Autor: Pablo Defendini

  • El «sorprendente» resultado electoral plantea nuevos retos a la izquierda en Colombia

    El «sorprendente» resultado electoral plantea nuevos retos a la izquierda en Colombia

    por Ana Cristina Carvalhaes

    Bogotá – Después de apoyar al candidato a la sucesión de Gustavo Petro, la mayoría de los latinoamericanos de izquierda y demócratas no debe haberse sorprendido precisamente por el ascenso meteórico, en las últimas semanas de la campaña presidencial, de un candidato al estilo Milei en Colombia. El abogado libertario Abelardo de Espriella creció vertiginosamente y llegó a la segunda vuelta por delante de Iván Cepeda, el profesor universitario de filosofía, comedido y meticuloso, defensor de los derechos humanos, elegido por el Pacto Histórico de Petro para un segundo mandato del progresismo local. Abelardo, apodado El Tigre, obtuvo el 43,72 % de los votos frente al 40,92 % de Cepeda (una diferencia de 600 000 votos).  Paloma Valencia, aristócrata, nieta de un expresidente y seguidora de Uribe, obtuvo el 6,9 %, frente al 15 % que indicaban las primeras encuestas; es decir, el CD fue arrollado por el tanque de El Tigre.

    Al fin y al cabo, ni Colombia ni ningún otro de los 35 países de América Latina y el Caribe son inmunes a la ola de la extrema derecha neofascista internacional. Aunque la historia del país demuestre que existe un espacio político real para la derecha, ocupado hasta ayer por el Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe (que nunca tuvo nada de centroderecha), la hazaña de Abelardo se explica por el nuevo momento regional y global. El Tigre ganó gran apoyo de las fracciones burguesas-oligárquicas (agroindustria, mercado financiero, gran comercio y plataformas) que sustituyeron rápidamente a la candidata del CD, Paloma Valencia, por Espriella como su favorito. Al “Milei colombiano” le ayudaron por supuesto el apoyo de Trump y de toda la ultraderecha en el poder en la región; los torrentes de noticias falsas —en gran parte originadas en EE. UU. y en el Estado español —; mentiras descaradas sobre Petro y Cepeda y sus vínculos con la guerrilla y la criminalidad, en un país donde la regulación de las redes sociales es casi inexistente. Completan la tormenta perfecta de Abelardo la contratación de una empresa de marketing político que es la misma que trabajó para Pablo Marçal, el coach misógino que casi se eligió alcalde de São paulo el 2024, y la manipulación planificada del (por lo menos) frágil sistema electoral colombiano.

    Para comprender la gravedad de la guerra de versiones y mentiras en Colombia, hay que recordar que el país vivió seis décadas de guerra civil , con 450 mil muertos, 121 mil desaparecidos y 7,7 millones de desplazados internos, innumerables atentados con bombas en ciudades, contra autoridades y civiles, secuestros y asesinatos de políticos. En 2016 se firmó un acuerdo entre el gobierno y las FARC para el desarme y la reinserción de los guerrilleros en la vida civil. El gobierno de Petro y el Pacto Histórico defienden la política de la «Paz Total», con la que buscan el diálogo con la guerrilla remanente, el ENL, e incluso con grupos armados criminales que quieran deponer las armas. A esta política se opone con uñas y dientes la derecha tradicional del CD, el sector agrícola y la clase media urbana. Espriella supo manipular a estos sectores, acusando a Petro y Cepeda de ser guerrilleros sanguinarios, marginales y amigos de los narcotraficantes, además de decir a electores de Valencia que ella ser´[ia la extremista de derecha. 

    Un sistema electoral semiprivado

    El sistema electoral colombiano se sustenta en un trípode. No hay una Justicia Electoral, sino un Consejo Nacional Electoral compuesto por nueve miembros designados por el parlamento, con cuotas que se llenan mediante complicadas matemáticas, lo que le da siempre la mayoría en el CNE a quien tiene mayoría en el Legislativo. El CNE está vinculado a una «Registraduría», que funciona como una gran oficina del registro civil y electoral: solo vota quien está registrado. La forma de contabilizar los votos constituye la tercera y más cuestionable de las patas del trípode: el recuento de las cerca de 120 mil urnas se realiza manualmente, urna por urna, con derecho a la presencia de fiscales de los partidos. Pero, a partir del momento en que los resultados de las urnas deben procesarse por distrito, departamento y a nivel nacional, quien realiza el recuento es una empresa privada colombiana de seguridad, Thomas Greg & Sons (sic), que no divulga el código fuente del recuento, por lo que no permite su verificación.

    No es de extrañar, por lo tanto, que Gustavo Petro cuestionara los resultados ese mismo 31 de mayo y que vaya a presentar una denuncia por irregularidades esta noche, martes 2 de junio. Ante las noticias de cooptación, por parte de Espriella, de funcionarios de la empresa, de la Registraduría (además de miembros de la policía y las Fuerzas Armadas). Según las publicaciones del presidente, habría 800 mil votos sin comprobación del candidato neofascista. Cepeda y la coordinación de campaña, sin embargo, decidieron el lunes 1º de junio avalar el resultado, para no llevar el proceso a la parálisis, según explicaron dirigentes del Pacto. La dualidad política, que puede ser una disonancia entre Petro y Cepeda o una división de tareas a propósito, mantiene en suspenso el panorama de la segunda vuelta.

    Un progresismo joven, con base de lucha

    A pesar de la sorpresa (ya que la campaña de Cepeda hablaba de ganar en la primera vuelta), el Pacto Histórico y sus aliados de la Alianza por la Vida (véase más abajo la composición) registraron el mejor resultado electoral de la izquierda en la historia de Colombia, un porcentaje mayor que el de Gustavo Petro en 2022 (figura 1). La fuerza de esta coalición de agrupaciones y figuras de izquierda, centroizquierda y movimientos sociales se explica por haber cobrado impulso y avanzado hacia la unidad debido a la presión de los levantamientos sociales de 2019 y 2021 , cuando el país, en paralelo con el estallido chileno, se rebeló contra las políticas fiscales de ajuste del gobierno de Iván Duque (CD), su gestión equivocada de los acuerdos de paz con las guerrillas de las FARC y el ELN, contra los asesinatos de líderes sociales y contra la represión de quienes protestaban. El movimiento resistió a la pandemia y continuó tras el confinamiento, fortaleciendo a figuras y organizaciones políticas identificadas con los manifestantes.

    Gustavo Petro, líder de Colombia Humana, una de las fuerzas constituyentes del Pacto Histórico, ganó las elecciones presidenciales en esa ola y marcó su gobierno, como todo progresismo, por la acción estrictamente constitucional —es decir, en el marco del régimen democrático-burgués— al mismo tiempo que se diferenció, respecto a los gobiernos homólogos de Lula, Boric y el Frente Amplio uruguayo, de convocar a la movilización popular para la aprobación de agendas consideradas centrales. Este fue el caso del aumento del 23 % en el salario mínimo para finales de 2025. 

    A pesar de los avances en el terreno social, Petro gobernó con una minoría parlamentaria, a la que sorteó en gran medida distribuyendo partes importantes del presupuesto nacional a través de proyectos presentados por las Juntas Vecinales y sus federaciones regionales (para leer sobre el asociacionismo colombiano, véanse los artículos-reportaje del historiador Tamis Parrón ). La campaña de Cepeda, por su parte, decidió apostar por esta tradición asociativa, por una campaña programática propositiva (sin centrarse en atacar a los adversarios), por la movilización desde la base y por la idea de la victoria en la primera vuelta (opción discutible). 

    Queda la impresión, compartida por observadores internacionales de partidos de izquierda de todas las tendencias, de que la campaña le dio una importancia inferior a la necesaria a las redes sociales y a las altísimas posibilidades de uso agresivo y generalizado de noticias falsas y desinformación, la mayor parte generada fuera del país en un contexto continental de la Doctrina Monroe y el «escudo Trump». En la campaña faltó un polo de defensa mediática del candidato y del programa de la alianza contra las falsedades de Espriella —algo perfectamente posible incluso con el apoyo de científicos y activistas digitales de toda la región—. Dentro del pacto hay muchas quejas, incluso de dirigentes, sobre la falta de abogados y observadores en las 120 mil urnas.

    El Pacto Histórico se convierte en partido

    En diciembre de 2024, el Pacto decidió registrarse como partido político y obtuvo la legalización a mediados de 2025, con la unificación de las personas jurídicas del Polo Democrático Alternativo (de Cepeda) de la Unión Patriótica-Partido Comunista y de Colombia Humana (de Petro  y de la senadora Gloria Flores). También forman parte del Pacto la corriente surgida dentro de la Organización Nacional de Indígenas de Colombia (ONIC), antes llamada Movimiento Alternativo Indígena y Social (MAIS), la Unidad Democrática (ecosocialista), el Partido del Trabajo de Colombia (maoísta) y Todos Somos Colombia (miembro de la Internacional Progresista), además de fuerzas del feminismo, del ecologismo —muy consensuado en la izquierda local— y del importante movimiento negro palanquero (nombre local para los quilombolas).

    El progresismo colombiano es, por lo tanto, una fuerza nueva en el país, con solo un mandato presidencial y en pleno proceso de consolidación de un partido político unificado que pueda dar estructura al proyecto político. De esta «juventud», con menos experiencia incluso que la de Morena en México, su homólogo del «progresismo tardío», por no mencionar a Lula y el PT, Frente Amplio y el peronismo argentino, surge cierta reticencia al enfrentamiento directo —que Cepeda promete superar al convocar a Espriella a un debate al día siguiente de la primera vuelta— y lo que parece un exceso de confianza en las instituciones de la Constitución de 1993, como queda evidente en la ausencia de cuestionamiento, antes de los resultados, del sistema electoral extremadamente frágil.

    Panorama para la segunda vuelta

    La alianza de Cepeda estaba formada por fuerzas más allá del Pacto Histórico: por el movimiento indígena, representado por la candidata a la vicepresidencia, Aída Cilcuyé (del pueblo Nasca), por la Alianza Verde, una especie de Partido Verde; por En Marcha, un partido formado en 2018 por disidentes liberales, por Claudia López (exalcaldesa de Bogotá), por liberales disidentes independientes, e incluso, según la insospechada (porque muy reaccionaria) prensa local, por sectores de los conservadores del CD y d , descontentos con Paloma Valencia. Todos tienen en común el compromiso con la pacificación del país tras décadas de conflicto armado.

    La batalla por la victoria de la izquierda en la segunda vuelta no será un camino de rosas, aunque los más experimentados de la base y de la dirección del Pacto saben que es posible llevar a Cepeda al primer lugar, siempre y cuando (1) se corrijan los problemas en la vigilancia del voto y se refuerce el trabajo de comunicación y jurídico en redes sociales y plataformas; (2) como dijo Cepeda la misma noche del domingo de la primera vuelta, es necesario volver a movilizar a los jóvenes para que no dejen de votar, reduciendo el abstencionismo —esto es una verdadera movilización—; y (3) se negocien nuevos apoyos clave. Cepeda tendrá que obtener nuevos votos de los electores tradicionales del centrista Sergio Fajardo (exgobernador de la rica Antioquia, que obtuvo un millón de votos en la consulta sobre candidaturas para 2025), negociar oficialmente con el Partido Liberal e incluso tener una estrategia política para sectores del CD. Sí, el candidato a la vicepresidencia de Paloma Valencia, Juan Daniel Oviedo, ya ha declarado que no apoya ni votará por Espriella.

    El partido está en marcha. Queda toda la segunda y emocionante parte del encuentro. En lugar de caracterizaciones catastrofistas, que dan a los trabajadores y al pueblo colombiano base del Pacto como derrotados de antemano, la izquierda del continente y de todo el mundo bien podría disponerse a ayudar de alguna forma, con presencia física o trabajo virtual, para garantizar que se dé la vuelta al partido. Los jóvenes de Bogotá ya han comenzado a salir a las calles.

    1—La legislación colombiana prohíbe la reelección.
    2— Según una investigación de la campaña del Pacto Histórico
    3— Las cifras provienen de la Comisión de la Verdad y se refieren al conflicto armado iniciado en 1964 con la guerrilla de las FARC. Hubo otras dos guerras civiles en la historia de Colombia: diecinueve conflictos entre liberales y conservadores entre 1812 y 1886; y la famosa «La Violencia», inmortalizada en las páginas de Cien años de soledad, de García Márquez, entre 1948 y 1958.
    4— Ver todos los reportajes sobre la Colombia profunda, de Tamis Perron en la Revista Rosa: www.revistarosa.com.

  • ¡Solidaridad con los trabajadores y campesinos de Bolivia!

    ¡Solidaridad con los trabajadores y campesinos de Bolivia!

    Habiendo pasado más de cuatro semanas de conflicto social y crisis política intensa en el país andino y apenas seis meses desde su investidura, el gobierno del presidente derechista Rodrigo Paz ya se encuentra en la defensiva y dividido. Un gran levantamiento de mineros (asalariados y cooperativistas), comunidades campesinas, trabajadores y trabajadoras de transporte, salud, educación y juntas vecinales, que llegaron a exigir la renuncia del mandatario mientras bloqueaban a cerca de 80 rutas del país, además de huelgas y protestas violentamente reprimidas pero permanentes en La Paz, sede del gobierno. La prensa burguesa y analistas de todos los matices resaltan que buena parte de las y los movilizados son los mismos que, después de 16 años apoyando al Movimiento al Socialismo (MAS- Instrumento Político, partido-movimiento de los expresidentes Morales y Luís Arce), habían votado por Paz.

    Este el segundo enfrentamiento del movimiento obrero y popular, en su abrumadora mayoría de las culturas quichua y aimara, en contra de la alianza política elegida en noviembre de 2025: el primero se dio en abril, después que el Ejecutivo anunciara dos decretos provocativos. El 5503, en enero, declaró situación de emergencia para justificar el fin de subsidios a los precios de combustibles – que resultó en un alza de 86% en la gasolina y de 160% en el diésel – además de abrir el camino para contrarreformas ultraliberales en la minería, agroindustria e infraestructura. 

    El segundo decreto, el 10 de abril pasado, reclasificaba las propiedades rurales (la ley 1720), para favorecer la apropiación de extensión de tierras (consideradas medianas) por grandes empresarios agroindustriales e inversores, lo que llevaría al despojo de las tierras de las comunidades tradicionales indígenas campesinas y a la deforestación con el cambio del uso del suelo – según ambientalistas y las federaciones y confederaciones de campesinos de Bolivia. En otras palabras, buscaba algo que ningún gobierno neoliberal local había siquiera osado intentar: revertir la reforma agraria de 1953, una conquista de la revolución del 52. Este decreto, que ya había sido rechazado por la Asamblea Plurinacional (cámara baja legislativa), provocó la furia de las comunidades campesinas de diferentes rincones del país (incluso sectores de Santa Cruz), llevándolas a organizar marchas hacia La Paz. Al descontento en las zonas rurales ya se sumaba la bronca de los sectores urbanos en contra del alza de los combustibles.

    Este mes, frente a la negativa de Paz de negociar con la Central Obrera Boliviana (COB) un aumento salarial de 20% y la brutal represión de las protestas del 16 de mayo, que dejó cuatro muertos, la ira obrera, campesina y popular explotó. La sede de gobierno y el municipio de El Alto, la segunda ciudad del país, de tradición aimara y de mayor tradición de lucha en los últimos 20 años, quedaron movilizadas pero aisladas de las demás regiones del país. Los bloqueos de carreteras y caminos vecinales (más de 80), que habían retrocedido con la represión, volvieron a crecer los últimos días. Una marcha de miles trabajadores dirigidos por la COB y la central campesina Tupac Katari (El Alto), con el apoyo de Bartolinas, la organización femenina del MAS, y las comunidades campesinas de toda la región andina, con participación de la base social del expresidente Evo Morales (del Chapare, Cochabamba), completaron el rechazo creciente al gobierno y pasaron a exigir la renuncia de Paz. Este desapareció de la escena política por más de una semana, postergó la aplicación de los decretos, sobre combustibles y tierras, pero, presionado por las oligarquías y los neofascistas en el poder de la provincia más industrializada de Santa Cruz, se niega negociar con la COB el alza de los sueldos.

    La combinación de la lucha campesina con la lucha urbana repitió las características de los grandes levantamientos populares de los últimos 74 años — desde la revolución obrera del 52 hasta la guerra del agua y del gas, de 2000 y 2003 respectivamente,  pasando por las asambleas populares de 1970-71, las luchas contra las dictaduras de los años 80, el doble poder gobierno-COB de los años de Siles Suazo (1982 a 1985), la insurrección minera de 1985 y las luchas para defender la Constituyente que estableció el Estado Plurinacional – que reconoció a Bolivia como un estado de variadas naciones o etnias, en los primeros años de Evo Morales. 

    El imperialismo y la burguesía local conocen esta historia y por eso les preocupa la amplitud y la radicalidad del movimiento. La reacción no se hizo esperar: el secretario de Estado estadunidense Marco Rubio habló de un “golpe contra Paz”, la derecha de Santa Cruz convocó una Marcha Cívica reaccionaria y presionó a la OEA para que emitiera una nota en defensa del Estado democrático de derecho (léase el gobierno conservador de Paz). El gobierno rompió relaciones con la Colombia de Petro, que se había propuesto mediar en el conflicto. El desenlace del proceso está en marcha, con una represión violenta contra los líderes buscando una salida reaccionaria a costa de sangre. 

    En este momento, sigue la represión a los cortes de caminos y a las marchas que intentan llegar al Palacio Quemado, además de prisiones y persecución de dirigentes de la COB y amenazas de detención a líderes de la COB, de Bartolinas y de Evo Morales. Aun así, el gobierno muestra debilidad: el vicepresidente Lara rompió con Paz, tras haber declarado su apoyo a la negociación para el alza de los sueldos. Paz ya tuvo que volver atrás en los decretos de enero y abril. Y ahora campesinos de Valle Grande del llano de Santa Cruz – de origen aimara, quechua y guaraní – intentan ingresar a la lucha y marchar hacia el Occidente andino. 

    Una Comisión de diálogo conformada por la Defensoría Pública, un ministro de gobierno, la Iglesia Católica y jefes de bancadas parlamentarias llaman a que el gobierno suspenda represión y órdenes de detención a dirigentes, y que el movimiento suspenda los bloqueos. Sin embargo, ni la COB, ni Bartolinas ni los campesinos decidieron todavía si participan de la negociación. Mientras el gobierno sigue reprimiendo, amenazando y negociando con DEA (el órgano estadunidense de combate al narcotráfico), nueva ola de represión al cultivo de coca.

    La IV Internacional declara su más amplio apoyo a la lucha de los trabajadores, pueblos indígenas y campesinos y todo el pueblo boliviano en contra de los planes de ajuste ultraliberales de Rodrigo Paz; denuncia la represión en curso, el acercamiento de Paz a la extrema derecha cruceña y a Estados Unidos de Trump, y rechaza vehementemente las maniobras para declarar estado de sitio.

    Mayo 2026

    ¡Viva la lucha del pueblo boliviano por mejores condiciones de vida y trabajo! 

    ¡No a las contra reformas ultraliberales que buscan arrancar derechos históricamente conquistados!

    ¡Ningún retroceso en la reforma agraria! ¡Alza inmediata de los sueldos! ¡Que se archiven en definitivo los proyectos-ley 5530 y 1720!

    ¡Viva la COB, las centrales campesinas y las juntas vecinales!

    ¡Abajo la represión del gobierno Paz! ¡Inmediata liberación de los dirigentes y manifestantes detenidos!

    ¡Fuera Marco Rubio, Trump y la OEA de los asuntos interno de Bolivia!

    ¡No al estado de sitio! 

  • EE. UU. e Israel fuera de Irán! No habrá liberación con bombas estadounidenses

    Declaración adoptada por el Buró Ejecutivo de la Cuarta Internacional el 28 de febrero de 2026.

