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  • Venezuela: tragedia, colonia y metamorfosis política

    Venezuela: tragedia, colonia y metamorfosis política

    Nota de Luis Bonilla-Molina1 para Punto de Vista Internacional.

    Venezuela vive una tragedia histórica. El mundial de fútbol había logrado desplazar de los grandes medios de comunicación internacional la situación colonial que le ha impuesto Estados Unidos desde el 3 de enero, mientras una parte importante de la izquierda continental y mundial agradecía esta salida del foco mediático, porque ya no encontraban argumentos para justificar la entrega que hace la junta de administración colonial del país a los designios de Trump. Esta Junta es liderada por los hermanos Rodríguez (Delcy y Jorge) y Diosdado Cabelllo.

    El 1 de mayo de 2026 será recordado como el momento en el cual comenzó a diluirse la ilusión que tenían amplias capas de la población trabajadora, respecto a que el “nuevo momento político” anunciado por la dupla Delcy-Trump, permitiera mejorar sus condiciones salariales y materiales de vida. El salario mínimo siguió anclado en menos de 0,4 de dólar mensual y la bonificación de los ingresos -sin incidencia salarial- no alcanzó los 200 dólares mensuales, además que estos bonos no les llegan a todos los trabajadores. Mientras esto ocurría, la divisa estadounidense se volvía a disparar (actualmente superior a los 745 bolívares), incentivando la inflación en un país donde cada producto de la cesta básica puede llegar a costar dos o tres veces más que la media regional.

    Venezuela, de la mano de Marco Rubio, volvió al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial; aunque el delcinato pretenda justificarlo como la única posibilidad de recuperar los 5.000 millones de dólares retenidos por el FMI y que corresponden a Venezuela, la realidad es que esto implica un nuevo ajuste estructural de la economía. El antecedente más reciente de un paquete de medidas económicas y políticas contra la clase trabajadora, que no tenía nada que envidiar de las recetas neoliberales, lo aplicó Maduro, entre 2018-2025. Pero lo peor, es que los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello, guardan absoluto silencio sobre el sostenimiento de las sanciones y el bloqueo de las cuentas internacionales de Venezuela, que ha aplicado Estados Unidos desde el primer gobierno de quien ahora definen como socio, Donald Trump.

    El 13 de mayo de este año, el gobierno venezolano daba a conocer el inicio de la reestructuración de la deuda venezolana en diálogo con el FMI, estimada para ese momento en 170.000 millones de dólares, cifra que contrasta con los 82.000 millones de dólares de ingresos que tendrá el país en 2026, según estimaciones del propio organismo multilateral. El 26 de mayo Delcy Rodríguez anunciaba la creación de la Comisión Presidencial para la Reestructuración y Reingeniería del Gobierno, para hacerlo más eficaz, es decir, una reforma del Estado al estilo de las recomendaciones del FMI, centrada en achicar el Estado con el pretexto de hacer más eficiente el gasto público. 

    El 24 de junio, horas antes de desencadenarse la tragedia telúrica, el Financial Times anunciaba que el gobierno venezolano daría a conocer el monto de la deuda externa del país, reestimada en unos 240.000 millones de dólares, cifra que compite con la que originó la crisis de la deuda en Grecia, el país más endeudado de la Eurozona. Esta cifra explica la prisa de la junta de administración colonial por reestructurar el gobierno y hace presumir despidos, cierre de instituciones públicas y la intensificación del “corralito” sobre el salario de la clase trabajadora local.

    En Venezuela la relación trabajo-salario ha llegado a lo que algunos expertos del tema consideran como nueva esclavitud o la desaparición del salario real y su sustitución por el concepto de ingresos (bonificaciones), como parte de la estructura económica local, causando la pérdida de derechos adquiridos, la precariedad de los montos por vacaciones, aguinaldos (treceavo mes) o la imposibilidad de contar con una pensión de jubilación que permita comprar por lo menos un remedio en las farmacias. 

    Con una nueva ley de Hidrocarburos, aprobada en modo fast track por el parlamento colonial de los hermanos Rodríguez y compañía, se reducen los ingresos petroleros venezolanos por barril, de 10 a 1,7 dólares, algo que hace añorar la ley del sector aprobada por la socialdemocracia en la década de los cuarenta del siglo XX. Todo parece indicar que se abre paso, en el corto plazo, a una profundización trágica del ya conocido colapso de todos los servicios públicos. En solo una década (2014-2024) Venezuela perdió los elementos más palpables de la modernidad institucional burguesa, entrando a una fase de retorno a la pre-modernidad, a tal punto que la oferta electoral de 2024 se centró en la posibilidad de garantizar agua potable, electricidad, transporte público, seguridad policial, horario semanal en las escuelas y universidades que solo abrían sus puertas durante dos días.

    Aunque parezca increíble, la diáspora migratoria calculada en unos seis millones de venezolanos, ha logrado, con sus remesas, ayudar a solventar una parte de los ingresos, pero no hay dinero que logre mantener el poder adquisitivo ante el avance desenfrenado de la inflación.

    Un elemento importante, solo explicable como parte de la derrota histórica de la revolución bolivariana, es la simpatía que tuvo en la mayoría de la población la captura, secuestro y encarcelamiento en Estados Unidos de la pareja presidencial Maduro-Flores. A diferencia de 2002 cuando la población se volcó a las calles y derrotó el golpe de Estado contra Hugo Chávez Frias, en esta oportunidad solo se observaron menguadas concentraciones administradas por la cada vez más reducida base social del madurismo, que en su liderazgo mutó rápidamente al delcinato colonial. Las simpatías por la operación militar gringa tenían que ver con la situación material de vida de la clase trabajadora y el silogismo interpretativo que hacían: “si la desaparición del salario y la precariedad de la situación material de vida como efecto de las sanciones norteamericanas, tiene un origen en la rivalidad entre Maduro y Trump, si Maduro ya no está eso va a cambiar para mejor”. El común de la población pensó que se levantarían las sanciones, Venezuela podría vender libremente el petróleo y los ingresos permitirían mejorar su situación económica. Pero lo que ha ocurrido es el mantenimiento de esa precariedad e incluso su empeoramiento, lo que está convirtiendo las simpatías en desencanto y molestia con los gringos, aunque ello todavía no se torna en un movimiento antiimperialista con influencia de masas. El panorama resulta por lo menos desolador.

    La junta de administración colonial: Jorge Rodríguez, Delcy Rodríguez y Diosdado Cabelllo.

    Terremotos

    Pero cuando se pensaba que las cosas no podían empeorar más, la realidad terminó por demostrar lo contrario. Dos terremotos, de 7.2 y 7.5 en la escala de Ritcher, sacudieron Caracas y el litoral de La Guaira el 24 de junio, un evento sísmico que los expertos califican como un “doblete”. Decenas de edificios colapsaron, otros quedaron inhabitables o con severos daños, siendo La Guaira ubicada frente al mar, la zona más afectada. Miles de muertos y cifras aún no estimadas de desaparecidos revelan la magnitud de la catástrofe.

    Como en una película de horror, las primeras horas no contaron con la presencia del ejército y los altos funcionarios en el escenario de los terremotos. Solo bomberos locales, defensa civil y un numero cada vez más creciente de ciudadanos asumió por su cuenta la atención a las víctimas. Junto a la infraestructura colapsada por el terremoto, quedó sepultado el discurso de la alianza cívico-militar como motor del cambio en Venezuela.

