Internacionalismo

Comunicado del Comité Ejecutivo de la IV Internacional

La victoria electoral de Syriza y la derrota de los partidos sometidos a la troika, ha poner en cuestión de manera frontal la política de las clases dirigentes y de las instituciones europeas.

Es la primera vez que las políticas de regresión social que se vienen imponiendo desde hace cuatro años a las clases obreras europeas han sido reprobados llevando  al gobierno a un partido que ha centrado lo fundamental de su campaña en el rechazo de las mismas, a pesar de sus declaraciones contradictorias. Y ello en el país europeo que ha sufrido los ataques más violentos impuestos por el Mémorandun dictado por la UE, la BCE y el FMI.

En Europa, el haber logrado establecer este gobierno ha sido un signo de esperanza para todos aquellos y a quellas que padecen estas mismas políticas, y para las fuerzas sociales y políticas que buscan activar la via de la resistencia a las políticas de austeridad.

Al día siguiente de su elección, el gobierno de Tsipras anunció que pondría en marcha una seria de medidas que romperían con los compromisos adquiridos por Samaras [el gobierno precedente].

Esas declaraciones se enfrentaron inmediatamente a las exigencias de la UE y de la Troika. El 4 de febrero, el BCE anunció que la refinanciación de los bancos griegos quedaba en suspenso porque el BCE ya no aceptaba los bonos de la deuda griega y, al mismo tiempo, en Grecia se asistía a una masiva retirada de fondos de los bancos. Durante lo estos últimos días en los que se desarrollaban las reuniones con el Eurogrupo [Ministros de finanzas de la zona Euro], la presión sobre el Gobierno Tsipras ha ido creciendo para que Grecia acepte y respete el marco de Memorandum; presión que cuenta con el apoyo del conjunto de los gobiernos europeos, sean de derecha o social-demócratas. Su voluntad clara y unánime es la de estrangular al gobierno griego mediane el control de su sistema bancario.

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Entrevista de Sebastian Budgen a Stathis Kouvelakis publicada el pasado 22 de Enero por la revista Jacobin (www.jacobinmag.com). Traducida por Darío Scattolini para La Caldera (www.lacalderaop.com.ar)

Syriza es la mejor oportunidad de éxito de la izquierda en una generación. Pero para los socialistas, lo difícil comienza después del día de la elección

Con Syriza acercándose a las puertas del poder en Grecia, Internet se ha llenado de análisis, piezas de opinión, y apoyos y denuncias. En esta entrevista con Stathis Kouvelakis realizada este mes tomamos una distancia crítica para entender los orígenes, la trayectoria y los posibles desafíos de esta formación política.

Para esto, no hemos dudado en hurgar en algunas de las complejidades internas de la increíblemente diversa izquierda radical griega. Pero Kouvelakis también nos cuenta sobre algunos de los desafíos inmediatos y concretos que el partido enfrentará una vez en el poder.

Kouvelakis es miembro del comité central de Syriza y un dirigente de su Plataforma de Izquierda. Enseña teoría política en el King's College de Londres y es autor de Philosophy and Revolution from Kant to Marx y coeditor de Lenin Reloaded y Critical Companion to Contemporary Marxism. Fue entrevistado para Jacobin por Sebastian Budgen, un editor de Verso Books que trabaja en el comité editorial de Historical Materialism.

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por Josep Maria Antentas

Tras unas semanas de calma expectante, mezcla de tensión y euforia contenida, la victoria de Syriza marca un punto de inflexión decisivo en el desarrollo de la crisis en Grecia y en la situación política Europea. El éxito electoral de una fuerza como Syriza abre posibilidades y potencialidades, pero no garantiza su consumación. El guión definitivo de lo que está por venir permanece aún sin escribir. Sólo existen bocetos vagos e incompletos. No será precisamente ésta una historia con una estructura narrativa rectilínea de corte clásico. Más bien un guión lleno de acelerones y bifurcaciones que nos empuje a un desenlace de infarto, con giros inesperados, golpes de efecto y sorpresas por doquier.