    1. Tras varios años y diferentes gobiernos estadounidenses amenazando a Irán con un ataque militar, Estados Unidos, en alianza con Israel, ha lanzado ataques con misiles y bombas contra el país. Trump ha instado al ejército iraní a rendirse o a enfrentarse a una muerte segura. Irán ha respondido con ataques a bases militares estadounidenses en el Golfo Pérsico, y ahora existe la amenaza de una guerra regional más amplia.

    2. El pretexto para esta guerra son las negociaciones inconclusas en torno al programa nuclear iraní y la afirmación de Trump de que Irán está construyendo misiles de largo alcance para atacar a Europa o incluso a Estados Unidos. El mismo estribillo que George W. Bush y Tony Blair afirmaron en 2003 que Irak podía atacar objetivos occidentales con solo 45 minutos de aviso. La hipocresía de las potencias militares más poderosas, dotadas de poder de ataque global y armas nucleares, al afirmar que Irán representa una amenaza significativa para pueblos tan lejanos como Nueva York es evidente. Irán había ofrecido algunas concesiones en su programa de enriquecimiento de uranio y también la apertura de su gas y petróleo a contratos estadounidenses. Esto no fue suficiente para Trump un belicista abusador, que exige total sumisión y obediencia para sí mismo y para Estados Unidos geopolíticamente.

    3. Las acciones militares deben considerarse en el contexto del giro abiertamente agresivo y colonialista de Estados Unidos bajo un gobierno neofascista, con una creciente competencia entre imperialismos por el acceso directo a los recursos a medida que se desintegra el orden neoliberal y globalizador. El secuestro de Nicolás Maduro y de Cilia Flores en Venezuela, y el consiguiente control del gobierno del país, las amenazas de Trump contra Groenlandia, el genocidio en curso contra los palestinos y la propuesta “reconstrucción” de Gaza, la anexión de Cisjordania y ahora las bombas que caen sobre Teherán, forman parte de este nuevo orden mundial. Los primeros misiles fueron lanzados inicialmente por Israel, seguidos por municiones militares estadounidenses lanzadas desde sus buques de guerra y portaaviones en la región. Esto demuestra una vez más la estrecha conexión militar y política entre ambos países.

    4. Si bien esta última agresión continúa el patrón de desprecio del gobierno de Trump por el derecho internacional, la soberanía de las naciones y el uso de amenazas y violencia real para promover lo que considera intereses estadounidenses, el aaque de Trump contra Irán es solo el último capítulo en una larga historia de agresión estadounidense contra Irán y sus pueblos. Estados Unidos nunca ha perdonado a Irán por derrocar al represivo régimen comprador del Sha, respaldado por Estados Unidos, en la revolución popular de 1979 que derrocó a la monarquía Pahlavi. Todos los presidentes estadounidenses desde entonces han utilizado boicots económicos y acciones militares ocasionales contra el país. Todos han afirmado cínicamente apoyar al pueblo iraní contra la dictadura de los mulás como una débil cobertura para su deseo de controlar la región y sus suministros de petróleo.

    5. El reciente levantamiento popular contra el gobierno iraní y la brutal forma en la que el régimen teocrático iraní lo ha aplastado podrían generar simpatías por el ataque estadounidense/israelí con la esperanza de lograr un cambio de régimen. Percibidos como una oportunidad para volver al poder, los ataques militares han sido elogiados por los partidarios del líder monárquico iraní exiliado, Reza Pahlavi, hijo del Sha, cuyo régimen fue derrocado en la revolución de 1979. Pahlavi visitó Israel en abril de 2023 para hablar sobre el cambio de régimen en Irán y no ha ocultado su esperanza de que Netanyahu pueda contribuir a sus planes de restauración.

    6. Al comenzar a caer las bombas, Trump anunció al pueblo iraní: “La hora de su libertad está cerca”. Este ataque no se trata de liberación, y nadie debe creer que Estados Unidos o Israel, con las manos manchadas de sangre de Gaza y otros lugares, tengan interés alguno en la libertad o la felicidad de la humanidad. Esta es una consideración geopolítica estratégica de las fuerzas del imperialismo estadounidense para afirmar un mayor control sobre la región. Como dijimos en nuestra declaración del 5 de enero: “Rechazamos los planes de ‘cambio de régimen’ de Trump y Netanyahu, quienes intentan imponer una solución desde arriba financiando al movimiento monárquico y amenazando con una mayor intervención militar contra Irán. Detrás de los planes de Trump se encuentra el objetivo explícito de obtener el control de las reservas de combustibles fósiles, como afirmó claramente con respecto a Venezuela”. [Contra el régimen teocrático y autoritario de Irán y las injerencias imperialistas: solidaridad con la lucha de los pueblos de Irán]

    7. El pueblo de Irán lleva años luchando para derrocar al gobierno teocrático iraní. Las mujeres iraníes, en particular, han estado a la vanguardia de estos movimientos, sobre todo en el movimiento “Mujer, Vida, Libertad” de 2022. Irán cuenta con una numerosa clase trabajadora y con sindicatos que luchan, especialmente en el sector petrolero. Recientemente, los estudiantes salieron a las calles en protestas masivas tras la masacre de miles de personas por parte del régimen en enero. El gobierno iraní es débil, y solo se mantiene unido gracias a la violencia y el miedo. 

    8. La tarea de derrocar al régimen iraní es del pueblo iraní. En esa lucha, la Cuarta Internacional apoya a las fuerzas democráticas, antiimperialistas y que impulsan los intereses de la clase trabajadora y de los grupos oprimidos.

    ¡Por movilizaciones contra la guerra en todo el mundo!

    No a la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán.

    Solidaridad con el pueblo iraní.

    Fin del imperialismo estadounidense y el colonialismo israelí.

  • “Federación” con el PT, el papel del ministro Guilherme Boulos y el futuro estratégico del PSOL

    “Federación” con el PT, el papel del ministro Guilherme Boulos y el futuro estratégico del PSOL

    Secretaría Nacional del MES

    Movimiento de Izquierda Socialista, organización política fundadora del PSOL

    Imperialismo

    18/2/2026

    Entre la unidad contra la extrema derecha y el riesgo de subordinación estratégica al PT, el PSOL se enfrenta a un debate decisivo sobre su futuro y el lugar que ocupa Guilherme Boulos

    El PSOL vive un momento muy importante, que puede ser determinante para el futuro del partido. Hay dos procesos en curso que han dado un salto, han alcanzado otro nivel en el año que comienza: el debate sobre la federación partidaria del PSOL con el PT y la posibilidad cada vez más visible de la salida del actual ministro Guilherme Boulos del partido. (Federación es una posibilidad legal que existe en Brasil de una unidad de  por lo menos cuatro años, entre dos o más partidos con afinidad programática, que pasan a actuar nacionalmente como se fueran una única sigla. Según el Superior Tribunal Electoral, “eso hace con que, en la práctica, las federaciones funcionen como un teste para una posible fusión o incorporación entre las organizaciones que la integran”.)

    Lo primero expone una profunda encrucijada: independencia de clase o disolución en el campo de la conciliación, con la integración completa del partido en el régimen político. La propuesta de federación presentada por el PT al PSOL, que se concretará en 2026, ha sido defendida en el PSOL solo por la Revolución Solidaria, sector liderado por Guilherme Boulos, ministro de la Secretaria General de la Presidencia. 

    Afortunadamente, todas las tendencias políticas del PSOL, entre ellas Primavera y Resistencia, aliadas de Boulos y miembros del llamado PTL, campo que ha sostenido el liderazgo de Boulos en el partido, discrepan de la propuesta de federación y se muestran firmes en mantener la independencia del PSOL. Incluso sectores de Revolución Solidaria no se sienten cómodos con la política del ministro. Por lo tanto, las posibilidades de que esta propuesta sea aprobada son mínimas. Si se aprobara, significaría, a mediano plazo, el fin del PSOL o su transformación en un pequeño satélite del PT, lo que significa lo mismo. Es lo que vamos a demostrar en este texto.

    Es esencial que la militancia comprenda la dimensión de lo que está en juego. El PSOL es hoy un instrumento político necesario en un escenario de avance de la extrema derecha y de agotamiento de las fórmulas tradicionales de la centroizquierda. Defender su existencia con independencia no es un detalle organizativo, es una tarea histórica. La federación, en este sentido, es solo la expresión institucional de un debate más profundo: ¿queremos un partido con independencia de clase y estrategia socialista o aceptaremos ser absorbidos por el proyecto de centroizquierda que gobierna en el marco del capitalismo brasileño?

    La federación no es unidad, es subordinación estratégica

    Formar una federación de partidos no es lo mismo que participar en un frente electoral. No se trata de una alianza táctica para afrontar unas elecciones concretas. La federación implica la constitución de una estructura común durante varios años, con un programa unificado, una dirección compartida y una disciplina política obligatoria.

    En la práctica, esto significaría renunciar a la autonomía estratégica que permite al PSOL afirmar sus diferencias frente a un partido que gobierna dentro de la lógica de la conciliación con el gran capital, con la agroindustria y con el sistema financiero.

    El PSOL nació precisamente de la crítica a esta lógica. La tradición socialista —de Marx, Rosa Luxemburgo, Gramsci— siempre ha defendido que la clase trabajadora necesita organizaciones políticas independientes para disputar la hegemonía y presentar un proyecto propio de sociedad. Cuando se abandona esta autonomía, el riesgo es claro: la izquierda deja de tensionar los límites del sistema y pasa a administrarlo.

    La historia demuestra que los gobiernos de colaboración de clases pueden promover avances puntuales, pero no enfrentan el núcleo estructural de la desigualdad. Las ganancias son precarias y se pierden ante la primera crisis económica. Y cuando las expectativas creadas no encuentran respuestas consistentes, crece la frustración popular. Es en este terreno donde la extrema derecha se reorganiza y avanza.

    El escenario brasileño lo demuestra claramente. Las demandas surgidas en las movilizaciones de junio de 2013 —transporte digno, salud, educación, lucha contra la corrupción— no obtuvieron respuesta por parte del entonces gobierno de Dilma. El resultado fue la captura del descontento por parte de la extrema derecha, el impeachment y la victoria de Bolsonaro en las elecciones de 2018.

    Unidad contra la extrema derecha es necesaria. La subordinación estratégica, no.

    Las lecciones del ascenso del nazismo mostraron la necesidad de un frente único entre los comunistas y la socialdemocracia. León Trotsky denunció la línea de Stalin por negarse a defender la unidad al adoptar la orientación que denunciaba a la socialdemocracia como social-fascismo. A pesar de que la socialdemocracia sostenía el régimen político alemán e incluso aplicaba y apoyaba muchos planes de ajuste llevados a cabo por los gobiernos de la República de Weimar, Trotsky insistía en la necesidad de un llamamiento a la unidad contra el fascismo. Trotsky, sin embargo, nunca aceptó la dilución y la ausencia de críticas. Y precisamente esta posición acrítica es la que ha caracterizado al PSOL en los últimos años. 

    Desde 2018 hasta hoy, se ha fortalecido en el PSOL una orientación que defiende la adaptación estratégica al PT y al lulismo. Guilherme Boulos se ha convertido en la principal referencia de esta línea. Pero, afortunadamente, esta orientación nunca ha dejado de encontrar resistencia interna. Por eso mismo, el grupo parlamentario votó en contra del marco fiscal, por ejemplo.

    Pero Boulos quiere ahora doblar la apuesta. No se trata solo de divergencias retóricas. Su orientación se ha expresado en decisiones políticas concretas. A pesar de que el partido había decidido que no participaría formalmente en el gobierno, Boulos aceptó asumir un ministerio. También renunció a presentarse a diputado y a ayudar al PSOL en la batalla contra la cláusula de barrera (dispositivo legal que va obligar al partido o la federación, este anõ, elegir 11 diputados federales y obtener 3% de los votos en por lo menos 10 estados). Todo ello sin ningún debate interno al partido. En este caso, por cierto, no se trata del abandono de pretensiones electorales. Al contrario. No ser candidato a diputado fue una condición del acuerdo para que asumiera el ministerio con sus cargos de confianza y proximidad a Lula. Así, cree tener más posibilidades de convertirse en el heredero del presidente. Sin embargo, esa búsqueda de atajos nunca podrá tener éxito porque a Boulos le falta el trabajo de base, la fuerza de la clase trabajadora que hizo de Lula el líder que es. Los líderes no se improvisan y, en este caso, los atajos no conducen a buenos caminos. 

    Tanto es así que Boulos ya ha adoptado posiciones que chocan con las luchas históricas de los movimientos indígenas y ecosocialistas, como en el caso de los pueblos del Bajo Tapajós y las movilizaciones contra el decreto 12.600/2025, de privatización de los ríos Madeira, Tocantins y Tapajós, en las que prevaleció una postura de conciliación con las grandes corporaciones en lugar de la defensa de las posiciones del propio partido. Hecho que culminó en la combativa y legítima ocupación de la terminal de Cargill por parte del movimiento indígena.

    Además, este sector pasó a sostener que la defensa de un programa anticapitalista sería incompatible con la lucha por mejoras inmediatas. Esta oposición es artificial. La tradición socialista siempre ha combinado la lucha por reformas concretas con la construcción de un horizonte de transformación estructural. A principios del siglo XX, Rosa Luxemburgo entabló este debate en el seno del partido socialdemócrata alemán, enfrentándose a Eduard Bernstein con su brillante texto «¿Reforma o revolución?». Rosa y su política revolucionaria acabaron derrotadas dentro del partido, y el resultado fue el auge del nazismo. Esta experiencia histórica es analizada con mayor profundidad por Luciana Genro en el libro Alemania, de la revolución al nazismo: reflexiones para la actualidad (Ed. Movimento, 2024).

    La experiencia internacional contemporánea también ofrece importantes advertencias. La socialdemocracia europea, al abandonar la perspectiva socialista, se convirtió en gestora del neoliberalismo y perdió una parte significativa de su base social, allanando el camino para el crecimiento de alternativas neofascistas. Syriza, en Grecia, al someterse a las imposiciones e s del capital financiero internacional, aplicó políticas de austeridad que contradecían su programa original y abrió espacio para el fortalecimiento de la derecha. En Brasil, el lulismo amplió políticas sociales relevantes, pero no enfrentó los fundamentos de la estructura de poder del capital, y el vacío dejado por esta limitación fue ocupado por el bolsonarismo.

    Sin un polo político independiente de la clase trabajadora, la política tiende a reducirse a la gestión de lo posible. Y la frustración que se deriva de esta limitación es terreno fértil para proyectos autoritarios.

    Las consecuencias prácticas de la federación

    Una federación tendría impactos inmediatos. El PSOL pasaría a estar vinculado a alianzas y candidaturas que contradicen nuestra identidad política, lo que imposibilitaría su afirmación como alternativa de izquierda consecuente. La federación tendría consecuencias políticas nefastas.

    1) Alianza con Eduardo Paes en Río de Janeiro. El PT apoya a Eduardo Paes (PSD) en Río, un político vinculado a las grandes empresas, a las constructoras, a la lógica de las APP y a la privatización de los servicios urbanos. Paes representa un modelo de gestión urbana neoliberal, con una fuerte relación con el mercado inmobiliario y las políticas de desalojo y gentrificación, exactamente lo contrario de la tradición del PSOL en Río, que siempre se ha posicionado del lado de las favelas, los movimientos de vivienda y en contra de la privatización de la ciudad. En una federación, el PSOL se vería obligado a asociarse formalmente a este proyecto.

    2) Alianzas con el “centrão” en el Congreso: Pacheco, Lira, Alcolumbre, Hugo Motta y compañía. El PT gobierna hoy en alianza con Alcolumbre (União Brasil) en el Senado y ya ha gobernado con Arthur Lira (PP) en la Cámara de Diputados. Estos son representantes clásicos del centrismo fisiológico, con vínculos con oligarquías regionales, grandes empresarios, terratenientes y, en varios casos, con agendas conservadoras en materia de costumbres y economía. Para el PSOL, que nació luchando contra el centrismo y el presidencialismo de coalición, esta alianza es estructuralmente contradictoria.

    3) Alianzas con partidos conservadores en los estados: El PT gobierna hoy y forma alianzas con partidos como: con el MDB (oligarquías regionales, agronegocios, caciques políticos); con el PSD (base empresarial y municipalista conservadora); PP y Republicanos (base bolsonarista en varios estados). En varios estados, el PT se alía con sectores vinculados al agronegocio depredador, la minería y las privatizaciones, incluso con antecedentes de conflicto con pueblos indígenas y quilombolas. Cuando existe una federación, ante las divergencias, es el partido mayor el que impone su orientación. La federación convertiría al PSOL en un apéndice real y oficial del PT.

    Ante estas cuestiones, nuestra expectativa es que la dirección del partido rechace la federación. Tal rechazo mostrará el enorme vigor del PSOL. Será una victoria de la unidad del partido. Boulos y su sector serán la excepción. Desde que ingresó al partido el 2018, Boulos se movió por proyectos individuales o de su propio grupo. Siempre se ha negado a la construcción colectiva de las instancias del PSOL. Como hemos dicho, el salto de calidad fue su entrada en el ministerio, que tuvo como contrapartida, al parecer, la promesa de su afiliación al PT a corto o medio plazo. Por lo tanto, no será ninguna sorpresa para nosotros, que hemos señalado esta dinámica desde el inicio del gobierno.

    Unidad para enfrentar a la extrema derecha, sí. Pero con un proyecto propio

    El PSOL debe actuar por la unidad en la lucha contra la extrema derecha. La convocatoria de la I Conferencia Antifascista en Porto Alegre, realizada conjuntamente con el PT, el PCdoB, sindicatos y organizaciones populares como el MST, es un ejemplo de cómo construir la unidad en la práctica. Pero, dentro de esa unidad, es necesario que exista un polo de izquierda con independencia de clase, capaz de presentar un programa de transición que dialogue con las necesidades del pueblo y apunte a una estrategia de movilización y de enfrentamiento al capital.

    Sin un proyecto propio, los gobiernos de conciliación seguirán generando expectativas que no pueden cumplir íntegramente, y la extrema derecha seguirá explotando este desajuste. Defender al PSOL hoy es defender la existencia de una izquierda anticapitalista arraigada en las luchas populares. Este debate va más allá de la federación. Concierne al futuro de un instrumento político construido con un enorme esfuerzo militante y que, ante el panorama actual, es más necesario que nunca.


  • En defensa de Cuba contra el cerco y el hambre neocoloniales impuestos por Trump

    En defensa de Cuba contra el cerco y el hambre neocoloniales impuestos por Trump

    Ana Carvalhaes, Israel Dutra, João Machado, Manuel Rodríguez Banchs*, y Luis Bonilla-Molina

    Imperialismo

    13/2/2026

    La intención del neofascista de la Casa Blanca es poner de rodillas a la isla caribeña y a su gobierno, estrangulándolos económicamente de una vez por todas, matando a su pueblo con oscuridad y escasez. Pero no se trata «solo» de una guerra contra Cuba y su tradición revolucionaria. Es la continuación de la guerra contra la soberanía de todos los países latinoamericanos y los pueblos latinos dentro de los Estados Unidos. Scheinbaum, Lula, Petro, Orsi y los gobiernos de la socialdemocracia deben oponerse enfáticamente a este crimen en todos los foros y organismos internacionales.

    ***

    Tras la «toma» de facto de Venezuela por parte de Estados Unidos, con el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores el 3 de enero, el objetivo principal de los estrategas de la extrema derecha en torno a Trump es la isla del Caribe, que ha sido escenario de resistencias contra dos imperios desde el siglo XIX y escenario de la última revolución anticapitalista victoriosa del mundo, entre 1959 y 1961, liderada por el Movimiento 26 de Julio (el movimiento de Fidel Castro) y las masas trabajadoras de los cañaverales y las fábricas.