    Pero en política no hay vacío que se sostenga, por ello, un mar de manos y cuerpos solidarios construyó una cadena humana de auxilio, haciendo llegar desde todos los rincones del país medicinas, alimentos, ropas, enseres y herramientas rústicas para ayudar a rescatar a las personas atrapadas. Los equipos pesados de salvamento tardaron más de 36 horas en llegar, al tiempo que lo comenzaban a hacer las brigadas internacionales de ayuda, quienes fueron el motor de la labor humanitaria técnicamente calificada y testigos de lo que ocurría allí. 

    Casi todo el litoral de La Guaira quedó reducido a escombros, cayendo por igual urbanismos construidos por el sector privado como por el gobierno. Las denuncias de los afectados, quienes habitaban en apartamentos y casas de interés social entregadas por el gobierno nacional, muestran imágenes de errores estructurales de fabricación que demandan una investigación pública para determinar su certeza y eventuales responsabilidades.

    Ante el abandono gubernamental continuado, que siguió a las horas y días de acontecido el terremoto, la respuesta fue contundente de parte de la gente sencilla. Inmediatamente ocurrida la tragedia -lo cual contrasta con la inoperancia gubernamental- se generó una marea de solidaridad ciudadana, que se negaba a entregar los víveres y medicinas al gobierno porque desconfiaba de que llegarían a las víctimas. Caravanas, tras caravanas de motorizados voluntarios y autoorganizados conformaron un puente permanente de auxilio. La tardía respuesta oficial fue además torpe, pretendiendo detener esta marea solidaria, pero los retenes, alcabalas y piquetes policiales-militares de contención fueron superados, traspasados e ignorados por los ciudadanos. Esta situación de rebeldía popular también expresaba profunda desconfianza en todas las formas institucionales e incluso en las organizaciones políticas, confiando solo en lo que hacían y entregaban directamente, de sus manos a los afectados. La consigna de “solo el pueblo salva al pueblo” comenzó a ser repetida por ciudadanos de distintas inclinaciones ideológicas.  

    Muy pocos políticos se atrevieron a estar directamente en el lugar del desastre, desalentados quizá por el rechazo captado en cámaras para las redes sociales, que generó la visita de Jorge Arreaza (excanciller e integrante de la dirección del PSUV) y Nicolas Maduro Guerra (hijo de Maduro) a quienes la ciudadanía abucheó e increparon por la inoperancia del gobierno y los problemas de las viviendas sociales que cedieron ante los terremotos.

    Al final, el gobierno estableció refugios y albergues para los afectados, ubicados en distintos lugares de Caracas, con la promesa de reubicarlos en viviendas en los próximos meses. Pero aún, centenares de familiares buscan en solitario a sus seres queridos atrapados entre los escombros, contando básicamente con la ayuda de voluntarios, vecinos y movimientos sociales. La colonización no solo viola la soberanía territorial y democrática, sino que está diluyendo los remanentes de un proceso revolucionario que prometió romper con la lógica neoliberal y colocar la institucionalidad al servicio de la gente.

    Foto: Reuters

    Cronología de la colonización

    La burguesía es enemiga del socialismo, independientemente del discurso ideológico que asuma para acumular riqueza. Por eso, en la medida que se consolida la nueva burguesía bolivariana (2002-2017), bajo la dirección de Maduro procura recuperar la relación con los Estados Unidos y reconciliarse con la vieja burguesía existente antes del proceso Bolivariano, con quienes se habían quebrantado los lazos a partir del golpe de Estado de 2002. Entre 2018-2023 Maduro fue el artífice de este reencuentro por partida doble, y sus operadores políticos fueron Delcy Rodríguez (diálogo y reconciliación con la patronal FEDECAMARAS), y Jorge Rodríguez (negociaciones con la oposición con una agenda permanentemente guiada por los EEUU que evidenció las limitaciones del sector de María Corina Machado). Diosdado Cabello operó -y lo sigue haciendo- como la garantía de control interno, intervención de los instrumentos políticos y represión a las organizaciones de la clase trabajadora.

    Ahí comenzó el proceso de colonización, en la claudicación madurista, en la derrota histórica del movimiento contradictorio que se denominó revolución bolivariana. Maduro construyó el camino para lo que luce como una traición para facilitar la colonización abierta a partir del 3 de enero. Incluso los poscoloniales, como Ramón Grosfoguel y sus colegas, quienes habían cerrado filas en la defensa del presidente secuestrado, hoy han roto abiertamente con el liderato Delcy-Jorge Rodríguez y Diosdado por la grosera y espantosa entrega que se está haciendo del país a los gringos y el sionismo.  El 3 de enero y los hechos posteriores, son el desenlace de la traición a la revolución bolivariana que inició Maduro.

    Los sucesos en cascada que han conformado la situación colonial son:

    Enero: Intervención, Captura y Control Inicial de Activos

    • 2 de enero de 2026. Anuncio militar: El presidente Donald Trump anuncia públicamente que las Fuerzas Armadas de EE. UU. llevarán a cabo operaciones en territorio venezolano.
    • 3 de enero de 2026. Operación militar e incursión: Tropas estadounidenses ejecutan un despliegue militar sobre Caracas. Ataque militar de los Estados Unidos a Venezuela, con absoluta inoperancia de las fuerzas armadas, policiales y el liderazgo político local. Captura, secuestro y encarcelamiento de Maduro y Cilia Flores en los Estados Unidos. Trump anuncia que EEUU dirigirá temporalmente a Venezuela, precisando que ha hecho un acuerdo con la línea de sucesión en el mando en Caracas, quienes le han prometido “que no cometerán los mismos errores de Maduro”. La legitimidad de origen del gobierno venezolano comienza a residir en la bota militar gringa.
    • 3 de enero (por la tarde); Anuncio de tutela: La Casa Blanca anuncia que EE. UU. «administrará» de manera directa los asuntos de Venezuela y la gestión de sus recursos naturales mientras se establece la transición con la administración interina encabezada por Delcy Rodríguez.
    • 4 de enero. Consolidación del nuevo esquema colonial. Reuniones conjuntas del departamento de Estado, el Consejo de Seguridad Nacional y el Departamento de Guerra
    • 5 de enero. Juramentación de la presidenta interina Delcy Rodríguez por intermedio de una norma extra constitucional. Su encargaduría excede los límites constitucionales por falta absoluta (30 días) o temporal (máximo 6 meses). El marco jurídico sobre la forma y tiempo de la presidencia en Venezuela, ahora lo determina la Casa Blanca, el Departamento de Estado, la Secretarías de Guerra y Energía y la Central de Inteligencia Americana. Maduro y Cilia Flores aparecen en la corte de Nueva York
    • Delcy Rodríguez abandona públicamente el antiimperialismo y lo sustituye por la llamada “Diplomacia de paz”.
    • Estados Unidos confirma que tendrá una política extraordinaria para la protección de los activos de Venezuela, conforme a los intereses de la potencia agresora.
    • 6 de enero de 2026. Plan de gobernanza interina: Sectores del Departamento de Estado y de la CIA establecen la coordinación estratégica con sectores de la administración local (Plan de tres fases) bajo supervisión de Washington. Comienzan reuniones con sectores empresariales norteamericanos que puedan vincularse a la explotación del petróleo venezolano en la nueva condición.
    • 7 de enero. Estados Unidos comienza conversaciones para la reapertura de su Embajada en Caracas.
    • 9 de enero de 2026. Orden Ejecutiva de Control de Activos: Trump firma la Executive Order titulada «Safeguarding Venezuelan Oil Revenue for the Good of the American and Venezuelan People». La administración estadounidense crea la figura de los Foreign Government Deposit Funds en el Departamento del Tesoro, canalizando allí todos los ingresos derivados de la venta de petróleo y recursos naturales venezolanos para protegerlos de acreedores e intervenir en su distribución. Se informa que EE.UU se quedará con un porcentaje de las ventas petroleras para resarcir los supuestos daños causados por Venezuela.
    • Cumbre petrolera en la Casa Blanca: Trump se reúne con ejecutivos de 17 grandes empresas energéticas (Chevron, ExxonMobil, ConocoPhillips, Valero, entre otras) para coordinar inversiones de más de $100.000 millones bajo protección federal y control estadounidense de las ventas petroleras.
    • Primera visita diplomática: Arriba a Caracas una delegación técnica y de seguridad del Departamento de Estado de EE. UU. para iniciar la evaluación previa a la reapertura de la embajada estadounidense.
    • 15 de enero. Visita del director de la CIA, John Ratcliffe, quien es recibido y acompañado por el General González López, quien semanas después sustituiría a Padrino López al frente del Ministerio de la Defensa de Venezuela.
    • 28 de enero de 2026. Mecanismo de Control Presupuestario: El secretario de Estado, Marco Rubio, comparece ante el Senado de EE. UU. y detalla que la administración interina de Delcy Rodríguez debe someter su presupuesto mensual a la aprobación de Washington. Se confirma la implementación de un bloqueo/cuarentena naval para controlar la comercialización internacional del crudo venezolano directamente por EE. UU.
    • 29 de enero. Se publica en Gaceta oficial extraordinaria la ley de Hidrocarburos, que había sido aprobada en primera discusión el 22 de enero y en segunda discusión el 29 de enero.
    • 31 de enero. Llegada de Laura Dogu, primera encargada de negocios de Estados Unidos en Caracas desde los eventos del 3 de enero. Ella sería sustituida en abril por John Barrett, actualmente en funciones.

