? El filósofo y comentarista político Daniel Nedolyan comparte una visión general del nuevo libro de texto.

    “Nuestro país, Rusia, se remonta a más de mil años. Este inmenso período sobrepasa en gran medida la extensión de la vida humana individual. Generaciones de nuestros antepasados ​​han logrado construir una civilización única e incomparable: una sociedad marcada por grandes logros y los logros del genio humano”.

    Estas son las primeras líneas del libro de texto Fundamentos del Estado ruso. Es posible que muchos estudiantes hayan cerrado el libro de texto allí mismo, al principio. Es difícil culparlos porque parece más un extracto de otro discurso de Putin que un pasaje de un libro de texto académico. Sin embargo, creemos que merece atención porque puede ayudar a comprender las herramientas empleadas por la ideología rusa y por qué sigue siendo atractiva para algunas personas.

    Los medios que cubrieron la publicación del libro de texto destacaron principalmente los clichés propagandísticos más crudos que aparecieron en sus páginas, como avivando el pánico moral antiinmigrante con fotografías de musulmanes rezando o denunciando el veganismo como un culto a la muerte. Sin embargo, el libro de texto incluye una idea recurrente en todos los temas y capítulos y ya está presente en las líneas introductorias: la de una civilización rusa distinta. Este artículo intentará explicar cómo los autores del libro de texto de RANEPA (Academia Presidencial Rusa de Economía Nacional y Administración Pública) emplean la noción de “civilización” y las contradicciones que este concepto oculta intencionalmente. Veámoslo más de cerca juntos.

    Civilizaciones y naciones

    La teoría de la civilización supone que existen varias civilizaciones locales en el mundo caracterizadas por la cohesión interna y el destino separado de las demás. Esta teoría se opone a la idea de una civilización humana singular. En sus orígenes, la teoría de las civilizaciones se remonta a Nikolay Danilevsky, el filósofo conservador ruso, quien las llamó “tipos histórico-culturales”. Danilevsky contrastó a Rusia con Occidente, defendió su discrepancia fundamental y afirmó una misión mesiánica especial para la civilización rusa. Los autores del libro de texto generalmente siguen la línea de pensamiento de Danilevsky: inicialmente relatan sus ideas, luego pasan a su propia descripción de la civilización rusa, divergiendo de la fuente original. Critican de manera bastante superficial las teorías del desarrollo civilizacional lineal, dentro de las cuales incluyen el liberalismo y el marxismo, sin hacer distinciones significativas; luego se centran en describir la teoría de la civilización, específicamente con respecto a la civilización rusa.

    La teoría de la civilización también ha encontrado desarrollo en Occidente. Los autores más renombrados que lo han elaborado incluyen a Oswald Spengler, Arnold Toynbee y Samuel Huntington. Los autores que han utilizado este concepto teorizan diferentes números de civilizaciones locales que han existido o continúan existiendo, y emplean diferentes criterios mediante los cuales se definen las civilizaciones. Esto nos lleva a uno de los principales problemas de la teoría de la civilización: es imposible definir claramente qué es una “civilización”. La famosa frase ideológica podría resultar útil aquí: “Oriente es Oriente y Occidente es Occidente…” Es cierto que los autores del libro de texto parecen tener un interés limitado en la definición de civilización, y menos aún en civilizaciones distintas de la rusa.

    Al intentar definir la civilización rusa, los autores llegan a una contradicción que ilustra vívidamente un problema dentro de la ideología rusa: el enfoque de las cuestiones étnicas. Por un lado, enfatizan consistentemente la multietnicidad de Rusia como una característica de civilización e incluso como una ventaja. Por otro lado, subrayan continuamente el papel dominante del pueblo ruso y a veces llegan incluso a afirmar que no hay diferencia entre los términos “etnicidad rusa” y “ciudadanía rusa”.

    Al narrar la historia de Rusia, las conquistas se describen constantemente con términos como “adhesión” y “acumulación de tierras”. Sin embargo, en algún momento reconocen la realidad admitiendo que Rusia no siempre acumuló tierras de forma pacífica. Se enumeran brevemente los casos de resistencia contra el imperialismo ruso: las guerras ruso-cheremis, los conflictos con los chukchi, los levantamientos de los bashkires y los kazajos, los levantamientos en Polonia, la conquista de Asia central, la guerra del Cáucaso. Sin embargo, los autores se apresuran a justificarlo afirmando lo siguiente: “Sin embargo, unirse a Rusia a menudo trajo la salvación. Por ejemplo, Rusia salvó efectivamente al pueblo georgiano de desaparecer”. En el cuadro pintado en el libro de texto, el papel de los pueblos que no hablan ruso es el de ser inferiores leales y agradecidos.

    La idea de la civilización rusa sirve como encubrimiento de las políticas imperiales. El pueblo ruso, siendo el agente dominante dentro de su propia civilización, tiene derecho a integrar a otros pueblos en el país, a enriquecer a Rusia con sus contribuciones multiculturales y multiconfesionales, enfatizando el carácter distintivo de la civilización rusa. El hecho de que los pueblos conquistados representen diferentes culturas, hablen diferentes idiomas y crean en uno o varios dioses diferentes no es visto como un obstáculo por los autores. Consideran la ortodoxia y la lengua rusa como pilares de la civilización rusa. Presumiblemente, los autores creen que no todas las culturas forman civilizaciones, sino solo algunas, incluida la rusa. Sin embargo, la diferencia entre las culturas que crean civilizaciones y las que no lo hacen se asume por defecto en lugar de pronunciarse explícitamente.

    Los pueblos conquistados son considerados no agentes, fuerzas pasivas. La naturaleza multinacional y multiconfesional de la civilización rusa, de la que se alienta a la gente a estar orgullosa, aparece como una mera lista de diferentes nombres que Rusia ha ido recopilando a lo largo de su historia. Según el libro de texto, las únicas personas en la historia que tuvieron algún tipo de agencia fueron los cumanos, que habían estado atacando la antigua Rus y fueron justamente castigados. Cualquier movimiento de liberación nacional de otros pueblos es descartado como conspiración extranjera. Aparentemente, se los considera actividades de otras civilizaciones o alguna fuerza malévola que se infiltró en territorio ruso. El Partido Bolchevique es el principal ejemplo de esa influencia perjudicial.

    La civilización sirve de marco para pueblos especiales facultados para decidir el destino de otros. Los rusos no parecen ser sólo una nación entre muchas que habitan Rusia, como podría inferirse del término “pueblo multinacional”, sino más bien una nación especial, incluso algo más grande que una simple nación. Los autores del libro de texto enfatizan que el pueblo ruso no aprovecha un estatus especial para su propio beneficio. El pueblo ruso es retratado como un pueblo sufrido, que lleva sobre sus hombros todo el peso de la civilización rusa y se sacrifica. La cuestión de si los pueblos conquistados deseaban para sí mismos tal sacrificio, incluso si ocurriera, no interesa a los autores del libro de texto.

    No hubo Revolución de Octubre

    Una idea importante que se promueve en el libro de texto es la unidad de la historia y la tradición rusa milenaria desarrollada durante esta época. Rus, el Principado de Moscú, el Imperio Ruso, la URSS y la Federación Rusa son nombres diferentes para la misma entidad. Es particularmente digno de mención cómo se cubre a este respecto la historia de la URSS y la Revolución de Octubre. En general, la Unión Soviética se considera una parte más de la historia que comparte las mismas características que otras encarnaciones de Rusia. Naturalmente, hay algunas asperezas. En 1917 se produjo una desconexión importante, tras la cual Rusia finalmente se recuperó. En el libro de texto no se explican ni el motivo de la desconexión, ni la esencia de la Revolución de Octubre, ni las ideas de los rebeldes.

    Al mismo tiempo, nos enteramos de que Lenin proclamó una Ucrania independiente por odio al pueblo ruso. Pero esta tesis no es nada nuevo para la ideología rusa. Una cierta novedad reside en el hecho de que, en esta versión de los hechos, Lenin también inventó el gran chovinismo ruso, para cuya lucha supuestamente cometió su villanía. En cuanto a los años siguientes de la URSS, el libro de texto menciona que tenía características tan importantes de la civilización rusa como el estatismo, la cultura de la servidumbre y la idea de justicia. Cabe señalar que en la Unión Soviética la propiedad era de propiedad estatal, lo que, según los autores, tenía sus ventajas y desventajas. En cuanto a la terapia de choque de los años 1990, fue una política desacertada y catastrófica. Afortunadamente, hoy por fin se ha logrado el equilibrio adecuado entre propiedad pública y privada.

    En otras palabras, la historia de la URSS fue un incidente en la historia de Rusia; A pesar de algunos extremos, era esencialmente la misma Rusia. Se han eliminado los extremos y ahora no hay mucho que discutir. La forma en que se evitan en el libro de texto las causas de la Revolución de Octubre y las ideas políticas de los bolcheviques no es tanto un síntoma del enfoque específicamente atribuido a Lenin y el Partido Bolchevique sino más bien la historia de la tradición de protesta en general. Las cuestiones de la tradición parecen ser cruciales para los autores: básicamente, todas las ideas inherentes a la civilización rusa se reducen a una: vivir según la tradición. La tradición se define de manera muy simple: “vivir como habían vivido nuestros antepasados”. Sin embargo, una respuesta tan sencilla crea algunos problemas. Después de todo, no todos los antepasados ​​vivieron de la misma manera: se rebelaron, mataron a los zares y se involucraron en ideologías radicales.

    Los autores reconocen una tradición de soberanía popular en la historia de Rusia además de la tradición de servidumbre. Prestan relativamente poca atención a esta tradición. En su opinión, desempeña un papel de apoyo para aumentar la solidaridad en la sociedad. Se puede observar una tendencia general a lo largo del libro de texto: la civilización rusa siempre ha estado unificada internamente y está en confrontación con otras civilizaciones (principalmente occidentales). La violación de la unidad interna, por tanto, siempre se considera el resultado de una interferencia externa.

    La manera de lograr la unidad dentro de una civilización es a través de la política histórica. En la sección respectiva, los autores revelan sin darse cuenta las tareas que se les asignaron. Escriben que el propósito de la memoria histórica es crear una visión consolidada de los acontecimientos históricos entre los ciudadanos. Esto se logra mediante políticas estatales en cultura y educación, así como mediante la represión. El libro de texto no reflexiona sobre el papel del Estado en estos, pero intenta distinguir las políticas históricas correctas y las incorrectas (principalmente aplicadas por los países occidentales). La política histórica correcta se basa en la memoria nacional, que supuestamente contiene una visión unificada de la historia y los personajes históricos. Por ejemplo, afirman que Iván el Terrible es un personaje positivo en la memoria popular, por lo que la gente se resiste a todos los intentos de “denigrarlo”.

    El libro de texto, que forma parte de la política estatal destinada a unificar las visiones sobre la historia, intenta abordar el problema que surge de su propia definición de política histórica, es decir, la elaboración completa de la narrativa histórica. Se trata de apelar a una memoria nacional unificada como fenómeno objetivamente existente. No hace falta decir que la actitud de cualquier sociedad hacia su historia no puede ser unificada, y Rusia no es una excepción. Los autores intentan engañar al lector con la idea de que negar una política histórica estatal unificada equivale a negar la memoria nacional. O, para decirlo sin rodeos, quienes rechazan la propaganda estatal van contra el pueblo. La lógica de esta medida es justificar una construcción, es decir, la ideología estatal, con otra, la memoria nacional, pero presentándola como algo que existe de forma independiente.

    De hecho, la memoria nacional existe, en el sentido de que las personas que viven en Rusia, naturalmente, tienen opiniones sobre diversos episodios históricos. Pero seguramente no puede haber unidad en este asunto (como se ve incluso en encuestas sociológicas progubernamentales). Tampoco existe tal cosa para los representantes de diferentes ideologías o diferentes nacionalidades. La conquista de Kazán no es vista de la misma manera por los tártaros y los rusos, así como la historia de la Revolución de Octubre no es evaluada de la misma manera por los izquierdistas y los derechistas. La solidaridad nacional y de clase, que los autores intentan hacer pasar como un rasgo de la civilización rusa, es una ilusión.

    Civilización y civilizaciones

    Sin embargo, la teoría de la civilización, a pesar de su débil fundamento y su parcialidad, tiene cierto atractivo. No se trata de lo que la teoría afirma, sino de lo que niega. No es ningún secreto que Putin, al justificar su guerra contra Ucrania, a menudo declara que representa a países insatisfechos con el poder global unipolar de Estados Unidos. La teoría de la civilización es una herramienta conveniente para proporcionar una base ideológica que la distinga de Occidente. Es popular no sólo en Rusia, sino también en la India y, con reservas, incluso en China. Por lo tanto, a sus partidarios no les preocupan demasiado las dificultades obvias para definir las civilizaciones e identificar la unificación interna. La cuestión de si, por ejemplo, la civilización mesoamericana debería considerarse una civilización separada o no, no preocupa mucho ni a los autores del libro de texto ni a la mayoría de los partidarios de esta teoría. Lo que les interesa es distinguirse de Occidente y, más importante aún, del universalismo.

    El libro de texto menciona varios conceptos universalistas, es decir, que hay una civilización y las leyes aplicables a algunas personas deberían ser aplicables a otras, y el mundo, en principio, puede medirse con un estándar común. El truco principal aquí reside en reducir todos los conceptos universalistas a un todo unificado, que luego se equipara con la hegemonía occidental. El libro de texto no es muy convincentemente crítico con el “liberalismo occidental”. Por el contrario, es poco probable que los clichés propagandistas sobre agentes malignos omnipresentes y el aborto como un culto a la muerte convenzan a nadie. Pero todo esto tiene otro propósito: reducir el mundo a una simple dicotomía: universalismo liberal occidental versus “complejidad floreciente” rusa (este último es el término de Konstantin Leontiev, el filósofo conservador ruso y defensor de la teoría de la civilización). Si el lector no está demasiado satisfecho con el sistema político del siglo XXI (puede haber muchas razones para ello), la posición presentada por los autores puede parecer convincente. Incluso sin estar de acuerdo con las opiniones profundamente conservadoras y a veces sombrías de los autores, es fácil entender por qué, en la dicotomía entre hegemonía y diversidad occidentales, esta última puede parecer más atractiva.

    Por lo tanto, no basta con exponer simplemente los arrebatos históricamente analfabetos y políticamente sesgados de los autores; hacerlo sólo defendería el status quo global establecido. El desafío es más profundo: romper el monopolio de la universalidad asociado con el orden liberal capitalista. Al reducir a ello todos los conceptos universalistas, el libro de texto simplemente reproduce la idea de la Fin de la Historia A menudo criticado por la propaganda rusa. La idea de Francis Fukuyama ha sido tan criticada y durante tanto tiempo que probablemente sea difícil encontrar a alguien que se declare abiertamente partidaria de ella. Pero importa de qué lado viene la crítica. Samuel Huntington, cuyo nombre está asociado con el resurgimiento del interés por la teoría de la civilización en los Estados Unidos, escribió su artículo en gran medida como respuesta a Fukuyama. Insistió en que la historia no había terminado; hay diferencias de civilización, por lo tanto, un choque de civilizaciones es inevitable, al igual que el conflicto entre Occidente y la “civilización islámica” específicamente. Esta explicación de las guerras y los conflictos supone que ciertas identidades civilizacionales ahistóricas en el mundo están destinadas a chocar permanentemente.