    Desde Washington y desde una Caracas transformada – a fuerza de armas y sanciones –, en una especie de capital de un virreinato en pleno siglo XXI, los halcones yanquis le han declarado la guerra a Cuba, un país pequeño, aislado por la naturaleza y la geopolítica, cuyo desarrollo se ha visto limitado por décadas de bloqueo estadounidense y dependencia energética y alimentaria del exterior. (Muchos dirán, como nosotros, combinado con los errores de sus propios gobiernos).

    El primer paso del ataque en curso fue el corte del suministro de petróleo venezolano, que desde el primer gobierno de Hugo Chávez (1998) garantizaba el funcionamiento de la economía de la isla. (Orden cumplida rápidamente por Delcy Rodríguez). Cuba necesita 100 000 barriles diarios de petróleo y produce 40 000. El momento actual de ataque es de intensa presión para que, el que fue el último e histórico proveedor de petróleo a Cuba, es decir México, no suministre una gota más. En febrero, acosada por Trump y Rubio, Claudia Shienbaum sustituyó el petróleo que enviaba por ayuda humanitaria, básicamente alimentos. Es una tragedia que lo haya hecho, aunque se comprenda el fortísimo chantaje militar que son las Fuerzas Armadas de EU desplegadas en el Caribe y las amenazas de invasión del suelo mexicanos, además de las amenazas de nuevos aranceles al país que envíe petróleo a Cuba.

    Al mismo tiempo, en un festival de provocaciones mediáticas típico de un showman genocida, Trump llama al líder cubano Díaz-Canel para «negociar» nada menos que el fin de la soberanía del país. Dice que Cuba se rendirá, gracias a que está matando de hambre a los cubanos y cubanas, tal y como hizo, apoyando a Israel y sus bombardeos, con los habitantes de Gaza. (Por ahora no hay proporción entre uno y otro, pero el método inhumano es el mismo). Todo indica que el gobierno yanqui espera con ello una de dos cosas: la capitulación de La Habana o una rebelión popular interna.

    Díaz-Canel, en una rueda de prensa internacional el 6 de febrero, describió el sufrimiento de su población y denunció lo que está ocurriendo como un intento de genocidio. Lamentablemente, aunque hayan emitido notas protocolarias críticas a Washington, China y Rusia, consideradas por muchos como «potencias alternativas», hasta ahora no han contribuido ni siquiera con un galón de gasolina para evitar lo peor en Cuba. El corte del suministro de petróleo a Cuba por parte de Delcy Rodríguez también debería hacer reflexionar aquellos que siguen con el «mantra» de que el gobierno venezolano todavía tiene algo que ver con la «revolución», cuando en realidad se ha convertido en administrador del protectorado. En cuanto a Lula y al PT, es lamentable que no ordenen a la riquísima Petrobras que rompa el bloqueo energético a Cuba, tal y como exige acertadamente la Federación Nacional de Petroleros (FNP).

    Revanchismo fascista

    ¿Por qué un David debilitado como la pequeña y valiente Cuba es objeto de tanto odio por parte del Goliat neofascista? Después de todo, a diferencia de lo que se observó correctamente sobre Venezuela, donde el objetivo inmediato era garantizar el petróleo —hasta el punto de que el imperialismo descartó a su amiga de larga data María Corina Machado y mantuvo un madurismo sin Maduro en el poder—, en el caso cubano la explicación es pura geopolítica neofascista, con una sobredosis de revanchismo ideológico y de clase. Trump y su secretario de Estado, descendiente de contrarrevolucionarios cubanos, Marco Rubio, necesitan derrotar al país que osó, en el pasado, combatir el capitalismo, y que fue símbolo e inspiración para generaciones de luchadores por la soberanía nacional y, en las primeras décadas posteriores a 1961, por la transformación social.

    Cuba fue el único país latinoamericano en el que se expropió a la burguesía, más concretamente con la proclamación por parte de Fidel del carácter socialista de la revolución, en 1961. Vale recordar que en los primeros años de la revolución sandinista en Nicaragua, en algunos momentos de los gobiernos de Hugo Chávez (en particular tras la derrota del golpe pro-Estados Unidos de 2002), en el primer gobierno de Rafael Correa en Ecuador y en los primeros mandatos del MAS en Bolivia (2006-2010) los capitalistas locales e internacionales fueron desplazados del poder, constituyéndose gobiernos momentáneamente sin burguesía. En otra etapa del imperialismo, aquellos gobiernos progresistas sudamericanos fueron igualmente blanco del odio imperial – en particular Nicaragua, que enfrenó la violencia de los contras, financiados por Washington. Pero la radicalidad de la revolución cubana nunca fue imitada por completo.

    La situación actual de Cuba debe ser enfrentada como la de una crisis humanitaria sin precedentes y la amenaza de una nueva operación militar del imperialismo de Trump contra otra nación latinoamericana, soberana. Estos dos elementos son más que suficientes para desarrollar una fuerte campaña unitaria -nacional e internacional- en defensa de Cuba. En un momento en el que el gobierno de Estados Unidos se enfrenta internamente a una oposición cada vez mayor, a amplias movilizaciones contra el ICE y a un sentimiento de solidaridad con los inmigrantes, en particular con los latinos, es necesario impedir que Trump gane otra vez, como en Venezuela.

    Independientemente del balance que se tenga sobre la revolución cubana, lo que está en juego es la soberanía e independencia de un país latinoamericano históricamente oprimido. Es urgentemente necesario presionar para que se vuelva a suministrar petróleo a Cuba y se puedan enviar alimentos y medicamentos a la isla.

    ¡Todos los que apoyan la idea de la soberanía, el principio de no injerencia y el derecho de los pueblos a decidir su destino deben ser llamados a pronunciarse, a tomar posición y a movilizarse contra el cerco!

    ¡Trump y Rubio, saquen sus manos de Cuba!

    ¡Por el fin inmediato del bloqueo energético y alimentario contra la isla!

    Lula, Petro, Orsi, movilicen con fuerza. ¡Que el gobierno de México vuelva a suministrar petróleo! Que todos trabajen por un frente de gobiernos contrarios al bloqueo y al cerco a Cuba.

    Por una campaña global humanitaria de solidaridad con el pueblo cubano.

    ¡Todo nuestro apoyo a las flotillas que van a llevar alimentos y solidaridad al pueblo de Cuba!

    (*) Ana Carvalhaes, Israel Dutra, João Machado y Manuel Rodríguez Banchs son miembros del Bureau Ejecutivo de la IV Internacional; Luis Bonilla-Molina es profesor universitario venezolano, y militante de la corriente COMUNES de Venezuela.


  • El proceso de atesoramiento para la formación de una nueva burguesía venezolana (2002-2026)

    El proceso de atesoramiento para la formación de una nueva burguesía venezolana (2002-2026)

    Luis Bonilla-Molina

    Profesor universitario venezolano, militante de la corriente COMUNES de Venezuela.

    Imperialismo

    14/2/2026

    Este texto fue escrito originalmente para Imprecor, Francia. Por los límites de extensión permitidos, en este artículo, solo pudimos abordar los hitos más representativos en la conformación de la nueva burguesía en el periodo 2002-2026, pero haría falta complementar este trabajo con un análisis de las tensiones que esto fue generando con el campo popular en cada uno de estos momentos, como evidencia de los distintos derroteros que asume la lucha de clases en cada situación y momento histórico. Seguramente habrá tiempo y espacio para acometer esta tarea de análisis en el futuro.

    Capitalismo rentista

    Desde comienzos del siglo XX la explotación petrolera en Venezuela fue determinando particularidades en el desarrollo capitalista, la constitución de clases sociales y sus representaciones políticas, el modelo de enriquecimiento burgués y las formas de control social. El economista brasileño Celso Furtado, definía el caso venezolano como “subdesarrollo con abundancia de divisas”, expresado en desindustrialización, corrupción, rápida concentración de riqueza en pocas manos y severas crisis de pobreza.

    El término Estado Rentista fue popularizado por Hossein Mahdavy en 1970 para describir a los Estados que reciben ingresos masivos resultantes de rentas externas (regalías petroleras), los cuales desarrollan patrones económicos y políticos singulares, con dependencia exacerbada de la explotación petrolera, redistribución clientelar y precario incentivo para diversificar la producción. Asdrubal Baptista desarrollaría el concepto de capitalismo rentista (1997) para describir el modo de acumulación y atesoramiento burgués que ocurre en Venezuela, basado en la renta externa más que en la producción interna, con todo lo que significan las fluctuaciones de precios del crudo a nivel internacional en la economía local.

    Como la burguesía venezolana es el resultado de un proceso de enriquecimiento rentista, propio del desarrollo desigual y específico del capitalismo en el país, esto hace imposible estudiar y entender el atesoramiento y la acumulación burguesa venezolana, en el estricto marco de patrones globales o regionales. Por eso, usamos el término atesoramiento para describir la captura y concentración del capital, sin que eso niegue la necesidad que tiene la burguesía de seguir ampliando su riqueza, usando parte de este dinero para impulsar otros mecanismos de acumulación por desposesión, como ocurre con la importación o la especulación financiera.

    La arquitectura de la relación economía-poder-política-sociedad del rentismo venezolano se fue estructurando desde la década de los veinte del siglo pasado, con tensiones permanentes entre dictadura y democracia, partidos políticos y otros instrumentos de intermediación social, papel del Estado y economía social, haciendo del rentismo un fenómeno no solo económico, sino también político, cultural y social. La propia forma de entender la ciencia, innovación, desarrollo tecnológico y educación fue altamente influenciada por el rentismo, que además imponía un cosmopolitismo consumista en todas las esferas.

    Orígenes de la actual crisis venezolana

    El rentismo petrolero vivió un auge excepcional a partir de los llamados booms petroleros de 1973-1974 y 1979-1981, haciendo que el PIB creciera fuertemente hasta mediados de los setenta, con rasgos de estabilidad macroeconómica (inflación baja, tipo de cambio fijo en 4,30 bolívares por dólar desde 1964, deuda externa moderada), pero este modelo resultaba insostenible a largo plazo por su dependencia extrema de los ingresos petroleros, con gasto público expansivo, sobrevaluación del bolívar y carencia de diversificación productiva. Una parte importante de la renta fluía en los mecanismos de intermediación política y control social, los esquemas de consumo, hasta las formas de entender el llamado ascenso social basado en distorsiones en la forma de obtener y ostentar bienes.

    A finales del gobierno de Carlos Andrés Pérez (1978) y durante el mandato de Luis Herrera Campins (1979-1984) aparecen indicios de colapso del modelo, con la contracción del PIB real per cápita en algunos trimestres o años, la caída de la tasa de acumulación del capital, inflación que sube de niveles moderados (7% en 1978) hacia niveles más altos afectando de manera acelerada la calidad de vida de la población, incremento de la deuda externa, déficit fiscal y comercial incipientes. El intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri, acostumbraba a señalar que Venezuela había dilapidado en ese periodo, el equivalente a veinte planes Marshall.

    1979-1983 es un periodo de aceleración en la crisis del modelo como resultado de la caída de los precios del petróleo (1981-1982) que producen una baja de las exportaciones de hasta el 30%, se genera una fuga masiva de capitales que algunos economistas estiman en 8.000 millones de dólares, añadiéndose la crisis de la deuda externa latinoamericana que afecta la posibilidad de refinanciamiento, y la mermaabrupta de las reservas internacionales (19.000 millones en 1981 a 4.000 millones en 1983), dando inicio a lo que el destacado analista Malfred Gerig denomina la larga depresión venezolana. Esta crisis se acelera y potencia con la llegada de la globalización neoliberal y sus presiones sobre el Estado-nación, el desmontaje de lo que se relacionaba al Estado de Bienestar y el inicio del ciclo posfordista.

    Lo que ocurre a partir de las medidas gubernamentales tomadas en febrero de 1983, no es solo la suspensión temporal de la venta libre de divisas, la devaluación efectiva del bolívar, el inicio de la pérdida de poder adquisitivo de la población (70-75% en solo horas para ahorros y salarios en bolívares), imposición de restricciones a la salida de divisas, sino que el modelo de atesoramiento rentista colapsa. Es el inicio de la actual crisis sistémica que vive Venezuela, que lleva cuarenta y tres años sin resolverse, y en cuyo curso la llamada revolución bolivariana, fue un intento de superación, que lamentablemente no logró superar el modelo rentista, mucho menos consolidar una salida anticapitalista. A esta eclosión se le han añadido otras crisis complementarias[1]Estas crisis complementarias ocurren a partir del cisma del Estado popular-nacional por efecto del Caracazo de 1989 (se disuelve la noción de pueblo como consenso para el control estatal), la vuelta … Seguir leyendo que hacen más compleja la salida desde una perspectiva del mundo del trabajo.

    La revolución bolivariana entre dos corrientes de aguas turbulentas

    Al producirse el golpe de Estado de 2002, que separó por horas del poder a Chávez, y colocó al frente del llamado gobierno de Salvación Nacional al líder de la federación empresarial Fedecamaras, Carmona Estanga (con el apoyo de María Corina Machado), se produce un quiebre sin precedentes entre la burguesía y el poder político. Esto reconfigura la forma como el liderazgo de la revolución bolivariana se venía relacionando con la burguesía.

    Como lo hemos explicado en otros escritos, a partir de 2002 Chávez impulsa dos proyectos paralelos (de hecho, aunque no de manera explícita), por una parte, la construcción de poder popular y socialismo del siglo XXI, y por la otra, la conformación del proyecto económico de la revolución, constituir una nueva burguesía. Esta dualidad expresaba una de las formas que tomaba la lucha de clases en Venezuela en este periodo.

    Esta situación generó -y lo sigue haciendo- todo un debate en la izquierda radical respecto a si se debió apoyar o no a la revolución bolivariana, especialmente ante este giro (que es necesario señalar no resultaba evidente en ese momento). Una parte importante de la izquierda apostamos por apoyar, como progresiva, la llamada a construir poder popular y luego el socialismo del siglo XXI, en el marco de la lucha de clases. Otro debate que difícilmente se podrá cerrar con consenso es respecto hasta que momento fue correcto seguir apoyándole, pero esa es una discusión para otro artículo.

    Como mencionamos, el modelo de acumulación y atesoramiento rentista de Venezuela es una especie de anomalía, que no responde a los modelos fordista del capitalismo industrial, pero tampoco encaja en el posfordismo de la producción de subjetividades, sino que parecería una especie de híbrido, con identidad propia en el marco de la acumulación burguesa y el capitalismo del siglo XXI.

    El entramado bancario

    En economías rentistas como la venezolana, el sistema bancario no siempre funciona como un motor de crédito para la producción capitalista, sino como un puente o intermediario de la renta. El enriquecimiento a través de la banca ocurre mediante la manipulación de variables financieras que solo el Estado controla.

    Entre 2002-2009 una parte sustantiva del atesoramiento ocurre por varias vías. La primera la del arbitraje con títulos de la deuda (notas estructuradas), proceso en el cuál el gobierno emitía bonos de la República o de la industria petrolera (PDVSA) denominados en dólares, pero permitía que los bancos nacionales los compraran en bolívares, a un valor de la tasa de dólar subsidiada [2]En Venezuela el dólar era subsidiado, colocándole un valor oficial por debajo de su valor real en el mercado, diferencial que operaba como un mecanismo de captura de la renta petrolera.. Los bancos, y sus clientes VIP (en su mayoría vinculados a las jerarquías gubernamentales) adquirían estos títulos y luego los vendían a su precio real en el mercado internacional de dólares.

    La segunda, por intermedio del float” o manejo de fondos públicos, cuyo mecanismo permitía que los ministerios y empresas estatales depositaran sus presupuestos en la banca privada, no en el banco central. Los bancos utilizaban estos depósitos al colocarlos en título valores del propio Estado que devengaban intereses (como si fueran letras del tesoro). Es decir, el banco gana intereses “prestándole” al Estado con su propio dinero, generando ganancias financieras de bajo riesgo.

    Tercera, el crédito indexado a la inflación y la devaluación, mediante el cuál los bancos otorgan créditos en bolívares a tasas de interés que quedan por debajo de la inflación (tasas reales negativas), que hacen que quien tenga acceso al crédito bancario en esas condiciones (por lo general sectores vinculados a la élite política) utilicen ese dinero para comprar activos (inmuebles) o dólares en el mercado negro en permanente ascenso, lo cual hace que al final del plazo del préstamo devuelvan al banco bolívares que no tienen valor comparado con los bienes que adquirieron. Esto operó como una acumulación por desposesión, al transferir la riqueza de los ahorristas (cuyo dinero perdía valor) hacia los grandes deudores con conexiones políticas.

    Cuarta, las comisiones por intermediación bancaria, que se concretaba bajo el esquema de controles de cambio como CADIVI, SICAD o SIMADI, en los cuales los bancos actuaban como operadores. Al ser el banco el filtro para que una empresa acceda a las divisas subsidiadas, estas entidades financieras cobraban “comisiones de intermediación” o exigían la apertura de cuentas en bancos del exterior de los cuales eran propietarios o socios los gerentes locales, haciendo que la renta petrolera fluyera a paraísos fiscales o cuentas privadas bajo la forma de operaciones legales de importación.

    Quinta, la llamada “banca de maletín”, instituciones financieras que se crearon con el único propósito de poner en marcha el esquema mencionado en los cuatro puntos anteriores. No eran bancos en el sentido acostumbrado, es decir no contaban con sucursales o red de agencias para el público, sino que eran oficinas de gestión financiera, que además servían para legitimar la renta petrolera obtenida por sobrefacturación, contratos públicos o corrupción directa, moviéndolas a través del sistema Swift internacional antes que los controles oficiales pudieran detectarlas.

    En síntesis, una parte del sistema bancario operó como mecanismo de concentración de capital para la conformación de la nueva burguesía, al atraer depósitos estatales, transformar bolívares en dólares mediante arbitraje, capturar el diferencial por subsidio del dólar oficial y facilitar la fuga de capitales hacia el sistema financiero global. La nueva burguesía, desde sus orígenes no tiene rasgos nacionalistas, por el contrario, se inserta rápidamente en la lógica del sistema-mundo.

    En este periodo (2004) se crea el ministerio de alimentación, que como veremos más adelante, sería fundamental para diversificar el modelo de acumulación y atesoramiento burgués.

    La nueva burguesía aparece en escena pública

    La crisis bancaria de 2009 pone en evidencia esta forma de concentración de capital por parte de la nueva burguesía. El detonante lo constituye el esquema de las notas estructuradas, que había avanzado a la compra de deuda soberana de otros países (especialmente Argentina y Ecuador) y bonos de la República por parte del Estado, que luego eran revendidos a la banca local, especialmente al sector donde estaban los operadores de la nueva burguesía. Los bancos compraban estos papeles del Estado a precio de bolívares en tasa oficial, que al ser instrumentos denominados en dólares los volvían a vender en divisas norteamericanas en el mercado paralelo, que aumentaba el diferencial de ganancia, generando una liquidez masiva instantánea, que hizo que bancos pequeños, creados o adquiridos en el periodo 2002-2009, pasaran de ser entidades modestas, a manejar fortunas en solo siete años.

    Esto dejó en evidencia la perversión que significaba la compra de bancos con el dinero del propio Estado, o la llamada “auto compra”. Nuevos (y viejos) empresarios, con conexiones políticas recibían depósitos masivos de entes estatales (como los ministerios de finanzas o PDVSA), con cuya liquidez compraban otros bancos o empresas de seguros (el Estado fue adquiriendo seguros privados para sus empleados, lo que operaba como mecanismo adicional de atesoramiento). La nueva burguesía se convirtió en propietaria de bancos, con los dineros que debían custodiar, no con capital propio. Esto se hizo evidente con la crisis financiera de 2009, en la cuál familiares y allegados de altos funcionarios aparecieron como propietarios de bancos y seguros que se habían constituido con estos esquemas.

