Autor: Fer Cabrerizo

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    Daniel Tanuro

    Miembro de la Izquierda Anticapitalista, autor de «Demasiado tarde para ser pesimista» ( Sylone-viento sur, 2020)

    Traducción: Faustino Eguberri para VientoSur
    Fuente:
    Europe Solidaire Sans Frontières

    Actualidad Internacional: Ecología

    10/01/2021

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    El istema presidencial estadounidense se fundó en la época de la esclavitud en el siglo XVIII; se basa en el sufragio indirecto, sesgado en todos los sentidos posibles, gangrenado por el dinero hasta la médula… Qué importa: en los medios de comunicación fue suficiente que peligrosos aprendices de fascistas irrumpieran en el Capitolio para que Estados Unidos se convirtieran mágicamente en «la gran democracia por excelencia».

    Vertiginosas desigualdades sociales, racismo estructural, machismo virulento, falta de seguridad social, sectas religiosas fanáticas, grupos nazis y supremacistas armados, represión de migrantes, agresiones homofóbicas y… apoyo imperialista a dictaduras en todo el mundo. De repente, Trump es designado como la causa principal, si no exclusiva, de todos estos males. Sin embargo, estos no son nuevos. Como recordatorio, fue Clinton quien comenzó a construir el Muro en la frontera mexicana…

     

    Tras el asalto fascista al Capitolio, las y los políticos y los principales medios de comunicación repiten casi unánimemente el mismo estribillo moralizador: «La polarización y la radicalización hacen el juego a los extremistas que ponen en peligro la democracia, unámonos para defenderla, silenciemos nuestras disputas, amémonos los unos a los otros».

    Traducido en términos políticos y sociales, esto significa: «Trabajen bien, acepten pacientemente sacrificios e injusticias, obedezcan a la policía y respeten sus gobiernos. De lo contrario, los malos extremistas («de derechas o de izquierdas», agregó incidentalmente un funcionario del MR-Movimiento Reformador belga..) pondrán en peligro las sagradas instituciones de la Democracia».

    Para dejar las cosas completamente claras, algunas y algunos observadores también se han atrevido a poner un signo de igualdad entre las pandillas fascistas lanzadas por Trump al asalto del Capitolio y el movimiento de Chalecos Amarillos lanzado por la base social contra la política de austeridad-seguridad de Emmanuel Macron. Las mezcolanzas, cuanto más grandes, mejor cuelan…

     

    Aunque sea más sutil y se reclame de los valores democráticos, este discurso dominante no es, a fin de cuentas, menos falso que el de Trump. Simplemente, reemplaza las verdades alternativas por el pensamiento único (la Verdad revelada por las y los creadores de opinión) y el discurso de odio por declaraciones de amor y armonía social (que chorrean hipocresía).

    La amenaza de un intento de golpe de Estado trumpista era evidente desde hace meses. ¿Por qué las y los políticos y sus agentes mediáticos no nos alertaron? ¿Cómo habrían reaccionado si Trump hubiera tenido éxito en usar el Tribunal Supremo de los Estados Unidos para revertir el resultado de la votación, como claramente pretendía? Lo más probable es que se hubieran contentado con un comentario desaprobador, mientras destacaban las rarezas del sistema estadounidense… ¡Ni hablar de poner en duda la «mayor democracia del mundo»!

     

    ¿Por qué entonces toda la agitación actual? Porque lo que sucedió en el Capitolio está cambiando el ambiente entre la opinión pública. De repente, las masas populares observan con preocupación que el desempleo masivo, la desigualdad, las leyes del mercado, la guerra de todos y todas contra todos y todas y la supremacía imperialista hacen renacer la barbarie fascista y racista, como en la década de 1930. También constatan que, como en la década de 1930, los intentos de abrir el camino al poder a esta barbarie vienen no solo de abajo (QAnon y gentes tipo Proud Boys), sino a menudo también de arriba, a veces incluso de la cúspide de estos Estados que se dicen democráticos. ¿Es necesario recordar que el rey Víctor Manuel III allanó el camino para Mussolini en Italia? ¿Que Leopoldo III y Hendrik De Man, en nuestro país (Bélgica), favorecieron el Nuevo Orden?

    Lo que sucedió el 6 de enero en Washington está funcionando como revelador. La conmoción nacional e internacional es enorme, comparable a la del 11 de septiembre, en otro terreno. Entonces, los responsables políticos del capitalismo y sus agentes mediáticos se apresuran. ¿Para poner fin al desempleo masivo, las desigualdades, las leyes del mercado, la guerra de todos y todas contra todos y todas, la supremacía imperialista? Pues no, todo lo contrario: se apresuran a salvar estas sus políticas injustas, salvar las instituciones a través de las cuales promulgan estas políticas y salvar la ideología hipócrita [1]El mismo tipo de maniobra está en marcha en Europa. En un discurso de circunstancias, Emmanuel Macron tuvo el descaro de presentarse como el defensor de los derechos democráticos que está tratando … Seguir leyendo que hace que estas instituciones parezcan defensoras democráticas del interés general, cuando están al servicio de intereses particulares de las y los poderosos. Porque, sin el control de esta ideología, todo el sistema se desmoronaría como un castillo de naipes.

     

    El significado de la maniobra es muy claro en Estados Unidos, donde el estupor creado por el golpe de Trump se utiliza para tratar de consolidar la frágil posición de Joe Biden, para justificar su acercamiento a los republicanos «anti-Trump» (entre comillas) y, por lo tanto, la eliminación de todo lo que el programa del futuro presidente podría incluir concesiones hechas a Bernie Sanders y a la izquierda del Partido Demócrata… Defensa de la democracia, ¡ni hablar! La maniobra no conducirá a una alternativa democrática, social y ecológica al Trumpismo, sino a una reformulación del tipo de política que hizo posible el trumpismo y, en consecuencia, a su fortalecimiento.

    El mismo tipo de maniobra está en marcha en Europa. En un discurso de circunstancias, Emmanuel Macron tuvo el descaro de presentarse como el defensor de los derechos democráticos que está tratando de enterrar. Otra muestra notable fue la complaciente entrevista con Charles Michel (Charles Michel es el presidente del Consejo Europeo en ejercicio y antes fue primer ministro de Bélgica ndt), en RTBF hace unos días [2]RTBF, « Jeudi en prime », 7 janvier 2021. Charles Michel, el exjefe del gobierno más antisocial de la posguerra; Charles Michel, el hombre que gobernó con un Secretario de Estado de Asilo fascistoide y admirador explícito de Trump; Charles Michel, a quien la pobreza en la que uno de cada cuatro niños y niñas crece no le impide dormir; Charles Michel, el hombre que encontró democrático imponer la jubilación a los 67 años (!) cuando esta medida criminal ni siquiera estaba en la agenda de los partidos que formaban su coalición… Charles Michel, el presidente de un Consejo Europeo no elegido, vino a instarnos a defender La Democracia.

     

    Este humo pseudodemocrático está presente en todos los países. Con tanto mayor riesgo de éxito, cuanto que la pandemia favorece a la vez los discursos de unidad nacional por encima de las divisiones sociales, los abusos policiales y los deslizamientos autoritarios. En todos los países, como en los Estados Unidos, el resultado será el fortalecimiento de la derecha extrema y de la extrema derecha populista, racista, conspiracionista y sexista. El peligro que esto representa no puede ser combatido por la sagrada unión de todos los demócratas – una unión sagrada en la regresión social neoliberal y productivista. Sólo se puede combatir mediante la movilización masiva de las y los explotados y oprimidos contra todas las formas de dominación, en defensa de sus derechos democráticos y, por lo tanto, de sus derechos sociales, en defensa del derecho de las generaciones futuras a un medio ambiente de calidad.

    En esta movilización es de esperar que las y los partidarios del ecosocialismo se reúnan en torno a una alternativa digna de ese nombre, porque el sistema capitalista solo puede aportar regresión social, destrucción ecológica y despotismo político.

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    Notas del artículo

    Notas del artículo
    1 El mismo tipo de maniobra está en marcha en Europa. En un discurso de circunstancias, Emmanuel Macron tuvo el descaro de presentarse como el defensor de los derechos democráticos que está tratando de enterrar.
    2 RTBF, « Jeudi en prime », 7 janvier 2021.
  • En defensa de la educación pública  y contra el neoliberalismo educativo.

    En defensa de la educación pública y contra el neoliberalismo educativo.

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    Actualidad Internacional: Luchas y Movimientos

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    La pandemia del COVID-19 generó una situación inédita de parálisis global programada, que desnudó las profundas desigualdades del sistema, pero que también se convirtió en una oportunidad para el gran capital en su propósito de avanzar en una redefinición de sus procesos y dinámicas, con elementos de mayor exclusión y dominación.  La ola de privatizaciones de los servicios básicos y de interés social ocurridas en las últimas décadas, hizo que los sectores sociales más empobrecidos y la clase trabajadora fueran los más afectados por la crisis de la pandemia.

    La parálisis en todos los planos generada por la pandemia se imbricó con la crisis económica del capital que venía eclosionando en una nueva recesión económica mundial. En ese contexto vimos surgir gobiernos neo- conservadores con políticas de corte fascista como el de Trump o Bolsonaro, que con sus políticas negacionistas de los riesgos para la salud del COVID-19 llevaron a miles de seres humanos a los hospitales y a la muerte. Muchos gobiernos, siguiendo el ejemplo de Trump y Bolsonaro, privilegiaron las ganancias por encima de la vida humana.  Esto debe ser enfrentando por los pueblos y sus organizaciones sociales y sindicales en el plano de las ideas, la movilización y la organización.

    La actual coyuntura mundial es de crisis profunda del sistema capitalista que lo lleva a intentar colocar sobre las espaldas de los y las trabajadores los costes de esta situación. La pandemia del COVID-19 ha servido de pretexto para avanzar en la agenda neoliberal de sociedad educadora, la cual se concreta con novedosas formas de privatización educativa, asociadas al acceso a la conexión a internet y la posesión de equipos para participar en las clases virtuales.

    El experimento de la virtualidad en casa está siendo usado para colocar una disputa que no existía en febrero de 2020, entre educación presencial en la escuela versus educación virtual en casa. El capitalismo sabe que no puede suprimir de manera impune y rápida las escuelas, pero está creando el imaginario social sobre la obsolescencia de lo escolar. Ello procura dar entrada a las corporaciones tecnológicas y de contenidos educativos digitales al “mercado educativo”, lo cual va acompañado de una desinversión sostenida en la actualización y formación docente para contextos digitales como el actual.

    A pesar de ello el magisterio internacional ha asumido por cuenta propia y con el acompañamiento de sus gremios y sindicatos la tarea de actualizarse para enfrentar los actuales desafíos pedagógicos. Los educadores del mundo somos un digno ejemplo del compromiso con la continuidad del derecho a la educación, en condiciones cada vez más adversas, quienes hemos garantizado de manera real el sostenimiento del vínculo pedagógico con los y las estudiantes.

    Ello no oculta la emergencia de nuevas formas de privatización, al transferir a las familias, docentes y estudiantes las responsabilidades de los Estados nacionales de garantizar las condiciones mínimas para ejercer el derecho a la educación. Son ahora las familias, docentes y estudiantes quienes deben comprar o repotenciar computadoras, pagar planes de datos para el acceso a internet e incluso adquirir plataformas privadas para poder dar clases virtuales. Esta privatización está siendo ocultada con una estruendosa cortina de humo comunicacional de los gobiernos que habla del supuesto éxito educativo en la pandemia, con frases oportunistas sobre la mística docente.

    Los docentes han sido sometidos a sobre carga en sus horarios y tareas, encerrados en sus casas, resolviendo por su cuenta la continuidad de la actividad educativa. Esto lo ha hecho el magisterio mundial con el mínimo o ningún reconocimiento de los gobiernos.

    En solo meses millones de estudiantes en el mundo han sido expulsados de los sistemas educativos. La propuesta de educación virtual, híbrida y multimodal ha encontrado a millones de niños, niñas y jóvenes sin posibilidades reales de continuar sus estudios. No son ellos, los y las jóvenes y los más chicos(as) quienes están dejando los estudios, es el sistema capitalista quien los está dejando fuera, al romperse el papel igualador de condiciones de aprendizaje asignado a la escuela.

    Algunos gobiernos de manera irresponsable han convocado a una vuelta a clases en medio del ascenso de los contagios, sin que aún se cuente con una vacuna y sin las adecuadas condiciones de bioseguridad, cuestión que expresa con claridad que sus mayores preocupaciones están en reactivar la economía capitalista en crisis, a costa de la seguridad y vida de los niños y los trabajadores de la educación.

    Mientras el capital hoy defiende la escuela como guardería y sitio para transmitir conocimientos funcionales al modo de producción, nosotros defendemos la escuela del pensamiento crítico, de la solidaridad, del encuentro humano, del vínculo con la transformación social.

    La actual crisis ratifica viejas certezas al tiempo de instalar nuevos desafíos. La certeza según la cual la experiencia educativa ineludiblemente se sostiene en una actividad presencial ha recuperado nuevamente valor para el ejercicio docente, tan denostado por la mercantilización educativa neoliberal. Con todo ello, el retorno a la escuela y la presencialidad no puede ser a aquella realidad naturalizada de desigualdades expresadas antes de marzo 2020 y con dramatismo durante la pandemia.

    El desafío que enfrenta la generación de trabajadores y trabajadoras de la educación en el presente es aún mayor: se trata de pensar y construir respuestas, no solo para la coyuntura, sino que desde el presente de resistencias se pueda trazar un horizonte estratégico, que pasa ineludiblemente por la construcción de alternativas pedagógicas que sustenten una nueva escuela.

    Asumir de la manera más consistente y responsable este desafío, supone ir más allá de las fronteras nacionales puesto que lo que está en juego es precisamente la superación de la crisis de un modelo globalizado de educación neoliberal.

    La universidad pública intenta ser tensionada por el capital hacia modelos de privatización, lo cual demanda un renovado compromiso con su carácter público, algo que forma parte de nuestras preocupaciones centrales.

    Con este propósito y el reconocimiento, solidaridad y confianza de quienes luchamos en defensa de la educación pública, hemos venido construyendo un espacio internacional de encuentro, de carácter abierto, horizontal, plural e inclusivo que denominamos “Grupo de Contacto Internacional” (GCI), para desde ahí continuar pensando juntes estos y otros desafíos educativos.

    Desde el “Grupo de Contacto Internacional” propiciamos durante estos cinco meses de pandemia debates, reflexiones, análisis, respecto a las características de la actual ofensiva del capital contra la educación y concluimos sobre la urgencia de convocar al “I Congreso Mundial en Defensa de la Educación Pública y en contra el neoliberalismo educativo”.

    Este I Congreso Mundial de Educación 2020 que se efectuará por medios virtuales, se plantea el desafío de enfrentar al neoliberalismo en todas sus formas y expresiones y para ello, avanzaremos en el establecimiento de una Coordinadora Internacional de los y las Trabajadores de la Educación (CITE), como espacio permanente de diálogo, encuentro y organizaciones de quienes luchamos en defensa de la educación pública y contra el neoliberalismo educativo. Invitamos a todas las organizaciones, gremios, sindicatos, movimientos sociales y personalidades que converjan en estas ideas a sumarse a los debates y deliberaciones que estaremos desarrollando el 26 y 27 de septiembre 2020.

     

    Mercedes Martínez (Federación de Maestros y Maestras de Puerto Rico, FMPR), Pedro Hernández (CNTE, México), Luis Bonilla-Molina (Centro Internacional de Investigaciones Otras Voces en Educación), Alfredo Velásquez (SUTEP, Perú), Laura Isabel Vargas (UNE, Ecuador), Fernando Abrego (ASOPROF, Panamá), David Lobâo (SINASEFE, Brasil), Eduardo González (MUD, Chile), Luis Tiscornia (CONADU-H, Argentina), Denis Solís (APSE, Costa Rica), Jurjo Torres Santomé (A Coruña, España), Marc Casanova (USTEC, España), Luis Edgardo Salazar (FECODE, Colombia), Vladimir Laura (CONMERB, Bolivia), Fernando Lázaro (CEIP-H, Argentina), Julieta Kusnir (EEUU), Nelva Reyes (CGTP, Panamá), Luis Bueno (CNSUESIC, México), Sebastián Henríquez (SUTE, Mendoza, Argentina), Yesid González (La Roja, Colombia), Claudia Baigorria (CONADU-H, Argentina), José Cambra (ASOPROF, Panamá), Luz Palomino (CII-OVE), Ángel Rodríguez (APPU, Puerto Rico), Carolina Jiménez (UN, Colombia), Daniel Libreros  (CADTM, Colombia), Diógenes Sánchez (Coalición Panameña por la Defensa del derecho a la Educación), Edgar Isch (Académico, Ecuador), Fernando Gómez (Rosario, Argentina), Hugo Aboites (Académico, México), Laura García Tuñón (ENDYEP, Argentina), Luis Sánchez (AEVE, Panamá), Marco Raúl Mejía (Planeta Paz, Colombia), Mauro Jarquín (Investigador, México), Rosa Cañadel (Cataluña, España), Sandra Lario (Colectivos de Educadores populares del Sur, Argentina), Rosemary Hernández (FOVEDE, Venezuela), Verónica del Cid (Red Mesoamericana Alforja), Lev Velásquez (profesor, equipo de la CNTE, Sección XVIII, México), Estela Gramajo (Intergremial de Formación Docente, Uruguay), Jorge Adaro (Ademys, Argentina), Mariano Isla (Asociación de Pedagogos de Cuba), Albert Sansano (Foro Mundial de educación del Foro Social Mundial), Sheila Ceccon ( FME /Foro Social Mundial), Albert Croce (Argentina), Vicent Mauri  (Intersindical de Valencia, España), Leopoldo Muñera (MANPUP, Colombia), Andrés Felipe Mora (MANPUP, Colombia), Daniel Jorge (FERC CGT, Francia), Ezequiel Alfieri (Educador popular, Argentina), Teresa Garduño Rubio  (Pedagoga y Educadora Popular, México), Angela Zambrano (Profesora universitaria, Ecuador), Lourdes Velásquez de Urbáez (Sociedad Venezolana de Educación Comparada),  César Valdovinos (CINPECER, México), Miguel Ángel Hernández (SITIEMS, México), Raúl Gil (Uruguay), Eric Toussaint (Comité Mundial por la Abolición de las Deudas Externas, Bélgica), Tim Anderson (Profesor Universitario, Australia),  Luis Hernández Navarro (periodista, México), Orlando García (ASOMOGRERP, Panamá), Allen Cordero (Profesor Universitario, Costa Rica), Antonio Elías (Profesor e Investigador, Uruguay), Aníbal Navarrete  (Regional Bio Bio, Colegio de Profesores de Chile), Elizabeth Búrigo (profesora universitaria, Brasil), Diego Parra (Coalición Chilena por el derecho a la educación), Monique Dols  (Magisterio Nueva York, EEUU), Pavel Escobar (CNTE, Chiapas, México), Trino Barrante (SINDEU, Costa Rica),  Alfonzo Insuasti (Grupo Kavilando, Colombia), Federico Gayoso (COAD, Asociación gremial de docentxs e investigadorxs de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina), Lucian Segami (NEHAWU, Sindicato Nacional de Trabajadores de Educación, Salud y Afines, Sudáfrica), Mari Luz González (STES, España).

     

    Participan como observadores: Eblin Farage (ANDES, Brasil), Richard Araujo (APEOESP, Brasil), Cássio Sindserv Santos (Rede Pública Municipal, Brasil), Toninho Alves (FASUBRA, Brasil), Sirlene Maciel (Consejo de Directores de SINTEPS, Sao Paulo, Brasil), Richard L (SEPE, Rio de Janeiro, Brasil, Richard Clayton (Equipo de dirección de SEPE, Río de Janeiro, Brasil).

     

     

    Para mayor información pueden escribir a congresomundialdeeduacion2020@gmail.com

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  • Entrevista a Daniel Bensaïd:El retorno del problema político

    Entrevista a Daniel Bensaïd:
    El retorno del problema político

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    Actuel Marx

    Entrevista realizada en septiembre de 2009 y publicada en Actuel Marx, n° 46, Partis/Mouvements.

    Traducción: Tomás Callegari para Democracia Socialista
    Fuente: 
    VientoSur

    Teoría: Organizacion, partido, movimiento

    23/5/2013

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Actuel Marx: Mientras la izquierda europea parecía sólidamente anclada a una división del trabajo entre partidos y sindicatos, en los últimos veinte años hemos asistido al desarrollo de movimientos sociales que buscaban deliberadamente afirmar la propia autonomía y radicalidad en respuesta al debilitamiento de la izquierda tradicional ante el ascenso del neoliberalismo. A veinte años de distancia, ¿qué diagnóstico puede hacerse de estas formas de lucha colectiva? ¿Deben ser consideradas como elementos de fragmentación, como fuerzas de presión sobre los partidos o sindicatos, o como factores de recomposición?

    Daniel Bensaid: El surgimiento de agrupamientos diversos probablemente corresponda a la vez a una tendencia de fondo y a un fenómeno más coyuntural. La tendencia de fondo es la de la creciente complejidad de las sociedades contemporáneas y la de la pluralidad de los ámbitos sociales: múltiples contradicciones y modos de subjetivación se revelan así irreductibles a las grandes síntesis a priori y a la absorción en un gran sujeto histórico unificante. El fenómeno más coyuntural depende de la pérdida de legitimidad por parte de los partidos y sindicatos moldeados en la horma del estado de bienestar. Éstos no han sido capaces de responder a la reorganización de las formas de resistencia a la contra-reforma liberal. Los sindicatos habían restringido su función a la negociación de la relación capital-trabajo al interior de la empresa o del sector productivo, mientras que el agotamiento del compromiso fordista y la desconcentración industrial obligaron a reinvestir las prácticas territoriales.

    Probablemente ciertas formas de organización autónoma serán componentes duraderos de un movimiento social proteiforme que trascienda ampliamente la función sindical de negociación de la fuerza de trabajo, a menos que los sindicatos recuperen las prácticas iniciales del sindicalismo de las bourses du travail /1. Está comprobado, en efecto, que las grandes centrales sindicales tienden a jerarquizar objetivos y a relativizar ciertas reivindicaciones que son mejor tomadas en cuenta por organizaciones específicas como los comités de desocupados, los colectivos de inmigrantes indocumentados, o las asociaciones por el derecho a la vivienda. Es el caso, en particular, de Francia, donde menos del 10% de la fuerza de trabajo (¡5% en el sector privado!) está sindicalizada. Sería imprudente, por lo tanto, extraer conclusiones demasiado generales. También porque la pregunta que ustedes me hacen tiende a mezclar cosas bastante diversas.

    Droit au logemente, Act-Up o AC son asociaciones que luchan por una cuestión específica, y las coordinaciones o comités de huelga son organismos de movilización tanto más necesarios cuanto en Francia la representación sindical es débil. Pero son también formas muy fluctuantes. En las recientes luchas, el fenómeno de las coordinaciones ha sido menos frecuente y menos espectacular que hacia los inicios de los años «90 en las huelgas de los enfermeros y de los ferroviarios, como si, frente a la brutalidad de la crisis, las centrales sindicales hubieran recobrado las fuerzas.

    Actuel Marx: Mientras que la cuestión de la forma-partido suscitó escasas discusiones en las últimas décadas, parece volver a cobrar actualidad ¿Cómo explicarlo? ¿Es el efecto de una crisis de los partidos existentes: crisis de la representación política en general, acabamiento del principio de las divisiones partidarias de la izquierda del siglo XX? ¿Es el síntoma de una crisis de la articulación sindicatos-partidos o de los atolladeros de la alternativa movimentista? ¿Es, más en general, la consecuencia de una carencia estratégica de la izquierda frente al neoliberalismo y su crisis?

    Daniel Bensaid: No me gusta el cliché de la crisis “de la forma-partido”, que encubre demasiado fácilmente distintas cuestiones. Si hay crisis, la hay en primer lugar de la política misma o, si se prefiere, de la representación democrática, de la cual el retroceso partidario puede ser una consecuencia. Hay crisis, después, del contenido (de los programas, de los proyectos), más que de la forma, y esta crisis manifiesta la incapcidad de partidos que habían sido los leales administradores del estado de bienestar para afrontar la contra-reforma liberal inaugurada hacia los inicios de los años «80. Hay crisis, finalmente, en la redefinición de las prácticas militantes, animadas por una nueva exigencia democrática y cultural en relación a las transformaciones sociales, con la emergencia de nuevas cuestiones de fondo como la crisis ecológica, y con el empleo de nuevos instrumentos de comunicación que quebrantan el monopolio de la información del cual se nutrían los principales aparatos burocráticos.

    Dicho esto, sería simplista contraponer una cultura descentrada, reticular, a las formas sindicales o partidarias centralizadas, calcadas sobre una cierta imagen del Estado. Se puede notar que el discurso sobre las redes y la fluidez es también él calcado sobre la sociedad líquida de un capitalismo liberal que, en no menor medida, conjuga eficazmente centralización y descentralización, como ilustra maravillosamente la organización de Wal-Mart (ver, a propósito de esto, el breve libro editado por Prairies ordinaires) /2.

    La caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética han marcado el fin de un largo ciclo histórico y el comienzo de uno nuevo, obligando a todos los actores, políticos y sociales, a redefinirse. De ahí la moda del “re-” (renovación, refundación, reconstrucción, etc.).

    En un primer tiempo, como sucede después de las grandes derrotas (como ha ocurrido en la década de 1830 bajo la Restauración), se produce lo que yo llamo un momento utópico, un momento de fermentación, de experimentación, un momento de tanteos. Es lo que ha ocurrido a fines de los años «90, especialmente en el movimiento altermundista: una efervecencia utópica necesaria, pero acompañada de un discurso simplificador que contrapone el “buen” movimiento social a la “sucia” política. Esto ha comenzado a cambiar después de esos años: se ha producido un click, y el cambio se acelera con la crisis. La pretensión de autosuficiencia de los movimientos sociales (que les ha sido prestada por ciertos ideólogos, mucho más de lo que ellos mismos la han teorizado) muestra sus límites. El problema político regresa con fuerza y con él un cierto gusto por la recuperación del compromiso contenido en las formas partidarias.

    Actuel Marx: ¿Cómo deberían articularse hoy las distintas fuerzas políticas de izquierda, las fuerzas sindicales y los movimientos? ¿Cómo redefinir el tipo de intervención específica de estas diferentes fuerzas, por ejemplo, en los campos de intervención conjunta, como el trabajo asalariado, los servicios públicos, la discriminación? ¿Cómo pensar esta articulación en una perspectiva de convergencia y complementariedad?

    Daniel Bensaid: La artificialidad de una forma de división del trabajo entre lo que concerniría a lo social y lo que concerniría a la política se manifiesta cada vez más claramente.

    Los movimientos sociales, evidentemente, producen política, en el sentido bueno del término. El movimiento de indocumentados, cuando obliga a repensar la ciudadanía y las relaciones entre lo nacional y lo extranjero; los movimientos de desocupados, cuando obligan a repensar la relación salarial; las asociaciones de pacientes o de investigadores, cuando vuelven a poner en discusión el estatuto de la ciencia y de la especialización; evidentemente, el movimiento de las mujeres, cuando responde a la división del trabajo y de los roles sociales, etc. Recíprocamente, los partidos, si no se conforman con ser máquinas electorales, se nutren de estas experiencias, las inscriben en una perspectiva de largo plazo y, complementariamente, irrigan las luchas sociales de tentativas de síntesis programáticas.

    Entre movimientos sociales y partidos hay, por tanto, una diferencia, no de naturaleza sino de función. Su relación puede basarse en la percepción clara de esta diferencia y en el respeto recíproco de su independencia. Esto se evalúa prácticamente según la capacidad de los militantes de los partidos (que no son zombis extraños ni exteriores a los movimientos sociales, sino a su vez asalariados, mujeres, inquilinos, pacientes, agremiados…) de articular propuestas, respetando la autonomía y las reglas democráticas de los movimientos en los que participan.

    En cuanto a la articulación entre partidos y sindicatos, depende en gran medida de la historia de los paises en cuestión. La Carta de Amiens /3, por ejemplo, es ante todo una singularidad francesa, que la cultura anglosajona comprende poco. Recientemente, la experiencia del LKP de Guadalupe, o del movimiento del 5 de febrero en Martinica, han demostrado que la convergencia en un mismo espacio unitario entre sindicatos, movimientos y partidos puede constituir un arma temiblemente eficaz.

    Actuel Marx: ¿Cuáles son, según Ud., los obstáculos principales para una articulación semejante al interior de un proyecto de transformación social radical? ¿Y de que formas podrían ser superados?

    Daniel Bensaid: Los obstáculos son de naturalezas diversas. El primero es sin duda la división sustentada por la lógica competitiva del capital, que contrapone a los trabajadores entre sí, individualiza los status, los ingresos, los tiempos de trabajo; que atomiza a los colectivos, contrapone a lo público lo privado, los usuarios a los huelguistas, los franceses a los inmigrantes, etc.

    El otro obstáculo, que no es menor, es el que su pregunta supone resuelto, vale decir, que exista un proyecto “compartido de transformación social radical”. Estamos lejos. Y no por las inconsecuencias o la mala voluntad de tal o cual aparato, sino a causa de los efectos de la alienación del trabajo, del fetichismo de la mercancía, del círculo vicioso de la dominación. A veces pasa que el círculo puede ser quebrado, como a veces pasa que se interrumpe la rutina de los trabajos y los días, pero ello se produce en situaciones particulares, situaciones de crisis social y política. El tiempo político, en efecto, no es el tiempo lineal, “homogéneo y vacío” de las penélopes electorales; es un tiempo quebrado, discontinuo, lleno de espasmos.

    Se trata de prepararse para tales situaciones de múltiples maneras, o en varios planos simultáneamente. A nivel partidario, recuperando y sintetizando las experiencias más fecundas, trabajando día tras día para que las ideas recabadas por estas experiencias se hagan camino. En los sindicatos y en los movimientos, disputando todo el tiempo el terreno a la inercia y a los intereses de aparato, modificando las relaciones de fuerza a su interior. En las luchas, fomentando, cuanto sea posible, la emergencia de formas unitarias y democráticas de auto-organización y autogestión.

    Actuel Marx: Para desafiar la centralidad del capitalismo, esta articulación, ¿debería basarse exclusivamente sobre la igual dignidad de todas las luchas contra la dominación y la explotación? ¿Podría igualmente admitir principios de una jerarquízación práctica?

    Daniel Bensaid: Admitir una jerarquía de las prácticas equivaldría a retornar a la idea de una “contradicción principal” (las relaciones de clase), a la cual estarían subordinados problemas presuntamente secundarios (el problema ecológico o el feminista, la discriminación racial…). Se puede -se debe-, inversamente, partir de lo que ustedes llaman “la igual dignidad de las luchas”, sin con ello resignarse al hecho de que su pluralidad se traduzca en su dispersión. Su gran unificador es la dominación sistémica del capital mismo. Es esto lo que explica cómo movimientos tan diversos como sindicatos de la industria, movimientos feministas, asociaciones culturales, movimientos ecologistas, movimientos indígenas, sindicatos campesinos, y tantos otros, han logrado tan fácilmente converger en los foros sociales.

    Sin que sea necesario hablar de jerarquías, se puede sin embargo constatar que los diversos campos sociales no cumplen el mismo rol. El mismo Bourdieu admitía que el campo económico no tiene el mismo peso que el mediático o que el académico. Se puede también constatar que ciertos movimientos (por ejemplo, el movimiento anti-guerra) son más intermitentes que otros (el movimiento sindical). Estas diferencias son reveladoras de una articulación “sobredeterminada” por la dominación impersonal y sistémica del capital, de suerte que las relaciones de clase y de género son sin duda las dos principales diagonales entorno a las cuáles pueden rencontrarse de manera no jerárquica las diversas resistencias.

    Notas

    1/ La bourse du travail, literalmente “bolsa de trabajo”, fue un tipo de organización de trabajadores de distintos oficios extendida en Francia hacia fines del siglo XIX. Precursora de las centrales sindicales, tenía un eje de organización regional-local, y funciones múltiples que excedían la relación corporativa con el capital, e iban desde el fomento de la ayuda mutua hasta la educación de sus miembros, incluyendo la asignación de puestos laborales para trabajadores calificados y no calificados, la formación de centros culturales, librerías, teatros, etc.

    2/ Bensaid se refiere a Wal-Mart, l»entreprise monde, publicado en 2009 por Lichtestein Nelson y Susan Strasser, que describe el funcionamiento de la gigante multinacional estadounidense, principal vendedora minorista del mundo.

    3/ La Charte d»Amiens es una declaración del congreso de 1906 de la Confederación General del Trabajo francesa, que disponía la independencia de los sindicatos respecto de todo partido político, jerarquizando la lucha económica por sobre la política y postulándola como la vía genuina para la liberación de los trabajadores.

    Tradución: Tomás Callegari para Democracia Socialista

    23/5/2013

     

     

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    Eric Toussaint

     

    Traducción: Alberto Nadal
    Fuente: 
    VientoSur

    Teoría: Marxismo

    25/01/2017

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    La construcción de una sociedad de transición al socialismo se plantea de forma cuadrangular

    En primer lugar, los marxistas y el problema de la sociedad de transición entre el capitalismo y el socialismo: cuando los bolcheviques se vieron confrontados a la construcción de un Estado obrero a partir de la insurrección de octubre de 1917, tenían muy pocas bases teóricas sobre las que apoyarse en esta materia. Era efectivamente la primera experiencia histórica, práctica, a gran escala, de tentativa de construcción de una sociedad socialista.

    Había escritos marxistas que abordaban los problemas de la transición, escritos de antes de 1917. Son los escritos de K. Marx y F. Engels, en particular la crítica del programa de Gotha y de Erfurt, y las lecciones sacadas por Marx, Engels y más tarde por Lenin, de la experiencia de la Comuna de París. Ésta representa la primera experiencia histórica de la “dictadura del proletariado”, aunque de corta duración y a una escala geográfica muy reducida, no especialmente comparable a la Rusia zarista. En fin , hay un libro extremadamente importante escrito por el propio Lenin durante el año 1917, “El Estado y la Revolución”. Dicho texto prolonga los análisis de Marx y propone un método de dirección política de la sociedad de transición pero no plantea el problema bajo el ángulo económico.

    Segunda observación. ¿Cómo se veía hasta 1917 el problema de la transición entre el capitalismo y el socialismo, el problema de la dictadura del proletariado?

    Éste estaba planteado de forma triangular por los marxistas de la época y en particular por Lenin. Triangular, en la medida en que ponía en presencia tres clases sociales esenciales: la burguesía, el proletariado industrial y el campesinado. Se trataba de realizar la alianza del proletariado y del campesinado para derrocar la dictadura burguesa. Esta alianza debía hacerse bajo la dirección del proletariado y debía ser mantenida tras la toma del poder si se quería a la vez combatir los vestigios del antiguo régimen, hacer frente a los ataques de la burguesía imperialista, realizar las tareas de la revolución democrática y emprender transformaciones socialistas.

    Lenin reflexionó mucho sobre el problema de la alianza obrera y campesina. El escollo en ese esquema es que, en realidad, la construcción de una sociedad de transición no se plantea de forma triangular sino cuadrangular. A la burguesía, al proletariado y al campesinado se añade un cuarto actor: la burocracia. Ni Marx, ni Engels, ni Lenin, ni los demás dirigentes bolcheviques en el período inmediatamente posterior a la insurrección de 1917 se plantearon el problema de la burocracia como capa social que iba a jugar un papel específico autónomo en relación a las otras tres grandes fuerzas sociales.

    Sin embargo, el problema de toda la sociedad de transición, es que la clase obrera aliada al campesinado no deberá simplemente combatir a la burguesía en el plano internacional y nacional, deberá igualmente combatir las deformaciones burocráticas. Y si éstas toman amplitud, deberá luchar contra la capa burocrática que se haya cristalizado. Para el período que va del año 1919 a 1923, se pueden encontrar una serie de textos de dirigentes bolcheviques que denuncian el burocratismo y la burocracia. Pero no se encuentra ningún análisis de la burocracia como capa, que cristalizándose, puede jugar un papel autónomo. En el seno de la “oposición trotskysta”, habrá que esperar a 1928 para que se escriba un texto que analice la burocracia bajo este ángulo. Se trata del famoso texto de Christian Rakovsky titulado “Los peligros profesionales del poder”.

    LOS CINCO PRIMEROS AÑOS DEL ESTADO OBRERO SOVIÉTICO

    Cinco años después de la revolución, en 1922-1923, hubo una gran reflexión a propósito de los problemas del burocratismo y de la forma de combatirlo. Fue sobre todo el principal dirigente del partido, Lenin, quien planteó la cuestión de las deformaciones burocráticas de forma sistemática e intentó aportar una serie de soluciones precisas. El burocratismo es también denunciado por tendencias minoritarias en el partido bolchevique, en particular por la Oposición Obrera (desde 1920-1921) y por la Tendencia del Centralismo Democrático.

    ¿Qué ocurrió en los cinco primeros años del Estado obrero soviético? El nuevo Estado se encuentra a la cabeza de un país que cuenta con una mayoría aplastante de campesinos. En el momento de la revolución, no hay más que 3 millones de obreros industriales y 5 años después, ya solo son 1,2 millones aproximadamente.

    Lo que aporta la revolución a la mayoría campesina, es el acceso a la tierra; la daban a quienes la trabajaban. El campesinado no se organizó por tanto en las granjas de Estado o en cooperativas. Está esencialmente compuesto de 25 millones de familias campesinas, cada una de las cuales cultiva su parcela de tierra. Los asalariados agrícolas son poco numerosos; las granjas del Estado y las cooperativas solo representan un poco menos del 2% de las tierras cultivadas.

    Entre 1917 y 1922, la política económica soviética pasa por tres fases:

    La primera fase permite iniciar las transformaciones socialistas mediante incursiones “despóticas” en el terreno de la propiedad privada, por parafrasear a Marx. En la situación de Rusia, esto implica la transferencia de la tierra a la nación y su atribución en usufructo a quienes la trabajan, la nacionalización del crédito y de los bancos, la instauración del monopolio del Estado sobre el comercio exterior, la generalización del control obrero, el repudio de la deuda externa… Lenin, en un discurso al congreso extraordinario de los soviets del 4 de diciembre de 1918, enumera algunas de las medidas citadas más arriba afirmando explícitamente su carácter socialista: “Esta revolución es socialista. La abolición de la propiedad privada de la tierra, la introducción del control obrero, la nacionalización de los bancos son otras tantas medidas que llevan al socialismo. No es aún el socialismo, pero son medidas que nos llevan a él a pasos de gigante. No prometemos a los campesinos y a los obreros un país de jauja de un día para otro, pero decimos: la alianza estrecha de los obreros y de los campesinos explotados, la lucha firme, sin desfallecimiento, por el poder de los Soviets nos conducen al socialismo” (Lenin, Obras Elegidas, tomo 2, p. 508-509).

    El carácter radical de las medidas tomadas desde el día siguiente de la toma del poder no implica de forma alguna en el espíritu de los bolcheviques ilusión alguna sobre la posibilidad de instaurar rápidamente el socialismo en Rusia. Consideran, al contrario, que Rusia no puede alcanzar el socialismo más que con la ayuda de los proletariados de las principales potencias imperialistas de la época, comenzando por el proletariado alemán. Por otra parte, los bolcheviques consideran que, durante una fase transitoria, es necesario mantener un importante sector privado, incluso capitalista, a nivel industrial y comercial. Pero este esquema de partida será rápidamente abandonado, en menos de un año, porque el imperialismo y la contrarrevolución interior desarrollan a un ritmo acelerado una política de agresión exterior y de guerra civil. Por ejemplo, las condiciones puestas por Alemania para la conclusión de la paz de Brest-Litovsk debilitan terriblemente la economía soviética/1.

    El tratado de Brest-Litovsk es ratificado entre Alemania y la Rusia soviética en marzo de 1918. Se trata de una paz separada entre estos dos países mientras la guerra continúa en el resto de Europa hasta noviembre de 1918. El precio pagado por la revolución para obtener la paz es la pérdida de un tercio de la población, de un tercio de las tierras cultivadas, de la mitad de la industria y del 90% de las minas de carbón en actividad. Ucrania es sustraída a la Rusia soviética cuando representa el 75% de la producción de carbón, los 2/3 de los minerales de hierro, el 80% del azúcar, el 75% del manganeso, el 90% del grano exportable, los 2/3 de la sal.

    En el plano interior, se asiste a un sabotaje sistemático por parte de la burguesía industrial. Los patronos decretan “lock out” en las fábricas, en particular en las que los obreros aplican el control obrero. Hay que saber que uno de los primeros decretos del poder soviético prevé la generalización de la posibilidad del control obrero. El “lock out” patronal y la voluntad de los trabajadores de ver expropiar a los patronos llevan a la dirección soviética a nacionalizar la mayor parte de las fábricas en julio de 1918.

    Bajo la presión de la agresión imperialista y de la contrarrevolución interior, la dirección bolchevique decide entonces pasar al comunismo de guerra, invirtiendo todo el esfuerzo económico en el apoyo a la guerra y esto, con una economía que está ya en una situación desastrosa a causa de las pérdidas debidas al tratado de Brest-Litovsk. Para dar un ejemplo de lo que esto implicaba, en 1920, el Ejército Rojo absorbía el 50% de la producción industrial, el 60% del azúcar, el 40% de los suministros de grasa, el 90% de los calzados para hombre, el 40% del jabón y el 100% del tabaco.