    Una explicación materialista del conflicto no puede basarse en tal suposición. No hay razones inherentes por las que las personas deban entrar en conflicto: los conflictos son el resultado de condiciones materiales de existencia. La respuesta izquierdista a los conflictos causados ​​por el neoliberalismo no debería ser afirmar que son inevitables, como afirma la teoría de la civilización, sino plantear un conjunto diferente de demandas políticas. Al capitalismo neoliberal global no se le debe oponer un esencialismo oscurantista, sino un universalismo de otro tipo. De todas las sustituciones que hacen los autores del libro de texto, la más peligrosa es negar la posibilidad de cualquier alternativa.

    El movimiento de izquierda, históricamente del lado de los oprimidos, siempre ha abogado no solo por la lucha por las identidades individuales sino por la construcción de un mundo donde ninguna identidad debería estar amenazada. La contradicción que los autores presentan al lector (entre las “tradiciones” locales y la fuerza global del liberalismo) es falsa. Utilizando la identidad civilizatoria, aunque parezca completamente indefinida, los autores imitan la agenda anticolonial, buscando presentar a Rusia como defensora de otras civilizaciones que se oponen al imperio occidental global. La ideología rusa realiza un truco complejo al presentar su propio imperialismo como una lucha contra imperios. Si bien compartimos la idea de luchar contra el imperialismo, este marco no resiste las críticas. La ideología rusa llama a luchar contra un malhechor, pero no logra ver la paja en su ojo. La tarea debería ser luchar contra las malas acciones en sí, de las que la Rusia contemporánea es parte integral.

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  • Ecuador al borde del abismo

    Ecuador al borde del abismo

    Ecuador (2)

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    Movimiento Revolucionarios de las y los Trabajadores

    Ecuador

    Actualidad Internacional: Latitudes. América Latina

    11/01/2024

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    Una inmensa ola de violencia se ha desatado en todo el país: más de diez muertos, hasta el momento; policías secuestrados; 329 detenidos; autos incendiados, tiroteos en centros comerciales, bombas en distintas ciudades, toma del Canal 10 de televisión, asaltos en las carreteras. Las principales cárceles del país permanecen tomadas por los delincuentes que tienen como rehenes a 142 guardias penitenciarios, a empleados y funcionarios. Dos de los principales líderes de los grupos mafiosos escaparon de la prisión. En todo el sistema educativo las clases presenciales han sido suspendidas. Casi todos los locales comerciales cerraron sus puertas. El tráfico en las ciudades caotizado, la gente saliendo de sus trabajos y corriendo a refugiarse en sus casas. Las noticias falsas proliferaron en las redes sociales sin que la comunicación, ni pública ni privada, señalará con claridad qué había sucedido. El Ecuador atraviesa un momento de crisis muy profunda, quizá entre las más graves de su historia.

    Los antecedentes inmediatos de esta situación son: 1.El develamiento de la penetración del narcotráfico y la delincuencia organizada en los organismos del Estado: administración de justicia, Policía, Fuerzas Armadas y partidos políticos. Las investigaciones han puesto en conocimiento y audios y documentos que revelan con claridad la forma de actuar de las mafias organizadas y la manera cómo fueron corrompiendo a funcionarios y a políticos para ponerles al servicio del narcotráfico. 2. Los cambios en las cúpulas de la Policía y de las Fuerzas Armadas, y la decisión de trasladar a jefes mafiosos, de unas cárceles en donde tienen todo el control, a otras en donde no tendrían el mismo poder para operar y para enfrentar a otros grupos delincuenciales. Junto con esto, el anuncio de la extradición, la construcción de cárceles de máxima seguridad, y la decisión del gobierno de retomar el control de las cárceles. 3.El anuncio del gobierno que declaraba que la guerra contra las mafias y que el ejército entraría de lleno en la batalla. De hecho, el eje central de las posibles preguntas para la Consulta Popular está en la participación del ejército en la lucha contra la delincuencia organizada.

    La primera reacción del gobierno fue decretar el Estado de Excepción, que implica el toque de queda y la movilización de la Policía y de las Fuerzas Armadas, y luego el Estado de Guerra Interna contra 22 grupos del crimen organizado, a los que ha calificado como terroristas. De esta manera intenta retomar el control. Pero, no es posible saber el curso que tendrá este enfrentamiento. Las cárceles continúan en manos de la delincuencia organizada, el país no logra volver a funcionar, en varias ciudades el comercio ha abierto parcialmente y las clases siguen en modalidad virtual. El gobierno de Noboa adoptó desde el inicio el discurso no solo del conflicto interno contra una fuerza que rompió el monopolio de la fuerza del Estado, ha subido de tono declarando que estamos en un estado de guerra interna, diríamos, de guerra civil, y habla de que su objetivo es la extinción de los 22 grupos criminales. Pero estos grupos cuentan con decenas de miles de combatientes, están fuertemente armados, controlan las cárceles y barrios en las principales ciudades del país y han construido, por la fuerza y con el dinero, bases sociales de apoyo y mantienen como rehenes a importantes sectores de la población sometidos al terror y a la extorsión.

    Se puede afirmar que las mafias lograron el resultado que esperaban y pusieron contra las cuerdas al Estado y a la población, incluso más allá de la magnitud efectiva de los atentados y acciones delincuenciales. Desde luego, estamos ante una población sin ninguna experiencia en este tipo de agresiones violentas. Nadie sabe qué hacer, nadie sabe cómo reaccionar, nadie sabe qué proponer.

    Los primeros efectos de la situación son negativos para el pueblo ecuatoriano: una oleada de miedo recorre el país, los comercios cierran, el transporte se paraliza, el perjuicio económico es enorme, la desesperanza crece, la gente vuelve su rostro, una vez más, hacia la migración, todo el mundo quiere huir. Asoman los líderes de la ultraderecha tratando de pescar a río revuelto, mientras que las organizaciones sociales están acorraladas e impedidas de actuar y manifestarse contra las políticas neoliberales.

    Ahora, la cuestión fundamental es qué proponer y cómo actuar desde el campo popular y las organizaciones sociales. Estos momentos son los más peligrosos, se fortalece un discurso de ultraderecha, a la Bukele, porque la conciencia de la población puede ser manipulada con facilidad en momentos de tanta zozobra y miedo, en donde no se ve un futuro viable y cunde el pesimismo. De igual manera, también es la oportunidad que aprovechará la derecha para pasar sus leyes más represivas e implementar su proyecto neoliberal contra los trabajadores. La derrota del campo popular puede llegar a ser profunda.

    Frente a esto, es indispensable que las organizaciones sociales, especialmente el FUT y la CONAIE, junto con las organizaciones feministas, ecologistas y barriales, den la cara y propongan salidas populares para la crisis. He aquí algunos elementos que proponemos:Apenas pase el estado de excepción convocar a una gran manifestación por la paz y contra la violencia de la delincuencia organizada, para mostrar que el pueblo ecuatoriano resistirá el embate de la delincuencia y que las ciudades, las calles, las carreteras le pertenecen al pueblo y no a la delincuencia.

    Esta movilización, además, exigirá que el gobierno tome acciones, no solo inmediatas, sino de fondo, que ataquen las causas estructurales del problema que vivimos, porque la intervención militar nunca será suficiente; y que no se permitirá que a pretexto de estos trágicos sucesos se aproveche para lanzar medidas contra los pobres que son los que pagan las consecuencias de la crisis económica y de la inseguridad.

    Exigir la derogatoria inmediata de los decretos que perdonaron las deudas a los empresarios, obligarles a pagar y señalar con claridad que ésta también es una forma de corrupción, en este caso del sector privado. Este dinero de los impuestos no pagados deberá destinarse de manera inmediata a programas sociales orientados sobre todo a los jóvenes de los sectores populares más empobrecidos. Suspender de manera inmediata el pago de la deuda externa, para frenar la crisis económica y tener recursos para enfrentar a la delincuencia organizada y atender las necesidades urgentes de la población, pagar la deuda del estado con el IESS, resolver la crisis energética, pagar las deudas a los municipios y gobiernos provinciales, y para mejorar la calidad de la atención de salud. En el campo popular es indispensable fortalecer las organizaciones comunitarias, campesinas, barriales, de pequeños productores, feministas, ecologistas, de las y los trabajadores del campo y la ciudad, como la mejor manera para resistir la penetración de las mafias de la delincuencia y el narcotráfico. Es urgente elaborar un plan nacional para que estas organizaciones participen de lleno en la resistencia autoorganizada contra la delincuencia. Sin la participación activa de la población nada se resolverá, por eso hay que diseñar estrategias desde abajo. Solo de esta manera le disputaremos nuestros jóvenes a la delincuencia organizada.

    Lanzar una campaña en contra de todas las formas de violencia, que finalmente alimentan la macroviolencia de la delincuencia organizada. Es decir, combatir la violencia de género, la que se genera en las redes que es lugar en donde se incuba el odio y las noticias falsas, rechazar la violencia simbólica que está presente a cada paso en las luchas políticas. En la medida en que las causas de la inseguridad no son solo nacionales sino internacionales, el gobierno deberá solicitar la conformación de una comisión de las Naciones Unidas para la solidaridad y apoyo a nuestro país. De igual manera, se tendrá que constituir una comisión latinoamericana con la misma finalidad.

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  • Argentina: Milei mueve las primeras fichas, ahora le toca a la izquierda y el movimiento social contrarrestar la ofensiva neoliberal

    Argentina: Milei mueve las primeras fichas, ahora le toca a la izquierda y el movimiento social contrarrestar la ofensiva neoliberal

    milei

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    Luis Bonilla-Molina

    Profesor invitado de la Universidad Federal de Sergipe, Brasil. Miembro electo del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y Coordinador del GT CLACSO “Capitalismo digital, políticas educativas y pedagogías críticas” (2023-2025). Miembro del Secretariado del Congreso Mundial contra el Neoliberalismo Educativo (Río de Janeiro, Brasil, octubre 2024). Integrante de la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE), la Fundación Kairos y la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS). Investigador del Centro Internacional de Investigación Otras Voces en Educación (CII-OVE). Investigador asociado al eje “trabajo docente” de la CRES+5 a realizarse en Brasilia, Brasil, abril 2024.

    Fuente:  https://luisbonillamolina.com/

    Actualidad Internacional: Opinion

    19/12/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    1Un triunfo que no salió de la chistera del mago
    En enero de 2023, por razones familiares visité Buenos Aires y aproveché de conversar con veinticinco cuadros y analistas políticos del peronismo, el partido comunista y los trotskismos, tanto del FIT como fuera de él; posteriormente amplié mi consulta vía telefónica a 52 voces destacadas. Mi sorpresa fue que todes coincidían en señalar la imposibilidad que ganara Milei por la carencia de una estructura partidaria nacional que le acompañara, su discurso contra la agenda social y lo veían como algo folklórico.
    La lectura que hacíamos “desde afuera” mostraba otra cosa, pero cuando intentábamos argumentar, siempre nos decían que no éramos argentinos y no entendíamos la dinámica cultural electoral del país. No nos quedaba otra que creer en las voces plurales que desde distintos lugares de enunciación ideológica anunciaban la derrota del llamado anarco capitalismo, pero continuamos haciendo seguimiento a la evolución.
    A finales de julio y comienzos de agosto retomamos la consulta a los mismos cuadros y analistas políticos y el mejor resultado proyectado por ellos ubicaba a Milei entre 10 y 15% de intención el voto. Vinieron las elecciones de la PASO el 13 de agosto y contra todos los pronósticos ocurrió la primera sorpresa, Milei obtuvo el 29,86 de los votos superando a Juntos por el Cambio (Patricia Bullrich) con 28% y Unidos por la Patria (Sergio Massa) con 27,28. La izquierda radical trotskista liderada por Myriam Bregman (Frente de Izquierda y de los Trabajadores – Unidad – FIT-U /PTS) obtuvo 2,61% del voto, mientras Juan Schiaretti de Hacemos por Nuestro País alcanzó 3,71 de las preferencias. Volvimos a consultar a las 52 personas y todas sostenían que el resultado no se sostendría en la primera vuelta; solo les integrantes el FIT-U consultados comenzaban a ver a Milei como un problema, pero terminaban apostando a que las maquinarias partidarias lo molerían. Los peronistas y comunistas, aliados al peronismo, veían en Milei el efecto espuma de cerveza que se iba a desvanecer cuando se intensificara la campaña.
    Vino la elección del 22 de octubre y un día antes volvimos a hacer la consulta. Solo dos (2) de los consultados pensaba que Milei quedaría de segundo, uno que perdería en la segunda vuelta y el otro que existía posibilidad que fuera gobierno, mientras 50 pensaban que no alcanzaría los votos necesarios para pasar a la segunda vuelta. Los resultados fueron sorpresa para la mayoría.
    Más allá de muchos pronósticos Milei quedó de segundo. Días después de la elección de octubre y antes de la segunda vuelta en noviembre, volvimos a conversar con los analistas y militantes con quienes habíamos iniciado las consultas, 31 quienes se movían entre una victoria del oficialismo a partir de recomponer alianzas, mientras 19 opinaban que las elecciones eran de “pronóstico reservado” o “resultado muy peleado por unos o dos puntos para cualquiera de los dos” y, solo 2 veían ganador a Milei, pero por muy pocos puntos. Un caso extremo fue el de Atilio Borón, quien apostó su biblioteca, obra producida y títulos académicos a que Milei perdía y por amplio margen. Pero, contra estos pronósticos gano Milei y por amplio margen, superior a los 10 puntos.
    Lo que quiero destacar son las dificultades que tienen muchos cuadros de las izquierdas para comprender la dinámica electoral actual, por varios factores. Primero, analizan las posibilidades electorales en términos clásicos, es decir desde la lógica de aparato partidario, sin valorar adecuadamente el impacto de la meta política, de la política digital en la construcción de liderazgos basados en el análisis de metadatos centrados en perfiles individuales y grupales. Segundo, sub valoraron el hartazgo social contra los modelos de políticas neoliberales encubiertas con narrativas progresistas y sobrevaloraron el temor a la llegada de la derecha, cuando en momentos de desespero social cualquier salida a una situación que parece irremediable es válida más allá de las premisas ideológicas. Tercero, existe la tendencia a analizar los “casos Milei” como coyunturas nacionales y hace falta un debate más amplio y profundo para entender que estamos ante un cambio estructural en la dominación capitalista, en la cual la democracia liberal burguesa pareciera comenzar a ser sustituida por modelos de síntesis autoritarias con elección. Cuarto, se privilegian las emociones sobre el análisis frío y racional que debe privar en la política.
    Esto cobra especial relevancia en la forma de abordar la oposición y las resistencias organizadas contra el gobierno ultra neoliberal de Milei. Comienzan a escucharse vaticinios sobre la duración del gobierno de Milei que son más una recopilación de emociones que de análisis fundamentados y que pueden trasladar la derrota electoral en una derrota en el campo de la lucha social, de la lucha de clases.

