“Puerto Rico ha sido utilizado como laboratorio del capital, nos toca convertirlo en laboratorio de resistencia”

Desde Punto de Vista Internacional vamos a ir publicando parte de las intervenciones y ponencias que se llevaron a cabo durante la I Conferencia Internacional Antifascista realizada en Porto Alegre durante el mes de marzo. 

En esta oportunidad, presentamos la intervención de Gabriela Flores, integrante de Democracia Socialista y miembro de la IV Internacional. 


Gabriela Flores durante la I Conferencia Internacional Antifascista en Porto Alegre.


Puerto Rico es la colonia más antigua del mundo. Y como colonia, funciona como laboratorio.

Eso es una descripción material de nuestra realidad. En Puerto Rico se prueban políticas, mecanismos y formas de gobierno que luego se quieren normalizar en otros lugares. Aquí se ensaya hasta dónde se puede vaciar la democracia. Aquí se mide hasta dónde puede avanzar el capital sobre lo público sin encontrar una resistencia capaz de detenerlo. Aquí se experimenta con la vida de un pueblo entero. En cuanto a la Junta de Control Fiscal1 no es solamente una imposición sobre Puerto Rico. Es un modelo de gobierno para tiempos de crisis capitalista: una estructura no electa, impuesta desde afuera, que decide sobre el presupuesto, sobre los servicios esenciales, sobre la universidad, sobre las pensiones, sobre la infraestructura, sobre la vida. La Junta no viene a resolver nada. Viene a garantizar que la crisis la pague el pueblo y no quienes se enriquecieron con ella.

Lo mismo ocurre con la privatización acelerada de servicios esenciales. Lo que aquí se presenta como modernización, eficiencia o reestructuración, en realidad responde a un proceso más profundo: transferir riqueza pública a manos privadas, desmontar derechos conquistados, convertir necesidades humanas en oportunidades de negocio. Lo que nos están haciendo a nosotros no se queda aquí. Se perfecciona aquí para hacérselo a otros pueblos. Por eso Puerto Rico no es solo víctima. Puerto Rico también es advertencia.

Advertencia de lo que ocurre cuando un país es gobernado contra su gente. Advertencia de lo que ocurre cuando el capital financiero, los bonistas, las corporaciones privadas y los aparatos imperiales deciden que la democracia es un obstáculo y no un principio. Advertencia de lo que ocurre cuando la colonia sirve no solo para explotar, sino para ensayar y luego reproducir. Y entonces la pregunta central de hoy es: ¿cómo conectamos esa historia larga de extracción colonial capitalista con la ola de derecha que está redefiniendo la política global en este momento?

Porque no estamos hablando de dos cosas distintas. No estamos hablando, por un lado, de la colonia, y por otro, del auge de la extrema derecha. No. Estamos hablando del mismo proyecto histórico, adaptado a distintas coyunturas, con distintos lenguajes, pero con una misma lógica: concentrar poder, debilitar lo público, dividir al pueblo y gobernar cada vez más con menos democracia.

II. La coyuntura: ¿dónde estamos parados?

Puerto Rico llega a esta coyuntura con una economía devastada por décadas de austeridad, dependencia y saqueo. No estamos frente a una crisis nueva. Estamos frente a una crisis prolongada, administrada políticamente, utilizada para reorganizar el país a favor del capital. Primero bajo las condiciones estructurales del régimen colonial; luego, con todavía menos disimulo, bajo PROMESA y la Junta. Más de 400,000 personas han tenido que irse del país desde 2006. Esa cifra no se puede decir livianamente. No estamos hablando de una tendencia demográfica abstracta. Estamos hablando del vaciamiento de comunidades, de familias fragmentadas, de generaciones obligadas a buscar fuera lo que aquí se les negó. Estamos hablando de una emigración forzada por las condiciones materiales. Y quienes se quedan lo hacen cargando una deuda que no contrajeron, obedeciendo a una junta que no eligieron y sobreviviendo en un país donde cada vez cuesta más estudiar, vivir, enfermarse, transportarse o simplemente quedarse.