    El mecanismo de concentración de capital no se detenía ahí, por el contrario, se ampliaba con el ciclo de paso de depósitos públicos al otorgamiento de créditos a empresas propias. Contrario al discurso político de confrontación, la vieja burguesía no quedó ajena a este esquema de concentración de riqueza, por el contrario, actuó como dinamizador al fungir como corresponsales y operadores de las grandes emisiones de bonos de la deuda que alimentaban el mercado financiero especulativo, además, que al ver el riesgo al país que la aceleración predatoria de esta dinámica imponía, optaron por vender sus entidades bancarias a la nueva burguesía, muchas veces a precios inflados.

    Al final, ante esta crisis bancaria que tenía rostros de nueva burguesía, el Estado actuó como de costumbre, lanzando salvamento estatal y socializando entre el común las pérdidas. Cuando el esquema de las notas estructuradas se agotó, los bancos empezaron a presentar huecos patrimoniales por el desvío de fondos a empresas personales, lo que hizo que el modelo de atesoramiento burgués colapsara. A partir de noviembre de 2009, el Estado intervino a una serie de bancos (Banco Canarias de Venezuela, Banco Confederado, Bolívar Banco, Banpro o Banco Provivienda, Banco Real, Central Banco Universal, Baninvest y Banorte). Si bien la crisis bancaria de Venezuela sufre los coletazos de la crisis mundial de 2008, es necesario analizarla en sus complementariedades, pero también en sus singularidades.

    Esta intervención bancaria y los señalamientos al llamado Zar de la red de alimentos populares MERCAL, puso en evidencia cómo los programas sociales estaban siendo usados para este modelo de acumulación por desposesión, haciendo que para la nueva burguesía la pobreza fuera funcional a su origen, desarrollo y crecimiento. Un elemento a destacar, es el hecho que se puso en evidencia la participación de la Tesorería Pública en el direccionamiento de los depósitos públicos y las asignaciones de las notas estructuradas.

    Esta crisis culminó con la creación del Banco Bicentenario (quien absorbió y administró el salvataje de la crisis), lo cual se hizo a partir de un banco estatal considerado eficiente, como lo era Banfoandes. El Estado usó la renta petrolera para devolver el dinero a los ahorristas. 2009 fue el año que se hizo evidente e inocultable la existencia de dos proyectos paralelos en la llamada revolución bolivariana, el popular-socialista-comunal y el de creación de una nueva burguesía, que pretendían ser juntados en un nuevo modelo policlasista de gobernabilidad.

    Las Casas de Bolsa y Sociedades de Corretaje en los esquemas de atesoramiento

    Después de la crisis bancaria, el grueso del modelo de concentración de capital y enriquecimiento burgués (2008-2010) se trasladó a las operaciones en las Casas de Bolsa y Sociedades de Corretaje, periodo conocido como la era del dólar permuta. En este periodo la acumulación se hizo además mediante el arbitraje de títulos. Debido a que el acceso a dólares oficiales a través de CADIVI (agencia estatal de control cambiario) era muy lento (y preferencial), las Casas de Bolsa crearon el mercado paralelo legalizado basado en la compraventa de títulos valores, denominado en dólares, pero adquirido en bolívares. En esta triangulación las Casas de Bolsa transferían el título a una cuenta en el exterior (Panamá, Suiza, Miami), vendiéndolo al dólar normal (no subsidiado), haciendo que el propietario de estos títulos obtuviera dólares (fuga de capitales) en el exterior y las Bolsas ganaran por la intermediación. Esto hizo que comenzará a existir una creciente brecha entre el dólar oficial y el dólar paralelo. Por su parte, el arbitraje de títulos hacía que, algunas Casas de Bolsa recibieran adjudicaciones directas de bonos por parte de la Tesorería Nacional, los cuales eran vendidos a otros actores económicos del mercado con sobreprecio quedándose las Bolsas con el diferencial; algunos analistas estiman que en un solo día una Casa de Bolsa podía ganar millones de dólares. En ese esquema la relación, operadores de bolsa, funcionarios y nuevos burgueses desarrollaban un modelo de atesoramiento muy particular.

    Esto fue creando entre 2008 y mayo de 2010 una burbuja de las Casas de Bolsa, que operaban en oficinas lujosas sin tener una cartera real de clientes minoritarios, entidades que eran usadas para obtener ganancias a partir de sobrefacturación de contratos estatales y sacar capitales del país. Este esquema explotó con el llamado Casazo, que llevó al Banco Central de Venezuela (BCV) a prohibir que las Casas de Bolsa operaran títulos valores en dólares, creando el SITME (Sistema de Transacciones con Títulos de Monedas Extranjeras) que centralizó el negocio de los bonos en el BCV. Esto mostraba que la dinámica de captura de capitales por parte de la burguesía se movía hacia donde el Estado estuviera colocando el excedente de la renta petrolera.

    Control cambiario, importaciones y atesoramiento

    A partir de ese momento (2010 – ) un eje de la apropiación burguesa del capital rentista paso a ser la importación de alimentos para los sectores populares, ya fueran otorgados a precios subsidiados o mediante entrega directa a cero costos. Este esquema se construye a partir del arbitraje de importaciones (la era CADIVI/CENCOEX), mediante la terciarización internacional y el control de la logística, usando la experiencia del arbitraje bancario para el arbitraje alimentario, y la colocación de la renta en cajas de alimentos.

    De hecho, al cancelarse el mercado bursátil, el mecanismo ideal para obtener dólares baratos (subsidiados por el petróleo/captura de renta) era pedirlos al Estado con el propósito de traer comida. Esto creaba un mecanismo muy perverso, pues al importador se le podían otorgar 1.000.000 de dólares, el dejaba 500.000 en una cuenta suya en el exterior y solo destinaba la mitad para traer alimentos al país; al adquirirlos el Estado, a precios del mercado calculado con dólar real, se liquidaba lo prestado. En ese periodo se habló de contenedores vacíos, otros llenos de piedras que se declaraban como de carga alimenticia, y los escándalos de productos vencidos que habían sido adquiridos así para maximizar la ganancia. Para que se entienda mejor el mecanismo de atesoramiento, tenemos que conocer que mientras el valor real de un dólar era de 100 bolívares, al importador se les otorgaba a 6,30 bolívares por dólar, solo el diferencial cambiario era de por si una fortuna que se acumulaba de inmediato.

    La muerte de Chávez (2013), permite el surgimiento del Madurismo expresión política de un nuevo momento de voracidad acumuladora de la nueva burguesía y respuesta a la caída de los precios petroleros, que llevó a este sector a liquidar la parte del proyecto nacional-popular-socialista impulsado por Chávez, para concentrarse en la consolidación del proceso de atesoramiento de los nuevos ricos. Delcy Rodríguez (actual presidenta encargada), Jorge Rodríguez (presidente del parlamento (ministro de Relaciones interiores) y Vladimir Padrino (devaluado ministro de la Defensa), fueron parte estructural del Madurismo, y hoy están en proceso de mutación y acomodo al rol de junta de administración colonial que le ha asignado los Estados Unidos.

    La solución del problema de alimentación y el modelo de acumulación por desposesión

    A partir de la conformación y estatización de los Consejos Locales de Alimentación y Planificación (CLAP), en 2016, se pasó de empresas privadas de maletín para la importación que servían como aspiradoras de la renta, a redes de intermediarios trasnacionales con conexiones directas en las altas esferas del poder. Esto permitía no solo acumular, sino construir relaciones políticas que le habían sido adversas con sectores empresariales vinculados internacionalmente a la socialdemocracia o incluso de ultraderecha (caso de empresarios colombianos asociados a sectores acusados de vínculos con el paramilitarismo. Estas empresas compraban productos de baja calidad en el mercado mundial y los vendían como si fueran de primera en el país, cuatriplicando las ganancias. El control de la logística (donde estaban muchas empresas vinculadas a figuras militares) operaba como otro mecanismo de captura de la renta a través del flete y los procesos de distribución en los territorios (la entrega a los consejos comunales o los CLAP). La pobreza, el desabastecimiento, la inflación y la falta de poder adquisitivo contribuían al enriquecimiento burgués, y al sostenimiento del andamiaje no ideológico del poder.

    Es decir, de las notas estructuradas y los bonos se pasó a las cajas de comida, del diferencial bancario del BCV a la ampliación de este diferencial más los sobreprecios, de la soberanía financiera a la soberanía alimentaria, especialmente después de las sanciones o medidas coercitivas unilaterales aplicadas por los Estados Unidos y las naciones europeas. Las sanciones fueron funcionales al modelo de captura de la renta, concentración del capital y enriquecimiento de la nueva burguesía. En esta fase el atesoramiento norequería la intermediación bancaria, sino la existencia de una empresa asociada en países con controles flexibles, contactos de alto nivel gubernamental que otorgara las licencias de importación y acceso a las divisas subsidiadas por el Estado.

    El arco minero, oro, tierras raras y economía digital en la consolidación de una nueva burguesía

    Al colocarse en vigor las sanciones norteamericanas y salir Venezuela del sistema Swift los mecanismos tuvieron que desmaterializarse (criptomonedas) y volver a valores físicos (explotación y apropiación del oro). Al congelar Estados Unidos las cuentas en el exterior del BCV y PDVSA, se activó con toda fuerza el proyecto del Arco Minero, que, al no tener un control público, ni rendirse cuenta de ellos, hizo que la producción de oro se convirtiera en la caja chica de la nueva burguesía y el gobierno, creándose un nuevo mecanismo de atesoramiento. La opacidad al respecto es total, no se sabe cuantas son las reservas actuales de oro, como se vendió y almacenó el metal precioso proveniente del arco minero. Además, alrededor del Orinoco se comenzaron a explotar tierras raras, o las llamadas “arenas negras”, a través de la Corporación Venezolana de Minería (CVM), especialmente alrededor de la casiteria, el níquel, el rodio, el titanio y otros minerales, cuya explotación, comercialización e ingresos de recursos altamente flexibilizados contribuye a la acumulación de riqueza para la nueva clase social burguesa.

    Por su parte, las criptomonedas, especialmente promovidas por el gobierno desde 2016-2017, con granjas de minería, constituyeron otro modelo de acumulación por desposesión, mediante mecanismos financieros especulativos, que le permitieron a la burguesía criolla “aprender” a generar ganancias en entorno tan volátiles como estos. Con la creación del Petro (2017), la criptomoneda criolla, esta moneda digital operó como un mecanismo de negociación internacional que saltaba los controles de los países que aplicaban las sanciones. El uso de Stablecoins (USDT) permitía vender petróleo y comerciar, sin tener que pedir permiso al sistema bancario global. Este esquema colapsóal desaparecer 23.000 millones de dólares de las finanzas públicas, cuando quedó en evidencia que estaban registradas deudas como cuentas por cobrar por parte de PDVSA, a pesar qué, las mismas habían sido canceladas, pero los recursos por estos conceptos habían sido convertidos en monedas digitales por parte de nuevos ricos en altos cargos de gobierno, especialmente de la estatal petrolera.

    La circulación de dólares provenientes del oro, el arbitraje de criptomonedas y la sobre facturación generaron lo que los economistas llaman “el espejismo de la recuperación”, o la burbuja de consumo, localizado y segmentado al radio de acción de quienes gravitan en esta subeconomía. Eso llevó al surgimiento de los llamados Bodegones, donde había de todo tipo de mercancía importada,empresas que fungían como mecanismos de captura de la renta, en su mayoría en manos de familiares de políticos y militares. Así mismo, la apertura de concesionarios de vehículos de alta gama y de lujo operaba como otra dinámica de captura de este tipo de renta. Otras salidas a este flujo de capitales se expresaron en la activación del mercado inmobiliario, la construcción de grandes edificios y centros comerciales.

    Cuando el fiscal general de la República informó del encarcelamiento de los responsables de la corrida de las cripto monedas, detalló que las monedas digitales y los dineros de PDVSA, habían sido usados por el sector acusado de corrupción, para incrementar la devaluación del bolívar, y la elevación del precio del dólar, como otro mecanismo de apropiación de la renta.Es decir, la tragedia que estaba viviendo la clase trabajadora venezolana, producto de la devaluación del poder adquisitivo del bolívar y de la inflación, no solo era el resultado de las sanciones norteamericanas, sino del esquema de atesoramiento que operaba mediante la corrida constante y ascendente del precio del dólar por parte de la nueva burguesía y de altos funcionarios que controlaban las criptomonedas y los ingresos petroleros.

    En cada una de estas etapas, los dineros de la corrupción se legitimaban en estos mecanismos de captura ampliada de la renta, siendo el presupuesto público otra de las fuentes de enriquecimiento burgués, lo cual explica como Venezuela a pesar de haber recibido ingresos equivalentes a 10 planes Marshall en los últimos 25 años, vio destruir su infraestructura de manera acelerada, así como las condiciones materiales de vida de la población. El binomio corrupción-pobreza operaba como un sistema de acumulación por desposesión.

    La necesidad interburguesa de acordarse

    La búsqueda de acuerdos inter burgueses para sostenerse en el poder, es parte de la naturaleza de la burguesía como clase social. Por eso, desde 2018 la nueva burguesía venezolana trabajó intensamente para acordarse con la vieja burguesía y conformar una sola clase sin separaciones confrontacionales. Para este propósito era necesario recomponer la relación con los Estados Unidos, mostrando que lo que quedaba de revolución bolivariana había perdido toda capacidad y voluntad de radicalidad; las negociaciones se hacen públicas desde 2019, cuando Maduro confirma que se habían iniciado diálogos con la primera administración Trump, que continuarían con Biden (reconocido el 8 de marzo de 2022) retornando Venezuela a su rol de surtidor seguro de petróleo a Estados Unidos en el marco de la guerra de Ucrania.

    Entre 2018-2026 se produjo un acelerado acercamiento entre las dos burguesías (cuarto republicana y quinto republicana),a tal punto que hoy muchos pensamos que ambas están prácticamente integradas en sus intereses y, cuya cara visible de esa fusión es Delcy Rodríguez, la actual presidenta interina. Desde 2021 Delcy Rodríguez es invitada de honor a las asambleas anuales de la empresarial FEDECAMARAS, y después de los eventos del 3 de enero de 2026, es quien convoca a la flexibilización jurídica para el fomento de la inversión privada, nacional e internacional con el aplauso consensuado, ya no solo de toda la burguesía nacional sino internacional.

    Para lograr este consenso burgués, entre 2018-2026 no solo ilegalizaron e intervinieron a todos los partidos de izquierda, sino aplicaron un paquete de liberalización de la economía, restricción de las libertades sindicales y el derecho a huelga, limitaron la libertad de opinión y confiscaron la soberanía popular. La ley Antibloqueo (eufemismo para imponer un nuevo ajuste neoliberal a la economía venezolana) y la Ley de Zonas Económicas Especiales son solo expresiones de este reacomodo.

    La burguesía venezolana (cuarto y quinto republicana) acepta la relación colonial

    En el marco del surgimiento de un nuevo orden mundial, que Estados Unidos aspira liderar, resultaba insuficiente la concesión de derechos de petróleo y en la economía que había impulsado Maduro; la administración Trump quiere un acceso total a la energía y las riquezas venezolanas. Se inicia en agosto de 2025 la ofensiva militar norteamericana en el Caribe sur, que encuentra a la burguesía venezolana unificada, intentando mantener el estatus quo de atesoramiento. Para la burguesía unificada la clausura democrática ocurrida desde julio de 2024 no es el centro de sus preocupaciones, como tampoco lo es para Estados Unidos después de los acontecimientos del 3 de enero de 2026.

    En los 30 días siguientes al ataque imperialista contra Venezuela, la captura y secuestro de Maduro, y la imposición de una situación de protectorado, vigilado directamente en el territorio por la encargada norteamericana de negocios en el país, Laura Dogu, la Junta de Administración Colonial (Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino) ha iniciado un conjunto de reformas legislativas estructurales,que buscan garantizar que en la nueva situación de dominación, la burguesía criolla reciba una parte del atesoramiento rentista. Se modificaron y simplificaron las leyes de comercio, se produjo una reforma de la Ley de Hidrocarburos que rompe incluso con el tipo de nacionalismo limitado que impulsó la socialdemocracia venezolana en 1943 y 1976, retrotrayendo al país al momento en el que las transnacionales petroleras dictaban la relación con el fisco nacional. La disminución del porcentaje de regalías (30% a 15%), la concesión a las trasnacionales para que vendan directamente el petróleo y la aceptación de la capacidad de Estados Unidos para la decisión sobre la administración de los recursos provenientes del comercio petrolero, son el intento vergonzoso de la burguesía unificada y la junta de administración colonial, de mantener algún nivel de control sobre la acumulación. Ahora se anuncia la reforma de la ley del trabajo para terminar con el ajuste estructural, dictado por la administración Trump.

    La burguesía unificada del presente ha llegado más lejos de lo que había hecho la vieja burguesía en la cuarta república, perdiendo todo rasgo nacionalista, aceptando la situación de protectorado colonial que pretende imponer EEUU. Pero la última palabra la tendrán los acontecimientos de la lucha de clases por venir.

     


    Notas del artículo

    Notas del artículo
    1 Estas crisis complementarias ocurren a partir del cisma del Estado popular-nacional por efecto del Caracazo de 1989 (se disuelve la noción de pueblo como consenso para el control estatal), la vuelta a la contradicción entre el mundo militar y civil (asonadas militares del 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992), el cuestionamiento de la multitud al poder electoral (1993, ampliado en cada elección posterior), el primer distanciamiento radical entre la burguesía criolla y sus representaciones políticas en el gobierno al intentar los ricos la ruptura del hilo democrático (2002), el proceso de surgimiento de una nueva burguesía con intenciones liquidacionistas de su predecesora(2002- ), las tensiones del nuevo modelo de policlasismo que intenta promover la revolución bolivariana (democracia representativa, poder comunal, nueva burguesía), el definitivo fracaso de los modelos de control de cambio basados en el subsidio del dólar (como forma de enriquecimiento de la burguesía financiera), los problemas en el tipo de control de precios (captura de excedente de renta) que llevaron a la crisis de desabastecimiento, y la evaporación del desarrollismo burgués por el colapso de los servicios públicos básicos (2014-2026), el escalamiento de las tensiones entre Venezuela y Estados Unidos (2004-2017/ 2018-2025/ 2026 – ) cuya relación comercial había estado en el centro del modelo rentista, el cierre democrático (2024-2026) y el riesgo de pérdida de la República ante las pretensiones coloniales norteamericanas (con sumisión de la junta de gobierno instalada desde el 3 de enero de 2026). Salir de la crisis estructural venezolana implica resolver de manera simultánea –o por lo menos convergente– todos estos problemas, algo que va a resultar muy complejo en una situación colonial como la abierta en enero de 2026.
    2 En Venezuela el dólar era subsidiado, colocándole un valor oficial por debajo de su valor real en el mercado, diferencial que operaba como un mecanismo de captura de la renta petrolera.
  • Petro y su obsecuencia con el imperialismo estadounidense

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    Luis Campo

    Imperialismo 

    2/2/2026

    El miércoles 7 de enero de 2026, cuatro días después de la invasión estadounidense en Venezuela, en la que el ejército de EEUU secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, se produjeron masivas movilizaciones en Colombia en rechazo al imperialismo estadounidense. Sin embargo, lo a todas luces sorprendente, desconcertante y vergonzoso fue el discurso desmovilizador del presidente Petro en plaza pública. Desaparecieron de él los asesinatos en el Pacífico colombiano, en el Caribe en proximidades a Venezuela y en la misma incursión militar gringa en Venezuela, en la que murieron venezolanos y cubanos.[1]Discurso completo del Presidente Gustavo Petro en medio de las marchas del 7 de enero

    El gobierno colombiano había adelantado gestiones para concretar una llamada entre el presidente de EEUU, el criminal convicto Donald Trump, y el presidente Petro.[2]“Así se logró la llamada telefónica de Trump y Petro: «no fue nada fácil», dijo embajador en EE. UU.” https://www.lafm.com.co/politica/asi-se-logro-la-llamada-entre-trump-y-petro-387346 Trump interrumpió una entrevista que le estaba haciendo el New York Times para atender la llamada del presidente colombiano. En una foto de Dug Mills que se conoció, Trump mostró una nota en la que le avisaban que el presidente Petro lo estaba llamando.[3]“The New York Times reveló fotografía del momento en el que se desarrolló la llamada entre Donald Trump y Gustavo Petro” … Seguir leyendo La llamada se extendió por alrededor de 55 minutos y fue Petro el que más habló de los dos presidentes.

