En la pasada semana, el gobierno neofascista en la Casa Blanca ha anunciado lo que ya se podía predecir desde el 3 de enero – cuando secuestró a Nicolás Maduro y Cilia Flores para detenerlos en una prisión de Nueva York. Trump informó por sus redes sociales del arreglo de un supuesto “acuerdo” con el gobierno “interino” de Delcy Rodríguez para apropiarse, por el lapso de 100 años, de 17 campos petrolíferos de Venezuela, con 65 mil millones de barriles en reservas estimadas, con el objetivo de “reponer las reservas” estadunidenses de crudo.
Lo que el imperialismo impuso a su gobierno títere en Caracas es un saqueo colonialista descarado. Este tipo de “acuerdo”-imposición solo es posible en el marco de una situación abiertamente colonial, que ha encontrado silencio en la mayoría de las oposiciones de derecha y abierta complacencia por parte del gubernamental partido PSUV. La situación amenaza la condición republicana de la nación sudamericana y lanza una sombra amenazadora sobre toda la región.
La izquierda radical y el chavismo originario expresan niveles de resistencia importantes al establishment del protectorado, mostrando que la clase trabajadora se reorganiza para luchar contra la situación colonial, mientras los restos de la alianza militar-policial parecieran haberse adaptado a la nueva situación.
Culminación de la rendición
En los últimos seis meses, el régimen capitaneado por los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello, transformados en virreyes de la colonia tas la traición a Maduro, han modificado las leyes de hidrocarburos y minería para garantizar las mejores condiciones de ganancia para las trasnacionales yankees de petróleo y el oro. Estados Unidos se ha arrogado, fuera del orden legal internacional, la facultad de vender el petróleo venezolano y manejar estos fondos a discreción, tomando como botín de guerra las reservas de oro que habían permanecido guardadas en las bóvedas del Banco Central de Venezuela.
Los jefes del Comando Sur, la CIA, el Departamento de Estado y la Secretaría de Energía se pasean por el territorio venezolano como si fueran los dueños del país, mientras se reabren las relaciones con el Estado sionista de Israel. Cualquier reserva de antiimperialismo ha sido borrada por la subordinación genuflexa de las y los gobernantes venezolanos ante la administración trumpista.
Mientras tanto, la situación de las y los trabajadores es cada vez más agobiante, con un salario mínimo mensual de 15 centavos de dólar al mes, mientras los derechos laborales conquistados mediante lucha en las últimas décadas prácticamente han desaparecido. No obstante, se multiplican los espacios de resistencia sin que se vislumbre aún el salto hacia una coordinación nacional de luchas internas y contra el asalto colonial sobre el país. La organización territorial de protesta contra los apagones eléctricos, por el precario servicio de agua potable, contra la represión selectiva y por el salario, evidencian una recomposición por abajo del tejido social.
En este cuadro gravísimo, el acuerdo petrolero suscrito entre Donald Trump y Delcy Rodríguez hipoteca el presente y el futuro de la nación venezolana y amenaza toda América Latina.
Por ello, desde la Cuarta Internacional nos solidarizamos con el pueblo, la clase trabajadora y las organizaciones revolucionarias-clasistas de ese país, apoyando todo lo que se encamine a niveles de organización y coordinación que permitan impulsar movilizaciones y luchas que derroten los acuerdos espurios de Trump-Rodríguez. La consigna que emergió desde las entrañas del pueblo, luego de los terremotos de junio, sintetizan la premisa que desde la Cuarta Internacional apoyamos: “Solo el pueblo salva al pueblo”.
¡Abajo los acuerdos coloniales de Trump-Rodríguez!
¡Fuera Trump, sus empresas y militares de Venezuela y de América Latina!

