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  • Movimiento piquetero argentino: treinta años de persistencia y lucha

    Movimiento piquetero argentino: treinta años de persistencia y lucha

    En tres décadas de existencia, las organizaciones piqueteras1 han mostrado avances y retrocesos. Ha variado su amalgama conceptual, programática y hasta organizativa. Más allá de los momentos de reflujo, esas metamorfosis se han desarrollado sobre una dinámica de intervención única que pone en movimiento constante a las construcciones territoriales y las ubica en un lugar de centralidad en la disputa política nacional. No es un lugar cómodo. La presencia de cientos de miles de trabajadores y trabajadoras pobres que se organizan desde la periferia irrita y exaspera a los dueños de todo. Molesta el piquete, pero más molesta la irrupción de quienes trastocan el “equilibrio” de la decadente sociedad neoliberal. De Nicolás Salas2 para Punto de Vista Internacional.

    En junio último se cumplieron treinta años de la pueblada ocurrida en Cutral-Co y Plaza Huincul que dio nacimiento a lo que, con el pasar de los años, se conoció como el movimiento piquetero argentino.

    En un pequeño pueblo ubicado en el corazón de la Patagonia argentina, miles de trabajadores y trabajadoras se levantaron ante la cancelación de la instalación de una empresa petroquímica que prometía recuperar las fuentes laborales que se habían evaporado años atrás con la privatización de YPF, la petrolera estatal.  

    La profundización del modelo neoliberal, inaugurado por la dictadura militar en 1976, había generado un nivel de desocupación estructural en el país que en el caso de las mencionadas ciudades había alcanzado a unas 5000 personas, lo que representaba casi el 20% de la población económicamente activa en dicha región. No era para menos, en pocos años la multinacional española Repsol había desguazado la planta de YPF radicada en la zona, la cual pasó de tener 4000 operarios a 400. Del total de cesantías y retiros voluntarios, unas 1700 personas definieron iniciar micro emprendimientos que, en la mayoría de los casos, se volvieron obsoletos o fracasaron al poco tiempo.

    El 20 de junio de 1996, luego de que el gobernador neuquino, Felipe Sapag, confirmase la suspensión de la construcción de la petroquímica, se congregó una asamblea multisectorial que decidió bloquear la ruta nacional 22, obstruyendo la circulación de los camiones que transportaban el petróleo y visibilizaron su reclamo de trabajo inmediato para las familias desocupadas.

    Luego de resistir el embate de la Gendarmería y las fuerzas represivas, la pueblada se consolidó en su carácter masivo logrando romper el cerco informativo e instalándose en los grandes medios de comunicación. Luego de horas de tensión, la Justicia decidió retirar las tropas del lugar, generando la algarabía de las treinta mil personas presentes que, sin saberlo, lograban un triunfo histórico que daba inicio al movimiento piquetero.

    Un año después, las puebladas se volvieron a dar en la misma zona3 y se extendieron hacia otras provincias como Salta y Jujuy. En todos los casos, se repitió una escena: ante la imposibilidad de imponer la represión, el Estado otorgaba planes sociales4 para menguar el reclamo de las miles de personas que, si bien los aceptaban, mantenían firme su reclamo por recuperar los puestos de empleo genuinos.

    Este fenómeno fue seguido de cerca por una camada militante dispersa a lo largo y ancho del país que empezó a replicar la acción del corte de ruta y la asamblea demandando al Estado los trabajos perdidos y poniendo en funcionamiento la organización movimientista y comunitaria en barrios populares, villas o asentamientos.

    Milei y una ofensiva histórica

    La ola de ultraderecha y llegada de Javier Milei al gobierno planteó a las clases dominantes un objetivo histórico: desarticular definitivamente a las organizaciones piqueteras, territoriales o de la economía popular.

    La iniciativa gubernamental se sustentó sobre una estrategia de cuatro patas. La primera sostenida sobre el vaciamiento de las políticas públicas estatales que se expresó en el congelamiento salarial de los planes sociales, la suspensión de envíos de alimentos a los comedores comunitarios y la quita del financiamiento para cooperativas y planes de obra en barrios populares. En simultáneo (la segunda pata) se reforzaron los ataques mediáticos que paradójicamente ya venían llevando algunos sectores del peronismo durante el gobierno de Alberto Fernández. La tercera pata fue la represiva y tuvo su inicio con la implantación del protocolo antipiquetes y las represiones focalizadas en cada marcha y protesta. La cuarta y última pata, implicó la judicialización de gran parte de las direcciones de las organizaciones, sean éstas de izquierda o peronistas.

