Jorgelina Matusevicius: “Necesitamos revitalizar los movimientos populares superando y ampliando los límites de la política institucional”

Desde Punto de Vista Internacional venimos publicando parte de las disertaciones y ponencias que se llevaron a cabo durante la I Conferencia Internacional Antifascista realizada en Porto Alegre durante marzo. 

En esta oportunidad, y como parte del panel inaugural “Ofensiva de la ultraderecha en el mundo, causas, consecuencias y desafíos”, presentamos la intervención de Jorgelina Matusevicius, integrante de Marabunta y miembro de la IV Internacional. 

Jorgelina Matusevicius durante la I Conferencia Internacional Antifascista.


Darnos la bienvenida al panel y a estos días de deliberación, intercambio y encuentro con la enorme tarea de derrotar a la extrema derecha en el mundo.

Y lo hacemos en un contexto de incertidumbre e inestabilidad. Parece que las reglas del juego están cambiando y las claves para la intervención política tienen más que ver con los códigos de la guerra.

Recuerdo que Warren Buffet, un conocido empresario de las finanzas y uno de los hombres más ricos del mundo decía: «Hay una guerra de clases, pero es mi clase la clase rica, la que está haciendo la guerra, y la estamos ganando»

Bueno, esta Conferencia, estos debates, estos encuentros nos tienen que servir para empezar a cambiar esta historia, dejar de perder. Pertrecharse con las armas de la crítica y acumular fuerza para las batallas que tenemos por delante. Pero sobre todo asumiendo esa disputa, esa guerra, que tiene de fondo un antagonismo de clase.

Hacia fines de los 90 combatíamos contra el neoliberalismo en ascenso, hoy lo hacemos contra su versión decadente que pone en riesgo la reproducción de la vida misma. Por eso, si en Porto Alegre en 2001 decíamos que otro mundo es posible hoy decimos que, además de posible, es urgente si queremos evitar la crueldad como política, la barbarie como horizonte y la deshumanización como proyecto

Y buscan derrotarnos

Empiezo con esta mención a la frase de Buffet porque lo que mejor caracteriza a las extremas derechas en sus diferentes variantes es que nos declararon la guerra.

Desde la ofensiva imperialista en América Latina con los bombardeos del caribe, la intervención en Venezuela, el asedio a Cuba, hasta las intervenciones en procesos electorales como en Argentina y la doctrina Donroe.

Guerra y genocidio para apropiarse de bienes comunes y controlar rutas y flujos comerciales. Y guerra, también contra el pueblo desmontando conquistas históricas, atacando los sistemas de salud y educación públicas, realizando verdaderas contrarreformas laborales y previsionales. Todo esto acompañado de un aumento en la represión abierta, como la que se descarga contra la población migrante en EEUU con las políticas criminales del ICE y también contra pueblos originarios en nuestra región y en general al pueblo que se moviliza de la mano de la criminalización de la protesta.

Lo que buscan es quebrar nuestra capacidad de organización, y generar un disciplinamiento social generalizado, buscan que nos resignemos, que ni nos atrevamos a pensar otra realidad, que aceptemos esta vida como la única posible.

Pero, ¿cuáles son las causas de este ataque? No son desquiciados, ni loquitos, son las formas políticas que necesita el capitalismo en este tiempo histórico.  Buscan romper las reglas que, según ellos, impiden la expansión del capital y el crecimiento de las ganancias empresarias. Porque la guerra, en definitiva, es para eso, la guerra rompe las reglas del juego político, para hacer otras reglas.

Es decir, que ante la crisis de la globalización, y que a nivel mundial no se verifica un nuevo ciclo de expansión que recupere los niveles previos a la crisis del 2008; estamos transitando un proceso de reestructuración del capitalismo a nivel mundial y estas ultraderechas son ensayos para esa reestructuración, que tiene por objetivos:

  • Disputar en el terreno geopolítico los espacios para la acumulación de capital y en ese sentido frenar el ascenso económico de China y su influencia en el mercado mundial.
  • Desmontar derechos de trabajadorxs para disciplinarles agravando la explotación
  • Profundizar el saqueo extractivista y el modelo de acumulación por despojo
  • Romper con los consensos democráticos y en muchos casos con la propia institucionalidad de la democracia representativa en formatos de gobierno autoritarios
  • Generar una contraofensiva patriarcal ante las conquistas del feminismo para seguir utilizando nuestros cuerpos, y nuestro trabajo no remunerado de reproducción.

Pero su fortaleza en parte tiene que ver con nuestras propias debilidades, con la crisis de alternativa, con la ausencia de otro modelo de sociedad posible.