La esperanza triunfó sobre el miedo alentado por una derecha que hace mucho tiempo que no tiene nada más que ofrecer (al margen de irrisorios intentos de vender un inexistente final de la crisis). La política del miedo se impuso, a la desesperada, en junio de 2012 cuando Syriza se quedó a las puertas de la victoria. Desde entonces, la pugna soterrada entre miedo y esperanza ha sacudido la sociedad griega. Al final la segunda se ha impuesto, remontando desde muy abajo, abriéndose paso a contracorriente y cuando las fuerzas empezaban a flaquear tras cuatro años de hecatombe social. El miedo, uno de los sentimientos más intímos al que recurren siempre aquellos que no quieren que nada cambie, tiene una indudable fuerza política. Tenemos incontables ejemplos en la historia. Pero la política del miedo permanente tiene sus límites. Hoy, pocos fantasmas imaginarios aparecen ante el pueblo griego como más terroríficos que el gobierno zombie de Samaras y el Frankenstein de la austeridad.

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Declaración del Comité Ejecutivo de la IV Internacional

Las próximas semanas van a ser decisivas para Grecia y Europa. El telón de fondo de las elecciones del próximo 25 de enero es el conflicto entre las clases fundamentales de la sociedad griega que, además, tiene una dimensión europea. La realidad es esa. Si en las próximas elecciones legislativas se confirma la victoria de Syriza  y la derrota amplia de los partidos de la derecha, la lucha contra las políticas de austeridad podría cambiar de signo a favor de los pueblos. Más aún cuando asistimos a una campaña constante de los gobiernos y de los comisarios de la Unión Europea a favor del candidato conservador Samaras. Las encuestas sitúan a Syriza a la cabeza de la intención de voto con el 28%. Para lograr una mayoría absoluta que dependa solo de sus propias fuerzas tendría que alcanzar el 35%. En este contexto, todo depende de los resultados de los pequeños partidos, ya que si no alcanzan el 3% de los votos no obtendrán representación parlamentaria. Es verdad que una victoria electoral de la izquierda griega no resuelve todos los problemas, pero servirá para constatar que es posible comenzar a hacer frente a las políticas de austeridad e invertir el curso de los acontecimientos.

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Cuba: la victoria y los riesgos

La recuperación de las relaciones diplomáticas entre EE UU y Cuba, así como la puesta en libertad de los tres cubanos acusados de espionaje y condenados a perpetuidad en EE UU constituyen una victoria para el pueblo cubano. Desde hace más de 50 años la Administración estadounidense, por la que han pasado diez presidentes, no ha dejado de intentar destruir la revolución cubana. Desarrolló todo tipo de iniciativas para destruir Cuba: Intervención militar en Bahía de los Cochinos en 1961, complots para asesinar a los dirigentes cubanos, embargo económico para asfixiar la vida en la isla y presiones de todo tipo para aislar el país. Como ha reconocido Obama, esta estrategia ha fracasado. Cuba se mantuvo firme ante la primera potencia imperialista del mundo. Esto ha acarreado dificultades y sufrimiento, pero Cuba se ha mantenido firma, convirtiéndose en una referencia anti-imperialista para toda la izquierda latinoamericana.

Más aún; cuando en los años 1990 el bloque soviético se hundía a causa de las presiones del imperialismo y de sus contradicciones internas, con una burocracia que en esos momento optó por desarrollar un papel activo en la restauración capitalista, muchos observadores predijeron la caída del régimen cubano. Es verdad que la isla, que dependía en gran medida de la ayuda soviética, conoció una crisis sin precedentes,  con una economía muy debilitada que los cubanos denominaron "el período especial". Aún con límites, la economía tardó diez años en recuperarse (a través de la asociación del Estado con capitales europeos en el sector turístico y, más tarde, con la ayuda del petróleo venezolano) pero no llegó a superar una serie de problemas estructurales agravados por el embargo norteamericano, que se vió reforzado por la ley Helms-Burton. La burocratización del régimen, la asfixia de las libertades democráticas, sus efectos sobre la movilización popular pesaron sobre la situación en la isla. Hay que señalar también, más allá de las intervenciones actuales de Mariela Castro -la hija de Raúl-, las restricciones en lo que respecta a la auto organización de las mujeres, el movimiento LGBTI y otros grupos oprimidos.

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