    Tras la llamada se produjo un cambio de 180°, por así decirlo, en el discurso de Petro. Sin embargo, pese al anterior discurso antiimperialista del presidente colombiano, su gobierno ya venía adelantando negociaciones para satisfacer las exigencias del fascista gobierno estadounidense.[4]“La comisión secreta de Petro que negoció bombardeos y fumigaciones en Colombia para contentar a Trump” … Seguir leyendo Se conoció que un bombardeo a la disidencia de las FARC liderada por “Iván Mordisco”, el denominado Estado Mayor Central (EMC), en la que murieron menores de edad y que Petro justificó, contrariando la vehemente denuncia de esta práctica en el gobierno de Iván Duque (2018-2022) por la izquierda colombiana, fue acordado con Washington, lo mismo que el regreso a la fumigación de los cultivos de coca con glifosato.

    Ya antes de esto se había hecho patente el fracaso de su política de “Paz Total”, una de las principales de su gobierno. Petro optó entonces por el regreso al discurso y la política contrainsurgente y cambió a su primer ministro de defensa, Iván Velasquez, exmagistrado auxiliar de la Corte Suprema de Justicia, por el militar en uso de retiro Pedro Sánchez, tras 34 años de ministros de defensa civiles.[5]“¿Quién es el general Pedro Sánchez? Todo sobre el nuevo ministro de Defensa” https://caracol.com.co/2025/02/19/quien-es-pedro-sanchez-nuevo-ministro-de-defensa/ Las guerrillas o sus disidencias dejaron de ser considerados insurgencias armadas y se convirtieron en carteles de narcotraficantes a los que sólo motiva la codicia y que responden a la “Junta del Narcotráfico”. La guerra del Estado colombiano contra el Ejército de Liberación Nacional (ELN), así como contra la disidencia de “Iván Mordisco”, se puso a la orden del día, mientras que el gobierno mantenía acuerdos con la disidencia de las FARC liderada por “Calarcá Córdoba”, el llamado Estado Mayor de Frentes y Bloques (EMFB), y el autodenominado Ejército Gaitanista de Colombia (EGC), reciclaje de los paramilitares que estuvieron agrupados en la Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en el pasado.

    Tras la famosa llamada entre los presidentes Petro y Trump, el ministro de defensa del primero viajó a Washington y anunció desde allí la cooperación del gobierno estadounidense en la ofensiva contra el ELN.

    En entrevista que dio al periódico El País de España, Petro admitió su temor a ser víctima de una incursión militar estadounidense como la que terminó en el secuestro de Nicolás Maduro.[6]“Petro: “Trump me dijo que estaba pensando hacer cosas malas en Colombia, una operación militar”” … Seguir leyendo Habituado al ejercicio del pragmatismo por encima de los principios, antepuso su supervivencia personal a la lucha antiimperialista contra un gobierno fascista.

    Para entender el proceder de Gustavo Petro frente al imperialismo estadounidense hay que conocer quién es y cómo actúa. El presidente Petro no es un hombre de izquierda. El acertado título que le cabe es el de progresista, como se autorreconoce a sí mismo, es decir, el de un reformador del capitalismo. Tampoco es antiimperialista; por el contrario, busca un viraje en la política de la principal potencia imperialista contemporánea, los EEUU. Hay que tener presente su vieja cercanía al Partido Demócrata estadounidense, a Bill Clinton y a Biden. Pese a toda su palabrería sobre él mismo como revolucionario, el título que le cabe es el de un liberal. Su paso por la guerrilla del M-19 en el pasado no lo convierte en revolucionario. Su afiliación a la socialdemocracia histórica está fuera de duda.

    Ahora, con respecto a su método, su gobierno ha sido suficientemente ilustrativo de su proceder. Parafraseando a Marx, para quien a los hombres no se los conoce por lo que dicen sino por lo que hacen, una característica central de su actuación como presidente ha sido la distancia entre la vehemencia de sus discursos, incluso anticapitalistas, y el carácter transaccional de su acción.

    Petro conquistó la presidencia de Colombia merced a un acuerdo con lo que se llama en Colombia la política tradicional. Su jefe de campaña fue el hoy ministro del interior Armando Benedetti. Benedetti es un político de derecha que fue uribista (derecha), después santista (derecha) y ahora petrista. Es también un inamovible del gobierno, porque tras él se esconden los secretos de cómo Gustavo Petro ganó la presidencia. Inicialmente marginado dentro del gobierno en la embajada de Colombia en Venezuela, mientras que su ex-asesora Laura Sarabia se convirtió en la figura más poderosa del gobierno tras el presidente, fue maniobrando hasta conseguir invertir la situación: Sarabia está ahora marginada en la embajada de Reino Unido, mientras que él se convirtió en el principal ministro del gobierno. El carácter transaccional del proceder de Petro, o, como le llaman, su pragmatismo, lo condenó a que su gobierno estuviera atado a la presencia central e irremovible de Benedetti en él.

    Aparte lo anterior, es de tenerse en cuenta que Petro propuso a lo que llamó la oligarquía (los grupos financieros, los propietarios de la tierras, etc.) un “Acuerdo Nacional” por el cambio. Sus reformas, en nada radicales, contaron con el respaldo del Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).[7]“FMI elogia reformas sociales de Petro y solidez de la economía colombiana” … Seguir leyendo Y no era para menos: su reforma agraria hasta ahora consiste en la formalización y compra de tierras y no en la expropiación; su reforma pensional salva a los fondos privados de pensiones en progresivo marchitamiento al asegurarles su integración en un sistema de pilares; su reforma laboral restablece parcialmente derechos que fueron eliminados por el gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010); su reforma a la salud pretende la eliminación del aseguramiento financiero privado a través de las Empresas Promotoras de Salud (EPS), pero mantendría la privatización de la prestación de los servicios de salud por medio de las Instituciones Prestadoras de Servicios de salud (IPS). A meses de finalizarse su gobierno, es posible que Gustavo Petro se haya convencido de que transar con los poderes del país no es posible. Sin un verdadero fortalecimiento del poder popular, Petro ha utilizado las movilizaciones populares para forzar negociaciones que aseguren la aprobación de sus tímidas reformas. La consecuencia de utilizar la movilización como táctica para forzar negociaciones de su reformismo resignado a la lógica de lo posible ha sido privar a la movilización popular de cualquier radicalidad estratégica y programática, ante la debilidad de la izquierda revolucionaria y la reedición en la izquierda de tradición comunista de la táctica estalinista de apoyar gobiernos burgueses.

    Petro ganó la elección presidencial no sólo por su acuerdo con la política tradicional, encarnada en un camaleón de la política como Roy Barreras (que, igual que Benedetti, fue primero uribista y después santista), su otro gran aliado, sino también por haber canalizado electoralmente el descontento social que explotó el 28 de abril de 2021, cuando inició el Paro Nacional que se conoció como el “Estallido Social”. A una enorme movilización de masas, cuyo epicentro fue Cali, en el suroccidente del país, y que provocó el retiro de una reforma tributaria y una reforma a la salud regresivas, así como la renuncia de Alberto Carrasquilla, ministro de hacienda del gobierno Duque, Petro ofreció un programa reformista. El movimiento popular aceptó, a falta de una alternativa, una dirección política electoral, institucional y “pragmática”, es decir, propensa a todo tipo de acuerdos con toda clase de sectores. Durante la campaña electoral, Alejandro Gaviria, político liberal de derecha que fue ministro de salud del expresidente Juan Manuel Santos (2010-2018), expresó de manera elocuente el carácter desmovilizador del eventual gobierno de Gustavo Petro. Afirmó: “Hay mucha insatisfacción. Podría ser mejor tener una explosión controlada con Petro que embotellar el volcán. El país está exigiendo un cambio”. Por su parte, Petro respondió: “Leí la frase que escribió en inglés que me parece profundamente acertada, él no está diciendo que vota por mí, está diciendo que es mejor controlar en cierta forma un estallido social que envasarlo, porque al envasarlo lo multiplicas por diez, no impedir el cambio en Colombia permite que la sociedad fluya pacíficamente hacia las transformaciones”.[8]“Guiño de Alejandro Gaviria a Petro causa revuelo político a pocos días de las elecciones” … Seguir leyendo Gaviria se convertiría en el primer ministro de educación del gobierno Petro, del que salió por su disensión con el presidente.

    Al carácter transaccional del proceder del gobierno Petro, se suma otra característica: su ideología. Gustavo Petro es uno de los exponentes del capitalismo verde. En su discurso de victoria, anunció los que serían los tres ejes de su gobierno: la justicia social, la justicia ambiental y la paz. La supuesta “transición” impulsada por su gobierno hacia un capitalismo desarrollado, “productivo”, controlado y dirigido por un Estado inversor y redistribuidor (con Mariana Mazzucato a bordo como asesora) era su estrategia. Sin embargo, aunque alineado con el imperialismo ecológico de Biden,[9]Petro se reunión con Laura Richardson, comandante del Comando Sur de EEUU: “De qué habló Gustavo Petro con la comandante del Comando Sur de Estados Unidos” … Seguir leyendo a quien propuso la electrificación de las Américas, queriendo convertir a Colombia en un centro del capitalismo verde, su gobierno no consiguió la transición energética. Asimismo, promovió infructuosamente el llamado “canje de deuda por acción climática”, es decir, la liberación fiscal de la carga de la deuda sustituyéndola por compromisos presupuestales y financieros de inversión verde. Su gobierno ha sido favorable al avance de la financiarización de la naturaleza, en el que han estado activos los mercados de capitales y los bancos. No sobra anotar que llegó a proponer que la OTAN y las fuerzas militares de EEUU protegieran la Amazonia.[10]“Colombia. La OTAN en el Amazonas: Petro juega con fuego” https://www.resumenlatinoamericano.org/2022/11/18/colombia-la-otan-en-el-amazonas-petro-juega-con-fuego/ En la isla Gorgona, en el Pacífico colombiano, avanza el proyecto de una base militar estadounidense contra la oposición de las comunidades. 

    En la actualidad, presenta como logros de su gobierno el avance de la agricultura y el turismo, la reducción de la pobreza, la inflación y el desempleo (merced al aumento de la informalidad), el aumento del salario mínimo (de casi 24% para 2026), la formalización y entrega de tierras (que están lejos de cambiar la tenencia y el uso de la tierra), la devaluación del dólar, etc. No obstante, el enriquecimiento financiero de los más ricos se expresa en la valorización de las acciones locales.[11]“La Bolsa de Colombia sorprende al mundo: así se convirtió en la de mayor valorización global en 2025” … Seguir leyendo Las enormes ganancias de los grupos financieros dueños de bancos, fondos de pensiones y grandes empresas están a la vista del público.[12]“Los bancos en Colombia siguen facturando gracias a los créditos y registraron históricas ganancias al cierre de 2025” … Seguir leyendo Su gobierno ha elevado notablemente el endeudamiento público del gobierno central.[13]“Gobierno de Gustavo Petro autorizó emisión de deuda de 152 billones de pesos para financiar el Presupuesto del 2026” … Seguir leyendo Cerca de un cuarto del Presupuesto General de la Nación se destina al pago de intereses y la amortización de la deuda pública, mientras que al acrecentamiento anual de dicho presupuesto en funcionamiento e inversión se contraponen la subejecución y el aplazamiento, es decir, el ajuste fiscal.

    Alineado ideológicamente con el imperialismo estadounidense de los demócratas, aniquilado por el gobierno fascista de Donald Trump, las políticas de su administración, las reformas legislativas promovidas por su gobierno, su método transaccional (el “Acuerdo por lo Fundamental”, la “Política del Amor”, el “Acuerdo Nacional”) y su utilización del movimiento de masas no han producido grandes transformaciones. El tacticismo de las pequeñas y acumulativas victorias parece ser su lógica ajustada.

    Es cierto que ha enfrentado una férrea oposición a sus políticas y reformas. Su inicial coalición mayoritaria en el Congreso de la República se rompió por la imposibilidad de la política tradicional de alinearse con sus reformas. De las propuestas, pudo aprobar la tributaria, la pensional, la laboral y recientemente la de la Ley 30 de 1992 (de educación superior). La contención institucional también ha estado en la administración de justicia: la Corte Constitucional y el Consejo de Estado han frenado su reformismo. El Banco de la República, banco central del país e independiente por la Constitución Política de 1991, ha mantenido la ortodoxia monetarista de elevar las tasas de interés para reducir la inflación. Los grandes medios de comunicación se pusieron en su contra. La amenaza paramilitar de los grandes propietarios de la tierra se manifestó cuando éstos sintieron temor a la expropiación. Pero son las propias características del gobierno Petro, ya resumidas en el párrafo anterior, las que constituyen sus limitaciones.

    Situándolo en su contexto, el gobierno Petro es un síntoma de la derrota y debilidad del movimiento obrero, campesino y popular y de la izquierda. La radicalidad del movimiento social y la izquierda se extraviaron. Un movimiento social y una izquierda ideológica y políticamente derrotados por el neoliberalismo, el terrorismo de Estado, el paramilitarismo y el narcotráfico, en un país de capitalismo dependiente, comercial y financieramente subordinado, con un industria en retroceso, al margen de las cadenas globales de valor y ubicado dentro de la división internacional del trabajo en el extractivismo, no encuentran cómo fortalecerse y aspirar al poder cuando quien los dirige mella sus posibilidades organizativas, estratégicas, programáticas y políticas.

    Es preciso volver ahora sobre su método transaccional para terminar con lo apuntado al principio de este escrito. Aunque fracasó su propuesta de “Acuerdo Nacional” y ha enfrentado sucesivos reveses en el Congreso de la República, el gobierno Petro continúa su coalición con sectores de la política tradicional. El más grande escándalo de corrupción del gobierno Petro, el de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), fue producto de su voluntad transaccional con estos sectores. Olmedo López, quien fue el primer director de esta entidad en su gobierno, está en prisión. Sandra Ortiz, quien fuera su primera Consejera Presidencial para las Regiones, sufrió igual destino. Carlos Ramón González, ex M-19 (guerrilla a la que perteneció Petro) y uno de sus directores del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (DAPRE), está prófugo de la justicia en Nicaragua. Su anterior ministro de hacienda, Ricardo Bonilla, y su segundo ministro del interior, Luis Fernando Velasco, fueron enviados a prisión el año pasado. Y todo lo anterior producto de un entramado de corrupción que se resume en el intercambio de proyectos públicos de inversión por votos de congresistas. Y esta historia está repitiéndose, al parecer: Angie Rodríguez, recientemente removida del cargo de directora del DAPRE, tras su intento de convencer al presidente de sacar a Carlos Carrillo del cargo de director de la UNGRD, es ahora la directora del Fondo de Adaptación, una entidad adscrita al Ministerio de Hacienda y Crédito Público. Subordinada a Benedetti, su llegada a esta entidad, que maneja un presupuesto abultado, fue al parecer el apresurado regreso a la contratación pública de los grupos políticos de derecha de la Costa Caribe colombiana a cambio de su alineación en las elecciones de este año.

    Intimidado por el imperialismo estadounidense, Petro y su gobierno prefirieron la transacción con el fascismo, es decir, su subordinación de hecho. Lo que pudo haber sido una creciente movilización antiimperialista, que continuara la denuncia del genocidio en Gaza, que recordara los asesinatos en el Pacífico y en el Caribe, así como en la criminal invasión a Venezuela; que se opusiera a la pretensión imperialista de adueñarse de Groenlandia, así como al reparto de Ucrania con Rusia; que defendiera la soberanía nacional y que inspirara otras movilizaciones antiimperialistas o confluyera con ellas y coincidiera con las crecientes manifestaciones antifascistas en las ciudades de EEUU contra el terrorismo de Estado practicado por el Departamento de Seguridad Nacional a través del Immigration and Customs Enforcement (ICE); que, en fin, alentara un gran rechazo a la Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno Trump, fue concluido prematuramente en la desmovilización popular.

    El “Estallido Social” de 2021 mostró a Colombia la potencia insurgente de su movilización de masas, “controlada” por el gobierno de Gustavo Petro. El movimiento social y la izquierda deben abocarse a la tarea de reconstruirse organizativa, estratégica, programática y políticamente, ante la deriva progresista y la imposibilidad de la vía armada.


    Notas del artículo

    Notas del artículo
    1 Discurso completo del Presidente Gustavo Petro en medio de las marchas del 7 de enero
    2 “Así se logró la llamada telefónica de Trump y Petro: «no fue nada fácil», dijo embajador en EE. UU.” https://www.lafm.com.co/politica/asi-se-logro-la-llamada-entre-trump-y-petro-387346
    3 “The New York Times reveló fotografía del momento en el que se desarrolló la llamada entre Donald Trump y Gustavo Petro” https://www.infobae.com/colombia/2026/01/08/the-new-york-times-revelo-fotografia-del-momento-en-el-que-se-desarrollo-la-llamada-entre-donald-trump-y-gustavo-petro/
    4 “La comisión secreta de Petro que negoció bombardeos y fumigaciones en Colombia para contentar a Trump” https://elpais.com/america-colombia/2026-01-08/la-comision-secreta-de-petro-que-negocio-bombardeos-y-fumigaciones-en-colombia-para-contentar-a-trump.html
    5 “¿Quién es el general Pedro Sánchez? Todo sobre el nuevo ministro de Defensa” https://caracol.com.co/2025/02/19/quien-es-pedro-sanchez-nuevo-ministro-de-defensa/
    6 “Petro: “Trump me dijo que estaba pensando hacer cosas malas en Colombia, una operación militar”” https://elpais.com/america-colombia/2026-01-09/petro-trump-me-dijo-que-estaba-pensando-hacer-cosas-malas-en-colombia.html
    7 “FMI elogia reformas sociales de Petro y solidez de la economía colombiana” https://forbes.co/2023/03/24/economia-y-finanzas/fmi-elogia-reformas-sociales-de-petro-y-solidez-de-la-economia-colombiana; “Banco Mundial anunció apoyo a la reforma pensional y laboral en Colombia” https://www.elcolombiano.com/negocios/banco-mundial-anuncia-apoyo-a-reformas-pensional-y-laboral-en-colombia-DH18680232; “OCDE felicita a Colombia por sus reformas pensional y laboral” https://humanaradio.com.co/ocde-felicita-a-colombia-por-sus-reformas-pensional-y-laboral/
    8 “Guiño de Alejandro Gaviria a Petro causa revuelo político a pocos días de las elecciones” https://www.elpais.com.co/politica/guino-de-alejandro-gaviria-a-petro-causa-revuelo-politico-a-pocos-dias-de-las-elecciones.html
    9 Petro se reunión con Laura Richardson, comandante del Comando Sur de EEUU: “De qué habló Gustavo Petro con la comandante del Comando Sur de Estados Unidos” https://www.eltiempo.com/politica/gobierno/gustavo-petro-se-reunio-con-comandante-del-comando-sur-de-estados-unidos-700772
    10 “Colombia. La OTAN en el Amazonas: Petro juega con fuego” https://www.resumenlatinoamericano.org/2022/11/18/colombia-la-otan-en-el-amazonas-petro-juega-con-fuego/
    11 “La Bolsa de Colombia sorprende al mundo: así se convirtió en la de mayor valorización global en 2025” https://www.infobae.com/colombia/2025/08/24/la-bolsa-de-colombia-sorprende-al-mundo-asi-se-convirtio-en-la-de-mayor-valorizacion-global-en-2025/
    12 “Los bancos en Colombia siguen facturando gracias a los créditos y registraron históricas ganancias al cierre de 2025” https://www.infobae.com/colombia/2026/01/19/los-bancos-en-colombia-siguen-facturando-gracias-a-los-creditos-y-registraron-historicas-ganancias-al-cierre-de-2025/
    13 “Gobierno de Gustavo Petro autorizó emisión de deuda de 152 billones de pesos para financiar el Presupuesto del 2026” https://www.eltiempo.com/economia/sectores/gobierno-de-gustavo-petro-autorizo-emision-de-deuda-de-152-billones-de-pesos-para-financiar-el-presupuesto-del-2026-3522418; “Deuda pública de Colombia ha aumentado más de COP$800 billones en la era Petro: el panorama” https://www.bloomberglinea.com/latinoamerica/colombia/deuda-publica-de-colombia-ha-aumentado-mas-de-cop800-billones-en-la-era-petro-el-panorama/
  • ¡Alto a la agresión imperialista contra Venezuela!