    La política llamada del comunismo de guerra crea ciertas ilusiones en una parte de la dirección bolchevique. Como el poder soviético está obligado a dirigir con una mano de hierro toda la economía, es llevado a suprimir los intercambios monetarios entre la industria y el campo. En el campo se procede a requisiciones de trigo para alimentar a las ciudades y el ejército. En las ciudades se retribuye a la clase obrera directamente en especies. Esto produce en una parte de la dirección bolchevique (Bujarin, Preobrazensky) la idea según la cual ya se está pasando a formas de intercambio de tipo socialista pues la moneda está casi suprimida.

    Pero es naturalmente una forma de socialismo de la miseria en el que se reparten raciones de hambre. No es en absoluto vivible a largo plazo. Y en cuanto, en el plano militar, el Ejército Rojo logra vencer a la contrarrevolución (finales del año 1920-comienzos de 1921), se abre inmediatamente un debate en la dirección bolchevique a fin de adoptar otro esquema de desarrollo económico. No se tiene ya necesidad de dirigir todo el esfuerzo hacia la guerra, se pueden plantear las cuestiones del desarrollo económico, más exactamente, de la recuperación económica. En efecto, tomando como índice 100, la producción de la gran industria en 1913, ésta ha caído en 1920 ¡al nivel 18! Se trata pues de recuperar suavemente la pendiente de la producción.

    Lenin, siguiendo a Trotsky, propone la nueva política económica (NEP) que dice en sustancia: “Ahora hay que realizar una retirada. La presión bajo la que hemos puesto al campesinado con las requisiciones, etc. no puede continuar más. Es preciso convencer al campesinado de que aumente la producción de forma voluntaria. Nosotros suprimimos las requisiciones y las reemplazamos por un impuesto en especies. Permitimos al campesino que venda el excedente de su producción agrícola y relanzamos un comercio privado”. Es una retirada en relación a los primeros años de la revolución porque el poder soviético hace concesiones a los campesinos privados medios y al comercio privado. El propio Lenin dice que esto va a introducir una dinámica muy peligrosa.

    Una dinámica de economía privada, una dinámica de renacimiento de la acumulación privada que podría transformarse en acumulación capitalista en el interior de la sociedad de transición. Pero este retroceso continúa, es absolutamente necesario por un período temporal. El tiempo de consolidar la alianza entre la clase obrera y el campesinado.

    Estos son, resumidos de forma simplificada, los tres estadios de política económica que se sucedieron a partir de 1917.

    En 1921-22 se conoce una situación muy particular para una sociedad que quiere construir el socialismo bajo la dirección de la clase obrera. En efecto, ésta no cuenta más que con 1,5 millones de trabajadores industriales, mientras que el ejército cuenta con 5,5 millones de miembros (que acaban de ser desmovilizados).

    El aparato de los funcionarios cuenta con casi 6 millones de miembros y recordemos que el campesinado está compuesto esencialmente por 25 millones de familias.

    El cuadro siguiente presenta la evolución numérica de las familias campesinas y de los asalariados agrícolas, de los obreros industriales, del ejército y el aparato de los funcionarios entre 1917 y 1922:

    Obreros industriales Ejército Funcionarios de las instituciones soviéticass Familias campesinas Obreros agrícolas
    1917 3.024.000 50.000 (guardias rojos) 2.000.000
    1918 2.486.000 800.000 114.539 18.000.000
    1919 2.035.000 3.000.000 529.841 34.000
    1920-21 1.480.000 5.500.000 5.880.000 24.000.000
    1922 1.243.000
    La muy fuerte caída del número de obreros en las fábricas se explica por la contribución enorme aportada por éstos al esfuerzo de defensa del Estado obrero, al haberse alistado masivamente en el Ejército Rojo.

    Por otra parte, una parte importante de los obreros entró en el nuevo aparato del Estado soviético. Esta debilidad del proletariado industrial no constituye una base de partida favorable al desarrollo de una sociedad socialista. Tanto más en la medida en que las consecuencias de la guerra civil añadidas a las de la Primera Guerra Mundial han marcado terriblemente a la población del Estado soviético. Cerca de 8 millones de personas murieron durante la guerra civil, de ellas más de 7,5 millones a causa del hambre, el frío y las epidemias, contra 350 000 muertos en combate. El número de muertos durante la guerra civil es superior al de los muertos durante la guerra de 1914 a 1918 en Rusia (alrededor de 7 millones).

    EL DEBATE SINDICAL (1920-1921)

    De diciembre de 1920 a la primavera de 1921 se desarrolla en el partido bolchevique el debate sindical. Es con ocasión de este debate cuando Lenin es llevado a poner en evidencia la deformación burocrática que marca el Estado obrero soviético y a deducir de ello que los sindicatos debían constituir un órgano de defensa de los trabajadores en relación a dicho Estado. Trotsky fue uno de los principales protagonistas de este debate y adoptó una posición diferente de la de Lenin que le lastró en su lucha antiburocrática posterior.

    ¿En qué condiciones comenzó el debate? A comienzos de 1920, la guerra civil no ha terminado pero el Ejército Rojo ha recuperado el control de una gran parte del territorio. Al disminuir el peso de la guerra, se plantea la cuestión de la reorganización de la producción. El ejecutivo de los soviets (febrero 1920) y luego el 9º Congreso del Partido (abril de 1920) deciden organizar un servicio de trabajo y constituir “ejércitos de trabajo”. Se trata de movilizar, organizar y desplazar la mano de obra necesaria para el trabajo de reconstrucción. Es Trotsky el encargado por el Buró Político de la dirección de las discusiones así como de una parte de la ejecución de las decisiones. Se da la prioridad a la reorganización de los transportes y Trotsky recibe en marzo de 1920 el cargo de un nuevo ministerio, se convierte en Comisario de Transporte, conservando su puesto de Comisario de la Guerra.

    Demostrará una vez más sus capacidades de organizador reorganizando completamente los ferrocarriles y utilizando para hacerlo a una parte del ejército desmovilizado. Pero para obtener ese resultado, puso de lado la dirección sindical tradicional creando una nueva. Se enemistó con las direcciones sindicales y a ciertos trabajadores.

    Frente al agotamiento de la clase obrera, a la desastrosa situación económica, Trotsky proponía la militarización de la clase obrera y de los sindicatos. Consideraba que era necesaria la disciplina militar en la producción, la ausencia en el puesto de trabajo siendo igual a una ausencia en el puesto de combate. Proponía el reemplazo de las direcciones sindicales por direcciones más obreras, y más competentes (lo que implicaba poder recurrir a cuadros provenientes del exterior de la empresa), jugando un papel de correa de transmisión entre el partido, el Estado y la clase obrera. Criticaba los reflejos sindicalistas de defensa de los intereses inmediatos de la clase obrera.

    Al comienzo Lenin apoya con firmeza la posición de Trotsky. Luego frente a las protestas de las direcciones sindicales y de ciertos cuadros obreros del partido (a los que hay que añadir la Oposición Obrera), Lenin toma la medida de los peligros que derivaban de la posición de Trotsky y la criticó cada vez más vigorosamente a partir de diciembre de 1920.

    Pero tuvo cuidado de circunscribir sus críticas a Trotsky (apoyado por Bujarin y Preobrajenski). No rompió de ninguna forma sus relaciones con Trotsky al contrario de lo que hizo dos años más tarde respecto a Stalin. Lenin sabía medir la amplitud real de las divergencias en el seno de la dirección bolchevique. Lenin dirá en repetidas ocasiones que Trotsky, a partir de que se hizo bolchevique, se convirtió en uno de los mejores! En efecto, Trotsky dirigió la insurrección de octubre de 1917. Fue él quien dirigió a la victoria al Ejército Rojo que contribuyó en gran medida a construir, fue también él quien jugó un papel de primer plano a la cabeza de la Internacional Comunista creada en 1919.

    Pero volvamos al debate sobre los sindicatos. Según las posiciones de Trotsky de aquella época, el poder de protesta de los sindicatos respecto al Estado no tiene ya razón de ser en la medida en que ese Estado pertenece a los trabajadores. A esto Lenin replica que el Estado obrero es un Estado con deformaciones burocráticas. Los obreros deben por tanto conservar una herramienta para defenderse contra las deformaciones y los posibles errores de éste. Considera que los sindicatos deben ser escuelas del comunismo para empujar a la clase obrera a trabajar mejor, pero también para defenderla sin recurrir no obstante a las huelgas dado que la situación económica es peligrosa.

    Lenin tenía razón contra Trotsky. Tenía también razón contra la Oposición Obrera. Trotsky y la Oposición Obrera se reivindicaban del programa del partido que implicaba que los sindicatos debían ejercer la gestión de la economía. Pero, lo que les diferenciaba, es que la Oposición Obrera manifestaba una profunda desconfianza hacia el Estado burocratizado y partiendo de ahí, se negaba a la fusión entre los órganos estatales y los sindicatos, lo que Trotsky proponía.

    Según la Oposición Obrera, los sindicatos debían estar en el poder, debían dirigir las fábricas porque representaban verdaderamente a los obreros a diferencia del Estado alcanzado por las deformaciones burocráticas.

    Pero hacer de forma que los sindicatos se conviertan en la dirección de las fábricas no constituye una salvaguardia contra la burocracia; es, al contrario, a medio plazo, catalizar la burocratización de los sindicatos y del Estado obrero.

    En efecto, si los sindicalistas se convierten en gestores, pierden la posibilidad de controlar la gestión pues la ejercen directamente y corren gravemente el riesgo de convertirse en una rueda de la burocracia. Dar la gestión de las fábricas a los sindicatos es catalizar la burocratización de los sindicatos y del Estado obrero. Hay que mantener, en efecto, una relación dialéctica entre gestión estatal o pública de una parte y control obrero de otra. Las posiciones de Trotsky, Bujarin, Preobrajensky, Rakovsky, Piatakov, de una parte y las de la Oposición Obrera de otra no permitían mantener una dinámica de control obrero.

    Sin embargo, sería erróneo presentar la política defendida por Trotsky como una política de naturaleza burocrática. Quería mediante esta propuesta permitir una ampliación de la democracia obrera. Consideraba que las masas debían jugar el papel esencial en la reconstrucción del aparato económico devastado durante la guerra civil. El problema está en que no veía la necesidad de asegurar la autonomía de los sindicatos en relación al aparato de gestión económica y más en general en relación al Estado. Otro elemento que muestra que la motivación de Trotsky no era burocrática es que estaba apoyado por dirigentes bolcheviques como Preobrajensky, Rakovsky, I.N. Smirnov que a lo largo de los años 20 llevaron a cabo de forma constante una lucha contra la burocracia. Pero si Trotsky no partía de un punto de vista burocrático, las posiciones que defendió en el debate sobre los sindicatos podían alimentar, acelerar la burocratización.

    EL ÚLTIMO COMBATE DE LENIN (fin 1922-comienzos 1923)

    En octubre de 1921, Lenin declaraba: “El proletariado industrial debido a la guerra, la ruina o las terribles destrucciones, está desclasado… y ha dejado de existir en tanto que proletariado” (Obras, tomo 33, p. 59). Hablaba también de un Estado obrero con deformaciones burocráticas pronunciadas y declara en particular en el XI Congreso del Partido bolchevique (1922): “Si consideramos la máquina burocrática, ¿quién dirige y quién es dirigido? Pongo muy en duda que se pueda decir que los comunistas dirigen. A decir verdad, no son ellos quienes dirigen. Son ellos quienes son dirigidos” (Obras tomo 33, p. 293).

    ¿Quién dirige pues esta máquina burocrática? Es la masa de funcionarios que en gran parte proviene del antiguo aparato de Estado zarista destruido. El poder soviético ha debido guardar toda una serie de especialistas e incluso de oficinistas del zarismo. Hay cifras alucinantes a nivel de la proporción de los funcionarios zaristas en partes del nuevo aparato del Estado.

    Lenin encarga a Stalin un estudio sobre esta situación. Éste da los resultados siguientes: para la región de Viatka, de 4766 funcionarios permanentes, hay 4430 que lo eran ya bajo el zarismo. Es naturalmente una masa de funcionarios difíciles de guiar desde un punto de vista comunista.

    A finales de 1922, comienzos de 1923, Lenin se lanza a una batalla terrible sobre esta cuestión. En una serie de textos destinados al Comité Central y a todo el partido, en artículos publicados en Pravda, propone soluciones radicales para salir del “marasmo burocrático en el que se ha atascado la revolución”.

    El partido: salvaguarda antiburocrático

    En primer lugar considera que el salvaguarda contra las deformaciones burocráticas es el partido bolchevique. Es preciso por tanto proteger al partido contra las deformaciones y menciona en una parte de su “testamento” escrito a finales de 1922-comienzos de 1923, que es absolutamente necesario ampliar el Comité Central. Éste debería duplicarse haciendo entrar en él a unas decenas de obreros de la producción.

    Lenin precisa que éstos no deben pasar por el aparato de los soviets (burocratizado) ni haber abandonado la producción desde un cierto tiempo.

    Un cierto número de campesinos “sencillos” deben también ser incluidos.

    Son precisos obreros de la producción, comunistas de la producción.

    La inspección obrera: hay que reformarla pues está burocratizada

    En segundo lugar, Lenin observa que el gobierno y el partido han comenzado a tener doble empleo: considera que éstos funcionan a menudo de forma poco eficaz y quiere una reforma profunda del sistema de dirección del país que permita precisar mejor la frontera entre partido y gobierno mediante el establecimiento de responsabilidades precisas y la puesta en pie de mejores órganos de control de los aparatos. Lenin declara que hay que reformar completamente la Inspección Obrera y Campesina así como la comisión central de Control. Dos años antes, en 1920, se había creado esta institución soviética a fin de investigar sobre todas las deformaciones burocráticas. Todo ciudadano soviético debía poder denunciar ante esta institución, incluso contra cualquier responsable soviético, hasta el más alto rango. Lenin constata, a finales de 1922, que esta institución de 12.000 funcionarios dirigida por Stalin, se ha convertido en un órgano perfectamente burocrático; es una rueda que se añade al aparato burocrático, es preciso por tanto de forma absoluta reformar la Inspección pues ésta no sirve en absoluto para los finales para los que está destinada.

    Lenin ataca a Stalin por su funesto papel en la cuestión nacional

    El tercer punto de la reflexión de Lenin se refiere a la cuestión de las nacionalidades, al haber “integrado” el imperio zarista por la fuerza a toda una serie de nacionalidades oprimidas. Sin entrar en los detalles sobre este punto, hay que señalar que Lenin pone el acento no solo en la obtención de la igualdad de derechos para las naciones oprimidas, como los ucranianos, georgianos, tadjicos, uzbekos, turkmenos, armenios, etc, sino también sobre la garantía de una situación que les permita ponerse al mismo nivel que la nación rusa tradicionalmente dominante. Considera indispensable que las diferentes naciones oprimidas puedan desarrollar su propia cultura y comunicarse en su lengua con la autoridad central de Moscú. En este marco, había que poner en pie una Federación de Repúblicas Soviéticas, y no una única república multinacional. El responsable de la cuestión nacional en el seno del partido y del Estado es Joseph Stalin. Lenin se enfrenta con él a partir de la cuestión georgiana. Stalin había entrado en conflicto con la dirección bolchevique georgiana que reclamaba una autonomía relativa para llevar a buen puerto la política comunista en Georgia. Stalin, georgiano él mismo, envió a uno de sus “representantes”, Ordjonikidze, para controlar a la dirección georgiana. El método empleado fue particularmente brutal puesto que Ordjonikidze llegó a golpear a un dirigente comunista georgiano durante una reunión de la dirección. Al enterarse Lenin de esto, envía una carta a la dirección comunista georgiana en la que se declara totalmente solidario con ésta y decide ocuparse a fondo de la cuestión. Redacta un texto que es una verdadera denuncia de los métodos de Stalin al que designa con el término de “Gran ruso chauvinista”.

    Los días 30 y 31 de diciembre de 1922, Lenin dicta el texto siguiente: “Un papel fatal ha sido jugado por la prisa de Stalin en su celo de administrador… el internacionalismo del lado de la nación llamada grande (aunque solo sea grande igual que lo es el carcelero), debe consistir no solo en el respeto de la igualdad formal de las naciones, sino también en el esfuerzo hacia una igualdad (real) compensando… la desigualdad que se manifiesta prácticamente en la vida…. El georgiano (Stalin, ndlr) que considera con desdén este lado del asunto, que lanza desdeñosamente acusaciones de “socialnacionalismo” (cuando él mismo no solo es un verdadero, un auténtico social-nacionalista, sino también un brutal carcelero gran ruso), ese georgiano ataca en realidad a la solidaridad proletaria de clase…” (Lenin, Obras, tomo 36, p. 621 y 622. Edición de Moscú).

    La composición de la dirección

    Cuarto punto, Lenin decide pronunciarse sobre la composición del Buró Político. Parece a primera vista un poco raro que el dirigente principal del partido se dirija al Comité Central y a todo el congreso del partido para decir lo que piensa de otros miembros de la dirección y para repartir lo que parece ser buenos y malos puntos. Naturalmente lo que está en juego es en parte el futuro del partido tras la desaparición de Lenin. Este está extremadamente enfermo desde hace varios meses; en cama, escribe lo que se llamará pronto su “testamento”. Teme una escisión en el partido en caso de desaparecer. Considerando que el partido es el último salvaguarda contra los peligros de deformaciones burocráticas del Estado, que la dirección del partido es un punto vital, Lenin desea por tanto pronunciarse sobre la cuestión de la composición del Buró Político. Es la razón de que haga un juicio sobre las personas que lo componen y diga en particular que Stalin debe ser apartado del puesto de Secretario General del Partido. Justifica su posición fustigando su comportamiento brutal, aún tolerable en el plano personal, pero intolerable cuando se trata de alguien que ocupa tales funciones. Por otra parte, valora a Trotsky, “Es indudablemente el hombre más capaz del actual Comité Central” (Lenin, t.36, p. 345, traducido del ruso por Moshé Lewin, El último combate de Lenin, p.88), aunque éste, diga, peca de una visión administrativa de las cosas. Este tipo de defecto de Trotsky añade, ha sido demostrado en debates anteriores sobre los sindicatos y la militarización del trabajo.

    Desarrollo de las cooperativas y revolución cultural en el campo

    Quinto punto, Lenin se pronuncia por la puesta en pie y el desarrollo de un sistema de cooperativas agrícolas en las que los campesinos entrarían voluntariamente y harían la experiencia de un sistema de relaciones sociales, que les pusieran en el camino del socialismo. (“Hablando con propiedad, nos queda solo hacer que nuestra población sea lo bastante “civilizada” como para comprender todas las ventajas que ofrece una adhesión generalizada a las cooperativas que precisamos ahora para pasar al socialismo” t. 45. p370).

    Para Lenin, el sistema cooperativo a generalizar es el que permite a los campesinos comercializar su producción en común. No se trata por tanto aún de pasar a cooperativas de producción colectiva. Lenin engloba en este planteamiento el lanzamiento de una “revolución cultural” en los campos atrasados de forma que aumente su nivel cultural evitando cuidadosamente hacer allí una propaganda esquemática y dogmática para el comunismo. Esta no era la tarea del momento pues las condiciones materiales y culturales mínimas no estaban reunidas (“Esto no debe en forma alguna ser tomado en el sentido de que deberíamos inmediatamente llevar al campo ideas comunistas puras y simples. Mientras no tengamos base material para el comunismo en la aldea, sería, se puede decir, un trabajo nocivo, nefasto para el comunismo” (Lenin, t 45, p. 387). Lenin se pronuncia por la combinación de una parte, de la propagación de las ideas soviéticas en el campo vía grupos de obreros voluntarios, vacunados contra un comportamiento paternalista y burocrático y, de otra parte, por la revalorización de las condiciones de existencia y de trabajo de los maestros de pueblo.

    LIMITES DE LA POSICIÓN DE LENIN

    En el seno de la dirección bolchevique, Lenin percibe por tanto con una gran agudeza los peligros de deformaciones burocráticas y decide combatirlas. Sin embargo, su reflexión tiene algunos límites. Para él, la burocracia es la herencia del pasado zarista (en parte físicamente es cierto). Añade que si se hubiera pasado por el capitalismo desarrollado, este problema no existiría.

    Lenin concibe la burocracia sobre todo como el legado de la herencia zarista cuando es también el producto de la sociedad de transición tal cual es tras la destrucción del aparato zarista. La burocracia ocupa una función en el Estado obrero. Para ilustrarlo, retomemos una imagen utilizada más tarde por Trotsky: si durante una penuria, hay una gran cola delante de una tienda, habrá necesidad de un policía para ordenarla y éste, muy a menudo, se sirve el primero….

    El segundo límite de la posición de Lenin concierne al partido. Siempre fue favorable a un debate extremadamente vivo y democrático en el interior y el exterior del partido. Las batallas políticas entre los militantes del partido se desarrollan incluso a través de la prensa. Esto es cierto también en 1918. No solo hay debate en la prensa oficial del partido, el Pravda, sino que incluso se permite a Bujarin, dirigente bolchevique, crear con otros responsables (Preobrajensky, etc.) su propio órgano de prensa fraccional. Constituía una tradición en el partido bolchevique considerar que había que debatir a fondo, pero que una vez tomada la decisión, debía ser aplicada unánimemente.

    El problema es que en 1921, Lenin “da un giro” sobre el modo de discusión en el partido. Precisamente en el X Congreso del partido, hay un debate muy duro entre la dirección del partido y la tendencia “Oposición obrera”. Esta última es minoritaria, compuesta de 60 delegados de los 690 en total.

    Antes del X congreso, la Oposición Obrera pudo difundir 250 000 ejemplares de su plataforma en el Pravda y en otro folleto, lo que muestra claramente que el carácter democrático del debate sigue siendo importante.

    Pero en el último día, cuando varias centenas de delegados han tomado ya el camino de vuelta a su provincia, Lenin plantea la siguiente moción: “Desde hoy, supresión del derecho de tendencia y de fracción en el partido; dado que la Oposición Obrera es minoritaria y que sus posiciones representan un peligro para el Estado obrero, toda propagación de sus posiciones, en el interior del partido, conllevará la exclusión de sus miembros”. Añade que dos dirigentes de la Oposición Obrera deben ser miembros del comité central.

    Este texto de Lenin, adoptado con solo 30 votos de oposición, no menciona que la supresión del derecho de fracción y de tendencia es temporal. Este texto comprende además una disposición secreta que prohibe igualmente los grupos. Será utilizado posteriormente por la fracción Stalin por un plazo indefinido.

    ¿CÓMO EXPLICAR LA ACTITUD DE LENIN?

    Lenin considera que la tensión extrema que se desarrolla en el país -durante el congreso se desarrolla el levantamiento de Kronstad- necesita una limitación de la democracia interna del partido a fin de que éste haga bloque. Sin duda Lenin concibe este cambio como limitado en el tiempo, pero no tiene la prudencia de precisarlo negro sobre blanco. Este error tendrá consecuencias terribles dos años más tarde cuando la fracción estalinista se sirva del texto del X congreso para condenar a la Oposición de 1923 y consolidar así su poder sobre el partido.

    Trotsky volverá más tarde sobre esta cuestión con el comentario siguiente:

    “El Partido bolchevique, es cierto, prohibió las fracciones en el X congreso (marzo de 1921), en un momento de peligro mortal. Se puede discutir sobre la cuestión de saber si esto fue justo o no. El curso ulterior de la evolución ha mostrado en cualquier caso que esta prohibición ha sido uno de los puntos de partida de la degeneración del partido. La burocracia se ha apresurado a hacer de esta idea de “fracción” un espantajo para no permitir al partido pensar o respirar. Es así como se ha formado el régimen totalitario que ha matado al bolchevismo” (in Le Trotskysme et le PSOP, 25/07/1939. Œuvres, tome 21, page 272).

    El tercer límite de Lenin, es la respuesta que da al problema del pluripartidismo en la transición al socialismo. Mientras que los primeros meses que siguen a la toma del poder Lenin y la dirección bolchevique ponen en práctica una política y desarrollan concepciones que implican el respeto del pluripartidismo (los bolcheviques han formado una alianza gubernamental con los Socialistas Revolucionarios de izquierda a finales de 1917-comienzos de 1918), su actitud se modifica progresivamente a lo largo del año 1918 y, en los años que siguen, todos los partidos de oposición son progresivamente prohibidos, incluso reprimidos. La prohibición de los partidos de oposición provocó una limitación muy fuerte de la vida democrática en la URSS.

    ¿UN BLOQUE LENIN-TROTSKY CONTRA STALIN?

    A finales de 1922, comienzos de 1923, Lenin propone un bloque a Trotsky en la batalla sobre los acontecimientos de Georgia y sobre la cuestión nacional en general.

    Esta proposición de bloque es consecuencia del acercamiento manifiesto que se ha operado en esa época entre Lenin y Trotsky. En efecto, a finales de 1922, Lenin había manifestado en numerosas ocasiones en el seno del BP y por cartas al CC su acuerdo con Trotsky sobre las cuestiones clave en discusión.

    Es así como llevó la batalla con Trotsky contra los dirigentes bolcheviques -entre ellos Stalin- que querían poner fin al monopolio del Estado obrero soviético sobre el comercio exterior. En la misma época, se declaró de acuerdo con las posiciones de Trotsky sobre la táctica que la Internacional Comunista debía adoptar para ganar la mayoría en la clase obrera. Esto se articula con otros elementos, puesto que Lenin quiere proponer, en el mismo congreso, la ampliación del comité central /2, la reforma de la Inspección Obrera y Campesina y la destitución de Stalin.

    En diciembre de 1922, cuando Lenin propone a Trotsky un bloque contra la burocracia, éste responde que el combate contra la burocracia debería comenzar por la eliminación de este mal en el seno del partido y en particular en sus instancias supremas. Lenin iba luego a aceptar esta propuesta encargando a Trotsky llevar la batalla por él en el 12º Congreso y declarando en su Testamento que había que destituir a Stalin de su función de secretario general.

    Esta última proposición no era conocida más que por los miembros del BP y algunos cercanos colaboradores de Lenin y de Trotsky. Algunos meses más tarde, Lenin, paralizado, no puede estar presente en el 12º Congreso. Trotsky no lleva a cabo la batalla que Lenin le ha propuesto.

    Son otros dirigentes bolcheviques, Rakovsky y Bujarin, quienes llevan a cabo la batalla sobre la cuestión de las nacionalidades. Y la lucha contra las deformaciones burocráticas es asumida por Preobrajenski, dirigente que fue uno de los tres secretarios del partido bolchevique.

    Con ocasión de la preparación del 12º Congreso se constituye en el seno del Buró Político una alianza fraccional entre Stalin, Zinoviev y Kamenev, la famosa Troika. Ésta se reúne en secreto de forma regular antes de las sesiones del BP a fin de poner en minoría a Trotsky cada vez más a menudo.

    Preobrajensky es el primer dirigente bolchevique en denunciar públicamente al Congreso la existencia de la Troika.

    Durante la preparación del 12 Congreso de la primavera de 1923, Stalin quería ganarse a Trotsky. Sintiéndose amenazado por el bloque propuesto por Lenin a Trotsky, había propuesto al BP que Trotsky hiciera el informe central en lugar de Lenin ausente. Trotsky se niega. Considerando que Lenin no puede ser reemplazado, propone que no haya informe central. Trotsky se encarga del informe sobre la industria.

    Trotsky piensa que es posible vía una política económica adecuada recrear las condiciones materiales que permitan, de una parte, al proletariado industrial recuperar toda su vitalidad y, de otra parte, asegurar la “soldadura” entre las ciudades y el campo. En el 12ª Congreso, Trotsky pone por tanto el acento en las transformaciones económicas, mientras que Lenin, si hubiera estado presente, habría puesto ciertamente con toda razón toda su atención en una serie de medidas políticas -entre ellas la dimisión de Stalin del puesto de secretario general- que permitieran al partido comenzar a enfrentarse a la deformación burocrática.

    A posteriori, Trotsky dará el siguiente juicio sobre lo que habría podido dar de si el bloque con Lenin o, en ausencia de éste, una batalla realizada en su nombre:

    “Nuestra acción común contra el Comité Central, si hubiera tenido lugar al comienzo del año 1923, nos habría asegurado ciertamente la victoria. Más aún. Si hubiera actuado en vísperas del 12º Congreso en el espíritu del “bloque” Lenin-Trotsky contra la burocracia estalinista, no dudo que habría logrado la victoria, incluso sin la asistencia directa de Lenin en la lucha. En qué medida habría sido duradera, es otra cuestión”.

    Prosigue declarando en particular que si hubiera llevado a cabo el combate deseado por Lenin: “Mi acción podía ser comprendida, o más exactamente, representada como una lucha personal para tomar el lugar de Lenin en el partido y en el Estado. No podía soñar con esto sin estremecerme. Estimaba que esto podría causar en nuestras filas una desmoralización que habría habido luego que pagar cara, incluso en caso de victoria” (Mi vida , p. 554-555).

    En el Congreso de marzo de 1923, Trotsky declara en su discurso que se encuentra en la línea del BP, con ello se desmarca de las intervenciones de la oposición. Trotsky emplea fórmulas fuertes sobre la dictadura del proletariado y sobre el papel del partido bolchevique: “Hemos luchado unánimemente en 1917 por la dictadura del partido, lucharemos hoy contra toda tentativa que tenga por objetivo retirar el monopoliio de la dirección a todos los niveles” (en Trotsky La Lutte antibureaucratique en URSS, t.1, p.77, 10/18).

    Esta fórmula había sido adoptada por el propio Lenin en 1922. aunque para Trotsky y Lenin no tenga la misma significación que para Stalin (que retomará este análisis en su beneficio con el apoyo de Zinoviev en 1924-1925), esta fórmula da una mala educación al partido y es peligrosa en la medida en que, si es cierto que el partido constituye la vanguardia del proletariado aliado al campesinado, no deja de ser cierto que el poder puesto en pie a partir de Octubre de 1917 era ejercido por los consejos obreros y campesinos en cuyo seno el partido bolchevique se había convertido en mayoritario. Uno de los efectos terribles de la guerra civil que siguió a octubre de 1917, es la bajada de la actividad de los soviets (no querida por los bolcheviques) y la transferencia del poder al partido. La fórmula empleada por Trotsky (y Lenin un poco antes) no ponía suficientemente el acento en el hecho de que el ejercicio del poder por el partido era un avatar de la guerra civil y no de Octubre de 1917.

    TROTSKY PASA A LA OFENSIVA CONTRA LA BUROCRATIZACIÓN DEL PARTIDO (otoño de 1923)

    Tras el Congreso de marzo de 1923, la oposición en el partido bolchevique recupera fuerza, siempre en ausencia de Lenin, que está enfermo.

    En julio-agosto-septiembre de 1923, hay huelgas y la agitación aumenta en el interior del Partido Bolchevique. Está impulsada principalmente por miembros de las antiguas Oposición Obrera y Centralismo Democrático (los llamados decistas), por el Grupo Obrero y la Verdad Obrera. Esto lleva a Djerzinsky -jefe de la GPU (luego convertida en KGB)-, al que Lenin había propuesto en vano sancionar por su funesto papel en el asunto georgiano, a proponer al CC, en septiembre, poder intervenir en contra de los miembros del partido que se hicieran culpables de luchar en el partido contra la línea de la dirección. Trotsky decide emprender la batalla y dirige el 8 de octubre de 1923 una larga carta al CC en la que declara que la proposición de Djerzinsky refleja hasta qué punto la situación se ha deteriorado en el partido y precisa: “Muchos, muchos miembros del partido, si no la mayor parte, han sido alarmados por los métodos y los procedimientos utilizados en la preparación del 12º Congreso”. Continúa declarando que no se han aplicado las proposiciones económicas que había planteada o en ese congreso y que habían sido adoptadas. Explica sus consecuencias: un profundo descontento de los campesinos que ha afectado luego a los obreros, lo que alimenta el desarrollo de los grupos de oposición.

    Trotsky pone luego en cuestión el funcionamiento del partido denunciado al Buró de Organización dirigido por Stalin: “Cuando se toman las decisiones sobre las designaciones, las dimisiones y los traslados, los miembros del partido son evaluados ante todo desde el punto de vista del apoyo que pueden aportar o no al mantenimiento del régimen interno del partido que es realizado, secretamente y no oficialmente pero muy eficazmente, por el Buró de Organización y el secretariado del Comité Central” (…). “La burocratización del aparato del partido ha alcanzado proporciones inauditas por la aplicación de la selección de los secretarios” (…) “Se ha creado una muy amplia capa de funcionarios del partido, que pertenecen al aparato del Estado o del partido, que han renunciado totalmente a la idea de tener opiniones personales o al menos expresarlas, como si creyeran que la jerarquía del secretariado es la herramienta adecuada para definir las opiniones del partido y tomar las decisiones. Por debajo de esta capa que se abstiene de tener opiniones personales, está la gran capa de la masa del partido a la que cada decisión llega bajo la forma de llamamiento o de orden. En el interior de esta base del partido, hay un extraordinario grado de descontento, en ciertos casos legítimo, en otros, provocado por factores accidentales. Este descontento no es apaciguado a través de un intercambio abierto de opiniones en las reuniones del partido (en la elección de los comités de partes, de los secretarios, etc.) al contrario, continúa desarrollándose en secreto y a veces, conduce a abscesos internos”.

    Trotsky propone lo que se llamará un poco más tarde un “Nuevo Curso” para el partido: “La democracia en el partido debe gozar del lugar que le corresponde a fin de prevenir al partido de la amenaza de osificación y de degeneración. El militante de base del partido debe expresar sus insatisfacciones en el marco de los principios del partido y en tanto que miembro responsable del partido”.

    Llega entonces a anunciar que expresará en adelante sus divergencias en el exterior del Comité Central: “Los miembros del CC y de la Comisión Central de Control saben que, a la vez que combatiendo resueltamente y sin equívocos la política errónea, he evitado deliberadamente someter la lucha en el interior del Comité Central al juicio de una capa incluso pequeña de camaradas. (…) Me veo forzado a constatar que mis esfuerzos de estos 18 últimos meses no han producido ningún resultado (…) Pienso que no es solo mi derecho sino mi deber dar a conocer la situación real a todo miembro del partido que yo considere suficientemente preparado, maduro, y que de pruebas de contención, en consecuencia capaz de ayudar al partido a encontrar una vía para salir de este callejón sin salida sin convulsiones fraccionales y sin levantamientos” (Trotsky 8.10.1923).

    Trotsky toma así la iniciativa de lanzar una batalla ofensiva contra la burocracia en el interior del partido y decide llevarla a cabo con otros cuadros del partido. Simultáneamente, opera una autocrítica que no era táctica y a la que bastantes de sus biógrafos no han concedido la importancia que debía ciertamente tener en el espíritu de su autor: declara que la actitud que ha adoptado durante 18 meses en el seno del partido no ha producido ningún resultado (ver cita más arriba).

    ¿QUÉ FACTORES LLEVAN A TROTSKY A CAMBIAR DE ACTITUD?

    En primer lugar, la amplitud del descontento obrero (numerosas huelgas) y la gravedad de las medidas represivas que se han traducido en el encarcelamiento de centenares de militantes, algunos de ellos expulsados del partido bolchevique unos meses antes.

    En segundo lugar, la esperanza de ver triunfar la tan esperada revolución alemana. Está planificada para fines de octubre de 1923 una insurrección en Alemania. Si el bloque Stalin-Kamenev-Zinoviev se ha opuesto con vigor a la demanda de la dirección comunista alemana de enviar a Trotsky sobre el terreno, no deja de ser verdad que los dos enviados soviéticos Radek y Piatakov le son muy cercanos. Trotsky espera que una victoria alemana permita un relanzamiento sólido del entusiasmo revolucionario de la juventud y de la clase obrera soviéticas, condiciones necesarias para un profundo cambio de curso del régimen del partido bolchevique.

    Una semana después de la carta de Trotsky, un texto confidencial firmado por 46 de los más importantes cuadros bolcheviques, entre los cuales están Preobrajenski, ex-secretario del partido, Piatakov, uno de los elementos más prometedores según el Testamento de Lenin, Antonov, Ovseenko, uno de los organizadores de la insurrección de 1917, … es enviado al BP. Muchos de sus firmantes han estado, en el pasado, estrechamente asociados a Trotsky, otros han formado parte de la antigua oposición decista. Los 46, a los que se puede añadir 3 dirigentes soviéticos en misión en el extranjero, Rakovsky, viejo bolchevique, dirigente de la república de Ucrania, Radek, dirigente de la Internacional Comunista y Krestinsky, ex-secretario del partido, piden la convocatoria de una conferencia extraordinaria del Comité Central ampliado a los “obreros más importantes y más activos del partido”. Los 46 ponen en cuestión a la mayoría del BP por su política económica desastrosa y por el régimen burocrático impuesto al partido.

    EL DEBATE SOBRE EL NUEVO CURSO (diciembre 1923-enero 1924)

    La respuesta común de la Troika Stalin-Kamenev-Zinoviev toma dos formas: una condena violenta de la carta de Trotsky y de la de los “46” combinada a una apertura. Esta se expresa por el lanzamiento de un debate público vía el Pravda con el objetivo de permitir la aplicación de la democracia obrera en el partido.

    Del lado del palo: en el interior de las instancias del partido, Trotsky es acusado de “querer ejercer una dictadura personal en el plano militar y económico” y sus pasadas divergencias con Lenin son mencionadas de forma falsificada.

    Los 46 son condenados por el CC ampliado el 25 de octubre de 1923 como constituyentes de una fracción (prohibida desde el 10º Congreso).

    En una nueva carta al CC, Trotsky replica duramente a las críticas que le son dirigidas mostrando el acercamiento ha realizado entre Lenin y él desde finales de 1922 a comienzos de 1923.

    Del lado de la zanahoria: como se ha mencionado anteriormente, apertura de un debate público como válvula de seguridad al descontento en el partido. Este debate provoca un aumento del interés de la base del partido por las discusiones. Las expectativas son grandes: lo demuestra el hecho de que en noviembre-diciembre de 1923 la difusión del Pravda, en la que aparece una amplia columna de discusión, se duplica. En público no se hace mención ni a la carta de Trotsky al CC ni a la de los 46. Esto da la falsa impresión de que el BP ha tomado la iniciativa del debate sobre la democracia obrera en el seno del partido sin haber sido presionado. De hecho la Troika abre el debate para canalizarlo.

    A finales de noviembre el debate se radicaliza: Preobrajensky en el Pravda del 28 de noviembre de 1923 expresa las críticas de los 46. De otra parte, en las asambleas de base del partido en Moscú, la oposición gana una amplia audiencia.

    La discusión de noviembre-diciembre de 1923 encuentra un amplio eco en la prensa del partido (será la última vez antes de la noche estalinista). Hasta mediados de diciembre de 1923, el lector soviético puede tomar conocimiento en el Pravda del contenido exacto de las discusiones que se desarrollan en las asambleas moscovitas del partido. Las intervenciones de los portavoces de la oposición y los artículos de Trotsky son reproducidos in extenso igual que las posiciones de la Troika y de sus partidarios. Las cosas cambian a partir del 11 de diciembre de 1923: en el acta de una asamblea desarrollada en Petrogrado, solo se reproducen las intervenciones de la Troika. Ésta ha obtenido el control del Pravda/3, y los dos jóvenes responsables de la rúbrica de discusión dimiten como señal de protesta. A continuación otros artículos de Trotsky, que vienen a completar su serie Nuevo Curso, son publicados pero flanqueados de artículos que le son virulentamente opuestos y que representan el punto de vista de la Troika sin aparecer necesariamente con firma. A comienzos de enero de 1924, Trotsky, Radek y Piatakov protestan vigorosamente contra este cambio que traduce la radicalización de la Troika. Ésta ha comprendido por una parte la importante audiencia adquirida por la oposición incluso si ésta no tiene los medios para intervenir con fuerza más que en Moscú y, de otra parte, se da cuenta del peligro que representa para ella la actitud de Trotsky, peligro que podría aumentar si éste realizara públicamente su unión con los 46.

    Es la razón por la que hasta el 11 de diciembre de 1923, la Troika ha hecho todo lo posible para evitar esta confluencia. Se puede con bastante facilidad, basándose en Pravda, trazar la evolución de la actitud de los protagonistas del debate. El 3 de diciembre de 1923, Stalin, tomando la palabra en un barrio obrero moscovita, declara que hay que llevar a cabo la lucha contra la burocracia en el seno del partido. Para cortar la yerba bajo los pies de Trotsky y de los 46 insiste especialmente en la necesidad de poner fin a las nominaciones por arriba y volver al principio electivo. Hablando así, rompe con la posición que tomó en el 12º Congreso de la primavera de 1923 en el que decía que al lado del aparato del Estado deformado burocráticamente, el partido seguía sano. Por otra parte, afirma que hay identidad de puntos de vista entre Trotsky y el resto del BP; dirige su tiro contra los 46.