    2. Los problemas de recambio en el peronismo
    El Peronismo es un partido policlasista que contiene corrientes a lo interno, con una importante inserción en la clase trabajadora y sectores populares; muchos de sus militantes y cuadros medios se auto definen como izquierda peronista, algunos de cuyas figuras más visibles las podemos reconocer en la gestión gubernamental de la Provincia de Buenos Aires. Si bien su dirección política más reciente se ha inscrito en la ola progresista y construido un programa de conciliación de clases que llegó a su extremo con el gobierno de Fernández-Massa, que pagó la deuda externa heredada, aplicó el programa de ajuste estructural del FMI y terminó con una inflación de tres dígitos, también es cierto que en circunstancias adversas como las actuales el Peronismo cierra filas y reordena sus fuerzas.
    El peronismo construyó por décadas un andamiaje de articulación clientelar y orgánica con una franja importante del movimiento social que le permite contar con un tejido social en todo el territorio. El sentimiento nacional popular peronista se ha convertido en la ideología hegemónica en amplios sectores de la clase trabajadora y los explotados, haciendo del Peronismo una fuerza política difícil de demoler y con la mayor capacidad de reacción de masas a una reestructuración integral del Estado argentino que se pretende poner en marcha.
    Pero el Peronismo es también un enorme saco de gatos, con tendencias a lo interno que han sido gobernadas en los últimos tiempos por la fracción mayor, el kirchnerismo, con un estilo peculiar de liderazgo que puede ser considerada una mutación parcial del movimiento peronista o una evolución (o involución) hacia un modelo absolutamente socialdemócrata caribeño.
    La reconfiguración del Peronismo para volver a su lugar de enunciación obrero popular o la cristalización del modelo kirchnerista de pactos super estructurales, serán determinantes para la construcción de las correlaciones de fuerzas en las primeras semanas y meses de la oposición popular al gobierno de Milei.

    3. La mejor campaña comunicacional versus la economía del voto
    Visto desde afuera, las mejores campañas electorales las realizaron los Equipo de Milei y en la acera del frente el FIT-U; el trabajo realizado por la candidata Myriam Bregman, en términos de denuncia y colocar planteamientos alternativos, fue sin duda la mejor, desde la perspectiva del mundo del trabajo. Las otras candidaturas eran más de lo mismo, un apostar por mantener el status quo en una situación en la cual el común de la población quería no solo un cambio, sino un cambio radical.
    Sin embargo, ante el inminente crecimiento de la candidatura de Milei, quienes no estaban con el Peronismo, pero tampoco querían a Milei, decidieron con criterios de economía del voto, otorgárselo a quien más tenía posibilidades electorales de derrotarlo. Por ello, es innegable que el impacto de la campaña del FIT-U va mucho más allá de lo que se expresó en términos de votos, lo cual abre la posibilidad de un crecimiento de la izquierda en el corto plazo, siempre y cuando supere el sectarismo y la idea auto proclamadora de vanguardia.
    No obstante, el FIT-U encaró de manera diversa la segunda vuelta electoral, lo cual tiene el riesgo de desdibujar su referencia como polo alternativo. Una estrategia unificada, a favor del voto útil a Massa, le habría canjeado simpatías en un universo más amplio, algo necesario para la pelea por venir, e incluso una posición unificada llamando a no votar apostando al colapso del peronismo y el crecimiento del Frente les habría mantenido una identidad más nítida. Además, la negación del voto a Massa en segunda vuelta, pareciera expresar la subestimación sobre el peligro estructural de la llegada de la ultraderecha al gobierno de Argentina.
    Esta misma situación se prolonga con el llamado del Polo Obrero a la movilización del 20 de diciembre, que pudo ser construida de manera más amplia. En defensa del llamado a movilizarse el 20 de diciembre diríamos que el PO se convierte en el factor que toma la iniciativa para enfrentar en las calles al gobierno de Milei, en contra, está el riesgo de que esta movilización sea usada para demostrar el poder del Estado y “espantar” por un breve tiempo la protesta social. Tendremos que seguir en detalle la evolución de esta iniciativa, en tres aspectos: a) estrategia mediática, b) capacidad de aglutinar por abajo las resistencias, c) inteligencia para superar las provocaciones y medidas represivas el gobierno.

    4. Primera semana del gobierno de Milei: apertura de arfiles y caballos
    Quien subestime a Milei está comento un grave error político. Más allá de su estrambótica puesta en escena, es una operación del gran capital para poner en marcha una reestructuración del Estado argentino, al estilo de Pinochet y la Thatcher, sin precedentes en el siglo XX. Las primeras medidas muestran que es un plan super elaborado.
    Primero, aprovecharán los tres primeros meses de gobierno para intentar pasar los más duro del ajuste y la reestructuración, aprovechando la ola de simpatías y antes de que comience el desencanto.
    Segundo, el objetivo político pareciera ser demoler al peronismo y contener a la izquierda, especialmente a las izquierdas trotskistas, para construir una hegemonía de derechas que hasta ahora la burguesía argentina no había alcanzado. Por un lado, comienza a desmontar públicamente privilegios del sector dominante del peronismo, haciéndolos públicos, para entrar seguramente a posterior en una judicialización de cuadros medios y liderazgo social peronista. El peronismo apuesta a generar una negociación en la super estructura, a ser una oposición necesaria en el parlamento. algo que necesariamente pasará por ofrecer contención, pero pareciera que la táctica de los ¨libertarios” es demoler o debilitar al máximo al Peronismo en esta fase. Por otro lado, todo indica que el gobierno de Milei procura evitar que la izquierda cree un frente amplio de resistencia, más allá de sus fronteras y propiciar que se concentre en la táctica de crecimiento de la vanguardia, para estigmatizarlos como conflictivos y contrarios a los intereses de las mayorías; el acumulado de experiencias de las izquierdas, especialmente las trotskistas que son mayoritarias en Argentina, deben ser usado a fondo para evitar estos escenarios.
    Tercero, Milei ha cumplido con su oferta electoral de comenzar a reducir el tamaño del Estado, intentando consolidar credibilidad y confianza para lo que hace en el terreno económico. El programa de ajuste económico (devaluación de la moneda, cargas impositivas, reconducción de presupuesto de la nación, plan de impuestos, entre otros) está siendo vendido hasta ahora de manera comunicacionalmente eficaz como un “purgante necesario” para que todos puedan mejorar su situación de vida. La eliminación del impuesto al salario, una aspiración histórica de las izquierdas y la clase trabajadora, pretende mostrarlo como un líder no solo preocupado por los más ricos, sino también intentando tomar elementos del policlasismo peronista.
    Cuarto, las denuncias sobre la pauta gubernamental y cómo desde el gobierno se imponía una “verdad mediática”, amenazando con publicar los nombres de los periodistas que cobraban por órdenes de la Casa Rosada, es una estrategia de contención y realineamiento con la gran prensa burguesa.
    Quinto, en horas logró revertir, mediante acuerdos y pactos con los sectores más conservadores de la casta, la situación del Senado, cámara imprescindible para alcanzar gobernabilidad. Esta “victoria” consolida su imagen de líder eficaz y es un mensaje para las Fuerzas Armadas y policiales, fundamentales en los meses que vendrán.
    Sexto, se afianza el equilibrio sensato de imagen entre su alocado estilo y la soberbia estudiada de la Villarruel, mientras Patricia Bullrich hace lo propio, alistando las fuerzas represivas, pero ahora como parte de un programa estructural de reingeniería del Estado argentino.
    Milei, durante los primeros ocho días de gobierno ha mostrado que tiene un plan bien elaborado para aplicar su neoliberalismo radical, por ello, subestimarlo, pensar en el espontaneísmo de una revuelta popular que lo derrote, o en su desmoronamiento como gobierno incapaz para las burguesías es un error. Se requiere una oposición de clase muy bien pensada, organizada y ejecutada para frenar el mega ajuste estructural.

    5. Recomponer el campo amplio de la izquierda para producir una nueva etapa de la lucha de clases
    El mayor desafío que tiene la izquierda argentina es romper con el sectarismo. Enfrentar de manera eficaz a Milei debería pasar por varios procesos simultáneos, convergentes y rápidos. El primero, unificar a todas las izquierdas en una alianza que permita encontrar y dialogar todas las experiencias y aprender de todos; no se trata de romanticismo sino de imperativo de la lucha. Segundo, construir un Frente Amplio de luchas más allá de la izquierda política, que permita sumar todas las diversidades de formas de organización de la clase trabajadora. Tercero, construir mecanismos democráticos, por abajo, para la coordinación de acciones lo cual implica superar las auto referencias vanguardistas, para pasar a una nueva etapa en la cual las organizaciones partidarias sean correaje de articulaciones de luchas sociales. Cuarto, construir una importante alianza amplia, de fuerzas internacionales sociales y de articulación política, que compartan la necesidad de enfrentar a la ultra derecha y el fascismo a escala global. O inventamos o erramos

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    ¿Es Milei una amenaza fascista?

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    Martin Mosquera

    Animador de Jacobin América Latina y militante de Poder Popular de Argentina

    Fuente: jacobinlat.com

    Actualidad Internacional: Opinion

    18/11/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    La mayoría de la izquierda socialista optó por la abstención para el segundo turno electoral de este domingo en Argentina, con el argumento de que Javier Milei no es expresión de un movimiento fascista. Pero esa no es razón suficiente para eludir la tarea de enfrentar a la ultraderecha.

    Argentina está viviendo días de una tensión política extrema. No hay lugar de trabajo, familia o grupo de amigos donde no haya debate y preocupación. La angustia y la ansiedad se perciben en la atmósfera callejera. Mientras tanto, la izquierda marxista está atravesada por una polémica que oculta su propia «crisis de representación»: el votante de izquierda está en shock porque la mayoría de los partidos trotskistas, agrupados en el Frente de Izquierda – Unidad (FITU), decidió ser neutral en el segundo turno que podría llevar a la extrema derecha a la cabeza de las instituciones del Estado.

    La gente de a pie, en cambio, parece comprender bien lo que está en juego. Y se puso en acción para intentar evitar la catastrofe. Ya en el primer turno del 22 de octubre vimos una reacción defensiva de la clase trabajadora, que tuvo su expresión en la recuperación del peronismo y el estancamiento de Milei. Ahora se puso en movimiento una reacción militante de la sociedad civil: personas subiendo al transporte público para explicar el peligro que representa Milei, carteles escritos a mano pegados por las paredes, mesas improvisadas en las calles, pequeñas concentraciones y manifestaciones en diferentes barrios.

    Asistimos desde hace unos días a un intenso movimiento de masas, mayoritariamente espontáneo y micropolítico. Una campaña electoral popular improvisada. Sin embargo, la mayoría de la izquierda marxista se mantiene ajena a esta movilización, y se expresa equidistante en el gran combate político en curso. El centro del argumento del FITU es que Milei no es un fascista. Analicemos la cuestión.

    La extrema derecha y el fascismo: una problemática global

    El debate sobre el fascismo volvió a colocarse en el centro de las polémicas internacionales como consecuencia del crecimiento de la extrema derecha en todo el mundo. El caso de Milei en la Argentina no fue la excepción.

    Sin embargo, la discusión en torno al fascismo por momentos parece entorpecer el análisis de la extrema derecha contemporánea. Es facil observar, por un lado, una inflación indiscriminada en el uso del término. Parece haber cierta pereza intelectual entre quienes no pueden ver en la extrema derecha actual más que la simple repetición de un fenómeno político que debe demasiado a peculiaridades excepcionales de la entreguerra: la descomposición del monopolio estatal de la violencia, la brutalización de las sociedades como consecuencia de la guerra, la depresión económica, la crisis de la democracia liberal, la amenaza revolucionaria proveniente de la clase trabajadora.

    Muchos aspectos del fascismo clásico no se repiten en ningún movimiento actual: Estados totalitarios-corporativos, partidos de masas como el NSDAP alemán, grupos paramilitares como las camisas negras italianas o las SA alemanas. Estas diferencias son evidentes, y ningún analista serio propone una transposición mecánica de este tipo. De allí los nuevos términos que intentan captar similitudes y diferencias con la entreguerras: neofascismo, posfacismo, derecha radical, etc.

    Sin embargo, hay un error opuesto que consiste en remitir a las diferencias con el fascismo de entreguerras para rechazar cualquier comparación y cualquier vigencia de este fenómeno político. Este error simétrico comparte con la posición anterior la idea subyacente de que el análisis del fascismo clásico solo tiene utilidad en caso de una simple repetición. En mi opinión, siendo que el período de entreguerras proporcionó un precedente único de movimientos de masas reaccionarios que actuaron tanto dentro como fuera de las instituciones constitucionales, y dado que contamos con una gran cantidad de estudios teóricos y lecciones estratégicas sobre este tema, «lo perezoso», como escribió Ugo Palheta, «es privarse de este estudio comparativo».

    Pero más importante aun es ver este asunto desde el punto de vista de su consecuencia práctica y estratégica: si nos atenemos al fascismo de los años 1930 como parámetro para medir una amenaza a los derechos democráticos, estamos poniendo el listón demasiado alto y, por lo tanto, desarmando a la izquierda para enfrentar las amenazas reales y actuales a las libertades democráticas.

    ¿Qué fue el fascismo?

    El fascismo clásico consistió en un tipo particular de reacción autoritaria. En un texto anterior afirmamos que «se diferencia de otros movimientos reaccionarios o autoritarios en que se inviste del ropaje de la rebelión (contra los políticos, las finanzas, las elites, etc.), y esto le permite capitalizar frustraciones sociales de distinto tipo (con la economía, con las normas culturales represivas)». El fascismo tenía la capacidad de reunir una política reaccionaria con un movimiento de masas. Dio lugar, de esta forma, a una «contrarrevolución desde abajo» que consistió en último término en impulsar un choque físico entre un sector y otro de la población, en momentos donde la autoridad y la capacidad represiva del Estado estaban notablemente debilitadas. El fascismo —afirmó Hannah Arendt— fue «la alianza temporal de la turba y la élite».

    Esta diferencia con otros movimientos autoritarios fue percibida por los más lúcidos analistas marxistas contemporáneos al fascismo histórico. Togliatti lo definió como un «régimen reaccionario de masas» al observar la gran movilización de masas que acompaña su ascenso y que asume la forma de una «rebelión plebeya» contra las «élites». Trotsky escribió que «en la época de la decadencia de la sociedad burguesa, la burguesía necesita […] una forma “plebeya” de resolver sus problemas».

    De hecho, el fascismo se consideraba a sí mismo como una «revolución contra la revolución»: una «movilización total de la sociedad», sobre todo de la pequeña burguesía empobrecida por la crisis económica, para evitar la movilización revolucionaria de la clase obrera. Por estas peculiaridades, el fascismo se diferencia de otros movimientos autoritarios, como las dictaduras militares.

    Una segunda característica muy distintiva del fascismo, y que ha sido crecientemente objeto de estudio durante las últimas décadas, es la enorme autonomía política y estatal que fue capaz de desplegar. La teoría que consideraba al fascismo como un instrumento del gran capital contra la revolución obrera, que fue la doctrina oficial de la Internacional Comunista estalinizada, ha sido objeto de rechazo por casi toda la literatura académica posterior. Pero podríamos decir que también fue parcialmente rechazada por los escritos de los marxistas más lúcidos de entreguerras, que ya identificaban a la autonomía política como un factor central: Guerin, Trotsky, Gramsci, Togliatti, Bauer, Tasca, Rosenberg. Decía Trotsky:

    La burguesía decadente es incapaz de mantenerse en el poder con los métodos y medios creados por ella misma (el Estado parlamentario) (…) Pero a la burguesía establecida no le gusta tampoco la forma fascista de resolver sus problemas, pues los choques y disturbios, aunque en interés de la sociedad burguesa, también implican riesgos para ella. Este es el origen del antagonismo entre el fascismo y los partidos tradicionales de la burguesía.

    No obstante, a pesar de las agudeza de los análisis e intuiciones, ninguno logró eludir por completo la concepción instrumental. Esto es consecuencia, en última instancia, de que la concepción instrumental del Estado fue largamente hegemónica en el marxismo. Recién en los años 1970 hubo un debate teórico que hizo avanzar significativamente la teoría marxista del Estado y permitió romper con las rudimentarias concepciones instrumentalistas. Uno de los objetos de estudio predilecto para probar la autonomía del Estado capitalista fue precisamente el fascismo.