En contestación a esa crisis, se está dando un reordenamiento político. Los partidos coloniales hegemónicos, el PNP y el PPD, están en crisis. Y no es casualidad. Son los partidos que administraron el país mientras se profundiza la desigualdad, la corrupción, el endeudamiento, la privatización y la expulsión de nuestra gente. Son los partidos que prepararon el terreno para la Junta. Son los partidos que se turnaron el poder mientras el país se hundía. Desde por lo menos el 2012 se ha hecho evidente el declive electoral de ambos y el crecimiento de partidos emergentes y minoritarios como el MVC y el PIP. Eso demuestra que existe hambre de alternativa. Existe cansancio con el bipartidismo. Existe una ruptura en el consenso colonial tradicional. Existe una parte importante del país que sabe que no puede seguir gobernándonos la misma gente que ha administrado nuestra ruina.

Pero aquí hay que hablar con honestidad. El desgaste del bipartidismo no significa, por sí solo, la victoria de un proyecto transformador. No basta con que los de arriba entren en crisis. Hace falta que los de abajo logremos articular fuerza, dirección y horizonte. Y ahí es donde está uno de nuestros retos mayores: mientras la izquierda sigue muchas veces dispersa y fragmentada, la derecha se está reorganizando, consolidando y aprendiendo a hablarle al malestar social. Eso no lo podemos ignorar. Porque la crisis del centro político no siempre abre paso a la izquierda. A veces abre paso a salidas todavía más violentas, más reaccionarias y más peligrosas. Por eso esta coyuntura exige claridad. Exige lectura de momento. Exige organización. Exige entender que estamos parados en un punto de disputa real.

III. Neoliberalismo y la ola de derecha

Uno de los errores que a veces cometemos en la izquierda es pensar el neoliberalismo como si fuera solamente un programa económico, separado de la derecha política, cultural y social. Pero la realidad demuestra lo contrario: son inseparables. El neoliberalismo necesita de la derecha para sostenerse. Necesita del miedo. Necesita del odio. Necesita de la fragmentación social. Necesita de la despolitización de las causas reales de la crisis.

¿Por qué? Porque sus políticas no sobreviven el escrutinio democrático.

Nadie vota con entusiasmo por el cierre de escuelas, por el aumento de la matrícula, por tarifas más caras de luz y peor servicio, por el desmantelamiento de hospitales, por el recorte a pensiones, por la destrucción de la universidad pública. Nadie vota con entusiasmo por entregar el país a inversionistas. Entonces, ¿cómo se sostiene ese proyecto? Se sostiene desplazando la discusión. Se sostiene fabricando enemigos. Se sostiene atacando derechos, sembrando pánico moral y canalizando la frustración popular contra los sectores más vulnerables.

Ese es el patrón global. Milei en Argentina. MAGA en Estados Unidos. Vox en España. Y en Puerto Rico, con nuestras particularidades coloniales, el Partido Nuevo Progresista y los sectores que buscan profundizar esta reorganización autoritaria del país. Todos siguen, con variaciones, un mismo libreto: atacan las instituciones que aún conservan alguna función pública o algún potencial democratizador, aceleran la privatización, vacían derechos, desacreditan la solidaridad y difunden narrativas de odio para dividir y distraer. Y esas narrativas sirven para impedir que el pueblo identifique correctamente al responsable de su precariedad. En vez de señalar al capital, a los bonistas, a las aseguradoras, a las corporaciones, al imperialismo, se culpa a inmigrantes, a empleados públicos, a estudiantes, a docentes, a sectores marginados, a quienes protestan, a quienes organizan, a quienes resisten.

En Puerto Rico nos venden la privatización como eficiencia. Nos venden la entrega del país como inversión. Nos venden la subordinación como progreso. Nos venden la destrucción de lo público como inevitabilidad técnica. Nos dicen que hay que atraer capital, cuando lo que realmente hacen es abrirle la puerta a formas más agresivas de saqueo. Ahí están los decretos que permiten evasión contributiva y convierten al país en paraíso para cripto-millonarios y acaparadores. Ahí está la retórica de que el problema de la educación pública son los maestros, y no los recortes, ni la corrupción, ni el abandono. Ahí está la criminalización de quienes dependen de servicios públicos, mientras se protege a quienes viven de extraer riqueza sin producir nada socialmente útil.