    El 5 de diciembre de 1923, el BP adopta un texto redactado por Trotsky (con Bujarin, según parece) y enmendado por Stalin y Kamenev, en el que la dirección anuncia la necesidad de un nuevo curso a fin de cambiar el régimen interno del partido. Stalin ha insistido en particular en que tal texto fuera adoptado y estuvo de acuerdo en asumir una serie de puntos que Trotsky desarrollaba desde octubre de 1923. Stalin considera que con la adopción de este documento publicado a los dos días en el Pravda, ha logrado disociar a Trotsky de los 46 y aparecer como cabalgando el movimiento por el Nuevo Curso.

    Trotsky, por su parte, ve en ello una victoria de los partidarios del cambio. Sin embargo, para verificar la fiabilidad del acuerdo realizado con la Troika, dirige el 8 de diciembre a una asamblea del partido en Moscú una carta en la que expresa su visión del texto del BP. Esta carta publicada el 11 de diciembre hace el efecto de una bomba pues pone en evidencia el peligro de ver a los burócratas poner cara de aceptar el cambio para mejor impedirlo: “Y ahora los burócratas están dispuestos formalmente a “tomar acta” del “Nuevo curso”, es decir a prácticamente enterrarlo”.

    Ataca así implícitamente a Stalin que declaraba el 3 de diciembre que el Nuevo Curso tiene que ver en gran medida con una cuestión de nueva pedagogía. Trotsky considera al contrario que “es necesario abordar la cuestión, no desde el punto de vista pedagógico, sino desde el punto de vista político. No hay que hacer depender la aplicación de la democracia obrera del grado de “preparación” de los miembros del partido para esta democracia. Nuestro Partido es un partido. Podemos presentar exigencias rigurosas a quienes quieren entrar en él y permanecer en él; pero una vez que se es miembro, se participa por ello mismo en toda su acción”. Añade: “Es necesario regenerar y renovar el aparato del partido y hacerle sentir que no es más que el ejecutor de la voluntad de la colectividad”. Presenta la resolución del 5 de diciembre como una ruptura con el pasado reciente mientras que la Troika tiende a presentarla como la consecuencia lógica de las decisiones del CC de octubre de 1923. Lo que va a constituir el objeto de una polémica muy dura, es que Trotsky declara en su carta que hay un peligro de degeneración de la vieja guardia bolchevique que podría conocer una evolución comparable a la de la dirección de la II Internacional en vísperas de la Primera Guerra Mundial.

    En los días que siguen a la adopción por el BP de la resolución del 5 de diciembre se celebran en Moscú varias asambleas generales de barrio. Trotsky no puede estar presente en ellas pues está muy enfermo desde fines de octubre (las reuniones del BP tienen que celebrarse en su apartamento del Kremlin). Los portavoces de los 46 que asisten a esas asambleas apoyan la resolución del 5 de diciembre así como los puntos clave de la carta de Trotsky. La oposición logra ganar una muy amplia mayoría en una serie de asambleas amplias celebradas en Moscú. En una de ellas, Kamenev hablando por el CC no obtiene más que seis votos frente a una aplastante mayoría favorable a Preobrajensky. Los dos tercios de las células bolcheviques en el Ejército Rojo en Moscú votan por la oposición. Una gran parte de los dirigentes de las Juventudes Comunistas así como las células de las Escuelas superiores constituidas esencialmente de jóvenes obreros con beca, apoyan igualmente a la oposición. En las células de fábrica moscovitas, la oposición fue por el contrario minoritaria. 67 células la apoyaron de un total de 346 (no se conoce el porcentaje que obtuvo la oposición en las células en que fue minoritaria). Como subraya el historiador E.H.Carr: “El fracaso de la oposición en el proletariado revelaba la debilidad no solo de la oposición sino también la del propio proletariado” (En “Interregno” p. 327). De hecho, en 1923, el proletariado soviético no es ya más que la sombra de lo que había sido cuando la toma del poder en 1917.

    En total, la oposición obtuvo el 36% de los votos en los órganos de base del partido en Moscú. Es una cifra impresionante si se tiene en cuenta que la Troika se declaraba ella misma favorable al Nuevo Curso a la vez que atacaba virulentamente a la oposición por su carácter fraccional y cuando se sabe que los partidarios de ésta se sabían amenazados de medidas de marginación cuando no de expulsión. Por otra parte, la Troika no se contentó durante mucho tiempo con amenazas: Antonov-Ovseenkko, responsable político el Ejército Rojo y opositor será destituido y 15 dirigentes de las Juventudes Comunistas conocerán la misma suerte o serán enviados a provincias. Algunos meses más tarde, una ola de exclusiones golpeará a otros miembros y partidarios de la oposición.

    Cuando la 13ª Conferencia del partido se celebró a mediados de enero, la Troika se encontró asegurada de una mayoría aplastante. Había conseguido controlar las organizaciones provinciales salvo en Riazan, Penza, Kaluga, Simbirsk y Cheliabinsk donde la oposición logró la mayoría gracias a la presencia de cuadros opositores que, apartados de Moscú, habían sido relegados allí algunos meses antes.

    ¿QUÉ BALANCE DE LA DISCUSIÓN SOBRE EL “NUEVO CURSO”?

    En primer lugar, el sistema de control del partido por la burocracia se reveló muy eficaz, fue sacudido durante la discusión, pero aguantó.

    En segundo lugar, la ola de reflujo en el seno del partido, durante un momento contrarrestada por la perspectiva de una victoria en Alemania -y en menor medida por la apertura del debate en noviembre de 1923- seguía siendo muy fuerte.

    Tercero, las posiciones de Trotsky y de los 46 convergían en gran medida tanto en el plano del cambio que había que dar al régimen interno del partido como en el plano económico. El carácter limitado de este estudio no permite presentar de forma detallada las proposiciones económicas de la oposición. Sin embargo, hay que considerar que tanto Trotsky como Preobrajensky y Piatakov ponían el acento en la necesidad de desarrollar de forma planificada la industria estatalizada en el marco de la NEP. Esto correspondía a una preocupación de Trotsky expresada desde el año 1922 y con la que Lenin había finalmente expresado muy claramente su acuerdo (ver tomo 45 de sus obras a propósito del Gosplan). Trotsky, Preobrajensky y Piatakov subrayaban que en ausencia de tal desarrollo planificado, la NEP iba a producir efectos cada vez más perversos, lo que negaban la Troika y Bujarin. Está claro que si la línea de la oposición hubiera sido adoptada por el partido, ello habría permitido evitar la catástrofe económica de finales de los años 1920.

    La batalla llevada a cabo por Trotsky y los 46 constituye la primer ofensiva pública concertada de un miembro del Buró Político y de una serie impresionante de cuadros del partido contra la fracción estalinista y sus aliados. El hecho de que hubiera unión entre Trotsky y los 46 ha sido puesto en cuestión por Isaac Deutscher de forma equivocada en su cautivadora biografía de Trotsky. Otro historiador que constituye una autoridad en el tema como E.H.Carr afirma con razón que la carta del 8 de octubre de 1923, de Trotsky no había podido no ser objeto de una concertación con los dirigentes de los 46. Pero no pone suficientemente el acento el hecho de que los 46 se apoyaban sin reserva en las tomas de posición de Trotsky de octubre de 1923 a enero de 1924. La lectura de sus propias intervenciones públicas no deja sin embargo ninguna duda al respecto (ver Preobrajensky, Sapronov, Piatakov, o.cit.) Pierre Broué en su libro Trotsky da una visión correcta de los hechos.

    Sobre una cuestión, Preobrajensky y Trotsky adoptan sin embargo una táctica diferente (que no señala Broué). El primero propone la supresión de la prohibición de la fracciones y grupos decidida por el X Congreso. Declara que el ejercicio por los militantes del derecho a constituirse en grupo que defiende el mismo tipo de proposición, permitiría poner fin a la existencia de agrupamientos secretos que impiden progresar en el debate y que constituyen abscesos fijados. Declara que esos grupos, si fueran permitidos, no tendrían más que un carácter temporal -el tiempo durante el que se desarrolla la discusión preparatoria a tal o cual conferencia o congreso- y que su composición podría variar en función de los temas en debate…

    Trotsky compartía en el fondo la posición de Preobrajensky, pero no deja de ser cierto que no hace la propuesta de poner fin a la prohibición de los grupos y tendencias. Por el contrario, Stalin estaba por que se reafirmara su prohibición, lo que le lleva a enredar a Trotsky en la redacción del texto del BP del 5 de diciembre. Stalin mismo lo relatará más tarde: “El camarada Kamenev y yo mismo poníamos por delante de forma determinante la cuestión de los grupos. El camarada Trotsky protestó bajo forma de ultimátum, declarando que, en tales circunstancias, no votaría en favor de la resolución. A partir de ahí, nos hemos limitado a hacer referencia a una parte de la resolución del X Congreso que, sin duda alguna, Trotsky no leyó en aquella ocasión y en la que se mencionaba que no solo las fracciones eran prohibidas, sino también los grupos” (Stalin, citado por Carr, op.cit. p. 304).

    Engañado o no, Trotsky había decidido de todas formas no llevar a cabo explícitamente la batalla para poner fin a la decisión del X Congreso.

    Ciertamente, pensaba que sería imposible ganar una mayoría sobre esta cuestión tan sensible. En particular porque esto habría sido presentado por la Troika como la puesta en cuestión de una medida querida por Lenin. Sin embargo, el hecho de que la oposición no pudiera organizarse oficialmente como grupo disminuía sus posibilidades de ganar más partidarios.

    Otra cuestión táctica ha sido objeto de un juicio controvertido.

    Se trata de la oportunidad para Trotsky de firmar con la Troika el texto del BP del 5 de diciembre. Carr, por ejemplo, ve ahí la prueba de que Trotsky se contenta con una victoria sobre papel cuando Stalin y sus aliados no están dispuestos a mantener sus compromisos. Esta crítica no parece oportuna pues ¿cómo explicar que, si se contentaba con el texto, Trotsky haya decidido redactar casi inmediatamente una carta pública sobre su versión del acuerdo realizado? De hecho, creo que en esta ocasión, Trotsky sacando una lección clave del debate sobre la cuestión georgiana, no se contenta con un compromiso, aunque sea bueno al 90% y continúa la ofensiva públicamente para lograr un verdadero cambio de régimen. Haciendo esto, evita el aislamiento de los 46 buscado por la Troika. Por su parte, los portavoces de los 46 se apoyan enérgicamente en este texto, consideran que éste refuerza su posición (ver las intervenciones de Preobrajensky, Sapronov, Piatakov de diciembre 23-enero 24 reproducidas por New Park Publications).

    Sin embargo, esta táctica de Trotsky tiene su reverso: el texto del 5 de diciembre, da la impresión que hay ahora un acuerdo en el seno del BP, que la Troika desea aplicar claramente el Curso Nuevo. Stalin decide aprovechar al máximo la situación. Disgustado por un momento por la toma de posición de Trotsky el 8 de diciembre, Stalin decide cambiar de táctica: en un artículo de Pravda del 15 de diciembre, denuncia públicamente por primera vez a Trotsky reprochándole su duplicidad. Tras haberle acusado de intentar enfrentar a los jóvenes con los viejos, Stalin termina su artículo con el “¿a quien beneficia el crimen?”

    “¿Porqué esta tentativa de desprestigiar a la vieja guardia y de halagar demagógicamente a la juventud a fin de abrir y luego ampliar una fisura entre estos dos destacamentos principales de nuestro Partido? ¿A quién puede servir esto, si no se quiere ver más que el interés del Partido, su unidad, su cohesión, sin intentar romper esta unidad en beneficio de la oposición? ¿Es así como se defiende al Comité Central y su resolución sobre la democracia en el interior del Partido, resolución adoptada además por unanimidad? Por lo demás es bien evidente que Trotsky no se ha propuesto este objetivo cuando ha dirigido su carta a las conferencias del Partido. Manifiestamente, su intención era otra: proporcionar un apoyo diplomático a la oposición en su lucha contra el Comité Central del Partido, a la vez que pretendía defender la resolución del Comité Central. Es lo que explica, propiamente hablando, la duplicidad de la que está marcada la carta de Trotsky. Trotsky hace bloque con los centralistas democráticos y una parte de los comunistas “de izquierda”: tal es el sentido político de su carta” (Pravda, 285, 15/12/1923. Firmado: J. Stalin).

    Se puede plantear hasta el infinito la cuestión de saber si otra táctica de Trotsky habría sido posible a finales de 1923. Puede imaginarse otro escenario. Primeramente, Trotsky habría podido pública y explícitamente tomar la cabeza de la oposición de los 46 y proponer la supresión de la prohibición de los grupos.

    Habría podido negarse a firmar un texto con la Troika. La opción entre dos líneas y dos grupos de dirigentes habría resultado más clara. Pero, no es evidente que tal táctica habría sido más eficaz, y por varias razones. La primera, es que la creación de tal reagrupamiento formal de la oposición habría sido condenado y sancionado como fraccional por el CC… La segunda, es que ni Trotsky ni los 46 consideraban oportuno proponer una dirección alternativa; declaraban incluso no querer un cambio de composición de la dirección. La tercera razón es que, de todas formas, la mayoría del BP, la Troika secreta, se habría presentado como la garantía de la unidad del partido, como la mejor representante de la vieja guardia y habría declarado que quería también la democracia interna… salvo los grupos, fracciones, en definitiva, todo lo que podía representar un peligro de escisión del partido. Para hacerse un juicio sobre la actitud de Trotsky también hay que tener en cuenta el que ningún dirigente de los 46 le criticó por su actitud. Al contrario.

    LA MUERTE DE LENIN

    La última intervención de Lenin en dirección al partido remonta al primer trimestre de 1923. Su ausencia afectará duramente al partido. Su muerte, el 21 de enero de 1924, sobreviene una semana después de la derrota de la oposición. La ceremonia de despedida de los restos mortales será altamente simbólica. Stalin se las arregla para impedir que Trotsky participe. Mientras que Trotsky, por consejo de los médicos del Kremlin y del BP, estaba en camino hacia el Sur, Stalin le comunica la noticia de la muerte de Lenin transmitiéndole una fecha falsa de los funerales para convencerle de la imposibilidad de dar marcha atrás en el camino para llegar a tiempo a Moscú. Ausente Trotsky, es la ocasión para los miembros de la Troika de presentarse como los únicos continuadores de Lenin. La forma de la ceremonia está totalmente en contradicción con la voluntad de Lenin. La Troika, en efecto, decide embalsamarle.

    Es el comienzo de un culto del difunto que, con el pretexto de proseguir su combate, lo desnaturaliza completamente e intenta justificar todas las decisiones tácticas de la Troika (el discurso de Stalin en el II congreso de los Soviets es totalmente edificante sobre esto, citado por Deutscher en su “Stalin” p. 333).

    Muerto Lenin, corresponde a su compañera a quien ha remitido su texto sobre la composición de la dirección (redactado en dos tiempos: diciembre 1922/enero 1923) y conocido como su “Testamento”, demandar su publicación para el próximo congreso. En ausencia de Trotsky, el BP decide no comunicar el texto, pero decide sin embargo hacerse respaldar por el CC que precede al congreso de mayo de 1924. El texto es por tanto comunicado al CC. Significa una bomba para sus miembros, que sin embargo están en gran medida situados tras la Troika. Según un testigo de la escena, Zinoviev declaró “Camaradas, cada palabra de Ilitch (Lenin) es ley para nosotros. Hemos jurado hacer todo lo que Lenin moribundo nos ha ordenado hacer (…) Pero nos sentimos felices al decir que, sobre un punto, los temores de Lenin se han revelado infundados. Puedo apostar por nuestro secretario general” (Bajanov, citado por Deutscher op.cit. p. 335). Se decidió a continuación, a pesar de una minoría significativa (entre ellos la viuda de Lenin, Krupskaia), no comunicar el texto al congreso. Habrá que esperar 60 años para que el público soviético pudiera conocer por vías oficiales el contenido de dicho Testamento. Trotsky se calló durante la discusión, no cree que la divulgación del texto podría cambiar la situación.

    CONCLUSIONES

    LA ACTITUD DE LENIN Y TROTSKY FRENTE A LA BUROCRATIZACIÓN

    Antes de llegar a un análisis crítico de la actitud de Trotsky en 1923, creo necesario recapitular sobre la actitud de Lenin en su último combate. Éste decidió a finales de 1922-comienzos de 1923, como hemos visto, montar una verdadera máquina de guerra para provocar la derrota de la fracción estalinista y de sus aliados, sancionada por la expulsión de Stalin del puesto de secretario general. Tiene previstas, por otra parte, una serie de reformas de las instancias de dirección del partido y del Estado. En fin, considera que Trotsky debe ocupar un lugar clave en la dirección del Estado obrero (le propone convertirse en el vicepresidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, lo que llevaría normalmente a la presidencia en caso de desaparición de Lenin).

    En consecuencia, declara a la dirección del partido que forma un bloque con Trotsky. Lenin hace esto tras haber revisado su actitud en relación al reparto de tareas en el seno del Buró Político (papel predominante de Stalin en ausencia de Lenin, gracias a su control sobre el buró de organización) y de la dirección del Estado.

    No deja de ser cierto sin embargo que fue Lenin quien llevó a Stalin a los puestos que éste ocupa, lo que le ha permitido constituir su fracción poniéndola en una serie de puestos clave. Hay que recordar igualmente que Lenin obtuvo la prohibición de las fracciones y de las tendencias en el X Congreso sin precisar su duración. Lenin no debe naturalmente ser tenido a pesar de todo por responsable de la constitución y de la consolidación de la fracción estalinista. En su último combate, Lenin puso toda su energía en la lucha antiburocrática.

    Stalin y el estalinismo constituyen la antítesis del pensamiento y de la acción de Lenin. Trotsky, en varios textos muy fuertes, vuelve de forma autocrítica sobre su pasado conciliador de antes de 1917 (ver en particular Cahiers Léon Trotsky de junio de 1988) pero no añade su actitud del primer semestre de 1923. Sin embargo creo que, en la primavera de 1923 también, dio equivocadamente, pruebas de conciliación hacia la fracción estalinista y de sus aliados coyunturales (Kaménev-Zinoviev hasta 1925). ¿Habría permitido una actitud diferente cambiar el curso de la historia? Es muy difícil responder afirmativamente a esta pregunta pero, no obstante, tengo la convicción de que el combate de la oposición de 1923 habría sido indudablemente más fuerte si Trotsky hubiera llevado a cabo una batalla abierta desde el congreso de la primavera de 1923.

    Lo que no vio durante el debate sobre la cuestión georgiana de la primavera de 1923 (lo comprendió por el contrario en diciembre de 1923), es que la Troika no retrocedía más que momentáneamente para mejor reforzar su posición a continuación. En la primavera de 1923, Lenin era partidario de un combate diferente, Trotsky lo sabía, pero no medía todo su alcance. Lenin se negaba a un acuerdo con Stalin sobre la cuestión georgiana y sobre otras cuestiones. Quería infligirle una derrota política completa sancionada por una decisión organizativa: su destitución. Lenin había sabido, en numerosos momentos decisivos de la historia del partido, zanjar organizativamente problemas políticos. Trotsky no comprendió en ese momento este aspecto vital del combate político.

    ¿Era posible la destitución de Stalin en ausencia de Lenin? Difícil responder. Pero la batalla merecía que se llevara a cabo. Si Stalin hubiera podido ser obligado a dimitir del puesto de secretario general, la lucha antiburocrática se habría facilitado. No habría sido ganada sin embargo pues Stalin (como puso en evidencia Trotsky más tarde) no era más que la emanación y el portavoz de la capa burocrática que comenzaba a estabilizarse, a cristalizarse en los poros de la sociedad soviética, del Estado y del partido bolchevique desde el comienzos de los años 1920.

    La lucha para extirpar el cáncer burocrático implicaba cambios de conjunto comprendiendo una recuperación de la autoactividad de las masas, un relanzamiento concomitante de los soviets (que será propuesto por la Oposición Unificada en 1926-1927), la restauración del derecho de tendencia en el Partido y el pluripartidismo. La destitución de Stalin no habría constituido por tanto la salida de la lucha antiburocrática pero habría representado un punto de inflexión favorable a ésta.

    A partir de octubre de 1923, Trotsky rompe con la actitud que adoptó anteriormente y se lanza con los 46 en la primera ofensiva pública y concertada de cuadros clave del bolchevismo contra la burocracia en el interior del partido, lo que Lenin no había podido hacer anteriormente. Los artículos de Trotsky (ver Nuevo Curso) constituyen para el año 1923 la mejor explicación de la burocratización y de lo que había que oponerle. Es apoyándose sobre el Nuevo Curso de Trotsky como los 46 combaten y ganan una influencia significativa en el partido. Tras la derrota de la Oposición en enero de 1924, habrá que esperar dos preciosos años para que Trotsky recupere la iniciativa de la lucha. Trotsky estuvo paralizado políticamente entre enero de 1924 y finales de 1925 en un momento completamente crucial para el partido, el momento en que progresan de forma importante las deformaciones burocráticas. Estuvo paralizado políticamente en el sentido en que no toma la cabeza de una batalla a la vez política y organizativa con el objetivo de intentar poner a Stalin y sus aliados en minoría.

    Políticamente paralizado, lo que no quiere decir que ha dejado de reflexionar y de debatir con otros cuadros claves del partido que comparten su oposición a la burocratización: al contrario, analiza paso a paso ésta y manifiesta su oposición abiertamente en el BP (donde está completamente aislado) y por cartas confidenciales a sus aliados. Por el contrario, considera que no es posible recurrir a una batalla abierta en el partido y la Internacional.

    Es a partir de 1926 cuando Trotsky retoma el combate de forma decisiva contra la burocracia termidoriana. Antes de que ésta se lanzara a la colectivización forzosa y a una represión de masas que destruyó físicamente al partido bolchevique, crea la oposición unificada.

    Para concluir este estudio, me queda volver sobre una de las lagunas de la comprensión que tenían los dirigentes bolcheviques de los problemas de la transición en los primeros años de la revolución. He evocado esta laguna ya en la introducción.

    En los artículos de Trotsky, en las intervenciones de los 46, igual que en los últimos textos de Lenin, la burocracia no es aún percibida como un actor social y político independiente, a la vez secuela del pasado zarista y producto de las condiciones particulares del desarrollo del Estado obrero soviético. Era por supuesto, muy difícil a los protagonistas predecir la función que iba a ocupar la burocracia. En 1923-1924, en los años que siguieron, los opositores de izquierdas (Trotsky, Rakovsky, Preobrajensky, Piatakov…) consideraban que la burocracia planteaba el riesgo, por la política errónea que imponía al partido, de reforzar las fuerzas sociales que querían la restauración del capitalismo, es decir los nepman, los kulaks, etc.

    No comprendían que la burocracia tenía un objetivo específico de monopolización del poder y de cristalización de sus privilegios sin que esto implicara la restauración del capitalismo. Este error de perspectiva (fácil de evidenciar retrospectivamente) explica en parte la adhesión de Preobrajensky a Stalin en 1929 cuando éste, rompiendo con la NEP, dará la impresión de volver a una política proletaria socialista.

    Corresponde a Rakovsky y luego a Trotsky haber comprendido progresivamente a partir de 1928 el lugar específico ocupado por la burocratización en el Estado soviético. Corresponde a Trotsky y a los militantes que compartieron ese combate hasta el final haber sabido llevar a cabo una lucha indefectible contra la burocracia estalinista y haber producido un análisis acabado de la degeneración del Estado obrero soviético (ver La Revolución Traicionada). En el momento del balance, es completamente fundamental subrayarlo.

    El combate de León Trotsky, Rosa Luxemburg y la IV internacional por la democracia socialista

    El combate de L. Trotsky y de la Oposición de Izquierdas constituye un aporte fundamental a la lucha por la democracia en la transición al socialismo tanto desde el punto de vista práctico como desde el punto de vista del análisis de los procesos de deriva dictatorial tras la toma del poder. Sin una comprensión del proceso de degeneración, no se puede definir una política para hacerle frente. Desde este punto de vista, el libro “La revolución traicionada”, redactado por León Trotsky a mediados de los años 1930 constituye una herramienta indispensable.

    Trotsky y la IV Internacional lucharon por una verdadera revolución política en la URSS, una revolución que debía permitir a las masas derrocar el poder de la burocracia y reconstituir órganos de poder democráticos. Veamos a continuación extractos de uno de los textos esenciales adoptados por la IV Internacional en su congreso de fundación (1938):

    “La Unión Soviética ha salido de la revolución de Octubre como un Estado obrero. La propiedad estatal de los medios de producción, condición necesaria del desarrollo socialista, ha abierto la posibilidad de un crecimiento rápido de las fuerzas productivas. El aparato del Estado obrero, aislado, sufrió mientras tanto una completa degeneración, transformándose de instrumento de la clase obrera, en instrumento de violencia burocrática contra la clase obrera y en forma creciente, en instrumento de sabotaje de la economía” (Programa de Transición, https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1938/prog-trans.htm)

    El texto contenía una serie de tareas y de reivindicaciones para llevar a buen puerto la restauración de la democracia socialista:

    “El nuevo auge de la revolución en la U.R.S.S. comenzará sin ninguna duda, bajo la bandera de la lucha contra la desigualdad social y la opresión política.

    ¡ Abajo los privilegios de la burocracia!

    ¡ Abajo el stajanovismo!

    ¡ Abajo la aristocracia soviética con sus grados y decoraciones!

    ¡Más igualdad en el salario de todas las formas de trabajo!

    (…)

    La lucha por la libertad de los sindicatos y los comités de fábrica, por la libertad de reunión y de prensa, se desarrollará en lucha por el renacimiento y regeneración de la democracia soviética (…).

    Es necesario devolver a los soviets no solamente su libre forma, democrática, sino también su contenido de clase (…).

    La democratización de los soviets es inconcebible sin la legalización de los partidos soviéticos. Los obreros y los campesinos, por sí mismos y por su libre sufragio decidirán qué partidos serán considerados como partidos soviéticos”. (Programa de Transición, https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1938/prog-trans.htm).

    Para comprender este texto de 1938, hay que recordar la destrucción de las conquistas de la revolución de octubre que acababan de cometer Stalin y sus comparsas: colectivización forzada, agravación de las condiciones de trabajo en las fábricas con el movimiento estajanovista, aumento de las desigualdades, represión del derecho de expresión, represión y control de los artistas, creación del gulag, condena y ejecución de los dirigentes del Partido bolchevique de 1917, de los dirigentes de la insurrección de octubre. De 1936 a 1938 se sucedieron 4 oleadas de procesos, llamados “Procesos de Moscú”. Tres procesos concluyeron, bajo la orden de Stalin y de su clan, con la condena de los principales dirigentes del partido. Todos los nombres que figuran en este texto están concernidos: Zinoviev, Kamenev, Smirnov, Piatakov, Radek, Bujarin, Rakovski, Preobrajenski, Antonov-Ovseenko, Krestinski… La mayor parte fueron ejecutados. Y solo tuvieron derecho a un proceso quienes, en algunos casos bajo la tortura, confesaron sus “traiciones”. Centenas de miles de militantes o de personas consideradas como opositores fueron ejecutadas con una bala en la cabeza sin otra forma de proceso.

    El proceso de mayo-junio de 1937 apuntó a los responsables militares soviéticos, entre ellos dirigentes del Ejército Rojo de la guerra civil (Mijail Tujachevski, mariscal y vicecomisario de Defensa, Iona Yakir, Comandante de la región militar de Kiev, por ejemplo). Como consecuencia de este proceso, el Ejército Rojo quedó decapitado justo antes de la Segunda Guerra Mundial.

    Trotsky fue asesinado por un agente de Stalin en agosto de 1940 en México.

    El combate por la democracia y la cultura en el arte

    El Manifiesto por un Arte Revolucionario Independiente (redactado en julio del

    1938 por André Breton y León Trotsky, firmado para su publicación por André Breton y el pintor mexicano Diego Rivera) constituye igualmente una referencia de una gran actualidad:

    “El verdadero arte, es decir aquel que no se satisface con las variaciones sobre modelos establecidos, sino que se esfuerza por expresar las necesidades íntimas del hombre y de la humanidad actuales, no puede dejar de ser revolucionario, es decir, no puede sino aspirar a una reconstrucción completa y radical de la sociedad, aunque sólo sea para liberar la creación intelectual de las cadenas que la atan y permitir a la humanidad entera elevarse a las alturas que sólo genios solitarios habían alcanzado en el pasado. Al mismo tiempo, reconocemos que únicamente una revolución social puede abrir el camino a una nueva cultura

    (…)

    Reconocemos, naturalmente, al Estado revolucionario el derecho de defenderse de la reacción burguesa, incluso cuando se cubre con el manto de la ciencia o del arte. Pero entre esas medidas impuestas y transitorias de autodefensa revolucionaria y la pretensión de ejercer una dirección sobre la creación intelectual de la sociedad, media un abismo. Si para desarrollar las fuerzas productivas materiales, la revolución tiene que erigir un régimen socialista de plan centralizado, en lo que respecta a la creación intelectual debe desde el mismo comienzo establecer y garantizar un régimen anarquista de libertad individual. ¡Ninguna autoridad, ninguna coacción, ni el menor rastro de mando! Las diversas asociaciones de hombres de ciencia y los grupos colectivos de artistas se dedicarán a resolver tareas que nunca habrán sido tan grandiosas, pueden surgir y desplegar un trabajo fecundo fundado únicamente en una libre amistad creadora, sin la menor coacción exterior.

    De cuanto se ha dicho, se deduce claramente que, al defender la libertad de la creación, no pretendemos en manera alguna justificar la indiferencia política y que está lejos de nuestro ánimo querer resucitar un pretendido arte «puro» que ordinariamente está al servicio de los más impuros fines de la reacción”. (http://www.aporrea.org/ideologia/a214701.html)

    Efectivamente, es necesario afirmar la libertad del artista para evitar toda pretensión del Estado revolucionario o de una vanguardia revolucionaria de regentar la creación cultural antes o después de la ruptura con el capitalismo.

    La democracia socialista, pluralista y viva

    El Manifiesto adoptado por el 13º Congreso Mundial de la IV Internacional (febrero 1991) contiene una presentación sintética de la cuestión de la democracia en la fase que sigue a la revolución: “La democracia socialista, pluralista y viva, la libre confrontación de las diferentes alternativas entre diferentes prioridades, la independencia de las organizaciones políticas y sociales respecto al aparato del Estado, no son un lujo reservado a los países más ricos, que los países más pobres deberían remitir a tiempos mejores. Constituyen, para toda revolución socialista, una exigencia funcional, a fin de controlar las contradicciones de la economía, reducir las desproporciones, dominar las injusticias, sacar de la conciencia colectiva los medios para vencer las dificultades. Derechos civiles y sociales del hombre y de la mujer, Estado de derecho, democracia política sin restricciones, democracia de los productores asociados, planificación democráticamente centralizada, recursos necesarios pero limitados a los mecanismos del mercado, y autogestión se completan necesariamente en la construcción de una sociedad socialista. Un solo eslabón que falte basta para la perversión del conjunto” (Folleto de la IV Internacional, París 1993).

    Este texto de la IV Internacional de 1991 así como las posiciones de León Trotsky a partir de finales de los años 1920 son un eco de las posiciones adoptadas desde 1918 por la revolucionaria polaca Rosa Luxemburg, que había advertido a los bolcheviques contra ciertas medidas de restricción de la libertad de expresión: “es un hecho evidente e incontrovertible que sin una prensa libre y sin obstáculos, sin una libertad ilimitada de asociación y de reunión, resulta impensable el dominio de las amplias masas populares”.

    “La libertad solo para los partidarios del gobierno, solo para los miembros de un partido -por numerosos que sean- no es la libertad. La libertad es siempre al menos la libertad de quien piensa diferente. No en virtud del fanatismo de la “justicia” sino porque todo lo que libertad implica de instructivo, de saludable y de purificador depende de este principio y deja de ser eficaz cuando la “libertad” se convierte en un privilegio”

    “Si se ahoga la vida política en todo el país, la parálisis gana obligatoriamente la vida en los soviets. Sin elecciones generales, sin una libertad de prensa y de reunión ilimitada, sin una lucha de opinión libre, la vida se apaga en todas las instituciones públicas, vegeta, y la burocracia se convierte en el único elemento activo”. (Rosa Luxemburg: La revolución rusa 1918. https://www.marxists.org/espanol/luxem/11Larevolucionrusa_0.pdf)

    Trotsky llevó a cabo una lucha sin tregua contra la degeneración de la Unión Soviética. Puso en ella todas sus fuerzas y lo pagó con su vida en agosto de 1940. Trotsky impulsó un combate de un valor inestimable. Las propuestas y las reivindicaciones que planteó para regenerar la transición al socialismo constituyen una fuente de inspiración irremplazable para todas las personas que no bajan los brazos y están dispuestas a proseguir el combate por la revolución eco-socialista.

    Traducción: Alberto Nadal

    Publicado en la revista Lutte de Classe editada por la Fundación Léon Lesoil en Bélgica. Revista nº2 de febrero de 1990. Este texto se publica por primera vez en castellano. Este estudio fue realizado para un curso de formación de militantes presentado en el verano de 1989. Ha sido publicado en francés el 21 de enero de 2016 con ocasión del 92 aniversario de la muerte de Lenin (véase: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article37007 ). La última parte del texto, titulada “El combate de León Trotsky, de Rosa Luxemburg y de la IV Internacional por la democracia socialista” ha sido añadido en 2017.

    Notas

    1/ Para una presentación del tratado de Brets-Litovsk: https://es.wikipedia.org/wiki/Tratado_de_Brest-Litovsk

    2/ Según Isaac Deutscher (t.3 p. 131) en enero de 1923, Trotsky propone un proyecto de reorganización del CC y de sus diversos órganos.

    3/ A partir de esta fecha -diciembre de 1923- es cuando se puede considerar que Bujarin (responsable del Pravda y pronto miembro titular del BP reemplazando a Lenin), abandonó sus posiciones críticas y se situó en el campo de Stalin, donde permanecerá hasta finales de los años 1920. A finales de 1925, contactará con Trotsky para sumarle al bloque que acaba de realizar con Stalin tras la ruptura de la Troika y primer envío de Zinoviev y Kamenev a la oposición. En su carta a Trotsky, dirá que no se puede impedir temblar cuando piensa en los métodos burocráticos y arbitrarios que prevalecen en el partido. Trotsky le responderá con un rechazo absoluto, tras haberle recordado que él, Bujarin, es corresponsable del régimen interior consolidado en la ofensiva contra la oposición de 1923. Bujarin mantuvo sin embargo su alianza con Stalin (ver carta de Trotsky en Cahier L. Trotsky – juin 1988).

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    [Publicada en http://vientosur.info/spip.php?article12143 || 25/01/2017]

     

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    Joanna Bregolat

    Estudiante del master Dones, Gènere i Ciutadania de l’Institut Interuniversitari de Dones i Gènere y militante de Anticapitalistas.

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    Teoría: lgbti

    12/06/2020

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Revuelo en las redes y un documento interno del PSOE apareciendo repetidamente citado en Twitter. Así podría definirse el debate que estos días sucede en las redes sociales a raíz de que se haya hecho público un argumentario del Partido Socialista dónde las teorías queer son vistas como “teorías que niegan la realidad de las mujeres” y el derecho “a la autodeterminación sexual” como una irresponsabilidad hacía el mismo colectivo y al feminismo 1/. Este nuevo conflicto se suma a la larga cola de ofensivas y contradicciones que llevan apareciendo este último año ante el acuerdo, planteamiento y redacción de la Ley Trans, queriéndola dejar en un cajón.

    No viene de nuevo: los debates sobre el sujeto trans llevan años incorporados en el orden del día de los colectivos, plataformas y espacios feministas, importando etiquetas y argumentos de los debates trans que llevan abriéndose paso en EE UU desde los años 70 2/. La Ley Trans emprende el reto a intentar construir un marco jurídico y político transfeminista, escuchando las propuestas que han surgido de los propios colectivos trans, LGBTI y queer ante un feminismo que, pretendiendo abolir el género y perpetuar el sexo biológico, se siente amenazado. Sí, se siente amenazado y es palpable su rechazo e impugnación, que reacciona reivindicando aquello que le pertenece, auto-configurándose como único sujeto y representante de los feminismos, que son muchos en este espacio territorial y muchos más en los márgenes de las miradas hegemónicas.

    El argumentario interno del PSOE que ha desencadenado el bullicio en redes se divide en tres apartados:

    1/ el sexo es un hecho biológico y el género una construcción social;

    2/ los riesgos de las teorías que cambian la definición de mujer y niegan su realidad; y

    3/ las mujeres no son una identidad.

    Cada uno de estos se fragmenta en distintos puntos dando a las diferentes representantes del partido un contenido para poder defender estas tres ideas.

    ¿Estamos seguras de que el sexo es un hecho biológico y el género una construcción social? La segunda parte de esta frase la aprendimos muchas leyendo El segundo de sexo de Simone de Beauvoir, pero la primera empezamos a desaprenderla con El género en disputa de Judith Butler –y vaya por delante, ambas autoras se citan por su reconocimiento pero sus propuestas teóricas y filosóficas van más allá de sus nombres–. Las feministas del Partido Socialista son defensoras de una abolición del género, entendiendo que el género se ha constituido como una herramienta opresiva entre mujeres y hombres y que la emancipación de este permitiría la supresión de desigualdades y subordinación de las mujeres. Ahora bien, frente a este proceso sacralizan, esencializan y perpetúan el sexo como un elemento biológico y, por tanto, inherente a nuestras corporalidades. Y no, aprendimos que nuestro sexo responde a una mirada binaria y heterosexuada de un sistema médico patologizante, dónde nuestros cuerpos se regulan y se modifican de acuerdo a unas tecnologías de deseabilidad, eliminando excesos, amputando partes y penalizando realidades polimorfas. Nuestros cuerpos no definen nuestros sexos, nuestros cuerpos no delimitan nuestra identidad sexual. La categoría sexo se queda pequeña frente a la experiencia de ser mujer que, dudosamente, pueda ser solo una 3/; se queda pequeña para describir las violencias, abusos, vejaciones y asesinatos que encarnamos en nuestros cuerpos aquellos que no somos el sujeto BBVAh [blanco, burgués, adulto, heterosexual] 4/.

    El debate sobre sexo, género e identidad no termina ahí. Ante la presunción de una confusión de términos, la incomodidad crece en la redacción del derecho “a la autodeterminación sexual” que se interpreta como una irracionalidad jurídica que pretende realizar un reconocimiento y acreditación de la identidad trans ante un puntual sentimiento y/o expresión. No, esto no va así. Cuando las feministas del PSOE hablan de una transexualidad debidamente acreditada refuerzan un sistema psicopatologizante, estigmatizador y de desgaste para las personas trans. Hablan de que las personas trans deben seguir un recorrido médico de informes psiquiátricos y de hormonación, deben tener un médico que les reconozca su identidad y les ponga esta etiqueta de cuerpo equivocado, que les autoricen ser libremente siempre que cumplan el passing 5/ establecido socialmente. Y no, queremos terminar con estos procesos infernales. El derecho a la autodeterminación sexual traduce esta voluntad de poder ser libremente, de no tener que atravesar burocracias y requisitos médicos. Es una propuesta propositiva, del propio colectivo, que no puede ni debe ser acallada, silenciada e invisibilizada por un feminismo que ni es hegemónico ni plantea alternativas para unos cuerpos fuera de la norma.

    El segundo enunciado se dirige a una objeción práctica del derecho “a la autodeterminación sexual”, ante su incompatibilidad con el régimen normativo actual de la administración pública, y la creencia férrea de que habrá sujetos hombres que renunciaran a su identidad para beneficiarse de políticas públicas de género. Primeramente, el debate sobre la adaptación de normas le manca una voluntad de profundidad: si realmente se observa como algo conflictivo, ¿por qué no plantear cambios propositivos que nos permitan que estas herramientas puedan seguir siendo funcionales? En el caso concreto que exponen, es de interés observar las brechas laborales, salariales, de pobreza, de violencia, entre muchas otras, que se producen a los cuerpos que cada vez se alejan más del sujeto hombre blanco, burgués y heterosexual hegemónico. Es de interés conocer cómo las personas trans viven y son atravesadas por los distintos ejes de desigualdad presentes en nuestras sociedades. En cambio, la segunda variable que expone este punto responde a una falacia ad nominem: frente a dudas de cómo podría ser aplicado el derecho de la autodeterminación sexual, no podemos caer en el reduccionismo de que este permitirá desdibujar las violencias patriarcales y el uso de recursos para las supervivientes; las políticas de paridad y representación y otras de las políticas binaristas que rigen el Estado de derecho.

    Finalmente, el tercer y último enunciado expresa la amenaza de las teorías queer para la mujer, su realidad y el feminismo. Se nos revela que las mujeres no son una identidad ni una esencia, que no constituyen ningún colectivo, son simplemente más de la mitad de la humanidad. Es decir, las mujeres somos una realidad sexuada natural y nuestra condición se construye, delimita y determina nuestros derechos, y el feminismo se desprende como la lucha emancipatoria por la igualdad en tanto que mujeres y ciudadanas. A su vez, se señala al activismo queer como un riesgo político y jurídico para las mujeres, para los derechos y políticas que regulan sus vidas, y para los logros del movimiento feminista. Su firmeza y rigidez argumentativa choca de pleno con los debates ricos, diversos, abiertos y plurales de los movimientos feministas y LGBTI.