    Nicos Poulantzas, uno de los protagonistas de esta renovación de la teoría del Estado, se dedico en su obra Fascismo y dictadura a examinar la postura de la III Internacional frente al fascismo. En este análisis, cuestionó tanto la perspectiva instrumentalista y economicista como la política ultraizquierdista que se derivaba de dicha concepción. Es decir, la política denominada «tercer periodo» o de «clase contra clase» que consistió en poner un signo igual entre reformistas y fascistas y rechazar alianzas defensivas contra el fascismo. Poulantzas destacó la autonomía política de los movimentos fascistas mostrando sus contradicciones con el «capital monopolista» del que supuestamente era su instrumento.

    Ernesto Laclau, participando del mismo debate sobre la teoría del Estado, en su muy buen trabajo “Fascismo e ideología”, profundizó en la misma dirección. Relativizando el argumento típico del financiamiento de los capitalistas a las bandas fascistas que supuestamente probaría que estas eran «la fórmula preferida por el gran capital», escribe:

    El capital monopolista mantuvo políticas alternativas hasta el último momento: en Alemania la conjunción operada por la intermediación de Schacht tuvo lugar tardíamente, cuando el nazismo había llegado a constituirse por sus propios medios en alternativa de poder, y en Italia los sectores industriales pensaron, hasta la víspera misma de la marcha sobre Roma, en una solución política a través de Orlando, Giolitti o, especialmente Salandra, en la que los fascistas ocupaban tan sólo un lugar subordinado.

    Contrario a lo que sugiere la teoría convencional, entre el fascismo y las clases dominantes no hubo una relación instrumental sino un proceso de adaptación y limitación mutua. La burguesía siempre prefiere, en primer lugar, alguna forma de régimen pluralista, típicamente una república parlamentaria, donde puede ejercer una influencia decisiva en el sistema político sin depender del liderazgo personal de un caudillo ni asumir riesgos excesivos. No obstante, en situaciones críticas, el gran capital tiende a adaptarse y sacar provecho de los beneficios que puede ofrecer un régimen de excepción autoritario, al mismo tiempo que busca controlar sus excesos y evitar riesgos innecesarios.

    Por último, es importante destacar un tercer punto. El fascismo nunca fue implementado de forma abrupta sino que fue el resultado de un proceso y una dinámica política que se desarrollaron a lo largo de un período considerable. Es decir, la implementación del fascismo siempre implica un proceso de fascistización que atraviesa necesariamente mediaciones, transiciones, saltos y rupturas. El fascismo no se adopta de un día para el otro porque no es un botón que la burguesía aprieta en situaciones de crisis, como parece creer la teoría instrumentalista. El fascismo no fue un instrumento ni un epifenómeno de las necesidades del capital, sino el producto de un proceso complejo y autónomo, donde confluyeron cuestiones ideológicas, dinámicas políticas e incluso accidentes inesperados.

    Esta dimensión procesual también permite tener presente la diferencia entre una corriente fascista y un régimen político fascista. Una corriente política fascista tiene el objetivo de avanzar hacia un régimen político autoritario, pero su acceso al poder del Estado no significa necesariamente que lo consiga. Desplazarse desde el acceso al gobierno hacia el cambio de régimen requiere choques, saltos y rupturas cuyos resultados no pueden definirse de antemano. Por esto, también, cualquier fascistización de un régimen político es un proceso político más o menos prolongado, no un acto inmediato.

    Tener en cuenta esto sirve para evitar las caracterizaciones sumarias y definitivas sobre la extrema derecha actual. Su naturaleza no es algo definitivo, sino inestable, en disputa y, en último término, producto de una lucha política. Si la extrema derecha no consiguió fascistizarse es, en buena medida, una conquista política. El fracaso de Bolsonaro en Brasil es ilustrativo: una corriente neofascista accedió al gobierno pero logró ser bloqueada por la respuesta defensiva unitaria de la izquierda y la clase trabajadora.

    Trotsky sin ismos

    La reacción de los partidos comunistas de los años 1930 ante el peligro fascista condujo, en palabras de Trotsky, a «la página más trágica de la historia moderna»: el ascenso de Hitler al poder, con tan escasa resistencia en el país con la clase obrera más grande, mejor organizada, más culta y más politizada de Europa. La política estalinista consistió en poner un signo igual entre el fascismo y la socialdemocracia («socialfascismo») y oponerse a cualquier alianza defensiva del conjunto de la clase trabajadora frente a la amenaza reaccionaria. Y en caracterizar a un futuro gobierno nacionalsocialista como un pequeño interludio hacia la revolución proletaria («después de Hitler, nuestro turno»).

    Muy pocas voces se opusieron a la política criminal del estalinismo dentro de la izquierda marxista. Entre ellas destacaron dos que desarrollaron esfuerzos paralelos pero desconectados producto de la soledad y el aislamiento: Antonio Gramsci desde la cárcel mussoliniana y León Trotsky desde la isla turca a donde Stalin lo había excomulgado. En palabras de Perry Anderson, los escritos de Trotsky sobre el fascismo «no tienen parangón en los anales del materialismo histórico» y «constituyen el único análisis directo y elaborado de un Estado capitalista moderno en todo el marxismo clásico». Quien haya dedicado tiempo a explorar los análisis, advertencias, pronósticos e indicaciones políticas de Trotsky en aquel periodo no puede dejar de sorprenderse por la agudeza de sus interpretaciones y la precisión de sus predicciones. Un patrimonio teórico excepcional que, sin embargo, no parece ser bien valorado por buena parte de las corrientes que reivindican su legado.

    Es difícil resumir en pocas líneas el enfoque de Trotsky. Debemos destacar que puso su máximo esfuerzo en combatir, al mismo tiempo, el signo igual que los estalinistas ponían entre el reformismo y el fascismo y la conciliación de clase de la socialdemocracia. Contrapuso la táctica del «Frente único» que la Internacional Comunista había elaborado en los años 1920 y diferenció tanto a la socialdemocracia del fascismo, como a las distintas opciones burguesas entre sí. De allí las famosas frases sobre Brüning y Hitler a las que se suele volver repetidas veces:

    Nosotros, como marxistas, consideramos tanto a Brüning y a Hitler como a Braun como los representantes de un único y mismo sistema. El problema de saber cuál de entre ellos es un «mal menor» carece de sentido, porque su sistema, contra el cual luchamos nosotros, necesita de todos sus elementos. Pero hoy estos elementos están en conflicto, y el partido del proletariado debe utilizar absolutamente este conflicto en interés de la revolución.

    Y luego agregaba:

    En una gama hay siete notas. Preguntarse cuál de las notas es la mejor, si do, re o sol, no tiene sentido. Sin embargo, el músico debe saber cuándo y qué tecla golpear. Preguntarse quién es el mal menor, si Brüníng o Hitler, carece también de sentido. Pero hay que saber cuál de estas teclas golpear. ¿Está claro? Para los que no lo comprendan, tomemos un ejemplo más. Si uno de mis enemigos me envenena cada día con pequeñas dosis de veneno, y otro quiere darme un tiro por detrás, yo arrancaré primero el revólver de las manos del segundo, lo que me dará la posibilidad de terminar con el primero. Pero esto no significa que el veneno sea un «mal menor» en comparación con el revólver. ¡A decir verdad, uno se siente un poco avergonzado de explicar una cosa tan elemental! Está mal, muy mal, que músicos como Remmele, en lugar de distinguir las notas, toquen el piano con las botas.

    Es cierto que esto no implicaba que Trotsky apoyara electoralmente a Brüning. Este fue uno de los pocos argumentos que esgrimió Juan Dal Maso del PTS, en respuesta a un artículo mío sobre la irrupción de Milei y la táctica que debía seguir la izquierda. Su breve texto sigue la típica combinación de eludir el núcleo del debate planteado y añadir descalificaciones personales, característica distintiva de lo que podríamos denominar literatura sectaria. Es cierto que Trotsky no apoyaba a Brüning, pero hay que comprender el conjunto de su razonamiento para otorgarle su sentido preciso. Trotsky cuestionaba a la socialdemocracia por apoyar electoral y políticamente al gobierno de Brüning ya que preveía que la situación evolucionaba hacia una polarización. Según su análisis, esta polarización iba a desembocar en una ofensiva revolucionaria, la cual solo sería posible a través de la acción unificada de la clase trabajadora (comunista-socialdemócrata), o, de lo contrario, en la victoria del fascismo.

    En este cuadro, el gobierno de Brüning solo podía ser un gobierno efímero. Apoyarlo significaba participar de la ilusión de que servía como bloqueo al fascismo, cuando la verdadera forma de enfrentar al fascismo era liberar la fuerza de la clase trabajadora unificada que solo podía surgir de una acción concertada de comunistas y socialdemócratas.

    ¿Qué es lo importante de esto para nuestro debate? Trotsky en ningún momento identifica un apoyo electoral con la subordinación política. No está allí el punto. No es esa la consecuencia de su rechazo a apoyar a Brüning. Para entender su ubicación táctica hay que comprender el conjunto de su comprensión de la situación, con independencia de si estaba en lo cierto o no. De su diferenciación entre Brüning y Hitler se sigue que Trotsky comprende perfectamente la diferencia entre un régimen político fascista y otro que no (aunque, recordemos, consideraba al gobierno de Brüning como una «dictadura burocrática»). Cuando distinguimos, en nuestra propia coyuntura, las «pequeñas dosis de veneno» del «revolver» llamando a votar contra la extrema derecha, Dal Maso responde que eso sería el equivalente a llamar a votar a Brüning. Dal Maso, en realidad, es incapaz de darle un sentido concreto a la distinción planteada por Trotsky.

    Trotsky entendía perfectamente tanto la importancia de una elección presidencial como que el voto no implica subordinación política. Como ejemplo de esto, basta hacer referencia, como señaló Rolando Astarita en un texto reciente, al hecho de que Trotsky no abogó por el voto en blanco o la abstención frente al Frente Popular español en 1936. (¡que no tenía enfrente al fascismo, que solo aparecería después con el golpe de Franco, sino a la derecha convencional!). También en 1936 Trotsky cuestionó al Independant Labour Party por negarse a dar a apoyo electoral al laborismo contra los conservadores (como años antes había recomendado Lenin al joven Partido Comunista Británico).

    Si no es fascismo… ¿entonces, qué?

    Estos último ejemplos nos llevan al corazón de nuestra polémica. Discutiremos luego sobre la relación entre Milei y el fascismo, pero no hace falta ir tan lejos. La pregunta central es más elemental: ¿Solo se recurre a la sugerencia de Trotsky del frente único o, más en general, a las políticas unitarias defensivas, cuando tenemos enfrente una amenaza fascista? ¿Y qué hacemos cuándo enfrentamos a las dictaduras militares? ¿O a fenómenos como el fujimorismo (u otros parecidos como Bukele o Erdoğan en la actualidad), que accedieron al gobierno por vía legal y transformaron el régimen político por dentro manteniendo la apariencia exterior de la democracia constitucional?¿Y en casos menos drásticos, donde no hubo ningún cambio de régimen político, pero sí un endurecimiento autoritario que infringió una derrota histórica a su clase trabajadora, como el caso del thatcherismo? ¿Sirve de algo decir «no se trata de fascismo»? La pregunta se responde sola.

    El uso de la coerción física, el ahogo de las libertades democráticas, el endurecimiento autoritario de los Estados no dependen necesariamente de la implementación de un régimen fascista ni de un cambio de régimen político. Esto es obvio. El uso de la violencia es, por supuesto, un recurso permanente de la dominación de clase. Y su intensificación para conseguir infringir una derrota de largo plazo a la clase trabajadora puede adquirir todo tipo de formas, lo que contempla una amplia serie de opciones intermedias en un espectro que va desde el endurecimiento autoritario de la democracia liberal hasta un régimen fascista. ¿Trataremos a todas las formas de autoritarismo de forma rutinaria mientras no aparezca el fascismo con todos los rasgos de entreguerras?

    Veamos cómo otro autor del PTS, Fernando Rosso, intentó argumentar el punto. En un texto reciente, Rosso cita a Palmiro Togliatti:

    Ante todo quiero examinar el error de generalización que se comete ordinariamente al hacer uso del término ‘fascismo’. Se ha convertido ya en costumbre el designar con esta palabra a toda forma de reacción. Cuando es detenido un compañero, cuando es brutalmente disuelta por la policía una manifestación obrera (…) en toda ocasión, en suma, en que son atacadas o violadas las llamadas libertades democráticas consagradas por las constituciones burguesas, se oye gritar: ‘¡Esto es fascismo! ¡Estamos en pleno fascismo!’ (…) Mas no comprendo qué ventajas ello puede reportarnos, salvo, quizás, en lo que hace referencia a la agitación. Pero la realidad es otra cosa. El fascismo es una forma particular, específica de la reacción; y es necesario comprender perfectamente en qué consiste en su particularidad.

    Al igual que en el caso de la referencia al «empate hegemónico» de Gramsci, que discutimos en otro texto, cuando Rosso recurre a Togliatti no advierte las consecuencias del razonamiento que utiliza. Si el fascismo es solo una forma de reacción, solo una manera en la que pueden ser «violadas las llamadas libertades democráticas», ¿por qué reservamos las políticas unitarias defensivas solo para esa forma? ¿Qué hacemos en todos los otros casos? El frente único es válido si estuviéramos enfrentando al fascismo, ¿y si se trata de otra variante de ultraderecha?

    Respecto a los clásicos en general, y a Trotsky en particular, es más simple y provechoso intentar comprender la forma de razonar antes que buscar interpretes literales de los papeles del pasado. Cuando se estudia de manera escolástica, la letra se prioriza sobre el razonamiento, y eso finalmente impide entender tanto el espíritu como la letra. Trotsky escribe teniendo enfrente una forma específica de reacción que fue el fascismo. Le opone una política de alianza defensiva con el reformismo. Para no tener una imagen romantizada de la socialdemocracia de esa época, recordemos que Trotsky la definía, «a pesar de su composición obrera» como «un partido enteramente burgués, dirigido en condiciones “normales” de forma muy hábil desde el punto de vista de los objetivos de la burguesía». Era el partido de Noske y Grzesinsky, responsable pocos años atrás de los asesinatos de Luxemburg y Liebknecht. Trotsky escribe sobre el fascismo pero eso no significa que el campo de aplicación de sus razonamientos necesiten que se personifiquen Hitler, Hilferding y Thaelmann ante nuestros ojos. Son razonamiento útiles en la medida en que comprendamos su razonamiento y su método y siempre y cuando evitemos las analogías demasiado rápidas.

    La subestimación del momento político-electoral

    Avancemos al siguiente punto del razonamiento de nuestros polemistas. Si bien el PTS afirma sin ambigüedad que Milei representa un proyecto «hiperreaccionario», ¿qué está dispuesto a hacer para evitarlo? Ahí aparece otro argumento central: la idea de que a la extrema derecha se la combate en las calles y no en las urnas. A unas horas de que las urnas indiquen si un gobierno de extrema derecha se hace con uno de los principales países de la región, este argumento resulta extravagante. Pero intentemos tomarlo en serio y sigamos la lógica de su argumentación.