Por eso no podemos pensar la ola de derecha como un fenómeno ajeno o importado sin más. La derecha global y el neoliberalismo son parte de una misma ofensiva. Y en Puerto Rico esa ofensiva se monta sobre una estructura colonial que la hace todavía más peligrosa.

IV. Los ataques a los servicios públicos

Los ataques a los servicios públicos no son errores administrativos ni decisiones desafortunadas. Son una estrategia de clase. Son una forma de reorganizar la sociedad a favor del capital, debilitando los espacios donde todavía existe alguna noción de derecho, redistribución o responsabilidad colectiva. Cuando atacan los servicios públicos, no están atacando solamente unas agencias o unas instituciones. Están atacando la idea misma de que lo que necesitamos para vivir debe estar garantizado socialmente y no subordinado a la lógica de ganancia.

Energía

La privatización de Puerto Rico Electric and Power Authority (PREPA) mediante LUMA y Genera PR ha sido un desastre. Y eso ya lo sabe el pueblo porque lo vive. Lo vive cada vez que se va la luz. Lo vive cada vez que llega una factura absurda. Lo vive cada vez que se hace evidente que el servicio empeora mientras el costo sube. Lo vive cada vez que tiene que escuchar a estas empresas burlarse, antagonizar o responder con arrogancia a la gente que se supone que sirven. Nos tomaron un sistema público, con problemas reales, sí, pero público, y lo entregaron a corporaciones privadas que no le rinden cuentas al pueblo, que operan blindadas políticamente y que siguen lucrándose mientras el país entero carga con las consecuencias. Y lo más indignante es que aún con el fracaso evidente, el gobierno sigue protegiendo los contratos. Se quejan cada cierto tiempo para descargar presión, pero no rompen con el modelo. Porque el problema no era nunca arreglar el sistema. El problema era abrir otro espacio de acumulación privada.

Salud

En salud, el deterioro también lleva décadas. Cerraron hospitales municipales. Se redujo la capacidad pública. El acceso a atención primaria en el interior del país se ha vuelto cada vez más difícil. El modelo del Plan de Salud del Gobierno, administrado por aseguradoras privadas, ha permitido que fondos públicos terminen en manos privadas mientras miles de personas siguen enfrentando barreras reales para recibir atención adecuada. La pandemia hizo visible esa crisis, pero no la creó. La pandemia lo que hizo fue rasgar el velo. Dejó claro que no se puede sostener la vida con un sistema diseñado para extraer y no para cuidar. Dejó claro que la salud bajo lógicas de mercado significa exclusión, espera, deterioro, desigualdad y muerte.

Educación

En educación el ataque ha sido directo. Cientos de escuelas cerradas desde 2017. Y cada cierre se trató de justificar como si fuera una medida técnica, racional, inevitable. Pero una escuela que cierra no es solo un edificio menos. Es la destrucción del tejido de una comunidad. Es la pérdida de un punto de encuentro, de organización, de arraigo, de reproducción social, de acceso a la educación. Es otra manera de vaciar territorios, de debilitar vínculos, de hacer más difícil la vida. Y detrás de eso ya conocemos lo que viene: escuelas chárter, vouchers, más privatización, más negocio con la necesidad ajena. El Departamento de Educación ha sido durante años botín de la corrupción y laboratorio del neoliberalismo. Lo que no han podido destruir de un golpe, lo intentan desangrar poco a poco.

Por eso defender los servicios públicos, es defender condiciones mínimas de dignidad. Es defender espacios de vida frente a una ofensiva que quiere mercantilizar todo.