    Febrero: Reestructuración Energética y Visitas del Gabinete

    • 10 de febrero. Estados Unidos emite una licencia general que autoriza nuevamente actividades de exploración y producción de petróleo y gas en Venezuela.
    • 11 y 12 de febrero de 2026. Visita de Alto Nivel: El secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, realiza una visita oficial a Venezuela, reuniéndose en el Palacio de Miraflores con Delcy Rodríguez. Inspecciona campos petroleros y las instalaciones operadas por Chevron en el país (estuvieron presentes ejecutivos de Chevron y Repsol). El 12 de febrero se produce visita a la Faja Petrolífera del Orinoco.
    • Se difunde la Reforma del Marco Legal Petrolero: Coincidiendo con la visita, se reforma la la legislación hidrocarburífera venezolana que elimina el monopolio estatal de PDVSA, cediendo el control operativo y la comercialización al sector privado e inversionistas estadounidenses e internacionales. Se suprimen impuestos, se disminuyen las regalías que recibirá Venezuela y se crean condiciones de explotación petrolera prácticamente similares a las mineras durante la colonia española.
    • 14 de febrero. Equipos estadounidenses realizan evaluaciones sobre puertos petroleros, logística de exportación y terminales marítimos.
    • 18 de febrero. Visita del general Francis Denovan (comando sur) y del subsecretario Josph Humire, quienes son recibidos por la presidenta interina y el “alto mando militar venezolano”. Los puntos de agenda fueron narcotráfico, terrorismo, seguridad regional, migración, cooperación militar, implementación del denominado “plan de tres fases”. El 19 de febrero el gobierno venezolano anuncia la firma de acuerdos en estas materias.
    • 20 al 23 de febrero. Equipos técnicos comenzaron la implementación de los acuerdos alcanzados el 18 y 19 de febrero en materia de cooperación policial, intercambio de inteligencia, seguridad fronteriza y coordinación migratoria.

    Marzo: Restablecimiento Diplomático y Normalización Institucional

    • 4 de marzo. Visita del secretario del interior Doug Burgum
    • 13 de marzo – 19 de marzo. Publicación de las licencias generales 49A, 52 y 5V. La licencia 52 se considera uno de los documentos más importantes emitidos respecto a Venezuela en 2026, mediante la cual autoriza transacciones financieras y comerciales que antes estaban prohibidas con PDVSA y con cualquier empresa donde esta tiene una participación del 50% o más.
    • 19 de marzo de 2026: Reapertura de la Embajada de EE. UU.: Se reanudan formalmente las operaciones de la Embajada de Estados Unidos en Caracas (Unidad de Asuntos Venezolanos). El Departamento de Estado flexibiliza las advertencias de viaje (Travel Advisory pasa a Nivel 3) para personal autorizado y contratistas.
    • Estados Unidos realizó un traslado de 100 millones de dólares en oro de Venezuela a este país.

    Mayo:

    • 23 de mayo. Estados Unidos, con autorización de la Junta de administración colonial dirigida por Delcy Rodríguez permite un ejercicio militar norteamericano de evacuación de su embajada, que es en realidad una muestra de poderío e intimidación a la colectividad. Este ejercicio con aviones, helicópteros y tropas en la ciudad de Caracas fue realizado por el Comando Sur, el cuerpo de Marines de los EEUU y organismos de emergencia local bajo su mando.

    Junio: Supervisión Militar y Evaluación Estratégica

    • 3 de junio de 2026. Visita de Alto Nivel – jefe del Estado Mayor Conjunto: El General Dan Caine, máxima autoridad militar de las Fuerzas Armadas de EE. UU., quien viaja a Caracas en visita oficial, mantiene reuniones con mandos militares e integrantes del gobierno interino para revisar los planes de estabilidad regional, seguridad de infraestructuras críticas y el avance del plan de tres fases dispuesto por la Casa Blanca. Visita la sede reabierta de la Embajada de EE. UU. en Caracas.
    • 11 de junio. Tropas norteamericanas, con la utilización de drones y misiles, realiza un ataque cinético puntual dentro del territorio venezolano, dirigido por el Comando Sur, en el cual se destruye una vivienda y se produce la ejecución extrajudicial de Héctor Guerrero, sindicado de ser el líder del llamado Tren de Aragua. Esta operación se realizó con el conocimiento de la Junta de administración colonial.
    • 25 de junio de 2026. Marco Rubio, después de los terremotos, mantiene contactos de seguimiento directo con la administración en Caracas para coordinar asistencia de emergencia y supervisión continua de las relaciones bilaterales.

    Julio: Consolidación de la Gestión y Balance de Políticas

    • 23 de julio de 2026. Designación y declaración de Tutela Energética: En un acto público, Donald Trump reafirma de forma explícita que el secretario de Energía, Chris Wright, encabeza la ejecución directa de la política energética y económica sobre Venezuela.
    • Trump subraya que EE. UU. ejerce el derecho sobre la gestión económica y los rendimientos petroleros del país tras la intervención.
    • 24 de julio de 2026. Donald Trump declara que “Venezuela no está lista para elecciones y dice que Delcy Rodríguez está haciendo un trabajo fantástico”.

    Bases estadounidenses–israelíes

    Los terremotos que sacudieron a Venezuela han resultado ser el pretexto ideal para que Estados Unidos decidiera desplegar fuerzas de élite, tropas y más de 3.000 funcionarios militares en el país con el pretexto de “conducir” la reconstrucción económica y material post terremotos. Se trata en realidad de nuevas formas de presentar el establecimiento de bases militares en el país, en el marco de la Estrategia de Seguridad Nacional anunciada por Trump en noviembre de 2025. Esto se complementa con los enfoques y las estrategias acordadas en la reunión del Comando Sur, la Secretaría de Guerra, el Departamento de Estado y ministros de la defensa de la región, en la llamada Cumbre del “Escudo de las Américas” en marzo de este año. Para rematar, el 20 de julio de 2026, Marco Rubio presentó el documento titulado “Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI”, que de conjunto renuevan los peores aires del marcartismo.