Y eso nos lleva a mirar algunos límites que se plantearon en las experiencias de los proyectos políticos antineoliberales que llegaron al gobierno. Entendiendo que se trata de experiencias muy diferentes entre sí, quería señalar cuatro aspectos:

  1. En relación al mundo del trabajo se registró una continuidad con las diferentes formas de precarización laboral que se abrieron paso con las reformas neoliberales. Del mismo modo persistieron algunos trazos estructurales de las reformas en educación y en materia de salud que favorecían procesos de remercantilización.
  2. En materia de modelo económico creció una lógica extractivista, para hacerse de recursos provenientes de commodities lo que generó una apertura mayor y un avance de las inversiones del agronegocio, la megaminería, el fracking
  3. Al incorporar algunas demandas de los movimientos populares, se generó un proceso de institucionalización que les restó potencia transformadora. La apuesta al diálogo con los movimientos en lucha se tradujo, en ocasiones, en una instrumentalización de su capacidad de movilización y una subordinación a la lógica estatal, que terminó generando una pasivización de esos movimientos
  4. Por último, en ocasiones, la apuesta a la pequeña política, a la política restringida a la esfera estatal supuso una gestión de la crisis capitalista lo que se tradujo en permanentes concesiones a las derechas, lo que, por su parte, implicó una pérdida de radicalidad de los proyectos de transformación y un retroceso en el terreno de la batalla cultural.

Y menciono estos límites porque a su vez tuvieron impacto en la subjetividad y en los procesos de politización de los sectores populares y de algún modo brindaron base material para el avance de las derechas.

Entonces, ¿qué desafíos tenemos por delante?

Encuentros como estos nos tienen que permitir generar la mayor unidad para enfrentar la ofensiva de las ultraderechas.

Construir canales de debate y deliberación sobre la base de una cultura del debate respetuoso y fraterno, ubicando acuerdos, tensiones y divergencias para actuar sobre aquellos puntos en común. Si el fascismo está organizado internacionalmente es necesario generar nuestros espacios para coordinar acciones y estructurar una resistencia a nivel global.

Construir acciones de lucha unitarias en cada país, como lo hacen en EEUU contra las políticas del ICE, como en Bolivia, como venimos de hacerlo en Argentina en el 50 aniversario del golpe militar, denunciando los ataques a los derechos humanos de ayer y de hoy y donde gritamos que son 30000 desaparecidos, que no olvidamos, que no perdonamos que no nos reconciliamos y que seguimos exigiendo “Memoria, Verdad y Justicia”.

Unidad también en la solidaridad internacionalista, como lo hicimos con la denuncia del genocidio en Palestina, como lo hicimos con las movilizaciones contra la ofensiva imperialista de Trump en América Latina y abrazando a Cuba contra el bloqueo, buscando trascender las declaraciones y llevando solidaridad efectiva, de ahí la importancia de asegurar apoyo material, para romper el asedio.

Refundar un proyecto político superando límites de las experiencias pasadas.

En nuestra mirada existen algunas pistas en las luchas del presente y está ligado al subtítulo de esta Conferencia “POR LA SOBERANÍA DE LOS PUEBLOS”

Soberanía es recuperar la capacidad de decidir sobre nuestra tierra, sobre nuestros cuerpos y sobre cómo queremos cuidar la vida

Como lo hace la comunidad de Minnesota luchando contra las políticas del ICE, organizándose para proteger a la población migrante.

Como lo hacen las comunidades originarias acá en Brasil, protegiendo los ríos contra la explotación privada de empresas como Cargill.

Como hacemos en nuestro país organizando coordinadoras regionales para luchar contra la reforma laboral y apoyando a los trabajadores contra el cierre de empresas como en la fábrica de neumáticos FATE.

Y también como nos muestran los trabajadores y trabajadoras campesinas, ocupando tierras y mostrando que se puede producir para la vida y no para el agronegocio, disputando soberanía alimentaria.

El pueblo puede decidir cuando se moviliza, cuando se organiza con sus propias herramientas y en sus propios organismos, cuando construye su propio poder.

Necesitamos revitalizar los movimientos populares superando y ampliando los límites de la política institucional, fortalecer espacios de autoactividad de masas que generen comunidad, generen colectivo.

Si la derecha busca derrotarnos, busca, disciplinarnos, para que aceptemos pasivamente esta barbarie capitalista, hagamos uso del legítimo derecho de desobediencia e insubordinación y recuperemos la esperanza de que es posible construir una sociedad socialista, transfeminista, construida democráticamente desde las bases.

Muchas gracias!

Movilización inaugural de la I Conferencia Internacional Antifascista de Porto Alegre.