    El PTS dice en todos sus comunicados algo que puede resumirse en lo que escribió Guillermo Pistonesi: «Los marxistas entendemos que los cambios revolucionarios y la eventual contrarrevolución solamente pueden definirse a través de una abierta lucha de clases y no con una elección». Esta afirmación combina una obviedad con una idea ridícula. Por supuesto, para el marxismo revolucionario la lucha de clases es la fuerza última que dirime los grandes eventos políticos. ¿Pero esto significa que una elección presidencial donde puede acceder la extrema derecha al poder es irrelevante? ¿No incide de ninguna manera en la lucha de clases el resultado de una elección de este tipo? ¿Encuentra Pistonesi algún antecedente en la amplísima literatura marxista para una afirmación tan extravagante? Las posiciones que ignoran el resultado electoral no se deducen de la literatura marxista, al menos no de la tradición que se remite a Lenin y Trotsky. En todo caso, está más cercano a los enfoques autonomistas, anarquistas o, dentro del marxismo, a la exótica y lejana tradición bordiguista.

    Esta idea no parece improvisada ni un desliz. En un texto reciente de Gabriela Liszt y Matías Maiello, el PTS describe su comprensión de la táctica del frente único. No quiero abundar con las citas porque de la lectura del artículo se sigue con claridad que el frente único para estos autores se reduce a la lucha callejera y, más específicamente, a los choques físicos contra las bandas fascistas. Es decir, para el PTS el frente único no se extiende a la cuestión electoral. Por eso contraponen permanentemente lucha de clases y elecciones (¿cabe preguntarse qué está haciendo el PTS cuando interviene electoralmente si no es llevando la lucha de clases a ese terreno?). En otras palabras, en un ejercicio mental, si hubiese habido un segundo turno en 1933 entre el SPD y el Partido Nazi, el PTS hubiese defendido el voto en blanco, porque cualquier otra opción hubiese implicado subordinación política a la socialdemocracia. Y, al mismo tiempo, hubiese llamado a acciones comunes al SPD contra la amenaza física que representaban los nazis.

    Hubo un cierto entusiasmo entre el «pueblo de izquierda» cuando Myriam Bregman afirmó que «Massa y Milei no son lo mismo» en una entrevista radial. El PTS se encarga de repetir esa frase en todos sus documentos. No obstante, no poner un signo igual entre ambos pero no extraer las conclusiones prácticas de esta distinción es entrar en el terreno de la trivialidad: nada es igual a nada, como lo demostró la metafísica de Leibniz en el siglo XVII. Finalmente, no cambia mucho el asunto. Es una forma de no involucrarse en la lucha contra la extrema derecha o, para utilizar la expresión de Trotsky, de «capitular sin lucha».

    ¿Es Milei fascista?

    Como intentamos mostrar, no hace falta que Milei represente una amenaza fascista para oponerle una política unitaria defensiva. Basta con que represente una respuesta reaccionaria, thatcherista y autoritaria a la crisis argentina. Milei expresa la hipótesis de una potencial evolución hacia una forma de bonapartismo autoritario dentro de la democracia liberal, con el objetivo de facilitar la implementación de una terapia de choque neoliberal. Esto debería ser suficiente para saber cómo orientarse. Ahora bien, ¿cuál es la relación entre Milei y el fascismo? Voy a señalar algunos aspectos de Milei —y en algunos casos de la extrema derecha global— que plantean algunas relaciones con el fascismo clásico que resultan políticamente relevantes.

    El carácter crecientemente popular y de movilización social de la extrema derecha global presenta con el periodo de entreguerras una simetría significativa. Antiguos bastiones obreros empiezan a girar hacia posiciones de este tipo, como el apoyo a Trump en el cinturón del óxido norteamericano o la penetración de Le Pen en el norte obrero desindustrializado de Francia. Esto muestra la ruptura de las relaciones tradicionales entre las clases populares y sus representaciones políticas tradicionales.

    Es cierto que el fascismo clásico se basó principalmente en la pequeña burguesía, pero en una pequeña burguesía «aplebeyada», arruinada económicamente por la crisis. Un pequeño burgués convencional no se involucra en bandas paramilitares, más bien se dedica a hacer dinero con su profesión liberal o su pequeño comercio. Y además agrupaba detrás de sí a sectores populares provenientes de diversas categorías sociológicas, consolidando así una base popular y movilizada de apoyo.

    Esta base popular y exaltada le permite a la extrema derecha mostrar crecientemente una gran capacidad de movilización social. Por supuesto no hay bandas paramilitares por el momento, pero sí una creciente capacidad de movilización, politización de masas y capacidad de tomar iniciativa, en muchos casos violentas. Esto se traduce en la capacidad para organizar estructuras militantes que presionen sobre el sistema político (como vimos en los asaltos al Capitolio y a Brasilia). Esta base popular de combate es una fuerza adicional que la extrema derecha puede hacer pesar en su competencia con la derecha tradicional.

    En Argentina, la capacidad militante de Milei es inferior a la del bolsonarismo o el trumpismo. Pero durante la campaña electoral, sobre todo cuando se sintieron seguros por el resultado electoral y el auge reaccionario, ya fuimos testigos de su capacidad para envalentonar a pequeños grupos neofascistas, que empiezan a realizar pequeños atentados contra símbolos de los derechos humanos o sus organizaciones, configurando un clima de intimidación hacia la izquierda que anticipa el porvenir. ¿Alguien puede siquiera dudar que esta intimidación se multiplicaría por diez —como sucedió con Trump y Bolsonaro— si la extrema derecha controlara el poder del Estado? Hay que ser ciego para negarlo. Por lo tanto, una radicalización de grupos extraparlamentarios no puede descartarse en caso de la victoria de Milei.

    Como no es dificil advertir, entre la derecha, la extrema derecha y el fascismo no hay fronteras rígidas o estables. Como afirma Alex Callinicos, «no se trata tanto de determinar qué etiqueta poner a formaciones concretas, sino de entender la extrema derecha contemporánea como un campo de fuerzas dinámico que cambia rápidamente».

    La radicalización autoritaria es una de las hipótesis, al igual que su contraparte, es decir, que ingrese en un proceso de normalización burguesa, adaptándose a las lógicas convencionales de la política y se convierta en una versión ligeramente más dura de la derecha tradicional. El resultado está abierto. Y nosotros no somos observadores de la situación, sino agentes activos que debemos combatir a la extrema derecha para prevenir una radicalización autoritaria que, en caso de acceder al poder, pude dar un salto cualitativo. Eso vale también para Javier Milei.

    Por otro lado, en relación a la autonomía de la política y el Estado que caracterizó al fascismo clásico, hay aquí otro elemento que vale la pena reponer. Como en el caso del paso a segunda vuelta de Le Pen en 2002 o el ascenso de Trump en 2016, el centro del poder económico parece rechazar la candidatura de Javier Milei. Sin embargo, la actitud del empresariado y el imperialismo es más ambigua de lo que parecía inicialmente, sobre todo desde que se concretó el acuerdo con Macri y un sector de PRO. Esto fue anticipado nada menos que por The Economist, esa tribuna internacional donde las clases dominantes dialogan consigo mismas. En uno de sus últimos números, el semanario convocó desde su artículo de tapa a una coalición de la derecha y la extrema derecha en Argentina.

    Por otro lado, si bien Biden apoya a Massa, Trump, con altas chances de ser el futuro presidente de Estados Unidos, respalda a Milei. Sin embargo, sigue siendo cierto que lo central del poder económico sigue viendo a Milei como una aventura peligrosa. Hay algunos sectores de la izquierda que se entusiasman demasiado con esta desconfianza (o que incluso lo han hecho el criterio definitivo para ubicarse tácticamente: ver los pronunciamientos del Partido Obrero). Harían bien en revisar la historia de los años 1920 y 1930 o en recordar la advertencia de Trotsky cuando escribía en un texto maliciosamente denominado «Aprendan a pensar: Una sugerencia amistosa a ciertos ultraizquierdistas»: «La política del proletariado no se deriva, de ninguna manera, automáticamente de la política de la burguesía, poniendo solo el signo opuesto (esto haría de cada sectario un estratega magistral)».

    Esto no significa que Milei represente por el momento una amenaza fascista. Pero su victoria será un paso adelante en un proceso de radicalización autoritaria del Estado de destino incierto. No es fascista, pero tampoco un partido burgués convencional. Y eso amerita una táctica que responda a una situación de excepción.

    Digresión: democracia contra capitalismo

    Con independencia del resultado electoral de este domingo, la izquierda debe afrontar un debate de largo plazo sobre cuál es su relación con las conquistas democráticas del periodo anterior y, más en general, con las instituciones de la democracia liberal. Esto no es un mero ejercicio académico. Estamos en un ciclo histórico donde hay muchas señales que indican que se avanza hacia un endurecimiento autoritario de los Estados. A finales de la década de 1970, Poulantzas acuñó el término «estatismo autoritario» para describir la hipótesis de que podría emerger una distorsión autoritaria desde dentro del régimen democrático liberal. Esta distorsión no se presentaría como un «régimen de excepción», sino más bien como un régimen político «normal», que se basaría en «un declive radical de las instituciones de la democracia política y con una reducción draconiana y multiforme de las llamadas libertades» formales. Esta hipótesis está planteada hacia el futuro, y el ascenso global de la extrema derecha es una de sus señales.

    La caída del llamado «campo socialista» a fines del siglo XX dejó a la izquierda despojada de alternativas consideradas socialmente viables. Mucho se escribe cotidianamente sobre la necesidad de que la izquierda recupere una dimensión de futuro. Sobre esta ausencia de horizonte también avanzan la extrema derecha en los sectores populares, es decir, prevalecen las salidas individualistas y desesperadas a la crisis. Reconstruir la hipótesis de una sociedad superior al capitalismo es una tarea estratégica de largo plazo. Pero para lograrlo, debemos dejar de pensar que el socialismo es un «más allá absoluto» al que solo podemos acercamos por medio de un ejercicio de imaginación utópica.

    Una sociedad despojada de la dominación de clase existe embrionariamente en nuestro presente, fundamentalmente como producto de las luchas populares que han conseguido conquistas y reformas. La relación entre lo arcaico y lo nuevo es más compleja y útil que un ejercicio imaginativo. Imaginar una nueva sociedad comienza por el intento conservador de preservar lo que merece la pena ser conservado: las libertades democráticas contra la evolución cada vez más autoritaria del capitalismo, los derechos sociales contra la ofensiva burguesa, la planificación por fuera del mercado de sectores de la economía, como la salud pública, contra el afán privatizador.

    En cada conquista popular respira dificultosamente una sociedad futura posible. Del afán defensivo por preservar conquistas surgirán las luchas ofensivas por una nueva sociedad (este enfoque, como es obvio, se opone por el vértice a la concepción que subyace al libro que publicó Gabriel Solano, principal dirigente del Partido Obrero, titulado La democracia fracasó).

    En La noche de los proletarios, Jacques Ranciere describe el horizonte de expectativas de la clase trabajadora del siglo XIX: Una «vanguardia obrera», escribe Ranciere, «que piensa y actúa no para preparar un futuro en el que los proletarios recogerían el legado de una gran industria capitalista formada por la desposesión de su trabajo y su inteligencia, sino para detener el mecanismo de esa desposesión». Es decir, las luchas obreras de fines del siglo XIX no extraían su fuerza de la dimensión utópica del socialismo, sino de la defensa de las identidades y las formas laborales que estaban siendo erradicadas por la extensión arrolladora de la explotación laboral capitalista (el trabajo artesanal, fundamentalmente). De estas luchas inicialmente defensivas, que añoraban un mundo que no iba a volver (el del productor autónomo artesanal) surgió la unión entre el movimiento obrero y el socialismo.

    En la relación entre capitalismo, democracia y socialismo tal vez deberíamos concebir una dialéctica similar: solo la lucha anticapitalista puede defender las conquistas civilizatorias de nuestro tiempo (estado de derecho, libertades civiles, derechos políticos, pluralismo) de la amenaza que significa la evolución autoritaria del capitalismo.

    La pasividad más innoble

    Volvamos a nuestra coyuntura inminente. En pocos días enfrentamos una elección presidencial decisiva, tanto para Argentina como para la región. La gran novedad del último periodo electoral fue la aparición de un gran movimiento social democrático, bajo la forma de pequeñas acciones descentralizadas de campaña. Este movimiento social es un punto de apoyo para las luchas que vienen, sea cual sea el resultado electoral del domingo. Permite reencontrarse con la acción colectiva, con la confianza en la propia fuerza, con las reservas sociales y democráticas que caracterizan a la sociedad argentina, más allá de la degradación de la situación durante los últimos años. La ausencia de la mayoría de los partidos del Frente de Izquierda en esta movilización es un error estratégico mayúsculo.

    Rubén Sobrero, el dirigente sindical más importante de los partidos integrantes del FITU, es integrante del único partido del FITU que llamó a votar a Massa para evitar la victoria de la extrema derecha. Declaró recientemente en una entrevista: «Voy a seguir siendo opositor a Massa, pero tengo que llamar a detener al que reivindica la dictadura». Esto despertó una corriente de simpatía inmediata que incluyó a la base social del peronismo. Es un pequeño ejemplo del papel trascendental que podría haber cumplido el FITU si el conjunto de sus fuerzas militantes, principalmente a través de su carismática candidata presidencial Myriam Bregman, hubiera ocupado su puesto de combate contra la extrema derecha.

    Ni siquiera hubiese sido necesario un llamado explícito a votar por Massa… bastaba con alguna consigna del tipo «ningún voto a Milei» (como utilizó más de una vez la izquierda trotskista francesa contra Le Pen) para ocupar un lugar militante en el campo de lucha contra la extrema derecha y para conectar con el movimiento social y los sectores de la clase trabajadora preocupados por la amenaza que se cierne sobre ellos. Esto hubiese aumentado enormemente la autoridad del Frente de Izquierda y hubiese permitido establecer un puente con la base popular del peronismo.

    Pero la actitud del FITU generó lo contrario: abroqueló a la base del peronismo con su dirección. Recordemos algo central de la táctica clásica del «frente único»: no solo se trataba de la unidad defensiva con los reformistas, sino también de una política para la «conquista de la mayoría», es decir, para aumentar la influencia de los revolucionarios y disputar la hegemonía de los reformistas. En lugar de la delimitación propagandística, construir un marco unitario donde la delimitación es un subproducto de la incapacidad de los reformistas para llevar a término una lucha común es una táctica que se ha mostrado mucho más eficaz.

    Un ejemplo exitoso reciente lo vimos en la actuación del PSOL de Brasil en la lucha contra Bolsonaro: una actitud generosamente unitaria y defensiva, llamando a la unidad de la izquierda e incluyendo al PT, permitió que en un contexto extremadamente defensivo y adverso como el que impuso la extrema derecha en el poder, el PSOL creciera muy significativamente en afiliados, militantes, parlamentarios e influencia social.

    Para citar por última vez al viejo revolucionario ruso: como decía Trotsky, «Los sabios que se pavonean de no ver la diferencia “entre Brüning y Hitler”» en realidad «bajo esta fanfarronada seudoradical (…) esconde[n] la pasividad más innoble».