    Como siempre, la estrategia gringa va de la mano de las iniciativas israelíes, por ello, también en los días siguientes a los terremotos, la junta de administración colonial presidida por Delcy Rodríguez suscribió acuerdos de cooperación militar, técnica y financiera con integrantes del estado mayor sionista.  En la firma de los acuerdos estaba presente el uruguayo israelí Roni Kaplan, con rango de capitán, portavoz de las fuerzas de defensa de dicho país para la prensa internacional hispanohablante y asiática, desde junio de 2012, quien vive en Jerusalén.

    Esta presencia estadounidense-israelí pareciera presagiar la intención de extender en el tiempo la situación colonial que vive Venezuela desde el 3 de enero.

    El mundo al revés

    En Venezuela todo puede ocurrir, y el realismo mágico de Gabriel García Márquez hace de las suyas. Después del 3 de enero pareciera que toda la realidad política hubiese entrado a otra dimensión.  María Corina Machado promotora de la invasión norteamericana a Venezuela, ha sido descartada por Trump como relevo presidencial en el corto plazo, y ahora permanece “estacionada” en Panamá, anunciando que en cualquier momento podría volver al país, mientras el mandatario norteamericano le advierte que no cuenta con su autorización.

    A estas alturas, nadie parece acordarse del llamado “Cartel de los Soles”, excusa que usó la administración Trump para realizar la operación militar contra la soberanía venezolana. Las acusaciones de narcotráfico no recaían solo sobre Maduro y Cilia Flores, sino también sobre otras figuras que hoy permanecen en el poder con la habilitación gringa. Otro de los acusados de pertenecer a este “cartel” -y por quien Estados Unidos ofrece veinticinco millones de dólares de recompensa- se reúne en Caracas a cada rato con el director de la CIA, el encargado de negocios o el jefe del comando Sur. Y como si lo inusitado no tuviera límites en el folclore político venezolano, ahora Diosdado Cabello se muestra defensor del inquilino de la Casa Blanca, atacando a los influencers que cuestionan a Trump. Los argumentos formales y las fronteras esperadas de la política  se diluyen, ante el peso de la economía colonial del petróleo.

    Por otra parte, la otrora radical antiimperialista en los escenarios de Mercosur, Delcy Rodríguez, ahora como presidenta interina invita a los israelíes a contribuir con la reconstrucción económica de Venezuela. Estos, expertos en demoliciones, son convocados ahora para reconstruir la infraestructura y economía del país, para lo cuál una delegación de oficiales militares de alto rango se instaló en Caracas y al sur del país, donde están localizados los yacimientos de oro.

    Cuando el surrealismo político pareciera llegar a su fin, el eterno ministro de defensa de la administración de Maduro, Vladimir Padrino López, declara que él se dio cuenta de la operación militar del 3 de enero, pero ante la superioridad militar y tecnológica desplegada por los gringos le ordenó a los pilotos y militares venezolanos que no actuaran para evitar pérdidas humanas, desacatando las órdenes de su superior (Maduro) quien lo había colocado al frente de la defensa de la soberanía nacional. En cualquier país decente eso ameritaría un juicio por traición a la patria, pero lo que recibió fue una mudanza de cartera y ahora es el flamante ministro encargado de la agricultura de la colonia en la que él contribuyó a convertir a Venezuela.

    Y como si estuviéramos frente al mundo fantástico de Alicia en el país de las maravillas, el actual ministro de la Defensa de Venezuela, el general Gustavo González López, sigue pronunciando ante sus subalternos el saludo de “Chávez vive, patria socialismo o muerte” mientras coordina agendas de trabajo con el director de la CIA o generales gringos, quienes ahora se pasean por el territorio venezolano como si fueran criollos.

    Los antiestadounidenses son ahora amigos del imperio, y los pro-invasión sufren sus rigores porque “el diablo paga mal a quien bien le sirve”. Desde afuera esto no se ve nítidamente y desde adentro se vive como comedia griega trágica. Como si se tratara de una obra de Kafka, comenzamos a ver sin disfraces a los “Undgeziefer” o bichos monstruosos caminando por las paredes de la política, con el valor humano  reducido a la utilidad y el peso de la deshumanización burocrática.

    Panamá: La reunión de la oposición liderada por María Corina Machado

    En mayo de este año, la dirigente opositora María Corina Machado -con la participación del presidente Mulino- realizó una reunión con el conjunto de las oposiciones que la acompañan, especialmente con la Plataforma Unitaria Democrática, pero también con sectores de izquierda que se le han sumado. El resultado fue un documento que confirma lo que venimos señalando desde el 2024, la estrategia de Estados Unidos y la que ella encarna se distancian, porque mientras la administración Trump quiere fomentar una convivencia entre todos los factores políticos proestadounidenses, incluido el delcinato colonial, la líder derechista quiere un gobierno de reseteo que expulse a quienes hoy le han garantizado a los Estados Unidos construir una situación colonial en Venezuela. Los términos resolutivos del encuentro en Panamá parecieran indicar que la oposición que ella lidera quiere “ir por todo”, sin medir las turbulencias que ello puede generar. Este error de cálculo y estrategia política la mantiene al margen del poder en Venezuela, a pesar de ser la ficha ideológicamente más afín a los intereses imperiales. Hasta que no se concrete un acuerdo de élites y Machado acepte una reconciliación de la vieja y nueva burguesía, los caminos al palacio de Miraflores parecieran estarle bloqueados.

    Si ella persiste en esta línea de acción, el único camino que le quedaría es enfrentar a los Estados Unidos e intentar liderar un polo nacionalista burgués, algo que parece altamente improbable. Lo más seguro es que termine aceptando una “cumbre” con Delcy Rodríguez que allane el camino a un pacto de élites de carácter pronorteamericano. Pero es a ella a quien le corresponde desojar la margarita.

    Dinorah la enviada del Pentágono

    Como lo advertimos, después de la reunión de Panamá, el Departamento de Estado, confirmando la línea colonial, designó sin eufemismos ni disimulos a la señora Dinorah Figueroa como vocera de los intereses norteamericanos en una transición pactada con el delcinato. Figueroa viene de ser la presidenta de la Asamblea Nacional de 2015 de mayoría opositora, pero en sus tiempos de universidad compartió banderas con Jorge Rodríguez. Ahora vuelven a reencontrase, el actual parlamento y el opositor de 2015, para avanzar en la elección de un nuevo Consejo Nacional Electoral, integrantes del Tribunal Supremo de Justicia y elecciones tuteladas, que expresan el modelo colonial de transición tutelada, que además podría convertir la participación de María Corina Machado en una nueva carrera de obstáculos, esta vez no fomentada por Maduro sino por Trump.

    El 1 de agosto nace el sietemesino. El trabajo de esta nueva instancia colonial se inicia en dicha fecha, con la misión de construir la arquitectura jurídica, institucional y política para sostener y mantener en el tiempo la situación colonial en Venezuela. Ya prácticamente nadie duda de ello, cualquier convocatoria a elecciones será para garantizar gobernabilidad de la colonia. Solo los venezolanos organizados podrán revertir esa situación.