    ¡Alto a la agresión imperialista contra Venezuela!

    La administración de Donald Trump ha consumado un ataque militar aéreo contra objetivos específicos en territorio venezolano, es decir, ataques con bombas a edificios oficiales y bases militares del país. El evento, inédito en el continente hace más de tres décadas, constituye una flagrante violación de la soberanía venezolana, de América Latina en su conjunto y de los principios más elementales del derecho internacional.

    Durante horas de la madrugada del sábado 3 de enero, bombardeos y explosiones en Caracas y otros dos estados de Venezuela han servido de cortina de humo para apresar y secuestrar al presidente Nicolás Maduro, como lo ha confesado el propio Trump en su cuenta de la red Truth Social. Todavía no está comprobado el destino del presidente, mucho menos si hubo colaboración interna y cuáles de estos sectores podrían haber colaborado para lograr la captura de Maduro.

    La indefinición sobre el futuro del país hace más urgente que nunca que todas las fuerzas progresistas, democráticas, socialistas y revolucionarias pongan en marcha un movimiento internacional contra la agresión imperialista y por el derecho del pueblo venezolano a decidir sobre su destino de manera autónoma y soberana.

    Independientemente de la opinión o postura sobre el régimen del presidente aparentemente depuesto, la intervención imperialista no es una salida para el sufrido pueblo de Venezuela, los pueblos de América Latina, y cualquiera oprimido por el imperialismo alrededor del mundo. Esa intervención siempre ha sido y sigue siendo contraria a sus intereses. Solo puede conducir a la muerte, la opresión y la injusticia.

    La campaña mundial necesaria debe incluir movilizaciones y concentraciones frente a las embajadas norteamericanas en cada país, como una muestra de la unidad de los pueblos contra las agresiones imperialistas como la presente.

    La IV internacional se solidariza con el pueblo y la clase trabajadora venezolana, y exige el retiro inmediato del despliegue militar que durante los últimos meses mantiene una inmensa fuerza militar de EEUU en el Caribe. Exigimos la liberación de Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Adela Flores—es prerrogativa del pueblo juzgar y elegir a quien le parezca. ¡Exigimos el cese de la agresión militar y el respeto a la soberanía territorial y política de Venezuela y de toda América Latina!

  • Venezuela: la amenaza imperialista y los posibles cursos del conflicto

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    Luis Bonilla-Molina

    Profesor visitante en la Universidad Federal de Sergipe (UFS), en Brasil, como parte del programa Solidaridade de CAPES. Investigador en temas de política, tecnología, educación y comunicación.

    Publicado originalmente en Viento Sur

    Teoría: Imperialismo

    15/12/2025

    Como si se tratara de guiones escritos por Warren Ellis —The Authority, Transmetropolitan, Planetary—, en los que abundan los argumentos exagerados, durante los últimos cuatro meses hemos presenciado una ofensiva mediática y militar desproporcionada contra la soberanía venezolana. La doble moral de la administración norteamericana ha pasado de comprar petróleo venezolano —en condiciones comerciales neocoloniales, producto de las sanciones impuestas por ellos mismos y de la actitud entreguista del gobierno madurista— a presentar a la dirigencia estatal criolla como un cartel criminal dedicado al narcotráfico, con el objetivo de justificar un despliegue y eventual ataque militar.

    Lo hace a sabiendas del desprestigio interno e internacional del gobierno de Maduro, marcado por un evidente déficit democrático —especialmente a partir de las elecciones presidenciales de 2024—, un giro autoritario y neoliberal que conserva la retórica de izquierda, y el deterioro de la calidad de vida del pueblo y de la clase trabajadora, que sobrevive con un salario mínimo mensual inferior a un dólar, en medio de una inflación de tres dígitos y con precios de consumo básico que duplican la media regional. La migración forzada, por razones económicas y políticas, de millones de venezolanos ha fracturado a las familias y erosionado la popularidad gubernamental, al punto de que el gobierno de Maduro no ha logrado articular un frente nacional antiimperialista ante la ofensiva estadounidense que incluya a todos los sectores del país. La derecha cipaya se há constituído en una especie de falange local que justifica la invasión con argumentos tan peregrinos como colocar la soberanía popular electoral por encima de la soberanía territorial, alegando que la falta de transparencia en las elecciones del 28 de julio de 2024 justifica la intervención norteamericana.

    Pero nada de esto, por sí solo, sería suficiente para que la opinión pública norteamericana, latinoamericana y mundial aceptara un ataque militar desproporcionado contra la patria de Bolívar. Por ello se construye una imagen criminal del mismo gobierno que, de manera sumisa, ha entregado petróleo a Estados Unidos desde el inicio de la guerra en Ucrania; una operación propagandística que parece inspirada en los monstruos creados por el desaparecido John Cassaday.

    No obstante, hay algo que no termina de quedar claro en esta ofensiva militar y mediática estadounidense, que un día ataca pequeñas embarcaciones, al siguiente eleva el tono de las agresiones verbales, luego emite comunicados altisonantes contra el gobierno venezolano y da la sensación de acciones inminentes, para después dejar que el silencio y la inactividad alimenten una clínica de rumores y especulaciones. Para colmo, un fin de semana califica al gobierno venezolano de “criminal” y al siguiente anuncia la apertura de diálogos directos entre Miraflores y la Casa Blanca.

    La pregunta inicial

    El Gobierno de Nicolás Maduro no es una continuidad del Chavismo, tiene características propias que producen una extraña mezcla entre retórica socialista añeja -tipo Stalin o Mao- para mantener un campo internacional de solidaridad, mientras ataca a toda la izquierda criolla -asaltando judicialmente sus representaciones naturales-, produce una ofensiva antipopular contra los gremios y sindicatos de trabajadores que tratan de organizar luchas por salario justo y condiciones dignas de vida, concreta la eliminación de las libertades democráticas mínimas, a la par que aplica un paquete neoliberal con discurso sui generis de izquierda, sin que ello le impida atacar verbalmente al imperialismo norteamericano -para complacer a su base social- mientras entrega a los gringos el petróleo en condiciones terriblemente neocoloniales.

    Una parte importante de la izquierda venezolana denunciaba en las elecciones de 2024, que el candidato ideal para los Estados Unidos era Nicolás Maduro porque había construido un gobierno con eficiencia autoritaria -no económica, política y social- que entregaba las riquezas patrias sin desparpajo, a cambio de mantenerse en el poder, algo que ni siquiera la dupla María Corina Machado (MCM) y Edmundo González Urrutia (EGU) podrían hacerlo de manera tan impune, porque su propia base social se lo reclamarían.

    De hecho, se equivocan quienes consideran que el liderazgo de Nicolás Maduro es timorato, por el contrario, es extremadamente habilidoso para sostenerse en el poder en medio de un creciente descontento popular, sin precedentes en la historia nacional. El dictador Juan Vicente Gómez gobernó a principios del siglo XX sin tantos daños colaterales, y la dictadura de Pérez Jiménez, carente de libertades democráticas, estabilizó la economía, con un programa de desarrollo capitalista, pero en el cual la clase trabajadora no conoció la miseria actual. El hecho que Maduro se sostenga en el poder en estas condiciones implica una capacidad singular de manejo y control de las correlaciones de fuerza, algo que hay que colocar en la ecuación de análisis.

    Pero, si Maduro ya estaba en negociaciones abiertas con los Estados Unidos desde la guerra de Ucrania, convirtiendo a Venezuela nuevamente en un proveedor seguro de petróleo al norte, entonces ¿Por qué este inusitado despliegue militar contra Venezuela? Las explicaciones simplistas, que indican que es solo para garantizarse el control absoluto de las reservas de petróleo venezolano no resultan suficientemente satisfactorias. Si bien la riqueza de Venezuela la convierte en blanco de la voracidad capitalista mundial y en especial del imperialismo norteamericano, este desproporcionado despliegue pareciera indicar otros elementos adicionales. La invitación es a formularnos esta interrogante para valorar lo que no aparece de manera tan obvia.

    Los hechos

    A mediados de agosto de 2025 se inició un despliegue naval, anfibio y de tropas en el caribe -especialmente en torno al perímetro de las costas venezolanas- sin precedentes desde 1902-1903, cuando el presidente Cipriano Castro desconociera la deuda externa venezolana.  Inicialmente Estados Unidos anunció la movilización de 4.000 efectivos militares, incluyendo elementos del Iwo Jima Amphibious Ready Group(ARG) junto con la 22nd Marine Expeditionary Unit (MEU), destructores de la clase Arleigh-Burke, un crucero misilístico guiado -como el USS Gettysburg– el submarino nuclear USS Newport News (SSN-750), aviones de patrulla marítima P-8 Poseidón y helicópteros del Cuerpo de Marines. El grupo armado partió de Norfolk, Virginia el 15 de agosto de 2025, tras un periodo prolongado sin despliegue en la región.  La prensa internacional informó que posteriormente -el 27 de agosto- se incorporó el USS Newport News, junto con otros destructores y unidades de apoyo, para operaciones de vigilancia y disuasión en el sur del Caribe, próximos a la frontera marítima de Venezuela.

    El gobierno de Venezuela inició una ofensiva mediática -inicialmente acusando a Marco Rubio y haciendo ver a Trump como engañado por el primero-, política, activando sus menguadas bases sociales, los Milicianos y convocando a la unidad nacional -no obstante se niega a liberar la totalidad de los presos políticos, devolver la personalidad jurídica de los partidos de izquierda a sus legítimos militantes y no cesa en su modelo de acumulación neo burguesa-, militar, diseñando una estrategia de resistencia prolongada que requeriría mayores niveles de frente social amplio, y diplomática en las distintas instancias multilaterales, desde la ONU hasta la CELAC. Luego, de intentar de manera casi infantil producir una división en la administración Trump ha venido atacando la ofensiva como imperial, cuidando de no cerrar la puerta de diálogo con el inquilino de la Casa Blanca.

    Los gobiernos progresistas han respondido de distintas maneras, mientras Boric (Chile) insiste en identificar el carácter autoritario y no socialista del gobierno de Maduro, Petro enfatiza en el déficit democrático en Venezuela lo cual no justificaría una invasión militar sobre el país, Lula señala que se trata de una preocupación para la soberanía de todo el continente y la presidenta de México se muestra más cercana al discurso antimperialista como prioridad.

    El 2 de septiembre se anunció la Operation Southern Spear, enfocada en la erradicación de lo que denominan narcoterroristas vinculados a Venezuela. El 2 de septiembre se produce un primer ataque que destruyó una pequeña embarcación -presuntamente dedicada al narcotráfico- reportándose al final 11 muertos en aguas internacionales del Caribe. A mediados de septiembre continuaron estos ataques con 3 muertes adicionales.

    El 1 de septiembre el gobierno de Maduro había declarado que Venezuela está en máxima preparación, advirtiendo que responderían si las fuerzas de EEUU intentan violar la soberanía nacional. Adicionalmente, Nicolás Maduro amenazó con declarar la República en Armas de concretarse la agresión extranjera.

    El 10 de octubre , el Secretario de Defensa Pete Hegseth anuncia la creación del Joint Task Force (JTF) anti-Narcotics – Fuerza de Tarea Conjunta Anti-Narcóticos- con el propósito de coordinar operaciones marítimas, aéreas y de inteligencia contra redes de narcotráfico. Esta JTF está siendo liderada por el II Marine Expeditionary Force (II MEF). A partir del 11 de octubre se intensifica el patrullaje marítimo, con aeronaves de apoyo logístico y helicópteros de Marines, adicionándose la coordinación con naciones como República Dominicana y Trinidad & Tobago. Ocurren más de 10 ataques más a pequeñas embarcaciones que eleva el número de muertos a 43.

    En octubre, el gobierno de Venezuela organizó ejercicios militares, movilizando sus fuerzas aéreas y defensas antiaéreas para responder a eventuales provocaciones. Entre tanto, ocurre el fenómeno de precario sentimiento antiimperialista entre la población, producto del terrible agotamiento social ante once años de crisis económica sin precedentes que ha llevado el salario mínimo mensual a menos de un dólar norteamericano, con inflación sostenida y los productos de consumo básico al doble de precios que la media regional. No se trata que una parte importante de la población -de derecha, no partidarias e incluso de izquierdas- este de acuerdo con una agresión contra el país, sino que existe un terrible hartazgo con el gobierno nacional. Ante esto un sector de la población pareciera preferir “malo por conocer” como ilusión que se puede salir de la actual situación de vida, caracterizada por ingresos promedio por debajo de la línea de pobreza, como si la historia no demostrara que donde invaden los gringos lo que sigue es miseria, caos y destrucción.

    El 16 de noviembre -aunque había sido anunciado antes- se amplió la misión con la incorporación del portaaviones USS Gerald R. Ford (CVN 78) y su grupo de ataque, junto con bombarderos de largo alcance y más patrullas aéreas y marítimas, elevándose la presencia a unos 15.000 efectivos. Hasta la fecha el número de muertos por operaciones militares vinculadas alcanza a las 83 personas. Se trata de muertes extrajudiciales, seres humanos que pudieron ser reducidos, capturados y enjuiciados con el debido proceso, hecho que ha sido denunciado por organizaciones de derechos humanos.

    Al anunciarse la llegada del USS Ford, Venezuela movilizó cerca de 200.000 efectivos en una operación de preparación ante el eventual crecimiento de las hostilidades. Esto ocurre con el incremento de la propaganda sobre la necesidad de unidad nacional y defensa de la soberanía, que seguramente ha logrado cohesionar la base social del Madurismo, pero que resulta insuficiente para una resistencia antiimperialista eficiente.

    El 21 de noviembre de 2025, se declara al llamado Cartel de los Soles como una organización delictiva, cuya existencia no ha sido comprobada, pero supuestamente está compuesta por elementos del alto mando militar y político del gobierno de Venezuela, incluido el propio presidente Nicolás Maduro. A finales de noviembre, se incrementan las especulaciones y se producen anuncios sobre la posibilidad de que EEUU inicie operaciones terrestres contra el narcotráfico -eufemismo para señalar un posible ataque militar en territorio venezolano-  a la par que el propio presidente Trump plantea la posibilidad de una reunión con el presidente Maduro. Al cierre de este artículo, el New York Times señalaba que un primer encuentro telefónico se había producido, sin avanzar en un acuerdo de no agresión.

    No es un desafuero de Trump es la política neocolonial del imperialismo norteamericano

    Trump no es un “trompo loco” al frente de la administración de la nación imperialista más importante, por el contrario, expresa políticas estructurales, aunque aplicadas a su estilo excéntrico y estridente, propio de los iliberales. Lo que ocurre en el sur del Caribe, es en realidad parte de un cuadro más general que tiene que ver con la restructuración del sistema de gobernanza capitalista global que emanó de la segunda guerra mundial. El surgimiento de China como potencia económica, Rusia como gigante militar nuclear, la relocalización de un potente vértice de innovación entre China e India, y la pérdida creciente de influencia geoestratégica – militar de Europa, son solo signos de una transformación radical del orden capitalista.

    Como siempre, el nuevo orden surgirá por negociación o por guerra -en este último caso sería apocalíptica para la humanidad y el propio capitalismo- pero las piezas comienzan a moverse. Estados Unidos se mueve como nación imperialista, y mucho de lo que hoy vemos en juego inició con Biden, es decir, para demócratas y republicanos el real interés es la geopolítica norteamericana. Estados Unidos necesita mostrarle al mundo que sigue siendo la nación armamentista más poderosa, con capacidad destructiva a gran escala y presencia militar extra territorial en muchos países.

    La “política de Homeland Economic”, formalmente conocida como el enfoque de Trade and Economic Security (TES), impulsado por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) bajo la administración Biden, se anunció en 2021 como parte de una estrategia integral para integrar la seguridad económica en la agenda de seguridad nacional. Su publicación principal, el informe TES, se basa en evaluaciones anuales como la Economic Security Annual Assessment de 2020 -publicada el 11 de enero de 2021- y elDHS Strategic Action Plan to Counter the Threat Posed by the People’s Republic of China (12 de enero de 2021).

    El objetivo central era reconocer que la prosperidad económica de EE. UU. depende del flujo ininterrumpido de bienes, servicios, personas, capital, información y tecnología a través de las fronteras, y por ello, busca mitigar riesgos a la seguridad económica doméstica mediante acciones coordinadas en todo el gobierno, de orden político, financiero, militar, que actualizaran de manera bilateral los vínculos históricos de los países con el imperio. Esto incluía el reforzamiento de la presencia militar en otros países y la apertura de operaciones de cooperación en este campo en otras naciones.

    Los propósitos claves se orientaban a fortalecer la posición económica global de EE. UU. Impulsar políticas que protejan cadenas de suministro críticas, reduciendo vulnerabilidades ante amenazas como interrupciones en el comercio, ciberataques o competencia desleal (por ejemplo, de China); Integrar seguridad económica con seguridad nacional y usar el “Homeland Security Enterprise” para responder a riesgos que afecten la estabilidad económica, como fluctuaciones en el comercio internacional o dependencias en importaciones esenciales.

    Las acciones prácticas del TES se orientaban a realizar evaluaciones anuales para informar políticas, promover el comercio seguro y colaborar con aliados para diversificar cadenas de suministro. Incluye énfasis en sectores como manufactura, tecnología y recursos naturales, con un enfoque en reducir riesgos económicos “de origen extranjero”. Se naturaliza el giro de la política de seguridad, presentada con rostro de zanahoria y garrote disimulado. Esta política representaba un giro hacia una visión “de todo el gobierno” (whole-of-government), combinando diplomacia económica, regulaciones comerciales y cooperación internacional, en contraste con enfoques más aislacionistas previos.

    La política TES sigue vigente como marco de Estado bajo la administración Trump (iniciada en enero de 2025). Aunque se han rescindido directrices específicas de Biden, en áreas como inmigración y enforcement -cumplimiento de leyes- en zonas sensibles (por ejemplo, la directiva del 24 de enero de 2025, formulada por el secretario interino de DHS, Benjamine Huffman). El informe TES permanece como referencia activa en publicaciones del DHS hasta el 24 de noviembre de 2025.

    Otros documentos relacionados, como el ICE Pact Workforce Development Plan y declaraciones conjuntas de intención, se extienden hasta 2026, indicando continuidad. No ha sido sustituida formalmente, sino integrada en iniciativas más amplias de la era Trump.

    La política Homeland Economic/TES proporciona el marco conceptual para el actual despliegue militar en el Caribe, pero marca una evolución de enfoques: de la diplomacia económica con eventual apoyo militar de Biden, a la centralidad de la acción militar ofensiva bajo Trump. El argumento de la administración Trump, es que el narcotráfico transnacional, foco de la Operation Southern Spear -iniciada en septiembre de 2025, con antecedentes en agosto-, amenaza directamente los propósitos de TES al crear condiciones para una potencial interrupción de las cadenas de suministro y comercio, ya que los cárteles -en este caso el denominado Cartel de los Soles- controlan rutas marítimas en el Caribe, afectando el flujo de bienes legales -por ejemplo, petróleo, agricultura- elevando los costos logísticos, lo que socava la “prosperidad económica dependiente de flujos fronterizos”, elementos destacados en la TES.