    En las antípodas del gobierno se plantaron los movimientos sociales que con dificultades debieron procesar el golpe inicial. Estos ataques desde el Estado disminuyeron considerablemente la capacidad de movilización pero no lograron el objetivo de la desarticulación. 

    La ofensiva gubernamental generó un frente único sectorial que se ordenó a partir de una alianza reivindicativa entre la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), Frente de Lucha Piquetero y Territorios en Lucha. Esta unidad logró frenar, a partir de acciones directas y presentaciones judiciales, la baja definitiva del “Volver al Trabajo”, principal plan social que perciben 900 mil personas desempleadas, precarizadas o afectadas por el pluriempleo. 

    Hasta el momento, las organizaciones soportaron la peor embestida de todas las recibidas en tres décadas de vida. Si bien se encuentran en un proceso de transición en lo que hace a la forma de acumulación de poder, todavía mantienen niveles organizativos importantes en los territorios y continúan aportando directamente a las luchas y la resistencia que se forja ante el gobierno de Javier Milei.

    La suerte de los movimientos sociales depende, en alguna medida, de la capacidad para construir una respuesta unificada por abajo desde la clase trabajadora, de elaborar nuevas y creativas coordenadas de acumulación de fuerza y de los éxitos o fracasos que logre el modelo económico y político libertario. 

    De frente y de pie

    En todo el mundo existe la desocupación, pero no en todo el mundo existe el movimiento piquetero tal como se lo concibe en la Argentina. Sobre condiciones objetivas de empobrecimiento y desempleo, al sur de ese mundo, grupos de activistas lograron organizarse, darse métodos con sentido de lucha, e instalarse en la escena pública y política argentina. Lo hicieron, no casualmente, durante el consenso neoliberal de los 90. De las más diversas procedencias ideológicas, una militancia casi aislada encontró allí una grieta, donde emergió la raíz de un movimiento que continúa hasta nuestros días.

    El árbol genealógico piquetero posee una ramificación extensa y variopinta en tendencias: desde las consideradas institucionalistas hasta las revolucionarias, las provenientes del peronismo y las del marxismo, todas tienen en común el nivel de contradicciones y debates hacia su interior, así como la creciente dependencia del Estado al que se oponen. La existencia de los movimientos se da en sincronía directa con la expulsión de trabajadores y trabajadoras expulsados del trabajo formal o de fábrica, ese sector que Marx calificaba como el sector “estancado” de la población sobrante que se genera en el corazón mismo del sistema capitalista.

    Durante estos treinta años, analistas de toda estirpe auguraron la extinción del movimiento piquetero, algunos justificándose en que los ciclos de recuperación económica quitarían las condiciones objetivas para su existencia. Otros, entendían que a fuerza de balas y garrotes se podía llegar al mismo objetivo. En ambos casos, han fracasado.

    En un país con una vasta tradición obrera de lucha, la pobreza siempre será algo que irrite y que moleste, ya sea a quienes desde lo más alto de la cúspide del poder niegan la organización de la clase trabajadora, como para quienes detenten una conciencia revolucionaria y se nieguen a aceptar las condiciones inhumanas de esta vida. Cómo suprimir su existencia o cómo dotarla de una estrategia revolucionaria y anticapitalista. En principio, y a riesgo de caer en una modesta aseveración, puede decirse que nadie pierde de vista que en Argentina la desocupación se organiza y eso no es poca cosa.

    Junio del 2026.

    1. Con el paso de los años, los movimientos piqueteros entraron en un proceso de transformación programática y política que fue modificando su identidad, por lo cual muchos espacios pasaron a conocerse también como movimientos sociales, territoriales o de la economía popular. Más allá de cómo se las nombre, la existencia de estas organizaciones sigue teniendo su principal motivación en la crisis del empleo y, en la vigencia y desarrollo de los distintos estamentos de la población sobrante, tal cual la concebía Marx en El Capital.   ↩︎
    2. Nicolás Salas es periodista, militante social e integrante de la corriente Marabunta, parte de la IV Internacional en Argentina. ↩︎
    3.  En 1997 se dio el segundo “cutralcazo”, donde la represión gubernamental se cobró la vida de Teresa Rodríguez, mujer y madre trabajadora que pasó a ser un símbolo ineludible para las organizaciones de la época. ↩︎
    4.  Los planes sociales en Argentina son un ingreso por trabajador o trabajadora que, en sus inicios, exigían una contraprestación laboral que de todas formas no tenían el reconocimiento de derechos laborales que poseen los trabajadores y trabajadoras que se encuentran bajo convenios colectivos en la Industria u organismos estatales. En definitiva, se trata de una forma de contratación precarizada, originada y financiada, en la mayoría de los casos, con fondos y ejecución del Estado. En el caso de los movimientos, aceptaron los planes sociales pero bajo control y supervisión de las asambleas y cooperativas que se conformaban en los procesos de lucha, marcando importantes niveles de autonomía con los gobiernos municipales, provinciales o nacionales.  ↩︎
  • Milei: saliendo por arriba