    La izquierda persiste

    En los últimos meses ha resurgido el tejido social de la izquierda que estaba roto en torno a las polémicas sobre chavismo o madurismo. Pero aún siegue siendo débil. Mientras un sector -el minoritario- seguimos apostando por la preservación de nuestra identidad y la construcción de un instrumento político amplio e incluyente, otros sectores siguen en la disyuntiva de qué hacer en torno a María Corina Machado y su coalición. Incluso, factores que en 2024 apoyaron abiertamente a Edmundo González Urrutia, ahora señalan que el propósito es evitar que llegue María Corina Machado al poder, mientras otros -que parecieran ser mayoría aún- hablan de la necesidad de garantizar que la líder opositora participe en elecciones, eso sí con matices. Muchos señalan que no votarían por ella pero que se le debe garantizar su participación. En lo que sí parece coincidir toda la izquierda no madurista, ni afín a la junta de administración colonial, es en que el rescate de la soberanía electoral pasa necesariamente por la recuperación de la soberanía territorial.   

    ¿Qué hacer? La táctica para salir de la situación colonial

    Hay quienes hablan de protectorado y no de colonia, a pesar de que Venezuela ha perdido su capacidad de vender su petróleo y riquezas, no controla el flujo del dinero del comercio exterior ni tiene autonomía para determinar con quien negocia, y la legitimidad de su gobierno depende de una fuerza de ocupación extranjera, en este caso del imperialismo. Pero este no es un debate académico ni intelectual.  Esto tiene que ver con las correlaciones de fuerza y la táctica. ¿Hasta dónde se puede ampliar el abanico de alianzas sin perder la independencia de clase en función de recuperar la República? ¿Cuáles son las formas de lucha e instrumentos de organización de la clase trabajadora para lograr la liberación nacional? ¿Cómo combinar la lucha por una nueva independencia de la República con la perspectiva socialista y democrática? Todos estos interrogantes están atravesados por la necesidad de explicar de forma paciente y didáctica a los trabajadores y el pueblo en general que el desastre en el que se convirtió la revolución bolivariana no es el socialismo por el que luchamos como horizonte histórico, y qué el socialismo es bienestar, justicia social y salarial, ampliación de las libertades de opinión, organización y protagonismo ciudadano. Una tarea nada fácil para los y las revolucionarias venezolanas del presente. En consecuencia, debemos entrar al debate sobre la situación de Venezuela no como una abstracción, sino en asociación directa con la táctica de resistencia que conlleva la caracterización que se haga.

    En este momento, estamos sumados a la campaña de recolección de fondos que impulsa la Corriente COMUNES para asistir a una comunidad de La Guaira y al radio FM comunitaria Voces antimperialistas. La recomposición de la izquierda venezolana deberá ocurrir a partir de lo territorial y las luchas concretas, estando convencidos que como dijo Voltaire, todo cambio comienza desde un centro.     

    Conclusión

    Desde nuestra perspectiva, la revolución Bolivariana excede ampliamente los tiempos chavista- madurista, porque en realidad esos periodos fueron solo momentos convergentes de décadas de resistencias antisistema acumuladas, y que siguen en la actualidad intentando reorganizarse más allá de la debacle colonial. La expropiación de los símbolos y discursos de la izquierda, para colocarlos al servicio de un proceso policlasista ambiguo, que terminó en derrota, con el agravante de confusión para la población sobre el sentido y orientación real de una estrategia anticapitalista, obligará a la izquierda venezolana a repensarse, renovarse y construir nuevos códigos, imágenes y formas de articular instrumentos políticos con lucha social cotidiana. Si no lo logra quedará atrapada en el espejo roto del fracaso de la revolución bolivariana.  

    Venezuela no es un callejón sin salida sino un lugar donde todo es posible. Hasta ahora Estados Unidos ha logrado una situación privilegiada, en la cual tiene marcadas casi todas las cartas del juego político. La oposición de derecha liderada por María Corina Machado, la derecha que ha pactado desde hace años con el madurismo (“alacranato”), y la junta de administración colonial (los Rodriguez & Cabello) están alineados con los intereses de los Estados Unidos. Pero la antipatía antinorteamericana comienza a crecer, subterránea y lentamente, aunque aún no se exprese en formas organizativas clásicas, sino como el murmullo que anuncia la crecida del río. Todo pareciera avizorar un incremento de la tensión que pondrá a la hora del día no la premisa rosaluxemburguista de “socialismo o barbarie”, sino la de “democracia o dictadura”. La nueva izquierda comienza a reorganizarse, saliendo de su laberinto, ojalá los tiempos le permitan ser factor determinante en la salida democrática y popular a esta crisis.  

    1. Cientista social venezolano. Militante de la corriente COMUNES. Profesor de pedagogía en la Universidad Experimental de la Gran Caracas (UNEXCA), actualmente profesor visitante en la UFABC de Sao Paulo, Brasil. ↩︎

  • Rediseño de las zonas de influencia, en detrimento de los pueblos

    Rediseño de las zonas de influencia, en detrimento de los pueblos

    Desde el inicio de su segundo mandato, Donald Trump ha venido redefiniendo la estrategia internacional de Estados Unidos según una lógica brutal de relaciones de poder entre las grandes potencias. Al mismo tiempo que implementa simultáneamente varias iniciativas agresivas en el Medio Oriente y en las Américas, su gobierno ha iniciado un reposicionamiento estratégico respecto a Rusia.

    Por Eric Toussaint1

    Lejos de ser presentado como el enemigo central del orden mundial, Moscú es ahora tratado como un adversario secundario con el que sería posible llegar a un acuerdo. El objetivo de Washington es claro: impedir que Rusia fortalezca aún más su alianza con China, considerada el principal rival sistémico de Estados Unidos2. Se trata de una diferencia respecto a su primer mandato y al de Joe Biden, de 2021 a 2024.

    Los documentos estratégicos publicados por el gobierno de Trump entre diciembre de 2025 y principios de 2026 confirman este giro, sobre todo la Estrategia Nacional de Seguridad de EE. UU. (NSS, por sus siglas en inglés). En ellos se describe a Rusia como una amenaza «persistente, pero manejable», mientras que se acusa a los líderes europeos de exagerar el peligro que representaría y de alimentar expectativas poco realistas sobre el desenlace de la guerra en Ucrania. Al mismo tiempo, Washington afirma querer negociar un fin rápido de la guerra bajo su égida.

    Este reajuste allana el camino para un escenario de graves consecuencias: un acuerdo entre potencias imperialistas —Estados Unidos y Rusia— que podría producirse en detrimento del pueblo ucraniano.

    La política de Trump respecto a Rusia

    Desde el inicio de su segundo mandato, Donald Trump ha logrado que Vladimir Putin, más allá de las protestas verbales, no reaccione ante los actos de agresión perpetrados por Washington contra aliados de Moscú, ya sea en Venezuela o en Irán, o incluso en relación con el bloqueo total a Cuba aplicado desde finales de enero de 2026. Trump dio un giro con respecto a la política adoptada durante su primer mandato, en el que situaba a China y a Rusia en el mismo nivel, considerándolas adversarias que querían cuestionar el orden internacional dominado por Washington.

    Donald Trump le envía a Putin el mensaje de que está dispuesto a aceptar que Moscú utilice y abuse de la fuerza en su entorno geográfico, especialmente en Ucrania, de la misma manera que lo hace Washington en las Américas, en el Medio Oriente y en otros lugares. Trump reafirma su derecho a usar la fuerza en cualquier parte del mundo y reconoce, de hecho, el derecho de Putin a hacer lo mismo en un perímetro más limitado, que corresponde a una parte del territorio del antiguo Imperio ruso de la época de los zares y de la antigua Unión Soviética. Esto se ajusta a una lógica clásica de división implícita de las zonas de influencia entre las grandes potencias imperialistas.