    Por otra parte, el narcotráfico genera inestabilidad regional, especialmente por sus “vínculos” con la migración masiva como es el caso de las crisis económicas en países como Venezuela. Por otra parte, el narco fomenta dependencias en importaciones ilícitas y reduce la cooperación comercial con aliados caribeños, contrariando el énfasis de TES en alianzas para diversificar suministros. Para la administración Trump, todo esto tiene un impacto en la seguridad económica doméstica, ya que el fentanilo y otras drogas inundan EE. UU., costando miles de millones de dólares en salud pública y productividad, lo que TES identifica como riesgo “homeland” que requiere respuesta integrada.

    Bajo Biden, TES priorizaba medidas no letales como sanciones económicas, inteligencia compartida y asistencia a socios regionales para desarticular redes financieras de cárteles. En el caso de Venezuela Biden privilegió la construcción de condiciones neocoloniales en el suministro de petróleo venezolano a Norteamérica. En 2025, con la administración Trump, esto ha escalado a un despliegue masivo -desde agosto- que pareciera ser una adaptación de TES, en este caso para “proteger la estabilidad económicamediante contención militar.

    Mercado petrolero

    Las estimaciones de la OPEP y la IEA ubican las reservas petroleras venezolanas en 303 mil millones de barriles, siendo el país con mayores reservas probadas de crudo del mundo, por delante de Arabia Saudita e Irán. En la estrategia de TES esto constituye un área estratégica para el futuro económico de los Estados Unidos, razón por la cual una estrategia no develada abiertamente, de colocar bases militares norteamericanas en suelo venezolano pareciera consistente. Estados Unidos, en la competencia desatada con China y Rusia por mercados petroleros, quiere asegurarse la reserva más importante del mundo, ubicada en su radio más cercano de influencia, algo que solo puede hacer mediante control directo militar. Los anuncios de inicios de operaciones de explotación y comercio de petróleo venezolano, por parte de compañías chinas y rusas, ha inquietado a Washington quien pareciera buscar mecanismos coercitivos que eviten la potencial pérdida de influencia directa sobre esta importante reserva energética.   Es decir, el despliegue militar en el sur del Caribe no procura solo el cambio de gobierno para asegurarse el suministro de petróleo, sino la creación de condiciones político-militares de control militar directo, algo que escalaría la violación de la soberanía nacional, más allá de lo alcanzado durante la guerra fría y la cuarta República.

    Contrario a lo que ha ocurrido con los mercados petroleros en ocasiones de ofensiva norteamericana contra un país productor, en este caso el nerviosismo no se ha apoderado de los indicadores de precios. Durante el año 2025 la fluctuación de los precios del petróleo ha sido descendente (78 $ en enero 2025 – 64$ en noviembre del mismo año), lo que evidencia que más que una operación militar directa, el mercado espera un acuerdo entre los gobiernos de Maduro-Trump, que en este caso sería la negociación de presencia militar permanente norteamericana en suelo venezolano. Desde que comenzó el desplazamiento militar norteamericano en el caribe sur, desde agosto, los precios del petróleo, aunque han experimentado pequeñas variaciones cuando recrudecen las tensiones entre la Casa Blanca y Miraflores, no han detenido su caída. Este comportamiento del mercado es algo que se debe tomar en cuenta a la hora de explorar los tiempos y escenarios de estas tensiones. En síntesis, mientras el mercado petrolero pareciera no ver una ofensiva militar contra Venezuela en el corto plazo y por eso no reacciona de manera nerviosa elevando los precios del barril, una elevación del costo del oro negro favorecería los negocios de comerciantes del crudo, entre los que se cuenta el propio presidente Trump.

    Trump y el incremento de la presencia militar en Latinoamérica y el Caribe

    Desde la llegada al poder de Trump, en su segundo mandato en 2025, ha concentrado una parte importante de su esfuerzo en la presencia militar norteamericana en Latinoamérica y el Caribe. Es decir, continuidad del TES con mayor relevancia de la expansión de fuerzas militares en países dependientes. Algunas de las iniciativas más relevantes en este sentido, se expresan en el memorandun de entendimiento aceptado por el presidente Mulino (Panamá) y anunciado por el secretario de defensa de EEUU Pete Hegseth para el “uso rotacional” de las antiguas bases, aeródromos y estaciones navales que Norteamérica tuvo en Panamá antes de la entrega del Canal; en el caso de Puerto Rico se ha procedido a la reapertura y refuerzo operativo de la Roosevelt Roads y se activaron ejercicios en Vieques; en Ecuador el parlamento aprobó una reforma constitucional que abría la posibilidad de ampliar la presencia militar norteamericana en su territorio, sin embargo la medida fue rechazada en referéndum popular; más recientemente -noviembre de 2025- República Dominicana autorizó el uso de bases locales (Isidro Air Base y el Aeropuerto Internacional de las Américas) para operaciones logísticas de lucha contra el narcotráfico. La administración Trump ha impulsado el uso intensificado de CSL (Cooperative Security Locations) en El Salvador, Curazao. Palenque/Apiay/Malambo y otros aeródromos (Colombia), es decir, en solo meses ha trabajado un reposicionamiento militar norteamericano en la región.

    Una de las zonas en las que históricamente Estados Unidos ha querido contar con la instalación de bases militares es Venezuela. En los años sesenta del siglo XX lo intentaron, pero contaron con la oposición del gobierno socialdemócrata de Rómulo Betancourt, que acordó cooperación militar sin tropas estacionadas permanentemente. Esto pareciera querer ser revertido por Estados Unidos, paradójicamente cuando se encuentra al frente del gobierno una dirección como la de Maduro, que se considera en las antípodas de Betancourt. En este sentido, la presión militar sobre Venezuela pareciera buscar además del control del petróleo, la superación de la resistencia betancourista al despliegue militar en el territorio, ya sea mediante acuerdo con el Madurismo o en una eventual sucesión liderada por María Corina Machado, quien en el pasado reciente ha dejado entrever esta posibilidad.  Esto explicaría en parte, el por qué a pesar de la entrega del petróleo venezolano a Estados Unidos en condiciones neocoloniales en los últimos años, se produce una desproporcionada ofensiva militar contra el país y la administración venezolana.

    Régimen Predictivo y control imperial

    La lucha de clases es el motor de la historia decía el viejo Marx, por ello la conformación imperial -el imperialismo hoy- es parte constitutiva de la lucha de clases, en este caso en favor de la burguesía como clase social a escala global. La opresión de clase se ejecuta a través del Estado burgués y sus instituciones, tomando variadas formas que incluyen la biopolítica -Foucault- y la psicopolítica -Chul-Han- en los periodos liberal y neoliberal.

    El desarrollo de la tecnología constitutiva de la cuarta revolución industrial, especialmente el internet, la captura de datos, el análisis de metadatos, la inteligencia artificial y los sistemas de manejo a gran escala de información multinivel, han dado origen al régimen predictivo de control imperial. En este sentido, surge especial interés en la captura masiva de datos para conocer comportamientos, segmentarlos, localizarlos y poder construir escenarios futuros, que permitan precisamente traer el futuro al presente. Esto tiene especial relevancia en las nuevas formas de opresión y control imperial en los territorios.

    Eso es lo que hemos visto durante estos casi cuatro meses, en los cuales pareciéramos estar permanentemente al borde una acción militar de gran escala contra Venezuela, lo que genera reacciones de simpatía o rechazo, incredulidad u optimismo, apoyo u oposición por parte de la población, no solo del país sino de la región y el mundo. Eso ha generado un volumen gigantesco de información, de especial interés predictivo, que por la impunidad con la cual se ha ejecutado constituye una victoria muy importante para los propósitos del imperialismo norteamericano. Ahora los gringos tienen más elementos de juicio, respecto a los eventuales comportamientos de la población y las representaciones políticas, ante futuras y potenciales intervenciones en la región, las probabilidades reales de contar con apoyos, pero también las resistencias que resulta previsible esperar.  Todo esto es trabajado con métodos de inteligencia abierta automatizada.

    OSINT

    Las operaciones militares ya comenzaron desde el momento que se anunció el despliegue de la flota norteamericana en el sur del Caribe. No se trata del disparo de misiles como en las guerras convencionales, sino la puesta en marcha de una fase de las nuevas guerras híbridas, que no parecen tan evidentes para el observador común. Esto es el resultado del uso militar de múltiples tecnologías, entre las que analizaremos la OSINT.

    La inteligencia abierta automatizada (OSINT) nace en la inteligencia militar en los años 40-50 (radio, prensa) del siglo XX. Con el surgimiento de internet (1990s), se vuelve masiva. Desde 2015-2025, con la Inteligencia Artificial (IA) y la big data, la OSINT entra en su era automatizada, con análisis casi en tiempo real.

    La OSINT automatizada es un método de recolección y análisis de información pública (noticias, redes sociales, imágenes satelitales, documentos oficiales, tráfico marítimo/aéreo, foros, bases de datos abiertas, etc.), donde software especializado realiza automáticamente tareas que antes requerían horas de trabajo humano.

    La automatización rastrea (scraping) miles de páginas y fuentes abiertas, genera clasificación automáticacon modelos de IA (por temas, geografía, sentimiento, relevancia), detecta patrones en tiempo real (movimientos militares, campañas mediáticas, cambios económicos), produce alertas basadas en eventos claves (despliegues navales, discursos, anuncios de sanciones), generando informes integrados a partir de múltiples fuentes.

    Por ejemplo, a través de sistemas que monitorean rutas marítimas y detectan movimientos inusuales de buques, plataformas que analizan imágenes satelitales para identificar actividad militar, herramientas que capturan y correlacionan discursos oficiales, sanciones y movimientos logísticos, motores que rastrean noticias en decenas de idiomas y producen resúmenes automáticos, bots que siguen hashtags o narrativas políticas en redes sociales.

    La OSINT se usa para evaluar riesgos de conflicto o escaladas militares, monitorear narcotráfico, contrabando o crimen organizado, anticipar crisis políticas o económicas, analizar campañas de desinformación, medir impacto de sanciones o tensiones diplomáticas.

    En el escalamiento de las tensiones en el sur del Caribe, la OSINT pareciera estarse usando en cuatro grandes capas. La primera, el seguimiento de tráfico marítimo (AIS + OSINT satelital), monitoreando buques militares, comerciales y pesqueros mediante el Automatic Identification System(AIS), precisando rutas anómalas cerca de Puerto Rico -donde se reactivado presencia militar en Vieques y otros lugares-, Curazao, Trinidad, La Guaira y el Golfo de Venezuela, detectando patrones logísticos de reabastecimiento, acercamientos a zonas de exclusión, comportamientos ante restricciones, patrullajes repetitivos, entre otros; además se trabaja en posibles apagones de AIS para operaciones encubiertas, optimizando el uso de la tecnología militar disponible en la región.

    La segunda, el uso de imágenes satelitales automatizadas. Mediante el uso de sistemas de detección automática –machine visión– se obtiene información referida al despliegue de destructores o portaviones, actividades en bases de EEUU -especialmente Roosevelt Roads, Mayport, Key West-, los movimientos inusuales en bases venezolanas -La Orchila, Punto Fijo, Sucre, Puerto Cabello, Guárico, Maracay y las zonas fronterizas- que posibilitan de conjunto el éxito en el incremento de los vuelos de vigilancia P-8 Poseidón o helicópteros MH-60. Estas imágenes satelitales permiten detectar en tiempo real, el cambio de “pixel” y alertan cuando aparecen nuevas embarcaciones, sombras térmicas, columnas logísticas, combustibles almacenados, equipos de radar activos, información de especial utilidad al momento de escalar operaciones militares.

    La tercera, el monitoreo automático de discursos, medidas coercitivas y declaraciones oficiales. En este caso, bots entrenados en procesamiento de lenguaje natural escanean comunicados, directrices del DHS, comando sur y Departamento de Estado y las reacciones de los poderes públicos y las Fuerzas Armadas Venezolanas, detectando palabras claves como “amenaza inusual”, “respuesta estratégica”, “violación de aguas territoriales”, “activación de milicianos”.  Luego calculan el riesgo implícito y explícito a partir de los tonos en el discurso, la frecuencia, los precedentes históricos del escalamiento y la veracidad de las afirmaciones en oportunidades anteriores, así como los actores involucrados y su concurrencia en distintos escenarios.

    El cuarto, monitoreo automático de redes sociales y señales débiles. Los algoritmos rastrean videos de movimientos militares subidos a internet por civiles, reportes de pescadores, publicaciones de comunidades pesqueras, críticas o simpatías posteadas o enviadas a través de mensajerías de texto, vuelos no identificados (OSINT de aviación), así como filtraciones de personal militar, lo cual permite detectar movimientos antes de que ocurran o sean anunciados.

    La combinación de OSINT con modelos predictivos para riesgos geopolíticos, permite medir las probabilidades de escalamiento -aunque no predicen eventos concretos- mediante tres técnicas principales: modelos de correlación y series temporales (ARIMA, VAR, Granger), modelos de riesgo tipo “odd ratios” y probabilidades logísticas, y los modelos de simulación (Monte Carlo + análisis de juegos geopolíticos).

    Los modelos de correlación y series temporales integran frecuencia de movimientos navales, frecuencia de anuncios oficiales, precios del petróleo, tensiones internas en el país, actividades en rutas (en este caso del narcotráfico) e intensidad potencial y real de sanciones, dándoles ponderación a cada uno de ellos y valorando sus interacciones. Estos modelos procuran determinar si un factor anticipa a otro según los principios de causalidad de Granger.

    En los modelos de riesgo y probabilidad logística, la regresión estima el riesgo de incursiones, confrontación y escalamiento militar por error de cálculo. No dicen que evento ocurrirá, sino que probabilidad tiene de producirse.

    Los modelos de simulación elaboran escenarios basados en distancia entre equipos militares, intensidad de hostilidad en los discursos, cruce con periodos electorales que hacen previsibles exageraciones, producción petrolera y acciones de actores no estatales, especialmente carteles. Cada escenario muestra las probabilidades que los incidentes deriven en confrontaciones directas, ataques quirúrgicos, escaladas o sanciones.

    La OSINT necesita de mucha información para ser más efectiva, por ello el desplazamiento en el sur del Caribe, tiene más de tres meses sin concretar ataques concretos sobre el territorio con sobrecarga de estímulos para producir respuestas de la población y los gobiernos. La ofensiva comunicacional de la operación militar tiene días de mayor regularidad en los ataques a embarcaciones (lunes) y de declaraciones fuertes (miércoles) para medir los días siguientes los comportamientos que se producen, capturar información masiva y alimentar los escenarios.

    La guerra ya comenzó, aunque no se haya disparado un misil sobre territorio venezolano. Un elemento sustantivo en la captura de información es la posición de la población local respecto a la ofensiva en despliegue, la presencia militar norteamericana y su evolución. Se detectan y procesan simpatías y resistencias.

    NOTAM

    Las NOTAMNotice to Air Missions – antes Notice to Airmen– son avisos oficiales y obligatorios que emite la autoridad aeronáutica de un país. En el caso de los Estados Unidos la genera la Federal Aviation Administration(FAA) con el propósito de informar a pilotos, controladores aéreos, aerolíneas y servicios de navegación aérea sobre las condiciones o restricciones que pueden afectar la seguridad de un vuelo.

    En el caso de Venezuela, la FAA emitió el 21 de noviembre de 2025 una NOTAM (A0012/25) señalando el aumento de actividad militar y recomendando precaución máxima ante riesgos potenciales al sobrevolar Venezuela. Esto incluye las fases de vuelo, sobrevuelo, despegue, aterrizaje y movimiento en tierra de aeronaves.

    El 29 de noviembre el propio presidente Trump anunció el cierre total del espacio aéreo venezolano, aunque no sea la autoridad competente para ello, lo cuál ha causado especial impacto en la opinión pública. Aerolíneas como Iberia, Tap y otras suspendieron temporalmente sus vuelos, aunque al día de cierre de este artículo (30-11-2025) aerolíneas como COPA, Laser y Wingo volaban normalmente con destino a Caracas.

    En el marco de las crecientes tensiones entre Caracas y Washington, el NOTAM y posterior anuncio de Trump debe ser visto en sus tres dimensiones reales. La primera, incrementar de hecho el bloqueo y cerco sobre Venezuela para impactar aún más la economía local, procurando acelerar un desenlace de cambio de régimen. Segundo, continuar presionando para efectos de la mesa de negociaciones que está abierta. Tercero, producir volúmenes adicionales de información para el OSINT, los sistemas de Odds y otros mecanismos del régimen predictivo de control.

    ODDS

    Los Odds[2] son sistemas o metodologías probabilísticas para la construcción de escenarios, muy usados por el sector empresarial y agencias de noticias. Si bien hay un contexto de riesgo elevado de intervención militar, retórica beligerante, alarma de ambas partes, aún la acción directa no parece conformarse, si los análisis se fundamentan en el conjunto de la información disponible.

    Aunque no existen Odss oficiales, usando su técnica de construcción se puede inferir que las probabilidades que ocurra una intervención militar norteamericana en Venezuela, en el corto plazo (24 – 160 horas), son de solo un 5 – 12%.  Es decir, es esperable que todavía transcurran más días o semanas para que se configuren probabilidades mayores de intervención militar o se disipen.

    El Madurismo en su laberinto

    Insistimos. Se equivocan quienes menosprecian la capacidad política de Maduro. Maduro ciertamente no es un hombre culto, pero es un político con habilidad excepcional para mantenerse en el poder, especialmente porque es un pragmático más que un actor ideologizado.

    Tampoco Maduro es Chávez, ni el Madurismo tiene una naturaleza similar al Chavismo. Chavéz era un hiper líder, que no compartía su liderazgo -nunca opero con una dirección colectiva, siquiera con el MVR ni el PSUV-, con un enorme sentido de empatía con el común, consciente que su permanencia en el poder dependía de la sintonía con la mayoría del común, quien usó la polarización como estrategia para construir un polo alrededor del proyecto que encarnaba; Chávez cometió muchos errores -que no corresponde analizar en este texto- pero se comprometió a fondo con la creación de un nuevo policlasismo -que superara el policlasismo de la cuarta República- orientando su accionar por su noción de justicia social.

    A diferencia del Chavismo, el Madurismo es el resultado de un abrupto paso de liderazgo, de Chávez -a partir de su enfermedad y muerte- a Maduro, quien no gozaba ni del carisma ni el control de las correlaciones de fuerza que caracterizaron al Chavismo. El Madurismo es una alianza de liderazgos y grupos menores (Diosdado Cabello, los hermanos Rodríguez y otros), que se amplía para suplir la falta de experiencia militar de Maduro (Padrino López y el nuevo liderazgo militar-policial post chavista) que aceptan el liderazgo de Maduro, pero que tienen intereses económicos y políticos propios.

    Mientras el Chavismo postulaba una alianza cívico-militar, el Madurismo en su giro autoritario la amplía a alianza cívico-militar-policial.

     El Madurismo en su construcción de identidad y correlaciones de fuerza para sostenerse en el poder se ha deslindado de aliados del periodo chavista, esto ha creado una oposición chavista al Madurismo -aún débil-, así como el enfrentamiento con el conjunto de la izquierda autentica (PCV, PPT y otros) cuyas representaciones jurídicas fueron asaltadas mediante decisiones judiciales, lo cual le ha generado una oposición de izquierda. La articulación entre el Chavismo disidente y la izquierda crítica en términos orgánicos es aún muy débil.

    En consecuencia, cualquier negociación para la transición no es solo con Maduro, sino con el Madurismo, y no puede dejar de lado la oposición Chavista y de izquierda que es anti madurista. Ese es el error estratégico de la derecha más radical y el liderazgo de MCM-EGU, quienes plantean un cambio arrasando todo el pasado y unifican al Chavismo con el Madurismo.

    Como lo explico en el libro “Venezuela y el Chavismo” (2025), el Madurismo es una ruptura con el proyecto policlasista que encarnó Chávez y la apuesta por la consolidación de una nueva burguesía, surgida al calor de los negocios y corruptelas de los últimos veinticinco años, opuesta de manera coyuntural a los intereses de la vieja burguesía, pero con quienes comparten un horizonte estratégico.

