La lucha de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) para derogar la reforma al sistema de pensiones del ISSSTE (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado) del 2007, que significó la creación de las cuentas individuales y la eliminación del sistema solidario que garantizaba una pensión del 100% del último salario del trabajador, tuvo la virtud de cuestionar la legitimidad de dicha reforma, independientemente de los errores cometidos en la conducción del movimiento. Anteriormente, en 1997, esa misma reforma afectó a los trabajadores del sector privado y empresas estatales afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
Tras el fracaso de su segundo intento, la conclusión es clara: es imposible la derogación de dicha reforma neoliberal cuando sólo se lanzan al paro de labores el 10 o 12% del total de los trabajadores de la educación (de un total de 1 millón 600 mil trabajadores afiliados al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, del cual la CNTE conforma una corriente interna) o el 4.7% del total de los trabajadores al servicio del Estado.
La administración de los fondos del sistema de pensiones por parte de los buitres de la banca nacional e internacional, que alcanza los 9 billones de pesos (cerca del 25% del Producto Interno Bruto), es parte sustantiva de sus enormes ganancias en el mercado nacional, palanca importante del financiamiento de la deuda pública y estabilizador del sistema financiero. Cambiar esta arquitectura financiera neoliberal de los fondos de pensiones, pondría en jaque la lógica de privilegiar las ganancias del capital financiero a la necesidad de una pensión digna para todo trabajador.
Esas son las razones que explican la imposibilidad de que un pequeño sector de la clase trabajadora mexicana, por combativo que sea, pueda cambiar las reglas del juego. Para lograrlo se requiere de un movimiento masivo y unificado, no solo de los trabajadores afiliados al ISSSTE (4 millones 200 mil trabajadores), también de los 22 millones afiliados al IMSS, los 5.5 millones de trabajadores pensionados en ambos sistemas y de quienes no gozan de este derecho.
¿Es posible reclamar una pensión digna?
En principio se requiere de una propuesta de reforma de pensiones que suene lógica, financieramente viable y atractiva para que el conjunto de la clase trabajadora esté dispuesta a movilizarse por ella.
Cuando decimos que suene lógica, significa combatir la idea de que la época de las pensiones dignas se fue para no volver, debido a una supuesta inviabilidad. El principal argumento para evadir el pago del 100% del último salario, proviene de que los patrones suponen que la tasa de retorno (rendimiento financiero de las inversiones en las Afores) y la tasa de reemplazo (el porcentaje del último salario que se recibe como pensión), sólo alcanzan para pagar el 30 por ciento del último salario, debido también a la tendencia decreciente del número de nacimientos.
Su primer argumento se cae por su propio peso. “En los primeros cinco meses del 2026, las Afore tuvieron ganancias sin precedente por 7 mil 653 millones de pesos, una cantidad superior en 21.4% en términos nominales –sin considerar la inflación– y de 16.6% real respecto a igual periodo de 2025. Su mayor fuente de ingresos, el cobro de comisiones por gestionar el ahorro de los trabajadores, les permitió sumar 19 mil 2 millones de pesos [del total de sus fabulosas ganancias] entre enero y mayo pasados.” (La jornada 20-jun2026). ¿Acaso no es posible crear una Afore o fondo de pensiones, administrada por los propios trabajadores, que les ahorrase 7 mil 653 millones de pesos, en solo 5 meses, para garantizar pensiones dignas? Las Afores privadas son, socialmente, innecesarias.
Es cierto que existe un marcado decrecimiento poblacional, pero ello se compensa con un crecimiento aún mayor de los índices de productividad. ¿Cómo es posible que hace 80 años fuera factible obtener pensiones dignas, con una antigüedad de 30 años de trabajo y con una productividad mucho menor a la actual? En todo caso, si fuera necesario un mayor trabajo socialmente necesario para obtener pensiones dignas, bastaría con calcular el número de horas necesarias para financiarlas, entre el número de trabajadores empleados y desempleados para repartirlas. El resultado sería, sin lugar a dudas, que, garantizando el pleno empleo para toda la población, se podrían pagar pensiones dignas, con menos horas de trabajo, para toda la clase trabajadora.
