El régimen capitalista y autoritario de Nicaragua “prohíbe” elecciones

La dinastía Ortega-Murillo hace un favor a la extrema derecha y al imperialismo. Declaración del Bureau Ejecutivo de la Cuarta Internacional sobre Nicaragua

El anuncio del dictador Daniel Ortega, el pasado 19 de julio, de que «no volverán a haber elecciones para que por allí intenten ellos (oposición) atrapar el gobierno, atrapar el poder», es la más cínica confesión de que su gobierno se encamina a establecer un régimen de estilo monárquico, en asociación con su esposa Rosario Murillo.

Desde su regreso al poder, en el año 2007, el gobierno Ortega-Murillo ha desmantelado el aparato judicial e institucional para ponerlo a su servicio. Se ha apropiado de sectores estratégicos de la economía, ha establecido un poder capitalista absoluto mediante la represión criminal de la protesta social, los ataques a los derechos humanos, persecución a las que han denunciado a Daniel Ortega de violación o acoso sexual y criminalización del aborto terapéutico en casos de violaciones. Además del fraude electoral, la criminalización de los candidatos opositores y la purga de las filas sandinistas, al más puro estilo totalitario, a dirigentes históricos de la revolución como Mónica Baltodano, Dora María Téllez, Herty Lewites, Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal, Víctor Hugo Tinoco, Gioconda Belli o Carlos Mejía Godoy, entre muchos otros.

Nada más distante de la Nicaragua y el gobierno autoritario de hoy que la gran revolución armada de 1979, dirigida por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que derrocó al dictador Anastasio Somoza e implantó a un gobierno popular en el país, enfrentando a los intereses del imperialismo estadunidense y realizando importantes reformas democráticas, sociales y de género.

Contrario a lo que arguyen los defensores de las barbaridades de Ortega-Murillo, las medidas anti electorales no están hechas para blindar, ante la reacción burguesa y el imperialismo, a instituciones de poder popular basadas en la autoorganización de los trabajadores y el pueblo. Sirven meramente para afianzan un poder oligárquico, al servicio del mercado. Contra ese poder, desde hace años, es legitima toda forma de resistencia popular, y a él es necesario oponer una fuerza social independiente para luchar hasta por los derechos democráticos más elementales.

Más grave aún: el decreto del fin de las elecciones le hace un enorme favor al imperialismo estadunidense bajo Trump, al darle al neofascista pretexto supuestamente “democrático” para atacar a Nicaragua, la región y toda América Latina. Este nuevo paso en la deriva autoritaria del régimen del país erosiona las condiciones políticas y sociales, locales y regionales, para encarar una nueva intervención militar estadunidense sobre territorio latinoamericano, como eventualmente podría darse contra el propio gobierno de Ortega-Murillo, en el marco del “Escudo de las Américas” y de la anunciada cruzada del gobierno de Trump contra todo lo que considera como “extrema izquierda”. 

La Cuarta Internacional se suma a los diversos pronunciamientos de sectores de la izquierda y el progresismo latinoamericano y caribeño, que ahora se han puesto en contra del régimen dictatorial de la pareja Ortega-Murillo y expresan su apoyo al pueblo nicaragüense en resistencia. Una posible agresión imperialista no puede ser utilizada como pretexto para justificar a ninguna dictadura. Al contrario: el camino para el combate antiimperialista efectivo es la más democrática participación y organización obrera, campesina, femenina, indígena y popular. La lucha por las soberanías nacionales y el socialismo no se puede llevar adelante y llegar a la victoria de otro modo que no sea articulada a la más amplia autoorganización democrática de las y los que resisten.

¡Viva la resistencia del pueblo nicaragüense en contra de la dictadura Ortega-Murillo!

¡Ninguna intervención imperialista en América Latina!

24 de julio de 2026