    Trump redujo el apoyo militar directo de Estados Unidos a Ucrania, transfiriendo el peso de ese apoyo a sus aliados de Europa Occidental en la OTAN. En enero de 2026, invitó a Moscú y a sus aliados de Bielorrusia y Hungría a formar parte de su Consejo Mundial de la Paz.

    El 5 de marzo de 2026, Trump anunció que permitiría temporalmente que Rusia exportara su petróleo a la India sin sanciones, país que lo consume o lo reexporta a otras partes del mundo, incluida Europa. Una de las razones no declaradas es convencer a Rusia de que se conforme con emitir protestas verbales contra la agresión masiva de Washington e Israel contra Irán, su aliado.

    Trump al completo

    Trump revela una serie de posturas sobre Europa, Rusia y Ucrania en el documento sobre la nueva estrategia de seguridad nacional dado a conocer el 3 de diciembre de 2025. Considera que la UE y Gran Bretaña «gozan de una ventaja considerable en términos de poder militar sobre Rusia, y esto en casi todos los ámbitos, con excepción de las armas nucleares»3 y que los dirigentes europeos exageran la amenaza que representa Rusia.

    Así, el documento afirma:

    «A raíz de la guerra librada por Rusia en Ucrania, las relaciones entre Europa y Rusia se encuentran hoy en día muy deterioradas, y muchos europeos consideran a Rusia una amenaza existencial »4.

    Por la forma en que está redactado el texto, se puede deducir que Trump les está diciendo a los gobiernos europeos que Rusia no es una amenaza existencial para ellos. En algunas ocasiones, Trump ha descrito a Rusia como una amenaza existencial, pero ese no es el caso ni en el documento de estrategia de seguridad nacional publicado en diciembre de 2025, ni en el documento de estrategia de defensa nacional publicado a finales de enero de 2026.

    Trump considera que la UE y Gran Bretaña deben optar por un enfoque diferente al adoptado hasta ahora en las negociaciones con Rusia en lo que respecta a las reivindicaciones de esta última. Esto queda particularmente claro en este pasaje:

    «La administración Trump discrepa de los líderes europeos que tienen expectativas poco realistas sobre el desenlace de la guerra, líderes que se han atrincherado en gobiernos minoritarios inestables, muchos de los cuales violan los principios fundamentales de la democracia para reprimir a la oposición»5.

    Vale la pena recordar que Trump afirma que los gobiernos europeos reprimen a los partidos patrióticos, es decir, a la extrema derecha neofascista6.

    El texto de Trump continúa:

    «La gran mayoría de los europeos desea la paz, pero ese deseo no se traduce en acciones políticas, en gran parte debido a la subversión de los procesos democráticos por parte de esos gobiernos».

    Y agrega:

    «Esto adquiere importancia estratégica para Estados Unidos precisamente porque los Estados europeos no pueden reformarse si están sumidos en una crisis política»7.

    Esto significa que Trump afirma que a Estados Unidos le conviene que los partidos patrióticos (es decir, de extrema derecha y neofascistas) estén en el gobierno, lo que, según el actual gobierno, resolvería la crisis política.

    Evidentemente, en el pasaje anterior hay un rechazo muy claro hacia los gobiernos alemán, francés, británico, español, danés, polaco, etc. Por otro lado, en su momento reforzó la postura del entonces primer ministro húngaro Viktor Orbán y del primer ministro eslovaco Robert Fico, a quienes Marco Rubio, ministro de Relaciones Exteriores de Estados Unidos, visitó en febrero de 2026 tras la conferencia de Múnich sobre la paz. Vale la pena recordar que ambos mandatarios se habían mostrado a favor de reducir las sanciones contra la Rusia de Putin y que expresaron su simpatía por Trump.

    En lo que respecta a las relaciones entre la UE, el Reino Unido, Rusia y Ucrania, queda claro que Trump desea mantenerse en el centro del juego diplomático:

    «La gestión de las relaciones europeas con Rusia exigirá un importante esfuerzo diplomático por parte de Estados Unidos, tanto para restablecer las condiciones de estabilidad estratégica en el continente euroasiático como para mitigar el riesgo de conflicto entre Rusia y los Estados europeos.»8

    También se puede deducir del pasaje anterior que, dada la superioridad militar de los países de la UE y del Reino Unido sobre Rusia, el reequilibrio debería producirse a favor de Rusia. La misma idea se encuentra en el siguiente pasaje:

    «Es de interés fundamental para Estados Unidos negociar un cese rápido de las hostilidades en Ucrania, con el fin de estabilizar las economías europeas, impedir una escalada o una extensión involuntaria de la guerra, restablecer la estabilidad estratégica con Rusia y permitir la reconstrucción de Ucrania tras las hostilidades, para que pueda sobrevivir como un Estado viable»9.

    En el fragmento anterior, Trump reafirma que desea un fin rápido de las hostilidades y presiona a la UE, a Gran Bretaña y a Ucrania para que hagan concesiones a Rusia, todo ello bajo los auspicios de Washington.

    La política de Trump respecto a Ucrania

    Trump no tiene ninguna consideración por el derecho del pueblo ucraniano a defender su soberanía. Ahora bien, si la invasión de febrero de 2022 fue ampliamente frustrada, fue porque el pueblo ucraniano resistió y demostró su apego a la soberanía de su país. Si el pueblo ucraniano no hubiera apoyado masivamente la resistencia, el envío de armas por parte de las potencias occidentales a las autoridades de Kiev no habría sido suficiente para frustrar el plan inicial de Putin, quien pretendía llegar con su ejército a Kiev, cambiar el régimen y tomar posesión de una parte significativa del territorio ucraniano, comenzando por el este del país. Afirmar esto debe ir de la mano de la crítica a la política neoliberal y nacionalista chovinista del gobierno de derecha de Zelensky, así como de la denuncia de la OTAN y de las ambiciones imperialistas de Trump y de los europeos respecto a Ucrania. También es importante aclarar que Ucrania no es una potencia imperialista.

    Trump desprecia por completo el derecho internacional y considera que puede, por la fuerza, tomar el control de los recursos petroleros de Venezuela o de Irán tras haber agredido militarmente a esos países. Cree que la Rusia de Putin puede, en su entorno inmediato, hacer lo mismo, siempre y cuando eso no perjudique los intereses estadounidenses en Europa del Este. Trump está dispuesto a llegar a un acuerdo con Putin a costa del pueblo ucraniano. Putin podría mantener o tomar el control de parte del territorio, la población y los recursos naturales de Ucrania si las empresas estadounidenses obtienen, a cambio, ventajas en el resto del territorio ucraniano10. En esas condiciones, Washington estaría dispuesto a proteger a las autoridades ucranianas debilitadas y al territorio sobre el que mantendrían el control, siempre y cuando las autoridades de Kiev permitan que las empresas estadounidenses acumulen el máximo de ganancias11. Lo que propone Trump es un acuerdo entre dos potencias imperialistas depredadoras, Estados Unidos y Rusia, que acuerdan violar el derecho de los pueblos a la autodeterminación y al ejercicio de la soberanía sobre sus territorios y sobre los recursos naturales que en ellos existen. Trump deja ampliamente de lado a las potencias imperialistas europeas, aunque estas también buscan promover sus propios intereses y los de sus grandes empresas privadas que codician los recursos naturales, las tierras y el mercado ucranianos.