    Los activismos queer en el Estado español son los activismos maricas, bollos, travestis, son los activismos disidentes del colectivo LGBTI, que no tienen por qué responder ni a las pautas del colectivo LGBTI anglo ni al conjunto de postulados de las teorías queer. Estos activismos hacen una crítica a la naturalización de los binomios opuestos y jerarquizados como hombre/mujer, hetero/homo, razón/naturaleza, entre otros; plantean una resistencia a la normalización de sus cuerpos, sexualidades y vidas, volviéndose transfronterizos y vindicando el potencial subversivo de sus experiencias para cuestionar el orden social, político, económico y cultural 6/. Reducir todo esto a la voluntad de desdibujar a las mujeres como sujeto político niega su voluntad política de transformación y emancipación, niega la capacidad de superar las etiquetas de ciudadana o mujer sin cuestionar sus exclusiones y diversidades. Este activismo nunca ha pretendido desdibujar los avances y logros de los movimientos feministas, también avanzaban y los celebraban con ellas; vienen a dotarse de una voz propia dónde la categoría mujer se queda pequeña para todo lo que representan 7/.

    Si incomodan, si retan, si cuestionan puede que estén mostrando privilegios que hasta ahora no nos eran visibles. La Ley Trans no viene a deshacer ningún avance de los feminismos, ni el derecho a la autodeterminación sexual corresponde a ninguna perversión de la categoría mujer, responden a la necesidad de ser y visibilizarse como sujetos, con voz y agencia, que no deben pedir permiso para vivir. Y puede que un primer paso sea reconocer, que esto no va de ganar o perder, sino de tener vidas dignas que merezcan la pena ser vividas. Siendo las personas Trans, especialmente las mujeres trans las más estigmatizadas socialmente y laboralmente con elevadas cifras de precariedad, con un 90% de desempleo, siendo así expulsadas del mercado laboral.

    Este artículo no pretende dar soluciones a debates ni lecciones a nadie, pretende poner sobre la mesa la necesidad de reivindicar el posicionamiento transfeminista. Un posicionamiento que ponga de relevancia las intersecciones entre los feminismos y los movimientos trans, queer y LGBTI, que reconozca los sujetos y los cuerpos con la voluntad de escuchar todas las voces que componen este debate.

    12/06/2020

    Joanna Bregolat es estudiante del master Dones, Gènere i Ciutadania de l’Institut Interuniversitari de Dones i Gènere y militante de Anticapitalistas

    Notas:

    1/ El argumentario completo se subió a Twitter en diferentes cuentas, siendo una de ellas: Paula [@Paulafraga__]. (2020, junio 9). Dejo por aquí el documento completo: Argumentos contra las teorías que niegan la realidad de las mujeres. [Tuit]. Recuperado de https://twitter.com/Paulafraga__/status/1270454041328472065?s=20

    2/ Más información disponible en: Stryker, S. (2017). Historia de lo trans. Las raíces de la revolución de hoy. Madrid: Contintametienes.

    3/ La asunción de que nuestros cuerpos se encuentran atravesados por múltiples ejes de desigualdad nos obliga a visibilizar y analizar nuestras identidade, cuerpos y experiencias desde la diversidad y heterogeneidad de los procesos de producción y reproducción, junto a sus geografías y expresiones, y sus subversiones y resistencias, tanto colectivas como individuales.

    4/ Pérez Orozco, A. (2014). Subversión feminista de la economía: aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida. Madrid: Traficantes de sueños.

    5/ Entendemos por passing el hecho mediante una persona trans, queer y/o del colectivo LGBTI es leída de acuerdo con las normas del sistema cisheterosexual que rigen nuestras sociedades. Es decir, que cumplen con las características, expresiones y comportamientos asociados a la performatividad del género deseada, sea hombre o mujer.

    6/ Coll-Planas, G. (2012). La carne y la metáfora. Una reflexión sobre el cuerpo en la teoría queer. Barcelona/Madrid: Egales.

    7/ Red PutaBolloNegraTransFeminista. (2012, marzo 8). Manifiesto para la insurrección transfeminista [Mensaje en un blog]. Parole de Queer. Recuperado en junio de 2020 de http://paroledequeer.blogspot.com/2012/03/manifiesto-para-la-insurreccion.html

     

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  • Las teorías marxistas del imperialismo

    Las teorías marxistas del imperialismo

    imperialismo

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    Claude Serfati

    Claude Serfati es investigador asociado en el IRES (Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales.

    Traducción: VientoSur
    Fuente: 
    revueperiode.net

    Teoría: Imperialismo

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    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Esta reseña de lectura tiene como objetivo dar una idea de la diversidad de enfoques contemporáneos de las teorías marxistas del imperialismo. No pretende ser una recensión exhaustiva de la literatura sino, más modestamente, enunciar algunos temas que siguen de actualidad.

    La reseña comienza con una breve presentación de las teorías clásicas del imperialismo elaboradas a comienzos del siglo XX, después se revisa la actualidad de estas teorías a la luz de un cierto número de autores contemporáneos. Finalmente, explica la cuestión del fin de las guerras inter-imperialistas y de la consolidación del militarismo, un reto ampliamente ignorado en la literatura marxista contemporánea sobre el imperialismo.

    1. Complementariedad de los análisis
    Hobson redactó en 1902 la primera obra crítica documentada sobre la expansión imperialista del capitalismo, cuyo nacimiento sitúa en 1870 y su pleno desarrollo a mediados de los años de 1880 1/. Hobson es un liberal que piensa que el libre intercambio es necesario para poner fin a los males del capitalismo que consisten en una tendencia permanente al bajo consumo y a las desigualdades sociales y a la necesidad de combatir el parasitismo del capital financiero. El capital financiero de Hilferding se publicó en 1910, pero fue escrito durante años por su autor. Es una obra fundamental que aborda la cuestión del imperialismo. El imperialismo es, según Hilferding, “la política económica del capital financiero” 2/. Se basa en el proteccionismo impuesto por los cárteles que constituye un poderoso estímulo para el crecimiento de las exportaciones de capital e implica necesariamente una política de expansión del imperialismo. Igualmente, otros autores marxistas han analizado el imperialismo. La obra de Lenin, El imperialismo, estado superior del capitalismo, sin duda, es la más conocida. En esta obra el capitalismo se describe como “el capitalismo ha llegado a un punto de desarrollo en el que se produce el dominio de los monopolios y del capital financiero, en el que la exportación de capitales ha adquirido una importancia de primer plano, donde el reparto del mundo ha comenzado entre los trusts internacionales y donde ha acabado el reparto de todo el territorio del globo entre los mayores países capitalistas”. Lenin consideraba su trabajo sobre el imperialismo como una contribución a un trabajo colectivo. Las diferentes obras de Bujarin 3/ y de Luxemburg son también fundamentales, especialmente, en las discusiones actuales sobre la pertinencia del concepto de imperialismo.

    El punto común de los análisis marxistas de inicios del siglo XX es que el imperialismo se desarrolló a partir de las características fundamentales del capitalismo que suponen un nuevo periodo histórico. El análisis de Marx según el cual “la tendencia a crear el mercado mundial existe junto a la noción de capital” 4/ está plenamente confirmado.

    En este marco las teorías del imperialismo aportan dos innovaciones importantes que están resumidas en las definiciones complementarias dadas por Lenin y Luxemburg. Para Lenin: “Si hay que definir el imperialismo de la forma más breve posible, habría que decir que es el estadio monopolístico del capitalismo” 5/. Para Luxemburg: “El imperialismo es la expresión política del proceso de acumulación capitalista que se manifiesta por la competencia de los capitalismos nacionales” 6/. Estas fórmulas resumen las dos transformaciones más importantes que caracterizan la entrada en la época imperialista. Por una parte, las dinámicas de acumulación y reproducción del capital llevan a la formación de un capital monopolístico financiero que controla, a partir de ese momento, los diferentes tipos de capitales destinados a una valorización: capital productivo, capital comercial, capital crediticio, capital hipotecario e inmobiliario, etc 7/. Por otra parte, la formación del espacio mundial -término que se adecua mejor que el de mercado mundial– es indisociable del papel de los Estados que juegan un rol central en el periodo de expansión internacional del capital monopolístico financiero y que diseñan una nueva configuración del sistema interestatal, “el sistema de los estados”, como lo llama R. Luxemburg.

    La cuestión que se debate hoy es la de las relaciones entre las dinámicas económicas y geopolíticas. Harvey considera que son dos lógicas autónomas. Callinicos considera que están entremezcladas 8/ sin que, sin embargo, puedan ser reducidas la una a la otra y pone como ejemplo la guerra de Irak decidida por W.G. Bush en 2003. El control de los recursos petrolíferos era al mismo tiempo un medio para consolidar la posición geoeconómica de Estados Unidos frente a sus competidores económicos.

    En todo caso, tener en cuenta el papel de los Estados en la formación del capital monopolístico financiero y del imperialismo sigue estando en la línea de los trabajos de Marx. Los análisis hechos en El Capital han sido, a menudo, interpretados como relativos a un capitalismo cuyas leyes de reproducción puramente económicas sobrepasarían ampliamente al Estado. Esta lectura es errónea. Una lectura atenta de Marx, y más exactamente de sus notas sobre el colonialismo, muestra no solamente que, de entrada, ha construido su análisis partiendo del mercado mundial, sino que lo concibe como construido con ayuda de la intervención de los Estados europeos 9/. De este modo, los procedimientos violentos de la acumulación primitiva que implican la coerción de los Estados no están reservados a la fase inicial del desarrollo capitalista, sino que se producen de forma permanente. Complementan a la acumulación normal durante la que las personas asalariadas y quienes las emplean se enfrentan como contratantes libres. La globalización hace hoy coexistir e interactuar formas normales y primitivas de acumulación ilustrando una de las modalidades del desarrollo desigual y combinado.

    1. El desarrollo desigual y combinado
    La hipótesis de que la acumulación dominada por el capital financiero monopolístico toma posición en el marco de un sistema interestatal jerarquizado está en las antípodas de las teorías de convergencia económica que está en la base de los modelos teóricos dominantes y que ha sido el sustrato ideológico de las políticas económicas llevadas a cabo desde los años 1980 a escala internacional. Esta cuestión ha pasado a la historia como la del desarrollo desigual y combinado abordado por Trotsky en su Balance y Perspectivas de la revolución rusa de 1905. El desarrollo del capitalismo no se implanta en un solo país aislado de los otros países, en consecuencia:

    «el privilegio de una situación histórica atrasada -ese privilegio existe – autoriza a un pueblo, o más exactamente, lo obliga a asimilar de golpe lo anterior, saltando una serie de etapas intermedias (…). De esta ley universal de desigualdad en los ritmos se deriva otra ley, que a falta de una denominación más apropiada, se puede llamar la ley del desarrollo combinado, en el sentido de la aproximación de diferentes etapas, de la combinación de fases distintas, de la amalgama de formas arcaicas con otras más modernas» 10/.

    Hilferding también había señalado este “privilegio de las naciones atrasadas pero sin desarrollar este punto:

    «Hoy el capitalismo se ha implantado en un nuevo país en su más alto y desarrollado nivel a consecuencia de los efectos revolucionarios con una fuerza mayor y un tiempo mucho más corto que, por ejemplo, el capitalismo holandés o británico 11/. Por supuesto que este privilegio de las naciones atrasadas solo conduce a una pequeña minoría del país a alcanzar a los países más desarrollados. Por su parte, Lenin, considera que el desarrollo político y económico desigual es una ley absoluta del capitalismo» 12/.

    La teoría del desarrollo desigual y combinado está intrínsecamente vinculada con las teorías del imperialismo. Efectivamente, tiene en cuenta la doble dinámica que configura el imperialismo. Por una parte, el desarrollo de países atrasados se hace bajo “el látigo de las necesidades exteriores” 13/ -es decir: bajo el impulso de la acumulación de capital. Por otra parte, el espacio mundial está basado en un conjunto de países cuya interdependencia económica no suprime las especificidades concretas y menos aún, las diferencias de nivel de desarrollo 14/. No se puede reconocer mejor la persistente realidad de los Estados en el capitalismo contemporáneo más que mediante el minucioso análisis que une lo global con lo local.

    Las críticas hechas por los marxistas a las teorías clásicas del imperialismo -es decir, al corpus que acaba de ser presentado– suponen una gradación. Se puede distinguir por comodidad, tres corrientes. De entrada, algunos autores cuestionan la misma validez de su descripción de la situación de inicios del siglo XX. A continuación, otros consideran que, si bien eran exactos en su época, estos análisis no son válidos hoy. Así que lo que hay que preservar de las teorías del imperialismo depende del grado de características nuevas que estos autores encuentran en la coyuntura contemporánea. Por último, otros autores, menos numerosos, buscan en los fundamentos de las teorías del imperialismo los elementos que permiten analizar la configuración actual de imperialismo.

    1. Las teorías del imperialismo han sido siempre inadecuadas
    Quienes defienden la tesis de que las teorías del imperialismo son poco útiles para comprender el mundo contemporáneo son muchos entre los marxistas. Una parte va más lejos y afirma que estas teorías siempre han sido inadecuadas. Son los marxistas contemporáneos influyentes quienes adoptan esta posición. Harvey, que contribuyó a la comprensión de las dimensiones espaciales de la producción y la distribución del valor 15/, afirma que las teorías del imperialismo se han separado de la teoría de la acumulación elaborada por Marx 16/. Cómo hacer derivar la necesidad del imperialismo de la “lógica interna» del modo de producción capitalista tal como fue analizado de forma “abstracta” por Marx (las comillas son de David Harvey). De hecho, según Harvey, Marx decidió hacer abstracción de todas las contingencias a fin de actualizar las dinámicas de acumulación, de ahí la dificultad de hacer derivar de la teoría “a-espacial” de Marx, una teoría del imperialismo que postula por el contrario la centralidad de los combates geoestratégicos y geopolíticos entre los estados nación 17/. Harvey considera que “las teorías del imperialismo no eran adecuadas ni siquiera en su época” 18/. Las teorías de Lenin, Luxemburgo Bujarin, Kautsky, etc. no tienen interés para una teoría coherente del imperialismo contemporáneo.

    El veredicto propuesto por Panitch y Gindin contra las teorías clásicas del imperialismo es igualmente severo: “Eran defectuosas en su lectura de la situación, en su tratamiento de las dinámicas de acumulación de capital y en su transformación en una ley inmutable de la globalización capitalista en un momento de rivalidades inter-imperialistas muy circunscritas” 19/. Sus críticas son abundantes: subestimación del papel de los países subdesarrollados en la exportación de capitales provenientes de países desarrollados, aumento considerable del nivel de vida de la clase obrera en los países desarrollados.

    Dos críticas importantes son formuladas por Panitch y Gindin a continuación: las teorías clásicas del imperialismo están basadas en una concepción mecanicista que considera que el capitalismo se desarrolla por fases (cf. Lenin) y que es periódicamente golpeado por crisis económicas. Otro error de estas teorías es su tratamiento reduccionista e instrumental del Estado. Esto lleva a considerar que las guerras han sido la prolongación directa de rivalidades económicas nacionales, a objetar el pretendido paso de una era de librecambio al proteccionismo, característica del imperialismo subrayado desde Hilferding por todos los teóricos del imperialismo. Ahora bien, al contrario de esta afirmación, a lo largo del siglo XIX, el librecambio y el imperialismo habían formado una buena pareja en lo que dos historiadores llamaron, en una tesis famosa (y muy discutida) contra el análisis de Lenin, el imperialismo del librecambio 20/. La conclusión de Panitch y Gindin es inapelable: el análisis del imperialismo capitalista debe estar basado en una extensión de la teoría del Estado capitalista en lugar de estar derivada directamente de una teoría estatalista del desarrollo del capitalismo o estar vinculada a las crisis económicas del capitalismo.

    1. La configuración contemporánea del capitalismo
    ¿Por qué reemplazar las teorías clásicas del imperialismo? A las críticas sobre su fundamentación teórica presentada hasta aquí, es conveniente añadir las que consideran que analizan correctamente la realidad de su época pero que hoy son herramientas inadecuadas para comprender el capitalismo contemporáneo. Sin sorpresa, la hipótesis de una fusión de los intereses del Estado y de los grupos financieros multinacionales, que es compartida por los marxistas de comienzos del siglo XX y llevada al paroxismo por Bujarin en los trusts capitalistas nacionales (o del Estado) 21/, está considerada como la más caduca por la crítica contemporánea. Desde ella, se puede verificar la obsolescencia de las teorías clásicas en dos puntos. Por una parte, la era de las rivalidades inter-imperialistas que se desataron durante las guerras está acabada y, por otra parte, las formas transnacionales del capitalismo contemporáneo hacen al capital y a las clases dominantes, más que a los estados nación, actores dominantes y motores de las transformaciones actuales.

    Fin de las rivalidades inter-imperialistas: el imperio (americano)

    Panitch y Gindin son los defensores más consecuentes de esta tesis. Una mirada retrospectiva indica que la tendencia del capitalismo a alcanzar la acumulación tiene resultados diferentes. La gran crisis de 1873 alentó las rivalidades interimperialistas y arrastró finalmente a una guerra y la de 1929 se tradujo en una contracción del capitalismo más que por su expansión. Finalmente, la crisis de 1973, al contrario de la precedente, amplió considerablemente la expansión del capital. Por tanto, conviene no subestimar los condicionantes estructurales y considerar que el régimen capitalista es siempre una construcción social contingente. La globalización no es un desarrollo mecánico de las ondas largas del capitalismo, sino un proyecto histórico específico cuya configuración depende tanto de las contradicciones presentes como de los episodios precedentes de la globalización. De forma que el lugar ocupado por EE UU en la historia no estaba predeterminado ni era fruto del azar. Se reforzó después de la Segunda Guerra Mundial, cuando las élites europeas aceptaron la dominación americana. El apoyo de EE UU fue necesario para restablecer las relaciones sociales capitalistas en un contexto en el que las clases dominantes de los países de Europa eran demasiado débiles y/o demasiado desacreditadas para volver a poner en marcha solas la acumulación del capital 22/. Esta estructuración del orden mundial alrededor de EE UU les parece sólidamente establecida gracias a la interpenetración de los capitales nacionales a la que corresponde una internacionalización de los Estados más poderosos, es decir, su capacidad de gestionar el capitalismo global. Esta gestión del orden mundial no está amenazada pues al contrario de lo que habitualmente se afirma, no hay ningún signo de declive de la hegemonía económica americana. Este punto de vista es criticado 23/.

    Ellen Meiksins Wood : finalmente, el imperialismo (el imperio del capital)

    E.M. Wood, cuyos trabajos y los de Robert Brenner han sido calificados como marxismo político, publicó en 2003 El Imperio del capital 24/. La expresión puede sorprender, pero el objetivo es a la vez desprenderse de las connotaciones pasadas, incluyendo las precapitalistas, del término imperialismo y de subrayar que la nueva era que se ha abierto después de la Segunda Guerra Mundial, ha extendido por fin el poder del capital a escala mundial. Evidentemente, Wood no ignora el periodo calificado por el historiador P. Bairoch de primera globalización (1880-19149) y estima que las teorías marxistas del imperialismo lo analizaron correctamente (su punto de vista es diferente al de Harvey). Sin embargo, el imperialismo clásico, tal como funcionaba antes de 1914, estaba todavía marcado por las barreras políticas -las que erigían los estados nación. No obstante, Wood recuerda que el capitalismo está definido por una lógica totalmente singular, precisamente, una forma de extracción de valor creado por los productores que obedece a un impulso interno (o endógeno) (“¡acumulad, acumulad”! Es la ley de los profetas” 25/, escribe Marx). Así se distingue de los modos de producción anteriores, en los que las clases dominantes habían recurrido, inevitablemente, a métodos coercitivos extra-económicos para apoderarse del valor creado por los productores.

    Se reconoce aquí la gran importancia que Wood concede en sus trabajos a la separación de lo político (la coerción), de lo económico (el mercado) como criterio singular del capitalismo. Según ella, esta separación era todavía parcial –aunque ampliamente comprometida– en la época del imperialismo clásico. Los marxistas tenían razón al tener en cuenta la interacción entre economía y política -dicho de otra forma, la “fusión de los Estados con el capital», que culmina en las guerras. Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial, “los imperativos económicos fueron suficientemente poderosos y profundos para formar instrumentos sólidos de la dominación imperial” 26/. Los Estados, organizados en un sistema internacional, no desaparecen con la llegada del imperio del capital y su papel sigue siendo determinante. Sin embargo, los medios coercitivos, cuando se ejecutan en los procesos de trabajo (proceso de acumulación primitiva) reflejan la no conclusión de las lógicas de la acumulación tal como Wood las analiza y cuando consisten en instrumentos militares (por Estados Unidos) son política y económicamente costosos y contradictorios con la dinámica del capitalismo 27/.

    David Harvey y el nuevo imperialismo

    Harvey data la emergencia del imperialismo capitalista a mediados del siglo XIX cuando la burguesía toma el poder en los países europeos y su datación sigue la de Hannah Arendt. Diferencia en el imperialismo dos lógicas que, en realidad, forman la trama de la historia del capitalismo: una lógica de acumulación pero también una lógica territorial. Porque el capitalismo enfrentado a una sobreacumulación del capital encuentra en su expansión geográfica uno de los vectores más poderosos para hacerle frente 28/. La incesante expansión territorial es una tentativa de hacer frente a los periódicos impasses de la acumulación y uno de los medios más eficaces para realizar la plusvalía, un proceso que designa con el término difícilmente traducible de “spatial fix”. El imperialismo es la modalidad adoptada por el capitalismo para proseguir esta expansión. Sin embargo, Harvey observa que la fusión de las dos lógicas encuentra hoy obstáculos, incluso si la integración de China y la URSS dio un nuevo aliento al capitalismo. Estos obstáculos se deben al hecho de que la acumulación de capital para controlar el espacio exige una inmovilización enorme de capital fijo, en el sentido de inversiones a largo plazo que aseguran, en el mejor de los casos, una rentabilidad del capital en un horizonte temporal lejano. De ahí los esfuerzos del capital por remontar estos obstáculos a su conquista del espacio mediante el recurso a la acumulación por desposesión, una noción que, a pesar de lo que él dice, está bastante alejada de la de acumulación primitiva utilizada por Marx. J. Smith considera que Harvey, en realidad, niega el concepto de imperialismo 29/.

    El imperialismo transnacional

    Las tesis del imperialismo transnacional se oponen más o menos a los análisis precedentes sobre la cuestión del Estado. De hecho, la extensión internacional del capital a lo largo de los tres últimos decenios, calificada de globalización, representa para algunos autores marxistas un cambio radical, a menudo calificado de imperialismo transnacional. W. Robinson lo resume así:

    «la globalización representa una nueva época en la evolución del capitalismo mundial, caracterizada por la llegada de una producción y de un sistema financiero mundial integrado, la emergencia de una clase capitalista transnacional y el nacimiento de un aparato del estado transnacional» 30/.

    La clase capitalista transnacional está compuesta de accionistas y dirigentes de grandes empresas multinacionales, de élites burocráticas de las instituciones internacionales, pero también de dirigentes de los partidos políticos dominantes, los conglomerados que controlan los medias, las élites de tecnócratas y altos funcionarios de los países del Sur y del Norte así como de intelectuales orgánicos que suministran la argumentación ideológica 31/.

    El trípode sobre el que se apoya esta nueva era histórica, producción y finanzas globales-clase capitalista transnacional-estado transnacional, reproduce así a escala mundial los procesos seculares del desarrollo de los países capitalistas en el marco de los estados nación. Las teorías clásicas del imperialismo eran fundadas, pero fechadas históricamente. De hecho, hoy, la globalización opera en las esferas económicas, políticas y cultural-ideológicas 32/. El sistema global que emerge es pues, más amplio que el capitalismo global, incluso si las fuerzas capitalistas son las principales responsables de su advenimiento.

    Esta tesis del imperialismo transnacional, a menudo, está identificada como próxima de la conjetura sobre la emergencia de un ultra-imperialismo formulada por Kautsky en plena guerra mundial. Kautsky explica que las rivalidades inter-imperialistas no son inevitables y que “la consecuencia de la guerra mundial entre los grandes países imperialistas podría ser la formación de una federación de los más poderosos de ellos que formarían una federación y renunciarían a la carrera armamentística” 33/.

    Es esta suposición de un capitalismo pacífico esbozada por Kautsky, que se podía ya encontrar implícita en escritos anteriores y no la tesis expuesta por Lenin, la que se cumplió efectivamente, al día siguiente del fin de la Segunda Guerra Mundial, según algunos marxistas (por ejemplo Panitch y Gindin) y solamente después de 1980, para los partidarios del imperialismo transnacional. Los analistas marxistas clásicos consideraban que algunos Estados perderían lo que otros ganarían. Pero las críticas de las teorías clásicas del imperialismo afirman que el desarrollo de los intercambios económicos no es un juego de suma cero, sino positivo para el capitalismo, lo que puede explicar la situación de paz entre países imperialistas. Esta afirmación es criticada a su vez, pues se apoya en una identificación de interdependencia económica y de cooperación interestatal mientras que solo es una de las modalidades de la competencia entre capitales y por extrapolación, de los Estados 34/.

    La tesis del imperialismo transnacional ha sido objeto de varias críticas. La integración efectiva de una clase transnacional no parece confirmada por estudios empíricos de las redes de dirigentes de las grandes empresas transnacionales. De hecho, la formación de redes transnacionales a la cabeza de los grandes grupos mundiales es innegable; sin embargo, se apoya en las bases nacionales que resisten 35/. Además, esta tesis mantiene una concepción instrumental del Estado que supuestamente se adapta a las necesidades del capital transnacional. La situación actual reproduciría un esquema de adaptación del Estado a las necesidades del capital idéntica a la que se realizó hace dos siglos en el marco nacional. Esta tesis denota la falta de comprensión del modo de formación y del papel del Estado 36/. Se puede añadir que identificar los flujos financieros que atraviesan el planeta con la emergencia de un capitalismo global –un término que es eminentemente discutible– es añadir confusión al debate pues las relaciones capitalistas son relaciones sociales y como tales, son políticamente construidas y territorialmente definidas 37/. El capital-propiedad, que se encarna en los activos financieros, claro que puede circular a la velocidad de la luz alrededor del planeta, pero su valoración depende finalmente de la producción de valor gracias a los procesos de trabajo que continúan localizados y diferenciados según los países en los que radican. Esta desigualdad de situación es consustancial al capitalismo. Finalmente, los aparatos militar-securitarios que están arraigados sobre los territorios nacionales no tienen como objeto solamente la defensa (o el ataque) contra los países enemigos, son un elemento también dirigido al mantenimiento del orden interno del país en las coyunturas en las que la reproducción pacífica de las relaciones sociales está amenazada 38/.

    Asimismo, podemos preguntarnos qué dicen las teorías del imperialismo transnacional de los efectos de la crisis abierta en 2008. Esta agudizó la crisis de competencia entre las grandes empresas multinacionales (EMN) en los mercados próximos a –o ya alcanzados por– la saturación. La crisis produjo un reforzamiento de las medidas proteccionistas que los gobiernos más poderosos pusieron en marcha para proteger el capital presente en su territorio. ¿No significa esto la confirmación de la permanente rivalidad entre las burguesías nacionales? Esto no es el aviso de Robinson que declara que las capas más conscientes (enlightened) de la élite transnacional quieren un aparato del estado transnacional más fuerte para reforzar la dominación de clase capitalista transnacional 39/. No parece que estas corrientes tengan mucho que decir sobre el ascenso de las tensiones y rivalidades entre los países occidentales con China y Rusia y esto al margen de lo que se piense de la naturaleza imperialista o no de estos dos países.

    ¿Un imperialismo UE ?

    Los desarrollos institucionales de la Unión Europea 40/ incitaron a los marxistas a interesarse por su configuración 41/. Ernest Mandel diagnostica muy pronto la aparición de un capital europeo y considera que las tendencias cada vez más fuertes hacia la internacionalización del capital empujan a la creación de un Estado imperialista supranacional en Europa 42/. La configuración previsible es la de una fusión de capitales a escala continental que refuerce el capital europeo y agudice la rivalidad inter-imperialista con dos diferencias respecto al esquema leninista: la reducción a tres potencias imperialistas (EE UU, Europa, Japón) y la desaparición de las guerras inter-imperialistas mundiales, lo que no excluye guerras inter-imperialistas locales (por medio de terceros), de conquista colonial o contra los movimientos revolucionarios 43/.

    Esta hipótesis es retomada por Guglielmo Carchedi, que considera que “desde su origen la UE tenía el virus imperialista inscrito en sus genes” 44/ y que la creación del euro fue un elemento determinante en la formación de un bloque imperialista europeo. Esto para nada significa el fin de los Estados-nación que tienen su propias relaciones con los otros países dominados. El desarrollo de la capacidad militar de la UE es inevitable hasta tal punto que se convertirá en un rival de EE UU, «capaz de defender sus intereses incluso, si es necesario, contra los de EE UU» 45/. Este punto de vista se opone a las tesis sobre el imperio americano que han sido presentadas en este artículo y a las de Poulantzas, que consideraba que la penetración de capitales americanos en los capitales de otros países llevaría a una “interiorización” de los intereses del imperialismo americano por las burguesías europeas. No obstante, Poulantzas no tiene en cuenta el proceso inverso, el de los capitales europeos que penetran en el territorio americano 46/. Sin embargo, Carchedi considera que puesto que Estados Unidos es el único país hegemónico, es el único que dispone de instrumentos de apropiación sistemática del valor creado. En consecuencia, puede apropiarse del valor proveniente de los países dependientes y también de los otros países imperialistas (de los de la UE) 47/. Esta tesis de la explotación de los países desarrollados por parte de EE UU es bastante discutible 48/.

    Otro elemento discutible en su argumentación es que el capital productivo es hoy dominante y no el capital financiero 49/. No es posible desarrollar en este artículo la cuestión central del capital financiero, que sigue siendo un concepto pertinente 50/, aunque la mayor parte de los marxistas lo sustituyen por financiarización. La literatura sobre la financiarización está, a menudo, desconectada de la del imperialismo. Deben destacarse los trabajos de Prabht y Utsa Patnaik, que consideran que el imperialismo contemporáneo es el imperialismo de las finanzas internacionales sostenido por los Estados-nación.

    Apenas existen dudas de que la UE, cuyos países miembros influyentes han estado en el corazón del desarrollo imperialista desde hace más de un siglo, constituyen un vector importante y una pieza maestra del imperialismo contemporáneo. Sin embargo, es inútil esperar el desarrollo de una defensa única a imagen de la creación de la moneda única. El euro era un proyecto político compartido por la mayoría de los Estados miembros y se correspondía con los esfuerzos conjuntos de las burguesías europeas de acentuar los ataques contra las personas asalariadas. No existe un proyecto europeo único en materia de defensa (aunque existan las alianzas y las convergencias), ni siquiera un proyecto de término medio de la pareja franco-alemana en este ámbito. La polarización de Francia sobre su ventaja competitiva militar -tanto desde el punto de vista tecno-industrial como operacional– difiere de la de Alemania cuyo poderío industrial asegura hasta hoy a sus clases dominantes una posición que se considera satisfactoria. Además, los otros Estados miembros influyentes no están dispuestos a aceptar que la dinámica securitaria (y militar) que se ha comprometido en Europa desde hace años coloque a Francia en un papel de líder continental.

    Las cuestiones de defensa europeas llevan una vez más a la necesidad de tener en cuenta las dobles dimensiones -económica y político-militar– de la posición de un país en el espacio mundial.

    1. La cuestión del fin de las guerras inter-imperialistas
    Como se ha visto, el fin de las guerras inter-imperialistas desde 1945 marca el fin de las teorías clásicas del imperialismo para la mayoría de los autores. De hecho, las guerras mundiales fueron el resultado de la formación de capital monopolístico en sus Estados nacionales y la competencia inter-capitalista se transformó en guerra inter-imperialista. El dato del fin de estas guerras tal como es interpretado, en mi opinión, supone un daño colateral importante: la marginalización del lugar del militarismo en el análisis del capitalismo contemporáneo 51/. La cuestión del militarismo cuando se aborda (muy raramente) en el campo de la economía mundial tiene casi siempre como respuesta el papel de gendarme del mundo de Estados Unidos. Las divergencias se refieren sobre si este papel se ejerce a cuenta de los intereses del capital americano o de la clase dominante transnacional que ha surgido.

    Las causas de este desinterés por el militarismo son múltiples y si se sigue a Alexander Anievas, no se refieren solo a la época contemporánea porque él señala que incluso en lo que concierne a la Primera Guerra Mundial, los “pensadores marxistas (al menos en el mundo anglófono) solo prestaron poca atención a la teorización del origen de la guerra” 52/. El error cometido por numerosos análisis es no comprender la economía política del militarismo que acompañó la expansión capitalista y que culminó en la guerra mundial. Marx y Engels sitúan en la guerra franco-prusiana la consolidación del militarismo en las relaciones sociales capitalistas. Las formas estatales se transforman pues “el ejército se ha convertido en el objetivo fundamental del Estado, se ha convertido en un fin en sí mismo; los pueblos solo están para suministrar soldados y alimentarlos. El militarismo domina y devora Europa”. En su análisis de este “militarismo que domina y devora Europa” 53/, Engels encuentra varias causas de este ardor que considera inevitable: las rivalidades geoeconómicas forman la trama explicativa; a continuación, la “carrera de la tecnología militar” es hasta ese momento sin límites aunque iguale las capacidades destructoras de los estados dominantes; finalmente, cada vez pesa más en las finanzas públicas hasta el punto de llevar a la bancarrota de los estados amenazando el edificio capitalista entero.

    Estas observaciones de Engels son interesantes por un doble motivo. Por una parte, sugieren que el militarismo, evidentemente, tiene una función de movilización contra los enemigos externos. También tiene una vocación ideológica interna que apunta a la movilización de la población alrededor de la defensa de la patria de forma que los enemigos internos que cuestionan esta visión deben ser reprimidos por los medios coercitivos adecuados. K. Liebknecht, solamente algunos años más tarde de Engels, también se interesó en estas funciones externas pero también internas del militarismo 54/. Por una parte, el análisis de Engels invita a no oponer las dinámicas de acumulación del capital que tomaron en su época una dimensión internacional a la formación del sistema interestatal de la era imperialista que comienza algunos años después. El militarismo se instala en el corazón de los países europeos y va a influir de forma duradera en la evolución del orden mundial. Rosa Luxemburg es de todos los teóricos y teóricas del imperialismo, la que vio con más claridad las múltiples funciones del militarismo. El capítulo con un título significativo («El militarismo, campo de acumulación del capital”) es el esfuerzo más elaborado por abordar las dimensiones económicas del militarismo. Menos conocido pero ya clarividente, es un artículo aparecido en 1899 55/.

    En suma, no se puede reducir el militarismo que arraiga en el imperialismo del siglo XIX a su expresión (a su final) en las guerras inter-imperialistas. En el momento álgido de la Primera Guerra Mundial, Lenin lo opone irónicamente el periodo de 1871-1914 durante el cual el capitalismo se extendió “pacíficamente” (las comillas son de él) sobre inmensos territorios de tierras aún desocupadas y de países aún totalmente arrastrados por el huracán del capitalismo 56/. Añade que para el 90% de la población de los países avanzados, para centenares de millones de personas en las colonias y en los países atrasados, no fue una época de paz, sino de opresión, de torturas, de horrores aún más terroríficos porque parecían no tener fin.

    La subestimación del papel del militarismo en la configuración del capitalismo contemporáneo conduce a menudo hoy a considerar que la única forma de relaciones internacionales en los decenios de formación del imperialismo (los años 1880) fue la de la rivalidad militar y las guerras entre grandes potencias. Sin embargo, la cooperación internacional de los grandes grupos nacionales -bajo forma de cárteles, de fusión de empresas, de sindicatos bancarios internacionales, etc.– ocupa un lugar central en los escritos de los teóricos del imperialismo clásico. De hecho, incluso los traficantes de armas de países rivales –Francia y Alemania, Inglaterra y Alemania– cooperan frecuentemente para abrir nuevos mercados 57/.

    La cuestión del lugar del militarismo en la cuestión del imperialismo no pertenece al pasado. La mínima atención dedicada por la mayoría de los investigadores contemporáneos al análisis del militarismo en el periodo abierto después de la Segunda Guerra Mundial también es lamentable.

    La supremacía indiscutible de EE UU ha hecho imposible un enfrentamiento militar entre las potencias capitalistas dominantes. Sin embargo, la coyuntura mundial que emerge de la Segunda Guerra Mundial da un lugar determinante a lo militar. De entrada, ese fue el caso de EE UU, que interiorizó en las relaciones políticas internas el papel de gendarme del mundo de este país (cf. el lugar del complejo militar-industrial). También fue el caso de Gran Bretaña y de Francia 58/, los dos países vencedores del conflicto mundial, incluso si en el caso de Francia ese estatus se dio gracias al apoyo de los países vencedores. Estos tres países, que se encuentran en una posición jerarquizada, forman el armazón de lo que se llama el bloque transatlántico. Este no es un espacio geográfico, sino geoeconómico. Este bloque está integrado a la vez por el plano de la producción y de los intercambios financieros e industriales y organizado bajo la forma de alianzas en el plano militar. Así que incluye a Estados Unidos y a Europa, pero también los países con los que existen alianzas militares. (Australia 59/, Israel, Japón, etc.). El bloque transatlántico debe hacer frente a la competencia geoeconómica de otras potencias, de entrada, las que disponen de un un puesto de miembro permanente (China, Rusia) y después, los países que aspiran a consolidar su plaza regional (Irán).

    El bloque transatlántico no es un conjunto homogéneo y está atravesado por la competencia económica por lo que el potencial político-militar cuenta. Porque el espacio mundial sigue estando estructurado por la doble dinámica de la acumulación de capital y del sistema interestatal, mostrando la permanencia de estos dos elementos en la configuración contemporánea del imperialismo (ver más arriba). De forma que el lugar ocupado por un país en el espacio mundial depende a la vez, de sus rendimientos económicos -que sin duda, incluyen su capacidad de captar valor creado en otros países- y de su poderío político-militar. Este descansa sobre una gama de instrumentos “pacíficos” (soft power) como la cultura, las redes diplomáticas y la influencia particular en la ONU, etc.-, pero también de herramientas militares. Los instrumentos de potencia militar se utilizan de forma indirecta -amenazas y/o ayuda a los países bajo influencia económica y política (por venta de armas, apoyo militar, etc.), etc.- y directa mediante intervenciones militares abiertas, operaciones especiales, etc.

    La mezcla entre rendimientos económicos y potencia político-militar varía según los países, incluso en los que podemos calificar de imperialistas. Basta comparar Francia y Alemania para convencernos de ello. La utilización diferenciada de las influencias económicas y militares de los dos países está aún más diferenciada desde el momento 2008 60/. La distribución nacional de esta mezcla refleja la posición internacional de un país en el espacio mundial, pero, recíprocamente, las transformaciones de este espacio mundial deben ser el punto de partida del análisis de la situación concreta de un país que combina siempre de forma singular la evolución de la economía y la geopolítica internacional (el desarrollo desigual y combinado).

    Se verifica aquí una hipótesis totalmente ignorada en la literatura, a saber: que el imperialismo es, por una parte, un periodo histórico cuya configuración ha cambiado desde hace un siglo y, por otra parte, un conjunto de prácticas concretas llevadas a cabo por los países más poderosos 61/.

    Claude Serfati es investigador asociado en el IRES (Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales).

    http://revueperiode.net/guide-de-lecture-les-theories-marxistes-de-limperialisme

    Traducción: viento sur

     

    Notas:

    1/ Hobson J.A. (1902), Imperialism: A Study, New York, James Pott and Co.

    2/ Hilferding, Le Capital financier, Les Éditions de Minuit, 1970 (première édition 1910).

    3/ En particulier Boukharine, L»Économie mondiale et l»impérialisme, Anthropos, 1967 (première édition 1916).

    4/ Marx, Fondements de la critique de l»économie politique, tome 2, Éditions Anthropos, 1968, p.364-365.

    5/ Rosa Luxembourg L»accumulation du capital (I). Contribution à l»explication économique de l»impérialisme. François Maspero, Petite collection Maspero, n° 47, Chapitre 7, 1969 (première édition 1913).

    6/ Chapitre 31. Boukharine fait une critique injustifiée, L»impérialisme et l»accumulation du capital, chapitre 4.

    7/ La naturaleza de la crisis constituye un punto de desacuerdo fuerte y Bujarin pone en el punto de mira a Rosa Luxemburg. Henryk Grossman vincula el desarrollo del imperialismo a la necesidad de hacer frente a la sobreacumulación de capital (demasiado capital en relación a la masa de benefcios) y al restablecimiento delos beneficios. Marx sitúa «el comercio exterior» (en realidad, utiliza este término para definir lo que hoy en día se conoce como inversión directa en el extranjero) como uno de los medios para contrarrestar la reducción de la tasa de beneficio. Grossman se apoya en pasajes de la obra de Marx para mostrar las múltiples funciones de la expansión imperialista; Grossman, The Law of Accumulation and Breakdown of the Capitalist System, Pluto Press, 1992. Ver también, Michael Roberts, Imperialism, globalization and the profitability of capital, Rupture magazine, Issue 1, 2017 ; disponible en : https://rupturemagazine.org/2018/01/25/imperialism-globalization-and-the-profitability-of-capital/.