V. La UPR: el ataque a la producción del conocimiento

El ataque a la Universidad de Puerto Rico (UPR) no es un accidente, ni un daño colateral de la crisis fiscal. Es una ofensiva deliberada. Y hay que nombrarla como lo que es: un ataque a la producción del conocimiento, a la capacidad del país de pensarse a sí mismo, de formar sus propios cuadros, de producir su propia clase profesional, de imaginar y construir futuro con alguna autonomía.

Antes de la Junta, la UPR contaba con una fórmula presupuestaria que le daba prioridad dentro de las finanzas del país. Esa fórmula no era un privilegio. Era el reconocimiento de que una universidad pública fuerte es una necesidad estratégica para cualquier sociedad que aspire a desarrollarse de manera digna. Pero eso precisamente es lo que el proyecto neoliberal y colonial no puede tolerar: una institución pública capaz de producir pensamiento crítico, investigación, organización y formación al servicio del país y no del mercado.

Los recortes sufridos por la UPR durante la última década no son solamente una reducción de números en un presupuesto. Son la imposición de una visión. Una visión autoritaria y mercantil. Una visión que quiere una universidad más pequeña, más precaria, más inaccesible y más subordinada a las exigencias del mercado. Una universidad técnica, despojada de su potencia crítica y de su carácter nacional. Lo que hemos visto es aumento en matrícula, cierre o amenaza de cierre de programas, deterioro de infraestructura, residencias estudiantiles clausuradas en medio de una crisis de vivienda, reducción de servicios, precarización laboral y exclusión progresiva de estudiantes de sectores empobrecidos. Y mientras todo eso ocurre, la administración universitaria y las estructuras de gobierno antidemocráticas intentan presentar esta destrucción como una gestión responsable. Pero la universidad pública no puede subordinarse al mercado. La creación de conocimiento, el desarrollo de las ciencias, el fomento de la creatividad y la educación accesible a las mayorías no pueden reducirse a criterios de costo-efectividad. La universidad no existe para obedecer la dictadura de la rentabilidad. Existe, o debería existir, para responder a las necesidades del país y de su pueblo trabajador.

Por eso el ataque a la UPR es también un ataque a la democracia. Porque un país sin universidad pública fuerte es un país más dependiente, más vulnerable, menos capaz de articular su propio proyecto histórico. Y por eso también la respuesta del estudiantado ha sido tan importante. Las huelgas y movilizaciones históricas que se han dado en la UPR son parte de la misma lucha que hoy estamos nombrando aquí. Son parte de la resistencia antifascista. Porque defender la universidad pública es defender la posibilidad de un pueblo que piense, cuestione, organice y transforme.

VI. Remilitarización

A pesar de las luchas y victorias importantes de nuestro pueblo, como la salida de la Marina de Guerra de los Estados Unidos de Vieques, Puerto Rico sigue siendo un territorio estratégico para los intereses militares de Estados Unidos. Eso no ha desaparecido. Solo se ha reconfigurado.

La remilitarización de Puerto Rico forma parte de la ofensiva imperial de esta etapa. Y es importante decirlo con claridad: la derecha fascista a nivel global no es solamente un proyecto económico y cultural. Es también un proyecto imperial. Necesita control territorial. Necesita capacidad de intervención. Necesita infraestructura militar. Necesita convertir regiones enteras en piezas de una estrategia geopolítica al servicio de los intereses de las potencias y de sus clases dominantes.

La expansión de actividad en instalaciones militares que permanecen en el archipiélago, los acuerdos impuestos sin consulta pública y el uso del territorio puertorriqueño como plataforma estratégica responden a esa lógica. Puerto Rico, por nuestra condición colonial, queda atrapado en el centro de esa estructura sin tener soberanía para decidir sobre asuntos que comprometen directamente nuestro presente y nuestro futuro. Y cada intensificación de esa presencia militar significa más subordinación. Significa que el territorio se utiliza contra la voluntad del pueblo. Significa que nuestra geografía se integra más profundamente a proyectos de dominación regional e internacional. Significa que la colonia no solo sirve para la extracción económica, sino también para la proyección militar del imperio.