    La postura de Trump respecto a Rusia

    Rusia ya no es tratada como el enemigo central del orden mundial. Trump considera que los gobiernos anteriores cometieron el error de favorecer la formación de un bloque entre Rusia y China, lo que fortaleció la posición de China. Trump desea separar a Rusia de China o, al menos, reducir los vínculos entre estas dos potencias. Washington, que designa a China como su principal adversario sistémico, intenta, por lo tanto, reducir la propensión de Rusia a fortalecer sus vínculos con ella12. La NSS 2025 considera a Rusia un adversario militar serio, pero estratégicamente secundario, al que hay que contener sin convertirlo en un enemigo civilizacional, con el fin de concentrar los recursos (militares y económicos) de Estados Unidos para combatir a China.

    La reacción del Kremlin ante la publicación de la NSS 2025

    Dmitri Peskov, portavoz del presidente ruso, comentó el documento de estrategia de seguridad nacional durante una entrevista concedida al periodista estatal ruso Pavel Zarubin, el 7 de diciembre de 2025, para el canal Rossiya 1, ampliamente difundida por los medios rusos, como Interfax, Fontanka o Tass:

    «Los ajustes introducidos en la estrategia nacional de seguridad de Estados Unidos coinciden en gran medida con nuestra visión»13.

    La agencia de noticias Interfax, por su parte, escribió el 7 de diciembre de 2025:

    «El Kremlin acogió con satisfacción las formulaciones relativas a la OTAN en la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos. Medvédev ve en la nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos un intento de mejorar las relaciones con Rusia. El Kremlin acoge con satisfacción las formulaciones de la estrategia de seguridad nacional estadounidense actualizada relativas a la congelación de la expansión de la OTAN, pero seguirá de cerca la implementación concreta de este documento».14

    Rusia como amenaza, entre Trump I y Trump II

    En la «Estrategia Nacional de Defensa 2026», publicada a finales de enero de 2026 (NDS 2026), se identifica a Rusia como «una amenaza persistente, pero controlable» para la OTAN, un cambio favorable para Rusia en comparación con los calificativos más alarmantes de los documentos anteriores, que designaban a Rusia como «potencia revisionista» (revisionist power), durante el primer mandato de Trump en 201715, y como «amenaza inmediata al orden internacional»16y «amenaza grave» en 2022, durante la presidencia de Joe Biden. La NSS 2022 del gobierno de Biden afirmaba que Rusia «rompió la paz en Europa ». En el lenguaje estratégico del gobierno de Estados Unidos, «potencia revisionista » se refiere a un Estado que busca alterar las reglas, las instituciones o el equilibrio de poder del orden internacional existente, dominado por Estados Unidos. En los documentos de la primera administración de Trump y de la presidencia de Biden, se presentaba a Rusia y a China como potencias revisionistas.

    A continuación se presentan algunos fragmentos de la NDS 2026 que se refieren a Rusia: «La amenaza militar rusa se concentra principalmente en Europa Oriental»; «Moscú no está en condiciones de fijarse como objetivo ejercer su hegemonía sobre Europa. La OTAN europea supera a Rusia en términos de economía, población y, por consiguiente, de poder militar latente»; y «Afortunadamente, nuestros aliados de la OTAN son claramente más poderosos que Rusia, que se encuentra muy rezagada. Solo la economía alemana ya supera a la de Rusia»17.

    Los puntos en común entre Trump y Putin

    A pesar de sus rivalidades geopolíticas, Donald Trump y Vladimir Putin comparten un conjunto significativo de posiciones ideológicas y políticas. Ambos se caracterizan por un anticomunismo declarado y por un apoyo incondicional al sistema capitalista, incluidas sus formas más brutales de explotación de la mano de obra y los recursos naturales.

    Trump y Putin son nacionalistas que afirman la primacía de los derechos de la nación dominante a la que pertenecen. Trump apoya a los supremacistas blancos y afirma la primacía de los intereses de los estadounidenses frente a las naciones extranjeras, a las que no duda en referirse con términos racistas. Putin defiende un chovinismo granruso y critica a Lenin por la «creación» (sic) de Ucrania y por el reconocimiento de su derecho a separarse de la URSS a principios de la década de 1920.

    Ambos defienden además una política energética basada en la explotación intensiva de los combustibles fósiles, lo que contribuye a agravar la catástrofe ecológica mundial en curso.

    En el plano social, sus posturas convergen en orientaciones homofóbicas y hostiles hacia los derechos de las personas LGBTQIA+, acompañadas de la promoción de valores conservadores basados en una visión reaccionaria del cristianismo.

    En el ámbito internacional, tanto Trump como Putin privilegian el uso de la fuerza militar para imponer sus objetivos políticos y económicos, en contravención del derecho internacional. Esta orientación va acompañada de un apoyo decidido al desarrollo rápido y masivo de las industrias armamentísticas, así como al uso creciente del poder militar.

    Sus políticas exteriores también se basan en el uso reiterado de pretextos cuestionables o infundados para justificar el uso de la fuerza. Además, ambos cultivan un chovinismo de gran potencia y un nacionalismo exacerbado, características de los proyectos políticos autoritarios.

    Por otro lado, mantienen relaciones estrechas con las fuerzas de extrema derecha europeas, las cuales, a su vez, les demuestran una fuerte simpatía.

    Donald Trump, por su parte, brinda apoyo total al gobierno israelí liderado por Benjamin Netanyahu, que es neofascista y responsable de un genocidio en Gaza. Vladimir Putin, a su vez, mantiene relaciones cordiales con Netanyahu y da continuidad a las exportaciones rusas a Israel —carbón, petróleo y cereales— sin cuestionar los acuerdos comerciales existentes18.

    Putin también aceptó el principio de la creación de un Consejo Mundial presidido por Trump y desea que Rusia sea miembro. En este contexto, solicita a Estados Unidos que suspenda la congelación de los activos rusos para que Rusia pueda pagar la contribución de mil millones de dólares exigida para convertirse en miembro permanente del organismo, considerado por sus detractores como totalmente ilegítimo.

    Trump y Putin hacen un uso extenso y controvertido del término «genocidio», al tiempo que se niegan a reconocer o denunciar el genocidio del pueblo palestino. Trump afirma, así, que el gobierno de Pretoria sería responsable de un «genocidio de los blancos» en Sudáfrica, mientras que Putin sostiene que el gobierno de Kiev estaría llevando a cabo un genocidio contra las poblaciones rusas en Ucrania.

    Además de estas convergencias ideológicas y geopolíticas, Donald Trump y Vladimir Putin también presentan similitudes marcadas en la forma en que ejercen y conciben el poder. Ambos privilegian una fuerte personalización del liderazgo, centrada en la figura de un líder presentado como la encarnación directa de la nación y de su voluntad. Su discurso político se basa habitualmente en una retórica que opone «el pueblo» a las élites políticas, mediáticas o económicas, acusadas de traicionar los intereses nacionales. En este contexto, manifiestan una marcada desconfianza hacia las instituciones multilaterales y el derecho internacional cuando estos se perciben como obstáculos para sus objetivos estratégicos. Además, sus prácticas políticas van acompañadas de una crítica constante a los medios de comunicación considerados hostiles y de un uso intensivo de estrategias de comunicación que buscan eludir o deslegitimar los contrapoderes institucionales. Estos elementos contribuyen a inscribir sus proyectos políticos en una concepción del poder fuertemente personalizada, imperialista y autoritaria neofascista.

    ¿Cuáles son las diferencias entre Trump y Putin?