    8/ Alex Callinicos Imperialism and Global Political Economy, Polity, Londres, 2009, Cf : “The state system is treated as a dimension of the capitalist mode of production”,p.83.

    9/ Lucia Pradella “Imperialism and Capitalist Development in Marx»s Capital”, Historical Materialism, 21.2., 2013. Ver también Kevin Anderson, Marx aux antipodes. Nations, ethnicité et sociétés non occidentales, Syllepse, 2012.

    10/ Trotsky, Histoire de la révolution russe, Seuil, 1950 (écrit en 1929 et 1932), p.41-42.

    11/ Le capital financierop. cit., chapitre 22.

    12/ Sotsial-Demokrat, n°. 44, 23 août 1915.

    13/ Trotsky, op.cit., id.

    14/ Para utilizar el cuadra analítico en la Unión Europea, ver Claude Serfati, “The European integration as a structural uneven process”, Research in Political Economy, n°30, 2015.

    15/ Harvey, The Limits to Capital, Chicago, The University of Chicago Press, 1982.

    16/ Harvey, The Spatial Fix: Hegel, Von Thunen, And Marx”, Antipode, 13, No.3, 1981, p.10.

    17/ Harvey, “In What Ways Is ‘The New Imperialism» Really New?“, Historical Materialism 15, 2008, p.58.

    18/ Id., p.57

    19/ Leo Panitch et Sam Gindin, “Global Capitalism and American Empire”, Socialist Register 2004: The New Imperial Challenge, p.5.

    20/ John Gallagher and Ronald Robinson, ‘The Imperialism of Free Trade», The Economic History Review, VI(1), 1953.

    21/ Para un análisis de los trabajos de Bujarin, ver Maurice Andreu, «Boukharine et la question de l»impérialisme», Contretemps, revue de critique communistehttps://www.contretemps.eu/boukharine-imperialisme/

    22/ Leo Panitch & Sam Gindin, The making of global capitalism: The political economy of American empire, Verso, 2013, p.90.

    23/ Voir Radhika Desai, Geopolitical Economy, London, Pluto Press, 2013

    24/ E. M. Wood, Empire of Capital, London, Verso, 2003.

    25/ Marx, Le capital. Critique de l»économie politique, Éditions sociales, 1969, livre 1, chapitre 24.

    26/ Wood, Empire of Capital, Verso, 2003, p.117.

    27/ Bob Sutcliffe, “Imperialism Old and New: A Comment on David Harvey»s The New Imperialism and Ellen Meiksins Wood»s Empire of Capital”, Historical Materialism, 14.4, 2007, p.64

    28/ Harvey, op.cit

    29/ John Smith, Imperialism in the twenty-first century: globalization, super-exploitation, and capitalism»s final crisis, Monthly Review Press, 2016.

    30/ William Robinson, «Global Capitalism Theory and the Emergence of Transnational Elites”, Critical Sociology, 2011.

    31/ William Robinson, A Theory of Global Capitalism: Production, Class, and State in a Transnational World, Johns Hopkins University Press, 2004, p.75-76.

    32/ Leslie Sklair, “The transnational capitalist class and the discourse of globalisation”, Cambridge Review of International Affairs 14 (1), 2000, 67-85

    33/ Voir, Socialism and Colonial Policy (1907), en particulier le chapitre 9, : https://www.marxists.org/archive/kautsky/1907/colonial/index.htm.

    34/ Christakis Georgiou, «Un capitalisme global pacifié? A propos du livre The Making of Global Capitalism: The Political Economy of American Empire de Leo Panitch et Sam Gindin”, 2016 : https://www.contretemps.eu/un-capitalisme-global-pacifie-a-propos-du-livre-the-making-of-global-capitalism-the-political-economy-of-american-empire-de-leo-panitch-et-sam-gindin/

    35/ W.C. Carroll, The making of a transnational capitalist class?, Zed Books, 2010

    36/ Wood E.M., “A reply to critics”, Historical Materialism 15, 2007.

    37/ Serfati, «The new configuration of the Capitalist class », in L.Panitch, G.Albo and V.Vhibber (Eds) , Registering Class, Socialist Register 2013.

    38/ K. Van der Pijl , “Globalization Or Class Society In Transition?”, Science & Society, Vol. 65, No. 4, Winter, 2001-2002.

    39/ Robinson, “Debate on the New Global Capitalism: Transnational Capitalist Class, Transnational State Apparatuses, and Global Crisis”, International Critical Thought, Volume 7, Issue 2, 2017.

    40/ Utilizo el acrónimo para simplicar.

    41/ En los países dominados, algunos marxistan avanzaron la hipótesis de un subimperialismo cuya intersección con las teorías de la dependencia son claras. Uno de sus mayores exponentes, Ruy Mauro Marini, propuso en los años 60 ese marco analítico para Brasil. Para un examen crítico reciente, ver Richard Fidler y Claudio Katx “Imperialism Today: A Critical Assessment of Latin American Dependency Theory Imperialism », MRonline, marzo 2018.

    42/ Ernest Mandel, Le troisième âge du capitalisme, Éditions de la Passion, Paris, 1997 (primera edición en 1972), P.260

    43/ Id. P. 264.

    44/ Guglielmo Carchedi : “Imperialism, Dollarization And The Euro”, Socialist Register, 2002, p.163.

    45/ Carchedi, “The Military Arm of the European Union”, Rethinking Marxism: A Journal of Economics, Culture & Society, 2006, p.335.

    46/ En 2017, le total cumulé des investissements directs (ID) des entreprises européennes aux États-Unis atteignait 2700 milliards de dollars, et celui des ID des entreprises américaines en Europe atteignait 2000 milliards de dollars.

    47/ Archedi, op. cit, p..157.

    48/ Una pequeña nota al respecto. Una de las medidas para evaluar la captación del valor realizado por un país lo da la diferencia (o el saldo) entre las rentas de inversiones directas retiradas por las empresas de un país del resto del mundo y las que los países del resto del mundo retira de ese país. Francia es uno de loa principales beneficiarios, con un saldo positivo total de 403 mil millones de euros para el período 2005-2016. En el mismo período, el saldo entre Francia y EE UU fue muy favorable a Francia con un superativo de 60 mil millones. De ahí a concluir que Francia explota a EE UU….

    49/ Carchédi, op. cit. p.166.

    50/ Serfati, «La domination du capital financier contemporain : une lecture critique de Hilferding » dans Bellofiore, Cohen, Durand et Orléan, Monnaie, Finance et Capital. Contributions en hommage à Suzanne de Brunhoff, Presses Universitaires de Rennes, Rennes et François Chesnais (2016) Finance Capital Today. Corporations and Banks in the Lasting Global Slump, Leiden/Boston, Brill

    51/ Serfati, Impérialisme et militarisme. Actualité du vingt-et-unième siècle, Éditions Page2, 2004

    52/ Anievas, «La théorie marxiste et les origines de la Première Guerre mondiale», Périodehttp://revueperiode.net/la-theorie-marxiste-et-les-origines-de-la-premiere-guerre-mondiale/

    53/ Friedrich Engels, Anti-Dühring, Éditions sociales, Paris,1973, p.199.

    54/ Karl Liebknecht, Militarism & Anti-Militarism, Rivers Press Limited, Cambridge, 1973, (escrito en 1907) :https://www.marxists.org/archive/liebknecht-k/works/1907/militarism-antimilitarism/index.htm

    55/ Rosa Luxemburg (1899), «The Militia and Militarism”, Leipziger Volkszeitung, 20-26 febrero, https://www.marxists.org/archive/luxemburg/1899/02/26.htm

    56/ Prefacio a Boukharine, L»économie mondialeop.cit

    57/ Ver algunos ejemplos en Claude Serfati, Le Militaire, une histoire française, Éditions Amsterdam, 2017, capítulo 1.

    58/ Jörg Nowak y Ekrem Ekici, de forma extraña, clasifican a Francia entre los sub-imperialismos, junto a «Canadá, México, Brasil, Rusia, India, Turquía, Egipto, Corea del Sur, Taiwán, etc. “The return of the national imperialist state“, Rupture Magazine, Issue 1, 2018.

    59/ Ver el significativo refuerzo de la cooperación militar, tanto industrial como estratégica entre Francia y Australia, «único país en el mundo, con Francia y Estados Unidos a estr presente tanto en el Pacífico como en el océano ïndico»., Revue stratégique défense et sécurité nationale 2017, p.44.

    60/ Serfati, «Le «moment 2008«¡ et le rebond militaire de la France «, Les Possibles, n°13, 2017, https://france.attac.org/nos-publications/les-possibles/numero-13-printemps-2017/dossier-militarisation-et-controle-social/article/le-moment-2008-et-le-rebond-militaire-de-la-France

    61/ Serfati, «France and Imperialism: A Marxist Perspective», Historical Materialism, 2015. Claude Serfati

     

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    Daniel Bensaïd

    Teoría: Historia

    01/05/1985

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    En este texto, que sirvió de base para un informe presentado en el IIRF (Institut international de recherche et de formation), en el marco de un ciclo sobre la revolución cubana llevado a cabo en abril-junio 1985, Daniel Bensaïd vuelve sobre la forma en que la revolución cubana ha planteado cuestiones centrales para toda estrategia revolucionaria.

    En este breve informe sobre la revolución cubana, examinaremos tres cuestiones centrales para el desarrollo de la revolución socialista:

    Es inútil remarcar en esta introducción la importancia que reviste hoy en día volver sobre la revolución cubana, con el fin de identificar las numerosas similitudes y las diferencias con el proceso revolucionario en curso en Nicaragua.

    Lo primero que hay que señalar es que bajo la dictadura de Batista, a comienzos de los años cincuenta, Cuba es un Estado semi-colonial fuertemente dependiente del imperialismo americano vecino, pero al mismo tiempo:

    – Ya no se trata de un país con predominancia agraria; en 1953, el 55% de la población es urbana y un sexto de la población vive en La Habana.

    – La producción agrícola exportadora (azúcar y tabaco) está dominada por una estructura capitalista. Si después de 1934 un número significativo de propiedades y de refinerías ha sido recuperado por los cubanos, las compañías americanas todavía controlan una buena parte. Sin contar Venezuela, Cuba es el país con la mayor inversión americana por habitante de América Latina. En lo que respecta al capital cubano, se trata de un capital concentrado. En 1959, Julio Lobo y su familia poseen 400.000 hectáreas, al mismo tiempo que porciones importantes en la banca, hotelería, radios y embarcaciones. Él solo vende anualmente entre 35 y 50% del azúcar cubana y 60% del azúcar refinado a los Estados Unidos. El azúcar representa alrededor del 80% de las exportaciones cubanas y constituye entre un tercio y un cuarto de los ingresos nacionales.

    – El ingreso anual por habitante oscila entre 350 y 550 dólares. Sólo la Argentina y Uruguay se encontraban mejor en América Latina. Cuba cuenta con más teléfonos por habitante que todo el resto de los países del subcontinente (con excepción de Uruguay) y llega al primer puesto en lo que concierne al número de televisores. Aunque esas estadísticas de cifras absolutas enmascaran las profundas inequidades.

    Las estadísticas no permiten más que delinear un contorno aproximativo de estructuras sociales. Pueden censarse alrededor de 200.000 familias de campesinos, de los cuales al menos 140.000 son muy pobres, ocupando 13 hectáreas de tierra. Más allá de ese campesinado, se encuentran al menos 600.000 trabajadores agrícolas, de los cuales más de la mitad son cortadores de caña empleados solo durante la cosecha. Estos últimos se encuentran claramente diferenciados de los 100.000 trabajadores de tiempo completo de las refinerías, que constituyen una suerte de aristocracia obrera, bien organizada y preponderante en los sindicatos, que se encuentra bajo la dirección del PC o de la burocracia amarilla de Mujal luego de 1947.

    Siguen las 400.000 familias del proletariado urbano, igualmente bien organizadas en los sindicatos, y 200.000 familias de pequeños-burgueses, comerciantes y parásitos de todo tipo, que viven principalmente del turismo.

    Finalmente hay un número importante de desempleados, entre 400.000 personas y 650.000 (es decir, un tercio de la población activa).

    El proletariado y el subproletariado de las villas y las ciudades representan claramente la principal fuerza social. La burguesía propiamente dicha es raquítica. En contraparte, existe una pequeña-burguesía relativamente importante, de profesores, hombres de ley, cuadros comerciales y administrativos.

    Esa pequeña-burguesía ha alimentado las corrientes radicales, democráticas y anti-imperialistas. Pero su radicalización se ha quebrado frente al poder militar. De 1898 a 1955, pasando por el gobierno de Guiteras y Grau San Martín en 1953, la historia política cubana es la de una revolución burguesa abortada y sus impases. Nacido de ese radicalismo, Castro mismo es el último eslabón de una larga cadena: los fracasos de la revolución burguesa han hecho madurar la necesidad de una revolución socialista, como única vía de liberación real de cara al imperialismo.

    Las condiciones maduraron para que Castro, desprendiéndose del democratismo radical, se uniera al comunismo revolucionario de los Mariátegui y los Mella (uno de los fundadores del PC cubano) que, mucho antes que el Che y la conferencia de Olas, aplicaron a América Latina la consigna de la revolución permanente: o revolución socialista o caricatura de revolución.

    En las vísperas del derrocamiento de Batista, en Enero de 1959, el movimiento de lucha contra la dictadura se estructura en tres niveles diferentes y combinados:

    1) En primer lugar, está la guerrilla que se ha desarrollado y organizado después del desembarco del Granma en 1956. Constituye un pequeño embrión de poder militar y administrativo alternativo (sin medida común con los territorios liberados de Yugoslavia bajo la ocupación alemana, ni con la República de Yenan en China). Luego del fracaso de la ofensiva militar lanzada por Batista en mayo de 1958 para aniquilar a la guerilla, se proclama desde las profundidades de la Sierra Maestra, de manera significativa, la ley n° 1 de la reforma agraria. Respeta la propiedad de menos de 400 hectáreas, anunciando la distribución de las tierras de Batista luego de su derrocamiento y promete la redistribución a aquellos que poseen menos de 37 hectáreas cultivables.

    Esa ley moderada toma en cuenta la estructura agraria del país (1,5% de los propietarios detentan el 42% del suelo cultivable, mientras que el 70% de los propietarios más pobres no poseen más que el 12%). Al mismo tiempo, busca movilizar a los pequeños y medianos campesinos, tranquilizando a la mayoría de los campesinos ricos y perdonando a las compañías extranjeras. Desde noviembre, es decir dos meses antes de la caía de Batista, esa ley comienza a ser aplicada en la provincia de Las Villas.

    2) También existe el movimiento obrero urbano, para el cual el problema clave es el de las relaciones entre el PC (PSP) y las redes de resistencia del Movimiento 26 de Julio (M 26). El 9 de abril de 1958, el M 26 lanza un llamado a huelga general urbana. El PSP, registrando ese llamado como el signo de un giro positivo hacia la acción de masas, apuesta al fracaso de la huelga, actuando así abiertamente en favor de la división, contribuyendo a romper la huelga y abriendo la vía a la contraofensiva militar de Batista durante el mes siguiente. Pero ese fracaso plantea de una forma u otra la cuestión del frente único. Preocupado por poner el tren en marcha, el PSP negocia con la dirección de la guerrilla. Decide formalmente la incorporación de sus militantes al ejército rebelde, unas semanas antes de la victoria, y delega simbólicamente uno de sus principales dirigentes, Carlos Rafael, a la Sierra. Por otra parte se constituye un Frente Obrero Nacional Unificado (FONU), unitario, que se manifestará en enero de 1959 lanzando el llamado a la huelga general en La Habana.

    Por último, a nivel de la representación institucional, está el frente democrático constituido por el M 26, los sectores de la burguesía y sectores del ejército opositores a la dictadura. Formalmente, el programa del M 26 no va más lejos de una serie de reformas democráticas: retorno a la constitución democrática burguesa de 1940, plan de escolarización, reforma agraria moderada, depuración limitada del ejército… En una entrevista realizada durante el mes de mayo, Castro reafirma el respeto a la libre empresa y a la inversión de capital. El 20 de julio, luego del fracaso de la expedición militar de Batista, el pacto de Caracas consagra la formación de una suerte de gobierno provisional, la Junta de unidad del frente cívico revolucionario democrático. Participan personalidades burguesas de profesiones liberales (Prio, Miro, Cardona, Varona), los dirigentes del directorio y del M 26, oficiales hostiles a Batista y corrientes cristianas. El pacto define “una estrategia común para derrotar la dictadura por la insurrección armada”. Cardona, en tanto que coordinador del frente, es una suerte de Primer Ministro en potencia. Urrutia es bautizado “presidente de Cuba en armas”, y Fidel Castro es nombrado comandante en jefe de las fuerzas armadas.

    Aparecen entonces ciertas constantes de la política de Castro. No duda en hacer las alianzas con el PC en el movimiento obrero urbano o con ciertos sectores de la burguesía, siempre y cuando detente en esas alianzas la iniciativa militar. El programa preciso del pacto de Caracas y la composición de los órganos políticos provisorios son para él secundarios desde el momento en que la vía fijada es la insurrección armada y que conserva personalmente la responsabilidad de las operaciones militares.

    Resistiendo victoriosamente al ejército de Batista en mayo de 1958, la guerrilla afirma su prestigio y su autoridad. El régimen se descompone. En el círculo de Batista, todo el mundo está intrigado. Batista mismo se encuentra sobre todo preparando su fuga y en poner bajo cuidado sus bienes. En el seno del Estado mayor, el general Cantillo negocia secretamente con Castro. Pero luego de la partida de Batista, el 1° de enero de 1959, intenta ocupar el lugar vacante. Esa tentativa de última hora no hace más que comprometer aún más al ejército y radicalizar el proceso revolucionario: el 2 de enero, el Fonu llama a la huelga general y organiza manifestaciones de masa.

    Como el empecinamiento de Urcuyo luego de la fuga de Somoza, la efímera resistencia de Cantillo pone en tela de juicio la perspectiva formal de fusión entre el ejército rebelde y los restos del ejército regular, y acelera la emergencia de un órgano de poder militar directamente nacido de la lucha revolucionaria.

    Luego de la caída de Batista, el poder político se escinde, como si existieran simultáneamente un gobierno formal y un gobierno real.

    De un lado, desde el 2 de enero, los dignatarios del pacto de Caracas se precipitan a La Habana para ocupar los puestos ministeriales que les fueron prometidos.

    Pero por otro lado, Castro se toma su tiempo y entra primero a Santiago de Cuba, a la cual proclama bastión de la lucha por la libertad y nueva capital de Cuba. Ese acto de autoridad tiene un sentido que excede lo simbólico, y el dirigente del comité estudiantil, Faure Chomon, se queja abiertamente de sus declaraciones unilaterales. Castro no toma menos de 8 días en recorrer la pequeña distancia entre Santiago y La Habana, dejando a Raul como comandante militar de la provincia de Oriente. Esa marcha lenta hacia La Habana cumple una función política y militar. Sienta las bases del poder revolucionario, más allá de todo control de los órganos formales del gobierno.

    Luego del testimonio de Carlos Franqui, no queda ninguna duda acerca de cuál es la fuente real del poder después del 2 de enero:

    “[El 1° de enero] a las 11 horas de la mañana, Fidel arribó a la estación de radio e hizo su alocución al pueblo: ha prevenido del peligro de un golpe de Estado militar, ha demandado declarar la huelga general revolucionaria, ha ordenado a los coroneles rebeldes que avanzaran, ha denunciado la traición de Cantillo y ha demandado a la población de Santiago de Cuba que se preparara para la batalla inmediata […]. El posterior 2 de enero, la situación era todavía confusa. Para anular el efecto del golpe de La Habana, Fidel ha proclamado a Santiago la capital de Cuba; ha nombrado al coronel Rego Rubido (jefe del cuartel de Moncada) jefe del ejército, y el coronel Izquierdo, jefe de la policía de Santiago, ha devenido jefe de la policía nacional […]. Recuerdo que, mientras se proclamaba a Urrutia presidente en la Universidad de Santiago, los estudiantes y el pueblo gritaban “¡Izquierdo asesino!”. Izquierdo, que había dirigido la represión en Santiago de Cuba y que era jefe de la policía nacional en ese momento, fue fusilado tres días más tarde. Urrutia, que tenía una mentalidad de juez de paz, no sabía qué hacer; entre otras ideas rebuscadas, se le había ocurrido la de conservar los dos ejércitos: el ejército rebelde y el de Batista. Nos costó convencerle de que era absurdo y, en un minuto, en la radio, nombramos a los ministros del nuevo gobierno, con excepción del primer ministro y del ministro de interior, de trabajos públicos, de agricultura y de educación nacional, los cuales Fidel me pidió reemplazar más tarde. Raul Castro nombró al ministro de defensa nacional […]. Urrutia no nombró más que uno solo, el de Justicia. Luis Buch, el de finanzas. En asuntos extranjeros, permanecía el ortodoxo Agramonte. Nombramos a todo el resto. Recuerdo que el ministerio de bienes adquiridos fraudulentamente, lo cree yo mismo por una nota manuscrita, y dije en al locutor de la radio que la leyera. El público presente hizo una ovación a ese ministerio que sería un primer instrumento revolucionario del nuevo gobierno, como así también al ministro que estaría a cargo, Faustino Perez. Urrutia demandó no aplaudir a un ministerio o a un ministro sino a todo el gobierno. En realidad, se trataba de un gobierno radiofónico. A su vez, Fidel designó a Hart, Ray, Sori Marin, Luis Orlando Rodriguez y, para sorpresa general, al Dr. José Miro Cardona, secretario del Frente cívico de oposición, como primer ministro. El nombramiento de Miro Cardona tuvo el efecto de una bomba. Era el presidente del colegio de los abogados en Cuba, el representante de los grandes abogados de asuntos capitalistas, y uno de los políticos más pro-americanos de Cuba […]. No comprendimos ese nombramiento. Pero aquellos para quienes los nombramientos estaban dirigidos se los creyeron. Se trataba en realidad de una maniobra inteligente que engañó a los americanos, a los burgueses y a los políticos. Miro Cardona no duró más que cuarenta y cinco días como primer ministro. Fidel mismo lo reemplazó el 16 de febrero.”

    La relación entre el gobierno formal y el poder real es límpida en esta evocación. El gobierno es un “gobierno radiofónico”. Nadie eligió ni negoció su composición. Es Fidel en persona quien designa, nombra y mide. El gobierno no es por lo tanto una simple maniobra o una simple máscara. Su existencia misma traduce el hecho de que la burguesía detenta todavía las posiciones de fuerzas durante los primeros días de la revolución, articulados con la presencia aplastante, en última instancia, del imperialismo.

    Pero la unidad del Estado burgués en tanto que instrumento de dominación de una clase ha estallado en mil pedazos con la caída de Batista y la huelga general. Hecho que Carlos Franqui muestra con claridad: “La huelga obrera nacional duró más de una semana; fue un factor decisivo de la victoria, que aniquiló las tentativas de golpe militar, de mediación americana y consolidó el nuevo poder revolucionario. Para comprender la importancia decisiva de la huelga, hay que decir que cuando el general Cantillo hizo su tentativa de golpe militar, tenía el apoyo de la todavía pujante embajada de los Estados Unidos, de la Corte Suprema, de las clases acomodadas y ricas del país, de los viejos políticos, de la Iglesia, de la prensa tradicional y de los sectores conservadores del país. Además, tenía Columbia, el ejército, la política y los cuerpos represivos de la tiranía, tenía decenas de miles de hombres que poseían todas las armas, en tanto que el ejército rebelde y las milicias rebeldes no contaban más de 5.000 hombres armados, muchos sin fusiles, en todo el país. La huelga pesó de manera decisiva en el balance para desarmar psicológicamente a los militares.”

    ¿Qué encontramos en ese primer gobierno formado a comienzos de enero?

    Los representantes de la burguesía de oposición a Batista, miembros del Frente cívico: Miro Cardona ciertamente, pero también Agramonte (en Asuntos extranjeros), Bonilla (en Comercio), Lopez Fresquet (en Finanzas) y Felipe Pazos (en la Banca Nacional). Por el M 26, encontramos a Faustino Perez (en Propiedades confiscada), Manuel Ray (en Trabajos públicos), Armando Hart (en Educación), Sori Marin (en Agricultura), Martinez Sanchez (en Defensa). Fidel es comandante en jefe de las fuerzas armadas.

    Pero ¿cuáles son las fuerzas sociales que se encuentran más allá de esos ministerios? Los burgueses miembros del gobierno no lo son, como lo fueron Alfonso Robelo y Violette Chamorro en la primera Junta de reconstrucción nacional en Nicaragua, los representantes directos del gran empresariado nacional organizado en un cuartel general tal como el Cosep. Esencialmente se trata de altos funcionarios y de notables, que de alguna forma son la sombra del imperialismo, centro auténtico de la contra-revolución. De todas formas, esa burguesía débil y atomizada dispone todavía de puntos de apoyo, en las instituciones judiciales, en los restos del ejército regular, en los órganos de prensa, y sobre todo dispone de una base económica con el mantenimiento de la gran propiedad privada, incluida la agricultura.

    Por su parte, Castro y el M 26 se apoyan sobre la movilización de masas urbanas y los campesinos ganados con la perspectiva de la reforma agraria, y sobre todo sobre el ejército rebelde que constituye el esqueleto del nuevo aparato de Estado.

    Significativamente, Fidel ignora las reuniones del gobierno y “actúa como una especie de presidente paralelo”. Pero ¿dónde se toman las decisiones?

    ¿En el seno del movimiento 26 de julio? Para nada. Ese movimiento no es un partido. Permanece heterogéneo e inorgánico. Pazos, Ray, Barquin, Sori Marin, Hubert Matos son sus miembros. Luego del desembarque en la bahía de los Cochinos, Ray se refugiará en los Estados Unidos, Sori Marin será fusilado, Hubert Matos aprisionado. Las líneas de fractura entre las clases atraviesan al mismo M 26.

    El centro real del poder se encuentra entonces concentrado en un pequeño círculo de dirigentes a la cabeza del ejército rebelde. Guevara y Raul Castro no tienen funciones de gobierno oficiales. Pero el cuartel de la Cabaña, dirigido por el Che, es mucho más que un cuartel regular: el embrión de un nuevo gobierno en las sombras. Se organizan departamentos que duplican a los ministerios oficiales, para agricultura, educación, ejército, etc.

    La fragilidad de la burguesía y el desfondamiento del ejército de Batista de cara a la huelga general marcan la especificidad de esa situación de dualidad de poder salida del derrocamiento de la dictadura. El desmantelamiento del aparato de Estado burgués se encuentra ya más avanzado que en Rusia después de febrero de 1917, en Portugal después de abril de 1975, o incluso que en Irán después de febrero de 1979. En cada uno de esos casos, lo esencial del ejército burgués permanece en pie. Pero los órganos del nuevo poder se encuentran muy poco desarrollados: no hay comités de masas, ni soviets y amplios territorios auto-administrados. El ejército rebelde no constituye más que el esqueleto raquítico del nuevo poder. La conciencia de las masas es muchos más democrática que socialista, y no existe ningún partido de vanguardia delimitado alrededor de un programa.

    La tarea central puesta a la orden del día por el derrocamiento de Batista, es el desarrollo y la consolidación de los elementos del poder revolucionario. Las tareas estrictamente democráticas (como las elecciones libres) se encuentran ya en retraso respecto del desarrollo real de la revolución y susceptibles de servir de bandera a los primeros pasos de la contra-revolución democrática (parlamentaria).

    Hugh Thomas es parcialmente justo cuando constata que “la popularidad de Castro le ayudó, en el momento de la victoria, a ignorar a sus aliados y a olvidarse del pacto de Caracas, como si hubiese ganado él solo la guerra”. Esa popularidad no es el efecto de alguna influencia magnética irracional. Tiene raíces inteligibles: en ausencia de partido revolucionario o de órganos que encarnen la voluntad popular, Castro exprime y representa la dinámica radical de la revolución.

    Su primera intervención en la radio de La Habana, el 6 de enero, muestra bien la conciencia de esa fragilidad. Castro no puede contar plenamente, para conducir la batalla, ni con un movimiento que continúa siendo interclasista ni con el ejército rebelde, él mismo heterogéneo y reducido a cerca de 5.000 combatientes. Su primer discurso es entonces una puesta en guardia frente a los peligros que afronta la revolución: “¿Quiénes pueden ser los enemigos de la revolución?” Se trata de apelar directamente a las masas, porque ellas no estaban todavía frustradas con los frutos de la victoria ni debilitadas por las guerras de camarillas preocupadas sobre todo por repartir el botín, como fue el caso en el pasado.

    El primer esfuerzo para la consolidación de los elementos del poder revolucionario en el cuadro de la dualidad de poder pasa por el control de los aparatos de coerción. Los soldados y los policías que no fueron torturadores durante la dictadura son liberados, pero la mayoría, de buena o mala gana, renuncia a sus funciones. Una nueva policía se pone en marcha, con Aldo Vera (jefe del sabotaje del M 26 en La Habana) a la cabeza y Efigenio Ameijeiras (combatiente de la guerrilla), que proclama abiertamente actuar no sólo bajo las órdenes del ministro del interior, sino bajo la dirección del comandante en jefe de las fuerzas armadas, es decir, Fidel en persona. Hacia fines de enero, nuevos responsables han sido nombrados en la dirección de 15 de 19 comisarías de La Habana. En lo que concierne al ejército, Camilo Cienfuegos reafirma todavía el 4 de enero el proyecto del pacto de Caracas: la fusión de los dos ejércitos (rebelde y regular) en uno solo. Pero, en su discurso del 8 de enero, Castro, sin retomar esa idea, modifica los datos del problema y declara: “El pueblo es la más firme columna de la nación”. El 14 de enero, el Che inaugura la primera escuela militar del ejército rebelde en La Cabaña. La mayor parte de los comandantes de la provincia se encuentran bajo el control directo de Fidel.

    Paralelamente, entre los primeros días de enero, los tribunales criminales son disueltos y en su lugar se arman tribunales revolucionarios compuestos de dos a tres miembros del ejército rebelde, un asesor y “un ciudadano respetado” de la villa o del pueblo. Esos tribunales cumplen una primera tarea de depuración, hasta que sean reanudados los tribunales regulares a fines de enero.

    Nadie, incluidos los componentes burgueses del gobierno, osa plantear abiertamente la cuestión de las elecciones y la convocatoria a una asamblea. Pero desde el 7 de febrero el gobierno resuelve la cuestión y se da a sí mismo poder legislativo. Conscientes de su impotencia y de su rol secundario, Cardona y Urrutia desean renunciar. El 16 de febrero, para resolver esta crisis, Castro acepta el puesto de Primer Ministro, pero reclamando poderes ampliados para poder poner en práctica una política enérgica.

    El comentario escéptico de Cardona mismo sobre el episodio da una idea de la relación de fuerzas y del estatuto del todo formal del gobierno: “Yo renuncié. Castro no protesta. Acepta. Cuba aplaude“.

    En el reemplazo de Cardona por Castro, Ramiro Valdes (combatiente del 26 de julio) deviene jefe de la policía política, Raul reemplaza a Fidel como comandante en jefe de las fuerzas armadas. Tomando sus nuevas funciones, Fidel caracteriza la revolución no como un acto consumado, sino como un proceso consistente en una larga serie de leyes conscientes.

    El 17 de mayo, se vuelve pública la ley de reforma agraria, bajo la égida de Nunez Jimenez y de Guevara. Se trata de una ley prudente y moderada, en continuidad con la ley N° 1 de la Sierra Maestra. Afecta las propiedades superiores a 400 hectáreas, dejando todavía grandes posibilidades de excepción, hasta 3.300 hectáreas para las propiedades que tengan un rendimiento superior a la media nacional. Las compañías extranjeras con propiedades superiores a 400 hectáreas son igualmente perdonadas por derogación. Las tierras embargadas deben ser reembolsadas por el Estado en forma de bonos a 4,5% reembolsables en 20 años (condiciones comparables a las de la reforma agraria en Japón después de la guerra). En fin, esa reforma es poco redistributiva (a diferencia de las reformas aplicadas en las democracias populares, como en Polonia y Bulgaria) y busca evitar la proliferación de micropropiedades no rentables.

    Pero uno de los aspectos más importantes de la reforma reside más allá de las medidas propiamente dichas. El INRA, a cargo de la reforma, deviene una suerte de gobierno paralelo, un nuevo centro de poder que se ajuste al del ejército rebelde. El instituto absorbe numerosas instituciones agrícolas, se ocupa de la vivienda, de la educación, de la salud. Y el presidente del Inra no es nadie más que… ¡Castro!

    Más allá de la moderación de la reforma, la fuerte asociación de los ganaderos no tarda en protestar contra el máximo de 3.300 hectáreas (para las tierras de rendimiento alto) y, desde el 11 de junio, los Estados Unidos demandan una compensación rápida y adecuada para las compañías americanas, como la United Fruit y otras gigantes del agro, susceptibles de ser alcanzadas. Desde el día siguiente, Castro responde con una reorganización ministerial (Raul Roa reemplaza a Agramonte, muy ligado a Washington, en Asuntos extranjeros) y se niega a cambiar la reforma. Es la prueba de fuerza con el poder judicial que afirma la legalidad de la ley. Al fin de la crisis, el 17 de julio, Fidel hace una falsa salida.

    Entrega su renuncia, denuncia en la radio la incompetencia y los obstáculos de Urrutia. Espontáneas o no, las posiciones tomadas en apoyo a Fidel se hacen oír. Urrutia renuncia y Fidel retoma sus funciones.

    Los meses de septiembre y octubre ven una nueva profundización de la revolución. En un clima de austeridad y de dificultades económicas, se elevan los impuestos a la importación. Sin lanzar la idea de milicias, Fidel comienza a hablar de un “armamento voluntario de los trabajadores”. Impotente frente a esta dinámica, Felipe Pazos se retira de la dirección del banco central, donde es reemplazado por Guevara. Faustino Perez y Manuel Kay renuncian a sus respectivos ministerios, siendo reemplazado el segundo en Trabajos públicos por Osmani Cienfuegos, considerado comunista. Según Hugh Thomas “la renuncia de Pazos y de sus colaboradores significa la desaparición del ala liberal de la revolución, de los auténticos reformadores respetados en Washington”. Hay ministros burgueses en el gobierno. Pero no son más que puros rehenes en el seno de un gobierno cada vez más formal, que no se reúne oficialmente más que dos veces entre noviembre de 1959 y marzo de 1960.

    El imperialismo americano había mantenido hasta el momento una posición prudente, intentando preservar sus intereses en Cuba. No había apoyado a Batista hasta el final, y Castro había realizado, a principìos de 1959, una visita conciliadora a Estados Unidos.

    Pero a lo largo del año 1959, el proceso de ruptura con la burguesía se profundizó, en un principio con los burgueses liberales, luego, en octubre, en las filas mismas del Movimiento 26 de julio. La dinámica de transcrecimiento de la revolución democrática en revolución anticapitalista deviene límpida. Desde la primavera de 1960, una serie de nuevas medidas marcan el rumbo. Fidel lanza el proyecto de milicias y nombra a Acevedo a la cabeza. Impulsa a los sindicatos de imprentas y prensa a ejercer una suerte de control sobre las publicaciones burguesas, insertando « coletillas » (comunicados críticos) en los artículos juzgados como engañosos, deformados o falsos. En marzo, recibe a Mikoyan, representante de la Unión Soviética.

    Paralelamente, el Che denuncia la función de la cuota azucarera, que garantiza al azúcar cubana un intercambio anual con los Estados Unidos a precio ligeramente superior al precio del mercado mundial, pero exigiendo medidas (compra de material, limitación de la producción para balancear los precios mundiales) que perpetúan el monocultivo y la dependencia.

    Luego de la cosecha de fines de 1959, la reforma agraria se acelera. En los diez primeros meses después de la caída de Batista, 850.000 hectáreas habían sido confiscadas, de las cuales 40.000 fueron redistribuidas a 6.000 campesinos. Un año más tarde, 3.800.000 habían sido nacionalizadas y 101.000 campesinos se beneficiaron con las redistribuciones.

    En la primavera se toman medidas que presionan al límite a la burguesía y al imperialismo :

    – El poder decreta la congelación de los activos bancarios de los colaboradores de Batista. Esa medida toca directamente a los propietarios de la prensa burguesa privada (Prensa libre, Diario de la Marine) y a las estaciones de radio privadas reagrupadas en la Federación independiente de estaciones libres (Fiel). Se trata, por lo tanto, de un golpe indirecto al control de los medios por parte de la burguesía.

    – El poder demanda a las grandes compañías imperialistas (Texaco, Standard Oil, Royal Dutch) que se preparen para refinar el petróleo soviético cuya importación se está negociando.

    Mientras tanto, se desencadena la campaña burguesa, con el apoyo de la jerarquía católica. La reacción intenta organizar sus partidos políticos y sus grupos de subversión contrarrevolucionara, entre los cuales se encuentra el MRP (Movimiento Revolucionario del Pueblo) fundado por Manuel Ray, antiguo responsable del Movimiento 26 de julio y antiguo ministro. En los Estados Unidos, el 22 de junio, el portavoz del presidente Eisenhower defiende delante de los senadores la derogación de la cuota azucarera. El 28 de junio, el Senado autoriza al presidente a suspender la compra de azúcar cubana. El 6 de julio, Eisenhower suspende la cuota.

    La ruptura con los burgueses liberales en Cuba conduce inevitablemente al enfrentamiento directo con el imperialismo mismo. Y ese enfrentamiento constituye la última prueba de fuerza decisiva en la vía de la revolución socialista y de la formación del Estado obrero.

    A cada paso de Washington en la escalada, Castro responde claramente con una nueva medida en represalia. El 25 de junio, declara la guerra económica abierta con los Estados Unidos. El 28 de junio, día en que el Senado vota la suspensión de la cuota, nacionaliza Texaco, Esso y Shell. El 6 de julio, día en que Eisenhower ratifica la suspensión de la cuota, decreta el armamiento de las milicias y pone 600 empresas americanas bajo control del Estado. El 26 de julio, plantea por primera vez en toda su amplitud la dimensión continental de la revolución cubana, proclamando que la Cordillera de los Andes debe devenir la Sierra Maestra de América Latina. El 6 de agosto, anuncia la nacionalización de las empresas bajo control estatal. El PSP, que veía en Castro sobre todo a un aliado democrático, un nuevo Nasser latinoamericano, se encuentra lejos de estar contento por esta aceleración de la revolución.

    En octubre, el comienzo del bloqueo americano y la aparición de guerrillas contrarrevolucionarias en Escambray recibe una nueva respuesta : la nacionalización de 382 empresas privadas cubanas (bancos, refinerías, destilerías, etc.) y de 166 empresas americanas (entre ellas, Coca-Cola, Remington y Westinghouse). Una reforma urbana prohibe la doble residencia. El 11 de octubre, el Che convoca a Julio Lobo, el rey del azúcar, para anunciarle que su camino terminó, que debe elegir entre el exilio o la integración a la revolución como director de la industria azucarera nacionalizada.

    Lobo objeta que Khrushchev cree en la coexistencia pacífica y en la competencia entre dos sistemas de producción, y el Che le responde que la coexistencia puede ser posible entre dos naciones, pero es imposible en el seno de una misma nación. El 13 de octubre, Lobo parte hacia Miami y todos sus bienes son nacionalizados.

    En fin, en abril de 1961, Castro habla por primera vez de la revolución cubana como de una revolución socialista. A pesar de los soviéticos, que veían con malos ojos que una revolución se proclamara socialista por fuera de su control y bajo una dirección que no era un subproducto de su élite. Las milicias mixtas organizan alrededor de 150.000 combatientes y combatientas. La dirección castrista se esfuerza por mantener la movilización popular a través de la construcción de Comités de Defensa de la Revolución (CDR). El INRA absorbe la mayor parte de los organismos económicos y se transforma de hecho en un órgano de planificación. El ANAP, que organiza de manera específica a los pequeños agricultores, extiende su control al 60 % de la tierra privada.

    1959 fue el año de la liberación, 1960 el de la reforma agraria, 1961 será el año de la educación y 1962 el año de la planificación.

    Primer territorio liberado de América Latina, Cuba terminó no solamente con la dictadura sino también con la tutela imperialista y con el capitalismo. Lo uno no puede alcanzarse sin lo otro.

    Una dirección que hace la revolución y funda un Estado obrero es una dirección revolucionaria. No se puede esquivar esta cuestión. Ya lo vimos a propósito de Yugoslavia y de China. En estos dos casos ¿podemos caracterizar a las direcciones como estalinistas en el momento de la toma del poder ?

    No debemos tener una comprensión ideológica del estalinismo, sino materialista : el estalinismo no es una serie de temas o de deformaciones programáticas sino una fuerza material. Es la subordinación del movimiento obrero a los intereses particulares de la burocracia soviética. Lo que puede decirse es que las deformaciones programáticas y orgánicas facilitan el proceso de burocratización de maneras específicas.