    Milei: saliendo por arriba

    mieli saliendo por arriba

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    Eduardo Lucita

    Integrandel del EDI – Economistas de Izquierda

    Actualidad Internacional: Opinion

    06/03/2024

    Copyright: Autora/or de la foto. Si no queremos mostrarlo lo ocultamos.

    Con las derrotas políticas sufridas por el gobierno en el parlamento y con los gobernadores se ha producido un punto de inflexión en la etapa inaugurada con la asunción de Javier Milei a la presidencia de la Nación.
    Desde ese momento los tiempos han tomado una dinámica vertiginosa. La temporalidad de la crisis ha abierto el tiempo de las urgencias. Las del gobierno por avanzar en su programa lo más rápido posible y las del pueblo trabajador por poner límites a ese programa. Sino hacerlo directamente fracasar.
    Dada la personalidad disruptiva del presidente de la Nación no es de extrañar que de este laberinto, creado por sus propias acciones y dichos, busque salir por arriba (1). Esto es no pisando el freno sino acelerando. Es lo que acaba de dejar en claro con su intervención en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación del viernes pasado.

    Tanto en la Conferencia de Acción Política en Washington como en el Foro Económico Mundial en Davos el presidente expuso en términos teóricos su proyecto económico político que tiene al equilibrio fiscal como piedra angular de su propuesta, el endiosamiento del mercado como medida de valor de todos los valores y a la propiedad privada como el derecho que está por encima de todos los derechos, mientras revaloriza el papel de los monopolios y rebaja el Estado a su mínima expresión. Lo que hizo en su reciente intervención en el Congreso fue bajar a tierra estos (sus) conceptos fundantes.

    Fue un discurso ordenador –leído en un escenario cuidadosamente preparado- con un fuerte contenido de clase y un espíritu triunfalista profundamente deshumanizado con el que retoma la iniciativa, recupera centralidad y, como lo viene haciendo desde la campaña electoral, fija la agenda política en el país.

    Lo hemos señalado en notas anteriores, el “experimento Milei” es seguido con atención por todas las derechas del mundo ya que es la primera vez que un anarco liberal asume la presidencia de un país. A este interés se ha agregado ahora otro: su método de construcción política, cuando tiene una mínima representación parlamentaria, nulo poder territorial y débil estructura partidaria. El “no se negocia” no está referido solo al déficit fiscal cero, a la motosierra o a la licuadora (2), lo ha instalado también en el plano político. El presidente se siente portador de un conjunto de concepciones (sus verdades) que no son negociables, ejerce una suerte de mesianismo-religioso que lo expone como un elegido que se encomienda a “las fuerzas del cielo”. Así no hay transacción posible, o se aceptan o se rechazan en totum.

    La forma encontrada de consolidar y ampliar su “núcleo duro” no es otra que continuar en la construcción del enemigo (un abanico muy amplio que va desde la casta hasta el radicalismo, pasando por sindicalistas, dirigentes sociales, figuras de la cultura y lo que vaya apareciendo). Mientras va dejando cada vez más claro que su proyecto implica una transformación radical (por lo profunda) de la estructura socio-política del país.
    Así lo indican los 10 puntos que propuso como un Pacto Fundacional (reminiscencia del Consenso de Washington de los años ’90) a los gobernadores -se suscribiría el próximo 25 de Mayo- condicionado a que le aprueben la ley ómnibus y el paquete fiscal. En recompensa habilitaría la transferencia de fondos recortados a las provincias (3). Cualquier imagen extorsiva no es simple coincidencia. Todo presidido por un liderazgo de nuevo tipo y la prefiguración de un sistema de poder cualitativamente distinto a lo conocido hasta ahora.
    ¿Puede funcionar?
    El déficit cero no se negocia”, repite una y otra vez Milei mientras festejaba que en enero lograran superávit financiero (luego del pago de intereses). También celebró que el Banco Central continuara comprando dólares, que licuara los pasivos remunerados, que bajaran los tipos de cambio financieros y se achicara la brecha cambiaria.