    Una diferencia que merece destacarse radica en el enfoque que ambos tienen de la guerra y del uso directo de la fuerza militar. Donald Trump está convencido de que es posible ganar conflictos sin el envío prolongado de tropas estadounidenses al terreno, dando prioridad a la superioridad tecnológica, los ataques a distancia y las operaciones militares de duración limitada, con pérdidas humanas prácticamente nulas por parte de Estados Unidos.

    Por otro lado, Vladimir Putin optó por una estrategia radicalmente diferente con la invasión militar a gran escala de Ucrania en 2022, que implicó el envío de un gran número de fuerzas terrestres y resultó en un número extremadamente elevado de bajas humanas, tanto del lado ruso como del ucraniano.

    Otra diferencia fundamental tiene que ver con el lugar que ocupan sus respectivos Estados en la jerarquía mundial del capitalismo. Donald Trump lidera la principal potencia económica y militar capitalista e imperialista del planeta: Estados Unidos. Vladimir Putin, por su parte, está al frente de una potencia capitalista imperialista secundaria, debilitada y en relativo declive, pero que sigue siendo un actor estratégico de gran importancia debido a que posee un arsenal nuclear comparable a nivel mundial al de Estados Unidos.

    Por último, sus ambiciones geopolíticas difieren en su escala de intervención. La política imperialista impulsada por Trump apunta a todo el planeta, mientras que la de Putin se concentra prioritariamente en el espacio postsoviético y su periferia inmediata, aunque Rusia haya intentado extender su influencia a otras regiones, como en Siria —donde, sin embargo, sufrió un revés con la caída del régimen de Bashar al-Assad—.

    ¿Tienen Trump y Estados Unidos interés en un rápido fin de la guerra en Ucrania?

    En este momento del año, Trump, al contrario de lo que afirmaba durante la campaña electoral o al inicio de su mandato, no tiene como prioridad poner fin a la guerra en Ucrania por varias razones.

    De hecho, la continuidad de la guerra da más credibilidad al argumento de Estados Unidos para que los aliados europeos de la OTAN sigan aumentando significativamente sus gastos militares, lo que favorece las exportaciones de armas de las grandes empresas privadas estadounidenses.

    Además, Washington logró un acuerdo muy favorable a sus intereses con los países europeos de la OTAN. Estos compran a Estados Unidos las armas que suministran a Ucrania y que se utilizan intensamente mientras continúe la guerra abierta. Trump prácticamente puso fin a los nuevos suministros directos de armas a Ucrania.

    La continuación de la guerra también desvía, en parte, la atención de las agresiones perpetradas por Estados Unidos bajo el mando de Trump en el resto del mundo.

    La continuación de la guerra en Ucrania y el esfuerzo que esto representa para la economía rusa y su población impiden que Putin movilice fuerzas militares en otros continentes.

    Y, finalmente, el 5 de marzo de 2026, Trump alivió las sanciones contra Rusia en lo que respecta a la venta de petróleo, con el fin de convencerla de que no tomara ninguna medida contra la agresión a Irán y contra el bloqueo total impuesto a Cuba desde finales de enero de 2026. Esto le permite a Putin aumentar sus ingresos por exportaciones y mantener el esfuerzo bélico en Ucrania.

    Conclusión

    En resumen, la política llevada a cabo por Donald Trump con respecto a Rusia se inscribe en una lógica clásica de rivalidad entre grandes potencias: reducir el acercamiento entre Moscú y China, mantener a Estados Unidos en el centro del juego diplomático y hacer que los países europeos asuman el costo principal de la guerra en Ucrania. Detrás del discurso oficial que clama por un rápido fin de las hostilidades, Washington no tiene necesariamente interés en una paz inmediata.

    En este contexto, no se puede descartar la posibilidad de un acuerdo entre Washington y Moscú a costa del pueblo ucraniano. Las convergencias ideológicas y políticas entre Donald Trump y Vladimir Putin —el apego a un capitalismo autoritario, el nacionalismo de gran potencia, el militarismo, el desprecio por el derecho internacional y la cercanía con fuerzas de extrema derecha— facilitan esta lógica de relaciones de poder entre Estados.

    Más allá de sus rivalidades y diferencias de poder, ambos líderes comparten una misma visión del mundo. En este contexto, los pueblos —y, en primer lugar, el pueblo ucraniano— corren el riesgo de convertirse en las principales víctimas de un nuevo equilibrio geopolítico basado en la división de zonas de influencia.

    Pero no hay que descartar un posible cambio de rumbo de Trump en el futuro. Si no logra lo que quiere en las negociaciones con Putin, es capaz de adoptar una postura mucho más dura y de calificar a Rusia como una amenaza mucho más grave de lo que se indica en los documentos que acabamos de analizar.

    Lo que es seguro es que las negociaciones entre Trump y Putin no toman en cuenta los intereses y los derechos de los pueblos. Es necesario construir, desde la base, una solidaridad entre los pueblos para reforzar la resistencia ante el auge del neofascismo y el aumento de las agresiones imperialistas, vengan de donde vengan.

    Nota del 16 de marzo de 2026

    1. Éric Toussaint, economista e historiador belga, es portavoz de la red internacional del Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM), miembro del Comité Internacional de la IV Internacional y de su sección belga, la Gauche anticapitaliste. Es autor de cerca de quince obras, entre las que se encuentran *El Banco Mundial: una historia crítica* (Syllepse, París, 2022); *Capitulación entre adultos: Grecia 2015, una alternativa era posible* (Syllepse, París, 2020); y *El sistema de la deuda* (Les Liens qui Libèrent, París, 2017). El autor agradece a Sushovan Dhar y a Maxime Perriot por la revisión del original. ↩︎
    2. «Por qué Washington convirtió a China en su principal adversario estratégico», Eric Toussaint, 19 de enero de 2026, CADTM. ↩︎
    3. Fragmento del documento «Estrategia de Seguridad Nacional» publicado en diciembre de 2025, p. 25 (NSS 2025). Hay una versión en francés disponible en el sitio web de Grand Continent. ↩︎
    4. NSS 2025, p. 25. ↩︎
    5. NSS 2025, p. 26. ↩︎
    6. «Trump, Europa y la internacional neofascista: del apoyo ideológico a la coordinación política», Eric Toussaint, 25 de enero de 2026, CADTM. ↩︎
    7. NSS 2025, p. 33. ↩︎
    8. NSS 2025, p. 25. ↩︎
    9. NSS 2025, p. 25. ↩︎
    10. «La apropiación de los recursos naturales de Ucrania y del este de la República Democrática del Congo. Los imperialismos a la ofensiva», Eric Toussaint, 15 de mayo de 2025, CADTM. ↩︎
    11. «El acuerdo minero firmado entre Ucrania y Estados Unidos refleja la voluntad del capital estadounidense de tener acceso irrestrito a los recursos minerales ucranianos», Vitaliy Dudin, 13 de mayo de 2025, CADTM. ↩︎
    12. fontanka.ru. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, Rusia se ha vuelto cada vez más dependiente de China en el plano económico, especialmente en lo que respecta a sus exportaciones de energía e importaciones de tecnología, lo que pone en duda el objetivo de Washington de debilitar la alianza entre Moscú y Pekín. ↩︎
    13. Fuente: fontanka.ru ↩︎
    14. Fuente: Interfax. Dmitri Medvédev es vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia y presidente del partido gobernante de Putin, Rusia Unida. ↩︎
    15. NSS 2017. ↩︎
    16. NSS 2022. ↩︎
    17. NDS 2026, pp. 10 y 11. ↩︎
    18. «¿Por qué los BRICS no denuncian el genocidio en curso en Gaza?», Eric Toussaint, CADTM, 7 de agosto de 2025. ↩︎