    Empeñarse en caracterizar las direcciones que han hecho la revolución como estalinistas o, en el caso de Cuba, como pequeño-burguesas, sin reconocerlas en sus países como direcciones revolucionarias, no puede dar lugar más que a una acumulación de incoherencias teóricas :

    – sea que el estalinismo puede jugar un rol revolucionario y progresista, y esto de manera no excepcional, ya que concierne a Yugoslavia, China y Vietnam…

    – sea que la pequeña-burguesía puede conducir un proceso revolucionario proletario hasta el final…

    – sea que la presión de masas, en ausencia de dirección revolucionaria y contra los obstáculos suplementarios acumularos por una dirección traicionera, es lo suficientemente fuerte como para conducir a la instauración de un Estado obrero…

    En cada una de estas tres hipótesis, se cae de alguna forma en el revisionismo : sobre la cuestión del estalinismo y de la burocracia, en el primer caso ; sobre la cuestión de la revolución permanente o del rol de la pequeña-burguesía, en el segundo caso ; y sobre la cuestión del partido en favor de un espontaneísmo radical, en el tercero.

    Volvamos entonces sobre la dirección castrista. Se requeriría un largo desarrollo para entrar en detalle sobre sus raíces. Los factores que la han forjado son múltiples : la experiencia acumulada del radicalismo pequeño-burgués en Cuba, los orígenes revolucionarios del comunismo cubano y las teorías de Mella, el contra-ejemplo de un PC comprometido en la política de Frente Popular y la participación gubernamental del lado de Batista, la formación marxista de ciertos dirigentes y su experiencia internacional (Castro en Haití, Guevara en Guatemala en la época del derrocamiento de Arbenz).

    De esto resulta que la definición del Movimiento 26 de julio como una dirección pequeño-burguesa en su conjunto plantea más problemas que los que ella resuelve. Se trata más de un frente democrático interclasista, ya trabajado por contradicciones y diferencias de clase.

    La evaluación del núcleo castrista en el seno de dicho frente es el resultado combinado de la presión de los acontecimientos y de las respuestas conscientes y deliberadas aportadas a los desafíos de la reacción imperialista. En el curso de este proceso, ese núcleo se transforma para jugar el rol de una dirección revolucionaria que deviene proletaria. Es necesario remarcar en este sentido que, por su composición y por su programa, esa dirección embrionaria era en sus orígenes infinitamente menos proletaria que el PC yugoslavo o incluso que el PC chino.

    En contrapartida, el ala activa de dicha dirección era inicialmente ajena al cuadro de la formación estalinista, tomando sobre algunos puntos programáticos fundamentales posiciones en ruptura radical con el estalinismo. De esta manera, jamás hasta el día de hoy, hizo suya la teoría del socialismo en un solo país y siempre ha planteado el devenir de la revolución cubana en una perspectiva al menos continental. Esa posición no ha permanecido como una idea platónica : la convocatoria en 1967 a la conferencia de Olas y la ayuda activa aportada a una serie de movimientos revolucionarios en el continente son su traducción práctica. Al mismo tiempo, de todas las direcciones que han estado a la cabeza de una revolución proletaria luego de la Revolución Rusa, la dirección castrista es la que se encuentra más cerca y más claramente en la vía de una rehabilitación de la teoría de la revolución permanente : o revolución socialista o caricatura de revolución.

    La comprensión de la revolución cubana y el enfoque sobre su dirección han sido uno de los tests decisivos que han permitido alcanzar en 1963 la reunificación de la IV Internacional. Las tesis del congreso de reunificación establecían la evolución hacia el marxismo-leninismo de los dirigentes del 26 de julio. Constataban que la dirección cubana, gracias a su ligazón profunda con las masas y más allá de sus limitaciones ideológicas, a « ha puesto en práctica la vía de la revolución permanente ». Subrayaban que la dirección cubana es la primera después de Lenin en apelar a las masas a nivel continental.

    Dos años más tarde, las tesis del VII Congreso Mundial caracterizan la dirección castrista « como una corriente autónoma fundamentalmente revolucionaria », defendiendo una línea de revolución permanente, un internacionalismo continental y un igualitarismo antiburocrático. Se puede agregar que en 1967 esta dirección se acerca a los elementos fundamentales del análisis de la degeneración burocrática.

    Antes de la reunificación de la IV Internacional, el Secretariado Internacional, por un lado, y los camaradas del SWP de los Estados Unidos, por otro, habían desarrollado posiciones convergentes acerca de la revolución cubana :

    Por vías diferentes, llegan en el mismo momento a la misma conclusión. Por su parte, el SI en el VI Congreso Mundial de enero de 1961 saluda al nuevo Estado obrero. Al mismo tiempo, el SWP hace lo propio en el plenario de enero de 1961.

    Los distintos recorridos remiten a problemas de teoría y de método. La dificultad es real. La caracterización de un Estado obrero consolidado combina una serie de criterios : ejercicio del poder político, relaciones de propiedad, planificación. Pero en el proceso de instauración del Estado obrero, esos criterios no son en general colmados simultáneamente. La revolución proletaria comienza por la conquista del poder político, el nacimiento de la dictadura del proletariado. El ritmo y la amplitud de las nacionalizaciones dan cuenta de su consolidación.

    Si el criterio político (¿quién detenta el poder político real y en beneficio de qué clase?) permanece como lo principal, es necesario analizar caso a caso el proceso histórico concreto y la combinación de diferentes criterios.

    En octubre de 1917 en Rusia, la dualidad de poder es resuelta por la vía insurreccional en beneficio de la soberanía de los soviets. Desde ese momento, ningún burgués puede créer que su clase detenta todavía el poder o que puede reconquistarlo pacíficamente. De la misma manera en China, en 1949, la toma del poder por el PC resuelve una larga situación de dualidad territorial de poder. Desde el momento en que la dualidad de poder es resuelta en ventaja del proletariado, se puede hablar de un Estado obrero, de dictadura del proletariado.

    El problema es más complicado en casos como los de Cuba o Nicaragua, donde el derrocamiento de la dictadura, en el cuadro de una alianza con la burguesía de oposición, no resuelve la dualidad de poder sino que le da nacimiento. Lo que está en juego es la trayectoria de la revolución permanente. Se trata de un transcrecimiento de la revolución democrática burguesa en revolución proletaria. Al comienzo, la alianza con una fracción significativa de la burguesía es efectiva. La ruptura se opera en el curso mismo del proceso revolucionario.

    En enero de 1959 en Cuba y en julio de 1979 en Nicaragua, el aparato de Estado burgués se encuentra más desarticulada que en Rusia en febrero de 1917, pero no es reemplazado todavía por un nuevo poder de Estado unificado como en octubre de 1917.

    La noción clave, la que permite aprehender el movimiento real de la revolución, definir tareas, escapar a las nociones formales que tienden a fijar en instantáneas el torbellino revolucionario por el cual el poder del Estado pasa de una clase a otra, es la de dualidad de poder.

    En su capítulo de La historia de la Revolución Rusa consagrada a esta materia, Trotsky escribe : « El fenómeno del doble poder, insuficientemente evaluado hasta el presente ¿entra en contradicción con la teoría marxista del Estado, que considera al gobierno como el comité ejecutivo de la clase dominante ? Dicho de otra manera : la oscilación de la cotización ¿contradice la teoría del valor basada en el trabajo? La benevolencia de la hembra que defiende a su pequeño ¿refuta la teoría de la lucha por la existencia? No, en esos fenómenos, encontramos solamente una combinación más compleja de las mismas leyes. Si el Estado es la organización de una supremacía de clase y si la revolución es el reemplazo de la clase dominante, el pasaje del poder de las manos de una a otra debe necesariamente crear antagonismos en la situación del Estado, sobre todo bajo la forma de una dualidad de poderes. La relación de fuerzas de las clases no es una magnitud matemática que se preste a un cálculo a priori, ya que desde el momento en que el viejo régimen ha perdido su equilibrio, una nueva relación de fuerzas no se puede establecer más que como resultado de su verificación recíproca en la lucha. Y eso es la revolución. »

    Trotsky es perfectamente consciente del peligro teórico, de la « contradicción » posible en la teoría marxista del Estado : ¿puede existir durante un tiempo un Estado que no es el instrumento de una clase ? ¿O puede haber un gobierno en contradicción con la naturaleza del Estado del que se supone que es el órgano ? Trotsky no resuelve el problema con la ayuda de la noción dudosa de gobierno obrero y campesino, sino con la noción de dualidad de poder : la transición, la transmisión de poder es posible, porque, durante un determinado tiempo, la unidad del Estado se rompe en favor de combinaciones más complejas, « antagónicas », que caracterizan la dualidad de poder.

    Remarca al mismo tiempo que la dualidad de poder no significa para nada la repartición igual del poder. Por el contrario, existe una parte que, aunque sea de forma precaria, domina sobre el frente dinámico de la relación de fuerzas. Desde entonces, el análisis concreto del poder no nos da un inventario estático y formal de instituciones, sino una comprensión dialéctica del combate que se desarrolla, que aniquila ciertas instituciones creando nuevas, remodelando otras o modificando su función : « La dualidad de poderes, no solamente no supone, sino que generalmente excluye la repartición de la autoridad en partes iguales y, en suma, todo equilibrio formal de las autoridades. No es un hecho constitucional, sino revolucionario. Prueba que la ruptura del equilibrio social ha demolido la superestructura del Estado. La dualidad de poderes se manifiesta en la medida en que las clases enemigas se apoyan ya en organizaciones del Estado completamente incompatibles – la una perimida, la otra en formación – que, a cada paso, se repelen entre sí en el dominio de la dirección del país. La parte de poder obtenida en esas condiciones por cualquiera de las clases en lucha es determinada por la relación de fuerzas y por las fases de la batalla. »

    El hecho de que el poder revolucionario (en el ejército y en el seno del gobierno) sea predominante en Cuba en enero de 1959 y en Nicaragua en julio de 1979 no significa que la dualidad de poder haya sido resuelta. En ese contexto, la noción de gobierno obrero y campesino puede ser utilizada para caracterizar a un gobierno que se apoya intensamente en la movilización de masas y que se encamina cada vez más en la vía de la ruptura con la burguesía, en el umbral mismo de la dualidad de poderes : cuando el poder revolucionario se vuelve dominante y cuando la alternativa contra-revolución o dictadura del proletariado deviene un problema inmediato. En ese caso, la noción de gobierno obrero y campesino es, según la fórmula del programa de transición, designa un « corto episodio » en la vía hacia la dictadura del proletariado.

    Más allá de esa utilización muy limitada, la noción de gobierno obrero y campesino deviene arbitraria o subjetiva. Arbtraria : ¿por qué caracterizar al gobierno cubano como obrero y campesino después de la renuncia de Urrutia, en julio de 1959 ? ¿Esa renuncia representa un cambio cualitativo ? ¿ Por qué después de la caída de Cantillo, la renuncia de Cardona o al de Pazos ? Todos los testimonios que hemos citado muestran bien donde estaba, desde el 2 de enero, el centro real del poder, que hacía y deshacía a los ministros. Subjetiva : la noción no designaría una realidad a partir de criterios objetivos sino una tendencia del proceso revolucionario sobre la base de la confianza en su dirección.

    En fin, y sobre todo, el concepto estratégico, el que asigna las tareas, es fundamentalmente el de dualidad de poder, no el de gobierno obrero y campesino.

    En el contexto de la dualidad de poder, el problema central no es ya el de las reivindicaciones democráticas, ni el de las nacionalizaciones, sino esencialmente el de la extensión de la movilización de masas y el refuerzo de los elementos del poder revolucionario hacia la prueba de fuerzas final. Es solamente en ese marco que se puede comprender y apoyar la decisión de Castro ayer y la de los sandinistas hoy en día sobre la cuestión de las elecciones. Luego de su llegada a La Habana, el 9 de enero, Castro anuncia un retraso de 9 a 10 meses para reorganizar a los partidos : « Los hombres que pertenecen a partidos políticos ya tienen puestos en el gobierno provisorio y los otros harían mejor quedándose callados » El 22 de enero, demanda a la multitud reunida en asamblea levantar la mano para aprobar la revolución y declara que millones de cubanos ya han votado. Luego de la renuncia de Cardona, posterga las elecciones… hasta que los partidos y los programas sean definidos. En abril de 1959, dice al embajador americano que las elecciones se realizarán cuando la reforma agraria sea completada, cuando todos los niños puedan leer y escribir, cuando tengan acceso a la escuela y a la medicina.

    Está claro entonces que la reivindicación de las elecciones deviene una máquina de guerra de la burguesía, pero en ausencia de expresión organizada de la voluntad de las masas, la dictadura del proletariado toma inevitablemente un curso plebiscitario y bonapartista.

    Las tesis del congreso de reunificación, en 1963, definen a Cuba como « un Estado obrero cuya forma no es todavía fija ». De esta manera, buscan dar cuenta de las particularidades de la revolución cubana. Si bien el poder no es directamente ejercido por las masas, a través de un sistema de consejos democráticamente centralizado, las deformaciones burocráticas originales no son comparables con las de China en 1949, ni con las de las democracias populares.

    Existen razones a la vez objetivas y subjetivas para esto. Objetivas en la medida en que la lucha relativamente breve no ha dado nacimiento a la armazón administrativa consolidada de un nuevo aparato administrativo y militar. Subjetivas en la medida en que el partido se forma y evoluciona en el mismo proceso revolucionario, sin disponer de antemano de un conjunto de cuadros plegados a una ideología homogénea.

    Para enfrentar las maniobras de la contrarrevolución y las amenazas constantes del imperialismo, la dirección no cesa de movilizar audazmente a las masas obreras y campesinas a partir del momento mismo de la caída de Batista. De esta forma surgen muchos embriones posibles de una democracia obrera amplia y directa :

    – En la agricultura existe un sistema de dirección mixto, desde 1962 con la formación de las granjas de Estado que oficializan la transformación de hecho de las cooperativas.

    – En las empresas, los consejos técnicos de asesores (CTA) son órganos mixtos, designados y elegidos, además de no tener más que una función consultiva.

    – A nivel de los pueblos y de los barrios, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) ejercen tareas de vigilancia y de asistencia social, sin poder de decisión política real.

    – Las Juntas Unificadas de Coordinación Económica e Industrial (JUCEI) que son puestas en funcionamiento durante el período en que Guevara es ministro de industria, cumpliendo el rol de relés regionales del Plan, podrían haber devenido auténticos órganos de poder, centralizando todas las formas de organización popular, aunque no haya sido este el caso.

    – Una de las manifestaciones más claras de la movilización de masas y de la realidad de su poder es la formación y el crecimiento de las milicias, que son armadas a partir de 1961 frente a la agresión imperialista, pero desarmadas en 1964 y finalmente disueltas en 1973.

    Si bien en Cuba no se implementó un mecanismo de representación parlamentaria, tampoco se implementó un mecanismo soviético de centralización democrática de órganos de masa. Esta ausencia facilita el desarrollo de una burocracia (de la cual la dirección castrista es bien consciente), debilitando la legitimidad del poder revolucionario, y reforzando inevitablemente sus rasgos paternalistas y bonapartistas. Sin embargo, hay que remarcar la dificultad real que plantea el proceso de revolución permanente, donde las masas pasan de forma acelerada de objetivos democráticos a tareas socialistas, mientras que conservan masivamente sus prejuicios religiosos y con frecuencia anticomunistas, heredados de la vieja educación. El desarrollo efectivo de la democracia socialista no es concebible más que a través de una batalla de « revolución cultural » (alfabetización, escolarización, movilización política).

    A estas debilidades estructurales del naciente Estado obrero cubano, es necesario agregar también el peso creciente de los factores internacionales. Desde 1960, debe tenerse en cuenta el bloqueo americano y el esfuerzo colosal por escapar a la dependencia. Los dirigentes cubanos, el Che en particular, impresionados en su justa medida por los resultados de las economías planificadas, trabajan fundamentalmente en poner fin al monocultivo, girando hacia el modelo soviético de prioridad absoluta a la industria pesada. Desarrollan un proyecto de inversión de 850 millones de dólares en cuatro años (más que el total de las inversiones americanas en cincuenta años). La URSS toma un lugar cada vez más importante en el relevo comercial (compra de azúcar) y tecnológico de los Estados Unidos.

    Pero la planificación de la URSS y de las democracias populares no aporta solo las ventajas y la superioridad de la economía planificada. Aporta al mismo tiempo el carácter arbitrario, el caos administrativo y las incoherencias de una planificación completamente burocratizada, inmediatamente contradictoria con el desarrollo de una revolución viva. Rápidamente, y de manera mucho más profunda que en China o Vietnam, los dirigentes cubanos corrigen esta vía. En su discurso de Algeria en 1965, el Che denuncia públicamente las condiciones económicas vergonzosas de la « solidaridad » soviética y china.

    Sin embargo, el fracaso de la zafra que costó 10 millones en 1968 y el aislamiento continental de la revolución cubana después de la muerte del Che en Bolivia, desembocarán en una dependencia económica reforzada de la URSS y el COMECON, que concentran entre el 80% y el 90% del comercio cubano.

    Para hacer frente a estos fuertes factores de burocratización, se necesita un partido revolucionario fuerte, que disponga de una gran capa de cuadros educados. La ausencia de un partido revolucionario sólidamente constituído se hace sentir plenamente luego de la toma del poder.

    Luego del derrocamiento de Batista, el movimiento obrero cubano inicia un proceso de restructuración que lo modifica profundamente. Antes de 1959, el PSP (PC pro-soviético) cuenta con alrededor de 17.000 miembros. Con el impulso de la victoria y del entusiasmo, los que se reclaman del Movimiento 26 de julio constituyen la mayoría, pero también los más confundidos, más heterogéneos, menos organizados. Rápidamente el PSP se esfuerza en las tareas de organización. Abre numerosos locales y publica un programa de cuatro puntos muy moderados : convertir al ejército rebelde en el núcleo del futuro ejército, aplicar la reforma agraria de 1958, volver a la Constitución de 1940, volverse hacia Europa del Este.

    El PSP logra hacer pie en las estructuras del ejército rebelde. A cambio, hacia fines de enero, es puesto a distancia del nuevo directorio de la FONU. Las relaciones tormentosas entre los militantes del PC y los del 26 de julio en el seno del movimiento obrero son muy confusas. La hostilidad hacia los militantes del PSP mezcla reproches reales (la participación en el gobierno de Batista, la pasividad en los últimos años de lucha contra la dictadura) con prejuicios directamente anticomunistas. Los insultos a los militantes del PSP durante la asamblea de la FONU son significativos. Son tratados de « melones », verdes por fuera y rojos por dentro: para la mayor parte de la población y para los cuadros del 26 de julio, la revolución permanece « verde oliva » y no socialista.

    Para el X Congreso de la Central de Trabajadores Cubanos, en noviembre de 1959, el PSP ha sido reducido a su mínima expresión. Pero aún así, el proceso de ruptura con la burguesía se acelera, la lucha de clases se agudiza. Bajo la cubierta de una campaña anti-amarilla, el PSP recupera terreno y reconquista importantes responsabilidades en el sindicato. Al punto que el viejo burócrata del PSP, Lázaro Pena, accede a la dirección del sindicato, mientras que David Salvador, antiguo responsable sindical del Movimiento 26 de julio, se pasa a la oposición « para un castrismo sin Castro ». Para ese entonces comienzan a funcionar los comités de depuración en los sindicatos.

    En la medida en que la dirección castrista corta sus lazos con la burguesía, se precipita sobre el PSP. A falta de su propio partido sólidamente organizado y su propia red de cuadros homogéneos, tiene necesidad cotidiana de la experiencia organizacional del PSP. En julio de 1961, se da un paso importante hacia la fusión con la creación de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI). El 9 de marzo de 1962 se anuncia la formación de una dirección unificada de 25 miembros (13 fidelistas, 10 PSP, más Faure Chomon en el directorio y el presidente Dorticos). Deviene el órgano del partido bajo la dirección del viejo estalinista Blas Roca, y Carlos Rafael toma la dirección del INRA. Los dirigentes del PSP consiguen poner en marcha una revolución que no han hecho y que no han apoyado.

    Pero solo cuatro días después, se da la primera crisis pública. Fidel acusa al dirigente del PSP, Escalante, responsable de la organización del partido unificado, de censurar el testamento de un mártir de la dictadura. Se trata de la insolencia y los métodos burocráticos de los cuadros estalinistas: la fusión es y continuará siendo una convivencia conflictiva y tormentosa entre dos tradiciones, dos concepciones, dos proyectos políticos distintos.

    El peso del ala estalinista se ha reforzado incontestablemente por el rol creciente de las relaciones económicas y militares con la URSS. Paralelamente, el núcleo castrista se ha reducido progresivamente sin que aparezca un relevo. La reestructuración gubernamental de principios de los años 1980 marcan una concentración creciente de responsabilidades entre los dirigentes históricos del 26 de julio, y particularmente en Fidel y Raúl.

    Los rasgos específicos de dicha dirección castrista se mantienen :

    – no ha renunciado a la expansión de la revolución socialista. Su actitud hacia la revolución sandinista es testimonio de esto;

    – se esfuerza por conservar su margen de autonomía política frente a la URSS y los PC, apoyando a una red de organizaciones revolucionarias en América Latina (sandinistas, MIR, BPR, etc.) en desmedro de los PC;

    – mantiene en lo esencial la perspectiva de la revolución permanente afirmada a través de la propia experiencia de la revolución cubana: el discurso de Castro del 26 de julio de 1980 sirve como una nueva ilustración de esta idea;

    – conserva con las masas cubanas lazos vivos, que le permiten, frente a la prueba de la embajada de Perú, apelar a la movilización de masas con un éxito inimaginable en cualquier otro Estado obrero;

    Por estos motivos, no puede considerarse, más allá de profundas deformaciones burocráticas, que en Cuba haya triunfado una contra-revolución política. Dichas deformaciones requieren la defensa de un programa político independiente, internacional (principalmente el programa de la revolución política en la URSS, en China y en los países del Este) y nacional (para la realización de la democracia socialista apoyándose sobre las experiencias existentes). Pero la defensa de tal programa puede todavía tomar la vía de reformas y no del derrocamiento de la dirección cubana.

    Los desarrollos revolucionarios por venir en América Central y en América Latina, rompiendo con el aislamiento continental de la revolución cubana, tendrán profundos efectos en Cuba. Sea que favorezcan el relanzamiento de una política internacionalista y revolucionaria, sea que precipiten, a través de pruebas de fuerza en el seno mismo de la dirección cubana, la victoria de la burocracia.

    Una u otra hipótesis deberan ser verificadas por hechos certeros antes de que podamos extraer conclusiones prácticas nuevas en lo que concierne a nuestras tareas en Cuba y en el continente.

    Institut international de recherche et de formation (IIRF), abril-junio 1985, Amsterdam, ciclo sobre la revolución cubana, danielbensaid.org

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  • Polonia. La revolución de las mujeres.

    Polonia. La revolución de las mujeres.

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    Autora/Autores

    J. D. Y Z. R.

    J.D. y Z.R., militantes de la izquierda radical polaca que trabajan en el sector público de la cultura.

    Traducción: Jan Malewski, los intertítulos y las notas son de la redacción de Inprecor

    Teoría: Feminismo

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    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    El 22 de octubre de 2020, el Tribunal Constitucional de Polonia sentenció que la ley sobre el aborto vigente desde 1993 era parcialmente inconstitucional. Dicha ley autorizaba el aborto en función de tres causas: amenaza para la salud y la vida de la mujer, constatación de que el feto sufra una malformación o enfermedad irreversible ¡y la sospecha de que el embarazo era fruto de un delito: es decir, violación o incesto. El Tribunal consideró que dos últimas causas contradicen las disposiciones constitucionales sobre la protección de la vida. De ese modo, una institución que teóricamente garantiza el orden jurídico atenta contra los derechos de las mujeres, incrementando su sufrimiento. Tanto de las mujeres que portan un organismo muerto o un feto con malformaciones o enfermedades irreversibles como de las que desean procrear en el futuro. En el primer caso, tener que parir una criatura que nace muerta o que se sabe de antemano que no sobrevivirá constituye todo un infierno para la madre.

    Un régimen propio de la inquisición

    Este tipo de heroísmo se inscribe en la visión de Jaroslaw Kaczyński, presidente del partido gubernamental PiS (Ley, Derecho y Justicia), quien declaró que merecía la pena parir un niño muerto, aunque no fuese más que para bautizarlo y enterrarlo. Sin embargo, el carácter bárbaro de este criterio no es nuevo en la política polaca. El derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo es una de las luchas más encarnizadas en Polonia desde hace años. Una lucha que la derecha polaca, que depende del apoyo de la Iglesia católica, ha venido ganando hasta la resolución del Tribunal Constitucional.

    En Polonia no se puede decir que «nadie esperaba la Inquisición española», pronunciada en el célebre sketch Flying Circus de los Monty Python. El fanatismo clerical forma parte de la vida cotidiana y no debería sorprender a nadie. Sin embargo, si puede resultar sorprendente la triple alianza que se ha materializado en torno a ese ataque vergonzoso contra las mujeres.

    Si no hubiera existido la pandemia y los límites para el normal funcionamiento de la vida pública que ha conllevado, el tribunal encargado de ejecutar las órdenes del PiS se lo hubiera pensado dos veces antes de pronunciarse sobre la constitucionalidad de los pocos derechos que gozan las mujeres en torno a sus derechos reproductivos.

    A fin de cuentas, quienes detentan el poder no han olvidado el gran choque que supuso el lunes negro: la enorme resistencia social contra los intentos anti-abortistas que en 2016 puso en jaque la ofensiva ultraconservadora.

    El número de casos provocados por la covid-19 en Polonia aumenta rápido. A la hora de escribir este artículo, Polonia se sitúa en el 8º lugar de la tristemente célebre lista de países con mayor incidencia cotidiana de infecciones. Igualmente, el número de muertes aumenta de forma alarmante y la capacidad de atención sanitaria está al borde del colapso. Todo el mundo se pregunta si los hospitales disponen de suficientes camas y equipos de respiración asistida. Las ambulancias se ven obligadas a largas esperas antes de depositar los pacientes en el hospital…

    Por ello, se podía esperar que una sociedad aterrorizada por esta situación no respondiera a un ataque institucional contra los derechos de las mujeres. Pero, una vez más, las autoridades se equivocaron.

    A pesar de estar prohibidas las reuniones de más de cinco personas, los últimos días de octubre Polonia conoció lo que puede ser la ola más grande de manifestaciones en la calle desde la restauración del capitalismo. Y lo que es más importante aún, las movilizaciones no solo se desarrollaron en las ciudades más importantes, sino también en las ciudades medias y en los pueblos. Incluso en aquellos que no hace mucho tiempo se hicieron famosos en el mundo entero por las terribles decisiones adoptadas por responsables locales estableciendo «zonas libres de ideología LGBT». No se sabe con exactitud lo que significaba el establecimiento de dichas zonas, pero esas decisiones de las autoridades locales, aún cuando no iban más allá de la esfera simbólica, suponían un despiadado y repugnante ataque a las personas con identidades sexuales o de género fuera de la norma. En cualquier caso, algunos municipios revocaron estas escandalosas resoluciones. Lo que no sorprende, porque según leyendo los registros y las transcripciones de las reuniones de sus dirigentes se vio que quienes votaron a favor de esas zonas ni siquiera eran capaces de descifrar el acrónimo LGBT. Cuando se demostró que determinados responsables locales hablaban de zonas sin LPG, la mofa en las redes sociales fue monumental. El acrónimo LPG se refiere al término inglés «gas de petróleo licuado». Seguro que ninguno de esos responsables políticos estaba por prohibir un carburante tan popular en Polonia…

    Una revuelta popular…

    Las ciudades pequeñas, incluso aquellas de las regiones que normalmente son bastiones del PiS, reaccionaron ante la decisión del Tribunal Constitucional de forma completamente diferente a la que probablemente imaginaron quienes conforman el gobierno en Varsovia. En lugar de callarse, miles de personas se pusieron a gritar en las calles y en las plazas, sin el menor recato, dos lemas bien claros y muy vulgares: wypierdalać (¡iros a la mierda!) y jebać PiS (¡que le den por el culo al PiS)

    Las primeras protestas –populares y espontáneas- comenzaron en el momento en que Przyłębska1/, del Tribunal Constitucional, anunció la decisión. Cientos de personas estupefactas y aterrorizadas por la crudeza del veredicto salieron a la calle la noche del jueves 22 de octubre. Las masas comenzaron a concentrarse ante el edificio que alberga al Tribunal Constitucional y luego se trasladaron ante la sede central del PiS. Desde el principio, el movimiento social de base Ogólnopolski Strajk Kobie (Huelga General de mujeres), que emergió en 2016 al calor de los lunes negros, llamó a movilizarse. En 2016, una enorme movilización obligó al partido en el poder a retirar su apoyo a la ley que se estaba debatiendo en el parlamento para prohibir el aborto.

    Ogólnopolski Strajk Kobiet (OSK), la organización feminista cuya militante más conocida es Marta Lempart2/, ha sido una fuerza determinante para la organización de la protesta en todo el país: gracias a los contactos con las y los militantes de base, fue posible organizar marchas y manifestaciones en los días posteriores al anuncio. En muchas ciudades y pueblos, las protestas estallaron espontáneamente, fundamentalmente, gracias al trabajo de grupos informales.

     

    El 23 de octubre, miles de manifestantes se concentraron ante la villa de Jaroslaw Kaczynski en el barrio Żoliborz de Varsovia, también la plaza de la Libertad de Poznan se llenó de manifestantes y en Lodz se alumbraron cientos de velas fúnebres frente a la sede de PiS.

    Las primeras movilizaciones fueron relativamente tranquilas; había más mujeres atemorizadas y llorando que gritando consignas vulgares. A pesar de ello, el periodista de derechas Rafał Ziemkiewicz les llamó putas vulgares a través de Twitter y los media gubernamentales ocultaron de forma permanente el carácter masivo de las protestas, subestimando el número de participantes. El punto de inflexión a todo ello se dio en las misas dominicales en las iglesias.

    … que no perdona a la Iglesia

    El domingo 27, como parte de la liturgia dominical, las manifestantes interrumpieron las misas al grito de consignas pro-aborto («Recemos por el derecho al aborto»), con aplausos estridentes en las catedrales, distribuyendo panfletos y con pintadas al respecto, así como haciendo público el número de teléfono del Abortion Dream Team, un colectivo que facilita el aborto en el extranjero para las mujeres polacas. A la noche, en Varsovia, hubo manifestaciones frente a la sede de la Curia, al mismo tiempo que en el resto del país las protestas frente a las iglesias se hacían cada vez más intensas.

    Todo ello provocó la ira de los nacionalistas y de los editorialistas de los medios de comunicación próximos a ellos, que realizaron llamamientos fervientes a «defender los santuarios». Ante la iglesia de la Santa-Cruz, (calle Nowy Świat en Varsovie) las manifestantes tuvieron que hacer frente a la Guardia Nacional, una organización paramilitar dirigida por Robert Bąkiewicz, uno de los organizadores de la Marcha anual por la independencia. Los nacionalistas Defensores de la Iglesia agredieron a una anciana y tiraron a una joven por las escaleras abajo, teniendo que ser hospitalizada. Estas agresiones se desarrollaron bajo la atenta mirada de la policía que se abstuvo de defender a las mujeres frente a la agresión de los nacionalistas.

    La nueva generación se rebela

    Las movilizaciones de Varsovia dieron aliento a la combatividad social. Fruto de ello, las protestas espontáneas tomaron otro cariz: bloqueo de calles en cientos de ciudades el lunes 28, con miles de personas en cada una de ellas; huelga de mujeres el miércoles, en la que las mujeres y los hombres que les apoyaban dejaron de trabajar; y enormes manifestaciones de estudiantes universitarios y de enseñanza secundaria en todo el país.

    Fue en ese momento que Jarosław Kaczyński llamó a hacer frente a las mujeres que no aceptaban someterse [a la decisión del Tribunal], siendo abiertamente criticado por haber incitado a la sociedad a la guerra civil. Su discurso se convirtió en una bomba incendiaria que radicalizó el discurso de las manifestantes.

    Mientras grababa su discurso Kaczyński puso en la solapa de su chaqueta el pin de la Polonia combatiente que utilizaron los insurgentes de Varsovia en 1944. Cinco supervivientes de esa insurrección criticaron duramente la utilización de este símbolo, declarando al periódico Gazeta Wyborcza que Kaczyński no tenía derecho a utilizarlo y que su acto era inaceptable. Los veteranos de la insurrección también manifestaron su apoyo a las movilizaciones, calificándolas de justas y, a pesar de riesgo de la epidemia, participaron activamente en las marchas. La manifestación más grande se dio el 30 de octubre en Varsovia: entre 100.000 y 150.000 personas venidas de todo Polonia invadieron las calles de la capital. Según la policía, en el conjunto del país3/ se movilizó más de un millón de personas: la movilización más numerosa de estos últimos años en Polonia.

    Entre quienes se manifestaron, el grupo más numeroso fue el de las mujeres jóvenes: estudiantes de universidad y secundaria y también las llamadas jóvenes adultas; personas de menos de 35 años que empiezan a tomas sus primeras decisiones vitales. La participación de este grupo de edad dio lugar a una ironía y un sarcasmo sin precedentes en las pancartas y en los lemas. Las más popular fue wypierdalać (¡iros a la mierda!), y la crítica mediática de la «exagerada vulgaridad de las protestas que solo perjudica su causa» llevó a modificarlas crativamente. En las pancartas se podía leer «Os invitamos a marcharos de inmediato», «Os pedimos que vayáis a joder a otra parte», «Por favor, iros». El contraste entre la utilización de formas de expresión neutras y la enorme emoción que embargaba a miles de manifestaciones se hacía cómica.

    He aquí algunos de los slogan más corrientes: «Quien vive en Polonia no se ríe en un circo», «El gobierno no es un embarazo, se le puede expulsar», «Si los niños del coro estuvieran embarazados, el aborto sería sacramento» y «Si el Estado no me protege, defenderé a mi hermana». Muchos de ellos provienen de memos en Internet y de programas de entretenimiento populares: «Hoy vamos a cocinar un guiso de pato»4/ «El PiS hace té con el agua de raviolis» «Nos da miedo follar», «Sólo podemos darnos por el culo»… son slogans que han aparecido en ciudades y pueblos. El breve clip realizado durante la manifestación estudiantil en Varsovia, que muestra a un grupo danzando la canción de Eric Preydz «Call on me» de 2004, se hizo muy popular. En lugar del estribillo de la versión original, la gente cantaba: «Me cago en el PiS», el slogan más importante de las manifestaciones contra el gobierno tras la de «¡iros a la mierda!». El clip se hizo viral y la canción Joder al PiS de Cypis5/ basada en ella se difundió mediante altavoces portátiles en las manifestaciones posteriores (en el momento de escribir esto, el video ya se había visionado 4,7 millones de veces en YouTube).

    Ciudades y pueblos movilizados

    El carácter fenomenal de las protestas tras el anuncio de la decisión del Tribunal por Julia Przyłębska6/ reside en su generalización, que no tiene precedentes. Las marchas se sucedieron de forma simultánea en miles de pueblos y ciudades a lo largo y ancho del país; en particular, en los pueblos de unos pocos miles de habitantes. En determinadas ciudades, las manifestaciones de octubre han sido las primera de su historia. En Sztum, Trzebiatow, Sanok, Pruszkow o Myślibórz, ha salido a la calle gente que nunca antes se había manifestado. En los media se oye decir que se ha abierto una brecha en la reflexión sobre la resistencia social en Polonia y también que es el primer paso hacia una separación real entre la Iglesia y el Estado, que hasta el momento parecía imposible.

    El comportamiento de las jóvenes de Szczecinek, una ciudad de 40.000 habitantes, tuvo un enorme impacto: el 25 de octubre hicieron frente a un cura que intentaba increpar a las huelguistas. Le rodearon, gritándole: «Enséñanos tu útero», «Vuelve a tu iglesia», «Vete a joder a otra parte». Estas adolescentes recibieron el apoyo de la gente que se manifestaba en la región y los medios de comunicación locales publicaron vídeos de sus actividades. La cadena de TV de extrema derecha y la progubernamental TVP Info presentó la acción de estas jóvenes como un insulto escandaloso y vulgar a un hombre santo que distribuye el sacramento de la comunión. De hecho, este hombre santo no distribuye el sacramento de la comunión, está suspendido de sus funciones y durante las manifestaciones mostró la higa a los chóferes que apoyaban a las manifestantes.

    Contra los patriarcas

    Otra palabra que ser ha expandido mucho en poco tiempo en el espacio público es dziaders (que se puede traducir como la expresión vulgar de patriarca). Las pancartas anunciaban «el crepúsculo de estos patriarcas», es decir, la caída inminente del patriarcado. El patriarca, protector del orden social conservador polaco es una figura muy corriente en Polonia: la puede ejercer un tío en una fiesta familiar, un profesor universitario que repite que las mujeres no deberían estudiar o uno de los ministros del actual gobierno del PiS (en la que solo hay una mujer: la ministra de la familia y de la política social). Las mujeres polacas, cansadas de haber sido marginalizadas durante muchos años en la vida política y haber sido sometidas al ethos del sacrificio por la familia, han dirigido sus protestas contra los hombres en el poder –tanto el poder laico como el eclesiástico- que les tratan de forma irrespetuosa, condescendiente y como objetos, imponiéndoles sus propias opiniones en nombre de la defensa de los valores y las tradiciones. El estruendoso ¡iros a la mierda! Gritado por las jóvenes de 15 años de Szczecinek puede acabar con el patriarcado que han preservado todas las opciones políticas durante los últimos decenios en Polonia.

    Bajo el régimen del PiS, el Tribunal Constitucional ha perdido cualquier vestigio de su ya dudosa independencia política, Está compuesto por personas elegidas para ese puesto por el partido en el poder. Se trata, entre otras, de Krystyna Pawłowicz, conocida por su predilección a insultar de forma vulgar a los oponentes políticos, y del antiguo procurador comunista Stanislaw Piotrowicz, obediente miembro del Partido Obrero Unificado Polaco que pronunció las condenas de los militantes del sindicado Solidaridad y que posteriormente se recicló sin problemas a la democracia liberal, transformando su marxismo-leninismo versión estalinista en un ardiente catolicismo. Stanislaw Piotrowicz se hizo célebre en 2001 por defender a un cura acusado de pedofilia. Tras la llegada al poder del PiS en 2015, jugó un importante papel en el desmantelamiento del Tribunal Constitucional para llegar a ser miembro del mismo. Obtuvo ese puesto para resarcirse de no haber logrado ser elegido al parlamento en las legislativas de 2019. La presidenta del Tribunal, Julia Przyłębska, es una juez criticada en la comunidad jurídica por su falta de respeto a las normas jurídicas, por decirlo de forma delicada.

    Por la legalización del aborto

    La polémica sobre el derecho al aborto en Polonia viene de largo. Tras la Segunda Guerra Mundial, la relativa regulación de la interrupción del embarazo fue modificad varias veces, si bien el derecho a elegir introducido en 1956, en función de las difíciles condiciones de vida de la mujer, abría un amplio campo al respecto. En la práctica, abrió las puertas a la interrupción del embarazo en la sanidad pública. Sin embargo, la disponibilidad técnica y jurídica del aborto contrastaba con el fuerte tabú existente en la sociedad y la gran carga moral que suponía para las mujeres con embarazos no deseados.

    El discurso basado en la protección de la vida frente a lo que los partidarios del gobierno actual denominan aborto eugénico triunfó en 1993 cuando se adoptó la ley sobre la Planificación Familiar. Ley que se aprobó unos meses antes del concordato entre el Vaticano y la República de Polonia.

    En el periodo de las transformaciones sociales económicas post-1989, el fundamentalismo católico se fue haciendo fuerte y se instaló en la corriente política dominante. La Iglesia dejó de jugar el papel de apoyo abierto a un amplio abanico de círculos de oposición, no sólo cristianos, que luchaban contra el régimen autoritario dela República Popular de Polonia. En los años 1990 su influencia política alimentó discursos radicalmente conservadores que encontraban eco tanto entre las clases populares como en el seno de una parte de la clase media polaca en formación en las nuevas condiciones capitalistas. Y tras 1989 pocas organizaciones política verdaderamente significativas han intentado avanzar reivindicaciones anticlericales.

    El hecho de negar a las mujeres el derecho al aborto legal se bautizó como acuerdo sobre el aborto. Sin el inmenso sufrimiento al que la ley de 1993 condujo a miles de mujeres, la utilización de la palabra acuerdo se podría interpretar como una especie de humor negro. Este acuerdo se realizó entre la jerarquía eclesiástica y la derecha política, pasando por encima de las mujeres polacas y de un tímida oposición de los principales partidos del centro y la izquierda.

    Si bien en el Parlamento, estas fuerzas votaron contra la ley anti-aborto, en los años siguientes fueron abandonando la cuestión buscando situarse bien en relación a la Iglesia. El apoyo con que contaba el acuerdo se convirtió en una excusa para tomar distancias con el tema. Y a consecuencia de ello, el aborto clandestino ha sido el gran beneficiado de la situación creada.