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  • Ecuador: inicio del gobierno de transición

    Ecuador: inicio del gobierno de transición

    Ecuador

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    Movimiento Revolucionario de las y los Trabajadores

    Editorial publicada en Tarea Urgente

    Actualidad Internacional: Latitudes. América Latina

    29/10/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    La crisis abierta por la muerte cruzada, con la disolución de la Asamblea Nacional y el llamado a elecciones, ha conducido al triunfo del Daniel Noboa, del partido Alianza Democrática Nacional, y a la derrota, nuevamente, de la Revolución Ciudadana con su candidata correista Luisa González. De esta manera, el populismo oligárquico se hace con el gobierno después de haberlo intentado por varias ocasiones.
    La derrota del correísmo muestra que no es suficiente con presentarse como la continuidad del gobierno de Correa, sin presentar propuestas para la grave crisis que vive nuestro país. De hecho, Noboa con una campaña pálida, sin propuestas de fondo, sin confrontar, pudo atraer la votación de la mitad de la población. Se tiene que señalar que la derrota del correísmo se debe a sus propios errores acumulados y a la pésima elección antidemocrática de sus candidatos.
    Por otra parte, no se puede dejar de mostrar que la candidata de ultraderecha que acompaña a Noboa, Verónica Abad, cercana al discurso de Milei y Trump, también significa la peligrosa presencia de estas corrientes, aunque no se conoce con precisión el peso que vaya a tener en el nuevo gobierno. Hay un peligro real de que se lancen políticas antiderechos impulsados desde la vicepresidencia.
    Como se puede ver en el cuadro y gráficos adjuntos, el triunfo de Noboa se dio sobre todo porque logro penetrar con fuerza en la sierra y neutralizar la avalancha correista de la costa, especialmente en las provincias de Guayas y El Oro, en donde prácticamente hay un empate técnico, mientras el correísmo arrasa en el resto de la costa.
    En cuanto a la votación indígena está abierto el debate de hacia dónde se inclinó. El correísmo acusa al movimiento indígena y a los sectores sociales de haber contribuido al triunfo de Noboa, cuando claramente la dirigencia de la CONAIE llamó a votar contra la derecha neoliberal de Noboa e hizo un llamado a superar la contraposición entre correísmo y anticorreismo, aunque con anterioridad la Ecuarunari hizo un pronunciamiento en favor del voto nulo.
    Pero, la cuestión fundamental no está aquí; sino en mostrar la pérdida de la independencia de clase, porque finalmente, y dependiendo de las provincias en concreto, los votantes se alinearon con una de las dos candidaturas. De hecho, el voto nulo careció de influencia en la elección y no fue significativo como en la segunda vuelta del 2021; además. De que prácticamente no hubo una campaña a su favor. Así, la votación popular se partió en dos y terminaron por sumarse a una de las dos formas de populismo.
    Por su parte, el campo popular, atravesado por el conflictos internos en Pachakutik, que le impidió presentar candidatos a la presidencia y a asambleístas nacionales, con una caída brutal en el número de asambleístas, que pasará de 27 a 4, ha sufrido una de sus peores derrotas. Además, desde el campo de las y los trabajadores aún no se puede articular una alternativa propia, creíble y viable, que los vuelva a posicionar en la escena política electoral.

    Cualquier consideración que se haga sobre el gobierno de Daniel Noboa, de las alianzas en la Asamblea Nacional y de las medidas económicas que se tomen, tiene que partir de la premisa básica: de manera prioritaria todo estará orientado hacia la reelección de Noboa, o a regresar al poder por parte del correísmo, en el 2025. La corta duración de esta etapa de transición, que dura hasta mayo del 2025, hace que desde el inicio del nuevo gobierno, estemos nuevamente en campaña electoral. Para agosto o septiembre del 2024 ya estarán definidas las nuevas candidaturas.
    Por este motivo, lo más probable es que nos enfrentemos a un gobierno populista oligárquico, aunque se haya definido como de centro izquierda, que tratará de impulsar más a fondo el programa neoliberal, con una especial orientación hacia favorecer a los empresarios agroexportadores, pero que, al mismo tiempo, implemente políticas populistas y clientelares dirigidas a ganarse al electorado para las presidenciales del 2025.
    Al no tener un número suficiente de asambleístas, el gobierno de Noboa está obligado a pactar con otros grupos para poder gobernar. La Revolución Ciudadana se ubicará en la oposición porque su lógica es bastante clara: si no gobernamos, no dejamos gobernar; aunque en este período no alcanzarán la fuerza para empujar la caída del nuevo gobierno. Noboa puede organizar una bancada a su favor, pero tiene la dificultad de la dispersión de los diversos grupos de la asamblea, cada uno pidiendo su cuota de poder en el aparato del Estado.
    Por su parte, CONAIE y FUT han colocado con claridad las demandas frente al nuevo gobierno; y la CONAEI se ha posicionado desde el inicio en la oposición radical al nuevo gobierno, advirtiendo con movilizarse frente a cualquier medida antipopular o que recorte los derechos de los trabajadores. El FUT exige la solución de los problemas agudos del país: seguridad social, desempleo, violencia del narcotráfico y delincuencial, además de la urgencia de aprobar una nuevo Código de Trabajo, en un país en donde los derechos de las y los trabajadores no se respetan.

    Las tareas urgentes frente al gobierno de transición

    1. Organizar la resistencia ante las medidas neoliberales del próximo gobierno, especialmente en lo referente a los derechos de las y los trabajadores del campo y la ciudad; y relanzar la movilización unitaria para demandar la solución de los gravísimos problemas de nuestro país.

    2. Rehacer la unidad del campo popular, especialmente entre FUT y CONAIE, que permitan enfrentar con una sola fuerza los embates del gobierno neoliberal. Es indispensable crear una coordinación permanente entre sectores junto con los demás movimientos sociales, como los grupos de mujeres y los ecologistas.

    3. Exigir el cumplimiento inmediato de la Consulta Popular por el Yasuní y el Chocó Andino, y no permitir el entrampamiento en argucias legales. Será indispensable movilizarse y mostrar que la lucha en defensa de la naturaleza sigue en pie. Además, hay que recordar que la votación por el Yasuní fue más alta que la de cualquier candidato.

    4. Resolución democrática de los problemas internos de Pachakutik, que permita levantar una candidatura unitaria del campo popular para el 2025.

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  • Chiapas: entre bloqueos y desplazamientos forzados

    Chiapas: entre bloqueos y desplazamientos forzados

    chiapas

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    Dany Rico

    Actualidad Internacional: Latitudes. América Latina

    23/10/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Desde Chicomuselo, una localidad al sur de Chiapas a escasos kilómetros de la frontera con Guatemala, ha llegado una señora de la tercera edad al zócalo de la Ciudad de México. Acompaña una movilización que busca denunciar el estado de crisis que viven sus comunidades a causa de la violencia desatada por grupos armados. Camina a paso lento, levanta una pancarta escrita a mano con marcador y grita “¡Justicia para Chicomuselo!”

    Nos pide por su seguridad no mencionar su nombre y narra que el pasado tres de septiembre llegaron a su casa integrantes de una agrupación que se hace llamar “Maíz”. Venían con arma en mano y en esta ocasión no sólo llegaron a “cobrar piso” por la cocinita económica que atiende la familia para sobrevivir. Fueron contundentes “¿Van a entrar al grupo o se van de su casa?”. Le dieron sólo un par de horas para desalojar. Lo mismo fue para varios vecinos de la comunidad que, ante la amenaza, prefirieron huir de sus hogares que integrarse a las filas del crimen organizado.
    La señora N y su familia abandonaron su casa deprisa, dejando atrás la mayoría de sus pertenencias; junto a sus gallinas sólo lograron cargar lo indispensable. Sin dinero y bajo la lluvia, consiguieron alojo con vecinos que les abrieron sus puertas. Sin su cocinta económica, la familia perdió su único sustento.

    A la conflictividad por intolerancia religiosa, las disputas agrarias y otros problemas sociales, se suma ahora en Chiapas el control territorial por parte de los cárteles y el actuar de grupos paramilitares que imponen la minería en la región. La frontera sur se ha convertido en un territorio de disputa para el crimen organizado y el gran capital por ser punto estratégico para el tráfico de drogas, armas y la trata de personas que se nutre gracias a la masiva migración que proviene de Centroamérica; así como por su riqueza en recursos naturales. Chiapas se paralizó las últimas semanas por los bloqueos perpetrados por el Cartel Jalisco Nueva Generación en guerra contra el Cartel de Sinaloa, quienes cortaron el suministro de energía eléctrica en varias localidades, provocando que la comida y el combustible escasearan, a tal grado que un kilo de frijol llegó a costar hasta cien pesos en la zona.

    Los grupos armados han tenido como estrategia el reclutamiento forzado, en especial entre la juventud. Estos grupos han entrado a las comunidades disfrazados de organizaciones sociales benéficas como “el grupo Maíz” que menciona la señora N; llegan ofreciendo despensas e insumos, aprovechándose de la pobreza. Quienes caen en sus manos son “afiliados” a las organizaciones criminales y obligados a participar en los bloqueos, actos vandálicos y actividades delictivas. También llegan para extorsionar y amenazar a locatarios y comerciantes, quienes se ven orillados a cerrar de sus negocios y escapar de sus viviendas, los cuales pasan a ser habitadas por integrantes de los grupos delictivos.

    El resultado ha sido el resquebrajamiento del tejido social y el desplazamiento forzado de miles de personas. A finales de septiembre, profesores de educación básica y media superior que atienden los municipios de las zonas sierra y fronteriza optaron por suspender clases para proteger a sus estudiantes, afectando a miles de alumnos. Los homicidios dolosos han tenido un aumento del 23 por ciento entre enero y septiembre según cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP); y el número de desapariciones es desconocido.
    El poco respaldo que ha encontrado la señora N frente a la grave situación es gracias a que forma parte de una organización política con base social cuyo nombre se pidió fuera omitido por cuestiones de seguridad. Con integrantes de su organización fue que ella se trasladó a la Ciudad de México a exigir justicia y la intervención del Gobierno Federal. Pero ni la organización social ni comunitaria ha podido hacer frente a los niveles de violencia que se viven en Chiapas. Cuenta que semanas atrás, un integrante de su organización fue secuestrado, torturado y obligado a unirse a las filas de los cárteles por miedo a perder la vida.

    Chicomuselo, al igual que muchas localidades en Chiapas, se han convertido en pueblos sin autoridad, donde los pobladores viven con miedo, en silencio, bajo el temor de la permanente vigilancia que pesa sobre ellos, pues el crimen organizado tiene gente grabando video y tomando fotos a quienes se reúnen, a quienes hablan. Ante la ausencia del Estado, los carteles de las drogas han penetrado en las comunidades, al grado de ser vitoreados -o peor aún, con la capacidad de hacer que una población entera les aplauda- como héroes por los pobladores por abrir un bloqueo del cártel opositor, como observamos en un video que se viralizó días atrás. No obstante, los pobladores afectados denuncian que los gobiernos locales y estatal intentan convencer de que el problema de seguridad en Chiapas es menor y no responden a sus demandas, a pesar de las movilizaciones y protestas masivas. Política mediática que ha tenido eco a nivel federal, pues el presidente ha reiterado en varias ocasiones que en Chiapas los índices de violencia son bajos y que la exacerbación de la situación es “propaganda de derecha”.

    Sólo ante la inocultable gravedad de la situación viralizada fue que el Ejército y la Guardia Nacional intervinieron para levantar los bloqueos y restablecer el servicio de energía eléctrica; “Ya todo normal”, describió el Ejecutivo después de la incursión de las fuerzas militares. Sin embargo, no se ha garantizado el retorno a las áreas de trabajo de centenares de trabajadores y comerciantes. Es por ello por lo que, con los pocos recursos con los que pueden contar, integrantes de la agrupación a la cual pertenece la señora N, junto a otras, se han movilizado a la Ciudad de México el pasado 17 de octubre, para visibilizar esta situación, exigir la participación del gobierno federal para solucionar el problema y hacer una propuesta de retorno seguro de todas aquellas personas que han sido desplazadas o, por lo menos, ejecutar un plan que garantice la alimentación de las familias desplazadas. Las organizaciones de Chiapas fueron abrazadas por diversas agrupaciones de la Ciudad
    Una comitiva de esta movilización fue recibida en Gobernación por un funcionario de la Subdirección de Conciliación. Frente a las demandas y propuestas, el funcionario se limitó a responder: «esa situación nos rebasa; es responsabilidad del gobierno estatal. Los remitiré hacia la instancia correspondiente en Chiapas». Hacia la misma autoridad estatal que ya ignorado a los pobladores del sur de Chiapas. Mientras tanto, el 21 de octubre fue torturado y asesinado en su hogar, frente a su familia, el profesor Artemio López Aguilar, líder magisterial y militante de MORENA -partido en el poder- quien coordinó la marcha por la paz el pasado 12 de octubre en Chicomuselo.

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  • En Palestina: «Tenemos derecho a resistir a la colonización, la ocupación y el apartheid»

    En Palestina: «Tenemos derecho a resistir a la colonización, la ocupación y el apartheid»

    Gaza

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    Mathilde Goanec

    Traducción: Viento Sur
    Fuente:
    Mediapart

    Actualidad Internacional: Entrevista con…

    09/10/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    A primera hora de la mañana del sábado, las palestinas y palestinos se enteraron de que Hamás había lanzado una operación armada de una envergadura sin precedentes contra Israel desde la Franja de Gaza, con el resultado de unos 600 israelíes muertos, la mayoría de ellos civiles. Pocas horas después, soportaron las rápidas represalias del Estado hebreo, cuyos intensos ataques aéreos causaron más de 300 muertos, entre ellos un número desconocido de civiles. ¿Cómo vivió el pueblo palestino el 7 de octubre de 2023, cuyas consecuencias a medio y largo plazo se desconocen, pero que ya sabemos que pasará a la historia como un hito en el conflicto israelo-palestino?

    Mediapart habló con expertos sobre el terreno, entre ellos académicos como Mkhaimar Abusada, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Al-Aqsa de Gaza, que considera el ataque sorpresa de Hamás una consecuencia de la política de lo que describe como un «gobierno israelí fascista de extrema derecha», señalando que algunos de sus ministros «piensan que ha llegado el momento de expulsar a los palestinos y anexionarse más de la mitad de Cisjordania».

    Otras voces de la sociedad civil palestina están alzando la voz y desarrollando un discurso similar. Es el caso de Rula Shadeed, que lleva años trabajando en diversas organizaciones no gubernamentales desde Ramala, en Cisjordania. Actualmente directora de programas del Instituto Palestino de Diplomacia Pública, trabajó durante mucho tiempo con la asociación Al-Haq, fundada en 1979 para documentar las violaciones de los derechos humanos cometidas en el contexto del conflicto. Al-Haq es una de las seis ONG que el gobierno israelí intentó prohibir en 2021, con el pretexto de que tenía vínculos con el terrorismo palestino, sin convencer a Occidente.
    Cuando Mediapart se puso en contacto con Rula Shadeed el 7 de octubre, la activista se encontraba de misión en Ammán (Jordania) y no podía regresar a Ramala porque Israel había bloqueado las fronteras. Ante los acontecimientos, y las impactantes imágenes del día, asume su apoyo al atentado de Hamás. Un apoyo que, en su opinión, es ampliamente compartido: «Obviamente no puedo hablar por todos, pero por lo que tengo entendido, todos estamos de acuerdo en que tenemos derecho a resistir a la colonización, la ocupación y el apartheid, y a protegernos», explica.

    Aunque ha expresado su «sorpresa» por «la magnitud de esta operación», subrayó que, como muchos palestinos, sabía «que algo iba a ocurrir». Esperábamos algún tipo de respuesta», afirma, «porque todos los partidos, incluido Hamás, habían pedido al gobierno israelí que pusiera fin a su agresión, a los ataques contra civiles y contra lugares y edificios religiosos como la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén».
    También menciona humillaciones contra «creyentes que rezan cerca de iglesias y mezquitas». Recientemente, en la televisión y las redes sociales han circulado imágenes de judíos ultraortodoxos escupiendo a peregrinos cristianos en la Ciudad Vieja de Jerusalén.