    Lo que le queda al Madurismo de su tronco madre, el Chavismo, es la retórica socialista y popular-comunal, que sostiene para mantener cohesionada a su base social, qué aunque disminuida -e imposibilitada de ganar elecciones libres, justas y transparentes en el corto plazo- aún puede estar alrededor de los cuatro millones de electores, algo nada despreciable cuando se habla de transición democrática.

    El Madurismo ha tenido hasta ahora cuatro etapas. La primera, entre 2014-2017, de aplastamiento e intervención de las representaciones políticas de la derecha y la burguesía clásica, así como la coptación de una parte importante del liderazgo que sigue apareciendo como opositor, y a quienes en el lenguaje venezolano se les ha denominado “alacranes” (capaces de operar contra los suyos). La segunda, entre 2018-2024, de intervención y disminución a su mínima expresión a la izquierda política que había acompañado a Chávez, la destrucción de las libertades sindicales de organización, huelga y movilización, y el inicio de negociaciones con Estados Unidos para recomponer las relaciones bilaterales, algo que fue especialmente favorecido por la guerra en Ucrania, que volvió a convertir a Venezuela en surtidor confiable para los norteamericanos, incluso en condiciones de dependencia neocolonial superiores a las conocidas en el periodo anterior a Chávez, abiertamente despojadas de atisbos nacionalistas. Insisto, Venezuela y Estados Unidos, independientemente de declaraciones altisonantes propias del espectro político interno de cada país, habían mejorado sensiblemente sus relaciones entre 2020-2025 (antes de iniciar el despliegue militar norteamericano en el caribe). La tercera, entre 2024-2025, de pasar de un régimen de democracia formal a la cancelación de hecho de la vía democrática -aunque mantiene elecciones, Consejo Nacional Electoral (CNE) y retórica participativa- con escalamiento de la represión selectiva expresada en centenares de detenidos del movimiento social, lo cual le ha colocado en una posición defensiva, tanto nacional como internacional.   El cuarto, que se inicia con el asedio militar (2025 –    ), periodo en el cual todo vale y la sobrevivencia en el poder es el leitmotiv.

    La imposibilidad de hacer creíble el resultado electoral del 28 de julio de 2024, le ha generado al Madurismo una crisis internacional sin precedentes, cuya escalada mayor es la ofensiva militar norteamericana en el caribe sur.  Esto está siendo utilizado por Estados Unidos, con la retórica de combate al narcotráfico, para avanzar en su estrategia TES en la región, con el interés claro de posicionar emplazamientos militares en el territorio venezolano, como parte de la reconfiguración política global.

    Esto crea un desafío inusitado para el Madurismo. Negociar ahora con los Estados Unidos implica no solo hablar de transición -que podría esperar unos años si cede a sus intenciones estratégicas: colocar bases militares- sino la aceptación de una espada de Damocles sobre sus cabezas, mientras reaprenden a mantener los equilibrios mínimos con los norteamericanos. A Estados Unidos le quedaría más fácil intervenir en los asuntos políticos locales, si cuenta con un pie de fuerza militar en el territorio, que es la cara oculta de la luna trumpista.

    Es decir, el seguro de vida política para el Madurismo sería una especie de “ruleta rusa”.  El alargamiento de su estancia en el poder, en un escenario como este, implicaría el abandono definitivo de su discurso ideológico y la mutación a nuevas narrativas más afines a los gringos. Es decir, una edición criolla de Ahmed al Sharaa, antiguo terrorista con precio a su cabeza, hoy aliado de los norteamericanos, recibido por Trump, luego de romper con su pasado yihadista.

    La otra alternativa es radicalizar su retórica seudo ideológica, con la esperanza de reeditar la experiencia de Cuba que se ha mantenido en el poder durante décadas. Pero, este no es el caso del Madurismo, ni en la estructura de clases del gobierno venezolano, dado su deseo de consolidar a una nueva burguesía, a la cual no solo representan, sino que forman parte estructural de la misma. Este interés de clase neoburguesa demanda la construcción de un futuro donde puedan usar y disfrutar de la riqueza acumulada (del Madurismo), seguir acumulando y ser parte del modelo de acumulación rentista de la economía venezolana.

    El Madurismo no tiene vocación suicida, sino apego al poder para seguir acumulando riqueza. Lo que pareciera no haber logrado aún es construir la fórmula transicional que le de confianza y tranquilidad a los norteamericanos. Si el proceso de construcción de esa mutación no se hace lo suficientemente rápido, pueden precipitar una agresión militar gringa en cualquiera de sus modalidades o posibilidades reales.

    Para colmo, en las últimas semanas vienen ocurriendo cambios en la geopolítica Madurista. El Nuevo Partido democrático (NDP) en San Vicente y las Granadinas acaba de derrotar al Partido Laborista Unido (ULP) de Ralph Gonsalves, aliado del Madurismo. En Honduras, todo indica que la candidata del Zeyalismo, Rixi Ramona Moncada Godoy, perderá las elecciones efectuadas el domingo 30 de noviembre: esto es un revés para el Madurismo. El MAS de Bolivia, otro aliado del Madurismo fue prácticamente pulverizado en las últimas elecciones. Por otra parte, se reconfigura el espectro de las identidades gubernamentales con el Madurismo. Lula y Petro se mantienen distantes, solicitando mayor democracia para Venezuela, mientras que la candidata progresista en Chile, Jannette Jara (del Partido Comunista) califica al Madurismo como una dictadura.

    Para colmo, el recién electo alcalde de Nueva York: Mamdani, ha declarado que Maduro es un dictador y que su visión de socialismo dista radicalmente de experiencias como esa.

    Pero el laberinto del Madurismo no es ideológico, sino pragmático. La interrogante es si conseguirá construir la fórmula que le permita sostenerse en el poder, con el beneplácito -aunque no sea explícito de los Estados Unidos.

    MCM-EGU: Liderazgo no es lo mismo que capacidad para gobernar

    Es innegable el liderazgo de María Corina Machado (MCM) y como este le ha sido prestado a Edmundo González Urrutia (EGU), un personaje absolutamente opaco y de reparto. Es incuestionable que MCM logró en las elecciones presidenciales de 2024, sumar votos que están más allá de la influencia clásica de la oposición de derechas al chavismo y al Madurismo. Incluso un sector importante de quienes siguen reivindicando al Chavismo, así como sectores de izquierda hastiados de la deriva autoritaria de Maduro, terminaron votando por EGU, no porque se hubiesen convertido en electores de derecha, sino como una forma de posibilitar el cambio ante el desastre madurista. La izquierda que mantuvimos una independencia del Madurismo y el Maricorinismo fuimos una minoría, y lo destaco no porque eso haga superior moralmente a este sector, sino para evidenciar la tragedia política del momento.

    El problema es que MCM-EGU piensan en una transición al estilo de Tomas de Torquemada, iniciando una inquisición política contra quienes participaron en el pasado reciente con el Chavismo -a quien no diferencia del Madurismo- el movimiento social que reivindica la Constitución de 1999 y toda la cúpula militar. Esto es imposible lograrlo sin una guerra civil interna.

    Por otra parte, su agenda iliberal -como lo ha expresado en su programa de gobierno de 2023[3]– plantea la continuidad de políticas anticlase trabajadora que inició Maduro, añadiéndole procesos de incorporación del capital local a las dinámicas de financiarización, sin que se observen signos que previo abriría un periodo de recuperación de las condiciones materiales de vida de la población. Su receta de libre mercado, parte de la premisa que ello hará prósperos a todos.  En una eventual situación posmadurista, esto generaría una terrible frustración social, que se expresaría en inestabilidad y precaria gobernabilidad de su parte.

    Esto es tan obvio que parece estar dentro del curso de intereses norteamericanos de consolidación de su influencia político-militar en el país, con la conformación de liderazgos y representaciones absolutamente alineadas con sus propósitos estratégicos.  El caos post madurista que generaría MCM-EGu es absolutamente funcional a la lógica neocolonial norteamericana en Venezuela.

    ¿Cuánto durará la transición que permita alcanzar la estabilidad mínima en el país, recomponiendo las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora y las libertades políticas para su organización?, Esa es la pregunta que nos interesa.  Pero eso no se logrará de manera pasiva, sino con organización, desechando las ilusiones en la burguesía post madurista y las tropas norteamericanas, preparándonos para la lucha.

    Escenarios simplificados

    Todo lo anterior configura varios escenarios que abordaremos de manera simplificada.

    Escenario 1: Estados Unidos produce una invasión clásica en el corto plazo (menos de tres meses). El número de efectivos militares disponibles en este momento es insuficiente para una operación de este tipo en un país con una geografía tan accidentada, fronteras extensas y posibilidades de resistencia organizada.  Una operación de este tipo sería larga, desgastaría a la administración Trump y generaría rechazo en Latinoamérica y los propios Estados Unidos. Los cálculos de derrota norteamericana serían muy altos.Altamente improbable.

    Escenario 2: Estados Unidos ataca por aire la infraestructura de poder en Venezuela, a partir que acusa de servir de soporte al narcotráfico. Esto incluiría algunas instalaciones militares. Propósito: producir terror en la población, división en las fuerzas armadas y un cambio interno de dirección en el régimen político, que facilitaría el inicio de una transición negociada, supervisada política y militarmente por Estados Unidos. El liderazgo de María Corina Machado (MCM) y Edmundo González Urrutia (EGU) tendrían utilidad solo transicional. Propósito final: instalar bases militares en Venezuela, garantizar militarmente el control del petróleo venezolano, la producción de oro y tierras raras, así como colocar una fachada militar norteamericana en esta región del Caribe Sur. Este escenario sería altamente improbable porque el Madurismo es un sistema de relaciones de mando altamente cohesionado por intereses compartidos, todos saben que una división terminaría liquidándolos a cada uno de ellos.

    Escenario 3: Estados Unidos combina operaciones psicológicas, manejo mediático y operaciones militares focalizadas para producir una revuelta popular anti Maduro que justifique una operación militar norteamericana de gran escala en “apoyo a la democracia”. Podría por ejemplo, señalar que Maduro ha trasladado su centro de mando a un barrio popular (Petare, La Vega, El Valle, otro) y generaría acciones militares focalizadas en este sector, produciendo bajas de civiles; el propósito sería que la población hastiada de la situación económica, la precariedad del sistema de salud, el problema salarial y el impacto en el núcleo familiar de la alta migración, salga a pedir la renuncia de Maduro, con un lema “ya hemos sufrido suficiente y ahora nos matan por tu culpa: Renuncia!!!. El caos prolongado le sería útil a sus propósitos (modelo Haití), siendo la transición democrática bajo el liderazgo de MCM-EGU solo un pretexto y su duración sería breve ante problemas de gobernabilidad. El propósito final seguiría siendo el mismo, instalar bases militares en suelo venezolano, controlar de manera directa la producción de petróleo y contar con presencia militar estratégica en el Caribe Sur. Probabilidad intermedia.

    Escenario 4: Estados Unidos produce ataques focalizados sobre objetivos militares y políticos en Venezuela, al estilo de los recientes ataques en Irán. El propósito eliminar a parte del liderazgo Madurista para producir la rendición de la alianza cívico-militar-policial del Madurismo o el inicio cierto de una transición de corto plazo. Esto tendría el riesgo de rechazo en la opinión pública norteamericana y mundial por los daños colaterales en vidas humanas y la posibilidad que el régimen no se rinda. La transición sería precedida de la colocación de fuerzas militares norteamericanas en el territorio (que abrirían el episodio de bases militares) con el pretexto de garantizar el retorno a la democracia, pero con el objetivo de controlar el acceso y uso de las riquezas naturales venezolanas (Petróleo, oro, tierras raras) y consolidar su presencia geoestratégica en el Caribe sur. Posibilidad en el corto plazo (antes de 3 meses) es intermedia, posible en más de tres meses porque tendría que estar acompañada de una decisión política unificada en el Congreso norteamericano, algo que no se ve en el corto plazo.

    Escenario 5: Desestabilización interna mediante la activación de la inteligencia norteamericana en el territorio venezolano; generar movilizaciones y caos para propiciar una versión latina de la primavera árabe. Esto justificaría la intervención militar directa -posterior- como apoyo a la reinstalación de la democracia. El propósito final es el mismo, colocar fuerzas militares permanentes en el territorio venezolano. El problema para este escenario es que la alianza cívico-militar-policial del Madurismo ha construido un aparato y red de control y represión social eficaz, que ha instalado el temor en la población para no ir presos, lo cual limita la disposición de la población para salir a las calles: además el sector más rebelde de la oposición y la juventud que protestaría en las calles, está actualmente en situación de migrantes, fuera del país. Eficacia imposible de prever. Probabilidad baja.

    Escenario 6: Negociación exitosa entre la administración Trump y el gobierno de Maduro que evite las acciones militares en el territorio venezolano. En este caso, el Madurismo decide autorizar la instalación de bases militares norteamericanas en Venezuela, bajo el formato de memorándum de colaboración para el combate compartido contra el narcotráfico, a la par que se compromete a una transición democrática ordenada, en los próximos dos a tres años. El punto de honor para los Estados Unidos es la autorización de despliegue militar norteamericano en Venezuela. El efecto colateral sería la superación de la dupla MCM-EGU como cabeza de la transición, construyéndose un nuevo eje de apertura democrática en la oposición (liderazgo construido a partir de la oposición que dialoga con el gobierno, denominada alacranes), que garantice al Madurismo que no habrá persecuciones.  El problema en este caso sería para el Madurismo, que tendría que aceptar que ahora fuese en serio su desplazamiento del poder, lo cual implicaría una reingeniería de las correlaciones de fuerza (internas al Madurismo y con las oposiciones) para hacer posible el acuerdo. Alta probabilidad.

    Escenario 7: La combinación de los escenarios anteriores, para producir un cambio de régimen político en 2026. Este escenario requeriría por lo menos tres meses para construirle viabilidad, por lo que su inicio sería a partir de febrero-marzo de 2026. Para este escenario, el momento ideal sería luego de las elecciones en Colombia, donde aspiran desplazar al progresismo, creando las condiciones para la creación de una fuerza multinacional que intervenga desde la frontera neogranadina con el apoyo aéreo y misilístico norteamericano. El propósito final colocar fuerzas militares permanentes norteamericanas en suelo venezolano. Probabilidad en el corto plazo es baja-intermedia.

    Escenario 8: un ataque de falsa bandera contra objetivos militares o civiles norteamericanos, que unifique al bloque político gringo, para el inicio de operaciones focalizadas en el corto plazo. En este caso, el propósito sería propiciar la pronta caída del Madurismo, ganando tiempo para preparar las condiciones para la intervención con una fuerza multinacional en el mediano plazo. Probabilidad intermedia.

    Escenario 9: Mantener durante los próximos tres meses el asedio, con escalamiento de la guerra psicológica y tecnológica, para producir un desgaste del Madurismo y el inicio de una transición pactada, que incluya el emplazamiento de fuerzas militares en el territorio venezolano. Probabilidad intermedia.

    Escenario 10:  mantenimiento de la actual situación durante unos meses más, con el propósito de crear las condiciones políticas (consenso en el congreso norteamericano), militar (conformación de fuerza multinacional) y económicas (ahogamiento total de la economía venezolana) que posibilite el desarrollo de operaciones multinivel para el desplazamiento del Madurismo. MCM y su premio Nóbel jugaría un papel central de transición en esta estrategia, aunque desplazable en el mediano plazo. Escenario de alta probabilidad.

    Escenario 11: Trump se retira sin pena ni gloria. En este escenario Estados Unidos desmoviliza la infraestructura militar desplegada desde agosto, con cualquier argumento y pretexto. Esto sería leído como una victoria del Madurismo que le permitiría afianzarse en el poder. Posibilidades muy bajas.

    Escenario 12: Los Estados Unidos intervienen en Venezuela encontrándose con la sorpresa de una resistencia armada, con conciencia de lucha popular prolongada. Este escenario resultaría inviable porque la mayoría de la población le atribuye responsabilidad en su situación material de vida, a los errores del Gobierno Madurista. Posibilidad muy baja.

    Estos doce escenarios son hipotéticos y se construyeron a partir de la información multi referenciada existente. Un factor puede evolucionar hacia otra dirección modificando las posibilidades de cada escenario. Por ello, el seguimiento de los escenarios debe ser diario.

    Antiimperialismo y cultura de la paz

    Se pueden tener múltiples diferencias de distinto orden con el gobierno de Nicolas Maduro y el Madurismo, pero estas discrepancias no pueden servir para justificar una intervención norteamericana en suelo venezolano. En este sentido, las fuerzas progresistas, democráticas, nacionalistas, populares y socialistas del continente y el mundo deben denunciar los intentos de la administración Trump de violentar la soberanía.  Un ataque militar a Venezuela, es a la soberanía de toda Latinoamérica.

    Eso tenemos que combinarlo con la denuncia del carácter antidemocrático, anti clase trabajadora, neoliberal con discurso de izquierda del gobierno de Maduro. El Madurismo y Maduro no son socialistas ni revolucionarios, son la representación política de una nueva burguesía surgida en los últimos veinticinco años, que tendrá diferencias con el imperialismo norteamericano hasta que logre demostrarle que pueden ser sus mejores aliados en objetivos comunes.

    Por ello, un pueblo que ha sufrido la última década una situación de miseria terrible, desmembramiento de las familias por la migración, destrucción de la institucionalidad social, desaparición del salario como fuente de sobrevivencia, no merece morir bajo las bombas y balas de una invasión que no piensa en sus intereses, como tampoco lo hace el Madurismo.  En consecuencia, cualquier iniciativa que evite el escalamiento militar del conflicto, debe ser saludada desde la perspectiva de lo popular.

    La realidad suele ser más rica que cualquier análisis, así que estaremos muy atentos a lo que ocurra los próximos días.

    [2] En la antigüedad – Edad Media, los primeros registros de cálculos de probabilidad vienen de juegos de azar y apuestas en Grecia, Roma, pero estos no expresaban modelos matemáticos formalmente establecidos. En los siglos XVII–XVIII nace la teoría formal, a partir de los aportes de dos figuras claves, Blaise Pascal y Pierre de Fermat, quienes analizan problemas de apuestas y sientan las bases del cálculo de probabilidad. Luego Huygens, Jakob Bernoulli y De Moivre formalizaron la “esperanza matemática” mediante la probabilidad compuesta y la teoría de errores.  En el siglo XIX las casas de apuestas modernas en Inglaterra instauran los bookmaking, odss fraccionales que se combinan con la estadística empírica. En el siglo XX, los Odss comienzan a tener aplicación política y militar, especialmente en la segunda guerra mundial, con los bayesianos -quien analiza sus creencias basadas en probabilidades cada vez que llega información nueva-, los analistas de inteligencia, y estadísticos militares, quienes utilizan modelos probabilísticos para anticipar ataques, predecir movimientos, evaluar riesgos estratégicos. Nace así la disciplina de análisis de riesgo geopolítico cuantitativo. En el siglo XXI se han construido modelos avanzados que se usan para predicción de guerras, riesgo país, inteligencia abierta (OSINT) automatizada, modelos de aprendizaje automático (machine learning), mercados predictivos (Prediction Markets) y análisis financiero. Hoy organizaciones como Good Judgment Project, Metaculus, RAND Corporation, Swift Centre, publican probabilidades geopolíticas basadas en expertos + modelos matemáticos. Los Odss tienen ventajas frente a la probabilidad tradicional porque permiten ver comparación directa -3 veces más probable que ocurra que no ocurra-, integran bien señales cualitativas, son intuitivos para medir cambios rápidos. Los Odss no son certezas, predicciones absolutas, evidencia de decisiones secretas, información de inteligencia no pública, son simplemente herramientas probabilísticas, basadas en lo observable y lo históricamente comparable.

    [3] Ver el artículo ¿Quién es María Corina Machado? Que escribí junto a Leonardo Bracamonte

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