    Debido a estas decisiones políticas, desde los años 1990, Polonia se ha convertido en una fuente de mano de obra barata para el resto de Europa. Los bajos salarios, sobre todo fuera de las grandes ciudades, hace que sean pocas las mujeres que piensen abortar que puedan acceder a una clínica en Austria o Alemania o, incluso, a Eslovaquia, donde los precios son más asequibles. Algunas de ellas, atrapadas no solo por las privaciones materiales, sino también por la falta de apoyo de su parejas o de sus familiares, deciden recurrir desesperadamente a los servicios de entidades más o menos profesionales que ofrecen servicio en Polonia. La Federación de Mujeres y de Planificación Familiar estima que cada año se realizan más de 100.000 abortos ilegales. La cifra oficial recoge 1100 procedimientos de este tipo, de los cuales cerca de 1000 abortos en 2018 se practicaron debido a «enfermedades irreversibles del feto». De hecho, la decisión del Tribunal Constitucional desplazó la realización del aborto de las clínicas públicas a los garajes de los ginecólogos.

    Contra el fundamentalismo católico

    Cuando en octubre de 2020 la oposición al endurecimiento de la ley contra el aborto se comenzó a manifestar frente, y a veces en el interior, de las iglesias católicas, se hizo evidente que las autoridades eclesiásticas no podría continuar en una posición de confortable neutralidad. La corresponsabilidad del clero en la creación de las condiciones que permiten convertir en realidad las aspiraciones de los fanáticos pro-vida es ampliamente aceptada. La asociación de fundamentalistas católicos Ordo Iuris, un ejército de hábiles abogados, bien pagados por fanáticos sudamericanos, ha jugado un papel importante en el desarrollo de la idea de proteger los niños en la fase prenatal de la vida (sic!). Actualmente Ordo Iuris constituye la mayor amenaza para los derechos humanos en Polonia. Sus miembros tratan de forma ferviente trasponer su fanática visión del mundo al derecho polaco. Como puede comprobarse, de forma bastante eficaz.

    En el ala derecha de la barrica de los media sociales digitales, en los que periodistas intelectualmente miserables pero manifiestamente muy excitados, con toda su arrogancia, aparecen violentos insultos hacia las mujeres, la comunidad LGBT, los políticos de la oposición y prácticamente de todos quienes se arriesguen a oponerse al equipo progubernamental. Entre estos ladradores narcisistas, Rafal Ziemkiewicz se distingue por su particular rudeza, que tanto él como sus amigos la definen como insumisión.

    Los envenenados ataques contra las mujeres que luchan por sus derechos se sazonan a veces con una pizca de teorías del complot. Por ejemplo, bajo la forma de argumentos pseudo-científicos sobre la nocividad de todo tipo de contraceptivos a excepción del método Ogino (que otros denominan, la ruleta del Vaticano) y de groseras manipulaciones sobre los motivos que llevan a las mujeres a abortar. Los partidarios del derecho a la vida (de los embriones) citan motivos eugenésicos bien conocidos. En particular, el problema de las personas con síndrome de Down. Tratan de convencernos que la decisión de interrumpir el embarazo se basan en convicciones extremadamente egoistas de las madres, perturbadas por influencias culturales del podrido Occidente: mujeres crueles que simplemente no quieren apiadarse de niños minusválidos y que niegan el valor de sus vidas. Semejantes opiniones no solo las transmiten los fanáticos religiosos que distribuyen a la entrada de las iglesias folletos advirtiendo de las conspiraciones judeo-comunistas-masónicas o dela ideología LGBT; forman parten de la política y del contenido propagado por la televisión pública financiada con nuestros impuestos.

    En la interpretación derechista de la cultura polaca, los niños constituyen el principal valor; sin embargo, esto solo se aplica a los niños no natos (fetos) y a quienes aún no tienen su propia visión del mundo. En los discursos de la derecha conservadora polaca radicalizada, una adolescente que lucha por el derecho a su propia dignidad no puede ser más que una joven mimada o manipulada. Pero estos llamamientos al orden, patriarcales y condescendientes, de hombres políticos omniscientes y de los defensores de los valores tradicionales polacos pierden su influencia ante la convergencia de la oposición social actual.

    Si bien la dinámica de las protestas callejeras viene perdiendo en intensidad, porque no se puede esperar que las masas de gente que salieron a la calle a finales de octubre continúe permanentemente en la calle- la unidad de numerosos grupos sociales frente a las autoridades constituye un hecho. Aunque pueda parecer totalmente increíble, en medio de la fuerte pandemia de la covid-10, hacemos frente a una situación en la que se puede decir sin exagerar que si bien no tiene un carácter revolucionario, no está muy lejos de ello.

    Tras la buena sorpresa

    La amplitud de esta movilización es tanto más sorprendente porque desde hace muchos años la sociedad polaca parecía haber sido pacificada cuando se trataba de articular luchas de clase de una envergadura de calado. La especificidad del desarrollo del capitalismo neoliberal en Polonia se sale de los límites de este artículo, pero es interesante señalar que las mismas masas que se manifiestan con vigor en estos días hasta no hace mucho aparecían como excepcionalmente apáticas y despolitizadas, incluso en relación a otros países del antiguo bloque del Este.

    Cierto, no hay que echar las campanas al vuelo, porque las protestas actuales ya son fuente de vivas disputas entre diferentes sectores unidos por el rechazo de la decisión del Tribunal Constitucional. De hecho, la inexistencia de un movimiento obrero de masas organizado (más allá de los debilitados sindicaos, algunos de los cuales dudan en adoptar una posición clara sobre el aborto y otros cooperan abiertamente con la extrema derecha, incluso la neofascista, como Solidaridad, que denigra vergonzosamente su herencia histórica), la izquierda no es muy audible.

    De una parte, hay que señalar la enorme determinación y el mérito de los diputados de Lewica7/ y de los militantes de las innombrables organizaciones sociales y políticas que han participado en las manifestaciones. Pero, de otra parte, la creación de un organismo denominado Consejo consultivo para la Huelga nacional de mujeres ha generado enormes controversias.

    Según sus impulsoras, este Consejo debe desempeñar un papel estrictamente consultivo al servicio del movimiento de masas. Sin embargo, sólo lo componen personas asociadas al medio de las ONG de Varsovia, a las instituciones universitarias y a las organizaciones políticas. Entre ellas se encuentra un exministro desacreditado del gobierno del PO8/. Este Consejo no ha sido elegido mediante un proceso democrático, sino a iniciativa de los dirigentes del OSK y de sus asociados. El Consejo declara que, además de los derechos reproductivos, analizará las cuestiones planteadas en las manifestaciones en materia de derechos laborales, de política social, del sistema educativo o de la ecología. No esta claro cual será exactamente el trabajo y el objetivo de este organismo. Pero es claro que en su interior hay gente que tiene puntos de vista muy diferentes sobre cuestiones fundamentales como los contratos basura9/. Por tanto, existe el riesgo de que un organismo elegido de forma no democrática y cuyos objetivos no están claros se divida antes incluso de dar a conocer los resultados de su trabajo.

    Sin embargo, esta no es una razón para caer en el fatalismo. Este Consejo podría jugar un papel importante, por ejemplo, coordinando la defensa de las y los militantes que las autoridades ya han comenzado a reprimir. En teoría, quienes militan a favor de los derechos de las mujeres en ciudades pequeñas son más fáciles de reprimir, porque carecen de una gran base social y mediática. Y ya se encuentran amenazadas con penas que pueden alcanzar hasta los 8 años de prisión, ser despedidas o relegadas al ostracismo. Pero también son personas con una gran fortaleza que en estas circunstancias excepcionales pueden contar con la solidaridad de un movimiento sin precedentes en todo Polonia. Parece que uno de los slogan más importantes de la revolución rampante polaca «Nunca estarás sola» encuentra aquí y ajora su confirmación práctica.

    J.D. y Z.R., militantes de la izquierda radical polaca que trabajan en el sector público de la cultura. Para evitar que sean despedidos debido a la prohibición de «manifestar públicamente sus opiniones políticas», hemos decidido no divulgar sus nombres. (Traducido del polaco por Jan Malewski, los intertítulos y las notas son de la redacción de Inprecor)

    Notas:

     

    1/ Julia Przyłębskl nació el 16 de noviembre de 1959. Jurista y diplomática, fue elegida al Tribunal Constitucional en diciembre de 2015 por los diputados del PiS en el Parlamento. En diciembre de 2016 el presidente de la República, Andtzej Duda (PiS) le nombró presidenta del Tribunal. Según numerosos juristas, entre ellos expresidentes del propio Tribunal, su elección se realizó violando la ley.

    2/ Marta Lempart, jurista de formación, una de las impulsoras de la organización polaca Ogólnopolski Strajk Kobiet (Huelga nacional de mujeres, OSK), que reivindica el derecho al aborto libre, fue una de las organizadoras de la protesta negra –protesta de las mujeres contra el intento de hacer pasar una ley que prohibiera totalmente el aborto en Polonia en septiembre-octubre de 2016- y del Lunes negro (3 de oct. de 2016), primera huelga de mujeres en Polonia. Dicha movilización forzó al gobierno del PiS a retirar el proyecto de ley. También tomó parte en la organización de las movilizaciones en defensa de la independencia de la justicia, contra la pedofilia eclesiástica en Polonia, en defensa de los LGBT+ y de las personas discapacitadas. Hizo pública su homosexualiad.

    3/ En 2020 la población polaca se estima que asciende a 38 nillones de habitantes.

    4/ Traducido literalmente, el apellido del presidente del PiS hace referencia al pato (kaczka).

    5/ Cf.: https://www.youtube.com/watch?v=FQq6Mwv_jpw

    6/ El Tribunal Constitucional, que el gobierno del PiS reestructuró de arriba abajo en 2015 –reestructuración cuestionada por la Unión Europea- tiene poco que ver con una justicia independiente, incluso formalmente. Es ilegítimo, como su presidenta. De ahí que se sobre todo se le conozca como Tribunal de Przyłębska.

    7/ Lewica (la Gauche) es el nombre de una alianza política constituida por SLD (Alianza de la izquierda democrática, cuyo origen está en el Partido Obrero Unificado Polaco en el poder de 1944 a 1989), Wiosna (la Primavera, un partido de centro-izquierda fundado en 2019 por Robert Biedron, militante LGBT y periodista), Lewica Razem (Izquierda Unida, un partido a la izquierda del SLD fundado en 2015), el PPS (Partido Socialista Polaco que reivindica la tradición socialdemócrata) y varias otras pequeñas organizaciones políticas entre las que se encuentra, Iniciativa Feminista, así como un sindicato campesino y un sindicato estudiantil. Lewica se situó en la tercera posición en las elecciones de octubre de 2019, obteniendo 49 escaños (24 SLD, 19 Wiosna y 6 Lewica Razem), así como dos escaños en el senado (1 Wiosna y 1 PPS).

    8/ Platforma obywatelska (Plateforme civica) es el principal partido polaco fundado en 2011 a partir de sectores salidos de la Alianza electoral Solidaridad (AS) y de la Unión por la libertad (UW). PO fue el partido gubernamental de noviembre de 2007 a noviembre de 2015 y el presidencia de la república de 2010 a 2015, B. Kororowski, pertenecía al mismo. En las elecciones de 2019, la coalición entre el PO, iPL (Iniciativa polaca), el partido liberal Nowovzesna (Moderno) y el pequeño Partido Verde obtuvo 134 escaños en el parlamento (111 PO, 8 Nowoczesna, 4 iPL, 1 PV) y 40 en el senado. El PO forma parte del Partido Popular Europeo, presidido actualmente por su antiguo primer ministro Donald Tusk.

    9/  Los contratos basura no son verdaderos contratos de trabajo; son contratos mercantiles en función de tareas concretas; es decir, falsos autónomos. En polonia son más de 1.200.000 personas las que se trabajan bajo esta modalidad.

     

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    Democracia Socialista, Argentina

    Fuente: Democracia Socialista

    Teoría: Estrategia

    01/03/2016

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    P ese a ser un colectivo político joven, Democracia Socialista fue protagonista de varios debates en el seno de la izquierda. Esto responde, en parte, al tipo de actividad que nos propusimos. Consideramos que transitamos un periodo histórico que le exige a la izquierda revolucionaria encarar un proceso de rearme teórico y estratégico. Con esa tarea en mente, intentamos realizar una modesta contribución al debate local: formulando un balance autocritico de la «izquierda social» de la que provenimos, criticando los rasgos sectarios y dogmáticos que reconocemos en la izquierda política de nuestro país, traduciendo e introduciendo autorxs marxistas contemporáneos que se conocen poco y mal en nuestro medio (Ernest Mandel, Daniel Bensaïd, Michael Lowy, Antoine Artous, entre otrxs). Esta actividad teórica o ideológica se desarrolló en paralelo a nuestra actividad práctica, ya sea en diferentes trabajos de base o en la participación en las últimas elecciones. Nuestra actividad ha tenido una buena acogida por parte de colectivos militantes, activistas y referentes políticxs, tanto en nuestro país, como en el  exterior. Mayormente ha suscitado debates productivos y nos permitió estrechar vínculos militantes duraderos. Sin embargo – y como era de esperarse – hemos recibido también ataques y polémicas que nos obligan, antes que a un debate honesto,  a clarificar lo que pensamos, despejando malas interpretaciones y acusaciones abusivas. Como es habitual en el tipo de literatura sectaria, unx tiene que aclarar expresiones que se le atribuyen abusivamente o rechazar forzadas adjetivaciones. Así, por ejemplo, el PTS rechazó nuestras propuestas electorales (y las de Pueblo en Marcha) hacia el FIT afirmando su rechazo a frentes con corrientes frentepopulistas, reformistas, pequeñoburguesas o populistas[1], así como otrxs nos han acusado de reproducir los «argumentos del partido Comunista argentino en los 1970»[2],  o de adscribir a un reformismo «poulantziano» que pretende «mejorar el Estado» (!) y buscar una «vía pacífica» al socialismo[3]. Aprovechemos estos señalamientos críticos para clarificar nuestras opiniones sobre la estrategia socialista, el Estado y las tareas de la izquierda revolucionaria en el actual periodo histórico.

    Nuevo periodo histórico

    Nuestra orientación estratégica debe partir de la especificidad del período histórico que transitamos. Debemos constatar que el nuevo siglo es correlativo al fin de todo un ciclo histórico y político del movimiento obrero: la desarticulación del “campo socialista” constituyó el epílogo de una derrota de alcance histórico que sufrió la clase trabajadora en las últimas décadas del siglo XX. Este episodio cerró una etapa completa de la lucha de clases, aquella correspondiente a lo que lxs historiadorxs denominan “corto siglo XX” iniciado con la guerra mundial y la revolución de Octubre. Los grandes enunciados estratégicos de la tradición marxista datan del periodo de formación de este ciclo histórico,  anterior a la Primera Guerra Mundial: el «análisis del imperialismo (Hilferding, Bauer, Rosa Luxemburgo, Lenin, Parvus, Trotsky, Bujarin), de la cuestión nacional (Rosa Luxemburgo de nuevo, Lenin, Bauer, Ber Borokov, Pannekoek, Strasser), de las relaciones partidos-sindicatos y del parlamentarismo (Rosa Luxemburgo, Sorel, Jaurés, Nieuwenhuis, Lenin), de la estrategia y los caminos del poder (Bernstein, Kautsky, Rosa Luxemburgo, Lenin, Trotsky).»[4]

    A este periodo inicial, previo a la primera gran guerra, hay que agregar la etapa de tres décadas de guerras y revoluciones que se inicia con Octubre y culmina en la conquista del poder por la revolución china de 1948, la cual condensa lo que podemos denominar las dos hipótesis estratégicas del siglo XX, la huelga general insurreccional (el “modelo” ruso de 1917) y la guerra popular prolongada (el “modelo” chino de guerra de guerrillas y de dualidad territorial de poderes). Las experiencias posteriores pueden, en buena medida, ser analizadas a partir de estos dos parámetros – desde las luchas de guerrilla de los movimientos de liberación nacional hasta las insurrecciones urbanas. Ejemplos como los de las revoluciones cubana y nicaragüense, en 1959 y 1979, muestran que las dos hipótesis pueden combinarse.

    A su vez, la suerte de las experiencias revolucionarias pasadas obliga a volverse también sobre los peligros que afectan desde dentro a las aspiraciones emancipatorias. Extraer las lecciones del siglo XX, exige poner en primer plano algunas cuestiones subestimadas por lxs pionerxs del socialismo: los “peligros profesionales del poder”, la cuestión de la democracia y la importancia del pluralismo político; la autonomía de los movimientos sociales respecto al Estado y los partidos; la combinación de la ciudadanía social y la ciudadanía política.

    El mundo ha cambiado y mucho desde que escribieron y vivieron lxs clásicxs del socialismo (Marx, Engels, Lenin, Trotsky, etc.). Pretender que eso no afecte de modo decisivo nuestras coordenadas teóricas y estratégicas no es más que un gesto de dogmatismo teórico, conservadorismo político y  pereza intelectual.

    Orfandad estratégica

    Desde la entrada de lxs sandinistas a Managua, hace casi cuarenta años, que vivimos en un mundo sin triunfos revolucionarios. A su vez, nunca hemos presenciado revoluciones socialistas en democracias consolidadas o Estados «hegemónicos». Es evidente, en este punto, la necesidad de reconocer una cierta «orfandad estratégica». No tenemos por el momento una hipótesis revolucionaria equivalente a la huelga general insurreccional de Octubre o a la guerra popular de la Revolución China.

    Atravesamos entonces un nuevo periodo histórico que obliga a un trabajo de redefinición programática y estratégica. Esto no significa que haya que hacer tabula rasa con el pasado o que no haya lecciones duraderas de las experiencias revolucionarias del siglo XX. En particular, un punto común decisivo entre ayer y hoy sigue siendo la imposibilidad de fundar una estrategia de cuestionamiento del sistema capitalista en base a una estrategia parlamentaria. Las lecciones de todas las experiencias revolucionarias confirman la necesidad de destruir el aparato de represión de las clases dominantes. Y nosotrxs entendemos por ello al núcleo duro del Estado –ejército, policía, justicia, aparato administrativo central –, incluso en el caso de que esas instituciones pueden fragmentarse y dividirse bajo la presión de los acontecimientos revolucionarios (por ejemplo, con comités o consejos de soldados). Sin una movilización social revolucionaria que rompa la columna vertebral de la dominación capitalista –el Estado– y que substituya la propiedad capitalista por la apropiación pública y social, los mecanismos de producción y de reproducción del capital continuarán dominando.

    Este enfoque mantiene una de nuestras diferencias fundamentales con el reformismo. Una transformación radical de la sociedad no puede hacerse dentro del cuadro de las instituciones burguesas, manteniendo confianza en las elecciones parlamentarias por una acumulación radical de reformas y de conquistas de posiciones. No pensamos –a diferencia de ciertas tesis austro-marxistas, “eurocomunistas” o “reformistas de izquierda”– que se pueda conquistar el poder combinando simplemente “poder popular” y “conquista gradual de una mayoría electoral”. La toma del poder político necesita desembarazarse de las viejas instituciones y construir otras nuevas. Esto, a decir verdad, nos parece elemental y no nos parece necesario repetirlo a fin de cada párrafo.

    Esta estrategia no excluye la formación, en una cierta etapa, de «gobiernos de izquierda». Un gobierno en el marco de un Estado burgués no es necesariamente un gobierno de la burguesía. Por eso vale la pena valorar la hipótesis de que un «gobierno de izquierda», en el marco de un Estado capitalista, pueda cumplir un rol progresivo, llegando eventualmente a ser el inicio de rupturas más decisivas con el capitalismo. Esta idea, en rigor, no es ninguna novedad «posmoderna»: es la hipótesis que empezaron a valorar lxs revolucionarixs de los años veinte (en el 3er y 4to congreso de la Internacional Comunista), ante el reflujo del ciclo insurreccional de 1917-1921, y que Trotsky denominó como el posible «inicio parlamentario de la dictadura del proletariado». Esta hipótesis nos parece plausible, sobre todo en los países de lo que Gramsci denominaba «Occidente» (hoy día, casi todos los países capitalistas del mundo) donde «la existencia del Estado parlamentario constituye el cuadro formal de todos los otros mecanismos ideológicos de la clase dirigente», como escribe Perry Anderson.

    En ese sentido Ernest Mandel intentará perfilar una tipología de las revoluciones futuras, en las notas de su libro El capitalismo tardío: “La tipología futura de las revoluciones socialistas en los Estados fuertemente industrializados es muy probable que se parezca más a las crisis revolucionarias de España de los años 30, de Francia de 1936 y 1968, de Italia en 1948 y 1966-70, de Bélgica en 1960-61 que a las crisis de hundimiento tras la Primera Guerra Mundial”. Mandel distinguía las crisis de desfondamiento (posteriores a la guerra de 14 por ejemplo) y las crisis revolucionarias que se desarrollan con un debilitamiento más lento del Estado.

    Creemos que la noción de crisis revolucionaria, como momento inevitable en la lucha por el poder, sigue siendo un elemento clave; y ligado a esto, la noción de «doble poder» mantiene pertinencia a condición de no concebir la emergencia de este nuevo poder en pura exterioridad al existente. En efecto, así como no es realista pensar que la superación del capitalismo pueda evitar la confrontación violenta con el Estado existente, del mismo modo es implausible que las nuevas formas de poder que emerjan se desarrollen en total exterioridad en relación a las instituciones políticas del «estado parlamentario». Incluso la construcción de un nuevo Estado posterior a una ruptura revolucionaria, una democracia socialista autogestionaria, no supone una ruptura completa con los aspectos más avanzados de las instituciones representativas actualmente existente (y que fueron, más allá de sus límites, conquistas populares productos de movimientos de masas a los largo de la historia). Los derechos civiles, el Estado de derecho, el multipartidismo, las asambleas legislativas representativas (como la asamblea constituyente de la revolución rusa y de los debates entre Lenin y Rosa), son parte fundamental de un nuevo Estado que no puede simplemente empezar a disolverse en el «momento en que estatiza los medios de producción» ni puede reducirse a una gran asamblea de asambleas basadas en la «democracia directa».

    No podemos prever cómo serán las formas futuras de un proceso revolucionario. En la emergencia de nueva formas de poder popular, el acento prioritario debe, por supuesto, estar puesto sobre la movilización y la autoorganización. Esto, para nosotrxs, es elemental. Y si las corrientes sectarias fueran lectoras más atentas, podríamos evitar repetir lo obvio y enfocarnos en los problemas serios que afrontamos lxs revolucionarixs en el actual periodo. Pero esto no quita que haya disputas a dar al interior del Estado actualmente existente, lo que incluye la posibilidad de que un “gobierno de izquierda”, conquistado electoralmente, juegue un rol progresivo en la acumulación revolucionaria.

    Ante esta situación las lecciones de la historia son inapelables: cuando se forma un gobierno que es portador de las aspiraciones y las reivindicaciones del mundo del trabajo, no hay más que tres escenarios posibles: o bien este gobierno estimula la movilización social y se apoya sobre ella para asumir la prueba de fuerza inevitable con el capitalismo internacional y los órganos estatales de las clases dominantes; o bien es derribado por la reacción (como el gobierno de la Unidad Popular en Chile, en 1973); o bien se alinea con lo que es aceptable por el Capital y traiciona a aquellos a los que representa (como el gobierno de Syriza en Grecia).

    Todas las experiencias de radicalización social y política de las últimas décadas (la UP de Allende, la Revolución de los Claveles en Portugal, la Venezuela bolivariana, incluso la breve experiencia de Syriza antes de la capitulación) sugieren – de manera incompleta y aproximativa – los contornos de lo que puede ser una ruptura revolucionaria en el actual periodo histórico.

    El Estado como «campo estratégico de disputa»

    La idea de que la lucha revolucionaria incluye explotar las contradicciones internas del Estado capitalista suele asociarse al pensamiento de Nicos Poulantzas y a la estrategia que él denominó «vía democrática al socialismo». Esto exige alguna clarificaciones.

    Dice Poulantzas: “Una lucha interna dentro del Estado, no simplemente en el sentido de una lucha encerrada en el espacio físico del Estado, sino de una lucha situada en el terreno del campo estratégico que es el Estado, lucha que no trata de sustituir el Estado burgués por el Estado obrero a base de acumular reformas, de tomar uno a uno los aparatos del Estado burgués y conquistar así el poder, sino una lucha que es, si quieres, una lucha de resistencia, una lucha de acentuación de las contradicciones internas del Estado, de transformación profunda del Estado; Y al mismo tiempo, una lucha paralela, una lucha fuera de los aparatos y las instituciones, engendrando toda una serie de dispositivos, de redes, de poderes populares de base, de estructuras de democracia directa de base, lucha que, aquí también, no puede estar dirigida a la centralización de un contra-Estado del tipo de doble poder, sino que debe articularse con la primera” (Poulantzas, 1977).

    A pesar de ciertas lecturas apresuradas, la concepción de Poulantzas, más allá de ciertas limitaciones,  es irreductible a cualquier «vía pacífica» o exclusivamente electoral al socialismo. El autor griego (analizando los procesos de salida de las dictaduras de los países del sur de Europa, así como la experiencia de Allende en Chile) percibe la posibilidad de un acceso electoral al gobierno que preceda a los choques revolucionarios, no que los reemplace. Este es el caso, por ejemplo, de la UP chilena. Lejos de cualquier «vía pacífica», el acceso electoral al gobierno por parte de Allende fue el punto de inicio de dos años de golpes revolucionarios y contra-revolucionarios, que incluyeron la acumulación político-militar por parte de sectores de la izquierda revolucionaria que defendían el gobierno (como fue el caso del MIR). Hasta aquí nuestro acuerdo con el pensamiento y la propuesta estratégica de Nicos Poulantzas.

    Sin embargo, que no pueda ser reducido a un vulgar parlamentarismo no quita que la teorización de Poulantzas contiene algunas ambigüedades o limitaciones que lo exponen a subestimar la necesidad de una ruptura decisiva con el Estado capitalista. Una confrontación seria con el pensamiento de Poulantzas, uno de los puntos más altos de la teorización marxista del Estado, excede a las posibilidades de este texto. Establezcamos, sin embargo, algunas consideraciones que van directo a nuestros problemas estratégicos.

    Si es difícil imaginar procesos importantes de transformación sin rupturas significativas en el seno de las instituciones políticas actualmente existentes, esto no significa, como afirmamos más arriba, soslayar la polarización propia de la dinámica del doble poder. Éste último debe entenderse en el sentido general de batallas entre dos centros de decisión política bajo formas diversas, y no la simple oposición ente un poder popular, estructurado por la base y exterior al Estado, y el poder político-institucional. En el pensamiento de Poulantzas pareciera que la estrategia revolucionaria se bifurcara en dos líneas paralelas, que no se cruzan sino bajo la figura de la presión de uno sobre otro. «Lo que puede muy bien traducirse en la práctica en un compromiso entre el “abajo” y el “arriba”, o dicho de otro modo, por un vulgar lobby del primero sobre el segundo, que quedaría intacto«[5] (el subrayado es nuestro).

    Más en general, la conocida fórmula de Poulantzas sobre el Estado como «condensación material de relaciones de fuerza entre las clases y fracciones de clase» es un punto de ruptura con una visión instrumental del Estado. Pero a su vez corre el peligro de soslayar el lugar integrante del Estado mismo en estas relaciones de fuerza y el rol desigual, asimétrico, que las clases traban con él.  El carácter de clase del Estado capitalista, pone siempre un límite a las posiciones que pueden conquistarse a su interior. Poulantzas es consciente de esto pero cierta imprecisión de sus fórmulas y definiciones abre un terreno de ambigüedad al respecto.

    En términos estratégicos, esta comprensión del Estado nos lleva a que sea conveniente, tal vez, hablar de una “preparación democrática de la ruptura” antes que de una “ruptura democrática con el capitalismo”. La idea de preparación democrática de la ruptura socialista implica una discusión (esbozada más arriba) tanto con las estrategias puramente duales como con las ingenuamente institucionales. Frente a las estrategias puramente duales (que desconocen el rol del Estado en los procesos de acumulación de fuerzas de la clase trabajadora) vindicamos la necesidad de trabajar en el seno de la forma política estatal y la democracia representativa (sin relegar la tarea de construir, por fuera del Estado, órganos propios y prefigurativos de la clase), durante todo un largo período, que genere condiciones para una ruptura socialista. Esto de ninguna manera implica descartar la necesidad de choques insurreccionales o confrontaciones violentas con el núcleo del Estado burgués. Frente a las visiones ingenuamente institucionales, que desconocen la necesidad de la ruptura con el Estado capitalista y su aparato represivo, no vemos la posibilidad de construir el socialismo por una simple acumulación de reformas parlamentarias (ni siquiera si vienen combinadas con el “poder popular” organizado desde abajo). Si las estrategias puramente duales fracasan a la hora de medirse con Estados hegemónicos, con fuertes capacidades de integrar el conflicto de clases; las estrategias ingenuamente institucionales tienden a desconocer las limitaciones estructurales de los Estados capitalistas, que a mediano o largo plazo constriñen sus posibilidades de acción y fuerzan retrocesos, agotamientos y crisis.

    La construcción partidaria en la actualidad

    Hemos sostenido en otros trabajos la necesidad de afrontar un balance crítico de las formas organizativas heredadas de la «izquierda independiente» y la necesidad de recuperar en una clave democrática a la forma-partido[6]. Contra la proliferación de micro-caudillismos propia de la denominada «nueva izquierda», creemos que la recuperación de la forma partido no solo apunta a una mayor eficacia sino que también tiene un valor anti-burocrático. En otros trabajos hemos explicado nuestra interpretación de la teoría marxista del partido, donde señalamos la complementariedad entre la construcción de organizaciones de cuadrxs y la de partidos amplios, movimientos anticapitalistas o reagrupamientos que van más allá de la simple unidad de lxs revolucionarixs marxistas[7]. Retomemos aquí algunas precisiones.

    La historia del movimiento obrero pone en evidencia con claridad que los partidos revolucionarios de masas no son el producto de un proceso lineal de crecimiento gradual a partir de una pequeña liga de militantes marxistas. Los partidos revolucionarios solo surgen como consecuencia de puntos de ruptura y saltos cualitativos. Y en este punto las experiencias son heterogéneas.

    Hay casos en los que constituye un avance una confluencia de un espectro amplio de fuerzas sobre una base anticapitalista,  en torno a un programa que no sea totalmente marxista revolucionario. Este es el caso, por ejemplo, del PSOL en Brasil, el SSP en Escocia, el NPA francés en sus orígenes o el Bloco de Esquerdas en Portugal, para dar algunos ejemplos.

    Un segundo ejemplo posible son las experiencias de reagrupamiento dirigidos por sectores provenientes del «reformismo de izquierda», pero que no son la expresión de un aparato burocrático cristalizado (como en el caso de la vieja social-democracia, del estalinismo o de la burocracia sindical), sino que conquistan un peso de masas empujados por la rapidez de los acontecimientos, en una coyuntura de crisis social y política. Son los ejemplos de Syriza y Podemos. Esta falta de estructuración burocrática suscita un proceso organizativo (caótico,  militante, por abajo) que presiona sobre su dirección a la vez que le permite a las corrientes radicales ganar posiciones en su interior. Izquierda Anticapitalista (hoy movimiento Anticapitalistas, sección española de la Cuarta Internacional), tenía alrededor de 500 militantes al momento de lanzar Podemos junto al círculo de Pablo Iglesias. Hoy no solo creció cuantitativamente sino cualitativamente en una experiencia con pocos paralelos en la historia de la izquierda revolucionaria europea: dos años después esta corriente cuenta con varixs referentes populares con llegada de masas (Teresa Rodriguez, Miguel Urbán), ganaron la alcaldía de una capital de provincia (Cádiz), dirige regiones enteras de un partido de masas como Podemos (Andalucía, principalmente, pero mantiene un peso decisivo en otras comunidades, como Catalunya y Madrid, entre otras) y está en el centro de los procesos organizativos y en contacto permanente con miles de militantes que surgen a la lucha, consolidándose como una referencia política inevitable entre la vanguardia y las masas[8].

    Otra hipótesis para la construcción partidaria se abre cuando un sector importante de la izquierda de la burocracia sindical, con sólida inserción en la base, rompe con los partidos burgueses y se propone lanzar un nuevo partido, quizá con un programa explícitamente reformista. Colocada frente a esta situación, una organización revolucionaria tendría que considerar seriamente integrarse a ese partido desde el comienzo y dar una batalla por su orientación o por influenciar sectores relevantes del movimiento obrero. Esto es justamente lo que ocurrió, por ejemplo, en Brasil en los últimos años de la dictadura y lo que dio nacimiento al PT. Y esa es la razón por la cual, treinta años después, las corrientes revolucionarias que tienen un desarrollo serio en la realidad brasilera son las que participaron de la construcción del PT. El contraejemplo es el PCO, la corriente hermana del PO, que se distanció tempranamente de esa experiencia organizativa del movimiento obrero brasilero y nunca superó el estadio de un pequeño círculo de propaganda[9].

    Un cuarto ejemplo lo constituyen las «nuevas socialdemocracias» anglosajonas, como Corbyn y Bernie Sanders en Inglaterra y EEUU. Estos dos fenómenos muestran que los procesos de radicalización pueden adquirir formas y expresiones inesperadas frente a las que debemos mostrarnos sensibles.

    Esta tipología no pretende ser exhaustiva, sino mostrar la heterogeneidad de hipótesis y posibilidades de recomposición organizativa de la izquierda revolucionaria. La vocación de construcción en amplitud no va en desmedro de los acercamientos en el seno de la izquierda revolucionaria, siempre y cuando no sean un freno para las experiencias amplias de reagrupamiento, sino que se contemplen en el marco y en función de ellas.

    Esta apertura hacia el reagrupamiento no solo responde a conclusiones de método sobre las formas de «construir el partido», sino que depende, de manera crucial, de las circunstancias históricas que hoy enfrentamos. La etapa actual, pasada la contra-revolución neoliberal y su victoria ideológica contra lo que fue denominado “socialismo real”, es de profunda fragmentación de lxs socialistas y de lucha decidida por su reorganización, lo que significa disposición al diálogo y la búsqueda de recomposición por la vía de síntesis. Nuestra estrategia global es impulsar un proceso que evaluamos que será largo y complejo, de reconstrucción del movimiento socialista sobre bases revolucionarias – en nuestro país y en el mundo-, pasando por diversas e imprevisibles fusiones y síntesis de experiencias. La apertura para eso y las políticas de unidad de lxs anticapitalistas de diferentes niveles posibles (que es mucho más que el frente único) está en el centro de nuestra concepción estratégica.

    Que consideremos que en ciertas condiciones sea necesario intervenir en formaciones política en conjunto con sectores centristas o reformistas de izquierda no significa subestimar los peligros y limitaciones que afecta a este tipo de experiencias conjuntas. Poco ayuda a reconstruir la estrategia revolucionaria sobre una base no sectaria las idealizaciones o la subestimación de las dificultades (que son habituales en las corrientes oportunistas). Todos estos procesos están sometidos a marchar y contramarchas. Las claudicaciones, el transformismo de las direcciones reformistas, los procesos de burocratización inevitables, obligan a tener una evaluación equilibrada y rigurosa de estas experiencias[10]. Considerar que en ciertas circunstancias se debe intervenir en procesos o formaciones políticas que no estén del todo delimitados en términos de reforma/revolución, no significa que haya que participar en cualquier formación amplia ni que en ciertas circunstancias la delimitación y la diferenciación no sea una tarea crucial para lxs revolucionarixs. Esto es elemental. A partir de tener claro nuestra estrategia y nuestro programa, «podremos, frente a situaciones concretas y a aliados concretos, evaluar los acuerdos posibles, a riesgo de perder (un poco) en claridad si ganamos (mucho) en inserción social, en experiencia y en dinámica»[11].

    Por último, es importante aclarar la diferencia crucial entre la apertura a la unidad política en el marco de reagrupamientos amplios y lo que, en la tradición del trotskismo, se denomina «entrismo». Es habitual entre corrientes sectarias la identificación de una y otra cosa[12]. El término “entrismo” aparece en los años treinta a partir de lo que se denominó “giro francés” de 1934 cuando Trotsky propone a los pequeños grupos provenientes de la Oposición de Izquierdas que se incorporen a los partidos socialistas en los que emergían corrientes de izquierdas. Aunque este “entrismo” no tenía nada de clandestino y se hizo “con la bandera desplegada”, se trataba de una táctica de corto plazo, con un carácter exterior y conspirativo. No se proponía la construcción leal de un partido, lo que podría significar fortalecer sus alas izquierdas, dar una disputa por su dirección o postergan hacia momentos de confrontaciones decisivas las delimitaciones y rupturas. Se trataba de una táctica orientada a convencer a militantes de un partido de masas sobre la necesidad de romper con él y construir una organización independiente.[13] La táctica del entrismo a menudo se considera como el origen de las prácticas maniobreras que caracterizan a algunas organizaciones trotskistas.

    A diferencia de una táctica «entrista», nuestra propuesta se basa en la disposición leal a construir, con perspectivas de mediano y largo plazo, marcos de reagrupamientos con diferentes niveles de amplitud. De hecho, en un movimiento obrero medianamente democrático, la noción misma de “entrismo” no tiene lugar ni sentido. Antes de 1914 existían corrientes revolucionarias en las organizaciones reformistas, tal como fueron las alas izquierda de la socialdemocracia europea que luego conformarían la Tercera Internacional. Su combate estaba enfocado en el «gran día», y a nadie se le habría ocurrido entonces hablar de entrismo a ese respecto. Lo mismo puede decirse de la participación de Marx y sus seguidorxs en la Asociación Internacional de los Trabajadores, donde convivían una multiplicidad de grupos y corrientes (libertarios, sindicalistas, mutualistas, comunistas). Sería absurdo pensar que Marx intervino allí con el objeto de «llevarse al sector más progresivo» hacia una organización que se ajustara a sus propias ideas, aún si con el tiempo las delimitaciones y las rupturas fueran inevitables. Si bien el «entrismo» puede ser necesario, en contextos muy precisos, de clandestinidad o marginalidad por ejemplo, sin embargo está muy lejos del tipo de concepción de la construcción partidaria que intentamos desarrollar en este texto.

    Partido y organizaciones de base

    En un texto reciente[14], lxs compañerxs de Organización Política La Caldera realizan un juicio sumario sobre la construcción de partidos amplios o anticapitalistas. Resulta llamativo el contraste entre la rapidez, e incluso la superficialidad, con la que resuelven problemas políticos de magnitud, y el desarrollo extremadamente extensivo en términos de reconstrucción histórica.

    Lxs compañerxs cometen, a nuestro criterio, dos errores fundamentales en su concepción del «Partido de Masas con Libertad de Tendencias», que, pese a los parecidos superficiales con nuestra propuesta, lxs coloca en un campo sustantivamente diferente.

    Lxs compañerxs toman como referencia a los partidos comunistas de la Tercera Internacional previa a la estalinización. Es decir, aspiran a un partido de masas con dirección revolucionaria (¿quién no?). Pero el punto más relevante para la discusión no se ubica sobre este objetivo último – donde no se sitúa el centro de la polémica dentro de la izquierda marxista – sino en las tácticas y las políticas transicionales para la construcción de dicho instrumento político. Y en la amplia reconstrucción histórica en torno a los partidos comunistas de los años veinte, lo esencial se mantiene invisible ante los ojos de lxs compañerxs. Los partidos comunistas de los años veinte surgen como rupturas de las alas izquierda del socialismo europeo, que había entrado en una degeneración burocrática. Es decir, que la emergencia de estas direcciones revolucionarias que disputaban fracciones de masas es imposible de comprender si no se reconoce su pre-existencia como ala izquierda de «partidos amplios con delimitaciones estratégicas incompletas», tal  como fueron los partidos socialdemócratas de fines del siglo XIX y principios del XX. Pero este es precisamente el método para la construcción del partido que lxs compañerxs rechazan a lo largo del texto.  Un ejemplo clásico es el surgimiento del Partido Comunista Francés a partir de una división en el Partido Socialista en el congreso de Tours de 1920. O lxs mismxs bolcheviques, que solo pueden comprenderse sobre la base del trabajo común en el seno del POSDR, la socialdemocracia rusa. Los ejemplos pueden multiplicarse. Solo la combinación de un trabajo de décadas del socialismo europeo (que incluyó no solo la construcción de partidos obreros de masas, sino de una amplia cultura socialista que involucraba a millones de trabajadorxs), la degeneración burocrática que se puso en evidencia con la aprobación parlamentaria de los créditos de guerra en 1914 y la enorme fuerza propulsora que ejerció la revolución de Octubre ante la mirada de millones, es que pudieron surgir estos partidos revolucionarios de masas que lxs compañerxs quisieran reproducir.

    La otra gran confusión de esta propuesta es que fusiona partido de masas con organización de base. Lxs compañerxs, en términos organizativos, quieren estar a la vez en misa y en la procesión, sintetizando de manera inconsistente la concepción de partido de vanguardia con una serie de prejuicios espontaneístas o consejistas irreconciliables. Pretenden aunar el espontaneísmo desde abajo (una organización “del pueblo” y no de cuadrxs políticxs) con la exterioridad y artificialidad relativa del partido de cuadrxs. Esto lleva a la confusión entre organización de masas y de base. Toda organización política emancipatoria aspira a la masividad, la inserción en el movimiento social real y la compenetración con la vida cotidiana del pueblo. Sin embargo, eso no significa que el partido deba estar compuesto de órganos de base (sectoriales). Significa, en cambio, que lxs cuadrxs partidarixs deben insertarse en órganos de base para cumplir un rol de difusión ideológica, propulsión de la lucha y articulación política. En cambio, pretender construir un partido político que incluya instancias de base sectoriales propias (tal cosa parece ser lo que constituye al partido “de masas” para lxs compañerxs de OPLC) redunda sobre los formatos organizativos intermedios («movimientos populares», «coordinadoras de base»), visiblemente agotados en su capacidad de proyección y articulación política[15].