    Estos logros resultan de la aplicación de una política de shock extrema con tres objetivos: reducir a cero la emisión monetaria, lograr un nuevo equilibrio de los precios relativos de la economía (tipo de cambio, tarifas, precios, salarios) y mejorar el balance del Banco Central.

    En este contexto comienza a crecer la idea que el programa de shock “funciona mejor de lo esperado”. Esperan fuerte recesión en el primer trimestre, con caída de la demanda y expectativas de menor tasa de inflación en febrero/marzo (15-17%). Comienzo de la recuperación avanzado el segundo trimestre de la mano del ingreso de dólares por la cosecha. El resultado sería una caída anual estimada que va del -2.6 al -4.4 % del PBI. Se trataría de un ordenamiento previo para levantar los controles cambiarios y unificar los tipos de cambio a mediados de año. La dolarización estaría entonces al alcance de la mano.

    Frente a esta visión exitista es válido preguntarse: ¿el ajuste es sustentable en el tiempo ya que la licuadora no puede funcionar en forma permanente? Frente al alza de los precios ¿economía puede llegar sin una nueva devaluación o al menos sin incrementar el porcentual de devaluación diaria?; ¿la caída de la demanda no arrastrará también a los ingresos fiscales con lo que se necesitaría un segundo shock ajustador? Si bien el Central está comprando dólares las reservas siguen negativas ¿entonces cómo sumar no menos de 20.000 millones necesarios para dolarizar? Por algo Milei aclaró que “su” dolarización se trataría en realidad de un régimen de “competencia de monedas”, una suerte de convertibilidad. Sin embargo agita la dolarización porque le da réditos entre sus votantes.

    El FMI y los EEUU, apoyan en general el programa pero exigen leyes que lo consoliden y contemplar a los más desfavorecidos. También apoya el bloque de clases dominantes -ven la oportunidad histórica de imponer una relación de fuerzas duraderas a favor del capital- pero se preocupan por si la recesión se transforma en depresión o que comience la disputa dolarizadores vs. devaluadores. También por quién ejerza la hegemonía en el comando del bloque de poder, hoy totalmente en manos del capital financiero. En su discurso en el Congreso Milei no hizo una sola referencia a la industria ni al comercio interno.

    Unos y otros ponen el acento en cómo garantizar gobernabilidad, cuando ven que crecen las reacciones sociales y que nuevos actores salen a la calle (movimientos de la cultura, la reaparición de las asambleas barriales, numerosos paros sectoriales) precedidos e impulsados por una intensa actividad de la izquierda partidaria. Es que en menos de tres meses se registra caída en picada de la capacidad adquisitiva de los ingresos populares, fuerte impacto en la demanda interna y caída de la actividad, baja de la utilización de la capacidad instalada en el sector privado y comienzo de suspensiones y despidos. Todo se sintetiza en el impresionante salto de los niveles de pobreza e indigencia (57.4 y 14.2 respectivamente) que serían superados en febrero/marzo. No pocos ven riesgos de disgregación social.
    Los tiempos corren aceleradamente tanto para el gobierno, que necesita llegar a mediados de año mostrando éxitos antes que la reacción social se generalice, como para el pueblo trabajador, que necesita articular rápidamente las resistencias para avanzar hacia un futuro distinto de la barbarie social que se avecina.

    (1) “De los laberintos se sale por arriba”, es una metáfora acuñada por el novelista Leopoldo Marechal que refiere a la incógnita para resolver un conflicto. Para la RAE laberinto “es cosa confusa y enredada”.
    (2) Al no haberse aprobado el proyecto de presupuesto 2024 se está trabajando con el presupuesto 2023 cuyos valores monetarios corresponden a octubre 2022. Por lo que con el fuerte proceso inflacionario el gasto público se ve reducido (licuado) en términos reales. A eso se le llama vulgarmente efecto licuadora, principal causa del superávit fiscal logrado en enero.
    (3) En su embestida contra el gasto público para llegar al déficit fiscal cero el gobierno también recorto fondos a las provincias, especialmente a Chubut, una de las provincias petroleras, lo que llevó a su gobernador a amenazar con cerrar la válvula que permite el flujo de gas y petróleo al resto del país, a lo que se sumaron otras provincias. Una crisis política de final impredecible, que por el momento cerró la justicia que ordenó al gobierno nacional reponer los fondos recortados.

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