La importancia estratégica de la elección brasileña para la situación internacional

Una victoria de Lula y el crecimiento del PSOL servirían como puntos de apoyo para coordinar un movimiento antifascista internacional, combinando la lucha contra la extrema derecha mundial con la defensa de la soberanía de los pueblos. Nota de Israel Dutra1.

De todos los procesos y fenómenos geopolíticos, sociales y electorales que atraviesa el mundo, la elección brasileña merece un lugar muy especial.

Mientras la extrema derecha siembra un proyecto internacional con rasgos neofascistas, disputando el sentido de futuro, defendiendo el genocidio en Gaza, la disputa electoral brasileña adquiere contornos estratégicos. Trump necesita avanzar con el proyecto de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, bautizada “Donroe”, una vez que sufrió una importante derrota en Medio Oriente, a partir de lo que se está consolidando como fracaso de la agresión militar contra Irán.

Trump representa un imperialismo en declive, pero más agresivo, disputando áreas de influencia con el imperialismo chino emergente. Para ello, activa una corriente neofascista con peso de masas y que actúa de forma sincronizada, teniendo en Milei su referente regional. Después de conquistar victorias electorales, controvertidas, por cierto, en Perú y Colombia, Trump y Milei quieren derrotar a toda costa a Lula en octubre. Además de seguir con la tutela sobre Venezuela, el acoso sobre Cuba, el cambio del gobierno brasileño, pintando de azul al mayor país del mapa sudamericano, es un objetivo estratégico para el trumpismo.

El centro de la disputa: ofensiva imperialista y soberanía

El gobierno estadounidense actúa de forma consciente contra la soberanía de Brasil. Además del descarado tarifazo, que gravó con un 37,5% diversos productos brasileños, tuvimos señales inequívocas de injerencia como la clasificación del Comando Vermelho  y el Primer Comando de la Capital (poderosas organizaciones del narcotráfico) como grupos terroristas, la prórroga del estado de emergencia nacional declarado en relación con Brasil, levantando sospechas sobre la elección y las urnas electrónicas.

La nueva escalada involucró la revisión del visado diplomático de la embajadora brasileña en Washington, Maria Luiza Viotti, en una actitud inédita en evidente represalia ante la postura brasileña.

Milei fue figura de proa en la convención de Flávio. Habló contra el “socialismo” y llamó a derrotar a Lula y a la izquierda en el continente, esperando la victoria de la oposición en la elección brasileña. Milei concluyó su “gira” por América del Sur en la toma de posesión de Abelardo de la Espriella como nuevo presidente de Colombia.

El centro de la disputa de la elección brasileña será la cuestión de la soberanía. Las big techs, como Palantir, de Peter Thiel (que se instaló en la Argentina de Milei), actúan como fuerza de choque digital del proyecto de la extrema derecha. Parte de sus deseos es construir un experimento tecnofascista en los países de la región y tal proyecto recibe también el apoyo entusiasta de Renan Santos candidato a presidente, un outsider  del partido Missão en Brasil.

Una victoria de Flávio Bolsonaro abriría camino para una mayor ofensiva colonial, control de las tierras, de las aguas, de los puertos y de muchos otros recursos y estructuras nacionales, además de ampliar de forma contundente el intervencionismo estadounidense en América Latina.

Independencia o Trump

Una victoria de Lula servirá como “muro de contención” para la ofensiva derechista y neocolonial. La voracidad trumpista quiere controlar las tierras raras en Brasil, la producción mineral, como la del litio en Argentina y Bolivia, además de las principales hidrovías. La cuestión del control de las transacciones financieras, como la del Pix, (forma de pago que no utiliza las tarjetas norteamericanas de Mastercard y Visa) forma parte de la disputa general y se convierte en una medida central para ejemplificar ante decenas de millones de personas cómo la línea de Trump en favor de los intereses de Estados Unidos va a empeorar las condiciones de vida de la mayoría de la población brasileña.

No se puede perder de vista que la amplia mayoría de la élite brasileña acepta la condición subordinada, a pesar de las quejas y pérdidas. La vergonzosa declaración del ministro de Defensa, José Múcio, de que iba a “abrir el portón” en caso de una hipotética invasión de Estados Unidos debe ser combatida, pues es la expresión de una “quinta columna” de traidores en las filas del propio gobierno. Es importante recordar también que Múcio fue una de las principales voces en defensa de la reducción de penas de los golpistas del 8 de enero.

Es fundamental articular la lucha por la soberanía, por una efectiva independencia de los imperialismos, con la defensa de los derechos democráticos y de un plan que atienda las demandas de la mayoría de la población. Flávio representa un proyecto de retroceso en las condiciones de vida de las mujeres y las poblaciones negras e indígenas serían directamente afectadas por sus posiciones machistas, racistas y en favor del extractivismo depredador.

Una victoria de Lula reposicionaría el péndulo de la relación de fuerzas continental. Y allanaría el camino para la derrota de Trump, ya enredado en Irán y con posibilidades de perder las elecciones de midterms en Estados Unidos en noviembre próximo.

Eso es lo que está en juego.

La fuerza del PSOL y la conexión con los fenómenos internacionales a la izquierda

Además de derrotar a la extrema derecha, en las elecciones de octubre estará planteado fortalecer al PSOL y a su bancada, superando la cláusula de exclusión y enviando una señal a la izquierda anticapitalista en el mundo. La nueva dinámica del PSOL, con su ala más vinculada al gobierno en vías de abandonar el Partido, refuerza su independencia política y lo acredita internacionalmente.

La elección brasileña puede reflejar el giro a la izquierda que sectores de masas están realizando. El crecimiento del DSA en Estados Unidos, donde candidatos alineados con la defensa de Palestina derrotaron al lobby sionista en las primarias demócratas, forma parte de la expresión que combina unidad para enfrentar a la extrema derecha y la construcción de un nuevo polo a la izquierda de los partidos tradicionales. No fue menor la victoria del médico Abdul El-Sayed en las primarias Demócratas en Michigan, derrotando a los sectores pro-Israel del establishment del partido en un movimiento fuertemente representado por Zohran Mamdani —actual alcalde de Nueva York— y que se amplía a través de un sector cada vez más radicalizado del pueblo norteamericano.

Con las debidas diferencias, la búsqueda de algo nuevo en Argentina resulta en el fortalecimiento del Frente de Izquierda (FIT-U), que supera el 10% en buena parte de las encuestas de opinión. Tal movimiento se combina con las amplias movilizaciones contra las políticas privatizadoras y entreguistas de Milei en el país, que empeoran cada vez más la dura situación económica de la clase trabajadora argentina. En todo el planeta, la Generación Z está siendo disputada y las encuestas indican que crece entre los jóvenes la inclinación hacia ideas socialistas también en Estados Unidos y en otros países centrales.

Una victoria de Lula y el crecimiento del PSOL servirían como puntos de apoyo para coordinar un movimiento antifascista internacional, combinando la lucha contra la extrema derecha mundial con la defensa de la soberanía de los pueblos. Por eso, somos parte de la construcción de una nueva edición regional de la Conferencia Internacional Antifascista, que se realizará en diciembre próximo en Argentina.

Está planteado en el orden del día extender por todas partes la consigna: ¡Fuera Trump de Brasil y de toda América Latina!

  1. Israel Dutra es sociólogo, Secretário de Movimentos Sociales del PSOL, miembro de la Dirección Nacional del partido Movimento Esquerda Socialista (MES/PSOL) de Brasil. ↩︎