    Esta fusión entre las organizaciones de masas de lxs trabajadorxs y la organización política da lugar, de hecho, a la forma más brutal de lo que lxs compañerxs denominan «partido-movimiento», es decir un modelo organizativo «con características movimientistas: integra a militantes con diversos niveles de politización y formación a través de su vinculación con una dirigencia ‘natural’ dentro del partido; carece de una orgánica conscientemente apropiada por el conjunto de la militancia, lo que debilita la democracia interna;  y no tiene un programa definido que integre y oriente globalmente su actividad política y social». Si durante todo este texto se tiene la sensación de que esta propuesta solo «racionaliza» lo que ya existe, dicha impresión parece verificarse en esta descripción, que puede aplicarse, con distintos matices, a la actual dinámica metodológica y organizativa de las organizaciones y movimientos que intentan unificar lo social y lo político, sobre las cuales lxs compañerxs de OPLC pretenden construir un «partido de masas».

    En todo caso, sí existe un precedente de este tipo de «partido de masas» que fusiona la organización política con las organizaciones sectoriales o sindicales: no los PC de los años veinte, sino algunos partidos socialdemócratas previos, principalmente el Laborismo inglés. A diferencia de los partidos de la Internacional Comunista, que en sus tesis sobre la cuestión sindical establecían una diferencia irreductible entre la organización política y los sindicatos de masas, el Laborismo incluyó, a su interior, a los sindicatos como partes integrantes del partido. Este sería el verdadero precedente de la propuesta de la OPLC, con la diferencia elemental de que mientras el laborismo se estructuraba sobre los sindicatos de masas ingleses, que involucraban a millones de trabajadorxs, la OPLC intenta asentarse sobre algunas corrientes piqueteras de nuestro país.

    Esto tiene algunas conclusiones bien directas. Como bien señalan lxs compañerxs de Izquierda Revolucionaria en su respuesta al texto[16], la propuesta no converge con la concepción leninista de una organización política (que dice defender), puesto que se desdibuja la distinción fundamental entre el partido y la clase, que está a la base de la propuesta de Lenin para la conformación de un partido de vanguardia (Bensaïd, 1987, Astarita, 1996) y, más en general, de la vindicación revolucionaria del lugar específico de la política en la lucha de clases (este es el descubrimiento maquiaveliano de Lenin, su mayor aporte a la tradición revolucionaria). En el caso donde se fusiona la organización política y la de base, la alternativa es de hierro: o bien se despolitiza lo político y se obstaculiza el dinamismo que requiere una organización política (como en el caso de muchas organizaciones de la denominada izquierda independiente), o se dirige burocráticamente a la organización social, como sucede, para continuar con la referencia, en el Laborismo inglés, donde por sobre los sindicatos y los afiliados se monta un enorme aparato burocrático de lxs dirigentes del partido, poco sometido a controles democráticos.

    Reforma y revolución en la lucha de clases del siglo XXI

    Este debate sobre la construcción del partido, entendido como un proceso irreductible al simple crecimiento gradual de un pequeño grupo marxista, coloca en primer plano la posibilidad de participar de formaciones políticas que no estén completamente delimitadas en términos de reforma/revolución. Esto implica una ruptura profunda, razonada y práctica con el sectarismo. Lo que está en debate es la relación que lxs revolucionarixs deben trabar con corrientes centristas, oportunistas o no marxistas o, más en general, con el reformismo.

    Lo primero que hay que tener en cuenta es que el reformismo es un fenómeno más amplio que los partidos reformistas organizados (socialdemócratas, populistas, nacionalistas). El reformismo –en el sentido de un fenómeno político que pretende la mejora gradual del capitalismo en lugar de la transformación revolucionaria de la sociedad– emerge de las condiciones materiales mismas de la clase trabajadora. Las condiciones a las que la clase obrera está sometida en la sociedad burguesa (particularmente, la fragmentación y la pasividad que induce el modo de producción capitalista) llevan a lxs trabajadorxs, incluso a los sectores combativos, a una profunda inseguridad sobre su capacidad para tomar el control de la sociedad. Esta falta de confianza sólo puede quebrarse por medio de prolongadas batallas de clase y a través de la intervención decidida en ellas de lxs revolucionarixs de forma organizada. La superación del reformismo no es algo que sucede de manera automática ni por medio de cambios súbitos.

    La consecuencia de esto es que la diferenciación clásica entre reforma y revolución, surgida de los debates de Rosa Luxemburgo y Lenin previa a la ruptura de la II Internacional, mantiene su significación histórica e importancia crítica. Y, por lo tanto, sigue siendo una tarea estratégica fundamental para la izquierda revolucionaria ganar a la base obrera de los partidos socialdemócratas, nacionalistas o populistas. Un recurso clave para alcanzar este objetivo, surgido de los primeros congresos de la Internacional Comunista, es la táctica del Frente Único. La experiencia de la práctica común en la lucha, que pone a prueba a los diferentes sectores que intervienen en el movimiento obrero, es fundamental para ganar para una orientación revolucionaria a quienes hoy se mantienen influidos por el reformismo y sus organizaciones. A su vez, si la diferencia entre reformistas (que sólo quieren mejorar el orden establecido) y revolucionarixs (que quieren cambiarlo) no está pasada de moda, esto no quita que, sin embargo, su significado práctico merezca ser reexaminado. Es necesario comprender que la delimitación estratégica entre la reforma y la revolución no está grabada en mármol en los textos de una vez y para siempre. Ella se desplaza en función de las experiencias históricas. Depende de la lucha de clases, de la coyuntura nacional e internacional, de la formación social, de las relaciones de fuerza. La delimitación entre reformistas y revolucionarixs, entonces, es una frontera móvil, lo cual se demuestra en todas las experiencias revolucionarias del siglo XX.

    «La caracterización de una organización como revolucionaria, sobre la base de su programa y de su práctica, tiene sólo un valor provisional y sujeto a confirmación. Si el deber de lxs revolucionarixs es hacer la revolución, es sólo a través de la prueba de los hechos como se puede corroborar la línea de demarcación. Incluso las organizaciones con intenciones más revolucionarias tienen sus conservadurismos y sus vacilaciones; nunca escapamos completamente a la subordinación al orden dominante que queremos derrocar»[17]. Sin ir más lejos, lxs bolcheviques tenían, hasta abril de 1917, un programa de colaboración de clases con el gobierno provisional, basado en la tesis estratégica de la “dictadura democrática de obrerxs y campesinxs” que iba a dar lugar a una república capitalista. Del mismo modo, corrientes centristas o reformistas pueden exponerse a una radicalización a la izquierda (tal como sucedió paradigmáticamente en el proceso cubano,  y en menor medida en el venezolano). Ya Trotsky en el programa de transición se refería a la posibilidad de que direcciones «estalinistas o pequeño burguesas fueran más lejos de lo que querrían» en su ruptura con la burguesía. En resumen, es tan importante mantener el criterio de diferenciación entre reformistas y revolucionarixs, como ser conscientes de que la delimitación no puede fijarse a priori sobre criterios exclusivamente ideológicos o programáticos.

    Sobre las experiencias actuales: Grecia y Venezuela como pruebas para la izquierda revolucionaria

    Habiendo descripto brevemente nuestras concepciones sobre el periodo histórico, la estrategia socialista y el partido (en debate con las concepciones sectarias), vale la pena poner a prueba nuestras posiciones y confrontarlas con las experiencias más avanzadas de la lucha de clases actual.

    La experiencia reciente más decisiva para confrontar tesis estratégicas fue el corto primer gobierno de Syriza en Grecia. Aunque pueda parecer paradójico, quien definitivamente no verificó sus hipótesis en el caso de la claudicación de la dirección de Tsipras fueron las corrientes sectarias. Poco antes del acceso de Syriza al poder, un referente de OKDE y Antarsya afirmaba: «El apoyo a Syriza es algo inestable, no entusiasta, una táctica del “mal menor” a los ojos de la mayoría de sus seguidorxs. La conciencia social es líquida y son de esperar todavía saltos abruptos- este es el segundo pilar de nuestro enfoque«[18] (el subrayado es nuestro). Se aplica aquí un razonamiento prototípico de las corrientes sectarias: ante la defección de lxs reformistas, lxs revolucionarixs que mantuvieron una delimitación escrupulosa pueden capitalizar la nueva situación y empalmar con las masas, en el marco de una situación política inestable y de cambios bruscos (generalmente se tiene en mente los saltos abruptos que dieron lxs bolcheviques durante los sucesos de febrero-octubre del 17). Sin embargo, luego de la defección de la dirección de Tsipras, Antarsya es tanto o más impotente que antes, mientras que la reorganización de la oposición social y política al «tercer memorándum» es protagonizada por la ex Plataforma de Izquierda, que pudo capitalizar la intervención al interior de Syriza, heredar la mayor parte de sus estructuras y cuadrxs y dar nacimiento a un nuevo partido sobre bases programáticas y estratégicas superiores (la Unidad Popular). Construida solo un mes antes de las últimas elecciones, cuando el peso social del nuevo memorándum todavía no se había hecho sentir, y ante la negativa de Antarsya de acordar un frente electoral, la UP quedó a pocos miles de votos de superar el piso electoral y conquistar una bancada de aproximadamente diez diputadxs. Esta derrota parcial no niega la importancia estratégica que conlleva la construcción de lo que posiblemente sea un partido anticapitalista de masas en el seno de la que sigue siendo la lucha de clases más avanzada del continente europeo. El caso griego, contra lo que indica una mirada superficial, es un ejemplo patente de la posibilidad de reanudar los procesos organizativos sobre bases estratégicas y programáticas superiores, a partir de tener una conexión real y no sectaria con los procesos populares, evitando una actitud pasiva y abstencionista.

    El otro ejemplo que podemos tomar de referencia es la experiencia bolivariana en Venezuela. Allí se puede reconstruir (con cierta facilidad en términos analíticos), tres estrategias diferentes que fueron implementadas por la izquierda revolucionaria ante el chavismo. En primer lugar, podemos señalar un tipo de análisis del proceso bolivariano y una estrategia que se funda en una idealización acrítica de su dirección, a la que se caracteriza como socialista y revolucionaria (aunque en una transición lenta hacia el socialismo). La supervivencia de un capitalismo de Estado rentístico y el actual descalabro económico (que mucho tiene que ver con la ausencia de una ruptura definitiva con la burguesía) dejan poco margen para este tipo de expectativa desmesurada en la dirección chavista (sobre todo, luego de la muerte de Chávez). Una segunda interpretación, simétricamente inversa, es la que caracterizó a este proceso como un simple “nacionalismo burgués”. Recuperando la categoría marxista de “bonapartismo”, estas corrientes consideran que gobiernos como el venezolano tienen un sentido regresivo en el largo plazo, en la medida en que – a golpes de ciertas concesiones sociales – integran a las clases subalternas al Estado y al régimen social. El supuesto implícito es que las masas están dispuestas a ir más lejos en sus reivindicaciones, pero se encuentran transitoriamente bloqueadas por sus direcciones. El correlato práctico de esta posición consiste en embestir frontalmente contra el gobierno, tratando de emular, en condiciones muy diferentes, la posición de los bolcheviques frente al Gobierno de Kerensky (“ninguna concesión al Gobierno Provisional”). Ésta es la posición de las fuerzas del FIT sobre el proceso bolivariano y, en la misma Venezuela, esta política está representada por el PSL (Partido Socialismo y Libertad) encabezado por el dirigente sindical Orlando Chirino, corriente hermana de Izquierda Socialista en nuestro país[19].

    Contra el propagandismo sectario de esta posición, que les cerró la puerta de un proceso nacionalista progresivo y lxs terminó aislando de las masas, y la adaptación estratégica que instrumentaron otros sectores, nosotrxs nos identificamos con las corrientes revolucionarias que intervinieron al interior del proceso, identificando que con la «revolución bolivariana» se puso en movimiento un proceso social progresivo, que empujó la experiencia política de las masas y permitió una enorme acumulación social y política para las clases populares; pero que a la vez percibieron que era necesario mantener la autonomía organizativa y programática para apuntalar la movilización de masas independiente y prepararse para una ruptura decisiva con el Estado burgués (aún si la dirección no estaba dispuesta a hacerla). Si estos procesos no van hasta el final en su ruptura con la burguesía, inevitablemente sus gobiernos se empantanan o se convierten en rehenes de las instituciones burguesas. Haber sido parte activa de los mismos es lo que permite, cuando entran en un periodo de agotamiento, disputar a las masas pudiendo recoger sus banderas progresivas y construir nuevas alternativas. En el debate con las corrientes sectarias, los ejemplos de Grecia y Venezuela son útiles, a pesar (o en virtud) de sus dificultades y contramarchas.

    A estas experiencias pueden sumarse actualmente los procesos de masas, en coyunturas de crisis menos aguda y consecuentemente considerablemente más limitados y menos radicales, que están en curso con la candidatura de Bernie Sanders en EEUU o con la conquista de la dirección del Partido Laborista en el Reino Unido por parte de Jeremy Corbyn. Como venimos diciendo, nada exime a estos procesos de grandes limitaciones, contradicciones,  contramarchas o posibles degeneraciones. Pero es necesario percibir que, por el momento, se trata de procesos enormemente progresivos, que ponen en alerta a las clases dominantes y que presagian nuevas confrontaciones sociales y políticas. El caso de Sanders, que está haciendo una campaña política con referencias a «la revolución (política) de la clase trabajadora contra la clase millonaria» y el socialismo (democrático), está teniendo un impacto ideológico de largo alcance y que posiblemente abra una nueva página en la historia de la izquierda radical norteamericana. El caso de Corbyn es diferente, porque allí está en juego efectivamente la posibilidad de disputar el gobierno de una de las principales potencias capitalistas del mundo. Su candidatura, primero, y la conquista de la dirección política del laborismo luego, está poniendo en funcionamiento un movimiento de masas que puede servir de apoyo para una mayor radicalización política. Saludablemente, las principales corrientes de la izquierda revolucionaria británica (como el SWP o la Left Unity donde intervienen lxs militantes de la Cuarta Internacional) supieron apreciar el fenómeno y están siendo parte activa de los mismos.

    Los ejemplos podrían multiplicarse, ya hemos enumerado a varios: Podemos en el Estado español, el PSOL brasilero, el SSP escocés, la OPT mexicana, el HDP turco. Si uno recorre las prensas de las corrientes sectarias, podremos encontrar sin dificultad su oposición a todas estas experiencias, es decir, a todos los procesos progresivos que la izquierda revolucionaria está protagonizando en el periodo actual.

    ….

    Democracia Socialista se propone construir una organización política revolucionaria, marxista, internacionalista, ecosocialista, feminista y por la disidencia sexual . Una izquierda revolucionaria no sectaria, una organización política caracterizada por un marxismo no dogmático, por un anticapitalismo abierto, autogestionario. Es decir, un espacio político que no existe aun en nuestra cultura política, polarizada entre las corrientes populistas vinculadas al peronismo y el troskismo de tipo sectario.

    En la actual etapa, caracterizada por una avanzada generalizada de un gobierno derechista contra las clases populares, debemos poner en el centro de nuestra actividad amplias tácticas de frente único (sobre todo con los elementos combativos del kichnerismo). Esta táctica de unidad en la acción defensiva debe, a su vez, ir de la mano de la vocación de construir un campo político propio, diferenciado tanto del gobierno como de la oposición kirchnerista/peronista. Construir una alternativa política en nuestra actual etapa requiere explorar la posibilidad de empalmar con lo mejor de la militancia política que tuvo expectativas en el anterior gobierno, pero en el marco de un proyecto que supere los límites insalvables del kirchnerismo. Debemos construir una nueva representación política de las clases populares, un frente social y político de oposición al ajuste, que sea portador de un proyecto de ruptura con el capitalismo y sus instituciones.

    Como militantes revolucionarixs, consideramos «indigno ocultar nuestras ideas y propósitos». Sirva para tal fin esta clarificación teórica y estratégica con nuestrxs polemistas sectarixs.

    [1] Lizarrague, F., “El “Frente Único” como justificación para pelear candidaturas”. Disponible en: http://www.laizquierdadiario.com/El-Frente-Unico-como-justificacion-para-pelear-candidaturas

    [2] Astarita, R., “FIT, “chavismo de izquierda” y este blog”. Disponible en: https://rolandoastarita.wordpress.com/2015/08/08/fit-chavismo-de-izquierda-y-este-blog/

    [3]  Quiroga, M., “Venezuela en momentos decisivos: un balance sobre la experiencia del chavismo”. Disponible en: http://www.lacalderaop.com.ar/2016/02/venezuela-en-momentos-decisivos-un.html

    [4] Bensaïd, D. “Teoremas de la resistencia a los tiempos que corren”. Disponible en: http://danielbensaid.org/Teoremas-de-la-resistencia-a-los?lang=fr

    [5] Bensaïd, D., “El retorno de la cuestión político-estratégica”. Disponible en: http://www.democraciasocialista.org/?p=1981

    [6] Martín, F., “Hacia una reivindicación libertaria de la forma partido: Para una autocrítica de las formas organizativas de la nueva izquierda”. Disponible en: http://www.democraciasocialista.org/?p=5721

    [7] Mosquera, M. y Callegari, T., “Una crítica a las ‘dos almas’ de la teoría marxista del partido”. Disponible en: http://www.democraciasocialista.org/?p=3062

    [8] Otra experiencia basada en una dirección reformista, aunque con importantes particularidades dada la cuestión nacional y el carácter fuertemente represivo del Estado, es el HDP (Partido Democrático de los Pueblos) turco. Es relevante percibir cómo, en el contexto de un «estado fallido» sometido a una guerra civil, donde está en el centro del conflicto una organización político-militar – como es el PKK y la guerrilla kurda – que desarrolla una experiencia muy avanzada de auto-gobierno, aun en este caso la lucha electoral y el reagrupamiento cobran igualmente un rol central. EL HDP es una formación electoral amplia, antineoliberal, socialista democrática, que defiende los derechos de las minorías nacionales, dentro del cual intervienen, por ejemplo, elementos de la guerrilla kurda.

    [9] Una experiencia reciente, con puntos de contacto con esta hipótesis de construcción partidaria, es la de la OPT mexicana, convocada por el Sindicato de Electricistas. Pero allí no se trata de un sector de izquierda de la burocracia sindical, sino de una sección tradicionalmente combativa y anti-burocrática del movimiento obrero, que se coloca como referencia para la vanguardia y encabeza el proceso de conformación de un partido de trabajadores sobre bases anticapitalistas.

    [10]  Leandros Fischer, un analista de la experiencia de Syriza en Grecia, formula una buena descripción de algunas de las dificultades de los «partidos amplios» con direcciones reformistas de izquierda: «Los partidos reformistas de izquierda son organizaciones colectivas sofisticadas. Son instituciones con su propia vida interna. Las alas derechas de estos partidos son por lo general lo suficientemente inteligentes como para tomar el control de lo que los sociólogos llaman las “zonas de incertidumbre”, áreas sensibles de operación – la prensa del partido, distribución de fondos, alguna figura carismática en los medios, control sobre las camarillas parlamentarias, etc. Generalmente no tienen problemas con el hecho de que la izquierda se haga cargo de escribir los manifiestos del partido, de hacer el reclutamiento y de generar mitos de movilización para reforzar la identidad colectiva del partido. Incluso en tiempos de flujo en una sociedad como Grecia de 2010 en adelante, este arraigo estructural de los partidos reformistas de izquierda produce situaciones en las cuales la izquierda puede ser desplazada fácilmente si es necesario, chantajeando a los miembros indecisos con llamados abstractos a la “unidad” y haciendo aparecer a los disidentes como saboteadores.»

    [11] Bensaïd, D.,  “El retorno…”, op cit.

    [12]Astarita, R., «La tactica trotskista del entrismo», disponible en: https://rolandoastarita.wordpress.com/2014/11/22/la-tactica-trotskista-del-entrismo-1/ y Quiroga, M., op cit. Paradójicamente, el segundo texto, que más abajo analizaremos, rechaza una táctica entrista, pero propone una política hacia el proceso bolivariano que solo puede denominarse de tal modo. En primer lugar, el compañero formula una concepción formalista del entrismo, definiéndolo según si una fuerza se encuentra dentro o fuera de un partido legal. En segundo lugar, considerarse “parte de un proceso” (como propone el compañero como táctica para la Venezuela bolivariana) solo de manera cínica para interpelar a quienes forman parte del mismo, sin caracterizar sus rasgos progresivos ni identificar tareas para radicalizar o profundizarlo, es básicamente la definición política del entrismo.

    [13] Una segunda experiencia de entrismo fue la que se desarrolló, luego de la muerte de Trotsky, bajo la dirección de Pablo (Michel Raptis), donde se propuso una integración semi-clandestina a organizaciones burocráticas, incluyendo a los partidos comunistas estalinizados. La experiencia de este «entrismo sui generis», tal como fue denominado, es un caso diferente, pero aun menos pertinente para nuestro debate. Fue un «entrismo de largo plazo», pero a la vez clandestino, dada las características de las organizaciones en las que se pretendía intervenir (los partidos comunistas, entre otros, formados en un antri-trotskismo militante y autoritario).

    [14] OPLC, “Hacia la construcción de un Partido de Masas con Libertad de Tendencias”. Disponible en: http://www.lacalderaop.com.ar/2016/04/hacia-la-construccion-de-un-partido-de.html

    [15] A su vez, la propuesta de los compañeros no incluye ningún criterio general para determinar quiénes serían los militantes de la organización (¿cualquier persona que haga un trabajo de base con este Partido se convertiría automáticamente en militante del mismo?), ni si la centralización de la organización debería darse en términos políticos o en términos sectoriales en función del trabajo de base.

    [16] Izquierda Revolucionaria, “Organizarnos para la lucha, organizarnos para la revolución”, en Revista teórico política La Caldera n.º 1.

    [17]  Bensaïd, D., Crémieux, L., Duval, F. & Sabadó, F, “Carta de los camaradas de la LCR a Alex Callinicos (SWP)”. Disponible en: http://www.democraciasocialista.org/?p=5375

    [18] Manos Skoufoglou, «La intervención de la IV en Grecia». Disponible en: http://puntodevistainternacional.org/articulos-y-noticias/estrategia/264-conferencia-de-mannhein.html

    [19] En un texto reciente, lxs compañerxs de OPLC desarrollan una caracterización del proceso venezolano que se mantiene, aunque con ambigüedades, demasiado cerca de esta matriz de interpetación. Por un lado, plantean que “se sienten cercanos de las fuerzas que, planteándose dentro del “proceso bolivariano”, han buscado mantener una política de crítica al gobierno e independencia de clase”, formulación con la que podríamos acordar. Pero, por otro lado, no caracterizan que el proceso haya jugado un rol progresivo en la lucha de clases en Venezuela y se limitan a darle apoyos electorales tácticos, “especialmente en un sentido anti-golpista”, política que no se distingue, por ejemplo, de los llamados esporádicos del Partido Obrero a votar por Evo en 2005 en Bolivia o el apoyo parcial a Tsipras en 2015. En rigor, defender políticas de unidad anti-golpista no es más que el ABC de la política de lxs revolucionarixs marxistas ante cualquier gobierno democrático-burgués que se enfrenta a un peligro fascista, y es insuficiente para dar cuenta del rol positivo que cumplió el gobierno venezolano en su impacto sobre la experiencia política de las masas. Ver Quiroga, M., op cit.

     

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    Pandemia, capitalismo y crisis climática

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    Daniel Tanuro

    Miembro de la Izquierda Anticapitalista
    Autor de «Demasiado tarde para ser pesimista» ( Sylone-viento sur, 2020).

    Transcripción de la viodeoconferencia ofrecida por Daniel Tanuro realizada el 1/04/2020

    Teoría: Ecosocialismo

    14/04/2020

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Esta pandemia es un verdadero acontecimiento con A mayúscula, un acontecimiento histórico: habrá un antes y un después a escala mundial. No tanto por el número de víctimas, que aunque importante es muy inferior al de las víctimas de la gripe española después de la Primera Guerra Mundial (más de veinte millones de muertos). Hoy en día, afortunadamente, estamos muy lejos de ello. Lo que le da un significado histórico al acontecimiento es que la máquina capitalista de lucro casi se detuvo a nivel mundial, porque hay una cosita, que ni siquiera es un animal, que es un virus, apenas una forma de vida, que esta perturbando toda la maquinaria y amenazando la salud de la gente. Por ello tenemos que proteger la vida, tenemos que proteger a las personas enfermas, tenemos que cuidarlas, y también tenemos que proteger a los trabajadores y trabajadoras.

    Esta crisis, muy, muy grave, se produce en un contexto particular: en un momento en que el capitalismo había comenzado una recesión. Esta recesión se inició en 2019, y la pandemia la está amplificando de manera absolutamente extraordinaria. Una cuestión importante es que esta situación cambia el enfoque mediático y político: ¿de qué se habla generalmente? Oímos hablar del crecimiento del PIB, de la balanza de pagos, de la inflación, de los tipos de cambio, de las tasas de interés y así sucesivamente. Todos ellos, indicadores abstractos de la acumulación del beneficio capitalista, de la acumulación de valor abstracto… Y ahora, con esta pandemia, el enfoque cambia totalmente: la atención política y mediática está totalmente centrada en el trabajo de las enfermeras, en el exceso de su carga de trabajo, en las personas enfermas que mueren, en las que se recuperan, en el trabajo de los recogedores de basura o del personal de los supermercados, el destino de la gente confinada, de la no confinada, etc. En resumen, en tiempos normales se nos habla de la abstracción de la no-vida y ahora en esta epidemia se nos habla de la vida y la muerte, es decir, de los seres vivos. Hay un cambio muy importante en la atmósfera ideológica general; volveremos sobre ello.

    II

    Esta epidemia no nos retrotrae a las epidemias de la antigüedad, no es un regreso a la peste negra de la Edad Media, por citar una, es algo muy diferente. Desde hace varias décadas se han multiplicado los virus de un tipo particular. Hemos conocido el SIDA, el ébola, el zika, la fiebre porcina, la gripe aviar, el chikungunya, el SARS-1 en 2002, ahora el SARS-COV2; todos estos virus tienen la peculiaridad de que nacen en entornos naturales fuera de control, agredidos, o en granjas industriales. Esto es lo que llamamos zoonosis, lo que significa que el virus que vive en los animales salta la barrera de las especies y contamina el homo sapiens. Por lo tanto, en comparación con las del pasado, para esta pandemia existe un origen completamente nuevo y específico. El virus en sí mismo es un producto de las contradicciones del capitalismo. La forma en que se propaga la epidemia también es peculiar: a diferencia de las epidemias del pasado, que nunca fueron mundiales, sino continentales, esta epidemia se está propagando rápidamente gracias a los modernos medios de comunicación, en particular el transporte aéreo, y lo hace más rápido aún porque la humanidad está concentrada en grandes ciudades, megalópolis, como la de Wuhan, que es una ciudad con 11,8 millones de habitantes.

    Estos dos factores, el origen particular del virus y la rapidez con la que se propaga, significan que no estamos ante un virus arcaico, ante una epidemia arcaica; al contrario, para usar el término de Bruno Latour, estamos ante una epidemia moderna, una epidemia antropocena.

    III

    No estamos sólo ante una crisis sanitaria. Evidentemente, la crisis sanitaria es fuerte y muy importante, pero la misma forma parte de una crisis ecológica y social mucha más amplia. De hecho, la crisis del Covid 19 es la primera crisis global -social, ecológica y económica- del Antropoceno.

    Hay científicos que en los últimos años, a principios de la década de los 2000, comenzaron a estudiar lo que se llama la gran aceleración y el cambio global e identificaron los parámetros de la sostenibilidad de la existencia humana en esta tierra: 1) el cambio climático; 2) la disminución de la diversidad biológica; 3) los recursos de agua dulce; 4) la contaminación química; 5) la contaminación atmosférica por partículas finas; 6) el estado de la capa de ozono; 7) el estado de los ciclos del nitrógeno y el fósforo; 8) la acidificación de los océanos; 9) la capa de ozono. En su informe, presentado en 2015, estos científicos llegaron a la conclusión de que se había superado el límite máximo de sostenibilidad en relación con cuatro de estos parámetros: el clima, la biodiversidad, el nitrógeno y los suelos. Para utilizar el lenguaje bíblico, podríamos decir que estos cuatro parámetros son los cuatro jinetes del apocalipsis antropocénico y la pandemia que estamos viviendo actualmente nos envía un mensaje, nos dice que a este cuarteto de jinetes se le une un quinto, que hoy en día es el riesgo de una epidemia.

    IV

    Este riesgo epidémico no cae del cielo, es una amenaza conocida. Hoy tenemos la suerte de beneficiarnos de un progreso científico absolutamente extraordinario, con magníficas capacidades de anticipación. Los científicos ya nos advirtieron del riesgo, no sólo de una epidemia en general, sino muy específicamente de una epidemia de este tipo. Después de la epidemia de SARS en 2002, que ya era un coronavirus, una serie de científicos llegaron a esa conclusión, que se tradujo en informes oficiales, entre ellos dos informes a la Asamblea Nacional de Francia (2005 y 2009), en los que se señalaba la alta probabilidad de que se produjera una nueva epidemia como el SARS, causada por una zoonosis, un virus que salta la barrera de las especies, que es de origen animal y que se propaga dentro de la especie homo sapiens. La propia OMS, en fecha tan reciente como 2018, estaba compilando una lista de amenazas para la salud en todo el mundo con una serie de patógenos conocidos, en los que había insertado la enfermedad X, porque la OMS consideraba probable que surgiera un patógeno desconocido que podría causar una epidemia con consecuencias muy graves, una perturbación completa de la sociedad en todo el mundo, y la OMS consideraba probable que, de nuevo, este patógeno fuera del tipo de los coronavirus.

    Así que, al igual que en relación al cambio climático, estamos en un escenario conocido, donde los científicos vienen dando la voz alarma desde hace más de cincuenta años, diciendo que si continuamos enviando gases de efecto invernadero a la atmósfera, vamos a desequilibrar completamente el sistema climático y podría tener consecuencias absolutamente dramáticas. Una vez más, los gobiernos lo ignoran por completo. Como sabemos, las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando, salvo que ahora, con la pandemia, se han reducido sustancialmente.

    El colmo del absurdo, o la ceguera de los responsables políticos, es que con respecto a la pandemia, en 2003, investigadores belgas y franceses llegaron a la conclusión de que los coronavirus son una categoría de virus muy estables y que, por tanto, sería posible encontrar con bastante facilidad un tratamiento que fuera válido no sólo para el SARS-1, sino también para otros coranovirus que vendrían después. Estimaron el costo de esta investigación en 200 o 300 millones de euros. Obviamente necesitaban subvenciones públicas. No las obtuvieron.

    Los gobiernos consideran que la investigación sobre los medicamentos pertenece a la industria farmacéutica. Y la industria farmacéutica no investiga por el bien de la humanidad o la salud pública, sino con fines de lucro. Por lo tanto, necesita un mercado y clientes solventes. Como la epidemia del SARS había terminado, ya no había mercado, ni clientes, así que la investigación no se realizó. Esto ilustra la naturaleza de la actitud política de quienes toman las decisiones y de los líderes económicos ante las grandes amenazas ecológicas de las que ahora forma parte la pandemia, su incapacidad para tener en cuenta lo que se conoce y las advertencias que se les hacen.

    Esta sordera o ceguera se debe principalmente al hecho de que las y los responsables políticos están completamente subordinados al dictado imperativo del beneficio capitalista a corto plazo, y por lo tanto no ven más allá de sus narices. En segundo lugar, hay una razón más ideológica: están intoxicados por la ideología del capitalismo, la ideología neoliberal. Consideran que las leyes del mercado son más fuertes que las leyes de la biología para el virus o las leyes de la física para el cambio climático. Consideran que las leyes de su sistema económico son leyes naturales superiores y que el mercado arreglará todo si algo sale mal. Ahora más que nunca, vemos que el mercado no lo resuelve todo: si vamos a pedir máscaras a China para proteger a los cuidadores de nuestro país pero China está bloqueada por la pandemia, no hay más máscaras y no estamos protegiendo a las cuidadoras y cuidadores, ni a la ciudadanía. Tan simple como eso.

    V

    La gestión de la pandemia. Todos los políticos de hoy en día se ven obligados a gestionarla, incluso aquellos que no pensaban que tenían que hacerlo, como Trump, Johnson o Rutte, que querían dejar que el virus se propagara y la comunidad se volviera inmune. Incluso esas personas se ven obligadas a retroceder apresuradamente. No hacer nada, como defendieron al principio, no sólo será más costoso para el sistema capitalista, sino que tendrá un coste muy caro en términos electorales, y para Trump, por ejemplo, esto no es pecata minuta, ni mucho menos. Así que todos nos dicen lo mismo: que es una cuestión de bien común y que todo el mundo debe unirse tras los ilustrados líderes para luchar contra el virus. Por supuesto, tenemos que respetar las instrucciones de seguridad: permanecer confinados, respetar la distancia física (en lugar de la social)… No hacerlo sería irresponsable, pero respetar las instrucciones de seguridad no significa someterse a la lógica política que hay detrás de ellas. Esa lógica es una lógica de clase, de capitalismo puro. La primera prioridad de esa lógica es minimizar el impacto de la pandemia en el sector productivo, donde se obtiene el beneficio, que es el corazón de la economía capitalista y por eso se envía a los trabajadores y trabajadoras a trabajar en sectores que no son esenciales.

    La segunda prioridad en esa gestión de la pandemia es no cuestionar la política antisocial, los planes de austeridad que se han impuesto hasta ahora, especialmente en el sector de la asistencia [sanitaria], de ahí el exceso de carga de trabajo de todos los trabajadores y trabajadoras de estos sectores. Obviamente la condición para que esta ecuación sea equilibrada es cesar todas las actividades sociales, o culturales o personales que no entren en esas categorías; de ahí el encierro y el confinamiento.

    También existe una preocupación política que se suma a estas consideraciones: todos (o la mayoría) de los gobiernos se enfrentan a una terrible crisis de legitimidad, la gente ya no cree en ellos y quiere un cambio. La pandemia ofrece una oportunidad para que los líderes se presenten como señores de la guerra, como lo hace Macron en la televisión; con el pretexto de luchar contra la pandemia se están implementando fuertes mecanismos de autoridad. Un caso de libro de texto es el de Orban en Hungría, que se ha erigido en dictador para la gestión de la epidemia. Estamos en la lógica descrita por Michel Foucault: la biopolítica unida a la «vigilancia y el castigo». Esta es una advertencia seria, porque la pandemia es grave, pero no es comparable con el impacto del cambio climático si se produce un cambio hacia un cataclismo climático con un aumento del nivel del mar de 2 o 3 metros.

    La gestión de la pandemia nos da una imagen de lo que podría ser la gestión capitalista de tal situación, que evidentemente no verán venir y que estarán obligados a gestionar. Volverán a priorizar los mismos tipos de medidas: prioridad a la producción, pondrán las libertades, la vida social, la vida cultural en cuarentena y, en nombre de la lucha contra la epidemia, se otorgarán poderes especiales y crearán un Estado fuerte.

    VI

    Obviamente, el objetivo estratégico de la gestión sanitaria [para los poderes actuales] es relanzar la máquina capitalista, que por el momento está completamente averiada a causa de la pandemia. La situación va a conducir a una crisis económica de gran escala, peor que la crisis financiera de 2007-2008. Hoy en día, para hacer frente a la situación, los gobiernos tienen que dejar de lado sus políticas neoliberales: la Unión Europea ha congelado el pacto de estabilidad presupuestaria y sus objetivos de deuda cero/déficit cero. Están obligados a ir más lejos, están obligados a cuestionar no sólo un cierto número de dogmas neoliberales sino también un cierto número de reglas capitalistas, por ejemplo la sacrosanta libertad de empresa: se habla de nacionalizaciones y expropiaciones. En otras palabras, debemos salvar el capitalismo puesto en peligro por el capital. Esto no significa de ninguna manera que ya haya una ruptura con el neoliberalismo y mucho menos con el capitalismo. Por el contrario, significa que se está preparando una ofensiva social a gran escala ante la cual las clases trabajadoras deben estar preparase para responder.

    Voy a ceñirme aquí al impacto ecológico de un renacimiento de la economía capitalista. Este impacto es muy peligroso. François Gemenne (miembro del IPCC, coautor del Atlas del Antropoceno) no se equivoca al afirmar que la crisis del coronavirus es una catástrofe climática. Porque el discurso que vamos a escuchar es el de dar prioridad a la economía, a la recuperación, utilizando el empleo como pretexto. A partir de esa lógica, para reactivar la economía se planteará descender los objetivos climáticos, relajar las regulaciones ambientales que son demasiado rígidas, y así sucesivamente. Pero François Gemenne tampoco tiene razón: todo esto no se debe al Coronavirus; por el contrario, esta crisis demuestra hoy que podríamos reducir radicalmente las emisiones de CO2 en torno a un 7%/anual si produjéramos y transportáramos menos mercancías en el planeta. El peligro no proviene de la crisis del coronavirus sino de la respuesta capitalista a esta crisis del coronavirus, y es tanto más grande cuanto que la crisis del coronavirus está siendo utilizada como pretexto o cortina de humo para responder a una crisis económica que comenzó antes de la pandemia.

    Tenemos que estar preparados para un ataque muy duro, porque van a poner en la balanza, como suele ocurrir en el capitalismo, el empleo por un lado y la defensa del medio ambiente por otro. Sin embargo, hay una contradicción muy importante en esta voluntad de ir a la ofensiva: es que el deseo de relanzamiento y de dar prioridad al capital y a su rentabilidad va en contra del sentimiento de la gente, que piensa que hemos ido demasiado lejos con la economía, con el beneficio, que nos hemos olvidado de lo social, de la salud y de la atención a las personas. Esta contradicción es un gran obstáculo para la ofensiva capitalista que quieren llevar a cabo los gobiernos. Porque a la luz de la crisis de la pandemia, los cuidados tienen un contenido muy concreto. Se trata de evitar otras pandemias que podrían ser más graves y que tendrían el mismo origen en la destrucción de los ecosistemas.

    La conclusión es obvia: si queremos evitar otras pandemias, tenemos que abandonar la agroindustria, la agricultura industrial, tenemos que detener la deforestación, necesitamos una reforma urbanística a largo plazo que deconstruya todas estas megalópolis y construya ciudades más interconectadas con entornos naturales o seminaturales. Para combatir las pandemias, necesitamos sobre todo agua limpia, a la que no tienen acceso cientos de millones de personas. El agua debe ser pública y no debe utilizarse para regar las plantaciones agroindustriales. Del mismo modo, si queremos establecer sistemas de salud robustos, capaces de hacer frente a las nuevas pandemias del antropoceno, deben ser radicalmente refinanciados. Para ello, hay que hacer pagar a los accionistas y cancelar la deuda de los países del Sur. Cuarenta y seis países gastan más dinero en pagar los intereses de la deuda que en atención sanitaria. La cancelación de la deuda es una condición sine qua non para luchar contra las pandemias.

    También está el cambio climático en sí mismo: sabemos que, probablemente, el derretimiento del permafrost liberará antiguos virus o bacterias que se propagarán a través de los trabajadores de las minas de estas zonas. Por eso es absolutamente necesario respetar el objetivo fijado en París de un calentamiento máximo de 1,5°C, y, por lo tanto, socializar la energía y las finanzas.

    En resumen, se trata de tirar del hilo de los cuidados -un tema desarrollado por las (eco)feministas- para desentrañar todos los objetivos anticapitalistas. Se trata de reformular la alternativa ecosocialista a partir de este punto de vista: partir del gran cambio que supone el que hoy en día la conclusión que la gente extrae de la crisis es que se necesita dar una prioridad mucho mayor a la salud, el bienestar y el cuidado, y que para ello hay que poner los medios. Esto representa un importante punto de inflexión estratégico, porque durante décadas los ecosocialistas se han enfrentado a un problema: que la lucha ecológica, aunque social a largo plazo, parecía estar en contradicción con el bienestar social a corto plazo. Ahora, con este gran cambio, con la irrupción de los cuidados, los dos temas se superponen, lo social y lo ecológico coinciden, liderar la lucha social es liderar una lucha ecológica.

    Es este punto de inflexión el que debemos tratar de aprovechar y cuya oportunidad debemos ver. Tiene consecuencias inmediatas y tenemos que empezar esta lucha desde ahora, luchando contra este sistema y contra proyectos productivistas como el 5G, luchando para que la salud salga definitivamente del mercado, sea refinanciada y para que la industria farmacéutica sea confiscada, para que los bancos sean socializados, etc.

    *Transcripción de la viodeoconferencia ofrecida por Daniel Tanuro realizada el 1/04/2020:

    https://www.facebook.com/gaucheanticapitaliste/videos/530976537793375/UzpfSTEwMDAwMTYzMDk0MDAwMjoyOTE1NjgzNDkxODI5MzIw/

     

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