La historia de las intervenciones imperialistas es suficientemente clara. Nunca se trata realmente de democracia, ni de seguridad, ni de paz. Se trata de dominación, de recursos, de control político, de asegurar que otros pueblos no puedan decidir libremente su destino. Y Puerto Rico, como colonia, no está al margen de esa historia. Está en el centro de ella. Las movilizaciones contra la remilitarización han sido consistentes, aunque no siempre visibles en el discurso público dominante. Pero forman parte de una misma resistencia. Porque no hay lucha antifascista consecuente que no sea también antiimperialista. No hay lucha por la democracia que pueda divorciarse de la lucha contra la militarización colonial.

VII. Cierre: la tarea que tenemos

Entonces, ¿cuál es la tarea que tenemos?

La primera tarea es comprender el momento con claridad. Entender que lo que enfrentamos no son crisis separadas. No es, por un lado, una crisis económica; por otro, una crisis política; por otro, una crisis cultural; por otro, una crisis colonial. Lo que enfrentamos es una reorganización profunda del poder en tiempos de crisis capitalista, y esa reorganización adopta formas neoliberales, autoritarias, coloniales e imperiales al mismo tiempo.

La segunda tarea es no subestimar a la derecha. La derecha se está organizando. Se está consolidando. Está aprendiendo a usar el lenguaje del descontento para ponerlo al servicio del capital. Está tratando de transformar el malestar social en odio, el cansancio en resignación y la crisis en oportunidad para profundizar la dominación. Eso exige de nosotras mucho más que denunciar. Exige organización, lectura estratégica y voluntad de construir poder.

La tercera tarea es romper la fragmentación. Porque mientras nosotras seguimos a veces separadas por siglas, sectores, nichos o agendas inconexas, el proyecto que enfrentamos avanza con bastante coherencia. Y aquí hay una lección importante: la unidad no se decreta, pero sí se construye en la acción. En la defensa de la universidad pública. En la defensa de los servicios esenciales. En la lucha contra la Junta. En la solidaridad con las personas migrantes. En la oposición a la remilitarización. En cada espacio donde el pueblo enfrenta la ofensiva del capital y del colonialismo.

La cuarta tarea es afirmar un horizonte. No basta con resistir. No basta con oponernos al desastre. Hace falta sostener una visión de país, de democracia y de justicia social que sea capaz de disputar sentido común. Porque lo que está en juego es si la vida colectiva se organiza para responder a las necesidades de las mayorías o para seguir garantizando la ganancia de unos pocos.

La democracia socialista significa planificación democrática frente al caos del mercado. Significa servicios públicos fuertes frente a la mercantilización de la vida. Significa universidad pública frente a la subordinación del conocimiento al capital. Significa solidaridad de clase frente a las narrativas de odio. Significa poder del pueblo frente a la tecnocracia colonial y frente al autoritarismo.

Y si Puerto Rico ha sido utilizado como laboratorio del capital, entonces nos toca convertir a Puerto Rico en laboratorio de resistencia. En laboratorio de organización. En laboratorio de lucha. En laboratorio del futuro.

Porque el momento de organizarse y actuar es ahora.

Porque ninguna estructura de dominación se desmonta sola.

Y porque si queremos un país para vivir, para estudiar, para sanar, para pensar, para quedarnos, para criar, para decidir, y para vivir entonces nos toca construirlo luchando.

Movilización de la I Conferencia Internacional Antifascista realizada en Porto Alegre.


  1. Formalmente referida como Junta de Supervisión y Administración Financiera es una entidad creada a partir de una ley federal estadounidense conocida como “Ley Promesa” aprobada en 2016 con el objetivo de entrometerse en las decisiones presupuestarias y fiscales del gobierno de Puerto Rico, volviéndose un nuevo avasallamiento imperialista contra el país latinoamericano. Dicha injerencia colonialista busca garantizar el pago a los acreedores de la deuda pública a partir de la reducción del gasto público, reformas laborales regresivas, recortes al presupuesto universitario, reducción de pensiones, privatización de servicios esenciales (como energía y transporte), entre otras medidas de ajuste.  ↩︎