    Rula Shadeed denuncia también el «número demencial de violaciones y brutalidades» cometidas por «el gobierno fascista israelí, que no tiene la menor consideración por las resoluciones de la ONU, las leyes de la Unión Europea, los derechos humanos o el derecho del pueblo palestino a vivir».

    Señala el extremismo del gobierno dirigido por Benjamin Netanyahu, entre cuyos ministros clave se encuentran Itamar Ben Gvir, supremacista judío, racista y homófobo, y Bezalel Smotrich, que afirma con orgullo estar a favor de un Gran Israel, desde el Mediterráneo hasta el río Jordán, lo que constituye «una de las fuerzas impulsoras de la decisión de Hamás, pero también de otros partidos» [de atacar – nota del editor].

    Al igual que un gran número de palestinos y palestinas, la activista relata su creciente preocupación por «la quema de pueblos» y «el traslado de poblaciones que hemos presenciado en los últimos meses» para permitir el traslado de colonos israelíes a los territorios palestinos, con la bendición del gobierno y el ejército. «Todos estos acontecimientos han sido una especie de llamada de atención para todos los palestinos y palestinas, una señal de que la amenaza estaba cada vez más cerca», describe Rula Shadeed, para quien son «muy similares a lo que [ellos] vivieron en 1948»: la Nakba, el éxodo forzoso de varios cientos de miles de palestinos, expulsados durante la guerra que estableció el Estado de Israel.

    Sin embargo, se afana en señalar que si bien «este gobierno es el más brutal», con «una visión supremacista y racista», esto «no significa que el gobierno anterior no persiguiera el mismo plan para ocupar Palestina». Para ella, la política de Israel hacia su país durante muchos años puede resumirse en pocas palabras: «Un régimen de apartheid centrado totalmente en el objetivo último de desplazar a la población palestina y sustituirlos por el pueblo judío».

    Y cuando se le pregunta por el elevado número de muertos israelíes y el día de pánico en las ciudades cercanas a la franja de Gaza, pero también en Tel Aviv, el análisis de Rula Shadeed es firme. Tampoco su ira.
    «En cualquier situación de colonización y opresión, la violencia es el resultado de la brutalidad del opresor. Nunca debemos culpar de una escalada a los colonizados, que se enfrentan a una gran injusticia desde hace décadas», afirma.

    La activista se hace pocas ilusiones sobre lo que ocurrirá a continuación. «Por supuesto, esperamos que el número de víctimas aumente, sobre todo en Gaza», afirma, señalando que en este pequeño territorio de 350 kilómetros cuadrados y 2,2 millones de habitantes, estrechamente cercado por el ejército israelí, «no hay refugio», y que la situación humanitaria allí es notoriamente deplorable: «Los hospitales, el sistema de agua potable, los alimentos, las medicinas… Nada funciona correctamente en Gaza.. Nada permite hacer frente a un ataque masivo».

    También hizo un llamamiento a «la comunidad internacional para que vigile lo que está ocurriendo lo más de cerca posible», ya que, en su opinión, «cada vez que los israelíes han atacado Gaza, lo han hecho con impunidad y sin tener que responder nunca de sus actos y sus crímenes».
    «Sabemos que Estados Unidos y la Unión Europea son los mejores aliados del régimen colonial de Israel, y eso no va a cambiar ahora», insiste. Cuando en Ucrania «los civiles tomaron las armas para luchar contra la agresión rusa, para protegerse, recibieron la bendición de Estados Unidos y el aliento de Europa», señala con amargura. «Aquí, incluso cuando queman a la gente en sus propias casas, nunca es un buen momento para apoyar a los palestinos», afirma.

    Se refiere aquí a la quema de varias casas por colonos israelíes en Cisjordania en junio de 2023, o al niño que fue quemado vivo en el incendio de una casa en 2015. «No esperamos ningún apoyo. Lo único que queda es que la gente salga de sus casas y se defienda”.

    En cuanto a la situación política en Israel, no sabe hasta qué punto se debilitará el primer ministro Benjamin Netanyahu, y si el 7 de octubre marcará el comienzo de su caída definitiva: «No sé cómo afectará esto a su imagen, ni cómo reaccionará la sociedad civil israelí [o puede] o condenar a su primer ministro», dice Rula Shadeed. “O puede que se mantenga unida hasta que termine este episodio. Es un ciclo sin fin: habrá muchas muertes y Netanyahu podrá utilizar esta brutalidad extrema para encontrar apoyos».

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  • Es la hora de la Paz para Chiapas

    Es la hora de la Paz para Chiapas

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    Movimiento Socialista del Poder Popular-Chiapas

    Actualidad Internacional: Latitudes. América Latina

    27/09/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    La presencia del crimen organizado en Chiapas y las escenas de violencia, agresiones y confrontación se multiplican. Algunos hechos se magnifican y otros quedan ocultos.
    Pero la conflictividad no solo se relaciona al crimen organizado, sino a múltiples choques con motivos religiosos, agrarios, sociales, de género, de falta de justicia, que forman parte de situaciones de ingobernabilidad.

    En el análisis recuperamos que las armas, el tráfico de drogas, los secuestros, el cobro de derecho piso, la existencia de fuerzas irregulares armados o de poblaciones civiles que son obligadas a incorporarse a los bloqueos, los desplazados, despojados de casas y pertenencias tienen su origen en la lógica del capital, y más precisamente de las lógicas impuestas desde los centros de poder imperiales de EE.UU, pero no solo.

    Relacionado al crimen organizado se encuentran intereses económicos, como las mineras que es sabido se hacen acompañar de cuerpos irregulares, o los intereses en los campos petroleros, o el agua o los recursos naturales. Se trata del despojo por medio del control del territorio.

    Desde luego sabemos que el gran mercado de las armas, de las drogas, de los migrantes ilegales se centra en la metrópolis imperiales que han sometido a las políticas neoliberales, golpes de Estado, dictaduras, al propio pueblo norteamericano y de América Latina, así como el mundo entero.

    Esta lógica y política imperial desde luego socaba los avances y puntos de resistencia que desde la 4T se han implementado en México.

    Esto es evidente en los medios de comunicación que magnifican ciertos hechos pero silencian ampliamente que en el origen de esta violencia está todo el entramado neoliberal impuesto por más de 30 años por el PRIANRD, mismos que han sido, precisa y subrayadamente, operadores principales de los grupos delincuenciales.

    Incluso, los llamados desde la derecha de “balazos y no abrazos” esto es, el uso de la fuerza lisa y llana significa el ataque contra vecinos, familiares, pobladores que han sido obligados a participar en acciones del crimen organizado. En Chiapas es visible que esta violencia empujar a la selección de candidatos de “mano dura” y más abiertamente derechistas y precisamente relacionados al crimen organizado. Evidentemente este elemento también es puesto en juego a nivel nacional.

    Por otra parte, sin duda, la estrategia actual por parte del gobierno federal y estatal ha quedado ampliamente rebasada.

    Desde el punto de vista Constitucional la seguridad pública en la entidad está a cargo del Estado Libre y Soberano de Chiapas. Mismo que no está en condiciones –aunque quisiera sinceramente- de enfrentar los poderes multinacionales que significa el crimen organizado.

    Asimismo se suma la corrupción de todo el poder judicial en todos los niveles, en todas las entidades y sin duda, los intereses propios e incapacidad manifiesta del legislativo local.
    Y la corrupción a todos los niveles, en mayor o menor medida en municipios, ejidos y localidades.

    Corre en peligro de la vida de nuestros militantes en las diversas regiones. Tenemos familias desplazadas, sin comer, vecinos desaparecidos, amenazas de secuestro y levantones contra nuestros militantes, además de estar inmersos en diversos puntos de conflicto políticos, territoriales y/o agrarios.

    Sin embargo, para nosotros se debe poner en el centro de la acción política un plan de Paz para Chiapas
    Esto es:
    1.- La creación de un espacio interinstitucional federal y local –ejecutivo y legislativo incluidos-, con presencia de organismos defensores de derechos, personalidades emblemáticas, luchadores sociales, iglesias que den respuesta puntual, explícita y urgente a las denuncias que se presentan en los diversos puntos de la entidad.
    2.- Dicho espacio interinstitucional y social para la Paz en Chiapas debe tener acompañamiento internacional que incluya a organismos como la Cruz Roja, Naciones Unidas así como grupos independientes defensores de derechos en el plano internacional.
    3.- Las acciones de este espacio deben ser públicas, explicitas y expeditas para dar atención a las graves necesidades que se tienen en las distintas regiones de la entidad.
    4.-La instalación de dicha instancia debe ser acompañada desde luego de la movilización social y política de las fuerzas democráticas.
    Medidas
    Conforme a lo expresado por nuestra militancia en las regiones y en general diversos sectores de la población:
    1.- Que las fuerzas de seguridad del Estado hagan presencia en las zonas conflictivas y que su estancia ocurra el tiempo que sea necesario hasta restablecer las condiciones de ejercicio de derechos y libertades.
    2.- La estancia de las fuerzas de seguridad debe ser monitoreada por la sociedad y los organismos defensores de derechos para impedir excesos, injusticias o faltas al cumplimiento de su deber con la seguridad pública.
    3.- Programa y acciones inmediatas para la atención emergente de las víctimas que están desplazadas, sin alimentos, techo y salud elementales. Que incluya estancias de emergencia y programas temporales de empleo. Así como brigadas médicas y cocinas comunitarias.
    4.- Búsqueda y localización de desaparecidos en todas las regiones.
    5.- Restitución de los terrenos, tiendas y otros bienes incautados e invadidos por las acciones del crimen organizado.
    6.- Generar condiciones de seguridad para el retorno de los desplazados.
    7.- Implementar medidas cautelares para todos los luchadores sociales, activistas y pobladores amenazados por el crimen organizado o en el contexto de los conflictos.
    8.- Atender los conflictos agrarios, territoriales, de posesiones, de abusos de autoridad y conculcación de derechos que se correlacionan y refuerzan las confrontaciones en el contexto de las acciones del crimen organizado y que forman parte de la ingobernabilidad en los distintos municipios y regiones.
    9.- Construir vías cabales para el ejercicio de la justicia a cargo del poder Judicial así como el cumplimiento de las disposiciones legales vigentes y que no se cumplen.
    Todo lo antes expuesto será expresado en un formato y lenguaje más propio del ámbito de la defensa de los derechos y libertades democráticas.
    Pediremos la adhesión a este plan a todos los sectores sencillamente democráticos y defensores de derechos.

    Llamamos a la movilización y expresión pública para hacer posible este espacio de atención real a la grave situación en que nos encontramos.

    Finalmente, decimos que es necesario articular acciones internacionalistas con grupos y organizaciones de los distitnos países, para protestar contra la circulación de armas que son usadas por la delincuencia organizada en nuestros pueblos, en favor que se levante el secreto bancario y se tomen todas las medidas financieras contra las redes de delincuencia organizada y de corruptos de toda laya.
    La acción internacionalista que señalamos debe estar enmarcada en la defensa de los derechos democráticos de todos los pueblos.

    Centrar nuestros esfuerzos, medios de comunicación, análisis para construir una salida de paz a la violencia que azota nuestras personas y los pueblos de Chiapas.
    Con esperanza y determinación

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  • Los últimos cinco años del movimiento de mujeres y feminista en México

    Los últimos cinco años del movimiento de mujeres y feminista en México

    mexico feminista

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    Comisión de Mujeres del Movimiento Socialista del Poder Popular (MSPP)

    Actualidad Internacional: Feminismo

    24/09/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Los últimos cinco años han traído tres acontecimientos fundamentales en la vida de las mujeres mexicanas: la pandemia mundial; la continuación de la violencia extrema por el crimen organizado en todo el territorio nacional; y las políticas del gobierno de la Cuarta Transformación, encabezado por el presidente López Obrador. Como en el resto del mundo no desarrollado, la pandemia ha resultado en un incremento enorme en el desempleo entre mujeres y su mayor inclusión en las filas del subempleo. La violencia alcanza a las mujeres particularmente en la forma de un creciente número de feminicidios y el control de zonas enteras del territorio nacional por parte del crimen organizado, los tratantes de personas y traficantes de drogas, lo que además presiona a las mujeres a emigrar para evitar el peligro y el chantaje. El nuevo gobierno progresista ha tenido un efecto contradictorio: mientras la 4T ha traído avances en leyes y decisiones de la Suprema Corte (sobre el aborto y el derecho al matrimonio igualitario y al establecimiento de la identidad de género de acuerdo con la voluntad de cada quién), la creación y fortalecimiento de fiscalías para investigar delitos relacionados con la opresión de género en la Ciudad de México, y ha beneficiado a la población más pobre con pensiones para viejos y becas para jóvenes, los recortes presupuestales han tocado muchos programas que benefician a mujeres (guarderías, refugios y otros) y la actitud explícita y francamente hostil del presidente mismo ante el movimiento feminista y la creciente militarización del país van en nuestra detrimento. Ante esta situación, la derecha levanta hipócritamente demandas que han sido banderas de las feministas, creando confusión, y la ultraderecha ha continuado su campaña a favor de la familia y los valores tradicionales.

    Claramente se ha vivido una nueva ola de ascenso en el movimiento (esto no está a debate). Existe una franca brecha generacional, pero también de clase: existe un sector institucionalizado (mujeres que están en puestos gubernamentales u ONGs), generalmente de mayor edad, que han logrado ciertos avances, sobre todo legislativos; otro sector, sobre todo universitario, es independiente y muchísimo más radical, con reticencias fuertes a tener una estructura general, pero con una gran capacidad de convocatoria y que lucha incesantemente contra cada incidente de violencia de manera aislada pero muy visible; y un pequeño sector de sindicalistas, fundamentalmente integrantes de las burocracias sindicales de electricistas, telefonistas y trabajadoras universitarias, que se ha forjado en una coordinación en la capital que se activa principalmente para convocar a marchas en días significativos para el movimiento de mujeres (8 de marzo, 25 de nov, etc.) mas no para otra cosa. Están creciendo los sectores de mujeres organizadas como mujeres, pero no en torno a demandas de género: las tradicionales cooperativistas (campesinas, especialmente), los grupos en defensa del territorio y el medioambiente, y los trágicos grupos de “madres buscadoras” en todo el país, que van a los campos buscando cadáveres de sus parientes, principalmente hijos e hijas, desaparecides en la guerra del narco, y que empiezan a exigir justicia y la presentación de sus seres queridos pública y políticamente.

    Para responder a otras preguntas del cuestionario para este informe:  1) en general, las demandas centrales no son anticapitalistas sino que giran en torno a parar la violencia hacia las mujeres; 2) no hay una única organización nacional centralizada (las madres buscadoras dan señales de coordinarse; hay mucha comunicación desorganizada de las jóvenas, pero en las redes sociales y sin centralización ni coherencia en ningún debate; y las de ONGs e institucionales tienen un frente en línea que debate algo pero no activa); 3) relaciones internacionales son solo esporádicas; 4) si bien el 8 de marzo hemos visto mega-marchas en muchas ciudades desde hace varios años, no se contemplan paros nacionales excepto a manera de propaganda por parte un pequeñísimo sector (excepto en 2020, cuando parte de la derecha lo hizo posible, dándole el día a muchas mujeres trabajadoras el lunes 9 de marzo en instituciones y empresas, NO llamando a manifestarse, sino a quedarse en casa); 5) en general los sindicatos no participan ni levantan las demandas de las mujeres, y aún los que sí suscriben las demandas feministas, no movilizan a sus bases para luchar por ellas.