Otras fuentes de financiamiento
Además de lo mencionado anteriormente, podemos afirmar que es posible incrementar el monto de las pensiones en una cantidad que deberá calcularse cuando se realice la reforma al sistema de pensiones. ¿Pero, sí aún hiciera falta, es posible obtener mayores recursos? ¡Por supuesto! Hemos mencionado el alto incremento en los índices de productividad, desde los años 30 del siglo pasado hasta la actualidad, sin embargo el pago de impuestos de los grandes empresarios se ha ido reduciendo debido a la corrupción y la evasión de impuestos. El resultado ha sido que México cuenta con millonarios del primer mundo, con una riqueza insultante, con un pueblo del tercer mundo. Esta desigualdad se puede reducir mediante un impuesto progresivo a las grandes empresas y a las grandes fortunas. En México los capitalistas pagan, legalmente, apenas el 32% de impuestos a sus enormes ganancias (sin contar las “deducciones”), cuando en Escandinavia pagan el 60%.
Existen otras formas para fortalecer el fondo de pensiones. Recordemos que los salarios contractuales no se han incrementado en la misma medida que los salarios mínimos y que incluso han sido rebasados por ellos, además los empresarios, e incluso el propio gobierno, simulan pagar salarios mínimos, compensados con prestaciones, para reducir las aportaciones a la seguridad social. Si se aumenta el salario real de los trabajadores bajo contrato de trabajo y los patrones lo registran debidamente ante el IMSS e ISSSTE, el resultado sería un incremento sustantivo para fortalecer los fondos de pensión.
También existe la posibilidad de dejar de pagar la deuda pública de origen fraudulento e ilegítimo como el Fobaproa, las deudas de PEMEX, CFE, las autopistas o los ingenios azucareros. Actualmente, el monto total de la deuda pública alcanza los 19 billones de pesos, de los cuales pagaremos 1.5 billones en el 2026 por concepto de intereses. De hacer una auditoria a la deuda pública y dejar de pagar la deuda odiosa, obtendríamos un ahorro de más de la mitad de esta cantidad.
El conjunto de estas medidas no solo serviría para garantizar el pago de pensiones justas, también para garantizar inversiones públicas que fortalezcan el mercado interno, el desarrollo económico y la soberanía nacional.
¿Cómo lograrlo?
El problema no es la falta de ideas para garantizar pensiones dignas para las nuevas generaciones, incluso existen propuestas presentadas por sindicatos y sectores oficialistas, el problema es cómo lograr la más amplia unidad de los diversos sectores de la clase trabajadora para hacerlo posible.
Para empezar, existe el problema de que el sector que se supone debería de estar a la vanguardia de este movimiento, el sindicalismo democrático, es muy débil numéricamente, está fragmentado en diversas centrales sindicales, además el conjunto del sindicalismo mexicano es muy gremialista y no tiene tradición de actuar en conjunto por una causa común, esa es la razón de la ausencia de auténticas huelgas generales en México. Otro problema es que, en su sector más importante, la CNTE, se han cometido diversos errores que la han debilitado y aislado de la gran mayoría de la población. A su interior existen corrientes sectarias que no se han dado cuenta de que este gobierno no es como los anteriores y que cuenta con un fuerte respaldo popular. Recurrir a la violencia innecesaria no solo no ayuda al movimiento, sino que lo debilita y les da armas a sus adversarios para desprestigiar su causa. En su ceguera, dichas corrientes sectarias apuestan a la confrontación directa con el estado y consideran una “victoria” el haber logrado “desenmascarar” el carácter “represor y neoliberal” del actual gobierno, aunque hayan fracasado en alcanzar el objetivo proclamado.
Derogar el actual sistema de pensiones neoliberal es una tarea titánica, se trata de confrontar al enorme poder del capital financiero nacional e internacional, es posible hacerlo, pero se requiere de una acumulación de fuerza mucho mayor de la que el movimiento obrero ha logrado en muchas décadas. Es necesaria una amplia alianza entre todas las fuerzas del sindicalismo mexicano para lograrlo, hay que tomarle la palabra a todas las voces del sindicalismo oficialista e independiente para elaborar un propuesta unificada de reforma progresiva e integral al sistema de pensiones e impulsar una estrategia de lucha basada en la movilización popular.
No es una tarea fácil, llevará tiempo y una gran capacidad para anteponer el interés general del movimiento a cualquier otro de carácter particular, pero es necesario hacerlo.
Ciudad de México a 26 de julio de 2026