    Existe una polarización en torno a las mujeres trans. Algunos grupos feministas consideran que las reivindicaciones de algunos grupos trans llevan al borrado de mujeres. Declarativamente, la mayoría del feminismo institucional, de ONGs y de sindicalistas, reivindican los derechos trans; sin embargo, las mujeres trans no tienen gran peso en la organización de la agenda del movimiento feminista.

    Aunque las feministas reconocen y reprueban la situación de la triple opresión de las mujeres indígenas, quienes en su mayoría también son campesinas, y de las afromexicanas (éstas muy recientemente empiezan a visibilizarse identitariamente), el acercamiento entre feministas y movimientos de mujeres indígenas se ha dado principalmente sobre la violencia hacia las mujeres (feminicidios, violaciones, ataques con ácido…). Mujeres indígenas además se han organizado en torno a las desapariciones forzadas de familiares y desplazadas/os; con el acercamiento a movimientos feministas en busca de solidaridad, también algunas han empezado a asumirse como feministas al incorporar la problemática de la inequidad entre hombres y mujeres como causal de la violencia.

    Otras organizaciones de mujeres indígenas se centran en la organización cooperativista y consideran alejadas de su realidad muchas de las demandas de la agenda feminista, por lo que no tienen nexos con los movimientos feministas.

    De los pocos movimientos de mujeres campesinas, que además son indígenas, y que sí tienen una agenda feminista, se encuentran las zapatistas; enriquecido con el intercambio de experiencias con el movimiento de las mujeres kurdas. No obstante, es un trabajo focalizado en una región pequeña de México.

    En el feminismo académico un debate importante es sobre la visión colonial o colonizadora del feminismo occidental (tradicional).

    En cuanto a movimientos de derechos de mujeres migrantes, prácticamente son inexistentes. Tal vez porque, todavía, México es principalmente un país de tránsito y no de recepción de migrantes. 

    El feminismo mexicano reciente está fuertemente identificado con los movimientos feministas latinoamericanos, especialmente de Argentina y Chile, en donde la ideología y práctica machista es muy similar. En esta región, las demandas más fuertes del movimiento feminista son el cese de los feminicidios y la violencia contra las mujeres, así como la legalización del aborto. Por lo que los lazos de solidaridad son casi naturales. Propagandísticamente también se hace solidario con las mujeres kurdas. Sin embargo, no hay un trabajo específico de solidaridad hacia movimientos de mujeres de otras latitudes.

    El Movimiento Socialista del Poder Popular (MSP), recientemente fusionado, se encuentra en un proceso de emparejamiento de los trabajos de ambas organizaciones; estamos construyendo una estructura de mujeres al interior, que reivindique la agenda feminista y planeando un encuentro nacional interno para agosto.

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  • Claudia Sheinbaum gana encuesta para suceder a López Obrador

    Claudia Sheinbaum gana encuesta para suceder a López Obrador

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    José Luis Hernández Ayala

    Militante del Movimiento Socialista del Poder Popular

    Actualidad Internacional: Latitudes. América Latina

    10/09/2023

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Mediante una encuesta abierta a toda la población, y no solo a las y los integrantes del partido Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), la candidata Claudia Sheinbaum Pardo ganó, con el 39.4% de las preferencias, ser electa como Coordinadora Nacional de los Comités en Defensa de la Cuarta Transformación (4T). Muy por encima del segundo lugar representado por Marcelo Ebrard Casaubón con el 25.8%.

     

    El resultado de la encuesta ha sido cuestionado por Marcelo Ebrard, quien denuncia presiones para inducir la opinión de los posibles encuestados, el problema es que fue un método que él mismo aceptó desde un principio. La consulta fue realizada por cinco empresas encuestadoras, una de ellas sugerida por el propio Ebrard, y sus resultados se encuentran dentro del mismo rango e incluso son similares a encuestas realizadas anteriormente por periódicos como Reforma, El Financiero o Milenio, muy críticos del actual gobierno. Así las cosas, será muy difícil para Ebrard presentar argumentos que provoquen una ruptura dentro de Morena.

     

    Es menester precisar que Claudia Sheinbaum fue electa como Coordinadora Nacional de los Comités en Defensa de la Cuarta Transformación, como se autodenomina el movimiento social que hasta ahora encabezaba el presidente Andrés Manuel López Obrador, lo que la convierte en virtual candidata presidencial de Morena, el Partido del Trabajo y Verde Ecologista de México. Esto se debe a la encuesta se realizó antes del calendario oficial de elecciones primarias para la selección de candidaturas organizadas por el Instituto Nacional Electoral.

     

    Los partidos de la derecha, agrupados en el Frente Amplio por México, presionados por no quedarse fuera de la atención de los medios y de la opinión pública, intentaron realizar un proceso similar de selección de una precandidatura mediante consulta a los afiliados a los partidos Acción Nacional, Revolucionario Institucional y de la Revolución Democrática. Su gran problema fue que la cúpula oligárquica que dirige este agrupamiento, ya había acordado espaldar a Xóchitl Gálvez –una hábil derechista que trata de hacerse pasar por plebeya, progresista e indígena- como su común acuerdo, pero el surgimiento de varias precandidaturas, entre ellas la de Beatriz Paredes Rangel, inteligente y con fuerte respaldo en las filas del PRI, amenazaban con restarle brillo e incluso hundir a su protegida. Eso los obligó a ejercer una fuerte presión sobre los y las precandidatas para que dimitieran a favor de Xóchitl Gálvez. Esta maniobra, ridícula y escandalosa, los hizo ser el hazmerreír de la vida política nacional.

     

    En el caso de Morena, este rocambolesco proceso de selección de candidaturas no corresponde a los de un partido realmente democrático, en donde sus integrantes tienen el derecho de elegir, mediante voto directo o indirecto, quienes deben ser sus candidaturas en los diferentes niveles de representación popular. El método de selección, mediante encuestas, se puede prestar a numerosas irregularidades, así como impedir la más amplia confrontación de ideas y propuestas de trabajo, es muy vulnerable a que pese más la presión de los grandes líderes que a la capacidad e idoneidad de las candidaturas, pero, sobre todo, impide que surjan nuevos liderazgos que se paren sobre sus propios pies. El método de nominación por encuestas es susceptible de convertirse en una especie de “dedazo” realizado con guante de terciopelo.

     

    El posible efecto Ebrard

     

    Aunque la posible salida de Marcelo Ebrard de Morena, y su probable nominación por el partido de derecha Movimiento Ciudadano, es muy factible, las peores consecuencias serían para los partidos de la derecha y no para Morena. Veamos.

     

    Marcelo Ebrard es considerado como representante del ala derecha dentro del movimiento de la 4T, durante su gestión al frente del gobierno de la Ciudad de México (2006-2012) realizó obra pública con financiamiento privado y está muy relacionado con empresarios y medios de derecha. Además su afiliación a Morena apenas data de julio de 2022 y no cuenta con presencia en su estructura interna. Si esta consulta se hubiera realizado al interior de Morena la diferencia entre Claudia y Marcelo hubiera sido mucho mayor, aún así el resultado para la izquierda de Morena (Claudia más Gerardo Fernández Noroña) fue del 50%.

     

    Los votos obtenidos por Marcelo Ebrard en la consulta fueron percibidos por su desempeño al frente de la Secretaría de Relaciones Exteriores y no por representar una opción diferente de la política gubernamental o dentro de Morena. Por lo tanto, es muy poco probable que el 25% de votos obtenidos se trasladen, automáticamente, hacia su candidatura por el Movimiento Ciudadano.

     

    En cambio, para el frente de partidos de la derecha una tercera candidatura de Marcelo Ebrard sí es una amenaza real. Frente a la enorme popularidad de López Obrador, del 60 al 65% de los consultados, la derecha solo aspira a obtener del 30 al 40% de los votos presidenciales en el 2024. Su objetivo, incluso reconocido por algunos de sus representantes más lúcidos y francos, ya no es la presidencia de la República, sino de obtener los votos legislativos necesarios para bloquear toda reforma constitucional que se quiera presentar. Son esos votos los que puede disputar Marcelo Ebrard. De ahí los llamados de la derecha a que Ebrard se sume a la campaña de Xóchitl y no a que presente su propia candidatura.

     

    Es de esperar una actitud sensata de Marcelo Ebrard y que descarte una acción aventurera que no le llevará a ningún lado.

     

    Perfil de Claudia Sheinbaum

     

    Tanto por su grado académico como por su herencia y práctica política, Claudia Sheinbaum se presenta como la mejor opción del ala izquierda de Morena. Así fue entendido por la amplia militancia de izquierda, popular e intelectual que milita en dicho partido y que constituyó la base de apoyo de su campaña.

     

    Es hija del químico Carlos Sheinbaum Yoselevitz y la bióloga Annie Pardo Cemo, participantes del movimiento estudiantil y popular de 1968 y vinculados con los sectores de izquierda más radicalizados de esa época. Ella misma fue destacada participante del movimiento estudiantil de 1986-87 que, agrupado en torno al Consejo Estudiantil Universitario (CEU), se opuso al aumento de cuotas en las colegiaturas y otras reformas propuestas por el entonces rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Jorge Carpizo. Tiene el grado de doctora en ingeniería energética.

     

    Es identificada como una dirigente muy ligada al movimiento de López Obrador, fue parte de su gabinete el frente del gobierno de la Ciudad de México (como secretaria del medio ambiente) y fundadora del partido Morena. También ha sido cuestionada porque en las elecciones federales de 2021 en la Ciudad de México, que ella gobernaba, se perdieron 9 de las 16 alcaldías que la conforman.

     

    Al igual que López Obrador, ha sido bastante pragmática en su política de alianzas para fortalecer su proyecto político. Su equipo de campaña incluye lo mismo sectores muy cuestionables y corruptos provenientes del PRI, PAN y PRD, que sólidos cuadros de izquierda.

     

    Por su origen, cercanía con los movimientos sociales y agenda progresista en materia de igualdad de género, diversidad sexual, ecológico y social, la izquierda de Morena la considera más sensible para solucionar diversos conflictos sociales e iniciar una profundización de reformas que radicalicen a la llamada Cuarta Transformación.

     

    Debido a que Claudia Sheinbaum será postulada como candidata del partido Morena a la presidencia de la República, se considera que será la primera mujer que asumirá el más importante cargo político en toda la historia de México. Eso, sin duda alguna, es una buena noticia. Sin embargo, es un hecho que, por su condición de mujer, será vista con gran escepticismo y cuestionamiento por parte de una cultura tan patriarcal y machista como la mexicana, así como por su origen judío que ya la hace víctima de grupos antisemitas.

     

    El escenario político electoral del 2024

     

    A contra corriente de lo que sucede en otras partes del mundo, en donde las organizaciones fascistas o ultraderechistas se encuentran a la ofensiva, en México la derecha en general se encuentra a la defensiva y les cuesta mucho trabajo defender a sus pasados gobiernos neoliberales, su corrupción malos resultados y volver a presentar, como programa de gobierno, más de lo mismo.

     

    Luego de seis sexenios de gobiernos neoliberales, la corrupción del poder público llegó a tal grado de descomposición que se hacía difícil diferenciar entre las bandas mafiosas y el poder del estado. El crimen de los 43 jóvenes de la Normal Rural de Ayotzinapa es el ejemplo más elocuente de esta descomposición. Incluso sectores de la oligarquía clamaban por un cambio y encontraron en López Obrador la única medicina posible. Los treinta millones de votos de López Obrador, alrededor del 53% del electorado, representaron una verdadera rebelión que hizo añicos el intento de fraude en contra de su candidatura.

     

    En las conferencias de prensa diarias, mejor conocidas como “mañaneras” y que ahora son objeto de estudios sociológicos, López Obrador insiste en recordar ese pasado reciente y han tenido un efecto profundo en la memoria y consciencia de millones de personas. Por esas razones la derecha mexicana no se atreve a cuestionar abiertamente los programas sociales del gobierno y confirma la acusación del grupo ultraderechista VOX de España de calificarlos como “cobardes”. Incluso la ofensiva de medios, con sus falsas noticias (fake news) y toda forma de manipulación mediática, se han visto anulada por la política de comunicación del gobierno.

     

    Pero no basta con el desprestigio de la derecha o de una acertada política comunicacional del gobierno para ganar elecciones si no va acompañada de buenos resultados en el terreno económico. Es justo en este terreno en donde López Obrador está cerrando su sexenio con un panorama positivo. A pesar de que los salarios contractuales se han deteriorado, los salarios mínimos se han incrementado en un 80%. Para el presente año se espera un crecimiento del 3.65% del producto Interno Bruto y del 4% para el 2024. El consumo privado suma un trimestre con tasas de crecimiento del 4%. La moneda mexicana, lejos de devaluarse, como ha sido la constante en los últimos 50 años, se ha revaluado en un 33%. A pesar de su incremento nominal (de 10.5 a 14 billones de pesos en lo que va del sexenio), la deuda pública se mantiene en un promedio del 44% del Producto Interno Bruto (PIB) y no existe problema de impago. El desempleo, a pesar del trabajo precario, se ha reducido a menos del 5%. Los adultos mayores de 65 años reciben una renta básica universal equivalente a 147 dólares mensuales y se elevará a 176 a partir del 1 de enero de 2024. Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), México redujo en 8.9 millones su número de pobres a un total de 46.8 millones de personas, casi 16% menos que las 55.7 millones de 2020. A pesar de la pandemia y de la guerra Rusia-Ucrania, los precios de los energéticos no se han incrementado más allá del índice inflacionario.

     

    Aunque sea necesario relativizar estas cuentas en otro artículo, es preciso reconocer que las finanzas públicas se encuentran en buenas condiciones para el proceso electoral del 2024.

     

    A favor de la candidatura de Morena, debemos agregar el fervor nacionalista que se desatará con la inauguración de proyectos emblemáticos del gobierno como los ferrocarriles Maya (que unirá a 5 estados del sureste mexicano), el del Istmo de Tehuantepec y el que unirá las ciudades de Toluca y de México; la modernización de las cinco refinerías de Pemex, la nueva de Dos Bocas en el estado de Tabasco, que unidas a la de Deer Park en Texas, garantizarán el consumo de gasolina, gas y diésel; y muchas otras obras de infraestructura.

     

    El único factor que puede desestabilizar el proceso electoral del 2024 sería que la violencia criminal se traslade al terreno político. Esperamos que ello no suceda.

     

    Dese luego que estos datos representan un buen augurio de que la derecha no regresará al poder en el 2024. Pero ello no significa echar las campanas a vuelo y subestimarla, pero tampoco de dejar de construir un movimiento social independiente y autónomo que se movilice para profundizar el proceso de cambio y alcanzar objetivos clave como auditar y dejar de pagar la deuda pública odiosa; realizar una reforma fiscal que obligue a pagar más a quienes más tienen; de democratizar sus organizaciones y botar a las dirigencias corruptas; de garantizar el derecho al aborto en todo el país así como la igualdad de género y de la comunidad LGTBI+; y de convocar a un congreso constituyente que elimine las reformas neoliberales realizadas al texto original de nuestra Constitución.

     

    En este camino, la existencia de una fuerza política con un perfil anticapitalista, ecosocialista y feminista, se hace más necesaria que nunca.

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